Suben un rato, aunque pronto Austria empieza a resbalar y a rascarse en los brazos y piernas porque ya no tiene tanta fuerza y está cansado para concentrarse.

Y Suiza sufre un poco con eso, no vamos a mentir, preocupado. Trata de ir más cerca de él, deteniéndole un poco a momentos con un brazo contra la pared para darle segundos de descanso, asegurándose a sí mismo que si cae podrá detenerle sin problema. Creo que este tramo debe ser el más sufrido y que se les hace más largo.

Casi llegando arriba, cuando ya está realmente agotado se resbala y casi se le caen las gafas asustándose MUCHO porque si pierde las gafas sí que no puede hacer NADA, así que se cae y se queda colgando balanceándose a unos cuantos metros.

Y Suiza se asusta un montón también, pero las cuerdas se tensan y traban bien de inmediato y se sostiene apropiadamente con el corazón muy acelerado.

—¿¡Estás bien!?

Austria se balancea un poco hecho bolita con miedo de comprobarlo y los ojos apretados.

—¡Österreich! —grita Suiza en pánico de verdad, mirando hacia él con el corazón a mil por hora.

—S-Schweiz... —lloriquea como de pequeño. Suiza respira otra vez cuando le escucha hablar y nota que él mismo está temblando, con las manos sudorosas.

—Verdammt... —susurra aliviado anclándose un poco mejor—. ¿Estas bien? No vas a caerte.

—E-Estoy... —vacila notándose a ver si le duele algo, sintiendo que tiene todos los músculos encartonados por el pánico. Suiza sigue trasteando un poco con el equipo.

—¿Ja? ¿Te has pegado en la cabeza?

—Nein, nein... creo que no me he golpeado...

Suiza toma aire otra vez, agradeciendo a todos los dioses que conoce, sintiéndose temblar aun. Se toma unos segundos para reñirse por ello bajando sus pulsaciones.

—Sólo te has resbalado —responde recargándose en sus piernas y abriéndolas un poco, mirándole a través de ellas —. Ya casi llegamos.

—¿Q-Qué hago?

—Respira —Suiza trata de girar a ponerle del todo de frente a la pared. Austria baja un poco las piernas y mira a ver dónde está la pared.

—Gírate, poco a poco, no te raspes con la pared.

Austria lo hace... y se raspa. Suiza aprieta los ojos.

—Con cuidado... Respira otra vez.

Pero tras resbalar un poco más consigue volver a asirse de la pared, en su postura fría de fuerte disciplina mental.

Suiza sigue sin moverse, mirándole hacer, ayudándole para que ponga los pies y las manos en el lugar apropiado. Es decir, diciéndole donde ponerlas. Poco a poco Austria consigue volver a ponerse en marcha.

Cuando ve que está detenido otra vez, y en marcha, Suiza vuelve a respirar un poquito mejor mirando hacia arriba, notando que ya están bastante cerca, tanto que puede ver el borde varios metros más arriba aún. Le anima con esto haciéndoselo notar y empezando a avanzar un poco el mismo otra vez, queriendo llegar YA al borde

Llegan lentamente, pero sin más incidentes. Cuando Suiza llega al borde, antes que él, fija la cuerda y le espera, volviendo a estirar el brazo para ayudarle el último par de metros.

Austria le toma de la mano dejando que le suba y vuelve a abrazarle al llegar por fin al camino y Suiza le aprieta otra vez con mucha fuerza, temblando un poquito ÉL.

—¿Estás bien?

Austria asiente abrazándole con fuerza también, desmoronándose un poco.

—Qué susto me he metido... —confiesa el helvético—. ¿No te pegaste en ningún lado? ¿Estás seguro?

—No lo sé.

—Tengo que revisarte... —susurra sin soltarle ni un poquito, aún medio tirados en el suelo —. Verdammt.

—En el refugio.

—No quiero que te caigas... No me gusta que te caigas —susurra.

Austria lo abraza un poco más. El rubio suelta el aire un poquito, tranquilizándose porque ya están aquí, en el camino, y ya ha pasado el peligro por ahora.

—¿Estás bien? —vueeeeelve a preguntar.

—No lo sé —responde sintiéndose realmente desfallecido.

—Te llevaré cargando... Sólo quito las cuerdas —decide.

Austria asiente un poco. Suiza le sigue abrazando un poco sólo quitando una mano para desamarrar las cuerdas, aunque le suelta un poco más para quitarse la mochila de la espalda y guardarlas. Ni siquiera las acomoda obsesivamente.

Cuando termina se echa de nuevo la mochila a la espalda y se acerca para levantarle, pasándole el agua.

Austria le suelta un poco para que pueda hacerlo y luego se le agarra. Finalmente le levanta de detrás de las corvas y debajo de los brazos, abrazándole contra sí.

—Quiero ir a dormir, puedes ir tú a ver la puesta de sol.

—No voy a ir a ningún lado —le asegura —, y vas a dormir después de comer y de que te revise.

—Ni siquiera tengo hambre.

—Ya lo sé, pero no importa. Necesitas comer, Österreich.

Austria toma aire y respira para cuando entran al refugio. Suiza hace el muy breve y práctico trámite con una mujer que casi no les presta atención y le da tres instrucciones, porque no crean que es una mini casita, es un refugio más o menos grande. Es un bloody súper albergue con cuartos individuales y dobles. Y cuartos comunes también, que son más baratos. Suiza renta un cuarto doble.

Así que Suiza pone a Austria en su camita y se pone en cuclillas junto a él. Puede que Austria ya este dormido para entonces.

Suiza... Es que va a revisarle, aunque esté dormido. Empieza por revisarle la cabeza a ver si le encuentra algún golpe pero Austria no se despierta por ello.

—Österreich, no te duermas hasta no ver que no tengas una contusión —protesta un poco Suiza revolviéndole el pelo tratando de verle la piel. Austria hace un gesto así como "nein, nein" y se duerme igual—. Nein, Nein... Hablo en serio —le sienta un poco, abre la botellita de agua que les sobra y le pone dentro un alka seltzer. Va a desnudarle en realidad, a revisarle completo de la cabeza a los pies... Intentando antes que se tome el bloody alkaseltzer.

El austriaco se despierta un poco para tomárselo sea, para no ahogarse y... mientras no le busque por la ropa.

Suiza le quita la camiseta sacándosela por la cabeza en cuanto termina de beber. Austria protesta porque eso implica que le mueva demasiado y le duele todo, pero le deja.

De hecho ya con la camiseta a la mitad se acuerda de los lentes. Se detiene y se los quita con suavidad antes de quitarle del todo la camiseta. Aprieta los ojos porque sí que tiene los brazos un poco raspados. Le revisa también las manos.

—¿Te duele algo?

—Todo —susurra con los ojos cerrados.

—¿Algo más que lo demás? —pregunta tocándole las costillas una por una.

—Nein... —no reacciona. Le flexiona las articulaciones de los brazos y las muñecas.

—Lo hiciste muy bien hoy —murmura revisándole los dedos, casi seguro de que no le escucha, como no tiene ningún corte profundo se gira a buscar un poco de pomada de árnica para las raspadas y golpes untándosela con cuidado

Austria protesta cuando le mueve porque si le duele, pero no tiene nada roto.

—Estás bien, tus manos están bien —asegura sintiéndose un poco como cuando eran niños, con ese niño morenito al que tanto quiere.

Cuando termina le pone otra vez la camiseta por la cabeza con suavidad y le hace pasar los brazos por las mangas.

El austriaco protesta otra vez lloriqueando un poco. Suiza le da un besito en la mejilla y le quita los zapatos. Y los pies le picaaaan. Y ahí van fuera los calcetines también, con cuidado. Aun le pican más. Seguro además los tiene ampollados

Suiza aprieta los ojos porque le conoce bien y nunca tiene ningún problema de estos y no crean que no es un histérico sobreprotector. Se los masajea un poco antes de recostarle, levantarle las piernas y disponerse a quitarle los pantalones.

Austria de verdad que está intentando que su cuerpo siga sus órdenes sobre "no andar protestando con dolor".

Y es en esta parte del proceso cuando la cajita se cae al suelo.

Austria parpadea con el sonido, porque oírlo lo oye. Pero su cerebro no lo asocia a nada en este momento, pensando que es Suiza nada más que ha golpeado una bota o algo. Éste le baja los pantalones del todo, sacándoselos por los pies y mira de reojo al suelo notando la cajita.

Pero... Austria tiene las piernas raspadas, y se le notan líneas rojas por tan blanca que tiene la piel. Suiza aprieta los ojos moviendo la cajita hacia donde están sus gafas e ignorándola en gran medida.

—¿Cómo lograste hacerte todo esto? —protesta.

No contesta a eso, creo que se ha dormido de nuevo. Suiza le cura un poco con pomada y le cubre con una de las mantas con suavidad y delicadeza. Termina acariciándole un poco el pelo y susurrándole algo... Ejem... Que suena un poquito a que le quiere.

"Ala, ala, aprovéchate de él ahora que puedes" le susurra al oído la archiconocida voz de Prusia que todos tienen en su cabeza.

—Pero está cansado y débil como un cachorrito —discute Suiza con la voz... Aunque piensa un poco, se quita las botas y los pantalones y se pregunta si no podrá abrazarle un poquito antes de dormirse él.

Seguramente eso sí que puede.

Se sonroja un poco con la idea pensando que tiene un montón de hambre y si bien está cansado, necesita también relajarse un poco y, ejem, asegurarse de que Austria esté del todo bien. Se pone rápidamente los pantalones y sale a mear al baño, que si es común, se come una galleta de vuelta, se quita de nuevo los pantalones y levanta un poquito la cobija para meterse al lado del austriaco, temblando un poco porque le ha dado frío. Sabe bien que seguramente Austria no se va a enterar siquiera, así que se permite a si mismo relajarse un poquito e intentar acomodarse para que le abrace.

—Soy yo... Soy yo.

El problema es que a Austria le duele todo, así que cualquier posición es incómoda y entreabre los ojos con el movimiento. Suiza se sonroja un poco, atrapado y lo único que se le ocurre decir es...

—Tengo frío.

Austria se mueve y se le acerca intentando ponerse cómodo.

—Deberías ir a comer algo.

—Me comí una galleta... —responde intentando no moverse para que se ponga cómodo —, iré quizás ahora que te duermas. ¿Estás bien?

El moreno asiente. Suiza se relaja un poco más.

—Duerme —lo intenta por lo menos.

Si lo siente demasiado incómodo probablemente no tarde tanto en ver si consigue acomodarse mejor sólo. Ejem, no es que te conozca, Austria. No es incomodidad por abrazarle, es por el dolor.

Va a bajarsele un poco con el alka seltzer. Es que puede que hasta le dé un poco de fiebre. De hecho es lo más seguro,'pobre pequeño intoxicado con ácido láctico en sus músculos atrofiados'.

Un rato más tarde Suiza se levanta a comer algo, a beber una poca más de agua y a asomarse por la ventana... Porque es que no es tan tarde y él no es modelo súper pasivo.

En un punto se huele a si mismo preguntándose si de verdad huele a cabra y volviendo a recordar las cosas que le ha dicho Austria en el sillín. Va a comerse el coco un bueeeen rato con esas cosas otra vez.

Al cabo de un rato, llega alguien herido al refugio y se arma un pequeño revuelito con algunos gritos... Y Suiza el buen samaritano evidentemente va a ver en qué puede ayudar

Es que no puede no ir. Menos aún estando en su casa. Aunque termine haciéndole a alguien una cirugía y amputándole la pierna.

Nah. Suiza dice que no, que sólo le acomoda el hueso y le entablilla, que basta de drama latino

La cosa es que sí, sea como sea, se larga un buen rato y se entretiene. Así que Austria puede dormir dolorido y cansado en mitad de la cama

¿Ves? Sabíamos que quería dormir a mitad de la cama y eso sí, queremos decirle a Austria que a las 4 am, como buen refugio para alpinistas, suena la sirena con bastante fuerza para despertarles a todos para ir a escalar a la punta. Independientemente de si vayas o no a hacerlo vas a acabar despierto.

Alguien va a acabar muerto.

Para entonces Suiza ha vuelto a la cama, agradeceríamos que no fuera él.

La administración del refugio le manda decir a Austria que este es un refugio en las montañas para alpinistas, si quería quedarse en el Ritz, se ha equivocado de ruta. Austria pregunta que donde demonios está el Ritz en esta maldita montaña y que si se lo muestran con gusto se irá a dormir ahí.

Suiza le acaricia un poco el pelo y… eso lo calma un poco... ¡Pero no suficiente! ¡Ni se crean!

Suiza dice que de verdad no hay nada que hacer y que a las 5 am volverá a sonar. Austria os odia a todos.

De hecho juro que no digo mentiras, es literal que suena, he visto un anuncio. Suiza hace notar muy suavecito que lleva horas durmiendo y le garantiza que puede seguir durmiendo, que ya vendrán por ellos más tarde.

El problema es que a Austria aun le duele todo.

Es que... Desde luego, Suiza piensa que la aventura estuvo muy bien y muy divertida y se ha asustado mucho, pero hasta aquí han llegado. Valora el que si Austria puede moverse un poco quizás deban salir a caminar un rato para destensarle los músculos. Ha averiguado anoche el costo de un helicóptero.

Es que... dios mío. Es que además me imagino a Austria que no va casi ni a poder erguirse en la cama sin medio retorcerse del dolor.

Así que bueno, Suiza espera hasta las 5 am en la cama, hora en la que sino empieza a moverse le da frío... Creo que por eso se mueve tanto todo el rato.

Se sienta un poco en la cama y mira a Austria que seguro se ha quedado dormido otra vez.

Seguro.

Se limpia un poco, se peina, se viste y baja a buscar algo de desayuno notando que todo el mundo se va ya a la escalada. Les desea suerte, revisa al chico de la pierna rota, habla un poco con el administrador, mira su reloj y piensa que faltan un par de horas más al menos para que Austria medio reviva así que se va a dar una vuelta.

Lo sentimos, Suiza, esto está siendo un poco... por eso es que no lo hace normalmente.

Sí, si es que no crean que no le conoce. De hecho está bastante habituado a algunas horas de soledad en las mañanas, no crean que no. En el lado tierno y dulce de Suiza, le trae sonrojadamente a eso de las siete y media de la mañana, un bol de avena y... Un ramito de Edelweiss.

Y creo que más románticamente saca de la maleta un paracetamol. Vale, puede que a esa hora ya no pueda dormir más pero aún le duela todo.

Así que entra al cuarto y se sienta en la cama pensando que sigue dormido... Se sienta en la cama y le haaaace un cariñito en el peeeelo. Ahí Austria abre los ojos y deja a Suiza un poco congelado sin esperárselo.

—Oh... Ehm... Hallo

—Guten morgen.

Suiza carraspea y vacila quitándole la mano de la cabeza.

—Guten morgen. ¿Cómo te sientes?

—Mal...

—Ya lo imagino. Te traje avena.

—Danke. No creo que pueda subir hoy a la cima.

Suiza sonríe un poco, sinceramente.

—Ya lo sé qué no, de hecho ya se han ido algunos que subirían. Fui a caminar.

—Tal vez mañana...

Parpadea.

—¿M-Mañana? A-Aún quieres...

—La verdad, no sé si me encontraré lo bastante bien pero...

Parpadea. Parpadea. Le mira a los ojos.

—De verdad... ¿Quieres esperar a mañana e intentarlo? —pregunta con voz suave.

—Sinceramente ahora mismo quisiera morirme.

El de ojos verdes se muerde el labio y aprieta los ojos.

—Ven, incorpórate un poco y tomate esto —ofrece la pequeña tableta blanca de paracetamol

Austria lo hace. Suiza le ayuda un poco porque saaabe que le va a doler. Créanme, hasta a Suiza le dan agujetas cuando se pasa de ejercicio.

—Esto sólo va a bajarte un poco el dolor —le explica—. No tienes nada serio, en realidad, ayer te revisé entero.

El austriaco asiente apretando los ojos cuando le duele al moverle.

—Entre menos te muevas más va a dolerte. Ahora iremos a caminar un poco, pero antes... Ten —le pone la avena en las manos y se estira por sus lentes.

Toma la avena porque hambre sí que tiene.

—Hay queso y pan abajo... —le da los lentes y se acuerda de la cajita que está al lado de donde los lentes pasaron la noche tan felices—. Se te cayó esa cajita de los pantalones anoche.

Se pone las gafas y se queda congelado mirando la caja en su mano. Suiza le mira a él y luego a la cajita también. Y se la extiende un poco, porque en serio es que piensa que debe ser... De hecho no tiene ni idea, algo raro.

—¿Tú has... cuándo...? —vacila un poco de forma rara en él. Suiza inclina un poquito la cabeza porque no ha... Nada en realidad. Parpadea.

—¿Was? ¿Qué es? ¿O no es tuyo?

—¿Qué haces con eso? —se lo quita de la mano.

—Pues estaba en tus cosas y se fue al suelo mientras dormías.

Austria traga saliva y la esconde.

—¿La has abierto?

—Nein, ¿qué es? —mira hacia donde la ha escondido.

—Es mío.

—Ja, eso ya puedo verlo —asegura un poco descolocado—. De todas las cosas que ibas a traer a la montaña, esa es algo rara. Antes pensé que traerías la armónica que te regalé.

—No iba a cargarte tanto peso.

—Esto lo estabas cargando tú —puntualiza aún con el ceño un poco fruncido—. Comete la avena.

—La armónica la habrías llevado tú.

—A diferencia de esta cajita misteriosa que es muy malo que vea —Suiza tiene una muy mala imaginación.

—Exacto —sonríe cínico. El helvético le mira con los ojos entrecerrados. El austriaco levanta la barbilla mientras sigue sonriendo y comiendo avena.

—Veo que aún en tu "lecho de muerte" y queriendo morir... Eres capaz de molestarme. Tan mal no estás.

—Estoy peor.

—Yo te veo igual de dramático que siempre —se cruza de brazos —. Sólo un poco más despeinado.

—Será que alguien me ha estado metiendo las manos en el pelo —se lo aplaca un se sonroja un poco.

—Tienes que ver el paisaje.

Austria sonríe

—No me atrevo a levantarme de la cama... aunque quisiera ir al baño.

Suiza suspira porque sabe lo tremendamente peligroso que es...

—¿Quieres que te cargue?

El moreno asiente.

—No voy a cargarte a toooodos lados —asegura acercándose a él. Austria sonríe abrazándole.

El suizo le levanta con bastante facilidad como siempre sonrojándose un poquito más, el moreno le da un besito en la mejilla.

Suiza se sonroja considerablemente más aún, echando vaporcito de agua por las orejas pero le aprieta un poco más contra sí.

—Vas a estar mejor con la pastilla.

El austriaco acomoda la cabeza en su hombro como hace desde pequeñito y el helvético sale del cuarto y nota que a esta hora no hay NAAADIE en el refugio, se relaja un poquito más aún con este gesto tan familiar.

—Puede que tengas que sujetarme para hacer.

Ok, olvidemos la relajación.

—¿Q-Que te sujete para hacer? —levanta las cejas y se revuelve un poco —. P-pero si.. Si... sólo tienes que sostenerte de pie...

—Me duelen mucho las piernas.

Suiza se mueve un poco para sostenerle y abrir la puerta del baño.

—Vale, vale... Te sostengo —suelta. Austria sonríe, porque además ni ha pensado en dejarle sentado.

—¿Quieres... Hacer... —sonrojito —, del uno o del dos?

—Nada más por delante.

Y si en algún momento vuelve a sentirse como niños, es ahora... Porque ESTA confianza para este tipo de cosas es la que tenían de pequeños, y ahora se ha esfumado inevitablemente siendo cada uno como es pero ya te aseguro que no es un asunto tan inocente como cuando erais niños.

—Voy a soltarte un poco los pies.

Austria asiente. Suiza lo hace, manteniéndole abrazado de la cintura, sosteniéndole del pecho con la otra mano.

—El suelo está frío.

—Ja, el suelo está frío... A ver, te levanto un poco, y recárgate en mis pies.

Lo hace un poco. Lo que pasa es que Austria es alto, así que Suiza se desestabiliza un poquito y le abraza con una poca más de fuerza para mantener bien la vertical.

—A ver, ya estamos... —pone la frente en su espalda.

Austria se agarra a algo de la pared.

—Bájate los pantalones...

Se suelta de una mano, haciéndolo. Y Suiza se pone de color TOMATE. De hecho Austria siente como le late el corazón incluso pero hala... Ahí está, abrazándote y cargándote para que mees. En realidad, no sabe si estos niveles de intimidad los tenga con mucha gente... Piensa con quien, de hecho, y como siempre y para no perder la mala costumbre, piensa que claro, con España y con Hungría debe o debió tenerlos, este y otros niveles, seguramente más intimidad aún...

—No cuestiono tus métodos, pero, sabes que sé hacer esto sentado, ¿verdad? —comenta al acabar. Parpadeo, parpadeo, saliendo de sus pensamientos.

—¡Oh... Oh! —aprieta los ojos porque ni siquiera lo ha pensado, para variar. Le suelta un poco, de hecho—. ¿Por que no me has dicho?

—Bueno, teniendo en cuenta que tú también sabes no pensé que necesitara recordártelo.

—Pues sólo estaba pensando en... —ayudarte, como fuera. Le suelta un poco más —, la... Higiene y tus raspaduras en el culo.

Austria protesta cuando le suelta tanto, porque le duele. Así que Suiza vuelve a abrazarle.

—¿Ya te guardaste... Todo? Voy a cargarte de nuevo.

Austria lo hace y le abraza con esa naturalidad. La misma con que lo hace su madre... Si no lo hurta, lo hereda.

—Eres terrible. Lo que sea para ponerme incómodo.

—No planeo sentirme culpable de ello.

—Deberías. Ahora vamos a ponerte los pantalones y a caminar.

—No me castigues, Schweiz.

—No es castigo, Österreich y, vas a sentirte mejor después de estirarte un poco.

—Lo dudo tanto.

—Puedo hacerte además un... Masaje.

—Me duele solo de pensarlo.

Suiza suspira.

—Quizás puedas quedarte entonces en cama y esperar a sentirte mejor en una semana.

—No podemos esperar una semana para subir a la cima, me volveré loco antes.

Suiza frunce el ceño y le mira de reojo extrañado.

—Has vivido cientos de años sin subir y ahora... ¿Te han entrado unas ganas locas de hacerlo?

—Exacto.

Suiza se humedece los labios.

—Vamos... Te daré un premio si vienes a caminar conmigo.

—¿Cuál?

—Seré dulce de verdad. Todo el día. Y podrás decirme si realmente te gusta más que sea así.

Austria levanta una ceja incrédulo. Suiza se encoge un poco de hombros

—No estoy seguro de que puedas hacer eso —replica "más" añade para sí mismo.

—Pues... Algo debo poder hacer. La realidad es que "no se puede" no es mi filosofía principal.

—¿Cómo?

—Pues... Si realmente odias algo, debo poder hacer algo para más o menos mejorarlo —se rasca un poco la mejilla sin mirarle—. Claro que, ¡tampoco es que vaya a hacer todo lo que digas! ¡Que te quede bien claro! Pero de verdad, si piensas que te miro de una manera que odias...

—No me gusta que no hagas todo lo que digo —suelta.

Suiza le mira a la cara y se echa un poco atrás.

—Was?

Austria sonríe. El suizo frunce el ceño.

—No puedo hacer TODO lo que digas —protesta—. ¡No puedes pedirme eso!

—¿Por?

—Porque... Porque voy a hacerlo y voy a odiarme por hacerlo, y esto es otra vez...

Austria aprieta los ojos.

—Pero si puedo... Hacer algunas cosas, porque si quiero que seas... feliz. Esto no vale, no estas caminando conmigo.

—Nada más hablamos.

—Pero yo estoy diciéndote cosas bonitas y... Agh. Ven, vamos a caminar.

—Voy descalzo.

—Me dirás que no hay nada que se te ocurra que puedas hacer para arreglar ese... —bufa un poco —, te pongo las botas.

—¿Ese?

—¡Problema de ir descalzo! —se levanta de la cama y toma los pantalones antes que las botas acercándose a él y poniéndose en cuclillas.

—Pero si has tenido que llevarme al baño, ¿qué te hace pensar que poder pasear contigo?

—Pensé que el premio podría atraerte.

—Es que no es una cuestión de voluntad.

—Lo que quiero es que hagas el esfuerzo y te muevas, Österreich...

—¿Para qué? Mañana haré el esfuerzo por seguir arriba.

Suiza le mira sin entender un pimiento de nada, la verdad.

—Porque tengo la idea de que si te mueves hoy, mañana te moverás mejor y me dará menos miedo que escales de nuevo. Por eso y porque quiero salir y hacer algo más que sólo quedarme aquí.

Austria suspira cuando tiene las botas puestas pensando que después de todo el experto alpinista y médico es Suiza.

—Puedo cargarte un poco —ofrece después de ese suspirito austriaco.

Austria recupera su cajita de debajo de las mantas de la cama, guardándosela y estira las manos hacia él para que lo haga.

—Eres igual a cuando eras pequeño —hace los ojos en blanco y se le acerca, volviendo a cargarle como princesa —. Así no te llevas premio eh, que lo sepas. Seré maligno contigo.

Austria mira toda la posición y piensa que NO SABE ser maligno.

—Asumiré el riesgo.

De hecho... No, no sabe.

—No sabes lo que dices... Te arrepentirás —Suiza baja las escaleritas del refugio y cruza el comedor común yendo hacia la puerta.

—¿Qué vas a hacerme tan maligno?

—Pues para empezar puedo llevarte lejos y dejarte ahí.

—¿Me dejarías ahí a que me muera de frío y de hambre? ¿Con cuál sangre fría?

—¡Te dejaría ahí a que te levantaras y vinieras tras de mí! Y no insinúes que no dejaría que te murieras de hambre y frío.

—¿Y si no me levantara?

—Si vas a levantarte.

—No lo creo. Me duele todo y esto fue tu idea.

—¿Que fue mi idea? ¡Y sí que vas a levantarte si quieres no morir! —mira el terreno escarpado y con muchas piedras, camina al sitio que se ve más plano y que tiene un poco de hierba.

—Venir aquí. Repito que no es una cuestión de voluntad.

—Puedes levantarte, sólo va a dolerte un poquito —sigue alejándose del albergue mirando al austriaco de reojo.

—Ese poquito es más de lo que puedo soportar.

El suizo se acerca a una zona en que la piedra del piso vuelve a hacerse pared bastante vertical, a la "sombra".

—¿Sabes... Jugar Backgamon?

—El juego de mesa, ja.

Le suelta las piernas para ponerle en vertical. Austria protesta de dolor. Suiza le abraza un poco tensándose también.

—Mira, me prestaron uno en la cabaña —saca uno pequeño de viaje del bolsillo.

Austria sonríe un poco intentando sostenerse solo, porque va a necesitar hacerlo si mañana quiere subir a la cima y lo sabe... pero las piernas le tiemblan. Suiza nota la vacilación y el esfuerzo acercándose a él para que pueda sostenerse.

—¿Quieres jugar? Podemos sentarnos ahí –tres pasos más adelante.

El austriaco asiente y se humedece los labios intentando dar un paso. Suiza le abraza de la cintura esperando que él le abrace del hombro.

—La mejor manera de aprender anatomía muscular es cuando se tienen agujetas —es una especie de broma. Austria levanta una ceja—. Sientes cada uno de los músculos, hasta los que no sabías que existían.

—Es bastante desagradable.

—Es horrible—coincide asintiendo —. Vamos, respira y da otro paso.

Austria toma aire antes de hacerlo, con dificultad. El helvético asiente satisfecho.

—Necesitamos movimiento, no que te lastimes.

—Que bromista —protesta sarcástico.

—Nada te gusta —le ayuda un poco mejor levantándole y sentándole en la piedra

—Eso no es verdad.

—¿Qué te gusta?

Ese momento clave en que se recuerda a si mismo haciéndole esa pregunta a España en relación a cualquier cosa y como siempre le contestaba "tú" indefectiblemente de lo que estuvieran hablando. Se sonroja un poco.

Suiza levanta una ceja con el sonrojo que si nota porque le tiene muy cerca. Aun así, Austria no se siente capaz de decírselo.

—Las vistas, por ejemplo.

Suiza se sienta a su lado, demasiado cerca porque la piedra no es muy grande.

—Las vistas me gustan a mí también —le mira de reojo e inconscientemente se sonroja, porque está pensando por alguna razón, que llevan muchas horas juntos sin haberse dado un beso.

Es difícil darse un beso colgados de cuerdas uno del otro y encima no le diste uno de buenas noches ni de buenos días.

Esos son los que no se han dado. No con las cuerdas. Se revuelve un poco pensando que sería agradable poderle dar un beso cuando él quisiera, como ahora. Luego sacude la cabeza pensando que eso no va a pasar... Y aun así se siente especialmente cerca de Austria con sólo un día y medio de intimidad.

—¿Qué hay del juego entonces?

—Ah, es verdad —se le había olvidado. Se levanta y se saca del bolsillo una pequeña cajita que abre y coloca donde estaba sentado hace un segundo. Pone las fichas adecuadamente—. Creo que nunca hemos jugado a nada así.

—¿A qué te refieres?

—No recuerdo haber jugado juegos de manos contigo —le mira poniéndose en cuclillas. El moreno inclina un poco la cabeza y suspira.

—Te aburre estar aquí y no haber subido hoy.

—Was? Nein.

—Supongo que sientes que es una pérdida de tiempo.

—Admito que no es lo que esperaba, es verdad.

—¿Qué esperabas?

—Subir o bajar, no pensé que nos quedaríamos aquí en medio donde no hay nada —levanta las dos manos—. Pero está bien, no me aburre si salimos y hacemos cosas como esta.

Austria le mira y se humedece los labios pensando que quizás no sea tan necesario que esto sea en LA CIMA del Matterhorn.

—Es decir, nunca tenemos tiempo de estar así, los dos... Sólo por estar. No hay ni teléfono ni internet ni trabajo ni Liechtenstein, que espero que esté bien, ni nada. Y aquí no hay nada que hacer y tú estás casi inmóvil, así que no puedes molestarme con cosas de ESAS —se sonroja.

—Como si necesitara algo más que hacer ciertos comentarios para molestarte con cosas de esas.

Suiza se sonroja más.

—Quizás eres tú el aburrido en realidad, yo admito que no soy tan... Entretenido. Y no tienes piano aquí, ni toda la gente que te molesta en casa.

—No estoy seguro de que si me aburro no me duela también.

Suiza le mira y sonríe un poquitín de lado con ese comentario.

—No sólo va a dolerte, sino que van a salirte un sinfín de ronchas por todo el cuerpo —asegura inclinando la cabeza... Pensando que de verdad, no quiere que se aburra. El moreno sonríe de lado.

—Que alentador.

—Por eso no debes aburrirte.

—Pues más vale que me entretengas.

—No soy tu bufón —protesta un poco señalando el tablero.

—Pero estás aquí para acompañarme y yo estoy enfermo.

Suiza le mira unos segundos fijamente.

—Además, has escalado media montaña conmigo —valora.

—¿Eso era nada más la mitad?

El helvético sonríe un poco otra vez y niega con la cabeza.

—Nein, es un decir... Estamos como a tres mil doscientos metros. Allá arriba, la punta, son casi cuatro mil quinientos metros.

—Eso son mil doscientos ochenta metros más de desnivel —la exactitud cuadrada.

—De hecho son mil doscientos dieciocho metros exactos, si no redondeamos nada.

Austria aprieta los ojos porque es que de verdad son un montón y de VERDAD le duele todo.

Suiza se humedece los labios mirándole fijamente, notando que aprieta los ojos y en un extraño impulso se incorpora y acerca a él y le da el muy suave beso en los labios que quería. El austriaco parpadea abriendo los ojos.

—Viniste hasta aquí conmigo y no pensé que nunca fueras a hacer nada de lo que hiciste ayer. Estoy... Estoy de verdad orgulloso de ti.

Austria sonríe.

—No sé por qué crees que tienes que ir hasta arriba para demostrar no sé qué —susurra—, pero no necesito que subas, ni que te pongas botas, ni que te mueras de miedo sólo para que yo la pase bien en unas vacaciones. Y aun así, prefiero llegar hasta aquí contigo y jugar Backgamon que haber ido hasta allá arriba solo.

El moreno sonríe un poco más. Suiza se sonroja.

—Te lo contaré a la puesta de sol.

—Contarme... —repite y se pasa una mano por el pelo.

—Ja.

—¿Estás bien?... ¿E-Estamos bien? —reconfirma mirándole a la cara.

—¿A qué te refieres?

—En general, tú y yo y todo... eso —se encoge de hombros.

—¿Por qué lo dices?

—Me pone nervioso que pasen cosas y no me dé cuenta... Así que mejor te pregunto.

—¿Qué cosas crees que pasan? —sonríe.

—Cosas, como que quieras venir a escalar conmigo.

—¿Y eso te parece que es algo malo o bueno?

—Para mí era bueno, pero han pasado cosas que ahora no sé... Me has dicho cosas que no te gustan y por eso pregunto si todo va bien.

—Te lo diré a la puesta de sol —repite y vacila un momento —. ¿Desde dónde es que se ve? —ese GRAN sentido de la orientación.

Suiza se pone un poco nerviosito y luego no puede evitar hacer los ojos en blanco.

—Cielos, Österreich, ¿no tienes ni IDEA de donde estás parado? —protesta y señala.

—Claro que sí. Justo aquí.

—De hecho estás sentado. Me refiero a que no le ayudas a tu pésimo sentido de la orientación.

—¿Para qué voy a ayudarle si ya es pésimo?

—Para que no sea decadente y deplorable —replica poniéndole el tablero en las manos—. Vamos de vuelta al refugio, jugaremos ahí afuera.

Austria intenta ponerse de pie. Suiza le mira hacer levemente divertido. El austriaco se tambalea un poco y le tiemblan otra vez las piernas estirando las manos hacia él.

—Eres un debilucho —le riñe un poco, aunque suena más cariñosamente de lo que el mismo quisiera.

Austria le mira fijamente

—Aunque... Si fueras del todo un debilucho no hubieras llegado hasta aquí —reconoce, mirándole de reojito. El de ojos violetas sonríen otra vez.

—¿Quieres que probemos de llamar a Liechtenstein? —pregunta apoyándosele encima, abrazándole.

—Ja, quiero saber qué opina ella de mi presunto olor a cabra —no que me preocupe histéricamente y que desde anoche haya intentado encontrar señal del teléfono sin mucha suerte.

—¿Eso es lo que te preocupa? —se ríe y hace para que le sostenga—. ¿Hay cobertura o hay que pedir el teléfono al refugio?

Suiza le levanta y sostiene contra sí como siempre sin dificultades y sin pensar mucho.

—Hay que PAGAR por las llamadas en el refugio; por la altura no hay cobertura de teléfono... Por desgracia.

—Tal vez una llamada a Liechtenstein valga el pagar. Aunque me parece de lo más usurero.

—¿Usura? De algo se ha de vivir... Además es caro tener estas cosas aquí arriba.

—Pero eso es algo necesario a veces, no un lujo.

—Dependerá del caso. En este particular, nosotros podemos pagar.

—Pues vamos.

—A eso voy, a eso voy —protesta caminando hacia allá, pensando que en el fondo no le disgusta del todo tener un pretexto para acercarse y tocar a Austria... E incluso que le abrace de vuelta. Se sonroja apretándole contra sí.

Así que un rato más tarde debe sonar el teléfono en casa de Suiza. De hecho, Austria ha pedido primero. Y con muchos, MUCHOS trabajos, Suiza se lo ha permitido

—¿Hallo?

—Hallo —sonríe Austria.

—¡Oh! ¡Hallo! ¡Estaba preocupada!

—No ha pasado nada, estamos bien, ¿tú cómo estás? ¿Todo bien?

—Bien, todo bien. Danke —leve sonrojito que gracias a dios no se ve por teléfono —. ¿Ustedes? ¿Dónde están?

—Estamos en el refugio a tres mil metros, llegamos ayer tarde.

—¡Oh! En Hörnli —levanta las cejas impresionada de que hayan llegado hasta allá —. ¿Qué tal ha ido la escalada?

—Muy dura.

—Y lo... ¿Otro?

—Después.

—Oh. ¿Hoy? —sonríe y debe notársele aunque no sabe si eso quiere decir que después le contara que no lo hará o algo así.

—Ja. Seguramente, por la tarde.

—¡Ohhh! Qué emocionante —voz suave delicada y un poquito plana. Digna nieta de Germania.

—Está aquí para hablar contigo. Te lo paso, que la llamada va por minutos.

—Estaré pensando en ustedes... No olvides mi foto.

—Ja, guten natch —y le pasa a Suiza.

—¿Liechtenstein?

—Hallo, bruder —sonríe.

—¿Cómo estás? ¿Va todo bien en casa?

—Ja, todo en orden —y en realidad lo está porque ella y Canadá son así.

—¿Ha llegado ya Canadá?

—Ehm... ja, bueno. ¿Cómo fue la escalada?

—Complicada. Más rápida de lo que pensé. Österreich terminó agotado.

—Ya me imagino, ¿estáis bien seguro? Österreich dice que sí, pero estaba preocupada porque él es muy frágil.

—Ja. Österreich —carraspea y se revuelve—. Lo ha hecho bien. Se resbaló en un momento y quedó colgado.

Hay un sonido de aguantar el aire. Como si se tapara la boca.

—No tiene nada roto ni heridas serias.

—Menos mal —se alivia.

—No pasó de ser un susto. No escalaremos a la punta, no es seguro y él está adolorido. Pienso que bajaremos en helicóptero.

—Oh... ¿cuándo?

—No lo sé. Es probable que mañana. No sé si iremos a casa o nos quedaremos a descansar un poco más en un sitio más cómodo. Te avisaré.

—Vale —sonríe otra vez y piensa en lo que le ha dicho Austria queriendo decirle algo... pero se muerde el labio para no hacerlo.

—Me voy. El teléfono es caro. Cuídate, Liechtenstein. Si necesitas algo... Habla con Vater.

—Ja —asiente obediente.

—Cierra bien la puerta. Carga siempre tu arma, no te confíes de nadie, ni de Canadá. Ten cuidado con Preussen. No abras a nadie la puerta que no conozcas.

—Ja, ja —asiente de nuevo.

—Bien. Buen día, Liechtenstein.

—Adiós... ¡Buena suerte! —añade al final.

Cuelga y si se queda pensando un poco en lo de la suerte... Aunque... Piensa que seguro se refiere a soportar a Austria estando insoportable.


De todo el drama que hace siempre Austria, creo que esta es la escena en la que hacd MÁS drama que nunca. ¡Ya díselo! ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!