Son las Sombras de un Crepúsculo, nena.

Una semana ha pasado, una semana llena de trabajo; reuniones, lecturas de manuscritos, mareos, náuseas y asquerosas arcadas cada vez que veo comida o me levanto por la mañana. No he tenido el valor suficiente para decirle a Christian que tengo sospechas de estar embarazada, ni mucho menos que fue Edward quien metió esa estúpida idea en mi cabeza el sábado pasado. Tampoco es que Christian y yo hemos hablado mucho. El prometió que entendió lo que pasaba, prometió hacerme feliz pero creo que primero debería ser feliz él.

Me he estado quedando en Villa B con Ana. Un lugar muy grande solo para dos personas, pero fue lo mejor, Christian ha estado toda la semana en Portland solo hemos hablado dos veces, una el lunes para avisarme que se iría y la otra ayer por la tarde, solo para asegurarse de que todo marchaba bien en la editorial y un corto "¿Cómo estás?" referente a mí. Rosalie ha mantenido contacto conmigo, bueno si es que así se le puede llamar a la manera en cómo llega todos los días a mi oficina e insiste para que vaya a almorzar. He sabido por Ángela de las insistentes llamadas de Matt, mi familia y los Cullen pero a decir verdad no me siento preparada para enfrentarme a ninguno de ellos. El dolor en mi pecho aún está latente, el recuerdo de la noche del sábado pasado, sus palabras, sus brazos a mi alrededor, su dulce olor…

Solo una vez me he sentido así y si bien es cierto que me deje llevar por ese dolor, ahora, en mi vida adulta debo enfrentar esas situaciones con cierta madures, debo seguir adelante, él dijo que volverá cuando se sienta preparado, sé que ninguno lo estará jamás y eso solo me dice que él no volverá. Debo sonreír, no puedo dejarme caer de nuevo en ese agujero negro…

-…y por lo tanto, mi conclusión respecto a este manuscrito es que tú no me estas prestando atención ¿Verdad? –Ana avienta el manuscrito justo sobre el teclado de mi laptop haciéndome brincar hacia atrás en mi asiento.

-¡Hey! ¿Qué sucede? –Pregunto alarmada.- ¿Dónde está el fuego?

-En tú cabeza Isabella. Está saliendo humo de tú cabeza y sé que no es por pensar en los manuscritos. –Me regaña, se coloca las manos en jarra sobre la cintura y me mira frunciendo el ceño.- Necesitamos revisarlos antes de que termine el día, llevo aproximadamente quince minutos hablándote de ese y tu pareces en trance, lo único que sale de tu cabeza es humo. Si estás muy agotada solo dilo y le diré a Sawyer que te lleve a casa. Sé que no han sido días fáciles para ti…

Ana me mira fijamente esperando respuesta, abro y cierro la boca varias veces ¿Qué le puedo decir? Le prometí hace cuatro días que estaba bien, que la partida de él solo me había afectado de momento por el shock… Ella sabe que no es así. Yo sé que ella lo sabe. Y aun así ambas fingimos, siempre lo hemos hecho para no decir en voz alta lo que la otra no quiere escuchar.

-Creo que estoy un poco cansada. ¿Te molestaría terminar tú?

-He estado haciendo todo yo. –Gira los ojos.- Ve, descansa, come algo. Creo que me quedare hasta tarde aquí.

-¿Segura? –Pregunto mientras me levanto y tomo mi cartera.

-Totalmente. Me gradué en Literatura Inglesa, Bella. Podre con esto.

-Supongo…

-Le diré Ángela que avise a Sawyer. -Ana levanta el teléfono pero yo se lo quito de la mano.

-No, conduciré.

Miro hacia los cristales de cara a Seattle y apenas me doy cuenta que está lloviendo mucho. Pero, si me quedo un poco más con esta actitud de zombie Ana explotara. Tomo mi gabardina roja del perchero y salgo de la oficina. Me despido de Ángela y Sawyer con la mano, quienes me miran confundidos. Es la primera vez en toda la semana que salgo sola, Christian me hizo entrega de las llaves de mi nuevo auto el lunes antes de irse a la oficina. Para él nada del otro mundo, para mí, un desperdicio de dinero.

El R8 rojo HD está estacionado en uno de los puestos privados en el estacionamiento de la Editorial. Ahora parece mi mejor aliado para alejarme de todo y dejar de fingir por un rato. Subo a él y tiro la gabardina y la cartera en el asiento del copiloto. Olvide cerrar la cartera antes de aventarla así que todas mis cosas se esparcieron en el asiento y el suelo del auto. El CD de Edward incluido.

Solo lo escuche el sábado por la noche… ¿Y si vuelvo a escucharlo y todo empeora? Su voz, las suaves tonadas del piano… Sacudo la cabeza alejando esos pensamientos. Necesito volver a mi coraza, esa que solo Christian conoce lo que hay debajo. Necesito ver a John.

Tomo mi celular y lo coloco en los altavoces, marco el número de John y me pongo en marcha hacia su consultorio. Su alegre voz llega a mis oídos tres tonos mas tarde.

-Isabella, que grata sorpresa.

-Voy en camino, ¿Crees que podamos hablar?

-Seria encantador poder charlar un rato contigo mí querida Señorita Swan pero estoy a punto de entrar a un acto escolar de mi hijo.

¿Es que acaso las cosas no pueden ir mejor?

-Mierda. –Murmuro.

-¿Qué sucede? ¿Problemas con Christian? –Parece preocupado.

-¿Por qué crees que es Christian?

-Bueno, entonces dime. ¿Cuál es la emergencia? -¿Está tratando de cambiar el tema?

-Soy yo. Él ha vuelto, John. Creí que podría con todo esto pero no, tengo tantas cosas en la mente que siento que explotare.

-Hablare con mi secretaria. Ve a verme mañana. Tengo que colgar, por favor Bella, no hagas nada desesperado o estúpido. ¿Sí?

"No hagas nada desesperado o estúpido. ¿Entiendes lo que digo?"

El recuerdo de la voz de Edward ese día hace tantos años me sobresalto. Cuelgo la llamada y me detengo a un lado de la vía. Soy consciente de que me pueden multar. Pero por primera vez en una semana me siento perdida. ¿Si no puedo hablar con mi Psicólogo a dónde voy? No quiero molestar a Christian, no quiero herir a Ana, no tengo a más nadie…

Presiono la frente contra el volante y siento las lágrimas humedecer mis mejillas. Jamás me he sentido tan sola, los sollozos salen sin control de mis labios. Christian está sumamente enojado y dolido conmigo, puedo ver en los ojos de Ana lo que le duele la partida de Edward. ¿Yo la aleje de su felicidad? ¿Ellos de verdad tenían algo? ¡Edward la quiere! Pude verlo en la gala, la manera en cómo se sonreían…

Mi celular comienza a sonar nuevamente. Es un número desconocido, respiro profundo tratando de controlarme y presiono el botón en el volante.

-Hola, extraña. –La calidez de su tono…

-¡Jake! –Me sorprendo a mí misma sonriendo ampliamente.

-Así que me recuerdas. –Bromea.- ¿Cómo estas, Bella?

Su risa…

Es entonces cuando lo sé, sé a dónde debo ir. Pongo en marcha de nuevo el auto en dirección a Forks.

-Estoy de camino. –Le informo.

Jake no responde, puedo escuchar la risa de los demás en el fondo, y el suave romper de las olas.

-¿Jake? –Doy un rápido vistazo hacia el celular y todo parece bien.- ¿Estás ahí?

-¿Qué quieres decir con que estas de camino? –Su voz suena realmente sorprendida.

-Voy en camino a Forks. Quiero verte.

Jacob jadea fuertemente.

-Isabella ni se te ocurra. –Gruñe ferozmente.

Su rechazo me toma desprevenida, doy un suave volanteo, trato de controlar de nuevo el auto y bajo un poco la velocidad. Mi pecho comienza a doler aún más. ¿Es eso posible?

-¿De qué hablas? –Murmuro.

-No has puesto un pie en Forks en cinco años y eso parece estar ayudando. ¿Por qué vas a volver? Subiré yo a Seattle. –Las palabras salen tan rápido de su boca…

-¿De qué hablas? –Repito mecánicamente.

-Bella… -Me riñe.

-¡Estuve ahí el maldito sábado Jacob Black no me digas que no puedo volver porque no es cierto! –Grito entre lágrimas dando golpes al volante.

-¿El sábado…? –Murmura desconcertado.- ¿Bella tu estuviste aquí en tu cumpleaños?

-Estuve ahí por la fiesta de la escuela. –Le corrijo evadiendo lo obvio.

-¿No estás bien, verdad? –Giro los ojos. Al fin pudo notarlo.- Ven directo a la playa. Charlie ira a la casa a ver el partido con mi papá. No será bueno que te vea así.

Charlie… Deseo tanto verlo.

-¿Jake?

-¿Sí?

-Te quiero, idiota.

Cuelgo la llamada antes de que comience con su tercer grado.

.

.

.

Tres horas después, por segunda vez en mucho tiempo me topo con el pequeño letrero de "Bienvenido a Forks" los nervios hacen de mi estómago un nudo, recorrer estas calles sola no es tan fácil como creí.

El masoquismo puede más conmigo que las ganas de alejarme del dolor. Conduzco despacio, mirando las tiendas, un semáforo en rojo me detiene justo en frente de la tienda de los Newton.

-Maldita sea. –Siseo en dirección al semáforo.

Miro nerviosamente hacia los lados, algunos peatones se pierden la oportunidad de cruzar la calle por estar mirando el auto. Por dios, es solo un auto.

-Cambia, cambia, cambia… -Murmuro entre dientes mirando el semáforo.

Cuando por fin la luz verde se enciende piso el acelerador y dejo a un lado las ganas de recordar mis días en Forks. Conduzco hasta First Beach y me detengo en el estacionamiento. El crepúsculo se asoma por el horizonte así que una ligera oscuridad me rodea cuando apago las luces. Respiro profundo y tomando la gabardina y el celular bajo despacio del auto. El viento frio del atardecer me hace estremecer, me coloco la gabardina y abrocho los botones escondiendo las manos en los bolsillos. Camino a paso lento por la playa, hay muy pocas personas, los que notan mi presencia me miran frunciendo el ceño a mi ropa. Pasear por la playa en tacones no es recomendable pero no me importa estropearlos. Aunque creo que la que saldría dañada soy yo.

Miro fijamente mis tacones mientras camino. Hace cinco años Christian me prometió unos hermosos tacones que se vieran bien en mis torpes pies. Y ridículamente al día siguiente tocaron mi puerta con un paquete de un desconocido. Esa fue la primera vez que sonreí y fue gracias a Christian.

Los nervios me mataban, yo no quería ver a un psicólogo pero Charlie insistió tanto en pagarme las consultas que tuve que aceptar.

-En estos momentos tiene un paciente, no debe tardar en salir. Puede esperarlo aquí sentada. ¿Desea a café?

La asistente de Jhon ese día estaba muy nerviosa, era su primer día de trabajo. Recuerdo haberle sonreído y negado sus ofrecimientos. Lo menos que necesitaba era algo en el estómago para vomitar por los nervios. Estuve esperando alrededor de hora y media después la hora que me habían pautado a mí. Tal vez era cosa del destino y no debía ir a un psicólogo, tal vez debía mantener mis mierdas dentro de mi propia mente. Me levante para decirle que me iba pero en su lugar no había nadie. La vergüenza se apodero de mí como si me hubieran atrapado haciendo algo malo. En ese momento mire hacia todos lados en busca de una solución pero lo único que se me ocurrió fue tocar la puerta del consultorio.

Estaba tan distraída que no me fije que junto a la puerta había una alfombra, tropecé con ella justo en el momento que la puerta se abría limitando así mis ya de por sí escasas opciones para mantenerme en pie. Lo primero que sentí no fue el suelo si no unos brazos rodeándome, luego mi nariz fue inundada con un suave olor a gel de baño. Mis mejillas se tiñeron de un rojo intenso. Levante la mirada y me topé con unos curiosos ojos grises y una hermosa sonrisa torcida. El rubor en mis mejillas aumento aún más.

-¿Se encuentra bien? ¿Quiere sentarse? –Me pregunto un hombre alto, muy guapo y con un elegantísimo traje gris, camisa blanca y corbata negra me miraba esperando respuesta.

Su pelo rebelde de color cobrizo y brillantes ojos me observan atentamente, necesite un momento para articular palabra.

-Sí, yo… -Me aclare la garganta y me aleje de su toque.- Lo siento, solo quería avisar que ya me voy.

-¿Es usted Isabella Swan? – Otro hombre apareció y no era tan guapo ni tan alto. Bastante joven si, y con actitud profesional.

-Sí. Eh... yo… No molestare más. Vendré en otra ocasión. –Trate de escapar pero no pude.

-No se preocupe, Christian ya se iba. –El hombre vuelve al ataque.

-Ha sido… un verdadero placer conocerla. –Me dijo el atractivo.

Asentí educadamente en respuesta. Él se despidió del doctor con un gesto más frio y luego cuando se iba a ir se detuvo un momento a mi lado, juntando su hombro con el mío haciéndome estremecer y susurro:

-Hasta la próxima, señorita Swan. Le prometo unos hermosos tacones que se vean bien en sus torpes pies.

Lo mire desconcertada, Christian se encogió de hombros y sonrío con malicia.

-Tal vez así pueda andar con buen pie.

Antes de que pudiera responderle como es debido él ya se había ido, dejando una estela de olor varonil y andar despreocupado.

Al día siguiente muy temprano por la mañana tocaron la puerta; un paquete sin remitente, para mí. Cuando lo abrí eran dos hermosos zapatos rojos con un delicado tacón de cristal. Eran justo mi talla. El sentido del humor de quien me los regalo era bastante negro, a decir verdad. Pero aun así me hizo reír.

Debajo de ellos había una tarjeta escrita a mano en la cual rezaba una dirección y un:

"Úsalos bien"

Al igual que aquel día sonreí ampliamente ante el recuerdo. Esa noche cene con Christian, esa noche comencé a vivir de nuevo. Él viento agito mi cabello, la falda de la gabardina sobre la del traje y se coló por entre mis medías haciendo estremecer, las olas rompían aún más fuerte. Levante la mirada hacia el cielo, las nubes grises lo cubrían casi en su totalidad.

Divise humo en las rocas de los acantilados, sacudí la cabeza sonriendo. Estos chicos nunca cambiaran. Camine lento hacia allí teniendo especial cuidado de no dejar que los tacones arruinaran aún más mi día. Los chicos estaban tan ocupados gastándose bromas entre ellos que no me escucharon llegar, Jake tenía bajo su brazo a Seth y lo despeinaba con la otra mano.

-¿Hay lugar para uno más? –Tuve que levantar la voz para poder hacerme oír.

Todos excepto Jacob me miraban sorprendidos. Seth quería zafarse de la llave de Jake pero él parecía ajeno a sus intentos.

-Jacob, ¿podrías soltar a mi hermano? Lo estás ahorcando.

Jake miro hacia Seth y lo libero de inmediato.

-Imbécil, era solo un juego. –Se queja este, luego me mira y sonríe ampliamente antes de correr con los brazos extendidos hacía mi.- Te he extrañado, Bella.

-Pero si me viste hace poco en la gala. –Murmuro despacio.

-Eso no cuenta, fue solo un momento.

Le sonreí y me sostuve de él mientras me quitaba los tacones, era una zona de puras piedras y con ellos terminaría rompiéndome el cuello. Embry se privó en carcajadas y le dijo a Quil "Paga" mientras le daba una palmada en la nuca.

-¿Es que siguen apostando a mis espaldas? –Fingí estar molesta con ellos.

Jacob me hizo un lado junto a él y me rodeo el hombro con un brazo. Seth se sentó a mi derecha. Se estaba bien calientito aquí a pesar de la briza que hacía.

-Lo siento Bella, es inevitable. –Quil se encogió de hombros.

-Avísame y te ayudo con las pagas. –Bromee.

-¿A que debemos el honor, su alteza? –Pregunto Paul.

-Los extrañaba y quise pasar por aquí. –Me encogí de hombros mi mire hacia otro lado.

Después de todo, en parte era verdad.

-No te creo, estas mintiendo. –La voz de Leah salió fría y tajante.

La mire y ella enarco una ceja y sonrió en respuesta. Era su clásica manera de decirme "Te conozco Swan"

-Leah. –Sam la miro seriamente.

Miro a los demás y noto que la compasión ha reemplazado las expresiones de todos. ¿Tan obvia soy? Miro de nuevo a Leah y le sonrío duramente.

-Tú ganas. Deben saber que ellos volvieron, es cierto que me ha afectado eso es más que obvio, pero también es cierto que estoy aquí porque los extrañaba. –Los ojos se me llenan de lágrimas pero esta vez no quise contenerlas.- El no tener que preocuparme por nada por un rato, olvidarme de todo y solo estar entre viejos amigos. ¿Es eso malo, Leah? No quiero ni siquiera hablar de lo que me pasa, por eso miento.

-Está bien, Bella. Ella lo entiende. –Seth trata de calmar las cosas.

-No. No lo entiendo. –Gruñe Leah poniéndose de pie. Su expresión es de pura rabia.- Creí que ya todo estaba olvidado Isabella. Creí que eras feliz con Grey. Maldita sea, creí que ya eras otra persona. Pero aun así estas aquí llorando por un pasado de mierda por unas personas de mierda. Eres una jodida adulta, supéralo ya. ¡Madura de una buena vez!

La miro atónita. Leah nunca ha sido la más dulce conmigo pero tampoco me había tratado tan mal. Una que otra pelea de "hermanas" y ya estaba…

-Leah… -murmuro.

-Y una mierda, Swan. Eres dueña de tu propio maldito mundo, todos te aman, todos quieren verte feliz incluso nosotros y tú solo nos mientes y a cambio nos regalas lágrimas de mierda. Deja de llorar, olvídate de ellos así como ellos se olvidaron de ti. No les importaste, ¿Por qué tendrían que importarte a ti ahora?

Sé que tiene razón. Pero lo que no sé es que responderle. He aprendido a querer a Leah con su mal genio y sus malos tratos pero lo de hoy a rebosado todo lo acontecido durante estos años. Trago duro para liberarme un poco del nudo en mi garganta y le sonrío, ella parece desconcertada por un momento pero luego oculta su expresión detrás de la fría mascara de siempre. Tomo mis tacones y me levanto encarándola.

-¿Sabes porque he fingido todos estos años? Porque sí, en parte he fingido. Ha sido por Charlie, por Raneé, Jacob… incluso por ti Leah. Porque estaba harta de que me miraran con compasión por estar sufriendo, estaba harta de que tú no hicieras otra cosa que sacarme en cara mi error de haberme enamorado de un vampiro. Pero por sobre todo, estaba malditamente harta de tener el pecho hueco y que nadie entendiera mi dolor y solo me juzgaran, a mí y a él.

Me giro y comienzo alejarme. Vine en busca de consuelo a mis mierdas y solo encontré más dolor.

-Así que ahora lo defiendes, a esa asquerosa sanguijuela. –Me acuso.

-¡Leah Clearwater basta ya! –La voz de Sam nos hizo brincar a todos.

Un silencio se cernió sobre nosotros, la noche había caído y solo el mover de los árboles y el romper de las olas llenaban el vacío.

-No lo defiendo. –Murmuro muy bajo, aun de espalda a ellos.- Solo te aconsejo que averigües bien la historia antes de seguir juzgando de esa manera. No solo he salido lastimada yo, Edward también está sufriendo. –Hago una pausa, pronunciar su nombre me quema el pecho. –Pasare a ver a Charlie.

Esto último lo dije solo con la intención de que Jake entendiera donde iba a estar. Y rogando que me pueda perdonar. Sin los tacones se me hizo mucho más rápido el camino de regreso al auto.

Estaba palpando mis bolsillos en busca de las llaves del auto cuando la voz de Seth me asusto.

-¡Bella, espera!

Me giro a tiempo de verlo llegar con una sonrisa que no le llegaba a los ojos.

-¿Qué haces aquí? –Pregunte confundida.

El no responde, sus ojos están puestos en el R8 a mi espalda. Giro los ojos y le aviento las llaves.

-Conduce tú.

Rodeo el auto y abro la puerta del copiloto. Seth mantiene la mirada fija en las llaves y tiene la boca abierta.

-¿Nos podemos ir? Tu trasero no se enfría pero el mío sí.

El no pierde oportunidad, sube al auto poco después que yo y nos ponemos en marcha hacia la casa de Billy.

El silencio es acogedor dentro del auto. Seth ha sido siempre el más tierno de todos ellos conmigo, nunca me juzgo. Solo estaba ahí cuando necesitaba un abrazo o sonreír. Cuando él entro en fase por primera vez al igual que Jacob, tuvo miedo de herirme, pero sinceramente yo le temía más a una pobre ave que a él en su forma de lobo…

-Lamento mucho lo de Leah, Bella. –Comento sacándome de mis recuerdos.

-No te preocupes, ya sabemos cómo es ella.

-Sí, pero eso no le quita que te ha herido aún más. Pude verlo, ya estabas muy herida cuando llegaste y ella solo hizo que el brillo de tus ojos se apagara por completo. –Golpea el volante y chasquea la lengua.- Amo a Leah, mierda es mi hermana. Pero también lo eres tú. Detesto que te trate así, se supone que las chicas son unidas y más aun siendo hermanastras pero con ustedes es todo lo contrario y es gracias a ella.

-Yo jamás he sido considerada una hermana por ella. –Me limito a responder.

Seth guarda silencio sabiendo que es verdad, desde que Charlie esta con Sue todo para nosotros se ha complicado, ellos son felices pero la brecha que se abrió entre Leah y yo se fue expandiendo con cada encuentro, cada discusión. Ahora más que nunca estoy segura de que mi partida fue lo mejor para todos. Cierro los ojos tratando de procesarlo; mi padre ya tiene una nueva familia, alguien que cuide de él, Raneé muy pocas veces llama, yo otras pocas más. Phil y ella están mejor que nunca, sin mí. Cuando los Cullen se marcharon me dejaron muy claro que si habían vivido tantas décadas sin mí podrían hacerlo de nuevo. Jake sale con una chica de la reserva, es feliz con ella, con los demás chicos incluso. Las únicas que se resisten a apartarse de mí son Ángela y Ana lo que me lleva a preguntarme "¿Por qué?".

Estaba tan sumida en mis pensamientos que no me había notado que Seth no me llevo a casa de Billy, detuvo el auto frente a casa de Charlie.

-¿Qué hacemos aquí? Creí que Charlie estaba en casa de Billy. –Le miro confundida él solo sonríe despacio.

-Y yo creí que no querías que él te viera en ese estado. –Se encoge de hombros y baja del auto.

A decir verdad, ni siquiera había pensado en eso.

Estar de nuevo en casa es sumamente extraño, es como una regresión al pasado. El olor de la casa, las paredes aun con su color amarillento, los muebles en el mismo lugar desde hace 22 años, donde Raneé los colocó.

-Creo que lo único que ha cambiado en este lugar soy yo. –Comento en voz baja.

-Pues a decir verdad ni tu habitación ha sido tocada estos cinto años. –Me responde Seth desde algún lugar de la cocina.

Eso me sorprende, creí que Charlie le daría esa habitación a él ya que Leah se quedó con la casa de Sue en la reserva. Subo despacio los escalones acariciando la baranda con la punta de los dedos, la última vez que estuve aquí no me detuve a admirar lo que dejaba, dolía mucho. La puerta de mi habitación permanece cerrada aunque sé que la deje abierta, Charlie debió haberla serrado, un listón azul eléctrico está amarrado en forma de lazo del pomo y pegado a la puerta está un recorte de periódico, es del día que la editorial gano como Mejor Editorial en Junio pasado. ¿Por qué harían eso? ¿Fue Charlie?

-Ese día estabas muy bonita y Charlie muy orgulloso. –La voz de Sue me sobresalta tanto que me giro y retrocedo unos cuantos pasos.- Oh, lo siento cariño.

Respiro profundo unas cuantas veces y levanto un dedo indicándole que me dé un minuto. Cuando logro que mi corazón que normalice un poco le sonrió a medias. Sue no ha cambiado en estos años, sigue siendo la versión mayor de Leah.

-Lamento haberte asustado, pero créeme yo también me sorprendí cuando llegue y Seth me dijo que estabas aquí. –No hace ademan de acercarse más de un metro y yo tampoco, aun nos sentimos incomodas con la presencia de la otra.- ¿Te quedaras para la cena?

Me mira de arriba abajo buscando ¿Qué?, es entonces cuando recuerdo que aun llevo la gabardina que cubre mi traje, las medias cubriendo mis piernas y los tacones negros de 12cm, sin mencionar que a pesar de todo aún estoy maquillada y peinada como una refinada dama. ¿Acaso la he ofendido? Sue arruga un poco la nariz consiente de que yo la estoy viendo, definitivamente hay algo que no le gusta. Recompone el semblante y me ofrece una sonrisa. ¿Qué ha sido eso?

-¿Y bien? ¿Cenaras con nosotros? –Pregunta de nuevo.

-No lo sé, pase solo a saludar.

-Ya es tarde para que conduzcas hasta Seattle. Creo que tendrás que pasar la noche aquí.

Me estremezco fuertemente de solo imaginarlo. Ella lo mal interpreta.

-Debes de estar helada, date una ducha caliente mientras yo preparo la cena. –Me ordena, cual madre autoritaria y baja los escalones sin esperar respuesta.

Levanto las manos exasperada. ¿Una ducha caliente? ¿Cena? Yo solo vine a saludar a papá… Oh, mierda. No puedo quedarme, Ana se preocupara no le dije que vendría a Forks. Pero ya me ha visto Sue no puedo desaparecer. ¿Acorralada? Si, esa sería la descripción perfecta. Doy un largo y lastimero suspiro, giro el pomo de la puerta de mi habitación preparándome para algún tipo de golpe sentimental pero solo siento el vacío, el vacío de una habitación vacía. Aquí solo hay objetos, una cama, la cómoda, una mesa con una computadora vieja… El cobertor violeta aun esta tendido sobre la cama, el espejo aún está cubierto con una sábana blanca. Aquella que le coloque para dejar de ver como envejecía el reflejo…

Me adentro en ella cerrando la puerta a mi espalda, el silencio se cierne sobre mí. Acogedor o no, lo agradezco, ya tengo suficiente con mi mente llena de voces extrañas. Por primera vez en el día me resulta estupendo estar sola, no tener que sonreír ni poner buena cara.

Me quito la gabardina y los tacones dejándolos tirados en el suelo. Camino hacia el espejo y de un solo tirón retiro la sábana, ahí está. El mismo reflejo un poco más viejo y con diferente ropa.

Pero si hay algo que parece no haber cambiado, es la mirada triste.

Me estoy volviendo paranoica. Sacudo la cabeza y me despojo de la ropa, Sue tiene razón necesito un baño. Tomo una toalla del closet y me envuelvo en ella de camino al baño, luego de una larga ducha en la cual estoy segura de que agote toda el agua caliente y mis lágrimas contemplo mi rostro en el espejo empañado mientras cepillo mi cabello con los dedos. Tal vez se deba a mi reciente depresión adquirida o a la poca luz del bombillo pero estoy tomando un aspecto más cetrino y menos saludable. Mi piel suele ser clara y traslúcida pero últimamente esta grisácea y mi expresión se ha tornado demacrada. Mientras admiro mi patética imagen en el espejo, una sensación de Déjà vu se apodera de mi interior, es todo tan parecido a cuando llegue por primera vez a Forks para quedarme con Charlie. Lo que me hace pensar que jamás me adapte a este lugar, creí hacerlo durante un tiempo pero no fue así. Nunca había ido por el mismo carril con nadie, pero en Seattle, con Christian, ha sido muy diferente. Me adapte por completo, tuve que cambiar más allá de mi aspecto pero me adapte. Con Christian me he sentido en casa.

Levanto la mano y miro mis anillos, tal vez después de todo Christian y yo si somos el uno para el otro. No hay prueba más palpable que todo lo que hemos vivido y superado.

-Te extraño. –Le susurro al anillo.- Ojala estuvieras aquí.

El familiar sonido del coche patrulla de Charlie al girar sobre las losas de la acera me sobresalta, el corazón me brinca emocionado en mi pecho. Miro alrededor, hecha un lio, con la repentina sensación de no estar sola. Papá ha vuelto.

Salgo del baño sobresaltada, lo escucho saludar a Sue y Seth y mis piernas se sienten como gelatinas, apretó fuertemente la toalla. Papá está aquí, veré a Charlie y… estoy en toalla.

-Sera mejor que subas a darte una ducha, la cena aún no está lista.

-¿Pero es que acaso huelo mal?

-No, solo que pareces cansado una ducha te vendrá bien.

Charlie refunfuña tal parece que le ha tomado la palabra a Sue. Sus pesados pasos resuenan en los escalones, comienzo a ver su espalda poco a poco. El familiar nudo se va formando en mi garganta y las lágrimas que creía agotadas vuelven aparecer en mis ojos, cuando el termina de subir camina hacia la puerta de su habitación ajeno a mi presencia. No sé qué hacer, el cabello me destila agua, estoy descalza, mis manos están hechas nudos sobre la toalla…

-¿Charlie? –Chillo.

Él se gira lentamente y cuando nuestras miradas se encuentran la sorpresa se refleja en su cara. Las lágrimas se derraman por mis mejillas, Dios mío, esta tan cambiado, unas pequeñas arrugas se han formado alrededor de sus ojos y algunas canas se han unido a su cabello y bigote.

-¿Bella? –La voz le salió ronca y quebrada.

Asiento en respuesta incapaz de hablar. Él se acerca despacio, puedo ver la vacilación en sus movimientos yo doy tres pasos y justo a mitad de camino nos encontramos en un torpe abrazo. Lo he extrañado tanto…

Me alejo consiente de que estoy mojando su uniforme con mí cabello.

-Lo siento, te he empapado. –Le digo con voz ronca.

-Oh, no te preocupes cariño. –Seca mis lágrimas con sus raposas manos.- No me mal intérpretes, estoy contento de verte pero, ¿Qué haces aquí?

-Te he extrañado. –Murmuro avergonzada.

-Yo también, Bella.

Y ahí muere la conversación, me alegra que después de tanto tiempo todo entre nosotros siga igual.

-Voy a vestirme o me resfriare. –Medio sonreí.

La idea de un simple resfriado cuando apenas me estoy recuperando de una leucemia es algo bizarro.

-Está bien, me duchare y nos vemos en un rato. –De repente parece asustado.- ¿No te iras esta noche verdad? Es un poco tarde para que conduzcas hasta Seattle, eres muy joven y andar por ahí… sola… te puede pasar algo…

-Me quedo. –Interrumpo su pequeño discurso.

-Ah, bien, yo…, te veo al rato. –A su manera eso es que está feliz.

-Vale. –Acepto.

Camino hasta mi habitación, el problema en si no es quedarme sí que me pongo. La única prenda que tengo es lo que traía puesto a menos que…

Camino hacia el viejo tocador de madera de pino y abro las gavetas en busca de algo que pueda usar, mis viejas pijamas viajaron conmigo a Seattle y poco después fueron desechadas por Christian cuando comenzamos una relación seria. Aquí solo he dejado pedazos de tela que no usaría ni aunque viviera sola. Suspiro profundamente y me dejo caer de espalda en la cama. Definitivamente mi única opción es el traje que traía puesto.

Alguien da tres suaves y tímidos toques en la puerta. Me levanto y la abro un poco. Seth está ahí sonriendo.

-Creí que necesitarías esto. –Me dice con complicidad.

Abro la puerta del todo y él levanta las manos con algo de ropa entre ellas. Lo miro sorprendida.

-¿Cómo lo has sabido? –Murmuro.

-Te he escuchado hablar con mamá, supuse que no tendrías nada aquí para usar.

-Eres un ángel. –Tomo la ropa y le beso la mejilla.

-No, soy un lobo hediondo. –Bromea arrugando la nariz, haciendo referencia a mis bromas del pasado.- Te dejare para que te vistas.

Se aleja por el pasillo de manera sigilosa para que Charlie no lo pille.

-Seth. –Le susurro. Él se gira y yo le sonrío.- Gracias.

Me lanza un beso silencioso y sigue su camino hacia las escaleras. Cierro la puerta y lanzo la ropa sobre la cama, rebusco entre ellas y encuentro un bóxer, la vergüenza se apodera de mí, este chico nunca cambiara, me lo coloco seguido de un pantalón de pijama y una camiseta grande, muy grande, así que me la vuelvo a quitar y me coloco mi sostén para que no se note nada con la camiseta. Cuando estoy lista para salir mi celular suena en algún bolsillo de mi gabardina, lo reviso desesperadamente y cuando lo encuentro mi corazón da un salto de alegría al notar quien llama. Pero antes de que pueda responder, la llamada se cae y en la pantalla aparece un "Sin cobertura". Mierda.

Corro escaleras abajo en dirección a la cocina, y cuando alcanzo el teléfono marco el número lo más deprisa posible. Sue me mira alarmada yo le sonrió para que no se asuste. Dos timbrazos han pasado cuando responde con voz tranquila y fría, como siempre.

-Grey.

-¡Christian! –Chillo emocionada.- Me he quedado sin cobertura, lo lamento.

-Isabella… -Suspira aliviado, tal parece que le preocupe.- ¿Dónde estás?

-En Forks, con Charlie.

No me disculpo por no haberle avisado, él ha sido el que ha estado alejado.

-No sabía que quisieras volver a ese lugar. –Me acusa.

-Ya… yo tampoco, ha sido de improviso. –Me muerdo el labio, nerviosa.

-¿Ha ocurrido algo?

-No, solo quería visitar a mi padre y bueno se me ha hecho algo tarde. –Cierro los ojos consiente de que esto no le gustara.- Así que… me quedare.

Christian no responde pero puedo escuchar su pesada respiración. Apoyo la frente en la fría pared y espero hasta que por fin dice en voz baja:

-¿Solo por hoy?

Exhalo la bocanada de aire que ni siquiera sabía que estaba conteniendo.

-Sí.

-Bueno, creo que te hará bien pasar un tiempo con tu padre, hace años que no lo vez.

Contento un sollozo, ¿es que no quiere verme más? Creí que se molestaría conmigo por estar aquí.

-Si… yo… eh… -Murmuro.- ¿Te llamo luego, vale?

-De acuerdo. –Murmura de regreso.- Cuídate.

-Tú también.

Ambos nos quedamos un momento más al teléfono pero ninguno dice nada, Christian es el primero en colgar lo que solo hace que mi corazón se encoja más. Cuelgo el auricular y me giro dispuesta a emprender mi huida pero me sobresalto al ver a Seth en la mesa. No lo vi cuando entre en la cocina, Sue se mantiene en silencio frente a la cocina al pendiente de la comida pero sé que también me ha escuchado, tal vez incluso visto.

Seth sonríe ante mi atuendo y me avienta un suéter de lana con el cuello alto que estaba en la silla a su lado. No tengo frío pero la camiseta muestra mucho y sé que a Charlie eso no le gustara. Me lo coloco de manera distraída y camino hacia la parte trasera de la casa. La conversación con Christian ha dejado un sabor amargo en mi boca, tal vez ya no quiera nada conmigo y por eso se aleja, ¿o soy yo la que lo está alejando?. Afuera en el pequeño patio trasero de cara al bosque todo está sereno. Me dejo caer en los escalones de la puerta y abrazo mis piernas apoyando mi mentón en ellas.

Tal vez Christian tiene razón, tal vez debo pasar más tiempo aquí y no solo una noche. Suspiro profundamente. No quiero perderlo. Me quedo allí por un rato jugueteando con mis anillos tratando de mantener mi mente en blanco. La mosquetera a mis espaldas se abre y cierra en un sonido sordo, escondo mi mano entre las mangas del suéter y me giro para ver llegar a Charlie con dos tazas humeantes. Me tiende una y cuando la cojo se deja caer a mi lado. No dice nada, solo da pequeños sorbos a su taza con la vista fija en el bosque frente a nosotros. Lo imito y pruebo la mía.

-¿Cocoa? –Pregunto realmente sorprendida.- Hace tanto que no la tomaba.

-Sue ha creído que te gustaría tomar un poco.

Él no dice más nada, yo no respondo. Cuando estoy a punto de terminar la bebida mi estómago da un vuelco. Estiro las piernas y me recuesto del barandal tratando de tomar aire para calmar el inoportuno malestar lo menos que necesito ahora es irme en vomito delante de mi padre.

-¿Bella sabes que puedes contar conmigo siempre, no es así? –Pregunta de repente tomándome desprevenida.

Lo miro por un momento hasta que el posa sus ojos en mí. Luce preocupado y un poco triste. Asiento en respuesta incapaz de hablar.

-Entonces, ¿Por qué no me cuentas que es lo que realmente está pasando?

Trago fuerte y cálculo las posibilidades que tengo de devolver la Cocoa, de momento no parece haber alarma alguna.

-¿Por qué dices eso? –Preguntó en voz baja.

-Sí hay algo que nunca has podido hacer es mentirme, -afirma- y cuando te he visto hace un rato pude notar que no estabas aquí solo porque extrañaras a tu viejo. –Me mira en modo de disculpa antes de continuar-, he escuchado parte de tu conversación con Christian, algo no va bien. Puedes contármelo, Bella. Sé que jamás he sido el más amoroso contigo pero confió en que tú sepas que a pesar de que no lo demuestro, eres lo que más amo en la vida. Te he visto muy mal en el pasado por culpa de un hombre y lo menos que quiero es que mi niña vuelva a ser lastimada de esa manera, si las cosas no van bien… puedes volver cuando quieras. Esta siempre será tu casa.

Es sin duda alguna la primera vez que Charlie se abre así conmigo. El malestar se ha ido dando paso a las lágrimas. Me las aguanto en un ataque repentino de valentía contagiado por mi padre. Dejo la taza a un lado y me acurruco contra su pecho. El me rodea con sus brazos y apoya el mentón en mi cabeza esperando respuesta. Yo vine a Forks en busca de alguien con quien hablar y al parecer lo he encontrado.

-Tienes razón. –Comienzo- Las cosas con Christian no van del todo bien.

El suspira aliviado de escucharme y me abraza más fuerte.

-Bien, ya estás hablando. ¿Qué ha ocurrido?

Mi cuerpo se tensa, ¿Cómo le cuento sin que le dé un ataque? Me toma de los hombros y me aleja para mirarme a los ojos.

-¿Isabella? –Levanta una ceja.

Bien, ¿Qué más da? De todas maneras se va a enterar por algún chismoso del pueblo. Me aclaro la garganta y bajo la mirada a mis manos que se retuercen ocultas dentro de las mangas del suéter, respiro profundo. Necesito soltarlo. Decírselo yo.

-Hace ya algún tiempo que… Christian me ha estado proponiendo matrimonio.

Me detengo al notar como su respiración se detiene, muerdo mi labio nerviosa, incapaz de levantar la mirada.

-¿Y qué has dicho? –Dice en una exhalación.

Ha sobrevivido al primer asalto, y yo también.

-Por un tiempo me negué, tuve miedo de que nos pasara lo mismo que a ti y a mamá pero él simplemente no desistía.

-Chico listo. –Murmura.

Lo miro asombrada, él se ruboriza y desvía la mirada.

-Continua. –Me pide.

Respiro profundo y lo suelto.

-Así que le dije que sí. –Él asiente un poco ilusionado.- Pero justo desde esa noche todo se complicó para nosotros.

Charlie frunce el ceño, tal parece que esa parte de la historia no le gusto, y presiento que cuando sepa el por qué, se pondrá aun peor.

-¿Por qué dices eso? –Pregunta preocupado.- ¿Es que Christian ya no quiere casarse?

Sonrío ante eso, estuve preocupada durante tanto tiempo porque creí que Charlie no aceptaría a Christian y aquí estoy, viendo como mi padre se preocupa porque Christian no quiera casarse conmigo.

-No es eso. –Murmuro.- Esa noche íbamos a casa de los padres de Christian, él quería contarles y yo quería llamarlos a ti y a Raneé…

-¿Pero? –Pregunta consiente de que ahora sí, he llegado al problema.

-Cuando llegamos a Casa Grey, Grace, la madre de Christian tenía visitas

La expresión de Charlie se torna sombría y un poco exasperada.

-Isabella por favor, termina de hablar claro de una vez. –Refunfuña.

Ok, aquí vamos…

-Han vuelto.

-¿Quiénes han vuelto? No entiendo.

-Grace es amiga de Esme, papá. –Murmuro.- Los Cullen, han vuelto.

Su expresión fue cambiando tan rápido como su color. Sorpresa, palidez. Comprensión, un poco rojo. Y rabia, un morado tan oscuro que llegue a pensar que se estaba ahogando.

-¡¿De qué estás hablando Isabella?! –Grita asustándome. Se levanta y comienza a caminar por el patio, cual tigre enjaulado.- ¿Qué se supone que significa eso? No le basto con hacerte tanto daño sino que también ahora vuelve a arruinar tu felicidad, tu vida. Yo lo mato, juro que lo mato. Ese desgraciado no volverá a herirte…

-¿Charlie? –Me preocupa su presión arterial.

-De ninguna manera permitiré que vuelva acercarse a ti…

-¡Charlie! –Grito.

Él se detiene y me mira furibundo.

-Sé que estas muy molesto pero necesito que me dejes terminar. –Suplico.

-Muy bien, hazlo. –Ordena tajante.

No se cómo decirle, así que opto por la comprensión. Levanto la manga del suéter y le muestro mis anillos. Nuevamente la expresión de Charlie pasa por diferentes facetas. Sorpresa, confusión y por ultimo felicidad.

-¿Dos anillos…? –Pregunta en voz baja.- ¿Se casaron?

Asiento y él parece momentáneamente en shock. Luego, realmente molesto. Creí que solo Christian tenía esa capacidad de cambiar de humor de un momento a otro.

-¿Te has casado y no me has invitado? –Su semblante sigue molesto pero sus ojos denotan tristeza.

-No lo tomes a mal, -Trato de explicarme.- Christian me ha tomado desprevenida el sábado pasado, solo estábamos nosotros. Los Grey aun no lo saben, de hecho eres el primero en saberlo.

Eso parece tranquilizarlo, solo un poco. La puerta se abre de nuevo a mi espalda, esta vez es Seth.

-Mamá dice que la cena esta lista. –Nos informa.

Cojo la taza y me levanto de un brinco aprovechando la distracción para huir, pero por desgracia el mundo decide ponerse de cabeza justo en ese momento. Seth lo pilla y me atrapa atrayéndome hacia su cuerpo dando la impresión de que me hubiera tropezado. Bendito sea este chico.

-Hey, debes tener más cuidado con esos pies. –Bromea.

Respiro profundo un par de veces y le sonrió en agradecimiento.

-Supongo que nunca cambiara. –Le responde Charlie.

Papá pasa junto a nosotros, Seth aún me sostiene, espera que las pisadas se alejen y luego murmura en mi oído:

-¿Estas bien? –Asiento, no muy convencida.- ¿Estas enferma?

Lo miro alarmada y luego miro hacia mi cuerpo en busca de algún moretón pero solo me veo envuelta en su ropa. El parece confundido, le sonrió nerviosamente y lo descarto con un movimiento dela mano.

-Desembúchalo, Grey. –Saca la lengua y hace un gesto cómico al pronunciar mi nuevo apellido.

No puedo evitar reír. Su oído súper desarrollado ha escuchado toda la conversación con Charlie y aun así no me reprocha el no haberle invitado si no que intenta distraerme haciéndome reír. Rodeo su cintura y lo abrazo fuerte.

-Te quiero, enano.

-¿Sabes? Literalmente tú eres más baja ahora. –Me devuelve el abrazo.- Pero también te quiero, Bella. Y no creas que te vas a escapar, tendrás que contarme que te pasa.

-¿De qué hablas? –Pregunto de manera evasiva con la cara aun enterrada en su pecho.

-¿Por qué el mareo? ¿Por qué el aspecto demacrado? ¿Por qué la pérdida de peso?

-¡Hey! –Golpeo su pecho con mi mano.- Para con el tercer grado.

-Entonces responde. –Se torna sumamente serio.

Suspiro profundo. Eso no puedo hablarlo con Charlie, ni Ana, mucho menos Christian. ¿Quién mejor que Seth?

-Creo que estoy embarazada. –Decirlo en voz alta por primera vez lo hace aún más real.

Seth jadea y abre los ojos desmesuradamente, mis ojos vuelven a llenarse de lágrimas, me muerdo el labio para que deje de temblar. Sus manos secan mis mejillas y acunan mi rostro con cariño.

-¿Por eso te casaste con Christian? –Murmura.

-No, él ni siquiera lo sabe.

-¿No le has dicho? ¿Crees que eso sea buena idea?

-No, pero es que solo es una sospecha, Seth. No me he hecho un examen ni nada de eso.

-Oh, Bella. –Besa mi frente y vuelve abrazarme

Siento unas terribles ganas de llorar, pero me las aguanto, mis sollozos no pueden ser vistos por Charlie, no ahora.

-Seth, Bella. La cena se enfriara. –Sue nos hace volver a la realidad.

Me alejo de él y me seco las lágrimas que aún quedan en mi rostro y le sonrío. Seth me devuelve una radiante sonrisa despreocupada y rodea mi hombro con su brazo mientras entramos.

-Si él se desentiende, avísame que yo lo crio. –Murmura en mi oído.

Me detengo y lo miro sorprendida, la risa brota a través de mi boca como solo él es capaz de causarla. Sus ocurrencias no tienen límite. Seth me levanta en sus brazos, grito sorprendida y me agarro de su cuello aunque sé que es incapaz de dejarme caer.

Cuando llegamos a la mesa Charlie y Sue nos miran sonriendo. Cenamos entre risas y viejas historias, pillo a Charlie mirando a ratos mi anillo aunque en ningún momento lo comenta con ellos. Cuando terminamos Seth y Charlie se van a ver el partido de baloncesto mientras yo ayudo a Sue a lavar los platos.

-¿Sabes Bella? Incluso con esa ropa enorme de Seth te ves mejor que con esa otra que cargabas. –Comenta de manera despreocupada.

Me siento momentáneamente aturdida. Mantengo el rostro inexpresivo y la mirada fija en el plato entre mis manos. Sue apoya su mano en mi hombro y aprieta suavemente.

-No me mal interpretes cariño, es solo que creo que esa no eres tú. –La miro aun sin comprender del todo.- Bella, tu siempre fuiste una chica simple, no te importaba la ropa cara o el maquillaje. Ahora solo vives maquillada y con un traje diferente de alta costura cada día. Sé que tu trabajo lo amerita, y esos eventos a los cuales asistes. Pero nunca olvides lo que realmente eres, aquí. –Señala mi corazón.- Esa chica dulce y frágil, pero fuerte y emprendedora. No el rostro bonito que sale en los periódicos.

Me quita el último plato de las manos y lo seca. Luego se aleja para sentarse a ver televisión junto a papá. Me acerco a la sala y los veo ahí con sus sonrisas y miradas felices. Me apoyo durante un momento en el umbral y trato de imaginarme junto a ellos, como una… familia y, no puedo. Contrario a lo que diga Sue, me siento más en familia con Christian y los Grey, con mis trajes caros y la cara bonita de los periódicos. A pesar de que papá está ahí, esta es su familia, no la mía. Me alejo y subo las escaleras mientras un profundo sopor me nubla la mente. De manera casi mecánica, me preparo para ir a la cama sin prestar atención a lo que hago. Me acurruco debajo de la colcha, aovillándome como una pelota, abrazándome, para conservar el calor.

La cabeza me sigue dando vueltas, llena de imágenes que no logro comprender, y algunas otras que intento reprimir. Al principio no tengo nada claro, pero cuando gradualmente me voy acercando al sueño se me hacen evidentes algunas certezas.

.

.

.

A la mañana me resulta un poco difícil luchar con esa parte de mi mente que intenta convencerme de que todo lo que ocurrió la noche pasada fue solo un sueño. Pero, cuando abro los ojos y miro a mí alrededor la realidad me golpea y la parte racional gana. No ha sido un sueño.

En el exterior, el día esta brumoso y oscuro. Me levanto de un brinco y al igual que todas las mañanas pasadas desde hace algunos días el mareo me golpea, me tambaleo y caigo de culo en la cama. Parpadeo varias veces hasta que todo deja de moverse y vuelvo a intentarlo. Reviso las gavetas de mi tocador en busca de un cepillo de dientes nuevo que nunca use y estoy segura que lo deje aquí. Cuando lo encuentro al final de la gaveta detrás de algunos libros sonrío. Luego de lavarme los dientes e intentar deshacer los nudos de mi cabello, de nuevo con mis dedos, me doy por vencida y bajo las escaleras en busca de algo de comer, me muero de hambre. En la cocina descubro a Charlie desayunando junto a Seth.

-Buenos días.

-Buenos días, Bella.

-Buenos días, hija.

Responden al mismo tiempo, se sonríen y siguen comiendo. El olor del café hace que el estómago me dé un vuelco. Me giro y camino a paso lento pero seguro de nuevo hacia las escaleras.

-¿No vas a desayunar, Bella? –Mierda.

Me detengo aunque no me giro para mirarlo.

-Sí, solo… -Una arcada me ataca y tengo que aguantarla antes de continuar.- Olvide mi celular.

-Eso puede esperar, ven a comer…

-Déjala Charlie, sabes cómo es, de seguro si necesitan algo de la Editorial, intentaran comunicarse con ella.

Bendito sea el día en que Seth me acepto como hermana. Corro escaleras arriba y me encierro en el baño, a penas logro llegar al váter para devolver todo lo que cene anoche. Bajo la palanca y me dejo caer en el suelo. Aun me siento asqueada. Así que regreso a mi habitación por mi celular y doy tiempo de que el olor a café se vaya de la planta baja antes de volver. Desde la escalera veo a Seth lavando los platos y noto que Charlie ha desaparecido. Me tapo la nariz con el cuello del suéter y camino hacia la cocina mirando en busca del café. Seth me ve en mi aspecto ninja y suelta una carcajada.

-Tranquila, me he desecho del villano. –Bromea y señala la cafetera.

Retiro el suéter y bajo la mirada avergonzada.

-¿Cómo lo supiste?

-A Emily le pasaba igual. –Se encoge de hombros.- Hay cereal y algo de fruta.

-Gracias. –Murmuro.

Desayuno en silencio y despacio temiendo tener que correr de nuevo al baño. Seth se sienta frente a mi cuando termina de lavar los platos y me mira atentamente.

-Desembucha, Clearwater.

-Quiero trabajar en la Editorial.

Escupo el jugo que estaba intentando tomar y me ahogo con el que ya había tragado. Él me da unas suaves palmadas en la espalda y me ayuda a limpiarme.

-¿De qué hablas?

-Oh, vamos Bella. No soy un niño necesito trabajar.

-Adoro que quieras valerte por ti mismo, pero no entiendo porque quieres irte a Seattle. –Lo miro desconcertada.- Aquí hay muchas tiendas con pocos trabajadores, ya sabes cosas que puedes hacer sin alejarte.

-No me alejare, vendré a visitarlos seguido. –Argumenta.- Además, la universidad de Seattle tienen un buen programa, podre pagarme mis estudios si trabajo; cerca de la universidad.

Él tiene razón pero yo también tengo mi punto.

-Háblalo primero con Sue, estoy segura de que no le agradara que te vayas. –Y menos conmigo. Agrego para mis adentros.

Luego de que termine mi desayuno, Seth me comento que Charlie salió de pesca así que yo decidí hacer mi propia expedición del día. Tome algunas cosas de mi habitación, me despedí de Seth y salí lo más de rápido que pude y me metí en el auto. Contando que aún estoy enfundada en el pijama de Seth no sería divertido si me vieran así.

Conduzco hacia el norte del pueblo pasando el puente sobre el río Calwah, es extraño estar de nuevo recorriendo este camino pero ignoro toda la sensación extraña que intenta formarse en mi interior. Cuando me detengo frente a la casa blanca en medio de la pequeña pradera, apago el auto y tomando el sobre del asiento a mí lado camino hasta la puerta, adentro todo se ve igual que antes de la fecha límite. Sin sábanas blancas cubriendo las mesas ni polvo. De seguro alguno de ellos paso por aquí recientemente, lo que me da más ánimos de hacerlo. Giro el pomo y la puerta se abre, cierto temor a ser descubierta se apodera de mí pero intento no prestarle atención. Subo las escaleras trotando hasta el último vestíbulo y luego hasta la última puerta. Abro la puerta teniendo especial cuidado de no mirar mucho, dejo el sobre puesto en el sofá de cuero y salgo de la casa pitando como si mi vida dependiera de ello. Subo al auto y conduzco devuelta hasta la casa.

La patrulla de Charlie ya ha regresado. ¿De verdad tarde tanto? Pero no es eso lo que me preocupa, son las dos SUB y el R8 negro que están aparcados junto a la patrulla.

Christian…

Detengo el auto junto al de Christian y corro emocionada hacia la casa, abro la puerta y entro a trompicones aunque gracias a Dios tengo la puerta para sujetarme. Seth me mira desde su lugar en el umbral de la sala y se ríe negando con la cabeza.

-Por Dios, Bella. Ten más cuidado.

Le hago señales de que se calle, cerrando mi boca con un cierre. El levanta las manos en señal de rendición y señala hacia la sala. Le pregunto en señas si es Christian y el asiente. Mierda, mierda.

Respiro profundo y camino hacia su lado, el me da unas palmaditas en la espalda y murmura en mi oído.

-Suerte, está un poco enfadado. –Camina hacia la puerta y luego se gira y camina de espalda sonriéndome.- Ah, por cierto. Mamá ha dicho que sí. Christian ha hablado con ella.

-¡¿Qué?! –Grito sorprendida.

Me giro hacia Christian y cuando estoy a punto de decirle sus buenas palabras a Grey él ya está a mi lado. Respirándome en la pata de la oreja como quien dice, pero en un término muy literal.

-Hola señora Grey. –Sonríe ampliamente. Aturdiéndome por completo.

¿Señora Grey? Maldito manipulador.

-Christian. –Murmuro en forma de saludo.

-Interesante ropa. –Se burla mirando mi pijama.

-Es de Seth. –Explico- No tenía nada más que usar.

El levanta una ceja y sus ojos se oscurecen. ¡No puedo creer que esté pensando en eso justo en frente de Charlie!

Miro nerviosamente a papá pero él no está. Lo busco con la mirada por todo el lugar y definitivamente ya no está.

-Nos ha dado un poco de privacidad. –Me informa Christian adivinando mi pensamiento.

-¿Qué es lo que tú y Charlie han estado hablando? –Incluso luego de formular la pregunta me arrepiento.

-Me ha contado muchas cosas, como que le dijiste lo del matrimonio. –Hace un pausa y me mira fijamente, mantengo mi rostro inexpresivo.- Me sorprendió a decir verdad. Creí que venias aquí por algún otro motivo.

Su comentario me toma desprevenida. ¿Acaso él sabe por qué vine?

-¿Algún otro motivo? –Repito.

-Lo hablaremos después. –Ordena tajante.- Ahora solo quiero que me saludes, como debe ser.

De golpe, me agarra por las caderas y me arrastra hacia él, mientras yo hundo las manos en su cabello y su boca me reclama. Me empuja contra la pared de la sala mientras su lengua encuentra la mía. Yo jadeo en su boca, y una de sus manos me sujeta el pelo y me echa hacia atrás la cabeza mientras nos besamos salvajemente.

-Hola. –Dice bajito.

Mis mejillas se tiñen de un rosa suave, tengo que echar mano a toda mi contención para no dejarme llevar por mis instintos y lanzarme sobre él aquí mismo, en la sala de Charlie.

-Hola. –jadeo, con la boca seca.

Me sonríe maliciosamente. Oh, tiene una sonrisa maravillosa. Acaricio su mejilla con la punta de mis dedos, él cierra los ojos por un momento y cuando los abre el gris parece estar brillando más que nunca.

-Te he extrañado. –Susurro.

El no responde, me atrae hasta su cuerpo y me abraza fuertemente. No estoy segura de que significa eso pero me siento momentáneamente bien de estar entre sus brazos. El olor de su colonia inunda mis fosas nasales y me produce asco.

-Oh, no. –susurro.

Me alejo de Christian lo más rápido que puedo y subo las escaleras rogando no caerme. Cuando llego al baño devuelvo todo el desayuno, alguien me ayuda a sujetar mi pelo, cierro los ojos con fuerza arrepentida de haberme olvidado de cerrar la puerta. Cuando por fin todo ha acabado me dejo caer en el suelo y entierro mi cara entre mis rodillas. Veo las piernas de Christian doblarse hasta quedar acuclillado frente a mí. Lo inevitable se acerca.

-¿Por qué no me dijiste que te has seguido sintiendo mal? –Musita en voz baja.

Levanto la cabeza para poder mirarlo a la cara. Luce preocupado. Pero su lógica enciende una bombilla en mi cabeza, el cree que es por la enfermedad. ¿Y si no estoy embarazada, y si todos los mareos y el vómito son por la leucemia? Tal vez la medula no funciono…

-Lo siento. –Murmuro, no muy convencida de por cuál de todas las razones me estoy disculpando.

-¿Has hablado con Matt? –Niego y el suspira frustrado.- Ven levántate, nos vamos.

Le dejo que me ayude a levantarme. Pero definitivamente no me puedo ir aún.

-Necesito una ducha, y ropa. –Me quejo.- No me puedo ir así, Christian.

-Eso supuse, te he traído algo de ropa. Iré a buscarla al auto.

¿Eso fue una orden? ¿A su manera? Yo digo que sí lo fue.

Él se va, cerrando la puerta a su espalda, dejándome sola en el baño. Tomo eso como una buena señal, no quiero que me vea usando los bóxer de mi hermano menor. Me desnudo, tirando el pijama en la cesta de la ropa sucia y me doy una ducha rápida.

Cuando salgo del baño envuelta en la toalla, Christian está apoyado en la pared junto a la puerta y un pequeño bolso de viaje descansa a sus pies. Me muerdo el labio y le hago señales para que me siga. Entramos a mi habitación y cuando él deja el bolso sobre la cama y cierra la puerta me dedico a arreglarme. Es la primera vez que Christian está en la casa, por consiguiente es la primera vez que él está en mi antigua habitación.

Me coloco la ropa interior, un bonito conjunto blanco de bragas y sostén estraple. De pie, frente al espejo de cuerpo entero intento deshacer los nudos en mi cabello y seco el exceso de agua en él. No tengo nada con que arreglarlo, Christian quien ha dejado de pasear por la pequeña habitación me mira de arriba abajo por el espejo y levanta una ceja.

-¿Qué sucede? –Pregunta.

-¿Qué buscas? –Contraataco.

-Nada en especial. Solo que siempre tuve curiosidad de saber cómo era tu habitación.

-¿Y bien? –La situación es algo incomoda.- ¿Es como la imaginabas?

-No, no lo es. La habitación de Mía siempre ha tenido fotos y cosas de chica pegadas por todas partes. –Hizo un ademan con la mano y señalo las paredes.- Y aquí… no hay nada.

Lo miro por un momento a través del espejo, y luego me giro y camino hacia el armario, corriendo la puerta tomo la caja azul que está en la parte superior y se la entrego.

-¿Qué es esto?

-Mis cosas de chica.

Su cara es todo un poema, sonrío y continúo arreglándome. Mientras me coloco las medias, Christian se hace un lugar en la cama, junto a mis cosas, y vacía la caja ahí. Las fotos de mi época en el colegio, con Jake en la reserva y unas cuantas con Charlie lo sorprenden. Las mira todas atentamente.

-¿Ángela? –Pregunta sorprendido ante la foto de una desgarbada muchacha junto a Jessica y a mí.

-Sí, -sonrío.- Ella no sale en muchas, solía ser quien las tomaba en esa fue obligada por Jessica y Tayler.

-Las personas sí que cambian. –Murmura mirando atentamente la foto.

No estoy segura de sí lo dice por Ange o por mí. Desecho el pensamiento y tomo el leggins negro de la cama y me lo coloco, luego el buzo gris liso remangado hasta los codos y unas sandalias negras totalmente planas. Me sorprende la ropa que él ha escogido para mí pero decido morderme la lengua y no le digo nada. Recojo mi cabello en un moño desordenado con una liga que encuentro en la cómoda y comienzo a recoger mis cosas en el mismo bolso dejando solo la gabardina por fuera para usarla en el camino. Christian a todas estas ha estado observando foto tras foto sin prestarme atención alguna a mí. Me coloco a su lado con las manos sobre la cintura y el levanta la vista.

-Estoy lista. –Le informo.

El me mira por un momento y luego mira la foto en sus manos. Me acerco para mirarla mejor y me quedo petrificada.

-¿Cómo ha llegado eso hasta ahí? –Balbuceo.

Le quito las fotos de la mano y reviso las demás, todas están ahí. ¿Cómo mierda llegaron esas fotos ahí?

-¿No sabias que estaban ahí? –Pregunta con el ceño fruncido.

-No… -Murmuro sentándome a su lado.- Habían desaparecido… ¡Todas estas fotos habían desaparecido hace cinco años!

La desesperación hace acto de presencia en mí, camino de un lado a otro mirando en todas direcciones en busca de algo más de lo robado, pero no hay nada a la vista. Camino hasta la ventana y quito el pestillo para abrirla, esta sube sin protestar. Entrecierro los ojos, esto no debería ser normal. Lleva años sin abrirse de nada ¿porque esta como si hubiera sido movida recientemente? La respuesta llega a mi mente de inmediato. Edward.

-¿Porque te pones así? Es… normal que tengas fotos con ellos. Formaron parte de tu pasado, Bella. Eso ni siquiera yo puedo cuestionarlo.

Christian vuelve a la máscara de tranquilidad que uso el sábado pasado. No puedo más con esto, Leah tiene razón debo madurar y dejar el maldito pasado atrás. Guardo de nuevo las fotos en la caja y la coloco en su lugar en el closet.

-¿Nos vamos? –Él va a discutir cuando lo corto:- Tienes razón, formaron parte de mi pasado. Ya no tienen la más mínima importancia.

Algo brilla en sus ojos, se levanta y se acerca a mí rodeando mi cintura con sus brazos, coloco mis manos en su pecho, me mira de una manera totalmente nueva, solo vi esa mirada en el Acuario, cuando el juez dijo que ya éramos marido y mujer.

-¿Eso significa que has vuelto? ¿Mi Bella ha vuelto?

-Christian… -Suspiro frustrada.- Nunca me fui. ¿Cuándo vas a entender que jamás te he dejado?

-Pero, lo hiciste. –Me acusa.

El dolor en su semblante…

-No, lo único que hice esos días fue pensar en ti, extrañarte. Además lo hice porque creí que tú querías hacerlo.

-Yo jamás querría apartarte de mi lado, Isabella. –Frunce el ceño, ofendido.- Estaba molesto por la llegada de él, por cómo te comportaste, toda… extraña. Cuando supe lo de tu enfermedad me dolió tanto que no hubieras confiado en mí… pero créeme, yo, por iniciativa mía, jamás te dejare. Te quiero a mi lado siempre.

Sus palabras cavan hondo en mi pecho. Sé que ahí hay una impronta, una promesa. ¿Pero qué pasa cuando una promesa es hecha sobre otra? ¿Cuál de las dos se romperá?

"Si encontramos a alguien que de verdad nos ame o amemos lo suficiente para ser felices, lo dejaremos. Pero siempre seremos tú y yo. Juntos o con otras personas. ¿Sí?"

Esas palabras siguen dando vueltas una y otra vez en mi mente.

-Dejemos todo eso atrás, Christian. –Suplico en voz baja.- Está claro que yo siempre te elegiré a ti y que tú no me dejaras a mí. ¿Seamos solo tú y yo, si?

Él sonríe con cariño, abaja su cabeza hasta mi cuello y lo acaricia con la nariz.

-Es lo que más deseo en el mundo. –Murmura contra mi piel.

Su fresco aliento me hace estremecer, me mordisquea el lóbulo de la oreja yo gimo y él se ríe. Se aleja un poco, levanta una mano y me acaricia la mejilla, con los ojos brillantes. Muy serio.

-Te amo, Isabella Grey. –Dice.

Sonrío ampliamente, feliz de tenerlo a mi lado a pesar de tanta mierda. Junto mi nariz con la de él haciéndolo sonreír.

-También te amo, Christian Grey. –Murmuro contra sus labios.

Las palabras se acaban, yo estoy momentáneamente perdida en sus labios, tal y como siempre que me besa Christian hace que pierda la noción del tiempo.

Me besa con pasión, mordisquea mi labio inferior un segundo y luego mete la lengua entre mis labios. El deseo estalla en todo mi cuerpo, y le respondo a sus besos con idéntico ardor, entrelazo las manos en su cabello y tiro de él con fuerza. Él gruñe, y ese sonido sordo y sexy del fondo de su garganta reverbera en mi interior. Christian desliza la mano por mi cuerpo, hasta la parte de arriba del muslo, y sus dedos hurgan en mi piel a través de la tela del leggins.

Yo vierto toda la angustia y el dolor de los últimos días en nuestro beso, le ato a mí. Y en ese momento de pasión ciega me doy cuenta de que él hace lo mismo, de que siente lo mismo.

El sonido de la voz de Charlie en la parte inferior de la casa nos hace separarnos de golpe, Christian me mira incrédulo con la reparación jadeante. Sus ojos hierven de deseo encendiendo la sangre ya ardiente que palpita por todo mi cuerpo. Tengo la boca entreabierta e intento recuperar el aliento.

Su expresión cambia de incrédula a divertida, haciéndome sonreír a mí también. Hemos estado a punto de dejarnos llevar por el deseo y ser descubiertos por Charlie.

-Sera mejor que nos pongamos en marcha. –Bromea.

Toma el bolso y me tiende una mano. Recojo mi gabardina y tomando su mano bajamos aun sonriendo. Charlie está en la cocina hablando con Sue cuando nosotros bajamos. Nos levanta una ceja y por un momento parece molesto pero luego sonríe. Corro hacia él y lo abrazo.

-Te quiero, Charlie. –Murmuro.

-Yo también, Bella. Yo también. –Me da unos golpecitos en la espalda.

Me alejo un poco y le sonrió. Esta ruborizado y muy incómodo.

-¿Algún día esto cambiara? –Bromeo.

-¿Quién dice que debo cambiar? –Refunfuña.

Me río y beso su mejilla.

-Tengo que irme.

Lo suelto y me acerco de nuevo a Christian, este me sonríe y le tiende la mano a Charlie para despedirse de él. Busco mi teléfono en los bolsillos de la gabardina y no lo encuentro, hago memoria y recuerdo que la última vez que lo use tenía el pijama de Seth. Le doy la gabardina a Christian y corro escaleras arriba en busca de él. El efecto está en el bolsillo del pantalón. Tengo dos e-mail y un mensaje de voz. Abro el correo y me sorprende ver uno de Ana.

De: Anastasia Steele.

Fecha: 21 de Septiembre de 2013 11:57

Para: Isabella Swan

Asunto: ¡Te voy a matar!

¿Se puede saber cómo es eso que estas en Forks? ¿En serio, Isabella? ¡¿FORKS?! Christian llego ayer de su viaje y andaba como loco buscándote, le dije que estabas en Villa B y resulta que tú habías desaparecido del mata sin a-v-i-s-a-r-m-e.

La próxima vez que decidas escabullirte al menos confía en mí, idiota. ¡PIENSA EN MÍ! Casi me quedo sin cabeza.

Ah, tu psicólogo ha estado llamando durante toda la mañana preguntando por ti. ¿Hay algo que no me hayas dicho? ¿No? Ok. *Nota el sarcasmo, por favor*

Sin más nada que decir, una muy preocupada Anastasia Steele.

Mierda. Me cojo la cabeza entre las manos e intento pensar en una buena disculpa para cuando llegue.

Abro el siguiente correo y es de Sonia Smith. Tal parece que le ha encantado la portada de publicación del libro. Recuerdo que fue Alice quien tomo las fotos, quien me ayudo con la portada…

Reviso el mensaje de voz.

"Hola, Bella. Me he tomado el atrevimiento de robarme tu número… Una semana me ha sido suficiente para darme cuenta que jamás aceptare que te perdí. ¿Y sabes por qué? Por qué no pienso renunciar a ti, ni siquiera con ese anillo en tu dedo… Una vez una joven muy testaruda me dijo que el matrimonio solo era un papel, ahora pienso tomarle la palabra. Fueron muy sabias. –Se ríe, puedo imaginarlo. La piel se me eriza.- Nos vemos pronto"

Cuando el mensaje termina guardo el teléfono de prisa en el bolsillo del leggins y bajo las escaleras. La puerta de entrada está abierta y las voces de Charlie y Christian me llegan desde la parte delantera de la casa. Cuando salgo Christian esta de espalda lo abrazo y coloco mis manos sobre su pecho. Él se tensa un momento y cuando ve que soy yo se relaja y sonríe.

-Hola nena. ¿Qué hacías? –Pregunta mientras acaricia el anillo en mi mano, sobre su pecho.

-Buscaba mi celular. Lo había dejado olvidado.

Apoyo mi mentón en su brazo y miro a Charlie quien me devuelve una mirada interrogante. Niega con la cabeza y se despide de Christian. Taylor sube al R8 de Christian y Sawyer y los demás se ocupan de las SUB. Todos arrancan y se pierden cuesta abajo. Christian me tiende las llaves de mi R8 y yo me niego, no quiero que me esté presionando por mi forma de conducir.

-Conduce tú. –Le digo y me alejo de él en dirección al coche.

Abro la puerta del copiloto y me topo con el desorden que causo mi cartera. Recojo mis cosas de prisa y las meto en la cartera. Christian sube al auto y me pilla. Sonríe maliciosamente.

-¿Terremoto? –Bromea.

-Calla. –Murmuro avergonzada.

Él se ríe y pone en marcha el auto, me despido de Charlie con la mano y le sonrío.

Cuando Christian pone el auto en la carretera a las afueras de Forks, el atardecer se asoma. Recuerdo la voz de Edward susurrando:

-Es la hora del crepúsculo

Miro fijamente por la ventana del coche… Déjà vu.

Hace una semana exacta estaba recorriendo este mismo camino junto a la misma persona y pensando en él.

-Son sombras. –Murmura Christian de repente.

Le miro confundida, él se percata y señala hacia el horizonte.

-Son las Sombras de un Crepúsculo, nena.

Christian sonríe sin rastro de humor. Me toma la mano y besa mis anillos.

-No me hagas caso, vamos a que te revise un médico.

No respondo. Tal y como están las cosas sé que nada bueno saldrá de esto. Embarazo o enfermedad, Christian lo repudiara de igual manera. Me hundo en el asiento del auto y con el sonido del ronroneo del coche a nuestra espalda vuelvo a mirar hacia el crepúsculo.

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¡Holaaaaaaaaaaa! ¿Que tal? Mil gracias a Little Cosmo Girl, Kawaii Tsuki-Chan, Karlita Cullen, Oschii, a mis dos Mari (maric15 y Mariibett) y por último y no menos importante a mi TibyTiby; por sus hermosos reviews. Gracias por dedicarle un poquito de tiempo a mi historia, gracias por el apoyo.

A las que recomiendan mi fic; ¡Son un amor! ¿Ok?

A las "lectoras fantasmas", como las llama una amiga, les pido que den su opinión sobre el fic dejando reviews, sé que a veces fastidia pero para nosotras que estamos de este lado de la historia es muy importante saber que les parece.

Las aprecio mucho, de verdad.

Espero con ansias los nuevos reviews.

xx

Maiia.