Verdades.
La deslumbrante luz nívea de los fluorescentes me cegó de momento cuando abrí los ojos. Estaba en una habitación desconocida, por las ventanas se podía ver el amanecer próximo, estaba acostada en una cama con barras. Las almohadas parecían ser lo único cómodo de ese lugar. Esperaba que eso significara que seguía viva, la muerte no podía ser tan incómoda.
Una máscara de oxigeno ocupaba gran parte de mi cara y era un poco molesto. Trate de levantar la mano para quitármela pero un peso sobre ella no me dejaba, baje la mirada y vi a Ana dormida sujetando mi palma contra su mejilla. Movió un poco la mano y le retire algunos mechones de cabello de la cara, ella se revolvió pero no se despertó.
No sé cuánto tiempo estuve ahí contemplándola, sus parpados estaban inflamados y muy rojos había lagrimas secas sobre su piel, detestaba verla así. Por eso no quería que se enterara, no me gustaba verla sufrir, no a ella.
Un suave toque de nudillos en la puerta hizo que Ana se sobresaltara y poco a poco se fue despertando. La puerta se abrió y Edward asomo la cara.
-¿Puedo pasar? –Pregunto.
Ana lo fulmino con la mirada y luego se giro hacia mí y negó con la cabeza. Mire a Edward que a su vez ignoraba a Ana y me miraba solo a mí. ¿Qué mierda había pasado? ¿De dónde se conocían ellos?
-Claro, pasa. –Dije con voz ronca y amortiguada por la máscara. Pero el obviamente me escucho.
-¡Bella! –Me regaño Ana.
-No sé qué sucede entre ustedes así que quiero que me lo expliquen ya. –Exigí.
Me sentía cansada pero el oxigeno ayudaba un poco con ello.
-No hay nada que explicar, Bella. Solo que él ni siquiera debería estar aquí, no después de lo que hizo. –Volvió a fulminar con la mirada a Edward pero este ni se inmuto.
Alcé la mano para quitarme la máscara pero los dedos helados de Edward me atraparon la mano.
-No lo hagas.
Ladeé lentamente la cabeza y mire sus ojos negros, había tantos sentimientos reflejados en ellos, su frio toque me hizo estremecerme, era tan familiar pero tan lejano al mismo tiempo.
No sabía que decir, era consciente de que Ana nos estaba mirando pero yo no podía alejar mi mano de la suya ni la mirada de sus ojos. Mi corazón se acelero y el bip del holter incremento su ritmo con él. Edward fue el primero en reaccionar, soltó mi mano y se alejo unos pasos sonriendo de lado, mi sonrisa favorita.
-Hay cosas que no cambian. –Dijo mirando el marcador del holter.
-Supongo que no. –Murmure.
-Voy a la cafetería, si necesitas algo llámame o avisa a Matt, el mismo está llevando tu caso. Ya hablaremos luego. –Me dijo Ana mientras se levantaba, me dio un beso en la frente y camino hacia la puerta. Antes de salir se giro y miro a Edward duramente.- ¡No la alteres! Si le sucede algo te cortare las bolas y te las dejare de collar.
Y de ese modo mi sobreprotectora prima se fue. Mire la puerta con asombro, Ana no solía comportarse así. No era propio de ella.
-Tienes una gran defensora, muy vehemente. Es una chica fuerte. –Me dijo Edward mientras se sentaba en la silla que Ana acababa de dejar sola. –Se parecen mucho, y no solo físicamente.
-Lo sé, desde pequeñas somos muy unidas. –Murmure. –Lo siento.
-¿Por qué? –Su ceño se frunció.
-Por haberte gritado antes.
-Bella, me lo merecía. –La voz de Edward sonó aparentemente calmada y amable, pero solo en la superficie.
-Ay, Edward… -Empecé a lagrimear y luego también a gimotear.- ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué te fuiste así?
Era una reacción estúpida, no debería ni siquiera preguntar pero necesitaba saberlo. Su rostro se contrajo de dolor. Tomo mi mano entre las suyas y delineo con el pulgar la orilla de un cardenal que me había salido ahí.
Cerré los ojos tratando de alejar el dolor que se iba acumulando en mi pecho.
Te dejó porque ya no te quería Bella. Te lo dijo.
Los recuerdos de ese día en el bosque cercano a la casa de Charlie, las ilusiones que llegaron luego, la dulce y suave voz de Edward en mi cabeza cada vez que hacia una estupidez. El dolor…
Todo me llego de sopetón, era abrumador…
Algo frio toco mi frente con el más suave de los roces. Cerré los ojos con más fuerza todavía.
Me tomó menos de un segundo darme cuenta de que, ya que ahora estaba irremediablemente loca, al menos podía aprovechar y disfrutar de las ilusiones mientras éstas fueran agradables.
Abrí los ojos otra vez y Edward aún estaba allí, con su rostro perfecto a sólo centímetros del mío. Reposaba el mentón sobre el extremo de mi almohada.
-Lo hice para protegerte Bella. –Susurro bajito. Su voz se quebró cuando pronuncio mi nombre.
-¿Qué has estado haciendo estos años?–Su belleza seguía abrumándome. Me costaba pensar con claridad. Y esa pregunta debía ser más fácil. ¿No?
-En nada que fuera muy emocionante. –Parecía más relajado al responder esa pregunta.
-¿Por qué?
-Estuve… cazando.
-¡Dime algo que no sepa!
-No de esa manera Bella, estuve tratando de rastrear a Victoria. Y al parecer no soy nada bueno, hace años que le perdí la pista.
Un miedo frio me recorrió el cuerpo y se alojo en mi estomago.
-¿Vic-toria? -Titubee.
-Yo… -Inspiro hondo.- sin duda te debo mucho más que unas simples disculpas… -Sus palabras comenzaron a fluir de prisa y tuve que concentrarme para entenderlas.- No me fije en el desastre que deje atrás. Pensé que lo superarías deprisa, que no sufrirías. De haber sabido… de haber sabido que… Bella yo no quería herirte de esa manera, te amo tanto…
-¡Calla! Por favor, cállate. No quiero escuchar más, yo si te ame, a pesar de todo Edward yo si lo hice. Fui capaz de enfrentar tantas cosas por ti y eso no te importo, te fuiste sin mirar atrás. Te espere tanto tiempo deseando que volvieras, y tú… simplemente no lo hiciste. –Inspire profundamente para calmar el titubeo en mi voz.- Lo supere Edward. Me tomo tiempo pero lo logre, ahora soy feliz, o bueno lo era hasta que tú llegaste de nuevo. No puedo permitir que me dañes otra vez, no podría soportarlo. Di lo que tengas que decir y aléjate. Por favor.
-¿Por qué haces esto Bella? Me fui para protegerte… No tienes idea como lo he pasado yo todo este tiempo…
-Basta. –lo interrumpí.- ¿Y qué pasaría si hubiera muerto? Cuando te fuiste para "protegerme" hiciste todo lo contrario, me dejaste desprotegida, sola.
Me miro durante un largo momento antes de responder.
-¿De qué hablas? Bella eso es absurdo, te deje totalmente protegida en Forks. No había vampiros cerca que te atacaran…
-¿Y Victoria? –Lo volví a interrumpir.- ¿Qué me dices de Laurent? ¡De la manera como volvieron por mi y uno de ellos incluso casi logra matarme!
-¡¿Qué?! –Me miro estupefacto.
-Lo que dije Edward, Laurent volvió meses después de tu partida me dijo que Victoria lo había enviado a ver si yo estaba sola, ella me quería a mi no a ti. Ojo por ojo, pareja por pareja. –mi pulso se estaba alterando pero no me importaba necesitaba soltarlo todo.- Ella me quería matar a mi porque tu mataste a James. Cuando todo acabo y el ya no estaba fue ella quien personalmente volvió a Forks a matarme, me tomo desprevenida un día de camino a la escuela, no te voy a recrear la mente con detalles solo te diré que en serio casi logra matarme. ¿Dónde estabas tú protegiéndome en ese momento? Ella estaba jugando al gato y al ratón contigo para luego ir a por mí sin que tú lo notaras. Lo jodiste Edward… ¿no te das cuenta de lo grave que es todo eso? No es solo perdonarte el haberme herido sentimentalmente, es el haberme metido en tu vida para luego dejarme sola con los problemas, ¡Ella casi mata a Charlie! Yo jamás te habría hecho eso.
Las lágrimas caían en cascada por mis mejillas, mi respiración y latidos estaban acelerados. Necesitaba calmarme.
Me quite la máscara del oxigeno, extrañamente me sentía aun mas asfixiada con ella. Edward no respondió, mantuvo la mirada baja.
-No… sabía nada de eso. –Murmuro
Refunfuñe.
-Por supuesto que no.
-Bella no sabes cuánto lo siento.
-Sí, yo también.
-Espera, dijiste que Laurent no lo logro y que Victoria estuvo a punto. ¿Quién te salvo? ¿Dónde están ellos?
-Muertos. –Me limite a decir.
-¿Quién los mato? –Insistió.
-No es de tu incumbencia, ya todo termino. Hace años que todo termino. –Dije entre dientes.
-Por supuesto que me importa, ellos eran mi problema y tú lo eres. –Su mandíbula estaba tensa y sus ojos se hacían cada vez más negros.
-Yo no soy tu problema, están muertos. Punto. No te ocupaste de ellos en su momento ahora ya no tiene porque interesarte.
-Maldición Bella… Dame un respiro. Sé que metí la pata al irme así, no sabía que Victoria volvería… -Sus labios se contrajeron al pronunciar su nombre.- No le preste mucha atención a ella en aquel entonces, no sabía que tenía un lazo tan fuerte con James. Sé que no es excusa suficiente por haberte hecho pasar por todo eso sola, y lo lamento tanto…
-Edward… -Pasee mis dedos por su mejilla, me detuve un momento en la comisura de sus labios y luego la deje caer.- Solo ya déjalo. Paso hace muchos años, yo lo supere. Olvídalo. ¿Sí?
-¿Sabes que es lo que más detesto de ser esto? –Su expresión era totalmente desolada.
-¿No poder comer chocolate? –Intente bromear.
-Tonta Bella. –Rió entre dientes.- Ya sabes que si puedo comerlo.
-Pero no degustarlo. –Me defendí.
Volvió a ponerse serio, su mano acaricio suavemente mi mejilla, baje la mirada a la máscara que mantenía entre mis manos tratando de no reaccionar a su toque.
-Bella… ya no hueles igual. –Murmuro.
-¿Eso que tiene que ver con lo que detestas? –Me reí.- "Sí, tengo un mal día siempre que no encuentro a alguien que me diga como es mi aroma"
-Le cambiaste algunas palabras. -Sonrío.
-Tienes buena memoria.
-Eso dicen. –Su sonrisa desapareció.- ¿Por qué no le has dicho a nadie lo que tienes?
-¿A qué viene eso? –Me puse nerviosa.- No comiences tu también.
-Te lo dije, tu olor ha cambiado mucho. –Apoyo su cabeza en mi estomago y siguió acariciando mi mejilla.- No quiero que te suceda nada Bella. ¿Comenzaras el tratamiento?
-No. Y es un no rotundo. –Refunfuñe.
-Sigues igual de testaruda… -Me recordó.
-¿Para qué cambiar a última hora?
-¿Ultima hora? –Se levanto de golpe y me miro furibundo.- ¿Es eso Bella? ¿Quieres morir? ¿Por eso no haces la terapia?
-No es de tu incumbencia. –Me sentía como niña regañada.
-Isabella Swan, ¿en qué demonios estas pensando? –Gruño.
-No voy a morir, Edward. –Susurre.
-¿Entonces? ¿Un milagro sucederá? Leí tu historial Bella, te niegas a hacer la terapia y tampoco has buscado un posible donante.
-¡No tenias derecho a hacer eso! –Lo fulmine con la mirada.
¿Cómo pudo atreverse…?
-No lo tenía, de acuerdo. Pero quería entender porque habías dejado avanzar tanto la enfermedad. –Se acerco de nuevo a mí y tomo mi cara entre sus frías manos juntando nuestras frentes. -¿Por qué lo haces Bella?
-No quiero quedarme calva y fea, y tampoco quiero ser una carga para nadie. Si les digo a Charlie y Renée ellos sufrirán y no quiero eso. Ya he visto como esta Ana y eso me pone muy mal Edward. No quiero ver a mi familia sufrir, menos por mi culpa… -Mi voz se fue quebrando.
-Bella ellos no la pasaran bien, de acuerdo, pero tienes que darles la oportunidad de ayudarte a enfrentar esto. –Su frio aliento rosaba mi cara.
Cerré los ojos, no quería que me convenciera de nada.
-¿Y si no lo logro? –Susurre.- Si no gano ellos habrán pasado por todo eso en vano.
-¿Crees que no sufrirán cuando… mueras? –Pareció atragantarse con la palabra.
-Sera más fácil de llevar, no sufrirán por mucho tiempo. Lo superaran. Ya veremos…
-¡No, tu no! –Gruño.- Bella no decidas por los demás. Yo no… yo no lo superare, nunca.
-Querías que viviera como humana. Mírame, estoy siendo humana.
-¿Es por eso? –Se alejo un poco, abrí los ojos y él me miraba muy enojado.- ¿Quieres herirme deliberadamente por lo que hice?
-No, solo quiero enfrentarme a esto sola. Puedo hacerlo, tengo la fuerza…
-¡Entonces por favor escúchame Bella, no hagas esto! No te hagas daño a ti misma por evitarle un dolor a alguien más.
-Déjalo ya Edward… no voy a ceder. –Murmure jugando con la máscara en mis manos.
El me tomo el mentón y me hizo mirarlo. Se veía triste, desolado.
-¿Esto es un adiós, entonces? –Susurro.
-No lo sé. –Respondí con franqueza.
Edward me beso la frente y se alejo en dirección a la puerta.
-¡Edward no te vayas! - Pedí.
-He estudiado medicina las veces suficientes como para saber en qué termina esto Bella. Y no quiero verlo, prefiero llevar conmigo un recuerdo totalmente diferente para toda la eternidad. –Me dijo aun de espaldas.
-Edward… lo lamento… -Gruesas lagrimas comenzaron a caer por mis mejillas de nuevo.
-No puedo vivir sin ti… -murmuro con voz rota.
-Ya lo has hecho…
-A duras penas… he sido un jodido fantasma todos estos años, preguntándome dónde estabas, si eras feliz, si estabas bien, si aun me… amabas. –Se giro y me dio una ligera sonrisa triste.- ¿Sabes? Hace años, estábamos de paso por Seattle de camino a Denali. Un día Alice compro el periódico por no sé qué cosa de una nueva colección de ropa, pero lo dejo olvidado sobre la mesa, yo estaba aburrido tratando de distraerme para no ir a Forks y verte así que tome el periódico y una gran foto en primera plana me anunciaban el fin de mis preguntas internas. Ahí estabas tú, tan hermosa, delicada y... ajena. Christian posaba a tu lado al igual que tú, muy sonriente. El pie de foto rezaba "Christian Grey y su hermosa novia Bella Swan en la Inauguración de la nueva Editorial Swan-Grey". Esas palabras se repetían en mi cabeza como un mantra y la foto se quedo tatuada a fuego en mi mente. Te veías tan viva, feliz, enamorada… Los demás no las vieron, desaparecí el periódico e insistí en largarnos de la ciudad cuanto antes. Quería alejarme de ti o terminaría confrontándote y no era lo mejor. No para ti.
Me quede atónita mirándolo, sus palabras no habían flaqueado, no estaba mintiendo. Recuerdo ese día, estaba tan emocionada por la editorial que Christian había insistido tanto en comprar para que yo la manejara… Lo orgulloso que estaba Charlie, los gritos de Jake insultando la billetera de Christian, los llantos de Renée… Las lagrimas que derrame en secreto extrañando a Edward a mi lado.
-¿Entonces tu sabias que yo estaba unida a los Grey? –Susurre.
-Sí, lo sabía. También sabía que era cuestión de tiempo para que se comprometieran. Felicidades por cierto. –Su tono era amargo y destilaba veneno.- Albergaba un poco de esperanza de que no fuera así, hice que Carlisle trabajara aquí en este hospital. –Levanto las manos frustrado.- Para que Esme se hiciera amiga de Grace… Sabía que Mia y Alice se llevarían bien de inmediato… Solo quería acercarme a ti, pero no sabía que tú irías esa noche. No quería lastimarte Bella, esa nunca fue mi intención. Pero al parecer nada lo hago bien, ¿no? –Sonrió, pero la sonrisa no le llego a los ojos.
-Edward…
-No me esconderé, ni huiré. Mi corazón es libre Bella. Tanto para odiar…
Me miro con ojos llenos de sufrimiento, no debía ser así. El tenía que ser feliz. Sujetó mi cara firmemente entre sus manos de hierro, ignorando mis esfuerzos cuando intenté voltear hacia otro lado.
Detuvo sus labios a unos centímetros de los míos.
-Como para amar…
En ese momento su boca se poso sobre la mía y no pude evitarlo. No solo porque era miles de veces más fuerte que yo, si no porque mi voluntad quedó reducida a polvo cuando nuestros labios se encontraron. Ese beso no fue tan cuidadoso como los otros que yo recordaba, lo cual me pareció bien, si luego iba a tener que pagar un juicio por el, por lo menos le iba a sacar todo el jugo posible. Así que le devolví el beso con el corazón latiendo me a millón y el sonido del holter llenando la habitación. Sus manos memorizaron mi cara, y durante unos segundos que me libero para que pudiera tomar aire susurro mi nombre.
Se aparto de mi cuando empecé a marearme, sentí un ligero rubor en mis mejillas el sonrió de oreja a oreja y se alejo completamente de nuevo en dirección a la puerta.
-Hasta luego, dulce Bella.
-Edward… -Lo llame, el se giro y me miro desconcertado.
Gracias por permitirme volver a verte una vez más, mi dulce amor.
-Adiós. –Murmure.
Le sonreí y él se fue.
Toque mis labios que aun hormigueaban por el roce de hace unos instantes.
Me di cuenta que Edward no mostraba ninguna confusión en sus sentimientos, yo se que si hubiera actuado de la manera correcta hace años estas heridas no habrían surgido en mi corazón.
Aun siento la calidez de su alma.
.
Habían pasado cuatro horas desde que Edward se había ido el sol ya estaba en su punto más alto, Ana luego de volver, ni me regaño por lo de Edward ni quiso hablar de nada. De hecho solo se limito a preguntarme si estaba bien de vez en cuando y a descansar apoyada en mi cuerpo. Me pareció extraña su manera de comportarse pero no quería hablar de eso. Ya había tenido bastante con Edward.
A las nueve de la mañana Matt pasó a verme y me dijo que ya me podía ir, le dio una larga mirada a Ana y luego se fue. Fruncí el ceño ante eso.
-¿Qué se supone que vestiré? No puedo colocarme de nuevo el vestido, de hecho no sé donde esta… -Refunfuñe.
-Anoche fui al departamento mientras estabas ocupada y te traje ropa. –Señalo el bolso sobre el sillón.
No lo había notado.
-¿Por qué estas tan enojada Annie? –Le tome el mentón y la hice mirarme a los ojos.
-¿Qué te dijo Edward? –Titubeo.
-Solo hablamos del pasado Ana. Cosas que necesitábamos decirnos. ¿De dónde lo conoces tú?
-Del pasado también. –Gruño y camino hacia el sillón en busca del bolso.
-¿Pasado? –Inquirí.
-Lo conocí hace unos meses en el bar donde estábamos celebrando nuestra graduación, Kate se puso mala y él me ayudo a llevarla al hospital. Fin de la historia.
-¿Entonces porque lo odias tanto? –Había algo que no me estaba contando.
-¡Porque te hizo daño! ¿No te parece suficiente? –Grito tirando mi blusa sobre la cama, sus ojos, que seguían rojos, estaban comenzando a inundarse de lágrimas de nuevo.
-Annie… Si yo no lo odio, ¿por qué lo harías tú? –Me levante y camine a paso lento hacia ella, me dolían mucho los huesos.
Tome su rostro en mis manos y pegue mí frente a la suya.
-¿Qué no me estas contando? –Susurre.
-No soy la única callándose las cosas, Bella. –Gruño- ¿Recuerdas aquella vez cuando teníamos siete y ocho años y tú te caíste en el jardín trasero en casa de Charlie? –Sonreí mientras asentía.
-No es raro en mí que me este cayendo siempre. –Bromee.
Ella me ignoro y continúo.
-Yo estaba arriba duchándome y sentí algo terrible aquí, -Sujeto mi mano y la coloco en su pecho, sobre su corazón- Supe que algo te había ocurrido, así que salí del baño y me envolví en la toalla y baje corriendo las escaleras, pero la toalla era muy grande y mi pie se enredo con ella y caí. Terminamos las dos con un yeso en la pierna. –Medio sonrió- Charlie casi se infarta.
-Creo que envejeció unos cuantos años ese día. –Coincidí.
-El punto es Bella, que yo siento que ahora mismo algo no está bien contigo, tengo esa misma sensación en el pecho. ¿Qué es Bella? ¿Qué es lo que tienes?
Conocía perfectamente esa sensación, yo también la sentía cuando algo no iba mal con ella.
Enlacé mis brazos alrededor de su cuello y la abrace fuerte, ella rodeo mi cintura con sus brazos y apoyo su mentón en mi hombro.
-Leucemia… -Murmure con voz quebrada.
Ana jadeo y me abrazo aun más fuerte, mis costillas protestaban pero no les hice caso. Necesitaba ese abrazo.
-Saldremos adelante. ¿Lo sabes verdad? –El temblor en su voz solo me confirmo que yo no era la única que estaba llorando.
-¿Recuerdas lo que me dijiste cuando teníamos quince años y nuestros padres nos alejaron? –Pregunte.
Ella se alejo un poco y me miro a la cara. Tomo mi mano derecha y la junto con la suya a la altura de nuestras caras.
-Tú eres yo y yo soy tú. –Dijimos al unisonó.
-Mientras estemos juntas todo ira bien. -Completo ella.
La vida se va en un abrir y cerrar de ojos, ¿Saben? Disfrútenla.
Espero sus Reviews. Besos :)
