Feliz… ¿Cumpleaños?
Christian y yo bajamos de nuevo a la fiesta y nos mezclamos con los bailarines casi expertamente, Matt nos vio jugueteando y riendo cuando llegamos y comenzamos a bailar, sonrió pero no dijo nada, estaba bailando para sorpresa mía con Rosalie. Ella siguió la mirada de Matt y nos vio a Christian y a mi bailando, me guiño un ojo y siguió en lo suyo. Podría jurar que mis cejas tocaron el nacimiento de mi frente por la sorpresa. ¿Por qué Rosalie ahora era tan… amable conmigo? Decidí ignorarla y apoye mi mejilla en la de Christian cerrando los ojos mientras bailábamos al compás de Come Fly With Me.
-¿Te molestaría que te dejara sola un momento? –Me pregunta con voz extrañamente alegre.- Necesito entregar los reconocimientos y luego nos iremos, lo prometo.
Me separe un poco de él para verlo y estaba sonriendo con un brillo de triunfo en su mirada. Pegue mi frente a la de él y le sonreí.
-Ve tranquilo, llamare a Taylor para ver si ya volvió. –Le di un casto beso en los labios y trate de alejarme pero no me dejo.
Sus manos estaban sujetándome por la parte baja de la espalda manteniéndome totalmente pegada a su cuerpo. Sonríe con picardía y me besa de nuevo, suelto un jadeo de sorpresa y eso le permite aprovechar la ocasión para meterme la lengua y recorrerme la boca con experta pericia. Nunca me había besado así en público, me recupero de la sorpresa y me dejo llevar haciendo que mi lengua acaricie tímidamente la suya y se une a ella y erótica danza de roces y sensaciones, de sacudidas y empujes. Levanta una mano y me agarra la mandíbula para que no me mueva. Me siento indefensa pero a la vez totalmente segura. Es definitivamente el lugar donde pertenezco, aunque eso signifique que posiblemente mañana estemos en primera plana de los periódicos más importantes del país.
-Eres… mía… -Murmura entrecortadamente.- Te amo.
En un abrir y cerrar de ojos se aleja y camina en dirección a Andrea y Angela. Aturdida me pregunto ¿En qué momento llego Andrea? El corazón me late tan de prisa que su tamborileo en mi pecho se siente fuerte y vivo. Me siento como si hubiera corrido un maratón, quiero inclinarme y sujetarme las rodillas pero sería demasiado obvio. Miro a Christian hablar tranquilamente con Andrea, luego me ve y sonríe con complicidad hacia mí. Siento que puedo sonrojarme pero solo es un poco. Aparto la mirada avergonzada y me muerdo el labio. Tengo que alejarme de él, distraerme o será demasiado para mi pobre y delicado cuerpo. Camino en dirección a la barra de tragos y pido un vaso con agua, apoyo la espalda en ella y miro hacia el salón, todos los invitados charlan y bailan animadamente disfrutando de la gala. Sonrío complacida de tener mi propia editorial, de poder darle la oportunidad a gente que es normalmente ignorada por aquellas grandes editoriales que se basan en el típico cliché de que hay que ser famoso o tener dinero para poder publicar tú libro.
Una silueta muy conocida me llama la atención del lado derecho, lleva un vestido verde manzana y charla animadamente con… Edward. Su cabello esta suelto en bucles que cubren su espalda con suavidad. Él le dice algo en voz baja y ella sonríe ampliamente, divertida y… coqueta.
Dejo el vaso en la barra y tomando una respiración profunda para calmar la rabia que se va apoderando de mi camino hacia ellos a paso lento pero decidido. Veo a Alice acercarse y abrazarla alegremente como si fueran amigas desde hace mucho tiempo. Mi expresión debió haberse tornado aun más sombría porque Alice me ve y se aparta rápidamente de ella alarmada.
-Me alegra tanto que pudieras venir. –Dijo con frío sarcasmo.
Edward y ella se giran rápidamente hacia mí y ella contrae el rostro en una mueca.
-Bella… -Murmura.
-Así me dicen mis amigos y familia. Supongo que debe ser mi nombre. –Digo entre dientes.
-Tu… Tu… -Balbucea incapaz de responder.
-Pareces un teléfono mal colgado Anastasia. No recuerdo que tuvieras esa habilidad. Pero por supuesto, tampoco recuerdo haber sabido que eras una gran amiga de la familia Cullen puesto que hasta hace unos días jurabas odiar al señor Cullen aquí presente. –Escupo con rabia señalando a Edward quien me mira atónito.
-Bella yo… -comienza pero se detiene buscando las palabras adecuadas antes de continuar.- No es lo que parece.
Bufo y giro los ojos.
-Típico. ¿Es que la gente no puede inventar algo nuevo? ¿O simplemente decir la verdad?
-Bella por favor deja de tratarme así. –Suplica con voz quebrada, que linda.
En ese momento noto que Christian ya está por terminar de entregar los reconocimientos a los mejores escritores. Miro hacia él quien sin duda ha notado todo desde su lugar sobre la tarima y se ve un poco tenso.
-¿Sabes qué Anastasia? –Pregunto sin dejar de mirar a Christian para no llorar. –Espero, de verdad, que disfrutes de la decepción.
La miro por un momento y luego a Edward.
-No te molestes en volver aparecer en mi vida, si eso es lo que querías desde un principio lo hubieras hecho sin todo ese teatro de desaparecer en el hospital y no atender el celular. Mis cosas serán recogidas por alguien del personal mañana por la mañana y trasladadas de nuevo a Escala después de todo, la semana juntas ya paso.
Me giro y camino hacia la tarima donde Christian está tratando de sonreír y de agradecer a todos por su magnífico talento, cuando me ve parece relajarse un poco y se queda callado durante un momento. Me detento cerca para esperarlo que termine y podernos ir. Respiro profundo y cierro los ojos tratando de contener las lagrimas que comienzan a formarse detrás de mis ojos.
-Agradezco de nuevo su grata compañía esta noche y por su puesto su confianza en nuestra Editorial, aunque siempre se ha sabido que es más de Isabella que mía. –La voz de Christian me hace volver a la realidad, abro los ojos y me está mirando sonriendo de lado. Le devuelvo la sonrisa lo mejor que puedo.- Ella… siempre ha sido el pilar más importante de esta empresa y por supuesto… de mi vida.
Todo parece quedarse en silencio por un momento, estoy segura de que Christian jamás había demostrado sus sentimientos hacia mí en público, puedo sentir las miradas sobre mí.
-Quisiera que por favor alguien me alcanzara unas copas de champán y pedirle a mi hermosa novia que se acerque un momento a mi lado. –Lo miro con los ojos fuera de órbita, ¿En que está pensando?
Veo al mesero acercarse a mí para subir a la tarima pero lo detengo, tomo las dos copas y subo los escalones despacio, temiendo por primera vez lo que sea que sucederá y no el caerme. Christian se acerca a mí y me ayuda tomando una de las copas de mi mano y sonríe ampliamente.
-¿Qué haces? –Pregunto entre dientes mientras le sonrió.
-Calla. –Ordena.
-Estás loco. –Refunfuño.
El se limite a reír entre dientes, se gira hacia el micrófono de nuevo y toma mi mano entrelazando nuestros dedos en un firme apretón.
-Hace ya un tiempo que he querido tomar esta decisión y doy gracias a lo que sea que hizo que Isabella aceptara. –Me mira y puedo ver la adoración pura en sus ojos.
Parece nervioso, su mano cada vez es más firme alrededor de la mía. Todos están en silencio y atentos a sus palabras, los periodistas lo miran esperando algo como "la noticia del año".
Christian toma una respiración profunda y luego despliega su sonrisa más radiante antes de decir:
-Estoy especialmente feliz de poder compartir con ustedes la magnífica noticia de que la hermosa señorita Isabella Marie Swan ha aceptado ser mi esposa. –Un sonoro jadeo recorre el salón, el mío incluido.
Una ronda de aplausos comienza y cada vez se hace más grande a medida que los más sorprendidos comienzan a reaccionar. Siento de nuevo un ligero calor subir por mi cuello y abarcar toda mi cara, Christian libera mi mano y me coge la barbilla, alza mi boca hasta sus labios y me da un beso fugaz.
-Muy pronto serás mía. –Susurra.
-Ya lo soy. –Susurro de vuelta un poco aturdida.
-Legalmente. –Musita y sonríe con aire de suficiencia.
.
.
A la mañana siguiente me despierto sobre Christian. No recuerdo haber llegado a Escala, ni siquiera recuerdo haberme bajado del auto. El pecho de Christian sube y baja suave, acompasado. No tiene camiseta, la estoy vistiendo yo. ¿En qué momento me ayudo a cambiarme? ¿Tan cansada estaba? Levanto la mirada hacia su rostro y se ve totalmente calmado, jamás lo había visto tan relajado. Sus labios están entre abiertos y su brazo derecho está detrás de su cabeza mientras que el izquierdo me sujeta contra su cuerpo. Sonrío ante el giro tan extraño que ha dado mi vida últimamente, este hubiera sido el perfecto despertar la noche después de anunciar nuestro compromiso pero todo se arruino…
Entierro mi cara en su pecho y aspiro su delicioso olor. Aun sonriendo me aprieto más a su lado haciéndome más pequeña. Este es definitivamente el lugar donde pertenezco. Christian se remueve un poco y me sujeta ahora con los dos brazos, me río de su manía de tenerme cerca.
-¿Hay algo que la divierta esta mañana señorita Swan? –Su voz es áspera y muy sensual también.
-El hecho de que tal parece que me dormí a mitad de camino y un hombre se aprovecho para desnudarme y luego colocarme una camisa suya y yo… ni siquiera lo note. ¿Sabes? Pudo haber abusado de mí y ni me entere.
Me hice la escandalizada, levante la cabeza y Christian me estaba mirando con expresión divertida.
-¿De verdad crees que no lo hubieras notado? –Esta vez el que fingió estar escandalizado fue él.- Me ofende señorita Swan.
-Oh, ¿Acaso usted conoce a ese hombre que abuso de mi debilidad, señor Grey? –Le seguí el juego.
-Creo haber escuchado una vez sobre él. –Frunció el ceño y me miro con ojos ardientes.- Dicen… que cuando quiere que la joven que él rapta disfrute lo que él le hace, espera a que la joven se despierte por la mañana.
Y antes de que pueda responder me hace girar quedando así sobre mi cuerpo y mis manos están sujetas firmemente sobre mi cabeza. Río y grito por la sorpresa. Christian sonríe de lado y acerca sus labios a los míos.
-Me encanta cuando ríes así. Mi dulce Isabella… –Susurra junto a mis labios antes de besarme.
Su beso es lento, suave y dulce. Se deja caer despacio sobre mí y puedo sentir todo su cuerpo pegado al mío. Trato de liberar mis manos pero al principio no me deja. Levanto un poco mi pierna y rozo su erección, el gruñe y yo sonrío entre sus labios. Libera mis manos para ayudarme a deshacerme de la camiseta que tengo puesta y noto para mi propia sorpresa que no llevo ropa interior tampoco. Sus labios se deslizan por mi cuello, descienden besándome y mordisqueándome, mi sangre hierve ante su contacto, desciende lentamente hasta mi vientre, entre mis piernas, hasta mi sexo. Gimo.
Muevo mis manos y las coloco en su cabello. Tiro de él suavemente y Christian gruñe, mis caderas empiezan a balancearse y a moverse por su cuenta, siguiendo el ritmo de su boca, y yo intento desesperadamente recordar mantenerme quieta.
-No te muevas. –Me advierte.
Siento su aliento en mi piel y dejo escapar un sonoro jadeo. El introduce su lengua y me roza con los dientes. Mi cuerpo se arquea en respuesta.
Escucho su cálida risa, desliza la nariz por mi sexo, arriba y abajo, muy suavemente, con mucha delicadeza. Me retuerzo… ¡Madre mía!
Se detiene y espera a que me calme, levanto la cabeza y lo miro con la boca abierta. Mi acelerado corazón intenta tranquilizarse.
-Señorita Swan, ¿Cuántas veces debo decirle que se controle? –Bromea.
Sin apartar los ojos de los míos introduce de nuevo su nariz en mi sexo.
-¿Sabe usted lo embriagador que es su aroma? –Me ruborizo ligeramente, siento que voy a desmayarme, cierro los ojos al instante. No puedo verlo haciendo algo así.
Me recorre muy despacio el sexo. Oh, joder…
-Me gustas tanto Bella…
-Oh… por favor… –Suplico.
-Me encanta que supliques nena.
Gimo.
Oigo su risa perversa, y mientras mi cuerpo palpita por sus palabras, empieza a rodearme el clítoris con la lengua muy despacio, sujetándome los muslo con las manos para que no me mueva.
-¡Ahhh! –Gimo.
Mi cuerpo se arquea y se convulsiona al contacto de su lengua, Christian sigue torturándome con la lengua una y otra vez, sujeto fuertemente las sabanas de la cama entre mis puños. Todas las células de mi cuerpo se contraen en un pequeño punto sobre mi vientre, las piernas se me ponen rígidas. Oigo su gemido mientras introduce un dedo.
-Oh, Bella. Me encanta que estés tan mojada para mí…
Mueve su dedo trazando un amplio círculo, expandiéndome, empujándome, y su lengua sigue el compás de su dedo alrededor. Gimo. Es demasiado, mi cuerpo me suplica, me dejo ir, el orgasmo se apodera de mi con tal fuerza que pierdo todo pensamiento coherente, me retuerzo y grito su nombre. ¡Joder! Cierro los ojos y el mundo se desmorona a mí alrededor y desaparece de mi vista mientras la fuerza del clímax lo anula y vacía todo.
El pesado sonido de mis jadeos a penas me permite escuchar su risa, no he terminado de recuperarme aun cuando me penetra lentamente y empieza a moverse. Oh, mierda. La sensación es y dulce, fuerte y suave a la vez.
-¿Te sientes bien? –Pregunta con voz entrecortada.
¿De verdad crees que es momento para preocuparte por mi maldita enfermedad Grey?
-Estoy bien. Muy bien. –Gruño entre dientes mientras mi espalda se arquea lejos de la cama.
El comienza a moverse muy deprisa, hasta el fondo, me enviste una y otra vez, impecable, empuja y vuelve a empujar hasta que vuelvo a estar al borde del abismo. Gimoteo en voz alta.
-Córrete para mi, nena.
Me habla al oído con voz áspera, dura y salvaje, exploto mientras bombea rápidamente dentro de mí.
-Te amo. –Susurra.
Empuja fuerte una vez más y gime mi nombre al llegar al clímax apretándose contra mí. Luego se queda inmóvil, con el cuerpo rígido. Se desploma sobre mí, siento su peso aplastándome contra el colchón.
Lo rodeo con mis brazos y lo sostengo contra mí, él se mueve un poco y entierra su cara en el hueco de mi cuello, su respiración al igual que la mía aun es acelerada. Acaricio su cabello por un largo rato hasta que parece que todo ha vuelto a la normalidad. Christian se libera de mi agarre apoyándose en los codos, pega su frente a la mía y sus intensos ojos grises me miran fijamente.
-¿Tienes idea de lo mucho que me encanta estar contigo? ¿Lo completo que me siento cuando estas a mi lado? –Pregunta en voz baja.- Te amo tanto Bella, te necesito a mi lado para poder ser mejor. Prometo darte el cielo si es lo que quieres pero nunca te vayas de mi lado.
Acaricio su mejilla lentamente, el se inclina hacia el toque y cierra los ojos.
-También te amo Christian. Y ya te lo he dicho no quiero nada más que a ti. Solo a ti, a mi lado.
El sonríe y tengo que parpadear deslumbrada por su belleza, es como si la mañana se iluminara aun más. ¿Es eso posible?
-Entonces no hay nada que temer porque jamás, jamás Bella, me alejare de tu lado.
Promete con tal impronta en sus palabras veracidad que no hay nada que me haga dudar de eso. Lo comprobé en los días pasados. Somos simplemente, uno solo.
-¿Dónde quieres desayunar? –Pregunta muy animado.
Me toma desprevenida.
-¿Por qué no lo haremos aquí?
-Pensé que hoy podríamos pasar el día juntos. Veo que como siempre no lo recuerdas. –Menea la cabeza lentamente fingiendo estar decepcionado.
No puedo evitar reírme de él.
-No sé de que hablas. En serio.
-Y eso me da un punto a mi favor. Vamos, tenemos muchas cosas que hacer hoy.
De repente sale de mi cuerpo y me estremezco, jamás me acostumbrare a la sensación de vacío que me queda después. Se levanta y camina hacia el baño, sonrío mientras disfruto del espectáculo desde donde estoy, inmóvil.
Christian se gira y me mira burlón.
-¿Le gusta lo que ve señorita Swan?
Un sonrojo se apodera de mis mejillas y su sonrisa se acentúa.
-Me gusta ver que ya vuelves a sonrojarte. Levántate, ya te lo he dicho, hay muchas cosas por hacer.
-Christian… no puedo moverme.
El suelta una ligera risa y se acerca de nuevo a la cama. Se inclina y me toma en brazos. Grito y me sujeto de su cuello riendo.
-Eso no era necesario.
-Si queremos llegar a tiempo, sí.
Christian me deja de pie junto a las puertas corredizas de la ducha.
-¿Y se puede saber a dónde vamos señor Grey? –Arqueo una ceja.- Sabes que detesto las sorpresas.
-Esta te gustara, lo prometo.
.
.
Media hora después estamos vestidos y listos para salir, aunque nada común en nosotros. Christian lleva puesto unos jeans y una camiseta negra, por mi parte me hizo vestir unos shorts de jeans y una camiseta gris sin mangas que él suele usar para entrenar ya que toda mi ropa aun esta en el departamento junto a la playa. Pensar en ese lugar me hizo doler el pecho, Ana…
Sacudo la cabeza y alejo el pensamiento antes de que termine de formarse. Ella era mi prima, casi mi hermana y me traiciono, se enamoro de Edward.
Sujeto la camisa con un nudo para que no se vea tan grande y me coloco las bailarinas que cargaba con el vestido, suerte que el plateado no se nota tanto. Dejo que mi cabello se seque natural y no me maquillo. Es extraño no tener mis cosas aquí.
-¿Lista? –Pregunta desde el umbral de la puerta del baño.
Asiento y camino hacia él. Christian me mira de arriba abajo y sonríe de lado.
-Deberías usar mi ropa más seguido, aunque no me agrada la idea de que se te vean los sostenes y que el short sea tan corto. Estas muy descubierta.
Me río y paso junto a él sin hacerle caso. No puedo entenderlo, la verdad. Noto que no hay nadie más, ni siquiera Taylor está en su lugar habitual en el vestíbulo. Christian me conduce hasta el estacionamiento y me hace subir a su lado en el R8. Gira la llave en el contacto y el familiar ronroneo del motor nos llega a nuestras espaldas. Pulsa el botón y la capota retrocede lentamente. Lo miro interrogante y él me sonríe.
-Hace un hermoso día. –Responde y se encoje de hombros.
Sonrió, saca el coche de la plaza de aparcamiento y sube la empinada rampla donde nos detenemos a esperar que se levante la puerta.
Y salimos a la soleada mañana de… Septiembre.
¡Oh, no!
-¿Así que todo esto es por mi cumpleaños? –Mi tono sale un poco agrio y Christian se tensa en su asiento.
-Creí que no lo recordabas…
-Lo acabo de hacer. –Confieso.- ¿Por qué te molestas en tratar de hacerlo un buen día cuando sabes que lo odio?
-Porque quiero que todo cambie de ahora en adelante, Bella. Voy a hacer que cambie.
No le respondo, lo menos que quiero es pelear con él y arruinar su buen humor. Respiro profundo y cierro los ojos tratando de disfrutar del viento en mi cara y mi cabello danzando en él. No puedo hacer nada, si Christian se empeña en celebrarlo no puedo negarme. Hemos estado tan mal últimamente que si esto lo hace feliz lo haré, aguantare mi dolor y mal humor solo por él y sus sonrisas.
-Ahí debería haber una cámara.
Abro los ojos y está señalando la guantera. Frunzo el ceño, abro la puertezuela y en definitiva ahí hay una cámara pequeña y práctica, perfecta para el turismo. ¿Qué se supone que vamos a hacer?
-¿Fotos? –Pregunto.
-Nuestras. –Se encoge de hombros.
-¿A dónde vamos?
-Señorita Swan está usted peculiarmente curiosa esta mañana. –Sonríe aun sin mirarme.
-Christian… -Me quejo.- Solo dime a donde vamos.
-No hace falta.
Aparca el auto justo frente al Acuario de Seattle. No sé si son mis ojos los que están más abiertos o tal vez mi boca. No es un lugar habitual de Christian, pero tampoco lo es su vestimenta y comportamiento. Me giro hacia él lista para disparar la siguiente pregunta pero el ya está rodeando el auto para abrir mi puerta. Tomo la mano que me tiende y me quedo de pie a su lado.
-¿Qué-hacemos-aquí? –Formulo casi una sola palabra en la pregunta, con cautela de no parecer muy enojada o sorprendida.
-¿Tienes la cámara? –Pregunta de vuelta ignorándome por completo.
Giro los ojos.
-Sí. –Levanto la mano izquierda y se la entrego.
Christian me la quita y sonríe, toma mi mano y me lleva a rastras hacia el interior del acuario, donde a pesar de decir que está cerrado, las puertas no están con seguro. Dentro, un hombre joven nos espera, el saluda de mano a Christian y asiente hacia mí sin decir una palabra, comienza a caminar y Christian aun llevándome a rastras lo sigue. Cuando llegamos a la cúpula, sobre nosotros se alza el agua y los diferentes peces de todos tamaños y colores, pero lo que más me impresiona es que el lugar esta únicamente iluminado por pequeñas lámparas de papel y velas en frasquitos de vidrio. Libero mi mano del agarre de Christian quien no parece poner objeción y camino hasta el cristal del fondo admirando la belleza que nos rodea. Muerdo mi labio tratando de contener la sonrisa estúpida que se estaba formando en mi boca.
Me giro en busca de Christian pero descubro que estoy sola. La cámara esta sobre una pequeña mesa en el centro del salón y junto a ella hay una nota. Las tomo ambas mientras leo la nota.
Es la letra de Christian.
Úsala por favor.
Te amo.
Christian.
Una pequeña punzada de miedo se aloja en mi pecho. ¿Por qué Christian me trajo hasta aquí si me iba a dejar sola? ¿A dónde fue?
Un golpeteo en el cristal a mi espalda me sobresalta, me giro y un hombre en traje de buzo está ahí saludándome. Camino un poco más cerca mientras él escribe algo en la pequeña pizarra blanca que sostiene entre sus manos. Lo gira y sostiene a mi altura que lo pueda leer.
Feliz Cumpleaños Señora Grey.
Dejo caer mi mandíbula y jadeo sorprendida. Detallo bien al buzo y su inconfundible cabello cobrizo danza en el agua mientras sus grises ojos me miran con diversión.
-Christian. –Susurro incapaz de saber si me escucha o no.
El hace una seña hacia la cámara en mi mano derecha. La levanto aun un poco aturdida y el asiente. La enciendo y le tomo una foto, soy consciente de que ya no puedo retener la sonrisa estúpida y esta se ha extendido por mi cara. Luego de que tomo la foto Christian me hace señas de que me acerque. Bajo los pequeños escalones y llego justo donde está el cristal con mi loco prometido.
-¿Señorita? –La voz a mi espalda me hace sobresaltar. Me giro y una mujer está justo donde yo estaba hace unos segundos.- ¿Me permite la cámara?
Levanto las cejas en respuesta pero ella tiene la mano extendida hacia mí, miro a Christian y este asiente en respuesta. Le entrego la cámara a la mujer sin mirarla, mi vista esta fija en Christian. Estoy maravillada. ¿Cómo es posible que alguien como él ahora sea así? Esta dentro de un acuario siendo extremadamente lindo.
Christian borra lo que estaba en la pizarra y comienza a escribir de nuevo. La gira y dice:
Te amo.
Mis ojos pican, coloco la mano en el cristal y él se acerca y coloca la suya del otro lado.
-Te amo más. –Formulo para que pueda leer mis labios.
El niega y soltando la pizarra para qué flote a su lado coloca su mano libre sobre su corazón. Sonrío y puedo sentir las lagrimas derramarse por mis mejillas. Es simplemente imposible estar enojada con él cuándo se comporta de esa manera. Toma de nuevo la pizarra y vuelve a escribir en ella:
Es usted la mujer de mi vida
Cada día estoy más seguro de ello.
"Señora Grey"
Suelto una risa nerviosa.
-Aun no. –Formulo negando con la cabeza.
Puedo ver su ceño fruncirse ligeramente. Borra lo que había escrito y escribe una respuesta:
¿Quién dice que no puede ser ahora?
Pero antes de que pueda responderle él ya esta nadando de vuelta a la superficie lejos de mí. ¿Qué quiso decir con eso? Me giro en busca de ayuda pero la mujer que me había pedido la cámara ya la ha dejado sobre la mesa donde estaba en un principio y se está alejando a paso rápido lejos de la cúpula.
¡Ay Dios mío! Que no sea lo que estoy pensando.
Subo los escalones y camino hacia la cámara, está encendida lista para tomar una nueva foto. ¿Por qué este terrible miedo se está apoderando de mi estomago?
Solo son los nervios Bella. Cálmate, respira profundo.
Pero no puedo.
Christian vuelve y tiene la misma ropa con la que salió de la casa pero su cabello húmedo aun gotea un poco de agua hacia su camiseta y cien. Mi estomago está totalmente contraído, si sigo así voy a tener que doblarme para que tenga más de donde más halar para su nudo particular.
Él llega hasta mi lado y sin decir una palabra me toma en sus brazos y me besa. Mis manos se mueven por si solas, se deslizan por su cabello, lo atraen aun más hacia mí. Mi boca se abre y mi lengua acaricia la suya. Me agarra por la nuca para besarme más profundamente, respondiendo a mi ardor. Me desliza la otra mano por la espalda, y al llegar al final de la columna, la detiene y me aprieta contra su cuerpo.
-Cásate conmigo. –Dice sin dejar de besarme.
-Ya te he dicho que si.
-Ahora.
Parpadeo varias veces tratando de deshacerme de la bruma que se ha ido apoderando de mí. Alejo mi boca de la de él y me mira esperando respuesta.
-Yo… Christian… -Aclaro mi garganta.- ¿De qué hablas?
-Quiero que te cases conmigo. –Dice sonriéndome abiertamente.
-¿Ahora?
-Ahora.
-¿Cómo?
El sigue sonriendo ante mi cara de desconcierto.
Se separa un poco de mi pero sin soltarme del todo, hace una seña hacia el corredor de donde llego y tres hombres de traje y gafas se acercan a paso lento con una carpeta y grueso libro en mano. Aun no puedo encontrar la manera de cerrar mi boca.
-Él es el Juez Garzon. –Me dice Christian en voz baja y cautelosa.- Si aceptas él nos casara, ahora, aquí.
-Pero Christian… –Digo con voz ronca.
Las lágrimas vuelven a mis ojos y soy incapaz de contenerlas por segunda vez en el día. Se derraman por mis mejillas frías contra el ligero calor en mi piel.
-Solo di algo Bella. Si quieres una boda glamorosa, con muchos invitados y un gran vestido solo tienes que decirlo nena y ellos se irán.
Christian parece desesperado y asustado. Niego con la cabeza incapaz de moverme o decir algo, el malinterpreta mi negativa y se aleja para hacerle hace una señal a los hombres para que se vallan, se ve cabizbajo y triste.
-No-no… -tartamudeo.- No quise decir eso Christian.
Lo tomo del brazo y lo detengo de su ida. Los hombres también se detienen, todos me miran esperando una explicación, en especial Christian. Quien parece esperanzado.
-Yo no quiero una boda grande, detesto ser el centro de atención, lo sabes.
El abre ligeramente los labios y jadea.
-¿Quieres casarte conmigo entonces? –Puedo ver como el brillo va poco a poco iluminando su mirada de nuevo.
Oh, Christian. Se lo que estas pensando. Nuestro pasado no nos define. Prometo solo mirar al futuro. Contigo.
-¿Si no quisiera casarme contigo crees que hubiera aceptado? –Acaricio su mejilla suavemente, el inclina su cara hacia mi mano y sonríe.- Te amo señor Grey.
El mira emocionado al juez y le dice:
-Creo que debería comenzar antes de que esta hermosa mujer haga que me de un infarto.
Me mira, le sonrío.
-Eso sucede cuando uno es tan viejo… -Bromeo.
-¿Eh? ¿Disculpe? No la escuche. –Bromea de vuelta un poco nervioso.
.
Lo siguiente que ocurrió fue como un borrón. El juez hacía y deshacía pero yo soy incapaz de entender nada de lo que decía. Mis manos tiemblan como una gelatina, mi corazón late tan deprisa que tengo miedo de ser yo la que sufra el infarto, en mi estomago se aloja todo el miedo de una vida entera huyendo de las bodas y los compromisos, la voz de Renée en el fondo de mi cabeza diciéndome todas esas cosas sobre lo malo que es casarse joven, la cara de Charlie cuando posiblemente se entere de esto, Jake…
-Yo, Christian Grey, en la presencia de estos testigos, te tomo a ti, Bella Swan, como mi legítima esposa a partir de este día en adelante, para bien, para peor aún, en la riqueza, la pobreza, en enfermedad y en salud, para amarte y cuidarte hasta que la muerte nos separe.
La voz de Christian es suave y llena de orgullo. Me saca de mis pensamientos arrastrándome de vuelta con un suave apretón de manos y una hermosa sonrisa. Por más que he tratado no puedo detener las lágrimas, es tan irreal todo lo que está sucediendo…
-Sus votos por favor señorita Swan. –Me dice el Juez.
Mi garganta se siente totalmente obstruida por las ganas de soltarme en llanto. Me la aclaro y respiro profundo antes de decir:
-En este día maravillosamente loco, me siento muy afortunada de tomarte, Christian, como mi esposo, para honrarte con mi lealtad y la amistad y recibir con agradecimiento, la alegría de saber que tú y yo somos ahora un solo ser, comprometidos con un solo propósito, apoyar y amar el uno al otro a través de la luz y la oscuridad.
Los ojos de Christian brillan con lágrimas no derramadas y felicidad infinita. El juez pide los anillos y es entonces cuando soy consciente de que Taylor y la señora Jones están aquí también, en segundo plano como siempre. Taylor le entrega los anillos a Christian y me guiña un ojo a mí con complicidad, le sonrío, estoy tan agradecida de que este aquí. Luego de colocarnos los anillos el juez nos pide unir las manos y dice:
-Al unir las manos, están aceptando estar unidos como marido y mujer. Se han comprometido a honrar, amar y apoyarse el uno al otro para el resto de sus vidas. Por la autoridad investida en mí por las leyes del estado de Washington, yo los declaro marido y mujer.
Christian no espera que el juez continúe con sus palabras suerte. Toma mi rostro con una delicadeza impropia en él y me besa suave y lento. Demostrándome todo el amor que tiene para mí.
-Ustedes están ahora unidos entre sí por el amor y respeto, dos cualidades que deben recordar siempre, incluso cuando los tiempos son difíciles. Les deseo la mejor de las suertes en su matrimonio, y tengo el honor de presentarles al Sr. y Sra. Grey.
-Señora Grey. –Murmura Christian con absoluta reverencia.
Sonrío ampliamente, el limpia mis mejillas con sus apulgares y besa mi frente.
El juez nos hace firmar el certificado y luego se marcha el silencio junto con sus hombres, Taylor y la señora Jones.
Christian me abraza y me hace girar en el aire riendo. Se detiene y aun cargándome vuelve a besarme.
-La amo señora Grey.
-Yo lo amo más señor Grey.
El sonríe divertido, me deja en el suelo y toma la cámara, la cual no había notado ahora estaba en otro lugar. ¿Alguien la uso?
-Ven conmigo. –Dice y me tiende la mano libre.
La tomo y él me conduce fuera de la cúpula. Subimos unas escaleras y luego abre una puerta y me hace pasar a mi primero, o bueno salir. Al otro lado de ella está la parte superior del tanque del acuario donde Christian estuvo buceando hace un rato.
-¿Qué hacemos aquí?
-Quiero que veas algo.
Christian suelta mi mano y se acerca a hablar con uno de los buzos que permanecen en el tanque. El hombre asiente y me sonríe. Christian vuelve y me toma de la mano.
-Vamos, tenemos su permiso. –Me acerca a la orilla del tanque y me sonríe.
-¿Vamos a entrar… ahí? –Un ligero chillido se escapa de mi voz.
El se ríe y asiente, se quita los zapatos y sin esperar nada más se lanza al agua. Lo miro con los ojos abiertos. Creí que debíamos vestir ropa especial, como los hombres ahí, como la que el uso antes.
-Ven o saldré y te buscare yo mismo. –Me amenaza.
Miro al hombre con el que él hablo hace un momento y el asiente sonriendo. Me quito las bailarinas y salto al agua. Christian nada hacia mí y me toma de la mano.
-Respira profundo y sígueme.
Hago lo que me dice y me sumerjo a su lado, me conduce por la parte trasera lejos del vidrio de la cúpula, y ahí hay mayor concentración de peses de todos colores, es absolutamente hermoso. Suelto la mano de Christian y nado más cerca de ellos, deben estar acostumbrados a los buzos puesto que no se asustan con mi presencia, al contrario me rodean.
La gana de colores es maravillosa, Christian está a pocos menos y tiene la cámara en su mano. ¿Es acuática también? No lo note.
Unos peces nadan a mí alrededor haciendo un espiral hacia arriba, sigo su danza y los imito nadando en círculo, llego a la superficie y tomo un poco de aire para volver. Los peces parecen haber tomado especial cariño conmigo, me siguen a donde valla. Christian se me acerca y me besa. Dejo escapar un poco de aire lo cual me hace subir de prisa a la superficie.
-¡Esto es maravilloso! –Exclamo divertida cuando salimos.
-No ha visto lo mejor señorita. Espero que no le de miedo. –Me dice el hombre de antes.- Estaré cerca para darle oxigeno, no se altere eso los asustara.
-¿Asustar qué? –Pregunto ya un poco nerviosa.
-Venga conmigo. –Me dice y se sumerge.
Christian sonríe maliciosamente y se sumerge detrás del buzo. Los sigo a regañadientes, están cerca de la parte derecha. Christian me toma de la mano y la aprieta fuerte, ¿Me está dando valor?
Por el rabillo del ojo veo a mi derecha algo grande pasar. Me pongo tensa, Christian lo nota, niega con la cabeza y abre mucho los ojos. Giro despacio hacia las sombras que pasan una y otra vez a nuestro alrededor. Tengo ganas de gritar, de salir huyendo. Hago uso de mi fatídica memoria tratando de recordar si tengo alguna herida abierta que pueda botar sangre pero no logro recordar nada. Miro las criaturas que nos rodean pero ellos no se acercan, mantienen la distancia aunque puedo notar que sienten curiosidad por nosotros.
Tiburones.
Ya he tenido suficiente de predadores deseosos de sangre así que poco a poco nado lejos de ellos teniendo cuidado de no alarmarlos. Llego a la superficie y otros dos buzos que están ahí me ayudan a salir y me dan una toalla enorme para envolverme. Unos minutos después Christian emerge sonriendo junto al tercer buzo. Idiota.
-¿Por qué huiste? –Me pregunta aun sonriendo.
-¿Tienes idea de lo terrible que me sentí? Estás loco.
El sigue sonriendo, imperturbable.
-Oh, vamos señora Grey. No puedo creer que tuviera miedo. ¡Están acostumbrados a la gente!
La miro atónita. ¿Qué mierda?
-¿Quién demonios eres tú y que has hecho con mi Christian?
El deja escapar una sonora carcajada. No puedo más con él. Recojo mis zapatillas y camino hacia la salida. Lo amo en serio lo amo pero a veces ni siquiera parece él. Además esas… cosas con su sed de sangre… Me estremezco de solo pensar en algo así, de nuevo. Afuera del Acuario la brisa me hace tiritar, me coloco las bailarinas y camino hacia el R8 solo para notar que la SUB esta justo detrás con Taylor recostado a la puerta. Levanta la mirada cuando me ve con la ropa empapada y sonríe. Abre la puerta trasera de la camioneta y me tiende un bolso con ropa seca.
-Puede cambiarse dentro. Los cristales son suficientemente tintados para que nadie la vea. –Me sugiere.
-¿Seguro? –Pregunto mientras tomo el bolso.
-¿Cree que permitiría que alguien vea a la esposa del señor Grey? –Sonríe.
Puedo sentir el sonrojo subir por mi cuello hasta mi rostro. Oh Dios, no podre acostumbrarme a esto.
-De acuerdo.
Subo a la SUB y me visto de prisa, gracias a Dios es un conjunto parecido al que ya cargaba y no es tan difícil de colocar. Cuando bajo de nuevo Christian esta junto a Taylor quien le esta sonriendo. Me ve y se pone inmediatamente serio.
-Bella yo…
Comienza pero lo interrumpo.
-Ya no vale la pena. Solo cámbiate o te resfriaras.
El me mira por un momento desconcertado.
-Hay otro bolso con ropa para usted en el auto señor. –Le dice Taylor.
El niega y en su lugar se dirige al R8, giro los ojos pero solo Taylor lo ve. Sonríe y se encoge de hombros subiéndose a la SUB. Sigo a Christian y subo al asiento del copiloto del Audi.
-Creí que no vendrías. –Sonrío. Ya está de nuevo siendo él mismo.
-¿Dónde más iba a ir?
-Con Taylor.
No respondo. Sinceramente ya no sé si prefiero al Christian gruñón o al juguetón.
Hace subir la capota del auto y acelera por interestatal 5 en dirección, supongo, a casa de los Grey.
Toma mi mano y la coloca junto a la suya en la palanca de cambios acariciando mis anillos.
-No quiero discutir contigo, no hoy. –Murmura.
-Yo no estoy discutiendo. –Respondo suavemente.
Él suspira y aprieta su agarre.
-Te amo señora Grey.
Frena en un semáforo en rojo y me mira con los ojos ardiendo.
-Yo también te amo señor Grey.
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He notado que he tenido mas faltas de las que creía, es por lo apurada que ando cada vez que escribo, lo siento.
Trato de subir los capítulos lo mas rápido que puedo según la universidad me deja. Sin embargo espero les guste.
Capitulo dedicado a Mari y Tiby. Grandes amigas y mis principales fans. Las adoro vale! :')
Espero sus reviews y recomendaciones. xx
Maiia.
