-Tú y yo no pertenecemos al mismo mundo.
-Aunque tú no quieras. Te voy a proteger con mi vida.
.
Ana y yo estábamos en una de las SUB de camino al hospital, Christian ayer hizo correr a Andrea y Angela averiguando quienes eran los mejores especialistas y luego llamándolos para decirles que Christian Grey los necesitaba y no aceptaría un no. Ya no había vuelta atrás en esta locura, estoy segura de que de alguna manera la prensa terminaría enterándose y con ello mis padres.
-¿Annie? –La llame haciendo que se girara hacia mí.
-¿Si? –Respondió mirándome con ternura. De nuevo.
No respondí, ayer Christian me dijo que ella se fue luego de discutir con él y llego muy tarde, estoy segura de que no soñé eso. ¿Dónde estuvo y porque ahora se comporta tan extraña?
-¿Por qué desde que nos levantamos me estas mirando así?
-¿Cómo? –Frunció el ceño.
¿De verdad no lo nota?
-No lo sé, estás muy extraña.
-No es nada Bella, -sonrió y negó con la cabeza, pero había tristeza en sus ojos.
-Anastasia Steele te conozco muy bien, dime que sucede.
Ella no respondió, bajo la mirada y tomo mi mano manteniéndola en su regazo entre las suyas. Algo muy extraño estaba pasando con ella, era como si no quisiera separarse de mí, no dejaba de tomarme de la mano o de mirarme de esa manera que te dice "te quiero mucho pero no te puedo decir". Me dijo que paso el día de ayer en la playa pero yo sabía que era mentira había llovido un buen rato y ella ni siquiera estaba resfriada. A Ana se le daba bien mentir pero no a mí.
No pregunte mas, si ella no quiere contármelo no insistiré. Había un poco de tráfico, me apoye en la puerta y baje la ventanilla, estaba cayendo una ligera llovizna y el aire estaba frío, me gustaba, en momentos así recordaba Forks y como lo odie al principio pero al parecer el amor cambia incluso eso. Solo me faltaba volver a verlos una vez, solo quería verlos una vez más antes de que esto se pudiera peor pero no he sabido más nada de Edward desde que hablamos en el hospital hace una semana. Tal vez de verdad no quiere volver a verme luego de enterarse de lo que tengo… Apuesto que ya se fueron de la ciudad, de nuevo.
Taylor freno en un semáforo en rojo, los carros se amontonaban a nuestro alrededor esperando que cambiara de luz. Mientras miraba la lluvia caer una camioneta Volvo negra se coloco a la derecha bloqueándome la vista que tenia. El conductor estaba a mi altura pero los cristales eran muy tintados como para ver quién iba en el interior. Mi corazón por alguna estúpida razón comenzó a latir más de prisa y los nervios se apoderaron de mi cuerpo alojándose en mi estomago.
¿El destino de verdad existe?
-¿Que sucede? –Ana al parecer noto mi nerviosismo.
No le respondí. El cristal de la ventana bajo lentamente, de seguro el dueño noto mi expresión al ver solo un estúpido Volvo más, con los cristales muy oscuros y de seguro no albergaba en su interior a un vampiro. Tal vez solo llevaba a un mafioso o alguien que detestaba el sol, ¿y si tenía una resaca muy fuerte? Yo elegiría un auto así.
Estas siendo ridícula, Bella.
Mire al frente y fije mi vista en la nuca de Sawyer, quien iba en el asiento de copiloto. Podía sentir la mirada procedente desde el otro auto, mordí mi labio fuerte y trate de no dejar que lo notaran. Los segundos pasaron lentamente hasta que sentí la SUB comenzar a moverse de nuevo, solté una bocanada de aire aliviada pero la curiosidad no me pudo más y mire hacia la Volvo.
Mi corazón se detuvo y luego comenzó la latir muy rápido. Edward estaba sonriendo de lado y tenía un brillo perverso en sus ojos.
Acabo de perder una apuesta conmigo misma.
¡Mierda!
Taylor acelera por la interestatal 5 alejándome de Edward y su manera de ponerme nerviosa con solo una mirada. Subí el cristal de la ventana y apoye mi cabeza en el hombro de Ana. Trate de normalizar mi respiración pero era un poco difícil.
-Aun te afecta. Mucho. –Susurro Ana, quien seguía acariciando mi mano con ternura.
Levante la mirada y ella tenía una expresión picara pero estaba luchando fuertemente por no dejar notar algo más. ¿Qué es?
-Solo es la impresión de volver a verlo después de tantos años, me acostumbrare. –Mentí.
Giro los ojos.
-Lo que tú digas Bella.
Trate de ignorar su tono, algo le preocupaba, algo le molestaba y algo más la tenia triste. ¿Desde cuándo Ana me oculta cosas? Eso me hizo molestar, se supone que entre nosotras no había secretos.
Llegamos al hospital y Taylor estaciono en la entrada, Sawyer salto a abrir mi puerta, baje y Ana me siguió.
-Taylor, quédate conmigo. –Ordene.
-Señorita. –Asintió y le entrego las llaves a Sawyer.
Camine hacia el interior del hospital a paso lento pero fuerte, no estaba débil y los mareos ya habían pasado por hoy, o eso espero. Llegamos al ascensor y Taylor, quien se mantuvo en silencio todo el rato a mi lado, lo llamo. Ana estaba unos pasos por detrás de nosotros, pero ni siquiera me preocupe en mirarla.
Cuando el ascensor llego, esperamos que se vaciara y luego Taylor mantuvo las puertas abiertas para que nosotras entráramos, marco nuestro piso y cuando estuvieron a punto de cerrarse una mano lo impidió.
Edward sostuvo la mano en el lugar del sensor de las puertas mientras Alice, Rosalie y Carlisle entraban en él. Todo mi cuerpo se tenso ante su presencia. Una vez todos adentro se acomodaron hacia el fondo y yo me corrí mas hacia Taylor que se mantenía impasible junto a los botones.
Justo en este momento odie dejar que Ana sujetara mi cabello en una coleta alta. Hubiera podido usarlo como escudo para cubrir mi rostro. Podía sentir la mirada de Edward sobre mí.
-Es de mala educación mirar así a una persona, creí que con tantos años lo sabrías. –Dije en tono frío y sin fijar mi vista en él.
La única respuesta que recibí fue la musical risa de Rosalie. Extraño.
El ascensor se detuvo en nuestro piso y una vez más Taylor sostuvo la puerta para nosotras, Ana salió primero.
-¿Señorita? –Taylor me tendió la mano libre y yo la tome apretándola fuerte.
Él me devolvió una mirada preocupada. Mire a Carlisle y le sonreí.
-Saluda a Esme de mi parte y dile que me perdone el haber sido tan mal educada en aquella ocasión, las circunstancias me superaron.
No espere respuesta, tome el codo de Taylor y salimos del ascensor, antes de que las puertas se cerraran me gire y mire a Edward. Tenía nuevamente esa sonrisa torcida en sus labios.
Malditamente hermoso.
Cuando sentí el calor subir por mi cuello mire al frente y seguí caminando.
¿Qué carajos, Bella?
.
.
Christian nos esperaba en lo que parecía ser una sala de juntas, Matt estaba a su lado y platicaban en voz baja. Otros tres hombres y una mujer estaban sentados revisando unos papeles. Matt fue el primero en visualizarnos, nos sonrió e inclino la cabeza en modo de saludo. Christian se giro y por la manera en cómo me miro podría apostar que ni siquiera hubiera notado que Taylor estaba a mi lado si no fuera porque mi mano se aferraba a su codo. Ana desapareció antes de que yo saliera del ascensor. ¿Qué coño le pasa?
Christian le frunció el ceño y Taylor muy amablemente se zafó de mi agarre y desapareció de la sala.
-Isabella. –La voz de Christian acaricio mi nombre lentamente mientras pegaba su frente a la mía. -¿Cómo te sientes?
Me encogí de hombros, no sabía si decirle "bien" o "igual" así que preferí callar.
Escuche la puerta abrirse, sus ojos se enfocaron por un momento en el lugar y el ceño se hizo aun más profundo pero antes de que pudiera preguntar sus labios atraparon los míos uniéndonos, en un beso voraz. Mi rostro se estaba sonrojando, él no suele besarme tan intenso delante de la gente. Cuando me libera acaricio mi mejilla con ternura pero su rostro estaba tenso.
Se endereza y me toma de la cintura pegándome a su cuerpo de forma posesiva.
-Buenos días doctores Cullen. Que sorpresa tenerlos aquí. –su voz es fría.
Doy un respingo ante eso, cualquier duda respecto a porque la reacción de Christian se disipa. Como puedo, luchando contra sus brazos me giro y veo a Edward y Carlisle de pie en la puerta. Carlisle permanece impasible mientras Edward tiene una expresión digna de su raza y parece estar debatiéndose entre degollar o no a Christian. Esto no es bueno.
Miro de nuevo a Christian quien a su vez esta muy enojado y le lanza miradas acecinas a los vampiros de pie en la puerta.
Dios mío, ¿pero es que nadie puede estarse tranquilo solo un momento?
-¿Christian? -Acaricio su mejilla tratando de llamar su atención, lo logro. Bien.- ¿Me presentas a los médicos?
Mi posesivo novio no me suelta, me encamina hacia la mesa donde están los demás quienes han dejado los papeles a un lado y tienen su atención puesta en nosotros. ¿Lo vieron todo?
Matt sonríe y niega con la cabeza divertido, él ya sabe que es típico en Christian esa actitud.
-¡Hola Matt! –Le sonrió y me libero del brazo de Christian para poder abrazarlo.
-¡Hola Bella! –Me devuelve el abrazo con ternura.- Me alegra verte tan bien… -Mira a Christian y en broma suelta:- Si tú no hubieras vuelto créeme que yo mismo te habría matado.
-Eso si yo no me aviento antes del Charlie Tango. –Le responde él.
Par de tontos… Giro los ojos.
Christian me mira con los ojos ardientes, bingo.
-¿Y bien? –Le pregunto tratando de calmar las aguas.
-Ven. –Me toma de la mano y me guía hacia donde están sentados los demás médicos.-Él es Mark Ryder.- Señalo a un hombre de cincuenta y tantos años con una barba blanca que le ocupa gran parte de su cara y de ojos azules.
-Un placer Srta. Swan. –Me dijo con una gruesa voz.
-Él es Anthony Baker.- Señalando al hombre a la derecha de Mark, ojos negros que hacen un gran contraste con su rubia melena. No puedo evitar compararlo con Carlisle cuando tiene sed. Quien ya ha tomado asiento al otro extremo de la mesa y me mira fijamente.
-Señorita Swan. –Anthony sonríe e inclina la cabeza.
-Él es Robert Adwood. –Christian señala al último hombre en la mesa y el más joven, moreno de ojos verdes, parece latino pero su apellido lo niega por él.
-Encantado de conocerla. –Sonríe ampliamente. Si, es latino.
-Y ella es Dianne Hall. –Una mujer de larga cabellera negra, tez blanca y ojos azules que extrañamente no tiene su vista puesta en Edward o Christian si no que me mira fijamente a mí.
¿Alguien me explica por favor?
-Es un placer conocerla al fin, señorita Swan. –Sus ojos de recorren de pies a cabeza.
¿Qué mierda?
La miro con ojos como platos. Doy gracias a Dios estar usando unas medias negras bajo mi falda Stradivarius para cubrir mis moretones o esa mujer me las estaría comiendo con la mirada.
-Encantada. –Murmure sin mirar a nadie en especial.
Christian retira una silla a la cabecera de la gran mesa y me ayuda a tomar asiento ahí más el no se sienta, se queda de pie detrás de mí con una mano puesta en mi hombro. Miro fijamente mis manos mientras juego con la orilla de mi falda, todo esto me tiene muy nerviosa, Edward y Christian en la misma habitación lanzándose miradas matadoras y una mujer que no deja de mirarme.
Necesito vacaciones…
-Creo que ya todos saben el punto de esto. Así que quiero soluciones, no peros ni mucho menos negativas. –Dice Christian con voz fuerte y clara.
Intento ponerme de pie pero su mano me sostiene en mi lugar.
No quiero escuchar esto…
-Según el informe clínico de la señorita Swan, su enfermedad aun está en la etapa donde puede ser tratada por quimioterapia o recibir una médula sana. –Dice Mark.
-Pero tal parece que acaba de comenzar la terapia y se ha negado a buscar un donante. –Agrega Robert en forma de regaño.
-Sí no quiere decirle a sus familiares, ¿Por qué no recurre a un Alotrasplante? –Dice Dianne con voz sedosa.
Muy bien si la tipa quería mi atención lo ha logrado.
-¿Alotrasplante? –Decimos Christian y yo a la vez.
-Así es, aunque es más complicado porque los rechazos del alotrasplante pueden ocurrir con frecuencia ya que el donador tiene un diferente tipo de HLA que el receptor, el cual puede provocar una respuesta inmune contra el alotrasplante, esto debido a diferentes mecanismos de reconocimiento de las células o HLA extraño, entre estos mecanismos se encuentra la presentación de antígeno por la vía directa e indirecta. –Me respondió ella solo a mí.
¿Eso fue griego antiguo?
Ella debió notar la confusión en mi rostro puesto que se rio por lo bajo antes de continuar.
-Puede ser rechazado ya que las cadenas genéticas no son iguales. –Explico.
-¿Es peligroso? –Pregunta Christian.
-A veces, si. –Responde Anthony que hasta el momento que había mantenido callado.
-Bella, deberías hablar con Renée y Charlie es lo mejor. –Me recomienda Matt.
-¡No! –Gruño. Me levanto de la silla y camino hasta los ventanales de la sala. –Mis padres no se enteraran de esto.
-¿Tiene usted hermanos? –La voz gruesa de Mark me llega desde mi espalda.
-No.
La sala se queda en silencio durante unos minutos, mi garganta comienza a obstruirse y los ojos me pican por las ganas de llorar. Fijo mi mirada en el gran edificio de la Editorial, visible solo por su gran tamaño y cristales azul intenso. Desearía poder vivir para ver como sale adelante sin el respaldo de ninguna otra editorial.
Las manos comienzan a temblar así que las escondo en los bolsillos de la falda.
-¿Qué sucede si se encuentra un donante con un 99,85% de compatibilidad en su cadena genética? –La aterciopelada voz de Edward rompe el silencio.
Me giro para mirarlo y el esta sonriendo ampliamente.
-¿Conoce usted a alguien doctor Cullen? –Le pregunta Dianne.
Edward no responde, me está mirando fijamente a mí.
-¿Edward? –No puedo evitar el nerviosismo que se apodera de mi cuerpo.
-Sí, conozco a alguien con esas posibilidades. –Dice en tono muy alegre y me sonríe ampliamente haciendo que sus ojos se cierren un poco.
-¿Quién?
-Es anónimo. –Se encoje de hombros.- Pero si no me crees míralo por ti misma.
Me tiende una carpeta y yo no me lo pienso dos veces en caminar hacia él y tomarla. Dentro hay un informe de compatibilidad genética. Un gran cuadro detalla todo en términos médicos y debajo de él remarcado con un resaltador esta el resultado.
INDICE GENÉTICO TOTAL (IG TOTAL): 680987
PROBABILIDAD DE COMPATIBILIDAD: 99,99985%
Miro el papel sin poder creerlo…
Donde se supone que debería estar el nombre de esa persona solo reza la palabra "anónimo".
-¿Cómo? –Le pregunto con voz quebrada.
Edward sigue sonriendo cuando lo miro en busca de respuesta. El se encoge de hombros.
No sabía que Christian había llegado a mi lado hasta que me quita la carpeta de las manos. Mi vista sigue clavada en la sonrisa de victoria que tiene Edward plasmada en sus labios.
-¿Podemos hablar con esa persona? –Pregunta la Dianne que ahora está de pie junto a Christian examinando los papeles.
-Supongo. Le llamare a ver si acepta reunirse con nosotros pero… -me mira de nuevo.- creo que es obvio que quiere seguir en el anonimato.
-¡¿Yo no puedo saber quién será mi donante?! –Grito.
Edward me ignora, se levanta y se va de la sala marcando un número en su celular. Miro a Christian en busca de ayuda pero el parece inmerso en su propio mundo mientras mira por los cristales. Busco con la mirada a la persona de confianza que está más cerca y le pregunto:
-¿Tú sabías de esto?
-No, también me ha tomado por sorpresa, pero desde ayer en la tarde note que estaba muy feliz. Ahora veo por qué. –Carlisle se encoge de hombros y me sonríe.
Bufo en respuesta y salgo de la sala, Edward no está por ninguna parte. Visualizo a Taylor apoyado en la pared al final del pasillo. Camino hacia él.
-¿Sabes dónde está Ana?
-No señorita, no la he vista desde que salimos del ascensor.
Soplo exasperada los mechones que se han soltado de la coleta. ¿Dónde mierda se metió? Pesco el celular en el bolsillo de mi falda y la llamo pero no responde. Miro de nuevo a Taylor.
-¿Quiere que la busque? –Pregunta.
-No, yo lo hago, necesito distraerme de toda esa locura que hay allá adentro. Estoy en un hospital, si algo me sucede estaré bien. –Enarque una ceja de manera burlona hacia él.
-Llámeme si necesita algo. –Asiente y vuelve a su lugar.
Coloco las manos en los bolsillos de mi amplia falda y comienzo a caminar por el pasillo en dirección al ascensor. Ella sabe dónde queda el consultorio de Matt tal vez se perdió y me está esperando ahí. Cuando el ascensor llega entro en él y marco el piso 5, un hombre de al menos 20 años entra corriendo asustándome de muerte en el proceso.
-Lo siento. -Dice entre jadeos.- Perdí a mi hermanita y necesito encontrarla. ¿De casualidad no la ha visto?
El sonrojo por la carrera lo hace ver aun más joven.
-No, lo siento. ¿Si la veo donde debo llevarla? Puedo decirle a mi guarda espaldas que te ayude a buscarla si quieres. –Ofrezco, el pobre chico se ve desesperado.
Me mira fijamente, contiene la respiración y luego abre la boca impresionado. Pero no responde.
-¿Estás bien? –Le pregunto.
Parece encontrar su voz y el sonrojo de sus mejillas se incrementa.
-Sí, lo… lamento. –Tartamudea.- ¿Es usted Isabella Swan?
-Sí, eso parece. –Bromeo.
Trato de aguantarme la risa, el chico parece haber olvidado a su hermana.
-Mierda. –Murmura exasperado.- Siempre creí que cuando la conociera estaría mejor vestido y menos sudado.
Fallo en mi intento y me río de él.
-Lo siento, me he perdido. –El ascensor llega a mi piso, me despido de él con la mano y bajo.- Adiós, si veo a una niña sola le preguntare si es tu hermana.
-Se llama Hillary. –Logra gritar antes de que las puertas se cierren.
Es imposible no seguir riéndome de él. Recuerdo que yo también estoy en una búsqueda de una desaparecida así que miro hacia todas partes pero no la encuentro. ¿A dónde se fue Ana?
Camino por el pasillo hacia el consultorio de Matt y no la veo por ninguna parte. Una puerta se abre a mi derecha y Edward me mira sorprendido. Sin dejarme hablar me toma de la mano y me hala haciéndome entrar.
-¿Me estas siguiendo Bella? –Sonríe fanfarrón.
-No, estoy buscando a Ana. ¿La has visto? –Le digo en tono frío.
-No. –Responde y se acerca peligrosamente a mí, retrocedo hasta pegar mi espalda a la puerta. –Aun te pongo nerviosa, ¿Por qué me estas tratando así? ¿Qué hice ahora?
-Nada, supongo. –Murmuro.
Mi corazón late a mil por hora y me odio a mi misma por no saber controlarme. Edward coloca su mano sobre mi pecho, justo en mi corazón y sonríe de lado.
-Puedo escuchar como tú corazón canta para mí.
-No seas idiota, no te emociones solo me has asustado. –Muerdo mi labio y desvío la mirada.
Su risa musical me hace estremecerme.
-Sigues siendo una terrible mentirosa, Isabella. –Murmura en mi oído.
-¿Por qué lo hiciste? –Me escabullo de su toque y camino lejos de él.- ¿Por qué buscaste ese donante?
-Porque yo no puedo permitir que te ocurra algo. -Vuelve a caminar hacia mí y toma mi rostro entre sus frías manos. Una pequeña sonrisa ilumina su rostro perfecto, aunque la preocupación aún se nota en la frente. - «¡No puedo vivir sin mi vida! ¡No puedo vivir sin mi alma!»
-Heathcliff. -Murmuro. Él no necesita el libro para saberse el texto a la perfección, me estrecha entre sus brazos, apretándome contra su pecho.
-Sí -me contesta en voz baja-. Siempre lo has sabido. Bella, tú eres mi vida.
Entierro mi cara en su pecho tratando de controlar la cantidad de sentimientos que están emergiendo de mi interior. Los brazos de Edward se aferraron aun más a mí alrededor.
-Te amo Bella, así tenga que transformarte yo mismo lo haré sin importarme nada, pero no te perderé.
La realidad me golpea con fuerza. Me alejo de él de un empujón. ¿Qué estoy haciendo?
-¡No! Ni se te ocurra hacer eso, enfrente el dolor como humana, y lo supere. Pero si haces eso y te llega la gran idea de que algo es peligroso para mí y me dejas no podre soportarlo. Te agradezco haber encontrado un donante para mí, pero no me digas que me amas, no me digas que me transformaras. ¡No mientas más! Déjalo ya. –Dije entre sollozos.
-Bella yo… -se acerco a mí y yo di un paso hacia atrás, tiro de su cabello frustrado por mi rechazo.- Maldita sea Bella, yo no estoy mintiendo. Te amo lo he hecho desde el día en que casi mato a toda la clase solo para poder beber tu sangre.
-Estúpidamente yo lo hice desde que te vi en la cafetería con tus hermanos. ¿Ves la diferencia? Déjame ya Edward.
Intente llegar a la puerta pero su mano en mi brazo me lo impidió. Tiro de mí y me sostuvo con pegada a su duro cuerpo con una mano en mi cadera y la otra en mi cabello, nuestras respiraciones se mezclaban y sus ojos dorados como el caramelo liquido quemaban en brazas de intensidad mientras me miraba fijamente.
-Dime que ya no me amas. –Gruño.- Dime que ya no sientes nada por mí y te dejo tranquila.
-Suéltame. –Suplique.
-No, responde Bella.
Forcejeé contra su agarre y cuando por fin me libero intente llegar a la puerta pero sus manos volvieron a rodear mi cuerpo.
-¿Eso es un no? ¿Verdad?
Ya no podía más, tenía que decírselo. Me gire y empuje lejos.
-¡Sí, te amo! ¿Y qué? ¿Qué cambia eso? –Gruñí entre dientes.- Me dejaste, te fuiste sin medir consecuencias. Si de verdad me amaras como profesas ¿Por qué no te quedaste a luchar conmigo? ¿A que enfrentáramos todo juntos? Me dejaste, sufrí y lo supere Edward. ¡Pero maldita sea, no olvide! Te espere, te he esperado como una estúpida todos estos años rogando ilusamente a que volvieras por mí. Pero ya basta, he decidido dejarte en el punto donde tú me dejaste a mí. El pasado. Me voy a casar con Christian o moriré por esta mierda, lo que sea que pase será sin ti. Gracias de nuevo por tratar de ayudarme pero ya no más. –me gire y tome el pomo de la puerta pero antes de girarlo le susurre:- Tú y yo no pertenecemos al mismo mundo.
Salí dando un portazo y corrí por el pasillo hacia el ascensor, las lágrimas caían en cascada por mis mejillas. ¿Cómo se atreve a venirme con toda esa mierda? ¿Acaso aun no entiende que el dolor que yo sentí no se supera con un simple te amo de sus labios?
Mis pasos se hacen cada vez más lentos. Me estoy comenzando a marear, un líquido frío baja por mis fosas nasales, casi no puedo respirar. Trato de llegar al ascensor pero mi vista se nubla y mis piernas fallan. Algo frío evita que me estrelle contra el piso.
-Aunque tú no quieras. Te voy a proteger con mi vida.
.
.
Sus hermosos comentarios cada día me dan más fuerzas para muchas cosas. Me alegra tanto que les guste.
Gracias por gastar su tiempo en mí. xd
xx
