A eso de las cinco de la mañana, Suiza había abierto los ojos descubriéndose a si mismo abrazado a Austria con fuerza en posición fetal. Después del regaño habitual para consigo mismo, había salido sigilosamente (no que requiriera ningún sigilo) de las cobijas, se había lavado un poco, vestido con la camiseta limpia, y había salido corriendo del refugio con su arnés simple y un par de cuerdas dispuesto a irse un poquito más lejos a una arista en la que se viera bien el amanecer. Sólo.

Después de subir un ratito y encontrar un buen lugar para hacerse bolita y mirar su paisaje, habiendo visto el amanecer desayunando frutos secos y un poco de queso del albergue, había sacado su anillo de la cajita (se lo había quitado para escalar), y lo había revisado milímetro a milímetro con os ojos de relojero bien entrenado que tenía. Le había parecido simple, sutil, elegante. Pesaba lo justo y estaba bien balanceado.

(De nada, dice Alemania. Será por pagarlo, el diseño no lo hizo. Alemania dice que costó horas de ver piedras de colores antes de que se decidiera por el diseño original)

Concentrado en ello, relajado y aislado, había podido pensar mejor y con más claridad en todo esto tan complejo y sorprendente. No lo esperaba, JAMÁS de lo hubiera imaginado y posiblemente no lo entendía tampoco y aún así, hecho bolita y abrazándose las piernas, sonreía un poquito peleando consigo mismo por no ilusionarse ridículamente mientras recuerda a Austria en una rodilla, sonriendo. Para él.

Al final, había visto su reloj, notando que era ya un poco tarde y bajando con facilidad había vuelto al refugio, negociando algo y comprando desayuno antes de ir a las ocho y media exactas a despertar al austriaco.

Había conseguido una sorpresa para el austriaco... Bajarían en helicóptero, tal y como ya se suponía... Pero antes de bajar irían a la punta a verla y dar una vuelta sobre el helicóptero. Austria había querido subir con él... A él le parecía que era bonito que viera la punta, aunque fuera en helicóptero

Al final, para el placer de Austria, después del paseo les han dejado en el pueblo donde han dejado estacionado el coche del Austriaco y después de una breve comida han salido de vuelta a casa.

A casa... De suiza. Aún le escocía un poco ese asunto de no vivir juntos, aunque a decir verdad había estado pensando en las complicaciones de ello y no podía más que irritarse sólo de la idea de volver a los tiempos del Sacro Imperio.

Se pregunta también quien pudo haberle hecho el diseño. ¿Quizás Italia? Aunque era muy simple, tenía que admitir que era perfectamente sobrio y en los dos tonos de oro quedaba un diseño que ÉL mismo podía haber hecho.

Porque además, las dos banderas... Quedaban perfectas. PERFECTAS. Su cruz blanca sobre rojo de un lado, las barras rojas cruzadas por la blanca. Sin Águilas, sin imperios. Le gustaba esta bandera de Austria porque para él era un símbolo del Austria libre, libre del imperio, libre de las obligaciones, SU Austria.

Al final piensa que quizás le haga a Austria un reloj a juego para el día de la boda. Y también concluye que el va a grabar las alianzas.

—¿De donde sacaste el diseño del anillo? —pregunta random en el coche para volver a hablar de la boda y que llevan toda la mañana hablando de la montaña y de temas no tan relacionados.

—De Bvlgari.

—¿Bvlgari tiene anillos con nuestras banderas?

—Bvlgari hace anillos de dos oros.

—Oro rosa y oro blanco. De hecho tiene el sello de la marca por dentro... Pero el diseño.

—¿Te desagrada?

Suiza le mira de reojo.

—Nein. De hecho es bastante... —carraspea— diferente a la joyería que tu acostumbrabas.

—Pensé que nunca te pondrías algo de lo que yo uso.

El suizo carraspea de nuevo porque es verdad.

—Ehm... Cof... Danke... Ehm... ¿Que le vamos a decir a Liechtenstein?

—Que dijiste que sí.

—No dije que si —aprieta los ojos. Lo siento, son momentos tsundere inevitables. Austria le mira fijamente. El de ojos verdes se sonroja un poco mirándole de reojo.

—E-Es... Es que... —se revuelve un poquito.

—Sabes que podías decir no, ¿verdad?

—Ja, se que podía decir que no. He dicho que sí y todos lo sabemos... Sólo estoy nervioso, ¿vale?

—Liechtenstein te quiere. ¿Porque iba nadie a burlarse de ti?

—No lo sé. Es que tampoco es como quiero que tú y yo solamos decir así abiertamente que estamos juntos. Ahora decirle a la gente que vamos a... Hacer eso que vamos a hacer. Es como... Sólo me da vergüenza.

—Pues que justo en decirles consiste todo esto.

—Decirle a todo el mundo que lo estamos —se humedece los labios —. ¿No te pone nervioso a ti?

—Pues... un poco, pero lo prefiero a no hacerlo.

Eso le tranquiliza.

—¿Has pensado en donde casarnos?

—En Bern. ¿Te parece?

Suiza asiente mirándole de reojo y pensando qué puede proponer el que pueda gustarle al austriaco.

—Podríamos hacer un... Baile de esos que te gustan.

—Te diría en las naciones unidas pero suscitaría demasiadas bromas y además están en Ginebra. Prefiero la catedral de Bern.

—Catedral de Bern. Bien. Es hora de que vea alguna acción, en realidad, no suele tener eventos como las otras. ¿Y con una boda pequeña a que te refieres exactamente?

—Pues... hay que decidir a quienes invitamos y a quienes no entre los dos.

—En resumen, tú te imaginas una boda pequeña una boda con mil personas, y yo me imagino una con cinco. A ver... ¿A quién QUIERES invitar tú?

—Cinco personas... solo nuestros padres son tres, sin acompañantes y tienes dos hermanos más, sin acompañantes. Eso hace cinco... Liechtenstein seis.

—De hecho... Podrían ser tres. Tú, Liechtenstein y yo.

—Mmmm... Se lo he dicho a dos personas más, creo que se enfadaran si no contamos con ellos.

—Deutschland —recuerda asintiendo y luego carraspea un poquito y suspira al recordar que se lo ha dicho también, por qué no, a su ex mujer que le lava los calzoncillos.

—No creo que Deutschland vaya a venir sin Italien... y no estaría bien que viniera Italien y no Römer.

—Eso hace que estén todos tus compañeros de casa, además de tu OTRO ex marido —arruga la nariz.

—Ungarn te invitó a la nuestra, decía que quería que lo vieras.

Suiza parpadea.

—¿Dato curioso? Ja. Tus ex-parejas siempre tuvieron a bien tener muchas ganas de que yo viera muchas cosas con mis propios ojos.

—Esta bien, tu no quieres que ellos lo vean —levanta las manos.

—No creo a ellos les importe —se escucha a si mismo...— ¡A mi tampoco me importaba! De hecho... ¿Sabes?

Austria le mira.

—Me da igual. Si tan feliz te hace que vayan, que vayan, al final esta vez...

—¿Aja?

—Pues esta vez qué me importa —extiende un poco una mano hacia él y le aprieta un poco el brazo. Mira que maravillas hace tener una poca de seguridad. El moreno sonríe.

—Eso nos deja con un recuento de... Doce personas.

Vamos a ver, que Suiza igual hará berrinche cuando les vea, pero bueno, ahora mismo está contento.

—Canadá. England.

—England?

—Pensé quizás que podría decirle. Aunque quizás no sea apropiado. Falta Vater y mein mutter, que no creo que vaya.

—Si le dices a England va a ir Frankreich.

Suiza arruga la nariz con la idea de Francia en su boda.

—France...—valora pensando que no, claro que no le quiere en su boda. Y sabe que Austria no le soporta—. Aunque... No creo que tu madre no le diga igual.

—Galia.

—Tu madre —insiste—. Que si no lo fuera, no iría.

Ojos en blanco. Suiza suspira pensando en Galia y todos los problemas que tiene con ella.

—Galia con Wales.

—Ja... o con Rom, no sé quien demonios...

—Rom? Nein. ¿De verdad? ¿Quieres a Spanien, Romano, Italia y Rom ahí?

—¿Crees que existe la posibilidad de que vengan Galia y vater... y Rom nein?

—Es que va a venir France igual, entonces. Aunque no invite a England.

—Vas a necesitar un padrino —le mira de reojo.

—¿Un padrino? ¿Quién va a ser tu padrino?

—Deutschland —¿de verdad? ¿Es de Hungría de quien tienes celos, Suiza?

—El amo de la comunidad europea... Menos mal que esto no es algo político —comenta, ni siquiera especialmente como reclamo—. Podríamos poner a Preussen de mi padrino y haríamos un evento tremendamente familiar.

—¿Vas a fiarte de Preussen para decidir?

—Nein, era… bueno, como una broma. ¿Qué es lo que decide el padrino?

—Pues... en general ayuda a decidir las cosas que le pide el novio, organiza la despedida de soltero y le acompaña en lo que necesite. Por ejemplo, Deutschland vino conmigo por los anillos.

Suiza se sonroja.

—Quizás yo pueda hacerlo todo solo.

—Nein, no puedes.

—¿Por que no? Siempre he podido hacerlo bien sólo —el necio.

—No algo como esto. Vas a tener miedo y a estar nervioso, es normal, pero necesitas a alguien que no te deje marchar a esconderte a la montaña en un momento de debilidad y luego lo lamentes de por vida. Necesitas a alguien que esté ahí ayudándote a que todo salga bien, son demasiadas cosas las que pueden salir mal y a las que atender. Si lo haces solo te superarán, tienes que elegir a alguien en quien confíes para que te ayude, de verdad.

—De verdad que das unos ánimos para esta actividad. Miedo... Y marcharme para esconderme —le mira de reojo—. ¿Hombre, que tan complicada puede ser?, sólo es una boda.

—Ayer por la noche saliste corriendo por ver a unos excursionistas, Liebe. Haz lo que quieras, pero yo ya me he casado dos veces y sé de lo que hablo.

—No sé a quien pedirle que sea mi padrino. Te lo pediría a ti.

—No puedo serlo yo por razones obvias.

—Quizás entonces se lo pida a England.

Austria suspira pensando que no hay forma en que se libre de Francia entonces.

—Bien, me parece una buena idea. ¿Querrás decirle tu solo o me quieres contigo ahí?

Suiza vacila un poco.

—Intentaré decirle yo sólo —murmura entrando a la calle de su casa y no garantizo que se atreva.

—Bien —asiente.

—Y-Ya estamos llegando.

—Tranquilo, nada más es Liechtenstein, verás como se alegrará mucho.

—Y Canadá...

—Que con el terror que te tiene se alegrará le guste o no.

Suiza se detiene frente a la casa.

—Ehm. Si digo algo que no deba...

—No lo digas —replica—. Mira esto de este modo, no le estás diciendo que tú me quieres sino que yo te he dicho que lo hago.

El de ojos verdes le mira de reojo con esa idea y se sonroja un poco más de lo que ya estaba. Y vueeeelve a apretarle el brazo un poquito.

—Sí que te quiero —murmura. Austria sonríe y se encoge de hombros. Suiza se acerca un poquito así como para darle un beso... Y se arrepiente a la mitad del camino.

El austriaco le mira de reojo. El helvético se sonroja atrapado y se separa echando vapor de agua por las orejas.

—¿Qué estás haciendo?

—N-Nada, nada estaba... —sí, Austria, no has perdido el toque.

—A mi no me parece que sea nada.

—Y-Yo sólo estaba... Yo...

—¿Aja?

—M-Me estaba... Yo... —balbuceos.

—Acaba las frases, Schweiz —tono de maestro de escuela.

—Pensaba e-en darte un, Ehm... En que tenías una pelusa.

—Eres bastante poco convincente.

—Verdammt, si sólo quería... Yo sólo... Es que eres imposible —resopla cruzándose de brazos

—¿Qué tengo tan imposible?

—Que quería darte un beso —admite por una vez apretando los ojos y abriendo la puerta del coche.

—Y no lo has hecho... que valiente —se burla.

—¡Pues no lo he hecho por poco valiente! ¡Tú no me puedes llamar a mi cobarde!

—¿No puedo?

—Nein, ¡tu eres el cobarde! —ya claro, el que te pidió matrimonio es el cobarde. Él mismo se da cuenta de ello, así que frunce el ceño, se quita el cinturón de seguridad y se le acerca.

Austria se yergue en toda su altura y levanta una ceja. Se estiiiiira y bufa porque además no alcanza el pequeño Suiza.

—Pues mejor dime que no quieres un... Nada... Y... ¡Eres un idiota! —chilla.

Austria se ríe y levanta una mano. Suiza le mira la mano sin saber qué hace. El austriaco le pone el pelo tras la oreja y se le acerca. Suiza traga saliva y le mira, sabiendo que es lo que viene hasta entrecierra los ojos.

—¿Has pensado que vas a tener que besarme frente a todos?

Suiza parpadea saliendo de la línea de pensamiento del beso seguro.

—¿W-Was?

—Vete haciendo a la idea —se separa y se da la vuelta hacia la casa.

Y sin beso. ¡Maldito cabroooon! Suiza protesta en voz baja yendo a la cajuela para bajar todas las cosas. Lo que sea antes de enfrentar a Liechtenstein. Austria espera que ella abra la puerta.

Liechstenstein, a quien Austria ya ha avisado, no tarda en abrir la puerta con una sonrisa de oreja a oreja. Austria le sonríe de vuelta y creo que esta vez ella si le abraza, cosa MUY rara.

Austria levanta las cejas y sonríe más, poniéndole las manos a la espalda con suavidad.

—¡Muchas felicidades! —susurra... Todo con suavidad.

—Dankeshön —le acaricia un poco la espalda.

—No puedo creerlo. Estoy muy contenta—agrega al final, antes de separarse desde luego, mucho antes de que sea incómodo.

—A mi me parece que nadie puede creerlo.

—¿Qué dijo? ¿Cómo dijo que sí? ¿Dónde está?

—Ahí —señala—, tardando en descargar las maletas expresamente.

—Oh... Pobre. Debe estar muy nervioso aún —se muerde el labio—. ¿Canadá? ¿Puedes ayudarle, bitte? —se gira a mirarle angelical e inocente.

—Y-Yo... pero tú... ¿no quieres ir primero? —vacila el canadiense haciéndose visible y felicitando a Austria en un susurro y con un asentimiento sutil.

—Le dará gusto saludar a alguien neutral, yo no quiero agobiarle —piensa no del todo equivocadamente.

—OK —asiente el canadiense y va para allá tragando saliva y sin saber muy bien cómo abordar el tema.

—Eres un poco cruel —comenta Austria a Liechtenstein y sonríe orgulloso haciéndole un cariñito. Liechtenstein sonríe un poquito culpable, sonrojandose atrapada (e inclinándose un poco para mirarles) y piensa "aprendí del mejor", pero no lo dice. De hecho, Austria le sonrío orgulloso porque piensa que se parece a él

Suiza esta medio metido en el maletero. Canadá se para junto al coche y susurra "Hello?"

El helvético da un salto y se da un buen golpe en la cabeza con el maletero. El americano da un saltito del susto también.

—P-Puedo... soy... n-necesitas... yo... ayuda... —vacila cambiando de idioma cuatro veces.

—Merde! —protesta Suiza en francés sobándose la cabeza e irguiéndose un poco, ULTRA sonrojado.

Canadá vacila.

—¿Estás... bien?

—Oui. Claro que estoy bien —no lo está en lo absoluto. El canadiense se humedece los labios.

—¿Puedo ayudar? —pregunta solicito.

—Más te vale a ti que mi niña lo este, por cierto —murmura sin negarle que le ayude ni pedirle que lo haga, sacando una maleta del maletero, TENSO como una tabla.

—L-Liechtenstein está... ehm... me ha dicho que... yo... uhm. Enhorabuena —se acerca a tomar una maleta y puede que sea una que no se ha de bajar.

—¡No, eso no lo toques! —responde en inglés ahora histérico por el "enhorabuena", mirando fija y agresivamente a Canadá como si lo hubiera ATRAPADO del todo.

El canadiense lo suelta donde estaba levantando las manos asustado y se miran un par de segundos inmóviles e incómodos, Suiza sonrojándose cada vez más, con la boca abierta... Hasta que se da cuenta que trae la mano con EL ANILLO a vistas del canadiense.

—¡Como se te ocurra reírte! —chilla unos segundos más tarde

—¿R-Reírme? —eso sí ha sido un volumen infrasonico. Pasito atrás.

—¡Ja, reírte! ¡No hay nada de que reírse! ¡Fue él, no yo!—sí, está acostumbrando a Liechtenstein.

—N-No me estoy riendo —sigue con las manos levantadas, le tiemblan las rodillas.

—Y si hubiera sido yo quizás podrías reírte, ¡pero fue él! Y entonces si quieres puedes reírte de él, ¡pero como se te ocurra vas a arrepentirte!¡ Y no es que a mi me importe! Pero no te metas con él.

—No me río de nadie, de verdad —lloriquea un poco—. N-Ni siquiera estoy contento si no quieres. Estaré triste. E-Ehm... Lo lamento, en vez de enhorabuena.

—¡Ahh! ¡Además lo lamentas!

—¡Non! Quiero decir que... je... je suis desolé, no me hagas daño, si'l vous plait.

Suiza parpadea y bufa un poquito.

—¿Bueno no ibas a ayudarme?

—O-Oui —se acerca un poquito, temeroso.

—¿Entonces qué demonios? ¿T-Te alegra o no?

—Yo... a mi... Liechtenstein... o-oui.

Suiza bufa otra vez sonrojado y sin mirarle.

—¿Que sabes de los padrinos?

—¿Y a... Los padrinos? —pregunta dejando a medias lo que iba a preguntarle.

—¿Y a los padrinos qué?

—¿P-P-Pues qué? ¿Qué de los padrinos? —Canadá reza interiormente para que no le esté pidiendo que sea su padrino... aunque le haría ilusión.

—¿Sabes para qué sirven? —se cruza de brazos con la maleta colgada

—Creo que sirven para ayudar a organizar —vacila—. No estoy muy seguro, yo nunca he sido padrino de nadie, pero supongo depende de cada uno.

—¿Tendrías un padrino? ¡No que vayas a casarte! ¡No vayas a casarte! ¡No puedes casarte!

Canadá da un pasito atrás asustado con la agresividad. Suiza se pasa la mano por el pelo porque sólo está nervioso, no es en si que quiera nada más que hablar un poco con ALGUIEN.

—Es que... ehm... pues hay algunas cosas que me parece que... en realidad depende del tipo de boda y...

El de ojos verdes bufa. "America dejaría de hablarme PARA SIEMPRE si yo me casara y no fuera él mi padrino... y ya me siento bastante invisible" piensa Canadá mirándose los pies...

—Pero yo no necesito uno. Aunque Österreich dice que sí —se cruza de brazos aún sonrojado con todo este tema sin mirarle del todo.

—Bueno... me parece que alguien tiene que firmar los documentos del enlace como testigo —explica no muy seguro. Suiza levanta una ceja.

—No había pensado en eso. Eso puede ser un problema —le mira—. No vas a decirle a nadie, ¿verdad?

—¿Decirle qué?

—Esto —frunce el ceño—. ¿Que dice Liechtenstein?

—¿Es secreto? —se preocupa porque nadie le ha dicho que es secreto y puede que, oh, la lá, a estas alturas Francia ya lo sepa—. Ella está muy feliz.

—¿Sí? ¿Qué dijo? —no especifica lo del secreto, sonrojándose.

—Está muy emocionada, dice que le hace mucha ilusión y estaba segura de que todo iría bien —sonríe. El suizo se sonroja un poco más aunque para impresión de Canadá, sonríe un poquito.

—¿Qué hicieron estos días?

—Ehm... vaya, creo que nos llaman —trata de salir corriendo hacia la casa.

—¿Nos llaman? No he oído nada... Canadá.

El nombrado aprieta los ojos y se detiene tieso como un palo. Creo que puede que hasta sude un poco, pensando que él es un chico joven y viril y ella una chica joven y hermosa con una líbido más alta de lo que todos creen y que trata de ser educado y discreto al respecto, porque además no planean dejar de ser así, pero es evidente... Entonces, ¿para qué torturarlo?

—Danke por venir a acompañar a Liechtenstein en mi ausencia.

Canadá se relaja un poco con eso parpadeando incrédulo y se gira a mirarle, temerosito.

—Y-Yo... —se sube las gafas —. No hay... yo... lo hago con gusto —responde y hasta que no lo oye en voz alta no nota el doble sentido, palideciendo.

—Bien, es bueno que además lo hagas con gusto, es una de las cosas que me parece más aceptables de ti —replica tranquilizándose un poco al hablar de otras cosas que no sea el tema que le tiene MUY nervioso—. Sin embargo creo igual que tienes que entrenar más.

—Ah... Ah, o-oui —asiente obediente y se relaja también al notar que no ha pasado nada. Hasta se permite a si mismo sonreírse un poco con que a Suiza le guste eso de él. A Liechtenstein también le gusta justo eso de él. Cejas, cejas.

—Aunque te advierto que SABRÉ si haces algo indebido y como hayas hecho UNA cosa que no me guste...

El chico se asusta y se tensa de nuevo. Suiza abre la puerta del coche y aprovecha el momento para sacar su arma de la guantera. No con afán de amenazarle, la verdad, es sólo que no se la ha llevado a la montaña... Pero si al viaje.

—Ah... uhm... creo que debo irme, no quisiera perder mi... —vida— vuelo.

—¿Vas a irte ya? —levanta las cejas y piensa en parte que... Probablemente fuera mejor hablar con Liechtenstein sin el muchacho este.

—Ehm... —ni siquiera sabe que decir para que no le haga daño. Suiza se pone el arma al cinto con tranquilidad, sintiéndose un poco mejor con ella, sin ningún tipo de interés en amenazarle.

—Estarás invitado —advierte —. Y siendo quien eres seguro tendrás que ayudarle a Liechtenstein a algo.

—M-Merci —gesto con la cabeza.

—Bien. Buenas tardes —gesto con la cabeza de vuelta acercándose a él para tomar la maleta que me parece que ha bajado al final.

El caso es que Canadá tiene su maleta aun en la casa, así que hacen una especie de bailecito tenso te la doy no te la doy y cuando Suiza se dirige dentro, el canadiense se va detrás.

Y Suiza le mira por encima del hombro sin entender, entrando la puerta de la casa y quedándose paralizado al acordarse de que es lo que viene. Liechtenstein se le acerca mucho más sonriente que de costumbre. El suizo abre la boca y da un pasito atrás sonrojandose un MONTÓN. Busca a Austria con la mirada un instante y se arrepiente de hacerlo en realidad.

Austria se espera tras ella. Cuando le ve se sonroja aún más si es posible apretando las maletas contra si y peleando contra el impulso de salir corriendo.

—Bruder —le mira a los ojos, aun sonriendo y abre los brazos para abrazarle.

Suiza traga saliva y le sostiene la mirada, tenso como una tabla. Pero es Lili. A Lili no va a quitársele, no va a negarle un abrazo, no va a salir corriendo. Además es que... Sonríe. Y cuando ella sonríe a él se le derrite un poco el corazón aún cuando le de toda la vergüenza del universo.

Y con la tensión que tiene, entiendo que Suiza tenga los músculos tan marcados, es como hacer ejercicio todo el rato.

Ella se acerca y lo abraza con cuidado. Él le mira hacer de reojo, suelta un poquito el aire... Y deja escurrir al suelo la maleta que trae en las manos.

—Me alegro mucho —susurra en su abrazo.

Con mucho, mucho cuidado (Ehm, y torpeza), le pone una mano en la espalda y mentiríamos si no dijéramos que tiembla un poquito porque el poder de Liechtenstein alegrándose es enorme. Aprieta un poquito los ojos, pero en vez de ser en un rictus de enfado o molestia, podría casi hasta decirse que es una tensa expresión de alegría.

—Eres un hombre maravilloso y nadie merece ser feliz más que tú—asegura y con esas sencillas palabras es que le suelta, sonriéndole con sinceridad.

Es difícil que se sonroje más de lo que ya está, pero si se pudiera... la mira de vuelta, sonrojadito y avergonzadito... Pero con el ceño relajado y los labios en cierta leve curvatura que denotan claramente una sonrisa leve y natural.

—Todo va a estar bien. No va a cambiar nada —le asegura como si a Liechtenstein le estuviera preocupadísima de que todo fuera a ser diferente a partir de hoy.

Excepto porque vas a ser un hombre casado y como vuelvas a poner Austria como ejemplo de quien debemos defendernos en los entrenamientos me moriré de risa, si no lo hacía ya, piensa ella para sí.

—Mejor. A ti no te gustan mucho los cambios.

Suiza asiente, porque una de las cosas que le enorgullecen de sí mismo es la estabilidad y que Austria viniera aquí a vivir, cambiaría todo. Es mejor llevar el barco de manera segura y estable... Se humedece los labios sintiéndose en este instante relajado y feliz.

—¿Y cómo va a ser? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo te lo dijo? —pregunta entusiasmada, mirando a uno y otro.

Suiza deja de estar relajado con eso mirando hacia Austria y volviendo a querer salir corriendo. Recoge la bolsa del suelo y pretende huir un poco Así a modo "que Austria responda", llevándolas al pie de la escalera. Deteeeenganlo.

—Schweiz... —ni parpadea, tono de cierta riña—. Me parece que Liechtenstein te ha hecho una pregunta.

—¿W-Was? T-Te está preguntando a ti —mira a Liechstenstein de reojo.

—En Navidad, aquí en Bern. Pero ahora deja que nos demos un baño y en la cena te lo contamos todo, si quieres despedirte de Canadá.

Suiza piensa en darse un baño JUNTOS, sin poder evitarlo, sonrojándose un poco. Asiente recordando a Canadá y su existencia. Carga las maletas.

—Österreich se hincó —suelta.

—¿De veras? —a Liechtenstein le brillan los ojos y Austria se sonroja y carraspea un poco igual dirigiéndose a las escaleras. Suiza asiente sin mirarla aunque se le nota algo ilusionadito con la idea—. ¿Y qué dijo?

—P-Pues... Ehm... M-Me preguntó —baja el tono y mira a Austria de reojito, notando que ha subido ya a la ducha. Se encoge de hombros—. No tardamos —anuncia subiendo las escaleras.

Ella mira a Canadá con cara de circunstancias y le parece que sí van a tardar. Suiza... Creo que silba una tonadita cuando sube las escaleras. Cielos con la alegría.

xoOXOox

—Habrá que decirle a Vater que traiga a Galia ya que va a venir y nos ahorramos ir a Rom a decírselo.

—¿No vas a hablarle tu a tu madre para invitarla?

—Que Vater lo haga.

Suiza suspira con ese tema tan complicado.

—Bien, que Vater se lo diga y que vayan a Berlín. Será la forma más rápida de terminar con esto.

Austria asiente conforme.

—Preussen ya lo sabe.

El austriaco le mira de reojo.

—Ungarn lo sabe —se encoge de hombros.

—Le dije a Ungarn que no le dijera nada a Preussen expresamente.

—Bueno, pero es obvio que para cómo funciona esa casa... Debe ya saberlo hasta la niña de Spanien.

—No creo.

—Sea como sea hay que decírselos. ¿Tú hablas con Deutschland?—pregunta sin creerlo haciendo los ojos en blanco.

—La idea es que des la noticia a todos juntos.

—Demos.

—Pues estaré presente, por supuesto, pero prefiero que hables tú.

—¿Y-Yo? — traga saliva muy nervioso con la idea.

—Ja, bitte.

—Quizás deberíamos esperar un poco para decirles a todos.

—¿Esperar a qué?

—A... A que se acerque la fecha. ¿P-Para que les decimos a todos desde ahora?

—Para evitar chismorreos.

Suiza aprieta los ojos.

—Pues... Pues vale, Verdammt, pero se los decimos a todos juntos —dice pensando decirles juntos a todos.

—Por eso digo que hay que decirle a Vater que venga.

—¿Aquí a Bern? ¿Con tu madre?

—Nein, en Berlin, con Galia. ¿Qué hay de Helvetia?

—Mein mutter —carraspea—, eso... No se si...No se si sea necesario decirle.

—No podemos invitar a Galia y no a Helvetia.

—Pero es que a Galia le va a parecer muy bien.

—Aun así, es feo no hacerlo. Además, de hecho, deberías empezar por decirle a tu madre o a England como ensayo antes de ir a decirles a todos.

—Habla a Deutschland, ponte de acuerdo con él y dile que iremos mañana domingo a visitarles. Y... Hoy subimos a ver a Mein mutter.

—Preferiría no tener que estar cuando hables con tu madre.

Suiza le mira, pensando que lo que no quiere es subir.

—¿Por que?

—Me cansa... —no que tenga miedo que la tome con él.

—¿Mi madre te cansa? Pero yo tengo que irle a poner las manos AHÍ a la tuya —protesta un poco haciendo los ojos en blanco.

—Me cansa ir. Y eso lo hiciste porque quisiste.

Suiza suspira sin estar muy convencido aunque piensa que será más simple decirle a su madre si no está el austriaco.

—Iré yo. ¡Pero al resto le diremos juntos!

—¿No ibas a decirle tú a England?

—Ya... Le diré yo a England en algún momento.

—Bien, entonces confío que tú te ocupes de eso.

—Ja. Y tú le dices a Deutschland que iremos mañana.

xoOXOox

Suiza camina por la montaña ayudándose de su palo, silbando un poco... De buen humor. Es de mañana, ha salido bastante temprano hacia allá aún antes de que Austria se despertara, a sabiendas de que suele ser la hora de mayor actividad de su madre y quizás pueda ayudarle a llevar a las cabras a pastar o algo así, que sabe que no es que lo NECESITE, pero puede ser de utilidad.

Helvetia no está en casa, sino de pastoreo y como Suiza lo sabe o lo supone, se dirige a donde sabe que a su madre le gusta llevar a las cabritas. Y ahí la vas a encontrar, sentada en una piedra y tejiendo mientras espera que las cabras coman.

Suiza silba a lo lejos cuando la ve y se acerca a paso firme y constante. No crean que no está nervioso. Ella levanta la cabeza y desfrunce el ceño de concentración nada más.

El suizo le acaricia la cabeza a una cabra cuando pasa junto a ella y levanta una mano cuando está bastante cerca de su madre a modo de saludo. Helvetia hace un gesto de asentimiento como respuesta.

Él se detiene a unos pasos de ella, se cubre un poco los ojos del sol y mira a las cabras en silencio por un rato. Helvetia se vuelve a lo que hacía.

—¿Cómo está la cabritilla? —pregunta mirando a la más pequeña.

—No comía. Hice lo que tenía que hacer —responde refiriéndose a otra aun más pequeña que Suiza no llegó a ver. Éste se gira a mirarla un poco sorprendido, aunque sabe que si lo hizo fue lo mejor y más lógico.

—¿Hubo otra? Oh.

—Nació muerta de frío, pero mira —le señala al que fue su hermano, un macho, de apenas dos días. Suiza mira hacia donde señala y levanta las cejas, porque no le había visto.

—Oh. Dos. ¿Hembra o macho? —pregunta porque desde aquí no lo ve.

—Macho —le mira de reojo un instante—. Puedes llevártelo si quieres —murmura entre dientes. Nada más porque eres tú y le gusta que la visites y como no sabe muy bien como ser cariñosa contigo pues...

—¿Llevármelo? Nein, Danke. Es lindo, pero tu cuidas mucho mejor a las cabras.

Ella le vuelve a mirar de reojo y se revuelve un poco pero no añade nada, aunque se decepciona un poco porque no tiene muchas cosas que pueda regalarle a su hijo.

Aún así, Suiza se acerca a la cabrita y la toma en brazos, porque de verdad que le gustan mucho. Acaricia a la madre un poco y revisa al pequeño por todas partes antes de regresar con él en brazos y sentarse cerca de su madre. Ella le mira de reojo sin decir nada y se humedece los labios nerviosita.

—¿Va todo bien? ¿La casa está bien? —el trabajo que le cuesta preguntarle por ella directamente.

Helvetia asiente y le sigue mirando porque en realidad hay una cosa que Germania le hizo notar, que le preocupa.

—¿Nadie te ha molestado? ¿Tienes suficiente comida?

Ella vuelve a asentir. Suiza la mira poniéndose nerviosito porque hablar con su madre es complejo y no tiene idea de cómo contarle nada, en términos generales. Carraspea.

—¿Necesitas algo?

Ella niega aun pensando en lo que le dijo Germania. Y es que Suiza es un hombre moderno a quien, como a todos, ya nada le interesa sus métodos y vida rudimentaria y como es que Germania ha ido a conseguirse una vida moderna para que se interesen por él y Suiza seguro está mucho más unido con Germania que con ella. Suiza se quita de la espalda una pequeña mochilita de Swiss Army.

—Traje un poco de carne y pan para comer aquí y pain au chocolat de postre. ¿Antes quieres que te ayude a algo con las cabras? ¿Tienes hierbas dulces suficientes?

—¿Tú estás bien? —pregunta en un susurro, sin saber tampoco como interactuar muy bien con él, cosa que aun le preocupa más sin tener claro cómo arreglarlo. Suiza la mira, se sonroja un poco y asiente.

—He venido a hablarte de algo importante.

—Tengo una cosa para ti —susurra. Suiza parpadea un poco sorprendido.

—¿Qué cosa?

Ella saca del bolsillo un par de billetes. No es mucho, pero son francos suizos. Se los tiende. Suiza levanta las cejas con eso mirando los billetes sin estar seguro de dónde los ha sacado, ni siquiera si sabe qué son. Porque su madre... Vive en otra época del todo.

—Dinero. ¿De dónde lo has sacado?—pregunta aún así estirando la mano y tomándolo.

—Lo conseguí —se lo tiende —. Es para ti —insiste, porque ella no sabe para qué sirve, pero Germania dijo que Suiza le gustaban esos papeles y ella piensa que debe ser por los dibujos—. Este tiene... esto —es un delfín y tampoco ha visto uno en su vida.

—Es dinero. ¿Te lo dieron a cambio de cosas? —pregunta mirando el billete y luego mirándola a ella.

Helvetia asiente porque sí sabe cómo funcionan los negocios, aunque considera estúpido cambiar las cosas por papeles idiotas que aunque le digan que se pueden cambiar por cualquier cosa no están segura de que no sea TODO EL MUNDO imbécil por ello. Suiza sonríe un poquito de lado.

—No sabía que vendías cosas —replica orgulloso de ella—. Puedo guardarte esto y hacer que sea más.

Ella niega con la cabeza.

—Es para ti. Para ti. Yo no quiero. No entiendo estos dibujos.

Suiza suspira un poco porque el que su madre le dé dinero le da algo de... Es obvio que no lo necesita, pero ha conseguido dinero y se lo ha dado. Y le genera cierta angustia tomarlo, aunque no dirá que no lo quiere, porque se lo ha dado a él y a ella no le sirve.

—Podríamos cambiarlo por cosas —el problema es que no hay cosas que quiera o necesite—. O juntarlo, simplemente por tenerlo.

—Hay más, con más dibujos, pero no quisieron darme. Te conseguiré si te gustan.

Él parpadea con esto y levanta las cejas al imaginarla queriendo que le dieran billetes por los dibujos.

—Me gustan porque puedo intercambiarlos por cosas. Los dibujos los elegí yo, porque yo hago los billetes —le explica.

—Oh... oh —baja la cabeza un poco triste y avergonzada por no saber que él hace los billetes. Suiza la mira sorprendido—. Pero... ¿Te explico cómo funciona? Este billete como tal, no vale nada. De hecho tú debes pensar que una hoja de árbol es más útil que este sucio billete —los extiende encima de su propia pierna mirándola.

Ella pone la mano sobre su pierna y niega con la cabeza porque ya se lo han explicado y sigue pareciéndole idiota. Suiza le roza un poquito la mano con la suya, casi imperceptiblemente y suspira, porque aún así no habría sabido cómo explicárselo a ella.

—Me gustan mucho los billetes —asegura sinceramente.

Helvetia le mira de reojo no muy segura de eso ahora y suspira asintiendo un poco. Suiza traga saliva.

—Necesito pedirte una cosa.

Ella le mira escuchándole. El suizo acaricia a la cabrita para tranquilizarse con una mano, con la otra toma los billetes, los dobla y se los guarda en el bolsillo.

—Hace unos días, Österreich me... —carraspea y se sonroja un montón—, bueno, me propuso que nos casáramos.

Helvetia le mira sin estar muy segura de qué significa eso. Suiza la mira de reojo, rojo como una fresa.

—A-A mi el me c-cae mal y es un idiota —balbucea—, y no le... No me... M-Me... El, Ehm... Bueno...

Es decir, antes, casarse era lo que pasaba cuando un hombre y una mujer querían tener hijos, pero Austria no era una mujer... le parece, no está muy segura en realidad. A saber lo que significaba con todas esas modernidades de ahora.

—A-Al final pues... Le he... el me... Le he... Hemos decidido que... Dado que quiere decir que el me... Q-Quiere pues, yo, he... He pensado y… Ehm, vamos a-a-a...

La chica le escucha atentamente con el ceño fruncido de concentración, intentando entender. Él le mira y traga saliva con el ceño.

—... Casarnos. Pero nada va a cambiar y las tierras, todas, las que son nuestras, serán nuestras aún. Liechtenstein va a estar bien y tú también —establece apretando los ojos porque eso es lo que a él le preocupa, en realidad.

—¿Qué va a cambiar?—pregunta a pesar de que acaba de decir que nada va a cambiar.

—Yo... O... No sé. Nosotros —responde después de pensárselo—. Nein. Supongo que sólo estaremos oficialmente juntos. Aunque no vivamos juntos.

—¿Cómo? —no entiende cómo estás junto con alguien sin estar junto con ese alguien.

—Él va a vivir en Berlín y yo viviré aquí, porque no podemos vivir juntos.

Ella le mira realmente intentando entender. Suiza la mira de reojo todo sonrojado y es que sabe que no es muy claro.

—Vamos a hacer una especie de fiesta en la que vamos a comprometernos uno con el otro—se pregunta a si mismo "¿comprometerse a qué?" Y carraspea—. ¿Si sabes que es una boda?

—¿Vais a hacer una fiesta para que todos sepan que estáis juntos aunque no estéis juntos? —perdónala Suiza, pero suena más imbécil que lo del dinero.

—Es que sí estamos juntos, sólo no vamos a vivir juntos.

—A mí me gustan las cosas sencillas —asegura porque eso es cualquier cosa menos sencillo.

—A mí también —coincide—, y en si el matrimonio me parece estúpido, pero a la vez... —se revuelve en la piedra con la cabrita en los brazos y es que no sabe explicarle a su madre en pocas palabras que le hace ilusión que Austria le quiera y quiera hacer esto con ÉL. Ella suspira pensando de nuevo que es una de esas cosas modernas.

—¿Y quién es ella? —oh, sí... algo más que nadie le ha contado.

—¿E-Ella?—levanta las cejas, ¿acaso su madre pensaba que Austria era chica? Le hace cierta gracia la idea.

—¿Es esa chica rubia? —pregunta mirándole. Suiza parpadea completamente descolocado.

—¿Cuál chica rubia, mueti?

—Ella... Liechtenstein —porque Liechtenstein le gusta, es callada y trabajadora. Suiza flipa.

—¡Nein! ¡Liechtenstein es mi hermanita y sí que vivo con ella! Es... Österreich.

—¿Österreich es una chica? —no está segura pero habría dicho que es un hombre. Suiza vacila, porque no pretendía aclararle a su madre, pero no va a mentirle tampoco.

—Nein...

Parpadeo, parpadeo. La GRAN noticia: Helvetia, tu hijo es gay. Él se sonroja un montonal.

—E-Emm...

—Pero...

—¿Ja? —Suiza aprieta los ojos.

—Pero sois dos hombres.

—Ja —Suiza se revueeeeelve.

—Pero se necesita un macho y una hembra para criar —esa jerga de gente ramadera.

—¡No vamos a criar nada!

—¿Entonces para qué os casáis?

—No lo sé. ¿Porque el quiere y porque nunca había querido? Porque lo pidió.

—Pero... entonces... —vacila un poco y se sonroja porque hay cosas complicadas inmiscuidas en esto que teme que Suiza no sepa... no que ella sea una experta pero...

—¿Was?

—¿No le... quieres... como un hermano?

—¡Nein, no le quiero! —chilla apretando los ojos.

Parpadeo parpadeo. Suiza bufa porque esto... es que ESTO es y será el problema. Se sonroja más.

—Como un hermano —susurra. Helvetia le mira de reojo y de verdad no sabe cómo preguntarle ese asunto.

—Pero los... machos y las hembras...

—¿Was?—pregunta seco y sin mirarla, sin detenerse a pensar exactamente de que podría estar intentando hablar su madre

—Ya sé que no vas a criar pero es que los hombres y las mujeres...

Suiza parpadea y levanta la vista hacia ella... Y palidece un poco. Helvetia le mira un segundo y se vuelve a lo que teje sin añadir más, sin estar segura de querer explicarle eso.

En realidad Suiza respira porque por un momento ha creído que hablaba de sexo. ¡Mira que listo! Se sonroja sólo con la idea de tener esa conversación con su madre, pensando además en negarlo todo si se diera el caso. Aprieta los ojos con bastante grima del tema.

—Me gustaría que bajaras a Bern y vinieras a la boda.

—¿Que baje con... toda esa gente?

—Ja. Y va a haber más.

Ella le mira desconsolada. Suiza vacila un poco.

—Ya sé que no te gusta bajar. Va ir Vater y la madre de Österreich, no pensé que fuera correcto no decirte a ti.

—No me gusta cuando hay tanta gente y no quiero ver a ese germano con sus amiguitas. Ni solo tampoco.

Suiza la mira de reojo y no se puede decir que no lo esperara. Asiente, porque el tampoco disfrutaba... Y de hecho no disfruta la compañía de la gente. Y su padre seguro estará con alguien más lo cual... Entiende que será complicado.

Ella asiente también, no obstante, piensa que ha sido un fracaso intentando hacer cosas por él y esto se lo está pidiendo. Porque además el no podrá hacerle mucho caso, ni Liechtenstein. Aun no logra entender muy bien el asunto, pero parece ser importante para él.

Y si llega a ir Roma, sabe que su padre tampoco le hará caso y... Le angustia. Le angustia que esté solita también en la boda, aún rodeada de mucha gente. Seguro será lo mejor, que no vaya y se quede aquí en la montaña con sus cabras... Que parece ser el destino infinito de los helvéticos en las bodas.

—Aún así, me harías un gran favor si al menos bajaras un poco en invierno para que sea más fácil venir a verte —propone.

—Si bajo luego no se puede subir.

—Puedes bajar con el rebaño, te conseguiré una casa en las afueras de la ciudad en donde quedarte.

—¿Cuándo es esa cosa de tu boda?

—En invierno. Si bajas tendrás que quedarte abajo casi hasta primavera.

Helvetia aprieta los ojos. Suiza levanta una mano y le toca un poquito el le mira de reojo.

—No me gusta que estés tan sola.

—No necesito a nadie.

Suiza se mira a si mismo reflejado en su madre, recuerda a Liechtenstein y lo que implicó su llegada a su vida.

—Ya sé. Pero yo quiero pasar más tiempo contigo—declara y se siente un poco idiota de decirlo así, pero... es su madre y le ha dado dinero. ¿Cuantas veces alguien le daba dinero sólo por dárselo? Nunca. Además, no quería ser como Austria con la suya... y aunque todo siempre era tenso, estaba seguro de que necesitaba hacer algo.

—Yo... bajaré —murmura entre dientes.

—¿Todo el invierno?

—Para tú... cosa boda esa —aprieta los ojos y tal vez nunca vaya a abrazarte, pero sí está dispuesta a hacer esta cosas horrible por ti. Suiza la mira y hace nota mental de hablar MUY seriamente con su padre.

—Dankeschön.

Ella asiente otra vez concentrada.

—Te contaré los detalles antes. ¿Quieres que venga por ti?

Helvetia asiente.

—Si vienes en ese carro de metal, no.

—Pero será invierno, mueti.

Ella niega con la cabeza.

—Vendré caminando entonces, con el trineo.

La chica asiente entonces.

Suiza piensa que seguro para entonces estará histérico, y quizás una escapada a los Alpes no le vendrá tan mal.

—Comamos.


Suiza e Inglaterra son una dupla que siempre da un poco de miedo... y me gusta mucho como es (y como seguirá siendo) Helvetia en esta historia, ya es completamente ella misma! Espero que te guste. ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!