Soy Tuya.
En la actualidad.
Cuando desperté estaba en la cama, en compañía de un jodido dolor de cabeza.
¿Fue una pesadilla? No.
¿Los Cullen habían vuelto? Si.
¿Dónde está Christian? No lo sé.
¡Mierda, Christian!
Me levanto de la cama y noto que aun llevo puesto el vestido. El reloj de la mesa marca las 2:48am. ¿Dónde está Christian?
Ni siquiera me molesto en colocarme zapatos, salgo de la habitación y todas las luces están apagadas, incluso las que no deberían. ¿Qué mierda sucede aquí?
Suspiro, se que Christian no está. Voy a la cocina y me sirvo un vaso de jugo de naranja y me tomo dos ibuprofeno, la cabeza me va a explotar.
El sueño se fue a la mierda, si vuelvo a la cama llorare o entrare en estado de shock. Necesito aire libre.
Salgo al balcón y me siento en el piso abrazando mis piernas.
¿Cómo es que pase de ser tan feliz a esto? ¿Por qué volvieron justo ahora?
Su expresión… era como si no le importara volver a verme.
¿Acaso me importa de verdad saber la respuesta a eso? No.
Él se fue, y no le basto eso si no que se los llevo a ellos. Sin permitirles despedirse si quiera. Sin decirme un porque mas allá de que ya no me amaba. Y ahora… ahora que tengo a alguien que sí me ama, alguien con quien soy feliz, pretende llegar y joderme de nuevo.
Te equivocas, no soy la Bella idiota que creyó en ti. Que pensó que la amabas.
La rabia hace medo en mi y siento ganas de llorar, pero no.
¡Aguanta Bella! No permitas que te joda de nuevo. Ni a él ni a ninguno de su… familia.
Tal vez ellos no tengan del todo la culpa pero le siguieron el juego. No les importo herirme. Ellos tampoco merecen nada de mi.
-¿Qué haces levantada a esta hora? –La voz de Christian me asusta y un grito ahogado sale de mi boca.
-Mierda Christian me asustaste… -Respiro profundo tratando de calmar mi corazón.- No puedo dormir, me duele la cabeza.
-No es para menos, has llorado incluso desmayada. –Su voz es fría y distante.
-Lo siento. .-Murmuro.
Christian se acerca hasta sentarse frente a mí, dándole la espalda a la ciudad. Su cara esta tensa y mirada perdida en algún punto de la puerta de cristal. Esta molesto, muy molesto.
-¿Dónde estabas? –Pregunto.
-¿Por qué reaccionaste así? ¿Fue el compromiso? ¿El anillo? ¡¿Qué?! –Explota.- Quiero la verdad Isabella, y la quiero ya.
-No es eso Christian. ¿Crees que si fuera algo del compromiso hubiera aceptado casarme contigo? ¡Mierda, Te amo! ¿Cuándo lo vas a entender? –Ahora si estoy cabreada.
-¿Entonces por qué reaccionaste así? Estoy anunciando nuestro compromiso a mi madre y tu sales corriendo… ¡LLORANDO! –Grita.
-No fue por eso…
-¿Entonces? ¡Ilumíname Isabella! Porque estoy a punto de cometer una estupidez…
Siento las lagrimas correr por mis mejillas pero ni él me mira a mi ni yo a él.
La ciudad está tranquila, una ligera llovizna está comenzando a caer y hace el clima más frio.
-Fue por los Cullen. –Susurro, casi para mí.
-¿Qué con ellos? –Pregunta entre dientes.
-Cuando me conociste yo acababa de pasar por un ataque depresivo…
-Lo recuerdo Isabella, ¿Qué tiene que ver con ellos?
-Por ellos yo pase lo que pase… -Mi voz es apenas un hilo. No puedo mirarlo. No aun.
-¿Fueron ellos? ¿Ellos son esa familia de idiotas que te dejaron sin importarles nada? –Asiento.- Así que por culpa de ellos casi mueres y ahora pretenden llegar, sonreír y ¡Abrazarte! Como si nada de esa mierda paso… ¡Malditos hijos de puta! –Lo miro y expresión es sombría, y sé que no hay vuelta atrás, está enojado.- No volverás a hablar con ellos.
-No quiero hacerlo Christian. Si hubiera podido evitar ese encuentro créeme, lo hubiera hecho. No quiero saber nada de ellos, de ninguno.
-No quiero perderte… -Susurra.- No quiero que te jodan de nuevo.
Muy pocas veces había visto a Christian así. Asustado.
Me acerco a él y me siento ahorcajadas sobre sus piernas tomando su hermoso rostro entre mis manos.
-Christian… nadie me va alejar de ti, mucho menos mi pasado. ¿Lo exorcizamos todo, recuerdas? -El aleja mi mano de su cara y mira mi anillo en respuesta. No sé en que está pensando pero me asusta. - ¿Christian?
-¿Todo, Bella? –Susurra mirándome a los ojos.
-Todo. –Prometo en respuesta.
Christian sonríe, y mierda ¡Amo esa sonrisa! Mi chico ha vuelto.
Lo beso y siento la necesidad pura que hay en él. Jamás me había besado así. Sus brazos me rodean y me atrae aun mas a su cuerpo, lo siento, está totalmente erguido y listo.
La tela se rompe…
-¿Acaba de rasgar mi vestido Sr. Grey? –pregunto entre besos.
Su mano recorre mi espalda hasta mis bragas y la tela cede bajo sus manos…
-Y las bragas también nena. –Sonríe como un niño cuando le descubren haciendo una travesura.
-¿Eres consciente de que nos pueden ver? –Me ignora, su boca baja a mi cuello y lo devora a besos.
-No me importa. ¡Que la ciudad completa se entere nena, eres mía! –Dijo antes de besarme.
Su lengua hacía estragos con la mía y no me resistí a morder sus labios, el gimió y colocando sus manos en la parte baja de mi espalda me apretó mas hacia él y nuestros sexos se tocan.
¡Está loco, pero mierda, como lo amo!
Baje una de mis manos hacia él lo acaricie sobre la tela. Christian jadeo y libero mis labios. Decidí olvidarme de todo lo que hacía pasado antes de este momento, solo me importaba él.
Sonreí con picardía y lo miré a los ojos. Él me devolvió la sonrisa y yo acerqué mi cabeza a su cuello, abrí mi boca y con mi lengua delineé la línea de su mandíbula, sonreí al notar como su respiración se aceleraba débilmente.
Sabía lo que quería, su cuerpo lo pedía a gritos porque el bulto de pantalón era más que evidente. Mi cuerpo también lo necesitaba, así que… ¿para qué retrasarlo más? Mis manos viajaron hasta su cinturón mientras mis labios continuaban haciendo estragos en su cuello. Una de mis manos rozó su bultito de nuevo, y un gemido ahogado salió de sus labios.
Desbroché su pantalón y deslicé el cierre dejando que sus pantalones se abriesen. Me sujetó la cara con ambas manos y devoró mis labios con urgencia, pero yo me deshice de su agarre y lo miré con desaprobación.
Me sonrió de vuelta y volvió a apoyar las manos en mi cintura dejándome el campo libre. Yo continué besando y lamiendo su cuello, mientras mis manos recorrían la goma de sus bóxers y se introducían débilmente entre la tela y su piel. Su cuerpo temblaba en antelación y yo tenía que controlar mis impulsos para no ir demasiado deprisa.
Metí mis manos por completo en sus bóxers sujetando sus caderas por el interior de la tela. De un rápido movimiento los deslicé liberándolo, me alejé un poco, admirando lo que tenía frente a mí, su miembro duro y erguido. Me mordí el labio inferior anticipándome mentalmente a lo que iba a suceder ahora, Christian suspiró y negó con su cabeza.
-Bella me estás matando… –Susurró.
Reí y me acerqué de nuevo a él.
-¿Tienes prisas? –Pregunté divertida.
-Sinceramente sí. –contestó-. Te necesito nena.
Me volví a reír y besé sus labios empapando mi boca con su sabor, dejando que mi lengua explorase cada rincón, mis manos acariciaron delicadamente la punta de su glande y el siseó entre dientes cerrando los ojos. Me acerque aun más a él y posicione su miembro para que rozara los pedazos de tela de mis bragas totalmente empapadas, que aun estaba entre mis piernas. Christian jadeo y metió sus manos por debajo de mi vestido y comenzó a deshacerse de la estorbosa tele de mis bragas, yo coloque mis manos a cada lado de sus caderas y me empuje para levantarme y dar mejor acceso a su tarea. Cuando mis bragas estuvieron en alguna parte del balcón el me ayudo a colocarme en el suelo y quede tendida completamente, coloco mis pies hacia arriba dándole una amplia vista de mi sexo.
Puso las manos ahora en mis muslos y me sostuvo fuerte para que no me moviera, obedecí aturdida por el poder de su mirada que aniquilaba toda mi capacidad de razonamiento. Cuando estuvo seguro que no me movería, sus manos subieron lentamente hasta mis caderas, dejando una sensación de ardor y hormigueo allí por donde pasaban, ardor que se intensificaba cuando con sus labios recorría el mismo camino que sus manos. Mi cuerpo temblaba en antelación.
Uno de sus dedos trazó la húmeda línea que dividía mis labios en dos y sentí como si dentro de mi cuerpo se hubiese encendido una hoguera y estuviese ardiendo en llamas. Un gemido ahogado salió de mis labios.
Se acercó por entre mis piernas e inclinó su cuerpo sobre el mío para poder besarme. Introdujo su lengua en mi boca una vez más mientras sus manos rasgaban ahora la parte delantera de mi vestido, rozando mi piel accidentalmente haciendo que todo mi ser se estremeciera ante su sutil tacto. Cuando se deshizo por completo de él continuó besándome mientras uno de sus dedos dibujaba círculos en mi vientre.
No entendía como me hacía vibrar con tan sólo una caricia, no podía entender como casi sin proponérselo era capaz de hacer de mí lo que le viniese en gana.
No tuve mucho más tiempo de lucidez para poder pensar y replantearme lo que estaba haciendo, porque una de sus manos llegó hasta sexo, se introdujo entre mis labios y acarició suavemente mi clítoris. Mi espalda se arqueó en respuesta y uno de sus dedos se introdujo con fuerza dentro de mí, grité y me aferré al suelo con fuerza.
Se puso entre mis piernas abiertas y mi mente se nubló por completo. Esto no podía estar pasando en el balcón…
Sus manos me estrujaron los pechos arrancando gemidos de mi garganta. Deslizó sus manos por mis costados hasta acabar en mis caderas, me sujetó con fuerza y en cuanto noté el contacto de su lengua en mi sexo un más que audible gemido abandonó mis labios.
No era la primera que me hacía eso, pero madre de dios, ¿cómo era capaz de mover la lengua a esa velocidad? ¿Por qué le resultaba tan sencillo saber exactamente donde tenía que chupar?
Tenía que cerrar mis ojos porque creía que se me saldrían de las orbitas, estaba casi segura que todo el edificio se enteraría de esto. Pero a Christian no parecía importarle.
Notaba como poco a poco la espiral iba tomando forma en mi vientre. Como con cada arremetida de su poderosa lengua la espiral se hacía más grande y giraba a más velocidad. Cuando metió dos dedos en mi interior creí que me moría, tuve que aferrarme a su pelo para creer que era real lo que me estaba pasando y, en dos embestidas de sus dedos mientras su lengua devoraba con ansias mi clítoris, la espiral explotó haciendo que todo mi cuerpo vibrara y mis alaridos hiciesen temblar los cristales la puerta del balcón.
No me había terminado de recuperar de mi reciente orgasmo cuando note su miembro abriéndose paso por mi cavidad.
-¡Mierda! -Grite y el acallo el sonido con sus labios.
Coloco mis piernas alrededor de su cadera y comenzó a envestirme sin ninguna piedad, sentía su miembro entrar y salir de mi cuerpo y creí que me desmayaría por el éxtasis.
Libere sus labios y deje caer mi cabeza en el suelo gimiendo.
-Mierda… -Dijo entre dientes.- Córrete para mi nena, dámelo.
Y con esas palabras me deje llevar por el clímax del orgasmo, grite su nombre y mis manos se ferraron a su cabello y espalda.
Mis gemidos se mezclaba en el aire con sus rugidos y dos estocadas después el se corrió dentro de mi diciendo mi nombre con fuerza.
Christian me acaricio el cabello y las mejillas y pego su frente a la mía y susurro tan bajito que tuve problemas en escuchar lo que decía.
-Te amo Bella. -Beso mis labios con ternura.
-No deberías susurrar, ya toda la ciudad se ha enterado de eso Sr. Grey. –Sonrió ampliamente y ¿cómo se hace para no devolverle una sonrisa así? –También te amo Christian.
Cuando salió de mi interior una sensación de vacío se apodero de mí. El frio me hizo temblar, Christian se quito su camisa y me ayudo a colocármela. Recogió lo que quedaba de mi ropa y me tomo de la mano para que me levantara.
Me acerco a él y me beso de nuevo, lento, dulce, suave.
-¿Qué tal la cabeza? –Pregunto bajito.
-¿Uh? –Fruncí el ceño, ¿de qué habla?
-Tu dolor de cabeza Bella. –Sonrío, el muy creído sabía que se me había olvidado por su culpa.
-Mejor, creo… -Me sonroje- Vamos a dormir. Me tengo que levantar temprano a trabajar y usted también Sr. Grey.
-Oh, Srta. Swan. Ya veré como convencerla de que se quede en casa, conmigo. –Me reto.
-¿No iras a trabajar? –Mi boca se abrió y mis cejas se arquearon de sorpresa.
-No, me tomare el día.
-¿Por qué?
-Porque puedo Srta. Swan. –Sonrío y me levanto colocándome sobre sus hombros.
Grite y me reí pero no le discutí. Christian había recuperado su buen humor. No quería arruinarlo.
