Así que lo que sigue es un grito de GALIAAAAAAAAAAAAAAAE y Roma lanzándose sobre el sofa donde están ella, Britania y Germania.
Cielos. Britania pega un SALTO y tiene casi un infarto. No me extraña, porque además Galia milagrosamente no sufre daño, pero los otros dos sí. Bueno, todo el daño que puede conllevar que se te caigan ochenta kilos de romano encima.
Nada más... Britania debe estar hecha etiqueta contra el sillón. Deberían ser setenta y siete, pero los carbohidratos no son gratis. Aunque él asegura que son setenta y cinco.
—GaliaeGaliaeGaliaeGaliae! ¿Sabes qué me acaba de contar mi hijo?
—¿Pero que pasaaaa? —protesta Britania.
—¿Qué? —pregunta Galia sonriendo, bajando la revista que leía. Roma nada un poco por encima de Britania y le da un besito a Galia en los labios. Germania gruñe y empuja a Roma para que se caiga al suelo. Así que... se cae y se ríe desde el suelo.
—¿Pero qué es lo que pasa? Cuenta —la chismosilla de Britania.
—¡Va haber boda! ¡Acaban de contármelo mis hijos!
—¿Boda? ¿De quién? —Britania en quien piensa primero es en Francia, sinceramente.
—¿De verdad? —a Galia le brillan los ojos solo con la idea, no necesita ni saber de quién. Hasta has captado la atención de Germania.
—¿Tú qué crees? —pregunta Roma a Britania.
—F-France? —pregunta pensando que ya está un poco harta de que todos los días sus hijos salgan con una actividad nueva.
—Quid? Franciae? Non! Ellos ya están casados.
—What?
—¡Me refiero a Austriae y Suissera!
Germania parpadea... Y parpadea otra vez.
—¿Qué dijiste de Österreich y Schweiz?
—¡Pues ellos son los que se casan!
Germania levanta las cejas sorprendido. Galia da palmas de la emoción.
—¿Como sabes?—pregunta Germania incrédulo. Es decir son sus hijos, no es posible que vayan a casarse y ROMA lo sepa. Ehm... Vale, si es posible pero... Nah.
—¡Me lo han dicho mis hijos! Franciae se lo dijo a Hispaniae y Romano y a él el chico America, he hablado con él antes para confirmarlo, pero no paraba de decir algo de Niuzilan y no he entendido del todo, seguro Egipto sabe... —tan emocionado.
—¿Egipto? ¿Por qué va a saber Egipto algo de eso? ¡¿Y por qué es que yo soy siempre el último en enterarse!? —protesta un poco Germania flipando porque vayan a casarse. Aunque pensándolo bien no está del todo seguro de que diferencia hace. El quería casarse con Galia para que fuera sólo suya, pero... ¿Austria y Suiza no estaban juntos sólo ellos dos?
—Seguro America le cuenta a ella cuando hable con Austria —se refiere a Australia y es que ya me imagino, pero YA ME IMAGINO el desastre mental de América.
—¡Rome, esto es maravilloso! —asegura Galia.
—Ya sabía que te haría ilusión.
Germania mira a Galia porque... Bueno, es que es el hijo que tiene en COMÚN el que se casa.
—Ehm... ¿Y... Qué tenemos que hacer?
Y ella se echa en brazos de Roma para abrazarlo. Lo siento, Germania.
Germania hace ojos en blanco con eso cruzándose de brazos porque por alguna razón nunca le salen las cosas con Galia como las quisiera. Mentalmente piensa que ese abrazo le correspondería a ÉL.
Después del abrazo, los dos se toman de las manos y dan algunos saltitos y grititos emocionados. Chillan cosas sobre que habrá que comprarse ropa y conseguirles un regalo. Britania hace los ojos en blaaaaanco y Germania se levanta.
—Esperen, esperen —pide Germania acercándose a ellos con el ceño fruncido. Ambos dejan de chillar y le miran.
Germania cambia el peso de pie porque hay como cuarenta cosas que no entiende bien de esto.
—¿Como sabes que van a casarse? Y... ¿Para qué?
—Yo lo sé todo.
—No lo sabes todo —insiste todo enfurruñado porque no le gusta que sepa cosas de sus hijos que él no sabe. Mira a Galia otra vez y la verdad es que quiere que le explique por qué saltan de alegría emocionados...
—Claro que sí —sonríe de lado. Germania gruñe porque sí que lo parece.
—¿Y por qué se quieren casar? Tú estás muy contenta —insiste en mirar a Galia y querer que esté contenta con él.
—¿Pues por qué se casa la gente, Germaniae? —pregunta Roma aun medio abrazado de Galia que estira una mano hacia él para que se les acerque.
—¿Para tener bebés? —pregunta acercándose (gracias Galia)
—Como van a tener bebé si son dos chicos —se ríe Roma y los dos le abrazan.
—Pues justo eso estoy diciendo —levanta un brazo y se apalanca el a Galia de la cintura.
—Pues porque se quieren, tonto —suelta Roma y Galia los atrae hacia si a los dos.
—¿Y que? La gente se quiere y no por eso se casa —se deja abrazar habiendo cumplido con parte de la tarea que era que le abrazara, faltándole sólo ahora que suelte a Roma—. ¿Y por que te han contado a ti y no a nosotros?
Roma les abraza también a los dos.
—No me han contado ellos, me lo han contado mis hijos.
Germania decide no preguntar del concepto mucho más ahora porque ellos dos parecen entender todo bien y a él sigue pareciéndole no entiende bien lo de casarse, porque es absurdo.
—¿Y qué hay que hacer? —siguiente pregunta.
—Ser muuuuy felices por ellos —exclama Galia.
—Pero es que... —Germania vuelve a necear con no entender. Quizás ahora Austria viviría con Suiza y para eso se casaban—... Hay que ir a verles entonces —a ver si ellos me explican, piensa para sí—. O al menos hablarles.
—¡No les digas, espera a ver si ellos nos invitan!
—¿Si nos invitan? —descolocadoco de nueeeevo —. Si no nos invitan no entiendo el alboroto.
—Claro que nos van a invitar —le calma Galia—. ¡Pero hay que dejar que lo hagan ellos!
Germania tiene que morderse el labio para no segur preguntando cosas. Porque no entiende NADA de todo esto y le desespera, no crean que no. De hecho acaba de darse cuenta que no está seguro de como es que funciona el concepto "casarse", lo cual es terrible porque no tiene ni idea entonces de nada... Quizás podría hablar con Prusia. O con Austria directamente.
Aprieta un poquito a Galia contra sí por sus huevos, porque hace rato abrazo a Roma y no a él, y porque es el niño que tienen en común ellos DOS el que se "casa" lo que sea que implique eso realmente, se acerca un poco a ella y busca darle un beso en los labios y ella se lo devuelve sin ningún problema en lo absoluto.
Es Roma quien la aparta un poco con la cadera. Germania se tranquiliza con el beso y le funde el cerebro, aunque creo que él pretende profundizarlo cuando se separan gracias a la sutileza romana. Desde luego ni se entera que es Roma el que lo separa.
—Ehm... —parpadea medio perdido.
Ambos le sonríen y creo que hasta le sacan una sonrisita de lado de vuelta, porque además el pensamiento obvio y lógico que sigue es, yay! ¡Vamos a tirarnos a Galia!
—Briiiiiiiit vamos a ir de bodaaaaaaaa —Roma saca la cabeza entre Galia y Germania para ver a Britania, pero sin soltarles.
—Eso oigo —baja un poquito la revista que leía Galia hace un rato y les mira a los tres y es que se ha aburrido en algún punto entre "siiiii! Hay que ir a comprar ropaaaaa" y "¿es que por qué se casan?"
Mira a Galia y le sonríe un poquito, porque le da gusto que Galia esté emocionada, aunque no deja de preocuparle un poquito que sea por algo de Austria. ¿Saben... Veneciano? ¿Y Francia? ¿Y España? Pues son hijos del mismo tipo, que es tremendo y tiene... esa clase de ideas.
—Tú deberías casarte conmigo.
De hecho debe haber varios parpadeos aquí porque al menos Germania y Britania se giran a mirarle. Germania creo que hasta se tuerce el cuello.
Roma se muere de la risa porque era en broma. Germania sigue congelado. Britania se SONROJA y le lanza un cojín al romano en la cabeza. Y de hecho se levanta con otro cojín dispuesto a darle.
—Vale, vale, no me miréis así, era... au! —se ríe soltando a Germania y a Galia para protegerse con las manos.
Ahí la tienes en carga completa dándole uno en la cabeza y otro en las pompas, haciendo chilliditos. Roma se hace bolita intentando protegerse, agarrándose la cabeza con las manos... muerto de risa y Germania se soba un poco el cuello secretamente relajándose al ver que era broma. Mira a Galia de reojo.
—¿Y tú? ¿Aún no quieres casarte conmigo? —facepalm
—¿Eh? —Galia le mira. Germania la mira sin repetirlo, fijamente, porque está seguro de que le ha oído. Ella le da otro beso en los labios, sin contestar. Lo cual así muy bien muy bien no le aclara al bruto. Pero hala. Le devuelve el beso, eso sí.
—¿Tu sabes como es casarse ahora? —le pregunta suavecito cuando se separan.
—Gales me ha contado algunas cosas, pero no quiero preguntar mucho.
—¿Por?
—Se pone raro con ese tema. Incómodo.
—Bueno, entonces no sabes realmente como es. ¿Qué es lo que sabes?
—He visto películas. La novia siempre es muy bonita, toda vestida de blanco. En el graduado hay una boda.
—¿Y qué pasa si no hay novia? —lo peor es que se la imagina a ella.
—No lo sé. Quizás uno de ellos haga de novia.
Se imagina a Austria de vestido... Siguiendo la misma línea de pensamiento: Galia - Austria
—Oh, ¿de vestido?
—Pues no lo sé —se encoge de hombros.
—¿Crees que es raro que se casen mis dos hijos?
—Bueno, es que ninguno de los dos es una chica, pero ellos se quieren mucho y eso es lo que importa —sonríe. Germania asiente y la mira sonreír... Y el dramático (demasiado latino para ti, Germania) piensa un poco en sí mismo y en lo mismo de siempre. Ni ella ni Roma le quieren lo bastante. La suelta un poco.
—Me alegra —declara con la voz plana y la cara de huelepedo de siempre. Ella le aprieta un poco al notarle un poco más plano de lo normal. Germania le mira de reojo otra vez—. Esta vez tendremos algo en común de nuevo.
—Siempre tenemos cosas en común tú y yo —Galia le acaricia un poco.
—Me gusta tener cosas en común contigo —casi parece la misma voz plana... aunque no lo es.
—Y a mí —sonríe ella sinceramente. Él sonríe un poquito de lado con eso y la aprieta otra vez contra si. Galia le da otro besito. Es que como le sigas dando besitos va a comerte en uno de esos, Galia.
Creo que podemos dejarlo ahí o Roma va a caerse levantando a Britania sobre ellos dos y acabando los cuatro en el suelo.
Así que... Habían pasado los días, por más que Suiza intentaba detenerlos. Así se había ido el martes en París y después de volver tarde casi se había quedado dormido en la mesa del comedor de lo cansado que estaba. El miércoles había tenido que hacer todo lo que no había hecho el martes, bloqueando todas las llamadas entrantes.
Austria se había ido a esconder en Viena a la espera de que Suiza le dijera que ya podían ir a Berlín. Ya que estaba, había empezado con la parte que más se le complicaba de estas ceremonias. Había decidido que tres meses literalmente NO eran suficientes. Había decidido buscar en todos los rincones de la casa y de Viena las antiguas composiciones que toda la vida ha hecho para Suiza, para recordarlas y probar de armar el puzzle de lo que han sido sus sentimientos por el helvético a lo largo de su vida y en las diferentes épocas.
Y Suiza había descubierto o recordado algo en lo que quizás desde los tiempos en los que estaba con Francia, que cuando las cosas no están en el orden apropiado mental para él, cuando las cosas se salen de su perfecto control, empezaba a agobiarse y agotarse. Se estaba dando cuenta de que sólo hacer algunas citas y una lista mental de los pendientes y las cosas que hacer le estaban empezando a generar angustia.
Porque además se había emperrado en que si Austria le había dado un anillo de compromiso, el tenía que darle algo a cambio. (Por un momento había pensado en un reloj que tuviera bloody teléfono en el cual localizarle...) Así que además de su trabajo y de organizarse un poco mentalmente con fechas, hablarle al obispo y a algunos contactos en Berna para ver posibles salones de fiestas y hacer el reloj... Y entrenar... Casi no tenía tiempo siquiera para dormir. Y apenas iba en la primera semana.
El otro asunto era que el cabrón de Austria lo único que había hecho era... Ir a Viena. Así que había tenido que hablarle a Alemania y decirle que si podían verse el fin de semana... Que Austria y él tenían algo que contarles. Había sido una conversación tremendamente incomoda y tensa con un Alemania que no había parado de echarle indirectas...
Y, sinceramente, un poco por joder, es que entonces acababa de hablar con su padre para invitarle a Berlín el domingo... (Otra cosa súper rara...), y una vez que había acordado la hora y asegurado que el compraría los boletos de avión le había pedido a Germania que le comunicara con Galia. Y así es como estaba ahora echado en su silla esperando a que Galia le contestara...
—Allô?
Suspiro.
—Allô, ¿Galia? Soy yo Suisse.
—Aaah! Mon cher! Comment ça va?
Suiza se sonroja y agradece que no haya nadie más por ahí.
—Ehm... Bien, bien —carraspeo —. ¿Tú cómo estás?
—¡Muy emocionada con esto que me cuentan! ¿Es cierto?
Suiza parpadea y parpadea otra vez porque Germania no le ha dicho nada.
—¿E-Emocionada? Que es lo que... —carraspea, se le derrite el cerebro, esta vez por nervios
—Pues tú sabes que yo te seguiré queriendo igual.
—M-Me... Quoi? Galia pero es que, no sé... Yo...
—Quoi?
—E-En realidad te hablaba en nombre mío y de Österreich.
—¿Aja?
—Oui —asiente apretando los ojos sonrojadito tratando de atenerse a lo que había dicho que diría, ignorando lo que todo parece indicar que ya lo sabe.
—Es maravilloso.
—E-Es... —pausa. Enfócate suiza, enfócate—, quería decirte que el domingo... Q-Que queremos contarles algo. Si es que Österreich aparece.
—Y con la historia que me contaste, por fin... estoy muy orgullosa de mi hijo por esto.
—¿Cómo es que sabes? —protesta un poco, se pellizca el puente de la nariz y de hecho se lo piensa un poco más, a punto de la combustión—. ¡NO quiero saberlo!
—Eh? —vacila
—Österreich. Osterreichestaráencantadodequenosacompañeseldomingo! —suelta corrido y casi comiéndose las palabras, pensando que no quiere saber de verdad como es que todos están hablando de esto a sus espaldas.
—El domingo vais a hacerlo?
—El domingo en Berlín v-vamos a, se supone que... a... Decirles.
—¿Decirnos?
—Oui. El domingo Galia, y sería bueno que fueras. Quizás podrías llevar al muchacho con el que sales. ¿O vas a ir con Vater? Nein.
—Eh? Ah, sí me dejáis invitar a Gales le diré. Rome dice que tú o Österreich tenéis que decirme si puede venir porque quizás no le queréis ahí.
—¿A Galles? ¿Por que? A Österreich le agrada —¿o no? Piensa para si mismo.
—Merci! —sonríe... al que no le gusta es a Roma.
—De hecho es Rome el que… Ehm, bueno...
—Ya lo sé, pero yo le cuido.
—Eh? Non, lo que quiero decir es que quizás sería bueno, tú sabes, evitarlo.
—¿Evitar qué?
—Su presencia. No quiero que se meta en ningún asunto. Y ya le conoces.
—Galles?
—Non! Rome!
—¿No quieres que venga Rome? —pregunta desconsolada.
—Non. Sólo complica las cosas —y hace que mi padre no le haga caso a mi madre...
—Pero... le romperás el corazón, quiere a mi hijo como si fuera suyo.
Suiza hace los ojos en blanco.
—Pero no es suyo. Vater dice que es de él.
Y de verdad, Galia, yo te recomendaría que cuidaras ese tema.
—Suisse, no importa quien sea su padre, no quiero que deje de quererle así.
Suiza piensa que a él le preocupa mucho más que deje de quererla a ella... O que la empiece a querer más bien.
—No creo que Österreich no lo quiera. Ni que lo quiera.
—Me refiero a Rome.
—Pues tampoco. En realidad me da lo mismo. Sólo no quiero que vaya, porque va a ir mi madre. Va a estar Vater ahí y prefiero que él esté con mi madre.
—Oh... creo que deberías hablar con Rome tú mismo, está muy emocionado con esto, pero...
—Mon dieu... —protesta porque Roma también lo sabe, queriendo meterse debajo de algo. De hecho puede que Liechtenstein se lo encuentre cuando venga a decirle que está lista la cena debajo del escritorio con la papelera en la cabeza.
—Ave! —saluda Roma al cabo de unos instantes.
—Sólo ven el domingo, vale? Por favor. Ven, y se dulce pero no... —se calla.
—Suizzera! Dice Galiae que quieres hablar conmigo.
—¡No quiero hablar contigo, no dije eso!
—¿Eh? Dice que no quiere hablar...
—A mi me ha dicho que sí...
—Galiae dice que sí querías hablar conmigo.
—Ehm... Pues es que no creo que sea lo mejor hablar—Suiza se rasca la cabeza pensando que esto es un poco complicado. ¡Una cosa es no invitarle y otra es desinvitarle!
—Anda, no te preocupes, es muy bueno esto que te está pasando, ¿necesitas ayuda para algo?
Suiza bufa porque para colmo el cabrón es amable.
—Quiero decir que... este es un momento muy importante en la vida de un chico y aunque tu padre te quiere con locura y es un hombre excelente, a veces algunas cosas le superan, pero yo he pasado por ello cuatro veces
—No. Grazi... Eh? ¿Cuatro veces?
—Sic, cuatro veces.
Suiza sigue preguntándose como lo sabe.
—¿Con quién?
—Pues con Iberiae la primera, luego Helena, Egipto y Galiae.
—Pero que cínico —murmura para sí, pensando de verdad si Austria no será su hijo.
—¿Cínico?
—Es igual. En realidad no deberían ni saberlo, quizás no sea necesario hacer nada el domingo si ya lo sabe todo el mundo.
—¿Qué haces el domingo?
—Ir a Berlín a contarles lo que ya saben.
—Oh! ¡Que bonito! Hey! ¿Sabes que bajamos a Berlín el domingo? —le cuenta a quien pase por ahí—. Voy a llamar a Veneciano.
—No, no, pero es que...—parpadea sin tener idea de cómo se mete en esos líos, si él lo estaba desinvitando.
—Bueno, entonces nos veremos ahí, te paso con Galiae otra vez.
—Dice Rome que lo has invitado el domingo también —exclama Galia feliz—. ¿Has cambiado de idea?
Suiza parpadea.
—¡No! ¡Si se invitó sólo! ¡De hecho he dicho que no haremos nada el domingo porque todos saben ya, no tiene caso alguno!
—Ah, no creo que haya hecho eso —sonríe—. Venga, no te enfades, él es muy divertido.
Suiza aprieta los ojos y niega con la cabeza.
—Por favor, no le digas a nadie más ni hables de esto... Ni nada, ¿vale?
—Iba a decirle a Galles...
—Ah. Él. Oui, a él sí dile —asiente pensando que les detesta a todos, en resumen. Entonces suena el timbre para su frustración…
Y ahí sale de debajo del escritorio, y se pega en la cabeza mientras se despide de Galia diciéndole que se ven el domingo mientras corre histeriquito a la puerta porque, bueno, ¿que no hace Suiza "histeriquito"?
Ahí tienes al culpable de todas tus pesadillas que ha decidido darles fiesta pronto a todos hoy. Yo recomendaría un beso, Austria, aunque dudo que sea el camino que vas a seguir. Porque Suiza esta histérico, y tiene ganas de arrancarte algo.
De hecho para su desgracia presiento que está justo en ese estado que tanto te gusta.
—Guten tag.
Sonrojo... Boca abierta. Más sonrojo. Levanta las cejas. Creo que vería con menos impresión a un dragón si se parará en su puerta. Austria levanta una ceja con esa cara.
—¡Tú!
—¿Qué clase de saludo es ese?
—¡Pues es que tú! —protesta sonrojándose más y pensando saludo = beso!
—¿Yo qué?
—¡Llevo todo el día pensando en ti! —en realidad de manera menos romántica de lo que suena
—Qué bonito —burlita, entra a la casa.
—Pues es que... ¡No asiiiiÍ! —chillido—. Voy a amarrarte el teléfono a la mano, porque no voy a hacer esto sin que me contestes cuando necesito hablar contigo. Me dejas todo, TOOOODO a mí: hablé con tu madre y todos saben ya, y...
Austria se quita la chaqueta escuchándole y mirándole de reojo.
—... en realidad no veo para qué hacer lo del domingo. England me dijo que sí, por cierto y creo que está casado con France —sigue haciendo aspavientos y tomando su chaqueta para colgarla en el perchero.
—Cuantas cosas...
Bufido y fulminación.
—¡Ja! ¡Muchas, muchiiiiiiisimas cosas!
—Me alegro de lo de England.
—¡Y estuve en París y te hable para contártelo! —protesta cruzándose de brazos—. Y luego Deutschland, ¡y tu madre! ¡Y vater... Y Rom! ¡Y todo lo estoy haciendo YO!
—¿Todo el qué?
—¡Todo! Hablé a la iglesia también y... ¡Y tÚ no me contestas!
—He estado ocupado.
—¿Haciendo que? ¡Te hablé! ¿Dónde tienes el teléfono?
—Esa es una buena pregunta.
—¡¿Cómo vas a decir eso?! ¡Me niego, me NIEGO a que no traigas tu teléfono!
—No voy a llevarlo cuando esté trabajando.
—¿Trabajando?
—¿Te sorprende?
—Ja.
El austriaco se encoge de hombros.
—Y sí que vas a llevar el teléfono cuando estés trabajando... ¿Trabajando en qué?
—No voy a llevar nada que haga ruidos incontrolables de pronto y no hay discusión posible al respecto —sentencia.
—Lo pones en silencio y me hablas al final del día. ¡Exijo que si te llamo tengas la cortesía de llamarme de vuelta ese mismo día!
—Hemos vivido perfectamente felices por muchos años sin teléfono, Liebe.
Suiza se sonroja igual.
—Nein, Nein. Nein. No es lo mismo esto AHORA. Me importa un pimiento lo que digas. ¡Si te hablo es por algo! ¡Y espero respuesta, no voy a posponer las cosas por días hasta que tú te acuerdes de que es verdad, tenías un teléfono!
Austria levanta un dedo y se lo pone al suizo sobre los labios en señal de silencio, sonriendo. Éste se calla y sonroja más, irremediablemente, poniendo un poco cara de bobo.
—¿Hacer tres llamadas telefónicas es lo que te ha enfadado tanto?
—Q-Que no me hagas caso me ha enfadado —responde en ooootro tono.
—Te hago caso en el momento oportuno.
—P-Pues yo quiero —es que ya se oye que esto suena mal, pero él se refiere a lo del contexto—, que me hagas más caso. Y que hagas más cosas conmigo —se sonroja más porque de verdad que no se refiere a eso que suena—. E-es decir...
—Y por eso pronto seré tu marido —aprovecha a hacerle un cariño en la cara, sonriendo burlón. TODO en esa frase, incluyendo los gestos, hace que Suiza se muera de la vergüenza. Le sigue el cariño de la mano como si fuera un gatito, eso si.
—... e-eh.. —cierra la boca y luego la abre y es que estabas enfadado reclamando, ¿no Suiza?—... Tú...
—¿Yo...?
Se humedece los labios.
—Ehm... D-Deberías ayudarme.
—¿Qué quieres que haga?
A Suiza se le ocurren varias cosas poco relacionadas con la boda...
—C-Contestarme y dividirnos y...
—Aja...
—Cosas —y ESO es extrañamente inocente. Se encuentra incapaz de sostenerle la mirada, eso si.
—Cosas... —repite él no en un tono inocente. El suizo saca vaporcito de agua por las orejas.
—Österreich —protesta aún queriendo ahorcarle, pero volviendo a pensar más en las cosas y en el beso de saludo. Así que le fulmina un poco de lado, se cruza de brazos y se gira para que no le vea morirse de la vergüenza, pensando en qué momento pasaron de reclamarle que no le contestaba el teléfono, a querer hacer COSAS.
—Pues tú eres quien es ambiguo, a saber qué quieres decir —se dirige a su butaca como siempre.
—Espera —le detiene dando un paso hacia él. Austria se vuelve a mirarle—. N-No me has saludado —murmura dando otro pasito hacia él.
—Yo he llegado, tú me has recibido gritando.
—¡Pues lo mereces! A-Aún así, el que llega, saluda —otro pasito y es que... Es cuadrado y necio y se avergüenza, pero SABE que Austria (Ehm él no, claro), quiere un beso de saludo al llegar.
—¿No quedamos en que el que recibe saluda?
—Eso no tiene en lógica —se humedece los labios y hace un sobreesfuerzo por dar otro pasito hacia el.
—Ah, ¿nein?
—Nein —le pesca del brazo —. Dadas las circunstancias...
—¿Por? Tú eres el que lo está pidiendo, además. ¿Qué te cuesta venir y hacerlo en vez de estar protestando?
—¡Que yo llevo toda la semana haciendo todo! ¡Y no lo estoy pidiendo! —protestas, protestas. Se le planta enfrente y le mira hacia arriba y... Se muere de la vergüenza.
Austria le mira por encima de las gafas y es que para los besos como le impones. Suiza se sonroja y detesta ser tan bajito. Aunque piensa un poco que no tiene nada de malo querer un beso de tu futuro esposo... Y que Austria se hincó para pedírselo y que sólo es un beso y que prometió confiar en él. Se humedece los labios oootra vez y se pone de puntas
Austria se sonroja un poquito y se yergue ligeramente.
El suizo traga saliva e inconscientemente piensa por un instante que en realidad se está quitando un poco. Se sonroja más y pero sigue su movimiento poniendo carita de beso.
Austria se humedece los labios y... acaba de acercarse torpemente.
Yay! Les tomó menos de "toda la tarde".
La cosa es que... Suiza se lo COME. De verdad. Casi como con el chocolate.
Austria levanta las cejas dejándose arrastrar como si acaso pudiera hacer otra cosa y debe sorprenderte más cuando en menos de un segundo empieza a desfajarte. Porque... En el fondo sí has llegado en el momento de histeria más oportuno...
Pero aun así... pues es que se deja. ¿Qué otra cosa va a hacer? Pues... Nada, que esta vez nos importa un pimiento tu TOC, Austria, y creo que acaban teniendo, ehm... Sexo ardiente y pasional en la sala. Si Liechstenstein les permite.
Ella les espía, ejem.
¿Cuándo no?
Bueno, querían que Suiza se relajara un poco con Austria, ¿no? Ahora está tenso por la boda pero puede que estas cosas pasen algunas veces. ¡Hola, Austria. Soy Suiza y me gustas! Es una forma bastante más efusiva de saludarle de lo que esperaba... pero no es queja.
En realidad Suiza no pretendía... Lo que pasa es que el discurso mental "haz lo que quieras, no pasa nada, él será/es tu marido", puede que nos lleve a esto con alguna frecuencia... Pues es otro de los motivos para hacer esto en realidad. Alguna ventaja debía tener el dar seguridad a Suiza.
Así que, bueno. Después de semejante terapia de relajación, Suiza es capaz de contarle un poco mejor como ha ido con Inglaterra, lo que ha hablado con el secretario del obispo que le ha dado cita para dentro de dos semanas, lo que le ha dicho a Alemania y la llamada fatal a los Ancient. Y que el domingo sigue en pie la dichosa comida familiar que cada vez parece ser menos "familiar"...
—¿Y por qué dices que todos lo saben?
—Lo sabe tu madre... Y está muy feliz y orgullosa de ti —apunta —, y va a ir con Galles. Y lo sabe Roma. Me ha dicho que se casó cuatro veces.
—Vater debe saberlo también... seguro se habrá enfadado.
—Vater sólo me ha dicho "ja... ja... ja..." a todo lo que le he dicho.
—Eso prueba bastante mi punto.
—France también me felicitó —se esconde un poco —. Fue por England al bar.
—Frankreich... Preussen debe saberlo ya entonces. De hecho es posible que todo el mundo.
Suiza aprieta los ojos.
—No creo que tengamos que ir a nada el domingo entonces —murmura.
—Hay que dar fe de los rumores y anunciarlo oficialmente.
—Vas a hacer cosas útiles, ¿verdad? Estar ahí y no sólo sentarte sino hablar con todos conmigo —le pide pensando que va a tener que llevar su anillo... Y el reloj debería de poder darle el reloj.
—Tal vez —sonríe cínico.
—Neeein, ¡no puede ser tal vez! ¡Somos los DOS los que vamos a casarnos! —protesta fulminándole un poco.
Austria le besa. Tan fácil. Suiza se calla dejando de protestar del todo y devolviéndole el beso. Son buenos tiempos para Austria y Suiza, definitivamente.
Pues... Creo que Suiza va a trabajar horas extras y en la madrugada (y se va a encerrar en su despacho a "trabajar" cuando en realidad va a estar haciendo de maestro relojero) pero el domingo antes de ir a Berlín... Finalmente después de pulir y colocar en una cajita con los ojos un poco rojos y, ha de decir, un poco de sueño, hace los ojos en blanco al notar que sigue dormido y abre las cortinas de golpe.
—Siento que me paso media vida intentando despertarte...
Austria se giiiiiira para esconder la cara. Suiza se sienta en la cama a su lado. Aún va en pijama y trae su anillo puesto y su cajita en las manos. Sube los pies porque además de alguna manera extraña se las arregla para tener frío a momentos hasta en verano.
—Despierta, anda —le mueve un moreno se vuelve a girar para esconderse en él—. Es tarde, Österreich. Y tenemos un día horrendo por delante—mira la cajita de reojo en sus manos y se sonroja. ¿Y si se la deja aquí y se va... A las montañas, por ejemplo? ¿Y no vuelve en seis meses?
Es que puede que Austria meta la cabeza dentro de la camiseta del pijama de Suiza. Cosquillitas con el pelooo.
—¡Nein, nein! —todo sorprendido y sin moverse... Sonrojadito y con los ojos abiertos como platos. Casi hasta se le cae el regalo de la cama. Y puede que si no estuviera a punto de darle un regalo a Austria, le diera algo así como cierta sonrisa.
Austria se queda ahí con la cara hundida en su panza, que el suizo no sabe si poner dura o suave... Ni como sacarle de ahí.
—D-Dije despertar —vacila un poco y torpemente, tooooorpemente le pone la mano en la cabeza.
El austriaco mueve más la cara. Creo que a Suiza sí que le da algo que podría ser risa de ciertos nervios.
—Österreeeeeich!
El nombrado sonríe maligno despertándose más y le hace unos besitos. Suiza hace sonidos extraños soltando un poco el aire le dan unos espasmos en el abdomen. Austria mueve las manos y se las mete también bajo la camiseta, levantándosela para quitársela por la cabeza.
Suiza suelta otra vez el aire y le da un escalofrío. Le deja hacer sin soltar la caja.
No creo que sea muy difícil saber lo que quiere cuando le besa después de quitarle la camiseta sin dejar de tocarle.
En lo absoluto. Suiza deja de ponerle atención a la cosa rara que estaba haciendo con el abdomen y los resoplidos, para ponerle atención a eso que quiere cuando le quita la camiseta. Y creo que ahora si, la cajita se cae al suelo.
A nadie le importa. Pero no, a Suiza tampoco.
De acuerdo a los sonidos peculiares que está haciendo alentando al austriaco a que siga, no, no le importa en lo absoluto. Con Suiza no se puede cuando hablamos de Austria —protesta el pequeño regalo debajo de la cama, pero nadie le oye porque Austria está dando uno de esos conciertos que consigue al tocar a Suiza.
Creo que Suiza termina medio afónico con tanto grito y también los vecinos de Suiza, se enteran perfectamente bien de lo mucho que quiere a un tal Österreich últimamente.
Es el truco, que esté relajadito para hablar con todos. Es que Suiza hasta sonríe un poco, blando, BLANDO y suave como una seda al final.
—Te hice algo... —susurra aún un poco sin aliento mirándole con ojitos completamente de corazón, quitándole el pelo de la frente.
—¿El qué?
—Un regalo de compromiso. Tú me diste un anillo...
Austria levanta las cejas. El helvético toma aire y le mueve un poco buscando con el brazo en la cama buscando la caja.
—Ah, ¿sí?
—Ja —se mueve un poquito más en la cama levantando un poco la almohada y las cobijas.
El moreno le pasa un dedo por todo el costado, mirándole hacer.
—¿Y qué es?
—Por ahora un objeto perdido... —como consigue Austria que aún con todo lo que han hecho se le ponga la piel de gallina es un misterio. Suiza se acerca más al borde y saca la cabeza. Puedo apostar que Austria tiene una fantástica vista del culo de Suiza que no va a desaprovechar, hasta busca las gafas.
Suiza se taaaarda además en encontrarlo buscando debajo de la cama medio de cabeza
Así que como se tarda, Austria estira un poco la mano para tocarlo... sin llegar a hacerlo.
—Ah, mira... —vuelve a la cama casi cuando Austria iba a tocarle. Así que éste aparta los dedos y sonríe como si nada.
Suiza le acerca la cajita. Austria estira la mano para que se la dé.
—Mira.
El austriaco toma y la abre. Suiza le mira nerviosito... Es un reloj de pulso con el mismo diseño que su anillo. Es muy muy delgado, tiene extensible de piel de cocodrilo.
—Oh —levanta las cejas sacándolo de la caja con cuidado. La carátula tiene dos brillantes incrustado en dos puntos del numeral que parecen aleatorios—. Brillantes y todo, ¿no te ha dado hurticaria?
—Es la hora a la que me lo pediste —murmura y hace los ojos en blanco, sonrojándose—, y son pequeñitos, de relojería, esos sí los uso. Además... Esa no es su gracia, porque ya te he dado bastantes relojes. Llévatelo al oído.
Lo hace, por supuesto, aunque más bien fija el oído en la maquinaria sin necesidad de acercarlo mucho. Debe haber notado ya que no hace tic tac y la maquinaria es tremendamente silenciosa. Austria nota que tiene que acercárselo BASTANTE al oído, lo que es raro.
—Seguro tú lo escuchas, pero hice lo posible para que fuera tan silencioso que no te molestara y lo puedas usar.
—Lo oigo —sonríe—. Pero yo oigo tu corazón.
Suiza se sonroja un poquito pero no se puede decir que no le guste.
—Y oigo también como se te acelera cuando te lo recuerdo.
—No es verdad, ¡no puedes oírlo! —protesta un poco y le abraza de la cintura, moviéndole para que se le acueste encima.
Austria sonríe dejándose mientras se pone el reloj. Suiza lo mira de reojo ponérselo y sonríe otra vez un poquito, completamente feliz y relajado. Así, juuuusto como lo quieres, Austria.
—Danke —susurra Suiza cerrando los ojos.
—Ja, eso, danke —sí, cree que le estás riñendo como cuando era pequeño. Suiza le mira con esa respuesta y bufa un poquito, haciendo los ojos en blanco.
—Eres incorregible.
Austria sonríe y le mira de reojo.
—Ich liebe dich —porque no podíamos dejar de decirlo, perdonen lo rosa de la situación, eso les pasa cuando relajan a Suiza.
—Aun incorregible.
—Aún peor que incorregible —se levanta un poco para besarle, Suiza lo está pasando demasiado bien. Pues no es como que Austria no esté relajado. Nah, si los dos están en la nube. ¡Por una vez!
—Bueno, vamos —palmadita en el culo—. No querrás llegar tarde al anuncio oficial.
—No voy a llegar tarde a ningún lugar —asegura hundiéndole las dos manos en el pelo y echándoselo hacia atrás —. Vamos.
Austria cierra los ojos dejándole hacer... ¿no que te molestaba tanto?
Ah, es verdad. Creo que convenientemente a Suiza se le acaba de olvidar. Se mueve un poco para levantarse de la cama... Con todo y Austria. De hecho a Austria se le ha olvidado que le molestaba.
Pues creo que se lo va a llevar al baño y no sé, en realidad, si esta así, como coño va a estar de MELOSO después de la boda. Pero bueno, aplaudo Austria tu habilidad... En estas condiciones es que van a llegar a Berlín.
Fuerza Suiza, no es para tanto decirles a todos que vais a casaros, espera que tengas que HACERLO ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!
