N.A.: Hola que tal! Mil disculpas por no haber publicado antes, bueno han pasado muchas cosas pero lo importante es que aquí estoy publicando de nuevo. Ojalá la continuación justifique la demora. Que tengan un buen día.


2 meses después

Era una mañana cálida. Una bonita mañana, a pesar de la tragedia que nos embargaba.

Habíamos regresado del hospital y nos encontrábamos tomando desayuno en aquel gran comedor de la mansión. Reinaba un silencio sepulcral. Nadie era capaz de proferir una sola palabra, estábamos en silencio, como meditando. Impaciente por ese ambiente y la situación, dije:

-Pobre Shiryu.

-La verdad es que nunca me imaginé que iría a pasar esto – Hyoga hablaba con la vista baja.

-Se quedó ciego... por nuestra culpa. Me siento tan culpable.

-Shun, no hables así. Como dijo Shiryu, cualquiera de nosotros haríamos lo mismo si enfrentáramos una situación así. Verás que Shiryu se recuperará pronto – Hyoga trató de sonar conciliador.

-Eso espero.

-Ya no hablemos así. Shiryu nos necesita más que nunca y es nuestro deber animarlo y hacerle saber que tiene nuestro completo apoyo. Hagámoslo por él.

-Saori tiene razón. Es lo mejor – dije tratando de levantar los ánimos.

Después de eso pasamos la mañana haciendo una que otra cosa. Todos tratábamos de estar lo más tranquilos posible, ocupados en una que otra tarea, tratando de sentirnos mejor, aunque no lo estábamos.

En la tarde, sin querer volvimos a hablar de Shiryu. Todos estábamos muy preocupados y angustiados por él, pero el único que no dijo nada fue Ikki. El único comentario que hizo fue un simple "¡Hn!, ya dejen de hablar de eso, se preocupan por tonterías". Eso me llenó de rabia, y no la pude contener.

-¡Cómo puedes decir eso! ¡Acaso no te importa Shiryu!

-No es mi costumbre demostrar mis sentimientos o emociones abiertamente. Eso lo hacen solo los ridículos... como tú.

-Ikki... deja de decir eso. ¡Shiryu es nuestro amigo! ¡Deberías estar preocupado por él en vez de mostrar tanta indiferencia! – Hyoga no podía ocultar su molestia.

-Si se va a quedar ciego, ése será su destino. Y si no puede superar esta gran prueba, eso significa que no sirve como caballero, pues significaría que se rinde ante el primer obstáculo. La última palabra de todo esto la tiene él. Es su decisión caer en un abismo o resurgir nuevamente.

-Pero Ikki... – Shun trató de razonar con su hermano.

-¡Hasta aquí aguanto tus estupideces! ¡No permitiré que insultes de esa manera a mi amigo! ¡Eres un insoportable Ikki!

En ese momento, mi furia estaba a su mayor nivel. Y no pudiendo controlarla más, me abalancé sobre él e intenté darle un gran golpe. Golpe que fue esquivado por él, y que me devolvió con mucha potencia, derribándome al suelo.

-¡Ahhhh!

-¡Seiya!

-¡Estúpido! ¡Cuando aprenderás a entender realmente las cosas! ¡Cálmate de una buena vez y deja de ser tan ridículo!

-Ikki...

-¡Me voy! ¡Esto es insoportable, por eso no me gusta andar en grupos, pues la gente como tú me enerva! ¡Hasta luego, niñitos!

-¡Ikki hermano, regresa!

-Descuida Shun, nada va a pasar, regresaré cuando ese imbécil se calme. Nos vemos.

Escuchaba las palabras de Ikki mientras trataba de incorporarme, ayudado por Hyoga. Me di cuenta de que de verdad estaba errado. Ikki tenía razón. Estaba actuando precipitadamente debido a mi preocupación por Shiryu y no controlaba mis emociones ni el alcance que éstas podían tener ante mis amigos. Lo vi marcharse y subí a mi habitación, un poco aturdido y confundido.


[En algún lugar de la ciudad, no muy lejos de la mansión. Exactamente en una autopista]

-Seiya, yo también estoy preocupado por Shiryu, pero sé perfectamente que él tiene la capacidad de poder curarse él solo. Posee un gran cosmos que le permitirá vencer esta prueba. Ya lo verás – Ikki se decía a sí mismo.

[En eso una gran manada de cuervos aparece en el cielo. Ikki logra verlos]

-Vaya, cuervos. Dicen que son de muy mala suerte. Parece que algo turbulento tendrá lugar en esta ciudad. Creo que será conveniente que me aleje de aquí. Después de todo, ¿Qué puede pasar? No me gusta preocuparme por nada. ¡Hn! Mejor me voy.


[De vuelta en la mansión]

-Ikki nunca va a cambiar. Siempre será así de odioso.

-La verdad es que sabe exasperar a la gente, pero puede que en algunas cosas tenga razón.

-Discúlpenlo, él lo hace sin querer, siempre ha sido así de solitario. Sé que actuó mal, sin embargo no lo culpo pero tampoco lo disculpo.

-Descuida Shun, no es tu culpa. Tal vez como dice Hyoga puede que en algo tenga él razón.

-Sí. Lo que me pregunto es a donde pudo haber ido. En mi opinión no creo que sea un buen momento para dejarnos así, digo, estamos muy cerca de combatir al santuario y necesitamos estar juntos. No entiendo porqué mi hermano se porta así.

-Tienes razón. No es el momento indicado para irse así. Creo que es una manera de comportarse muy suya.

-Sí. Ese Ikki no tiene remedio.


[Afueras de la mansión, en el planetario (monólogo de Saori)]

Ikki es muy rebelde. Hasta ahora no he podido encontrar una manera efectiva para controlar su mal carácter. La verdad es que no consigo ser tan fría como él.

Ese mal habito suyo de hacer lo que se le da la gana. ¡Es un irrespetuoso! Pero ya le llegará su hora. Ya verá que algún día podré dominarlo.

También estoy muy temerosa por lo de la armadura de oro y el santuario. ¿Serán enemigos muy poderosos? ¿Podrán realmente los caballeros enfrentarse a ellos y salir victoriosos? ¿Podré realmente combatir contra ellos, como Atenea? ¿Podré realmente ser Atenea? Espero que sí. Lucharemos juntos hasta las últimas consecuencias y defenderemos a la tierra de tantos males que intentan destruirla. Es una promesa.

Estaba tan ensimismada en mis pensamientos que no me di cuenta que el cielo ya se había oscurecido y el lugar lucía cada vez más solitario. Emprendía ya el camino de regreso cuando de repente unos grandes y amenazadores cuervos empezaron a volar alrededor de mí. Traté de controlar el miedo que sentía, pero cuando me percaté de que el número de las aves aumentaba cada vez más, no lo pensé dos veces y grité, tratando de llamar la atención de alguien, pero no lo conseguí. Por toda respuesta, los cuervos se abalanzaron sobre mí y me empezaron a atar de los pies y las manos y empezaron a elevarme por los aires. Fue entonces cuando empecé a sentí una extraña fragancia y mi vista se fue haciendo cada vez más borrosa...


[Adentro en la mansión]

Estábamos viendo televisión, luego de haber conversado un poco sobre lo que pasó con Ikki. La verdad es que no le prestábamos mucha atención al aparato, puesto que no teníamos ganas de hacer nada. El problema de Shiryu nos tenía de muy mal ánimo, y ahora con lo de Ikki... nos sentíamos peor. Intentábamos hablar o comentar algo, pero solo salían palabras desconectadas. Cansado de ese molesto silencio, me dirigí a Hyoga, a quien le dije:

-Hyoga, apaga la televisión, no está pasando nada interesante.

-Seiya tiene razón. En vez de entretenerme me está dando sueño.

-Estoy de acuerdo, pero qué hacemos después.

-Ya se nos ocurrirá algo, descuida.

Y estábamos hablando así, cuando de repente escuchamos un repentino grito:

-¡Ahhhh!

-¡¿Eh?!

Nos pusimos de pie sobresaltados y salimos fuera de la mansión, donde pudimos ver a Saori amarrada y siendo llevada por unos gigantescos cuervos. Nos asustamos y fuimos inmediatamente a ponernos nuestras armaduras. Cuando estuvimos listos yo no pude esperar a Hyoga y Shun que se estaban tardando, así que salí inmediatamente en busca de los cuervos mientras Hyoga y Shun se detenían, hablando algo que no llegué a ver.

-¡Saori!

-¡Vamos chicos, de una vez, apúrense!

-¡Espera Seiya, no te adelantes!

-¡No puedo esperar más, Saori está en peligro, iré a rescatarla!

-Pero Seiya... ¡Seiya!

-¡Espera Shun!

-¿Eh? ¿Qué sucede Hyoga?

-Espera, ¿Has oído alguna vez sobre el caballero de plata Jamian, el domador de cuervos?

-No, ¿Por qué? ¿Quién es él?

-Se dice que él usa a sus cuervos como extensiones de sus brazos y sus piernas. Es muy malvado y no me extrañaría que sea enviado por el santuario.

-¿Entonces crees que él tenga que ver con lo que está pasando? ¿Crees que estamos siendo atacados por un nuevo caballero de plata?

-Mucho me temo que sí, tenemos que estar muy en guardia, puede que ese caballero no venga solo, será mejor resguardar a Seiya y prevenirle sobre este caballero.

-Tienes razón, vamos entonces.


Mientras corría sentía que el corazón se me apretaba. No quería ni imaginarme qué podría pasarle a Saori si yo no llegaba a tiempo. Mi temor aumentaba conforma las horas pasaban y yo seguía sin poder alcanzarla. Estaba muy asustado, y preocupado.

Seguí corriendo un poco más cuando pude ver que los cuervos bajaban el vuelo en dirección a una empinada montaña, lejos de la ciudad. Apresuré un poco el paso y llegué dentro de unos instantes. Cuando llegué, vi a un extraño sujeto rodeado de cuervos, y a Saori a un costado. El muy maldito estaba extendiendo una de sus manos para tocarla. No aguanté mi indignación y arremetí contra él.

-¡Aquí mis adorados cuervos! Veo que han hecho su trabajo con mucha eficiencia mis bellezas.

-Así que esta chica es Saori Kido. Qué osadía la suya el querer enfrentarse al patriarca. Voy a pedirles que la transporten con cuidado al santuario mis bellezas, ya saben que si todo sale bien serán recompensadas como se debe. Pero a pesar de todo es muy linda, y se ve tan indefensa... No sería mala idea aprovechar la ocasión... je, je, je.

-¡Ni se te ocurra tocarla!

-¿Eh? ¡Quién eres tú!

-Soy Seiya, caballero de Pegaso y no permitiré por ningún motivo que le hagas algo a Saori.

-¿Seiya? Así que tú eres el asesino de Misty ¿Eh? Descuida, tu amiga será muy bien tratada en el santuario, porque es ahí donde se irá, ¡Y tú no podrás detenerme!

-¡¿Ah si?! ¡Y crees que la dejaré ir así de fácil! ¡Te equivocas, pelearé contigo y con quien se atreva a lastimarla!

-¡Pues entonces en guardia! ¡El gran Jamian te derrotará!

Y así empezamos a pelear, con nuestros mejores ataques. Di lo mejor de mi para destruir a ese maldito y al principio parecía que lo vencía, pero de repente él tomó control sobre sus cuervos y éstos empezaron a atacarme sin piedad, dejándome muy malherido. Intenté defenderme, pero mis fuerzas eran casi nulas, y no podía distinguir bien a los animales. Al ver eso, Jamian empezó a realizar una extraña técnica, llamada la pluma negra, en la cual mandaba a sus cuervos a atacarme y cuando yo los destruía, muchas plumas de cuervos volaban en el aire y caían sobre mí. Al principio pensé que eran plumas normales e intenté quitármelas, pero conforme iban cayendo, me di cuenta de que no eran plumas ordinarias, tenían una especial habilidad que consistía en quitar la energía de su enemigo. Llegó un momento en el cual las plumas cubrían por completo mi cuerpo, dejándome sin visión y sin aire. Se pegaban como ventosas y no me dejaban respirar. Y fue así como sentí que todo mi cuerpo se adormecía y caí lentamente al suelo...


-¡Vaya! Parece que tu intuición no falló Hyoga.

-Sí, ya que nos deshicimos de estos secuaces será mejor apurarnos y advertirle a Seiya sobre Jamian.

-Tienes razón. Ojalá que no tenga ningún inconveniente para rescatar a Saori.

-Descuida, Seiya es lo suficientemente poderoso para eliminar al raptor en cuestión de segundos, verás que nos lo encontraremos en el camino junto con Saori.

Pero ese momento no llegó, caminábamos y caminábamos sin ninguna idea de donde estábamos, guiados tan solo por mi cadena. Anduvimos por un buen rato entre bosques y montañas rocosas cuando sentimos una gran presión, que era como si alguien estuviera pidiendo auxilio.

-¡Hyoga!, ¿Lo sentiste?

-Sí, me pregunto de quién pudo haber sido esa energía.

-Se desvanece muy rápido, debe estar en grandes aprietos.

-Seguro, pero no nos distraigamos, vamos deprisa.

Y continuamos corriendo hasta que dentro de un rato volvimos a sentir esa gran presión otra vez. Esta vez la analizamos bien y luego nos dimos cuenta horrorizados de quién se trataba: Era el cosmos de Seiya, y se desvanecía rápidamente.

-¡Oh no!

-¡No puede ser, Seiya está en problemas!

-¡Deprisa Hyoga, no podemos perder el tiempo, tenemos que ayudar a Seiya!

-Tienes razón, vamos de una vez.


Me sentía exhausto, sin energías, completamente cansado.

Perdí la noción del tiempo con facilidad y apenas podía moverme. ¿Acaso iba a morir? ¿Acaso no podría rescatar a Saori? Tenía que encontrar una salida a este problema. No podía dejar que ese infeliz se llevara a Saori. Tenía que hacerlo, ¡Y de una buena vez!

-Bueno, ya terminé con ese mocoso. ¡Qué se habrá creído! Querer enfrentarse a mí, el gran Jamian, ¡Qué osadía!

-¡Ya deja de decir tonterías!

-Esa voz... ¡Shaina!

-Me envía el maestro por si me necesitas. Pero veo que ya te deshiciste de Seiya ¿No?

-Sí, fue muy fácil. Ahora tengo que llevar a esta hermosa señorita donde el patriarca.

-Vete de una vez, no pierdas el tiempo. Aunque para mi gusto la podrías matar aquí mismo.

-¿Tú crees? La verdad es que a mí no me interesa. Mátala tú si quieres, yo no me meto en eso.

-¡Pero qué cobarde eres! ¡Le tienes miedo a una mujer ordinaria! ¡Jamás lo imaginé de ti!

-Pero Shaina, no quiero meterme en problemas. Esa chica es al parecer muy importante para el gran patriarca. Y yo no quiero que él me regañe. Si tanto te disgusta, mátala tú, eres más experta en eso que yo.

-Mejor di que eres un completo cobarde y que le tienes miedo a una ridícula mujer. Está bien, la mataré yo. Va a ser un placer. [Se acerca a Saori e intenta atacarla]

-Shaina...

-¡Detente!

-¡¿Eh?!

-¡No permitiré que intenten siquiera tocarla! ¡Me oyeron! ¡Nadie le hará nada a Saori!

-¡Seiya! ¡Pero cómo es que estás con vida! ¡Jamian no que lo habías matado!

-Te lo juro Shaina, yo lo dejé malherido, no me explico como es que aún vive – dijo Jamian con la voz temblorosa.

-¡Pues si no lo mataste tú lo haré yo! ¡Y tú Jamian deshazte de esa chica de una vez!

-A la orden Shaina.

-¡No! ¡Dije que nadie iba a hacerle daño y nadie se lo hará!

-¡Más vale que te calles, o sino la mataré a ella primero!

-Shaina...

En ese momento la voz de Shaina denotaba mucha furia. Estaba más que dispuesta a cumplir con su cometido y eso me asustaba. Ella siempre había sido una oponente difícil de eliminar y en ese momento esa definición cobraba mucha más vida. Tenía que hacer algo rápido, pues la vida de Saori estaba en peligro cada vez más.

En eso Jamian empezó a elevar a Saori gracias a los cuervos. Al ver eso, intenté detenerlo pero Shaina me lo impidió. Harto de la situación le apliqué un fuerte golpe que la derribó y yo eché a correr para alcanzar a los cuervos. Al ver eso, Shaina, llena de furia, lanzó un ataque hacia los cuervos y desató las cuerdas que sostenían a Saori, haciendo que cayera lentamente. Para mi mala suerte, ella sobrevolaba por un abismo, así que su caída no tendría fin, y si la tenía, sería mortal. Viéndola caer, no soporté mi frustración y eché a correr gritando:

-¡Saori!

-¡Buen ataque Shaina, estás mejorando! – Jamian felicitó a Shaina.

-¡Cállate pedazo de imbécil, y ve tras Seiya!

-¡Sí!

Mientras corría veía como el tiempo me ganaba y ella caía con rapidez hacia el gran abismo. Faltando centímetros para llegar el borde recibí un ataque de Jamian y otro de Shaina, haciendo que cayera al suelo, rompiéndome mi brazo derecho, mientras ella caía por mi costado, lentamente. En un esfuerzo sobrehumano, la cogí de la mano y logré evitar su caída.

-¡La tengo! ¡Ahh, mi brazo!

-¡Vaya, eres más fuerte de lo que pensé, pero no resistirás por mucho tiempo, ahora mismo los mandaré a ambos al infierno!

-¡No Shaina!

-¡Cállate, te mataré ahora mismo junto como esa chica! ¡Eres un estúpido y te mataré!

-¡Dale Shaina, eres la mejor! ¡Mátalos de una buena vez!

-¡No me digas lo que tengo que hacer, y tú Seiya prepárate para morir!

-Las estrellas se ven tan lindas rodeadas en el gran cielo negro – Saori habló con voz débil.

-¡¿Saori?! ¡Despertaste!

-¿Seiya? ¿Qué me pasó? ¿Dónde estamos?

-Eso no importa ahora Saori. Yo te protegeré con mi vida, mi dulce princesa. Te amo y daría mi vida con tal de protegerte.

-Gracias Seiya – Me dijo con una sonrisa.

-¡Maldito seas Seiya, en este mismo instante te mandaré al infierno! –Shaina rugía de celos.

-No te demores tanto Shaina, ¡Acaba con ellos ahora!

-¡Cállate Jamian! ¡Y ahora, despídete de la vida Seiya, te mataré a ti y a esa estúpida chica! ¡A mi Cobra!

-Saori, ¿estarías dispuesta a arriesgarte conmigo, a confiar en mí?

-Haré lo que tú quieras Seiya, confío plenamente en ti.

-Pues entonces sujétate fuerte.

-Así lo haré.

-¡El poder de la Cobra!

-¡Ahora!

Y así saltamos al vacío. No iba a permitir que Shaina intentara atacar a Saori, así que decidí jugarme el todo por el todo, sin importarme lo que pasara. Si habíamos de morir lo haríamos juntos, y si el destino quería que sobreviviéramos, estaríamos igual de juntos, para siempre.

-¡Pero qué demonios hicieron! ¡Se volvieron locos!

-¡Seiya! ¡Donde estás! ¡Donde te metiste condenado imbécil!

-¡Pero no estás viendo Shaina, saltaron hacia aquel precipicio, yendo a parar sabe Dios donde, eso es un suicidio, realmente perdieron la razón!

-¡Cállate, vamos a buscar a Seiya! ¡No se nos puede escapar!

-Pero Shaina, ¿Cómo los vas a encontrar en esta oscuridad? Mejor espera hasta mañana, así los verás con más facilidad.

-Vaya Jamian, comienzas a utilizar tu cerebro, veo que tienes razón. Tendremos que esperar hasta que amanezca, así podré matar a Seiya a mi gusto. ¡Juro que esta vez no escapará!

-Ya párale Shaina, das miedo.

-¡Cállate!

-¡Ya me callo pero no me hagas nada!

-Cuando dejarás de ser cobarde – dijo Shaina dejando escapar un suspiro.


-Hyoga, ¿Sabes por casualidad en donde estamos?

-Pues... no lo sé, me imagino que estamos cerca ¿no? – Hyoga dijo en tono dubitativo.

-Y yo que creí que me estabas guiando – contesté suspirando.

-Intenté hacerlo, pero creo que nos hemos perdido.

-Grandioso, ahora si Seiya necesita ayuda, no estaremos para salvarlo.

-Puede ser, pero quizá él ya rescató a Saori.

-Eso espero, no quisiera saber que ellos... ¡Ahhh!

-¡Shun!

Habíamos estado escalando una muy empinada montaña y no hace mucho que habíamos conseguido llegar prácticamente hacia la cima. Mi cadena nos había guiado hasta ahí y de la nada dejó de emitir señales referentes a la energía de Seiya. Estábamos perdidos y no teníamos idea de donde podrían estar Seiya y Saori. No podía evitar el sentirme celoso, pues ella estaba con él, pero me vi forzado a ocultar mis sentimientos pues Hyoga estaba conmigo. Y habíamos estado caminando un rato cuando sin querer resbalé y caí hacia el profundo abismo. Hyoga se asustó y me ayudó a subir, quedando los dos frente a frente sin saber que decir. Estaba muy asustado y había perdido el habla por completo.

-Oye, ¿Estás bien?

-...

-Shun, te estoy hablando.

-...

-¡Por Dios amigo contéstame! – Hyoga me sacudía para hacerme reaccionar.

-Ehhh... yo... yo... – dije al fin recobrando el habla.

-¿Estás bien? ¿Te lastimaste?

-No, creo que no.

-¿Sabes? Será mejor que nos quedemos aquí hasta que amanezca, no quiero que te vuelvas a caer, me asustaste.

-Discúlpame.

-No te preocupes. Siéntate, estaremos aquí un buen rato.

-De acuerdo.


Amaneció y los rayos del sol nos molestaban la visión, que para ese entonces ya esa bastante mejor en comparación con la de la noche anterior. Era una mañana muy soleada y nosotros seguíamos en la cima de esa montaña, sin saber bien qué hacer.

Desperté a Shun y anduvimos caminando un largo rato, sin hallar a Seiya. Shun estaba muy mortificado y yo me esforzaba por disimular mi preocupación para no mortificarlo más. A estas alturas yo ya pensaba lo peor, pues ninguno de los dos aparecía y para empeorar las cosas, no sentíamos ningún enemigo cerca.

-Hyoga, necesito descansar, estoy muy cansado – Shun habló con la voz agitada.

-De acuerdo. Tómate el tiempo que quieras.

-Me preocupa mucho el no poder encontrarlos. ¡Dónde se pudieron haber metido!

-Pues no lo sé. Desde que tu cadena dejó de recibir energía, hemos estado caminando sin sentido. Mucho me temo que estemos perdidos.

-Yo también pienso eso. Y para empeorar las cosas ni Seiya ni Saori muestran signos de vida. Esto me está asustando.

-No quiero ser pesimista ni mal amigo Shun, pero déjame decirte que yo creo que ellos ya podrían haber...

-¡No!

-Pero Shun...

Su exclamación me sorprendió mucho. Jamás lo había visto tan preocupado. Shun siempre había sido como mi hermano y lo conocía perfectamente, incluso más que su propio hermano. Y esas reacciones realmente me sorprendían, puesto que desde que ellos desaparecieron él no tuvo ni un momento de paz. Lucía tenso y preocupado y obviamente no era bueno para esconder sus emociones. Pero lo que me sorprendió más fue que después de gritar como un loco ante mi comentario, palideció y sus ojos se llenaron de lágrimas. Muy preocupado me acerqué a él y traté de consolarlo y de darle mi apoyo, pues era lo único que podía hacer en un momento como ése.

-No digas eso ni en broma Hyoga. No es gracioso – Shun denotaba preocupación en su voz llorosa.

-¿Estás llorando? ¡Pero qué es eso Shun!

-Es que... no... ¡No puedo permitir que eso pase! – dijo al fin llorando.

-Tranquilo, todo va a salir bien, ya lo verás – le dije abrazándolo.

-¿De verdad lo crees?

-Sí. A pesar de las circunstancias Seiya es un hombre fuerte y sé que no morirá así de fácil, él no va a permitir que le suceda algo a Saori. La ama demasiado como para dejarla morir.

-Si... claro – respondió con cierta duda.

-Verás que pronto los encontraremos a ambos y regresaremos a la mansión. Por lo pronto si ya te sientes bien continuemos buscando ¿De acuerdo?

-Gracias Hyoga, ya me siento mejor. Sigamos buscando.

Me sonrió y se puso de pie al igual que yo y continuamos andando por ahí, tratando de encontrar algo que nos guiara ante Seiya. Pasaron como 2 horas y nada de nada. Descansábamos de rato en rato y nuestra preocupación aumentaba, y ya no podíamos ocultar nuestra angustia.

Y seguimos así un buen rato hasta que milagrosamente la cadena de Shun comenzó a moverse y a ponerse tensa, para alegría nuestra. Los dos corrimos en la dirección señalada por la cadena y llegamos hasta un muy empinado risco, que iba a dar a un inmenso vacío.

-¡Maldita sea! Esto ya empieza a ponerse color de hormiga.

-Tienes razón, llevamos como 2 horas y media caminando y no encontramos nada.

-Sí, pareciera que se los tragó la tierra.

-Solo espero que, dondequiera que estén, se encuentren bien. ¿Eh? ¡Hyoga, mi cadena, se mueve!

-¡Genial, entonces estamos cerca!

-Eso parece, ¡Esto sí que es un milagro!

-Vamos, parece que la cadena nos quiere llevar a un lugar en particular.

-Vamos, creo que no está lejos.

-Eso creo.

-Mira Hyoga, ¿Ves eso? – Shun preguntó mientras corría.

-Sí, es un abismo, pero ¿Dónde está Seiya? – pregunté corriendo también.

-No lo sé, no veo nada, solo... ¡Hyoga mira, abajo hay algo que se mueve!

-Es... ¡Es Seiya!

-Shaina también está con él. ¡Mira Hyoga, Shaina va a atacar a Saori!

-¡No lo permitiremos, a ella Shun! ¡Espera Shaina!

-Sí, ¡Shaina ni se te ocurra tocarla!

-¡¿Eh?! – exclamó sorprendida.


Desperté en un lugar desconocido, muy bonito, pero desconocido.

Me encontraba rodeada de flores en algo muy parecido a una colina. No lograba recordar mucho de lo que pasó la noche anterior y me sentía confundida. Me incorporé e intenté caminar, pero no pude. Fue entonces cuando vi a Seiya a lo lejos, inconsciente.

-¡Seiya!

Y corrí hacia él, algo preocupada. Yacía inerte entre las piedras rocosas de la montaña y su aspecto era muy desagradable. Al parecer se había roto su brazo derecho y tenía la cabeza malherida, llena de sangre. Horrorizada, intenté pedir ayuda o gritar, pero me sentía muy débil y no pude hacer nada. Empecé a limpiarlo, acomodarlo y también a sentirme muy culpable por lo sucedido. Comencé a llorar y a maldecir mi destino. Al verlo así indefenso, me di cuenta de que de verdad le estaba haciendo mucho daño. Estaba sacrificando su vida por mí y no dudó en poner en riesgo su vida con tal de salvarme. Le debía mucho y me daba mucha pena el no poder amarlo como él deseaba. Lo miraba y podía ver en su rostro lo mucho que me quería y era eso precisamente lo que más me mortificaba: su desmedido amor por mí.

Viendo que no podía hacer nada por mejorar su condición, decidí protegerlo y cuidarlo por sobretodas las cosas, era lo menos que podía hacer en ese momento por él. Me incliné hasta su oído y le susurré con la voz más dulce y agradecida que me salió:

-Descuida, yo te protegeré... querido Seiya.

No se porqué le dije "querido", pero fue lo primero que pasó por mi cabeza al verlo así. Miré a mi alrededor y me di cuenta que estaba rodeada de montañas y abismos rocosos, así que resolví cargarlo para llevarlo de regreso a la mansión. Estaba a punto de tocarlo cuando escuché una voz llena de rabia que me gritó:

-¡Quítale las manos de encima!

-¿Eh?

Volteé a mirarla y pude ver de quien se trataba. Era una mujer caballero. Aunque no podía ver sus ojos pude percibir claramente su cólera. Me encaraba con una soberbia y un desdén únicos, como si Seiya fuera muy importante para ella. Me incorporé y dije en voz alta la frase que segundos antes le había susurrado al oído a Seiya:

-Descuida, yo te protegeré... querido Seiya.

-¡Pero qué estás diciendo! ¡¿Crees que podrás protegerlo?! ¡Ja! ¡Ahora mismo acabaré contigo y después me desharé de Seiya! ¡Vamos, muévete!

-No me moveré.

-No te pases de lista, si sabes lo que te conviene y si en algo aprecias tu vida, muévete y déjame a Seiya.

-Dije que no me moveré y eso es lo que voy a hacer.

-¡No me hagas perder la paciencia! ¡Apártate y déjame matarlo!

-¡No me voy a mover y nada ni nadie me hará cambiar de opinión! ¡Es mi última palabra!

-¡¿Ah si?! ¡Pues entonces prepárate por que acabaré contigo!

-...

Al escuchar sus palabras, cargadas de rabia y negatividad, me asusté. Estaba decidida a matarlo y si yo no hacía algo pronto no iba a poder detenerla. Encendió su cosmos y estaba a punto de atacarme cuando otra voz, esta vez masculina, dijo:

-¡Espera Shaina!

-¿Eh?

-¡Jamian, qué demonios haces aquí! ¡Qué quieres!

-¡¿Acaso olvidas mi misión?! Tengo que llevar a esta señorita donde el patriarca, lo siento pero no puedes matarla.

-¡Pues entonces llévatela de una buena vez y déjame en paz!

-¡Como quieras! A ver señorita, déjeme llevarla con el patriarca – dijo empezando a llamar a sus cuervos.

-Espere, temo que tendré que rechazar su invitación. Veré al patriarca, pero será cuando yo lo decida. Y si él quiere verme, que venga, yo no tengo ningún inconveniente en recibirlo.

-No te pases de graciosa – dijo con sarcasmo – ¡Vendrás conmigo quieras o no!

-Dije que no iré a ninguna parte y no voy a cambiar de parecer.

-¡Pues prepárate para morir! ¡A ella mis cuervos!

En eso pude ver como los cuervos revoloteaban a mi alrededor como la noche anterior e intentaban atacarme, pero esta vez fue diferente. Recordando que era una diosa y que tenía el poder para enfrentarme a ellos, encendí mi cosmos y como lo esperé los cuervos caían inertes a mis pies. Luego miré a ambos guerreros desafiante, y les dije:

-Ahora váyanse y dejen de molestar. Si el patriarca los envió para raptarme díganle que aquí lo espero si es que quiere hablarme, que no correré a esconderme. Lo esperaré y entonces ahí, hablaremos.

-¡Deja de decir tonterías! Tú no harás nada, ¡Para ser linda eres muy tonta y será justamente esa falta de raciocinio la que te matará! ¡Te mataré con mis garras de cuervo!

-¡Espera Jamian!

Pero fue en vano, a pesar que Shaina gritó que se detuviera, Jamian se lanzó a atacarme y mi cosmoenergía lo mandó muy lejos, dejándolo inconsciente. Luego de haber terminado con él, miré a Shaina y le dije:

-Deja a Seiya en paz, vete de aquí y prometo que no te lastimaré.

-¡No me digas lo que tengo que hacer! ¡Dije que iría a matarte y eso es lo que en este momento voy a hacer! ¡A mi Cobra!

-¡Espera Shaina!

-¡Shaina ni se te ocurra tocarla!

-¡¿Eh?!


Llegamos justo a tiempo. Shaina estaba a punto de atacar a Saori y no había nadie quien pudiera protegerla. Ella nos miró furiosa e intentó atacarnos, pero nosotros fuimos un poco rápidos y pudimos esquivarla.

-¡Quienes son ustedes!

-Eso no importa Shaina, te ordenamos que dejes a Saori en paz y te alejes lo más rápido posible de aquí.

-¡Ja, ja, ja, ja! No me hagan reír. A mí nadie me da órdenes y menos unos simples caballeros como ustedes. ¡La mataré a ella y luego los destruiré a ustedes!

-¡Si no entiendes por las buenas entonces lo harás por las malas! ¡Rayo de Aurora!

-¡No podrás conmigo! ¡A mi Cobra!

-¡Procura tener más puntería la próxima vez Shaina! – dijo Hyoga esquivando el ataque.

-¡Grrrrr!

Mientras Hyoga distraía a Shaina, yo me acerqué a Saori. Aunque ya lucía mejor, no por eso dejaba de preocuparme. La miré por un instante, luego vacilé y miré Seiya, que estaba inconsciente sobre unas rocas. Se le veía muy malherido y se notaba que había arriesgado mucho por tratar de protegerla. Al ver que yo no decía nada, Saori me preguntó:

-¿Estás molesto?

-Porqué habría de estarlo. Ha cumplido muy bien su misión de caballero – contesté tristemente.

-No quiero que pienses mal sobre esto Shun, yo no...

-Cuide de él señorita Kido, Hyoga y yo nos ocuparemos de Shaina.

-Pero Shun...

No quise escucharla, me sentía celoso. El hecho de imaginármela en los brazos de Seiya hacía que mi sangre hirviera. Me alejé un poco irritado de su lado y fui a ayudar a Hyoga, quien estaba teniendo problemas con Shaina.

-¡Maldita seas Shaina! ¡Pero te juro que te derrotaré!

-¡Eso lo veremos! ¡El poder de la Cobra!

-¡Polvo de...! ¡Oh no! ¡Ahhhh!

-¡Hyoga! ¡Ataca cadena!

-¡¿Eh?! ¡Ahhhh!

-¡Bien hecho Shun! ¡Ahora prepárate para morir Shaina! ¡Polvo de diamantes!

-¡Ahhhh! – Shaina gritó mientras caía al precipicio.

-Hasta nunca Shaina.

-Fue difícil de eliminar, ¿No lo crees?

-Sí que lo fue, ahora llevémonos a Seiya.

-¡Acaso de olvidan de mí! ¡El gran Jamian los matará!

-Maldita sea, ¿Es que no nos podemos ir ahora?

-Shun, protege a Saori, yo me encargaré de él.

-De acuerdo.

Y así Hyoga se fue a pelear con Jamian, mientras yo me quedaba resguardando a Saori. Me puse delante de ella y evité, gracias a mi cadena, que ningún golpe fuera a lastimarla a ella o a Seiya. No dije nada durante casi todo el combate, no tenía ganas de hablar con ella, me sentía muy celoso e irritado. Fue entonces cuando sentí su delicada mano en mi hombro, mientras me decía:

-Aunque Seiya ha arriesgado casi su vida por mí, tú sigues siendo y serás por siempre el hombre de mi vida. Te amo demasiado Shun.

-Esto no es justo Saori, yo no quiero compartirte con nadie.

-No me estás compartiendo. Trato de parecer lo más cariñosa posible delante de Seiya, pero eso no significa que de verdad lo ame. Yo te amo a ti, solo a ti.

-Después hablamos de eso Saori, ahora no.

Y diciendo eso dejé de hablarle nuevamente. Me gustaron mucho sus palabras, pero aún sentía cólera e impotencia por Seiya. Volví a dirigir mi mirada hacia Hyoga y pude ver que él ya se había deshecho de Jamian. Entonces entre los dos levantamos a Seiya y empezamos el camino de regreso, pero nuevamente surgió otro problema.

-Vámonos Hyoga, Seiya está muy malherido. Su brazo derecho está roto, tiene un corte muy profundo en su cabeza y podría jurar que tiene un par de costillas rotas. Tenemos que llevarlo con un médico de inmediato.

-Sí, vámonos. Por favor síguenos Saori.

-Claro.

-¡Esperen!

-¿Ehhh?

-¡No permitiremos que escapen! ¡Nosotros los caballeros de plata los aniquilaremos! ¡Prepárense!

-No puede ser. Justo ahora que creímos que habíamos vencido y ahora nos vienen con esto.

-¡Maldición! Creo que nunca podremos salir de aquí.

-Tomémoslo con calma, sé que podremos vencerlos. Si lo hacemos juntos y en armonía, esto será muy sencillo.

-Bueno, no tenemos otra opción. Tendremos que pelear con ellos. ¡Vamos Shun!

-¡De acuerdo!

Y diciendo eso nos encaminamos a pelear con nuestros adversarios, dos caballeros de plata. Aunque nos superaban experiencia y quizá en poder, dimos lo mejor de nosotros en ese combate. Necesitábamos llevar a Seiya rápido a un hospital y no podíamos perder el tiempo con esos caballeros.

Pero el combate fue más difícil de lo que nos habíamos imaginado. Ni atacando los dos juntos podíamos herirlos de gravedad. ¡Eran dos y nosotros estábamos sufriendo con uno! Todo estaba saliendo mal, muy mal.

-¡Ahhhh! ¡Por todos los dioses Hyoga esto es desastroso! – dije mientras caía.

-Tienes razón Shun, me siento sin energías, y eso que no nos están atacando con fuerza – dijo mientras se incorporaba.

-Y bien, niños, qué es lo que van a hacer, yo ya me estoy aburriendo – dijo protestando arrogantemente

-Tienes razón, ¡Ríndanse de una vez y déjense matar! – dijo el otro caballero del mismo modo.

-¡Eso jamás! ¡Tenemos una misión que cumplir y no pensamos fallar!

-¡Ya estoy harto, los eliminaré ahora mismo!

-¡Polvo de diamantes!

-¡Cadena de Andrómeda!

-¡A ver si pueden con esto!

El caballero lanzó una extraña cadena con una gigantesca bola de acero al final.

-¡Qué! ¡Ahhhh!

-¡No puede ser!

-¡Ahhhhhh!

Cuando reaccionamos al ataque del caballero fue demasiado tarde. Nos había lanzado una cadena muy extraña haciéndonos caer a un abismo muy grande, que parecía que no tenía fin. Caíamos y caíamos hasta que sentí un fuerte golpe y después no recuerdo más...


Sentí una fuerte energía, como de varias cosmoenergías, pidiendo ayuda.

Traté de ignorar esa sensación y de continuar mi camino, pero fue inútil. Sentía mucha presión y debilidad, esa energía me pedía auxilio, quería ser ayudada, y cada vez esa sensación era más intensa. Me concentré y pude dar finalmente con el emisor de esa extraña energía: Era mi hermano.

Al sentir su cosmoenergía debilitándose cada vez más, no lo pensé dos veces y emprendí el camino de regreso. Me reprendí a mí mismo el hecho de haber intentado ignorar esa sensación, pues podría tratarse de una emergencia y yo aquí, alejándome. Corrí lo más rápido que pude y llegué a una empinada montaña, que era rodeada por maleza y oscuros abismos.

Volví a concentrarme y pude percibir muchas cosas, entre las cuales que no era solo la cosmoenergía de Shun la que estaba siendo debilitada y que pedía ayuda, sino también la cosmoenergía de Hyoga, y también pude percibir el cosmos de Saori, y apenas podía sentir la cosmoenergía de Seiya. Tras sentir esas cosas emprendí una rápida carrera hacia la cima de la montaña, deseando con todas mis fuerzas evitar una desgracia.

Cuando llegué el cuadro no podía ser más lastimero. Saori estaba siendo arrinconada por dos caballeros de plata. Seiya estaba tendido a un lado, inconsciente y no había nadie más. Esto último me sorprendió, pues yo esperaba ver a mi hermano y a Hyoga protegiéndola, pero no había ningún rastro de ellos. No queriendo perder más el tiempo, caminé resueltamente hacia ellos, y los reté.

-Bien señorita, sus guardianes fueron eliminados. Ríndase de una buena vez y acompáñenos donde el patriarca.

-De ninguna manera. Si él quiere verme, que venga, yo estoy dispuesta a escucharlo. Pero de ninguna manera los acompañaré.

-¡No nos haga perder la paciencia! ¡Usted va a ir con nosotros quiera o no! ¡Rápido, carguémosla!

-¡Oh no!

-Si yo fuera ustedes no me atrevería.

-¡¿Eh?!

-Será mejor que dejen a la señorita en paz y se vayan, o lo van a lamentar.

-¡Ja! No me hagas reír. ¡Quien te crees que eres para darme órdenes!

-¡Soy un caballero del zodiaco y no permitiré que realicen su asquerosos propósitos, me entendieron!

-¡No nos atemorizas con tus palabras! ¡Si eres un caballero has de morir igual que tus compañeros!

-¡A diferencia de ellos yo no moriré! ¡Los mataré y esparciré por el aire sus asquerosos huesos malditos mal nacidos!

-¡Suficiente! Has logrado colmar mi paciencia, ¡Te arrepentirás!

-¡Basta de hablar! ¡Si de verdad son tan poderosos porqué no vienen aquí y me lo demuestran par de cobardes!

-¡Pues eso haremos aprendiz de caballero!

Eso último hizo que mi sangre hirviera. No por que fuera verdad, sino por que lo consideraba como una falta de respeto y no estaba dispuesto a perdonarlos. Uno se me acercó e intentó atacarme pero, como yo lo suponía, no eran gran cosa y le di un gran golpe, dejándolo inconsciente. El otro ofrecía un poco más de pelea. No diré que fue difícil vencerlo, sino que ese combate fue mucho más interesante. Llegamos a un punto en el cual medíamos nuestras fuerzas casi de igual a igual, así que utilicé un inteligente recurso para hacerlo caer: Una línea de fuego.

Con mi poder tracé una línea divisoria en la tierra, dividiendo el campo de batalla en dos. Él me miró interrogante a lo cual respondí:

-Esto que ves aquí es una línea. Una línea hecha con mi fuego, el fuego de la muerte. Si intentas siquiera cruzar esta línea, perderás la vida. No lo tomes a la ligera, puede ser muy peligroso. Así que tú decides: O te vas por las buenas y sigues con vida, o cruza esa línea y déjate matar.

-¡Me crees ingenuo! ¡Por supuesto que te mataré! ¡No me intimidas con esa ridícula línea! ¡Yo puedo pasarla si quiero y tú no me vas a detener! ¡Te mataré caballero, ya lo verás!

-Yo que tú lo pensaría dos veces, ¡Nadie puede con el fuego del ave Fénix!

-¡Quéeee! ¡Tú eres el ave Fénix! ¡No puede ser, tú estabas muerto!

-Pues déjame decirte que no es así, ¡Soy Ikki el ave Fénix y este lugar será tu tumba!

-¡No me impresionas! ¡A pesar de todo te destruiré! ¡En guardia! – dijo con voz algo dubitativa.

Y dicho eso nos pusimos a pelear, dándonos nuestros mejores golpes. He de reconocer que este tenía mucha más experiencia que el otro como caballero, pues sus golpes, si bien no me hirieron de gravedad, me hicieron muchas veces perder el equilibrio y ponerme en aprietos más de una vez. Y estábamos así, peleando cuando él sacó un extraño disco, me lo mostró y comenzó a reírse, mientras me decía:

-Con este disco te eliminaré. ¡Prepárate para tu fin ave Fénix!

-No me hagas reír, ese ridículo juguete sería incapaz de hacerme daño.

-¿De verdad lo crees así? ¡Te creía más inteligente! Éste no es un disco ordinario. Posee la habilidad de rastrear a su enemigo y una vez que lo encuentra, lo despedaza. ¡Y hay más, una vez que lo atrapa, no deja de girar hasta haberlo dejando sin vida! ¡Así que prepárate a morir ave Fénix! ¡Sin cruzar tu tonta línea te aniquilaré! ¡Muere ave Fénix!

-Pero que... ¡Oh no!

-¡Hermano!

-¿Ehhh?


Sentía que alguien me sacudía, llamándome por mi nombre.

Abrí los ojos y me di cuenta de que las cosas estaban al revés, lo que me extrañó. Miré a mi alrededor y solo veía un negro hoyo y más nada, lo que daba un aspecto tétrico al lugar. Luego volví a escuchar la voz de aquella persona que me había estado sacudiendo, gritándome que me despertara. Cuando lo miré, vi que era Hyoga, quien se encontraba en la misma posición que yo, de cabeza. No pudiendo controlar mi curiosidad y también mi miedo, le dije:

-¡Hyoga, ¿Dónde estamos?!

-Al fin te despiertas. Pues no sé, creo que nos caímos después del ataque de ese caballero.

-Caballero... ¡Ah sí! Y ¿Cómo es que estamos con vida?

-Creo que esta rama nos salvó la vida – dijo señalando hacia arriba – le debemos una ¿No crees?

Miré en la dirección que me señalaba y pude ver una no muy gruesa pero bien larga rama de maleza, colgada en uno de los grandes barrancos que ahí había. Suspiré e intenté incorporarme, mientras le decía a Hyoga:

-Tienes razón. Le debemos una, si no hubiera estado ahí no la contábamos.

-Sí. Estuvimos cerca.

-¿Sabes? Debemos escalar. Saori está sola y no me gustaría que le pase algo.

-¡Es cierto! Vamos Hyoga, ¡Rápido sube!

-De... de acuerdo Shun, pero será mejor que tú subas primero – me dijo algo extrañado – Pesas menos que yo y la rama no se romperá.

-Como quieras.

Y así lo hice. Subí de a pocos por la cadena hasta llegar a la delgada rama. La cogí e intenté subirme a ella, pero sentí un brusco tirón por parte de Hyoga y me detuve. Mientras me detenía, no me percaté de que la rama estaba crujiendo y para cuando me di cuenta la rama ya estaba rota. Con gran pánico vi como nos caíamos lentamente al suelo. Pero, por suerte, pude reaccionar a tiempo.

-Listo Hyoga, sube tú también - dije cogiéndome de la rama.

-De acuerdo. Sujétate porque voy a subir.

-Todo en orden. Oye, este lugar no parece ser tan quieto – comenté al escuchar un sonido.

-¿Tú crees? Yo no escucho nada. ¿No será tu imaginación?

-No lo creo, a menos que sea... ¡Hyoga, la rama se ha roto!

-¡Quéeee! ¡No puede ser! ¡Shun, nos caemos!

-¡Noooooo!

-Descuida Hyoga, ya estamos salvados – dije sujetando mi cadena a uno de los peñascos justo a tiempo.

-¡Shun! Me asustaste – me dijo sintiendo el jalón de la cadena – Por los menos hubieras hablado un poco más fuerte.

-Lo siento Hyoga, no fue mi intención.

-Descuida, espero que ahora si podamos salir de aquí sin problemas.

-Estoy totalmente de acuerdo contigo.

Después de terminar de escalar la montaña, empezamos a subir un pequeño risco, desde el cual ya se podían escuchar voces a lo lejos. Nos concentramos y pudimos sentir la cosmoenergía de Saori y, sorprendentemente, la cosmoenergía de mi hermano. Al sentir eso empecé a subir con más rapidez, seguido por Hyoga.

Cuando terminamos de subir la escena que vimos no era del todo alentadora. Ikki estaba siendo atacado por uno de los caballeros de plata mientras el otro yacía inerte en el suelo. Saori estaba aterrorizada sin saber que hacer y a su lado seguía Seiya, inconsciente. Al ver el peligro que corría mi hermano, lancé con toda mi furia mi cadena, mientras gritaba para que Ikki me escuchara. Mi acción dio resultado, pues los dos se detuvieron e Ikki tuvo tiempo de reponerse.

-¡Hermano!

-¿Ehhh?

-¡Todavía siguen vivos! ¡No puede ser! ¡Ustedes tenían que haber muerto! ¡Maldita sea!

-¡Pues te equivocas, maldito! ¡Regresamos para matarte y eso es lo que vamos a hacer!

-Hermano, ¿Te sientes bien?

-No te preocupes por mí Shun, no tenías que hacer eso. Yo podía solo.

-No me lo recrimines, yo siempre me preocuparé por ti. Eres mi hermano, y no permitiré que mueras otra vez.

-Shun... Descuida, todo está bien, solo procura no volverlo a hacer ¿Si?

-Como quieras, pero no me pidas que actúe de espectador cuando te van a matar.

-¡Ja, ja, ja! Anda, Hyoga te necesita para eliminar al otro caballero.

-¿Y éste Ikki?

-Descuida Hyoga, de esta basura me ocupo yo. Ustedes ocúpense de ese que está tirado allá. No pierdan el tiempo. Tenemos que auxiliar a Seiya.

-De acuerdo.

Y después de organizarnos luchamos hasta el final. Hyoga, por haber luchado con Jamian, estaba muy débil y se cansó rápidamente, así que me tocó luchar con él prácticamente solo. Felizmente él no ofreció mucha pelea por estar un poco agotado y pude derrotarlo con regular facilidad. Ikki derrotó a su contrincante fácilmente y se marchó, diciéndonos que cuidáramos bien de Seiya y que regresaría pronto. No me sorprendió su actitud, pero para Hyoga no significó lo mismo, pero de alguna manera ya estábamos acostumbrados al espíritu solitario de mi hermano y lo comprendimos, cada uno a su manera. Después de derrotar a los caballeros, cargamos a Seiya y emprendimos el camino de regreso.


2 semanas después

Me sentía muy triste, con mucho sentimiento de culpa y remordimientos.

Seiya aún estaba en el hospital y todos estaban a su lado, cuidándolo y de alguna manera haciéndole compañía. Yo aún no me animaba a ir, a pesar de las indirectas de Kiki de que fuera, pues Seiya preguntaba mucho por mí y quería que vaya. Shun también participó de todo eso, y me intentó decir de mil maneras que era preferible que fuera, para no levantar sospechas. Ya a regañadientes comuniqué a todos que iría ese día, ya entrada la tarde. Ya en la tarde, me alisté y fui al hospital, y en el camino me encontré con Hyoga y Kiki, quienes me dijeron que Shun estaba con Seiya y que me estaba esperando para regresarse. Cuando llegamos, suspiré y bajé del carro. Dirigiéndome a su habitación.

Cuando llegué pude escuchar la conversación que tenían Seiya y Shun. Me detuve unos instantes para escuchar lo que decían y lo que escuché me dejó helada.

-¿Te alcanzo otra almohada Seiya?

-No gracias Shun, me siento cómodo así. ¿Te encuentras bien? Luces un poco cansado.

-Descuida, yo estoy bien. A pesar de que ayer me quedé toda la noche a tu lado no me siento cansado. No te preocupes por mí, lo que importa ahora es que te recuperes.

-Tu siempre tan amable. Eres un gran amigo Shun. Y por eso, quiero que seas el primero en enterarte de mi dulce confesión.

-¿Dulce...Confesión?

-Sí. He estado pensando y creo que ya es hora de poner las cosas en serio. Llevamos ya casi 3 meses juntos y yo ya tengo muchas ganas de formalizar esto.

-¿A qué... te... refieres Seiya? – preguntó Shun algo nervioso.

-A que ya no quiero que Saori sea mi enamorada, no. Quiero que sea algo más... Quiero que sea... mi novia.

-Ehhh... pues... si ella está de acuerdo, me... me parece muy bien Seiya. Te deseo lo mejor amigo – Shun lo felicitó dubitativamente.

-¡Gracias Shun! – dijo abrazándolo – Sabía que podía confiar en ti. Eres uno de mis mejores amigos y por es que te tengo tanta estima. Gracias por escucharme y por entenderme. Siempre te estaré agradecido Shun, siempre.

-Gra... gracias Seiya, eres muy amable. Gracias por tenerme tanta confianza. Juro que... no te defraudaré – le dijo nervioso.

No pudiendo esconder sus sentimientos Shun empezó a palidecer, producto de la sorpresa.

-Shun... ¿Te sientes bien? Estás muy pálido. ¿Quieres que llame al médico?

-Yo... yo me siento bien – contestó con la voz temblorosa – No... te preocupes por mí... yo... yo ya me... me...

-Buenas tardes Seiya – dije anunciando mi entrada.

-¡Mi amor! ¡Viniste! Gracias por venir a verme. Estaba por pensar que te habías olvidado de mí. Me siento feliz... feliz de volver a verte mi princesa – exclamó Seiya con una gran sonrisa.

-Como pudiste creer que no vendría a verte. Me demoré, es cierto, pero ya estoy aquí, y... no me... separaré de ti – contestó ella algo turbada.

-¡Gracias mi amor! ¡Ahora sí creo que mi recuperación marchará de maravilla!

-...

Mientras Seiya rebozaba de alegría Shun estaba recostado en uno de los sofás, mirando hacia la ventana. Al verlo sentí ganas de llorar. Me daba pena hacerle daño y al ver que no había otra opción para poder mantener en equilibrio las cosas me maldije a mi misma y cerré lo ojos en señal de remordimiento. En eso Shun me miró, miró a Seiya y, con la actitud más natural que pudo dijo:

-Bueno, ya que estás aquí, yo ya puedo irme. Te dejo en muy buenas manos Seiya, nos vemos más tarde, que descanses.

-Gracias Shun, eres muy amable. Anda con cuidado y por favor cuídate mucho ¿Si?

-Te prometo que lo haré.

-Ehhh... Shun, ¿Puedes esperarme afuera? Quiero que me hagas un favor, es algo muy importante.

-Como quieras.

Una vez afuera Shun me miró furiosamente e intentó marcharse, pero se lo impedí sujetándole. Tuvimos que hablar en voz baja, ya que Seiya podría escucharnos, así que le hablé sin demora, diciéndole:

-Mi amor... por favor perdóname, tienes que comprender que...

-¿Comprender? ¡Comprender! ¡Comprender qué! ¡¿Qué yo soy tu títere y él tu príncipe azul?! ¡No me hagas reír! ¡¿Sabes qué?! Yo ya me estoy cansando de esta situación. Si no pones una solución coherente a este problema da por terminado nuestro compromiso ¿Me entendiste? ¡Ahora suéltame y déjame ir!

-Shun...

-¡No me digas nada más! ¡Que no lo puedes entender! ¡Estoy harto! ¡Si tanto lo quieres quédate con él y déjame en paz! – dijo marchándose.

-Shun espera... ¡Espera Shun!

Al ver que se iba sentí que con él se iba no solo mi vida, sino todos mis sueños y planes de amor. No pude contener las lágrimas y me senté en una de las bancas ubicadas en los pasillos y rompí a llorar, completamente desesperada.

Luego de un largo rato de haber estado llorando sentí una mano sobre mi hombro. Retiré las manos de mi cara y me puse mis anteojos oscuros. Cuando levanté la cabeza pude ver de quién se trataba: Era Mino.

-Buenas tardes Señorita Kido. ¿No va a pasar a ver a Seiya?

-Ehhh... Sí, dentro de un momento. Disculpa Mino ¿Puedes hacerme un favor?

-Claro, con gusto Señorita. ¿Qué quiere que haga?

-¿Podrías entrar a la habitación de Seiya y decirle que me voy a demorar un poco en entrar? Quiero ir a la cafetería a tomar algo. ¿Podrías explicárselo a Seiya, por favor?

-Sí... claro Señorita Kido. En realidad... yo... venía a ver a Seiya, quería saber como estaba. Descuide, vaya y tómese su tiempo, yo estaré con él.

-Gracias, sabía que podía contar contigo Mino. Ya regreso.

-Claro, la veo luego señorita Kido.

Luego de eso fui corriendo a buscar un teléfono público. Tenía que hablar con Shun, no podía dejar las cosas así. Una vez que encontré uno marqué el celular de Shun y deseé con todas mis fuerzas que me contestara. Pero, cuanto se abrió la comunicación, me di una sorpresa muy helada.

-¡Al fin lo encontré! Bien. Donde puse el número... aquí está...999451836... Por favor Shun... contesta...

[Comunicación en el teléfono]

-¿Aló buenas tardes?

-Hola... Shun, ¿Podemos hablar?

-Ehhh ¿Quién es usted? Shun no puede atenderla, está descansando. ¿Desea dejarle algún mensaje en especial?

-Ehhh... no, yo vuelvo a llamar, gracias.

-De acuerdo, buenas tardes.

-Buenas tardes.

Colgué y me sentí muy frustrada. No sabía por qué él estaba haciendo todo esto. Quien me había contestado fue Hyoga y por poco perdí los papeles. Traté de sonar tranquila y de no denotar desesperación pero a pesar de eso mi interior estaba destrozado. No me sentía tranquila, tenía que resolver eso de una vez, pero por el otro lado tenía que ver a Seiya, ya que había pasado demasiado tiempo desde que lo dejé con Mino y no quería que sospechara de algo. Así que me estiré con pereza y me dirigí hacia su habitación.


Jamás lo había visto así. Estaba completamente fuera de sí, furioso, tenso y deprimido.

Cuando llegó dio un portazo y trató de dirigirse directamente a su cuarto. Kiki y yo, que estábamos en la sala, alertados por la bulla salimos a ver que pasaba. El cuadro era muy extraño. Jamás había visto furia en sus ojos, ni lo había visto en ese estado de total descontrol. Al ver que Kiki estaba muy asustado y mortificado con la escena, me acerqué e intenté calmarlo, pero estaba hecho una fiera, no lo podía creer.

-Me alegra tanto que la recuperación de Seiya vaya por buen camino.

-Sí, felizmente los golpes y las heridas que tuvo no han sido de gravedad y muy pronto saldrá del hospital, no podemos quejarnos, ¿No crees?

-Si pues, creo que esta vez la suerte está de nuestro lado.

En eso se oyó un fuerte portazo.

-¿Eh? ¿Quién pudo dar un portazo así? ¿Será un extraño?

-¡Ay Hyoga, qué hacemos! Yo no quiero ni ver de quién se trata.

-Creo que será mejor fijarnos, ven Kiki y no te separes de mí – le dije mientras abría la puerta de la sala.

-¡Quién anda ahí! – dije entrando – ¿Eh? ¡¿Shun?!

-¡Ahhhh! Míralo Hyoga, parece furioso – dijo Kiki asustado.

-Shun, qué te pasa, porqué estás tan... – dije acercándome.

-¡Tan qué! ¡Déjame en paz! ¡No te me acerques! Déjame solo... ¡Déjame solo!

-Pero Shun, porqué hablas así, qué te ha sucedido, cuéntame amigo – dije intentando abrazarlo.

-¡Te dije que me dejaras! ¡No quiero ver a nadie! ¿Me oyes? ¡A nadie, y eso te incluye a ti! – gritó furioso intentando golpearme y haciéndome esquivar el golpe.

Cuando escuché sus palabras realmente me ofendí. No pude controlar mi indignación y le lancé un fuerte puñete que lo derribó al suelo. No dijo nada más. El único que habló fui yo, diciendo con cólera:

-¡Perfecto, te dejaré solo! Si eso es lo que quieres, ¡Márchate! Pero después no vengas a molestar porque te juro que no tendré tiempo para ti. ¡Jamás pensé que nuestra amistad se iría al demonio por culpa de un maldito malentendido! Pero si así lo quieres, ¡Vete ya y no me vuelvas a dirigir la palabra! ¡Esto es lo que consigo por ser tan generoso contigo! Pero descuida, ¡Esta será la última vez! Vámonos Kiki, él ya no es más mi amigo.

-¡Espera! – dijo llorando.

-¿Eh?

Cuando volteé a mirarlo no pude contener mi conmoción. Estaba encogido en el suelo como un niño perdido y sollozaba con mucha fuerza. Apenas podía hablar y temblaba como si tuviera mucho frío. En ese momento dejé mi imagen fría y me acerqué a él, dándole un cálido abrazo. Al sentir mis brazos me abrazó y pude sentir cuán fuerte era su pena. Le dejé llorar y solo pude sonreír sin gracia, ya que esos arranques suyos eran completamente nuevos para mí. Miré a Kiki y le hice señas de que todo había pasado y le pedí que me pasara un calmante para los nervios, mientras lo cargaba en mis brazos y lo llevaba hacia su habitación. Mientras subíamos pude escuchar su voz, débil y casi inaudible, que me decía, muy suavemente:

-Perdóname.

-Descuida Shun, sabes de sobra que sería incapaz de abandonarte. Así me odies yo siempre estaré a tu lado para ayudarte en lo que quieras. Solo te pediré algo, controla tus emociones cuando te enfurezcas, las cosas que dices duelen mucho.

-Lo sé, por eso te pido perdón. Discúlpame amigo, jamás te volveré a hablar así. Lo juro.

-Ya descuida, luego hablaremos. Ahora quiero que te tomes un calmante y descanses ¿De acuerdo? Ya habrá tiempo para hablar.

-Haré lo que tú me pidas. Me agrada obedecerte.

-No me digas eso, sino me voy a convertir en un mandón - le dije riendo.

-Ja, ja, ja.


Lo miraba mientras dormía y me preguntaba que era lo que le podría estar pasando.

Esa expresión de furia y descontrol no eran propios de él. Algo tuvo que haber acontecido para que se pusiera así. Después de haberse tomado el calmante estuvo un rato más llorando y luego se quedó dormido. Kiki y yo nos quedamos acompañándolo con una expresión de confusión e interrogación en el rostro. En eso Kiki rompió el silencio para hablar.

-Hyoga,... ¿Se va a poner bien?

-Claro, solo fue una crisis nerviosa, descuida. El calmante que le dimos le va a hacer mucho bien.

-Qué pudo haberle pasado. Estos últimos días ha estado actuando muy raro.

-¿Tú crees?

-Pues sí, ya no es el dulce y amigable Shun que conocía.

-Pues... no sé qué decirte.

-Espero que no ande en malos pasos... tú sabes.

-¿A qué te refieres?

-A que se esté dedicando a cosas...a las cuales no se debería dedicar.

-¿Insinúas que Shun está...?

-No quiero ser malpensado Hyoga, pero hace tiempo que siempre está solo, no quiere hablar con nadie, se la pasa horas en su cuarto encerrado, casi ni come, se pone agresivo de nada, etc. Creo que hay motivos de sobra para sospechar de eso.

-No lo había visto de ese punto de vista. Puede que tengas razón pero... se me hace extraño. Shun nunca sería capaz de hacer algo así, es demasiado inocente como para caer en esas cosas y además, si tuviera algún problema créeme que yo sería el primero en enterarme. Él jamás me ha ocultado algo.

-Lo sé Hyoga pero a veces hay cosas que no se les cuenta ni a las paredes. Me refiero a que quizá Shun... no tenga el valor de decírtelo, y prefiere esconderlo. Después de todo su cambio es muy notorio.

-¡Kiki no hables así! Me estás asustando – dije visiblemente preocupado – Sea lo que sea yo estoy seguro de que él me lo dirá. Nuestra amistad es muy sólida y estoy seguro de que entre nosotros no hay secretos. Y ya dejemos de hablar de esto, un niño como tú no debería de estar escuchando esta clase de cosas – sentencié mientras escuchaba el sonido de un celular.

-¿Eh? ¿Es tuyo Kiki?

-No, mi maestro me prohíbe usar celulares, cree que los puedo destrozar. Creo que es el de Shun.

-Vamos a ver – dije contestando la llamada entrante – ¿Aló buenas tardes?

[Se da la comunicación telefónica anterior]

-De acuerdo, buenas tardes – dije cortando la llamada.

-Y, ¿Quién era?

-Una mujer.

-¿Una mujer? Qué raro.

-Sí, Generalmente Shun no recibe llamadas de mujeres.

-Tú crees que...

-¡No empieces Kiki! Mejor vamos a la sala para que termines tu porción de helado que de seguro ya debe estar hecho agua. Vamos, dejemos que descanse.

-Bueno, que conste que yo nomás decía.

-¡Kiki!


-Disculpa si me tardé – dije mientras entraba.

-Descuida, lo que importa es que ya estás aquí.

-Gracias.

-Bueno Seiya, ya que la señorita Kido regresó, yo mejor me voy. Nos vemos luego Seiya, que te mejores – Mino se despidió presurosa.

-Gracias Mino, nos vemos.

-Muy agradecida Mino cuídate mucho.

-Hasta pronto – dijo saliendo de la habitación.

-Bueno, ya que estamos solos, podemos hablar de cosas más íntimas – dijo mientras me acariciaba.

-Pues... creo que sí. ¿Sobre qué quieres hablar? – pregunté turbada.

-Pues... hay algo que he querido decirte desde hace algunos días, y que ahora creo que puedo hacerlo. Es sobre nosotros – me dijo nerviosamente.

-¿Ah si?

-Sí. Saori mi amor, quiero pedirte algo muy especial.

-Dime.

-Quiero que ya no seamos enamorados.

-¡¿Qué?! Pero... ¿Pero cómo? – pregunté fingiendo sorpresa.

-Así es mi vida. Ya no quiero que seamos enamorados, quiero que seamos novios.

-Pero Seiya, yo... – dije intentando sonar nerviosa.

-Sé que te hace muy feliz la idea mi amor, y no es para menos. Quiero que seamos novios y luego, después de un tiempo te pediré que te cases conmigo.

-Pues... yo...

-Descuida. Sé que puede parecer muy rápido pero me muero de ganas de estar a tu lado, unidos, para siempre.

-¡Oh Seiya! ¡Me haces muy feliz! Espero que ese día llegue y podamos ser tan felices como tú dices – dije fingiendo llorar.

-No llores mi princesa – dijo abrazándome – ya verás que todo va a ser como lo soñaste. Estaremos juntos por siempre y nada ni nadie podrá separarnos.

-Como tú digas precioso – dije correspondiendo el abrazo. Ni creas que será fácil. Veremos cuánto más puedes aguantar – me dije a mí misma.

-Bueno, ¿Te quedarás? – dijo liberándome.

-Pues no sé, aún tengo que realizar algunos trámites en la mansión y revisar los informes del laboratorio. ¿Te molesta que te deje solo?

-Pues para serte sincero sí, pero si eso es tan urgente, no te detengo más – dijo tristemente.

-Gracias por ser tan comprensivo Seiya – le dije acariciándolo – pero eso te quiero tanto.

-No te preocupes, anda nomás. ¿Pero mañana vendrás de nuevo, no?

-Dalo por hecho. Hasta mañana mi niño.

En ese momento me incliné hacia él para darle un beso en la mejilla, pero él tomó mi rostro con sus manos y lo empujó suavemente contra sí, obligándome a darle un beso en los labios, que fue bastante prolongado por él. No diré que lo disfruté, pero tampoco diré que me produjo repulsión, pero no era lo que yo estaba esperando, tenía un gran problema que resolver en la mansión y tenía nombre propio: Shun.

Me separé de él y con una sonrisa me despedí, diciéndole que se cuidara y que tuviera dulces sueños. Una vez afuera, corrí tan rápido como pude y le dije a Tatsumi que "volara" hacia la mansión, pues no quería perder un solo segundo con Shun. En el camino iba pensando en como poder resolver esta situación sin lastimarlo más, pues esto era algo insostenible para él y muchas veces no podía controlar sus emociones. Me sentía culpable por esto ya que todo esto lo inicié yo y no sabía hasta qué punto lo iba a sostener, y es que yo no quería perder a Shun, eso jamás, pero tenía que encontrar una solución, y de una buena vez.

Cuando llegamos lo primero que hice fue ir mi habitación, ducharme, cambiarme y luego me dirigí al comedor, pues todos ya estaban cenando. Al verlos a todos ahí pude percatarme que Shun no había bajado a cenar, cosa que me desconcertó un poco. No pudiendo contener mi curiosidad pregunté, mientras me sentaba:

-¿Y Shun por qué no ha bajado a cenar?

-Está indispuesto.

-Mejor dicho está durmiendo, no creo que se despierte hasta mañana.

-¿Qué ocurrió?

-Pues... se sintió un poco mal y le di un calmante.

-Ya veo. Ojalá y se mejore.

-Saori, ¿Y cómo está Seiya?

-Ehhh... bien. Cada vez está mucho mejor, su recuperación evoluciona muy rápido.

-Me alegro, me imagino que le habrá alegrado mucho verte.

-Pues sí, estaba muy contento.

-¡Yeeee! Me alegra ver a las parejas unidas Señorita Kido, usted y Seiya forman una magnífica pareja.

-...

En ese momento no pude evitar el turbarme. No era ese la clase de comentario que esperaba escuchar, y menos proviniendo de un niño. Pude ver con cierto coraje como Hyoga hacía esfuerzos supremos para no atorarse por la risa y luego cambiando de expresión y reprendiendo a Kiki por ese comentario. Me sentía presionada, obligada a hacer algo que no quería, y eso me ponía de pésimo humor. Traté de terminar rápido mi cena y luego, con una disculpa, me retiré a mi habitación, no sin antes intentar entrar a la habitación de Shun. Una vez que pude lograrlo, entré y pude verlo en su cama, durmiendo. Intenté despertarlo, pero fue en vano. Viendo que no podía hacer nada le di un beso en la boca y me retiré con el ánimo por los suelos.

Una vez en mi habitación me puse a pensar en como iba a resolver esta situación. Seiya, por un lado, me tenía hasta la coronilla con sus ganas de formalizar nuestro compromiso, y por el otro lado Shun, que estaba más que indignado con todo esto. Y no era para menos, pues los comentarios de Seiya respecto a nuestra relación eran cada mes más íntimos y serios y ponían a Shun cada vez más irritado. Me dolía tanto verlo así y me mortificaba más el hecho de ser yo la causante de tanto dolor. Mis ojos se llenaron de lágrimas y lloré silenciosamente con todas mis fuerzas, hasta quedarme dormida, soñando tal vez, con resolver ese gran globo de mentiras en el cual estaba envuelta.


Todos se levantaron temprano excepto Shun, quien por el calmante durmió un poco más. Me preocupaba mucho su estado y mucho más después de la crisis nerviosa que tuvo. Tenía que encontrar una manera de hablarle sin mortificarlo y ayudarlo incondicionalmente, pues se trataba de mi mejor amigo y no iba a defraudarlo. Después de haber terminado de arreglar mi habitación me dirigí al comedor para desayunar, encontrando a todos comiendo. Me disculpé por el retraso y me senté al lado de Kiki y empecé a comer, tratando simultáneamente de romper el silencio que ahí reinaba.

-¿Han sabido algo de Shiryu?

-Desgraciadamente no. Me imagino que debe estar en las cinco antiguas montañas tratando de recuperarse.

-Espero que se restablezca lo antes posible. Ojalá que el anciano maestro pueda encontrar alguna cura para su mal.

-Sí pues. ¿Y usted que opina señorita Kido?

-...

-Señorita Kido, ¿Me está escuchando?

-...

-Saori, ¿Sucede algo?

-No... no me pasa nada – contestó ella algo nerviosa – Solo me distraje un poco, discúlpenme.

-Descuide señorita, eso es normal en situaciones como la suya – dijo en tono de burla – si es por Seiya, eso está muy bien. Así se pone de ida la gente enamorada, ¿Verdad Hyoga?

-Eehh... – Saori balbuceó algo avergonzada.

-¡Kiki no digas esas cosas!

-Pero yo...

-Déjalo Hyoga, ya no importa.

-Discúlpalo Saori, Kiki no lo hace con mala intención, solo es un poco entrometido. Espero que no te moleste.

-Descuida, es solo un niño. Lo entiendo. Ahora Kiki termina de comer ¿Si?

-De acuerdo, pero yo solo decía la verdad.

-¡Kiki!

-¡Ay ya me callo!

Luego de terminar de desayunar me dirigí al segundo piso, donde me encontré con Tatsumi, quien me dijo que Shun ya se había despertado. Inmediatamente fui a su habitación, y lo saludé animadamente. Me saludó de la misma manera y empezamos a conversar.

-Hola Shun, ¿Cómo te sientes? ¿Descansaste?

-Sí, muchas gracias por todo Hyoga.

-Descuida. Ahora, creo que podremos hablar sinceramente sobre lo que te pasa, ¿no?

-Pues... sí.

-Como sabrás tu comportamiento no ha sido del todo normal ¿No?

-Sé que me he estado comportando extraño, pero la verdad es que... no sé como explicarlo.

-Desde que llegamos del secuestro de Saori has estado muy esquivo y no has querido hablar de nada. Luces triste y preocupado y no intentes decir que no es nada.

-Sé que tienes razón. Últimamente he estado actuando muy extraño y pues creo que los he estado mortificando un poco con todo esto. Siento mucho haberme portado así y de verdad, créeme que lo siento.

-Pero aún no me has dicho porqué has estado actuando así.

-Pues... es un poco difícil de explicar.

-Shun, las cosas que se hacen correctamente no tienen porqué ser difíciles de explicar.

-Lo sé pero... no me irías a entender. Además, no es muy importante que digamos.

-¿Sabes? Yo ya tengo una conclusión a todo esto. Sé que no debería pensar mal pero tu actitud se presta para eso. Hablé con Kiki al respecto y creo que él tiene mucha razón: Pienso que andas en muy malos pasos y no lo quieres admitir.

-¡Qué cosa! ¡Hyoga como puedes pensar eso! – exclamó completamente sorprendido.

-¿Y qué quieres que piense? ¿Qué te encierras en tu cuarto a jugar al té con tus ositos de peluche?

-Bueno no es para tanto – dijo un poco avergonzado – Lo que pasa es que estos días han sido muy difíciles para mí. Últimamente me estado sintiendo muy extraño y no quería perturbar a nadie con mi mal ánimo. Me encerraba en mi cuarto para ordenar mis ideas y no quería comer porque simplemente no tenía mucha hambre. No hacía nada fuera de lo normal para causar tanta preocupación.

-Pero la causaste. Shun si no comes te vas a debilitar y ya recuerdas lo que dijo el médico que te atendió respecto a eso. Además si necesitabas ordenar tus ideas, por lo menos pudiste hablar conmigo, sabes que yo te hubiera ayudado, por más malo que haya sido tu ánimo te hubiera apoyado. ¿Es que acaso ya no me tienes confianza?

-¡No! No es eso, lo que pasa es que creí que podía salir de esto solo y luego me di cuenta de que no podía y pues... sin querer descargué toda mi tensión y mi ira contra ti, la última persona a la que quería hacer daño. De verdad siento mucho mi actitud y todas las cosas que te dije ayer. No sabes cuán mal me siento con todo esto.

-Bueno, al menos eso explica tu comportamiento de ayer. Me alegra mucho saber que quieres resolver tus problemas solo, pero déjame decirte que a pesar de todo, siempre se necesita de alguna opinión experimentada para proceder con cosas tan serias como esa. La próxima vez actúa con más cuidado ¿De acuerdo?

-Te lo prometo. Y además también prometo que volveré a ser el mismo de antes y nunca más trataré de hacerte daño ni preocuparte de ese modo. Eso te lo juro amigo.

-Descuida, eso es lo que más quiero, que seas el gran amigo que siempre tuve.

-Eso ni tienes que decirlo. Eres mi mejor amigo y prometo mantener mi amistad hacia ti por siempre.

-Yo también.

Y después de eso nos dimos un caluroso abrazo. Tenía muchas esperanzas en sus promesas y deseo de que toda esa pesadilla terminara pronto. Lo acompañé durante su desayuno y luego estuvimos casi todo el día jugándonos bromas y riéndonos como solíamos hacerlo siempre. Me sentía muy feliz, pues sentía que Shun estaba superando sus problemas rápidamente, por más serios y descabellados que sean.


Viéndolo reír y bromear alegremente me complacía mucho.

Al parecer esa mañana había despertado muy alegre y estaba con un ánimo muy radiante y positivo. Me moría de ganas de hablar con él y de explicarle cómo eran las cosas en realidad. Shun se había molestado muchísimo conmigo por la formalización de mi compromiso con Seiya y ahora no me quería ni ver, evitando encontrarse conmigo e incluso dejó de hablarme. Tenía que explicarle muchas cosas, cosas que decidirían nuestros futuros y que eran sumamente importantes para evitar posibles futuros malentendidos.

Por la tarde, después de almorzar, Seiya, que ya había salido del hospital, propuso ir al cine y a todos les encantó la idea. Kiki, Hyoga e Ikki, quien al final se apareció preocupado por Shun, se apuntaron casi de inmediato. Shun se disculpó, diciendo que tenía mucho sueño y quería dormir. Yo también rechacé la invitación, alegando que me dolía la cabeza y necesitaba descansar. Ninguno insistió más y se fueron, dejándome con una escena perfecta para hablar con Shun.

-¡Huau! Ese almuerzo estuvo delicioso – Kiki dijo estirándose en su asiento.

-Sí. Estoy más que lleno después de comerme todo lo que encontré a mi paso – Seiya comentó orgulloso.

-Claro, siempre comes como un cerdo. Eso no es novedad – Ikki dijo burlándose.

-Ikki, deja de molestarme.

-Pero si es la verdad. Cuando comes, no te importa si los demás comen o no. Tú solo tragas, y tragas. Por eso digo que eres un cerdo.

-¡Ikki!

-¡Ja, ja, ja, ja! Qué buena Ikki. Pero ya déjalo, se puede resentir.

-Tienes razón, dejaré al cerdo para hablar con el pato.

-¡Oye!

-¡Ja, ja, ja, ja!

-Oigan, se me está ocurriendo algo bueno, ¿Qué tal si vamos al cine? No es mala idea, ¿verdad?

-¡Sí! Y podremos ver más de dos películas. ¡Suena genial!

-¡Claro! Una de acción y otra de terror.

-¿Porqué no? Si hay bastantes palomitas y soda yo me apunto.

-Y después dicen que yo soy el cerdo.

-Haré como que no escuché eso.

-¡Ja, ja, ja, ja!

-Oye Shun, ¿No quieres ir al cine con nosotros? Será divertido.

-Discúlpenme, pero tengo mucho sueño. Quisiera irme a dormir.

-Shun, te va hacer muy bien salir a distraerte un poco.

-Sí hermano, anímate, me preocupa mucho verte así.

-De verdad amigos, prefiero quedarme. Estoy muy cansado. Pero prometo que para otra vez si voy.

-Como quieras Shun, pero recuerda que esto no te hace nada bien.

-Lo siento de veras Hyoga, pero de verdad me siento cansado.

-Bueno, te creo. Saori, ¿Gustas venir?

-Me duele muchísimo la cabeza Hyoga, discúlpenme.

-Entonces no se diga más. ¡Vámonos! – dijo Hyoga abriendo la puerta.

-Adiós Shun, Saori, nos vemos. Vamos Seiya – dijo Kiki siguiendo a hyoga.

-Nos vemos al rato mi amor, trataremos de no demorarnos. Nos vemos. Adiós Shun, y descansa – Seiya se despidió antes de salir.

-Hasta luego mi vida.

-Que se diviertan Seiya – dijo Shun cerrando la puerta.

-Creo que iré a buscar un calmante para mi dolor de cabeza. Me está matando – dije sentándome en uno de los sofás – Felizmente le di el día libre a Tatsumi, no tengo ganas de oír sus insoportables quejas.

-... – Shun sin decir nada comenzó a subir las escaleras.

-Shun, espera.

-...

-Necesitamos hablar.

-...

-No podemos dejar las cosas así.

-...

-Te lo ruego, déjame explicarte.

-...

-¡Por favor, no te quedes callado! Dime algo, ¡Por favor Shun!

-...

Viendo que no estaba dispuesto a hablarme y que incluso empezó a retirarse me levanté, con los ojos llenos de lágrimas y corrí a alcanzarlo. Me abracé a su espalda y rompí a llorar, completamente desesperada. El solo pensar que por una maldita promesa y un maldito compromiso con otro hombre iba a hacer que él me dejara de querer me estaba volviendo loca. Lo abracé con todas mis fuerzas, queriéndole demostrar con eso que no lo había dejado de amar y que daría lo que fuera con tal de que me perdonara. En eso, él me sostuvo de los hombros, me volteó contra sí y mirándome, me dijo:

-Qué quieres que te diga, si todo está muy claro.

Lo miré con una expresión de esperanza y dolor en los ojos. No quería perderlo, y no iba a permitirlo por nada del mundo. Así que lo tomé de las manos, y con toda la dulzura que podía expresar le dije que fuéramos a mi habitación a conversar un rato. El no asintió pero tampoco se negó, así que, de las manos, me lo llevé a mi habitación.

-Por favor mi amor, déjame explicarte, tengo muchas cosas que decirte y aclararte. Por favor, escúchame – le pedí llorando.

-Saori...

-Ven, vamos a mi habitación a conversar ¿De acuerdo? – le pedí tomándolo de las manos.

-Ehhh...

-No digas más, vamos.

Cuando llegamos nos sentamos en la cama y nos quedamos mirando un largo rato. Y no pudiendo aguantar más mi desesperación empecé a decirle todas esas cosas que había querido decirle desde que salí del hospital.

-Shun, yo sé que todo esto ha pasado muy rápido y no hemos tenido tiempo para detenernos a pensar un poco en lo que está sucediendo.

-Para mí está todo muy claro Saori, tú y Seiya se casarán y yo tendré que enfrentarme al peor error de mi vida: el haberme comprometido contigo.

-Por favor, no hables así. Sé que todo esto se presta para que entiendas eso pero créeme que no será así, de alguna manera u otra trataremos de continuar juntos y de mantener vivo este sentimiento que nos une. Entiéndeme Shun, te lo ruego.

-Saori, yo desde un principio te dije que esa idea tuya iba a terminar mal, y mira lo que sucede. Reconócelo de una buena vez, de este compromiso no vas a poder salir libre como las veces anteriores. Antes podías rechazar las invitaciones de Seiya a salir a pasear, a ir al cine o a tomar un café, pero esto es diferente. Serás su novia, ¿me entiendes? Tendrás que corresponderle quieras o no. Esta vez ya no será porque tú no quieras, sino porque también él lo decide. ¿Acaso crees que él es tan ingenuo para creer que no hay un poderoso motivo para que tú le rechaces casi todo? Tiene que haberlo pensado por un momento al menos. Admítelo de una buena vez, lo nuestro ya no puede continuar.

-¡No! ¡Me niego a creerlo! Tiene que haber una solución. No estoy dispuesta a permitir que todo lo que vivimos se vaya por un agujero de la noche a la mañana. Así sea lo último que haga no me rendiré, y verás como todo se solucionará.

-Pero Saori...

-Prométeme que, pase lo que pase, no me dejarás. Ahora no Shun, por favor. De sobra sabes que eres al único al que voy a amar y que amaré. Sé que todo esto puede parecer un error, pero no lo es, yo solo te quiero a ti, no importa el resto. Te lo ruego, por favor, no me abandones – le rogué con los ojos llenos de lágrimas.

-Saori, yo...

-Mi amor, por favor, te lo ruego.

-Pero yo... no creo que sea...

En ese momento le cogí del mentón y lo besé. Lo besé con mucha pasión, intentando expresarle con ello mis ardientes deseos de no perderle. Me sentía tan desesperada... No podía dejarlo ir, él era mi vida, yo sin él no era nada. Rogaba por que ese momento durara para siempre, él y yo juntos, por toda la eternidad.

Mientras lo besaba pude percibir que él también quería eso. La intensidad de sus besos me lo confirmaba plenamente, y eso me hacía sentir muy feliz y un poco calmada. No quería terminar con esto. Esto era lo que verdaderamente me importaba y no lo iba a dejar morir. Así tuviera que enfrentarme al mismo demonio yo lucharía por este dulce sentimiento que nos envolvía, ahora y siempre. En eso él dejó de besarme, me miró fijamente a los ojos y me dijo:

-Esto no está bien. Deja de besarme.

-Pero Shun...

-Seiya puede enojarse por eso. Prometo que no volverá a pasar.

-¡Shun cómo puedes decir eso! ¡Lo que hay entre tú y yo es mucho más importante que Seiya! ¡Ya deja de hablar de él! ¡Aquí solo importamos tú y yo!

-No mientas.

-No estoy mintiendo. Para mí solo hay un hombre al cual voy a amar por sobre todas las cosas, y ése hombre eres tú. Te amo más que a mi vida y no me importa en lo más mínimo lo que vaya a pasar con Seiya, y eso tú lo sabes. Si tengo que aceptar lo que acepto lo hago solo por ti, por que pongo a nuestra relación primero que nada. Por favor entiéndeme, todo esto que estoy haciendo, lo hago única y exclusivamente por ti.

-¡Eso no es cierto!

-Shun...

En ese momento me di cuenta cuán lejos había ido a parar todo esto. Shun estaba muy pálido y temblaba. Lloraba silenciosamente al principio, pero dentro de unos instantes sus sollozos empezaron a denotar tristeza y mucha furia. Me miró a los ojos con mucha cólera y me gritó, diciéndome:

-¡Cómo puedes tener el descaro de hablarme así! ¡Ya deja de mentirme! ¡Lo único que es verdad aquí es que no importa lo que haga o lo que sienta, tú siempre vas a estar con Seiya, es esa maldita promesa la que te va a unir a él para siempre!

-Shun... – repliqué asustada.

-¡No! No me digas nada, yo ya no pienso aguantar más. ¡Es que crees que a mí no me duele tener que compartirte con él! ¡Crees que soy idiota, para no darme cuenta de que Seiya te quiere más que a su propia vida y tú no haces nada más que asentir a todo lo que dice y no pones ninguna solución para cambiar todo esto! ¡Crees que soy de piedra! ¡Pues no! ¡Tengo corazón, y muchos sentimientos dentro de mí, y por más que me duela reconocerlo, todos ellos mueren por ti, porque todavía te amo, aunque debería odiarte! ¡Aún no puedo llegar a odiarte y sabes por qué! ¡Porque a diferencia de ti, yo sí no puedo vivir sin ti!

-Shun, mi amor...

-¡¿Alguna vez te has puesto a pensar en cómo me siento yo cada vez que sales con Seiya, o las veces en las que él te besa, te mira, te acaricia, te habla?! ¡No! ¡Nunca lo has pensado, y sabes por qué! ¡Por que nunca piensas en mí, tú piensas solo en ti, en lo mucho que puedas sufrir, en cómo vas a enfrentar esta situación tú sola, en cuánto más vas a enfrentar a dos amigos por ti, etc.! ¡Pero nunca te has puesto en mi lugar, tu solo te centras en ti, y el resto no te importa, y nunca te importará!

-Shun, no digas eso...

-¡No sí lo digo, porque quiero que de una buena vez te des cuenta de lo egoísta que eres! Tú nunca me has querido, ahora me doy cuenta de que lo que dices sentir no es más que una mentira. ¡Y yo ya me cansé de escuchar mentiras! ¡¿Me entiendes?! ¡No más! ¡Esto se acabó!

En eso salió corriendo de la habitación y me quedé sentada en mi cama, paralizada. No podía creer lo que había hecho. Me sentía la peor mujer del planeta. Había herido el corazón del hombre que más amaba y me había comportado como una completa egoísta, sin darme cuenta. Miles de pensamientos cruzaron por mi cabeza y empecé a asustarme. Mis lágrimas corrían libremente por mis ojos y no podía emitir palabra. Estaba estática, incrédula, sorprendida. Simplemente me negaba a creer que todo aquello era verdad, que todo aquello estaba pasando, que había perdido al hombre de mi vida y ya nada podría hacer que regrese. Pero era verdad, todo era verdad, y me negaba a creerlo, no podía, no quería.

-Ja, ja, ja, ja – reí nerviosamente.

Me reí nerviosamente sin saber que hacer. Me puse de pie y mientras movía mis manos repetidamente caminé por mi habitación con una expresión incrédula en el rostro. Había perdido a Shun, el y yo habíamos terminado, todo por lo cual luché y creí se había ido al olvido en tan solo segundos y yo no sabía que hacer. Recién ahí empecé a comprender el alcance de mis acciones, y me sentí peor aún. Me agarré la cabeza con las manos completamente fuera de mí y empecé a reír y a llorar descontrolada y nerviosamente. Estaba histérica y no podía controlarme, toda mi vida y mis sueños habían desaparecido y yo me sentía más que vacía, estaba triste, dolida, me sentía muy culpable y lo que me decía mi conciencia me estaba matando, no pude aguantar por mucho tiempo toda esa tensión y furia que sentía dentro de mí y grité, casi rugiendo:

-¡Aaaaaaahhhhhhh!

En ese momento perdí mi total autocontrol. Empecé a derribar y a romper todo lo que tenía a mi paso mientras gritaba y lloraba y en pocos segundos mi habitación estaba hecha un completo desastre, todas las cosas estaban tiradas por doquier, mi cama estaba completamente desarreglada, los accesorios que tenía en mi tocador estaban todos desparramados por el suelo, algunos estaban rotos y mi propia ropa estaba desgarrada. Quería gritar, llorar hasta no poder más, arrancar de mí esa sensación tan horrible y volver a empezar todo, desde cero. Mi alma no podía aceptar que lo había perdido todo y lancé un sonoro grito, diciendo:

-¡Esto no me puede estar pasando!

Me dejé caer en el suelo rodeada de todo aquel desastre. Aún lloraba y mi cuerpo no paraba de temblar. Me sentía tan deprimida y desolada, no hallaba consuelo a mi dolor y eso me mortificaba. Uno de mis brazos rozó un pequeño cuadro que estaba boca abajo a mi lado. Lo levante y lo miré con mucha tristeza, pues era algo que ya no era real: Aquel cuadro tenía una foto en la cual salíamos Shun y yo, abrazados, sonriendo. Miraba la fotografía mientras lloraba, rocé con mis dedos la cara de Shun y grité:

-¡Shun mi amor! ¡Porqué me dejas así, porqué terminas con todo esto!

Inconscientemente tiré el cuadro al suelo y volví a dejarme caer, mientras abrazaba mi piernas, echada. Lloraba ruidosamente y no me importaba que alguien me escuchara, solo quería llorar y gritar, sacar de mí todo ese dolor. Quería dejar de sufrir, quería dejarme morir.

Mi mirada se cruzó con un objeto en el suelo. Era un pequeño frasco que al parecer contenía pastillas. Lo alcancé con mis manos y lo cogí, mientras miraba qué era. Eran pastillas para dormir y había bastantes en aquel frasco. Al ver eso, mi mirada cambió, de triste a sombría, y una de mis manos se levantó, inconscientemente, a alcanzar una jarra de agua que increíblemente aún permanecía intacta en mi velador. Me serví un vaso y mientras sostenía en mis manos las pastillas, mi voz se dejó escuchar al igual que mi llanto, diciendo:

-Lo siento Shun, pero aunque no me creas, yo de verdad te amo, y no concibo la idea de vivir sin ti...

Y diciendo eso, metí todas las pastillas a mi boca y empecé a tomar el agua.


Salí de aquella habitación completamente destrozado.

Aquello era de verdad una verdadera pesadilla, la cual estaba envolviéndonos a todos hasta el cuello con todos los problemas que eso acarreaba. Había terminado con la mujer que más amaba y ahora me sentía realmente a la deriva, completamente solo, sin un motivo para continuar y con un vacío enorme dentro de mí. Corrí como jamás lo había hecho antes por todo el vasto bosque que había dentro de la mansión hasta estar lo bastante lejos de la misma, y me arrodillé en el suelo, mientras sentía como las gotas de lluvia que empezaban a caer mojaban mi cuerpo. Mis lágrimas no dejaban de caer y mi cuerpo no dejaba de temblar y de estremecerse. Y recién ahí, solo, en medio de ese extraño paisaje dejé que mi dolor saliera libremente de mi cuerpo.

-¡Saori!

Grité casi rugiendo. El dolor que sentía en ese momento era realmente indescriptible. Me sentía vacío, completamente fuera de mí, al límite de mis fuerzas. Ningún combate entre caballeros era tan doloroso como aquello que estaba enfrentando. Había jurado amarla para siempre, ¿Y ahora? ¿Qué iba a suceder? ¿Qué iba a ser de mí ahora? No encontré respuesta para eso en ese momento. Todo por lo que había luchado, sacrificado y soñado había desaparecido tan rápido como el viento, era como un huracán que arrasa con todo lo que encuentra a su paso. Así me sentía yo, deprimido, desesperado, triste y muy solo. Sentía mi alma resquebrajarse por dentro y a mi corazón latir con una fuerza realmente indescriptible. Quería gritar, llorar, desgarrarme por dentro y extraer de mí todo ese dolor, ese rencor, esa furia que llevaba por dentro y que no me dejaba en paz. Aquella decisión fue muy dura, y jamás imaginé que me sentiría así después de eso. Sentía como si de verdad hubieran extraído mi alma de mi cuerpo. Me sentía sin vida, inerte, inconsciente.

Me dejé caer completamente en el suelo, llorando y gritando. La decepción y la furia que sentía en esos momentos eran realmente auténticas. ¿Cómo una mujer como ella pudo permitir que eso sucediera? ¿Cómo pude yo aceptar eso? ¿Cómo dejé que Seiya se la llevara y me la quitara de esa manera? ¿Qué me sucedió? ¿Qué nos sucedió? ¿En qué estaba pensando cuando acepté que Saori compartiera su amor con nosotros dos? ¿Cómo pude permitir el sentirme como el "amante" de Saori y no sentir lo que realmente era? ¿Qué me pasaba? ¿Me estaba volviendo loco? ¿Es que acaso no valía la pena? ¿Todo ese sacrificio, todas esas lágrimas, todo ese dolor, realmente no valía la pena?

-"Si tengo que aceptar lo que acepto lo hago solo por ti, por que pongo a nuestra relación primero que nada. Por favor entiéndeme, todo esto que estoy haciendo, lo hago única y exclusivamente por ti."

Recordaba sus últimas palabras mientras lloraba. ¿Será que dijo la verdad? ¿Y si de verdad me quería? ¿Y si de verdad le importaba nuestra relación y por ende, yo? ¿Y si todo era idea mía y eso no estaba pasando? ¿Y si lo arruiné todo con mis ideas? ¿Y qué tal si ella quería realmente a Seiya, puesto que lo conoció primero? ¿Y si era así, cómo pudo jugar de esa manera con los dos? ¿Qué era lo que pasaba? ¡Cuál era la verdad!

-¡Contéstame maldita mujer, cuál es la verdad! ¡A cual de los dos quieres en realidad!

Grité con toda la fuerza de mis pulmones, como si quisiera que con ello, ella escuchara mi lamento. No sabía que pensar, mi cabeza era en ese momento una telaraña de ideas que yo no era capaz de desenredar. En ese instante, para mí, todo podía ser verdad y yo necesitaba que alguien me aclarara todo, necesitaba saber, entender, comprender y aceptar. ¿Qué era lo que pasaba en realidad? ¿A dónde íbamos a parar con todo esto? ¿Qué iba a ser de nosotros después de eso?

¿Qué iba a pasar?

Y sin saber porqué dejé de llorar. Para ese entonces la lluvia caía a grandes chorros por todo el bosque y alrededores, y yo ya empezaba a sentir frío. Mi cuerpo ya no temblaba mucho y mis sollozos, si se les puede llamar así a los débiles sonidos que emitía, ya eran casi inaudibles. Me levanté del suelo y empecé a caminar, completamente mojado y calado hasta los huesos de frío. Mi cabello estaba virtualmente pegado a mi cara, al igual que toda mi ropa. Caminé por unos instantes sin saber a donde ir y después como que me ubiqué un poco y fui regresando a la mansión.

Cuando llegué los demás ya estaban ahí. Podía oír sus voces en la cocina y en la sala. No me sentía con ganas de esconderme y entré por la puerta principal sin importarme que me vieran, después de todo era culpa mía el estar así. Entré tranquilamente y di solo nos pasos, cuando de repente me vieron, e inmediatamente dejaron de hacer lo que estaban haciendo y vinieron a mi encuentro, preocupados y un tanto sorprendidos.

-¡Vaya! ¡Esas películas sí que estuvieron buenas! – Seiya exclamó abriendo la puerta.

-Tienes razón, nunca antes me había divertido tanto.

-Fue una magnífica noche chicos, creo que vendré a vivir aquí, si a Saori no le molesta.

-No creo que le moleste. Ella es tan linda y generosa, que de seguro va a adorar que vengas a vivir con nosotros.

-Déjalo Kiki, y aprende, así habla la gente enamorada.

-Descuida Ikki, ya me di cuenta.

-Oye no le digas tantas cosas al niño.

-¡Ja, ja, ja, ja!

En eso se escucha el sonido de la puerta y unos pasos acercándose.

-¿Qué fue eso?

-No sé. Quizá fue el viento.

-Puede ser. ¿No has visto lo fuerte que llueve afuera?

-Sí. Debe ser el viento. Cualquiera que se atreva a salir con esta lluvia realmente perdió la razón.

-Tienes razón, este clima es a veces tan... ¿Pero qué?... ¡Shun!

-...

-¡Shun!

-¡Te volviste loco!

-¡¿Qué hacías afuera a estas horas?!

-Yo... yo...

-¡Ahora mismo me explicas donde estuviste y como te atreviste a salir con esta lluvia! – exclamó cogiéndole del hombro – ¡¿Quieres enfermarte acaso?! ¡Vamos a tu cuarto! – gritó llevándoselo a su habitación.

-Válgame Dios, ¿Qué le ocurre a Shun? – Seiya dijo sin entender.

-No entiendo, te juro que no entiendo – Hyoga dijo muy preocupado.

-Salir así con este clima, qué locura.

-¡Kiki no sé qué pensar! En la mañana me juró que iba a cambiar, que todo sería como antes, y ahora... ¡Mira lo que sucede!

-Sé como te sientes. Descuida, esperemos que Ikki pueda aclarar las cosas.

-Sí... claro.

Mientras eso ocurría, mi hermano me daba el sermón de mi vida. Para ser sincero no quería escucharle, tenía ganas de dormir, de olvidar todo lo que había sucedido y de enterrar todo en el pasado. Me sentía desganado, cansado, aburrido y muy deprimido, así que el sermón de Ikki en vez de ayudarme, me hacía sentir peor. Pero felizmente, ese sermón tuvo un final un tanto feliz.

-[Entrando violentamente en la habitación] ¡Es el colmo contigo Shun! ¡¿Qué querías, coger un resfriado, una pulmonía?! ¡Por todos los dioses Shun, ya deja de portarte como un niño! ¡¿Es que acaso tendré que protegerte como a un niño pequeño toda la vida?! ¡Cuándo demonios piensas madurar!

-Ikki, yo...

-¡No quiero escuchar nada! ¡Mira nada más cómo estás todo mojado! ¡Anda a darte un baño de una vez y te metes a la cama ¿De acuerdo?!

-Ikki...

-¡¿No me oíste?! ¡Anda de una vez!

-¡Ikki... perdóname! – grité llorando y cayendo al suelo.

-Shun... lo siento – Ikki cedió y me abrazó.

-No me digas nada, yo tengo la culpa. Fui hasta el bosque sin querer y no me di cuenta que estaba lloviendo, yo... me dormí, no me di cuenta, lo siento Ikki, no quise preocuparte – dije llorando.

-Bueno, tampoco ha sido mi intención hablarte así, pero quiero que entiendas que lo hago porque me preocupas mucho. Eres mi hermano y mi deber como hermano mayor es velar por tu integridad, al precio que sea. No quiero que nada malo te pase, pero no puedo hacer ese trabajo solo, tú también tienes que poner de tu parte. Shun tú ya no eres un niño, tienes la conciencia necesaria para darte cuenta de lo que haces y no quisiera que continúes haciendo cosas como esta, ¿De acuerdo?

-Pierde cuidado hermano.

-Bien. Ahora ve a darte un baño y te metes a la cama, que yo te traeré la cena. Y no quiero que me digas que no quieres ¿Entendido?

-Sí hermano.

-Bueno, date prisa – dijo retirándose.

-Sí... Ikki... espera.

-Dime.

-Muchas gracias... por todo.

-No tienes de qué, lo hago con gusto si se trata de ti – dijo sonriendo mientras salía.

-Gracias – le contesté con una sonrisa.

Después de darme ese baño me sentí un poco más calmado. Me metí a la cama como me había dicho Ikki y después de un rato llegó él con mi cena. Me acompañó mientras comía y después de estar un rato viendo televisión me acostó. Tengo que decir tristemente que fingí que dormía, pues a pesar de que me sentía cansado no tenía sueño y esperé gasta que Ikki se fuera para despertarme. Escuché voces justo detrás de mi puerta y presté atención, y fue ahí cuando escuché algo que, simplemente no podía creer.

-Bueno, ya terminaste de comer y ya te distrajiste buen rato, así que ya te puedes ir a dormir.

-Pero Ikki...

-Shun... no pienso volver a discutir contigo, así que te acuestas o lo hago yo.

-...De acuerdo – le contesté acostándome.

-Bueno, que descanses... – despidiéndose con un beso en la frente – ¿Eh?

-Qué... sucede hermano – pregunté temeroso.

-Shun... ¡Estás con temperatura! – exclamó algo preocupado.

-Es impresión tuya – le respondí temeroso.

-¡No lo es! Déjame ver – dijo poniéndome un termómetro.

-Ikki, creo que te preocupas demasiado.

-¡No me digas lo que tengo que hacer! – exclamó cogiendo el termómetro – ¡Mira nada más... tienes 38.5, ¿Eso no es nada?!

-Bueno... ya se me pasará.

-Tómate esta pastilla y duérmete, ¿De acuerdo? – dijo alcanzándome una pastilla.

-... Claro Ikki.

-Ahora duerme ¿Si? Hasta mañana, que descanses – dijo acomodando mis cobijas.

-Hasta mañana hermano, y gracias por todo.

-Ya, ya. Ahora duerme y no te muevas mucho, que te destapas. Nos vemos – me dijo con una sonrisa mientras se iba.

-De acuerdo.

Afuera

-Y... ¿Cómo está?

-Ya está durmiendo. Tiene un poco de temperatura, pero ya se le pasará.

-Felizmente eso era todo, pensé que estaba peor.

-Descuida Hyoga, él se pondrá bien. Te agradezco de verdad la preocupación que tienes por mi hermano.

-Lo hago con gusto Ikki, él es mi mejor amigo.

-Lo sé, y de verdad me alegra que entre ustedes exista una amistad tan sólida. La verdad es que...

-¡Ikki, Hyoga... por favor... ayúdenme! – Seiya exclamó llorando y gritando.

-¿Seiya, qué pasa? – Hyoga preguntó preocupado.

-Cuéntanos, ¿Qué sucedió? – Ikki también mostró preocupación.

-Saori... ella... ¡Está muy mal!

-¡Qué!

-No sé qué pasó, pero fui a verla en su cuarto y la encontré inconsciente en el suelo. Su cuarto está hecho un desastre y lo más grave fue que... ¡Tenía un frasco de somníferos en sus manos y había agua alrededor de ella! – dijo llorando desconsoladamente.

-¿Cómo pudo pasar eso?

-¿Porqué lo habrá hecho?

-No lo sé, pero no puedo dejarla así... – dijo llorando desesperadamente – ¡Por favor, ayúdenme! – gritó mientras empezaba a correr.

-Claro, vamos – Ikki corrió detrás de Seiya.

-Descuida Seiya, Saori se pondrá bien – Hyoga dijo mientras corría.

¡Qué! Dije yo al mismo tiempo. No podía creer lo que había escuchado. ¡¿Qué demonios había hecho Saori?! ¡¿Se volvió loca?! Lágrimas comenzaron a caer de mis ojos producto de la impresión. Saori... mi pequeña Saori, ¡Qué te estaba pasando! Lógicamente, no estaba dispuesto a esperar sentado, así que me levanté sin hacer demasiado ruido y me vestí rápidamente. Una vez listo, intenté salir, pero un ruido en mi ventana me obligó a permanecer en mi habitación: Era uno de los carros de la fundación, que al parecer seguía a una ambulancia. Al ver que ya se habían ido, y a pesar de la torrencial lluvia que aún caía, tomé un paraguas y salí corriendo a seguirlos, sin importarme que estuviera con temperatura. A esa altura todos mis pensamientos eran para Saori, en mi cabeza solo estaba ella. Estaba muy preocupado, pues temía que ella hubiera hecho algo que atentara contra su vida y si eso era por mi... no me lo perdonaría... nunca.

Después de correr bajo la lluvia unas cuantas cuadras, llegué al hospital y caminé a una discreta distancia de los demás, que corrían apresuradamente. Ubiqué rápidamente su habitación después de los análisis que me imagino le habrían hecho y me quedé esperando a que ellos se alejaran un poco del lugar. Escuché sus conversaciones involuntariamente, pero lo que más me sorprendió fue la voz de Seiya, por lo que escuchaba estaba terriblemente mortificado, triste y muy abatido. Se notaba que la quería mucho, y eso me hizo pensar, por enésima vez, cuál era la verdad de todo este embrollo.

-Tranquilo Seiya, verás que todo va a salir bien.

-Cómo quieres que me tranquilice, si ella se puede morir – dijo llorando.

-Pero Seiya, creo que olvidas que Saori no es una mujer ordinaria. Ella es una diosa, y por sí sola es una mujer muy fuerte, y estoy seguro que ella resistirá y se mejorará.

-Eso espero... de verdad. ¡Oh Dios mío! ¡A qué hora viene el maldito doctor! – exclamó llorando nerviosamente.

-No te impacientes Seiya, ya vendrá. Mientras, creo que será mejor que vayas y te tomes algo para los nervios, estás muy alterado.

-Ikki tiene razón Seiya, ¿Porqué no vamos a la cafetería para que te tomes algo? Tal vez algo caliente puede hacerte sentir mejor.

-Pero...

-Es lo mejor Seiya, vamos un rato y después regresamos ¿ya?

-...Está bien, pero solo un momento. No quero separarme de ella mucho tiempo.

Cuando escuché que se iban no quise perder un solo segundo. Una vez que se fueron, corrí a su habitación y la vi durmiendo, aparentemente. Me acerqué a ella y con los ojos llenos de lágrimas, le dije cuánto la quería y lo mucho que lamentaba todo eso. Le dije todo lo que le quería decir en un momento como ése y además, algo que no yo creía en ese entonces.

-Vamos Seiya, te sentirás mejor – Hyoga dijo mientras se lo llevaba de la habitación.

-Gracias amigos – dijo Seiya saliendo también.

[Una vez solo]

-¡Bien!, ahora puedo ir – dije mientras llegaba y abría la puerta de la habitación.

-Saori... – dije entrando – mi amor...Mi princesa – dije acercándome – ... mira nada más cómo estás...Porqué lo hiciste... Saori... qué te sucede amor mío... – dije llorando.

-Shun... Shun... – me llamó despertando.

-Saori... – dije llorando.

-Shun... mi amor... viniste... Qué alegría – dijo ella intentando incorporarse para abrazarme.

-No te esfuerces, te va hacer daño. Saori, ¿Porqué lo hiciste? ¿Acaso te volviste loca? – le pregunté llorando.

-No mi amor, lo hice por ti. Yo de verdad te amo y no puedo dejarte ir, eres demasiado importante para mí y no quiero perderte... nunca – me dijo llorando con la voz debilitada.

-Pero Saori... ya hemos hablado hasta el hartazgo de eso, lo nuestro no puede ser, y lo sabes. Cómo vas a seguir con todo esto, es inútil – le repliqué llorando.

-No si de verdad se quiere. Shun no podemos rendirnos, tenemos que continuar luchando por lo que de verdad queremos: Nuestro amor. Me amas, te amo y eso es más que suficiente para que sea real. Por favor mi amor, no lo eches todo a perder... no me dejes – me pidió llorando.

-Es que yo... Saori te amo demasiado como para compartirte con otro... no sabes cómo me muero de celos al verte con Seiya, al ver cómo te abraza, te acaricia , te besa... eso me duele mi amor, pero a pesar de todo no puedo dejar de quererte... me es imposible olvidarte. ¡Qué hago mi amor! – exclamé explotando en lágrimas.

-¡Ámame! Ámame mucho. No creas que yo no me siento mortificada con todo esto, a mí también me duele tener que estar con Seiya cuando quiero estar contigo. Pero entiende que si de verdad queremos estar juntos, tenemos que sacrificarnos. Sé que jamás debí hacer esa promesa sin estar segura por completo de mis sentimientos, pero ya no se puede borrar el pasado. Por favor mi amor, no te rindas, continuemos juntos, hasta el final – me dijo sonriendo a pesar de las lágrimas.

-Saori... ¡Ay Saori! – dije llorando.

-Mi vida por favor... yo hice esto porque sencillamente no concibo la idea de vivir sin ti, para mi la vida no es vida si tú no estás... yo sin ti me muero... ¡Me muero Shun! – dijo llorando.

-¡No! No digas eso ni en broma. No quiero que vuelvas a atentar contra tu vida otra vez, y menos por mí. Por favor Saori, prométeme que no lo volverás a hacer – le pedí entre lágrimas.

-Solo si me prometes que estaremos juntos por siempre y que no me dejarás – me pidió con la voz ahogada por el llanto.

-Yo... de acuerdo Saori, será como tú quieras. Te amo más que a mi vida y yo tampoco puedo vivir sin ti. Seguiremos adelante, a pesar de todo – acepté llorando.

-¡Mi amor! ¡Gracias! Gracias por comprenderme, por quedarte a mi lado, por devolverme de nuevo las ganas de vivir. Te prometo que no lo volveré a hacer, y estaremos juntos por siempre, ahora sí te daré el lugar que te mereces y nada ni nadie nos volverá a separar, eso te lo juro – me abrazó llorando.

-Lo que tú digas mi cielo, pero no vuelvas a causarme un dolor tan grande, yo me moriría si algo malo te llega a pasar. No te preocupes mi amor, todo va a estar bien, pondré de mi parte para no causarte más disgustos y perdóname si en algún momento llegué a lastimarte. No fue mi intención incentivarte a hacer lo que hiciste – le dije llorando.

-Eso ya lo olvidé. Lo importante es que ahora nos hemos vuelto a reunir y nada nos va a separar otra vez. Mi amor... estás muy caliente. ¿Te sientes bien? – preguntó tocándome.

-Sí... Pero ya debo irme. Si Ikki me llega a ver aquí, me mata. Mejor me voy. Adiós mi amor y cuídate mucho.

-De acuerdo. Shun... tu frente está muy caliente. ¿Tienes fiebre? – preguntó tocándome nuevamente.

-Solo un poco, pero ten por seguro que no me matará.

-Pero mi amor... ¿Cómo se te ocurrió venir así como estás?

-¿Y quedarme en casa sin saber de ti? Eso ni lo sueñes, tenía que verte, así me estuviera muriendo. Tú siempre serás lo más importante en mi vida.

-Mi amor... – dijo besándome – eres tan dulce... Nunca olvides que te adoro, ¿De acuerdo?

-Como tú digas. Mejor me voy, ellos pueden venir en cualquier momento – le dije mientras escuchaba pasos acercándose.

-Anda con cuidado y por todos los dioses cuídate.

-Te lo prometo.

Y diciendo eso salí de la habitación y me fui corriendo a la mansión, a pesar de la lluvia y el frío que hacía. Una vez que llegué, tuve que volverme a dar un baño y meterme a la cama, pues llegué todo mojado y temblando. Una vez en mi cama, no me pude sentir más feliz. A pesar del dolor que sentía en todo mi cuerpo y del dolor de cabeza característico de la fiebre, me sentía muy feliz, porque ella y yo volvíamos a estar juntos, unidos, para siempre. No me enojaría más por aquella promesa que estuvo a punto de romper nuestra unión más sólida entre ella y yo, no me incomodaría ni me sentiría celoso por la cercanía de Seiya para con ella. Decidí aceptar mi destino y seguirlo pasara lo que pasara, resignándome a las cosas que no podía cambiar. No me importaba el resto, ella y yo ya habíamos escrito nuestro destino, y era ese destino, el cual, pasara lo que pasara, nos uniría siempre, hasta el final.


Después que Shun se fue, Seiya y los otros regresaron. No conversamos mucho, pues sabían que yo necesitaba descansar y se fueron luego de un momento. Echada en esa cama tan excéntrica (nunca me acostumbré a las camas de hospitales) me puse a pensar en todo lo que había pasado. Había atentado contra mi vida por el hombre que más amaba. ¿Qué extraño verdad? Mucha gente podría decir que eso es algo demente, una cosa fuera de lo común y hasta algo estúpido, pero yo no lo creo así. Era una diosa, y tenía muy en claro lo que era el sacrificio. Yo, como diosa, siempre me sacrificaría por el bien de la humanidad, y también, por mi felicidad, y eso era lo que Shun significaba para mí. Yo moriría por él, rebélese quien se rebele. Él era mi vida, y sin él yo no era nada. Esa noche fue muy crucial para mí, porque entendí que no podía seguir jugando como una niña caprichosa, sino tomar el control de la situación y ordenar un poco mis ideas. Por eso, esa noche, me prometí a mi misma comprender y aceptar mis errores, y sacrificarme por todo lo que incluyera a mi felicidad, sea lo que sea, y luchar por todo lo que quería, hasta el final. Y me quedé pensando en eso hasta dormirme, soñando tal vez, con un mañana mejor y por estar más cerca cada día, a mi verdadero destino.