Say Something

Christian aparca el auto frente a la casa de los Grey, no espero que venga a abrirme la puerta, bajo y troto por las escaleras en dirección a la puerta.

-¿A dónde cree que va Señora Grey? –Las manos de Christian me sujetan por la cintura atrayéndome hacia su cuerpo.

-A secuestrar algo del closet de tu hermana. –Sonrío e intento zafarme de su agarre pero no me deja ir.

Giro mi cabeza y lo miro, el enarca una ceja en respuesta, parece divertido pero con Christian uno nunca sabe.

-¿Qué?

El niega con la cabeza y me hace girar entre sus brazos.

-¿Sabes lo mucho que te amo Isabella? –Pregunta en voz baja. Sus ojos brillan como una noche de navidad.

Sonrío, levanto la mano y acaricio su mejilla, un mínimo rastro de su barba se asoma ya. ¿Cómo es que logra verse tan sexy estando tan desaliñado?

-Sí, porque te amo también, incluso más que tú a mí. –Susurro muy cerca de sus labios y tengo que hacer uso de todo mi autocontrol para no besarlo.

Parece un poco descolocado con mi respuesta, aprovecho su vacilación y me escabullo de sus brazos, corro por las escaleras riendo como una niña cuando siento que me persigue. Christian logra atraparme cuando pasamos la puerta. Grito por la sorpresa pero la vergüenza se apodera de mí cuando cinco pares de ojos se fijan asombrados en nosotros dos. Christian se tensa y yo lo siento, por primera vez en lo que parece demasiado tiempo, me siento sonrojar hasta más no poder. Nadie parece saber que decir, hasta que Mía salta del sillón y corre hacia nosotros. Christian reacciona y me libera de su agarre pero mantiene un brazo alrededor de mi cintura negándose a dejarme ir.

-¡Bella, feliz cumpleaños! –Sus pequeños brazos rodean mi cuello de la misma manera que todos los años, cariñosos pero con duda.

Miro a Christian quien está intentando no reírse de mi expresión. ¿Un cumpleaños diferente Grey? Veamos cómo nos va. Sonrío de manera traviesa a Christian y le devuelvo el abrazo a Mía.

-Gracias Mía. –Le digo al oído.

Ella jadea sonoramente en mi cuello y se aleja tomándome por los hombros, sus ojos están a punto de salirse de su cara.

-¿Bella…?

-¿Sí? –sonrío inocente de todo.

-¡Oh, mierda! –Grita sorprendida. Sonríe ampliamente y se gira hacia Alice. -¡Págame!

-Eso no es justo, no lo vi venir. –Alice frunce el ceño y se cruza de brazos enfurruñada en su lugar del sillón.

Mía se ríe y me vuelve a abrazar, esta vez más fuerte.

-Gracias Bella. Eres la mejor, prometo portarme bien hoy. –Me besa en la mejilla, lo hace con Christian y luego se va corriendo escaleras arriba.

-Ok… ¿Qué me perdí? –Pregunto en general, no queriendo hablar con las Cullen.

-Alice le aposto a Mía qué harías un berrinche por tu cumpleaños, Mía le contradijo con que tal vez este año cambiaras de parecer. Y Mía gano. –Extrañamente es Rosalie la que me explica.

-¡No es justo Swan! ¿Lo has hecho a propósito, verdad? Supiste que no lo vería…

-¡Alice! –Esme y Rosalie la silencian con un regaño.

-No sé de qué hablas. –Respondo con la verdad. Aunque sinceramente creo que sé por dónde va.

-Voy a cambiarme. –Christian me besa la sien y al igual que Mía desaparece escaleras arriba.

-Yo debería hacer lo mismo. –Comienzo mi camino pero Grace me interrumpe.

-Bella, espera. –La miro y ella se levanta y toma el periódico que descansa a su lado en el sillón y cuando llega a mi lado me lo tiende. -¿Has leído las noticias hoy?

-¿Debería? –Pregunto recelosa.

Grace asiente y sonríe. Tomo el periódico y lo expando. Estoy segura que mis ojos están incluso peor que los de Mía hace un momento.

-¿Quieres que yo me encargue de todo cariño? –Su voz tiene ese toque suave y feliz, puedo notar que se está conteniendo de no comportarse como su hija.

Abro y cierro varias veces la boca incapaz de decir algo. Me aclaro la garganta y la miro a los ojos.

-Aún no tenemos fecha…

-Mentirosa. –Gruñe Alice.

-Alice basta. –Esme parece muy avergonzada por la actitud que está tomando Alice.

De pronto mi mente se ilumina y entiendo el por qué ella se está comportando así. No es la noticia en el periódico, porque ella estaba ahí anoche, no es la apuesta con Mía, porque ella realmente no estaba tratando de ver mi decisión. Fue mi boda. Alice vio mi boda con Christian.

Miro a Alice y ella me devuelve la mirada con una expresión dolida. Se levanta enfadada y se va, y cuando digo se va es que en realidad lo hace. La puerta de entrada a la casa sufre su ira cuando ella da un fuerte portazo al salir.

-No te preocupes ya se le pasara. –Rosalie me sonríe pero asiente para darme a entender que también lo sabe.

-¿Y bien cariño? –Grace vuelve al ataque.- ¿Quieres que me encargue yo de los arreglos?

Parpadeo varias veces hacia ella. ¿Querrá Christian decirle que solo debe preparar la boda por la iglesia? ¿Qué, en realidad la civil ya se realizó hace apenas unas horas?

-Claro. –Murmuro. -¿Podemos hablarlo después?

-Por supuesto cariño. –Me acaricia la mejilla de manera maternal. Parece recordar algo y se ríe.- Bella… ¿Dónde han estado?

Me sonrojo y ella sonríe aún más amplio.

-Bu-bueno… nosotros… -Dudo un momento. ¿Qué le digo?

-Fuimos a nadar un rato. –La voz de Christian me sobresalta.

Me giro y él está parado al pie de la escalera, me mira intensamente. Sonríe y se acerca a mi lado. Toma el periódico de mis manos y frunce el ceño al leer el titular de la primera página.

-"Suenan campanas de boda para Christian Grey y Bella Swan". Interesante. –Sonríe y mira a su madre.- No la agobies. Ya hablaremos de eso.

-Solo quiero saber si ya tienen fecha y por supuesto si me puedo encargar de ello. –Grace se defiende.

Miro al suelo y escondo mi mano en mi espalda, ¿Christian tampoco les quiere decir? ¿Por qué? Incluso con la presencia de Rosalie y Esme aquí él no quiere decir nada. Extraño.

-¿Diciembre? –Levanto la mirada hacia Christian y asiento fugazmente.- Diciembre será.

-Solo tenemos poco más de dos meses. Hare cuanto pueda para arreglarlo todo. –Grace parece incluso más emocionada de lo que yo debería estar.- ¿Esme, me ayudas?

Miro a Esme quien, a su vez, me mira con una expresión entre sorprendida y triste. Recupera su semblante en una perfecta sonrisa, que no le llega a los ojos.

-Claro. Cuenta conmigo. –Se limita a responder.

Oh, no… Tú no…

Mis ojos comienzan a picar…

-Voy a cambiarme. –Le digo en voz baja a Christian.

-Taylor ha traído ropa para ti desde Escala, tus cosas ya están de regreso. –Me informa Christian señalando a un, siempre silencioso, Taylor que me espera cerca de la escalera, es entonces cuando me percato de que Christian va de traje.

Asiento de manera de silenciosa y camino hacia Taylor, este me sonríe y me tiende un estuche con lo que parece un vestido lo sostengo en mi brazo y comienzo a subir las escaleras.

-¿Señora Grey? –La voz de Taylor es baja pero clara. Lo miro y el me tiende un sobre blanco. –Esto se lo envía Ángela.

Lo tomo, intento sonreírle pero solo queda en eso, un intento. Decido no joder más las cosas y corro escaleras arriba haciendo mi mayor esfuerzo por no tropezarme. Voy a la antigua habitación de Christian y luego de tomar una ducha abro el cierre del estuche y saco el traje, es uno de mis vestidos más bonitos, él mismo lo compro para mí hace algún tiempo pero yo no lo he usado… ¿Por qué Christian enviaría a que me trajeran esto?

Soy consciente de que no puedo usar nada de ropa interior o se me notaria. Christian ha hecho su jugada. Suspiro resignada y me coloco el vestido teniendo cuidado de no dañar ninguna de las plumas gris plomo perfectamente adheridas a la fina tela. Estoy peleando con las delgadas cadenas que atan el vestido a los lados y en la espalda cuando un fino toque de nudillos en la puerta me sobresalta.

-¿Puedo pasar? –La suave voz de Rosalie me sorprende. ¿Qué hace aquí?, ella sonríe y responde a mi respuesta no formulada.- Creí que necesitarías esto y un poco de ayuda. –Levanta las manos y me muestra en una un estuche de maquillaje y en la otra un secador y algunos peines.

Es cierto, estoy en la habitación de Christian, debí usar la de Mía…

-Gracias. –Intento ocultar lo incomoda que estoy con su presencia aunque ya no me afecte tanto.

Ella se adentra en la habitación y deja las cosas sobre la cama. Ni siquiera se preocupa en mirar a su alrededor. Levanta la mano me hace una señal silenciosa preguntando si puede ayudarme con las cadenas. Yo asiento y las libero, sus manos reemplazan las mías y de manera suave y rápida las coloca todas en su lugar. El frio roce de su piel con mis costillas y espalda me hace estremecer por momentos pero ella ignora mi piel erizada y termina su trabajo.

-La cadena es muy fina y puede reventarse en cualquier momento, te hare algo aquí para que eso no suceda y quedes desnuda delante de quien sabe quién. –Su hermosa voz es acompañada por una risa divertida.

-¿Por qué me ayudas Rosalie? –Mi voz, contrario a la de ella, es muy baja y quebrada.

-Porque quiero estar bien contigo, Bella. Ya me porte como una perra en el pasado y quiero remediar eso.

No respondo, es totalmente desconcertante todo esto. Rosalie no intenta decir nada más allá de lo necesario. Termina de arreglar mi vestido, me peina y maquilla en silencio. Cuando termina, me mira y sonríe complacida con su trabajo.

-Te ves bien. –Murmura.

Me sonrojo ligeramente, viniendo de la encarnación misma de la belleza eso ya es decir mucho.

-Gracias. –Me alejo de ella y camino hacia la puerta.

-Felicidades, por cierto. –Me detengo de repente y la miro fijamente. Ella sonríe de manera triste.- Por tu… cumpleaños.

-¿Lo saben, no es así? –Preguntó en voz baja.

-Solo Esme y yo. Aunque no sé dónde se encuentre Alice en este momento.

Entiendo. Es posible que ella este con… Edward. Jugueteo con mis anillos. ¿Cómo lo tomara él? Sacudo la cabeza, ni siquiera debería estar pensando en esto. Camino de nuevo hacia la puerta huyendo de nuevo de mi pasado.

-Se te queda esto. –Rosalie vuelve a interrumpir mi huida, pero esta vez no me devuelvo. Ella llega a mi lado y me entrega el sobre.

Es cierto… lo abro y dentro hay una tarjeta, es algún tipo de invitación. Al sacar la tarjeta del todo lo primero que visualizo es el viejo logo de la escuela de Forks.

¿Qué mierda?

Miro a Rosalie y ella se ve tan sorprendida como yo, se encoge ligeramente de hombros y una de sus manos roza la mía mientras abre del todo la tarjeta. Es una invitación para un reencuentro escolar… ¿Hoy? Giro la tarjeta en busca de alguna explicación y en el reverso hay una nota escrita a mano.

"Querida Bella, ¿Cuánto tiempo? Hemos organizado una fiesta en la escuela en modo de reencuentro, todos nuestros antiguos compañeros de curso estarán ahí y nos encantaría contar con tu presencia.

Te he extrañado todos estos años y el Jefe Swan no es de mucha ayuda cuando pregunto por ti. Lo poco que se de ti es por el periódico, Dios mío. ¡Christian Grey! ¿En serio Bella? ¿Cómo haces para quedarte siempre con los más guapos del mercado? No lo entiendo… Bueno, Te esperamos, Mike te envía saludos.

Jessica Newton."

-¿Newton? –Dice Rosalie con una mueca de asco en su cara.

-Hipócrita. –Murmuro yo al mismo tiempo.

Ambas nos miramos y reímos.

-¿Iras?

-No lo sé… hace muchos años que no piso Forks. –Desvió la mirada de la de ella.

-Entiendo. Aunque deberías. Es esta noche, estas bien arreglada y hay tiempo de sobra para llegar.

-No creo que sea buena idea. –Me alejo de ella y salgo de la habitación.

¿Volver a Forks? ¿Al colegio? Esos pasillos… esas personas… No, definitivamente no es buena idea.

Rompo la tarjeta en el camino y escondo los trozos en una de las grandes masetas de plantas que hay en el pasillo.

-No es la mejor manera de huir del pasado Bella. Créeme.

-¿Por qué insistes en hablar conmigo?

-Aún hay algo que no te he dicho. –Vuelve a tomar su actitud de siempre.

-Ya, ahí está la Rosalie que conozco. –Refunfuño entre dientes.

Ignoro que aún me sigue y entro en la habitación de Mía en busca de unos zapatos. Al perfecto señor Grey se le olvido eso.

Encuentro unas bailarinas negras que me quedan justas y decido quedarme con ellas. Cuando regreso al pasillo la hermosa Cullen aún está ahí.

-Déjame en paz. –Gruño.

-Es sobre Ana.

Tres palabras… diez letras… un nombre… ¿Porque tenía que mencionarla ahora? Mi cuerpo se tensa inmediatamente.

Annie…

-¿Qué sobre ella? –Trate de evitar que mi voz dejara notar mi dolor.

-Ha estado muy mal desde anoche.

-Estaba perfectamente cuando la deje con Edward.

-¡Isabella, deja de comportarte como una niña! Aceptaste casarte con Christian, no debería ni siquiera importarte con quien este mi hermano. Anastasia, por el contrario, si es de tu incumbencia.

Su tono me hace temblar, por momentos olvido que ella es un vampiro pero cuando se comporta así de feroz…

-Así que es verdad. Anastasia está con él.

-Sí.

Con cada una de sus palabras iba haciendo cada vez que mi remendado corazón se abriera un poco más.

-Bella, ella ha estado muy mal desde anoche, y en sus delirios solo te llama a ti.

-¿Delirios? –Me giro para mirarla en busca de algo que me diga que todo esto es solo una mentira más.

-Tiene mucha fiebre y no ha reaccionado. Edward y Carlisle están con ella tratando de ayudar.

-¿Dónde está? –Pregunto con el miedo creciendo en mi pecho.

-El departamento junto a la playa…

No espere más respuesta que esa. Corrí por la casa, baje las escaleras sin importarme si me caía o no. Christian y Grace estaban hablando con Taylor quien me miro con expresión alarmada. Pase por su lado sin prestar atención a nada, era consciente de que tal vez todos me estaban llamando pero no me importo, ni siquiera podía escucharlos…

-La moto, Isabella. –Murmura una voz en mi oído.

No, tú no de nuevo.

-Está en el garaje, Christian la oculta ahí. –Me dice sin prestarme atención.

Llego a la puerta de acceso al garaje y la cierro por dentro. A Christian le dará un infarto cuando me vea en la moto.

-Ahí. –Dice de nuevo la voz, mi mano se levanta como si alguien la hubiera movido y señala hasta un gran bulto negro.

Ignoro el hecho de que estoy escuchando voces de nuevo y no solo eso sino que mi cuerpo se mueve solo. Retiro la gran manta que la cubre y ahí está, mi hermosa SUZUKI GS 500. De solo recordar la última vez que la use mi cuerpo se estremece.

No vallas ahí…

-Las llaves están en la cajuela de herramientas de la alacena.

Corro hacia allí y bajo la cajuela hasta el suelo y la vuelco ahí. Está lleno de herramientas, las riego todas hasta que el llavero azul con negro está a la vista. Las tomo y corro de nuevo hacia la moto pero ya no estoy sola.

-¿Ahora manejas moto?

-Hay muchas cosas que tú no sabes de mí, Rosalie. –Gruño pasando por su lado.

-Cuéntamelas.

La ignoro, y doy gracias que el vestido sea tan corto y abierto por los lados cuando subo a la moto. Giro la llave y la moto enciende perfectamente, doble gracias. Acelero probando que todo esté bien.

-No olvides esto. –Rosalie me tiende el casco. –Puede que lo necesites.

Se encoge de hombros y me sonríe.

-¿No intentaras detenerme? –Tomo el casco de sus manos.

Ella niega con expresión divertida y mira hacia afuera.

-Date prisa Grey está viniendo por la entrada principal.

La adrenalina comienza a fluir por mi cuerpo más de prisa. Me coloco el casco y bajo la mirilla de cristal polarizado, es obvio que nadie me reconocerá en la calle, le debo una a Rosalie y bien gorda. Acelero de nuevo y el motor ruge. Miro a Rosalie y ella asiente.

-Cuídate.

-Gracias.

Suelto el freno y la moto sale disparada, paso junto a un perplejo Christian y salgo de la casa en dirección a la interestatal. El viento pica en mi cuerpo y mi corazón retumba en mi pecho. Zigzagueo entre los autos y en menos de quince minutos ya estoy llegando, freno en un semáforo en rojo a la espera de poder cruzar de calle y llegar al edificio. Bajo la pierna izquierda y me apoyo en ella en busca de equilibrio.

Un Porsche amarillo se coloca a mi lado, su color al sol es molesto así que trato de no mirarlo. La luz del semáforo cambia y yo acelero de nuevo, cruzo hacia la derecha y noto por el retrovisor que el auto me sigue. ¿Qué mierda?

-Ignóralo. Sigue conduciendo.

-¿Podrías dejar de hacer eso? Es molesto. –Murmuro.

La voz no responde. Llego al edificio y aparco la moto en frente, justo detrás del Volvo. La apago y bajo con cuidado de ella, me estoy arrepintiendo de no haberme cambiado el vestido por algo más cómodo.

Me quito el casco a tiempo de ver el Porsche aparcar detrás de mi moto y detrás de él el BMW de Rosalie. Ni siquiera me detengo a esperar a ver quién más aparcara en la cuadra. Corro dentro del edificio y subo los escalones de dos en dos. Antes de llegar a la puerta del departamento esta se abre y Carlisle se sorprende al verme. ¿Cómo es eso posible?

-¿Bella? –Su voz suena esperanzada.

-¿Dónde está? –Pregunto pasando junto a él.

Me detengo en el salón, miro sorprendida que en uno de los sillones están Jasper, Emmett y Edward, y en el otro sillón y esparcidos por el lugar están los Quileutes…

-¿Qué hacen aquí? –La pregunta me sale casi como un jadeo.

-¿Qué hacen ellos aquí? –Gruñe Jake desde su lugar junto al ventanal del balcón.

Lanzo el casco a Seth quien está en el sillón y mira todo con expresión divertida. Le guiño un ojo y él sonríe, dios como amo a ese chico.

-Ustedes, quietos. –Les digo a los Quileutes. Miro a Jasper y Emmett y los señalo- Tú, y tú. A la cocina. Carlisle ven conmigo y Tú. –Miro a Edward quien enarca una ceja y espera mi orden con duda. –Fuera de aquí.

Me giro y camino hacia la habitación que compartía con Ana, Carlisle me sigue de cerca.

-¿Así que eso es lo harás? ¿Correrme del departamento sin más? –Nunca había escuchado la voz de Edward tan fría y distante.

-¿Acaso esperabas algo más? –Miro hacia la puerta y Alice acaba de llegar seguida por Rosalie y Esme.

Edward se queda mirando fijamente a Alice y su expresión se vuelve más sombría. Luego me mira a mí y sus atormentados ojos negros se posan en mi mano, en mis anillos…

Oh, no…

-¡¿Te casaste con él?! –Grita.

Doy un brinco asustada. Edward me está gritando. Retrocedo unos pasos y lo miro con los ojos fuera de órbita.

-Cómo pudiste… -Baja la voz y comienza a caminar de un lado a otro, se lleva las manos al cabello tirando fuertemente de él.

-Ni se te ocurra gritarle de nuevo a Bella. –Jake aparece a mi lado y junto a él dos sombras más, pero no soy capaz de separar mis ojos de Edward.

Una sensación extraña de calma se apodera de mi cuerpo, conozco perfectamente el efecto de ese poder. Jasper y Emmett llegan junto a Edward. Sé que Jasper está interviniendo con su poder.

-¿Bella….? –Edward vuelve a posar sus ojos en mí. Se ve muy triste y desolado. Su siempre aterciopelada voz suena rota y vacía.

-Lo siento Edward… -Murmuro al borde de las lágrimas.

-No Bella, no sientas nada. Él no te merece, nunca lo hizo. No le des explicaciones. –Jacob tira de mí y me coloca detrás de ellos escudándome con sus cuerpos.

-¿Y resulta que tú estás de parte de Grey? ¿Tú que aun ni siquiera has podido dejar de amarla? –Gruñe Edward.

Mi bello se eriza. Creí que Jake…

-¿Jake…? –Porque no me dijo nada cuando le hable de Christian…

Él me ignora. Emmett posa su mano en el hombro de Edward de manera casual pero sé que está empleando su fuerza para evitar una pelea.

-Christian es humano, podrá ser muchas cosas pero en eso es mejor que nosotros. Ella está mejor con él. –Le responde Jacob a Edward en voz baja.

No puedo soportarlo más, cubro mi boca con una mano para que no escuchen mis sollozos y retrocedo al llegar a la puerta de la habitación, la abro y me adentro en ella. Mis mejillas están totalmente húmedas y mi corazón está fuera de control. No es posiblemente él de verdad está sufriendo… ¿acaso yo no fui la única afectada todo este tiempo? ¿No tengo derecho a ser feliz? Pero sus ojos… su expresión… ¿Por qué te empeñas en herirme Edward?

Por otro lado mi mejor amigo se ha tragado durante años el hecho de que aún sigue enamorado de mí. En el exterior todo está en silencio pero las palabras de Jacob no dejan de resonar en mi mente.

"Christian es humano… Ella está mejor con él"

¿Acaso Jacob renuncio a mí por su naturaleza? Todos me abandonan por ser una maldita y frágil humana…

Ana se mueve en la cama y el movimiento capta mi atención. Ahora no es momento para pensar en mí.

-Bella… -Murmura con voz rota.

Camino hacia ella y me acuesto a su lado, está sudando y tiene mucha fiebre.

-Bella… -Se queja en sueños.

-Estoy aquí Annie. –La abrazo y recuesto mi cabeza en su pecho.

Esta tiritando por la fiebre, no es consciente de lo que dice o sucede a su alrededor. Rosalie tenía razón.

Oh, Annie… ¿Que he hecho?

-Lo siento, lo siento, lo siento tanto Annie…

-Bella…

-Shhh cariño, aquí estoy.

No sé cuánto tiempo paso ahí, abrazada a su pecho, llorando. Si volviera a ver a Jhon estoy segura de que me diría que me alejara de todos ellos, que me fuera a un lugar sola. Pero simplemente no puedo, sé que la culpable de esto que le está pasando a Ana soy yo, y que el dolor por el cual yo estoy pasando también es mi culpa… Pero no puedo volver con Edward, el miedo a que me vuelva a dejar me mataría lentamente. Mis desconfianzas respecto a él son muy grandes. Soy solo una simple humana, ¿Por qué me querría a mí?

"Seamos solo tú y yo. Sanemos. Si encontramos a alguien que de verdad nos ame o amemos lo suficiente para ser felices, lo dejaremos. Pero siempre seremos tú y yo. Juntos o con otras personas. ¿Sí?"

Christian también me dejara algún día, encontrara a alguien mejor que yo y me dejara. Y, con su perdida me es suficiente para soportar por lo que me queda de vida.

-No llores… -El susurro de Ana me sobresalta.

Me incorporo y la miro sorprendida, ella me da una débil sonrisa y me acaricia la mejilla. Sus ojos se ven húmedos y tristes.

-Annie lo siento tanto, yo no sé porque me comporte así tú eres lo más importante para mí pero me molesto tanto que fueras tan unida a ellos y no me dijeras nada ¿Por qué no lo hiciste? ¿Por qué no confiaste en mí?

-Si sigues presionándola la perderaaaas. –Se burla la voz en mi mente. -Con qué facilidad pides confianza Isabella. Ella no te conto que los conocía pero tú no le dijiste que ellos eran vampiros. No le dijiste que tu mejor amigo es un licántropo, no le dijiste por todo lo que pasaste en Forks antes de volver a verla…

-¡Basta! –Me tapo los oídos con las manos y sacudo la cabeza.

Las lágrimas corren por mis mejillas de nuevo, tiene razón y en el fondo eso es lo que más me duele.

-¿Bella, que sucede? ¿Basta que? –Ana se incorpora como puede, asustada por mi reacción.

-¿No la escuchas? –Pregunto desesperada. -¿no la escuchas?

-¿Escuchar que Bella? –Su expresión es alarmada.

No escucha… Ana no lo escucha

-Me estoy volviendo loca Annie… -Cubro mi cara con mis manos y comienzo a llorar de nuevo.

¿Cómo es posible que ahora hasta escuche voces? ¿Por qué todas estas mierdas me suceden a mí?

-¿Bella que sucede? –Ana me rodea con sus brazos. Aún tiene fiebre pero no tanta como cuando llegue.

-Annie estoy loca. Estoy escuchando voces en mi mente… -Sollozo.

-Oh, Bella… -Me arrulla entre sus brazos. –¿Has visto a Jhon? ¿Has platicado con él sobre esto?

Recuerdo lo que me dijo la voz en el hospital… lo que me hizo sentir… No puedo contarle eso a Flinn, no sé qué valla a pensar.

-No, Christian y yo tenemos meses sin verlo. No lo creímos necesario…

-Bella tienes que hacerlo, -me interrumpe. -Dile a Ángela que te haga cita con él, lo necesitas, es tú psicólogo.

Asiento, incapaz de prometer nada. Ana me aleja y tomando mi cara con ambas manos seca mis lágrimas y me mira fijamente.

-Bella, escúchame bien. –Su voz es firme. -Si yo no te dije nada sobre los Cullen es porque no sabía que ellos eran esa familia, yo no sabía que Edward era él, nunca me diste nombres. Conocí a Edward la noche de mi graduación en un bar, me ayudo a llevar a Kate al hospital, él era ese chico con el que yo me sentía tan bien saliendo pero nunca me platico que vendría a Seattle. Nunca me hablo de ti, ni ninguno de ellos. Me entere que los conocías el día de la fiesta de Mía. Alice se arrojó a mis brazos confundiéndome contigo, luego vi a Esme y eran tan cariñosas conmigo creyendo que eras tú…

Ese día…

-Lo recuerdo… -susurro. -Reconociste a Edward… cuando Christian nos descubrió.

Ella asiente y baja la mirada mordiéndose el labio.

-Bella yo… -Toma una bocanada de aire y luego la suelta despacio antes de continuar. –Hable con Edward en el hospital luego de que te desmayaste en el estacionamiento esa noche. Me conto porque te conocía… -Sacudió la cabeza sonriendo ligeramente. –Cariño, yo en ese mismo instante decidí que tenía que olvidarlo. Él te ama a ti Bella y yo no puedo ni quiero luchar contra eso.

-Pero te veías tan feliz a su lado anoche…

-El solo estaba bromeando conmigo Bella. –Explica, es extraño pero no puedo creerle del todo, parece triste aunque intenta ocultarlo. –Hay… algo que él me conto, sé que tú lo sabes… en ese momento él estaba bromeando sobre lo que pensaban los hombres de mi aspecto.

Jadeo totalmente sorprendida. Lo dijo fuerte y claro. Ana sabe que Edward lee la mente… ¿También sabe lo que es? ¿Lo que son todos los Cullen?

-¿Ana que más sabes sobre ellos? –pregunto asustada, recuerdo lo que implica que los humanos sepan de la existencia de los vampiros… el tratado… los Vulturi…

Ella frunce el ceño y arruga la nariz.

-Solo que sus sentidos son más dotados que los nuestros. No me ha querido decir más nada aunque sé que lo averiguare…

-¡No! -Grito

-Isabella Marie Swan. ¿Qué mierda sucede con ustedes? ¿Tú lo sabes todo, no es así? –Ana se cruza de brazos enfurruñada.

-Ana por favor. No intentes averiguarlo. Sí ellos te lo cuentan, que sea por su propia decisión pero no intentes averiguarlo. –Le suplico tratando de sonar lo más convincente posible.

-¿Por qué tú no puedes decirme? O mejor aún, ¿Por qué nunca me lo dijiste?

-Lo prometí.

-Bella por Dios. Soy tu… prima.

Enarco una ceja en su dirección, ¿Qué fue eso?

-Debiste haberme hablado más de ellos. –Baja la mirada, toma mis manos y comienza a juguetear con ellas.

Ana me oculta algo. Pero no quiero presionarla.

-¿Cómo te has sentido? –Su pregunta me toma desprevenida.

La miro por un momento intentando saber a dónde va con todo esto. Pero ella esta entretenida acariciando un pequeño cardenal en mi antebrazo.

Mi enfermedad

-Hoy he estado bien.

Ella levanta la mirada y sus ojos parecen brillar un poco, felices. Ana sonríe y de repente me abraza con entusiasmo.

-¡Feliz cumpleaños Bells! –Canturrea en mi oído.

Mi corazón se oprime un poco, yo olvide el suyo… la abrazo tan fuerte como puedo.

-Lamento haber olvidado el tuyo Annie.

-No importa. Podemos hacer de cuenta que es hoy también. –Propone de manera alegre.

Me alejo y la miro sorprendida. Ok, ¿Qué está pasando con ella?

-¿En serio? –Ella asiente y sonríe. –Bien, entonces. ¡Feliz cumpleaños a ti también!

Ana se ríe, y se siente bien escucharla. Se siente bien tenerla de vuelta. Alguien toca a la puerta y las dos nos giramos a ver. Carlisle entra y se acerca sonriendo.

-Veo que te sientes mejor, Ana. –Comenta con tono alegre.

-Sí, lamento si te preocupe Carlisle. –Se muerde el labio y aprieta mis manos de manera distraída, no parece consciente de esto último. –Esto suele pasarnos desde niñas.

-No tienes por qué disculparte. –Le sonríe y luego me mira a mí. -¿Y tú Bella? ¿Todo bien?

-De momento sí. –Le sonrío.

Carlisle asiente y se aleja. Pero recuerdo lo que ocurrió hace unas horas… me levanto de un salto de la cama y lo alcanzo sosteniéndolo de un brazo.

-¿Qué ha ocurrido?

-Se ha ido. Alice está con él.

Mi pecho comienza a arder, es la misma sensación de vacío de hace cinco años…

-¿Para siempre? –Mis labios son incapaces de callar lo que mi corazón grita.

-No lo sé Bella.

Su respuesta es clara, aunque las palabras sean evasivas. Edward se ha ido para siempre.

Dejo caer mi mano, una mano que ahora lleva el peso de una alianza…

-Rosalie quiere ir contigo a Forks. –Comenta Carlisle en voz alta. Hasta ese momento no me había dado cuenta que estábamos hablando en susurros.

El reencuentro. Miro mi vestido, no se ha estropeado pero mi maquillaje debe estar hecho un asco, además Ana… la miro y ella me devuelve la mirada un poco confundida.

-¿De verdad te sientes bien Annie? –Le pregunto.

-Sí, la fiebre ya ha cedido. Sabes que esto nunca dura… -Se encoge de hombros restándole importancia.

Muerdo mi labio. ¿Qué dirían Jessica y los demás si me ven llegar con ella? Supongo que les daría de que hablar durante un largo tiempo. Suspiro, no puedo esconderla más tiempo. Ella es parte de mi vida.

-¿Quieres ir a Forks conmigo? –Ana abre los ojos sorprendida. Me encojo de hombros. –Celebraremos nuestro cumpleaños molestando algunas personas.

-¿Charlie? –Parece asustada.

-Pasaremos a verlo. –Prometo. –Pero hablo de una fiesta con mis compañeros del colegio.

-¿Qué?

-Oh, vamos Anastasia. Levanta ese culo y ve a ducharte, yo te arreglare. –Rosalie parece no andarse por las ramas y entra a la habitación enfundada en un hermoso vestido rojo sangre.

-No tengo ropa… -Ana intenta zafarse.

-Te he traído un vestido. No hay excusa. Levántate o se nos hará tarde. –Contraataca Rose.

Sonrió al verlas. Definitivamente Rosalie es buena amiga, lamento haberme llevado tan mal con ella en el pasado.

-Las dejo arreglarse. –Carlisle sonríe.

Él se retira de la habitación. Para entonces Rosalie ya ha sacado a Ana de la cama y puedo escucharlas en el baño, no necesitaran mi ayuda. Por el contrario yo necesito hablar con Christian. Me giro y camino hacia la puerta en busca de un teléfono pero creo que lo he hecho demasiado rápido. Un fuerte mareo me ataca y soy incapaz de controlar mi cuerpo, voy en picada al suelo pero Rosalie aparece a mi lado y me sostiene.

-Me estoy acostumbrando a que me atrapen cada vez que me voy a caer. –Intento bromear.

-¿Estas bien? –Parece genuinamente preocupada.

Mi respiración sea ha acelerado considerablemente gracias al mareo, respiro profundo varias veces intentando recuperarme antes de poder responderle.

-Esto es normal Rose. -Le digo en voz baja. –En mi situación es normal.

-La medula ya ha comenzado a hacer efecto, debes ser paciente. –Me susurra de manera conciliadora. –Déjame arreglarte ese desastre.

Me conduce hasta la cómoda y toma algunas toallas desmaquillantes para limpiar mis mejillas, a pesar de que llevo mucho tiempo usándolas su olor me toma por sorpresa cuando mi estómago da un vuelco y unas terribles nauseas me hacen salir corriendo al baño. Logro detener las arcadas a tiempo de llegar al váter y descargar lo poco que tengo en el estómago.

-¿Bella? –La voz de Ana suena amortiguada por el terrible pitido en mis oídos.

-Está bien, estoy con ella. –Rosalie tranquiliza a Ana y me ayuda a incorporarme.

-¿Esta bien? ¿Seguro? –Insiste ella.

-No es nada del otro mundo Ana. –Le digo con voz ronca.

Apoyo los codos en el lavabo y entierro la cara en mis manos. Las náuseas se han ido tan rápido como llegaron. ¿Qué mierda fue eso? Me miro en el espejo, estoy absolutamente pálida y manchada de maquillaje corrido. No quiero arriesgarme a estar cerca de las toallas de nuevo así que recurro al agua. Lavo mi cara bajo la atenta mirada de Rosalie, quien frunce el ceño y parece estar pensando en algo muy seriamente. Ana sale de la ducha envuelta en un albornoz y me mira preocupada.

-Estoy bien. Ya ha pasado. –Digo aun con voz ronca. -¿Aún hay un cepillo de dientes mío aquí o también se lo han llevado?

-Está en el cajón derecho. –Ana no me cree, lo sé por cómo me mira.

-Vamos a que te arregles. –Rose toma a Ana de la mano y tira de ella con delicadeza.

-Pero Bella…

-Bella está perfectamente. –La interrumpe.

Antes de que se vayan puedo ver una ligera sonrisa en la boca de Rosalie.

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Aproximadamente una hora después, Rosalie se ha encargado de arreglarnos, Ana lleva puesto un vestido azul claro que resalta sus ojos, el cabello recogido en unas delicadas trenzas y al igual que yo está usando bailarinas. Ha arreglado mi maquillaje y retocado mis rulos.

El miedo se aloja en mi estómago al ver la hora. 5:30 pm. Tres horas, en tres horas estaremos en Forks… Mi corazón sigue empeñado en decirme que no es buena idea ir a esa fiesta pero mi mente me dice que es hora de dejar el pasado atrás. Salimos del departamento dejándolo absolutamente vacío. Rosalie me platico en voz baja que los Quileutes habían vuelto a Forks poco después que yo entrara a la habitación, y el resto de los Cullen se habían ido a su casa. Quise saber si alguno de ellos iría con nosotras pero me mordí la lengua para no preguntar nada.

Puesto que yo había venido en la moto supuse que iríamos en su auto pero al salir del edificio me sorprendió ver a Christian recostado al R8 de manera casual.

-Supongo que solo Ana vendrá conmigo. –Refunfuña Rose.- Nos vemos en Forks, no llegues tarde.

Ana me mira y yo asiento. Sé que aún le preocupa que yo siga con malestares, sonrió y ella parece relajarse. Sigue a Rosalie en silencio y poco después el auto desaparece mi vista. Miro a Christian y este enarca una ceja.

-¿Forks?

Me encojo de hombros un poco nerviosa.

-Una fiesta en el instituto, algo así como un reencuentro escolar.

-¿Estoy invitado?

-Por supuesto. –Sonrió y él se ve complacido con mi respuesta.

Me abre la puerta del auto y yo subo a él, rodea la parte delantera y yo me deleito con su andar varonil. Cuando sube a mi lado me mira preocupado.

-¿Estas segura de esto?

-Totalmente. Tal vez podamos visitar a Charlie. –sonrío ante la idea de ver a papá.

-¿No me disparara por haberme casado contigo? –Intenta bromear.

-Tal vez me dispare a mí por no haberlo invitado.

-Me asegurare de compensarlo dejándolo llevarte al altar. –Me guiña un ojo y me avergüenzo, los sonrojos me han abandonado, de nuevo.

Christian conduce en silencio todo el camino, parece sumido en sus pensamientos y yo no me siento incomoda al respecto. También tengo cosas en las cuales pensar. Tres horas después pasamos el pequeño letrero de "Bienvenidos a Forks". Los nervios vuelven a alojarse en mi estómago. ¿De verdad voy a hacer esto? Respiro profundo y me infundo valor con un ligero mantra de "Tu si puedes".

-¿Hacia dónde debo ir? –Pregunta Christian.

Recuerdo que él nunca ha estado aquí.

Le indico el camino y él baja la velocidad y puedo notar como examina el pueblo con detenimiento.

Cuando por fin llegamos al aparcamiento de la escuela, muchos de los puestos están ocupados, reconozco varios coches, entre ellos el Sentra de Taylor y el viejo Mercury Blanco de Jessica. Las manos me tiemblan. Christian aparca junto al BMW de Rose y apaga el auto. Se gira hacia mi y frunce el ceño.

-Estas muy pálida nena. ¿Segura de que quieres hacer esto?

Respiro profundo varias veces. ¿Qué si estoy segura? Mierda, llevo años sin pisar este lugar.

-No. Pero ya estamos aquí, hay que hacerlo. –Le digo en voz baja.

-Isabella… -Comienza con su tono sobreprotector pero lo interrumpo antes de que me haga decirle que me saque de aquí.

-Vamos. Rosalie y Ana nos esperan. –Bajo del auto y él se reúne conmigo en la parte trasera.

Gracias a Dios Rosalie nos espera debajo del saliente del tejado de la cafetería y no ha entrado sin nosotros. Dos autos más hacen acto de presencia en el aparcamiento. Las SUB de Taylor y Sawyer se estacionan junto al R8 y ellos bajan de su interior seguidos por Ryan y Prescott. Mierda, ¿Por qué tenía que venir ella? ¿Por qué tanta seguridad? Es solo una fiesta.

Caminamos hasta donde están Rose y Ana, luego emprendemos nuestro camino hacia el gimnasio, estoy segura de que a pesar del tiempo que ha pasado sigue siendo la única sala lo bastante amplia en la ciudad para poder organizar un baile. Cuando llegamos a la puerta un sonriente Emmett nos espera.

-Creí que no vendrías. –Comento.

El me mira y se ríe.

-¿Crees que me perdería la cara de ellos al vernos? ¿Al verte a ti? –Bromea.

Giro los ojos y suspiro resignada. Emmett nunca cambiara.

-Sinceramente no.

-Bien, vamos ahí entonces.

Él toma de la mano a Rosalie y caminan hacia el gimnasio.

-Te dije que nos esperaras, imbécil. –Doy un brinco y me tenso al escuchar la voz de Alice, creí que…

Me giro y ahí están, caminando hacia nosotros, los tres Cullen que faltaban. Alice, Jasper y… Edward. Desvío rápidamente la mirada de nuevo al frente. Cuando ellos llegan a nuestro lado Rosalie tira del brazo de Emmett y este comienza de nuevo a caminar hacia el gimnasio. Christian me rodea la cintura, no me atrevo a mirarlo. Caminamos en silencio. Cuando entramos, nos quedamos de pie en la puerta, fue como si alguien nos hubiera dado una orden silenciosa. Al igual que la última y única vez que estuve en un baile así, me dio una risa tonta. Había por todos lados arcos con globos y las paredes estaban festoneadas con guirnaldas de papel de seda. La música estaba a un nivel muy alto aunque sin duda muy pocas personas le prestaban atención, charlaban y reían en grupos felices de volverse a ver. Recorrí el salón con la mirada y encontré a Jessica tomada de la mano de Mike hablando con Tyler y una chica de cabello rubio y hermosa sonrisa. Decidí comenzar por ahí. Si sobrevivía a ella, podría hacer esto. Respire profundo y tome fuertemente la mano de Christian, este miro preocupado, le sonreí y comencé a caminar tirando de él a mi lado.

Varias personas en el salón comenzaron a notar nuestra presencia, podía verlos mirarnos sorprendidos y aún más al mirar hacia donde estaban los Cullen. Jessica lo noto y su expresión se congelo, su boca cayó abierta de par en par y yo sonreí al verlo.

-¡Jessica Stanley! ¿Cuánto tiempo? –Sonreí al usar las mismas palabras que había colocado ella en la tarjeta.

-Bella… -Jadeo la aludida aun con la sorpresa en la cara.

-Dios mío, Bella. ¡Cómo has cambiado! –Mike casi se me avienta encima, gracias a Dios el brazo de Jessica lo sujetaba con fuerza.

-Bella. Que sorpresa verte. –Taylor fue el más genuino y tranquilo al saludarme. Decidí comenzar por él.

-Hola Taylor. Mike, Jess. ¿Cómo han estado?

Jessica parece reaccionar grita y se lanza a mi cuello, sus brazos me rodean con fuerza. Me siento asfixiada, le doy unos toquecitos en la espalda y Christian se ríe de mi reacción. Jessica me libera y descaradamente se come con los ojos a mi esposo. Siento la extraña sensación de gritar "¡MIO!" mientras le gruño.

-Jessica, chicos, les presento a Christian Grey. Mi esposo. –Declaro con orgullo por primera vez desde que le di el jodido "Sí". –Christian, ellos son Taylor Crowley, Jessica Stanley y Mike Newton. Antiguos compañeros de instituto.

-Es un placer conocerlos. –Les dice Christian.

Taylor y Mike se limitan a murmurar un "Igualmente" mientras que Jessica…

-¿Esposo? –Abre y cierra la boca varias veces.

-¿Dónde están los demás? –Pregunto evadiendo su jodida curiosidad.

Miro hacia varias partes hasta que visualizo a Ángela. Miro a Christian quien asiente y nos alejamos de ahí. Suspiro aliviada de haber podido lograrlo.

-Fue bien. –Murmura Christian en mi oído.

-A duras penas, si seguimos aquí cuando amanezca, prepárate para la ola de chismes en todo el pueblo. –Murmuro de vuelta.

Él me mira y se ríe. Llegamos hasta donde esta Ángela y ella me sonríe complacida de verme. Esta vez soy yo la que me lanzo al cuello de ella y esta me responde devolviéndome el abrazo y riendo.

-Me alegro de que hayas venido jefa. –Bromea luego de soltarme. –Señor Grey.

Ang parece tener aun cierto problema con la presencia de Christian.

-Hola Ángela, es un placer verte. –Y a Christian le encanta incomodarla.

Ángela se sonroja fuertemente y yo me río.

Contrario a lo que esperaba, todo transcurre en calma. Salude a Eric y a al Sr Banner quienes si estaban totalmente sorprendidos con mi presencia. Note como muchos en el salón no dejaban de mirarnos a Ana y a mí pero a petición de ella no la presente con nadie. Nos sentamos en la misma mesa que los Cullen, aunque básicamente solo Emmett y Rose hablaran con nosotros, otro motivo más para que mis miraran y murmuraran. Comencé a sentirme mal, decidí salir un rato a tomar un poco de aire. Ana y Christian se ofrecieron a acompañarme pero les dije que no era necesario. Solo iría un omento. Los deje en mitad de un mal chiste de Emmett.

Afuera hacia tanto frio como recordaba, no había nadie a la vista. Levante la mirada hacia los viejos edificios de la escuela y poco después me sentí caminando hacia ellos. Todo está absolutamente igual. Llego a las puertas de la cafetería y tiro de una de ellas, esta se abre sin mucho esfuerzo, huele a desinfectante, las mesas están cuidadosamente acomodadas y las sillas que siempre solían estar regadas por todos lados ahora ocupan su lugar a cada una de las mesas.

Doy unos pasos dentro y es como si de pronto todo comenzara a cobrar vida. Las imágenes de los días vividos aquí se reproducen delante de mis ojos de manera simultánea con el lugar. Los malos chistes de Taylor, las fotografías mal tomadas de Ángela, los chismes sin acabar de Jessica y Lauren incluso los momentos incomodos por la insistencia de Mike. Pero todo se detiene en el primer día de clases, cuando los vi por primera vez. Camino hacia la mesa del fondo, donde ellos solían sentarse y toco ligeramente la mesa con la puta de los dedos. La manera en cómo me miro ese día, la intensidad en sus ojos…

Me apoyo en la silla que yo solía usar luego de que se fueron, la misma silla que el uso aquel primer día… Mi corazón retumba en mi pecho y mi estómago se encoge ante lo recuerdos de esos días. Desde luego jamás volverán, pero los recuerdos tampoco se irán.

Es demasiado para un solo día. Salgo de la cafetería por la puerta del lado sur y apoyo las manos en uno de los bancos de picnic. Respiro profundo y los jadeos poco a poco se van calmando.

-¿Qué demonios hago aquí? –Murmuro para mí misma.

-Estaba a punto de preguntarte lo mismo. –La voz de Edward me asusta.

Grito y me giro sorprendida. Él llega a mi lado en menos de un segundo y cubre mi boca con su mano.

-Shhh. Calla. –Hay algunos cerca haciendo cosas nada decentes, si te escuchan vendrán en busca de algún chisme. Me regaña.

-Creí que… -Comienzo pero soy incapaz de terminar la frase.

Bajo la mirada al suelo y me muerdo el labio para que no tiemble.

-Necesito que hablemos. –Dice en voz baja. –Ven conmigo.

Edward me tiende la mano y yo soy incapaz de negarme a colocar la mía sobre la de él. Él sonríe y en un rápido encogimiento de hombros se quita la chaqueta del traje y me la ayuda a colocar: -La necesitaras. Esto será rápido, o lo notaran.

Sin previo aviso me toma en sus brazos y comienza a correr. Oculto mi cara en su cuello para no marearme, el frio aire del bosque me azota las piernas hasta escocerme. Pero, antes de que pudiera quejarme él se detiene.

-Hemos llegado. –Musita con un poco de emoción.

Levanto la mirada de mi escondite y noto a pesar de la oscuridad donde estamos. Edward me deja en el suelo y camina hacia el centro del claro, vuelve a estar vivo, lleno de pequeñas flores y pasto verde intenso. A la poca luz de la luna que se filtra por entre las densas nubes se ve absolutamente hermoso, es como si nos diera la bienvenida.

Camino hasta donde esta Edward y me siento en la húmeda hierba. No puedo mirar a Edward, no puedo hablar, solo me siento ahí, rodeando mis piernas con los brazos y apoyo el mentón en las rodillas, en busca de un poco de calor.

-¿Bella? –Pregunta en voz calmada.

Levanto la mirada hacia él y lo encuentro mirando fijamente la luna. Su rostro es totalmente carente de emociones.

-¿Sabes porque te he traído aquí? –Me mira y desde mi lugar puedo admirar como la luna se refleja en sus ojos. Niego en respuesta y él sonríe. –Fue aquí donde todo comenzó para mí. Donde que conté todo. Al verte en la cafetería, supe que debía hablar contigo en este lugar.

-Edward… -Murmuro.

-No, déjame terminar por favor. –Me pide, Edward se deja caer justo en frente de mí y me mira fijamente. –Puedo recordarlo como si hubiera sido ayer, ¿sabes? El rubor en tus mejillas era tan adorable. Ese día supe que era capaz de hacer cualquier cosa para evitar que te sucediera algo, incluso alejarme de tu lado aunque eso fuera lo más doloroso a lo que me enfrentara jamás. Es por eso que me fui, preferí sufrir a ponerte en peligro. Lo que sucedió con Jasper el día de tu cumpleaños me aterro tanto Bella. La idea de verte inmóvil, pálida, helada… era insoportable. Eres lo más importante para mí. –Clavó sus hermosos y torturados ojos en el suelo. -Solo quiero que vivas y seas feliz. Si de verdad eres feliz a su lado Bella, yo seré feliz viéndote sonreír, pero no me pidas que haga eso justo ahora. El dolor que siento cada vez que veo ese anillo en tu dedo es tan insoportable… -Levanta la mirada y atrapa la mía.- Te amo tanto Isabella. Jamás podre querer a nadie tan siquiera un mínimo porcentaje de lo que te quiero a ti. Pero tengo que irme, alejarme un tiempo. Debo aceptar, que te he perdido.

Edward sonríe de manera triste. Me mira fijamente esperando una respuesta pero no sé qué decirle. El viento sopla en nuestra dirección y enfría las lágrimas que caen de manera silenciosa por mis mejillas. El tiempo transcurre de manera lenta y dolorosa, Edward y yo nos miramos fijamente durante todo el rato. De repente, demasiado pronto para mi gusto, él se levanta y me tiende la mano. Mi entumecido cuerpo reacciona, coloco mi mano sobre la suya sin despegar nuestras miradas en ningún momento, me ayuda a levantarme y tira de mi cuerpo hacia el suyo. Edward me abraza de manera fuerte para mí, pero sé que se está conteniendo de no quebrarme.

-Debo regresarte a la escuela. Pronto comenzaran a buscarte. –Murmura en mi oído haciéndome estremecer.

Se aleja y seca mis mejillas con cuidado. Me tiende los brazos en una muda petición. Rodeo su cuello con mis brazos y el me levanta de nuevo. Esta vez no cierro los ojos, miro el cielo que pasa rápido ante mis ojos, las copas de los árboles se asoman a la vista y pasan como un borrón verde oscuro. Edward mantiene la vista fija en el camino pero sé que su mente esta en algún otro lugar. Los arboles dejan de pasar, el cielo se despeja dando paso solo a una niebla. Hemos llegado.

Edward me coloca con cuidado sobre la mesa de picnic donde me encontró, esta fría y aun así no me importa. Edward se aleja de mí y me sonríe.

-Sé que aún no lo sabes, incluso yo tarde en notarlo… así que por favor cuídate mucho. ¿Sí?

Lo miro sin comprender. ¿Acaso me perdí de alguna parte de sus palabras? El nota mi confusión y en respuesta se acerca y posa su mano derecha en mi vientre y lo acaricia suavemente.

-¿Lo harás? –Pregunta de nuevo.- ¿Te cuidaras Isabella?

Jadeo sorprendida aunque termina siendo un sollozo. ¿Acaso él está queriendo darme a entender lo que creo?

-Sera un buen chico. –Sonríe de nuevo aunque sus ojos cada vez son más tristes.– Alice lo ha visto.

Coloco mi mano sobre la suya y la aprieto. Pero él retira la suya y acaricia mi mejilla secando mis lágrimas.

-Se feliz, Bella.

Su rostro se acerca al mío y me besa suavemente en los labios.

-Te amo. –Dijo con la misma voz serena y llena de clama que siempre lo caracterizo. –Por favor, cuídate mucho.

Se me cerraron los ojos, se lo que viene, esto ya ha pasado…

Una suave brisa se levanta y el aire que produce su partida me agita el cabello. No quiero abrir los ojos, no quiero enfrentar la realidad que eso significa.

Edward se ha ido, de nuevo.

El amor, la vida, su sentido. Todo ha tomado un nuevo rumbo.

La mano que aun reposa en mi vientre se cierra en un puño en torno a las plumas que cubren el vestido.

Se ha ido. He de aceptar que se ha ido.

Respiro profundo tratando de calmar los hipidos del llanto. Poco a poco lo voy logrando.

-¿Bells? –La suave voz de Ana me trae de nuevo a la realidad.

Abro los ojos despacio y ahí esta ella, justo en el lugar que él ocupaba hace un momento…

-¿Qué sucede? ¿Qué haces aquí? –Pregunta asustada.

Abro la boca pero las palabras no salen, quiero gritarle, decirle que Edward se ha ido pero no puedo.

-Bella me estas asustando. –Me toma de los hombros y sacude son cuidado.- ¿Qué te ha ocurrido?

Sacudo la cabeza y la abrazo enterrando mi cara en su cuello. Una nueva oleada de sollozos brota de mi boca. Ana me abraza dejándome llorar. No dice nada, no insiste en saber. Cuando por fin logro controlarme, me alejo de ella y seco mis lágrimas con rudeza. Necesito dejar de llorar. Respiro profundo varias veces y cuando por fin lo estoy logrando todo se complica:

-¿Isabella? –La voz de Christian me hace bajarme de un salto de la mesa.

-¿Nos podemos ir? –Es lo primero que sale de mi boca en horas. Mi voz es ronca y carente de emoción.

-Por supuesto. –Responde sin dudarlo.

No soy capaz de mirarlo a la cara. No quiero herirlo a él también. Centro mi vista en Ana.

-¿Vienes con nosotros? –Le pregunto en voz baja.

-Solo si tú me quieres ahí.

-Te querré siempre Annie.

Ella asiente y me abraza fuerte antes de ponerse en marcha. La veo alejarse pero yo soy incapaz de moverme de mi lugar. Mi cuerpo está totalmente entumecido por el frio y el shock del momento.

Los brazos de Christian me rodean, pronto me veo acobijada en el calor de su pecho mientras me lleva de camino al auto.

-No hace falta que me expliques nada. –Dice en voz baja.

Cierro los ojos y respiro profundamente. Estoy siendo una maldita perra egoísta.

-Christian estoy bien. Bájame, caminare.

-No comiences a comportarte testaruda Isabella. –Me riñe.

Taylor esta junto al R8, abre la puerta y Christian me deposita con cuidado en el interior. Poco después sube el y arranca el auto. El suave ronroneo del motor es el único sonido que nos rodea.

-Vamos a casa, no podría ver a Charlie en este estado.

-No esperaba otra cosa. –Christian acelera cuando sale del pueblo.

Su tono ni siquiera es frio cuando me responde.

-¿Por qué estas siendo tan suave conmigo? –Me atrevo a preguntar.

-Porque te conozco y sé que posiblemente en este momento te estas tragando el dolor que sientes.

Lo miro y él está aparentemente relajado pero sus nudillos están blancos en torno al volante. Él está tratando de controlarse y no explotar.

-No somos tan diferentes. –Christian me mira por un momento pero luego vuelve a posar la vista en la carretera.

-¿De qué hablas? –Frunce el ceño.

-Tus nudillos están blancos por la fuerza que estas usando sujetando el volante y a menos que creyeras que el volante saldrá corriendo si lo sueltas no veo otro motivo para sostenerlo así más que el hecho de que no quieres gritarme.

El suspira sonoramente, tomo mi mano y la beso.

-Basta Bella, no quiero discutir contigo. –Dice en voz baja.

El movimiento de mi brazo hace que caiga algo de uno de los bolsillos internos de la chaqueta…

Oh, por Dios. Aun llevo puesta la chaqueta de Edward. Meto la mano entre mi asiento y la palanca de cambio y lo tomo. Es un estuche de regalo para CD con un disco plateado en el interior. Gruesas y silenciosas lágrimas corren por mi mejilla.

-¿Qué es?

-Un regalo de cumpleaños. –Murmuro con voz rota.

-¿Quieres oírlo? –Pregunta con suavidad.

Se lo que contiene, llevo años escuchando la pieza en mi cabeza una y otra vez.

-Por favor.

Christian abre el compartimiento para CD y la pantalla táctil baja dando paso a la ranura para colocarlo.

-Adelante nena.

Saco el CD con cuidado del estuche y lo inserto en el reproductor, dejo que Christian haga lo demás. Subo los pies al asiento y abrazo mis piernas con el estuche pegado a mi pecho. Pulsa el botón de play y esperamos en silencio. De repente, empezó a sonar la música.

La pieza comenzó a tomar vida, cada rincón del auto se va llenando de la dulce y tranquila tonada. Sonrío, a pesar de todo sonrío. Edward me ha devuelto el CD con mi canción de cuna.

-Es la pieza que has intentado interpretar todos estos años… -Comenta Christian soprendido.

-Sí, aunque es obvio que no lo hago justicia. –Respondo avergonzada, no creí que el pudiera reconocerla.

-Ta tocas muy bien, pero sin duda la original no tiene comparación. ¿De quién es? No la reconozco.

Miro su expresión y parece muy concentrado tratando de ubicarla e algún compositor famoso. La sonrisa en mi rostro se acentúa, a él le gusto mi nana…

-Es mía, la hicieron para mí. –Respondo con orgullo.- Se llama Nana de Bella.

Christian no responde, nos quedamos en silencio durante un buen rato hasta que la canción llega a su fin. Espero con ansias escuchar la favorita de Esme pero en su lugar una nueva pieza comenzó a sonar.

Las tonadas se fueron convirtiendo en una pieza y la voz de Edward le acompaño. Abrí la boca sorprendida. Jamás lo había escuchado cantar más allá de lo que tarareaba para mí en las noches.

Say something I'm giving up on you
I'll be the one if you want me too
Anywhere I would have followed you
Say something I'm giving up on you

And I am
Feeling so small
It was over my head
I know nothing at all

And I will
Stumble and fall
I'm still learning to love
Just starting to crawl

Say something I'm giving up on you
I'm sorry that I couldn't get to you
Anywhere I would have followed you
Say something I'm giving up on you

And I will swallow my pride
You're the one that I love
And I'm saying goodbye

Say something I'm giving up on you
I'm sorry that I couldn't get to you
Anywhere I would have followed you

Say something I'm giving up on you
Say something I'm giving up on you
Say something.

-Ahora más que nunca soy consciente de que él te ama más de lo que yo puedo amarte, Isabella. –La afirmación de Christian me toma por sorpresa.- Pero quiero que sepas algo, daré todo de mí para hacerte feliz. Aunque mi promesa sigue en pie, y lo estará siempre. Si quieres que lo dejemos todo y volver con él estás en tu derecho, yo siempre estaré ahí para ti.

Es la misma promesa por la que yo creo que él me abandonara…

"Si encontramos a alguien que de verdad nos ame o amemos lo suficiente para ser felices, lo dejaremos. Pero siempre seremos tú y yo. Juntos o con otras personas. ¿Sí?"

-Se ha ido, Christian. –Declaro.- Ha renunciado a mí así como yo te he elegido a ti.

-¿Estas segura de lo que estás haciendo Bella? No quiero ser el causante de tu dolor.

-El dolor siempre ha estado ahí, he sabido mantenerlo a raya. Sé cómo volver a encerrarlo en un cajón con llave. Lo hice una vez y puedo volver a hacerlo. –Mi voz suena mecánica, vacía.

Christian no dice más nada en todo el camino. Retiro el CD el reproductor y lo guardo en el estuche sosteniéndolo con fuerza junto a mi corazón.

Miro por la ventanilla del auto, y me veo reflejada en ella.

"Se feliz, Bella. Te amo."

Sonrío ante el recuerdo de su voz. Seré feliz por ti Edward, y si resulta que estas en lo cierto tendré muchas razones para ser feliz.

Acaricio mi vientre de manera suave. Doy un largo y cansado suspiro.

También te amo.

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¡Hooooooooooooooooooola! Dios mío, ha pasado tanto tiempo... Sé que les dije que intentaría subir los capítulos rápido pero mi PC murió y tuve que esperar a que pudieran repararla. Lo lamento tanto. Sé que este capítulo puede parecer tedioso pero trate de mostrar bastantes cosas en él, si hay alguna cosa que les moleste no duden en decírmelo, si encuentran algún HORROR ortográfico es que de verdad ni siquiera lo revise, pase la noche escribiendo lo más de prisa que pude para cumplirles.

¿Estoy hablando mucho verdad? Bueno, creo que lo que más tengo que decirles es; ¡Mil perdones por la tardanza! A las nuevas lectoras muchas gracias por interesarse en la historia y regalarme un poco de su tiempo. Aprecio cada uno de sus reviews y espero con ansias los nuevos.

Este capítulo va dedicado a Tiby y Maria. Son mi más grande apoyo. Gracias por todo mis negras. Las amo.

xx

Maiia.