Un poco más al este de eso, Prusia sube las escaleras hasta alcanzar a Alemania. Alemania que de un golpe seco de puño le abre un boquete a la puerta de su cuarto.
—West... —le llama Prusia.
No le responde. Alemania mira el cuarto y suspira al ver las cosas rotas, la cama acuchillada, las fotos rotas y la comoda es lo que tiró por la ventana.
Se le rompe un poco más el corazón con las fotos rotas y la cama acuchillada, la verdad... Mira todo sin moverse casi por unos largos segundos. Prusia mira también y traga saliva pensando que... joder con Veneciano.
Alemania suspira porque además el juego de cama lo había comprado con Veneciano recientemente y le gustaba. Se agacha a recoger algunas cosas del suelo y media foto.
—Quieres que... hum... porque no... Bajamos por unas cervezas y... luego subiré a recoger yo todo esto, ¿quieres?
No dice nada pasándole un dedo en la cara al Veneciano de la foto.
—Verdammt —susurra poniendo la foto sobre la cama. Prusia cambia el peso de pie sin saber qué hacer, mirándole.
—Voy a recoger esto yo, al menos —susurra con voz plana y suave. Contenida.
—Te ayudaré.
Asiente sin decir más agachandose al suelo para recoger otras cosas. Prusia lo hace también.
—Quizás deberías dormir hoy en mi cuarto...
—Si llega alguien más, bitte, ve tu a atenderles.
—Ungarn está en ello, ella es awesome y... —traga saliva decidiendo que quizás no es un buen momento.
Alemania toma uno de sus relojes del suelo que tiene la carátula rota. Bufa un poco sin poder creer que de haya metido en tanto lío tan fácilmente y piensa por un momento en todas las cosas que debió haber hecho esta última semana si era la última.
—¿Qué ha pasado?
—No estoy seguro. Estaba celoso... Dijo que quería más a Österreich que a él.
—¿Quieres más al señorito que a él? —levanta las cejas.
—Claro que no quiero más a Österreich que a él, verdammt —protesta lanzando el reloj a la cama.
—¿Y por qué lo piensa?
—No lo sé. ¿Porque pagué las malditas argollas? Dice que voy a pagar toda la boda. No entiendo nada, simplemente no le dije de la estúpida boda.
—¿Tú lo sabías y no me dijiste? —Prusia, hijo mío, no es el momento... Alemania debe CONGELAR a Prusia con la mirada—. Pues es que... —protesta bajito.
Alemania e enseña un poco los dientes. Prusia gira la cara con los mofletes hinchaditos, recogiendo en silencio.
—A saber lo que voy a tener que hacer para que vuelva... Si es que vuelve. De hecho no va a volver, va a conseguirse a alguien...
Prusia le mira de reojo.
—Anda ya, ¿a quién iba a conseguirse más awesome que tú?
—A cualquiera. ¿Cuánto crees que se tarde? Seguro ahora mismo ya tiene a alguien más.
—Cualquiera no es más awesome que tú...
A Alemania se le arruga un poco el corazón pensando en lo que ha dicho, de no casarse con él ni en otros mil años.
—Lo he dado por sentado, no pensé que pudiera irse. Debí detenerle —murmura.
—Te echará de menos y volverá en unos días, nosotros somos awesomes.
—¿Y si no vuelve? —pregunta suavecito después de pensárselo un poco, mirándole de reojo.
—Claro que va a volver, seguro pidiendo disculpas, arrastrándose... —frente a la raza superior, claro. El problema es que Alemania siempre piensa eso y al final siempre termina ÉL arrastrándose y suplicando. Pero eso era posible cuando estaba en casa, si se iba...
—Ja. Vamos a ver. Pero si rompió las fotos y apuñalo la cama... Y se llevó su ropa.
—Eso es por que es un latino dramático, ya te lo ha dicho siempre Vati.
—Pero es que dijo cosas. Y se fue. Nunca se había ido así —se sienta en la cama con el pedazo de foto en las manos.
—También se ha llevado parte de tu ropa —no lo creo, pero el armario parece realmente vacío.
—¿De la mía? —levanta la cara y mira hacia el armario... Ahí están sus cinco trajes. Quizás alguno tirado en el suelo.
—Da igual, se llevó todo. Dijo que iría con Rom a vivir. Con las chicas que hay ahí y vater...
—W-Was?
—Es Rom al final. ¿Dime a qué va a volver aquí?
—P-Pero... pero Rom es para él como... es... como para Frankreich y Spanien, nein? Como Vati o algo así.
—Ja. Rom. ¿Y los otros? ¿Y Vater? ¿Y si tiene algo con ÉL? —Alemania VERDE.
—Pero Vati es como... Rom no va a dejar... ¿o sí? —no está nada seguro—. Tú no eres como él, además.
—Él me DIJO que iba a irse con alguien más. Que conseguiría a alguien así —chasquea los dedos.
—Pues si él se tira a Vati tú te vas con R... —empieza y no acaba al darse cuenta que no quiere que Alemania se tire a Roma y él no—. Alguien más también.
—Nein. No quiero ir con alguien más. Quiero ir con Italien. ¡No entiendo, Verdammt, que hago metido en este maldito lío!
—Ya le superarás, no era tan awesome.
Alemania le mira desconsolado.
—Vamos abajo —pide levantándose de la cama, serio y ecuánime, guardándose la foto en el bolsillo.
—¿Estás seguro? Van a venir todos y... seguro el señorito pregunta.
—Más va a preguntar si tampoco estoy yo —sentencia—. Además hay que seguir.
Sí, Alemania poniendo un alto a su drama. Se acerca a la ventana y se asoma a ver cómo está lo tirado.
—Habría que... sacar eso de ahí. ¿Quieres meterlo al garaje?
El alemán traga saliva porque aún para un témpano de hielo como es él, este drama es triste y angustiante.
—Ja —murmura asintiendo y cerrando la ventana.
—Debe haber espacio donde... el ferrari. Aun creo que no deberías dormir en este cuarto.
—Ja. Hay espacio donde el Ferrari —aprieta los ojos con esto sintiendo una punzadita en el estómago. Mira la cama APUÑALADA y la sensación de horror se le acrecienta—. D-Dormiré en la sala.
—Tal vez... no sé si Vati vaya a quedarse, si no, puedes dormir en mi cuarto... —y yo dramáticamente dormiré con Hungría con todo el esfuerzo y pesar de mi corazón.
—Ya decidiremos —asiente levemente y le mira un instante más, de nuevo plano y frío. Distante.
—Mmm... —mira alrededor del cuarto y carraspea.
—Vamos abajo —murmura Alemania yendo a la puerta y tratando a toda costa de no pensar en NADA y fallando miserablemente. No debía haberle dejado ir. Debía haberle detenido como fuera.
Suena el telefono de Alemania y lo saca nervioso, deseando por favor por favor por favor que sea Veneciano.
"Vater"
Suspira y esta tentado a pasárselo directamente a Prusia o a estrellarlo contra la pared.
—Hallo —se lo lleva al oído.
—Guten morguen, Herr Beilsmichtd. Soy la doctora Von Klauss, desde el hospital Charité. Tenemos ingresado al propietario del teléfono desde el que llamo. Es un muchacho rubio que dice ser su padre.
Alemania parpadea dos veces.
—¿Ingresado? ¿Qué ha pasado?
—Ha sufrido un accidente en la autopista, ha embestido contra otro coche cerca de la entrada sur de la ciudad. Está consciente, pero sufre algunas magulladuras y contusiones, le tenemos en observación.
Alemania traga saliva con eso aunque le tranquiliza saber que no tiene nada grave.
—¿Venía con alguien más?
—Nein.
—Hospital Charité. ¿Emergencias?
—Ja.
—Voy para allá —responde asintiendo y girándose a mirar a Prusia que le mira un poco nervioso desde que ha oído "hospital"
—Vater tuvo un accidente en la salida sur a la autopista. Está consciente aunque tiene algunos golpes. Venía sólo conduciendo. Está en el Hospital Charité —resume.
—W-Was?
—Vamos —le hace un gesto con la mano yendo a las escaleras pensando que el día de hoy NO PUEDE IR PEOR.
Prusia se va detrás de él agobiado. Y al pasar por la sala, se acerca a Hungría para contarles lo que ha pasado y que se van a buscarle. Hungría se asusta también pidiéndole que le avisen en cuanto sepan algo. Galia se levanta en vilo, acercándose a Prusia.
—Pero... ¿pero está bien?
—Ja, está consciente pero tiene algunos golpes.
—¿Y Rome? Venian los dos.
—Was? No han dicho nada de Rom —se gira a mirar a Alemania.
—A mi me han dicho que venía sólo —niega Alemania con la cabeza
—Non! Venían los dos, ¿verdad? —le pregunta Galia a Gales—. Voy con vosotros.
—Vamos —decide Gales asintiendo y levantándose también.
—Por qué no le hablan a Roma mientras vamos yendo —propone Hungría poniéndose también en pie —. Y a Ausztria y a Sjvac.
—Pero... ¿vamos todos? —Prusia parpadea.
—Ehh... —Hungría vacila con ese comentario.
—Preussen —le llama Alemania impaciente porque quiere irse ya en vez de discutir quien va o no.
—Mejor vamos West y yo, vosotros quedaos aquí —les pide a los tres.
—Pero... —salta Galia, que está preocupada.
—Que vayan ellos dos, my love —Gales le pone una mano en el hombro a Galia —. Nos llamarán cuando sepan algo
—Pero Germania y Rome... —Galia mira a Gales apenada. Gales la mira.
—¿Segura que quieres ir?
Alemania rechina los dientes con paciencia de menos cuatro el día de hoy. Vuelve a mirar a Prusia... es que Gales, es que quiere mucho a Germania y le preocupa.
—Ungarn. ¿Puedes tu llamar a Österreich y a Schweiz y decirles? Les hablaremos desde el hospital cuando le veamos —pide Alemania a Hungría y se acerca a Galia—. ¿Vienes o no?
Ella vuelve a mirar a Gales para que le dé permiso. Gales hace una pequeña mueca, pero asiente dadas las circunstancias.
—Avísame si necesitas algo.
Asiente y se va con Prusia no sin antes darle un beso rápido a Gales para crispar del todo a Alemania y su prisa.
Así que ahí se van a garage donde Alemania siente otra vez el desconsuelo de la ausencia de Veneciano, pero el tener algo urgente que hacer y de lo cual preocuparse ayudan a que se enfoque en lo importante y útil. Le lanza las llaves del coche a Prusia acordándose de algo.
—Voy por los papeles del seguro de Vater —explica el señor organización echando a correr a su despacho —. Te veo afuera en el coche.
Prusia las toma abriendo el coche y asiente. Galia que va tras el albino, trastea con su telefono para conseguir contactar con Roma.
Quizás suena el teléfono de Egipto o de... El rector.
Finalmente el ordenado Alemania tarda exactamente veinte segundos en encontrar los papeles, así que dos minutos más tarde ya van rumbo al hospital.
Y se cruzan con el coche de Suiza al salir por la puerta. Suiza les mira salir casi rechinando llantas bastante extrañado y mira a Austria de reojo.
—Esos son Deutschland y Preussen, ¿no?
—Diría que sí —se gira a mirar la matricula del coche y frunce el ceño.
Y llámenlo instinto femenino de tu ex mujer, pero Hungría, que estaba a punto de marcar el teléfono de Suiza, sale a la puerta y les ve.
Les saluda y se acerca al coche mucho menos sonriente de lo que se esperaría, dadas las circunstancias.
Austria sale del coche levantando las cejas y aun buscando el coche que acaba de irse. Se vuelve a ella.
—Hola —le mira con cara de circunstancias —. Hablaron del hospital. Hubo un accidente en la autopista con tu padre, parece estar bien.
Austria levanta las cejas tomado completamente por sorpresa
—Was? —pregunta Suiza que se ha bajado a la mitad de la explicación
—Pero... —vacila Austria.
—Hubo un accidente de coche con su padre. Preussen me dijo que estaba consciente —vuelve a explicar —. Por teléfono les dijeron que estaba sólo, pero Galia dijo que vendría con Rom. Fueron ellos tres al hospital.
—Oh. Oh, cielos —mira a Suiza de reojo, quien parpadea y suelta el aire, palideciendo un poco, preocupado.
—Gott. ¿Accidente en dónde? ¿Qué tan fuerte?
Hungría le mira y niega encogiendose de hombros porque realmente no lo sabe.
—Fue muy rápido todo, Porozsorzsag vino a decirnos y al minuto siguiente ya estaban en el coche. No se siquiera si ellos lo sepan.
—Vamos, vamos dentro y ahora les llamamos —propone Austria.
Suiza asiente y cierra el coche. Mente fría y ordenada germana. Hungría asiente también yendo hacia adentro delante de ellos.
Unos minutos más tarde, Alemania, Prusia y Galia entran por urgencias. Alemania se acerca al mostrador para preguntar por su padre.
Galia tremendamente agobiada porque además Roma no le responde al teléfono (si acaso ha conseguido llamarle)
Después de alegar un poco sobre su padre, porque además Germania esta asustado y no especialmente cooperador, consiguen averiguar que si está en uno de los cubículos de adentro... Sólo que por ahora sólo pueden pasar un familiar.
—Pero cómo va a pasar solo uno, soy su esposa y ellos son sus hijos, estamos todos muy preocupados —Galia NO se corta. El problema es que tanto Alemania como Prusia parecen mayores que ella y Germania, aunque el estilo de ella de los años cincuenta ayuda mucho.
Alemania levanta una ceja con eso, pero no discute... De hecho asiente con seriedad.
La enfermera, una señorona alemana cuadrada, niega con la cabeza, aunque les mira un poco extrañada porque habitualmente la gente hace lo que les ordena en vez de alegarle.
—Si'l vous plait, no haremos ruído —suplica ella.
La mujer les mira, y... Es que la verdad Germania esta en un cuarto, no tiene nada TAN serio y no hay TANTA gente. Y joder con Galia que se ve tan tan tremendamente agobiada.
—Sólo un momento, después les pediré que se salgan los demás —concede levantándose y haciendo sonar el botón que les permite abrir la puerta de urgencias. Les guía hasta el cuarto donde esta Germania.
—Mon amour! —Galia se le echa a los brazos a Germania dándole un efusivo beso. Él está, cosa bastante rara, recostado en la cama. Le han dado un suave tranquilizante porque le ha roto la cara al que intentaba acomodarle el brazo... Y como este es un bruto y un bestia no han conseguido tumbarlo del todo, sólo le han dejado un poco más suave.
Germania levanta las cejas devolviéndole el beso con la misma efusividad, pensando que de todo lo que ha pasado esto ya le va bien.
—¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? ¿Dónde está Rome? —pregunta al separarse, quedándose sentada en su cama. Alemania mira a Prusia de reojo relajandose al ver que su padre está lo suficientemente bien como para besar a alguien.
—Nos dimos un muy fuerte golpe. Tengo el hombro mal... —sale un poco de su aura y subidiotez entre la droga que le dieron y, ejem, el beso de Galia, mirando a Prusia y a Alemania ahí. Cuando nota a Alemania se intenta sentar, acordándose y prepcupandose de nuevo—. ¡Nein! Espera... Rom. Rom y Veneciano.
Alemania parpadea con la mención de Veneciano y se le baja otra vez el estómago, pensando que Veneciano le habló a Roma o algo así. Germania se lleva una mano a la cabeza porque el mundo le da vueltas de repente.
—¿Dónde están Rom y Veneciano? ¿No los han visto aún?
—Calma, calma —Galia le acaricia la cabeza. Germania niega con la cabeza porque además se siente tremendamente torpe.
—Nein. Deutschland! —le riñe por reñir a alguien o a algo—. ¡Veneciano!
Alemania mira a Prusia de reojo porque no entiende que viene al caso Veneciano ahí. Prusia se acerca a Germania.
—¿Qué pasa con Veneciano, Vati?
—¡El coche ROJO de Veneciano! —insiste reviviendo a Roma gritando y todo el asunto. Y no sabe ahora ni donde están. Mira a Prusia—. Nos estrellamos con él.
—Was? —Prusia levanta las cejas quedándose paralizado y mira a Alemania. Galia parpadea sin dejar de tocar a Germania, sentada en su cama.
—Estaba en el suelo. Vino la cosa esa con las luces del techo—sigue Germania.
—Pero... ¿están en otro cuarto? No nos han dicho —pregunta Galia preocupada. Alemania esta absolutamente petrificado por un par de segundos, recordando demasiado bien al coche de Veneciano salir a toda velocidad del estacionamiento. Dios mío. Veneciano.
—No lo sé... No lo sé. Estaban en la calle —Germania se pasa la mano por la cara porque no sabe en que punto les perdió.
—Bueno, calma, aquí hay muchas personas, seguro que están bien. Trataré de volver a llamar a Rome —propone Galia. Alemania tiembla un poco, mira a Prusia, traga saliva y sale por la puerta del cuarto dirigiéndose al mostrador. Prusia mira a su padre y a Galia.
—Ahora venimos por vosotros —asegura saliendo por la puerta detrás de su hermano.
Germania asiente preocupado. Alemania esta más o menos del color de Prusia cuando pregunta a la misma mujer que les llevó por Feliciano Vargas. La mujer niega con la cabeza y busca en los registros, pero no ha ingresado ningún Vargas.
Alemania respira y mira fijamente a la mujer, explicándole que con su padre deben haber ingresado a alguien más. Un chico moreno, que iba en el Ferrari rojo con el que se estrellaron.
—Nein, nein, solo ha venido él.
Alemania toma aire y le señala el teléfono.
—Llame y busque a Feliciano Vargas en urgencias de cualquier otro hospital en Berlín.
—Was? Como voy a llamar a todos los Hospitales de la ciudad, tengo mucho trabajo.
Alemania se humedece los labios frunciendo el ceño
—Si mi padre se accidentó con alguien, deben haber enviado a ese alguien a otro hospital —razona en voz alta —. ¿Tiene una lista de teléfono de los demás hospitales?
—Pues la verdad es que no, seguro puede llamarle, me parece que no ha habido heridos graves.
—Llamarle —repite sacando el teléfono y temblando un poco, sin creer que no haya heridos graves, conociendo a Veneciano y su Ferrari. Toma aire y le llama cerrando los ojos, con las manos súper temblorosas. Pero Venecioma, porque han tardado treinta segundos desde que les han dejado solos en el box en hacerse solo uno. Roma se ha arrancado sus cables y cosas para ir a hacerse bolita abrazando a Veneciano, no hacen caso a ningún telefono.
Alemania aprieta los ojos y vuelve a marcar, agobiado y sin saber que hacer.
—Llama pero no contesta —murmura con voz grave girándose a Prusia, que le mira y se pasa una mano por el pelo sin saber qué decirle.
—Bitte, intenta con Rom. ¿Qué hago? ¿Llamo a todos los hospitales?
—La... ella dice que no ha habido heridos graves...
—Ja... Pero si vater esta aquí, el seguro también está de menos en revisión. ¿No? No sé siquiera dónde chocaron —suspira y piensa en algo más, se acerca a la enfermera —. ¿Sabe donde fue el choque? Algún policía debió atenderlo.
—En la autopista, en la salida sur.
Alemania suspira deseando que eso le sea de alguna utilidad, imaginando que alguien debe haberse llevado el bonito coche de veneciano a algún sitio y que tarde o temprano les llamarán para arreglarlo. A estas alturas le parecería más fácil encontrar al coche que a Veneciano, que si está consciente, quizás incluso se haga llamar de otra manera. Eso le da una última idea, con una minúscula esperanza...
Se busca en el bolsillo del pantalón y saca la media foto de Veneciano.
—¿Segura que no vino aquí?—le pregunta a la enfermera mostrándosela pensando que es idiota, porque su padre ha dicho de la ambulancia.
Ella le mira a los ojos. Alemania vacila pensando que ella esta pensando que es idiota también. Deja de mostrarle la foto.
—Ja. Ja. Ya me ha dicho que no vinieron aquí —murmura dándole los papeles del seguro de Germania—. Tenga. Son los papeles de mein vater.
—Miriam, ¿que pasó con los otros del accidente? —pregunta a la otra recepcionista.
—Están en otro hospital —responde Miriam. Alemania parpadea con eso. Gracias mujer por la cooperación.
—¿Cuál OTRO hospital?—pregunta Alemania mirando hacia Miriam.
—No me han dicho...
—Bueno. Danke —asiente igual pensando que eso es un avance, se gira con Prusia, que le mira.
—¿Quieres que les busquemos?
—Ja —sin un pelo de duda—. No hay TANTAS opciones.
—Nos las dividiremos.
Alemania asiente agradecido tirando de Prusia para volver al cuarto con su padre y Galia y ponerse de acuerdo con él, pensando en los hospitales grandes en donde puede haberles llevado. Joder, no podía ser tan complicado siempre y cuando les mantuvieran en el hospital. Quizás podrían hablar mientras tanto, o ir en coche y sólo bajarse corriendo en cada uno.
Es que vas muuuuy rápido, Alemania. ¡Pues es que quiere encontrarlo Yaaaaa! ¡Ahora!
Así que ahí va de nuevo al cuarto, agobiado y nervioso, queriendo hacer ALGO, lo que sea, y Prusia detrás. Entra frunciendo un poco el ceño dirigiéndose a su padre, frustrado e histérico.
Galia sigue sentada en la cama con él trasteando con él teléfono.
—Están, creen, en otro hospital —anuncia Alemania empezando a tener un dolor de cabeza MONUMENTAL.
—¿Por qué iban a ir a otro Hospital?—pregunta Galia.
—Eso mismo me ENCANTARÍA saberlo, Vater. ¿Cómo es que... Cómo es que no fuiste con ellos? ¿Cómo es que simplemente te trajeron a ti aquí y te dio igual donde estaban ellos dos? —le reclama a Germania, que le mira y parpadea, porque hombre, con trabajos sabe como llego aquí. De hecho, no sabe como llegó aquí.
—Tranquilo, no seas tan duro, está enfermo —Galia abraza a Germania.
—¡Pero está entero! Verdammt! —protesta Alemania apretando los ojos y los dientes y llevándose una mano a la cara, pellizcándose el puente de la nariz. Prusia traga saliva mirando a Alemania sin saber que hacer.
Alemania respira tres veces tratando de calmarse para no lanzar algo por los aires o asesinar a alguien. Saca otra vez su teléfono y llama a su casa sentándose en una de las sillas del pequeño cubículo donde esta Germania y tratando de pensar en orden en vez de correr como gallina sin cabeza.
Entretanto, en otro hospital del Berlin Roma le susurra a Veneciano cosas al oído y lo acaricia. Las enfermeras le han reñido por salirse de la cama y quien sabe cuantas cosas más, pero cuando le han visto la cara de POR LAS MALAS han decidido no seguir insistiendo. Aun así, sin soltar a su pequeño, le ha pedido que le deje llamar a alguien para que les recoja... tras hacerle prometer que NO llamaría a Alemania, Roma marca el telefono de la única persona en el mundo en la que confía para problemas GRAVES.
*todos a la espera de saber qué teléfono va a sonar*
El de Helena, por supuesto.
Eso nos alegaba ella. Helena... Helena. A saber que demonios estará haciendo. Creo que está estudiando algo y se tarda en contestar más de lo que todos quisiéramos pero al final cuando ve quien es, le contesta.
—Ave, amor mío... —saluda con la voz blandita.
—¿Sabías que dos átomos comparten uno o más pares electrónicos en un nuevo tipo de orbital, denominado orbital molecular?
—Non... —sonríe un poquito y abraza más a Veneciano que solloza.
—¿Cómo estas?
—Bien... un poco magullado, pero sobrevivo. Hemos tenido un accidente terrible cuando ibamos a ver a los hijos de Germaniae. Hemos chocado con el coche de Veneciano que iba en dirección contraria y necesitamos que vengas a recogernos y nos lleves a casa.
Helena parpadea.
—Un accidente de coche. ¿Y están bien? ¿Que les ha pasado? ¿Como está Germania? ¿Dónde estás? ¿Y Veneciano?
—Estamos... bien. Digamos que el accidente de coche ha sido el menor de los problemas. Germaniae está bien, se tenía en pie cuando le he dejado que se lo llevaran, estamos en Berlín.
Helena le escucha atentamente.
—¿Qué más ha pasado?
—Veneciano tiene el corazón roto y no quiere ver a Germaniae hijo.
—Oh. Eso explica muchas cosas —asiente con pesar—. Entonces estás en Berlín, no estás con Germania, ni vas a ver a sus hijos ni quieres que nadie se entere. ¿Sabes decirme en donde? ¿No crees que estarán preocupados?
—Que se preocupen un poco es lo que queremos —vuelve a apapachar a Veneciano y suspira porque tampoco quiere que se preocupen demasiado—. Creo que basta con que no nos encuentren.
Helena suspira y asiente.
—Dale un beso a Veneciano de mi parte.
—¿Vienes?
—¿A donde no iría por ti, mi vida? Vas a tener que explicarme cómo llegar. ¿Quieres que les lleve algo?
—Ropa limpia. Soy incapaz de pronunciar el nombre del hospital en el que estamos... —se queda callado y Veneciano le susurra algo—. Dice mi niño que él te lo escribe ahora. No vengas en coche, por favor.
—¿Avión?
—Sic, mejor. Tienes mi tarjeta, ¿verdad?
—Si, si. Aquí la tengo. Iré ahora mismo al aeropuerto y cuando sepa en qué horario salgo hacia allá te llamo.
—Eres un cielo, te quiero muchísimo —asegura sinceramente. Ella sonríe también.
—Yo también lo hago. Te mando un beso a ti y uno doble para Veneciano. Nos vemos en un rato más.
—Gracias —se nota en la voz que sonríe.
Helena corta la comunicación y deja completamente todo lo que este haciendo. Sólo le habla a Egipto para decirle que no podrá llevarla a cenar esta noche como había quedado aprovechando que todos están fuera.
Y se sigue mascando la tragediaaaaa.
Suiza dice que vale, que si que el no quería que les hicieran caso y tener que decírselo a todo el mundo, pero esto se sale de sus expectativas.
No creas que Egipto no se "alegra". Helena dice que se lo compensara en la cama.
En cualquier caso, Austria es quien responde el telefono cuando llama Alemania. Para que le sigamos diciendo que no hace nada.
—Österreich —no vamos a negar que Alemania se tranquiliza un poco al oírle, porque Austria habitualmente sabe que hacer en todas las situaciones... Y en especial, sabe leer a Veneciano.
—Deutschland. ¿Y Vater?
—Está aquí. Está bien. Con quien chocaron fue con Veneciano y no le han traído ni a él ni a Rom a este hospital. No se en cual están ni si están bien. Aunque la enfermera dice que no hubo heridos graves.
—Was? ¿Que chocaron con Veneciano? —casi se le detiene el corazón.
—Ja. En el Ferrari. Iba corriendo —susurra y las toneladas de culpabilidad le aplastan. Se tapa los ojos con una mano —. No se donde está, se que está en otro hospital.
—¿Por qué está en otro hospital? —frunce el ceño.
—No lo sé Nadie me sabe decir. Tampoco me contesta el teléfono porque...
—Traed a Vater a casa —le corta en una orden.
—Pero Italien, Österreich.
—Voy a encontrarlo. Tú haz lo que te digo —le cuelga. Alemania suelta el aire un poco más tranquilo y levanta la cara mirando a Prusia, quien le mira cuando lo nota.
—Österreich... Dice que va a encontrarlo —le muestra el teléfono sin estar muy convencido de como en realidad, pero con la mente clara con una cosa—. Hay que conseguir el alta de Vater y llevarle a casa.
—¿Cómo va a encontrarle? —pregunta Prusia frunciendo el ceño, sin que le guste un pelo que aparezca Austria el salvador.
—Asumo que va a hablar a los hospitales, que es justo lo que pretendía pedirle a Ungarn. Ahora hay que sacar a vater de aquí para ir por Italien en cuanto le encontremo.s
Prusia tuerce el morro pero hace un gesto para ir a agobiar a alguien a base de burocracia, cosa en la que los alemanes son expertos y Alemania de hecho no podría estar más errado. Austria ha dicho "encontrar", no "buscar" y solo hay una persona que sea sinónimo de eso.
—Römer? —pregunta cuando descuelga el teléfono.
—Ah... Austria.
—Necesito encontrar algo —Alguien, Austria. Alguien.
—Ah ¿si?
—El hospital donde están Rom y tu bruder. Han tenido un accidente de coche.
—Che. Cosa?!
—Römer, cada segundo cuenta, presta atención —protesta nervioso y decide no decirle que están bien porque eso da presteza a su busqueda—. Confío en que sabrás encontrarle. Tiene que estar en Berlín.
Romano escucha el final de la instrucción y cuando termina de decir Berlín, cuelga.
Austria asiente conforme con eso mirando a Hungría y Suiza con cara de circunstancias.
Hungría, que acaba de volver con el café y es Suiza el que le ha explicado que Veneciano está herido y perdido, mira a Austria realmente preocupada. Él le asegura que confía PLENAMENTE en Romano para esa tarea.
Hungría vacila un poco en especial mirando a Gales de reojo, que no tiene IDEA de como es que acabo ahí y está intentando molestarles lo menos posible pero finalmente, dadas las circunstancias, le cuenta a Austria... Y a Suiza ya que esta ahí y ahora es parte de la familia, que Alemania y Veneciano pelearon horriblemente.
Mientras tanto, lo primero que hace Romano, antes de mover a la mafia italiana y poner al mundo de cabeza, es llamarle a Veneciano. La mejor idea del mundo. Roma nota quien es y le susurra a Veneciano que debe haberse enterado ya y debe estar preocupado. El pequeño italiano asiente.
—Ave, mi vida...
—¡NINGÚN AVE! ¡¿DONDE ESTÁ?! ¡¿CÓMO ESTÁ?!
—Está aquí conmigo, calma, estamos bien. Nada más un poco tristes. Esta noche vamos para allá. ¿Estás en casa?
—¿CÓMO QUE ESTÁ BIEN? ¿NO ESTÁ MUERTO? ¿HERIDO? FRATELLOOOOO.
—Non, non, no ha pasado nada, calma, mi vida. Los coches son muy seguros y buenos, ¿verdad que sí? —le acaricia el pelo a Veneciano—. Mi niño, tiene la nariz un poco llena de mocos ahora para hablar contigo, espera —Roma se estira buscando un pañuelo o algo por ahí.
—PÁSAME A MI FRATELLO AHORA MISMO, ME DA LO MISMO QUE ESTE NADANDO EN UNA TINA DE MOCOS.
Romano debe oir nada más como se limpia la nariz y Roma insiste en que se ponga.
—¿Si? —susurra Veneciano.
—AUSTRIAMEDIJOQIEHABIASMUERTOYESTABASDESPEDAZADOYCARBONIZADO!
—No le digas dónde estoy —pide, aprieta los ojos y ya le parece bien que piense eso.
—¿Estás bien? —sigue gritando histérico, pero me he cansado de escribir en mayúsculas—. ¿Qué ha pasado?
—No. He dejado a Germania.
Romano parpadea porque el sigue pensando en hospitales y sierras eléctricas y cosas horribles.
—Che cosa?
—Le he dejado, fratello, le he roto la cama y su ropa y me he ido y... —vuelve a llorar contra el pecho de Roma.
—¿Pero por qué? ¿Qué te hizo el maldito desgraciado?
Lo siguiente que se oyen son unos cuantos balbuceos incomprensibles sobre que quiere acostarse con Roma y con Austria y que no le quiere. Balbuceos que entiende bastante bien Romano, frunciendo el ceño.
—¡Voy a MATARLO!
—N... —por lo general diría que no rotundo, pero no le molesta que tenga un buen encontronazo con algunos muchachos armados de la cosa nostra.
—Austria fue quien me hablo y me dijo que habías muerto. ¿Qué le digo a él? ¿A dónde vas a ir ahora? ¿Dónde estas? Voy para allá.
—Helena viene a buscarnos y nos lleva para Roma. No quiero que Austria ni Germania sepan dónde estoy ni vengan por mí. Austria es un figlio de puttana, quiere resolver sus temas pendientes con Germania antes de la boda y hasta le dijo de casarse con él antes que con Svizzera. Y Germania que es IDIOTA no quiso decirle que no, porque total, ¿a quien le importan mis sentimientos? Fratello, ha estado fuera casi toda la semana y con la escusa del padrino... estoy seguro que están teniendo una aventura antes de que Austria se case del todo —otro que no es peliculero ni poco—. ¡No quiero volver a verle nunca!
—¡Una aventura! —es que ni siquiera, obvio, se lo había planteado —. Stronzo di merda! Voy a hacer que se arrepientan los DOS.
Veneciano solloza un poco.
Por un instante, Romanito piensa racionalmente en que es Austria y es Alemania, y en que esto es absurdo... Y le viene con demasiada facilidad a la cabeza esa imagen milenaria de que este es AUSTRIA, el cabrón roba hombres que le robó a España. Pierde toda objetividad de nuevo.
—¡Bastardo! Dímelo, pídemelo fratello y sabes bien que NO volverás a ver JAMÁS a ese macho patatas di merda fiyo della gran mignotta —amenaza súper apasionado y creo que hasta Alemania siente un escalofrío.
Veneciano llora otra vez porque... en realidad tiene el corazón dividido. Quiere que le haga daño, pero no quiere y eso es justo para lo que sirve Romano.
—Io... —lloriquea y le pasa el telefono a Roma.
—Lo merecerían, los dos. ¡Una muerte lenta y HORRIBLE!
—Ehm... ave, Romano —saluda Roma.
—¡Agh! Tú otra vez —saluda arrugando la nariz un poquito.
—Mira, es que Veneciano está un poco sensible para tomar estas decisiones ahora. ¿Por que no vienes hoy a cenar a casa y lo hablamos juntos?
—Nadie esta tomando ninguna decisión, sólo esta pensando en lo que se puede hacer —protesta —. Vale, ya voy para tu casa.
—¿Te traes a mi niña? —se le iluminan los ojos... lo siento Romano, no puede evitarlo. Romano hace los ojos en blanco y piensa que si lleva a la niña quizás lo distraiga lo bastante como para hablar con Veneciano bien y a solas.
—... Mmm, a ver si quiere ir.
Roma sonríe más, feliz, abrazando a Veneciano.
—Vale... nos vemos luego, a ver si puedo conseguir algo bueno que hacerles de cenar a mis niños. Te quiero mucho.
—Yo a ti no. Cuida a mi fratello
—Por supuesto. Ciao.
—Ciaaao.
¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!
