Se Acabo.

Algo me llama, no muy lejos. ¿Una voz? Es como un arrullo o tal vez un canto, suave y sedoso. Una corriente eléctrica me recorre el cuerpo al escuchar mi nombre entrelazado con la letra de la canción. Intento abrir los ojos pero no puedo, ni siquiera puedo mover mi cuerpo, todo es oscuro. ¿Estoy dormida o… muerta? Lo último que recuerdo es haber discutido con Edward y luego… nada.

El miedo comienza a apoderarse de mí y siento como mi pecho se va oprimiendo ante él. Necesito abrir los ojos, por lo menos despedirme de Christian, de mi familia, Jake… de Edward.

El arrullo desapareció antes de escuchar:

-No te desesperes, aun no estás muerta. –Susurro una voz en mi oído.

No respondí, una extraña sensación de excitación se entremezclo con el miedo. ¿De quién es esa voz? ¿Por qué no puedo moverme? ¿Porque mi cuerpo reacciona así?

-Ahora no es momento de conocernos. Solo piensa que no es tu cuerpo, es tu alma. Me conoce. –Respondió la voz ante mis pensamientos.- Abre los ojos, no pienso hacer nada aun. Haz desaparecido de mi lista, de nuevo.

Puse toda mi fuerza en moverme pero no fue necesario, aquello que me impedía hacerlo ya no estaba.

Me encontraba en una habitación de hospital igual a las anteriores en las que he despertado tantas veces. Los sonidos fueron cobrando volumen y poco a poco el bip del holter lleno la estancia con un constante pitar. Recorrí la habitación con los ojos pero no había nadie más. ¿De quién habría sido esa extraña voz?

El miedo y la extraña excitación no habían desaparecido aun, pero ya no eran tan fuertes. Respire profundo tratando de calmarme, solo estaba alucinando. Hice una mueca de dolor cuando intente levantar la mano izquierda, la aguja de la intravenosa en mi codo me lastimo, el líquido que suele ser transparente esta vez fue sustituido por uno rojo.

Fruncí el ceño al tiempo que sisee de dolor sujetándome la aguja. Quiero quitármela pero no estoy segura de si eso estará bien al estar recibiendo sangre. Levanto la mirada hacia la bolsa y en respuesta a mi pensamiento tiene un papel pegado con un adhesivo. "Ni se te ocurra quitártelo" reza la letra de Edward perfectamente antigua regañándome desde su lugar.

Resoplo frustrada, detesto que me conozca tan bien.

La puerta se abre despacio y Dianne entra. Una gran sonrisa se dibuja en su rostro y sus ojos tan azules como el mar brillan cuando ve que estoy despierta, esta mujer me asusta.

-Venia a revisar como estabas y no sabes cuánto me alegro de que estés despierta. –Dice con voz sedosa.- ¿Todo bien?

Camina hasta estar junto a la cama y se sienta a la altura de mis caderas. Asiento en respuesta un poco intimidada.

-¿Por qué me colocaron sangre? ¿Tan mal estoy? –Pregunto en un hilo de voz.

Ella suelta una carcajada y me mira divertida.

-Digamos que todo se adelanto por orden de Edward y el señor Grey. –Dice evasivamente. Señala con la mano la bolsa de sangre que cuelga junto a la cama.- Me alegro de que la idea de Edward funcionara, me dijeron que eres un poco quisquillosa para las agujas.

-Malditas cosas… -Gruño, el brazo aun me arde.- Por cierto podrías revisarme, creo que me rasgue un poco hace un rato cuando desperté, no sabía que la tenia y moví el brazo.

Dianne ni corta ni perezosa me tomo el brazo y retiro un poco el adhesivo para ver el lugar donde la aguja pincha mi piel. Giro la cara y aparto la mirada. Si grabo la imagen de esa aguja en mi mente no me voy a poder quedar quieta hasta quitármela.

Dianne se alejo y abrió uno de los estantes que estaban a un lado de la habitación.

-Hubo un ligero corte pero nada grave, te lo limpiare y cuando se te retire la vía la revisaremos mejor pero estoy segura de que no es nada.

Hablo con voz experta pero sé que bajo ese tono estaba su matiz sedoso, ese que usaba extrañamente solo conmigo. Sentí el algodón húmedo y luego un ligero ardor.

No mires, no mires…

Cuando hubo terminado y yo estaba a punto de preguntar dónde estaba todo el mundo, un ceñudo Christian hizo acto de presencia en la habitación extrañamente seguido por Edward quien apenas nuestras miradas se cruzaron me sonrió de lado.

Los nervios se apoderaron de mi cuerpo y las manos me comenzaron a temblar.

Parezco una jodida adolescente.

-Intentaste quitarte la vía. –Me acuso Edward.

-Digamos que no fue eso. –Me defendió Dianne.

-¿ah, no? ¿Por qué estas herida entonces? –Pregunto de nuevo mirándome a mí.

Dianne fue más rápida de nuevo. Sinceramente lo agradecí, Christian ya se veía lo suficiente molesto como para agregar más.

-Fue un accidente, se lastimo al mover el brazo cuando despertó.

Yo miraba al uno y al otro mientras hablaban, era como si de repente ella supiera mi situación.

-¿Me dirán porque decidieron esto? –Pregunte sin mirar a nadie el particular levantando con cuidado el brazo.

-Yo no pensaba esperar tu decisión respecto al trasplante. Estabas muy delicada cuando te desmayaste. –Responde rápidamente Edward sin darle chance a nadie más.

-¿Tra-trasplante? –Tartamudee ahogándome con la palabra.

-Ellos te alejaron de mí. –Murmuro de nuevo aquella voz en mi oído.

Grite sorprendida y mi mire rápidamente a mi derecha, no había nadie pero podía sentir de nuevo esa ridícula excitación recorrer mi cuerpo.

Edward, Dianne y Christian me miraban de manera inquisitiva.

-Por favor díganme que escucharon eso. –Suplique al borde de las lágrimas.

-¿De qué hablas Isabella? No hay nadie ahí. –Me dijo Christian con voz dura.

Mire a Dianne y ella se encogió de hombros, luego mire a Edward en busca de mi última esperanza ya que él tiene el oído más agudo pero el negó con el ceño fruncido. Tome la almohada como pude tratando de o mover mucho mi brazo izquierdo y enterrando mi cara en ella grite. ¿Es que acaso me estoy volviendo loca que ahora escucho voces?

-No estás loca pero solo tú me escuchas. –Mire de nuevo por toda la habitación y no encontré a nadie.

-¿Bella, que sucede? estas muy pálida. –Edward intento acercarse pero lo detuve con una mirada.

-¿Pueden dejarme sola? –Dije con voz rota.

-Yo necesito hablar contigo. –La voz de Christian seguía siendo dura y fría.

¿Qué mierda hice ahora?

-Esa es nuestra señal bombom. –Dianne tomo a Edward por el brazo y lo arrastro hacia la puerta, bueno en realidad él se dejo arrastrar.

Antes de salir me sonrío de lado y giño un ojo. ¡Edward guiño!

Mire a Christian quien a su vez tenia la mirada fija en la bolsa de sangre…

-Interesante nota.

O más bien en la nota de Edward…

No respondí, Christian es alérgico a los temas que implican a los Cullen y hasta no saber porque está ahora molesto no pienso decir nada.

-¿Qué hacías en el despacho de Cullen?

¡Genial! Siempre yendo al grano.

-Estaba buscando a Ana, y no fui al despacho de Edward solo pasaba por ahí y él me tomo de imprevisto.

-¿Te tomo de imprevisto? –Bufo.

-¡Sí! Eso fue lo que dije. ¿Cuál es tu desconfianza Christian? Ya no se de que manera decirte que no quiero nada con Edward. ¿Es que le anillo en mi dedo no te dice nada? –Ya estoy exasperada con todo esto.

-El anillo en tu dedo me dice que logre algo que tenía tiempo pidiéndote pero la manera en cómo te comportas cuando él está cerca me dice que aun sientes algo por él. ¡Solo dímelo maldita sea y acabamos con esta mierda! Yo no puedo ser el único interesado en esta relación, sabes perfectamente que he dejado muchas cosas por estar contigo, he cambiado por ti Isabella.

Jamás había visto a Christian tan decidido en algo. ¿De verdad planea dejarme? Bajo la mirada a la intravenosa tratando de contener las lagrimas pero estúpidamente eso me da una idea que me aclara la situación. Recuerdo el día que le conté todo, la manera en cómo cambio su actitud. Ahora lo sé, yo tenía razón, el me iba a dejar ese día pero cuando se entero de la enfermedad dio marcha atrás.

Algo me hizo sentir lo suficientemente segura como para decirle:

-Se acabo. –Murmuro con voz rota aun mirando la aguja en mi brazo.

-¡¿Qué?! –Bramo incrédulo.

La sensación se acrecentó.

-Lo que dije. Vete por favor. –Lo mire y trate de no demostrar nada de lo que sentía.- Y si te preocupa la situación de la editorial, ya hablaremos luego.

Christian no respondió, me miro por unos segundos y luego se fue dando un fuerte portazo. No era nada propio de él esa actitud, tampoco era propio de mí tomar una decisión como esa. Recorrí de nuevo la habitación con la mirada, vuelvo a estar sola.

La realidad me golpeo fuertemente, ya no tengo a Christian, alguien a quien jamás creí perder ya no está.

-Se fuerte, no te dejes derrumbar por algo tan absurdo como eso. –La sensación de seguridad en mi volvió y de repente el dolor que estaba comenzando a crecer en mi pecho desapareció

-¿Quién eres y porque mi cuerpo reacciona siempre a lo que tú quieres? –Dije entre dientes mirando de nuevo en todas direcciones.

-Ya te dije que no es tu cuerpo es tu alma. Ella me pertenece. –Susurro muy cerca.

-¡¿Qué?! Mi alma no le pertenece a nadie. –Pero tan pronto como lo dije la imagen de Edward sonriéndome antes de irse llego a mi mente.

-El no es más que un estorbo en tu destino. Jamás debió llegar a tu vida. –Gruño la voz.

-¿Por qué tu si puedes leer mis pensamientos?

-Hay muchas cosas que puedo hacer y tú no sabes…

Un latigazo de excitación aun más recorrió mi cuerpo y tuve que morder fuerte mi labio para no gritar.

-Eso sí fue tu cuerpo. –Dijo burlón. –Detestaba ver como él te tocaba.

Mi nublada y aturdida mente se aclaro con aquel pequeño comentario. Las peleas con Christian no fueron lo que me alejaron de él. Tampoco fui yo…

-Sí, fui yo. Ya no soportaba más todo eso.

-¡¿Quién mierda eres?! Al menos déjate ver la cara. –Dije furiosa.

-Pronto, muy pronto, Isabella...

Mi corazón retumbo fuerte y mi pecho dolió, una extraña sensación de desprendimiento en mi interior me hizo gritar de dolor.

-Cuando me veas me reconocerás, –Dijo desde la lejanía. –No olvides que me perteneces. Hace años que lo haces.

Poco a poco fue desapareciendo el miedo, la excitación y la furia, pero aun el dolor sordo aun se alojaba en lo más profundo del centro de mi pecho. Necesito saber quién es, no quiero más criaturas sobrenaturales en mi vida. Menos aun si me quieren matar.

Me recuesto de nuevo en la cama y coloco la almohada sobre mi cara, no sé cuánto tiempo estuve en esa posición pero lo siguiente que supe es que alguien abría la puerta y reía a carcajada suelta. Genial.

-¿Se puede saber que haces? –Retire la almohada y un risueño Edward estaba de pie junto a la cama.

-¿Se puede saber por qué tan feliz? –Contraataque de mal humor.

El se encogió de hombros y comenzó a revisar la intravenosa.

-Te quitare esto, ya casi termina de pasar toda la sangre y no queremos un poco de aire en tus venas, ¿verdad? –Bromeo.

-Lo sabes. –Murmure con voz rota.

-No sé de que hablas. –Frunció el ceño y me miro directamente a los ojos.

Negué y volví a colocar la almohada en mi cara, lo menos que necesitaba ahora era oler la sangre.

Quince minutos después, Edward ya había retirado la vía y curado la mínima rasgadura que me hice antes. Cuando deje de sentir el rose de su mano me atreví a preguntar:

-¿Me puedo ir?

-¿Por qué tanta prisa? –Dijo con voz suave.

-¿Me puedo ir? –Volví a preguntar entre dientes.

-Bella, tenemos que hablar…

Comenzó a decir pero lo interrumpí.

-Eso es un sí. –Afirme y me levante de la cama.

El movimiento me hizo marear y perdí el equilibrio acabando en los brazos de Edward.

-¡Suéltame! –Camine hacia atrás alejándome de él pero solo logre tropezarme de nuevo y que Edward volviera a sujetarme.

-Estás débil, acabas de recibir una transfusión, Bella. Deja al menos que te ayude. –Susurro en mi oído haciéndome estremecer.

-No… necesito… tú ayuda. –Dije jadeante.- Déjame en paz.

Me aleje de nuevo de él y camine hacia la puerta sujetándome de lo que encontraba en el camino. El frio del piso traspasa las medias pero no me importa, no pienso regresar por mis botines. Si no salgo de aquí no podre alejarme de nuevo de él. Taylor está sentado en una de las sillas del pasillo ojeando una revista. Me siento a su lado y él se sobresalta al verme.

-¡Bella! –Me toma de los hombros impidiendo que me caiga.- ¿Estás bien?

Levanto la mirada y veo su ceño fruncido. Le sonrío débilmente.

-Es la primera vez que me llamas por mi nombre.

Un ligero sonrojo cubre sus mejillas.

-Está usted muy pálida. ¿Por qué se ha escapado?

Giro los ojos y solo logre marearme aun más.

-Con el "Bella" estábamos bien. –Refunfuño.- Y no me escape me dieron de alta.

Amplié mi sonrisa y lo mire con gesto inocente. El negó con la cabeza frustrado al parecer.

-Señorita Swan prometí al señor Swan y al señor Grey cuidarla…

-Ya se, ya se… -me queje.- no me estoy escapando, en serio.

El mira mis pies con gesto reprobatorio.

-Se me han quedado en la habitación y no pienso volver a buscarlos. –Lo miro suplicante.- Sácame de aquí por favor.

-Pero el doctor Cullen…

-…ya me ha dado de alta. –lo interrumpí.- el mismo me quito la vía, ya no tengo nada que hacer aquí. Estoy bien, solo un poco mareada pero pasara.

-¿Lo promete?

-Taylor no te meterás en problemas ni con Charlie ni con Christian. –Mi voz se quiebra al decir su nombre.- Papá no sabe nada y él no tiene ni son ni ton en esta situación… ay, fíjate, acabo de rimar.

Logro que me dé una sonrisa y al parecer he ganado esta batalla.

-De acuerdo, ¿a donde quiere que la lleve? –Pregunta mientras se pone de pie y me ayuda a levantarme.

-¿Dónde está Christian? –Me apoyo contra su pecho cuando el mundo comienza a moverse de nuevo.

-Ha ido a la editorial. –Se limita a responder. Tal parece que sabe lo que paso.

-¿Sucedió algo? ¿Ana está con él? –Fruncí el ceño, tal vez por eso Ana desapareció.

-Está dando un último vistazo a los arreglos de la gala. –Vuelve a ser evasivo con sus respuestas.

-¿Gala? –No recuerdo nada sobre eso…

El duda un poco, parece notar que se le ha escapado algo. Lo miro fijamente esperando respuesta.

-La gala de nuevos autores es hoy. –Murmura derrotado.

¡Mierda! Lo olvide, lo olvide totalmente. Pobre Ange…

-¿Quién se esta encargando de los preparativos? –Murmuro culpable por haber olvidado la gala más importante del año.

-Angela.

-Llévame a Neiman's, necesito hablar con Caroline. –Digo rápidamente esforzándome por parecer totalmente bien.

-Pero señorita…

-Olvídalo Taylor, necesito ir. Es la gala más importante de mi editorial si no voy comenzaran los rumores en la prensa y será peor. Lo sabes.

El apretó los labios formando una fina línea. Sabe que tengo razón aunque tal parece que es más testarudo que yo. Asiente y me ayuda a caminar hacia el ascensor apoyada en su costado derecho.

.

Media hora después Taylor estaba en Bellevue, aparcando frente a las puertas de Neiman Marcus.

-Busca a Caroline, dile que necesito un reservado privado con un estilista, peluqueros y maquilladores. Ven por mi cuando todo esté listo.

Taylor asiente y se baja del auto desapareciendo dentro de la gran tienda. Miro distraídamente por la ventanilla del auto.

¿Cómo es que esta mañana estaba en el hospital discutiendo sobre mi salud, cuatro horas después despierto en una de las habitaciones recibiendo una medula de algún desconocido y ahora estoy esperando que me arreglen en una de las tiendas más importantes de la ciudad?

Suspiro y miro de nuevo la parte interna de mi codo donde un adhesivo cubre la única prueba de que tal vez justo en este momento algunas células en mi cuerpo estén haciendo algo bien. Necesito saber quien fue el donante.

Palpo los bolsillos de la falda en busca de mi celular y milagrosamente nadie lo saco de ahí cuando me desmayé. Busco el número de la única persona capaz de ayudarme sin mentirme. Dos tonos son suficientes antes de que conteste.

-¿Señorita Swan? –Pregunta sorprendido.

-Necesito que averigües algo sin que Christian se entere.

-Usted dirá.

-Acabo de recibir un trasplante de médula por lo tanto nada fácil de conseguir. Mi donante ha decidido mantener el anonimato conmigo pero no con mis médicos y Christian. Extraño, ¿no? Quiero todos sus datos el lunes a primera hora. ¿Crees que es tiempo suficiente para ti?

Diablos sueno igual que Christian.

-Creo que no será necesario tanto tiempo. –Dice a la defensiva.

-No, tomate ese tiempo. Quiero todo. El por qué, cómo, cuando, donde, todo. No escatimes en nada por favor.

-De acuerdo. No se preocupe lo tendrá.

-¿Welch?

-¿Sí?

-Que Christian no se entere de nada.

-¿Enterarse de qué?

Sonrío ante su respuesta.

-Gracias.

-Le estaré avisando.

-No. Nos vemos el lunes en persona, ¿algún lugar donde nadie nos vea?

-Averiguare y le enviare un correo con la dirección.

-De acuerdo.

Cuelgo justo a tiempo, Taylor se acerca y toca el vidrio con los nudillos. Antes de poder abrir la puerta capto a un fotógrafo en los arbustos junto a los cristales de la tienda.

Malditos idiotas.

Abro la puerta con cuidado y Taylor me tiende la mano para ayudarme a bajar.

-¿Me prestas tu chaqueta? –Pregunto antes de salir.

Frunce el ceño y en un encogimiento rápido de hombros se quita la chaqueta y me la tiende. Me la coloco sobre la cabeza e intento cubrir mi rostro. Bajo de la camioneta y camino a paso rápido dentro de la tienda, el piso de la calle es sustituido por la cerámica de la tienda, mis medias y pies lo agradecen. Taylor coloca una mano en mi espalda y me guía por las escaleras hasta el primer piso, Caroline nos espera junto a Vivian quien es la gerente encargada de la tienda. Ambas fruncen el ceño cuando me ven descalza y cubriéndome con la chaqueta de mi guardaespaldas.

-Si algún reportero logra captar lo mas mínimo de mi estancia aquí estarán en problemas. –Gruño.

Dios ya me estoy comportando totalmente como Christian.

Vivian asiente y le indica a Caroline que me lleve donde me están esperando.

.

Tres horas después exactamente a las ocho de la noche ya estoy peinada, maquillada y enfundada en un traje plateado de corte recto, espalda descubierta y largas mangas para cubrir mis moretones, aunque me llega hasta la mitad de los muslos y los moretones de las piernas tuvieron que cubrirlos con maquillaje. De pie, frente al gran espejo espero que Caroline llegue con los zapatos, según ella, adecuados y cómodos para la ocasión. Taylor salió hace un rato para el departamento a buscar algo que jamás he usado y que justo ahora quiero lucir.

-Los he encontrado. –Anuncia Caroline sonriente entrando con los zapatos en la mano.

Me giro y los tomo, son unas bailarinas plateadas totalmente planas y con cintas en la parte superior para ajustarlas a la medida, el trenzado deja un buen tramo libre para sujetarse a la parte baja de las piernas.

-Sin tacón, no resbalan y no cansan. –Anuncia orgullosa.- Creo que no tendrá problemas.

Le sonrío agradecida y me siento para colocármelas. Ella se despide de nuevo y luego escucho la puerta cerrarse. Cuando me estay terminado de hacer el lazo a un costado del pie derecho la puerta vuelve a sonar, supongo que es Taylor pero a penas coloco mi pie izquierdo en la otra zapatilla unas manos que conocía perfectamente reemplazaron las mías y con delicadeza ataron las cintas.

Contuve la respiración y aparte la mirada.

-¿Qué haces aquí?

-Te estaba buscando, vi a Taylor salir de tu departamento y lo seguí. No creí que quisieras ir a la gala.

-Es mi editorial, debo ir.

Me levanto y camino lejos de él, Taylor entra en ese momento en la habitación y me da una mirada de disculpa. Asiento y tomo el estuche que me entrega. Sale en silencio sin si quiera mirar al hombre a mi espalda, tal parece que no soy la única enfadada con él.

Abro el estuche y saco el pesado collar que hay en su interior. Lo coloco sobre mi cuello y cuando estoy a punto de abrocharlo de nuevo sus manos reemplazaron las mías.

-Permíteme. –Murmura con voz ronca. Bajo las manos y lo dejo abrocharlo. -¿Por qué decidiste usarlo hoy?

-En algún momento debía hacerlo.

Bajo la mirada y muerdo mi labio.

-¿Luego de dejarme? –Su voz era extrañamente rota.

Lo miro y se ve devastado.

-Christian yo…

-No. –Me interrumpe, recompone su expresión en una máscara fría y distante.- Solo vine por ti. Si vas a ir se vería extraño que llegáramos separados.

Tiene razón, pero yo sé mantener mi orgullo, aunque yo no soy en si la responsable de nada. Asiento y lo sigo a la puerta. Caminamos en silencio hasta la salida donde Taylor nos esperaba junto a Sawyer y Ryan.

Sawyer abre la puerta trasera de una de las SUB y Christian sube en ella. Miro a Taylor quien asiente y se sube al asiento del conductor de la SUB que está detrás de la de Sawyer. Sonrío a Christian y camino hacia la otra yo misma abro la puerta trasera y me subo en ella. A penas la puerta está cerrada Taylor arranca.

-Estarás en problemas, lo siento. –Le digo en voz baja.

El me mira por el retrovisor y puedo notar como sus ojos se achinan y pequeñas arrugas aparecen a su alrededor. Está sonriendo.

-Tengo una hija, y me gustaría mucho que cuando ella se independice y se aleje de mi alguien vele por ella. Le prometí a su padre que yo la cuidaría a usted y eso hago.

Abro y cierro la boca varias veces sin poder decir nada. Mis ojos pican por las lágrimas. Respiro profundo para calmarme y entonces digo:

-¿Por qué tendrías que protegerme de Christian?

-A veces el amor duele más que un daño físico.

Toco con cuidado la cicatriz de los dientes de James en mi muñeca. Esta tan fría como siempre. Recuerdo ese día a la perfección, formo parte de mis pesadillas durante mucho tiempo pero nada dolió más que cuando Edward me dejo.

-Lo sé. –Murmuro.- Gracias.

Taylor no responde pero de igual forma se siente bien haber escuchado eso, en cierta forma él se parece a Charlie.

Diez minutos después llegamos a la Gala que se celebra en el gran salón de la editorial. A un lado de la alfombra están los camarógrafos y reporteros, al otro los fans interactuando con sus escritores favoritos. Estoy comenzando a atemorizarme, ¿Qué diablos hago aquí si acabo de salir de un hospital?

Taylor se detiene en la fila de autos que dejan personas en la entrada.

-Creo que mejor nos vamos. –Estoy comenzando a hiperventilar.

-¿Le puedo dar un consejo? –Pregunta volviéndose hacia mí para mirarme de frente.

Asiento en repuesta y el sonríe.

-Una vez leí que las personas debían ser fuertes, nobles y humildes. Usted lo es, así que sea fuerte para que nadie le derrote, sea noble para nadie la humille, sea humilde para que nadie la ofenda pero, por sobre todo, siga siendo usted misma para que nadie la olvide. Salga ahí y demuéstrele al mundo que a pesar de su enfermedad no se ha dejado derrotar, demuéstrele al señor Grey que no puede hacerle daño y demuéstrese a usted misma que puede superar esto y muchas cosas más con la cabeza en alto y esa hermosa sonrisa que tiene. Yo también fui testigo de su estado hace cinco años cuando el señor Grey la conoció, por eso sé que si esa chica asustada y triste salió adelante esta también podrá. Yo estaré a su lado, en el momento en que decida irse la sacare de ahí, se lo prometo.

Es el discurso más largo que he escuchado de él, mi corazón está en mi boca mientras repito su epístola y me acurruco en el asiento. Taylor siempre fue callado y reservado permaneciendo en segundo plano pero siempre lo vio todo. El auto de adelante avanza él no nota y me mira esperando repuesta. Respiro profundo y asiento. Sonriendo Taylor hace avanzar el auto hasta el comienzo de la alfombra, se baja y antes de que alguien más lo haga él abre mi puerta y me tiende la mano.

-Gracias, -Tomo su mano y la apretó fuerte antes de bajar.- Por todo.

-Cuando quiera. –Asiente y me ayuda a caminar hacia los primeros fotógrafos.

Es momento de actuar:

Paso uno la sonrisa, dejo que se extienda en mi cara y pienso en Jake y Charlie para poder hacerla más real.

Paso dos no mirar a las cámaras, enfoco mi vista en un punto sobre ellos a cada lado que giro.

Paso tres saludar, puedo escuchar la gente gritar mi nombre a mi espalda, me giro y les doy un saludo con la mano lo que los hace gritar aun más.

Taylor se acerca a mí y me susurra al oído que debo mostrar bien el traje, me giro y dejo que hagan varias fotos y cuando veo que ha es suficiente me alejo en dirección a la gente. Dar autógrafos es ilógico para mí ya que soy solo una editora pero la gente comenzó a pedirlos hace años cuando comencé con la editorial, una vez una chica me dijo que era porque yo le daba la oportunidad a jóvenes escritores a los cuales las grandes editoriales ni siquiera les tomaban en cuenta por ser jóvenes e inexpertos. Me encanto que fuera por mi trabajo y no porque Caroline y Christian me hicieran vestir de marca y sonreír en el momento adecuado.

Me alejo de ellos sonriendo para acercarme al otro tramo pero los gritos de las jóvenes me indican que Christian ha llegado. Me giro hacia atrás y nuestras miradas se cruzaron. Tiene la mandíbula tensa y su mirada destila frio. Está muy enojado.

-Creo que es mejor que se tome unas fotos con él si no quiere comenzar rumores. –Murmura Taylor en mi oído.

Respiro profundo y camino hacia él, parece captar lo que sucede y sonríe falsamente cuando llego a su lado. Coloco una mano en su espalda y el a su vez me rodea con su brazo dejando apoyada su mano en mi cadera.

-Tú y yo tenemos una conversación pendiente. –Dice entre dientes

No respondí seguí mirando al frente y sonriendo, minutos después me aparto de él, continúo prestando atención a la gente. Christian pasa por mi lado sin siquiera mirarme y entra al salón. No dejo que eso me preocupe, el tomo la decisión yo solo lo puse en palabras. Aunque no fueran mis palabras.

-Hola, ¿te tomas una foto conmigo? –Una niña de al menos 7 años me mira colgada desde el otro lado de la barrera con sus grandes ojos azules brillando.

-Por supuesto. –Respondo sonriendo.

Me acerco a ella y colocándome a su lado le pido a Taylor que tome la foto.

-Mi hermano me dijo que te conoció pero no le creo. –Me dice frunciendo el ceño, se ve muy tierna.

-Pues yo no puedo asegurártelo, ¿Cómo se llama?

-David. Esta mañana fuimos al médico para hacerme mis exámenes y cuando fui un momento al baño él se puso como loco. –Gira los ojos y yo rio ante su gesto.- Cuando volví luego de regañarme me dijo que te había conocido en el ascensor. ¿Es cierto?

Sus ojitos lucen esperanzados así que no puedo decirle que no, esta niña se roba el corazón de quien sea.

-Sí, es cierto. ¿Lo saludarías de mi parte? –Sonrío y le beso la mejilla.- Me tengo que ir, ven a la editorial cuando quieras.

Ella abre su pequeña boquita sorprendida y asiente fervientemente. Me acerco a Taylor y le susurro:

-Toma sus datos, busca a su representante, quiero que esté en el programa de Pequeños Escritores de la editorial.

Taylor sonríe y me mira dulcemente antes de alejarse en su dirección. Camino a paso lento hacia el interior del salón.

Que comience la función.

.


Esta vez si me pase con la tardanza, lo lamento de verdad, muchas cosas han ocupado mi tiempo.

Creo que aquí es donde en serio comienza la historia, Bella vuelve a estar libre y al igual que Ana dejaron al chico que en sí no les pertenece (':

Espero les guste y por supuesto sus hermosos y valiosos reviews.

Los quiero.