Capítulo 8

John nunca entenderá como Sherlock puede entrar a zancadas en cualquier establecimiento y hacer creer al personal que es de allí. Sería fácil atribuírselo a un hechizo o encantamiento mágico, pero John sabe que Sherlock nunca ha utilizado esos trucos baratos para conseguir lo que quiere. Es la confianza y un gran talento para la mímica lo que permite a Sherlock atravesar casi cualquier puerta. Lo mismo ocurre en el Museo Británico donde de alguna manera se las arreglan para conseguir un pasaje al departamento de investigación sin que nadie pestañee cuando Sherlock despliega de sus labios algunas credenciales imaginarias.

Cuando una mujer de piel oscura se acerca a ellos, Sherlock frunce el ceño entre confuso e irritado mientras pregunta interrogante:

- Perdone, pero estamos buscando a, ¿Soo Lin Yao?

La mujer niega con la cabeza y extiende una mano, la cual tras estudiarla brevemente acepta Sherlock y la estrecha.

- Soy Susan Leighton. Soy, bueno, era la supervisora de Soon Lin. Pero me temo que la señora Yao ha dimitido de su puesto. ¿Hay algo en lo que pueda ayudarle, señor…?

- Gillette. William Giillette. Y no, gracias, necesitaba asesoramiento de la señora Yao sobre unas antigüedades chinas que he adquirido recientemente, de las Dinastía Han. Me han dicho que ella era una residente experta e incomparable cuando se trataba de la autentificación y la restauración de reliquias chinas.

- Es cierto. La extrañaremos profundamente aquí en el Museo. Me temo que no hemos contratado aún un sustituto para ella. Se ha marchado recientemente. Una emergencia familiar, aparentemente. Pero si quiere puedo anotar su número de contacto y tan pronto como tengamos un nuevo responsable de antigüedades chinas, le puedo pasar su información.

Negando con la cabeza, Sherlock gruñe:

- Me temo que entonces será demasiado tarde para mis necesidades, pero gracias por su oferta.

Asintiendo, la mujer señala:

- Bueno, siento que haya venido hasta aquí para nada. Si me disculpan, tengo una gran cantidad de trabajo por hacer, como encontrar a alguien que sustituya a Soon Lin.

Observan como la mujer se marcha antes de que John murmure quedamente:

- Sherlock, ¿por qué no le preguntaste por el siguiente mejor experto de Londres?

- John, piensa en ello. Dos hombres vuelven de China con reliquias de ese país. Poco después de su regreso, cada uno reciben una advertencia y luego son brutalmente torturados y asesinados, sus apartamentos destrozados. Y al mismo tiempo el experto residente en antigüedades chinas dimite de forma abrupta e inexplicable de su puesto.

- Crees que está involucrada.

- Obviamente está involucrada. La única pregunta es cómo. ¿Es la responsable de la muerte de esos dos hombres? ¿Se ha escondido porque ha sido señalada como objetivo por el asesino para ser la siguiente víctima?

John se moja los labios ansioso mientras finaliza con un:

- O tal vez… tal vez ya esté muerta.

- ¿Perdonen?

Se vuelven a la par hacia un hombre alto y desgarbado que aún no se ha librado de su adolescencia. Mira a Sherlock y a John con ojos esperanzados.

- He oído que hablaban, ¿de Soon Lin?

- Sí – responde Sherlock, entrecerrando los ojos con intensidad – Esperábamos hablar con ella, pero acabamos de saber que ya no trabaja aquí.

- Oh – está claramente decepcionado.

- ¿Por qué pregunta?

- ¿Sinceramente? Esperaba que supiera donde estaba.

Sherlock levanta una ceja mientras pregunta quedamente:

- ¿No ha dejado su nueva dirección?

Negando con la cabeza, el joven murmura:

- Bueno, verá, de eso se trata. Todo es muy… extraño. Soon Lin… Quiero decir, la señora Yao. Estaba entregada a su trabajo. Era todo lo que le importaba. Pero entonces hace tres días vine al trabajo y la señora Leighton me dice que vaya a comprobar unos jarrones en Christie's* que acababan a llegar, diciéndome que Soon Lin había renunciado por algún tipo de emergencia familiar. ¡Pero eso no tiene sentido! ¡Soon Lin me contó que toda su familia estaba muerta!

Sus facciones se enrojecen mientras confiesa:

- Pensé que era extraño, así que fui a su piso para ver si estaba allí. Llamé y llamé, pero no hubo respuesta. Le dejé una nota, pero no ha llamado – traga saliva y mira fijamente a John y a Sherlock antes de continuar – Me preocupa que le haya pasado algo. Quiero decir, ella nunca dejaría su trabajo así atrás de esa manera. Su trabajo es su vida.

Sherlock considera al joven en silencio, evaluándolo. Es personal nuevo, las ganas excesivas de agradar, claramente completamente enamorado de la ahora ausente señora Yao, tiene una debilidad por el biryani* de cordero, aún vive con su madre, pero está ahorrando para un apartamento propio. Esas y una docena más de otras observaciones fueron realizadas en breves segundos de estudio desapasionado antes de que Sherlock ofrezca una sonrisa y pregunte:

- ¿Le importaría mostrarnos su trabajo?

Andy les da una rápida excursión por el lugar, parando delante de una vitrina con teteras de cerámica de aspecto frágil.

- Eso. Esas teteras eran su vida. Estaba trabajando en su restauración. Aparentemente tienes que usarlas de verdad, hacer té con ellas. Si no es así la cerámica comienza a agrietarse y a romperse. Solía hacer la ceremonia del té para los visitantes del museo como parte de su trabajo, mostrando la tradición tal y como se realizaba hace cientos de años al mismo tiempo que trabajaba en que las teteras recuperaran su fuerza y lustre original.

Suspira suavemente, señalando el número de teteras que aún parecen planas y secas, solo una brilla con salud y cuidado.

- Como pueden ver, aún tenía mucho que hacer – girándose hacia John y Sherlock, sus ojos implorantes, Andy insiste – Sé que algo debe de haberle pasado. Ha estado en el museo durante años dedicada a las adquisiciones para nuestra colección y restaurando antigüedades. Ella no se habría marchado. No podría hacerlo.

Los ojos de Sherlock estudia las teteras, entrecerrados por la concentración hasta que los eleva hacia el rostro de Andy. Inclinando la cabeza hacia un lado, Sherlock sonríe ligeramente y pregunta:

- ¿Por casualidad tiene aún su dirección?


El sol de la tarde asoma entre los edificios mientras ellos miran fijamente la puerta ante ellos, con una pequeña tarjeta escrita a mano que dice "Soon Lin Yao", con una flor diminuta sobre la i. Ya han apretado el timbre varias veces, sin consecuencias. Agachándose, Sherlock pregunta:

- ¿Cuánto tiempo dirías que hace desde que ha llovido?

Por supuesto, John sabe exactamente cuanto tiempo, ya que la última vez que llovió estaba siendo arrastrado a reunirse con el hermano de Sherlock.

- Hace tres días.

Los dedos de Sherlock se mueven hacia el listín telefónico que está apoyado contra la puerta blanca, aún húmedo por la lluvia que ha entrado por un agujero en el plástico que lo envuelve. Levanta la vista una vez más.

- Tres días. No ha estado en casa en los últimos tres días, no ha ido a trabajar en tres días. Van Coon fue asesinado hace dos días, Lukis ayer. Así que la pregunta ahora es, ¿es Soon Lin nuestra asesina? ¿U otra víctima?

Levantándose con gracia, Sherlock se dirige hacia el pequeño callejón que hay junto al edificio, observando antes de que divise una pequeña ventana abierta. John la mira también antes de darse cuenta de lo que Sherlock va a hacer.

- Espera un minuto, ¿vas a allanar su piso, así como si nada?

- Vamos, John, estoy seguro de que alguien más ha entrado antes que nosotros. Quizás hasta cuatro o cinco días antes que nosotros.

Su altura le da ventaja cuando salta, sus dedos apenas alcanzando el borde de las escaleras de emergencia por incendio, tirando de ellas hacia abajo antes de trepar por ellas. John observa dubitativo desde el suelo cuando Sherlock se las arregla, apenas, para alcanzar la alta ventana y tirar de su delgada y desgarbada figura a través de ella. Seguramente no es algo que John pueda hacer con su constitución más ancha y su baja estatura, y Sherlock ni siquiera hace una oferta de ayuda. Un suave suspiro de frustración llena el aire por un momento antes de que John regrese a la portada del edificio.

Empujando una mesa en su camino, Sherlock apenas consigue agarrar el jarrón de flores antes de que golpee el suelo, el agua derramándose antes de que lo ponga de nuevo delicadamente en la mesa y se impulsa cuidadosamente el resto del camino. Frunciendo el ceño ligeramente, se da la vuelta, esperando ver a John detrás de él, solo para ser corregido por el sonido del timbre y la voz de John llamándolo a través de la fina madera.

- ¡Cuando te apetezca déjame entrar!

Un sonrisa pequeña y fugaz roza sus labios antes de que Sherlock se distraiga.

Alzándose para dominar la habitación, eleva las cejas desconcertado. Decir que es austero sería un eufemismo. El diminuto apartamento tiene poco aparte de preguntas y misterio. Las pocas cosas que tienen son muy viejas, muy hermosas y muy valiosas, pero nada es personal.

- Bueno, bueno, bueno, Soon Lin, ¿cómo de involucrada estás en todo esto? - se pregunta a si mismo quedamente, demasiado metido en su exploración como para darle atención a los golpes y gritos de John. Una rápida visita a la cocina revela que la persona que vive aquí come menos que Sherlock. EL frigorífico y las estanterías están vacías de comida, ni siquiera hay platos o utensilios. Un rápido vistazo al baño indica en la misma dirección. Está mucho más que limpio, está cercano a no haber sido usado, al menos, por su actual inquilino. No hay vaso de agua, ni artículos de aseo, ni cepillo de dientes ni pasta dentífrica, ni un cepillo del pelo. Ni siquiera hay un rollo de papel higiénico o un mechón de pelo. Con todo ello, el piso parece menos un hogar y más un lugar de almacenaje. Hay arte en las paredes, igual de valiosos y raros, pero no hay dibujos ni fotografías.

- ¡Nadie ha vivido aquí desde hace días! - vuelve a gritar Sherlock hacia la escalera, esta vez en beneficio de John, o más bien, en un intento de silenciar el sonido del timbre y el golpeteo de la puerta – ¡De hecho, diría que realmente nadie "vive" aquí!

Volviendo hacia el salón, Sherlock da una vuelta más lentamente, frunciendo el ceño. En medio de todo el estilo pulcro y ascético hay un punto anómalo de desorden y destrucción. Sherlock cruza hasta una pequeña mesa cuadrada y toma el pequeño retablo que está ante él. Una antigua y elegante tabla de madera tallada, que ha sido movida de donde estaba, descansando contra la pared, y ha sido golpeada repetidas veces hasta que se había agrietado y hecho pedazos. Un cuenco con incienso había volcado desparramando el polvo grueso por todas partes. Agachándose, Sherlock recoge un marco de fotos quebrado. Los rostros de dos niños sonrientes le miran desde detrás de un cristal roto, no una fotografía, sino una pintura, una bastante vieja por lo que parecía. Frunce el ceño hacia ella pensativo, limpiando su superficie antes de volver a colocarla en la mesa con cuidado.

Todo en el pequeño piso tiene una fina capa de polvo. Solo de unos días, una semana como mucho, pero aún así ligeramente visible. Sin embargo esta muestra había sido alterada mucho más recientemente, como indicaba el polvo alterado y la ceniza desparramada.

- ¡Pero alguien estuvo aquí! - grita.

Alguien que estaba muy enfadado, por lo que parecía. Ojea el apartamento, buscando en vano por el revelador símbolo amarillo. El apartamento es tan pequeño y tan estéril, que hay pocos lugares donde esconder tal señal. De hecho, solo uno. Un hermoso y antiguo biombo que oculta la esquina de la habitación. Con lentos y medidos pasos, Sherlock se aproxima al biombo, alargando la mano para apartarlo.

No hay aviso. No hay destello de movimiento que capte de reojo, ni sonido de pisadas detrás de él. Lo que hace que cuando algo apriete su garganta por detrás, le pille a Sherlock completamente desprevenido. Gorgoteando, el suministro de aire cortado instantáneamente, Sherlock sube las manos a la garganta para intentar lidiar con lo que sea que le esté estrangulando, pero no es posible. En una búsqueda desesperada sus dedos se cierran sin encontrar nada ahí salvo su propia bufanda y su piel. Jadea y farfulla, intentando decir el nombre de John, pero el sonido que sale es poco más que un graznido patético.

Su cerebro le informa que solo tiene de siete a catorce segundos antes de que se desmaye. De siete a catorce segundos para liberarse de su agresor. Sherlock empuja y se tira hacia atrás, buscando chocar contra su atacante, para estamparlo contra la superficie más cercana. Y por un breve instante siente una pequeña forma a su espalda, moviéndose con él mientras se retuerce y lucha por oxígeno. Golpea la pared con la espalada, haciendo que Sherlock abra los ojos sobresaltado y confuso, echando las manos a su espalda, intentando encontrar algo ahí que no está, aparentemente. Inclinándose hacia delante, siente brevemente que el agarre se afloja pero que entonces vuelve, apretando su laringe y la arteria carótida. Le late la cabeza, la visión empieza a nublarse, el equilibrio y la coordinación le fallan mientras el cuerpo intenta desesperadamente de aspirar aire y falla. Sherlock tropieza con algo y siente como cae, cae y cae. Oh que vulgar. John estará tan cabreado. Esos son sus últimos pensamientos mientras sus miembros se relajan y todo se vuelve negro.


Fuera, en el portal, John solo puede imaginarse lo que está pasando. Sherlock explorando, deduciendo pistas, y olvidando completamente que ya no trabaja solo, sino que tiene un compañero.

Por supuesto, no es como si Sherlock necesite realmente a John. Ha resuelto cientos de casos sin él y seguramente seguiría haciéndolo con o sin la presencia de John. Eso si podía arreglárselas para no casi matarse tan a menudo. Sherlock es sorprendentemente bueno resolviendo misterios, pero sorprendentemente malo en evitar los problemas y salir de una pieza. Pero todo eso hace sentir a John fuera de lugar, olvidado, lo cual es duro de aceptar ahora que ha saboreado lo que es ser alguien tangible para Sherlock. El hombro izquierdo le da una punzada melancólica y con un suspiro, John sube la mano para masajeárselo suavemente.

No hay razón para tomárselo como algo personal. Su compañía no es meramente soportada por Sherlock, sino activamente buscada y disfrutada. No significa que el hombre vaya a cambiar de la noche a la mañana en un individuo dulce y cariñoso. Y no es como si John lo esperara o lo quisiera. Amor incondicional. Lo quiera Sherlock o no, eso es lo que tiene con John como su compañero de piso. Con un quedo suspiro se rinde en intentar llamar la atención de Sherlock. John cruza los brazos sobre el pecho mientras se apoya contra la puerta, mirando hacia el cielo. Observa a la gente pasear. Aquí, en Chinatown, puede ver la variación en el sistema y patrones de creencias más claramente. Algunas personas caminan seguidas por sus Ángeles Guardianes, mientras que otras son flanqueadas por sus ancestros, aquellos a los que han honrado. También hay espíritus guía y animales totem andando junto a sus humanos. Incluso aún más raro, está el ocasional Preta* que, a través de rituales y ofrendas, ha sido transmutado y liberado de su sufrimiento y ahora elige actuar como protector para los vivos.

Frunce el ceño ligeramente, subiendo la mano una vez más para masajearse el hombro dolorido, girando la articulación lesionada en su unión. Menudo fastidio, el como le molesta al azar. Sus ojos continúan repasando la multitud con curiosidad, notando divertido como parecen estar deslizándose hacia el otro lado de la calle.

Siervos voluntarios, fantasmas, ángeles y guardianes. Quizás su presencia fue lo que tapó para John la presencia de otra. O quizás solo es contra ese telón de fondo de alegría que John puede de repente sentir la rabia hirviente y el vacío terrible de un alma devastada que viene de detrás de él. Viene del apartamento. Dándose la vuelta, John empieza a tocar el timbre y a golpear la puerta con los puños, gritando a Sherlock ante el asombro y consternación de los peatones. Puede sentir la ira y el anhelo creciente de venganza. La gente está desviándose del apartamento de Soon Lin no solo por el loco hombre blanco que está golpeando su puerta, sino porque sus guardianes les impulsan a alejarse del hambre devoradora que ha despertado dentro.

Ya han pasado dos meses, pero John puede sentir la transformación acercándose hacia él igual de inevitable que un tsumani, cada terminación nerviosa de su cuerpo chillando "¡PELIGRO! ¡PELIGRO! ¡PELIGRO!" mientras que su mente grita "¡SHERLOCK! ¡SHERLOCK! ¡SHERLOCK!". Con un giro hábil y poderoso de la mano, con mucho más fuerza de lo que un mortal sería capaz, John rompe el picaporte con un movimiento brusco, la cerradura cediendo, antes de entrar atropelladamente y subir las escaleras. Su espalda explota llena de dolor mientras su mano derecha se eleva sin vacilación hacia su hombro izquierdo, extrayendo de ahí la sensación de ardor, su grito de dolor transformado en un grito de batalla.

El espíritu está de pie delante de él, con las manos no alrededor de la garganta de Sherlock sino dentro de su garganta, asfixiándolo hasta la muerte, aplastando su laringe y cortando el suministro de aire y de sangre.. La cabeza de Sherlock queda colgada en el agarre, inclinada hacia atrás, la garganta arqueada y expuesta como en un sacrificio en una ofrenda, su cuerpo extendido de forma extraña sobre el suelo, inerte y sin vida. El fantasma es medio tangible al ojo humano, medio invisible, pero John puede verlo con claridad, por completo, y ruge con una rabia ardiente:

- ¡Libéralo, espíritu, o te disiparé en la nada!

Extiende las alas, llenando el cuarto, blandiendo con furia su espada que estalla en llamas de colores que se arremolinan a su alrededor mientras la sujeta delante de él con ambas manos.

El fantasma mira fijamente a John, con una mezcla de odio y asombro en su rostro. Sus manos liberan la garganta de Sherlock, sacando las manos de su carne mientras el detective asesor se desploma en el suelo como una muñeca de trapo rota. Por un breve instante el rostro del fantasma se transforma en algo horrible y deforme (carne moteada y descolorida, fosas nasales, boca llena de colmillos, ojos saltones y ardientes, su verdadera forma después de siglos de rabia y abusos), antes de arremolinarse sobre si mismo y atravesar las paredes, desapareciendo de su vista. John espera solo un segundo para asegurarse de que el fantasma se ha ido de verdad antes de soltar su espada y arrodillarse en el suelo junto a Sherlock, con los dedos recorriendo delicadamente su garganta. La laringe está severamente herida, pero no aplastada, el hioides* aún está intacto y ninguno de los huesos de su columna vertebral parecen estar dañados. Pero no está respirando. Sus dedos presionan suavemente para confirmar lo siguiente. No hay pulso.

Sus alas baten del aire mientras John se inclina sobre la boca abierta de Sherlock y respira profundamente en ella. El RCP* tendría la misma función eventualmente, pero no hay garantías y John no tiene ni idea de cuanto tiempo ha estado el cerebro de Sherlock sin oxígeno. Si el poder es suyo para tomarlo, entonces, por Dios, que lo usará. Cada aliento que le da a Sherlock contiene vida, el propio espíritu y la energía de John, sanando y reparando el daño hecho, instando a Sherlock a respirar por si mismo. Posa una mano sobre el pecho de Sherlock. Watson sabe de forma íntima como late el corazón y como funciona. John le obliga a hacerlo. Después de unos pocos latidos constantes, el corazón de Sherlock da una sacudida y comienza a latir por si solo. Aunque aún está inerte e inconsciente, su boca abierta arrastra una inspiración ronca y luego otra.

Temblando, John cae sobre Sherlock, sus alas cubriéndolos a los dos, permitiendo a John verlas por primera vez desde que Miguel lo derribó. El plumaje blanco brillante se ha ido, remplazado no con plumas tintadas de negro, sino de ricos matices rojizos y dorados, las alas de un halcón. Baten el aire desesperadamente por su propia voluntad, como si intentaran resistirse a lo que viene, antes de que se sacudan y se desvanezcan una vez más, de forma tan inexplicable como fue su presencia hacía ya dos meses. El agotamiento fluye a través de John y con un suave suspiro se yergue lentamente y coloca con gentileza la cabeza de Sherlcok sobre su muslo para ayudarlo a respirar. Y porque puede, John acaricia con dedos cariñosos el pelo de Sherlock, esperando en silencio mientras ambos se recuperan.

Cuando Sherlock recupera por fin el conocimiento es de forma violenta y luchadora, sus manos viajan a su garganta, su cuerpo golpeando como si aún estuviera intentando luchar contra su atacante. Las manos de John capturan sus brazos, sujetándolo con firmeza mientras Sherlock comienza a toser y a atragantarse violentamente, su cuerpo temblando cuando intenta tomar aire a través de su laringe lastimada:

- Tranquilo, tranquilo, te tengo, solo relájate Sherlock, relájate. Toma inspiraciones largas y suaves. Solo respira. Dentro y fuera. Dentro y fuera.

Con el tiempo Sherlock vuelve a dejar el cuerpo flácido, permitiéndose a si mismo descansar contra el apoyo del cuerpo de John, concentrándose en nada salvo en respirar, moviendo la cabeza mínimamente contra el muslo de John mientras intenta encontrar una posición menos dolorosa para esa tarea. Cuando se calla, los dedos de John vuelven a acariciar de forma ausente la enmarañada masa de rizos negros de Sherlock. Le sorprende lo suaves que son.

Al final, con una voz débil y rasposa, Sherlock resuella:

- ¿Es este un tratamiento… - una ronca inspiración de aire – médicamente probado para… - otro impotente jadeo – víctimas de estrangulación?

- Sherlock, tranquilo. No hables. Solo descansa.

Sherlock entrecierra los ojos hacia las facciones de John desde abajo, frunciendo el ceño rebelde mientras arrastra otra inestable inspiración y se fuerza a pesar de los consejos de su médico.

- Si es así – resuella – parece bastante contraproducente, viendo que es mi garg… - un tos corta y una agitación de mano – mi garganta la que parece haber sido apretada como una toalla húmeda y no… - otra inspiración ronca – mi cabeza…

- Maldito idiota cabezota – gruñe John, pero una pequeña sonrisa asoma por sus labios. Un Sherlock cabezota es un Sherlock no derrotado - Es un tratamiento médicamente probado para cualquier forma de asalto, aunque es verdad que a menudo es más en beneficio de los supervivientes que de las víctimas, aunque algunas pacientes afirman que tiene un efecto calmante y tranquilizador.

- Mmmmmmm – el tono de Sherlock es de incredulidad, pero no mueve la cabeza ni la mano para parar a John – Entonces, ¿qué me he perdido?

- Bueno, me cansé de esperarte, así que derribé la puerta y te encontré siendo estrangulado.

- Mmmmm, sí, eso podría haberlo deducido. ¿Qué hay del asesino?

- Varón, chino, de unos 1,68 creo. Por fin, alguien más bajo que yo. Fuerte, musculoso. Oh, y bastante muerto

Eso pilla a Sherlock con la guardia baja. Abre los ojos de golpe y carraspea un poco con demasiado entusiasmo:

- ¡¿Muerto?! - lo que naturalmente lo catapulta a un feroz ataque de tos. John le ayuda a levantarse y le sostiene hasta que se asienta de nuevo, frotándole ahora la espalda con suavidad.

- Sí, muerto. Nuestro asesino es un fantasma. Lo cual supongo, explica como era capaz de entrar a aquellas habitaciones cerradas y matar a sus víctimas, y cómo fue capaz de aplastar el corazón de Lukis desde el interior de su pecho – inclina la cabeza pensativo mientras John considera lo que saben y de lo que ha sido testigo – Presumo que ha estado muerto ya bastante tiempo para tener ese poder. No solo porque puede cambiar entre ser invisible para los humanos y tener una forma visible, sino porque también puede mover cosas y afectar al mundo material. Puede manifestarse físicamente y cambiar fácilmente entre la forma tangible e intangible. Algo que lleva algún tiempo dominar para un ser del mundo espiritual.

Mirando a John en silencio, finalmente Shelrock murmura:

- Estás siempre sorprendiéndome, John Watson. No solo un Sensitivo, sino un Sensitivo informado – se toma un momento para considerar la información antes de usar a John para apoyarse al levantarse – Vamos. Está claro que Soon Lin está involucrada en todo esto, al igual que está claro que se ha ido para esconderse.

- O está muerta – señala John otra vez.

La mirada de Sherlock regresa una vez más a los trozos de madera astillados del suelo.

- Es posible. Pero no se ha encontrado un cuerpo y no hemos encontrado ningún grafiti que vaya dirigido a ella. Ni aquí ni en el museo. Puede que esté en peligro, sí, pero puede ser muy posiblemente la cabecilla de todo esto, John – agachándose, Sherlock recoge los fragmentos, tocándolos suavemente antes de deslizarlos en su bolsillo y levantarse una vez más – De todos modos, nos corresponde el encontrarla, y encontrarla rápido.


Christie's: Una de las casas de subastas más famosas del mundo

Biryani: plato de arroz típico de Pakistán

Preta: tipo de ser sobrenatural descrito en textos budistas, hinduistas y del jainismo que soporta más sufrimiento que los humanos, particularmente de hambre y de sed. Se cree que un preta fue una persona envidiosa o avara durante su vida previa como ser humano. Como resultado de su karma, padece de un hambre insaciable de una sustancia determinada o por un objeto (tradicionalmente algo humillante).

Hioides: El hueso hioides es un hueso impar, medio y simétrico, situado en la parte anterior del cuello, por debajo de la lengua y por encima del cartílago tiroides. Tiene forma de herradura, siendo convexo hacia delante.

RCP: reanimación cardiopulmonar