Hola hola! Mil disculpas por la demora. Últimamente he estado ocupada con la universidad y llena de trabajos, además que también estuve un poco deprimida y no tenía mucha motivación para seguir subiendo los capítulos (esta historia la tengo más avanzada solo que subo los capítulos paralelos con otra historia que tengo para no crear desorden) y bueno pues, aquí me tienen de nuevo, espero que esto les guste (para los que aún siguen aquí). Una vez más, mil disculpas y sin más que decirles les dejo con esta entrega doble dada mi demora.

Este capítulo tiene la estructura de una confesión. En este caso Seiya está contándole todo a algo en particular, en este caso a su diario. También se pueden apreciar escenas del capítulo anterior y ampliaciones de éstas.

La adoro. Ella es mi vida, mi razón de ser y por lo que lucho día tras día. Ella es mi motivación y mi gran admiración, ella es todo para mí. Si hay algo en este mundo por lo cual yo tuviera que dar mi vida, ese algo sería ella. Mi vida es suya, y ella puede hacer conmigo lo que quiera, porque yo soy suyo, desde que la conocí.

Desde que éramos niños siempre sentía más que respeto por ella, era algo distinto, era algo como admiración, idolatría, deseo. Aunque ella para ese entonces era muy mala, a veces despiadada, yo la respetaba, y nunca hacía nada que pudiera contrariarla, pues ella era, como algo superior, algo divino, algo que a pesar de ser inalcanzable, era muy dulce.

Pero el tiempo fue pasando, y cuando todos regresamos de nuestros respectivos viajes de entrenamiento, pude ver cómo había pasado el tiempo. De la niña caprichosa y engreída que conocía ya no quedaba nada, tan solo una tranquila pero a la vez introvertida joven, a la cual los años en vez de hacerla lucir sin gracia o sin ningún atractivo la habían dotado de una inusual belleza y de una singular personalidad. Y desde ese momento, desde que la vi por primera vez, me quedé más que impresionado y admirado... quedé flechado, no solo por su nuevo trato y su suave delicadeza, sino por su encantadora sonrisa y su dulce mirada. En pocas palabras, me enamoré de ella.

Conforme fue avanzando el tiempo, mi admiración hacia ella era cada vez más grande. Después del torneo galáctico y de los incidentes de la Isla de la Reina muerte y demás, fui conociendo a una nueva mujer, la cual era más que interesante. Y cuando me fui dando cuenta de su repentino interés por mí, fue como si hubiera alcanzado la gloria. Cada una de sus palabras era sagrada para mí, cada sonrisa era un universo para mí, toda ella era un manantial de cautivadora belleza, en el cual yo me entregaba por completo y me sumergía en el laberinto de su dulce corazón. La adoraba, ella era mi motivación, mi principio y mi final, mi felicidad y mi tristeza, mi vida y mi muerte. Ella era todo para mí, y yo estaba más que dispuesto a ser suyo, a hacer lo que ella me pidiera, a matar por ella, a morir por ella, a sufrir por ella, a llorar por ella, a vivir para ella. No me importaba el precio que tuviera que pagar, ni las cosas que tuviera que hacer, con tal de estar a su lado era capaz de todo: de humillarme, de suplicar, de arrastrarme, de perderlo todo, etc. Me estaba volviendo loco, pero no estaba triste ni preocupado, pues era una locura dulce, tierna, inocente. Estaba loco, y era por ella.

Días antes de partir en la búsqueda de pistas referentes al santuario, le pedí que me hiciera una promesa: La de estar conmigo si todo salía bien, y sí que salió bien, pues salimos victoriosos del ataque enemigo, y al fin pude sentir y obtener lo que tanto había deseado: Tener al amor de Saori. Fue maravilloso, el tan solo estar cerca de ella ya era una tentación para mí, y el saber que ella iba a ser solo para mí me alegraba sobremanera. Era una alegría que no podía contener, que se me salía por cada uno de mis poros y que era infinita. Por lo que no dudé en compartir esa emoción con mis mejores amigos.

[Flashback (ocurrido antes de la conversación entre Seiya y Shun)]

-¡Amigo Shiryu! Qué bueno que te veo.

-Dime Seiya, que se te ofrece.

-Nada en especial, solo hablar. ¡Ay! No sé por donde empezar, estoy muy feliz.

-Me alegro por ti Seiya. Ya sé porqué estás tan feliz. Eso ni me lo tienes que decir.

-¿Ah si? – dije sonrojándome.

-Claro, basta mirarte a los ojos para ver que estás más que enamorado.

-Bueno, ¿pero era algo que siempre había querido no?

-Si pues, felizmente todo salió bien.

-A veces me pongo a pensar y me resulta difícil creer que todo esto ya es real – dije suspirando.

-Ya me lo imagino. Cuando uno desea algo con mucha fuerza y lo consigue, muchas veces resulta difícil creer que pasó. Eso es muy normal.

-Si pues, gracias a los dioses todo salió como esperaba, y me siento muy feliz.

-De verdad, me alegro mucho por ti Seiya. Te deseo, de todo corazón, toda la felicidad del mundo, por que te la mereces amigo – me decía con una sonrisa.

-Gracias por tus palabras Shiryu, son tan alentadoras. Por eso es que eres mi mejor amigo – le dije abrazándolo.

-No tienes de qué Seiya, tú también eres mi mejor amigo.

-¡Qué lindo es el amor! – dije una vez más suspirando.

-Vaya, ya vamos de nuevo – me contestó con tono de burla.

-¡Ja, ja, ja, ja! La amo Shiryu, la amo – dije sin dejar de suspirar.

-Te creo Seiya. De verdad te creo. Eso se puede ver claramente – dijo mirándome a los ojos.

-¿Tanto así se nota? – dije sintiendo el rubor en mis mejillas.

-¡Ja! Eso ni lo tienes que decir. Siempre fue así ¿no?

-¡Hyoga!

-Pero es verdad, Eso ya ni se cuestiona. ¿No me vas a negar que siempre estabas enamorado de Saori, o sí?

-Pues... sí, siempre lo estuve – dije ya completamente sonrojado.

-Bueno, entonces acepta que era algo inevitable.

-Si pues, algo felizmente inevitable.

-Oigan chicos, ¿No han visto a Shun?

-¿Shun? ¿Qué no estaba contigo? Los deje solos cuando me fui del salón de juegos. ¿Qué pasó?

-Se fue pero no me dijo a donde.

-No te preocupes Ikki, ya verás como aparece.

-Eso espero. A propósito Seiya, felicidades por lo de Saori. Nomás no la vayas a hacer sufrir.

-Tu siempre tan amable.

-Nomás yo decía, por si acaso se te olvida.

-¡Ja, ja, ja, ja, ja!

-Ahora que lo mencionan voy a buscar a Shun, aún no le he contado lo de Saori.

-A ver si con eso le levantas un poco el ánimo.

-Eso espero.

[Fin del Flashback]

Entonces lo busqué, esperando encontrarlo con un mejor semblante. Como no pude dar con él, decidí descansar un poco al pie de su árbol favorito, un lindo árbol de cerezos. Mi táctica funcionó, pues minutos después sentí que se acercaba sigilosamente hacia el árbol. Conteniendo mi emoción, le dije con la voz más normal que me salió:

-Acércate.

Al parecer se sorprendió, pues su respuesta sonó algo distraída. Se sentó y conversamos sobre lo que yo ya le había dicho a todos: mi relación con Saori. Al parecer no lo tomó con asombro ni con indiferencia, pues lo único que dijo fue:

-Me alegro mucho por ti amigo, sé que ella te hará muy feliz, pues es una buena persona. Te deseo lo mejor.

Mientras hablaba lo observaba detenidamente. Me di cuenta que, a medida que hablaba, su semblante lucía más triste. Podía percibir una tristeza muy profunda, pero ignoraba por qué. Shun siempre fue un joven muy introvertido, pues sus problemas e inquietudes solo las sabía Hyoga, quien era su mejor amigo. Quería ayudarlo, pues no me gustaba verlo así, tan triste y cabizbajo, pero preferí no entrometerme, pues sabía bien que era otra la persona en la que él podía confiar. Así que me callé. Cuando terminó, se quedó callado por unos instantes, al ver eso intenté hablarle pero cuando lo iba a hacer él se levantó y se fue, con una expresión muy abatida en su rostro. La verdad es que no sabía qué era lo que le ocurría, y eso me inquietaba, pues yo me sentía feliz, y quería que todas las personas que me rodeaban se sintieran igual que yo, y el estado de ánimo de Shun era totalmente opuesto al que yo quería propagar. Suspiré y me levanté con dirección a mi cuarto, esperando despejar un poco mi mente de tantas cosas.

Habría pasado más o menos veinte minutos desde que conversé con Shun y me encontraba en mi habitación, viendo televisión. Era un programa aburrido, la verdad ya iba a apagarla cuando de repente escuché la voz ahogada y agitada de Hyoga que decía:

-¡Seiya, Shiryu, ayúdenme! ¡Shun está muy mal! ¡Se ha desmayado!

Al oír eso prácticamente salté de la cama y salí corriendo de mi cuarto. Cuando llegué a la sala pude ver a un asustado Hyoga sosteniendo la mano de un muy pálido e inconsciente Shun, quien yacía sobre uno de los sofás. A pesar de estar inconsciente, pude observar en su rostro un semblante triste. Después llegó Shiryu y nos pusimos a conversar sobre lo que pudo pasar.

[Ampliación de la escena del capítulo anterior]

-Espero que no sea nada malo.

-¿Tú crees? La verdad es que yo lo veo muy mal.

-Hyoga no digas eso, no hay que ser tan pesimistas.

-Pero no lo estás viendo, ¡Mira su cara!

-Sí, pero...

-Ya cállense. Mejor pensemos en porqué ocurrió esto. ¿Qué fue lo que pasó Hyoga?

-La verdad es que no podría afirmar a ciencia cierta porqué está así. Cuando yo lo vi él ya lucía un poco pálido. Estaba muy abatido y no quería hablar. Le pregunté qué era lo que le sucedía y no quiso contestarme. Como vi que su palidez aumentaba le pregunté si se sentía bien, y me dijo que sí, aunque yo sabía que mentía, pues no se veía bien. Después de eso me dijo que quería estar solo e intentó alejarse, pero como yo no estaba dispuesto a dejarlo solo en ese estado, e detuve. Como vi que se resistía y además noté que estaba temblando, le volví a preguntar si se sentía bien, pregunta que no me contestó porque se desplomó en el suelo y después se desmayó.

-No hay nada de anormal en lo que estás diciendo.

-Puede que sea así, pero tiene que haber algo que lo haya puesto así.

-Por si no lo notas Shiryu, él está así desde hace días.

-Para ser más exactos, desde que vinimos a la mansión.

-¿Y ahora qué hacemos?

-Pues... llamar a un médico.

-No creo que sea necesario.

-¿Por qué?

-Mira.

-¡Está despertando!

Cuando vi eso me tranquilicé un poco. Últimamente Shun había estado muy extraño y eso me preocupaba, y ahora que estaba un poco mejor mi buen ánimo había vuelto, pero no por mucho tiempo.

-¡Shun!, ¡ya despertaste!, ¿Cómo te sientes?

-Hyoga... ¿Qué me pasó?

-Pues es eso lo que yo también quisiera saber Shun.

-Al parecer te desmayaste Shun, Hyoga nos contó que lucías muy pálido y que temblabas, hasta que te desplomaste y perdiste la conciencia.

-Shiryu tiene razón. Yo también oí los gritos de Hyoga y corrí a ver lo que pasaba. Cuando llegué, te vi inconsciente en los brazos de Hyoga. No quiero ser malo pero parecías muerto.

-Sí, y me asustaste mucho.

-Yo... lo siento Hyoga.

-Bueno lo que importa ahora es que es...

En eso llegó Ikki, con cara de preocupación y semblante serio. He de confesar que se me hizo extraño verlo así, pues raras veces mostraba interés por algo. Pero, como todos sabíamos su única y exclusiva excepción era Shun. El era el único que podía hacer tales cosas con él. Y, para variar, al verlo así, le dio uno de sus clásicos sermones.

-¡Shun! ¡Hermano que te pasó! ¡Estás bien! ¿Cómo te sientes?

-Ikki... no me pasó nada grave. Yo ya estoy bien.

-¿Esperas que crea eso? ¡Pero basta con ver tu rostro para ver como estás! ¡Si estás todo pálido!

-Ikki no creo que sea un buen momento para regañar a Shun.

-Pero yo solo...

-Shiryu tiene razón. Sabemos de sobra que actúas así porque estás preocupado por él, pero no tienes porqué gritarle.

-Sí, estoy de acuerdo con Seiya. Lo que él necesita ahora es que le des apoyo y comprensión.

-Bueno yo... lo siento hermano. Perdóname.

-No tienes de qué Ikki. Verás como ya me pongo mejor. No es nada de peligro.

-Pero...

-¡Shun!

Cuando oí ese grito me di cuenta de quien se trataba. Era Saori, más preocupada que nunca. Venía corriendo con Tatsumi y un médico a su lado. La miré y no podía creerlo. ¡Se estaba preocupando por él, quien hasta hace unos días era totalmente indiferente para ella! Sinceramente no pude evitar el sentir celos. Vi como se le acercó, tomaba su rostro con ambas manos, lo miraba con mucha angustia, como si él fuera realmente importante para ella. Mi coraje fue aumentando, y empezó a ser notado por Hyoga y Shiryu. Al ver sus caras, traté de tranquilizarme.

-¡Shun! ¡Qué sucedió! ¡Oh estaba tan preocupada! Aquí está el médico para que te revise.

-Saori... no exageres, no creo que necesite un médico. Yo ya me siento mejor.

-Lo siento Shun, pero yo solo quiero cerciorarme de que estás bien y que un desmayo de esos no volverá a ocurrirte.

-Pero...

-Sin peros Shun, doctor, por favor revíselo. Y ustedes, salgan un momento por favor.

Al oír eso quedé aún más mortificado todavía. Y me puse peor cuando de repente Saori tomó la mano de Shun entre las suyas, mientras decía algo que no llegué a entender. Al ver eso, mi coraje me ganó y avancé resueltamente hacia ella, pero fui detenido por Shiryu, quien me dijo que no tenía porqué preocuparme, que todo estaba bien. Al ver que me resistía, me tomó de los brazos y me llevó afuera de la sala.

Afuera, mi curiosidad y mi rabia aumentaban, pues en ese instante era capaz de imaginar cualquier cosa entre ella y Shun. Mis amigos al ver mi cara trataban de tranquilizarme, sin éxito. Yo estaba muy alterado, pues estaba celoso. Celoso de Shun, de ese desmayo, de esas caricias, de esa repentina preocupación, de todo. Y no pude contener más mis emociones:

-¡Esto es muy extraño! ¡Desde cuándo Saori se preocupa tanto por Shun!

-Pues... yo creo que se preocuparía de igual manera por cualquiera de nosotros.

-Lo único que quiere es que Shun no se enferme, al menos es lo que yo creo.

-Yo no estaría tan seguro...

-¡A qué te refieres Shiryu!

-¿Yo?, a nada... a nada...

-Oye Shiryu, ¿Qué quieres decir con eso?

-No se preocupen, olviden lo que dije, no es nada.

-¡Hn! A mí no me engañas, ¿Crees que yo soy como estos dos?

-Ikki...

-Bueno, para serte sincero, la situación se presta para eso.

-¡Explíquense! No entiendo nada.

-Yo tampoco.

-Miren ustedes dos, es normal que no entiendan, pues la idea de este loco es más que descabellada. Pero no temas Seiya, mi hermano sería incapaz de hacer lo que este loco dice.

-¿Incapaz de qué?

-Pues... ¿Le cuento Shiryu?

-¡No! Tú ni te imaginas como se puede poner. Mejor déjalo así. Seiya amigo, con el tiempo lo entenderás, te lo aseguro.

-Pero...

-Silencio, no se diga más. Y tú Hyoga no digas nada.

-Bueno. No entendí, pero si tú lo dices...

-Ese es el problema, tú nunca entiendes.

-¡Qué fue lo que dijiste!

-¡Ja, ja, ja, ja!

Mientras ellos se reían, yo seguía confundido. Me preocupaba mucho lo que pudiera estar haciendo Saori con Shun dentro de la sala, y no iba a estar tranquilo hasta saber que pasaba. Para mi suerte, la puerta de la sala se abrió y pudimos entrar. Yo entré casi corriendo, y lo primero que vi es a Saori en un sofá y a Shun en el otro, durmiendo. Sin importarme lo que pudiera pasar, cogí de la mano a Saori y le dije:

-¡Ahora mismo me dices qué fue lo que estabas haciendo con Shun todo este tiempo!

-¿Yo? ¿Con Shun? ¿De qué hablas Seiya?

-¡No te hagas! ¡Que pude ver bien como lo tomabas de la mano y lo acariciabas! ¡Qué tienes tú que ver con él! ¡Contesta!

-¡No me hables así! ¡Yo no hacía nada, solo seguía las instrucciones del médico, quien me pidió que lo ayudara! ¡Pero por quién me tomas Seiya!

-Saori...

-Oigan dejen de gritar, van a despertar a Shun.

-No estoy durmiendo.

-¡Shun!

-Escúchame bien Seiya. ¡Que sea la última vez que te atreves a insinuar siquiera algo como eso! ¡Yo no estoy dispuesto a permitirlo, y quiero que eso te quede bien claro! ¡Me oyes!

-Shun...

-¡No digas más! ¡Es suficiente! ¡Esto es el colmo, como puedes pensar algo así!

-Shun, perdóname.

-¡Lo que quieras Seiya, total, qué mas da! ¡Lo que diga o no diga no te importa! ¡Tú nunca me vas a comprender! ¡Nunca! – Shun gritó antes de salir corriendo.

-¡Ves lo que ocasionas con tus estúpidos celos!

-Lo siento Saori – dije suspirando.

-Pero...

-Ya déjalo Saori, tal vez se excedió un poco, pero no me vas a negar que tiene razón después de todo ¿O no? – decía con una mirada sarcástica.

-Ya... dejemos esto ahí ¿Quieren? – Saori hablaba un tanto nerviosa.

-Como diga "Señorita Saori".

-¡Shiryu!

-¡Ya cállense! ¡No voy a permitir que le sigan haciendo daño a mi hermano, me oyeron!

-Ikki...

-Acaba de desmayarse, ¡Y ustedes lo tratan así! ¡Pero qué clase de amigos son! ¡Nunca me lo imaginé de ustedes! – rugió Ikki antes de salir.

Todos nos miramos entre nosotros, y yo me sentía muy culpable. La discusión con Shun fue por culpa de mis celos y eso me hizo sentir muy mal. No me puse ni un segundo en su lugar y me había portado como un egoísta, un tonto, un desubicado. ¡Shun estaba mal y yo le hacía daño! No lo podía creer. Escuchaba hablar a Ikki mientras mantenía mi cabeza baja. Ikki tenía razón en todo lo que decía y sus palabras me dolían aún más. Me sentía muy mal y maldije como nunca a mis celos, pues ellos eran los culpables de todo eso.

A la hora de la cena todos cenamos mientras en el comedor reinaba un silencio sepulcral. Saori estaba muy callada, Ikki estaba muy molesto y Shun ni siquiera se apareció para cenar. Al parecer aún estaban todavía fastidiados por el incidente. Solo escuché a Saori decir muy tristemente:

-Ikki, creo que deberías llamar a Shun para que cene. El médico le aconsejó que se alimentara y no puede seguir así sin comer.

-Sé que tienes razón, pero por más que he intentado convencerlo para que baje, no ha querido. Ni siquiera me ha querido abrir la puerta de su habitación, está muy alterado.

-Solo espero que eso no lo ponga peor – dijo dejando escapar un suspiro.

-Si gustan puedo hablar con él.

-¿De verdad harías eso Seiya?

-Si con eso podemos prevenir cosas peores, lo haré con gusto.

-Que bien que entendiste la magnitud del problema Seiya. La verdad es que yo iba a hablar con él sobre esto mañana, pero creo que en esta ocasión tú eres el más indicado para hablar con él.

-Gracias Hyoga. Sé cuanto te importa su bienestar, pues eres su mejor amigo. Te prometo que haré lo que esté a mi alcance para que me comprenda y me perdone.

-Creo que yo también le debo una disculpa.

-Shiryu...

-Sin querer dije cosas que nunca debí decir e inicié de alguna manera todo este malentendido. Hablaré con él después de que tú lo hagas Seiya, si no te molesta Ikki.

-Claro que no. Lo único que quiero es que él se sienta bien. Y si ustedes pueden ayudar, no tengo ningún inconveniente.

-Bueno, me alegra que todo esté casi resuelto. Ahora, con su permiso, me retiro. Buenas noches a todos.

-Buenas noches Saori.

Después de eso nosotros también nos retiramos a nuestras respectivas habitaciones, a excepción de mí porque en vez de dirigirme a mi habitación, fui a la habitación de Shun. Al llegar, toqué suavemente la puerta, y pude escuchar su débil voz diciendo:

-No quiero ver a nadie. Retírate por favor.

-Shun, soy Seiya, necesito urgentemente hablar contigo.

-Ahora no Seiya, estoy muy cansado. Quizá mañana.

-No puedo esperar Shun, lo que tengo que decirte es muy importante. Déjame entrar por favor.

-Pero Seiya...

-Te lo ruego Shun.

-... Pasa.

Al entrar pude ver lo débil que se veía. Estaba recostado en su cama leyendo un libro. Al verme inmediatamente lo cerró y puso el libro en su mesa de noche. Me senté en una silla ubicada a un costado de su cama y me le quedé mirando, un tanto confundido. Al ver que no decía nada, me dijo:

-¿Qué es lo que tienes que decirme?

-Verás Shun, lo que quiero decirte es algo muy importante.

-Dime.

-Yo quiero... quiero... Quiero pedirte perdón amigo.

-Seiya... no tie...

-No Shun, tengo que hacerlo, y no por obligación, sino por necesidad. Yo te considero uno de mis mejores amigos y me siento muy mal por haber dudado de ti. Sé que tal vez las circunstancias se prestaron para este malentendido, pero no tenía porqué agredirte de esa manera. Me porté como un egoísta e insensible, y no me importó en lo absoluto tu estado de salud y ánimo. No puedes imaginarte lo mal que me siento por todo esto, nunca quise decir lo que dije, eso te lo juro, y te prometo que de ahora en adelante todo será diferente. Por favor Shun, amigo, perdóname.

-Seiya... no tengo nada que perdonarte. Todo sucedió muy rápido y entiendo tu actitud perfectamente. Yo soy quien debe disculparse, pues me excedí, lo reconozco. No debí alterarme así, y mucho menos contigo. Fue un momento de tensión por parte mía, y te pido disculpas por eso. De verdad, lo siento mucho Seiya.

-Shun... como dices esas cosas, el que se alteró y se excedió fui yo, tú solo te defendías de mis palabras, eso no es nada malo. No tengo nada que disculparte, porque el que cometió el error fui yo. Entiéndelo por favor.

-Pero Seiya...

-Nada Shun, no digas nada. Te prometo que nunca más te volveré a hacer daño. A partir de ahora siempre velaré por ti.

-Lo que dices es muy bonito Seiya – decía con lágrimas en los ojos – pero no necesito que me cuiden, sé que ahora me encuentro un poco mal, pero te prometo que eso va a pasar. Es más, te prometo que voy a estar mucho mejor, que bajaré todos los días a comer, que cambiaré mi estado de ánimo y que volveré a ser el mismo de antes. De verdad Seiya, yo ya olvidé todo, no te guardo rencor en lo absoluto. No te perdono porque no hiciste nada, porque yo ya lo olvidé, porque ya pasó. ¿Amigos otra vez?

-Shun... no sabes cuanto te admiro – le dije con la voz entrecortada – como deseo ser como tú, tener un alma tan linda y pura como la tuya, jamás vi cualidades tan naturales en una persona como las veo ahora en ti. Seremos amigos siempre Shun, siempre.

Después de decir eso lo abracé fuertemente, sintiendo como su llanto fluía a través de su cuerpo. Y sin querer empecé a llorar, embargado por la emoción y por todo lo que sentía en ese momento. Estaba más que decidido a cambiar y a ser un poco más solidario con todos, sobretodo con él, pues se lo merecía. Luego de estar unos momentos abrazados, nos soltamos y nos quedamos mirando, como confundidos, luego nos reímos y después todo regresó a la normalidad. Me quedé con él hasta que se durmió de cansancio. Me fui lentamente y sin hacer demasiado ruido para no despertarlo. Ya en mi cuarto me puse a pensar, en todo lo que había hecho, en todo lo que había aprendido, en todo lo que debía cambiar. Tenía que hacerlo, mis celos y mis temores eran demasiado impulsivos y mis amigos no merecían ser perturbados por ellos. Tenía que hacerlo por ellos y por Saori, a quien amaba por sobre todas las cosas, pues ella era a la última persona que quería perjudicar, y gran parte de mi cambio se debía a ella. Y fue así como me lo propuse, cambiar por ella, por lo que realmente vivía, por lo que realmente teníamos: Un amor puro.

Y con esos pensamientos me acosté, con la promesa de hacer felices a todo los que me rodeaban y de cambiar, para siempre.

[]

Ya hacía 1 mes desde lo ocurrido con Shun y mis estúpidos celos, y felizmente todo marchaba bien. Estábamos más unidos, nos complementábamos mejor y nos llevábamos mucho mejor. Recuerdo que en la mañana estaba muy radiante, más feliz de lo común, pues tenía en mente un plan que hace tiempo no se me había ocurrido y que pensaba llevarlo a cabo esa misma tarde: Invitar a Saori a salir.

Shiryu me notaba muy raro y yo no podía mentirle, al igual que Hyoga y Shun, nosotros teníamos una amistad igual de especial. Él conocía mi vida perfectamente y si había una persona en la que yo podía confiar y con la cual siempre podía contar, ese era él. Y ese día me notaba distinto, más eufórico que de costumbre, así que no aguantando su curiosidad me dijo:

-A ver Seiya, qué sucede ahora.

-Vaya, se nota que me conoces mucho ¿Eh?

-No por nada, somos amigos ¿No crees?

-Seguro. Lo que pasa es que ahora estoy más decidido que nunca.

-¿Decidido a hacer qué?

-A empezar mi relación en serio.

-¿Ah si? Y, ¿Qué piensas hacer?

-Pues... estoy planeando en invitarla a salir, y luego a cenar.

-¡Vaya! Suena muy bien, estoy seguro de que le va a encantar.

-Ya lo creo. Oye, ¿Vamos al salón de juegos?, te reto a un partido de ajedrez.

-Claro vamos, aunque ya sabes de sobra el resultado.

-Sí, como no – dije fingiendo cólera.

Cuando llegamos encontramos a Ikki, Hyoga y Shun jugando naipes. Se veían muy entretenidos y parecía que ya estaban jugando hace rato. Nos vieron y amablemente nos invitaron a jugar.

-Ikki prepárate, esta vez te voy a ganar.

-Sueña nomás Hyoga, te apuesto lo que quieras a que no me ganas – le decía con tono soberbio.

-Eres muy confiado hermano, ¿Y si de verdad te gana?

-¿De verdad crees eso? ¡Hn! Solo mírame jugar y verás a qué me refiero.

-Mira Ikki, vinieron a hacernos compañía.

-Seiya, Shiryu, ¿No quieren jugar con nosotros?

-Eres muy amable Shun, pero Shiryu y yo vamos a jugar ajedrez.

-Descuida Shun, ya verás que dentro de un rato vendrá pidiendo jugar con ustedes. Este chico no aprende.

-Shiryu, no seas pesado.

-¡Ja, ja, ja! Seiya jugando ajedrez, qué raro. Shiryu se lo va a comer vivo.

-¡Ikki no es gracioso!

-Ya déjalo Ikki, sigamos con lo nuestro.

-Tienes razón. Ahora concéntrate en observar como le gano a Hyoga.

-¡Ikki!

Y así, con bromas y todo, jugamos divertidamente. Y como dijo Shiryu, el resultado era obvio: Me ganaba olímpicamente, para diversión de Ikki y satisfacción de Shiryu. Ya llevábamos jugando como 1 hora cuando Shiryu y yo nos aburrimos y decidimos hacer otra cosa. Shiryu sugirió leer un libro y no me opuse, pues él leía muy bien. Escogió un libro sobre guerreros míticos y me lo estuvo leyendo por varios minutos. Después de un rato entró Saori, con un reproductor de música en la mano, y se recostó en un sofá y estuvo escuchando música por un rato. Pasó como hora y media, y Shiryu había terminado de leerme el libro, así que lo volvió a poner en su sitio y se fue al baño. Entonces, decidí poner en marcha el plan que había estado pensando toda la mañana. Me levanté del sofá y me dirigí hacia ella, y quitándole los audífonos, le dije:

- Saori, vamos a pasear un rato.

Su respuesta me desconcertó un poco, pues pensé que le iba a gustar la idea, pero lo único que dijo fue:

-¿Qué?

Me sentía muy extrañado, pues esa no era la respuesta que esperaba, pero aún así, seguí con lo mío y se lo volví a repetir:

-Que salgamos a pasear. ¿No crees que sea una buena idea?

-Pero yo...

-Oh vamos Saori, ya es hora de que hagamos realidad nuestra promesa, necesitamos estar solos e irnos descubriendo más, somos enamorados y tenemos la libertad de tener espacios de privacidad y entretenimiento. ¿Qué opinas?

-Pero Seiya, ya es un poco tarde. No crees que deba...

-Ve con él Saori.

-Shun...

Cuando escuché su voz me sorprendí un poco. Pero me sorprendí más al ver la cara de Saori, lo miraba como distraída, como si no le creyera. Yo al contrario de ella me sentía un poco cómodo, pues a pesar de que me sorprendió lo que dijo, me agradó la idea de que me ayudara y que incitara a mi novia a que salga conmigo.

-No digas más. Como dice Seiya, tienen derecho a momentos de privacidad, ¿No crees? Ya llevan casi un mes de enamorados y merecen disponer de espacios que son únicos para ustedes, para que puedan disfrutar al máximo su relación. En mi opinión, creo que ese paseo es una ocasión propicia para poder tener ese espacio privado y para que puedan entender mejor lo que están viviendo juntos.

-Shun tiene razón Saori.

-Shiryu...

El comentario de Shiryu me alegró más. Mis amigos estaban conmigo y me apoyaban, y eso me gustaba mucho. Lo que sí no llegué a comprender del todo fue el tono y la mirada que Shiryu le dirigía a Saori, pero no me importó, pues lo importante era que mis amigos me estaban ayudando a hacer mi plan más fácil. Después de que habló Shiryu, Saori se quedó un momento callada y luego dijo:

-De acuerdo Seiya. ¿A dónde vamos a ir?

Eso me puso de muy buen humor, así que le conté mi plan detalladamente. Con neutral expresión me dijo que le interesaba, así que no lo pensé dos veces y le dije se fuera a cambiar y ella aceptó.

Durante la cena no hubo ningún inconveniente, excepto que Saori lucía un tanto cansada, hasta diría que aburrida. Le pregunté que le sucedía y sus respuestas eran un tanto monótonas, siempre me decía lo mismo. Por unos instantes pensé que había hecho algo errado, como si hubiera escogido mal el plato, si había olvidado algún detalle, o el vino no era el adecuado, etc. Pero ella al notar mi confusión, tomó mi mano y dijo algo que me dejó un poco desconcertado:

-Descuida precioso, todo está bien, esta cena es magnífica así como tú. Estoy pasando la mejor noche de mi vida, y todo gracias a ti.

Sentí mi rostro arder cuando escuché esas palabras, pero me puse peor cuando ella, cariñosamente añadió:

-¿Lo dices en serio? – le dije nervioso y sintiéndome sonrojado.

-Claro que sí, no puedo estar más feliz, tú eres mi felicidad Seiya, no lo olvides.

-Saori mi amor... ven, dame un beso.

Debo confesar que por unos instantes se mostró sorprendida y extrañada ante mi petición, pero la comprendía, pues yo me sentía casi igual que ella. Pero ya llevaba mucho tiempo sin atreverse así que le pregunté qué le sucedía, ante mi pregunta, me dijo que todo estaba bien e hizo ademán de acercarse. Cuando acerqué mi rostro hacia el suyo, pensé que estaba soñando. Había deseado ese momento más que cualquier cosa en el mundo, ¡Y se iba a hacer realidad! Al fin nos acercamos lo suficiente y le di un tímido pero muy dulce beso. Me sentía en el cielo, había hecho mi sueño realidad.

Quería que ese beso no terminara nunca. Fue tan lindo... Quedó grabado en mi mente por siempre. Era la primera vez que besaba a una mujer y sin duda alguna fue más espectacular de lo que había imaginado. Sus labios junto a los míos... dándolo todo en un instante de locura, de pasión, de amor. En ese momento podía morir si se diera el caso, pues no me importaba. Era feliz, no me importaba morir, si moría en sus brazos, nada más me era importante.

Cuando el beso terminó, nos miramos un rato, entre confundidos y emocionados. Quería decirle tantas cosas... que no sabía por donde empezar, mis nervios estaban a su límite y ni qué decir de mi corazón. Hasta que por fin me armé de valor y le dije:

-Mi amor fue tan hermoso, me alegra que mi primer beso se lo haya llevado la mujer de mi vida.

-Gracias Seiya, fue realmente hermoso.

Y después de eso nos abrazamos y yo tenía ganas de todo: de llorar, de gritar, de reír, de bailar. ¡No podía controlarme! ¡Mi más caro y grande deseo se había hecho realidad, y en una sola noche! Por ratos creía estar soñando, pues se veía tan irreal... que me costaba creerlo. Luego del abrazo nos pusimos a tomar el vino. Estaba delicioso, era un vino tan fino y bien seleccionado que no pudo haber estado mejor. Yo lo saboreaba distraído, pensando en lo que acabábamos de hacer que no me di cuenta de que ella se estaba bebiendo toda la botella. Para cuando me percaté de eso, la botella ya estaba casi vacía.

-Mi amor, creo que sería mejor que ya no tomes más. Tú sabes... puede ser peligroso.

-No te preocupes mi amor, estoy bien – decía visiblemente alterada por el vino.

Y diciendo eso se levantó, haciendo ademán de ir al tocador, pero cuando lo hizo, me pude dar cuenta de que ni siquiera podía caminar, a causa de la cantidad de vino que había tomado. Gentil y educadamente la acompañé hasta la puerta del tocador, en donde la esperé hasta que salió. Cuando salió, al ver su semblante, creí conveniente sacarla de ese sitio, pues estaba muy bebida y no estaba en condiciones de seguir tomando. La llevé hasta la limousine, habiéndole dicho previamente al chofer que se fuera para dejarnos solos, y la acomodé en ella. Se lo comenté como para mantener la conversación pero al parecer no le importó demasiado. Me dijo que tenía sueño y que quería irse, así que decidí que primero la llevaría a un lugar más despejado, y después regresar a la mansión. Una playa, a la cual había ido una vez con Shiryu me pareció el lugar más apropiado para despejarla un poco, así que como se lo pregunté y no me dijo nada nos fuimos para allá.

Mientras íbamos hacia la playa pude ver que después de tanto silencio que reinaba en ese momento, Saori se había quedado dormida. No podía dejar de contemplarla, era tan hermosa... Se veía como una princesa durmiendo así. Después de luchar un poco con el timón de la limousine a causa de estar siempre mirándola llegamos a la playa. Intenté despertarla pero al ver que no me contestaba decidí salir a respirar un poco de ese delicioso aire marino. Llevaba un rato mirando las olas y disfrutando de esa cálida brisa cuando me di cuenta de que ella se había levantado. La miré embelesado y empezamos a conversar.

-¿Te sientes mejor?

-Un poco. ¿Dónde estamos?

-En una playa en las afueras de la ciudad. ¿Tienes frío?

-No, estoy bien. ¿Qué hora es?

-Casi las doce.

-¡Dios mío! Ya es muy tarde, creo que es mejor regresar cuanto antes.

-Si, no quiero que te resfríes, no me lo perdonaría. Además los demás se podrían preocupar.

-Sí, tienes razón. Oye, ¿Puedo preguntarte algo?

-Dime.

-¿Estás molesto conmigo?

-No, para nada. ¿Por qué crees eso?

-Por... nada, nada. Gracias por todo. Fue una noche maravillosa.

-No tienes por qué agradecerme Saori. Sabes que lo hago con gusto. Después de todo somos enamorados ¿no?

-Sí claro. Somos enamorados. Eres un gran hombre Seiya.

-Y tú la más preciosa de las mujeres. Te amo Saori.

-Yo también te amo Seiya.

Después de mirarnos un rato la cogí por la cintura y le di un beso. Necesitaba tanto de ella... que su sola presencia hacía que me sintiera un hombre nuevo. Fue un beso mucho más largo que el primero, y más cargado de sentimientos. Después de contemplar un rato más el vaivén de las olas la cargué en mis brazos y la llevé de vuelta a la limousine, y después nos fuimos a la mansión.

He de decir que en estos últimos meses me he sentido mejor que nunca. Casi todos mis sueños se habían hecho realidad y mi dicha era infinita. Juré amor eterno a Saori y estaba dispuesto a arriesgarlo todo con tal de estar a su lado. Ella era mi todo, mi eterna princesa, mi dulce primor. Por ella lo daría todo y sacrificaría mi vida si con eso ella seguía con vida. La amaba como a nada en este mundo y haría lo que sea con tal de verla feliz.