Es Prusia el que se encarga de todo el desastre administrativo. Eficiente y bastante rápido, consigue que sólo un par de horas más tarde van camino a casa, después del pleito a la salida de urgencias del hospital, porque han sacado a Germania en silla de ruedas con un cabestrillo, completamente indignado de salir de ahí como un inválido. Aún con todo se ha dejado consentir por Galia todo el rato sin protestar y ahora mismo esta un poco recostado en ella esperando que le haga mimitos.

No es como que ella tenga problema en hacerselos en lo absoluto, aprovecha ahora porque luego con Gales ahí olvídate. Aun así, sigue preocupada por Roma. No está pensando en Gales en lo absoluto y aún así sigue pensando en Roma... y en que le dejó ahí sin que pueda entender por qué. Está pensando en Roma porque no sabe si está bien. Gales sí está bien.

Aún así, Germania esta seguro de que en algún otro lugar de Berlín, Roma está bien, haciendo más o menos lo mismo que él que es salir del hospital. Pronto se encontrarán en casa de Alemania de nuevo y Roma podrá explicarle el malentendido y harán esa cosa de la boda de Austria y Suiza.

Alemania ha empezado por hablarle a Austria cada diez minutos exactos para averiguar si ya ha encontrado a Veneciano.

Y Austria ha decidido ignorarlo cada diez minutos tres segundos porque sabe lo que quiere y no sabe nada aun. De todos modos, tras un tiempo prudencial, vuelve a llamar a Romano por noticias.

—¡DE HABER SABIDO ALGO YA TE HUBIERA LLAMADO! —es lo único que escucha en el auricular antes de que le cuelgue.

Austria aprieta los ojos. Suiza se le acerca poniéndole un chocolatito en la mano y sentándose a su lado.

—¿Quieres que hagamos algo para buscarle a la par?

—Si Römer no le encuentra no creo que nosotros podamos hacer nada...

—Nadie puede desaparecer así después de un choque, a menos que...

—No ha muerto.

Suiza parpadea porque no se refería a eso. Sería absurdo que él y Roma hubieran muerto y desaparecido, aunque levanta una ceja ante la posibilidad.

—A menos que quieran desaparecer —termina su propia frase.

—¿Por qué iba a querer desaparecer?

Suiza se encoge de hombros. Austria frunce más el ceño

—Piénsalo, esto no es un desastre natural, es un accidente. No es tan simple confundir a un accidentado, trae cosas encima, ropa, documentos. Debe estar registrado en algún hospital.

—Eso significaría que Romano ya lo ha encontrado y no quiere decirmelo.

No quería decírtelo así...

—No sé. Tu exmu... Ungarn —carraspea—, me ha hecho pensar.

—¿El qué?

Se revuelve porque él no es mucho de teorías raras o suposiciones.

—¿Por la pelea con Deutschland?

—Me parece mucha casualidad que se estrellen Italia y Roma.

—Tal vez Veneciano no quiera que lo encuentren... pero Rom no tiene porque no —deduce.

—Es que si Rom venía con Vater, Österreich. Querría preguntarle a él, pero de verdad es absurdo que Rom se pierda y es también absurdo que no lo lleven al mismo hospital. Ninguna ambulancia hace eso.

—Pues es que Rom tiene que haber venido con Vater, aquí no estaba.

—Precisamente. No acabo de entender por que uno de los DOS pasajeros del coche está y el otro no.

—Esperemos a que Vater nos cuente.

Suiza asiente tomándole de la mano y sonrojándose un poco porque Gales les mira de reojo al no tener mucho más que hacer. Y creo que Austria debe escuchar el coche de Alemania estacionarse en la puerta del garaje.

Austria levanta la cabeza al oírlo. Suiza le mira de reojo y Hungría da un saltito cuando escucha la puerta del garage abrirse.

—Mira, han llegado ya.

Prusia entra el primero mirando a los demás de reojo. Hungría se levanta y le saluda a lo lejos con una miradita. Germania intenta entrar abrazando a Galia. La cosa es que Galia sabe que puede andar y sigue peleando con su teléfono. Creo que al final Germania se desespera y le suelta un poco entrando tras ella y mirando a los presentes.

—¿Estás bien? —pregunta Austria en cuanto entra.

—Ja, me han puesto esta cosa inútil que no me deja moverme bien —protesta del cabestrillo intentando mover el brazo, ignorando que le duele un poco hacerlo.

—No te muevas. ¿Qué ha pasado?

Germania fulmina de reojo a Gales sin poder evitarlo, y saluda a Hungría con un leve movimiento de cabeza. Se acerca a la sala sentándose en el sillón largo.

—Uff... Fue terrible. Iba Rom llevando el coche ese nuevo que tiene, o bueno, que tenía... E íbamos hablando, ni siquiera era uno de los días que iba peor y... no sé qué paso después —se encoge de hombros—, sólo tengo muy claro el sonido del golpe y los gritos de Rom.

No creo que Gales le haga caso porque ahí va Galia con él a pedirle que llame a Roma. Y Gales con su infinita paciencia a Galia de buena gana agradecido de que hayan vuelto.

—Ave, mi amor, Helena —responde Roma cuando Gales llama para que Veneciano no note con quien habla, porque Roma sabe que Galia está preocupada.

—Oh, hello. Rome —Gales asiente a Galia al escucharle—. Soy Wales, estoy aquí con Galia.

—Non, non, no hace falta que traigas comida, estamos bien, de verdad.

Gales parpadea y mira a Galia de reojo.

—Romano va a venir a cenar hoy, hemos hablado antes con él, a ver si puedes pedirle a alguien que compre algo para hacer unas pizzas. ¿Quieres pizza, mi amor? —le pregunta a Veneciano y le da un beso—. Sí, sí quiere —se ríe—. Non, a Britania mejor no.

—Dice que están bien y que no necesitan comida —le susurra—. Y no estoy seguro de que hable conmigo, está con alguien. Dice que Romano irá a cenar hoy.

—Non, aun no le hemos dicho nada a Germaniae ni a nadie. No pasa nada porque él vió que yo estaba bien, así que no creo que esté muy preocupado —sigue Roma a pesar de lo que está oyendo decir a Gales, aun como si hablara con Helena. Gales frunce un poco el ceño con todo esto.

—Pues Galia sí que estaba preocupada. Y todos, en general. ¿Está este muchacho Veneciano ahí?

—Sic, sic y seguro Germaniae puede contarles —responde. Gales levanta una ceja y mira a Galia otra vez. Ella le mira, mucho más tranquila si dice que está hablando con él y que están bien.

—¿Y están bien? ¿Los dos? ¿En que hospital?

—Sic, sic... ahora vienes para aquí, ¿verdad? Te esperamos.

—Helena —susurra Gales recordando que así le llamó en cuanto contestó.

—Sic, vale. Hasta ahora. Te quiero mucho.

Gales arruga la nariz sin poder evitarlo.

—Ugh.

Roma le cuelga. Gales mira el teléfono y luego a Galia. Suspira.

—Tu adorado Rome está sano y salvo.

—¡Menos mal! —Galia abraza a Gales.

—¿Y Veneciano? —pregunte Austria que les estaba más o menos escuchando.

—También. Está con él. Ha sido una conversación extraña, me ha llamado Helena. Supongo que no quería que él se enterara de con quien hablaba —a pesar de todo, Austria respira—. Ha dicho que, ehm, Germania podría explicar algunas cosas mejor, sin embargo parece ser que están bien y que Helena irá por ellos más tarde. Veneciano quiere cenar pizza y, es ¿Romano? —pregunta mirando a Galia de reojo—, irá a cenar más tarde.

Alemania, que ha sido el último en subir del garage y que no ha oído la conversación completa, parpadea y les mira a todos.

—WAS?! ¿Sabes TÚ dónde está? —mira a Gales levantando las cejas y luego se gira a Prusia... Y al final a Austria—. Was?

—¡Helena! —exclama Prusia.

—¿Helena? —repite Alemania de verdad nervioso porque ha escuchado que alguien ha dicho que Veneciano quiere pizza. PIZZA.

—Italien está con Rom, están bien y por lo que parece hoy van a cenar a casa de Rom, con Römer. Creo que no quieren que sepamos donde están —resume Austria. Si, Austria confirma lo que creía.

—¿Me estás diciendo que Italien está bien, pensando en pizza? —pregunta Alemania mirando a Austria fijamente. Él mira a Gales, que se encoge de hombros sintiéndose un poco el foco de atención en un tema en el que no viene ni al caso.

—Ehm... No sé si está pensando en pizza o no, pero Rome sonaba tranquilo.

—Deutschland, ¿qué ha pasado? —ese tono de Austria de maestro de escuela.

De hecho lo siento, pero Alemania cierra los puños, lívido. Bufa una vez. Bufa otra vez. Y por más tono de escuela que use Austria esto... Está harto. No sabe realmente ni siquiera que hizo tan tremendamente mal, pero ya le ha dicho que es un idiota, ya le ha suplicado que se quede, ya le han causado un infarto triple, estaba histérico y muy MUY preocupado, ¿y ahora resulta que Veneciano está bien y lo que no quiere es que le encuentre? Se gira hacia el pasillo que da a las escaleras.

Austria se humdece los labios y aprieta los ojos.

Al pasar por el pasillo al lado de la mesa donde ponen las cartas toma el bonito florero de cristal cortado que lo adorna y con todas sus fuerzas lo estrella contra la pared más cercana, antes de largarse a su cuarto.

Los niños te hacen berrinche, Austria.

Prusia levanta las cejas y Austria se va tras Alemania. Gales vuelve a sentir que está en un momento un poco íntimo de esta familia. Decide girarse a Galia y preguntarle que como está a susurritos.

Germania le hace un gesto a Prusia para que se le acerque.

Galia de hecho ya está perfectamente bien. Prusia se acerca a Germania. Lo que quiere es que le explique que pasa. En un susurro le comenta que Alemania y Veneciano han peleado... mirando a Suiza.

Suiza hace los ojos en blanco asumiendo que lo que no quiere es contarle frente a él, cruzandose de brazos y girando la cara al otro lado pensando en realidad que DETESTA que Austria vaya a vivir aquí.

Ahora que ha escuchado que Veneciano está bien, Hungría se acerca a Liechtenstein mucho más tranquila, a cuchichear sobre el OTRO tema importante aquí. En cuanto acaba de contarle a Germania, Prusia se acerca a Suiza con cierta sonrisa de lado porque por eso le miraba.

Seh, ya me imaginaba yo que Suiza era el de las ideas... Más bien olía la maldad de Prusia.

—Así que...

Suiza le mira de reojo al ver que habla con el, y levanta una ceja al verle la cara, sonrojandose de INMEDIATO. Prusia sonríe más malignamente... es que no puede.

—Was? — Suiza carraspea.

—Dejando de lado los dramas de West... ¿Es cierto?

—No se de qué hablas —craso error, porque además se sonroja más.

—Pues de lo que has venido a contarnos. Todos dicen que le dijiste que sí al señorito.

—¡Yo no le dije nada a nadie! —es que ya está chillando.

—Was? ¿No vais a casaros?

El rubio aprieta los ojos.

—No vas a molestarme con este tema, no importa lo mucho que lo intentes. J-Ja... vamos a...

Prusia levanta una ceja. Suiza se revuelve.

—Nein. Lo vas a oír cuando esté Österreich también.

—¿Ni siquiera eres capaz de decirlo?

—¡Sí soy capaz de decirlo! —le fulmina. Prusia hace un "Ja!" burlón e incrédulo—. ¡Sí que lo soy! ¿¡Por qué no podría decirlo!? Sólo no quiero que tú... Lo sepas. A-Aún.

—¿Por? ¡Si ya lo sé!

—¿Entonces para qué me molestas? —suprime la necesidad de meterse al menos del cojín del sillón.

—¡Quiero saber si es verdad!

Suiza le fulmina, sonrojadito e histérico.

—J-J-J...

—Was? —presiona. El helvético toma aire, porque no es tan fácil, porque SABE que Prusia se va a reír de él. A la vez... Si acaba con esto de una vez, puede seguir su vida felizmente.

—Ja. Voy... Voy.

—Ni que esto fuera un parto, ¿sabes que tendrás que decirlo frente a todos?

— Ja, ya sé que voy a tener que decirlo frente a todos.

—Y si ahora te cuesta tanto...

—¡No me cuesta!

De nuevo cara de incredulidad. El de ojos verdes bufa apretando los brazos y tratando de no gritar como loco.

—¿Estás seguro de lo que haces? Es el señorito.

—Was? —Suiza le mira.

—Pues ya sabes... no es nada awesome.

—Bien, me alegra que pienses eso —el helvético se humedece los labios.

—¿Por?

—Porque sí. Sea como sea no es contigo con quien se quiere... —carraspea—, casar.

—Pues solo faltaría —gesto de desagrado. Toma aire y muy solemnemente sentencia—. Está bien. Lo haré.

—Was?—pregunta después de parpadear.

—Seré tu padrino —sonríe mucho. Suiza parpadea... Y parpadea otra vez.

—T-Tú mi...

—Ja. Soy awesome y seré el padrino más awesome que existe y no voy a ser el del señorito que es un idiota. Pero tú no eres idiota, aunque muy listo no eres si te casas con él, pero eso da igual, me caes bien y somos bruders.

Es que suiza... Es que le mira con la boca abierta.

—West es el del señorito, pero te aseguro que yo seré mucho más awesome que él. Ya me conoces.

—P-Pero Preussen, es... —es que está absolutamente sin palabras.

—Calma, calma, puedes agradecerme.

Sinceramente no sabe si sentirse un poco mal por Prusia o si romperle algo en la cabeza por suponer que sería él sin pensar siquiera en otras opciones.

—Preussen... ¿por qué creerías que podrías ser mi padrino? ¿Tú me elegirías a mí de padrino?

—Pues... —piensa en Francia y España—. Nein, pero venga, yo soy awesome y soy tu bruder y tú no tienes amigos.

—¡Yo sí tengo amigos! —replica frunciendo el ceño sintiéndose menos mal.

—¿Quién?

—England.

—England?

—Ja, England. England es mi amigo. England no sólo intenta molestarme, England trata bien a Österreich. England es confiable. Sé que no va a cambiar la música que yo elija por otra, o a hacerme una broma pesada.

—¿El tío con el que te acostaste hace unos meses va a ser el padrino de tu boda?

—¡No es el tío con el que me acosté hace unos meses! —chilla.

—Claro que lo es, ¡te lo tiraste y lo saben todos!

—¡Ni siquiera estaba consciente! —otro chillido y le FULMINA—. ¡Deja de decirlo! ¡Para de insinuar que fue ALGO MÁS, porque no es así! —protesta preocupándose de que de verdad las demás personas y en particular AUSTRIA lo vea así, porque a él no se le había ocurrido siquiera.

—Pues tú dirás eso, pero si todos ven que es tu gran amigo y tu padrino...

Suiza le mira un poco desconsolado con esto.

—Es sólo mi amigo —aprieta los ojos pensando que es el único amigo-amigo que ha tenido jamás, fuera de Austria es absurdo que la gente piense cualquier otra cosa—. Tengo que... Tengo que pensarlo.

—¡Yo soy tu bruder!

—Ya sé que eres mi bruder cuando te conviene—responde distraídamente.

—No es como que esto me convenga. ¿Crees que va a ser fácil aguantarte gritando cada tres segundos que Österreich no te gusta en tu BODA?

—Quizás te mate antes. Nein. No vas a hacerme ningún favor... —le mira y frunce el ceño—. ¿Por qué quieres esto? ¿Quieres echar a perder mi boda o algo así?

—Claro que no, ya te he dicho que me caes bien. O me caías.

Suiza parpadea.

—¿Te caigo bien sólo si acepto que seas mi padrino? —es que SIGUE flipando de esto.

—Me caes bien solo si aprecias las cosas buenas que se te ofrecen, pero está claro que no tienes ni idea si te vas a casar con él —replica porque sí le hacía ilusión.

—Bitte. No hables así de Österreich. Tú no me caes mal y de no haber hablado ya con England y habérselo pedido...—suspira y le mira a pesar de todo con una oleadita de afecto hacia él—, hubiera aceptado.

Prusia pone los ojos en blanco.

—Lo siento, Preussen, pero England será mi padrino. Le pregunté y aceptó de buena gana. Aún así, te agradezco que quisieras serlo.

—No quería serlo, pero todos van a preguntarse si realidad te estás casando por eso.

—¿Casarme por que?

—Por que tuviste una aventura con England.

—¡No tuve una aventura con England! —insiste y le mira agobiado—. ¿De verdad... De verdad que la gente lo dice y lo piensa? —tan tremendamente peligroso preguntarle...

—Nadie te lo va a decir —se encoge de hombros.

—Te estoy preguntando a ti —le mira a los ojos—. Realmente no quiero que Österreich piense... Ni que la gente lo piense. Estaba DROGADO.

—Pues eso dices pero...

—No es que eso diga. Es que no. Yo NUNCA le haría eso... A nadie, no digamos que a Österreich. Deja... Vale, pienso qué demonios puedo decirle a England, quizás si le explico... —empieza a hacerse bolas y a considerarlo de verdad una opción, porque aún a la fecha se siente culpable por haberse acostado con Inglaterra. Es algo que NO quería hacer y lo último que quiere es que de verdad Austria esté molesto o incómodo o que hablen mal de ellos por SUS actividades.

—Es fácil, solo mantén la distancia.

—De England —suspira porque Inglaterra de verdad le cae bien. De verdad. Prusia se encoge de hombros.

—Espero que tu boda tenga bastantes flores... y que nadie se imagine tu noche de bodas cuando te vea ahí de pie.

Suiza aprieta los ojos con lo de la noche de bodas.

—¿Flores?

—No como en la de Ungarn. Espero que no te comparen, sabes, alguien podría decir que eres uno más en la lista.

El helvético se sonroja con eso y le mira de reojo un instante, antes de tragar saliva.

—V-Voy a ir al baño... —como siempre, la seguridad de Suiza es más frágil que una hoja de papel.

—Tantos años de odio para acabar así, ¡que ridículo! —presiona aun Prusia, enfadado porque le ha dicho que no.

—¡No es ridículo! Es... —aprieta los ojos más sonrojándose el doble y sale corriendo al baño. Prusia se sienta junto a su padre enfurruñado.

—Was? —le mira de reojo después de ver salir corriendo a Suiza.

—Nada.

—¿Has peleado con Schweiz? —le mira a la cara, levanta la mano sana y le toma de las mejillas apretandoselas un poco.

—Ja —aparta la cara.

—¿Por? Veo que hoy es el día de los pleitos, ¿que les pasa?

—¡Yo qué sé! No quiere que sea su padrino.

—¿Su qué?

—Su padrino de bodas.

—¿Sabes? No acabo de entender nada de todo esto. ¿Qué hace un padrino?

—Pues acompañar al novio y ayudarle y ser awesome.

—Tú eres awesome igual. Ya sabes que Schweiz siempre hace todo solo.

—No va a hacerlo solo. Se lo va a pedir a Eeenglaaand —le imita el acento burlón. Germania levanta las cejas

—¡Pero tú eres su bruder!

—¡Eso le he dicho!

—¿Quién mejor para ayudarle que su brüder?—insiste Germania completamente a favor del caso de Prusia—. Quizás deba hablar con él.

—No soy un niño, Vati, para que vayas a obligar a Schweiz.

—No es obligarle, es que seguramente no está viendo claro. Puede pelearse con England... Es el de Frankreich, ¿no? ¿El pequeño de Britania? Puede pelear con él en cualquier momento. Pero tú eres sangre de su sangre —tanto como Inglaterra... Ejem.

—También puede pelear conmigo —ojos en blanco—. En realidad ni sé porque le he dicho, no es como si yo quisiera.

—¿Él será el tuyo cuando te cases con Ungarn?

—No me voy a... ¡Nein!

—¿Was?

—Nein, no lo sería. Nein, nein. Y menos ahora.

—¿Entonces quien? Puedo serlo yo si quieres

—¡Pues Spanien y Frankreich! Was?

—¿Por qué yo no? Yo soy tu Vater y lo haré muy bien y te acompañaré y aprenderé. De hecho Schweiz también pudo haberme elegido a mí. ¿Quién es el de Österreich?

—Tú eres el vati, tienes otro papel. Deutschland.

Germania niega con la cabeza.

—Deutschland! ¡Pues más razón aún para que tú seas el de Schweiz! —Germania, querido, en el fondo eres un romántico.

—Bah, da igual, ni quería. Eso implicaría ayudar en la boda del señorito y me niego.

—Puedes ayudarme a mi igual —propone su padre mirándole de reojo.

—¿A ti?

—No en la boda, pero puedes ayudarme a entender todo esto y a saber si tengo que hacer algo.

—Pues... por lo general... seguro el señorito te da una lista interminable de órdenes que incluyen que me vigiles para que no haga ninguna estupidez o algo similar —ojos en blanco.

—¿Vas a hacer una estúpidez?

—¡Claro que no! ¡Voy a hacer cosas puramente awesomes!

—¿Cómo cuáles?

—Pues... no lo sé, ya lo pensaré.

—Yo voy a ir con Rom.

Prusia le mira de reojo. El germano se sonroja un poco y carraspea.

—Vas a tener que bailar... —sonríe un poco el albino con ello de todos modos.

—¿Bailar? Nein. El que baila es Rom.

—El vals vienés se baila en pareja, Vater —explica en un tono burlón y algo aflautado imitando a Austria. Germania levanta una ceja.

—¿Vals vienés? ¿Y eso que es?

—Si quieres un consejo NO se lo preguntes al señorito. Tal vez pudiera yo invitar a Russland. Seguro todos se pondrían nerviosos y es siempre una buena idea para bailar, claro. Ejem —sonrojadito... dale un golpe, por dios. Casi estamos tentados a que sea Hungría la que se lo dé. Podría hacerlo con todas las de la ley con esa sartén suya—. No que baile mejor que yo, porque yo soy el más awesome pero... él es... lo hace... —sí, sí, siempre te genera un especial atractivo en las bodas, ninguna novedad.

—¿Tú no ibas a ir con Ungarn? —pregunta Germania señalándola mientras ella se rie con Liechtenstein.

—Ah... ¡Ah! Bueno, ja. Bueeeeeno, pero igual, o sea... ella... pfff, pero Rusland... lo que digo es que ella no se enfada —risa nerviosa, anda que no y lo sabes, especialmente con tu asunto no resuelto con Rusia. Hungría le pasa un trapo a la sartén para quitarle el polvo.

—¿Y con quien va a ir ella? —pregunta Germania levantando una ceja casa vez más.

—¡Conmigo! Pero... vati, es bailar y además Amerika no va a estar —lloriquea un poco como pidiéndole permiso.

—¿Y que Ungarn no baila?

—Pues... no tan bien. ¡E igual no tienes que bailar todo el tiempo con la misma persona!

—Ah, nein?

—Nein, nein. Es decir, la gente va en parejas porque... bueno, es divertido y todo eso, creo. Pero luego en el baile si quieres cambiar por un rato no pasa nada.

—Uhh... Entonces no tengo que bailar mucho. Rom va a bailar con todos.

—Ah, ¿tú crees? —sonrojito. Nervios.

—Ja, seguramente —hace los ojos en blanco—. Quizás el baile no sea indispensable, podía decirle a Österreich que no hicieran eso.

Prusia, sinceramente, se muere de la risa. Germania le mira.

—Was?—pregunta un poco en protesta por la burlita.

—Vati... Es el señorito. El baile ES lo importante. Podría no haber boda y habría baile.

Germania levanta las cejas entendiendo al fin.

—Oh. Ahora entiendo.

—¿Ves?—a saber que entiende. No hagas como que tú lo sabes que no tienes ni idea.

—Lo que quiere Österreich es hacer una fiesta y un baile con mucha gente y... —se calla porque eso parece algo que haría justamente... Roma.

—Es lo que siempre hace.

—¿Siempre cuando?

—Cada vez que se casa. Seguro Schweiz no está contento, pero que se aguante. Mira que elegir al aburrido y pesado del cejas.

—¿Y qué más hace?

—¿Qué más hace de qué?

—Cuando se casa.

—Pues... ser un ridículo exagerado y... ponerse histérico y volverse insoportable... más de lo normal.

—¿Algo más que tenga que hacer yo?

—No sé —se encoge de hombros—. Ya te lo dirán. Tal vez... va a ser en Bern, ¿verdad? Tal vez me cuele en casa de Schweiz y le cuelgue una cinta en la cama que diga "Todos saben lo que vais a hacer".

—¿Eso hacen los padrinos? Puede que te deteste. Si jamás lo he oído recientemente decir nada bueno de Österreich. De hecho hasta ahora no estaba del todo seguro de que ellos dos... Eso.

—¿Si se acuestan? Constantemente.

Germania aprieta los ojos.

—Si Schweiz se casa de blanco me voy a morir de la risa.

—¿Eh? ¿Por qué?

—Porque el blanco significa virginidad.

—Oh... —arruga la nariz—, ¿pero no será esto un acuerdo nada más? Se llevan muy bien, pero como de pequeños

—Vati... ¿Quieres ver los vídeos de lo bien que se llevan? Hay millones. Pero no le digas a Schweiz que existen.

—Nein, nein. Si ya me imagino, sólo es que la esperanza no muere y les sigo viendo como mis niños. ¿Vídeos en la televisión?

—En el ordenador.

—¿Por qué tienes eso?

—El más reciente de esta misma mañana. A Ungarn le gustan —se encoge de hombros... Claro a ti no.

—¿Esta mañana? Me estas diciendo que hoy mismo le... ¡Por los dioses con ustedes!—se sonroja un poco y pone cara de asco.

—¿Tú no? Ya sabes... ¿antes de venir, con Rom?—Prusia cree que si él pudiera, estaría tirándose a Roma cada cinco minutos.

—Neeein! —y no se si sea verdad o no. Le suelta un golpecito. Prusia frunce un poco el ceño pero no protesta y se ríe burlón. (Frunce el ceño porque le duele, ni creais que Germania es tan considerado)—. ¡Hablo en serio! ¡Cállate, eso no te importa!

—Entonces es que sí. Kesesese~

—Nein! ¡Yo no hago eso con Rom!

—Pfffffff.

—Deja de estar pensando en guarradas —la empuja esta vez sonrojadito. Prusia se ríe un poco más.

xoOXOox

En cualquier caso, vamos a interrumpir esta bonita escena familiar para volver con Austria yendo tras Alemania. A media escalera Austria debe oír la puerta del cuarto cerrarse con fuerza así que se acerca y toca con los nudillos.

—Deutschland...

—Was?! —grita agresivillo al otro lado de la puerta.

—Deutschland, ¿qué ha ocurrido?

Hay unos segundos de silencio.

—Italien terminó conmigo.

—... Was?

—Lo que oíste.

—Déjame entrar para hablar como personas.

Alemania mira a su alrededor y aprieta los puños, pensando que esto es triste, patético e inmerecido. Lamenta no haberse ido a esconder a su despacho.

—... pasa.

Austria prueba de abrir la puerta y levanta las cejas al ver el DESASTRE. Alemania ni le mira, ni se mueve, recargado en la pared del cuarto, mirando también el desastre.

Austria carraspea.

—¿Qué ha pasado exactamente?

—Que es un idiota... Un idiota que no quiere estar conmigo. Pues que se largue si no quiere, no le necesito.

—Mmmm... ¿Por qué no quiere?

Alemania suspira y trata de calmarse.

—No estoy seguro de lo que ha pasado hoy. Empezó siendo algo pequeño.

—Aja... —aparta con el pie algo del suelo hacia un lado y no creas que no le está dando escalofríos y picores todo el desorden. No crean que a Alemania no le da rasquiña... Ha subido justo a eso.

—En la mañana me acerqué a contarle de la boda. Le había evitado porque me pediste que no le dijera —explica y se pone en cunclillas contra la pared.

—Aja...

—Y ya estaba enfadado porque quedaba como un idiota y no sé que más. Y todo pasó muy rápido desde ahí. Tenía problemas con la boda en general y con que hubiera pagado los anillos y contigo, eso lo descubrí después. Celos imbéciles, absurdos. Ahora pienso que quizás eran un Verdammt pretexto.

Austria parpadea un par de veces.

—Vino aquí e hizo esto. Le dije que se quedara, que me explicara y que no quería que se fuera. Y mira... —le señala el armario—. Se fue igual y con sus cosas. Con Rom. A acostarse con alguien más porque no quería acostarse conmigo.

Austria frunce el ceño con todo eso.

—Dijo un montón de cosas más —agrega con voz más suave y menos mecánica—. Y se fue. Y yo no quise detenerle porque estaba enfadado y asustado y ya sé que estando así puedo hacerlo aún peor y romperle algo o golpearle y... no.

Austria se quita las gafas y se pellizca el puente de la nariz. Alemania se encoge de hombros.

—He hecho cosas mal, ja, como lo de Rom. Pero...

—Hace días que está ese problema con Rom —asiente.

—Pero no creo que sea lo bastante serio como para DEJARME.

Austria le mira fijamente.

—¡No he hecho nada!—se sonroja un poco

—Hay que arreglar este asunto...

—No hay nada que arreglar en este asunto. No va a volver.

El moreno le mira con cara de circunstancias.

—¿Y qué planeas?

—¿Matar a Rom? —medio en broma. El austriaco sonríe un poco de lado. Alemania suspira pasándose las manos por el pelo—. ¿Como va a acusarme de quererte a ti más que a él? es estúpido.

—Mmm... No es tampoco la primera vez que tenemos problemas con eso valora Austria objetivamente. Alemania carraspea.

—Pues nada, NADA justifica el tener un accidente y matarme de la preocupación y esconderse.

—No creo que el accidente haya sido provocado —no está tan seguro.

—Pues si no lo fue es una casualidad grande como la catedral de Koln.

—Y aun peor contra Rom y Vater.

—Podrían haberse matado TODOS. ¡Y por algo imbécil!—protesta apretando los ojos y frunciendo el ceño.

—Por eso creo que fue un accidente... —suspira—. Seguramente destrozó el Ferrari.

—Y querrá uno nuevo —se pasa una mano por la cara—. Ferrari nuevo, novio nuevo... Casa nueva. En su casa además.

—Parece bastante radical...

—Es Italien.

Austria aprieta los ojos

—Te echará de menos, es Italien.

—Ropa nueva también —puntualiza y se revuelve un poco porque en realidad él no hace tanto por Italia y lo sabe. Se le revuelve un poco el estómago con eso—. Quizás un poco al principio, pero no es que yo le haga tanto caso en realidad —confiesa. Se mira las manos pensando en ello.

—Tal vez eso es lo que quiere que cambies...

—¿Que va a extrañar? ¿Que me siente al sillón en silencio? ¿Que le riña? —le mira de reojo—. ¿Cambiar a qué? Hace mil años somos iguales, antes no le molestaba... Y ahora quizás ha visto que no es lo que quiere. Si quisiera que cambiara estaría aquí, haciendo que cambiara. Él hace eso.

—Tal vez esta sea la manera...

—Italien fuerza las cosas y las ideas a que quepan en mi cabeza, con insistencia —niega con la cabeza—. Si se fue, es para dejarme. Nunca se había ido. Ha hecho mi vida un infierno, nunca ha hecho esto —señala el cuarto.

—Creo que el problema nunca había sido de celos, son muy emocionales y pasionales con ese tema... y no sé que tan rencoroso sea Italien.

—¿Pero celos de qué? ¿De Rom? ¡Pero si ni siquiera vive aquí ya! Y el problema principal era aparentemente contigo... De hecho me dijo que a ti te decía que sí a todo, fuera lo que fuera. Pero mis razones para decirte que si son completamente...—si, todos lo sabemos, decir no es un camino largo y tortuoso con el mismo resultado que si se dijera si en un principio.

Austria le mira por encima de las gafas. El alemán carraspea.

—No se exactamente qué es lo que le hizo pensar todo esto... ¿Le dijiste tú algo?

—Nein, claro que no.

—¿No crees que es absurdo ponerse celoso de ti ahora que vas a casarte?

—Pues precisamente... Ja. Me temo que Römer no quiere hablarme tampoco, no ha querido decirme que le había encontrado.

Alemania hace los ojos en blanco.

—Hay dos opciones. Ir mañana por Italien y tratar de que vuelva. Que es sinónimo de ir y arrastrarme pidiendo disculpas —murmura para si.

—Aja...

—La otra es no ir. Y ver si él vuelve, que creo que es lo que merece después de lo que hizo con el coche.

Austria se humedece los labios.

—Cuanto más tardes en ir menos servirá, aunque quizás necesita un par de días para calmarse, que lo que sea no le parezca tan grave y pese más lo que te eche de menos.

Alemania le mira.

—¿Y... Y si de verdad no vuelve?

—Mmm... la verdad, no creo que no vuelva pero...

Alemania suspira sintiéndose un poco mejor con esta idea. Austria le mira con un poco de pesar.

—De todas formas tal vez podamos hablar con alguien. Rom o... Römer.

—¿Para decirles que?

—Pues saber cómo está y qué quiere, sobre todo.

—Podría ÉL decirme a MI —Alemania, de verdad, entiende que esto no va a ir como tu quieras.

—Tú no eres quien se ha ido...

Arruga la nariz y en realidad es que siempre es lo mismo en estos pleitos. Alemania se resiste un poco hasta que entiende que debería dejar de resistirse. Suspira.

—Mañana. Mañana haré todas esas cosas. Hoy es celebración para ustedes.

Austria se sonroja un poco tomado de imprevisto porque se le había ido de la cabeza. Alemania inclina la cabeza y, las maravillas de ser alemán y capaz de compartamentalizar.

—Dijo que sí.

Austria levanta la cabeza y sonríe un poco más.

—Felicidades —es sincero y sin trazas de celos o algo así. El austriaco cierra los ojos y asiente sin dejar de sonreír—. ¿Y como está Schweiz? veo que no te ha matado.

—Solo... con todos.

—¿Con todos?

—Pues todos... deben estarle preguntando —se encoge de hombros tan cínico.

—Oh. Preussen debe estárselo comiendo vivo —asegura haciendo para levantarse—. Baja. Voy a buscar una aspirina y te alcanzo abajo.

—¿Estarás bien?

—Ja. Claro. Peores guerras he perdido —asegura tan frío y ecuánime aparentemente. Carraspea

—Si tú lo dices...

Deja que vea la caja de las medicinas que pintó Veneciano y se eche a llorar. Pero seguro va a estar bien, tan fuertezote el muchacho.

Austria mira a Alemania no muy convencido, pensando que tal vez deba ir él a ver a Veneciano y suspira volviendo a ver si encuentra a Suiza o ya está escondido en un cubo en su casa.


Esta es la historia en la que nada les sale bien a los sajones... pobres muchachos. Y lo mucho que siempre nos entretienen. ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!