A la mañana siguiente, a eso de las nueve del día, suena el teléfono de Roma. No sé yo como estén ahí, sinceramente... O sea, duermen fijo. Helena se ha incluido en el plan y si Egipto quiere, también. El plan de dormir. Deben, ademas, dormir todos en la cama de Roma. Debe haber habido orgia y no se si haya algunos chicos y chicas desconocidos.
Helena dice que entre más mejor. Britania se pregunta si la invitaron o pasó una noche tremendamente incomoda. Bueno, de invitarla sí, pero Roma estaba muy por Veneciano. Noche incomoda entonces.
El teléfono suena... Y suena. Y suena y suena y suena y suena. Y va a seguir sonando. Ese y el de la casa. Y puede que Alemania a las once entienda que quizás a la una sea mejor volver a llamar. Así que vuelve a llamarle a la una con precisión. Debe contestar Egipto que es la única que está despierta.
—Oh. Ehm... Hallo. Deutschland al teléfono.
—Doitslan.
—Eres... ¿Helena? Ägypten?
—Egipto, ¿qué pasa?
—Ah. Ehm —vacila porque no esperaba que le contestara alguien más —. Quería saber si... Bueno, no se sí sepas pero Veneciano esta ahí —carraspeos múltiples incluidos
—Puede que esté, sí —no finjas que no te acuerdas que bien que te daba curiosidad ayer noche.
—Bueno. Ehm. ¿Sabes si está bien? —carraspea otra vez.
—Sí, está bien.
—Quiero hablar con Rom y que no le digas a nadie que soy yo. Bitte.
—Mmm... —se mete al cuarto donde aun duermen todos y lo despierta con un beso solo porque le gusta la idea de darle un beso.
Alemania espera pacientemente, nerviosito, pensando en si no debía haber pedido directo con Veneciano. Despues de un bueeeeen rato se pone Roma.
—¿Mmm?
—Hallo. Rom. Soy Deutschland.
—Ah —bosteza y sonríe—. Mi chico —se estira.
—Rom. Quiero hablar contigo de Italien. ¿Está ahí? ¿Está bien?
—Síc, está aquí dormido —le mira de reojo. Alemania se humedece los labios... Y es que la verdad el casi no ha dormido nada, agobiado y triste.
—Ehm. Ich... No le digas que hablé contigo, sólo quería —carraspea—, quería saber si va a seguir ahí unos días o si puedo ir por él mañana.
Roma se levanta con una protesta y sale del cuarto.
—Germaniae... Italia no está bien —sentencia buscando algo de ropa que ponerse por ahí, envolviendose con una sabana que estaba en el cuarto de lavar como una túnica de las suyas y cien veces más importante, bucando café.
—¿No que sí está bien? ¿Le pasó algo en el choque?
—No está bien emocionalmente. Contigo.
—Ah. Ja, ya puedo imaginármelo. Se ha ido de casa. Sólo que no entiendo por que esta TAN mal, no ha pasado nada concreto. Quiero hablar con él y que vuelva, pero si le hablo no me contesta —habla mucho y rápido cosa MUY rara.
—Sh, sh, calma, calma mi amor. Ya lo sé, pero precipitarte no te va a ayudar en esto.
—¿Y qué me va a ayudar en esto? ¡Es absurdo e injusto!
—Él siente que le has engañado, cree que querrías haberte casado con Austria.
—¿Pero engañado con qué? ¡Sólo no le conté! ¿¡Y cómo voy a casarme con Österreich!? Es imbécil. Dile que lo es. ¡No puede dejarme por eso!
—Decirle que es imbécil no le hará sentirse mejor ni que vuelva a casa contigo.
—¡Pues no sé que es lo que quiere!
—Quiere que le quieras.
—Pues, verdammt... ¡Eso lo hago!
—Mmmm... No lo dudo, pero creo que ahora necesita pruebas palpables.
—¿Pues que pruebas puede querer? Ir por él es una prueba. ¡No debí dejar que se fuera!
—Non, non, mi niño, eso es posesión, deseo si quieres, no amor.
Alemania bufa un poco impaciente
—¿Entonces qué es lo que es "amor", Rom? ¿Tenerle aquí por años durmiendo conmigo no lo es? No sé que quiere.
—Cálmate y no te enfades conmigo, solo trato de ayudarte.
—Dime qué quiere exactamente y lo haré—pide frustradito.
—Lo que quiere es que le demuestres que le quieres, ya te lo he dicho. Y lo quiere de verdad, creéme.
Alemania suspira sin tener ni idea de como hacer eso.
—Y él va a demostrarme a mí que me quiere.
—Non. Él va a ser cruel y va a hacerte sentir patético, ridículo y desgraciado.
—¿Pero por qué? Es que... —Alemania se pellizca el puente de la nariz—. Yo también podría estar muy enfadado, eso que hizo fue algo estúpido. No puede hacerme creer que está muerto.
—No quería hacerte creer que está muerto, solo no quería verte en un momento de debilidad extrema, física y emocional.
—¡Pues me metió un susto de aquellos! —suspira—. No sé como hacer lo que quiere.
—Estoy seguro de que sí que lo sabes.
—Nein. No lo sé. Menos aún si no está aquí. Es imposible hacer algo si no está aquí.
—Nada es imposible, cariño. Y él desea que hagas esto y lo logres, desea que le recuperes, pero tiene que hacerse valer obligándote a que te esfuerces por conseguirlo.
—Al menos desea que le recupere —protesta en un suave murmullo. Se humedece los labios y suspira.
—Por supuesto que lo desea, te quiere muchísimo, solo que ahora mismo detesta hacerlo.
Alemania traga saliva y guarda silencio un poquito.
—Q-Quiero hablar con él.
—Mmm... No es una buena idea...
—Quiero decirle que no quiero nada con Österreich. Y que quiero que vuelva —pide con voz incluso infantil.
—Cariño, ayer bebimos mucho y no creo que hoy esté muy receptivo. Fue un día duro, pero bueno, prueba de llamarle en unas horas a ver que tal.
—Ayer bebieron mucho —repite, frunciendo un poco el ceño aún en su actitud de semi adolescente—. Pues yo voy a beber mucho también. ¿Se... Se consiguió a alguien más y se acostó con él? —pregunta después de un segundo, porque Italia se lo dijo.
—¿Te parece extraño ahogar el dolor en alcohol?
—¡Es que no tiene razón alguna para tener dolor! —protesta apretando los ojos.
—A mi me parece que él no lo ve de esa forma, e irse de tu lado ha sido bastante doloroso —explica con paciencia mientras se prepara el desayuno y cantidades indecentes de café.
—Nunca se había ido —insiste recargándose en su silla.
—Ahí lo tienes, ya ves la importancia de esto.
Alemania se humedece los labios.
—Rom. Explícale. Tú puedes hacerle entender que no ha pasado nada.
—Yo lo hago, cielo, de verdad. Pero no sirve si no hay unas pruebas en las que apoyarme, esas tienes que darnoslas tú.
—¿Pruebas? ¿Qué pruebas voy a darle, Rom? —murmura en un tono menos frío y más agobiado ahora.
—Ya te lo he dicho, pruebas de amor. Su corazón es tuyo y quiere creerte.
—No se cómo hacer eso —susurra con sinceridad.
—No es difícil. Eres la clase adecuada de persona. Tú mejor cualidad para ello es tu determinación. Si te mantienes impertérrito y como una roca asegurándole que le quieres una y otra vez a pesar de lo que él haga caerá rendido sin poder evitarlo tarde o temprano.
Eso es algo muy simple que entiende muy bien.
—Bien. Eso puedo hacerlo porque además es verdad.
Roma analizando sus propios puntos débiles con Germania.
—Y luego están los detalles. Recuérdale que él te quiere con cosas sutiles y emotivas. No tienes que llevarlo a casa tomado de los pelos, tienes que llevarlo a casa tomado del corazón. No sé que cosas sean las que funcionen con vosotros, esto es muy personal, pero... mándale flores o cosas que le recuerden lo mucho que le echas de menos.
—Mandarle flores. Va a descabezarlas todas. Ha acuchillado nuestra cama.
—Síc, es posible que lo haga, pero tú eres la roca que sigue golpeando constante e incansable. Si hoy las descabeza, mañana le mandas más o le mandas una carta de amor, o fotos de vosotros dos juntos o... algo que se te ocurra. Él no es para nada constante como tú.
Alemania frunce el ceño un poquito con esa idea y otra vez vuelve a considerarlo algo posible.
—Que insista hasta que lo consiga —asiente—. ¿Y qué hago con lo que él pueda hacer mientras tanto?
—Aay...
—Porque él me dijo que se buscaría a alguien más y yo... Es que no es justo que yo insista y él mientras tanto —traga saliva porque es que... SABE como es Veneciano con él cuando está enfadado. Peor aún cuando está así de enfadado, es capaz de tirarse a alguien en su nariz.
—Escucha, esa es la parte difícil... y lo es porque si te pareces un mínimo a tu padre no vas a entender nada.
—¿Entender nada de qué? —puede que su padre entienda más. Al menos esta más acostumbrado.
—De nada. Vas a tener que confiar en mí cuando te digo que no está haciendo el amor con nadie y todo el sexo que va a tener... que lo va a tener, hazte a la idea, es sucio, le hace sentir culpable y solamente lo hace para hacerte daño y que te sientas como él se siente.
Alemania se queda sin aire como si le hubieran dado un golpe en el abdomen.
—Todo el... —susurra desconsolado.
—Mira, mira, no te pongas nervioso ni te vengas abajo —le consuela y odia los télefonos porque quisiera abrazarle, acariciarle y apapacharle un poco—. Eso de acuchillar la cama, por ejemplo, fue un acto romántico. No significa que quisiera acuchillarte a ti o a vuestra relación, sino que no quiere que tú tengas sexo donde él te hacia el amor, así mismo me lo dijo.
—Pero yo no tengo sexo con nadie... —responde con voz suave.
—Ehm... ya lo sé, pero él no lo cree así. Cree que eres muy guapo y todo el mundo te ve como él, así que en cierto modo cree que evidentemente todo el mundo quisiera acostarse contigo. Ya sea Austriae, o Prusiae o yo o quien sea.
—Pero él va a... —cierra los ojos y piensa en Veneciano mirándole con sus ojotes, acariciandole, dándole un beso o un golpe igual de excitante. Traga saliva y deja caer los hombros porque va a hacer esas cosas... si... Con mucha gente. Le late el corazón con más fuerza volviendo a sentir. A SENTIR. Aprieta los ojos.
—No será como crees.
—Voy a colgar ahora —murmura.
—Es... no sé como hacertelo entender, llevo cientos de años intentando explicarselo a tu padre. No te obsesiones mucho con eso. Sé constante pero no le agobies ni te agobies tú, te recomiendo que seas paciente y pases tiempo con gente, tu padre y tus hermanos... pero separate un poco de Austriae.
Roma debe oírle sorber los mocos inevitablemente.
—Mi vidaaaa —lloriquea el latino, es que le rompe el corazón.
—No se como hacer nada de todo eso. Me estás dando instrucciones inconexas que no entiendo —responde con voz que se hace monótona y tremendamente fría conforme va hablando—. Voy a trabajar. Eso es lo que voy a hacer.
—No llores, no te encierres, me rompes el corazón y definitivamente ahora no puedo ir a consolarte.
—Vivíamos muy bien cuando tú no estabas. Sólo has venido a descomponerlo todo y deshacer lo que funcionaba bien —sigue pausado y más racional. Roma aprieta los ojos y se le encoge el corazón.
—Lo siento mucho —susurra.
Lo sentimos, Roma. Es que es la historia de su vida, eso acaban diciéndole todas las personas a las que quiere... y es duro. En realidad esto pasa por quererle más de lo que deberían. Como sea, es duro.
—Yo también. Tenía una cosa buena, una persona buena que me quiso siempre y SIEMPRE estuvo conmigo —toma aire profundamente terminando de encerrarse lo más herméticamente que puede.
—La tienes, te voy a ayudar a a recuperarle y no lo haría si no creyera que eres digno. No te olvides que es mi niño y le quiero. Mucho más incondicionalmente de lo que lo haces tú, por lo que veo —responde en un tono mucho más frío ahora. Alemania se descoloca un poco con eso último que ha dicho, parpadeando.
—Yo le quiero.
—Pues demuestralo.
Hay una incompatibilidad absoluta entre cerrarse herméticamente y esta conversación.
El alemán suelta el aire innovo teniendo esta confusión mental con dos ideas que se contraponen, incómodo. Roma le cuelga habiendo conseguido el impacto necesario. Alemania se sienta en la cama, pálido y confundido otra vez. No se va a trabajar.
Latinos. Haciendo sentir a los germanos. Que desfachatez.
En realidad ya hubiera querido Alemania que Roma estuviera ahí. No por nada sexual. Ya le hubiera encantado un abrazo de alguien. Y tacto, que alguien le toque y le consienta. Es que Roma no es Austria para lo bueno y para lo malo. Las instrucciones no son tan claras. Pero le hace sentir mejor.
Aunque en la noche, hecho bolita en su cama con agujeros pensará en lo que le dijo Roma de la cama justamente y se sentirá mejor.
Por eso nos ha sabido mal decirle feo a Roma, porque le hará sentir mejor a Alemania, aún con todo. De hecho Roma va a ayudarle todo lo que pueda. Es el contra peso de Romano para Veneciano.
Porque esa es otra. Mañana en la mañana que salga por el periódico o cuando vaya caminando a comprar pan... Va a toparse con la mano dura de Romano, conformada por diez mafiosos que van a meterle una buena tunda en un callejón. Lo que incluye que le roben la cartera y las tarjetas sólo por joder. Porque Romano además tiene cero piedad con Alemania.
Alemania los odia a todos…No me extraña ¿Hay manera de que alguien se entere? Prusia dice que quiere ir a recogerle. Sí que debe haber. Quizás hasta él habla a casa, si no le quitan el móvil, cosa que es improbable. De igual manera puede que algún buen samaritano se tope con el. Así que ahí va Prusia con el coche a rescatarle y si no fuera esta semana, y si fuera un robo normal quizás volvería caminando a casa tal como se fue, pero está hasta los cojones, así que agradece que vaya por él quién sea. Se lo encuentra sentado en el borde de la acera.
Prusia deja en coche parado donde no moleste, se baja y se le acerca un poco agobiado.
Alemania tiene lo clásico de una golpiza... La cara hinchada de santocristoensemanasanta, un ojo morado, el labio partido...
—West!
Alemania levanta la cara y le mira infinitamente agradecido de que ya haya llegado.
—¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? —se acerca corriendo.
—Ah... Bruder —le saluda en bajito sin saber cómo responder a sus preguntas. "Estoy fatal, mírame", y "Veneciano se ha vuelto loco", es el resumen. Prusia parpadea y se queda a su lado un poco desconsolado por él, sin saber qué hacer.
—¿Estás bien o vamos al hospital?
—Nein, nein. Vamos a casa —niega con la cabeza haciendo para levantarse.
Prusia traga saliva y vacila en si ayudarle a levantarse. Rápidamente debe dejar de vacilar cuando Alemania hace una mueca, se lleva una mano al costado y pierde un poquito la vertical obligando al albino a ayudarle. Ah, eso si, tiene también la piel de los nudillos rota. Porque a pesar de todo a alguno al menos debe haberle roto la cara.
Prusia le sujeta de la cintura y lo sostiene contra sí enseguida con los buenos reflejos sajones.
—¿Qué ha pasado? ¿Quién te ha hecho esto?
Alemania suspira sin mirarle pensando que, de verdad, esto no puede ser más miserable y mierdero.
—Solo volvía con el pan. No sé ni de dónde han salido —murmura.
—Pero... ¿les conocías o algo?
A pesar de haber pasado ya el momento de enfado e incredulidad extrema, y de estar ahora en el bajón de adrenalina, siente otra vez el corazón latirle con fuerza ante la pregunta. Gira la cara y frunce el ceño sin ser demasiado fan de la idea de decir quienes eran. No es que sepa sus nombres, pero si le han dejado perfectamente claro quienes eran y lo que le advertían.
—Eran siete u ocho.
—Que cabrones, contra uno —tira de él hacia el coche—. Debiste llamarme antes, entre los dos les habríamos reventado.
—Hice lo que pude —se deja arrastrar sonando plano y tremendamente distante. Debería decirle quien fue o como fue, y lo sabe.
—Vamos a la policía y pondremos una denuncia —abre la puerta del coche, tan enfadado.
—Nein. Vamos a casa.
—Was?
—A casa, no voy a poner una denuncia —no le mira con el ojo que no tiene cerrado, moviéndose un poco para que le suelte y poder entrar.
—Pero... ¿Por qué? —le suelta, sosteniendo la puerta.
—Eran italianos —resume entrando al coche y apretando los dientes porque le ha vuelto a doler el costado.
—Was?
—Italianos. Con un mensaje muy claro —frunce el ceño y le duele el ojo. También le duele bastante el ego y el orgullo y sigue sin poderse creer que todo esto este pasando, sintiéndose otra vez rebasado.
—¿Italianos? —se sienta en el lado del conductor y frunce el ceño.
Alemania se tapa los ojos con la mano y se recarga en la ventanilla, volviendo a requerir una aspirina con urgencia.
—Ja. Italianos. Con una amenaza simple de que esto volverá a ocurrir y mucho peor si vuelvo a acercarme a él.
Parpadeo parpadeo... y Prusia frunce más el ceño
—Empiezo a estar HARTO de esto.
Alemania suspira otra vez teniendo cada vez más serias dificultades para creerle a Roma. Italia se había ido de casa y creía que él quería casarse con Austria... Sin razones reales. Ahora estaba acostandose con alguien más y le había mandado golpear y amenazar con que no se le acercara. ¿Cómo era eso... Quererle?
—Si tú estás harto, Preussen... Yo estoy dentro de la pesadilla —confiesa dejándose, a pesar de todo, llevar por la inercia de no hacer realmente nada más que aguantar.
—¡Tienes que devolverte de esos golpes! ¡No puedes seguir así! —el problema de ser la raza aria. No crean que no lo ha pensado.
—Rom dijo que fuera paciente —lo que pasa es que no sabe cómo va a conseguir mandarle flores en este estado. Hoy tiene ganas de mandarle unas granadas, no flores. Quiere que venga ÉL a pedirle perdón y no al revés.
—Rom... Rom no lo sabe todo. Yo creo que tienes que conseguirte a alguien también. A alguien awesome y se dé cuenta que si sigue haciendo el idiota te perderá.
—Conseguirme a alguien. ¿A quién, Preussen? Yo creo que debería ir hasta ahí y simplemente traerle a casa y ya.
—Y se volverá a ir si no le atas.
Alemania gruñe un poco.
—Esto no es justo. De hecho... Ja. Ja. Debería darse cuenta de que está haciendo el idiota por completo. No he hecho nada y él SÍ. Es él el que tendría que venir aquí y no yo allá.
—Pues por eso.
—Porque si comparas lo que yo hice con lo que ÉL está haciendo —se endereza un poco en el asiento—, lo de ÉL es lo incomprensible y molesto y..., ¡es que está loco!
—¡Precisamente!
—¿¡Cómo va a pensar que puede tirarse a cualquiera y además mandarme golpear!? Aunque Rom diga que esas cosas son porque me quiere... ¡Es absurdo!
—Insisto en que deberías pagarle con la misma moneda.
—Pues ja. Debería irme a tirar a Österreich como él dice que hago —se cruza de brazos.
Prusia le mira de reojo con eso. Y la realidad es que está tan enfadado y tan fastidiado que ni siquiera se sonroja con la idea, lo cual es una cosa bastante rara.
—El problema esta vez es que ni siquiera está aquí. Yo puedo ir y acostarme con quién sea, pero no va a enterarse siquiera... Porque él se está acostando también con alguien —aprieta las manos porque aún no puede con el hecho de que se esté DE VERDAD tirando a alguien más.
—Pues... hagamos que se entere.
Alemania asiente y suspira tratando ahora de mantenerse enfadado en vez de triste.
—Vamos a hacerlo. Ja. Ya está. Esto es la gota que derramó el vaso.
—¡Vale! —se anima un poco.
—Sólo hay un problema. ¿De dónde voy a sacar a, ehm, alguien?
—Pues... ¿no ibas a tirarte al señorito?
Alemania se gira a mirarle y ahora si se sonroja un poco y esto se perfila para ser un absoluto desastre.
—Pues... ehm... tú lo has dicho, si a ti te gusta.
—¡No me gusta! Eso es lo que dice Italien, que me acuesto con él. Por eso lo he dicho, hacerlo para que si va a enfadarse y hacer todo esto, sea por algo.
—Pues... —se encoge de hombros—. ¿Se lo dirás entonces?
—Nein. No le diré nada. Iré y lo haré. Tú te encargarás de decirle a Italien.
—Le mandaremos el video.
—Y tendrá motivos para todo esto —asiente sin pensar bien en este plan. Listo, Prusia.
El albino asiente. Alemania se toca el ojo con suavidad y baja la visera para ver como ha quedado.
—Que cabrones son, debiste haberme llamado antes.
Alemania frunce el ceño al verse.
—No es que tuviera tiempo y y tampoco creas que ellos quedaron bien. Cabrón Italien.
Prusia suspira. Alemania mira por la ventanilla en silencio. Y van en silencio hasta casa que Prusia aparca el coche.
—La ventaja es que ahora caben mejor los coches —suelta Alemania cuando Prusia se detiene del todo, con la mano en la manija para abrir el coche.
—Y está todo más recogido.
—Y silencioso —abre la puerta.
Prusia asiente bajándose detrás.
Austria debe estar en la cocina, tomándose un descanso del agobio de la música. Cotilleando con Hungria entonces. Cerca de las sartenes. Ah, cabrón con suerte.
Alemania entra directo al baño a mear y a verse las heridas... Y a tomar una aspirina. Supervivencia paso número uno.
Prusia grita "Heil" para saber quién está en la casa según quién le responde. Hungría sonríe y le saluda desde la cocina. Prusia saluda con la mano y al ver a Austria sonríe malignamente. Hace un gesto a Hungría para que vaya con él.
Hungría sonríe más hacia Prusia asintiendo y se vuelve a Austria disculpándose y posponiendo un poco el chisme antes de levantarse, poner su taza en el fregadero y salir detrás de Prusia no sin antes darle unas palmaditas en el hombro al austriaco de ánimos para la música.
Prusia sonríe más y le pide que le acompañe al cuarto para verlo pero darle intimidad a su hermano.
Hungría le mira un poco extrañada pero, hombre, ¿a donde no acompañaría a Prusia en realidad? Le abraza un poco de la cintura y le da un beso rápido antes de subir las escaleras, haciéndo que él se ría.
Austria suspira dejando su taza de café por ahí y se vuelve al piano pensando.
Alemania sale unos momentos más tarde sin camisa, porque ha notado que esta rota y mugrosa... En camiseta. Debe toparse de frente con Austria cuando este sale de la cocina
El moreno se desconcentra y levanta la vista. Levanta las cejas al verle la cara.
—¿¡Qué ha ocurrido!? —pregunta preocupado.
Alemania vacila un poco porque no esperaba encontrarle tan pronto y se sonroja levemente. Pero entre el ojo rojo y el labio partido la verdad dudo que se note mucho.
—Oh. Österreich —se queda ahí, inmóvil, sin saber qué hacer bien del todo. Quizás era mejor hablar un poco antes de proponerle tan directo. Suspira porque todo esto es demasiado complicado—. Ehm. Italien
—¿Has visto a Italien y te ha hecho esto? ¿Cómo? Deberías ponerte algo de yodo o algo, pídele a Ungarn.
—Nein, nein. No ha sido él. Han mandado a unos hombres que me han atacado en el callejón de al lado de la joyería del letrero de Tissot —puntualiza para mayor precisión.
—Oh... —hace un gesto de desagrado con la boca.
—Hablé con Rom ayer también. Me dijo que Italien se acostaría con más gente —entre otras múltiples cosas importantes, Alemania. Austria suspira.
—Es una situación tremendamente irregular —niega con la cabeza. ¿Irregular? ¿De verdad, Austria? de todos los adjetivos... ¿IRREGULAR?
—Hasta aquí llegó mi paciencia —puntualiza con voz extraña. Traga saliva y le mira a los ojos, y luego a los labios.
—¿Aun sigues pensando en ir por él? —pregunta el autriaco sin notar las intenciones.
—Nein —absoluto. Se humedece los labios notando la cortada sin dejar de mirarle los suyos. Saborea el suave gusto a sangre y se acerca un poco al austriaco frunciendo el ceño y pensando en Italia—. Voy a hacer otra cosa.
Austria no consigue leer el ambiente, pero parpadea y da un pasito atrás.
—¿El qué?—se pasa una mano por el pelo.
—Darle —pasito hacia él, le toma de la cintura—. Motivos para enfadarse.
—Was? —se tensa un poco poniendo la mano sobre su brazo, arqueando un poco la espalda.
—Motivos. Darle motivos —le levanta un poco y empuja pretendiendo prensarle contra algo. Una pared de ser posible. El piano, para tu absoluta suerte.
—¡D-Deutschland, suéltame! —protesta nervioso, intentando sonar firme.
—Nein, es un buen plan —le aprieta un poco y le abraza de los hombros con el otro brazo, encontrando que es excesivamente grande y no se amolda apropiadamente a sus brazos, lo atrae hacia sí y le busca el beso que no es que no sepa dar, con esa determinación de haber decidido lo que quiere hacer.
Austria levanta más las cejas y le pone las manos en el pecho intentando echarse atrás, no creo que ni llegue a notarlo.
Alemania siente esto mucho menos agradable de lo que lo haría habitualmente, notando que Austria sabe a café y que es una persona que está cerca, eso sí. Le sirve más desde el punto de vista de contacto físico, que de manera sexual.
Prusia sintoniza las camaras y saca un par de buenas fotos nada más desde ya.
Hungría se lleva las manos a la cabeza completamente DAFAQ porque ella está del todo en la línea de la boda de Austria con Suiza. Mira a La pantalla idiotizada preguntando qué demonios hace Alemania.
—¿Eh? Ha dicho que iba a tirarse al señorito para mandarle el video a Italien —igual ya está mandando algunas fotos.
—Pero... ¡Pero Poroszorszag! ¡¿Cómo va a tirarse a Ausztria?! ¡Y espera, espera no sé si sea una buena idea!
Austria poco a poco, es que además es así de cínico como para dejarse llevar.
—¿Pues has visto la cara que trae West? ¡Ha sido Italien!
—¿La cara que trae? —no había prestado tanta atención, se acerca a mirar—. Pero Ausztria está...
Prusia levanta la vista del teléfono.
Hungría parpadea notando que en realidad le está besando de vuelta. Nada más unos segundos... unos cuantos... hasta que, lo siento, Alemania, le muerde. La cosa es que en realidad Alemania, necesitaba el contacto físico y un abrazo. Antes de que Austria lo prenda del todo bien en la mordida se quita del beso hundiendo la cara en su cuello, apretándole contra si con bastante fuerza, desmoronándose.
—¡¿Pero qué crees que...?! —se le pierde el regaño de Austria en cuanto siente como le abraza tembloroso y todo, así que suavemente lo abraza de vuelta para consolarle.
Alemania solloza suavecito, apretándole contra si quizás como nunca se ha atrevido a abrazarle.
—Tranquilo... tranquilo... —susurra pasándole las manos por la espalda que se le hace inmensa en comparación a la pequeñita de Suiza.
Y es que solloza como niño pequeño. De hecho justo como no solía llorar de pequeño por hacerse el grande.
Austria le mira de reojo un poco tenso porque es mucho contacto, además Alemania se apoya sobre él y pesa bastante. Pero al menos tiene suficiente decencia como para no decir nada y quedarse ahí sosteniéndole e intentando calmarle. Y se calma, después de un ratito se calma, aunque no le suelta del todo, necesitando el contacto físico latino. Pero Austria sí hace por separarse del todo, mirándole a la cara.
Alemania se separa ahora sí, con el ojo saltón del golpe, que le palpita del dolor, ignorándolo un poco y limpiándose la nariz con el dorso de la mano. Austria le mira aun un poco incómodo por el asunto del beso.
—¿Te sientes mejor?
—Me siento mal —se limpia la cara con la palma. Austria saca su pañuelo y se lo tiende.
—Ya me imagino —responde sin especificar que por eso ha dicho "mejor" y no "bien". Austria tiene esos detalles... danke, Österreich por tu infinita consideración.
El alemán se limpia la cara manchando el pañuelo de sangre del labio. Hungría, esta te va a costar trabajo sacarla. Se suena los mocos.
—Es que no quiero, lo siento.
—¿Qué es lo que no quieres?
—Acostarme contigo o con alguien más.
Austria aprieta los ojos.
—Gott sei danke.
—Tendría que querer como él. Preussen iba a enviarle el video.
—Was?!
—Ja. Así tendría motivos para enfadarse.
—¡¿Desde cuándo esto consiste en darle más motivos para que no vuelva!? —le riñe.
—¡Desde que ÉL se está acostando con gente! Verdammt. ¡¿Por qué entonces ÉL cree que yo voy a DEJARLE volver haciendo eso!? ¿Por qué no puedo YO tirarme a alguien y él sí?
—¿Y dos errores hacen un acierto, Deutschland? —brazos en jarras.
—¿Por qué sólo le defiendes a él?
—Porque a ti te defiendo cuando hablo con él.
—No veo ninguna razón para que me regañes a mí —se sienta en el banco del piano.
—Pues venir y hacer eso es una buena razón. ¡Por el amor de dios, voy a casarme! ¿En qué estabas pensando?
Cara en las manos, suelta el aire.
—En que estoy harto de que Italien pase por encima de mí y no hacer más que ser paciente como me dijo Rom. Yo soy Deutschland.
—Recemos para que Preussen no haya mandado nada de esto.
Un pooooco tarde.
—Pues si lo mandó que se entere de una vez como YO no PUDE acostarme contigo por ÉL. A diferencia de lo que él hace.
—No eres el único que se puede poner en problemas con eso, ¿lo has pensado?
Parpadea.
—Oh. ¿Schweiz?
Le mira con cara de circunstancias porque es OBVIO.
—No había pensado en él. Preussen no será capaz —mira al techo y a todos lados esperando que le vean en la cámara
Prusia mira a ambos lados y hace "Oops". Hungría facepalm.
—Preusseeeen! —exclama Alemania.
—¡Pues que iba a saber yo! —vuelve a meterse para quitarla, pero Italia ya la ha visto. Porque sí, está siguiendo con obsesión a todos los de la casa en las redes sociales.
Alemania se levanta del banco y vuelve a gritar. Cielos, e Italia seguramente va a hacer dramas y medio y acostarse con toda Europa.
Unos cinco minutos más tarde hay una foto de Italia besando a Egipto.
A los siete minutos una de Italia besando a Helena.
Ocho minutos, Germania.
Once minutos, Britania.
Once minutos treinta segundos, Galia.
Alemania les odia a todos, histérico y suena el teléfono de Italia mientras estaba etiquetando gente en las fotos, mira quien es.
Hungría.
Se revuelve un poco... pero contesta.
—Vee~?
Unos segundos de silencio.
—I-Italien. Soy yo —susurra... Alemania —. Bitte no me cuelgues quiero hablar contigo.
Cuelga.
—Asghfghdaasfhj! —protesta apretando los ojos y volviendo a marcar inútilmente.
¿Y va a llegarle la foto a Suiza? ¿Se la mandó? No, Prusia solo la subio a Facebook. Ah, Austria puede vivir tranquilo.
—No quiero hablar contigo, stronzo di merda figlio di putana. Borra este número, deja de llamarme —oye Alemania antes de que vuelva a colgarle.
—¿¡Como voy a borrar tu número!? —le grita al teléfono.
No creais que Veneciano no está frustrado y desesperado porque se fue de casa, le apuñaló la cama, le hizo creer que había muerto y parece que a Alemania le ha faltado tiempo de ir a hacer lo que Italia ya sospechaba que el germano quería con Austria. Y no es como que él tenga nadie ASÍ con quien poder darle celos, todos saben que si se lía con cualquiera es nada más por rabia y despecho porque él SÍ está enamorado de Alemania aunque no pase lo mismo al revés.
Claro. Eso lo piensa Italia. Pero es que claro que le dan celos con todos. TODOS. Creo que en esa locura van a pasar varios días.
Puede que dos días después le lleguen unas flores a Italia. Justo el día que no está en casa. Pues se enterará cuando vuelva. Quizás Roma pueda ayudarle.
Seguramente. También Alemania se enterará por Prusia vuando vuelva de que Italia se ha presentado en Berlín aprovechando que él estaba en el Reichtag con Angela Merkel (cosa que ha propiciado el mismo italiano tirando algunos hilos) y se ha líado con Austria en el vestíbulo, cuando le ha abierto porque Prusia y Hungría habían salido y no paraba de joder con el timbre sin dejarle concentrarse.
Benditas cámaras en toda la casa.
Esa misma tarde Alemania va a ir a gritarle a Austria hasta que se quede sordo. Y Austria va a irse a Berna para que lo dejen tranquilo entre todos. No me extraña.
Sorprendentemente, llegan más rosas aún a casa de Roma para Italia. Van a hacer mermelada con ellas. Y a tirar algunos petalos al vino para que den aroma. Y de todas todas formas, Veneciano va a robar una a escondidas y va a dormirse llorando abrazado a ella.
Alemania aún duerme en su colchón agujerado. Y creo que después debe haber un par de días de silencio angustiante. Y Alemania va a ir a Roma y va a haber draaaama.
Tal como prometimos en ask, Alemania besando a Austria : ) ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!
