N.A.: Hola Hola! Aquí la parte dos correspondiente a la saga de Asgard. Mil disculpas si esta parte está muy larga. Espero les guste.
Llegamos y como lo esperamos el clima sí que era realmente frío.
Después de haber partido de la mansión, cuando llegamos a Asgard nosotros fuimos los primeros en bajar, el resto de los chicos siguieron en el bus hacia sus respectivas direcciones. Una vez en tierra tratamos de ubicar un lugar donde guarecernos pero fue más difícil de lo que nos habíamos imaginado. Caminamos y caminamos durante un largo rato a través de las blancas y densas montañas de nieve características del lugar hasta que encontramos una rústica cabaña en un pequeño bosque. Después de inspeccionarla bien nos dimos cuenta de que estaba deshabitada, así que desempacamos nuestras cosas y empezamos a ordenarlas, mientras conversábamos.
-¿Qué te parece Seiya? – preguntó entrando a la cabaña.
-Yo creo que está bien – contesté mientras entraba – al menos tendremos un lugar donde pasar la noche.
-Eso sí, felizmente valió la pena haber caminado tanto.
-Ya lo veo – le dije mientras cerraba la puerta – ¡Dios mío, qué frío hace! – exclamé frotándose las manos.
-No pensé que el clima de Asgard iba a ser de esta manera, me lo imaginé un poco más cálido.
-Sí, ¡Pero no soporto el frío!
-Bueno, tendremos que buscar algo de leña para hacer fuego, pero no creo que sea suficiente. Debimos traer una estufa.
-No podemos tener tan mala suerte – comencé a buscar – en esta cabaña debe de haber algo útil. ¡Y sí que hay! ¡Mira Shiryu una estufa!
-¡Qué bien! ¿Sirve?
-Déjame ver, alcánzame ese trapo que está debajo de la mesa.
-Toma, espero que sirva – me dijo alcanzándome el trapo y acercándose para ver.
-Tiene que servir – comenté limpiando un poco, luego encendiéndola y mirando que el aparato prende – Está encendiendo, ¡Encendió! ¡Shiryu sí sirve! – exclamé feliz.
-¡Genial! Ahora sí no nos moriremos de frío.
-Bueno, ya que tenemos algo de calefacción, debemos empezar nuestra búsqueda.
-No creo que podamos hoy Seiya.
-¿Porqué?
-Tan solo mira hacia fuera.
-Qué cosa... Oh no – dije mirando por la ventana.
-Tendremos que empezar mañana – se lamentó Shiryu mientras me sentaba en una de las sillas.
-Una tormenta de nieve, ¡Qué mala suerte!
-Sí, inclusive siendo caballeros no creo que sea una buena idea salir con esa tormenta.
-Pero Shiryu, tenemos que salir.
-¿Porqué?
-¿Qué vamos a comer?
-Veo que no previste eso – Shiryu sonrió – yo sí lo hice, mira – decía mientras abría su mochila y sacaba un paquete.
-¿Qué es eso?
-Traje algo de comida.
-¡Eres un genio Shiryu! Ya no nos moriremos de hambre.
-Sí, solo tenemos que calentarla en la estufa y estará lista. La única mala noticia es que alcanzará solo para hoy.
-Descuida, mañana ya podremos salir y comprar algo.
-Tienes razón, aunque no creo que consigamos muchas cosas.
-¿Tú crees?
-Sí, Asgard no es una ciudad moderna Seiya, es un pueblo rústico, así que me imagino que no habrán muchas tiendas por aquí.
-Bueno, si lo pones de ese modo tendremos que hacer como hacen los de aquí, tendremos que cazar.
-Mucho me temo que sí, ya nos acostumbraremos.
-Sí pues, iré al dormitorio a dejar mis cosas – dije saliendo hacia la habitación contigua.
-De acuerdo, mientras yo trataré de limpiar un poco todo esto.
Y así, me fui al dormitorio, el cual estaba un poco sucio, pero se podía arreglar. Miré atentamente todo el lugar, hasta que me di cuenta que faltaba algo: faltaba una cama, había solo una cama en aquel lugar. Me quedé mirando el lugar un tanto sorprendido, pero después de un rato lo tomé divertidamente, y se lo dije a Shiryu.
-¡Oye Shiryu! ¡Ven mira esto! – grité juguetonamente.
-Qué cosa, estoy ocupado – gritó desde la otra habitación.
-Ven mira.
-Qué – dijo una vez en la habitación.
-Tendremos que dormir juntos amigo.
-¿Qué? ¿Y porqué?
-¿No ves? Solo hay una cama.
-¿Una cama? – Shiryu miró la cama – Oh no…Bueno, ni modo – dijo suspirando.
-Aunque si gustas puedo dormir en el suelo.
-¿Para que despiertes con una pulmonía? Ni lo sueñes, dormiremos juntos.
-¿Cómo que no te gusta la idea no? – le dije burlonamente.
-Cállate payaso – se rió empujándome en broma.
-¡Ja, ja, ja!
Y así riéndonos, comenzamos a limpiar el lugar (el cual estaba muy sucio) y de ahí nos quedamos conversando de todo un poco, hasta la noche.
Después que Seiya y Shiryu bajaron nos quedamos los cuatro conversando algo animados.
La siguiente parada era en una pequeña plaza ubicada al este de Asgard según el mapa de Saori (esa era mi ruta, ya después me iba yo solo hacia el oeste) A Seiya y Shiryu los habíamos dejado en lo que parecía ser una antigua parada de autobuses, bastante descuidada por cierto. Me recosté en mi asiento mientras Hyoga, Saori y Shun conversaban. Me uní a ellos a pedido de mi hermano, y después de todo no estuvo del todo mal.
-¿Cuánto tiempo habrá pasado desde que Seiya y Shiryu bajaron? – preguntó Hyoga.
-Me imagino que como tres horas.
-¿Tanto? No pensé que iba a pasar tanto tiempo.
-Claro, si estabas casi durmiendo todo el camino qué te ibas a dar cuenta – le dije burlonamente – ¿Al menos notaste cuando ellos bajaron no?
-No te burles, sí me di cuenta. Esa parada de autobús estaba que se caía de vieja.
-Sí, espero que hayan podido encontrar un refugio rápido.
-Ja, con esta tormenta, de verdad espero lo mismo – dije mientras me recostaba.
-Ikki, no seas así – intervino mi hermano.
-Pero Shun, ¿Qué quieres que te diga? ¿Quieres que me porte como una mamá? Eso lo hago solamente contigo, no me pidas que lo haga con todos los amigos.
-Pero Ikki...
-Ya no importa. Lo único importante es que hayan encontrado un lugar donde pasar la noche, al menos eso.
-Sí, eso es lo que todos deseamos, incluido tú Ikki – Hyoga me miró serio.
-Bueno, si así se sienten mejor, como deseen.
-Eso está mucho mejor – sonrió débilmente Shun.
-¿Cómo serán los dioses guerreros? – preguntó Hyoga mientras miraba la ventana.
-Deben ser muy poderosos, no por nada llevan ese título.
-Espero que de verdad logremos encontrar algo. ¿Qué pudo haber sucedido? – pregunté sin comprender.
-No lo sé. Ese dios guerrero que se apareció en la mansión sí que se veía intimidante.
-Ja, yo no lo vi tanto. Somos caballeros, no deberíamos tener miedo.
-No es miedo, solo es una expresión.
-Sí pero, el dios guerrero dijo un nombre. ¿Cuál era? Señorita...
-Hilda. La persona que mencionó era la Señorita Hilda de Polaris – Saori se unió a la conversación.
-Hilda de Polaris... no me suena familiar – dijo Hyoga con un ademán.
-Parece una mujer ordinaria – dije con desdén.
-¿Es una princesa? – Shun miró a Saori.
-No Shun, Hasta donde yo sé, Hilda de Polaris es una mujer que ama la paz y la armonía del mundo. Ella viene a ser algo como la representante de un dios nórdico aquí en Asgard, Odín. Ella al ser su representante, tiene la obligación de velar por la paz y la integridad de todos los habitantes de Asgard, así como otros quehaceres propios de una diosa. Ella en sí es una diosa, es prácticamente la reencarnación femenina de Odín. Es una mujer muy espiritual y muy poderosa.
-Vaya, eso sí que es muy interesante – Hyoga estaba sorprendido.
-Pero si ella ama la paz y todo eso, ¿Por qué quiere destruir al santuario? ¿Y gobernar el mundo entero? – yo seguía sin comprender.
-Algo terrible debe haberle sucedido, ya que ella no es así. Espero que con nuestra investigación podamos encontrar algunas pistas que nos ayude a entender más este problema, que ya no nos concierne solo a nosotros, sino al mundo entero.
-Sí, y mientras más rápido lo hagamos, mejor – Hyoga cerró los ojos.
-Tienes razón. Es mucho mejor. Oye ya es tarde, a este paso tendremos que dormir aquí en el bus – Shun miraba el reloj.
-Mejor, preferible a dormir afuera. Mira nada más lo fuerte que está esa tormenta – concordó Hyoga mirando por la ventana.
-Sí, será mejor quedarnos aquí – sugirió Saori.
-Yo no lo creo – dije determinado.
-Ikki...
-Como dijo Hyoga, mientras más rápido salgamos de ésta, mejor. Es preferible terminar con esto de una buena vez. Saori, ¿Dónde es la siguiente parada?
-Según mi mapa la siguiente parada es en una plaza al este.
-Entonces el siguiente en bajar es... – mi hermano no disimuló su preocupación.
-Sí Shun, es Ikki.
-Bueno, si no es de otro modo, no se diga más – dije incorporándome.
-No te sientas mal Shun, Ikki sabe cuidarse solo. Estará bien – Hyoga consolaba a mi hermano.
-Sí pero...
-¿Y cuánto falta para llegar?
-Como cinco minutos. Ikki ve bajando tus cosas – anunció Saori mirando al reloj, a la ventana y el mapa en sus manos.
-De acuerdo – inmediatamente comencé a bajar mis cosas.
-Pero Ikki...
-Shun, tarde o temprano esto iba a suceder – Hyoga presentía lo que se avecinaba.
-Es cierto, ya sabías desde la mansión que ni él ni tú iban a estar juntos. ¿Ya terminaste Ikki?
-Sí – miré a Saori sin expresión alguna.
-Pero yo...
-Shun, Ikki va a estar bien, créeme – Hyoga miraba fijamente a Shun.
-Así como Seiya y Shiryu, él también saldrá victorioso de esta expedición.
-Pero yo... Ikki...
-Shun, escúchame – lo tomé de los hombros – todo va a estar bien. Vamos por caminos distintos, pero seguimos un solo objetivo, y lo único en lo que tenemos que pensar es en poder lograr ese objetivo, aún si estamos separados. Yo estaré bien, y tú también lo estarás, tienes a dos personas muy poderosas contigo, así que no me preocupo mucho por tu integridad. Te prometo que nos volveremos a ver, ya sabes que a mí no me vencen así nada más. No te preocupes por mí hermano, confía en mi, toda saldrá bien.
-Ikki…. Hermano…. Cuídate mucho – y finalmente se lanzó a mis brazos y comenzó a llorar.
-Shun... – Saori no sabía qué decir.
-Descuida Saori, él siempre es así, siempre que se trata de Ikki. Se pondrá bien – Hyoga justificó a Shun.
-No llores, no me gusta verte llorar – le dije mientras lo abrazaba para calmarlo – Y tampoco quiero despedirme de mi hermano con lágrimas en los ojos. Ya no llores, si sigues así me vas a hacer llorar a mí también – sentí mis ojos humedecerse.
-No Ikki, no llores... – mi hermano me miró fijamente.
-¿Ves lo que me haces hacer? – mi voz sonó entrecortada – Mentira solo bromeaba. Descuida, ya pasó. Ahora, prométeme que estarás bien y que te portarás como todo un buen caballero, ¿de acuerdo?
-Ikki... está bien, te lo prometo – me contestó entre lágrimas.
-Así me gusta – le sonreí mientras le secaba las lágrimas – Bueno ya me voy. Cuídate mucho y nos vemos pronto. Y recuerda que siempre te llevo conmigo dondequiera que voy. Te quiero mucho Shun.
-Yo también te quiero mucho Ikki... – dos nuevas lágrimas cayeron por su rostro.
-Shun, cálmate. No quiero irme y dejarte así – lo abracé de nuevo – Esto es también muy difícil para mí. Ya no llores por favor. Todos estaremos bien – miré a Saori – Bueno, ya tengo que bajar. Ya no llores y cuídate. Adiós – me despedí con un beso en la frente y lo llevé hacia Hyoga.
-Hyoga, cuídalo mucho por favor. Tú también eres como un hermano para él y estoy seguro que se sentirá igual de protegido a tu lado. Te lo encargo mucho amigo.
-Ikki... Descuida, lo protegeré. Nos vemos pronto y cuídate mucho – dijo dándome una palmada en el hombro.
-Tú también cuídate mucho Hyoga. Bueno, ya me voy. Ah y cuiden a Saori.
-Gracias Ikki, ve con cuidado.
Y así, el bus se detuvo en la pequeña plaza indicada y bajé, percibiendo casi inmediatamente el frío infernal que hacía. Pude ver desde la ventana que Shun seguía llorando en los brazos de Hyoga, y no pude contenerme. Me miró y yo también lo miré, le sonreí y sin mirar hacia atrás, me fui caminando en cualquier dirección, esperando encontrar lo más pronto posible una cabaña o una casa. Era tal el frío que hacía que no me di cuenta de que mis lágrimas caían copiosamente de mis ojos, haciendo borrosa mi visión. Una de ellas cayó en mi mano y fue ahí que me di cuenta que Shun sí sabía cómo convertirme en una persona sensible.
Después de caminar un largo rato sin una dirección precisa (Estaba yendo hacia donde la suerte me llevaba) divisé una pequeña aldea unos metros más allá de un bosque, sonreí y me dirigí hacia allá, sin dudarlo.
-Bueno, realmente espero que Shun se ponga bien. No se lo dije, pero a mí también me preocupa dejarlo solo, pero si así tiene que ser, ni modo, aunque eso me duela. Qué es eso – miré atentamente – una... ¿Una aldea? Ja, qué buena suerte, espero encontrar algo ahí, alguien quien me de refugio en su casa. Vamos a ver qué tal me va – acto seguido comencé a correr hacia la aldea.
Minutos después
-Estas casas sí que son pequeñas – me decía mientras caminaba – veamos qué clase de personas viven aquí. Probemos con esta casa – me dije tocando la puerta.
-¿Eh? ¿Quién es usted? ¿Qué desea? – una voz se escuchó mientras la puerta se abría.
-Buenas tardes... aunque pensándolo mejor debería decir buenas noches. Verá señora, soy un turista y me he perdido mientras recorría el pueblo, usted sabe, esta tormenta fue tan inesperada... y yo me preguntaba si usted... podría permitirme dormir en su casa... aunque sea esta noche, es que no tengo a dónde ir - bajé la vista y miré mi mochila.
-Oh bueno... qué puedo decirle – dijo mirando la mochila – Es usted realmente valiente al atreverse a caminar con esta tormenta. Como puede ver, no vivo lujosamente y no tengo muchas cosas qué ofrecerle, pero encantada de ayudarle en lo que pueda. Pase, pase por favor, debe de sentir mucho frío. – amablemente me invitó a entrar.
-Oh, muchas gracias señora. Es usted muy amable. La verdad sí que hace mucho frío - Sonreí sin gracia.
-Bueno, le serviré una taza de té joven...
-Mi nombre es Ik... Renzo, Renzo Mazzini. Es preferible que no sepa quien soy, puede delatarme – pensé rápidamente.
-Oh, ¿Es usted italiano?
-Eh... Sí, vengo de Italia. Ja, esto sí que es divertido – pensé para mis adentros.
-Vaya, nunca había visto turistas por aquí, ¡Mucho menos a un italiano!
-Ah, siento haberla impresionado. Y bien, ¿Puedo saber como se llama?
-Oh sí, mi nombre es Liena Herszevk, pero puedes llamarme Lena.
-De acuerdo señora... digo, Lena.
-El té ya está listo, venga, siéntese y bébalo deprisa, se le va a enfriar.
-Oh, muchas gracias Lena.
Me senté y empecé a tomar el té, que dicho de paso estaba delicioso, después de eso conversamos de muchas cosas, me contó su vida y las cosas que hacía, y yo tuve que inventarme una buena historia para contarle la mía. Hablamos durante horas y cuando ya era muy tarde nos fuimos a descansar. Ya en mi cama, cerré los ojos y pensé en Shun. Recé por él, porque esté bien y porque toda esta batalla terminara lo más pronto posible.
Vi bajar a mi hermano y además de llorar sentí mucho miedo.
A medida que el bus se alejaba mi miedo se acrecentaba más. Temía mucho perderlo, ya lo había perdido una vez y no quería por ningún motivo que eso volviera a suceder. Me sonrió y se fue sin voltear, y mientras se alejaba mi llanto era más intenso y mi miedo cobraba más vida que nunca. Me aferré más al pecho de Hyoga mientras él me consolaba abrazándome. Estuvimos un buen rato así hasta que me separé de él, y mirándolo le dije:
-Lo siento mucho Hyoga, perdóname.
"Descuida, te comprendo" me dijo. Lo volví a abrazar y después me acostó en mi asiento, me puso una frazada encima y me aconsejó que durmiera, cerré los ojos y pensé en Ikki, rogué por su seguridad y después sin querer me quedé dormido.
-Hyoga, ¿Cómo está?
-Creo que se quedó dormido – contesté mirándolo – No es más sensible porque no tiene más corazón. Me da tanta pena verlo así – dejé escapar un suspiro.
-Realmente su sensibilidad me impresiona.
-A mí también. Lo conozco de toda la vida, pero esas actitudes suyas son realmente únicas. No las veo en otras personas.
-Admiro mucho la amistad que tienen.
-Gracias. Es que no lo podría ver de otro modo. Es mi mejor amigo, como dijo Ikki, él es casi mi hermano. De verdad lo quiero mucho – volví a mirarlo.
-Es muy tierno de tu parte Hyoga.
-Gracias.
-Las calles se ven tan vacías – Saori miraba por la ventana.
-Es por la tormenta, este clima de verdad si que es horrible.
-Te doy toda la razón.
-¿Sabes? Siento mucho que te hayas tenido que separar de Seiya. Sé lo mucho que lo amas, y espero que esto termine pronto para que puedan volverse a ver.
-Oh, gracias Hyoga, no sabes cómo... lo extraño - Bajó la mirada y su voz sonó algo extraña.
-Me lo imagino.
-Él es... es mi vida. Lo amo tanto – decía mientras fijaba sus ojos en Shun.
-Vaya – dije riendo – lo dices con tanto sentimiento, y como miraste a Shun voy a creer que lo dices por él. ¡Ja, ja! ¡Oh! Yo lo... lo siento mucho Saori – me disculpé al darme cuenta de lo que había dicho.
-No... no te preocupes... no me...incomodó – Saori se puso pálida y hablaba con voz nerviosa.
-¿Te sientes bien? – pregunté mirándola extrañado.
-¡Oh sí! Muy bien – miró el mapa – Según esto llegaremos en media hora, será mejor que pasemos la noche aquí, ya es algo tarde.
-¡Las diez! Sí que es tarde – exclamé mirando el reloj.
-¿Tienes hambre? Si gustas podemos comer algo antes de acostarnos.
-Pues... ya que lo mencionas comamos algo. No creo que vaya a comer, una vez que se duerme ya no se despierta – dije mirando a Shun.
-Oh, si es así entonces comamos.
-De acuerdo.
Entonces nos servimos algo de comer de nuestras mochilas y conversamos un rato más, hasta que nos dio sueño y nos acostamos, durmiéndonos rápidamente.
Abrí los ojos y pude ver que ya era de día.
Miré hacia la ventana y aprecié por un momento la nieve que caía lentamente sobre el blanco suelo. Suspiré y pensé en Shun, en cómo estaría y antes de ponerme más melancólico decidí levantarme y empezar de una vez con mi investigación.
Una vez afuera vi a Lena preparando el desayuno. Ella me vio y me pidió que la ayudara, al principio intenté negarme pero dadas las circunstancias, tuve que aceptar, sorprendido conmigo mismo de lo que iba a hacer.
-Oh, joven Renzo, buenos días. ¿Cómo amaneció? ¿Descansó bien?
-Buenos días Lena. Sí descansé muy bien. ¿Y usted cómo amaneció?
-Me alegro de escuchar eso joven. Yo también dormí bien. El desayuno está casi listo. ¿Le gustaría ayudarme? Es que siento que me demoraré un poco si lo hago sola.
-¿Eh? Pues... yo... bueno verá... pues... Eh... claro, con gusto la ayudaré – repliqué sorprendido.
-Muchas gracias joven Renzo. Ahora sí terminaremos a tiempo.
-Bueno.
Y me puse a ayudarla, haciendo cosas que en la mansión era incapaz de hacer. Me sentía extraño y sin una explicación convincente de lo que realmente estaba haciendo en ese momento. Y por enésima vez, la imagen de Shun aparecía en mi cabeza, haciéndome sentir un poco triste. Lena debió percibirlo pues, me miró y me dijo:
-Joven Renzo, ¿Se siente bien?
-Eh... sí Lena, no es nada.
-Oh vamos niño, para una vieja como yo ustedes los jóvenes tienen la mirada transparente, casi como el cristal. Anda dime, ¿qué sucede?
-Pues... es... es mi hermano Lena.
-¿Tienes un hermano? ¡Oh que bien! Me imagino que se han de llevar de maravilla. ¿Y cuál es el problema?
-Me he tenido que separar de él.
-Oh cuánto lo siento. Pero despreocúpese joven, va a ver que ustedes se reencontrarán muy pronto.
-¿De verdad lo cree?
-Claro, el lazo que se tiene con un hermano es difícil de romperse. Inconscientemente ustedes están conectados, y es esa conexión la que no los separará nunca. Tengan fe y verán que muy pronto se reunirán.
-Es usted muy buena Lena.
-De nada hijo. Bueno, termínese el cereal que se le va a enfriar.
-De acuerdo – le contesté con una sonrisa.
Después de eso, desayunamos y luego me fui. La despedida fue un tanto triste, pero muy alentadora.
-El desayuno estuvo delicioso Lena, pero ahora tengo que irme – me levanté de la mesa – Me esperan muchas cosas allá afuera y como le conté anoche es preferible que me vaya cuanto antes. Le agradezco infinitamente su hospitalidad y espero volver a verla algún día.
-Oh, bueno, claro que te comprendo. Cuídate mucho y ya algún día nos veremos – me sonrió mientras me abría la puerta.
-Es una promesa Lena, adiós.
-Adiós hijo.
Y me fui, me fui de la aldea lo más rápido que pude. Tenía aún dos direcciones que inspeccionar y por lo tanto tenía mucho que hacer. Tomé un mapa que estaba en mi mochila y empecé a ubicarme.
-La próxima aldea está a 5 millas de aquí – dije estudiando el mapa – Hay una pequeña villa a 3 millas y un río a 2. Bueno, al menos no me moriré de sed. Ja, talvez me encuentre con algunas cabañas por el bosque, así que espero encontrar alguna vacía, sino tendré que apresurarme en llegar a la aldea a la noche. Bueno, empecemos de una vez, esto sí que tiene para rato.
Guardé el mapa en mi mochila y caminé en dirección al bosque.
Cuando abrí los ojos me di cuenta de que aún estábamos en el bus.
Me estiré un poco y pude ver a Hyoga a mi costado, leyendo un libro. También vi a Saori al otro extremo del bus. Tenía un mapa en sus manos y miraba hacia la ventana. Hyoga se dio cuenta de ya estaba despierto y empezamos a conversar, llamando la atención de Saori.
-Shun, ya despertaste.
-Hyoga, ¿Dónde estamos?
-Pues no lo sé. Al parecer el bus todavía no llega a nuestro destino.
-¿Qué hora es?
-Son casi las 9.
-Tengo hambre. ¿Hay algo de comer aquí?
-Déjame ver - Abrió su mochila – Pues lamentablemente solo tengo un sándwich, no creo que eso te satisfaga.
-Es suficiente para mí. Dámelo por favor.
-¿Estás seguro? Puedo preguntarle a Saori si tiene más comida.
-Es que no quisiera molestarla, parece que está un poco ocupada – dije mirándola.
-No es nada, vamos a preguntarle. Saori, ¿tienes algo de comer?
-¿Qué ya tienes hambre? – preguntó Saori viéndonos.
-No es para mí, es para Shun.
-Oh claro, claro que tengo. Toma, que se sirva lo que desee – dijo alcanzándole una mochila a Hyoga.
-De acuerdo. Aquí tienes Shun.
-Gracias Hyoga.
-Oye Saori, ¿Cómo cuánto falta?
-Según el mapa, como diez minutos.
-Entonces Shun, tendrás que apresurarte.
-Descuida, ya estoy terminando.
-Chicos, será mejor ir bajando nuestras cosas, es mejor estar listos. ¿Shun, ya terminaste?
-Sí, gracias por la comida Saori.
-Bueno, estén listos chicos – Saori bajó sus cosas.
-Señorita Saori, ya estamos llegando – anunció el conductor.
-Bien chicos, llegó la hora.
-Estamos listos – dijimos los dos.
-Cuando usted diga señor conductor.
-De acuerdo... llegamos, que tengan mucha suerte – se despidió amablemente el conductor.
-Gracias, usted también cuídese. Regrese a la fundación, ahí lo atenderán bien – dijo Saori bajando del bus.
-Gracias Señorita Saori. Hasta luego – el conductor cerró la puerta del bus.
-Hasta luego.
Una vez que bajamos nos quedamos mirando cómo se alejaba el bus. Volteamos la mirada y apreciamos el paisaje que teníamos a nuestro alrededor. Habíamos bajado en una pequeña aldea al sur de Asgard. Las casas eran pequeñas y lucían algo descuidadas, pero se podía percibir un aire de comodidad. Empezamos a caminar lentamente, tratando de conversar para no sentir tanto el frío. Después de caminar unos minutos llegamos a una especie de zona residencial, un grupo de casas (un poco acomodadas por cierto) alineadas en un área de más o menos 1000 hectáreas a la redonda. Decidimos preguntar por alojamiento ahí y grande fue nuestra sorpresa al ver que la mayoría de las casas estaban deshabitadas, como si hubieran sido saqueadas recientemente. Fue entonces cuando terminamos de inspeccionar el lugar, que se apareció una señorita, de apariencia frágil y muy bien vestida, quien nos miró desconfiadamente y empezó a interrogarnos.
-¡Brrr! Qué frío – me quejé.
-Sí, siento como si mis huesos se me estuvieran congelando – concordó Saori.
-Qué suerte tienes Hyoga, al haber hecho tu entrenamiento en Siberia estás acostumbrado al clima.
-Afortunadamente sí, pero puedo sentir que el aire es muy fuerte.
-Bueno, ¿Hacia dónde nos dirigimos primero? – pregunté desorientado.
-Donde sea, esta aldea parece ser algo grande. Podríamos pasarnos todo el día preguntando por esos guerreros.
-Creo que Hyoga tiene razón. Talvez cruzando esta aldea encontremos las respuestas que estamos buscando – dije asintiendo.
-Entonces no se diga más, crucemos la aldea.
-Sí.
Minutos después
-¿Qué es esto? – pregunté sorprendido.
-Jamás creí ver casas de esta calidad aquí en Asgard – Hyoga tampoco ocultaba su sorpresa.
-Se ven muy bien, Me pregunto a quién pertenecerán – dije mientras observaba todo.
-Deben ser de un rico terrateniente, es común en tierras como éstas – contestó Saori.
-Debe ser. Bueno, preguntemos aquí, talvez estas personas sepan algo.
-Bien. ¡Hola! ¡Podrías ayudarnos! – Hyoga gritó tocando una de las puertas.
-...
-Qué raro, no contestan – Saori frunció el ceño.
-Probaré en esta de al lado. ¡Hola! ¡Podríamos hablar! ¡Necesitamos ayuda! ¡Por favor! – toqué la puerta más fuerte.
-...
-Aquí tampoco contestan – dije extrañado.
-Toqué en la otra del frente, y tampoco me contestan. ¿Habrán salido todos de paseo?
-Hyoga, ¿Quién va a salir de paseo con este frío? – lo miré graciosamente.
-Je, je, tienes razón.
-¿Qué hacemos?, no hay nadie – Saori se llevó las manos a la cintura.
-Pues nos tendrán que atender aunque no quieran, no caminamos tanto para nada. Ya verán – dijo Hyoga dispuesto a forzar una de las puertas.
-¡Hyoga no! – traté de detenerlo.
-Hyoga, es propiedad privada, nos meteremos en problemas si nos descubren – advirtió Saori.
-Saori, a estas alturas no interesa. ¡Aquí voy! – exclamó mientras con ambas manos arrancaba la puerta de sus cimientos.
-Ay Hyoga, en qué nos estaremos metiendo – suspiré preocupado.
-Me temo que no nos estamos metiendo en ningún problema, esta gente no nos reclamará nada, ya que no existe – dijo una vez que revisó dentro de la casa.
-¿Qué no existe? – pregunté sin creer.
-¿A qué te refieres?
-No nos contestaba nadie porque aquí no hay nadie.
-No puede ser – Saori no lo creía.
-Sí, esta casa está deshabitada. Solo miren.
-Increíble – dije una vez que miré la casa.
-Sí, y además parece como si la hubieran asaltado. Todas las cosas están desparramadas por todos lados. Esto no está nada bien.
-Y mucho me temo que no es solo ésa casa la única que está deshabitada. Estas tres también lucen igual – dije después de romper algunas ventanas para ver el interior.
-Algo ha sucedido aquí – dijo Saori cautelosa.
-No es justo, ¡Caminamos hasta aquí para nada! – se exasperó Hyoga.
-Sí pues, en este lugar no podremos hallar lo que queríamos – me lamenté.
-¿Y qué tal si por aquí pasaron los dioses guerreros, y saquearon todo el lugar? – Hyoga intentaba hallar una respuesta.
-Puede ser una posibilidad, pero...
-¿Quiénes son ustedes? ¿Qué saben acerca de los dioses guerreros? – una voz moderadamente alta se escuchó algo lejos.
-Eh... pues eso es precisamente lo que queremos saber – contesté en dirección de la voz.
-No parecen de por aquí. ¿Son extranjeros? ¿De dónde vienen? – preguntó acercándose.
-Venimos del santuario señorita – Hyoga mostró una inusual sonrisa.
-¡Hyoga! – dije dándole un codazo.
-¡¿Del santuario?! ¡¿Están hablando en serio?!
-Sí, venimos del santuario. ¿Conoces a los dioses guerreros?
-Mucho me temo que sí, pero... eso solo se lo puedo decir a los caballeros del santuario, y a la diosa Atena. Lo siento pero no puedo revelarles esa información. Puede que vengan del santuario, pero si son curiosos mejor regresen por donde vinieron, sino los dioses guerreros se encargarán de eliminarlos.
-No hay necesidad de eso, yo soy Atena.
-Y nosotros somos caballeros del santuario. Yo soy Hyoga de Cisne y mi compañero es Shun de Andrómeda.
-De... ¿De verdad?
-Sí, puedes vernos ahora – dijo Hyoga una vez que nos pusimos las armaduras.
-¡Los he estado esperando! Oh Dios mío. Han pasado tantas cosas – exclamó llorando.
-Cuéntanos – Saori la consoló.
-Ante todo, mi nombre es Freya. Soy la princesa Freya del palacio Valhala.
-¿Valhala? ¿Cómo en la mitología?
-Sí, mi hermana y yo servimos a Odín. Le hemos servido desde que nacimos. La tarea de mi hermana era muy sencilla, pero estos días...estos días han sido realmente desastrosos.
-Odín... entonces tu hermana es...
-Sí, mi hermana es la Señorita Hilda...La Señorita Hilda de Polaris.
-¡Vaya! Me agrada saber que llegamos a tiempo.
-Dime Princesa Freya, ¿Qué es lo raro de todo esto? ¿Qué ha sucedido?
-Verás Shun, mi hermana es la representante de Odín, ella vela por la paz y la integridad de Asgard desde que tiene uso de razón. Siempre fue buena, cálida, responsable, pero estos días su comportamiento ha cambiado tanto...
-¿Cómo ha cambiado?
-Está muy agresiva, reniega todo el día, ya no habla conmigo como antes y... ¡Oh Dios mío está tan cambiada! No parece mi hermana.
-¿Tanto así?
-Sí, la verdad que algunas veces he llegado a pensar que... el demonio vive dentro de ella.
-No puede ser.
-Sí, y fue esa actitud la que la llevó a resucitar a los dioses guerreros de Asgard, que se supone existen solo en la mitología. Su cosmos está tan lleno de odio... y lo que es peor los dioses la siguen y obedecen, prácticamente me han alejado de ella, me siento una intrusa en mi propia casa... ¡Ya no lo soporto! – comenzó a llorar.
-Tranquila Freya, nosotros hemos vendo a ayudarte, ya no temas más. Ahora busquemos un lugar donde quedarnos y luego nos platicas más sobre esto, ¿De acuerdo? – dijo Saori dándole ánimos.
-De acuerdo, los seguiré donde quiera que vayan. Confío mucho en ustedes caballeros del santuario.
-Gracias por tu confianza Freya, no te arrepentirás – asintió Saori.
Y diciendo eso salimos de ese lugar, y buscamos una casa donde pudiéramos alojarnos por unos días. Felizmente, Freya nos ayudó en eso y nos prestó un lindo chalet en una zona alejada del ruido característico del lugar. Nos instalamos y después de un rato nos pusimos a conversar, casi hasta la hora del almuerzo.
Mientras conversábamos no podía evitar el mirarla una y otra vez.
Es una mujer muy bella, de eso no hay duda, y su personalidad, combinada con sus gestos y voz eran realmente algo realmente impresionante para mí. Su sola presencia en la zona residencial donde la vimos por primera vez me impactó, dejándome casi literalmente, sin reacción. Puede resultar gracioso que esté hablando de estas cosas, pero aún si yo no quisiera hacerlo, algo dentro de mí me obliga, me empuja a decir, sentir, hacer esto, todo es tan nuevo y único para mí, que ni yo puedo entender con claridad qué es lo que realmente me sucede.
Mientras almorzábamos, mis intentos de evitar mirarla eran casi nulos. Estaba prendado por sus lindos ojos verdes, su hermoso cabello rubio, su angelical apariencia y su dulce voz. ¡Era tan impresionante! Jamás me había sentido así, nunca había tenido estos pensamientos y mucho menos acerca de una mujer. Me sentía extraño, confundido y algo aturdido. Pero a pesar de todo se sentía muy bien.
Después del almuerzo, decidí encerrarme en mi cuarto a pensar en todo lo que estaba aconteciéndome. ¿Será solo una impresión? ¿Unos deseos inconscientes de aliviar su dolor? Y si era así, ¿Por qué tenía yo esos deseos? ¿Por qué sentía yo esa necesidad, esa imperiosa necesidad de protegerla, de hacerla sentir bien, de reconfortarla, de...? ¡ ! ¿Qué fue eso? ¿Por qué esa pausa? Acaso era...
Me acordé en ese instante de la relación de Seiya y Saori. Ellos eran realmente el uno para el otro. Luchaban intensamente por su amor, por quererse cada día más, por estar más cerca el uno del otro, por ayudarse mutuamente. Y si uno de los dos estaba en problemas, el otro hacía lo que fuese necesario para ayudarle, para protegerle, para hacerle sentir bien, para reconfortarle y ayudarle a sobreponerse. Pero, un momento, ¿Eso no era exactamente lo que estaba sintiendo ahora? ¿Esas no eran las cosas que me estaban pasando? ¿Realmente era eso? ¿Acaso yo... yo...?
Finalmente lo comprendí. Lo que me estaba pasando no era simplemente un deber de caballero por proteger a un desvalido, sino que abarcaba mucho más, era algo especial, había más que un deber incluido, eran sentimientos, y no cualquier clase de sentimientos, era... era amor, yo me... yo me estaba enamorando.
Sonreí. Enamorado. ¿Realmente podía yo estar enamorado? Claro que sí, el tan solo verla hacía a mi corazón dispararse, empezaba a sentir algo en mi estómago que no era nada irritante pero sí extraño. Claro que era eso, me estaba enamorando, me estaba enamorando de ella, de la princesa Freya.
Además, mientras la miraba, podía ver que ella de alguna manera correspondía a mis miradas, podía ver en sus ojos algo que no había visto jamás en una chica. ¿Será que ella estaba sintiendo lo mismo que yo? Podía ver cómo se sonrojaba a causa de mis constantes miradas, y como se reía ante las sonrisas que le mostraba. ¿Podría ella fijarse en mí? ¿De verdad podía pasar eso? Deseaba con todas mis fuerzas que sí.
Suspiré y me puse de pie. Ahora que lo tenía todo claro, estaba más que ansioso por descubrir, qué había detrás de estos nuevos sentimientos, hasta dónde podía llegar con ellos, por el cariño de una mujer. Estaba determinado a continuar con esto y más que esperanzado, por obtener una respuesta positiva.
-Bueno, Hyoga, espero que todo salga bien. Ojalá esa bella mujer realmente pueda interesarse en ti – pensé.
Volví a suspirar y sonriendo salí del cuarto.
Después que todos se retiraron me quedé sola y empecé a pensar.
Lo había estado observando mientras almorzábamos y pude darme cuenta de que me miraba de una manera especial. No pude evitar el sonrojarme, pero ¿Cómo ocurrió?
Desde que lo vi en la residencial me impactó por completo. Lucía tan bien... Su lindo cuerpo, sus cabellos rubios, sus espectaculares ojos celestes como el cielo, ¡era demasiado! Jamás había visto un hombre como él. Era único, y esa unicidad me encantaba.
Después de encontrarnos en la residencial los invité a un chalet propiedad de mi hermana y decidí alojarlos ahí, donde seguimos conversando hasta la hora del almuerzo. Mientras eso sucedía no podía dejar de mirarlo. Sus ojos eran tan hermosos, que me era imposible dejar de observarlos una y otra vez. Era una sensación tan irresistible, que difícilmente podía contenerla. Y después, durante el almuerzo la cosa se volvió algo recíproca, al ver que él también me miraba y me sonreía. Y fue por toda esa mixtura de sentimientos algo encontrados que tenía dentro de mi que empecé a sonrojarme y a sonreír sin gracia. ¡Su mirada era tan intensa! Realmente sentí que volaba al sentir sobre mí esa mirada. Fue un momento realmente agradable y único para mí.
En fin, qué puedo decir, aquí sentada en la mesa pensando, solo puedo afirmar que este hombre está despertando en mi sentimientos que nunca antes había sentido, que a pesar que eran lindos, me daban un poco de miedo, al no saber cómo actuar ante esta situación. No tengo novio y siempre he soñado con un hombre que me ame y me haga muy feliz, y creo que, después de esto, Hyoga, podría ser muy probablemente ese hombre que tanto había estado esperando.
Nos levantamos algo temprano y con muchas ganas de comenzar con nuestra tarea.
Con las pocas cosas que nos habían quedado para comer de la noche anterior, "desayunamos" y debido a la poca cantidad de comida que ingerimos tuvimos que salir a cazar algunos animales para saciar nuestra hambre, y de paso cazamos para el almuerzo, para ya no tener que hacerlo después. Y en eso estábamos cuando nos encontramos a un extraño joven, de estatura descomunal, de grandes ojos verdes y tez pálida, quien nos miró algo enojado y empezó a agredirnos verbal y físicamente, a lo que reaccionamos bruscamente y el misterioso encuentro pudo haberse tornado en una gran tragedia.
-¿Encontraste algo?
-Nada, creo que tendremos que adentrarnos más en el bosque.
-Mi estómago está haciendo ruidos, si no como algo en 5 minutos siento que me caeré – toqué mi estómago.
-No seas tan pesimista Seiya, continuemos caminando, algo habremos de encontrar.
-Eso espero, me muero de hambre.
-Yo también, y eso que he comido menos que tú.
-¡Oye! Hemos comido lo mismo, cómo vas a decir eso.
-Por si no te diste cuenta ayer te terminaste casi toda la comida que traje, y eso que yo tenía calculado que eso nos duraría a lo mucho dos días.
-¡¿Dos días?! ¿Querías ponernos a dieta?
-No es eso, solo fue un mal cálculo, eso es todo. Aunque conociendo tu excesivo apetito hubiera traído más.
-Bueno, ya no importa. Shiryu, creo que veo algo – dije mirando hacia el horizonnte.
-¿Algo? ¿Estás seguro? ¿Dónde?
-Por allá... ¡Mira Shiryu son liebres! – exclamé señalando.
-Genial, ahora sí que comeremos bien.
-No se me escaparán, son completamente mías. ¡Allá voy! –dije preparándome para el ataque.
-¡Alto!
-¿Eh?
-¡¿Qué creen que están haciendo?!
-Estamos cazando nuestro desayuno.
-Sí, es que nos morimos de hambre.
-Pues lo siento mucho por ustedes pero aquí no pueden cazar.
-¿Por qué?
-Estos bosques son propiedad privada, así que no pueden cazar aquí. ¡Será mejor que se vayan de una vez o yo mismo los sacaré de aquí por la fuerza!
-Oye cálmate, ya te entendimos. Si es así, pues ni modo tendremos que buscar otro lugar. Disculpa, ya nos vamos. Vamos Seiya.
-Ya voy. Oye no tenías que ser tan agresivo.
-¡Cállate! ¡Deja de decir estupideces y vete de una vez!
-¡Oye no te permito esas palabras! ¡Quién diablos crees que eres para hablarme así! Me hiciste enfadar, ¡Y lo pagarás!
-No te tengo miedo niñito, si quieres pelear, aquí te espero.
-¡Desgraciado ya verás!
-¡Espera Seiya!
-¡Pero Shiryu!
-No tenemos porqué pelear sin necesidad. Nosotros ya le dijimos que nos íbamos y eso es lo que vamos a hacer. No necesitamos pelear, eso está de más.
-Vaya, ¿Te crees muy sabio no? Así se vayan igual los perseguiré hasta botarlos de la cuidad.
-¡Con qué derecho! ¡Quién diablos eres!
-Mi nombre es Tholl, y sirvo para el palacio Valhala. Tengo órdenes estrictas de no dejar a nadie pasar por estos bosques o aprovecharse de sus recursos. Como ya les dije, este bosque es propiedad privada y ustedes no pueden quedarse aquí. ¡Así que váyanse de una vez antes de que nos mate!
-Desde hace rato te dije que nos íbamos, si no quieres entender, ése es tu problema.
-¡No te permito...
-¡Basta ya! Jamás había conocido a alguien tan insoportable como tú. Nos vamos de aquí, no tiene sentido seguir hablando con alguien tan cerrado. Vamos Shiryu.
-Tienes razón, esto no tiene sentido – Shiryu comenzó a retirarse.
Y nos fuimos, dejando atrás a Tholl y a su mal humor. Desafortunadamente, tuvimos que caminar como dos horas para conseguir algunas liebres u otros animales comestibles que había por ahí. El encuentro con Tholl tan solo nos hizo renegar y perdimos mucho tiempo. Una vez que terminamos de comer salimos de la cabaña y empezamos nuestra inspección por las aldeas, encontrándonos con otro excéntrico gruñón.
-Eso sí que estuvo delicioso, jamás creí que las liebres fueran tan deliciosas – me agarré el estómago el señal de placer.
-Sí, pero ahora debemos darnos prisa, o no encontraremos nada.
-Ya llevamos caminando horas, y nada de nada. Creo que esos dioses guerreros se están escondiendo de nosotros.
-¿Tú crees? A mí me parece que ellos están en otra parte, y que no se están escondiendo.
-Bueno, sea como sea tenemos que encontrarlos – En eso se oye un grito, y me detuve a escuchar – ¿Oíste Shiryu?
-¿Qué cosa?
-Se oyen gritos, vienen detrás de esos árboles.
-Vayamos a ver.
-Sí – empecé a correr.
-¡Ahhhh! ¡Ayúdenme! ¡Auxilio!
-Cállate maldita mujer, a ver si con esto se te quitan las ganas de husmear por donde no debes. ¡Toma! – el sujeto la cogió del mentón y le da un puñete.
-¡No por favor!
-¡Detente! – exclamé indignado.
-¿Eh?
-Deja a la chica – Shiryu se cruzó de brazos.
-¿Perdón?
-Que la dejes en paz, o lo lamentarás – advertí.
-¡¿Ah si?! ¡Y quién diablos son ustedes para darme órdenes!
-Somos ca...
-Somos guerreros irlandeses, y no toleramos la injusticia – Shiryu me dio un codazo.
-¿Irlandeses? Pues se deben haber bronceado mucho porque pinta de irlandeses no tienen. ¿O me están mintiendo? A ver, ¿De qué parte de Irlanda vienen?
-Ehhh... – no se me ocurría ningún nombre.
-Venimos de la capital, Dublín – Shiryu haciendo gala de su inteligencia.
-Ya veo, ¿Y qué les hace pensar que les haré caso?
-No somos guerreros ordinarios, podemos matarte si así lo deseamos. Así que deja a la chica y ahórrate problemas – amenacé recobrando la compostura.
-Ja, ja, ja. El solo oírte me da risa. Mejor váyanse, esta mujer de todas maneras pagará su culpa, por desobediente. Ella es mi súbdita, y yo hago con ella lo que quiero. Es mía y lo que haga o deje de hacer con ella no es asunto suyo. ¡Así que lárguense de aquí!
-No nos iremos – dijo tranquilamente Shiryu.
-¡¿Cómo?!
-Así es, no nos iremos de aquí hasta que dejes a la chica – sentencié.
-No permitiremos que le hagas más daño. ¿Qué clase de hombre eres para maltratar así a una mujer? No tienes ningún derecho a hacerlo, por más súbdita tuya que sea. Y no mereces llamarte guerrero, si es que lo eres – Shiryu intentó razonar con aquel hombre.
-¡Cómo se atreven! ¡Pagarán su osadía! Yo Alberich me encargaré de mandarlos al otro mundo. ¡En guardia!
Dicho eso empezamos a pelear, siendo nuestra la ventaja al ser dos guerreros contra uno y además el hecho de que nosotros llevábamos armadura y él no. Al final, quedamos casi iguales, con rasguños y moretones por todos lados, hasta que, en una actitud muy cobarde, Alberich se retiró, dejándonos a la chica y a los dos algo malheridos.
-Ja, por ahora les dejaré vivir unos días más – decía mientras perdía el equilibrio – Tengo que regresar a mi morada, ya que aún tengo deberes mucho más importantes que hacer que perder mi tiempo con ustedes. Ah, y pueden llevarse a la chica, ya no me interesa. Hasta luego gusanos – jadeó.
-Maldito... – dije recobrando el aire.
-Déjalo Seiya – Shiryu se incorporó.
-Pero Shiryu...
-Ya déjalo, no hay nada más que hacer. Deja que se vaya, uno de éstos días nos volveremos a ver las caras y ahí le daremos su merecido sin piedad. Ahora lo mejor será que atendamos a esta chica y regresemos a la cabaña, necesitamos recobrar nuestras fuerzas.
-Tienes razón. Es lo mejor. ¿Se encuentra bien señorita? ¿Qué le hizo ese desgraciado? – pregunté acercándome.
-Gracias, muchas gracias guerreros. Descuiden, solo me golpeó un poco, no es nada de cuidado, eso creo... – decía entre lágrimas.
-Acompáñenos señorita, logramos conseguir una cabaña al otro lado del bosque. Se sentirá mejor ahí.
-Sí, mi amigo tiene razón. Venga con nosotros, la cuidaremos – le ofrecí una sonrisa.
-Muchas gracias... ¡Ah! – exclamó cayendo al suelo.
-¡Señorita! ¿Se siente bien? – preguntó Shiryu preocupado.
-Yo... yo creo que no podré caminar, lo siento mucho – su voz se escuchaba adolorida.
-Descuide – la cargué en mis brazos – la llevaré. Vamos Shiryu.
-Vamos.
Y cargándola, nos fuimos a la cabaña, esperando descansar un poco después de esa agotadora batalla.
Después de tanto caminar llegué a una extraña aldea.
Digo extraña porque las casas no lucían tan acogedoras, se respiraba un aire de hostilidad y rencor y eso me hacía sentir fastidiado. Caminé un rato entre esas casas tan descuidadamente construidas hasta que llegué a una especie de plaza, con una pileta grande y una estatua de un hombre con una espada. Debía ser alguien importante, porque la gente que pasaba lo miraba y le hacía reverencias. Aturdido y algo irritado, me senté en una de las maltrechas bancas que ahí había e intenté relajarme, pues me sentía algo tenso a causa de ese desagradable ambiente. Cerré los ojos y dejé que el viento fluyera por mi cuerpo y me tranquilizara. Sin querer me relajé de más y me quedé dormido, estaba muy cansado...
-¡Oye tú, ¿Quién eres?! ¡Despierta!
-¿Eh?
Cuando abrí los ojos vi a un hombre parado a mi lado, mirándome. Era alto, delgado, de tez muy blanca y pálida y de unos increíbles ojos rojos, como de conejo. Me estiré y luego me incorporé, viendo como aquel hombre no dejaba de mirarme. Forcé mal una sonrisa e intenté disculparme, siendo la respuesta no como me lo imaginaba.
-Yo... lo siento, estaba muy cansado.
-Está prohibido dormir en un lugar como éste. ¡Es una ofensa contra el dios!
-¿dios? ¿De qué hablas?
-De ese dios, el dios Odín – dijo apuntando a la estatua.
-Odín... ya veo. Bueno, ya dije que lo siento, no fue mi intención. Me retiro, no tengo nada que hacer en este lugar, nos vemos.
-¡Espera!
-¿Qué sucede? – dije volteando – Creí haber sido claro.
-No eres de aquí, ¿Verdad? ¿De qué lugar vienes? ¿A qué has venido? No es común ver gente como tú por estos lugares. ¿Quién eres? ¡Contesta!
-Mira, creo que eso es algo que no te interesa. No me conoces, por lo tanto no tengo por qué darte explicaciones de lo que hago. Solo aléjate ¿De acuerdo? Me gusta estar solo, odio la compañía de la gente. Y no pienso contestar ninguna de tus preguntas. Adiós – y acto seguido comencé a retirarme.
-¡Eso es lo que tú crees! – me sujetó del brazo – Vas a responder a mis preguntas o soy capaz de matarte aquí y ahora.
-¿Matarme? Ja, ¿Aquí delante de "tu dios"? - pregunté irónico – No me hagas reír, un niño flaco y escuálido como tú no podrá siquiera darme un golpe. Suéltame de una vez y sigue tu camino, no me interesa en lo más mínimo seguir hablando contigo, niñito.
-Así que soy un niñito ¿eh? – me empujó – ¡Veamos pues, cuánto más puedes soportar los ataques de este "niñito"! – gritó atacándome – ¡Idiota! – me derribó al suelo.
-¡Ahh! ¡Maldita sea! ¡Está bien! Contestaré a tus preguntas, pero lo haré solo porque estoy cansado y no tengo ganas de pelear contigo. Deja que me levante y hablaremos.
-Ja, eso me gusta más. Bien, te escucho – se sentó en la banca.
-Mi nombre es Renzo, vengo de Italia. Solo soy turista, lo que pasa es que caminé toda la noche y al ver esas bancas aquí en la plaza no aguanté las ganas y me recosté. Ya contesté a tus preguntas, así que me voy, espero no volverte a ver...
-Mime, mi nombre es Mime. Espero que me estés diciendo la verdad, sino juro que te mataré.
-Ja, no te estoy mintiendo. Debo irme, tengo que encontrar alguna persona que me aloje en su casa, pues como ya te dije, soy turista y no tengo donde quedarme.
-¿Sabes? Odio decir esto, pero mi casa es grande, y vivo solo. Si gustas puedes venir, pero que quede claro que no lo hago por amistad.
-Ja, ja, ja. En ningún momento dije que quería ser tu amigo. Descuida, eso no sucederá. Aceptaré tu oferta por que ya es tarde y no tengo a donde más ir, no te preocupes, no estaré en tu casa por más de dos días, me gusta estar solo.
-Como gustes, mejor para mí. Vamos de una vez, ya está anocheciendo.
Nos levantamos, y lo seguí hasta su casa. Por ratos no podía evitar sonreír al ver a la extraña persona a la que estaba siguiendo, pero me vi obligado a no hacerlo, por las furibundas miradas que me daba. Llegamos y pude ver que no mentía, la casa era en verdad grande, parecía un palacio de esos que existieron en la antigüedad, obviamente demasiado grande para un joven de su edad, y muy acogedor, a pesar del horrible temperamento de su dueño. Puse mis cosas en el suelo y pude ver que Mime me miraba, algo irritado. Lo miré largamente y empezamos a hablar.
-Llegamos, ésta es mi casa.
-Vaya, bonito lugar.
-...
-Definitivamente un bonito lugar ¿Sabes? No parece tuyo, como que no combina contigo. Pero en fin, de todos modos gracias por alojarme. – Puse mis cosas en el suelo y observé el lugar.
-...
-¿Puedo saber qué tanto me miras? – pregunté algo incómodo.
-No es nada. Solo que... me resultas insoportable.
-Ja, no es la primera vez que me dicen eso, estoy acostumbrado, es una de mis mejores cualidades.
-Qué odioso eres.
-Gracias por los halagos.
-¡Grrr! Mira, puedes escoger el cuarto que quieras, no me interesa. La cena se servirá a las 9, así que sé puntual. Si no estás, simplemente no comes, ni sueñes que te llamaré, eso es cosa tuya, mientras menos te vea, mejor. Me voy al segundo piso, espero no verte por ahí.
-¡Vaya! Me encanta tu hospitalidad, me hace sentir como un príncipe – dije irónico – no te preocupes, el sentimiento es recíproco. No tengo hambre, así que no quiero comer. Solo quiero dormir, así que espero que no me molestes. Con tu permiso, hasta mañana – me despedí.
-Qué detestable es – decía Mime viéndome ir.
Una vez que me alejé, me puse a ver algunos de los cuartos antes de decidir en cuál de ellos instalarme. Después de caminar un rato, me decidí por uno que quedaba en una de las esquinas, ya que esos son más grandes. Era realmente una linda habitación, así que eso me animó mucho más. Acomodé mis cosas como pude y me di un baño, ya que por la caminata lo necesitaba. Luego de eso me acosté, pensando en lo detestable que era Mime y cómo iba a hacer para seguir con mi investigación. Y de tanto pensar, el sueño vino y de dormí.
A la mañana siguiente
Me desperté viendo como la nieve caía sobre los árboles. En contraste con lo que estaba sucediendo, la nieve lucía tan pura, tan indefensa. Sonreí ante lo ridículo de mis pensamientos y me estiré un poco, terminando de despertarme. Volteé la mirada y grande fue mi sorpresa al ver que a los pies de la cama estaba Mime, mirándome fijamente, con esos grandes ojos rojos de conejo que tenía. Su mirada era tan intensa, tan llena de irritación y de incomodidad, que realmente me intimidaba, por más ridículo que suene. Lo miré también, y viendo que no dejaría de mirarme si yo no decía algo, hablé.
-¿Puedo saber qué haces aquí, mirándome? Creí entender que no querías verme.
-Hn – replicó despectivo – no creas que es algo especial. Vine a decirte que hoy saldré de cacería, así que ni se te ocurra salir de la casa o husmear por donde no debes. ¿Entendido? Eso es todo, te veo luego – Mime se levantó y salió de la habitación.
-Espera Mime.
-Qué cosa – volteó a verme.
-Eh, no, no es nada, descuida, nada pasará.
-Ya veo, adiós.
Me levanté de la cama y fui al baño a darme una ducha. Pude sentir el ruido de la puerta producto de la salida de Mime y solo pude emitir un suspiro. Él era realmente alguien detestable, caprichoso y muy petulante, casi como... como yo.
Habían pasado solo algunas horas desde que lo conocí y ya sentía como si ya lo conociera de toda la vida. Emití un gruñido al pensar eso pero mientras más lo pensaba, más trabajo me costaba admitir que no era real. Terminé de ducharme y estaba cambiándome, cuando sin querer alguien tocó a la puerta.
-Ja, ese Mime debe haber olvidado algo, es un cabeza hueca, de eso no hay duda, ja, ja.
Salí de mi cuarto y me dirigí a la puerta para abrir, y cuando lo hice pude ver que quien tocaba a la puerta definitivamente no era Mime.
-¡Un momento por favor!
La puerta seguía sonando, insistente.
-¡Espere, ya voy! Por Dios, qué impaciente es. No hay duda que es Mime. Oye Mime ahora qué fue lo que… – abrí la puerta – Quién... ¿Quién eres?
-¿Mime? Perdón, estoy buscando a Mime.
-Pues no está, salió de cacería. No sé a qué hora regresará. ¿Quién eres?
-Mi nombre es Penril. Creí que estaba en casa – suspiró – Vengo de lejos, ¿Podría quedarme a esperarlo?
-Pues... si deseas...
-Me gustaría, pues como te dije vengo de lejos, así que me costaría mucho trabajo el ir y regresar de nuevo. ¿Podías dejarme esperarlo aquí, por favor?
-Bueno, esta casa no es mía, la estoy cuidando temporalmente, pero si haces algo que no debes la responsabilidad es completamente tuya, no quiero volver a discutir con Mime. Pasa por favor.
-Gracias – replicó sonriendo – Sé a lo que te refieres, Mime siempre ha tenido ese carácter tan "particular".
-Veo que lo conoces mucho – reí.
-De toda la vida. Junto con nuestros otros amigos hemos vivido prácticamente juntos desde que éramos unos niños, así que cómo no conocernos.
-Ya veo. Yo también he pasado por experiencias similares con mis amigos, así que te entiendo perfectamente.
-Vaya, qué coincidencia. Oye, ni siquiera me has dicho tu nombre, ¿Cómo te llamas? ¿Cómo llegaste aquí? ¿De dónde conoces a Mime?
-¡Es cierto, lo olvidé! Oh discúlpame – sonreí sin gracia – Mi nombre es Renzo, soy turista y conocí a Mime ayer en la plaza. Conversamos un rato y luego como yo no tenía donde quedarme él me ofreció pasar un par de días en su casa. Es por eso que me en contraste aquí.
-Vaya, sí que has tenido suerte. Por regla general Mime no hace ese tipo de cosas.
-Si es así, he tenido mucha suerte.
-Ya lo creo, ¡Ja, ja, ja!
-¡Ja, ja, ja!
Y así, Penril y yo nos quedamos conversando un largo rato, haciendo tiempo a que Mime regresara. En contraste con Mime, Penril era más bien una agradable persona que tenía muchos temas de conversación y una algarabía natural, muy parecida a la de mi hermano Shun. Me sentí muy a gusto conversando con él.
Miré por la ventana un tanto preocupado.
Hyoga, Saori y yo estábamos a salvo, gracias a la princesa Freya. El chalet que ella nos prestó era realmente lindo, muy distinto a todo lo que habíamos visto desde que llegamos. Quien realmente me preocupaba era mi hermano. ¿Cómo estaría? ¿Le habrá pasado algo? ¿Y si está herido de muerte el algún pueblo deshabitado como el que encontramos? No quería ni pensar en eso, el solo hacerlo hacía que la piel se me erizara. Moví la cabeza negativamente intentando espantar esos pensamientos de mi cabeza cuando en eso me di cuenta que alguien me observaba, volteé a mirar y sonreí, era Saori.
-¿Qué sucede?
-Nada, solo estoy algo nervioso.
-¿Puedo saber por qué?
-Es que... yo... Ikki...
-Mi amor, descuida – me abrazó por detrás – Ikki está bien, al igual que Seiya y Shiryu, él se encuentra muy bien. Su cosmos me lo dice, si estuviera herido o en problemas yo puedo percibirlo. Desde luego tú también puedes, pero tu preocupación no te deja sentirlo. Relájate un poco mi vida, todo está bien.
-Tienes razón preciosa, me estoy portando como un tonto. Mi hermano está bien, así como yo, contigo. Te amo Saori – la besé.
-Si eres un tonto entonces eres el más bello de todos los tontos, te amo tanto mi dulce amor – dijo correspondiéndome.
-Ja, ja, si sigues diciendo eso me lo voy a creer.
-Créelo, es completamente cierto mi amor.
-¿Qué soy tonto?
-No, que eres hermoso.
-Bueno, eso suena mejor, ja, ja.
-Ja, ja.
Después de decirnos esas cosas volvimos a besarnos y nos desconectamos por completo del lugar, como solía acontecer cada vez que nos besábamos. Y esta ocasión era algo especial, ya que Seiya no estaba cerca y por lo tanto no podía vernos ni obviamente interrumpirnos, así que teníamos que aprovechar esta oportunidad al máximo. Y en eso estábamos cuanto Hyoga entró de improviso a la sala (que era donde estábamos conversando) y por poco, muy poco, y nos llega a descubrir.
-Te amo Shun, más que a nada en este mundo – decía entre besos.
-Yo también te amo Saori. Más que a mi propia vida – dije besándola también.
-Me siento tan bien ahora que estamos lejos de Seiya – me acarició.
-Sí, tenerlo cerca era como una gran sombra sobre mí – acaricié su rostro – que no me dejaba en paz. Pero ahora estamos solos, y no dejaré pasar por alto esta oportunidad. Ahora que Seiya no está, te quiero solo para mí, como siempre debió ser.
-De sobra sabes que soy completamente tuya, esté o no Seiya cerca de nosotros. Yo soy tuya, y tú eres mío, solamente mío – me dijo al oído.
-Soy tuyo hasta la muerte, hasta donde la vida y el destino nos lleve mi princesa – la besé.
-Te amo Shun, te amo tanto... – dijo besándome.
-¡Shun! Amigo tengo algo que... ¡ ! ¡¿Qué está pasando aquí?! – Hyoga entró intempestivamente.
-Hyoga, yo...
-Hyoga, amigo... – dije con la voz agitada.
-¿Y bien? ¿Qué está sucediendo?
-Pues... lo que pasó es que... – Saori trataba de explicarse.
-Hyoga... Ahh… - y caí al suelo.
-¡Shun! – exclamó Saori horrorizada.
-¡Shun! ¡Despierta! ¡Amigo qué te pasa!
-...
-¡Dios mío, qué le sucede! – Saori seguía aterrada.
-Tranquila Saori, él estará bien.
-Pero se le ve tan mal, ¡Dios mío por qué no despierta! – dijo ella llorando.
-Hyoga, encontraste a ...¡Oh por Dios qué sucede! – exclamó Freya entrando.
-Ayúdame Freya, Shun se ha desmayado – Hyoga lucía preocupado.
-Vamos al cuarto de al lado, estará más cómodo ahí – dijo ella igual de preocupada.
-De acuerdo, vamos Saori.
-Sí.
Entonces todos fuimos al cuarto y Hyoga me recostó en la cama. Empezó a revisarme y pude percibir en sus manos bastante preocupación. Tuve que fingir al milímetro que estaba inconsciente, ya que si no, nos descubrirían. Me sentí un poco culpable por hacerlo porque estaba preocupando mucho a Saori y a los demás pero desgraciadamente no había otra salida. Felizmente Hyoga no era buen médico y después de tocarme unos minutos me soltó, y dando un gran suspiro, empezó a exteriorizar su preocupación.
-Al menos su corazón no ha dejado de latir – dijo tocando mi cuello.
-Eso al menos es algo bueno, pero no resuelve el problema – dijo Freya triste.
-Pero por qué no despierta, qué le ha pasado – Saori seguía llorando.
-No lo sé – dijo levantando uno de los párpados y examinando el ojo – puede haber sido una impresión fuerte, preocupación, stress, no puedo afirmar qué le sucedió. Pero sigue inconsciente, y eso preocupa.
-Tal vez ha estado muy preocupado por algo. Pobre Shun, luce tan mal – Freya tocó mi mano.
-Freya, suéltalo – Hyoga estaba incómodo – Yo me haré cargo de él.
-Oh, lo siento Hyoga – Freya se sintió avergonzada.
-Solo espero que no sea nada malo – Saori se secaba las lágrimas.
-Veamos, su pulso está normal, respira por sí solo, creo que solo ha sido un desmayo, traeré alcohol para despertarlo – Hyoga salió corriendo.
-Dime Saori, ¿Cómo ocurrió todo?
-Estábamos conversando cuando de repente me dijo que se sentía mareado, lo cogí de los hombros y me disponía a sentarlo en el sofá cuando Hyoga entró, nos vio y luego se desplomó. Cuando lo vi estaba pálido y... parecía... ¡Dios mío tiene que despertar ya! – Saori comenzó a llorar nuevamente.
-No te preocupes, como dijo Hyoga, Shun solo se ha desmayado, así que en unos momentos despertará, ya lo verás – Freya tranquilizó a Saori.
-Gracias Freya...
-Aquí está – Hyoga regresó – ahora vertiré el alcohol sobre este algodón y veamos si con esto abre los ojos – dijo colocando el algodón mojado en mi nariz.
-Mmm – me moví un poco.
-Se mueve – Freya sonrió.
-Sí, felizmente está reaccionando.
-Mmm, ¿Dónde estoy?... – murmuré entreabriendo los ojos.
-Gracias a Dios está despertando – suspiró Saori.
-Shun, amigo, ¿Puedes oírme? – Hyoga apretó mi muñeca.
-Eh... ¿Qué me pasó? ¿Qué sucedió? ¿Dónde estoy? – pregunté finalmente despertando.
-Estamos en el cuarto de huéspedes Shun. ¿Ya te sientes mejor?
-Aún estoy un poco mareado, pero ya me siento mejor.
-Me alegro tanto que ya estés mejor – Saori estaba aliviada.
-Gracias Saori.
-Bueno amigo, lo mejor ahora es que descanses y ya hablaremos más tarde. Te dejaremos solo para que duermas un rato, ¿De acuerdo?
-De acuerdo Hyoga, dormiré un rato.
-Bueno, nos vemos después. Vamos chicas – dijo saliendo con ellas.
-De acuerdo Hyoga.
Entonces todos salieron de la habitación, dejándome solo. Aquella oportunidad que tanto habíamos esperado Saori y yo se había esfumado casi por completo. Me sentía muy irritado. Suspiré y cerré los ojos, tratando de olvidar que lo habíamos arruinado todo, gracias a la intempestiva entrad de Hyoga. Sin poder hacer nada más, me relajé y me dormí.
-¡Qué cosa! ¡ ¿Fingiste un desmayo?!
-Yo... lo siento Saori.
-Por todos los dioses Shun, ¿Te volviste loco? Casi nos matas a todos del susto.
-Lo sé, pero no se me ocurrió otra cosa al ver a Hyoga parado ahí delante de nosotros mirándonos inquisitivamente. Fue lo primero que se me vino a la cabeza. De verdad lo siento mucho mi amor.
-Shun – me acarició – no vuelvas a hacer algo como eso, ¿Me oyes? No sabes lo preocupada que estaba por ti. Casi me muero al verte ahí inconsciente, fue muy atemorizante. No lo vuelvas a hacer, ¿De acuerdo mi amor?
-Bueno, está bien, pero algo tenemos que hacer al respecto. No podemos darnos el lujo de ser descubiertos, eso sería el fin, el fin de todo.
-Tienes razón, tal vez deberíamos hacer estas cosas con un poco más de cuidado.
-Sí, seamos más cuidadosos y nada de esto volverá a suceder.
-Bueno, ya que todo se arregló, creo que podemos continuar lo que estábamos haciendo en la sala – dije acariciándola.
-Oh sí, creo que tienes razón, me muero de ganas por volverlo a hacer.
-Entonces qué estamos esperando.
Después de decirnos eso nos empezamos a besar y a acariciar como hace un buen tiempo no lo hacíamos. Estaba tan deseoso de besarla, de recorrer su cuerpo como aquella vez en la playa... era una pasión tan intensa...
Nos recostamos en la cama para estar más cómodos y continuamos con lo nuestro. Como dije antes, esta oportunidad, dadas las circunstancias en las que nuestra relación estaba involucrada, era única, era una en un millón. Por primera vez en mucho tiempo Seiya estaba lejos de nosotros, de nuestras vidas, de nuestro amor. Teníamos que aprovechar esta ocasión como ninguna otra, y eso fue lo que hicimos.
-Parece que se avecina una tormenta – dije mirando por la ventana.
-Espero que no sea tan fuerte, Shun y Saori no están muy acostumbrados al frío.
-A estas horas mi hermana debe de estar preguntando por mi, salí de palacio muy temprano y mira la hora que es. La verdad es que no quisiera regresar, a veces me da miedo mi propia casa – dejó escapar un suspiro.
-Tranquila Freya, si tienes miedo yo estoy aquí para cuidarte – la reconforté con un abrazo.
-Oh, gracias Hyoga – me contestó sonrojándose.
-No tienes de qué, lo hago con gusto si se trata de ti.
-Qué amable eres Hyoga.
- ... – no pude evitar ruborizarme también.
-Ja, ja, te ves muy lindo cuando te sonrojas – un tono pícaro se escuchaba en su voz.
-No digas eso – volví a ruborizarme.
-No quise hacerte sentir mal, solo bromeaba – me abrazó – Es que me siento muy bien cuando estoy contigo.
-¿De verdad?
-Sí, no sé cómo explicarlo pero sencillamente es algo que siento. Puede sonar algo ridículo, ya que recién nos conocemos, pero cuando te miro o te hablo siento como si te conociera de toda la vida, me siento en confianza, por eso me atrevo a hablarte así, disculpa si te molesta, pero es que no lo puedo evitar – dijo con un rubor tierno en su mejillas.
-No me molesta – le dije con una sonrisa.
-¿Me estás diciendo la verdad?
-Sí.
-¡Qué bien! Eso me hace sentir mejor.
-¿Sabes algo? Me resultas algo... diferente.
-¿Diferente? ¿Cómo así?
-No sé, pero desde que te vi me quedé bastante impresionado contigo.
-... – sus mejillas se volvieron a poner rosadas.
-Bueno, no quiero ser atrevido pero... eres muy atrayente Freya – dije algo nervioso y sonrojado.
-... – sonrió tímidamente.
-¡Oh no! No quise importunarte con mis tonterías. Qué vas a pensar de mi, quizá ya tienes novio y yo debo de estar haciendo el ridículo al hablarte de esto. Olvida lo que dije, yo... lo siento mucho – dije nervioso.
-Hyoga yo... no tengo novio.
-¿Ah no? – pregunté incrédulo.
-No, y las cosas que me dijiste me gustaron mucho.
-... – me ruboricé sin poderlo evitar.
-Eres tan galante, no pensé que fueras así.
-... – me sentía muy nervioso.
-¿Sabes algo? A mi también me resultas atrayente.
-Oh Dios mío - me llevé las manos a la cara nerviosamente, no lo podía creer.
-Quiero salir afuera un rato, antes que empiece la tormenta. ¿Me acompañas? – preguntó tomando mi mano.
-Sería un tonto si dijera que no.
Y tomados de la mano, salimos del chalet, y caminamos un rato por los alrededores. Fue realmente un lindo momento, jamás olvidaré como me sentí en aquellos instantes. A medida que caminábamos nuestro trato era cada vez más íntimo, todo era risas y palabras bonitas. Por ratos intentaba abrazarla, y ella correspondía a eso apoyándose en mí. Me sentía extraño, pero absolutamente feliz, eso era algo completamente nuevo para mí, y quería descubrirlo por completo. Después de caminar un rato, nos sentamos a conversar, y el tema de la conversación y el rumbo que ella tomó no fue de mi total agrado, pero al final, algo mágico sucedió.
-Sentémonos aquí a conversar un rato. Aún no quiero regresar.
-Yo tampoco.
-¡Ah! Me siento tan bien – me estiré para relajarme.
-...
-¿Qué te pasa Freya? – pregunté mirándola.
-Nada solo estoy algo preocupada, me acordé de algo.
-¿De qué?
-Hyoga, ¿Crees que Shun ya está bien?
-Pues desde luego, solo se desmayó. Eso a veces pasa.
- Me asusté tanto al verlo así – su semblante lucía triste y en su voz se percibía cierta preocupación.
-Confía en mí, él está bien.
-¿De verdad? Me preocupa mucho.
-Bueno, si tanto te preocupa puedes ir a verlo y conversar con él – el tono celoso en mi voz fue inevitable.
-Bueno, no es para tanto, pero...
-Por mí no hay problema. Lo que no entiendo es tu repentino interés.
-Lo que pasa es que me preocupa mucho que se ponga mal, quiero evitar eso como sea.
-Veo que te interesa mucho Shun. Tienes suerte, Shun no tiene novia, así que no te será difícil hacerlo tu enamorado.
-Hyoga, ¿qué te pasa? – me miró sin entender.
-Nada, solo digo lo que percibo – dije un poco nervioso.
-Mira, no confundas las cosas. Yo solo lo digo con buenas intenciones, por el bien de todos.
-¿Por el bien de todos o del tuyo?
-¡Hyoga! – exclamó sorprendida.
-¿Sabes? No debí haberte dicho nada. No me di cuenta que quien realmente te interesa es Shun y no yo. Descuida, si gustas puedo ayudarte a acercarte más a él. Después de todo, él es mucho mejor persona que yo.
-¡Quieres callarte! ¡Estás malentendiendo todo! – dijo exasperada.
-Me regreso al chalet, le diré a Shun que venga a buscarte – acto seguido me puse de pie y empecé a caminar.
-¡Hyoga espera!
-...
-No me malinterpretes, no lo dije con esa intención – dijo levantándose.
-...
-Por favor, no te vayas – pidió mientras caminaba detrás de mi.
-...
-¡Hyoga!
-...
-Escúchame, a Shun lo veo solo como un amigo, nada más. Y si me preocupo por él, es solo por amistad. ¡Por favor regresa!
-...
-Hyoga, a mí no me interesa Shun, a mí me interesa...
-... – me detuve.
-A mí me interesa… ¡A mi me interesas tú!
-¡ ! – volteé sorprendido.
-Hyoga, por favor, no malinterpretes mis palabras. Te lo digo con toda sinceridad, me interesas tú, y nadie más.
-Yo... no sé... es que me dio cólera – dije completamente nervioso.
-Puede que lo que dije se haya prestado para que pienses eso, pero créeme, no es así.
-Oh Freya... – la abracé.
-Hyoga... – sentí sus brazos alrededor de mi.
-Me... me gustas mucho – confesé mirándola a los ojos.
-A mí... a mi también me gustas mucho Hyoga – me contestó con las mejillas sonrosadas.
-Freya...
-Hyoga...
En ese momento, estábamos tan cerca el uno del otro que podíamos sentir claramente nuestras respiraciones. Nos habíamos dicho completamente todo, fue tan rápido, tan mágico, tan deprisa, que yo no lo podía creer. Sin poder aguantar más, la miré profundamente a los ojos, toqué suavemente su rostro, busqué sus labios y... la besé.
Mientras la besaba pude darme cuenta que ella no estaba ofreciendo resistencia, que muy por el contrario, me besaba con igual o mayor intensidad que yo. Fue un momento tan único, era la primera vez que me sentía así.
-Hyoga... – me miró.
-Freya, eso fue hermoso.
-Nunca me habían besado, ¡Pero se sintió tan bien!
-Yo también me siento igual, no había pasado por esto antes.
-Te quiero mucho Hyoga – dijo abrazándome.
-Yo también te quiero mucho Freya – la estreché fuertemente contra mi pecho – y nada en este mundo me haría más feliz si tú...
-¿Qué Hyoga?
-Si tú... quisieras... estar conmigo. Todo esto ha pasado tan deprisa y ya que nos hemos dicho lo mucho que nos queremos, no veo razón alguna para estar separados. ¿Quieres estar conmigo Freya?
-Tú lo has dicho, no tenemos por qué estar separados. Quiero estar junto a ti siempre, por siempre Hyoga.
Al escuchar esas palabras no contuve mi emoción y la abracé, y luego la tomé por la cintura y la elevé por los aires, haciéndola girar como un carrusel. Estaba tan feliz, ya tenía enamorada, y era tan linda... Jamás creí que en un solo día mi vida podía cambiar de esa manera. Me sentía tan bien, tan vivo, era el hombre más feliz del mundo.
A la mañana siguiente después de dejar a la señorita cerca de su casa nos dedicamos a investigar por los alrededores. Lamentablemente no encontrábamos nada, y nuestros ánimos decaían a cada instante. Estuvimos caminando por algunas horas hasta que dimos con un colosal palacio, rodeado por una empinada cumbre de nieve. Fue ahí cuando apareció un extraño personaje, el cual, como todos los otros a los cuales nos habíamos encontrado, nos exigió salir del lugar. Ante nuestra negativa, nos atacó ferozmente y por poco no la contamos.
-Muchas gracias jóvenes guerreros, espero que les vaya muy bien en su investigación.
-De nada señorita, siempre que haya alguien en peligro, nosotros estaremos ahí para rescatarlo y protegerlo por sobre todas las cosas.
-Cuídese mucho y esperamos verla muy pronto.
-Eso espero, adiós – y la mujer salió de la cabaña.
-Bueno Seiya – Shiryu cerró la puerta – creo que ya es hora de salir a investigar, estamos muy atrasados con esto y debemos darnos prisa.
-Tienes razón, este incidente tomó más tiempo del previsto, vamos ya.
-Sí.
Minutos después
-Ah, ya me cansé – dije jadeando – Hemos estado caminando durante horas y no encontramos nada de nada.
-Descuida – contestó igual – a pesar de todo tenemos que continuar. Es nuestro deber.
-Tienes razón, sigamos.
-Oye Shiryu, mira eso – dije apuntando hacia una dirección.
-Qué... ¿Qué es eso? – preguntó mirando.
-Justo te lo iba a preguntar, se ve muy amenazador.
-Jamás creí que un palacio así podría existir aquí en Asgard.
-Creo que debemos investigar ahí, presiento que ese palacio tiene algo extraño.
-Yo también lo creo, vayamos allá.
-Sí.
-¡Alto!
-¿Eh?
-¿Quiénes son ustedes?
-Ehh... – nos miramos sin saber qué decir.
-¡Hice una pregunta!
-Somos guerreros irlandeses, y estamos escapando de una emboscada – dije orgulloso.
-¿Emboscada? Ja, eso ni siquiera es común por aquí. ¡Dejen de mentirme! ¡¿De dónde diablos vienen?!
-No mentimos. Lo que sucede es que nosotros hemos derrotado a unos guerreros que nos tendieron una emboscada y nos estamos alejando del lugar. No tenemos intención de incomodar, solo estamos de paso – aclaró Shiryu.
-Como sea, ¡Lárguense de aquí! Aunque no tengan intención de incomodar resultan muy fastidiosos. ¡Qué esperan para irse!
-¡Maldita sea ya me cansé! ¡Desde que hemos llegado a este estúpido pueblucho no hemos recibido más que insultos! ¡Ya estoy harto! Vas a pagar cada uno de los insultos que hemos recibido hasta ahora. ¡Prepárate! – dije muy enojado.
-Pero... – Shiryu me miró preocupado.
-¡Bien! ¡En guardia! ¡Juro que te mataré aprendiz de caballero!
-¡Quéee! ¡Te arrepentirás de tus palabras! – exclamé ofuscado.
-¡Espera Seiya!
-¿Qué?
-No creo que sea buena idea detenernos aquí. Tenemos aún mucho por hacer y no podemos estar distrayéndonos con este tipo de cosas. Deja al hombre en paz y vayámonos de una vez.
-Pero Shiryu...
-Es lo mejor Seiya.
-¿Y bien? ¿Van a atacarme? ¿Tanto miedo me tienen que no se deciden a atacarme? Puedo con los dos al mismo tiempo, así que no lo piensen tanto. ¡Ataquen de una vez!
-No caeremos en tu trampa, si lo que quieres es deshacerte de nosotros estás muy equivocado si crees que te lo vamos a permitir. Vamos Seiya, no tiene ningún sentido quedarnos aquí.
-De acuerdo – asentí.
-¡Eso si que no! Me hicieron enfadar, y lo pagarán. ¡Yo Sigfried los enviaré al otro mundo! ¡Ventisca del dragón!
-¡Oh no! – exclamó Shiryu.
-¡Aaahhhh!
-No puede ser – Shiryu estaba malherido.
-Qué diablos fue eso – dije del mismo modo.
-Ja, infelices, eso les pasa por meterse con un dios como yo.
-¿Qué? – preguntó Shiryu en medio de su dolor.
-Pero descuiden, como muestra de mi generosidad, no los haré sufrir más. ¡Morirán ahora mismo! ¡Ven...
-¡Señor Sigfried! – exclamó una voz. Era un sirviente.
-¿Eh?
-Señor Sigfried, necesitamos que venga.
-¿Yo? ¿Para qué?
-La señorita Hilda lo solicita en su salón.
-¿No te dijo para qué?
-No señor, solamente dijo que fuera a verla cuanto antes.
-Bueno – suspiró – creo que ustedes dos son muy afortunados, se salvaron por poco. Pero ni se les ocurra volver por aquí, porque donde lo vuelvan a hacer, juro que no tendrán la misma suerte, los mataré sin contemplaciones. Y tú – miró al sirviente – encárgate de que estos dos inútiles se alejen del lugar lo más que puedan. Tenemos encima una amenaza del santuario y tenemos que proteger el palacio lo más que podamos. ¡Apresúrate! – dicho esto, se retiró.
-Sí señor Sigfried. ¡Vamos muévanse! – nos gritó.
-Vamos Seiya, regresemos.
-Pero Shiryu, ¿No que teníamos que continuar? – pregunté confundido.
-No será necesario, ya encontramos lo que estábamos buscando.
-Pero...
-¡Qué tanto hablan! ¡Largo de aquí! – el sirviente perdía la paciencia.
-Descuida amigo, ya te entendimos, ya nos retiramos. Vamos Seiya.
-Sí.
-Un momento – otra voz se escuchó en el lugar.
-¿Eh?
-¿Los vas a dejar ir así, por su cuenta? Qué mal sirviente eres. Sigfried te dijo que te encargaras de que se fueran, lo que significa que tú mismo los lleves afuera. ¿Acaso no te das cuenta que volverán a venir si los dejas ir así?
-Joven Bud...
-¡Qué esperas para hacer tu trabajo! – Bud se cruzó de brazos.
-¡Oh sí! ¡Vamos caminen! – gritó mientras nos ataba de las muñecas.
-¿Pero quién es ese? – pregunté molesto.
-¡Cállate y camina! – el sirviente nos miró feo.
-Pero...
-Guarda silencio Seiya, después habrá tiempo para hablar.
-Está bien Shiryu, como digas.
-¡Dejen de hablar y muévanse! – siguió gritando el sirviente.
-De acuerdo, vamos – asentí.
Y diciendo eso nos llevaron de las muñecas, como dos apestados, hacia las afueras del palacio, ya que la pelea con Sigfried fue casi en su parte frontal. Una vez que nos alejamos lo suficiente del palacio, el sirviente nos liberó y nos aconsejó, de buenas maneras que nos mantuviésemos alejados, ya que si volvíamos a acercarnos, era poco probable que no saliéramos con vida. Agradeciendo sus intenciones nos regresamos a la cabaña, algo confundidos.
En la cabaña
-No lo entiendo Shiryu, estabas tan decidido a continuar y de repente te retractaste, haciendo todo lo posible por regresar. ¿Qué sucede?
-Sucede Seiya, que nuestra búsqueda terminó.
-¿Terminó? ¿Cómo así?
-Después que Sigfried nos atacó, dijo algo que me hizo comprender que habíamos encontrado lo que necesitábamos.
-¿Ah si?
-Sí, él dijo que merecíamos los golpes por meternos con un dios como él, que quiere decir que él es un caballero también y no cualquiera, en otras palabras, él es un dios... Sigfried es un dios guerrero.
-¡¿Un dios guerrero?!
-Sí. ¿Ahora lo ves Seiya? Encontramos a los dioses guerreros.
-Increíble… - dije satisfecho.
-Ahora es necesario encontrarnos con los demás para informarles de lo que hemos encontrado. Debemos darnos prisa.
-Tienes razón, debemos partir cuanto antes.
-Sugiero que vayamos con Ikki, puesto que está solo y puede necesitar ayuda.
-¿Y Saori?
-Lamentablemente Seiya, no podemos ir donde ella, ya que los dioses guerreros que hemos visto pueden seguir nuestro rastro y dar con ella, lo que debemos evitar a cualquier precio. Lo siento mucho amigo.
-Descuida, lo entiendo. Entonces no se diga más. ¡Pongámonos en marcha!
-Sí.
Entonces, recogimos todas nuestras cosas, miramos por última vez a la cabaña que nos había servido de refugio por todo ese tiempo, y partimos con dirección al este, en busca de Ikki.
Después de conversar un poco con Penril, Mime llegó.
Llegó con cara de pocos amigos y de muy mal humor. Penril y yo lo miramos completamente sorprendidos y tratamos de calmarlo, cosa que no resultó. Molesto, Penril intentó calmar a Mime por la fuerza, ocasionando una pelea, la cual, gracias a mi poder y fuerza pude balancear, para suerte de todos.
-Ah Renzo – Penril reía – realmente la estoy pasando muy bien conversando contigo.
-Yo también, a diferencia de Mime, tú sí que eres mejor persona.
-Mejor no se lo digas en su delante, no sabes lo furioso que se pone.
-Ya me lo imagino. Ese Mime es un testarudo.
-¿Un testarudo? Eso es poco, ja, ja, ja.
-Ja, ja, ja.
En eso se escuchan golpes en la puerta
-Vaya, ¿Quién será?
-No lo sé, por regla general Mime no recibe visitas en las mañanas.
-¿Solo en las mañanas?
-Bueno... para ser sincero, Mime nunca recibe visitas.
-Ja, ya veo. Voy a ver quién es.
Se escuchan golpes más fuertes
-¡Un momento, ya voy! Que mal humor tiene, no sé cómo Mime se puede sentir bien estando rodeado de gente tan malhumorada.
-Él es un poco reservado, y casi nunca dice nada. Es por eso que es tan difícil entenderlo.
-Ya veo – abrí la puerta – Qué dese...
-¡Por qué te demoraste tanto! – gritó entrando intempestivamente – ¡Qué diablos estabas haciendo!
-Pues conversando con tu amigo Penril, vino a verte desde lejos.
-¿Penril? ¡Y qué diablos quiere ahora!
-Oye, no le hables así. Vino a verte desde lejos, con certeza es algo importante, sino no se habría tomado la molestia de venir hasta aquí.
-¡No te metas, no es asunto tuyo!
-¡Entonces para qué demonios preguntas! Por todos los dioses, ¡Qué difícil es hablar contigo!
-Oye des...
-¿Ya terminaron?
-Disculpa Penril, creo que mejor hablas tú con él, ya que lo conoces más. Yo me retiro, no soporto tenerlo cerca.
-¡Aún no he terminado de hablar contigo maldito desgraciado! ¡Regresa aquí ahora!
-¡Mide tus palabras cuando te diriges hacia mí! Para tu información, no recibo órdenes, ¡Yo soy el que las da!
-¡Maldita sea, ya verás! – Mime intenta correr detrás de mí, pero Penril lo sujetó.
-Tranquilo Mime...
-¡Déjame! Ese imbécil me va a escuchar...
-Mime, tengo algo que decirte, por eso vine hasta aquí, por favor, deja de pelear y conversemos.
-¡No tengo tiempo para eso! Este desgraciado me ha sacado de mis casillas como ningún otro. ¡Y va a pagar por eso!
-Mime, déjalo ya.
-¡No! ¡Ven acá idiota!
-Mime, por última vez ¡Deja esa estupidez!
-¡Tú déjame en paz! ¡Ya me tienes harto! No me molestaré en atenderte porque sé que es una de tus estupideces como siempre. ¡Vete de mi casa ahora mismo! Que yo me las arreglo solo con ese mal nacido.
-¡Maldita sea Mime! – Penril le da un puñete y lo derriba – ¡Es algo importante! ¡Quieres escucharme aunque sea un momento! ¡Deja ya de portarte como un estúpido! – gritó pegándole de nuevo.
-¡De esta nadie te salva Penril, ahora sí que me enfadaste! – Mime se pone de pie y empieza a atacar, a lo que Penril reacciona de la misma manera.
-No me provoques Mime, no quiero atacarte – advirtió Penril.
-¿Ah si?, ¡hazlo si puedes, idiota!
-¡Cómo me llamaste infeliz! ¡Ya verás! ¡Garra de lobo mortal!
-¡Déjense de tonterías! – grité lanzando una ráfaga de fuego que separa a los dos – ¿Quieren matarse? ¡Parecen dos mocosos de jardín! ¡Dan vergüenza! ¡Es el colmo con ustedes dos!
-Renzo...
-Mira tú...
-Déjalo Mime, él tiene razón. Además, no vine aquí para decirte estupideces como dijiste, es algo realmente importante, es un llamado del palacio.
-¿Del palacio?
-Sí, ya sabes a qué me refiero.
-En ese caso, hablaremos en la sala. Renzo, haz como gustes, pero no te aparezcas por la sala, esta conversación es realmente privada.
-Eso no me lo tienes que decir, lo sé perfectamente. Gusto en hablar contigo Penril, espero verte de nuevo – dije retirándome.
-Igualmente Renzo, y disculpa el malentendido.
-No es nada, adiós – dije finalmente saliendo.
-Y bien, ¿De qué se trata? – preguntó Mime mientras caminaba hacia la sala.
-Es un llamado de la señorita Hilda – Penril se sentó en uno de los sillones.
-¿La señorita Hilda? ¿Qué desea?
-Al parecer hemos recibido una amenaza.
-¿Amenaza? ¿De quién?
-Según Sigfried viene del santuario en Atenas, Grecia. Quieren declararnos la guerra y debemos de estar listos para el contraataque. La señorita Hilda ha lanzado el llamado a todos los dioses guerreros y todos debemos de ir al palacio a la brevedad posible. Es muy urgente.
-Puedo verlo, no esperé que los caballeros del santuario quisieran atacarnos, pero si así lo desean, no nos queda de otra. Trataré de ir lo más pronto que pueda. Esos malditos caballeros morirán congelados en Asgard, ja, ja, ja. ¡Ahhh! – Mime se agarró el estómago y cayó al suelo.
-¡Mime! ¿Te encuentras bien?
-Creo que tus garras de lobo lograron alcanzarme. ¡Ahhh! – Mime comenzó a sangrar.
-Cuanto lo siento Mime, lo hice en un momento de cólera, no fue mi intención amigo – Penril lo carga y lo pone en uno de los sofás.
-No me dejes aquí, quiero ir a mi habitación – Mime estaba muy adolorido.
-De acuerdo. ¡Renzo, ¿Podrías ayudarme?!
-No lo llames, no quiero que me vea así – a pesar del dolor, Mime no quería ayuda.
-Es preciso Mime, necesitaré ayuda para curar tus heridas, son demasiado grandes. ¡Renzo, ayúdame!
-Qué… Oh por Dios... – entré y vi la gravedad del asunto.
-Fue culpa mía. A pesar que lograste separarnos, mi ataque alcanzó a Mime. Está muy malherido, ayúdame a curarlo por favor.
-Claro, vamos a su habitación.
-De acuerdo.
-No necesito tu compasión tarado, déjame solo con Penril – ordenó Mime adolorido.
-Deja de decir estupideces y déjate llevar.
-...
Y llevando a Mime cargado a su habitación, Penril y yo nos encargamos de curarlo cuidadosamente, dejándolo descansar cuando terminamos.
Abrí los ojos y pude ver con claridad que ya era de día.
Me levanté y fui al baño a darme una ducha. Cuando salí me vestí rápidamente y salí de la habitación, encontrándome con Saori en el pasillo. Viendo que nadie nos veía, nos besamos intensamente y empezamos a conversar.
-Buenos días mi amor.
-Buenos días mi princesa. ¿Cómo has amanecido?
-Muy bien. Dormí muy bien. Y tú, ¿Cómo has estado? ¿Seguro que ya te sientes bien?
-Descuida, claro que me siento bien. Como te dije ayer, lo del desmayo fue fingido, yo me siento perfectamente bien.
-Es que como te acostaste temprano...
-No te preocupes mi amor – dije besándola – yo estoy bien. Ahora bajemos a ayudar a Hyoga y Freya, deben estar muy ocupados tratando de servir el desayuno.
-Sí, pero antes, quisiera quedarme un rato contigo. Tú sabes, no tenemos mucho tiempo para estar así, solos – me besó.
-Lo sé, y tienes razón. Ellos pueden esperar un rato...
Y diciendo eso, nos empezamos a besar intensamente y nos metimos a mi habitación, terminando de resolver nuestro "asunto" pendiente.
Estaba sacando la vajilla cuando Hyoga llegó.
Me saludó cariñosamente, besándonos con mucha dulzura. Sonreímos y nos pusimos a conversar, mientras poníamos la mesa.
-Buenos días cariño, ¿Cómo estás?
-Muy bien mi vida. Y tú, ¿Cómo amaneciste?
-Genial, después de lo de anoche, no pude haber dormido mejor.
-Hyoga, qué cosas dices... – no pude evitar sonrojarme.
-Pero mi amor, ¿Cuál es el problema? – preguntó abrazándome – No estoy diciendo nada malo, no hay nada que temer.
-Tienes razón, pero es que a veces me siento extraña al hacer todas estas cosas.
-Es muy normal al principio, pero ya verás que con el tiempo será una experiencia súper agradable.
-Tienes mucha razón, va a ser muy, muy agradable – lo besé.
-Te amo Freya.
-Yo también te amo Hyoga.
Después de eso dejamos las vajillas en la mesa y nos empezamos a besar, aprovechando que nadie nos veía. Este nuevo sentimiento era tan hermoso, jamás me había sentido tan feliz. Hyoga era realmente el hombre que había estado esperando por mucho tiempo, y me sentía muy feliz por haberlo encontrado. Me sentía en las nubes cada vez que me miraba o me besaba, y cuando eso sucedía, trataba de prolongar lo más que podía ese beso o esa mirada para que nunca terminara. Era algo tan real, tan puro, tan especial.
Mientras nos besábamos no nos dimos cuenta que Saori y Shun estaban bajando lentamente las escaleras, dirigiéndose al comedor para ayudar con lo del desayuno. Sin querer abrí los ojos mientras Hyoga me acariciaba, y vi la silueta de Shun detrás de la puerta del comedor. Asustada y nerviosa, alejé a Hyoga de mí lo más rápido que pude antes que Shun abriera la puerta del comedor, y tratamos de actuar lo más normal posible delante de los dos.
-Freya, eres la mujer más bella del mundo… - dijo entre caricias.
-Hyoga, no sigas por favor, siento que no me voy a poder contener.
-Eso no importa, por mí mucho mejor todavía.
-Hyoga... – en eso vi a Shun entrando y exclamé asustada - ¿Eh?
-Freya... – Shun no sabía qué decir.
-Suéltame Hyoga – dije apartando a Hyoga de mi lado.
-Pero... – Hyoga estaba confundido.
-Saori, Shun, buenos días. ¿Cómo amanecieron? – saludé cambiando de tema.
-Muy bien Freya gracias. ¿Y ustedes?
-Bien también – mi voz sonó nerviosa.
-Hyoga, amigo, ¿Te puedo ayudar con eso?
-... ¿eh? ¿Me decías? – preguntó Hyoga distraído.
-Que si te puedo ayudar con eso que estás haciendo. Si pones demasiado queso en el pan se te va a caer. Deja que te lo prepare yo.
-Eh... yo... Shun... bueno, gracias – Hyoga se sonrojó un poco.
-De... nada Hyoga – Shun se quedó mirando a Hyoga.
-Freya, vamos a la cocina a preparar las tortillas, ¿Te parece? – sugirió Saori.
-Pues... bueno, claro, vamos de una vez – y salimos de la habitación.
De ahí nos fuimos a la cocina, donde nos pusimos a hacer las tortillas. A medida que conversaba con Saori, mi nerviosismo fue disminuyendo, y me fui sintiendo mejor. Solo me preocupaba como la estaría pasando Hyoga.
Después que Saori y Freya se fueron, Shun y yo nos quedamos preparando el pan y las vajillas. Realmente el hecho de que Saori y Shun nos hubiesen visto besándonos me había dejado realmente nervioso y completamente fuera de mí. No podía hacer las cosas bien y pronto Shun notó eso, y empezó a interrogarme, poniéndome mucho más nervioso todavía.
-Hyoga, ¿Te sientes bien? – preguntó acercándose.
-Eh... sí claro, me siento de maravilla – afirmé.
-No me mientas, algo te pasa.
-De verdad amigo, no me pasa nada. Son ideas tuyas.
-¿Seguro?
-Por supuesto.
-Bueno, si tú lo dices...
Suspiré soltando la bolsa de pan y luego me entretuve un poco con la vajilla. He de decir que mi nerviosismo me hizo en varias ocasiones hacer casi caer las finas tazas y los platos de té que habíamos sacado para el desayuno o los cubiertos, además de los vasos para el jugo, ante la mirada interrogante de Shun, quien cortaba el pan en finas rodajas, las que ponía en una bandeja. Me miraba inquisitivamente, como queriéndome preguntar algo, pero no se atrevía. A veces lo miraba y su mirada hacía mi nerviosismo aumentar, pero aún así dejaba mi inusual hilo de voz salir, para decirle:
-Descuida, todo está bien. Creo que amanecí un poco torpe hoy.
Asentía y volvía a mirarme, extrañado. Por regla general, de los dos, yo era el más calmado y centrado, y era por esa razón que mi actitud de ese día le era tan particular. Comprendía a la perfección su confusión, pero desgraciadamente no me sentía listo para decirle esto, creo que era buena idea esperar un poco más, para recién decirle lo que realmente me estaba sucediendo.
Luego de ese incómodo momento nos sentamos a la mesa y comenzamos a desayunar.
Cuando me desperté noté que Penril ya no estaba.
Miré alrededor y pude ver a Mime en su cama, durmiendo. Yo estaba en una silla, al lado suyo. Me estiré pesadamente y me disponía a salir de la habitación cuando de repente una voz resonó en la puerta. Era Penril.
-Vaya, ya te despertaste.
-No me acuerdo a qué hora me quedé dormido – me estiré.
-En realidad nos dormimos. Después de curar las heridas de Mime nos pusimos a conversar a su lado hasta que se durmió, y luego nosotros también lo hicimos. Creo que los tres estábamos un poco cansados.
-Ya lo creo. Pero felizmente Mime sigue durmiendo, ya que no soportaría escucharlo hablar.
-Por lo que veo ustedes dos no se llevan nada bien – reí.
-En lo absoluto. Desde que lo conocí en aquella plaza su carácter me irritó. Y luego después de conocerlo más, me di cuenta de que él es de verdad alguien realmente insoportable.
-Bueno, hay que reconocer que Mime es un poco especial.
-Yo diría que demasiado.
-Descuida, vas a ver que con el tiempo ustedes dos se van a llevar de maravilla – dijo riendo.
-¿De verdad lo crees?
-Sí, algo me dice que sí. Después de todo puedo percibir ciertas similitudes entre ustedes.
-¿En serio?
-Sí. No es por ofenderte, pero sus personalidades son muy parecidas.
-Bueno, yo también he percibido ese parecido.
-Por eso digo que serán grandes amigos.
-Si tú lo dices, pero yo no me confiaría tanto. Lo veo bien difícil, ja, ja.
-¡Ja, ja, ja!
Y así nos quedamos conversando un largo rato, vigilando el sueño de Mime. Después de un par de horas nos fuimos al comedor a cenar y pasamos una agradable noche juntos.
Dos semanas después
Estábamos los tres tomando desayuno tranquilamente. Debido a la gravedad de las heridas de Mime, Penril y yo nos quedamos todo ese tiempo cuidándolo, ya que él no podía hacer varias cosas solo. Extrañamente, Mime aceptó la ayuda sin protestar, e incluso me instó a quedarme en su casa el tiempo que quisiera (Recuerden que yo solo tenía previsto quedarme dos días) lo cual realmente me impresionó. Y Penril, como no tenía nada por hacer en su casa, se quedó también con nosotros, ayudándome en las diversas actividades que teníamos para ayudar a Mime. Los tres estábamos pasándola muy bien y pues eso era algo muy agradable, ya que yo nunca antes había pasado por eso.
Esa mañana, después del desayuno, Mime estaba en su cuarto viendo televisión, mientras Penril y yo jugábamos a los naipes (Cosa que le enseñé, para diversión de él) cuando de repente tocaron a la puerta. Lo que vimos al abrirla fue para mí realmente una sorpresa.
-¡Bien! 13 puntos.
-No vale, tú siempre me ganas.
-Ja, ja, es muy normal Penril, ya que recién estás aprendiendo. Con el tiempo verás que en realidad es muy sencillo.
-Bueno, si tú lo dices. ¿Seguro que no estás haciendo trampa?
-Ja, ja, ja. Me has hecho acordar a un amigo mío. Decía las mismas palabras que tú, ya que siempre le ganaba. Me resulta increíble decir esto, pero encuentro en ti muchas similitudes con mis amigos.
-Vaya, me alegra saber eso.
-A mí también, me caes muy bien.
-Gracias Renzo – Penril sonrió y en eso se oye que tocan a la puerta.
-¿Tocan? Qué raro – se extrañó Mime.
-Sí, ¿Quién podrá ser?
-Vamos a ver – Penril abrió la puerta – Eh, ¿Quiénes son ustedes?
-Hola, buscamos a alguien llamado...
-¿Mime?
-No, su nombre es Ik…
-¡Ustedes! – me aproximé al verlos.
-¡Oh! – exclamaron los recién llegados.
-Renzo, ¿Conoces a estas personas? – preguntó Penril.
-¿Renzo? – los dos me miraron confusos.
-Eh... claro que las conozco, son dos de mis amigos, de los que te hablé antes.
-Ah, bueno, pasen por favor. Aunque el dueño se encuentra un poco delicado de salud, no se molestará si se quedan un instante.
-Gra... gracias – los dos entraron a la casa.
-Penril, ¿Podrías fijarte si Mime ya terminó su desayuno? – sonreí sin gracia – Anda por favor.
-Eh, oh bueno, ya comprendo. Los dejo solos, ya regreso. Quedan en su casa chicos – dijo retirándose.
-Muchas gracias amigo – dijeron los dos.
-Chicos, vamos a la sala – ofrecí.
-Ikki, ¿Podrías explicarnos qué sucede? – preguntó Seiya entrando a la sala con Shiryu detrás – ¿Qué es eso de Renzo? ¿Por qué te haces llamar así?
-Bueno, en realidad lo hice para protegerme, por si los dioses guerreros nos encuentran. Desde que empecé mi investigación he usado ese nombre en toda la región y pues hasta ahora no me ha ido tan mal. He tratado de ser precavido y bueno, creo haber actuado bien.
-Ah, era eso. Bueno nosotros hicimos lo mismo, fue lo más apropiado. Hiciste muy bien Ikki – me felicitó Shiryu.
-Sí, ¿Y cómo estás? ¿Has encontrado algo?
-Estoy bien. La verdad es que no he hallado mucha información, solo encontré gente ordinaria. Sin querer me topé con este chico Mime y me quedé en su casa todo este tiempo, conociendo luego a Penril. Los dos han sido muy buenos conmigo, pero después de eso, no he hallado a nadie más.
-Ya veo. Seiya y yo si encontramos algo. Sin querer fuimos a parar por los alrededores de un palacio y fue ahí donde nos encontramos un extraño sujeto, llamado Sigfried. Mientras peleábamos sin querer dijo que era un dios guerrero y eso era exactamente lo que queríamos. Ya sabemos dónde se ocultan. Es en ese palacio.
-Vaya, ustedes sí que han tenido suerte. Es realmente afortunado saber que a pesar que ya sabemos dónde están, ellos aún no saben nada de nosotros.
-Ni creas, mientras peleábamos, un súbdito nos interrumpió y le dijo a ese Sigfried que una tal señorita Hilda lo solicitaba y le mencionó que tenían encina una amenaza del santuario. No debemos de estar confiados, ellos ya saben de nosotros – advirtió Seiya seriamente.
-Si es así, no hay nada más que hacer. Debemos reunirnos de inmediato y ver la manera de contraatacar. Veré si puedo arreglar con Mime para que se queden unos días mientras planeamos cómo hacer para encontrar a Shun y a los demás.
-De acuerdo, es lo mejor – asintió Shiryu.
Y así, nos reunimos con los otros. Tratando de actuar lo más normal posible.
-Mime, Penril, quiero presentarles a unos amigos míos. Ehhh... ellos son Kevin y Mauricio – dije improvisando rápidamente.
-Eh... mucho gusto, soy Mime.
-Y yo soy Penril. Encantado.
-El gusto es nuestro – saludó cortésmente Shiryu.
-Encantados de conocerlos – Seiya sonrió ampliamente.
-Eh... Mime, yo sé que con lo que te voy a pedir estaré abusando de tu hospitalidad. ¿Crees que será posible que mis amigos se queden aquí por unos días? Es que al igual que yo, ellos también son turistas, y no tienen donde quedarse.
-Oh, bueno, claro, claro que pueden quedarse. A pesar que tú y yo no nos llevamos bien, te agradezco por todo lo que has hecho por mí y esto es lo menos que puedo hacer por ti. Descuida, están en su casa.
-Muchas gracias Mime – agradecí.
-No es nada.
-Bueno, ya que tenemos nuevos huéspedes, ¿Por qué no hacemos un almuerzo especial? ¿Me ayudarías Renzo? – sugirió Penril.
-Será un placer.
-¡Qué rico, almuerzo! – Seiya no perdía el estilo.
-Kevin... – Shiryu dio un codazo a Seiya algo avergonzado.
-¡Ja, ja, ja!
Y entre risas, Penril y yo hicimos un agradable almuerzo por la llegada de Seiya y Shiryu, el cual disfrutamos entre conversaciones y más risas. Fue un momento muy agradable y ameno.
Era una mañana tranquila y algo soleada.
Si bien era cierto que en Asgard no se podían ver los rayos del sol, en muy raras ocasiones, como ésa, se podían ver en el cielo algunos reflejos de éste. Los cuatro salimos a pasear después de desayunar por las inmediaciones disfrutando de un lindo y romántico momento. Yo estaba con Saori, conversando solamente, ya que nada más podíamos hacer en presencia de ellos, mientras que Hyoga conversaba y se apegada mucho a Freya, cosa que me llamó la atención. En esos últimos días Hyoga se había estado comportando muy extrañamente y hacía cosas que nunca lo había visto hacer: Se ponía nervioso por nada, paraba en las nubes, cuando estaba con Freya lucía unas sonrisas inusuales en él y cuando ella lo miraba un increíble rubor se apoderaba de sus mejillas. Todo eso era algo realmente extraño y muy gracioso de observar, tenía que hablar con él al respecto, ya que no podía contener mi curiosidad. En un momento dado, las chicas fueron a una de las colinas que habían por ahí en busca de unas flores que les habían gustado mucho mientras Hyoga y yo nos quedamos caminando por los alrededores, conversando. No pudiendo contener más mi curiosidad, toqué el tema, le pregunté y la respuesta fue más de lo que yo esperaba.
-¡Ya venimos! – gritaron alejándose.
-Vayan con cuidado chicas – sonreí.
-Sin darnos cuenta ya han pasado más de dos semanas y aún no les hemos avisado a los demás que ya tenemos las pistas que buscábamos – Hyoga empezó a conversar mientras caminábamos.
-Si pues, tenemos que realizar una estrategia para conectarnos con los demás, y empezar nuestro contraataque.
-Tienes razón, no podemos perder más tiempo. Espero que después de este paseo pueda conversar más con Freya e irle diciendo lo que tenemos pensado para la batalla.
-Ahora que mencionas a Freya, últimamente los veo muy juntos a ustedes dos. ¿Sucede algo amigo? – le di un codazo amistosamente.
-Shun... – Hyoga se sonrojó débilmente.
-Oh vamos Hyoga, no soy ningún tonto. Te conozco lo suficiente como para ver que algo te está pasando. Anda vamos, cuéntame.
-Pues... no sé como explicarlo.
-Yo diría que si sabes, ja, ja, ja - lo empujé juguetonamente para que entre en confianza.
-Shun... – Hyoga seguía un tanto sonrojado.
-¿No me vas a contar? ¿Es que acaso no tenemos confianza?
-No es eso Shun, sabes perfectamente que no es eso. Sino que... me resulta tan increíble que no sé si es verdad o si estoy soñando, porque es tan hermoso...
-¡Ay qué lindo se te ve hablando de esas cosas! ¡Entonces sí era verdad! ¿Estás con Freya, verdad Hyoga?
-A ti no te lo puedo negar. Eres mi mejor amigo y tienes que saberlo. Sí, estoy con ella.
-¡Amigo! ¡Eso es grandioso! – le di una palmada en el hombro – No sabes lo feliz que me hace el escuchar esto. Espero que ustedes sean muy felices y que estén juntos por siempre. Te lo mereces amigo.
-Gracias Shun – hizo lo mismo – realmente el escucharte me hace sentir inmensamente feliz. Tengo el amor de la mujer más bella del planeta y el mejor amigo que podría imaginar. ¿Qué más podría pedir? Te quiero como al hermano que nunca tuve. Te estoy eternamente agradecido por todo lo que has hecho y haces por mí. Te quiero mucho Shun.
-Yo también te quiero mucho Hyoga.
Y diciendo eso nos abrazamos fuertemente, nos miramos y sonreímos, felices de compartir una amistad tan sólida. Caminamos un poco más conversando de otros temas irrelevantes cuando de repente aparecieron dos jóvenes, uno de tez algo morena y de cabellos muy rubios y el otro de tez muy pálida y de un extrañísimo cabello turquesa. Nos miraron e inmediatamente nos interrogaron, para sorpresa nuestra, y nuestra sorpresa aumentó más, cuando llegaron las chicas.
-Me pregunto qué estarán haciendo los chicos.
-Sí, espero que estén bien.
-Lo están. Son demasiado fuertes como para que se dejen atacar por cualquier persona.
-Ojalá hayan podido encontrar alguna pista además de la nuestra. Necesitamos toda la información posible para poder contraatacar.
-Tienes razón. Sé que poseen información valiosa. Cuando nos reencontremos veremos qué cosas tenemos para realizar la estrategia y sé que ésta no fallará.
-Sí. Espero que además mi hermano esté bien.
-Ese Ikki está de lo más bien. Tú ya sabes cómo es él.
-Sí que lo sé, ja, ja, ja.
-Ja, ja, ja.
-¡Oigan ustedes dos! – gritó el joven de cabellos dorados.
-¿Eh? – volteó Hyoga.
-¿Qué sucede? – pregunté mirando a las dos personas delante nuestro.
-¡Quiénes son ustedes! – preguntó el otro joven.
-Bueno nosotros... – comenzó Hyoga.
-No son de por aquí. Su aspecto es el de unos extranjeros. ¿Qué buscan por estas tierras?
-Eh... nada – dije sin saber qué contestar.
-¡No mientan! Puedo percibir por su mirada que algo ocultan. ¡Hablen de una vez antes que...
-Tranquilo amigo – lo interrumpí – no hay necesidad de pelear. Estamos diciendo que no tenemos intención de incomodar, tan solo paseábamos y...
-¡Esperas que te creamos eso! – el joven de cabellos turquesa gritó desconfiado.
-Pues mi amigo solo dice la verdad – dijo Hyoga apoyándome.
-¡Ya me harté! Syd, hay que hacerlos hablar de alguna manera, su presencia me es muy sospechosa.
-Pero, oigan chicos... – intenté evitar el inminente ataque.
-¡Hyoga, Shun, ¿Dónde están?! – gritó Freya.
-Esa voz... – se extrañó el rubio.
-¡Señorita Freya! – exclamó Syd.
-¿Ustedes la conocen? – preguntó Hyoga.
-Por supuesto, es patrona nuestra – contestó Syd.
-¿Patrona? – me extrañé.
-Sí, ella vive con nosotros en el...
-¡Cállate Syd! – lo interrumpió el rubio – ¿Y ustedes de dónde conocen a la señorita Freya?
-Pues es amiga nuestra – dijo Hyoga orgulloso.
-¡Qué cosa! – exclamaron los dos.
-Hyoga, Shun dónde se habían meti… - Freya llegó con Saori – ¡ustedes!
-¡Señorita Freya! – exclamaron los dos jóvenes.
-Freya, ¿Los conoces? – Hyoga se acercó.
-¡Oye idiota! ¡Mucho cuidado cómo le hablas a la señorita!
-Silencio Hagen.
-Pero Señorita...
-Ellos son amigos míos, por lo tanto exijo que los traten con respeto. Descuiden, ellos no son gente extraña, no son una amenaza para nosotros, así que pueden quedarse tranquilos.
-Disculpe el atrevimiento pero, la señorita Hilda pregunta por usted. ¿Qué le decimos? – preguntó Syd.
-Escúchenme bien, díganle a mi hermana que no se preocupe por mí, que yo estoy bien. Y que no regresaré al palacio hasta que su actitud no haya cambiado. Eso es todo. ¿Me dejé entender? ¿Syd, Hagen?
-Comprendido Señorita – asintieron los dos.
-Pueden irse, como les repito, ellos no son una amenaza.
-De acuerdo, vamos Hagen.
-Sí – Hagen se acercó – cuídese mucho señorita - tomó su mano y la besó.
-... – Freya se quedó sin reacción.
-¡Oye cómo te...
-Cálmate Hyoga – lo detuve de un codazo.
-¡Qué! ¿Cuál es el problema? – preguntó desafiante – Ella es...
-Hagen, vámonos – Syd cogió a Hagen del brazo y comenzó a caminar.
-Pero...
-Disculpe señorita, ya nos vamos. Sus instrucciones serán ejecutadas según su deseo. Hasta luego y tenga cuidado – hizo una reverencia y se fue llevándose a Hagen.
-Gracias Syd. Hasta luego.
-Vaya, qué tipos esos – bufó Hyoga.
-Sí, se veían muy intimidantes – dije viéndolos irse.
-Me pregunto quiénes son. ¿Podrías decirnos, Freya? – preguntó Saori.
-Veo que llegó la hora de decirles la verdad. Les voy a contar la verdad acerca de los dioses guerreros y cuál es su misión. Regresemos al chalet.
-Sí – asentí.
Y dicho eso, regresamos al chalet, ansiosos de poder escuchar la verdad, acerca de esos dioses guerreros y como ellos incluirían en nuestra misión de devolver a la realidad, a la señorita Hilda.
Estábamos cada vez más cerca, del inicio de nuestra batalla.
Nos encontrábamos en mi cuarto jugando naipes.
Penril y Mime estaban en el tercer piso viendo televisión, mientras Seiya, Shiryu y yo estábamos en mi cuarto, jugando. Después del almuerzo Penril y Mime se retiraron y nosotros estuvimos un rato conversando en la sala, hasta que subimos a mi cuarto a jugar. Llevábamos ya rato jugando hasta que nos cansamos y nos pusimos a conversar.
-Chicos, ¿ya pensaron en algo?
-Pues... el problema principal ahora es ver cómo salimos de aquí – contestó Seiya.
-Sí, Mime y Penril se han hecho muy amigos tuyos, así que va a ser algo difícil persuadirlos a que nos dejen ir sin preguntar.
-Bueno, puede que parezca difícil, pero de eso me encargo yo. Descuiden, si no es hoy, lo haré mañana, pero no pasará de tres días.
-¿Tres días? – se extrañó Seiya.
-¿Y qué quieres? ¿Qué lo haga ahora? No tenemos a dónde ir, si salimos así nada más estaremos en la nada. Algo se nos tiene que ocurrir, para poder salir preparados.
-Yo sugiero dar un paseo por los alrededores, para poder ver las aldeas aledañas y poder escoger un lugar donde quedarnos cuando salgamos.
-Sí, es una excelente idea Shiryu – asintió Seiya.
-Entonces no se diga más. Mañana saldremos de paseo – sentenció Shiryu.
-Espero que Shun se encuentre bien – dije suspirando.
-Tranquilo Ikki, él está bien. En unos días nos reuniremos con él y los demás y podrás ver que te digo la verdad.
-Gracias Shiryu.
-El sur... hacia ahí se dirigían ¿no? – Seiya jugaba con los naipes.
-Sí, espero que ellos también hayan encontrado algo – dijo Shiryu esperanzado.
-Me imagino que sí, aunque me preocupa un poco Saori.
-¿Saori? ¿Por qué? Ella está muy bien. Hyoga y Shun está con ella y sé que ellos la protegerán con sus vidas si es necesario. Además por sí sola ella es muy poderosa y es más que seguro que ella se encuentra muy bien – aseguré.
-Eso espero. No quisiera que le pasara algo.
-Descuida, piensa positivamente – sonrió Shiryu.
-Bueno, bueno, ya basta de preocupaciones. Para apresurar las cosas, iré a hablar con los chicos, al menos les adelantaré algo.
-¿Estás seguro de querer hacerlo? – Shiryu me miró serio.
-Sí, Seiya está preocupado por Saori y yo estoy muy preocupado por mi hermano. Es mejor irnos de aquí cuanto antes.
-Bueno, pero sé prudente. No la vayas a arruinar – me aconsejó Seiya.
-Descuida, sé cómo hacer estas cosas. Ya vengo – me levanté de la cama y salí del cuarto.
-De acuerdo – dijeron los dos.
Y sin más, salí de la habitación determinado a hablar del asunto con los chicos. Era una decisión un tanto apresurada, pero era preciso hacerla. Shun me preocupaba demasiado y no veía las horas de estar junto con él. Mientras me dirigía a su habitación, me preguntaba cómo iban a tomar los chicos tamaña decisión, ya que al ser un tanto intempestiva, ellos podían malinterpretarlo y empeorar las cosas, así que, esperando que todo saliera bien, continué caminando. Una vez que llegué, suspiré por última vez, y toqué la puerta.
En la habitación de Mime
-Apaga la televisión Mime, ya me aburrió.
-Tienes razón, a mí también me aburrió – Mime apagó el aparato.
-¿Sabes? Me alegra que tú y Renzo se estén llevando mejor.
-No nos estamos llevando bien, solo me siento agradecido por sus atenciones, eso es todo.
-No me mientas, él te cae bien.
-No, solo es que... que...
-No te engañes Mime, tú y él son muy parecidos.
-¡No!
-Sí que lo son... – dijo Penril juguetonamente.
-¡Bueno ya! Puede que no parezcamos en algo, pero él y yo nunca nos llevaremos bien.
-Nunca digas nunca Mime. Eso está por verse.
-Como sea, ya que más da – Mime subió los ojos, en eso se escucha que tocan a la puerta.
-Adelante.
-Hola chicos – dije entrando – eh... ¿Puedo hablar con ustedes un momento?
-Claro Renzo, siéntate – Penril me señaló una silla.
-Y bien, ¿De qué se trata?
-Pues verán... todo esto ha pasado tan rápido que ni yo me di cuenta. Te dije que solo estaría aquí un par de días y mira tú, cuanto tiempo llevo ya. Desde ayer he estado pensando mucho y llegué a la conclusión de que... ya llegó el momento de irme. Mis amigos y yo estaremos partiendo pasado mañana por la mañana.
-¿Pasado mañana? ¿Por qué la prisa?
-Es cierto Renzo, no tienes que preocuparte por eso. Puedes quedarte en mi casa todo el tiempo que quieras, no hay prisa por ello.
-Es que no es eso.
-¿Ah no?
-Entonces, ¿Qué es? – Mime miró a Penril extrañado.
-Penril, Mime, lo único que les puedo decir en estos momentos es que... debo irme. Eso es todo, espero comprendan y respeten mi decisión.
-¿Pero así nada más? Parece que nos quisieras ocultar algo – dijo Mime suspicaz.
-Cierto, ¿Acaso no nos tienes confianza?
-Lo que pasa es que... oh bueno, les diré. Yo tengo un hermano, que desgraciadamente se encuentra un poco delicado de salud y... bueno, debo partir para encontrarme con él. Mis amigos lo conocen, así que partiremos pasado mañana. Eso es todo.
-Oh, era eso lo que te tenía así. Pudiste habérnoslo contado desde el principio y nosotros te hubiéramos entendido. No tenías que ocultarlo así.
-Lo siento Mime, es que pensé que, lo podían tomar a mal. Discúlpenme.
-Descuida Renzo, suele pasar. Bueno, hubiera querido que te quedaras unos días más para conocerte más pero, si ya te tienes que ir, ni modo. Cuídate mucho amigo – Penril me dió una palmada en el hombro.
-Muchas gracias Penril – dije sonriendo.
-Yo también opino lo mismo. Sabes que tú y yo no nos llevamos muy bien pero bueno, es una pena que te tengas que ir. Espero que logres reunirte con tu hermano.
-Muchas gracias también Mime.
-Cualquier cosa que necesites, sabes que puedes contar con nosotros – sonrió Penril.
-Son ustedes muy amables.
-Esperamos verte muy pronto – asintió Mime.
-Opino lo mismo. Bueno, regresaré con mis amigos, solo quería que lo supieran. Nos vemos luego.
-De acuerdo – dijeron los dos.
Me levanté y salí de la habitación. Lo había logrado. Ahora ya no había nada de qué preocuparse. Regresando a mi habitación, les comuniqué el resultado a mis amigos y juntos realizamos los planes que teníamos para nuestra salida.
-¿Cómo le irá a Ikki? – preguntó Seiya.
-Me imagino que bien, no creo que le sea demasiado difícil.
-Eso espero, tenemos que darnos prisa.
-Sí, mientras todo sea más rápido, mejor.
-Listo chicos, todo está bien – dije entrando en la habitación.
-¡Vaya! Eso sí que es bueno – celebró Seiya.
-Bien, ahora que ya está todo listo, entonces decidamos cómo haremos para salir mañana – me senté en la cama.
-Bueno, ¿A dónde iremos? ¿Nos tendremos que separar? – preguntó Seiya.
-¿Saben? Creo que mejor nos mantenemos juntos – sugirió Shiryu.
-¿Tú crees? – pregunté.
-Estamos a punto de completar nuestra misión. Lo mejor es permanecer juntos para así poder hacer las cosas más rápido. Suena contradictorio pero es lo mejor. No podemos darnos el lujo que den con uno de nosotros y nos descubran.
-En eso si tienes razón, creo que es lo mejor.
-Entonces, está decidido. Iremos juntos, es todo – concluí.
Y así, planeamos todo cuidadosamente y continuamos disfrutando de lo que quedaba del día, pensando además en cómo nos iría a ir en adelante cuando saliéramos de esa casa.
-¿Y bien?
-Descuide señorita, todo está bien.
-¿Estás seguro Sigfried?
-Completamente, no tienes de qué preocuparte.
-Sigfried...
-Descuida Bud, no le estoy faltando el respeto. ¿Verdad Hilda?
-Claro, eso no es nada. Pero no me cambien el tema. ¿Cómo está eso de los caballeros del santuario?
-Se han reportado indicios de extranjeros en el lugar, pero al parecer son inofensivos. No hay de qué preocuparse.
-¿Eso es todo?
-Bueno, además de reportes de gente salvada por guerre...
-Salvada por uno de los nuestros – Sigfried da un codazo a Bud – ya sabes cómo somos nosotros con la gente de aquí.
-Bueno, si no hay nada más que me tengan qué decir, eso es todo, pueden retirarse.
-De acuerdo Señorita Hilda, con su permiso – Bud hace una reverencia y se retira.
-Bueno, yo también me...
-Espera Sigfried.
-¿Qué? – Sigfried voltea.
-¿Puedes... hacerme compañía... por un momento? Me siento algo sola.
-Eso no tienes ni que pedírmelo, lo hago con mucho gusto – la toma de la mano.
-Gracias, por eso eres mi guerrero favorito – Hilda acaricia al dios guerrero.
-Y no toleraré que otro hombre ocupe mi puesto – Sigfried besa el cuello de la princesa.
-Eso no sucederá – lo besa.
-Te quiero – Sigfried la mira fijamente.
-Yo también – sonríe ella.
-Bien, como dije antes de entrar, ya es hora de que sepan la verdad.
-Haces bien, ya es hora de acabar con todo esto – la animó Hyoga.
-Bueno cuéntanos. ¿Cuál es la verdad acerca de los dioses guerreros? – preguntó Saori.
-Bien, comenzaré. Como les dije cuando nos conocimos, mi hermana Hilda y yo vivimos en el palacio Valhala, y tenemos a nuestro cargo velar por la seguridad e integridad de todos los habitantes de Asgard. Mi hermana se encargó voluntariamente de ese trabajo, el cual yo heredaría si mi hermana llegase a tener inconvenientes para poder realizarlo. Bien, el día que empezó todo mi hermana había salido a rezar como es su costumbre llegando en la noche, y cuando regresó, su semblante era totalmente diferente. Su mirada cambió, de dulce a agresiva y su cosmo cambió también, tornándose muy violento y lleno de energías malignas. Me miraba como si no me conociera y se molestaba por cualquier cosa que se le decía. Una noche, portando su báculo y saliendo a la terraza del palacio, empezó a recitar unas oraciones extrañas y comenzó a resucitar a los dioses guerreros. Ellos son en total 7: Tholl de Pechda, Penril de Aliotho, Hagen de Merak, Mime de Benetosch, Alberich de Megrez, Syd de Mizhar, y Sigfried de Alpha. Ellos tienen la misión de proteger a mi hermana de cualquier enemigo que intente atacarnos y gracias al cosmo de mi hermana y sus propios poderes, ellos gozan de extraordinaria fuerza. Como algo adicional, existe un octavo "dios guerrero" llamado Bud de Alcor, el cual es el alma gemela de Syd, ambos llevan la misma armadura y pertenecen a la misma constelación. Si ustedes van a enfrentarse a mi hermana, lo mejor es que se preparen bien, pues tendrán que derrotar a los 8 dioses guerreros para poder llegar a ella. En el nombre de nuestro dios, Odín, por favor, salven a mi hermana.
-Descuida Freya, nosotros los derrotaremos – le prometió Hyoga.
-Así que son 8 guerreros, pues esta misión no será algo fácil.
-No te preocupes Shun, recuerda que nos hemos enfrentado a los doce caballeros dorados en las doce casas, así que nosotros ya hemos ganado mucha experiencia a través de esa batalla. Estamos más que capacitados para realizar esta misión – afirmó Hyoga.
-Bueno, tienes razón, pero no por eso nos vamos a confiar. No podemos comparar a los dioses guerreros con los caballeros dorados con los que luchamos antes. A pesar que numéricamente son menos, algo me dice que los dioses guerreros nos van a dar más de un dolor de cabeza. Es un extraño presentimiento.
-Eso sí, ya veremos – sentenció Saori.
-Bueno Freya, lo único que podemos hacer ahora es tratar de reencontrarnos con nuestros compañeros, y esperar el momento oportuno para poder atacar.
-¿Compañeros?
-Sí, nosotros los caballeros del santuario somos 5: Seiya de Pegaso, Shiryu de Dragón, yo Hyoga de Cisne, Ikki de Fénix y Shun de Andrómeda. Así como los 8 dioses guerreros protegen a la Señorita Hilda, nosotros 5 protegemos a Atena, Saori.
-El único problema es que para venir aquí tuvimos que separarnos en grupos para poder inspeccionar el pueblo. Me imagino que ellos estarán por los alrededores del este y el norte del pueblo. Tenemos que encontrarlos para así poder dar inicio a nuestro contraataque – añadí.
-Ya veo.
-Si tan solo pudiéramos tener una idea de dónde podrían estar – dije tristemente.
-¿No lo saben?
-Como te dijimos, tuvimos que separarnos, y después de eso perdimos contacto con ellos. Es una pena.
-Oh.
-Quizá debimos de ser más precavidos – se lamentó Hyoga.
-Sí, pero ahora qué podemos hacer – dije triste.
-Si me permiten darles una sugerencia, cambiaré de opinión. Regresaré al palacio, y averiguaré por mi cuenta si alguno de los guardias ha localizado movimiento alguno por la zona. Si lo hay, eso indica que sus compañeros han estado por ahí, ya que por regla general no existen ese tipo de acontecimientos. Asgard, a pesar de la hostilidad que se respira en el aire, es un pueblo tranquilo, y por esa razón es muy extraño encontrar reportes de guerreros acechando por la zona, cosa que si se da, es muy notoria. Por eso estoy segura de que si los guardias han encontrado algún indicio, sin duda es porque los han visto.
-Tienes razón, sería buena idea que lo hicieras – asintió Saori.
-Te acompañaré Freya.
-Hyoga...
-Si tu hermana Hilda es tan malvada como dices, entonces si te vuelve a ver puede hacerte daño. Déjame acompañarte pasa así poder ayudarte en caso se te presente algún inconveniente. Por favor.
-Saori, ¿Crees que sea conveniente? – Freya miró a Saori confundida.
-Pues... si Hyoga no tiene reparos y si tú lo consideras apropiado, no tengo ningún problema en dejarlo ir, pero eso sí, Hyoga, deberás de ir con mucha cautela, ya que por tu apariencia es muy probable que puedan reconocerte y puedas meterte en problemas.
-Lo tendré en cuenta. Gracias Saori.
-Bueno, eso sería todo. Mañana por la mañana partiré al palacio. Ya es hora de ver nuevamente a mi hermana.
-Espero que todo salga bien – dije con optimismo.
Entonces, como se había planeado, a la mañana siguiente Hyoga y Freya partieron con dirección al palacio Valhala, con el propósito de encontrar información acerca de Seiya, Shiryu y mi hermano. Deseándoles éxito y que tuvieran cuidado si se presentaran problemas, los vimos partir, quedándonos Saori y yo solos en el chalet.
-Vayan con cuidado y vuelvan pronto.
-Gracias Shun, nos vemos.
-Esperamos su regreso.
-Gracias señorita Saori, adiós – Freya se despidió y se va junto con Hyoga.
-Al fin solos mi amor – dijo Saori entrando al chalet.
-Sí, hace días que quería estar así contigo.
-Bueno, no sabemos cuándo regresarán, así que tenemos mucho tiempo para nosotros.
-Sí, y no quiero perder un solo segundo de ello.
Entonces, fuimos a mi cuarto, y nos quedamos juntos hasta la noche, compartiendo momentos que no habíamos tenido en un muy buen tiempo, dado que ella estaba casi todo el tiempo con Seiya y yo pues me veía obligado a mantenerme alejado. Llegada la noche, ya que no teníamos control alguno, dormimos juntos, disfrutando mucho de la cercanía de nuestros cuerpos y de la emoción que esa cercanía nos causaba. Fue una noche realmente increíble.
Lo que aconteció después fue lo que temíamos con todas nuestras fuerzas, Hyoga fue apresado por los guardias del palacio y Freya poco pudo hacer para rescatarlo. Para esto, ellos ya habían logrado su cometido al obtener información de algunos de los guardias. Y en ésas estábamos cuando una mañana, tres semanas después, Saori, Freya y yo estábamos conversando en la terraza del chalet cuando vimos aproximarse tres figuras extrañas en la lejanía. Cuán grande fue nuestra sorpresa y alegría al notar que las figuras en la lejanía eran nada menos que Seiya, Ikki y Shiryu.
-Tenemos que hallar una forma de poder sacar a Hyoga de la prisión – Freya estaba muy preocupada.
-Sí, es preciso sacarlo de ahí cuanto antes, pueden hacerle daño – Saori la consoló.
-Freya, ¿La seguridad en el palacio es extrema?
-Es por eso que estoy tan preocupada. Cuando nos descubrieron, él trató de protegerme, ya que ellos me llamaron la atención por no haber permanecido en el palacio al lado de mi hermana. Pero su intento por protegerme solo causó más ira y determinación por parte de los guardias, los cuales apresaron a Hyoga y a mí me llevaron con mi hermana, y como ella no estaba de humor para escucharme, me dejó sola, y ahí aproveché para salir de ahí. No vi si me siguieron o no, lo único en lo que podía pensar era en cómo sacar a Hyoga.
-Ya veo. Entonces será necesario que vayamos todos al palacio.
-Pero Saori... ¿Crees que sea lo correcto? – pregunté.
-Pues no encuentro una mejor solución. Si Hyoga no pudo solo con los guardias, ¿Qué podría hacer Freya sola? Tenemos que ir nosotros también para protegerla.
-En ese caso iré solamente yo. Por ningún motivo puedo permitir que te vean. Podrían reconocerte y hacerte daño, y ése no es nuestro propósito.
-Pero Shun...
-¡Miren! Hay tres personas caminando a lo lejos – Freya señaló una dirección.
-¿Serán los dioses guerreros?
-No lo creo Saori, ellos no suelen frecuentar esta zona.
-Entonces, ¿Quiénes pueden ser?
-Espera... – agudicé la vista – No puede ser... ¡Son ellos! ¡Saori son ellos! - salí corriendo.
-¡Espera Shun!
-¡Seiya, Shiryu, Ikki! ¡Aquí! – corrí, me detuve y levanté las manos.
-¡Shun! – gritaron.
-¡Chicos, son ustedes! – exclamé alegre.
-Por todos los dioses, parecía que no los íbamos a encontrar nunca – Saori se aproximó.
-¿Cómo están chicos? – pregunté.
-Bien, muy bien. Me alegra ver que están bien – sonrió Shiryu.
-¡Mi amor! ¿Cómo estás?
-Hola mi vida, muy bien gracias. ¿Y tú?
-De maravilla, ahora que puedo verte.
-Hermano, ¿Te encuentras bien?
-Descuida Shun, estoy bien. Te veo un poco pálido, ¿Estás enfermo? – preguntó tocándome.
-No, nada de eso. No me pasa nada.
-Bueno chicos, es hora que conozcan a la hermana de la señorita Hilda, ella es la señorita Freya. Ella nos ayudará a llegar a Hilda – Saori presentó a Freya.
-Mucho gusto caballeros.
-El gusto es nuestro – dijeron los tres.
-Por favor pasen, hace un poco de frío aquí. Deben haber caminado mucho y me imagino que estarán algo cansados. Pasen por favor.
-Gracias señorita – agradeció cortésmente Shiryu.
Entonces una vez dentro Freya y Saori empezaron a poner al tanto de las últimas cosas a los tres, contándoles todo lo que ellos debían de saber, además de decirles lo que había sucedido con Hyoga. Conversamos hasta la tarde y luego almorzamos, para después retirarse cada uno a nuestros cuartos a descansar.
-¿Alguna novedad?
-Ninguna señorita – se pronunció Alberich.
-Ya veo. Por lo que se puede apreciar esos caballeros del santuario se están escondiendo muy bien.
-Deja de preocuparte por eso. Nuestros guardias están haciendo todo lo posible para encontrarlos y además, tenemos aún al caballero que estaba con Freya. Verás que más pronto de lo que imaginas ellos aparecerán.
-Puede que tengas razón. Pero no por eso tenemos que estar desprevenidos, ellos pueden aparecer de improviso y atacarnos, cosa que tenemos que evitar a cualquier precio.
-Tiene razón señorita, tenemos que ser precavidos – asintió Syd.
-Descuide señorita Hilda, trataremos de hacer lo posible por encontrar a esos caballeros – prometió Hagen.
-Gracias, bueno, pueden retirarse todos, menos Sigfried.
-De acuerdo, señorita, con su permiso – los cinco dioses guerreros se retiran.
-Y bien, ¿Ya estás más tranquila?
-Un poco, aunque aún me angustia que no sepamos nada. Ya estoy ansiosa por poder arrancarles la cabeza a esos caballeros.
-Descuida mi princesa, verás que pronto conseguirás lo que quieras.
-Bueno. Dime, ¿Verdad que ese caballero sigue recluido en la prisión?
-Sí, además, envié a Tholl para que le haga "compañía" un rato, a ver si así podemos conseguir información.
-Muy brillante. Espero que de resultado.
-Bueno, veré en qué andan. Nos vemos dentro de un rato preciosa.
-Bien, bien. Pero no demores.
-Lo prometo.
Desde que me tomaron prisionero no han abierto esta celda para nada.
Antes de eso estaba en el palacio con Freya caminando muy quietamente por un pasadizo secreto que conducía a la salida. Ya habíamos reunido toda la información que necesitábamos y estábamos prestos a regresar cuando de repente uno de los guardias nos descubrió y dio la voz de alarma a todos los demás guardias, rodeándonos casi en el acto. Al no tener salida, tuve que enfrentarme a ellos, revelando mi identidad. Al revelarme, ellos me tendieron una trampa y me apresaron, metiéndome en la prisión del palacio sin que Freya pudiera hacer algo por evitarlo. No supe más de ella y los guardias venían a verme muy de vez en cuando, así que me sentía algo olvidado. También me sentía preocupado porque no sabía nada de Freya y me atemorizaba mucho pensar que esos guardias pudieran haberle hecho algo. A pesar de ser ella una de las dueñas del palacio, la nueva personalidad de Hilda había convertido el palacio por completo y si influencia era mucho mayor que la que Freya podía tener. Y en esas estaba una mañana, encadenado como el primer día, sudando a pesar del frío y con mucha hambre cuando en eso la puerta de mi celda se abrió revelando a los guardias que me traían el desayuno, pero además venían con ellos dos de los dioses guerreros, quienes traían una cara de pocos amigos y se pararon imponentes ante mí.
-Aquí tienes tu desayuno – me colocaron una bandeja a mi costado.
-Gracias.
-Espera un momento, no lo toques – me interrumpió Tholl.
-¿Por qué?
-Tengo que hablar contigo.
-No sé con qué propósito me quieren aquí, pero no caeré en su trampa. Lo único que quiero es salir de aquí.
-¡Tú aquí no pones las reglas! – me pateó – Cállate la boca y limítate a hacer y responder a lo que te digamos. Ahora vas a responder a todas nuestras preguntas y más vale que lo hagas, porque si no, te va a ir muy mal.
-¡Ahhh!
-Bien, si no hay más quejas, empecemos ¿Cómo conociste a la señorita Freya?
-¡No te interesa! ¡No diré nada que pueda involucrarla! ¡Eso jamás!
-¡Harás lo que se te diga! ¡Contesta de una vez! Si no lo haces, ¡Te golpearé hasta que tus huesos vuelen por toda a celda! – comenzó a golpearme brutalmente.
-¡Ahhh!
-Y bien, estoy esperando.
-No te contestaré.
-Bueno, te di la oportunidad, pero no la supiste aprovechar. ¡Guardia! Llévate la bandeja.
-Pero joven Tholl, el joven lleva tres días sin comer nada.
-¡Y seguirá sin comer hasta que me conteste lo que le estoy preguntando! ¿Te atreves a contradecirme? ¡Te dije que te llevaras la bandeja! ¡Rápido!
-De acuerdo joven – el guardia recoge la bandeja y se retira.
-Pero... oh no – dije viendo al guardia irse.
-Tarde o temprano tendrás que hablar, y espero que sea pronto, si no quieres morirte de hambre, ¡idiota!
-No fallaré... no fallaré...
-Regresaré dentro de un momento, y espero que tengas algo bueno que decir. ¡Guardias! Encárguense de él, que no coma nada hasta que yo lo ordene hasta luego, gusano – Tholl riéndose salió del calabozo.
-Demonios... – suspiré molesto.
Y así transcurrió esa mañana, con problemas y golpes para variar. Me volvieron a encerrar y me dejaron solo, solo con toda esa oscuridad y con todo el dolor de los golpes.
2 semanas después
Regresé al palacio, dispuesta a todo.
Después de que apresaron a Hyoga no tuve un solo momento de paz. El solo pensar que los guardias podrían hacerle daño me hacía sentir una angustia indescriptible. Así que, sin pensarlo dos veces, regresé al palacio en su búsqueda. Una vez dentro, pude escuchar a los guardias que decían que iban a ir a ver al "prisionero" para ver si necesitaba algo, pero que antes iban a ir a almorzar. Una vez en la cocina, astutamente me hice con las llaves de la prisión y me encaminé hacia ella, abriendo rápidamente la celda en donde se encontraba Hyoga. Una vez abierta, nos pusimos a charlar, siendo descubiertos momentos después por los guardias que, viendo la escena, se lanzaron a atacarnos, pero esta vez él y yo pudimos escapar.
-¡Hyoga! – grité abriendo la puerta del calabozo.
-Freya… - la voz de Hyoga se oía debilitada.
-Oh Hyoga, mira nada más cómo estás... – dije acercándome.
-Descuida Freya, esto no es nada.
-Te sacaré las cadenas – abrí las llaves y lo liberé.
-Gracias, desde que llegué aquí me han tenido así, ya resultaba un poco incómodo.
-Me lo imagino. ¿Sabes? Vine por ti, es necesario que regresemos al chalet.
-Freya, te agradezco lo que haces, pero puede ser peligroso.
-Hyoga...
-Si desaparecemos, los guardias nos buscarán y pueden encontrarnos, lo que por el momento no es seguro. Los chicos aún no han trazado la estrategia, es muy pronto aún.
-Tal vez tengas razón, pero me sentía tan preocupada...
-Preciosa – me acarició – agradezco infinitamente tu preocupación por mí, pero trata de comprender que si salimos ahora es un poco arriesgado.
-Bueno, pero periódicamente vendré a verte, aunque no creo que tu encarcelamiento dure mucho tiempo, estoy segura que muy pronto los demás vendrán a rescatarte.
-Eso espero.
-Bueno, ya que no pude llevarte conmigo, me voy. Pero antes dame un beso.
-He estado extrañando este momento – me besó.
-¡Alto ahí! – un guardia entró intempestivamente.
-¿Eh?
-Señorita Freya, aléjese de ese hombre.
-No lo haré.
-Señorita, no nos obligue a usar la fuerza, la señorita Hilda y el joven Tholl han prohibido las visitas a este hombre, y eso la incluye a usted. Por favor, no haga las cosas más difíciles, aléjese de él.
-No puedo hacerlo. ¡No me alejaré de él!
-Señorita Freya... – el guardia extendió una mano hacia mí.
-¡Ni se te ocurra volver a tocarla! No permitiré que ninguno de ustedes intente siquiera acercarse. ¡Váyanse de aquí si no quieren morir! – un ataque de Hyoga lanzó lejos al guardia.
-¡Ah si! ¡Eso lo veremos! ¡A él chicos!
-¡Polvo de diamantes!
-¡Ahhhh! - El ataque dejó a todos los guardias en el suelo.
-Bien hecho Hyoga.
-Gracias, ahora, regresemos.
-Pero no que tú...
-Cambié de opinión, si te vuelvo a dejar sola pueden hacerte daño. Vámonos cuanto antes de aquí, no debemos perder un solo segundo.
-De acuerdo, vamos.
Y tomándonos de la mano, salimos corriendo de la prisión, alejándonos lo más rápido que pudimos de ese lugar.
Horas más tarde
-¡Señorita Hilda!
-¡¿Qué es todo ese alboroto?! ¡La señorita está descansando en estos momentos!
-Lo siento señor Sigfried, es que ha ocurrido un terrible accidente.
-¿Accidente?
-¿Accidente? ¿A qué se refiere Sigfried? – Hilda sale de la habitación.
-Bueno, lo que pasa es que el prisionero que teníamos se ha escapado, ha herido a algunos de los nuestros y nadie ha podido ver hacia donde fue.
-¡Maldita sea! ¡Es que ustedes no pueden hacer nada bien! – gritó con furia la princesa.
-Lo siento señor Sigfried – se lamentó el guardia.
-Te dije que quería verlos a todos ustedes después que le dieran su almuerzo. ¿Qué ocurrió? ¡Ninguno hizo nada!
-Lo siento señor Sigfried, es que después que el señor Tholl nos prohibió darle alimento, nosotros nos limitamos a continuar con la vigilancia, pero como llegó la hora del almuerzo, solo quedaron unos pocos con él, y al parecer no estaban a su altura.
-No puede ser, ahora ese condenado caballero irá a revelar nuestra información. ¡Sigfried te dije que redoblaras la guardia, porqué no me has hecho caso!
-Iba a hacerlo esta tarde, después que le dieran su almuerzo, lo que no sabía es que Tholl le había prohibido recibir alimentos, así que bueno, reconozco que debía hacerlo mucho antes. Demonios... ¡Demonios! ¿Y ahora qué vamos a hacer?
-Lo peor es que... eso no es todo señor Sigfried – dijo tímidamente el guardia.
-¿No es todo?
-¿A qué te refieres?
-Señorita Hilda, algunos guardias malheridos aseguran haber visto a ese caballero salir con alguien más, y después de preguntarles muy bien a quién se referían ellos nos dijeron que la persona que iba con él era su hermana, la señorita Freya.
-No puede ser... ¡Freya con ese prisionero!
-Esto se está saliendo de control. Si me permites, yo me haré cargo de todo. Ven conmigo, hablaremos de esto.
-Sí señor.
-Pero Sigfried – Hilda puso las manos en su cintura.
-Descuida, luego te hablaré.
-Está bien, pero no demores.
-Lo prometo.
En el salón privado
-Escúchame bien, no quiero que esta situación incomode a la señorita más de lo que ya la incomoda. Redoblen o tripliquen la guardia dentro y fuera del palacio para poder evitar cualquier ataque frontal del enemigo. Algo más, necesito que algunos de los guardias estén vestidos de civiles y que se ubiquen por partes alejadas del palacio, con el fin de tratar de localizar su escondite. Trata de reunir la mayor cantidad de gente posible. ¿Está claro?
-Sí señor Sigfried. Con permiso – el guardia hace una reverencia y se retira.
-Bien, creo que la hora de enfrentar a estos mal nacidos ya llegó – sentenció Sigfried.
Cuando llegamos al chalet estaban todos reunidos.
Se alegraron mucho al saber que estaba de vuelta y me comentaron todos los planes que tenían para el gran día. Casi todo estaba ya decidido, así que no había otra cosa por hacer sino que seguir adelante.
-¡Hyoga! – gritó Seiya.
-Huau, es bueno regresar a casa.
-Me alegro mucho saber que estás bien amigo.
-Gracias Shun.
-¿Tuvieron algún inconveniente al venir?
-Felizmente no, Hyoga y yo tomamos nuestras precauciones. De todos modos, gracias por preocuparte Shiryu.
-De nada, es bueno escuchar eso.
-Y bien, ¿Empezamos con todo ya? ¿Qué tienen en mente? – pregunté.
-Pues verás, hemos pensado en enviar a uno de nosotros a los alrededores del palacio para poder llamar la atención de ellos, una vez hecho eso, aparecemos todos y empezamos con el contraataque. El problema es decidir quién de nosotros cinco va a ir – explicó Seiya.
-Si no les molesta, yo voy.
-Hyoga... – Freya sonaba preocupada.
-Después de estar encerrado en la prisión del palacio puedo decir que conozco a los guardias, así que no me será difícil llamar su atención. Si lo piensan mejor, soy el más indicado para ese trabajo ¿no?
-Si lo ves de ese modo... – terció Saori.
-Descuiden, puedo hacerlo.
-Entonces ya está decidido. Hyoga será nuestro señuelo – sentenció el fénix.
-Bueno, ahora solo resta escoger el día – añadió Shiryu.
-Como las cosas están frescas, sugiero hacerlo dentro de dos días, para poder despejar un poco las sospechas que ahora pueden tener ellos acerca de nosotros.
-Buen punto Ikki, entonces, dentro de dos días – afirmó Seiya.
-Sí, está dicho – concluí.
Y así, sellamos la estrategia, esperando obtener la victoria y librarnos de esta misión lo más rápido que se pueda.
-¿Puedo entrar?
-Claro que sí, mi puerta siempre está abierta para ti.
-Eso me gusta. ¿Sabes? Vine a informarte acerca de lo que hablamos.
-Bien, te escucho.
-Mandé a redoblar o triplicar la guardia por si se necesite, además pedí que algunos guardias se vistan de civiles y se puedan mezclar con la gente del pueblo, para que puedan avisarnos cuando llegue el momento. Ya todo está casi listo.
-Bueno, veo que esta vez has tomado toda clase de precauciones. Es por esa actitud tuya que tienes que me gustas tanto.
-Me siento muy halagado al oír eso.
-¿Sabes? Por todo lo que me dices parece que ya se acerca el día final.
-Es verdad.
-Sé que ganaremos, pero si por desgracia alguno de esos desgraciados caballeros se atreve a hacerte daño, quiero que lo mates instantáneamente o en su defecto, hagas uso de los demás dioses guerreros para poder librarte. Por ningún motivo quiero perderte.
-Lo que me pides es prácticamente imposible. A pesar que nosotros somos fuertes, las historias que me han contado sobre los caballeros del santuario son más que increíbles, así que estoy seguro que nos llevaremos más de una sorpresa con ellos. Además, estoy más que listo a dar mi vida por ti si fuese necesario.
-No quiero que te pase nada. Eres muy importante para mí.
-Tú también lo eres. Por eso te digo que daría mi vida para salvarte.
-Entonces espero que eso nunca suceda.
-Ya veremos qué sucederá...
2 días después: El día final
Era una mañana tranquila, demasiado tranquila para lo que iba a suceder. Terminé de vestirme y salí del chalet algo nervioso, pues tenía miedo de que algo salga mal. Detrás de mi venía Freya, quien decidió venir conmigo por si necesitaba ayuda. Al principio lo dudé, pero después pensé que tal vez ella me podría ayudar mucho para llamar la atención de los guardias. Una vez que nos alejamos un poco, empezamos a caminar más despacio, dando tiempo a los chicos para que hagan lo suyo sin prisas, mientras nosotros tratábamos de pensar en algo que pudiéramos hacer para que los guardias vinieran a nosotros. Después de pensar unos instantes, a Freya se le ocurrió una idea, la cual fue realmente fantástica.
-¿Se te ocurre algo?
-Aún no.
-Jamás pensé que esto iba a ser así de difícil. Y pensar que yo mismo me ofrecí de voluntario para hacer este trabajo.
-Descuida, ya se nos ocurrirá algo, solo es cuestión de concentrarnos.
-Sí, pero eso no es fácil, al menos en momentos como éste. La verdad es que mi cabeza está demasiado alborotada para pensar en algo.
-Bueno, viéndolo así, podríamos... ¡Espera! ¡Lo tengo!
-¿En serio? Dime qué es.
-Mi hermana solía tener un altar en el cual rezaba para pedir por la paz y la armonía de Asgard. Rezaba en ese altar todos los días, e incluso había días en los que casi todo el pueblo la acompañaba. Podríamos ir ahí y desde ahí llamar la atención no solo de los guardias, sino también de mi hermana.
-Freya, simplemente eso es excelente. Vamos hasta allá y empecemos con esto de una buena vez.
-Claro.
-Vaya, bonito lugar.
-Sí, a mi hermana le gustaba mucho estar aquí. Según ella este lugar estaba lleno de tanta paz...
-Me lo imagino.
-Ahora ella está tan llena de maldad y de odio...
-Tranquila – la abracé – todo va a terminar bien. Nosotros vamos a traer a tu hermana de vuelta a la realidad, te lo prometo.
-Gracias Hyoga. Oye, a diferencia de mi hermana, ¿Atena realmente es una mujer poderosa?
-Por supuesto, en estos momentos lo vas a ver. Saori, ya es hora.
En eso Saori apareció, vistiendo un atuendo completamente diferente al que había estado usando todo este tiempo (indumentarias de acuerdo al clima de Asgard). Realmente parecía una diosa griega, como salida de los libros de historia, algo que me sorprendió mucho. Pero lo que más me sorprendió fue su energía, el cosmos de Saori era lo opuesto al de mi hermana. En vez de irradiar odio y energías negativas, este cosmos irradiaba paz, amor y mucha dulzura, exactamente como era el cosmos de mi hermana anteriormente. En ese momento, cuando la vi parada frente a mí, realmente entendí que Saori y los caballeros del santuario eran las personas indicadas para poder salvar a mi hermana. Me sentí realmente impresionada pero a la vez muy aliviada.
-Bien Freya, aquí la tienes. Ella, es la diosa Atena.
-Saori, esto es realmente increíble.
-Descuida Freya, como dijo Hyoga, nosotros salvaremos a Hilda.
-De eso no tengo ninguna duda.
Después llegaron los demás caballeros quedando reunidos todos en el altar. Y en eso estábamos cuando de repente una gran descarga de energía negativa apareció en el cielo. Éste se puso oscuro y empezaron a aparecer relámpagos y caer rayos como anticipando lo que se venía: Era mi hermana. No lo podía creer.
-Es... es mi hermana Hilda.
Y allí estaba ella, montada en un altivo caballo blanco, vistiendo su traje de batalla y estaba rodeada por los siete dioses guerreros. Todos nos miraban con desafío y soberbia. Al ver que nosotros no hacíamos nada, mi hermana decidió atacar, utilizando su báculo, descargando otra bola de energía negativa, la cual iba directamente hacia Atena. Ella, por su parte logró deshacerse de ella fácilmente, preparándose luego para el próximo ataque. Y así estuvieron un largo rato, hasta que empezaron a actuar los dioses guerreros, haciéndose notar de inmediato. Ante esto los caballeros del santuario reaccionaron y protegieron sorprendentemente a Saori. Después de eso Tholl, irritado con todo el espectáculo que se estaba dando, hizo uso de sus martillos para intentar acabar con Atena, pero ella pudo también deshacerse de ése ataque fácilmente, ante la mirada sorprendentemente de todos. Tholl quedó sorprendido y furioso.
-¡Maldita sea, fallé! Realmente esta mujer merece que la llamen Atena.
Luego vino un ataque más y mi hermana se dirigió hacia mí, tratando de hacerme regresar al palacio y estar de su lado, pero eso no surtió efecto. Entonces se dirigió hacia Atena, discutieron, y toda la batalla empezó.
-¡Freya! ¿Cómo pudiste hacerme esto? Te pusiste del lado equivocado y me dejaste sola. ¿Por qué?
-Lo hice porque tú ya no eres la misma Hilda de siempre. Tú no eres mi hermana, ¡Pareces otra persona!
-¿Ah si? Entonces ya no seremos hermanas. No me ocuparé más de ti. ¡Han escuchado dioses guerreros! La señorita Freya ya no es más mi hermana, se ha convertido en una más de las personas que desean acabar conmigo. ¡Ella es ahora una traidora de Asgard!
-¡Hilda! – comencé a llorar.
-Atena, te agradezco por haber hecho cambiar a mi hermana y separarla de mí. Realmente has hecho un buen trabajo.
-Tomaré eso como un cumplido, ya que sé que te estoy ayudando. Como ya no eres más la misma persona, alguien tenía que hacer tu trabajo. Te has convertido en un ser que solo despide maldad y rencor por donde va, y esa actitud ha de llevarte a la perdición. ¿Acaso intentas llevarte a todo el pueblo de Asgard contigo?
-¡Qué! Atena, eso fue demasiado. Pagarás tu insolencia muy caro, ¡Ya lo verás! – mi hermana levantó su mano y se puede apreciar una extraña sortija.
-¡Pero... oh!
-Atena, ¿Qué sucede?
-Freya, ¿Desde cuándo lleva Hilda esa sortija?
-Pues... desde hace unas semanas, ¿Por qué?
-Pues esa sortija es una sortija muy maligna, realmente es una amenaza para la humanidad.
-¿Ah si?
-Esa sortija es la legendaria sortija del Nibelungo.
-¿Acaso es esa sortija? ¿De aquella que se dice que posee maldiciones de varios entes malignos y que además le permite al dueño poder gobernar el mundo? – preguntó Shun.
-Exactamente, es esa misma sortija. Lo que no comprendo es cómo la pudo obtener, se suponía que ésa sortija solo existía en la mitología.
-Pues no lo sé... ¡Atena! Desde que ha estado usando esa sortija mi hermana se ha estado comportando así. ¡Ya lo recordé!
-Entonces no hay duda, Hilda realmente ahora es una persona de cuidado.
-¿Y cómo podremos derrotarla?
-Me imagino que el problema se reduce solo a quitarle la sortija, pero eso no será tan fácil como parece.
-¿Por qué?
-Verás Seiya, el hecho de que ahora Hilda posea la sortija del Nibelungo implica que ahora ella es mucho más poderosa, es prácticamente una representante del mal, y su influencia hará a los dioses guerreros mucho más poderosos. Debemos de tener cuidado, esta vez no será tan fácil.
-De acuerdo, Hyoga, Shun, Shiryu, Ikki, es hora de empezar. ¡Derrotemos a esos dioses guerreros!
-Sí – dijeron todos en coro.
En eso varias capas de hielo y pequeñas montañas comenzaron a derrumbarse. El mar empezó a crecer y el sol comenzó a salir. Las grandes olas golpeaban fuertemente las rocas y provocaban que éstas se vinieran abajo, parecía que el mar se iba a salir.
-¿Qué sucede Freya? – preguntó Hyoga.
-El hielo se está derritiendo.
-Y varias montañas se están cayendo – observó Shun.
-Es por mi hermana. Ella estaba pidiendo al dios Odín que el hielo del polo norte y de aquí no se derritiera, pero como ella dejó de rezar, el desprendimiento de éste ha comenzado, y pronto se derretirá por completo, produciéndose un gran maremoto.
-¿Y como cuánto tiempo tardará todo el hielo en derretirse? – preguntó Saori.
-Mucho me temo que no falta mucho para que eso suceda. Como van las cosas, talvez solo quede hasta que el sol se ponga. No queda mucho tiempo.
-Ya veo, entonces, chicos mientras ustedes hacen eso yo me quedaré aquí, rezando.
-¡Qué! – exclamamos todos.
-¡Atena! ¿Enloqueciste? – exclamó Hilda.
-No, no estoy loca. Simplemente quiero salvar al pueblo de Asgard.
-¿Ah si? ¿Y cómo? – preguntó.
-Como te dije antes, al ser tú ahora otra persona, alguien tendrá que hacer tu trabajo, y ése alguien seré yo. Me quedaré aquí a pedir al dios Odín que todo el hielo no se derrita.
-¡Ja, ja, ja, ja! ¡Qué tonta eres! Estás arriesgando tu vida por nada. Pero bueno, si ésa es tu posición, no hay nada más que decir.
-Pero Saori...
-Descuida Seiya, es necesario. Más bien ustedes dense prisa, no tenemos mucho tempo para lograr vencer a Hilda. No se preocupen por mí, yo estaré bien.
-¿Pero cómo te vas a quedar aquí sola? – preguntó Shun.
-Descuiden, yo me quedaré con ella.
-¡Kiki! – exclamó Seiya.
-Me mandó el anciano maestro por si me necesitaban.
-Ya ven, él se quedará conmigo, váyanse ya.
-Yo también me quedaré señorita Saori.
-Freya...
-Todo esto es por culpa de mi hermana, tengo también que pedir por su alma. Por favor, déjame quedarme.
-Bueno, pero sé prudente.
-Muchas gracias.
-Muy bien, chicos, ¡A la carga! – gritó Seiya entusiasmadamente.
-¡Sí! – y todos corrieron hacia los dioses guerreros.
-¡Ahí vienen eso malditos caballeros! ¡Yo me encargaré de ellos! – exclamó Tholl impaciente.
-Espera Tholl, no te precipites. Ahí está esa mujer peleando por su vida y también están esos infelices peleando por esa mujer. Deja que avancen un poco más, y después hagan como les parezca. Será un gracioso espectáculo pata observar – dicho esto Hilda se marchó.
-Como ordene señorita.
Y así, empezó la gran batalla de Asgard, una batalla dura y difícil, en la que casi todos perdimos la vida. Fue una batalla bastante intensa, con altos y bajos, pero aprendimos mucho de ella y a la vez ganamos nuevos amigos. Fue un acontecimiento simplemente inolvidable.
