Hola! Aquí con la entrega doble como lo prometí. Espero les guste.

Llovía. Miraba el agua correr por mi ventana. La miraba con mucha tristeza.

Durante los últimos meses después de la "cita romántica de Saori" yo estaba de un pésimo humor. Nada me parecía bien, todo me fastidiaba y de nada me molestaba. Prácticamente me aislé de todo el mundo para no perturbarlos con mi mal carácter, pues mi mal humor era cosa de todos los días. Como ya dije, me encontraba en mi cuarto, el único lugar de la mansión que no me aburría, y donde me sentía seguro, tranquilo, relajado. Y, para variar, estaba molesto. La verdad no entendía por qué sentía tantos celos de Seiya, si al fin y al cabo ella me quería a mí, al menos eso decía ella, pero no aguantaba esa sensación y renegaba, pues odiaba sentirme inseguro. Y en esas estaba cuando llamaron a la puerta.

-¿Se puede?

-No.

-Podrás botar a cualquiera de esa manera, pero a mi no – decía mientras abría la puerta.

-Hyoga...

Realmente, él era a la única persona a la cual me dolía hacer daño. Era mi mejor amigo y mi aislamiento de seguro lo preocupaba. En ese momento no quería hablar con nadie, y no tenía ánimo para nada, pero él tenía algo, no sé qué, pero podía cambiar la situación en cuestión de segundos. Y en esa ocasión no falló.

-Amigo, ¿qué sucede? Tú no eres así. ¿Qué tienes? No has salido de tu habitación desde la semana pasada. ¿Te sientes mal?

-No Hyoga, yo estoy bien. Solo quería estar solo.

-¿Pero tanto tiempo? Todos estamos muy preocupados por ti.

-Lo siento, no quise preocuparlos.

-Anda, vamos al jardín un rato.

-Pero Hyoga, está lloviendo...

-No importa, vamos.

-Pero...

Y no pude decir más porque me cargó en sus brazos y me llevó hasta el jardín, que dicho sea de paso estaba mojado a causa de la lluvia y empezó a correr conmigo en sus brazos. Yo estaba más que asustado y él se reía. Al verlo reír, empecé a reír yo también encontrándole gracia a la situación. Después de un rato dejó de correr, me bajó y nos pusimos a conversar.

-Vaya que corrimos de verdad ¿No? – decía jadeando.

-Si me da un resfrío va a ser tu culpa Hyoga – le dije del mismo modo.

-Creo que no vas a ser el único resfriado después de todo, mira nada más como estamos de mojados – me decía riéndose.

-¡Hyoga mi ropa todavía no regresa de la lavandería! ¡Y ahora qué me voy a poner!

-¡Ja, ja, ja, ja!

-Oye, no es gracioso – le contesté disimulando muy mal mi risa.

-¡Ja, ja, ja, ja!

-¡Ja, ja, ja, ja!

Y nos pusimos a reír sin control alguno. La verdad es que hacía un buen tiempo que no me reía así, y le agradecí ese momento a Hyoga. Él si sabía sacarme de mis tristezas, era un gran amigo. Por eso, lo quería casi como a mi hermano. Después de eso, dejamos de reírnos y empezamos a caminar hacia la entrada de la mansión, pues ya estaba oscureciendo y empezaba a hacer frío.

-¡Brrrr! ¡Qué frío!

-Tienes razón, mejor nos apuramos, antes de que los demás se den cuenta.

Cuando entramos vimos a Shiryu y Saori despidiendo a Seiya en la sala. Decía que iba a pasar la noche en su departamento y que ya se iba. Al vernos mojados y temblando de frío lanzaron un gran grito que nos asustó.

-Bueno, me voy, adiós mi amor.

-Nos vemos Seiya, cuídate mucho.

-Y mañana temprano, ya sabes a qué me refiero.

-Si si, nos ve... ¡Hyoga, Shun!

-¡Hyoga, Shun!

-¡Pero qué creen que están haciendo!

-¡Se volvieron locos!

-No Saori lo que pasa es...

-¡Silencio! ¡Se van de inmediato a cambiarse y espero que sean puntuales en la cena, ¿me oyeron?

-De acuerdo Saori.

-Creo que no le gustó nadita vernos así – me decía al oído.

-Ya lo creo – le contesté del mismo modo.

Y diciéndonos eso fuimos a nuestros respectivos cuartos a bañarnos y a cambiarnos de ropa, la cual era un poco grande para mí pues Hyoga, al ver que lo que le había dicho con respecto de mi ropa era verdad, me prestó unas prendas que tenía y que ya no le entraban. He de confesar que me veía gracioso con ropas tan grandes, pues siendo yo un poco delgado y siendo él más corpulento que yo, la diferencia era muy notoria. En la cena todos se rieron de mi "encantador atuendo", y no dejaron de hacerme bromas y de molestarme. Pero yo las tomé muy deportivamente, pues me sentía muy bien, y todo gracias a Hyoga.

[]

Ya era de noche y todos se habían ido a dormir. [2 de la madrugada]

Me desperté de improviso, sin entender porqué. Disgustado por ello, bajé a la cocina por un poco de leche. Cuando llegué a la cocina, me encontré con ella. La miré un poco sorprendido, pues no me esperaba encontrármela, entonces ella se me acercó y me dijo:

-¿No puedes dormir?

-No lo sé, me desperté sin querer.

-¿Gustas un poco? – me preguntó mientras me alcanzaba un vaso con leche.

-Gracias.

-Hoy te vi muy feliz, me agradó verte así.

-Disculpa si te incomodó lo que pasó con Hyoga, fue sin querer. Pero de verdad lo necesitaba, me sentía muy abatido y esa carrera bajo la lluvia me sentó muy bien.

-No negaré que me preocupé, pero si con eso te sientes bien, todo normal. Pero procura no hacerlo con frecuencia, te puedes resfriar.

-Gracias por preocuparte por mí, aunque no deberías hacerlo, ya sabes...

-Deja de hablar de él Shun – decía mientras me abrazaba - concéntrate en nosotros, él puede esperar.

-Lo sé, discúlpame – le dije abrazándola también.

En eso ella me besó apasionadamente y yo le respondí de la misma manera. Durante el tiempo que estuve encerrado estaba solo y no quería la compañía de nadie, incluso la suya. Así que mi pasión tenía justificación, había extrañado esa cercanía... su cuerpo junto al mío, su perfume, su cariño, la había extrañado en demasía y no podía controlarme. El beso fue largo y describía completamente lo mucho que nos habíamos necesitado todo ese tiempo. Sin darme cuenta, había dejado el vaso que tenía en las manos y nuestros cuerpos avanzaban hacia la puerta de salida, dirigiéndonos hacia las escaleras. La pasión que sentíamos era tan grande que no nos dábamos cuanta de lo que hacíamos y subimos las escaleras aún besándonos, caminando sin sentido alguno. Cuando me di cuenta estábamos en el cuarto de ella, frente a su cama. Me asusté un poco pero no se lo dejé ver. Cuando nos separábamos, nos miramos, entre sonrientes y deseosos de terminar lo que ya habíamos empezado. En eso fue ella quien dio el primer paso pues, se me acercó resueltamente y me dijo:

-Quédate.

-Pero Saori...

-¡No lo dudes por favor! ¡No perdamos más tiempo! Te deseo, y sé también que me deseas. ¡Que no nos importe el resto, quedémonos juntos y disfrutemos de nuestro amor!

-Saori mi amor...

En ese momento volví a perder el control de mí mismo y la tomé entre mis brazos y la besé con pasión y mucha fuerza, algo que le agradó mucho. Mientras la besaba, avanzábamos más y más hacia la cama y cuando llegamos a ella, nos recostamos, y como dijo ella, el resto no importó...

Después de un rato, nos percatamos de lo que habíamos hecho. Estábamos aún con ropa, pero con la respiración agitada y llenos de deseo. La miré, me miró y me dijo:

-Gracias.

-¿Por qué?

-Por atreverte a hacerlo.

-Quiero que entiendas que no lo hice por obligación, sino porque me nació hacerlo, me vino del corazón.

-Lo sé mi vida, créeme que lo sé.

-Realmente me siento extraño, pues nunca había hecho esto, esos besos fueron con tal sentimiento...

-Sí, es la primera vez que alguien me besa así.

-Bueno, no quisiera hacerlo, pero me tengo que irme.

-¿Y quien te dijo que te ibas a ir?

-¿Eh?

-Cuando te dije que te quedaras, me refería a que te quedaras toda la noche.

-Saori, es muy arriesgado...

-Lo sé, pero no quiero que te muevas de aquí.

-¿De verdad quieres que me quede?

-Por supuesto.

-Entonces, no se diga más – le dije besándola.

-Gracias mi amor – me dijo del mismo modo.

-Cuando quieras.

Y fue así como me quedé en su habitación, hasta el día siguiente. Nos besamos y nos abrazamos durante toda la noche, hasta que el cansancio nos venció. Esa noche, para mí, fue la noche más maravillosa de mi vida.

[Al día siguiente]

Cuando me desperté, ella ya no estaba. Miré el reloj, eran las 6:30 de la mañana. Me levanté con un poco de pereza, me cambié y salí a correr un poco. Me gustaba hacer ejercicios en la mañana, me sentía muy bien después de eso. Cuando regresé, todos ya estaban en el comedor, tomando desayuno. Así que al verlos, me fui a bañarme y a desayunar también. Pero mientras estaba en la ducha, disfrutando de la buena temperatura del agua, un gran estruendo sacudió la mansión. Salí lo más rápido que pude, me puse mi armadura y fui afuera a ver lo que pasaba. Cuando salí, pude ver al mismo caballero que atacó a mi hermano y casi lo mata, solo que esta vez estaba tratando de atrapar a Saori.

-Que está pasan... ¡Saori, Seiya!

-Es ese caballero que trató de matar a Ikki, lo que no entiendo qué es lo que quiere ahora con Saori.

-No podemos permitir que mate a Saori, ¡Yo la protegeré con mi vida!

[Minutos antes]

-¡Saori Kido! ¡Estás obligada a entregarme el casco de oro! ¡No tienes escapatoria!

-¡De ninguna manera lo haré! ¡Así tenga que pelear, así tenga que arriesgar mi vida, nunca te lo entregaré, eso jamás!

-¡¿Ah si?! Entonces prepárate, porque te mataré.

-¿Eehh? ¡Ahhhh!

-¡Saori!

[Regresando a la escena]

Todos estábamos muy preocupados y más que decididos a atacar. No podíamos permitir que ese caballero le hiciera algo a Saori, debíamos protegerla a toda costa, así que nos pusimos a luchar contra él, dejando a Saori un poco alejada del lugar.

Nuestro combate empezó y los cuatro nos lanzamos contra el corpulento caballero, al cual nuestros ataques no le hacían el más mínimo daño. Contrariado y enfurecido, decidí lanzarle un feroz ataque con mi cadena, pero lo único que conseguí fue que me lanzara por lo aires hasta que caí fuertemente al suelo.

-¡Shun!

Escuché ese grito por parte de Hyoga y Saori al mismo tiempo. Adolorido y más enfurecido que antes, me incorporé e intenté atacarlo de nuevo, pero esta vez el ataque de ese feroz caballero nos dejó a los cuatro en el suelo, malheridos y adoloridos. No teníamos más fuerzas para continuar, el caballero era muy poderoso y ni aún los cuatro podíamos hacerle siquiera un rasguño. Y nos encontrábamos así, tendidos en el suelo, cuando pudimos escuchar un agudo y sonoro grito:

-¡Ahhhh!

-¡Saori!

Cuando pudimos incorporarnos vimos como aquel caballero tenía a Saori en sus brazos, sosteniéndola como si fuera un objeto. Seiya, al ver eso, gritó con todas sus fuerzas.

-¡Detente! ¡No permitiré que le hagas daño!

-¿Y qué vas a hacer? ¿Matarme? ¡Ja! No podrás hacer nada, a menos que...

-¡Qué!

-A menos que me entreguen el casco de oro. Si lo hacen, prometo que no le haré daño a esta chica – decía mientras ejercía presión sobre Saori.

-¡Ahhhh!

-¡Saori!

-Se... Seiya, no... dudes... – dijo con voz adolorida – no le entregues... el casco... Ese casco es más importante que mi vida... por favor caballeros... llévense el casco... yo no importo.

-Ustedes deciden caballeros – habló con tono malicioso en la voz – o me dan el casco o la mato.

-¡De ninguna manera permitiremos que le hagas daño maldito!

-¡Ja! Pobres ingenuos, dan tanta pena...

-Infeliz... ¡Meteoro Pegaso!

-¡Espera Seiya!

Gritamos casi al mismo tiempo nosotros quienes veíamos la impotente actitud de Seiya ante lo dicho por el caballero. Teníamos mucho miedo por Saori, y no queríamos que alguna imprudencia por parte nuestra terminara lastimándola. Ante el ataque de Seiya, el caballero se enfureció y dijo:

-¡Cómo te atreves asqueroso gusano! ¡No intentes provocarme porque de verdad la mato!

-No sigas Seiya... – decía Saori aún adolorida – yo no importo... por ningún motivo le entregues el casco... ese casco es nuestra única esperanza de salvar a la humanidad... por favor Seiya... hazme caso...

-Pero Saori...

-Seiya... ¡ Ahhhh!

-¡Saori!

-¡Ja, ja, ja, ja! Que "noble" actitud. Dan tanta lástima. ¿Y sabes qué? Te daré una chance y si eres inteligente, sabrás lo que te conviene. Los espero a todos ustedes en el gran coliseo y espero que lleven, obviamente el casco de oro. Y ahí, si me lo entregan, les devolveré a la chica, sana y salva. Ustedes deciden.

-Está bien, ahí estaremos. ¡Pero ni se te ocurra tocarla!

-¡Nos vemos! ¡Hasta la vista gusanos!

-¡Caballeros!

-¡Saori!

[]

-Llegamos.

-Espero que todo salga como deseamos.

-Sí. Ojalá Saori esté bien.

Mientras conversábamos todos nos sentíamos muy atemorizados por lo que pudiera pasarle a Saori. Nos sentíamos muy culpables por no haber podido hacer nada para salvarla y por haber permitido que la secuestraran. Y ahí estábamos, esperando al malvado caballero que se llevó a Saori y más que dispuestos a derrotarlo. En eso se sintió un gran estruendo y todos nos pusimos en guardia, mientras el caballero hacía su aparición.

-Veo que han llegado muy puntuales gusanos. ¿Listos para entregarme el casco?

-¡No te entregaremos nada! ¡Prepárate para morir!

En eso nosotros empezamos a atacar al caballero, mientras Seiya se dirigía a rescatar a Saori, eliminando fácilmente a los caballeros que la tenían secuestrada. Al darse cuanta de nuestro plan, el caballero se molestó y dirigió su ataque contra Seiya, pero Hyoga lo detuvo, atacándolo.

El ataque de Hyoga no le surtió mucho efecto, pero le dio tiempo de pensar en algo más efectivo, como se vio más adelante, cuando Hyoga se posesionó de los pies del caballero y lo congeló hasta los muslos, gritándole después a Seiya que lo atacara con toda su fuerza. Seiya así lo hizo y destruyó al caballero. Después de eso, al estar todos juntos, Tatsumi nos reunió y empezó a decirnos algo que nos dejó helados:

-Ya que han superado varias batallas junto a la señorita Saori y ya que también estamos próximos a ir a luchar contra el santuario, es menester que sepan la verdad, la verdad de todo esto. Una verdad que se sabía desde hace años y que el señor Kido me pidió que guardara hasta el día de hoy, hasta el día en que todos ustedes estuvieran juntos con la señorita Saori, como hoy.

-¿Y qué es eso tan importante que tienes que decirnos?

-Cada 100 años o más la reencarnación de un dios se hace presente. La diosa Atena, la diosa de la sabiduría, hace su aparición cada 100 años, para proteger a este mundo del mal que azota a la humanidad. Esta diosa, como se sabe, odia las armas y por eso ella tiene a sus órdenes a poderosos caballeros quienes la protegen y le ayudan a combatir a las fuerzas del mal que tanto daño hacen al mundo. Pues, el señor Kido sabía de esa historia y me pidió que le guardara un secreto: Un secreto que le fue confiado el día que obtuvo la sagrada armadura de oro.

-¿Y cual es ese secreto?

-El señor Kido me contó que, mientras andaba de excursión en las ruinas de Grecia, se encontró con un malherido caballero, quien le pidió que le ayudara, pues estaba a punto de morir. Tenía un bebé en sus brazos y le pidió que lo cuidara, diciéndole:

-"Por favor, hágase cargo de este bebé y de esta armadura por favor. Este bebé es la reencarnación de la diosa Atena, que viene cada 100 años a combatir el mal junto con sus caballeros. Estos muchachos, hombres de valor y con un gran poder la ayudarán a cumplir su misión y a salvar la tierra. Cuide de ella hasta que esos muchachos aparezcan y proteja esta armadura por favor, no debe caer en las manos del mal. Por favor, se lo ruego, llévesela..."

-"Pierde cuidado, haré lo que me pides"

-Y dicho esto, el señor se llevó al bebé y a la armadura, protegiéndolas hasta el día de su muerte.

-¡No puede ser! – Saori lloraba – ¡Entonces yo no soy su hija, viví todo este tiempo creyendo que lo era y ahora me doy cuenta de que era adoptada! ¡No puedo creerlo!

-Y ese secreto se ha mantenido oculto hasta el día de hoy, día en el cual tenemos entre nosotros a la reencarnación de la diosa Atena: La señorita Saori.

-¡Qué!

-¡No puede ser!

-¡Entonces... ese bebé era ella!

-¡Saori es la diosa Atena!

-Tatsumi, deja de decir esas tonterías.

-No, la señorita Saori es la reencarnación de la diosa Atena, ella es la que deberá luchar contra la adversidad y es deber de ustedes estar con ella y protegerla en todo momento.

-Increíble.

-Jamás me hubiera imaginado que el mito se hiciera realidad.

-Tatsumi... ¿Estás hablando en serio?

-Si señorita.

En ese preciso momento unas extrañas y poderosísimas ondas de luz salieron del cuerpo de Saori, cubriendo todo el lugar. Nosotros estábamos boquiabiertos, incrédulos ante tal revelación. Al sentir su cosmoenergía, nos terminamos de convencer, pues la energía que emanaba de ella era extremadamente grande y sobrepasaba cualquier límite humano. Tenía que ser irreal, algo mítico, algo divino, algo que provenía de un dios. Ella lo era en realidad, ella era Atena.

Y así estuvimos unos instantes sobrecogidos por esa cálida y reconfortante energía, hasta que, nos dimos cuenta de que debíamos regresar y emprendimos el viaje de regreso.

[]

Una diosa

Ella era una diosa

Trataba de analizarlo, pero no podía comprenderlo. Había estado junto a una diosa todo este tiempo y no me había percatado de ello. Sin saber porqué me empecé a sentir indigno de ella, incapaz de hacerla feliz, incapaz de todo. Ella era una diosa y yo era un simple caballero. ¿Qué podía yo ofrecerle? ¿Con qué cara la miraría ahora? Desde siempre me he sentido un poco inferior a ella dada nuestras diferencias en nivel social y jerarquía, ¿Y ahora esto? ¿Qué iba a hacer de mí ahora? Me sentía tan mal, tan pequeño, tan insignificante. Y la sensación de pena y dolor volvió a mí. Lucía triste, apagado, desganado. Me volví a encerrar en mi cuarto y no quise saber nada de nadie, tan solo quedarme ahí. Las horas pasaban y mi dolor en vez de desaparecer aumentaba. Mis lágrimas no dejaban de caer por mis ojos y mis miedos se acrecentaban con el pasar del tiempo. Estuve así por varias horas, hasta que sentí un suave golpe en mi puerta.

-¿Quién es? ¿Qué deseas? – dije enjugándome las lágrimas.

-Ábreme por favor.

-No quiero ver a nadie por favor retírate.

-Shun mi vida...

En ese momento dejé de llorar, y mi corazón volvió a latir con fuerza. El solo escuchar su voz me devolvía las ganas de todo. Era más que mi inspiración y si era su voluntad destruirme, yo gustoso aceptaría. Avancé hacia la puerta y la abrí, dejándola entrar.

-Qué deseas – le pregunté suavemente.

-Hablar contigo.

-¿De qué? ¿Hay algo que te molesta?

-Sí, tu indiferencia.

-No me lo reproches, pues tengo motivos para hacerlo.

-¿Puedo saber cuáles son?

-Verás, hoy desde que me enteré que eres una diosa no he dejado de pensar en que lo nuestro va a cambiar radicalmente. Ahora posees un mejor nivel de vida, eres más poderosa que nosotros y creo que eso va a influenciar en nuestra relación. Sé a lo que has venido, y quiero que sepas que estoy decidido a aceptar tus motivos por los cuales me dejas. No te diré nada, tan solo te pido que me dejes solo.

-¡De qué hablas! ¡Shun yo no quiero terminar contigo!

-Lo harás tarde o temprano. Sentirás vergüenza de mí pues soy el más débil de todos los caballeros y sé que no tolerarás el verme la cara para entonces. Así que es mejor terminar aquí, para no dañarnos más.

[Splash]

Sentí el golpe en mi cara y empecé a temblar. Dije todo eso porque estaba asustado y mis miedos habían tomado posesión de mí. Sabía perfectamente que de todo lo que había dicho casi todo era mentira, pero no podía evitar el sentirme así, pues pesar de que eso era mentira, había algo de verdad en esas palabras, y era ese algo, lo que aún me mantenía ciego, ciego a la verdad. La vi llorar, enfurecerse y mirarme con ira y tristeza a los ojos. A medida que ella lloraba, yo lloraba también. Los dos teníamos miedo y nos costaba demostrarlo. Hasta que ella rompió ese incómodo silencio que nos rodeaba.

-¡Cómo fuiste capaz de pensar eso! – me decía entre lágrimas – ¡Sabes que por nada del mundo te dejaría!

-Pero Saori... – le dije del mismo modo.

-Eres mi vida Shun, todo te lo debo a ti, y nada ni nadie harán que me quite este sentimiento de encima. En estos momentos no me importa ser una diosa, porque prefiero ser mujer antes que algo irreal. Y ese algo irreal mi amor, somos tú y yo, y eso es más grande que cualquier divinidad. No quiero que vuelvas a pensar eso de mí ¿De acuerdo?

-Perdóname Saori, no debí haber dicho eso, solo he estado diciendo tonterías, y no merezco este gran amor que me tienes, he sido muy voluble, me he portado como un idiota y solo merezco tu desprecio, porque no te estoy sabiendo valorar. Por favor perdóname, prometo cambiar, pero no me dejes Saori, por favor, no me dejes.

-Ni que estuviera loca – me decía mientras me abrazaba – Primero muerta a tener que dejarte. Estaremos siempre juntos Shun, siempre.

Y diciendo eso nos abrazamos y nos dimos un dulce beso, queriendo demostrar cuanto nos queríamos y cuanto nos necesitábamos, a pesar de todas las circunstancias.

[]

Estaba feliz, muy feliz.

Sin querer mi vida había dado muchos giros en todo este tiempo y uno de los más importantes se había dado esa tarde. Era una diosa, tenía el poder para eliminar el mal y tenía a mi lado al hombre más bello y maravilloso del mundo. Estaban sucediendo demasiadas cosas importantes en mi vida y yo no podía creerlo. Me sentía tan feliz, pero a la vez un poco extraña.

Me incomodó el hecho de que Shun quisiera terminar conmigo tan solo por que yo era ahora una diosa y creyó que ya no lo iba a querer más. Por partes lo comprendía, pues un hecho de esas dimensiones no sucede todos los días, pero creo que debía confiar un poco más en mí, en sí mismo, en nuestro amor. Tal vez pensó que ahora nuestro trato sería diferente por que ahora yo tenía mucha más jerarquía que ellos y que nuestra relación ya era algo del pasado, pero yo supe demostrarle que eso no tenía nada que ver con lo de mi nueva posición y le dije, una vez más, que lo amaba y que nada nos iba a separar. Su reacción me alegró, pues me estaba demostrando que me entendía y que lo que pasó por su cabeza era tan solo una idea tonta, así que me pidió perdón y yo, incapaz de negarle algo, se lo di. Su sinceridad y sensibilidad lo hacen tan lindo y me hacen tan feliz... que siento que cada vez que me habla, estoy soñando.

En ese entonces estaba más decidida que nunca. Si habíamos de luchar contra el Santuario, lo haríamos, y yo pondría lo mejor de mí por salir victoriosa de esa empresa. Lo tenía todo para vencer: unos caballeros valerosos, dentro de los cuales estaba el hombre que amaba, el poder suficiente para vencer y las ganas de salir de esto bien y lo más rápido posible. Con cosas así, ¿Cómo podía perder? Sonreí. Si era una diosa, lo sería, hasta los últimos días de mi vida.