N. A.: Hola Hola! Aquí casi después de un año regresando :D espero disculpen las largas demoras pero estoy segura de que valen la pena. He vuelto a dedicar más tiempo a escribir así que se vienen nuevos capítulos y muchas sorpresas dentro de la historia.

Aquí les dejo el capítulo 7 que resume de manera bastante concisa las sagas de Asgard y Poseidón, para luego enfocarme en los capítulos siguientes en espacios propios de la trama para crear una especie de preámbulo para la saga siguiente. Este capítulo lo estaré dividiendo en tres partes para llevar un mejor orden y bueno, espero que sean de su agrado.

Sin más que decir, los dejo con el capítulo y muchas gracias por seguir la historia.


Después de todo lo acontecido el lazo de amistad y de hermandad que nos unía era cada vez más fuerte. Nos sentíamos cada vez más unidos y disfrutábamos de días de total paz y felicidad. Ikki y yo ya nos llevábamos mejor y salíamos continuamente a pasear por la ciudad con Hyoga, y la pasábamos muy bien los tres. Seiya y Shiryu también salían a pasear junto con Kiki, aunque a veces Seiya no dejaba pasar la oportunidad de estar a solas y salir con Saori, cosa que obviamente me disgustaba. De Jabu, Nachi y Geki no sabíamos nada, salvo en algunas ocasiones en que llamaban o se comunicaban por correo. En fin, todo marchaba muy bien.

La gran sorpresa del momento eran los caballeros dorados que llegaban continuamente a visitarnos, incluso algunas veces se quedaban a dormir con nosotros por varios días. En esos días gracias a ellos la mansión lucía más animada, llena de alegría y juventud. Ellos eran, a pesar de su actitud ruda y fría durante la batalla de las doce casas, personas muy amables y divertidas cuando no estaban peleando y era muy agradable tenerlos como invitados en la mansión.

Era una mañana muy soleada y como todos los días salí a trotar muy temprano y una vez que llegué me fui directamente al baño. Terminé de ducharme y me cambié rápidamente pues tenía mucha hambre. Después de cambiarme escuché un suave golpe en mi puerta y abrí, era Ikki. Sonreí y nos pusimos a conversar.

-Entra - dije al escuchar el sonido de la puerta.

-Buenos días hermano.

-Ikki, buenos días – dije sonriendo – ¿Dormiste bien?

-Sí, felizmente sí. Oye, ¿viste mi billetera? No me acuerdo donde la dejé.

-Pues yo no la vi, ayer cuando salimos subiste junto con Hyoga, así que yo no vi nada.

-Ese Hyoga…. Ahora sí me las va a pagar.

-¿Hablaban de mí? – Hyoga entró en la habitación.

-Hola Hyoga – lo saludé alegremente.

-Oye pato, espero que por tu bien me devuelvas mi billetera, porque sino, de ti no va a quedar mucho que digamos.

-¿Billetera? ¿De qué hablas? Yo no la he visto.

-No seas mentiroso.

-Te digo la verdad Ikki, no la he visto. Ayer cuando regresamos no vi si la traías o no. Hasta pudiste haberla dejado en la heladería.

-En la heladería…..Ay no digas eso, no quiero ni pensarlo.

-Bueno ya no pongas esa cara de preocupado hermano, en tu billetera solo habían unos cuantos dólares, ¿Qué más podía haber ahí?

-Shun, no tienes ni idea de lo que había allí. No solo habían unos "cuantos" dólares como dices, estaban ahí todos mis ahorros, mi tarjeta de crédito, y lo que es peor… - comenzó a poner cara de niño – Estaban ahí también tu dinero y el dinero de Hyoga, además de sus tarjetas de crédito.

-¡Quée!

-¡Ikki!

-Oye….. a ver si te entiendo. ¡Intentas decirme que gracias a tu descuido me he quedado sin un centavo!

-Pues si lo ves de ese modo….. si – Ikki contestó nerviosamente.

-Pero hermano…. como… ¡Cómo pudiste hacer eso!

-¡Juro que no fue mi intención, no sé en qué estaba pensando cuando eso pasó, realmente no me acuerdo de nada!

-¿Y ahora?

-Ahora Shun, gracias a tu hermano tendremos que empezar a ahorrar otra vez. ¡Y el trabajo que me costó juntar toda esa cantidad!

-Ay no puede ser, ¿Y ahora que voy a hacer sin dinero? – suspiré tristemente.

-Yo de verdad….. de verdad lo siento mucho – la voz de Ikki sonaba terriblemente avergonzada – Haré todo lo posible por devolverles lo más pronto que pueda todo su dinero y lo demás. Yo mismo haré los trámites para las tarjetas y…¡Cómo diablos pasó esto! – Ikki se llevó las manos a la cabeza.

-Descuida hermano – le dije consolándolo con una mano en su hombro – ya no hay nada más que hacer. No te preocupes, ya veremos nosotros como solucionamos esto.

-Sí Ikki, Shun tiene razón. A pesar que con tu billetera se fueron todos nuestros ahorros…. Me imagino que siempre se puede empezar de nuevo ¿no?, ya veremos después, ya no te aflijas.

-¿De verdad? ¿Hablan en serio? – Preguntó Ikki incrédulo.

-Pues…. Sí.

-Claro Ikki, a estas alturas de nada nos sirve renegar.

-Gracias chicos, son tan comprensivos – Ikki nos abrazó efusivamente.

-¿Interrumpo? – Una voz femenina se escuchó en la entrada.

-¿Eh? Ah, hola Marín – Ikki siempre tan descortés.

-Marín, que gusto verte – La saludé amablemente.

-Buenos días Marín – Hyoga hizo lo propio.

-Qué tal chicos, disculpen si entré sin permiso, es que vine a traerles algo.

-¿Y qué es?

-¿Es esto suyo? – Preguntó mostrando una billetera.

-¡Mi billetera! Oh Dios mío, ¿Cómo la encontraste Marín?

-¿Qué ya no te acuerdas?

-Ikki, ¿qué hiciste anoche después de dejarme en el pasillo?

-Yo …

-Hermano, ¿saliste con Marín?

-Shun, verás …

-No puedo creerlo, ¡Tú con Marín! – Hyoga exclamó burlonamente.

-¡No! – Ikki comenzó a avergonzarse – Lo que pasa es …. Bueno, después de dejarte en el pasillo salí a caminar un rato por ahí, y sin querer me encontré con Marín. Conversamos un rato y de ahí la invité a tomar algo. Me imagino que fue ahí donde ocurrió todo.

-Sí fue ahí Ikki, lo que pasa es que estabas tan cansado que no te diste cuenta. Después que me llevaste a mi casa y te fuiste sin querer miré al piso y vi tu billetera. Quise alcanzártela pero ya te habías ido. Por eso vine hoy, a devolvértela.

-Muchas gracias Marín – Ikki agradeció tomándola de la mano.

-….. De nada Ikki.

-¡Uy! Aquí hay algo más – Hyoga siguió con el tono burlón.

-¿A qué te refieres Hyoga? – Pregunté sin entender.

-A que entre Ikki y Marín hay…. Tú sabes…. Son algo más que…..

-¡Quée! Hermano tú y Marín….

-¡Cállate Hyoga, eso no es cierto!

-Sí claro como no.

-¡Bueno ya! Solo vine a devolverte tu billetera, así que ya me voy. Nos vemos chicos, adiós – Marín hizo ademán de retirarse.

-Oye Marín, ¿no te quedas a desayunar? Quédate, no pierdes nada con eso.

-Ikki, yo….. pues….. no quiero causar molestias…..

-¡Huau! No puedo creerlo. Qué atento te ves Ikki, casi no te reconozco – Hyoga no paraba con la burla.

-¡Cállate Hyoga!

-Pero, ¿Están seguros de que no hay ningún problema?

-No hay problema Marín, quédate – Hyoga sonrió.

-Descuida Marín, a mi hermano le encantará que te quedes – con una sonrisa me uní a la burla.

-¡Tú también Shun!

-¡Ja, ja, ja, ja!

-Si no hay problema, me encantará quedarme – dijo ella riendo.

-Bueno….. entonces bajemos….. – sugirió Ikki algo nervioso.

-Ikki, creo que te estás sonrojando – Hyoga comentó burlonamente mirándolo de reojo.

-¡Ahora si te cae Hyoga! – exclamó Ikki fingiendo cólera.

-¡Noo!

-¡Ja, ja, ja, ja!

Y así riendo bajamos al comedor, encontrando a todos ahí. Seiya y Aioria estaban riéndose en la sala, Milo, Camus, Shura, Afrodita y Saga estaban en el salón de juegos, Aioros (que estaba vivo gracias a Saori) y Máscara estaban en el jardín, mientras que Shiryu, Mu, Aldebarán y Shaka estaban poniendo la mesa. Nos vieron y conversamos muy animadamente.

-¿Dónde pongo la ensalada Shiryu?

-Pues….. ponla en el centro, a la mayoría les gusta.

-¿Siempre es así verdad? Solo tú te preocupas por estas cosas.

-Qué puedo decirte – contestó Shiryu suspirando – Seiya y Kiki no se aparecen por aquí si no ven que todo está ya listo, Hyoga se levanta algo tarde, Shun sale a trotar muy temprano y llega justo a la hora de desayunar y pues Ikki…. bueno, tú sabes como es Ikki, ya lo conoces bien. Él es incapaz de hacer algo así, según él es muy….. muy cursi ó delicado hacer cosas como éstas, y es por eso que nunca las hace. Ya sabes cómo es de arrogante, te lo demostró en la casa de Virgo.

-Sí, pude ver que es casi como yo.

-Sí, pero al menos a ti si te gusta poner la mesa – intervino Mu.

-Mu, cállate.

-Qué, ¿Te ofendí? – Mu no disimuló la risa.

-Solo me pareció que me dijiste delicado.

-Bueno, la apariencia la tienes, y….. – comentó Shiryu burlonamente.

-¡Shiryu!

-¡Ja, ja, ja, ja!

-¡Ja, ja, ja! Shaka poniendo la mesa, no puedo creerlo – rió Aldebarán entrando en el comedor.

-Ni yo, el solo verlo es para no creerlo – Mu seguía con la burla.

-Mu, vuelves a decir algo como eso y…..

-Oh vamos Shaka, no es para tanto, es solo una actividad…. Digamos relajante – dijo Shiryu intentando animar.

-Si tú lo dices….

-Shiryu tiene razón Shaka, te lo dice porque es él el que todos los días hace esto – dijo Mu sonriendo.

-Bueno como sea. Mejor deja de mirarme y ayúdame, quiero terminar con esto de una vez, me muero de hambre.

-De acuerdo, yo también tengo hambre – Aldebarán se llevó una mano al estómago.

-Eso no es novedad, un hombre tan grandote como tú siempre tiene hambre – Shaka miró de reojo a Aldebarán.

-¡Shaka!

-Eso es verdad, mas bien deberíamos separarle una parte del desayuno, sino él se la comerá toda – Mu dirigió sus bromas hacia Aldebarán.

-¡Oye Mu!

-No te molestes Aldebarán, solo están bromeando.

-Pero Shiryu….

-Confía en mi, yo no te mentiré.

-Bueno, si lo dices así si.

-¡Pero miren quienes bajan! ¿Oigan, como que es un poco tarde no creen? – Shaka exclamó mirando hacia la escalera.

-Shaka, cuando queramos tu opinión te la pediremos.

-Ikki, no podía esperar más de ti.

-Hola chicos, como han amanecido – saludé con una sonrisa.

-Muy bien Shun, tu siempre tan amable – dijo Mu sonriendo.

-Ja, deberías aprender de tu hermano Ikki, Shun al menos tiene modales.

-Shaka, cállate.

-Oye no calles así a Shaka Ikki, aunque no lo creas, él tiene algo de razón – Hyoga no perdía la oportunidad.

-¡Hyoga!

-¡Ja, ja, ja, ja!

-¡Bueno ya!, voy al jardín a molestar a los demás, me avisan cuando hayan terminado.

-Pero hermano….. ¿No nos vas a ayudar a terminar de poner la mesa?

-¡¿Bromeas?! Yo no hago esas cosas. Además, tienes ahí más manos de las que necesitas, ustedes se entienden mejor sin mí. Te veo luego hermanito – dijo saliendo.

-Ay Ikki….. – dije suspirando.

-Descuida Shun, ya no puedes hacer nada – Shaka movía la cabeza negativamente.

-¿Tú crees?

-Shaka tiene razón Shun, él sabe cómo se siente así que te está diciendo la verdad.

-Pero Hyoga, él debería hacer estas cosas, eso le ayudaría a integrarse más al grupo, me preocupa que todo el tiempo esté solo. Quisiera ayudarlo.

-Shun, no te preocupes – Mu me consoló abrazándome – todos sabemos cuánto te preocupas por tu hermano, pero tienes que comprender que él tiene que hacer esas cosas por sí solo, ya que no es un niño. Yo creo que con el tiempo él mismo lo irá haciendo poco a poco, solo tienes que darle un poco de tiempo.

-¿Tú crees? – volví a preguntar.

-Estoy seguro que si.

-Gracias por tus palabras Mu.

-No es que quiera interrumpir tan importante conversación pero, ¿Ya terminaron? Me muero de hambre – se quejó Aioria mientras entraba.

-Bueno Aioria, si tanta hambre tienes no te caería mal venir a ayudarnos.

-Bueno, ya que todos ustedes no son capaces de hacerlo, yo el maestro Aioria les enseñará cómo poner una mesa. Háganse a un lado y aprendan – contestó con aires de superioridad.

-¿Tú un maestro? Ja, me río – Shaka fingió atorarse.

-Shaka, cállate.

-No me callo.

-¡Oye!

-¡Basta! Dejen de pelear. Pongamos la mesa todos juntos y de una vez, ya es un poco tarde – intervino Shiryu.

-¡A la orden jefe! – Aioria contestó burlonamente.

-Haré como que no escuché eso – Shiryu suspiró.

-¡Ja, ja, ja, ja!

Y después de terminar todas esas cosas nos pusimos a desayunar.


-Milo, pásame la miel.

-Aquí tienes Camus – dijo Milo alcanzándole la miel.

-Y bien, ¿cómo van las cosas Saori? ¿Alguna novedad? – preguntó Saga.

-Pues hasta donde sé no. No hemos tenido noticias de esos extraños guerreros que dicen que vendrán a destruir el santuario. Aún no hemos trazado una estrategia para poder investigar acerca de ellos.

-Deja de preocuparte tanto Saga, no creo que se le deba dar tanta importancia, puede ser una broma.

-No lo creo Shura, esos guerreros poseían armadura, y era un tipo de armadura muy peculiar por cierto.

-¿Pero entonces cómo podremos ubicarlos? – preguntó Seiya.

-Mira, yo creo que tú Seiya, y los demás caballeros de bronce deberían ir al lugar que ellos mencionaron, Asgard, a investigar acerca de su existencia, para poder estar prevenidos por si se da otro ataque – sugirió Saga.

-Me parece buena idea – asintió Milo.

-Concuerdo contigo Milo. Pueden dividirse en pequeños grupos e ir a distintos lugares, así ganan tiempo – añadió Aioria.

-Eso me gustó Aioria, qué lastima que ninguno de nosotros puede ir con ustedes – se lamentó Aldebarán.

-¿Y porqué no?

-Verás Hyoga, Aldebarán tiene razón – comentó Mu – Nosotros tenemos que quedarnos en el santuario para vigilar nuestras casas, por si se presenta algún enemigo, debemos quedarnos permanentemente, estas ocasiones son una excepción, pero por lo general estamos ahí todos los días.

-Oh, ya veo.

-Bueno, si es así como debemos de proceder, propongo que los cinco vayamos a Asgard en grupos mañana para saber algo más acerca de esos dioses guerreros – dijo Seiya muy determinado.

-Bien, pero yo iré por mi cuenta – contestó Ikki desviando la mirada.

-Ikki …. – susurré preocupado.

-Descuida Shun, él estará bien – dijo Hyoga animadamente.

-Bueno, Shiryu y yo iremos hacia el norte, Ikki irá solo hacia el este y el oeste y tú Hyoga con Shun irán hacia el sur. ¿Les parece bien? – preguntó Seiya.

-¡Oye! ¿Y yo por qué debo ir en dos direcciones? – se quejó Ikki.

-Porque estás yendo solo – Shiryu apoyó a Seiya.

-No me parece justo – Ikki desvió la mirada nuevamente.

-Bueno, si no hay más objeciones así quedamos – sentenció Seiya.

-Bueno, qué más da – dijo Ikki suspirando – Si eso era todo lo que querían hablar, con su permiso, me retiro.

-Pero Ikki, ¿no vas a esperar a que los demás terminen? – le pregunté.

-Prefiero retirarme, la compañía en exceso me hostiga.

-Pero Ikki, ¿cómo vas a decirle eso a Marín? – Hyoga volvió a la carga – ¿La piensas dejar plantada así nomás? Ella vino a verte exclusivamente a ti, como te vas a ir y dejarla sola. Eso no se hace Ikki, muy malo de tu parte, ja, ja.

-¡Cállate Hyoga! Yo solo….. ¡Oh bueno me quedaré!

-¡No puedo creerlo! ¡¿Ikki enamorado?! – Shaka no disimuló su asombro.

-Shaka, si no quieres que te desaparezca a golpes será mejor que te...

-Déjalo Ikki, solo están jugando. No estás prestando demasiada atención a todo esto, ¿verdad? – preguntó Shiryu.

-Claro, cómo se te ocurre – contestó el fénix.

-Cambiando de tema, mi amor, me imagino que te quedarás aquí en la mansión, ¿no? – preguntó Seiya mirando a Saori.

-Pues…... Estoy pensando seriamente en refaccionar la mansión. Me gustaría añadir unas cuantas habitaciones y cambiar algunos aspectos. Descuida, ya veré donde me instalo.

-Podrías quedarte con uno de los grupos – sugirió Seiya.

-Pero... – Saori dudó.

-No creo que sea una buena idea – añadió Shiryu.

-Yo sí lo creo.

-Milo... – Hyoga no comprendía.

-Miren, Saori podría ir por ejemplo, con Hyoga y Shun, ellos tres podrían hacer un buen equipo juntos. No es que quiera ser mal amigo Seiya, pero si ella va contigo, la matarían. A pesar de que no te conocen, eres el líder y seguramente empezarán sus ataques por ti, y si dan contigo estoy seguro que podrían hacerle daño.

-Bueno, si lo pones de ese modo, tienes toda la razón – asintió Seiya tristemente.

-Entonces no se diga más. Me quedaré con Hyoga y Shun.

-Bueno, Hyoga, Shun, cuídenla mucho por favor.

-Descuida Seiya, no le pasará nada.

-Bueno, ahora ¡A divertirse!

-Ay Aldebarán, tu siempre tan parrandero – Mu subió los ojos.

-Bueno, antes de una buena batalla uno se puede divertir, ¿no?

-Concuerdo contigo, me gusta esa idea – sonrió Milo.

-Entonces ¡¿Qué esperamos?! Chicos, vamos a pasear – dijo Shura animadamente.

-Genial, cuenta conmigo – Aioros sonrió.

-Me apunto – dijo Ikki.

-Vaya Ikki, pensé que no ibas a ir – comentó Hyoga.

-Si es para divertirse puede que cambie de parecer.

-Bueno, mi amor, ¿Vienes no?

-Claro, pero yo prefiero alcanzarlos dentro de un rato.

-¿Porqué?

-Quisiera arreglar mis cosas antes de irme. ¿No se incomodan, verdad?

-No, mis cosas ya están listas. ¿Y las tuyas Shiryu? – preguntó Seiya.

-Las mías también. ¿Tú Hyoga?

-No, pero tengo flojera de arreglarlas ahora.

-Si gustas yo puedo arreglarlas por ti Hyoga – ofrecí amablemente.

-¿De verdad Shun?

-Sí, es que yo aún no he terminado con las mías, así que de paso puedo continuar con las tuyas, claro, si no te molesta.

-Qué lindo eres Shun! De verdad te lo agradecería mucho – exclamó abrazándome efusivamente.

-Entonces lo haré.

-Bueno, entonces nos alcanzas con Saori, ¿ya?

-De acuerdo.

-Ja, espero que no se demoren mucho – la voz de Shiryu tenía un tono sarcástico.

-¿A qué te refieres Shiryu? – preguntó Seiya con curiosidad.

-A que... a que el tráfico no los haga demorar, tú sabes, a veces se puede poner un poco difícil.

-Bueno, si tú lo dices.

-Descuida Seiya, no le hagas caso, Shiryu solo está diciendo tonterías – dijo Ikki mientras se acercaba al oído de Shiryu – Mira Shiryu, si no quieres que le diga a Seiya lo que estás insinuando será mejor que te calles, ¿De acuerdo?

-Relájate Ikki, no es nada – replicó Shiryu algo nervioso.

-Sí claro, no es nada.

-¡Bueno, vamos!

-¡Sí!

Después de eso, todos nos fuimos a arreglar y dentro de unos minutos los chicos estaban saliendo, mientras Saori y yo nos quedamos solos en la mansión, arreglando las cosas para el viaje de mañana. En eso estábamos cuando Saori se me acercó y me dijo algo que simplemente, me encantó.

-Bueno, nosotros ya nos vamos, Saori, Shun, no se demoren, ¿ya?

-Descuida Shaka, no nos tardaremos.

-Vayan con cuidado.

-De acuerdo Shun, adiós – contestó Shaka saliendo.

-Al fin solos – suspiró Saori mirando por la ventana.

-Sí pues, completamente solos.

-Desde hace rato quería que se fueran – dijo abrazándome.

-Yo también, quería estar solamente contigo mi amor – contesté besando sus manos.

-Te amo tanto.

-Y yo a ti, no sabes cuánto.

-Descuida mi vida, te creo.

-Bueno, ¿empezamos con las cosas?

-Sí, yo tengo aún mucho por empacar.

-Procura llevar ropa gruesa, ahí hace mucho frío. Y también evita llevar muchas cosas, no queremos ser tan evidentes.

-Descuida, ya tengo en mente lo que he de llevar, lo tendré todo listo en pocos minutos, pero ahora – decía mientras me besaba el cuello – quiero otra cosa.

-¿Ah si? ¿Y puedo saber qué desea esta vez mi bella princesa? – le pregunté en tono seductor.

-Mmmm, ¿Te acuerdas lo que te dije aquella noche que nos quedamos en el hotel?

-Me dijiste muchas cosas, pero ¿Cuál es?

-La de... escaparnos juntos. ¿Ya recordaste?

-Claro que me acuerdo. ¿Y qué hay con eso?

-Que estoy pensando que durante el viaje tú y yo podríamos hacer de ese recuerdo... algo real.

-A ver si entendí. Quieres que nos escapemos juntos durante el viaje a Asgard, ¿Y qué vamos a hacer con Hyoga?

-Eso es lo que me incomoda. No sé cómo haríamos con él. Tengo muchas ganas de escaparme contigo y tener otra fascinante noche como las que ya hemos tenido.

-Bueno, eso me lo puedes dejar a mí. Sé cómo hacerlo. Descuida, todo saldrá como tú quieres.

-Entonces ¿Podremos irnos?

-Claro que sí. Para serte sincero, yo también quiero escaparme contigo. Y si fuera para siempre, muchísimo mejor.

-Ay mi amor, qué más quisiera yo – dijo besándome – Pero por el momento solo podemos hacerlo de este modo. Solo tenemos que ser pacientes y esperar a que con el tiempo, todo mejore.

-Sí pues, no hay nada más por hacer.

-Bien, me iré a mi cuarto a hacer mi valija.

-Yo terminaré de poner estos abrigos en las valijas y empezaré con las cosas de Hyoga.

-Fue muy inteligente de tu parte decirle eso a Hyoga.

-Ya lo creo, es que quería estar contigo a solas.

-Por eso mismo yo también dije eso.

-Y lo logramos, ahora estamos solos, disfrutando de un momento que es solo nuestro.

-Exacto. Seiya a veces me deja muy estresada. Pero no perderé el tiempo hablando de él teniéndote a ti delante mío. Quiero aprovechar cada segundo de este momento – dijo comenzando a besarme nuevamente.

-Concuerdo completamente contigo – le dije entre besos – Disfrutemos de este momento con toda intensidad.

Y así estuvimos un largo rato, besándonos y acariciándonos, olvidando por completo las cosas que teníamos que hacer, entregándonos enteramente en cada segundo y deseando que ese momento durara para siempre. Después, nos soltamos y comenzamos con el arreglo de las cosas.


-Hace un poco de calor.

-Sí, ya no lo aguanto.

-Y para colmo Saori y Shun no vienen.

Suspiré y meneé la cabeza. Estábamos sentados en unas bancas ubicadas en la plaza central de un centro comercial. Habíamos estado viendo algunas cosas haciendo tiempo para que Saori y Shun llegasen pero nos terminamos aburriendo, y nos sentamos a esperarlos puesto que ya nos habíamos cansado de tanto caminar. Camus y Shaka se quejaban del calor, Mu se preguntaba por Saori y Shiryu tenía una mirada escéptica en el rostro, para total desagrado de Ikki. Máscara y Aioros estaban leyendo unas revistas que compramos ahí, Shura y Afrodita estaban conversando animadamente por su lado y Aldebarán, Aioria, Saga y Milo estaban con una expresión de incomodidad, y no dejaban de quejarse. Yo estaba de pie, a un costado del resto, intentando por enésima vez de llamar a Shun a su celular, pero no me contestaba. Me estaba poniendo muy tenso, y eso no me agradaba para nada.

Shaka dejó de conversar con Camus y empezó a hablar con Shura y Afrodita. En eso, Camus se levantó y se dirigió a mí donde empezamos a hablar.

-¿Preocupado?

-Un poco.

-No creo que les haya pasado algo. Shun es lo suficientemente fuerte como para proteger a Saori, sería prácticamente imposible que haya ocurrido algo malo.

-Lo sé, pero entonces ¿Porqué la tardanza?

-Me imagino que, como dijo Shiryu, el tráfico está un poco fuerte.

-Todos están un poco incómodos y no es para menos. ¿Ya dejó de sentir calor?

-No me hables así. Me haces sentir viejo. Aún tengo calor, pero qué puedo hacer.

-Lo siento maestro.

-Ya, ya descuida. ¿Sabes? Ya me cansé de hacer intentos para que se me vaya el calor. Hasta incluso intenté hacer hielo, pero, no funcionó. Voy por algo de beber, ¿Quieres venir conmigo?

-Bueno, vamos.

Y fuimos a una cafetería, a tomar algo. Conversamos un rato y luego regresamos. Mientras regresábamos (Habíamos tenido que salir del centro comercial para comprar las bebidas, suena trillado pero así pasó) nos encontramos con Saori y Shun, quienes venían caminando. Estaban actuando un poco extraño según mi maestro, pero yo no noté nada.

-Bien, ahora me siento mejor. Regresemos ya, no quiero que se preocupen.

-Sí maestro, aunque no le veo el sentido el que hayamos tenido que salir.

-Hyoga, prefiero mil veces comprar algo de beber en una cafetería de prestigio que comprarlas en un centro comercial, tengo malas experiencias de eso. Además, esa cafetería es muy conocida, por eso pedí que saliéramos.

-Bueno, si usted lo dice, ya no importa.

-Hyoga, ¿Qué te dije acerca de mi nombre?

-¡Oh! Lo siento maestro.

-Ya no importa – contestó esbozando una sonrisa – Mira, ¿Esos no son Saori y Shun? – preguntó señanando en una dirección.

-Sí, son ellos – repliqué mirando – ¡Shun, Saori, aquí!

-¡Hyoga!

-Hola, disculpen la tardanza – saludó Saori llegando.

-Vaya que sí se demoraron.

-Lo sentimos, es que el tráfico estuvo... bueno, de verdad, lo sentimos – se disculpó Shun.

-Descuida amigo – le dije abrazándolo – ya te entendimos. Todo está bien, ¿verdad?

-Sí, descuida, estamos bien.

-Esas miradas... ¿Por qué se miraban así? No es normal entre amigos, ¿Qué sucede? – pensaba Camus.

-Maestro, ¿Qué tanto los mira? – pregunté curioso.

-Pues... nada, solo me distraje.

-¿Seguro?

-Sí, es que me pareció ver... – Camus dudó en contestar.

-¿Ver qué cosa Camus? – preguntó Saori mirándolo fijamente.

-Ehhh nada, olvídenlo – Camus prefirió callar.

-Bueno ya vamos – Saori comenzó a caminar.

-Sí.

Lo que pasó después casi ni merece explicación, salvo las constantes bromas de Seiya e Ikki para con Shaka. Se notaba que de verdad se habían propuesto hacerle la tarde algo graciosa, lo que de paso nos divertía a todos. Del centro comercial nos fuimos a un restaurante a almorzar, yendo luego al cine disfrutando de una genial película. Después de eso fuimos a un Karaoke, donde algunos, incluyéndome, hicimos el ridículo, para risa de todos. Ikki y Camus no querían cantar, así que prácticamente tuvimos que obligarlos a hacerlo. La sorpresa del momento la dieron Shiryu y Shun, quienes cantaron muy bien. Shiryu tenía muy buenos tonos graves y Shun tenía una voz muy bien ecualizada, tanto para los graves como para los agudos, dejando a Ikki literalmente, con la boca abierta. Después de pasar un buen rato en el Karaoke (Que dicho sea de paso salimos bastante tarde de ahí) Nos fuimos a una discoteca, como cierre de noche, y la pasamos realmente bien. Fue un día verdaderamente grandioso.

De noche (en el auto de la fundación)

-¡Ay! Qué gran día, la pasé genial en la disco – exclamó Aldebarán.

-Sí, la música estaba buena, y el ambiente súper. A propósito, me dio mucha risa verte bailar – Milo sonrió al recordar.

-¡Oye! Yo bailo muy bien.

-Sí claro, y yo llevo el signo de Escorpio por hobby.

-¡Ja, ja, ja! Ésa estuvo buena Milo – Mu comenzó a reír.

-Oye Mu, no te permito que te burles de mí.

-Pero Alde, solo estamos halagándote, cómo se te ocurre que nos vamos a burlar. Milo y yo solo estamos diciendo que bailas muy bien, eso es todo – Mu volvió a reír.

-¿Y porqué te ríes?

-De nada – contestó riendo – solo que ese pasito circular que hiciste casi me deja sin aire de la risa, ¡Ja, ja, ja, ja! – Mu se rió a carcajadas.

-¡Mu!

-¿Pasito circular? ¡Solo había que verlo haciendo la batidora! – Milo también estalló de risa.

-¡Ja, ja, ja, ja!

-¡Milo!

-Oigan ya dejen de reírse así, van a despertar a los demás – se quejó Ikki.

-¿Despertar? ¿Quiénes están durmiendo? – preguntó Milo agitado por la risa.

-Camus y Shun, y ya sabes como se pone Camus cuando lo despiertan.

-Claro, e Ikki se molesta porque vamos a despertar a su hermanito – bromeó Milo.

-Mira Milo, no pienso discutir contigo, así que bajen la voz y dejen de molestar – sentenció el fénix.

-Está bien Ikki, ya no te enojes – contestó Milo mirando a la ventana.

-Como sea – suspiró Ikki.

-Ja, yo creo que está picón porque Shun le ganó en el Karaoke – Shaka comentó en voz baja.

-¡Shaka!

-Ja, ja, ya lo veo. Pero Shun sí que dio la sorpresa – dijo sorprendido.

-Sí, me quedé más que impresionado al escucharlo cantar – Mu movió la cabeza afirmativamente.

-Ya vez Ikki, deberías estar orgulloso antes que picón – volvió a bromear Milo.

-Milo, cállate.

-Bueno ya, dejemos de molestar a Ikki. Afrodita, ¿tienes más papas fritas?

-Aquí tienes – dijo Afrodita alcanzándole una bolsa.

-Ay Alde, tu siempre tan glotón – Mu suspiró resignado.

-Es que tengo hambre.

-Eso no es novedad. De las 24 horas del día tú tienes hambre 23 – Shaka cerró los ojos.

-¡Shaka!

-¡Ja, ja, ja!

-Y ya van a empezar – Mu subió los ojos suspirando – Y qué te cuentas Shura, ¿qué tal la pasaste?

-Pues a decir verdad bien, no me puedo quejar. ¿Y tú?

-Súper. Viendo a Aldebarán bailar sí que fue un mate de risa.

-Tú no cambias Mu, aparentas seriedad pero sí que eres burlón.

-Bueno solo de vez en cuando. Oye Hyoga, ¿Falta mucho para llegar? Ya me está dando sueño.

-No lo creo, ya falta poco.

-Ahora que hablas de sueño, yo también me estoy sintiendo cansado.

-Y no solo tú, yo creo que casi todos nos sentimos así. ¿No Aioros?

-¿Decías? – contestó bostezando.

-¿Ves a lo que me refiero? ¡Ja, ja! – se reía Mu mirando a Shura.

-Oye Mu no te rías de mí.

-Es que lo necesito, si no hago algo siento que me voy a quedar dormido – Mu se movía en su asiento.

-Si te duermes podemos ponerte donde están Camus y Shun, no hay problema con eso – sugirió Aioros.

-Prefiero conversar – Mu suprimió un bostezo.

-Como gustes. A propósito, ¿Le arreglaste el casco a Saga?

-No lo digas tan alto, aun no lo he hecho – contestó en voz baja.

-Ja, ja, eso sí que es bueno.

-Llegamos chicos – anunció Saori.

-Vaya Saori, pensé que no llegaríamos nunca. ¿Tan lejos hemos ido? – se quejó Aioria.

-Así parece – contestó Aioros.

-Vaya que sí. ¡Oye Camus, ya despierta! ¡Ya llegamos! – gritó el león.

-No me grites que ya te escuché – dijo Camus despertando – ¡Acaso no sabes cómo despertar a una persona! – gritó molesto.

-Lo siento, es que ya llegamos – Aioria intentó disculparse.

-Déjalo Aioria, siempre se pone así cuando se despierta – consoló Milo a Aioria.

-Aioria torpe – Camus bostezó – como se te ocurre despertarme así. Shun – Camus miró hacia su hombro – ya despierta, ¿Me oyes? ¿Oye Shun me estás escuchando?

-...

-Déjelo maestro, yo lo llevaré – dijo Hyoga apartando a Shun de Camus y cargándolo.

-Vaya, eso sí es ser un buen amigo.

-Sí que lo es. Ikki, yo lo llevaré, no te preocupes – sonrió Hyoga.

-Gracias Hyoga – contestó el fénix estirándose.

-Bueno chicos, bajen todos que ya llegamos.

-Seiya, no tienes que decir eso, ya nos dimos cuenta.

-Saga, no te esfuerces, es Seiya, tienes que comprenderlo.

-¡Oye Afrodita!

-¡Ja, ja, ja, ja!

Y así conversando, nos fuimos cada uno a su habitación a descansar. Esperando despertar con muchas fuerzas para resistir lo que se venía.


-Hola, ¿Te desperté?

-No, en realidad yo ya estaba despierto desde hace rato.

-¿Tan temprano?

-La verdad es que casi no dormí en toda la noche.

-¿Y porqué?

-Te va a sonar gracioso pero creo que tengo un poco de miedo.

-¿Miedo? Ja, si que es raro en ti. ¿Y a qué se debe?

-No lo sé, me imagino que es por Shun.

-¿Shun?

-En la batalla de las doce casas se esforzó demasiado y estuvo a punto de morir. Y aunque no me lo diga últimamente lo he visto un poco desmejorado. Luce pálido e incluso lo veo más delgado. Me preocupa mucho el que su cuerpo no resista una batalla como la que vamos a tener.

-Bueno, de algo me percaté, pero creo que él tiene mucha fuerza dentro de sí y es esa fuerza la que le ayudará a vencer.

-Eso espero – dejé escapar un suspiro.

Suspiré porque no supe qué más decir. En toda la noche no hice más que pensar en cómo serían esos dioses guerreros con los que nos íbamos a enfrentar y si realmente saldremos vivos de esto. Temía mucho por mi hermano, pues durante todo este tiempo le ha exigido mucho a su cuerpo y pues me asustaba mucho el hecho de que pueda morir en combate. A pesar de ser caballeros no podía ocultar el dolor que eso me causaría. Me desperté temprano y bajé a la sala, tratando de disipar mis preocupaciones, y fue ahí cuando me encontré con Shiryu. Hablamos un rato y él me ayudó a entender cosas que antes no quería ver y realmente me sentí mucho mejor. Luego él me dijo algo que, sinceramente me resultaba difícil de asimilar.

-Descuida Ikki, sé que Shun, al igual que todos nosotros, sobrevivirá.

-Tienes razón – contesté sonriendo – Estoy tratando a mi hermano como si fuese un humano ordinario, y no lo es, él es un gran caballero y sé que lo logrará. Qué equivocado estuve, gracias por tus palabras Shiryu.

-Cuando quieras. A propósito Ikki, quería pedirte disculpas.

-¿Por qué?

-Por las cosas que pasaron ayer, cuando insinué lo de Shun con Saori.

-Bueno, te disculpo solamente porque la idea no es más que descabellada. No tiene sentido alguno que mi hermano quisiera algo con la prometida de Seiya, eso es ridículo. No tiene ni pies ni cabeza.

-Para serte sincero Ikki, puede que tengas razón en algunas partes, pero yo tengo mis reservas.

-¿A qué te refieres? – pregunté mirándolo fijamente.

-Pues a que... a veces noto cosas anormales.

-¿Anormales? No entiendo.

-Mira Ikki, siento lo de ayer, pero tan solo dame un poco de tiempo, y créeme que podré explicarte con más claridad yo que pienso.

-Tiempo... me estás asustando.

-No, no te asustes, no digas nada a nadie Ikki, por favor, mucho menos a Seiya, te lo ruego Ikki, por favor.

-Bueno, bueno si eso es lo que deseas, lo haré, no diré nada, pero sí te pediré algo.

-Lo que quieras.

-Pase lo que pase, te prohíbo terminantemente que lastimes a mi hermano, ¿Te quedó claro?

-Completamente Ikki.

-Bueno, entonces no se diga más. ¿Listo para ir a Asgard?

-Un caballero siempre está listo para todo.

-Ja, no me hagas reír. Anda dime la verdad.

-Sí estoy listo, eso creo.

-Yo también me siento así.

-¿Cómo serán Ikki? Tengo tanta curiosidad.

-Tengo que admitir que me interesa mucho saber cómo son, pero me imagino que deben ser seres excepcionales.

-¿Cómo los caballeros dorados?

-Para serte sincero, me temo que lo serán más.

-Espero que todo salga bien – dije suspirando.

-Yo también. Oye ¿Tienes hambre?

-Algo. ¿Vamos a la cocina?

-Sale.

Y así nos fuimos a la cocina a prepararnos algo. Comimos y luego subimos a mi cuarto a ver un poco de televisión, bajando cuando empezamos a oír a los demás. Aparentamos habernos despertado recién e intentamos conversar naturalmente.


-¡Buah! Qué bien dormí – Aioros se estiró bostezando.

-Me alegro, ayer se te veía muy cansado – sonrió Aldebarán.

-Sí, ayer estaba muy cansado. Tan cansado que apenas oía lo que me decían.

-Descuida, nos percatamos de eso cuando estábamos en el carro – sonrió Milo.

-A propósito, ¿a qué hora debemos partir para Grecia? – preguntó Aioria.

-Para serte sincero no lo sé. Es Saga quien sabe eso – Milo se alzó de hombros.

-Tendré que preguntarle, debemos de estar listos a tiempo, si llegamos tarde seremos amonestados.

-Tienes razón, y no quiero eso.

-Creo que ninguno de nosotros queremos eso – sentenció el toro.

-Hyoga, ¿A qué hora llegamos? – me preguntó Shun bajando las escaleras.

-Casi a las doce.

-¿Tan tarde? Creí que era más temprano.

-Pero la pasamos relindo – sonrió el cisne.

-Eso sí. Oye, déjame felicitarte Shun, cantaste precioso ayer – dijo Shiryu sonriendo.

-Sí amigo, estuviste fantástico – comenté alegre.

-Bueno, no es para tanto – Shun no pudo evitar ruborizarse un poco.

-Hyoga y Shiryu no exageran Shun, de verdad estuviste grandioso. Después de lo acontecido ayer me siento muy orgulloso de ti.

-Oh, gracias hermano.

-¡Oigan, espérenme! – exclamó Seiya corriendo.

-Vaya Seiya, cualquiera diría que se te pegaron las sábanas – bromeó el fénix.

-No, es que me quedé conversando con Saori, y no me di cuenta de la hora. Ella ahorita baja.

-Bueno, nosotros ya vamos a desayunar. ¿Alguien desea ayudarme a poner la mesa? – preguntó Shiryu esperanzado.

-Conmigo no cuentes – Ikki cerró los ojos.

-Eso ya lo sé Ikki – dijo Shiryu con una mueca.

-Hyoga y yo lo haremos con gusto Shiryu. ¿Verdad Hyoga? – dijo Shun mirándome.

-Seguro – moví la cabeza afirmativamente.

-¿Y tú Seiya? – preguntó Shiryu dubitativo.

-Bueno, pero solo porque tengo mucha hambre.

-Eso sí que es un milagro – bromeó Ikki.

-¡Ja, ja, ja, ja!

Entonces, todos nos sentamos y muy contentos empezamos a desayunar. Saori se nos unió minutos después. Era una mañana agradable y todos estábamos de un buen humor. Desayunamos y después conversamos un largo rato, hasta que llegó la hora de partir.

En la tarde

-Bueno chicos, llegó la hora. Nosotros tenemos que irnos y ustedes también.

-Lo sabemos, y estamos más que listos.

-Vayan con cuidado.

-Mu, Shaka gracias por sus palabras.

-De nada Shun, cuídate mucho y cuiden a Saori.

-Lo haré.

-Bueno, sin más que decir, nosotros ya nos vamos. El viaje es largo y debemos darnos prisa. Una vez más chicos, cuídense y mucha suerte en esta nueva batalla.

-Te lo agradecemos de corazón Milo, y a todos ustedes también cuídense y esperamos verlos pronto – agradecí amablemente.

-Esperen chicos, llévense los autos de la fundación, viajarán más seguros ahí.

-Gracias Saori, cuídate mucho.

-Tú también cuídate Milo, y todos ustedes también.

-Bueno, no dilatemos más el tiempo, en marcha – anunció Saga.

-Sí – concordó Seiya.

Todos salimos de la mansión. Los autos de la fundación ya estaban en la puerta, y los chicos, después de abrazarnos a cada uno de nosotros, fueron subiendo y después de unos minutos, los autos arrancaron y ellos se fueron. Un rato después, llegó el bus de la fundación, donde subimos y después de nos minutos nos fuimos. Estábamos nerviosos, pero muy optimistas de salir victoriosos de esta nueva batalla.