Alemania lleva una semana exacta sonrojándose cada vez que ve a Veneciano... Y evitándole.

Veneciano... lo ha notado.

Eso incluye, evidentemente, levantarse temprano en la mañana antes que Veneciano, e irse a acostar tarde, inventándose trabajo y es hasta el domingo cuando Veneciano está preparando la comida, que Alemania toma cierto valor, y se acerca AL FIN a Veneciano a saludarle con un CLÁSICO carraspeo, porque acaba de darse cuenta de que si no le cuenta es posible que se enfade.

—Anda, si aun vives en esta casa.

—Ehm... Ja, ja... Sólo he tenido una semana muy cansada —mentira tan evidente... Se acerca a él y mira por encima de su hombro a ver que cocina.

—Suele pasar en AGOSTO.

—Ehh... Este año pasó en septiembre —le pone las manos en la cintura... Carraspea—. ¿Que cocinas?

—Cordero al estilo de il signiore.

—Ah, Österreich... Ehm... Por cierto...—la sutileza germana

—¿Aja?

—Lo creas o no, tengo la idea de que Österreich está pensando en casarse con Schweiz.

—Germania, prego.

—Was?

Ojos en blanco, ni le mira, ni sonríe e incluso le empuja un poco para que le suelte. Y Alemania saaaabe. Ahí vuelve a la carga sin soltarle pensando que esto puede ser peor aún que el que quiera casarse: puede que se enfade en serio. No hay manera alguna en la que eso no sea un drama.

—¿Desde cuándo sabes? —pregunta acercándose a él de nuevo con su voz de niño regañado.

—Desde después que tú... bastante después por lo visto.

—Me pidió que no se lo dijera a nadie...

—Tan obediente cuando te conviene.

—¿Por que iba a convenirme?

—Dímelo tú. Cuéntame como es que mi fratello que vive en OTRA CASA lo ha sabido antes que yo y me lo ha contado sin problema alguno, sorprendido de que tú y Hungría no supierais nada. Pero resulta que sí sabíais.

—Supuestamente nadie sabía, Italien. Sabes que Österreich se habría enfadado conmigo si te decía yo, así sabes y no fue por mi culpa —le mira aún con las manos en la cintura, sonrojadito—. ¿Qué piensas de ello? —Alemania tratando de poner cara de corderito inocente y desviando la atención al tema importante. Algo ha aprendido. ALGO. ¿Nervioso? Nah, que va... HISTÉRICO porque los enfados de Italia son LO PEOR.

—¿Tú crees que yo soy tan inútil para dejar que él sepa que TÚ me dijiste? —le fulmina de reojo.—¿Crees que es TAN IDIOTA de pensar que de verdad no vas a decirme? Y de todos modos, que yo me enfade no te importa, pero si que lo haga él. Además… ¡Hasta Prusia lo sabe!

—Y tú también...

—Es no es el punto, Germania —ojos en blanco y vuelve a apartarle.

—Italieeen. Es igual, al final sabes. Y yo cumplí mi promesa —le toma otra vez de la cintura teeeenso como tabla, eso si.

—A mi no me da igual que todos me crean un imbécil que no se entera de nada y duden de tu confianza en mi.

—No eres un imbécil y si confío en ti pero Österreich me pidió que no te dijera —y me dijo que querrías casarte... Claro que esto es aún peor. Carraspea.

—Y lo que haces es huir de mí toda la semana. Me pregunto si al il signiore eres capaz de decirle que no a algo —fulminación.

—Claro que sí. Lo dices como si a todo le dijera que sí —responde con la boca pequeña. Italia le mira con cara de circunstancias.

—¿Quién va a pagar todo eso?

—¿Todo que? ¿La boda?

—Nosotros, por supuesto —atención al nosotros, que tu dinero es suyo también—. Supongo que una parte acabarán siendo más deudas, alguna parte la pondrá Svizzera y al final... habremos pagado casi el setenta por ciento de la boda de otros y no me digas que no es así —le señala—. Y no me importa, pero está claro que no eres capaz de decirle que no a él y a mi sí.

Alemania parpadea.

—¡No pretendo pagar el setenta por ciento de la boda de nadie! —puntualiza—. Lo de los anillos es otra cosa porque soy el padrino... Y claro que puedo decirles que no a los dos.

Ojos en blanco.

—Was?! no hagas esa cara —le gira hacia él—. Was?

—Lo que tú digas —intenta soltarse de nuevo.

—Nein, Nein... ¿Es que qué quieres que haga? De verdad no voy a pagar más que los anillos... Y esta comida. Además a que te digo que no a ti que no le digo a él —no le deja.

—Germania... eres idiota.

Alemania parpadea.

—¿Por que me llamas idiota? —protesta un poco.

—Porque lo mereces. Anda, sigue evitándome, corre. Que estabas muy guapo y no me molestabas —vuelve a tratar de soltarse.

—Italieeeen. Es que dime que es lo que te molesta. No puedo no hacer esta comida aquí, Schweiz me lo ha pedido.

—¿Ves como eres idiota?

—¿Por que? ¡No soy idiota!

Ojos en blanco de nuevo. Alemania traga saliva.

—Debí decirte. Lo siento.

—Si. Si debiste.

—Pero no puedo echar el tiempo atrás —le mantiene firme para que no pueda soltarse—. Y fue porque me lo ha pedido. Si tu me pides algo también digo que sí.

Italia le mira un instante con el ceño fruncido porque no es un regalo de consolación lo que quiere... pero luego se le ocurre algo.

—Dile a il nonno que no puede venir a la boda, que no está invitado.

—¿Que yo le diga eso a Rom? Pero si no es... No son mis invitados —sonrojito inevitable al hablar de Roma.

—Ya me imagino que al señorito le protestas igual. Nada más dile que es como petición personal tuya, que rechace la invitación cuando se lo digan.

—¡Sí que le protesto! —protesta—. ¿Y crees que a mi me va a hacer caso?

—¿No eres tan listo? Pues demuéstralo.

—Pero es que Italieeeen. Yo puedo decirle, pero va a decirme él que no, que Österreich va a invitarle.

—Hoy me voy a ir con él, entonces —sentencia.

—Was?! ¿Con quién?

—Con il nonno. A su casa unos días.

Alemania palidece al tono de Prusia.

—P-Pero. Nein. ¿Por qué vas a irte con Rom?

—Porque es il mio nonno, porque vive en Roma que es la capital de mi país del que tengo que cuidar, porque tengo trabajo, porque tú lo tienes y porque no me va a apetecer acostarme contigo en una buena temporada.

Alemania le mira con la misma cara de siempre... Eso sí, desconsolado. Nadie lo sabrá jamás.

—¿P-Pero sólo porque no te dije? —pregunta pesando a preocuparse MUY en serio y a soltar todas las alarmas.

Italia bufa porque considera que le está explicando bastante y el necio idiota sigue sin enterarse. El alemán cambia el peso de pie.

—¿Y cuándo vas a volver? —pregunta de verdad aterrorizado mirando a Italia.

—No lo sé, tal vez prefiera vivir con ellos. No llueve todo el día, no hace frío, está más cerca de Milán y Venecia, las tiendas de ropa son más bonitas, vería más a il mio fratello...

—W-Was? P-Pero Italien —¡NOS HUNDIMOS! WAAAH! Se pasa una mano por el pelo—. Puedo hablar con Österreich. Le diré que tu abuelo no puede venir.

—Hay chicas hermosas en la casa todo el tiempo, está tu padre y no creas que no sé de las orgías mensuales. Además, no te he dicho que le digas a il signiore, te he dicho que le digas TÚ a il nonno. Quiero que piense que TÚ no le quieres ahí.

—Orgías —repite en pánico absoluto casi sin oír lo que dice después.

—¿No te han hablado de ellas? Son muy liberales en esa casa. Seguro me dejarían participar.

—Nein —niega con la cabeza pensando que NO quiere que participe en ninguna orgía con naaadie.

—¿No qué? ¿No te han hablado de ellas? Pues hay bastante que imaginar al respecto solo con la idea. Helena, Egipto, Galia... —Britania, lo siento, pero creo que solo le gustas a Roma. Y a tu hijo. Cof cof.

—Pero de verdad no te dije porque Österreich me dijo que no te dijera... —si fuera alguien más, eso sería un lloriqueo.

—Y yo de verdad me iré porque... no me apetece quedarme —se encoge de hombros, deja las cosas en la cocina apagando el fuego para irse—. Voy a preparar mi maleta. También me imagino que il signiore siempre necesita pincharte, chantagearte y amenazarte, por cierto.

Alemania le mira realmente agobiado.

—¿Pincharme y amenazarme? ¿Que tiene que ver eso? —sin entender. Le sigue, eso sí—. Italieeeen. No te vayas, bitte.

—¿Y por qué no iba a irme? has pasado toda la semana sin siquiera besarme, no me necesitas para nada —sube las escaleras.

—Si que te necesito para dormir contigo y esas cosas —suena peor de lo que pretende.

—No me cuentas las cosas, vienes a dormir despues de que yo me haya dormido, te despiertas antes que yo me despierte y te encierras todo el día en tú despacho. Ya meteré una manta electrica en alguno de mis pijamas y la meteré en tu cama, seguro no notarás la diferencia.

—¡No es verdad! ¡Sólo sabía que si hablábamos te enterarías del secreto! Y... no te vayas —pide muy en serio tomándole del brazo.

—¿¡Y cuál era el gran problema si me enteraba?! —chilla. Hasta le suelta con el chillido... Y es que Italia da MIEDO enfadado.

—P-Pues... —NO SE LO DIGAS. El italiano le mira con ese fuego en los ojos que tienen los italianos—... soy idiota. De verdad. Muy muy idiota. ¡Y no había problema alguno! ¡Debí decirte!

—¿Y por qué no lo hiciste? —se relaja un poco con eso.

—Porque Österreich me dijo... —le mira y eres un burro, SABES que se va a enfadar.

—¿Y como es que a él no le cuestionas todo como a mí?

—P-Porque... Es... Sí se lo cuestiono. Claro que lo hago. ¡Más que a ti! ¡Mucho más!

—Está bien. Se lo preguntaré.

—¿Que vas a preguntarle? —nerviosito igual.

—Pues si le cuestionaste tanto y que motivos de peso tan grandes tenía para que no pudieras decirme ni una palabra.

Alemania vacila otra vez.

—Él me dijo que tú... quizás tú pensaras que... —carraspeos y da un pasito hacia él—. N-No te vayas ni te enfades.

—¿YO pensara? —se descoloca ahora sin saber por donde va la cosa.

—Ja... Tú —vacila y se le acerca más levantando las manos e intentando literalmente atraparle poniéndoselas en los hombros. Italia le mira a los ojos fijamente intentando adivinar—. No vas a irte con Rom —carraspea un poquito—, bitte. Österreich me ha asustado y reaccioné mal. Ya te dije que soy un idiota.

—¿Cómo te ha asustado? —frunce el ceño pensando que tiene que ver con casarse con otro.

—M-Me ha hecho pensar cosas —traga saliva nervioso porque el ceño fruncido eso maaaaala señal.

—¿Cuáles cosas?

—Cosas... —vacila y piensa que igual va a enterarse—, sobre casarnos.

—Che cosa?

—C-Casarnos —el alemán se sonroja.

—¿Tú y Austria?—nótese que no le llama signiore. Alemania esta muy muy nervioso hasta tiembla un poco.

—Casarse él... Ja. Y yo... —podrías haber dicho nosotros, animal. NOSOTROS.

—Che cazzo!? ¡Tienes suerte que il nonno va a venir a comer o ya me habría ido! —ese grito suena como una puerta azotándose. Hasta Prusia saca la cabeza del cuarto a mirar.

—¿N-No quieres? —interpreta casi en un susurro y va bajando el tono—. Y-Yo pensé, que estamos... Bien así, ja. Y... Pero es que nein, nein, Italien.

Italia hace para soltarse y va a encerrarse al cuarto. Alemania le mira hacer agobiado, apretando los ojos con en azotón de la puerta.

—West, ¿qué pasa?

Da un saltito y se gira a mirarle y habitualmente iría con Austria para esto pero bueno, Prusia no le viene tan mal.

—Italien se quiere ir de casa —suelta súper súper preocupado y serio.

—¿Por? —levanta las cejas.

—Se ha enfadado y pretende irse a vivir con Rom y no estoy seguro de si es porque quiere que nos casemos o porque no quiere que nos casemos —se acerca a él.

—Was?

—Es que no sé. No le he dicho lo de Österreich porque él me dijo que no le dijera y porque me dijo que Italien querría casarse, pero ahora no estoy seguro —se pasa una mano por la mejilla y aprieta los labios.

—No hagas caso al señorito, ¿quieres casarte tú también?

—Nein, pero no quiero tampoco que Italien se vaya de casa.

Se oyen ruidos de cosas rompiéndose en el cuarto. Alemania mira hacia el cuarto y palidece aún más.

—Bruder, ¿qué hago? ¡Ni siquiera sé qué le ha enojado!

Prusia mira al cuarto, nerviosito también.

—Esto es lo peor que puede pasar —susurra Alemania. Carraspea—. Voy a intentar ir al cuarto.

Prusia traga saliva y no está seguro de que él fuera a hacerlo. Suena como si algo acabara de salir volando por la ventana.

—Ehm. Bitte, si ves que no salgo en cinco minutos haz algo —murmura caminando hacia el cuarto con los ojos apretados.

—¿Algo como qué?

—¿Algo como llamar una ambulancia? —le mira de reojo antes de tocar la puerta aterrorizado—.Italien.

Prusia se queda mirando y lo que hay como respuesta es algo estrellándose contra la puerta.

—Hablemos, bitte —Alemania aprieta los ojos pensando en que cosas suyas pueden ser las que están rompiendo contra la puerta.

No hay más respuesta que sonidos de objetos siendo tratados violentamente.

—Italieeeeen —intenta abrir la puerta, suponiendo que es inútil. Recarga la frente en la puerta—. Ya te he dicho que soy un idiota, ¿podrías por favor salir?

Otra cosa estallándose. Las dos manos a la cabeza.

—Ich liebe dich —suelta sonrojándose y esperando unos instantes a ver si hay alguna reacción. Luego estas cosas funcionaban... Aunque no estaba seguro de que esta vez fueran a hacerlo, pero... no estaba de más decirlo. Sólo por si acaso. Algunos segundos de silencio. Tenso silencio, Alemania mira la puerta esperanzado... O aterrorizado.

Se abre y Veneciano aparece con unas bolsas colgadas al hombro y otra en la mano... y los ojos rojos e hinchados como pelotas de tenis.

Alemania le mira con HORROR, porque de verdad, DE VERDAD no quiere que se vaya de la casa, hombre, (y muchísimo menos hoy que viene todo el mundo y será un desastre). Levanta las dos manos.

—Nein. Nein. Espera. Bitte, vamos a hablar. Esto debe poder arreglarse —hace por ponerle las manos encima y luego se arrepiente, vacila y le mira todo lo agobiado que puede mirarle con la cara de poker que tiene. Italia lo FULMINA e intenta rodearlo para pasar. Pero, Alemania no deja que le rodee.

—Aparta —ordena con la voz quebrada, lo más firme que puede.

—No se que hice mal pero perdóname, bitte, bitte... Perdóname. Debí decirte de verdad, si quieres le diré a Österreich que no a todo y le diré a Rom que no vuelva a venir nunca más si no quieres.

—Quiero que te apartes.

—Yo no quiero que te vayas —hace el último intento... aunque se aparta.

—Haberlo pensado antes —se dirige a las escaleras.

—¿Antes de qué? ¡Sólo no te dije un secreto! —grita sin moverse—. Verdammt Italien, ¡no sé qué es lo que quieres! ¿Quieres casarte? ¿Quieres que corra a Österreich de la casa? ¿Quieres que mate a Rom? ¡¿Qué es lo que quieres?!

Italia se vuelve a él pensando por un segundo que tal vez solo es un ridículo malentendido. Alemania da un paso hacia él y se pasa otra vez la mano por el pelo que de tanto tocarlo ya no esta PERFECTAMENTE hacia atrás, se ha despeinado un poquito.

—No —susurra.

—Was? —pregunta más bien suponiendo que dijo algo, no tanto oyéndole—. Sólo quédate conmigo.

—¿Por qué? Tú quieres más a Austria —suelta y mira a Prusia de reojo, que se medio esconde un poco asustado.

—¿A Österreich? —frunce el ceño—, ¿por que iba a querer más a Österreich?

—¡Y yo qué voy a saber! Por imbécil, seguramente, porque él NO TE QUIERE.

—¿Estás hablando de querer... Querer así como tú y yo? —pregunta y se sonroja un poco, siendo sinceros, por ese asunto inconsciente que tiene con Austria.

Italia suelta el aire por la nariz sin poder creerlo. Vuelve a dirigirse abajo.

—¡Nein! ¡Pero si yo no quiero a Österreich más que a ti! ¿¡Que estupidez absoluta es esa!? —camina a las escaleras.

Igualmente Italia no se detiene a escucharle ahora pensando que solo lo dice por decir, la has liado muy gorda, Alemania.

—Italieeeen —baja detrás de él—, ¿de qué estas hablando con Österreich? ¿Estás celoso o algo así? ¡Es Österreich, es mi mejor amigo, soy su padrino, ya te dije que por eso compré las argollas! ¿Eso que tiene que ver con nosotros?

Ni le escucha, directo a su coche. Ademas, para más inri, me parece que ya están tocando el timbre.

—¡Estás actuando de manera COMPLETAMENTE irracional y absurda! —oye el timbre y le da un infarto siguiéndole—, ¡sólo no te dije un secreto porque temía que quisieras casarte, eso es TODO! VERDAMMT!

—¿Por qué YO quisiera casarme? ¿Y qué? ¿Temías que eso fuera a obligarte a dejar de perseguir a Austria? ¿O a Roma? ¿Creías que tendrías que estar conmigo y eso te cortaría las alas? Anda y que te jodan, no me casaría contigo ni en mil años más. Ahí te pudrás, puedo conseguir a doscientas personas mejores que tú —grita a todo pulmón.

Alemania le mira en silencio, azorado, con la boca medio abierta y parpadea. Y ya, ya lo sé Italia, que es un idiota y persigue a Roma tontamente pero de igual manera se le rompe el corazón de hielo con eso, hay que decirlo.

Italia se da la vuelta y se baja a por el Ferrari en el garaje, metiendo las bolsas dentro, llorando.

Alemania le mira hacer sintiéndose un poco culpable por el asunto de Roma porque sí que le ha perseguido ridículamente en los últimos tiempos. Pero Italia es ITALIA. Su Italia. Que siempre esta ahí y... Le hace ser funcional y normal y feliz. Y ahora sale como un rayo rojo alejándose de la casa.

Alemania baja hasta el garage, mirando aún hacia la puerta con cara seria y consternada y un hueco en el estómago... Camina hasta el botón de cerrar la puerta y lo aprieta.

Y claro... la puerta se cierra.

Alemania se recarga en la pared y toma aire y cierra los ojos, sabiendo que la ha CAGADO más de lo que la ha cagado jamás. Se talla los ojos un poco y escucha otra vez el timbre, suspira y, repentinamente con frío, se va a la puerta a abrir.

Y debe ser Galia con Gales.

Los deja pasar sin siquiera mirarles, con el ceño fruncido y cara de MUY pocos amigos. Galia nota enseguida que algo no va bien con él, cuando va a darle un beso para saludarle como Germania.

—Pasen —murmura, se echa atrás y gira la cabeza, en ese estado justo y preciso de "no me toquen las bolas".

—¿Qué va mal, mon cher? —le pregunta poniéndole las manos en las mejillas o en el pecho o donde se deje.

Alemania gruñe y la fulmina con la mirada más fría que es capaz de echarle, sin moverse. Ella parpadea y se asusta soltándole de golpe y echándose atrás buscando a Gales a su espalda. Recordando la mirada de bárbaro que tenía Germania la primera vez que fue por ella y no fue tan... delicado. Gales carraspea poniéndole una mano en el hombro a Galia, y no crean que no traga saliva con la mirada.

—Ehm... Hello, Germany —mueve un poquito a Galia para que pasen.

Alemania no dice NADA, esperando a que pasen, cerrando la puerta de golpe cuando lo hacen.

La cosa es que ella se esconde más en él, intentando que la abrace. Gales la abraza, en efecto, mirándola de reojo y preguntándole en un susurrito qué es lo que va mal. No ayuda, asumo que Alemania...

—¡PREUSSEN!

Galia se mete un susto escondiéndose más. De hecho Gales da un saltito también, de verdad sin entender un pimiento.

Prusia que había estado espiando, finge que no. Y Hungría, de hecho, sale a la vez, habiendo oído los gritos y el motor del Ferrari. De hecho debe encontrarse con Prusia en las escaleras y preguntarle con gestos rápidos qué es lo que pasa.

—Italien... —explica Prusia en un susurro rápidamente.

Hungría asiente porque les oyó, preocupada, con Italia y con el grito de Alemania. Le pone las manos en los hombros y baja las escaleras detrás de él. Prusia baja nervioso y se humedece los labios buscando a Alemania.

Gales le acaricia la espalda a Galia aún en el foyer de entrada. Alemania camina hasta las escaleras cuando les oye bajar asomándose y mirando fijamente a Prusia.

—Encárgate —le ordena señalando a Gales y a Galia.

—Ehm... j-ja, no te preocupes. ¿Estás bien?

Hungría mira a Alemania, a Gales y a Galia y se pregunta si les habrá hecho algo, preocupada.

—Ja —responde Alemania, plano, girando la cara.

—Ve tú —le pide Prusia a Hungría y decide ir mejor con su hermano.

—Si... —susurra Hungría apretándole los hombros a Prusia antes de soltarle y acercarse a Gales y Galia, tratando de sonreír.

xoOXOox

Entre tanto, a pocos kilómetros de ahí, Roma mira a Germania de reojo, conduciendo hoy él. Germania hace que tiemble un poco su pierna, nervioso, deteniéndose de la manija.

—¿Estás bien?

—Ja. Un poco nervioso, no sé del todo de qué va esto.

—¿Qué piensas de todo eso de los chicos?

—Es extraño... Son mis niños, los dos.

—Sic. Dos de los míos lo hacen también, ya lo sabes. Es un poco raro.

—Ja. Es decir, los recuerdo bien, de pequeños eran inseparables... Sólo no hubiera pensado nunca que sería de ESTA manera.

—En realidad... pues no son del todo hermanos, son de madres distintas y todo eso.

—Ja, es verdad —asiente—, y son felices así. Sólo me parece un poco raro. Tampoco entiendo para qué lo hacen.

—Pues... me parece que por amor, por eso suele casarse la gente, es bonito.

—Bonito —asiente mirando afuera y encogiéndose de hombros—. Supongo que debe serlo.

—No pareces muy convencido —sonríe un poco.

—Nein, es sólo que no veo qué tiene de bonito. Es lo que tienen, ¿no? ¿O qué cambia?

—Bueno, lo que cambia es el gesto, es una promesa de amor y fidelidad frente a toda la gente que les quiere.

—Eso suena cursi —hace los ojos en blanco sin hablar muy en serio—. Se echaron a perder con ALGUIEN, porque conmigo no eran así. Conmigo eran guerreros.

Roma se ríe.

—¡No es cursi! Es bonito decir a toda la gente que te importa "esta es la persona a la que amo" —le señala—. Además, un guerrero que no ama solo es un mercenario y nunca llegará a la totalidad de su fuerza.

—Eso es algo que te estás inventando. Y nein, no creo en lo absoluto necesario en la vida de alguien hacer esa ridiculez —le mira de reojo—, es idiota, de hecho.

—Siempre he pensado que quisieras que yo lo hiciera.

Y ahí tienen a Roma, OBVIO, dándole al clavo. A Germania le da tos con su propia saliva. Roma le guiña un ojo.

—¡NO ES CIERTCofcofTO! —protesta súper sonrojado, mintiendo con todos los dientes, de hecho tooooda la reacción es porque sabe que Nooooo va a pasar—, es estúpido, ¡¿y yo por que podría querer eso contigo?!

—¿Porque eres el hombre de mi vida?

—¡No soy el hombre de tu vida! —se sonroja más—, ¡además no se cuantas veces crees que puedes decir eso en tu vida y que la gente te crea!

—No hay nadie más a quien le diga eso.

—Nein, porque no sales con más hombres. Pero te has casado con todas las demás.

—No con Britania, ni contigo, eso no hace que te quiera menos que a ellas —Roma se encoge de hombros.

—De todos modos no podrías casarte conmigo por dos razones.

—¿Cuáles?

—En primera porque eso que has dicho de prometer amor y fidelidad es imposible.

El romano tuerce el morro.

—Si para dormir conmigo has tenido que darles cosas a todas, no me imagino que tendrías que hacer... —ojos en blanco—, y en segunda...

Roma sigue mirándole de reojo.

—Porque yo no soy un cursi latino como tú —le mira de reojo y en realidad quiere bajarle un poco a la rabia que le da que sea textualmente imposible que se casen. Le da un golpecillo en el brazo.

—Pero ese no es un motivo para mí, es para ti —protesta riéndose un poco.

—Tu motivo basta y sobra... Ya me bastaría a mí con que lo hicieras, aunque no lo dijeras frente a todos.

—Aun así me gustaría ser tu pareja en la boda de ellos.

El rubio parpadea y le mira. Roma le sonríe mirándole de reojito.

—Pensé que iría con Galia. Por Österreich —Germania, déjala ir. Por favor.

—Normalmente se lo pediría a Egipto, porque no es el tipo de ceremonias en las que tú te sientes cómodo... y ella va a ir con el chico de Britaniae. Pero siendo tus hijos —se encoge de hombros. Germania hace los ojos en blanco con la mención de Egipto.

—Ven conmigo, Egipto no tiene nada que hacer en la cosa de mis hijos.

Roma sonríe más, le pone la mano sobre la rodilla y le aprieta un poco. Germania le pone la mano encima de la suya tan tranquilo, sin caer en la cuenta de Helvetia... No cree siquiera que vaya.

Roma aparta la vista de la carretera un segundo y de repente, el Ferrari de Veneciano, que viene por el carril contrario a toda velocidad se cruza con ellos y les embiste porque justo en ese momento estaba limpiándose los ojos, se le han caído las gafas de sol y se le ha ido el volante mientras las buscaba.

Cielos es que van a DESHACER los coches... Espero que sólo los coches.

Lo bueno de que sean coches caros es que les saltan a los tres los airbag y no les pasa nada más que el susto al girar en una vuelta de campana. Pero a la velocidad a la que van realmente quedan arrugados como una lata de cerveza.

Roma grita como si no hubiera mañana intentando sujetar el volante. Veneciano apenas si puede moverse intentando atravesar la carrocería con el pedal del freno.

Germania creo que se ha quedado trabado, abrazado a la manija del coche, inmóvil con el grito silencioso en la cara. Si por algo no le gusta subirse al coche…

En cuanto el corazón de Roma vuelve a ponerse en marcha bombea como si tuviera que irrigar a cuatro personas. Veneciano por un momento desea haber muerto y al segundo siguiente desearía haberle dado un último beso a Alemania antes de morir. Pero recuerda que NO le quiere y decide que sí que quiere estar muerto. No se mueve. Es Germania el primero en reaccionar.

—R-Rom? —susurra con voz ahogada y temblorosa. El romano mueve la mano buscando a Germania a su lado, sin voz todavía después del grito.

Germania le siente y le aprieta el brazo o la mano o lo que encuentre y gira un poco la cara para mirarle con terror de descubrir que no este entero. No sabe si él mismo lo está.

—¿... stas bien?

Roma le aprieta también con la respiración agitadisima y se palpa un poco la pantorrilla y el pecho.

—Tenemos... que salir... —susurra recordando que los motores explotan, buscando el picaporte de la puerta.

Germania intenta mover el brazo para abrir la puerta y nota que aún esta agarrado de la manija con tantísima fuerza que hasta tiene dormido el brazo. Al moverlo nota que no, algo va mal porque le duele.

Roma consigue abrir la puerta pero se olvida del cinturón que lleva y entra en pánico al no poder salir.

Germania hace una mueca e intenta abrir el picaporte con la otra mano, cuando la consigue abrir se asusta y mira a Roma pensando que algo más pasa y cae en la cuenta de lo que es.

—Espera, espera. Es esto—murmura asustado pero menos apanicado y un poco más racional.

Pero no se detiene, sigue intentando salir sin ver lo que es, le harías un gran favor si lo sueltas tu. Es lo que hace, con un rápido clic presiona el botón que le suelta, soltándose el suyo también.

Y Roma se cae al suelo fuera del coche, de rodillas. Ya hay algún otro coche parado por ahí bajándose a ver si están bien o necesitan ayuda. Germania se baja también, atolondrado y lo primero que hace es notar que le tiemblan las rodillas y por alguna extraña razón, vomita.

Ya hay gente llamando a la ambulancia y sacando a Veneciano del coche.

Germania se limpia la boca con el dedo gordo de la mano útil notando que el otro brazo lo puede mover pero no muy bien. Le da la vuelta al coche buscando a Roma, un poco histérico explicándoles a las personas que se le acercan que el venía con alguien.

Roma está sujetándose con una chica y un hombre, buscándole también, desorientadísimo. Cuando Germania le ve, se le acerca histérico.

—¿Estás bien? ¿¡Rom!?

Roma le abraza con fuerza echándosele a los brazos. La verdad es que tanta es la adrenalina, que le abraza de vuelta sin que le duela en brazo o le moleste nada más que saber que están bien.

—¿Estás bien? —susurra.

—Sí. Creo que sí. ¿Tú?

Asiente con la cabeza y al mirar por encima de su hombro ve al que ha chocado con ellos y le parece tremedamente... mira el coche, mira el hombre, mira el coche, mira el hombre. Suelta un GRITO ahogado, soltando a Germania.

Y casi le da un infarto a Germania, vamos a decirlo, pensando que le ha lastimado, imaginando que tiene una herida horrenda que no había visto y se le salen los intestinos o algo así. Roma le suelta de todo y se va corriendo, cojeando hacia Veneciano, que parece inconsciente.

Germania levanta las cejas y lo mira sin entender... Tras unos segundos de confusión, al ir tras él, nota finalmente quien es (Y al oírle gritar)

Roma detiene a los que lo están sacando gritando que es su niño, hasta le mete un puñetazo a alguien arrodillándose sobre él e intentando hacerle volver en sí.

Veneciano parpadea al oír la voz de Roma, descolocadísimo cuando este le revisa de arriba abajo y lo abraza contra sí. Sentándose de rodillas y acunándolo.

Germania intenta acercarse a él también, preocupado, también teniendo que empujar a alguien. Se pone en cunclillas junto a ellos dos.

Al final, llegan las ambulancias y las gruas y se hace un revuelo muy muy grande.

Después de convencer a Roma de soltar a Veneciano, lo que les cuesta un BUEN RATO pueden llevarlos a un hospital en Berlín para revisar que estén enteros.

Los paramédicos preguntan si hay alguien a quien puedan avisarle. Esa pregunta incomoda en este momento, pero dadas las circunstancias. Germania es el primero en pedir que les avisen a sus hijos.

Roma va a decir a Alemania también pero Veneciano le detine, les dice a los paramédicos que ellos dos son italianos, que venían de vacaciones y no conocen a nadie en la ciudad. No sé si alguien le haga caso a Germania, que sigue neceando sobre avisarle a Alemania, aunque ahora mismo no se sabe el teléfono.

De hecho, Veneciano indica que Germania iba en el Maseratti, mientras que él y Roma iban en el Ferrari. Roma mira a Veneciano un poco extrañado y desconsolado con eso, pero no desmiente nada porque se siente tremendamente culpable del accidente.

Finalmente me parece que van a contactar a la casa alemana de todos modos por que Germania insiste. No se sí avisarán a alguien más.

El caso es que Veneciano insiste en que los separen de Germania y no es como que Roma no pueda ayudarle a conseguirlo. Y ayuda que a Germania empiecen a atenderle en la ambulancia, porque lo que tiene es dislocado el brazo y lo mejor es devolvérselo a su lugar lo antes posible. Y lo suben, de esta manera, en una ambulancia diferente a la de Roma y Veneciano.

Roma cojea, pero no se ha dado cuenta, ni siquiera ha notado aun que le duele, está completamente preocupado por Veneciano que vuelve a llorar en su camilla. El draaaaama latino en su máxima expresiooooón.


Y así, muy cínicamente... es como se hace una salida ÉPICA. ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!