Eres… Diferente.

Tres meses antes.

-¡Ana! Mueve tu jodido trasero aquí, ya es tarde. –Los Gritos de Kate me llegaban desde la sala.

-¡Valla, a eso llamo un grito! –Me dice mi prima desde el otro lado del teléfono.

-Ni te lo imaginas, vamos a ir a celebrar la graduación a un club y ha estado todo el día ordenando y pegando gritos por todo el apartamento. –Suspiro, amo a Kate pero suele sacarme de quicio.

-Lamento no poder estar ahí. Tengo una cena benéfica de la Editorial y no puedo faltar.

-No te preocupes, lo entiendo. Ya nos veremos en unos meses, pasare un tiempo con mamá y luego otro con papá antes de ir a Seattle. Te extraño Bella. –Mi voz se va convirtiendo en un susurro mientras digo esas palabras.

Escucho un pesado suspiro de parte de ella. –También te extraño Ana. Si no fuera por la editorial te juro que estaría ahí contigo.

-Me vas a pagar todo este tiempo separadas Isabella. Eso si tienes que jurarlo. –Bromeo.

-¿Crees que no lo sé Anastasia? Me tomare una semana entera para estar contigo.

-Te tomare la palabra. ¡Una semana! Ni si quiera tu novio podrá impedirlo. –Ese jodido idiota…

-Ana… Sabes que Christian es un poco sobreprotector…

-¿Sobreprotector Bella? ¡Es un jodido obsesivo por el control! Quiere saber donde estas y que haces todo el tiempo. No sé cómo lo soportas.

-Lo amo…

-Eso no es excusa Bella. Necesitas un respiro de todo eso. Entre la Editorial y él no tienes tiempo de…

-Señorita Swan, el Señor Grey la espera. –La voz de una mujer me interrumpe.

-¡Oh, genial! Ve con tu novio Bella… -¿Por qué siempre termino enojada cuando se trata de ese tipo?

-Lo siento Ana, te llamare mañana. Disfruta la noche y felicidades de nuevo. Te espero en la editorial para que me ayudes a sacar unos cuantos libros adelante. –Su voz está impregnada de orgullo. Mierda, ¿cómo seguir molesta con ella? La amo.

-Gracias Bella…

-¡ANASTASIA ROSE STEELE, O ESTAS AQUÍ EN DOS MINUTOS O TE VOY A BUSCAR! –Ya esta Kate con sus gritos de nuevo.

-Lo siento, también me tengo que ir. Te quiero Bella.

-Yo también Ana. Cuídate. Adiós.

-Adiós.

Kate está caminando como león enjaulado por la sala. Su vestido rojo la hace ver aun más hermosa de lo que es. Pero su expresión furibunda logra quitarle un poco el encanto. Mierda… Da miedo.

-¿Qué coño hacías? ¡Vamos a llegar tarde! –Me regañó

-Cálmate Kate, nadie llega tarde a un club.

-¿Qué llevas puesto? –Su rabia se ha ido, el miedo la ha sustituido.

-Ropa. –Ruedo los ojos.- Kate no voy a usar un vestido.

-Al menos usa una falda Ana, por favor…

-¡No! Yo no voy a que los chicos me miren, voy a celebrar mi graduación. Punto.

Sinceramente no se que tiene con la ropa cómoda.

-De acuerdo Ana, hazlo a tu manera. Yo solo digo que tal vez hoy si encuentres a alguien que te guste y con esa ropa dudo que te miren.

-Si le gusto a alguien que sea por lo que soy Kate. No voy a aparentar nada. Vamos, ¿No que llegábamos tarde?

-Te arrepentirás, ya verás…

El club es muy ruidoso y esta a reventar de futuros graduandos. Kate pasea la mirada por el local y luego haciéndome una señal se aleja de mi en dirección a la multitud.

¡Genial estoy sola en esto!

Me acerco a la barra trato de llamar la atención del barman pero esta tan lleno de pedidos de ni siquiera le presta atención a los nuevos clientes como yo.

-Tendrás que dar unos buenos empujones si de verdad quieres esa bebida. –Una voz aterciopelada me llega desde la izquierda. Un chico de cabello cobrizo y ojos dorados me está mirando fijamente.

-¿Disculpa? –Mierda es muy guapo.

-Lo que dije. –Sonríe de lado y si creía que podía ser guapo serio. Sonriendo de esa manera le tumbaba las bragas a cualquiera.

¿Qué carajos Ana?

-Pues tal parece que tendré que esperar que baje un poco la gente. No pienso darme de empujones ahí. –Señalo la barra con el pulgar.

-Sabia decisión. –Aprueba.

Uno de los chicos que estaba cerca de la barra a mi espalda me da un empujón y caigo, literalmente, en los brazos del cobrizo. Todo a mí alrededor se detiene, es como si de repente la música y las voces hubieran cesado.

-Mierda. –Masculla este entre dientes.

Levanto la mirada y puedo ver que me equivocaba. Sus ojos no eran dorados, eran… ¿Negros? ¿Cómo pude ver algo tan distinto? ¿Las luces?

-¿Cómo te llamas? –Sigue hablando entre dientes, como si le costara respirar.

Sus brazos aun están a mí alrededor sosteniéndome. Intento alejarme de él, pero no afloja el agarre.

-Ana… Anastasia Steele. – No puedo dejar de mirarlo, es como si algo en el me atrajera.

¡TODO! ¡Está jodidamente bueno!

-Interesante… -Murmura. Cierra los ojos y luego de unos segundos los vuelve abrir. Parece más calmado. –Soy Edward Cullen. Un placer.

Por fin me libera pero ya extraño su contacto. ¿Qué mierda me pasa?

-Igualmente. -logro murmurar pero parece que me escucho porque sonríe y luego sin decir ni mu, se aleja dejándome completamente atontada. No sé cuanto tiempo llevo mirando el lugar por donde Edward salió pero el grito de Kate en mi oído me hace brincar cual gato asustado.

-¡ANA! ¿Quién era ese?

-Pues no lo sé con seguridad. –La miro y ella tiene una ceja enarcada y una gran sonrisa marca Kavanagh.- De acuerdo, solo se su nombre. Más nada…

-José y Levi han encontrado una mesa un la parte superior. Vamos Julieta, hay que emborracharnos.

Kate me toma de la mano y me arrastra por todo el local, me hace subir las escaleras corriendo, y doy gracias a dios por haberme impuesto y cargar unas converse si no ya estaría en el suelo.

José y Levi están en una mesa con perfecta vista de la primera planta. Y tienen delante de ellos una jarra de margarita.

-¡Genial han encontrado bebida! –Grita Kate.

-¿Cómo lo lograron? La barra esta a reventar. –Les digo mientras los saludo y me apodero de la silla con mejor vista.

-Conozco al barman. –José se encoje de hombro como si nada. Parece enojado. –Te vi en brazos del chico ese. ¿Novio?

-¿Qué? ¡No! Alguien me empujo y termine ahí, no fue a propósito. –Me sonrojo al recordar lo guapo que era desde esa distancia.

-¡ .Dios! ¡Te gusto! –Explota Kate señalándome con un dedo de manera acusatoria- ¡No me lo puedo creer, te gusto en serio!

-¡Kate baja la voz! Era lindo, si. Pero tampoco para tanto. –Mis mejillas están peor que un volcán a punto de hacer erupción.

-Nada de eso Anastasia. Te gusto, sabes su nombre. El te miraba como si te quisiera comer. ¡Mierda Ana! Tienes que buscarlo y hablar con él. –Me toma de la mano e intenta levantarme de la silla de un tirón.

-¡¿Qué?! ¡NO! Estás loca, no voy a ir a ninguna parte. –Me sujeto de la mesa con la mano libre en un intento de permanecer en mi lugar.

-Ana no voy a permitir que ni si quiera hables con él. –Se coloca los brazos en jarra y toma una postura amenazante.

-¡Ya hable con él! Déjalo ya, ¿vale? –suplico.

Kate suspira y creo que he ganado esta batalla.

-Acompáñame al baño. –Dice de repente.

-¿Ah? –¿De dónde ha salido eso?

-Lo que escuchaste Ana. –Se gira hacia un José muy cabreado y un Levi perdido en limbo.- Ya volvemos.

Kate vuelve apoderarse de mi mano y me lleva a rastras de nuevo por las escaleras y la parte baja del club. Pero cuando estamos a punto de llegar a los baños ella tropieza con el hombro a una chica rubia, hermosa, perfecta y muy cabreada.

¡Mierda!

-¡Oye, mira por dónde vas! –Grita la rubia.

-¿Por qué no miras tu donde te paras a hablar? –Responde Kate

¡Joder… Joder… Pelea de Rubias!

-¿Qué? ¿Quién mierda te crees para hablarme así? –Ruge la rubia.

-¿Y quién te crees tú para gritarme? –Kate esta que echa humo.

Yo miro de una a la otra cual espectador de juego de pimpón.

-Kate… vámonos… -Le digo al oído tratando de empujarla hacia los baños.

-No. No voy a permitir que esta me grite. ¿Qué le pasa? –Vale, esto será caso perdido.

-No sabes con quien estas tratando niñata. –La amenaza la rubia.

-Joder Kate, vamos, déjalo ya. –No me quiero quedar sin mejor amiga, y esta rubia se ve peligrosa.

-Rose… ya… vamos amor, solo fue un empujón de nada. –El grandulón que estaba con la rubia intenta calmarla.

¡Bien, tengo ayuda extra!

-¿Rose, Emmet? ¿Qué sucede? –Mierda, esa voz. Me giro y justo detrás de mi esta el cobrizo, Edward.

-Mi mejor amiga la ha tropezado sin querer y se ha desatado el apocalipsis de las rubias. –Le explico en broma intentando aligerar el ambiente.

El se ríe y mira al grandulón. –Llévatela, yo avisare a los demás.

El asiente y abrazando a la rubia la saca del club casi a rastras. Edward se gira hacia nosotras y sonríe.

-Lo siento, mi hermana tiene un carácter algo fuerte.

Kate bufa y se va hacia los baños pisoteando fuerte. Yo la miro un poco cohibida, tendré que aguantarme eso luego.

-Tranquilo, mi mejor amiga tampoco es que sea muy tranquila cuando la cabrean. –Sigo mirando hacia donde Kate desapareció. No puedo mirarle a los ojos.

-Dos encuentros esta noche. Si yo fuera como los demás te invitaría un trago o algo así. ¿No? –No puedo soportarlo más, lo miro y ahí está de nuevo esa sensación de ser atraída como por un gran imán. ¿Qué mierda? Me sonrojo violentamente y el sonríe, parece que a pesar de la poca luz, lo vio.

-No lo sé, no suelo darme de empujones para caer en brazos de un chico y luego le digo a mi mejor amiga que moleste a su hermana para que él lo vea. –Mi tono sarcástico parece divertirle aun más.

¡Me estoy cabreando! ¿Acaso soy su bufón?

-Tú también tienes tu genio. –Comenta relajado y mete sus manos en los bolsillos de su pantalón.

¡Joder con sus brazos!

-Dicen que es de familia. –Me cruzo de brazos intentando parecer más enojada.

-¡Edward! ¿Qué sucede? ¿Dónde están Rose y Emmet? –Una chica bajita y muy enérgica se acerca a nosotros y se guinda del brazo de él. Sin dirigirme si quiera una mirada.

¿Su novia?

-Se han ido. Rose estaba discutiendo con la mejor amiga de Ana. – Edward me señala con el mentón, sigue en su postura relajada pero puedo ver la tensión en sus ojos.

¡Definitivamente su novia!

¿Me ha llamado Ana? ¡Ana!

-Oh, Hola. Lo siento, soy Alice. –La chica me sonríe pero sigue apretando el brazo de Edward.- Lamento lo de Rosalie, es algo volátil.

-Tranquila, no hay problema. –Sonrió y de repente me siento muy incómoda.- Creo que mejor voy a ver a Kate. Encantada.

Ni siquiera espero que me respondan, salgo como alma que lleva el diablo en dirección a los baños.

Kate está apoyada en el lavamanos con un aspecto medio verdoso.

-¿Kate? ¿Qué sucede? –Me acerco a ella y le toco la frente, esta helada.- Mierda Kate. ¿Qué bebiste?

-No lo sé, una margarita y una bebida que me brindo un tipo. No sé que era.

-Mierda. –Murmuro, Coloco su brazo sobre mis hombros y le rodeo la cintura. Tengo que sacarla de aquí. –Vámonos.

Camino como puedo sosteniendo casi todo su peso en mi costado. Está a punto de desmayarse. ¿Qué carajos le dieron?

-Kate… por favor aguanta, no podre contigo si te desmayas. –Le digo en el oído y ella gime. Mierda la estoy perdiendo.

-¿Qué le paso? -¿Cómo es que el sale siempre de la nada?

-No lo sé, bebió algo y le cayó mal. Tengo que llevarla al hospital.

Sin responderme, Edward toma a Kate en sus brazos como si la chica no pesara nada y se encamina por entre la gente hacia la puerta. –Vamos, yo las llevo. Mi padre trabaja en el hospital, la atenderán más rápido.

Sigo a Edward hasta su auto y me acomodo en la parte trasera para sujetar a Kate mientras el conduce.

Kate gime y entierra su cara en mi pecho.

-¿Kate? ¿Recuerdas que bebiste? –Le pregunto mientras le acaricio la mejilla. Esta aun más verde y fría. Mis ojos pican, le sucede algo y me muero.

-Creo que fue una cerveza… no sé... –Logra decir entre balbuceos. Suspiro un poco mas tranquila. Solo un poco.

-Ya casi llegamos. –La voz de Edward es seca.

No soy capaz de responderle. El torso de Kate cae ligero en mis piernas y me asusto, no sé qué hacer.

-¿Kate? –Golpear su cara no funciona. Estoy sollozando.- Edward date prisa, se ha desmayado.

-Tranquila, mantén la calma. Si te da un ataque a ti también será peor. –Dice con voz serena. Lo fulmino con la mirada.

¿COMO MIERDA PUEDE ESTAR TAN TRANQUILO?

-¡Solo acelera por favor! –Grito.

-Ya esta… ya llegamos. –Dice mientras aparca el auto en la puerta de emergencia del hospital.

Un hombre rubio y dos enfermeras se acercan al auto y me ayudan a sacar a Kate, la colocan en una camilla y desaparecen con ella. Intento seguirlo pero una mano fría me detiene.

-Tenemos que esperar, está en buenas manos. Te lo prometo. Vamos a la sala de espera. –Pasa una mano sobre mis hombros y me arrastra con el hasta una sala con sillones negros.- ¿Debemos llamar a alguien? ¿Sus padres?

-Están de viaje. .-Murmuro.

Tres horas después aun no tengo noticias de Kate. He dejado de llorar y solo tengo que tratar de controlar el hipo. Edward ha estado con su brazo alrededor de mis hombros todo el rato y diciéndome que todo estará bien. Quiero creerle pero me es imposible. Necesito verla.

-Ella está bien, Ana. –Susurra en mi oído.

-¿Cómo lo sabes? –Giro mi cabeza para mirarlo y nuestras caras quedan a pocos centímetros. Una corriente eléctrica recorre mi columna vertebral y mis mejillas se sonrojan.

-Lo sé porque ahí viene mi padre. –Susurra y su helado aliento golpea mi cara.

Me estremezco pero salgo de mi estado al ver al médico rubio que se llevo a Kate antes. Me levanto y corro hacia él.

-¿Cómo esta Kate?

Por favor que este bien, por favor…

-Está dormida, tuvo una intoxicación producto de algo que le dieron en la bebida. Tuvimos que hacerle un lavado, no creo que este de humor cuando se despierte. Es algo desagradable la sensación que queda.

Asiento y sonrío a pesar de que mis mejillas húmedas.

-Eso será bueno entonces, si está peleando cuando despierte quiere decir que estará bien.

El sonríe y puedo notar que sus ojos son tan dorados como el oro mismo. ¿Cambiaran también como los de Edward? ¿Lo imagine? ¡No, es obvio que no! Es su padre y los tiene del mismo color que los de él cuando lo vi por primera vez.

-¿Eres su hermana? –Pregunta el médico.

-Casi, soy su mejor amiga. Su familia está de viaje. ¿Puedo verla? –Pregunto algo nerviosa.

-Sí, está dormida pero estoy seguro que le encantara una cara conocida cuando despierte. Soy Carlisle Cullen, por cierto. –Me tiende la mano y yo la tomo.- Si necesitan algo hágamelo saber.

-Anastasia. Gracias, de verdad. A los dos. –Me giro y miro a Edward que ha estado callado a mi espalda.

-Cuando quieras. –Sonríe y no puedo evitar devolverle la sonrisa. Mira a Carlisle y asiente. –Papá me quedare con ella, yo te aviso cualquier cosa.

-De acuerdo. Hasta luego. –Carlisle se aleja y desaparece por el pasillo.

-Vamos, conozco el hospital, te llevare con Kate. –Edward toma mi mano y me guía por el pasillo hasta los ascensores.

¡Joder, ya estamos de nuevo en contacto!

Kate tiene una intravenosa en la mano derecha y duerme tranquilamente. Me acerco a ella y le beso la mejilla.

-Lo siento nena, no debí dejarte sola. –Susurro en su oído.

-No fue tu culpa y lo sabes. -¿Cómo escucho? ¿Tiene oído superdotado o qué?

-Sí, lo fue. Cuando llegamos debí seguirla, estar con ella sabiendo lo loca que es. –Mis ojos pican.

-Ella está bien Ana, no te preocupes.

¡Ya estamos el Ana de nuevo!

-Gracias Edward. –Me acerco a él y lo abrazo.

Mi ataque repentino lo hace tensarse. Pero luego me devuelve el abrazo y me siento protegida ahí, es extraño, como si perteneciera a ese lugar.


Los capítulos serán narrados por Bella o Ana.

Espero sus opiniones, besos. (: