Austria mira a Alemania no muy convencido, pensando que tal vez deba ir él a ver a Veneciano y suspira volviendo a ver si encuentra a Suiza o ya está escondido en un cubo en su casa.
Casi, casi. En cuanto le ve aparecer por las escaleras, Hungría le dice a Liechtenstein que va a ir a felicitarle, se levanta y se le acerca casi corriendo.
Austria levanta las cejas y se agarra de la barandilla. Ella se ríe un poco de la reacción y no puede evitar abrazarle y levantarle un poco.
Austria se tensa apretando los ojos pero sonríe.
—¡Felicidadeeees! —se ríe un poco—. ¿Ves? ¿Ves? ¡Te dije que diría que si!
—Ya, ya, no me rompas —palmaditas a la espalda.
—¡No te rompo! ¡Es que estoy muy contenta! ¡Y Liechtenstein también! Y... Es que es una historia de amor tan lindaaaa.
Él traga saliva y se sonroja un poco más. Hungría le suelta toda sonriente.
—¿Ahora sí podemos emocionarnos y dar saltitos? —se ríe un poco y cualquiera que dude del género de esta chica sólo hay que verla.
—Ja —da un pasito atrás igualmente. Ella sonríe y sí que da unos saltitos. Austria sonríe más al verla hacerlo, igual.
—¡Son tan monos! ¡Tan enamorados! ¿Dónde va a ser? ¿Puedo ayudarte?
—En Bern. Y sí que puedes.
—¡Ah! En Bern. ¡Que bonito! ¿Ya sabes que van a ponerse? Oh! ¡La música! ¿Cuándo va a ser?
—En Navidad.
—Ohh! ¡Con frío! ¡Todo nevado en Bern! —ya está imaginando las fotos—, aunque es MUY pronto. Tardamos más en organizar la nuestra.
—Exacto —sonríe otra vez y asiente.
—¿Y qué necesitas? ¿Qué vas a hacer? ¿Cómo te dijo que sí? Tienes que contarme todo.
—No va a ser tan grande como la nuestra.
—Bueno, eso es fácil. La nuestra fue un EXCESO.
Ojos en blanco. Ella se ríe un poco y le abraza de la cintura.
—Y muy bonita, no me quejo. Estaba sin habla.
Él sonríe igual y le hace un cariño.
—Svajc parece contento, aunque... Estuvo hablando con tu vater. Ehm...
—¿Aja?
—Hace un buen rato que no le veo.
—Ultimamente se pierde demasiada gente.
—Debe haber un agujero negro en algún lado —tira un poco de él hacia la sala, aún abrazándole—. ¿Me dirás en que necesitas ayuda? ¿Dónde vas a componer?
—He estado haciendo algunas pruebas en Wien esta semana.
—Eso explica en parte tu misteriosa ausencia. Aunque pensé que estarías, bueno, celebrando pero sólo vi al futuro Herr Österreich algo histericolocoperdido jalándose los pelos y llamando por teléfono, presumiblemente a un aparato que se quedo sin batería hace días en algún lado.
—Otra trágica desaparición misteriosa —responde cínico en relación a su teléfono. Hungría se ríe.
—Una epidemia —echa un poco la cabeza atrás y baja el tono—. Vas a... ¿Voy a estar invitada?
—Me temo —asiente cuando entran al salón.
—Ahh, va a portarse bien, te lo aseguro.
—¿Estás segura?
Ella suspira.
—Voy a intentarlo, te prometo que voy a intentarlo. En realidad me preocupaba más bien que no me invitaran por otra causa.
—Bueno, igual creo que tendrás que sentarte en mi lado.
—¿Y dejar a Liechtenstein solita en el suyo? —pregunta un poco malignamente.
—No va a estar solo ella. Ha ido a decirle a su madre. Y le pediré a Vater que se siente ahí también —sonríe de lado igual—. Con el muchacho Canada serán cuatro.
—Bien, muy balanceado. Cuatrocientas personas de un lado y cuatro del otro —asiente con falsa seriedad—. Puedes pensar en poner un coro de su lado.
—Aun tienen suerte Vater y Helvetia, él quería que solo fuera Liechtenstein.
Hungría levanta la cejas
—¿Y como le has convencido?
—Le dije que tú y Deutschland ya lo sabíais y que no había forma de que nos negaramos a invitaros —se encoge de hombros. Ella le sonríe.
—Gracias. Me dará muchísimo gusto acompañarles ese día —le pone una mano en el pecho.
—Lo sé. Y a mí que lo estés —pone la mano sobre la suya. Sería un buen momento para que apareciera Suiza, pero Austria tiene suerte de no meterse en ningún lío.
—Bueno ¿y dónde está el novio?
—No lo sé, tú eres quien le ha visto desaparecer.
—Creo que... Se fue para allá, ¿por que no vas a buscarle? —le mira de reojo.
—¿Qué le habéis hecho?
—Nada, ya te he dicho que vi que habló con Germania —no le mira del todo porque no quiere meter a Prusia en esto—. Yo ni siquiera estaba por ahí. Anda, ve a buscarle.
—Nein, ya saldrá. Voy a hablar con mein vater a saber.
—Vale. ¿Te traigo algo?
—Café, danke.
Asiente haciéndole un suave y distraído cariño en el pecho antes de soltarle del todo e irse a hacer el café. Austria se acerca a Germania, quien esta trasteando con el cabestrillo intentando quitárselo y ganándose un regaño austriaco en 3… 2…
—¡Vater, para con eso!
—Es que cómo no me va a doler si lo tengo engarrotado en una sola posición. Necesito moverlo un poco para relajarlo —protesta un poco y esto no le va a durar ni dos días, pero bueno. Se hace un poco a un lado para que Austria pueda sentarse.
—¿No te han dicho que no lo muevas?, pues estate quieto que no sabes tú más que el médico —se sienta, porque además Prusia se ha ido.
—Sí que sé bien como funciona mi brazo mejor que el médico —protesta con la boca pequeña dejando de moverse por ahora, eso sí. Mira a Austria y desfrunce el ceño acordándose de a qué han venido—. Hallo.
—Hallo...
—¿Algo que quieras contarme? —pregunta Germania entrecerrando los ojos.
—¿Algo que no sepas ya? —tan desinteresado.
—No sé de que me hablas. Yo no sé nada.
—¿Qué esperas? ¿Que te pida la mano de tú hijo como si mein vater fuera alguien más?
—Tú eres mi hijo — frunce el ceño necio.
—Precisamente.
—Lo que quiero es que me lo cuentes. Porque no entiendo como es que Rom vino a contárselo a Galia y estuvieron saltando de la emoción como niños pequeños y yo no tenía ni idea de que hablaban.
—No hay nada más allá que Schweiz y yo vamos a contraer matrimonio.
—¿Por qué?
—Porque ya conlleva bastantes problemas para que haya algo más.
—¿Conlleva bastantes problemas qué?
—Casarse. Nada más eso es extremadamente complicado.
—No entiendo bien a que te refieres pero podrías explicarme.
—Pues consiste en organizar un convite y una ceremonia para bastantes personas con cierta cantidad elementos que tienen que salir bien, a pesar de la enorme cantidad de imprevistos que pueden surgir.
Germania le escucha con atención.
—Bueno, eso me parece que tu debes hacerlo bastante bien —valora—. Lo que no entiendo es para qué sirve. Es decir, antes la gente se juntaba para hacer una familia. Pero tú y Schweiz ya son una familia, son hermanos.
—No somos EXACTAMENTE hermanos.
—¿Cómo que no? —levanta las cejas—. Como me salgas otra vez con que eres hijo de Rom...
—No soy yo quién dice eso. Pero en este contexto, ser hermanos implica unas connotaciones un poco tensas, así que tras tener una relación para nada fraternal durante más del ochenta por ciento de nuestras vidas, es una condición que hemos decidido rechazar. Independientemente de que ambos te reconozcamos como padre a ti.
—Entonces es verdad lo que dice Preussen —le mira fijamente.
—¿Lo que dices sobre qué?
—Que ustedes dos si... —hace un movimiento con la mano, cruza los dedos, no de manera especialmente obscena, pero... Sí clara.
—No puedo creer que no lo supieras —aun así se sonroja un poco y el problema es que puesto así suena terriblemente incestuoso.
—Pues no es algo en lo que me detuviera a pensar demasiado. Yo sólo los veo juntos, como siempre.
—No me estás diciendo esto, Vater. ¿Te parece que estámos como cuando eramos niños?
—Pues... Nein. Pero tampoco pensé que... Es decir, no había pensado en esas cosas de sexo.
—En realidad yo no sé muy bien como es que sucedió, deberías preguntarle a Schweiz, él es el experto —aprieta los ojos.
—Para mi tú y él siempre han estado juntos todo el tiempo y nunca pensé que no fueran a estarlo, y a pesar de lo que me has contado de con Spanien y de las cosas que he visto con Ungarn... —le mira—. ¿El experto?
—¿Apesar de ellos, was?
—Sí sabía que ustedes dos estaban juntos aunque no me había puesto a pensar que... así.
—¿Y qué creías?
—No sé, que se llevaban como siempre, muy bien, que estaban juntos siempre. Pero no pensé que tan así como Deutschland y Veneciano, por ejemplo... Aunque Rom siempre dice que sí como Spanien y Romer. Pero ustedes dos no... —Hungría tiene a bien aparecer en este momento con la tacita de café de Austria y ponérselo en la mesa, haciendo que se sonroje un poco más, ya que estamos.
Hungría le mira de reojo y sonríe, quedándose un poco a acomodarle la cucharita, servilleta y azucarera con la oreja parada, curiosa, pero pasando desapercibida en términos generales.
—No sé —se encoge de hombros—, no había pensado en con quien se acostaban —y es una mentira, sólo es que cada vez que lo piensa lo aparta porque le parece raro y es como "nah, nah".
—De eso ya me doy cuenta —carraspeo. Hungría sonríe un poco más a punto de decirle lo mismo que Prusia de las MILES de pruebas fehacientes. Germania le mira directamente antes de que hable.
—En cualquier caso, insisto en que cualquier duda que tengas al respecto de eso se la comentes a Schweiz.
Hungría suelta una risita inevitable con eso mirando al austriaco un segundo antes de irse otra vez con Liechtenstein. Germania la sigue mirando un poco más y luego mira a Austria de reojo.
—Ella, por ejemplo, hace en general en la casa lo que yo pienso de una esposa.
—Hay, en general, muchas aspectos de la vida que no funcionan como en los estereotipos —Austria carraspea.
—Aunque está con Preussen, es como la esposa de ambos aún —reflexiona.
—Nein.
—Ja, hace todas esas cosas: lava, hace la comida... De hecho cuando estaba aquí hacia lo mismo para mi —Germania la epítome del machismo ancestral, ou llea—. Me sorprende que no tenga hijos.
—Escuchame, vater... mira. Ella hace esas cosas porque así paga su manutención y estancia aquí, es su trabajo. No tiene nada que ver con lo que hace una esposa. Mira a Galia, ¿crees que ella haría las cosas que hace Ungarn siendo esposa de alguien?
—¿Tu mutter? Nein. Pero ella es una princesa.
—Es un tipo de esposa. Eso no significa que Ungarn lo sea más o ella lo fuera menos.
—¿Estoy diciendo de esas cosas que están mal y que no debería decir ahora como lo de los esclavos?
—Más o menos —asiente. Germania asiente secretamente feliz de haberse dado cuenta.
—¿Entonces tu y Schweiz se van a casar para qué?
—Porque creo en la importancia de un acuerdo tácito de amor y fidelidad... —explica sin mirarle.
—¡Oh! —se acuerda al fin de que eso mismo le explico Roma en el coche antes del accidente—. Es cierto.
—¿Es cierto?
—Rom y yo hablábamos de esto antes del choque, de casarse por querer a alguien lo suficiente —le mira de reojo y suspira. Austria traga saliva.
—Ahí lo tienes. ¿Cómo fue el accidente? —pregunta cambiando de tema a otro que le pone un poco menos nervioso. Germania niega con la cabeza.
—Me alegra. Me alegra que los dos encontraran a alguien que les quiere tanto —insiste en el tema que a él le genera cierta angustia. Le mira a los ojos.
—Ehm... ja —vacila, porque Germania es, precisamente, el nexo de unión que tiene con el suizo que no quiere en esta circunstancia.
—Es muy difícil conseguirlo. Aunque tú lo has conseguido tres veces —nota levantando la mano y se la acerca a la cara para darle una de esas palmaditas—... no lo desperdicies otra vez. Los dioses no siempre van a favorecerte tanto.
Austria cierra los ojos y aparta la cara un poco, preocupado de que le haga daño, en especial con las gafas. Germania le toca la mejilla igual, con suavidad. Asi que el de ojos violetas se calma al notar que no es tan bestia. Pues qué remedio si quería formar parte de la casa de Austria.
—Es bonito y valiente hacer un compromiso así. No todo el mundo quiere o puede hacerlo.
—¿Por qué lo dices?
—Tu madre está muy emocionada y contenta con esto —le quita la mano y se sonroja un poco.
—Ah, eso...
—Ja. ¿Ya le dijiste algo? —gruñe un poco.
—Nein.
—Yo no le dije que invitara al muchacho ese.
—Supongo que ella le invitó por su lado. ¿Querías ir con ella?
—Pensé que dado que era algo contigo era obvio que iríamos juntos —se cruza de brazos mirándola.
—También es algo con Schweiz.
—¿Con Schweiz?
—No creerás que voy a ir yo solo.
—¿Y dónde está Schweiz?
—No lo sé.
—Bueno, sólo... Habla con ella, ¿vale? Y dile, si puedes, que a la boda no lleve al muchacho.
—Pensaba que podías ir con Helvetia —propone suavemente. Germania levanta una ceja y le mira de reojo.
—Helvetia no va a bajar para algo así.
—Nein? ¿Para la boda de su único hijo en navidad? —pregunta de forma retórica.
—¿En Navidad? ¿Esto va a ser en Navidad?
—Ja.
—¿Ya le dijeron? —el germano se gira un poco a él.
—Schweiz le dijo.
—¿Y va a venir? No quiero que venga.
—¿Por?
—Porque no, porque va a estar Rom y... Nein, no quiero que venga, es un peligro —se sonroja un poco y se revuelve—. ¿Dijo que sí? ¿De verdad?
—¿Vas a llevar a Rom y no quieres que Galia vaya con Gales ni venga Helvetia? —frunce el ceño—. ¿Eso no es un poco acaparador hasta para ti?
—Nein. Quería venir con Galia hasta que Rom me dijo que ella vendría con el chico ese y... Bueno, quedé de venir con él. Pero no pensé que fuera a venir Helvetia. Lo que no quiero es que ella...
—Vater, Schweiz va a invitar como máximo a cuatro personas. No le voy a pedir que desinvite a su madre a esto. Lo siento.
—Entonces que no venga Rom. Yo puedo venir con ella —sí, Germania, es complejo. Nadie dijo que fuera simple.
—Si eso es lo que quieres, es tú decisión, no te voy a decir con quien ir —toma un poco de café.
—Esto es tu culpa por no decirme antes que vendría Helvetia —protesta—. Y es que va a ir tras ella...
Eh, tampoco creo que este TAN interesado en la chica. Creo.
—Tus parejas son asunto tuyo, Vater, podías imaginar que vendría tú mismo.
—Nein, conociéndole... De hecho va a estar de terrible mal humor y quizás intente acuchillarme —valora y suspira—. Esto es complicado.
xoOXOox
A todo esto, Galia se levanta y se dirige al baño a donde ha visto ir a Suiza, él siente LA perturbación en la fuerza.
—Suisse? —toca con los nudillos. Suiza abre los ojos como platos y se pega a la pared, reconociéndola—. ¿Te sientes mal o es que te estás escondiendo?
Suiza se sonroja un montonal, atrapado.
—No me estoy escondiendo —responde bajito preguntándose por qué no es Austria el que viene por él y tiene que ser GALIA, de todas las personas.
—¿Entonces te sientes mal? ¿Quieres que pida algún medicamento?
—Non, non. No me siento mal.
—Venga, sal y no te escondas más, no pasa nada malo.
El suizo aprieta los ojos.
—Noestoyescondido. ¿Dónde está Österreich?
—Fuera, con Germaniae, ¿quieres que le diga que venga?
Se lo piensa un poco.
—No creo que lo haga —concluye apretando los ojos y detestándose a si mismo por no poder estar tan tranquilo en la sala y haber terminado aquí escondido en el baño sintiéndose ridículo y pensando en si puede escapar por la ventana e irse a casa—. ¿Necesitas usar el baño?
—Non, pero me apena que estés ahí solo. Yo creo que sí que vendrá.
Vacila un poquito porque sí que quiere que venga Austria a arreglarle un poco el mundo, pero puede que también venga y se burle un poco.
—Espera ahí y voy a buscarle, ¿vale?
—Es que... No le digas que yo te dije que... Non. Dile que no es que... Non. Sólo dile que si puede venir un poquito.
—Va a saberlo igual, mon cher.
—¿Y por qué él no tiene este problema? —protesta un poquito apretando los ojos.
—No lo sé, mi amor, creo que no le da tanta vergüenza —le habla con dulzura—. Pero no pasa nada, es una cosa muy bonita, no hay de que avergonzarse.
—No es una cosa muy bonita, es una cosa tonta y... —bufa —. Detesto esto, lo detesto.
—¿Qué es lo que te parece tonto? —pregunta acariciando la puerta como si quisiera acariciarle a él. (Francia el táctil la entiende perfectamente)
—Estar aquí, y... estar en el baño y —suspira—, no poder salir. Yo no estoy hecho para estas cosas.
—¿Por qué no puedes salir?
—Porque están todos —y me da vergüeeeenzaaaaa. Se mira el anillo en el dedo y aprieta los ojos quitándoselo en un baile que ha hecho diario, varias veces al día, desde que se lo dio.
—Pero no pasa nada. Todos están muy felices por ti… por los dos.
—Mientras piensan que soy el tercero en la lista —susurra —. Y me comparan con los demás en cuchicheos.
—Quoi?
—Le puedes pedir a Österreich que, ehm... ¿Salga al jardín?
—Oui —asiente y sonríe.
—Merci —murmura esperando a que se vaya para abrir la puerta un centímetro e intentar salir del baño.
Y lo hace, claro.
Suiza lo agradece y se anima a salir del baño así como ultrarrapido, con las orejitas rojas y no me sorprendería que encontrara a Alemania o a Hungría o a alguien en el camino en realidad con la mala suerte que tiene
Galia tiene harta experiencia en britanicos y tú eres más o menos igual... Si Britania la quiere mucho por razones poderosas.
Así que tras un suspiro de resignación y acabarse su café, Austria sale a buscar a Suiza y le encuentra lanzándole un palo al perro de Alemania y esperando a que se lo traiga de vuelta.
—Schweiz...
Suiza se sonroja girándose a mirarle.
—Sí... Saliste —se limpia la mano de baba de perro en el pantalón.
—Galia dijo que estabas esperándome aquí fuera. ¿Qué haces?
—Estaba lanzándole el palo al perro —carraspea acercándose a él mucho más de lo habitual, hasta ponerle la frente en el pecho.
—Eso ya lo veo. Me refiero a por qué estás aquí fuera —parpadea un poco y levanta las manos vacilando hasta ponerselas un poco en la espalda suavemente.
—Te fuiste mucho rato y Preussen hizo lo que esperaba que hiciera —sí, sí, ya sabemos que es raro que lo haga tan así y se te acerque así, sólo... Es parte de permitirse confiar en ti—. Y también lo que no esperaba que hiciera. Y Galia vino a buscarme y a ti te da igual lo que pase, estas ahí sentado sin que te pase nada.
—¿Y desde cuando dejas que lo que hace Preussen te afecte?
—Desde que dice cosas que son ciertas. Además no estamos haciendo esto JUNTOS, estoy haciéndolo yo sentado ahí mientras todos cuchichean.
—No esperaba que Deutschland sufriera una crisis justo hoy.
—¿Qué pasa con Deutschland?
—Por lo visto Veneciano y él han cortado.
—El pleito. Es más serio entonces.
—Ja.
—En realidad después de todo lo que ha pasado hoy, incluso me parece un poco ridículo estar hablando de nosotros y... Esto —se separa un poco y le mira dos segundos. Se sonroja y vuelve a ponerle la frente en el pecho mientras el perro vuelve con el palo y da un poco por culo buscando atención.
—¿Porque no vamos dentro y hacemos esto juntos como habíamos planeado?
Suiza suspira y asiente poniéndose nerviosito de todas maneras.
—Preussen quería ser mi padrino.
El austriaco no puede evitar soltar un sonido de burla tipo pfff. Suiza le mira otra vez.
—Ha aceptado como si se lo hubiera pedido —agrega—, y me ha dicho algo que puede ser cierto...
—No vas a dejar que lo sea.
—Pero es que estaba pensando en una cosa importante —indica y cambia al tono a uno más serio aún y solemne—. Dime la verdad.
—Was?
—Después de lo que pasó con England —empieza—, que desafortunado y sin importancia... no quiero que nadie piense nada incorrecto. ¿Te genera algún tipo de molestia o inseguridad que él sea mi padrino?
—¿Después de qué que pasó con England? —sí, así de presente lo tiene.
—Eso que no pasó... O no debió pasar. Ni siquiera me acuerdo.
—¿Qué no debió pasar? —piensa que se refiere a algo que pasó al pedírselo. Suiza parpadea porque no cree realmente que sea posible que no sepa de qué habla.
—Pues eso. Eso que pasó. Lo del LSD.
—¡Ah! —cae en la cuenta de ello. No que Austria no lo sepa, es que no se acuerda. Nos alegra en realidad.
—De verdad England sólo es mi amigo.
—Aun con eso prefiero a England que a Preussen como tu padrino.
—¿De verdad? Preussen dice que todos saben eso que pasó con England y que pensarán que hay algo entre él y yo.
—Por supuesto, es tremendamente lógico que te cases conmigo porque tienes un affaire con England.
—No tengo un affaire con nadie. Sólo estoy diciéndote lo que Preussen dice que dice todo el mundo.
—No tiene ningún sentido, Preussen seguro lo ha dicho para molestarte.
—Entonces no te molesta y estás bien con ello y no necesitas que me aleje de él y deje de hablarle —eficiencia germana para la resolución de conflictos.
—Nein, gott sei danke —suspira porque no es que no le incomode nada en lo absoluto pero él, con su practicidad germana, también es muy capaz de saber con claridad que es a él a quien Suiza quiere y la relación con Inglaterra es de amistad. Tampoco es como que el helvético tenga muchos más amigos, así que considera que sería tremendamente egoísta de su parte y improductivo obligarlo a romper dicha amistad por un ataque de celos innecesario.
Suiza se relaja visiblemente.
—Gott sei danke —repite y se sonroja un poco con la idea de darle un besito. No se atreve.
—Por cierto, Vater acaba de caer en la cuenta que a veces tenemos sexo.
—W-Was? —Bien, ya estaba relajado, ahora ha dejado de estarlo.
—Eso me ha dicho —sonríe.
—¿Y tú le has confirmado? —aprieta los ojos.
—¿Pues crees que era justo dejarle pensando cosas así? Luego Rom se burla de él.
—Pero es que... ¡Pero es que tu y yo no hacemos eso!
—Ah ¿nein? —ceja levantada.
—Nein. Vamos adentro —le toma del brazo.
—Bien, pero aunque me parece que lo de England sea un invento de Preussen, esto sí que lo van a pensar todos.
—Pues... No deberían —vapor de agua por las orejas—. Nunca han visto nada así y nunca hemos dado ningún indicativo de que lo hagamos. No veo por que pensarlo.
El austriaco esconde el ataque de risa en tos.
—Es en serio. ¡Ni siquiera te sientas en el mismo sillón que yo!
—¿Y crees que nadie te ha oído? ¿Quieres ver como Vater te oye esta noche? Debe ser el único que falta.
—Was?! —se detiene con los ojos abiertos como platos. Austria sonríe de lado.
—Hoy nos quedamos aquí.
—Nein. Y... Nein. No vamos a... Nein.
—Nein? Igualmente no podrás vestir de blanco.
—¿Cuando he vestido con traje blanco pomposo y ridículo? —protesta en susurros para no chillar porque le ha puesto nervioso la perspectiva de tener sexo hoy en la noche en Berlín (y que su padre le escuche)
—Más que nada lo digo por el asunto de la pureza y la virginidad.
—Österreeeich. Deja de discutir mi pureza y virginidad... En voz alta y con Preussen cerca —le riñe a susurros que seguro le salen más altos que lo que dijo Austria, quien se ríe—. Tú tampoco puedes casarte de blanco. No tienes ninguna pureza y virginidad —le mira reírse, sonrojadito y todo, pero algo embobado.
—Eso es obvio, yo he estado casado ya dos veces.
—Eso también me lo ha recordado Preussen. Danke —arruga la nariz. Ojos en blanco—. Especificó que tenía que tener muchas flores y, tal como creo que va a pensar todo el mundo, me indicó que me compararían con el resto de tus parejas.
—¿Y?
—Y nada. Finalmente sí, estoy haciendo lo mismo que los demás. Sólo que con Spanien si era algo nuevo para ti, conmigo... Tú mismo debes estar comparando cada cosa que hacemos o decidimos.
—Pues sí y no.
—Sabes, creo que no quiero saberlo. No quiero estar pensando todo el rato si piensas "esto era mejor con Spanien" o "esto me gustó más con Ungarn" —le mira y le toma de la mano sonrojandose más—. Lo que quiero pensar mejor es, esto sólo va a pasar conmigo una vez y conmigo sí va a funcionar.
Austria sonríe sin decir nada pensando que no ha dicho nada de la posibilidad de que piense "esto me está gustando más ahora con Schweiz" y entra delante sin soltarle la mano y ahí se van a la guerra, Suiza sonrojadito.
—¿Vas a acusarme? —sonrisita.
Austria hace un gesto con el brazo pasándoselo a Suiza por encima de la cabeza sin soltarle la mano, quedando tras de él "abrazándole" por la espalda y la otra mano en el hombro, le empuja un poquito hacia los presentes para que hable. Para el horror absoluto de Suiza, todos se han callado en cuanto han entrado.
Suiza abre la boca como pez. Pero como pez, de verdad, rojo como tomate y atrapado ahí en medio de un abrazo "cariñoso", más cerca de Austria de lo que suele estar en público.
—W-Was... —intenta mirar a Austria por encima del hombro notando todas las miradas sobre él.
—Se supone que deberías estar hablando —susurra Austria.
—¡Pero éramos los dos! —hace un chillidito histérico empezando a sudar de los nervios, tragando saliva y mirándoles a todos. Se repega a Austria pretendiendo dar un pasito atrás.
Austria tiene a bien de estirar un dedo y hacerle un cariñito en el cuello/nuca por debajo del pelo que le pone la piel de gallina y le da un escalofrío... Y aumeeeeenta el sonrojo.
—E-Ehhh... —vacila, cosa tremendamente rara porque en general tiene bastante controlado hablar en público... En juntas de la Fifa o de la ONU.
—¿Estás bien, Suisse? —pregunta Galia al notarlo. La mira así como si tuviera dos cabezas, pegándose más a Austria como calcomanía.
—Shhh —susurra Austria sonriendo maligno escondido en su pelo.
—Schweiz? —presiona Germania que no crean que no está inclinando la cabeza y notando cada vez más consciente que si que están JUNTOS y sí que lo sabía. Aprieta los ojos.
—N-N-N... —es que Austria tan cerca no ayuda en nada. Suiza debe estar irradiando el calor de los NERVIOS y el pánico. Con la boca seca, intenta carraspear.
Prusia suelta una pequeña risita y Hungría le da un golpecito sonriendo tiernamente, cosa que TAMPOCO ayuda.
—N-Nos... —carraspeo carraspeo. Alemania elige ese momento para entrar a la sala, con los ojitos un poco hinchados. Les mira, agregando un lar de ojos más.
Besito secreto en el pelo.
Es que va a morirse. ¡Otro escalofrío! Hasta suelta el aire un poco pensando que es que TODOS le están mirando y SABEN. Saben saben saben y él está ahí, y no sólo saben sino lo están viendo. El corazón le late con más fuerza que nunca.
—Ehm... Österreich... —y yo. Era la frase completa, pero sólo le sale el nombre medio sin aliento.
Prusia tiene a bien de comentar medio a susurros a Hungria que eso sonó como un gemidito. Todos nos dimos cuenta del gemidito, gracias por el "susurro", Prusia.
—Eh... Y... Y yo... Que-Queremos —intenta, en serio intenta hablar de corrido y no morirse a la vez.
—¿Aja? —le insta Galia y Austria le hunde la nariz en el pelo aspirando un poco, haciéndole otra caricia con el dedo. Si alguien se pregunta CUANTO le gusta Austria a Suiza y cuanto es que puede influenciar hasta sus movimientos y su habilidad para hablar, ahora puede aclararse.
—N-Nosotros vamos a... He-Hemos... Decidido que nos... —cuidado, Austria, que puede salirte el tiro por la culata. Austria le aprieta un poco el hombro cuando siente que está tomando carrerilla, dándole ánimos—. Q-Queremos.
El austriaco parpadea sin esperarse esa. Galia sonríe tiernamente con ello.
—¿Esas cosas se deciden? —pregunta Prusia metiendo cizaña.
Suiza se sonroja más aún y Germania se revuelve un poco porque le da así como vergüencita ajena por empatía.
Gales VUELVE a pensar que están metidos en algo un poco íntimo y familiar, aunque le parece que Prusia no se está burlando de Suiza lo suficiente. Irlanda estaría MUERTO de la risa como Inglaterra hiciera esto, sin mencionar lo que estarían haciendo él y Escocia. Valora positivamente lo civilizados que son.
—Yo no... Nein. No es que se decidan, es que... —Suiza además decide no ignorar a Prusia, que sería lo maaaaas lógico. Austria aprieta los ojos precisamente por eso.
—Eso es muy bonito —asegura Galia a fin de ayudar, lo prometo. El suizo levanta la vista y mira a Prusia. Traga saliva, porque esto es súper complejo. Galia hace que sude un poco más, echando mucho de menos a su cubo.
—E-Es algo que pasa, pero no había... No había pasado así... Bueno, j-ja, pero no conmigo. N-No q-que quisiera o esperara que... —Suiza va bajando el tono de voz enredándose más en explicaciones.
—La cuestión es que vamos a casarnos —resume Austria con los ojos cerrados y un tono más solemne, pensando que ya ha sufrido bastante. Gracias.
Suiza respira un poco al oírle y le aprieta lo que pueda apretarle. La mano, seguramente. Pues se la aprieta. De hecho ya debía estársela apretando un poco más de lo apropiado.
Germania les mira ahí tan monos juntos formalizando una alianza y diciéndose que se quieren, pensando que él estaría ahorcando a Roma.
—Besooooo —sí, es Hungría, que se le ha salido sin poder evitarlo. Galia da palmaditas emocionada y es que no sé si Prusia acababa de creerlo aun.
—Ungarn, bitte —pide Austria con "sensatez" intentando imponer la calma... sonrojadito.
—S-sí, perdón... Perdón —susurra poniéndose una mano en la boca—. Pero es que Lili también quiere verlooo.
Liechtenstein levanta las cejas porque no ha dicho nada y Germania carraspea un poquito agradecido de que Roma no esté aquí porque seguro les presionaría.
—Por supuesto, Liechtenstein —responde Austria.
—¡Sí! ¿Verdad? Es un beso, para que ensayen. Van a tener que darse más de alguno —insiste muy suave sabiendo que está pasándose un poco pero no hay nadie que ayude.
Suiza decididamente esta de trágame tierra AHORA. Sonrojado, intentando hacerse uno con el pecho de Austria, con los ojos apretados.
Liechtenstein susurra algo en ultrasónico y Alemania hace los ojos en blanco, sentándose con los brazos cruzados en el banco del piano que es el único lugar donde encontró para sentarse que esté un poco separado del resto. Gruñe levemente.
Prusia se humedece los labios y le parece increíble que no se le ocurra nada que decir para molestar a Austria. Está como... con el cerebro seco. En blanco.
El problema que tiene Suiza es que además a Austria no le parece tan mala idea que vaya acostumbrándose, le mira de reojo. Suiza está temblorino y TENSO como un palo.
—Creo que por hoy ya hay suficiente —decide Austria.
Hungría mira a Prusia de reojo, por cierto, porque si que esperaba que dijera algo. Le sonríe un poco y le pica la mejilla al verle la cara.
—Vámonos —decide Suiza de repente, en un murmullo, cuando Germania se levanta.
—Shhhh... calma —pide Austria. Germania se acerca a los dos con paso decidido.
Suiza ollita de presión, traga saliva. Austria le mira apretando un poco a Suiza.
—Me alegra estar aquí para ver esto—murmura Germania antes de carraspear y no saber que hacer porque esto en su mente era un abrazo pero ya que llego ahí... Austria le mira y sonríe un poco asintiendo con la cabeza. Los muy expresivos.
—Danke —murmura Suiza y se da la media vuelta y se esconde otra vez en el pañuelo de Austria.
—Ehm... —vacila Austria. Lo siento, tienes a un histérico que por una vez no esta histérico CONTIGO.
—Los odio a todos y no voy a darte un beso nunca —murmura apretando los ojos.
—Caaaalma —igual sonríe de lado y le acaricia un poco.
—A ti también —protesta suavecito.
—Sí, sí, claro, claro.
—Sí que lo hago y no te quiero —agrega y Germania carraspea aún ahí de pie incomodito.
—Así que... —se acerca Prusia moviendo las manos y da con una en la otra—. Otra boda.
—Muy observador, Preussen.
Suiza de TEEEENSA.
—Me pregunto si no estarás en la noche de bodas y te confundirás de nombre, con tantos cónyuges.
La tensión de Suiza no disminuye en lo absoluuuuuto.
—No creo que sea bueno para tu salud que pienses en mis noches de boda.
—No sabía que te preocupaba mi salud.
—Ni yo que a ti te preocupaban mis noches de bodas.
Prusia frunce el ceño.
—¿Ya te ha contado Schweiz que voy a ser su padrino?
Suiza se separa un poco de Austria.
—¿Y a ti te ha contado que celebraremos la boda en los fiordos?
—Nein, no dije que fueras a ser... —empieza a protestar y luego mira a Austria de reojo.
—¿Porque iba a ser la boda en los fiordos?
—La misma pregunta me hago yo sobre ti siendo su padrino.
—Yo creo que Preussen debería ser su padrino —interrumpe Germania.
—Pues no me importa lo que digas tú, señorito, ¡este es un asunto entre Schweiz y yo!
—Puede ser su padrino... cuando Schweiz se case en los fiordos —responde Austria a los dos.
—¡No se va a casar en los fiordos! —protesta Prusia exasperado.
—Precisamente.
—Yo no he dicho que vayas a ser ningún padrino.
—¿Lo ves? —insiste Austria.
—Debería, es tu Bruder.
—Nein, claro, que sea England su padrino. Así podrá tirárselo un par de veces entre elegir el pastel de bodas y escribir los votos.
—Déjame en paz con ese tema —la mano de Suiza IRREMEDIABLEMENTE va a su cinturón.
Austria aprieta los ojos y Prusia sonríe más vencedor.
—Una vez que me agradas. Una vez que pienso en ti como mi Bruder y tienes que tirarla por la borda.
El albino parpadea con lo de que le agrada y no creas que Austria está menos impresionado.
—SÓLO te interesa molestar. Te expliqué, Preussen, por qué no serías mi padrino y tienes que joderme hasta que QUIERA volarte la tapa de los sesos. Por eso, justamente, es que yo no tengo ningún bruder —sigue Suiza enfadado, mirándole con el ceño fruncido.
—No creas que no me sorprende que tú, que no aguantas ni una, vayas a casarte con eso. No te reconozco, Schweiz, ¿dónde está todo ese odio y esos insultos sobre lo indeseable? —sigue Prusia. Suiza aprieta los ojos y se sonroja más aún.
—Deja de... Déjame en paz —protesta.
—Tan estable que dices ser en todo, parece que de opinión sí que cambias.
Germania mira a Austria con cara de ciertas circunstancias. Este decide mejor llevarse al suizo dejando a Prusia con la palabra en la boca.
Bueno, no parece que hay ningún muerto tras el anuncio oficial... ¡ha ido mejor de lo que esperábamos! ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!
