Capítulo 2
Bueno, iba a suceder en algún momento. Sinceramente, John está un poco sorprendido de que le haya tomado todo este tiempo a Sherlock estar tan emocionado por un caso que simplemente saliera corriendo sin decirle a John que se iba, y mucho menos donde podía estar. Así que, con un suspiro de infinita paciencia, John consulta su brújula interna que ahora lleva dentro de él todo el tiempo, con la flecha siempre apuntando a una cosa: Sherlock.
Está oscuro y tempestuoso, después de todo, al parecer la primavera está llegando como un león, pero por suerte no está lloviendo. Aún no, al menos.
Famosas últimas palabras. El cielo retumba de forma desagradable antes dejarse caer sobre Londres, la lluvia se vierte sobre el buen doctor y sobre todos los demás desafortunados que han sido pillados desprevenidos. Los paraguas se sacan y se abren, dejando a John como uno de los pocos que continúan andando bajo la lluvia. Considera agazaparse bajo el toldo de una tienda cercana para detenerse a esperar a que escampe, pero la verdad es que prefiere no hacerlo. Tristemente a Sherlock le lleva muy poco tiempo el meterse en problemas, y cuanto antes pueda alcanzarlo, mejor.
El teléfono le suena en el bolsillo. Agachándose bajo el letrero de una tienda, John lo saca y mira el mensaje que ha recibido:
Nos hemos quedado sin leche. Compra algo de camino a casa. SH
Suspira y pone los ojos en blanco, girándose hacia el norte y hacia el este. Hay un Tesco en la calle Oxford que está más o menos de camino a casa. Puede hacer una parada allí. Está dándole vueltas a la leche y a Sherlock y a la comida que podrían necesitar, así que pasan unos momentos antes de que John se de cuenta de que está siendo acosado, perseguido, por un gran coche negro. En el instante en el que se para para mirar, el coche se detiene y se abre una puerta, un hombre con un traje negro y un paraguas sale del interior para ponerse justo enfrente de él.
- Doctor John Watson, mi jefe solicita su presencia.
Mirar a un hombre de metro noventa siendo tú de apenas metro setenta, y empapado hasta los huesos no es tarea fácil, pero no obstante John se toma el esfuerzo.
- ¿Oh? ¿Y exactamente quién es tu jefe? - Realmente no le haría ningún favor meterse en problemas, para variar. Solo el Señor sabe si incluso Sherlock se daría cuenta. Probablemente solo pondría un anuncio de que necesitaba compañero de piso después de una semana o dos.
- Doctor Watson, de verdad preferiría no tener que recurrir a la fuerza, pero si debo hacerlo... - el móvil en el bolsillo empieza a sonar, interrumpiendo al hombre en mitad de la frase. John lo alcanza y acepta la llamada, todo sin mirar, subiéndolo hasta la oreja mientras continua mirando fijamente al hombre que está ante él, el soldado determinando con exactitud donde golpear, con qué fuerza y con qué velocidad. Una voz culta, elegante e inesperadamente familiar le habla:
- Doctor Watson. Ya veo que no se siente inclinado a ir con mi empleado, pero apreciaría si fuera tan amable de complacerme solo por un momento. Tenemos mucho que discutir, usted y yo...
Mycroft. Los ojos azul océano de John siguen mirando fijamente la mirada marrón oscuro del hombre frente a él con cautela.
- ¿Ah sí? ¿Y exactamente sobre qué podríamos discutir? - ciertamente no se iba a rendir demasiado rápido. Mycroft lo encontraría demasiado sospechoso. Y tiene toda la razón por estar preocupado por esa intervención. Si por alguna razón Mycroft encontraba la presencia de John en la vida de Sherlock... preocupante. Bueno, no estaría más allá de las capacidades del hombre el manejar la cuestión con sus propias manos. Y John no puede evitar recordar como Mycroft tenía la afición de "coleccionar" criaturas mágicas en su juventud, les gustara o no a ellos. John podía ser capaz de usar sus poderes angelicales para proteger a Sherlock, pero no parecían extenderse a su propia protección.
- Tenemos a cierto individuo en común. Realmente no me gustan las amenazas, pero ciertamente no están fuera de mis habilidades realizarlas. Sea razonable, Doctor Watson. Después de todo, es solo una pequeña y amigable charla...
John se mantuvo firme por otro rato más antes de teclear su móvil para apagarlo sin responder y asentir al hombre ante él. La puerta de atrás del coche se abre para él y y al deslizarse dentro John se encuentra sentado junto a una mujer joven y hermosa. La mira descaradamente, evaluando por su actitud que ella también es una empleada de Mycroft. Su pelo es castaño oscuro, su maquillaje es meticuloso, y en ese momento está sosteniendo un dispositivo, el cual parece ocupar toda su atención. En comparación, John se siente como una rata ahogada tanto en apariencia como en cantidad de agua que tiene encima. Está goteando sobre la tapicería y formando pequeños charcos. Sin ni siquiera mirarlo, la mujer se desplaza ligeramente para alejarse, para no contaminarse por su estado húmedo y desaliñado.
No es hasta que John la mira fijamente y le dice un "hola" cuando finalmente le lanza una mirada de soslayo, ofreciéndole una sonrisa totalmente falsa, "Hola". A pesar del hecho de que no parece estar prestándole atención, John no puede evitar sentir un profundo escrutinio hacia su persona, su mirada viaja para estudiar el interior del vehículo, buscando cámaras diminutas u otros dispositivos que puedan estar espiándolo. Pero por supuesto no hay forma de ver o contar tales cosas, así que en su lugar John gira la cabeza de nuevo hacia la mujer.
- Soy John. ¿Cómo se llama?
Ella ni siquiera levanta la mirada, sus dedos aún volando sobre el pequeño dispositivo mientras responde con sequedad:
- Sí, lo se. Puede llamarme... - y se toma un momento para considerar sus opciones antes de ofrecer un – Anthea.
- Anthea. Supongo que no es su verdadero nombre.
- Claro que no – dice girando la cabeza hacia él. "Anthea" le estudia con seriedad por un momento, parpadeando con lentitud antes de devolver su atención a su dispositivo – John Hamish Watson. Debería saberlo. Un nombre real contiene poder – la voz y las palabras son mitad amenaza, mitad promesa.
John se agita incómodo en su asiento, mirando de nuevo hacia delante, con las manos flexionadas sobre las rodillas. No puede decir del todo que es lo que tiene la mujer que le pone tan nervioso. Una sensación de que hay algo más en ella de lo que parece, pero cuando intenta alcanzarlo con sus sentidos no puede sentir nada inusual en ella. Ningún poder, ni señal que indique una naturaleza sobrenatural. Parece ser completamente humana.
- Bien. Claro.
Mira fijamente a la oscuridad, a través de la ventanas tintadas, observando las calles y los edificios pasar. Por supuesto, John Hamish Watson no es su verdadero nombre. Incluso John es meramente una palabra humana simplificada que representa su nombre. Su verdadero nombre, bueno, como el de la mayoría de los ángeles va más allá de la comprensión y el entendimiento de la mayoría de los humanos. De la misma forma en la que el rostro de Dios sería demasiado inmensa como para inmolar a cualquiera que lo mirara, el verdadero nombre de un ángel causa la ruptura del tierno recipiente que lo escuche y deja a la víctima sorda y muda. Pero desde que ya no es ni hombre ni ángel, John no tiene ni idea de cual puede ser su verdadero nombre.
El coche se detiene en un gran almacén donde un hombre los espera de pie de forma casual con un paraguas a su lado. Anthea se vuelve hacia John con una mirada que simplemente dice, "fuera", así que John sale.
Camina hacia la figura en pie, Mycroft hace un gesto hacia una silla y señala:
- Tome asiento, Doctor Watson – incluso aunque aún estuviera cojeando, John habría ignorado tanto la silla como la oferta. Así que, simplemente pasa junto a la silla para plantarse a un metro y medio de Mycroft, aún goteando en su sitio. Su mirada no se mueve del hombre hacia el ángel que está junto a él, y se da cuenta tardíamente de que no había ningún Ángel de la Guardia en el coche con él y con Anthea.
- No gracias, prefiero estar de pie – mirándose a si mismo, John pregunta - ¿Todo ese escenario de intriga y misterio era realmente necesario? Podrías haberme ofrecido simplemente un té.
- Mmmmm, sí, bueno, cuando se desea no llamar la atención de Sherlock Holmes, uno aprende a ser discreto – cambia el peso de pie mientras estudia a John, asintiendo con apreciación mientras Anthea se aproxima a él y le entrega un archivo. Lo abre hojeándolo, estudia su texto, pero John puede decir que es más una actuación dramática que una necesidad, sus ojos apenas se deslizan por el texto – Parece haber desarrollado un gran de interés en mi hermano. Una devoción, me atrevería a decir.
Su teléfono vibra de nuevo. John estudia a Mycroft un momento antes de alcanzarlo y leer el mensaje.
Ven si no hay inconveniente. Necesito té. Trae leche. SH
- ¿Se atrevería? - pregunta John de forma ausente mientras le da al mensaje para que se vaya y devuelve el teléfono a su bolsillo una vez más.
- Eso creo. La pregunta es, ¿por qué? No es que quiera ser irrespetuosos con usted o con Sherlock, pero él nunca a sido del tipo que se congracia con alguien, y ciertamente nunca ha tenido una pareja con tal devoción.
- Compañero de piso – corrige John.
- Más a mi favor entonces. Si estuviera en una relación íntima con él, posiblemente podría explicar su comportamiento de perrito faldero. Por lo tanto, el hecho de que aun siga viviendo con él después de dos meses es bastante... notable. Uno puede ir incluso más lejos y decir que es algo inaudito. Pero el hecho de que vaya a los casos con él, y que esté virtualmente pegado a su lado es cuestionable. Es un soldado y un médico, habilidades útiles sí, pero difícilmente esenciales para sus necesidades. Debe de haber algo más que le hace valioso para él, que le hace útil. Y ahí está la pregunta del qué, exactamente, saca usted de ese acuerdo.
- ¿No se le ha ocurrido que puede que simplemente disfrutemos la compañía mutua?
La risa suave y sarcástica de Mycroft hace que sus sentimientos queden muy claros en ese punto.
Su móvil vuelve a vibrar y John suspira, rebusca en el bolsillo una vez más para comprobar el mensaje mientras Mycroft pregunta secamente:
- Perdone, ¿interrumpo algo?
- No, no, en absoluto – murmura John mientras le da al móvil para encenderlo de nuevo.
Ven a casa incluso aunque haya inconveniente. Consigue té junto a la leche. SH
Suspira y desliza el teléfono en su bolsillo una vez más, ofreciendo a Mycroft una sonrisa cortés patentemente falsa mientras pregunta:
- ¿Decía?
Colocando el archivo de sus manos debajo del brazo, Mycroft mira directamente a los ojos de John y pregunta sin rodeaos:
- ¿Exactamente cuáles son sus intenciones hacia mi hermano?
- Bueno, aún no he ido a comprar un anillo, si es lo que está preguntado...
Mycroft no esbozó una sonrisa ante la pequeña broma, su expresión cambiando de cordial a formal y mortalmente serio.
- Conoció a Sherlock hace apenas dos meses, al parecer a través de una coincidencia muy conveniente. Y antes de que el día terminara, mató a un hombre a sangre fría para salvarlo. Eso puede significar que desea lo mejor para él de corazón, por ninguna razón discernible, o que desea congraciarse con él con el fin de, ¿qué? ¿Obtener algo de él? ¿Usarlo? ¿Reclamar su vida para usted? - da una paso para acercarse a John, con decisión en su movimiento, con la mano extendida.
- No – John retrocede instintivamente, con el hombro derecho girándose hacia Mycroft en un gesto naturalmente defensivo.
Es una postura común para alguien que está acostumbrado a luchar, hacerse a si mismo un objetivo más pequeño. Pero lo más importante es, que aleja el hombro izquierdo del alcance de Mycroft. Después de todo, no se ha olvidado de que el hermano de Sherlock es tan notable como su hermano menor, un poderoso Sensitivo. Cómo de poderoso, John no lo sabe. No lo bastante, por lo que parece, para ser capaz de decir qué es lo que está ante él. ¿pero será capaz de sentir lo que es John si lo toca? ¿Si le toca el hombro? ¿Sentirá su poder de la forma en que Eshu lo hizo? John no puede correr ese riesgo.
Mycroft le lanza a John una mirada de desaprobación, la del tipo que se le da a los niños pequeños cuando están siendo irrazonables.
- ¿Anthea? - pregunta quedamente.
Ella estaba tan quieta y tan callada, que John casi se había olvidado de que estaba ahí. Anthea da un paso hacia delante, mirando aún el dispositivo de sus manos, sus dedos bailando sobre él mientras habla.
- Sus intenciones son buenas. Honorables. No quiere hacer daño a Sherlock – la mujer levanta la vista hacia John, mirándolo fijamente con ojos que brillan como los de un gato en la oscuridad. Su nariz se arruga ligeramente mientras lo estudia con una mirada demasiado intensa y directa para ser humana, como si estuviera mirando a través de John – De hecho, diría que desea activamente proteger a Sherlock, alejarlo de todo daño.
Se alza una elegante ceja, la respuesta es tranquilizadora pero insuficiente para un hombre del poder y las conexiones de Mycroft.
- ¿Siempre el soldado, en busca de algo que proteger y por lo que luchar?
John se sobresalta ante las palabras de ambos, frunciendo el ceño, abre la boca para contradecir a Mycroft antes de volver a cerrarla, su atención se vuelve hacia Anthea. Ella también esconde su verdadera naturaleza. Parece humana, se siente humana, su don Sensitivo no le da nada con qué trabajar. Pero la forma en la que brillan sus ojos en la oscuridad, sus palabras, revelan que Anthea es de todo menos humana. La mira fijamente y extiende su poder, su hombro vibra ligeramente, antes de verla por fin.
- Eres una Niña Cambiada*
Sus ojos se encuentran con los de Mycroft, captando un atisbo de sorpresa antes de que sea ocultada con maestría una vez más, una sonrisa de suficiencia roza los labios del Holmes mayor.
- ¡Oh, muy bien John! Sospechaba que era un Sensitivo, pero no me había dado cuenta de lo habilidoso que era – aparta la mano y de repente John se da cuenta de que era una prueba. De una forma u otra, Mycroft iba a tener su respuesta sobre qué era lo que hacía a John especial – Anthea es muy buena disfrazando su verdadera naturaleza. Me sorprende que sea capaz de ver a través de sus defensas. Pocos pueden, aunque tienda a carecer de las habilidades sociales humanas más habituales. Pero en estos tiempos de Aspergers y autismo, ¿quién nota realmente ya esas cosas?
Levantando la barbilla una pequeña fracción, John pregunta con frialdad.
- ¿Ya está satisfecho?
- Difícilmente, pero un hombre de mi posición raramente lo está. Tantos compromisos por hacer. Tantos favores que cosechar. Pero soy paciente y estoy dispuesto a esperar por lo que quiero, a diferencia de mi hermano – estudiando a John durante un momento, Mycroft señala – La policía nunca encontró la bala. Asumo que Sherlock se encargó de eso. ¿Qué hizo con el arma? - no se molesta en preguntar en cómo John la consiguió. Eso es irrelevante.
- Ya no la tengo – es difícil tener algo que realmente nunca existió.
- Mmmmmm. Bien. Y una lástima. ¿Anthea? - la mujer se vuelve y se dirige al coche, sacando un maletín y regresa, extendiéndolo. Tras abrirlo, Mycroft saca una SIG Sauer, sacando con eficiencia el cargador para comprobarlo antes de devolverlo a su sitio y luego quita el seguro antes de apuntar directamente a la frente de John.
Los dos hombres se miran fijamente el uno a otro. John no se estremece demasiado en reacción. Los labios de Mycroft se curvan con aprobación. Apartando la pistola con mano experta, el hermano de Sherlock vuelve a poner el seguro en su sitio y le ofrece el arma a John por la culata.
- Tome. Por si se diera el caso de que se encontrara en la necesidad de volver a usarla para la protección de Sherlock. No está registrada, imposible de rastrear. Aunque le recomiendo que se libre de ella tras usarla. Es mejor no correr riesgos con estas cosas, y siempre puedo suministrarle más si es necesario – le entrega a John tanto el arma como el cargador – Estoy seguro de que la usará con discreción. Sin embargo, intente mantenerla fuera de las manos de Sherlock. Tiende a ser un poco frívolo... con estos juguetes.
- ¿Juguetes? - la expresión de John es dudosa, pero toma el arma ofrecida y se la mete cuidadosamente en la parte baja de la espalda.
- Mmmmm, sí. Culpo a Mamá por no darle ese juego de química cuando era más joven. Tal vez si hubiese tenido un accidente desafortunado a una edad temprana, hubiese aprendido algo acerca de la moderación y las consecuencias...
- ¿Hemos terminado?
Mycroft le ofrece a John una sonrisa indulgente.
- De momento. Pero estoy seguro de que volveremos a hablar pronto, John – su cabeza se inclina hacia un lado ligeramente mientras musita – Creo que quizás entiendo el porqué Sherlock le mantiene cerca.
John mira fijamente a Mycroft incómodo, sin gustarle la idea de que Sherlock simplemente le "mantenga" cerca porque es útil. Le mira. Mycroft sonríe. Después de un momento largo e incómodo, John resopla y se da la vuelta para irse, pero esa voz suave y culta lo lleva a detenerse.
- Oh sí, una cosa más – añade Mycroft, como si no hubiese estado probando la paciencia de John y se acabara de acordar - ¿Supongo que no consideraría reportar las actividades de Sherlock a cambio de una generosa compensación monetaria?
John se da la vuelta, frunciendo el ceño con fiereza, pero Mycroft simplemente le sonríe de medio lado, señalando:
- Como ya puedes suponer, me preocupo por él. Constantemente. Tener a alguien a su espalda cuidando de él es una especie de consuelo, pero me gusta llevar el control sobre él personalmente – su expresión cambia sutilmente, transformándose de la benigna preocupación a una determinación inquietante mientras su sonrisa adquiere un tono más siniestro – Sería de lejos menos intrusivo y menos desagradable que colocar cámaras en su residencia. Posiblemente también más fiable, viendo como Sherlock parece tener un don para encontrar los dispositivos que he puesto en el pasado – Y, como si John requiriera una especie de estímulo para aceptar su ridícula oferta, Mycroft añade – Me doy cuenta de que aún no ha conseguido encontrar un puesto de trabajo y que sus reservas financieras son bastante... bajas. Ciertamente esto aliviará sus preocupaciones en ese sentido.
- Supone correctamente.
- ¿En serio? Pero si ni siquiera he mencionado aún una cifra – la expresión de John permanece firme mientras Mycroft lo estudia con una pequeña sonrisa secreta – Mmmm. Lástima. Esperaba que su apegl a Sherlock haría que se diera cuenta de que solo soy su aliado y no su enemigo.
- Esa no sería, de hecho, mi razón para declinar la oferta.
- ¿Ohhh? Interesante. Es muy leal a alguien que apenas conoce. Y créame, dos meses no es tiempo suficientemente largo para "conocer" a mi hermano.
De hecho no es así, pero John no va a mencionar que ha conocido a Sherlock toda su vida. En lugar de eso frunce el ceño ligeramente, porque Watson le dice que esa es la reacción apropiada a tener por alguna razón.
Girando su paraguas, las facciones de Mycroft se recomponen una vez más en una amigable fachada antes de girarse y se aleja dando un paseo, hablándole sobre el hombro.
- Parece que ha elegido bando... solo asegúrese de que es el correcto, ¿mmmmm? Sería una lástima si el apego que parece tener por Sherlock no fuera valorado o correspondido.
John observa a Mycroft desaparecer detrás de una pila de cajas antes de volverse para mirar a Anthea, que se ha colocado detrás de él. Su voz suena desconcertada cuando dice:
- Le llevo a casa... - ¿quizás estaba esperando que podría matarlo y devorarlo?
- Vale. Aunque necesitaré hacer una parada en el camino...
NT:
Niña cambiada: En original, changeling. Hijo de un hada, xana, troll, elfo u otra criatura fantástica, dejado secretamente en el lugar de un niño humano robado. La supuesta motivación para este cambio varía entre el deseo de tener un sirviente humano, el amor hacia los niños humanos o la simple malicia.
¡Estoooy vivaaaa! xDD
Primero, siento mucho la increíble tardanza en subir este capítulo. Sería un buen momento para decir que no planeo abandonarlo en absoluto, y que de una forma u otra lo terminaré. Vida muggle...
Segundo, muchísimas gracias a todas las personas que han seguido leyendo, me siguen y marcan mis traducciones como favoritas. Me llegan las notificaciones y los comentarios, y me siento muy agradecida. ¡Gracias!
Tercero, la autora de esta serie está preparando la tercera parte. Aunque también tiene su vida muggle, está bien saber que lo tiene en mente y que ya se está documentando, ¿no? Va a ser increíble.
¡Y ya está! Espero que os guste el capítulo y que sigamos viéndonos a menudo xD
¡Feliz Navidad y feliz tercera temporada!
