Templo de Poseidón, una vez terminada la batalla de Asgard
Abrí los ojos algo confundida.
Lo único que recordaba era que me había incorporado luego de haber soportado el intenso frío que azotaba al pueblo de Asgard al intentar evitar que todo el hielo no se derritiera cuando una inmensa ola cayó sobre mí y me arrastró. No sabía exactamente dónde estaba y necesitaba urgentemente una explicación. Y ahí me encontraba dispuesta a levantarme cuando en eso ingresó a aquella extraña habitación un joven, el cual me miraba con curiosidad y algo de emoción. Intenté decirle algo, pero él se me adelantó, diciendo:
-Por lo que puedo ver, ya estás despierta, Saori.
-Usted... ¿Me conoce?
-¿Acaso no te acuerdas de mí, Saori?
-Pues... temo mucho que no. No recuerdo haberlo visto antes.
-Es una pena que tu memoria esté fallando Saori. Déjame ver si el nombre Julián Solo te trae recuerdos.
-Julián... ¡Oh ya recuerdo! Tú eres el heredero de la familia Solo, una familia naviera muy importante. Recuerdo que me invitó a su fiesta de cumpleaños y ahí nos conocimos.
-Fue una noche memorable.
-Si tú lo dices.
-Recuerdo es noche como si fuera ayer, tú y yo solos, mirando el mar en la terraza.
-Terraza... algo de ello puedo recordar.
-Pasamos por mucho esa noche.
-Lo único que viene a mi mente es como tú dices, tú y yo mirando el mar y la terraza.
-Exactamente Saori. Pero parece que olvidas algo.
-¿Qué cosa?
-En esa fiesta... yo quería algo más de ti.
-¿A qué se refiere?
-Tu mano Saori... yo pedí tu mano esa noche.
-¡Oh!
-Espero que después de todos estos años hayas cambiado de parecer.
-Pero yo...
-No necesitas responderme ahora, por al momento descansa, que después hablaremos.
-Pero...
-Nos vemos luego, Saori.
E incorporándose, se retiró de la habitación, dejándome sola. En ese instante empezaron a surgir varias ideas y recuerdos de mi cabeza, haciéndome sentir más confundida. Sus intenciones eran obviamente nada buenas, y yo necesitaba pensar bien antes de decirle algo. Pero mi curiosidad por saber más de todos esos acontecimientos pudo más que mi prudencia, así que me levanté de la cama en la que me encontraba y salí tras él, alcanzándole después de unos minutos. Descendimos una larga escalinata y allí él me confesó, entre otras cosas sus verdaderas intenciones, las cuales no fueron nada de mi agrado, muy por el contrario, me asustaron mucho.
-¡Espera!
-¿Qué sucede Saori?
-¿Qué significa todo esto?, ¿Por qué me trajiste hasta aquí?, ¿Qué es lo que deseas? Dímelo, por favor.
-Mi querida Saori, son demasiadas preguntas al mismo tiempo, pero las voy a responder. Primero que nada, yo ya no soy más Julián Solo, sino alguien con mucho más poder y fuerza. Ahora, Julián Solo, se ha convertido en el emperador de todos los mares, el dios Poseidón. Y ahora, no solo es Julián el que desea hacerte suya, sino también el dios Poseidón. Pero eso no es lo primordial aquí, lo que sí importa es la voluntad del dios Poseidón, la cual es limpiar a toda la tierra.
-¿Limpiar?
-Sí. Como tú sabrás Saori, el mundo se ha convertido ahora en un lugar hostil, un lugar sin energías, completamente sucio, el cual ya no se puede habitar por mucho más tiempo. Es preciso deshacernos de toda esa maldad y de toda esa hostilidad que ahora reina en el mundo y para eso, te tengo una proposición.
-¿Y cuál es?
-Verás, al igual que yo, que soy un dios, tú también eres una diosa, por lo cual nosotros juntos podemos hacer grandes cosas. Lo que quiero proponerte es que me ayudes a hacer esta limpieza, ya que con tu ayuda, eso será más fácil.
-¿Y en qué consiste esa limpieza?
-Consiste en limpiar todo el mundo, en eliminar a toda razón que conduce a este mundo a la perdición, y ésa razón es, sin duda, el ser humano. En otras palabras, debemos de exterminar a toda la raza humana.
-¿Enloqueciste?
-No, y por cierto esa tarea ya está comenzando, de hecho ya comenzó. El mundo en estos momentos está pasando por grandes inundaciones y lluvias que muy pronto acabará con toda fuente de vida en la tierra, dejando solo lo importante: Tú y yo.
-¿Y qué sentido tiene que yo siga viva si toda la gente de este planeta morirá? ¿Cuál es el propósito de salvarme?
-Como te dije al principio de esta plática, querida Saori, el salvarte a ti es la única excepción que hizo el dios Poseidón. Como Julián Solo está perdidamente enamorado de ti, lo único que le interesa es mantenerte con vida solamente a ti, a su amada. Y así será, pues serás mía y juntos gobernaremos esta nueva tierra, seremos los nuevos fundadores de un nuevo mundo.
-Si es así, entonces lamento mucho rechazar tu oferta.
-¡Qué!
-De ningún modo apoyaré la idea de eliminar a los seres humanos, los cuales son el motivo por el cual este mundo sigue vivo. Por eso, protegeré a esta tierra con todas mis fuerzas, y si tú te interpones en mi camino, entonces habré de luchar contigo.
-¡Atena!
-Lo siento mucho Poseidón, pero de ninguna manera aceptaré tus proposiciones. En aquella fiesta te rechacé, y ahora, después de muchos años, mi respuesta es la misma, no ha cambiado en absoluto y nada la cambiará.
-¡No me hagas enojar!
-Haz lo que quieras, pero no cambiaré de parecer. Por el contrario, he de pedirte algo.
-¿Ah si?
-Sí. Me dijiste que en estos momentos el mundo está sufriendo las consecuencias de tu decisión, y si en medio de todo este desastre existe alguna manera de aplacar este sufrimiento, te ruego me la digas, porque estoy dispuesta a lo que sea con tal de darle al mundo una oportunidad más para resurgir. Y si es preciso, arriesgaré mi vida con tal de lograr mi propósito.
-Atena... veo que eres muy tonta. ¿De verdad quieres hacerlo?
-Nunca he estado más segura.
-Bien, si así lo prefieres... el dios Poseidón quiso salvarte de esa condena, más si tú así lo quieres, se hará tu voluntad. Existe una manera de evitar que el agua que en estos momentos está destruyendo el mundo deje de caer.
-¿Cuál es?
-La solución es que... que el agua que ha estado cayendo sobre la tierra caiga ahora sobre ti. Recibirás el castigo de todo el mundo, Atena.
-...
-Todo el peso de la ira de Poseidón caerá sobre ti. Ya que decidiste sacrificarte para salvar a los humanos, pues ése será tu destino.
-Bien, si como dices, ése es mi destino, estoy dispuesta a asumirlo. Dime como debo hacerlo.
-Sígueme.
Entonces Poseidón me condujo hacia una gran estructura, la cual en su interior era algo oscura y tenía dos grandes cabezas de dragón en la cima. Me pidió que me pusiera al centro del edificio y una vez que lo hice, con su poder hizo que de las cabezas de dragón saliera agua, la cual en cuestión de minutos ya me llegaba a los pies. Suspiré y cerré los ojos, mientras él me decía.
-Si ésta es tu voluntad, que así sea, Atena.
Y dicho esto, se retiró del lugar, cerrando el pilar y dejándome sola, mientras el agua se hacía más alta a cada minuto. Volví a cerrar los ojos y pensé en Shun, rogando que pudiera venir. Sabía que una nueva batalla estaría por comenzar, y rezaba para que los caballeros pudieran venir y salir de esta misión sanos y salvos. Era mi mayor deseo.
-Shun, mi amor, ayúdame... – pensé.
Cerré nuevamente mis ojos y dejé que mi cosmos envolviera por completo el lugar.
Mientras la batalla de Asgard duró, no tuve un solo momento de paz.
El solo hecho de saber que Saori estaba arriesgando su vida nuevamente hacía a mi corazón agitarse, me sentía realmente tenso y muy asustado, temiendo siempre lo peor, cosa que eventualmente sucedió. Después de la confesión de Sorrento en la batalla con Sigfried, quien nos reveló que el verdadero autor de la repentina posesión de Hilda bajo la sortija del Nibelungo y también autor de las grandes inundaciones que ya se estaban iniciando era nada menos que el emperador Poseidón, dios del mar, nosotros nos quedamos muy sorprendidos, y empezamos a temer mucho por Saori, ya que si no lograba su cometido con Hilda, ella era la próxima. Cuando la vi al final de la batalla, completamente congelada, aparentemente sin vida en el altar de Hilda, sentí que me moría. Me resistía a creer que ése sería su fin, porque ella, una diosa, no podía morir así, tenía que haber un error, simplemente no podía creerlo. Pero gracias a los dioses Saori no estaba muerta y se puso de pie, mostrándonos que ella aún estaba con vida. Para nuestra mala suerte, un gran maremoto ocurrió, y una de las grandes olas se llevó a Saori. Me incomodó un poco que el nombre que pronunció antes de ser arrastrada por las olas no fuera el mío, pero no era el momento oportuno para molestarse por esas cosas, ya tendríamos tiempo para hablar. Después de eso, Hilda nos alojó en su palacio mientras nosotros buscábamos la manera de encontrar a Saori y ahí nos encontrábamos, todos muy tristes y abatidos.
Asgard, tres días después
-¿Cómo estás?
-Mal.
-Ten fe, la encontraremos.
-Eso espero, tengo mucho miedo.
-Tranquilo Shun, ella va a aparecer. Más bien deberíamos de estar apoyando a Seiya, él está pasando por un momento muy difícil.
-Eh... sí tienes razón. Pero es que... ¡Por todos los dioses! Tengo tanto miedo que algo malo le pueda haber pasado.
-¿Qué? Shun, creo que estás preocupándote demasiado.
-¿Ah si?
-Sí, ¿Qué sucede? ¿Por qué esa repentina preocupación? Saori no es ni siquiera tu íntima amiga como para que te pongas así. ¿O me equivoco?
-¡No! Claro que no. Me preocupo porque... porque ella es nuestra diosa, y nuestro deber es protegerla, y le hemos fallado. Me siento mal por eso, creo que no estamos siendo buenos caballeros.
-Ah, era eso. Descuida Shun, todos comprendemos eso. Bueno, iré a ver a Seiya. ¿Vienes?
-Te alcanzo dentro de un rato. Quisiera estar un rato solo.
-De acuerdo, nos vemos luego – Hyoga se dirigió hacia la puerta.
-Espera.
-Qué cosa.
-Gracias por tu apoyo Hyoga, eres un gran amigo.
-Sabes que lo hago con gusto si se trata de ti – me sonrió – Te veo luego.
-De acuerdo.
Le vi salir y suspiré. Por poco me descubre. Gracias a esa conversación me di cuenta de que tenía que aprender a controlarme un poco más y aparentar, al menos delante de todos, que el asunto no me preocupaba más de lo estrictamente necesario, aunque por dentro me estuviera literalmente muriendo. Me armé de valor y volví a suspirar, tratando de sacar fuerzas de donde no tenía. Me incorporé y salí de mi habitación, dirigiéndome a la de Seiya. Al llegar, me contuve un poco antes de tocar pensando en cómo disimular mi dolor y una vez que me sentí listo, toqué. No demoraron en contestarme.
-Entra – autorizó Shiryu.
-Vaya, están casi todos aquí – dije entrando.
-A excepción de tu hermano, sí estamos todos. Eso ya no es novedad.
-Shiryu…
-Disculpa Hyoga, pero es la verdad. En este momento todos deberíamos de estar aquí apoyando a Seiya, pero no, él prefiere darle la espalda.
-Oye, no hables así de...
-Déjalo Hyoga.
-Pero Shun...
-Shiryu, mi hermano tiene una manera poco común de solidarizarse con los demás, así que no quiero que pienses así de él. No creas por ningún instante que él no está preocupado por Seiya, lo está, pero él prefiere dejar que las cosas fluyan solas y después poder actuar con más calma. De eso estoy seguro, así que no quiero volver a escuchar algo como eso.
-Eh... bueno Shun, siento mucho haber dicho lo que dije. Quizá fue la preocupación, me excedí y lo reconozco. Me disculpo.
-No te preocupes Shiryu, ya pasó. ¿Cómo está Seiya?
-Mal. Está muy deprimido. Ahorita fue al baño, pero no tarda.
-Realmente es una pena.
-Bueno, ya me siento un poco mejor. Shun, hola – saludó Seiya saliendo del baño.
-Hola Seiya, ¿Cómo estás?
-¿Cómo estoy? Ja, feliz... muy feliz.. – se sentó en la cama y comenzó a llorar.
-Seiya... – Shiryu puso una mano en su hombro para darle fuerza.
-Saori... ¡Mi pobre Saori! ¡Ay dios mío que gran dolor tengo dentro de mi! – dijo entre lágrimas.
-Tranquilo Seiya, ten fe, Saori va a aparecer – le dije abrazándolo.
-No quiero ni pensar que le haya pasado algo. Yo me muero si ella llega a... ¡Me muero! – su llanto se tornó más fuerte.
-Yo sé que ella está bien, y tengo mucha fe en que la vamos a encontrar con vida sana y salva. ¿Sabes? Te prometo que mañana mismo iré al altar de Hilda para poder encontrar una pista, algo que nos ayude a descubrir dónde está. Ya no te preocupes, todo va a estar bien – le dije poniendo mis manos sobre las suyas.
-Shun... ¡Oh Shun eres la persona más noble que he conocido! – lloraba – Gracias por tus palabras y tu apoyo, realmente eres un ángel.
-Seiya... – dije confundido.
-Shun, eso fue muy lindo de tu parte.
-Gracias Shiryu.
-Eso dice mucho de ti, eres un gran amigo.
-Gracias Hyoga.
-Tienes razón, tengo que tener mucha fe. Ella está bien. Me sirvió mucho hablar contigo amigo, no sé cómo agradecerte – Seiya secó sus lágrimas.
-No me lo tienes que agradecer, lo hago con mucho gusto.
-Mi Saori... mi bella Saori...
-Bueno yo... yo... – dije con voz nerviosa – creo que olvidé cerrar la ventana – y salí corriendo.
-Shun...
-Déjalo Seiya, solo fue por el apuro – dijo Hyoga.
-Sí, fue el apuro – Shiryu fue sarcástico.
-Oh bueno. Fue tan amable conmigo.
-Sí que lo fue. Ya no te preocupes amigo, más bien descansa, luces cansado.
-Eso haré. Gracias Hyoga.
-Bueno nosotros nos vamos, que descanses amigo – Shiryu sonrió y junto con Hyoga salen de la habitación.
-Gracias por todo chicos.
Mientras eso sucedía yo llegué corriendo a mi cuarto y sin poder controlarme más empecé a llorar, dejando que mi dolor fluyera libremente por todo mi cuerpo. La tristeza que sentía era inmensa y realmente la angustia de no saber de ella me estaba volviendo loco. Ya habían pasado tres días sin saber nada y mi temor iba creciendo día a día, haciendo de mi existencia un completo mar de lágrimas. Y así me encontraba yo, llorando, ignorando que a mis espaldas estaba Shiryu, quien al ver mi puerta entreabierta entró discretamente y una vez que estaba a unos pasos de mí, habló.
-Shun... ¿Sucede algo?
-¡ ! – me detuve asustado.
-Estabas tan calmado en el cuarto de Seiya y repentinamente saliste, y ahora te encuentro así, llorando. ¿Qué sucede?
-Es que yo... yo...
-Vaya, ya lo sabía. Es por ell…
-¡Shiryu me siento tan mal! – lo encaré llorando – ¡Todos estuvimos ahí y no pudimos hacer nada! ¡No movimos ni un dedo por protegerla! ¡Soy un fracaso como caballero! ¡Esto no debió de haber sucedido!
-Ah... ya veo. No necesitas preocuparte ahora por eso. Todos tenemos claro eso que dices y... bueno, ya pasó, no hay marcha atrás.
-Tienes razón – dije secando mis lágrimas – Es que ver a Seiya así me da tanta impotencia.
-Lo sé, Seiya está pasando por un momento muy difícil. Su novia está desaparecida y no es para menos que se ponga así. Ahora nuestro deber como amigos es darle ánimos y hacer hasta lo imposible por encontrarla.
-Sí, es por eso que mañana voy a ir hasta el altar.
-¿En serio lo vas a hacer? – preguntó incrédulo.
-Claro, lo haré por Seiya.
-No necesitas hacerlo si no quieres.
-Sí deseo hacerlo. Iré mañana.
-Bueno Shun, si ésa es tu decisión, no me opongo, pero sí te tengo que decir que debes ser prudente, nadie de aquí desea que te pase algo malo.
-Descuida, tomaré mis precauciones.
-Bueno, ya que está todo decidido, iré con Hyoga. ¿Deseas algo?
-No gracias. Más bien te agradezco por ser tan bueno conmigo.
-No tienes porqué.
Y así, Shiryu salió de mi habitación y al fin pude respirar. Estaba muy asustado. Apostaba mi vida a que él sospechaba algo por ahora por las circunstancias no podía hacer nada, sino dejar pasar las cosas y rogar que todo salga bien. No podía esperar a que el día acabara.
La mañana siguiente
-¿Seguro que puedes ir tú solo?
-Seguro Hagen, no te preocupes.
-Shun, éstos terrenos son muy peligrosos y algunas montañas hasta se podrían caer a causa del sonido que producen las olas por el maremoto. Lo mejor sería que uno de nosotros vaya contigo.
-Es muy amable de tu parte Sigfried, pero puedo hacerlo solo.
-Bueno... pero regresa pronto.
-De acuerdo, hasta luego chicos.
-Ve con cuidado.
-Lo haré Hagen, gracias.
Le di las gracias a ambos y empecé a caminar, con mucha fe. Ellos eran realmente unos muy buenos amigos, y fue mucha suerte que ellos pudieran volver a la vida gracias al ferviente deseo de Hilda. Y así me fui, más determinado que nunca. Tenía pleno conocimiento que la estructura geográfica de Asgard no era la más segura pero tenía que hacerlo, tenía que hacerlo por ella. Una vez ahí, me dediqué a buscar lo que sea, lo que me pudiera dar alguna certeza. Y lo haría así me tomara todo el día.
En el palacio
-¡No debiste permitir que fuera solo!
-Lo siento mucho Hilda. Lo sé, pero él se empecinó en ir solo, no pudimos detenerlo.
-Es preciso que alguien lo acompañe, quién sabe si le puede pasar algo. Sinceramente no quiero tener problemas con Ikki cuando regrese.
-Sí pues, Ikki parece ser muy celoso con Shun.
-Descuida Sigfried, como te fuiste rápidamente yo me tomé la libertad de decirle a Mime que vaya tras él. Espero me disculpes.
-Oh, gracias Alberich, me quitaste un peso de encima.
-Espero que haya logrado alcanzarlo.
-Eso espero.
En el altar
-Nada... ¡Aquí no hay nada!
Golpeé la nieve con frustración. Había pasado más de medio día y no había encontrado ni una sola pista. Estaba llegando a pensar que esta decisión era una pérdida de tiempo cuando en eso llegó Mime, quien se acercó y empezamos a conversar.
-Dios mío, ayúdame a encontrarla...
-¡Shun!, ¿Estás bien?
-Mime...
-Vine por si necesitabas ayuda – se acercó – Sé que dijiste que no la necesitabas, pero uno nunca sabe.
-Bueno, gracias por venir.
-Y, ¿Cómo vas?
-Nada, hasta hora no he podido hallar nada.
-¿Qué es lo que pudo haberle sucedido?
-No lo sé, intento encontrar una respuesta a esa pregunta pero no la encuentro.
-Lamentablemente desde aquí no es muy fácil encontrar una pista, la nieve lo cubre todo y a cada instante más y más montañas se caen. Da tanta pena ver esto.
-Sí, pero no se me ocurre dónde más buscar. Todo sucedió aquí, aquí debe de estar la respuesta.
-¿No hay otro lugar, no?
-No, no se me ocurre ninguno. ¿A ti?
-A menos que... Creo que… Shun creo saber dónde puede estar esa respuesta que tanto buscas.
-¿Dónde?
-Una vez le escuché decir a Hagen que la señorita Freya le dijo que aquí en Asgard, había una entrada, un orificio que conducía al reino del emperador Poseidón, el único que puede haber causado semejante desastre. El problema es que solo las señoritas saben eso, así que solo ellas te pueden dar con exactitud esa información.
-Ya veo. En ese caso si me quedo aquí solo estaría perdiendo el tiempo. Si lo que dices es cierto, tengo que hablar con ellas.
-Sí, lo mejor es que regresemos al palacio, sino Ikki va a ponerse furioso.
-Mi hermano no es así – reí – Además con él nunca se sabe. No tengo ni la más mínima idea de dónde pueda estar ahora.
-Bueno, pero es mejor que regresemos.
-De acuerdo.
Entonces nos pusimos en marcha y emprendimos el camino de regreso, llegando al palacio en cuestión de minutos.
Una vez que llegamos al palacio subí a mi cuarto y cuando llegué me sorprendió encontrar en mi habitación a Seiya, quien había entrado aparentemente a buscarme. Nos sentamos en la cama y nos pusimos a conversar.
-Seiya…
-Shun, ¿Dónde estabas? Te he estado buscando.
-Acabo de llegar del altar. ¿Qué sucede?
-Quería saber... qué fue lo que encontraste.
-Lamento tanto decirte esto Seiya, pero desgraciadamente no encontré nada. Me sentí tan mal porque yo quería traerte una buena noticia y no pude. Discúlpame.
-No me pidas disculpas – puso una mano en mi hombro – Al menos hiciste el intento. Eso significa mucho para mí.
-Gracias Seiya. ¿Sabes? Pero no todo lo que pasó hoy fue malo.
-¿Ah si?
-Sí. Mientras me encontraba en el altar me encontré con Mime, quien me dijo algo que podría servirnos mucho.
-¿Qué cosa?
-Mime me dijo que aquí en Asgard existía un orificio que conectaba estas tierras con el reino del emperador Poseidón. Y que ésa información solo nos la podrían revelar la señorita Hilda o la señorita Freya, pues son ellas las que conocen eso. Sería buena idea ir a preguntarles ¿no crees?
-Tienes mucha razón. Es muy probable que ese orificio nos pueda conducir a donde se encuentra Saori. Vamos a preguntarles.
-Sí.
Y así nos fuimos a la habitación de ellas a preguntarles acerca de ese extraño orificio.
-Entra.
-Disculpe la interrupción señorita Hilda, pero necesitamos hablar con ustedes – dije cortésmente.
-¿Qué sucede?
-Pues verán, Mime me contó algo acerca de una entrada, un orificio que conducía al reino del emperador Poseidón. Me dijo además que ustedes sabían cómo llegar ahí y que nos podían informar al respecto. ¿Es eso cierto?
-Sí Seiya, es cierto. Nosotros sabemos perfectamente de lo que están hablando. Cuéntales por favor Hilda.
-De acuerdo. Aquí en Asgard, desde hace muchos años, existe una entrada, un gran orificio en el hielo, cuyo fondo no se puede ver a simple vista, que conduce a un reino en lo profundo de las aguas, el cual pertenece al dios supremo de los mares, Poseidón. Sabemos cómo llegar, y si ustedes desean, podemos conducirlos hasta ahí cuando ustedes quieran.
-Muy bien, entonces es hora de ponernos en acción. Shun, tenemos que ir.
-¿Y los demás? – preguntó Freya.
-Nos alcanzarán después. No veo las horas de llegar ahí.
-Está bien. ¿Cuándo deseas ir? – preguntó Hilda.
-Lo más rápido que se pueda. Mañana por la mañana.
-Por mí no hay problema. ¿Ustedes tampoco tienen problema chicas?
-No Shun, ninguno – contestó Freya.
-Entonces ya está decidido. Después de las últimas palabras de Sorrento no me queda ninguna duda. Tenemos que ir allá – dijo Seiya desesperado.
-De acuerdo – asintieron las dos.
Y así nos retiramos de la habitación, con una luz de esperanza en nuestro interior. De ahí nos fuimos a mi cuarto, donde continuamos con nuestra plática.
-Entonces, ya está todo listo.
-Sí Shun, ahora sí creo que vamos a hallar a Saori.
-Me lo imagino, el único lugar en el cual puede estar es en el palacio de Poseidón. Tenemos que ir allá cuanto antes.
-Tienes razón. ¿Sabes? Me agrada la idea de que seas tú quien me va a acompañar.
-Seiya...
-De todos, tú eres el que más apoyo me ha dado. Ni siquiera Shiryu que es mi mejor amigo me ha apoyado tanto como tú. Para serte sincero envidio un poco a Hyoga, ya que tiene tu amistad. Sé perfectamente que ustedes se quieren casi como hermanos, y eso es algo que aprecio mucho. Hyoga es realmente afortunado al tenerte a ti como su mejor amigo. Gracias por todo tu apoyo Shun.
-Seiya, lo que acabas de decir simplemente me ha dejado sin palabras. Me siento algo halagado al escucharte hablar así y jamás imaginé que fueras a pensar así de mí. De sobra sabes que estoy aquí para ayudarte y cualquier cosa que necesites, lo haré con mucho gusto, tú también eres mi amigo, así que no puedo negarte nada. Y como tú mismo dijiste, me va a encantar acompañarte.
-Shun… - Seiya sonrió y me dio un fuerte abrazo.
-Seiya... – lo abracé.
Sinceramente al abrazarlo empezaron a surgir dentro de mí sentimientos que no podía comprender. Él era mi amigo y a la vez mi enemigo, ya que los dos amábamos a la misma mujer, y el estar así con él realmente era algo contradictorio. Pero a pesar de eso, en mi interior no existía ningún tipo de rencor contra él, así que traté de no pensar en ello. Nos soltamos, y él se retiró a descansar, mientras yo hice lo mismo, esperando con ansias que llegara la mañana.
A la mañana siguiente
-Chicos, aquí es – señaló Hilda.
-Pero... ¡Esto es increíble! – exclamamos los dos.
Cuando llegamos al lugar indicado por Hilda y Freya, nos encontramos con un gran hoyo en medio de una gruesa capa de hielo, el cual, además de ser enorme, su interior no se podía apreciar con claridad, y a su alrededor corrían fuertes vientos en forma de remolinos. Con nuestras armaduras puestas, Shun y yo nos miramos fijamente tratando de tomar coraje, cuando de repente una fuerte corriente nos empezó a jalar, haciendo que perdiéramos el equilibrio y cayéramos dentro del hoyo, perdiéndonos en él en cuestión de segundos.
-Bien, si éste es el lugar, no hay nada más por hacer – dije determinado.
-Chicos, si ya están decididos no los podemos detener, pero es nuestra obligación decirles que sean prudentes y tengan mucho cuidado.
-Gracias Hilda – agradecí.
-Sí, traten en lo posible de no arriesgarse demasiado, y esperamos que traigan a Atena con vida. Les deseamos mucha suerte chicos.
-Muchas gracias Freya – sonreí.
-Bien Shun, ya es momento de bajar.
-Sí, llegó el momento. ¡Qué es eso! ¡Ahh! – Shun gritó cuando se escuchó el sonido de una corriente.
-¡Ahh! – y caímos dentro del orificio.
-¡Seiya, Shun! – gritó Hilda.
-Hilda, ¿Qué vamos a hacer ahora?
-Tenemos que avisar al resto de los caballeros para que vayan a auxiliarles. ¡Vamos de prisa Freya!
-Sí. Seiya, Shun, resistan.
Cuando desperté lo que veían mis ojos era simplemente increíble.
Estaba tendido en un campo lleno de flores y plantas silvestres, y a mi alrededor solo habían corales y plantas marinas. Parecía tierra firme pero al mismo tiempo no, era un lugar realmente confuso. Volteé la mirada y pude ver a Shun inconsciente a unos pasos de mí. Consternado acudí a auxiliarlo, y cuando se restableció tratamos de explorar ese nuevo escenario, y cuando se nos ocurrió mirar hacia arriba y grande fue nuestra sorpresa cuando nos percatamos que lo que estaba encima de nosotros no era más que el mar, extendiéndose hasta donde nuestra vista no podía llegar. Nosotros no podíamos creerlo, estábamos en el fondo del mar, por gracioso que parezca. Y ahí estábamos recuperándonos de nuestra sorpresa cuando empezamos a escuchar un hermoso canto de sirenas, y al seguirlo nos encontramos con una linda mujer llamada Tetis, quien nos explicó que era una de las marinas de Poseidón y de paso nos puso al tanto de lo que debíamos de hacer. Era sin duda algo simplemente increíble.
-¡Shun, despierta! – lo moví para despertarlo.
-...
-Amigo, háblame – seguí moviéndolo.
-...
-¡Shun! – lo sacudí.
-¿Eh? ¿Qué pasó? ¿Seiya dónde estamos? – preguntó despertando.
-Pues para serte sincero no sé. Cuando me desperté me encontré aquí en este lugar tan extraño.
-Vaya, sí que es muy extraño.
-Caminemos un poco a ver si encontramos a alguien que nos pueda decir en dónde estamos.
-De acuerdo.
-Vaya lugar, jamás había visto algo así – comenté mirando alrededor.
-Sí, hasta el aire que se respira es algo extraño.
-Lo más extraño es que el cielo no tiene nubes, se ve muy despejado - miré hacia arriba.
-¿No tiene nubes? Qué raro, ¿Te has fijado bien? – Shun miró hacia arriba – Debe de haber un... ¡Seiya!
-¿Qué sucede?
-Eso que se ve no es el cielo, es... es... ¡Agua!
-Shun, no bromees, ¿Cómo va a ser agua?
-Es agua Seiya, ¡Estamos en el fondo del mar!
-No puede ser.
-Sí, el cielo jamás formaría ondas como lo está haciendo ahora el agua que está sobre nosotros. Simplemente no puedo creerlo.
-Increíble. ¿Pero cómo hemos llegado hasta aquí?
-No lo sé, cuando la corriente nos arrastró, no pude ver nada solo dimos vueltas y vueltas y después ya no recuerdo más.
-Sí pues, yo tampoco recuerdo. Bueno, sigamos caminando, a alguien hemos de encontrar – dije caminando cuando en eso se escucha una canción.
-¿Y ese sonido? ¿De dónde proviene?
-No lo sé, pero es muy lindo.
-Parece una canción, me pregunto quién podrá estar cantando así.
-El sonido no viene de muy lejos, muy por el contrario se está haciendo cada vez más fuerte. Debemos de estar acercándonos.
-Sí. Me da mucha curiosidad saber quien es la dueña de esa linda voz. ¡Mira Seiya, es una sirena! – exclamó una vez que llegamos a una roca y vimos a la sirena.
-¡Una sirena! Por todos los dioses, jamás había visto algo así. ¿Será inofensiva? Vamos a ver - me acerqué para tocarla. Lo intenté pero ella reaccionó y nos sorprendió.
-¿Quiénes son ustedes? ¿Cómo han llegado hasta aquí?
-Mi nombre es Seiya, soy el caballero Pegaso y mi compañero es Shun, caballero de Andrómeda. En realidad pensamos que tú podrías decirnos donde estamos.
-¿Caballero Pegaso? ¿Caballero Andrómeda? Oh vaya, pero ustedes no son ningunos extraños, sino personas muy esperadas aquí en estas tierras. Bueno, ya que han llegado, les diré. Mi nombre es Thetis y soy una sirena sirviente del señor Poseidón, rey de los mares. Estas tierras que ven a su alrededor son sus dominios, que como ven, se ubica en el fondo del mar. Sé perfectamente a qué vienen, pero les advertiré que no les será tan fácil, ¡Porque yo seré su primera oponente!
-¡Oh! – exclamó Shun.
-¡En guardia! – gritó ella.
Y así se inició una pequeña batalla, en la cual la sirena nos llevó por muchos corales y plantas marinas, como si quisiera conducirnos hacia un lugar específico. En un instante Shun logró detenerla con sus cadenas, pero ella pudo librarse de ellas luego de unos segundos. Luego, empezó una técnica muy particular, en la cual comenzó a cubrirnos de un coral muy brillante y hermoso, que al mismo tiempo empezó a asfixiarnos y a debilitarnos, cayendo ambos al suelo. Sin embargo, yo no estaba dispuesto a morir sin antes lograr mi cometido así que reuní fuerzas y destruí ambos corales, liberando a Shun y liberándome yo, quedando listos para contraatacar. Y en ésas estábamos cuando apareció un caballero, de porte soberbio y arrogante, quien nos miró con desprecio y nos contó lo que tanto habíamos querido saber, dejándonos completamente sin habla.
-¡Que quede claro que tú te lo buscaste! ¡Morirás por tu atrevimiento!
-Pegaso, no pensarás…
-Siempre tan precavida Thetis, cuando cambiarás.
-Dragón Marino...
-Descuida, yo me haré cargo. Al menos hiciste bien en traerlos hasta aquí. Bien caballeros, si es que se les puede llamar así, soy el dragón marino, uno de los generales marinas del señor Poseidón. Y como ustedes deben de suponer, la diosa Atena está aquí, en el templo principal. Ella vino aquí por su deseo y luego de conocer las intenciones de nuestro señor se ofreció ella misma para poder detener los desastres que ya están ocurriendo a causa de la voluntad del dios Poseidón. Nuestro dios deseaba limpiar este mundo lleno de tanta maldad y corrupción eliminando a toda la raza humana, por lo cual inundará la tierra entera dejando libre solo a la diosa Atena, pero como ella se negó a aceptar esa proposición, toda el agua que ha estado cayendo sobre la tierra estará cayendo sobre ella ahora. Por lo tanto, no hay mucho que puedan hacer ustedes, pobres e insignificantes caballeros. La vida de Atena, tiene las horas contadas.
-¡Eso no es posible!
-Tranquilo Seiya. ¡Tiene que haber una solución! ¿Dónde está ella ahora?
-La diosa Atena se encuentra en estos momentos en el Pilar Principal del templo, el cual está ubicado detrás del trono real de nuestro señor. Una vez que todo el contenido del pilar esté lleno de agua, la vida de Atena habrá terminado.
-Shun, debemos de llegar a ese pilar cuanto antes. ¡No tenemos mucho tiempo!
-Qué tonterías dices Pegaso. El llegar al pilar principal no será algo fácil.
-¿Cómo?
-En efecto. Para llegar al pilar principal deberán atravesar primero los siete pilares que sostienen dicho pilar. Éstos son: Pilar del Pacífico Norte, Pilar del Pacífico Sur, Pilar del Atlántico Norte, Pilar del Atlántico Sur, Pilar del océano Índico y Pilar del océano Ártico. Cada pilar está resguardado por un general, así que para poder llegar al pilar principal deberán de derribar los siete pilares primero, ya que en ellos están los cimientos de este pilar. Esa misión no será nada fácil, ya que los siete generales somos guerreros poderosos y estamos más que listos para mandarlos al otro mundo. Bueno, ya terminé mi trabajo aquí, así que regreso a mi pilar. Pero antes...
En eso, dragón marino hizo uso de una de sus técnicas y nos mandó muy lejos, dejándonos algo malheridos. Aprovechando esa ocasión, Thetis quiso atacarnos, pero dragón marino la detuvo, diciéndole:
-Déjalos, para ellos tengo reservada otra sorpresa. Tú regresa a tu lugar y vigila que nadie más ingrese a los siete pilares.
-De acuerdo.
Entonces varios caballeros salieron de la nada y empezaron a atacarnos, ante lo cual tuvimos que huir. Mientras tanto Thetis regresó al lugar en donde la encontramos por primera vez, vigilando que nadie más osara acercarse a esos dominios.
Y con todo esto comenzaba una nueva batalla: La batalla de los siete pilares. Una vez más la vida de Saori estaba en peligro y nosotros teníamos que hacer hasta lo imposible por evitarlo, arriesgando nuestras vidas si así se requería. Felizmente contamos con la ayuda de los caballeros dorados, principalmente del anciano maestro, el caballero de Libra, y gracias a ellos todo salió bien. Una vez más, nuestro objetivo había sido alcanzado.
Templo de Poseidón, final de la batalla
-Al fin en mis brazos, mi amor.
Vistiendo la armadura de Sagitario, tenía en mis brazos al amor de mi vida. Aunque estaba inconsciente, podía percibir perfectamente que estaba viva, lo cual me llenaba de una inmensa alegría. Todos estábamos reunidos ahí, al pie del pilar principal y estábamos muy felices al saber que Atena, mi amor, estaba con vida. Si bien es cierto que estábamos todos muy malheridos, no por eso teníamos que ocultar la felicidad que nos producía el saber que habíamos logrado una vez más nuestro objetivo. En eso, Saori despertó y muy alegremente, le dije.
-Descuida mi amor, ya todo acabó.
-Qué... que bueno...
Después de un rato pudo incorporarse y todos juntos salimos del templo, que ya empezaba a derrumbarse tras haber derribado el pilar principal. Estaba muy feliz, todo había acabado.
Asgard, dos días después
-¿Cómo te sientes?
-Me siento mucho mejor.
-Me alegro mucho de saber eso.
Estábamos sentados en una de las colinas que rodeaban el palacio. Habíamos salido con una excusa y aprovechamos esa soledad para poder estar más cerca el uno del otro. Después de las dos batallas que habíamos experimentado, no habíamos tenido mucho tiempo para nosotros y necesitábamos recuperar todo ese tiempo perdido. Así que decidimos pasear por los alrededores y alejarnos, por un momento de todo y de todos.
-Que bien se siente estar así.
-Tienes razón. Después de todo lo que hemos pasado necesitábamos esto.
-Sí, el estar con Seiya todo el tiempo ya se me estaba haciendo aburrido.
-No digas eso. A pesar de todo él te ama.
-Pero yo te amo a ti, y eso es todo lo que me importa.
-Mi amor...
Después de eso comenzamos a besarnos y a correr juntos por las colinas, tomados de la mano, riéndonos y disfrutando de ese gran momento. Nos deteníamos en cada árbol que encontrábamos y nos dábamos un gran beso, volviendo a correr después de eso. Sinceramente habíamos estado esperando por esos momentos por mucho tiempo y era gratificante saber que ese momento había llegado. Estábamos tan felices que no pensábamos en nada más, solo en nosotros, que era lo único que nos importaba. Nos desconectamos tanto de la realidad que, no nos dimos cuenta, que una persona nos observaba, algo alejada de nosotros, entre unos árboles.
-Estos dos, esta vez, han llegado demasiado lejos – pensó.
Ignorantes de esto, nosotros seguimos con lo nuestro, disfrutando de la naturaleza y del gran amor que nos embargaba. Estábamos solos, y necesitábamos aprovechar de estos momentos al máximo, con toda la intensidad del mundo. Nada ni nadie nos iría a separar, nunca más. Habíamos pasado por momentos difíciles, eso es cierto, pero a la vez esos momentos nos servían para comprender, cada vez más, que nuestro amor era cada día más indestructible, que nunca acabaría y seguiría vivo, por siempre.
