Inglaterra llega corriendo a la puerta de la catedral de Berna donde ha quedado con Suiza. Llega un poco tarde porque el avión se ha retrasado, porque ha venido con Air France, porque alguien pensó que podían verse solo quince minutos en Charles de Gaulle y se convirtieron en una hora y cuarto… y hasta tuvo que cambiar el vuelo de Swiss que de hecho tenía que tomar...
El taxi lo ha dejado en Münsterplatz, pero justo del lado opuesto, haciéndole cruzar la nombrada plaza corriendo. Suiza está paseando por ahí de arriba a abajo mirando el reloj. Por suerte Inglaterra consigue no meterse una leche y comerse los adoquines antes de llegar hasta donde está.
—Hello!
—England, hello! ¡Me preocupabas!
—No, no. No pasa nada, disculpa, he tenido que cambiar mi vuelo a último momento por... ehm... unos... problemas con... mi pasaporte. Y luego se ha retrasado. Ejem. Pero ya está todo arreglado. ¿Hace mucho que esperas? ¿A qué hora hemos quedado con el obispo?—le tiende la mano a modo de saludo.
—En veinte minutos—especifica asintiendo un poco y apretándole la mano de vuelta.
—Ah, perfecto. ¿Quieres tomar un té antes de ir?
—Té. Mmmm. Yes, Yes. Vamos, creo que nos queda un poco justos de tiempo, pero hay un lugar aquí enfrente —asiente empezando a apresurarse a ir allá. Inglaterra sonríe y se va detrás.
—Si prefieres podemos ir a buscar al obispo y decirle que ya estamos, tal vez pueda atendernos antes...
—No puede, ya sabe que estoy aquí, es lo primero que intenté —explica.
—Oh... vamos por té entonces. Dijiste que tenía que entrevistarte, ¿verdad? Por todo ese asunto de comprobar que nadie está siendo forzado y conoceros como pareja.
—Yes. Lo cual hace absurdo que esté aquí contigo y no con Österreich.
—Pensaba que quería entrevistaros por separado.
—Querrá hablar con cada uno. Pero hablar con él juntos la primera vez no estaría necesariamente mal.
—¿Cómo lleváis todo eso? —pregunta entrando a la cafetería. Suiza suspira entrando tras él.
—Mal. Es decir, ehm, no tan mal. Hay cosas que van mejor que antes —como mi tranquilidad mental.
—Ah ¿sí? ¿Cuáles?
—Yes. Hay cierta... Tranquilidad y naturalidad. Saber que las cosas son como creo —se sientan en una mesa.
—Oh...
—Aunque va para las dos partes y el muy idiota se ha relajado también y no hace nada de lo que quiero. ¿Puedes creer que no me contesta el teléfono?
—Pero me parece que antes tampoco lo hacía... ¿o sí?
—¡No, pero ahora tiene la obligación de hacerlo!
—Las... "obligaciones" —hace los ojos en blanco mientras marca las comillas con los dedos y le mira comprensivamente después de pedirle a la camarera el té.
—¡Pues estoy intentando organizar una boda con él y NECESITA contestarme! ¡Y no lo hace! —protesta pidiendo el suyo.
—Deberías decirle que si no te contesta, no organizas nada.
—¿Y tú crees que va a hacerme caso? ALGO de caso. Va a conseguir la manera de no hacer nada —se sonroja un poco pensando en su papelito que dice "Schweiz".
—¿Pues quién va a organizarlo todo entonces?
—Yo he organizado TODO, él solo protesta.
—Pues por eso, deja de organizar y verás como no le queda más remedio que mover el culo. Además, puedes pedirme ayuda si necesitas, soy tu padrino y para eso estoy.
—Mmm... ¿Crees? Fran...Ehm... ¿Crees que funcione? —pregunta y se aparta un poco cuando les sirven las bebidas.
—O eso o te echará una bronca peor.
—La realidad es que no es que no PUEDA organizar. El problema aquí es que lo que organizo no le gusta.
—Pues más motivo, si no le gusta que lo haga él.
—Pero es que no le conoces, es VERDADERAMENTE perezoso y no HACE las cosas que yo quiero. Aunque habla y arregla algunas, pero si yo no hiciera nada, seguro esto no pasaría.
—¿Qué pasaría?
—No lo sé. No pasaría nada. No nos casaríamos.
Inglaterra levanta las cejas dejando de mezclar su té.
—¿N-No quiere?
Suiza parpadea.
—Sí quiere. Él me lo pidió —se agarra a eso como su tabla de salvación.
—Entonces ¿por qué crees que no iba a pasar?
—Porque le conozco y no suele hacer nada. Aunque sí que piensa en cosas útiles como en la tarta, que había olvidado.
—Aun pienso que puedes pedirme ayuda a mí si quieres.
—¿Pero sabes qué hace? Cosas que nunca me había dicho antes viene y me las dice como si me lo hubiera pedido desde el principio —acusa al austriaco frunciendo el ceño feliz de poder quejarse.
—¿Eh?
—Si hago una cosa, viene y me dice que él me la pidió de otra manera. ¿Sabes? ¡Me pidió un fotógrafo! ¿Tú sabes de donde sacar algo así?
—Pues... of course. Yo lo buscaré.
—Oh! Really? Thank you! —le mira otra vez impresionado de que Inglaterra haga cosas por él de manera... Gratuita—. Thank you.
—Yes —sonríe—. Te gustará tenerlo, además, porque luego te gustará ver fotos de ese día. Te harán sentir feliz —explica pensando que él solo tiene una por culpa de todo el secreto y en ese aspecto le jode un poco.
—Ver las fotos después —le BRILLAN los ojos porque no había pensado en eso.
—Yes. Además, cualquier cosa que elijas ahora, lo recordarás para siempre. Hasta los calzoncillos que llevabas ese día o el vino que tomasteis.
—¿L-Los calzoncillos? No me extraña, creo que debe ser un día como ningún otro.
—Yes. Yo tengo una etiqueta en los míos con las iniciales UK bordadas para saber cuáles son y me los pongo a veces cuando tengo algo importante o difícil que hacer o estoy triste —explica sin pensar. Suiza levanta las cejas con eso pero no presiona.
—¿Y... Él? ¿Para él será igual?
—Pues supongo —se encoge de hombros—. Pasó con el vino, compró un montón de botellas como la que... —sonríe un poco—. Yo elegí. Por pura suerte. Sé que lo hizo, las tiene en la bodega.
El suizo le mira con el ceño desfruncido imaginando a Austria haciendo algo relacionado con su boda, con cierta ilusión.
—Supongo que él no es tan devoto de la ropa interior como lo es del alcohol —sigue, bromeando un poco sin notar las cosas que implican lo que cuenta. Suiza sonríe un poquito.
—Pero él es... Latino. Österreich. No me lo imagino haciendo esas cosas.
—Hará otras... como lo de la música, ¿no? ¿Cómo hizo las otras veces?
El helvético frunce el ceño.
—Esta no es una de las otras veces. Y no sé. Las otras veces yo no estaba para saber si tiene aún unos calzoncillos especiales de Ungarn que se pone cuando está de mal humor.
—A lo mejor podemos preguntarle a Hungary.
Suiza abre la boca azorado.
—¡¿P-P-Preguntarle?! Yo... ¡¿Hablar con ELLA de su boda con Österreich?! —es que la idea pura le ENLOQUECE.
—O bueno... a lo mejor no —traga saliva—. Pero ilusión le hará, creo yo... o no te lo habría pedido.
Suiza se revuelve y niega con la cabeza.
—¿No?
—No, no puedo hablar con Ungarn se su boda es... No —aprieta los ojos—, ¿tú podrías?
—Of course. ¿Quieres que la llamemos? I mean, no veo que tenga de malo.
—No, no... Tú en mi caso. Piensa en esa situación.
—But... nada más es preguntarle
—Si es mejor que yo...
—Está bien, está bien. Tú mandas —levanta las manos en señal de rendición pensando que quizás llame luego a cotillear. O le pregunte a Francia sobre cuando se casó con España.
—Aun así, esto no evita que yo piense en qué puede hacerle gracia de la boda —se humedece los labios seducido con la idea de que la boda también le haga ilusión. No tarda en caer en la cuenta de que a música es la principal candidata a ser lo que más le guste... Aunque sospecha que en sus dos bodas anteriores la música ha sido también su principal interés, lo cual no hace a esta... especial.
—¿Has escrito ya tus votos?
—¿Escribir mis votos? —Suiza, tienes que ver más películas.
—Pues... ¿no lo vais a hacer así? No tengo ni idea de cómo lo haréis.
—Lo haremos como se tiene que hacer pero es que no sé... ¿Dices que yo tengo que escribir una cosa y leérsela enfrente de todos?
—Hay muchas formas, hay gente que no hace esa parte.
—Seguro él querrá que lo haga —aprieta los ojos.
—Deberías hablarlo con él y poneros de acuerdo. Pero puedo ayudarte, escribir se me da bien —sonríe. Suiza se sonroja aunque piensa que podría sorprender a Austria con eso.
—A mí no.
—Bueno, cuando lo sepas entonces me hablas y te ayudaré con eso. Por cierto... tenemos que hablar de la despedida.
—Thank you, England. Y... Respecto a eso. No necesito una despedida.
—Bueno, nadie la necesita, pero es divertido pasar la noche antes con alguna gente agradable que te ayude a distraerte y no ponerte demasiado nervioso.
—¿Tú estabas muy nervioso?
—Eh?
—El día antes. ¿Qué te preocupaba? ¿Que no quisiera?
—¿E-El día a-antes de q-qué? —balbucea asustándose, notando que quizás ha sacado conclusiones erróneas (O más bien demasiado acertadas). Suiza se revuelve sonrojándose porque además no sabe cómo ha ido... Ni cuando... Ni nada. Quizás ha sacado conclusiones mal aunque le dijo de los calzoncillos.
—Ehm... P-Pregunto qué crees que me pondría nervioso.
—Yo... creo que sí. I mean... yo creo que yo en tu lugar... I mean, si acaso yo algún día fuera a casarme con alguien, quién sabe quién... —se agarra el anillo a través de la ropa. Como si quisiera taparle unas orejas invisibles para que no oyera esto, porque sabe que no debería decirlo así. Suiza frunce el ceño porque él está seguro de haber entendido... Inglaterra carraspea.
—Lo que digo... Ehm... E-Es que no creo... Que yo vaya a ponerme nervioso —JAAAAA!
—Ehm... well. Como tú quieras.
—A-Aunque... ¿Qué ideas tenías para la despedida?
—Pues... nada, tal vez reunirnos unos cuantos tranquilos e ir a tomar una cervezas y jugar a dardos... como hacemos, pero invitando a... no sé, America tal vez o tu padre... oh! ¿Sabes que me dijo mi madre?
—America? —levanta una ceja —¿Qué te dijo?
—Dijo que podría ser que tú y yo fuéramos hermanos de padre.
—W-What? —Parpadeo parpadeo.
—Creo que Germania podría ser mi padre.
—Vater tu... Oh! —levanta las cejas.
—Yes, eso mismo. Creo que él no lo sabe. De hecho eres el primero de... vosotros que lo sabe.
—Oh! Es que no lo había pensado siquiera, es... extraño.
—Sí, ¿verdad?
Suiza parpadea un par de veces más mirándole.
—Mucho. No te asociaba con ellos en lo absoluto.
—Yo tampoco, mis hermanos son... well.
—Los míos —carraspea—, no son mis hermanos.
—Ojalá los míos no lo fueran.
—Es decir sí que lo son, pero yo me deslinde de ellos del todo. Qué ironía de la vida que ahora tenga un amigo... Y que ese amigo sea justamente lo que yo no he querido reconocer en años.
—Bueno... nunca hemos crecido como hermanos... —se encoge de hombros.
—Gott sei danke... No me agradarías entonces —sonríe levemente de lado y se encoge de hombros—. ¿Vas a comunicarle esta noticia a alguien más?
—Pues... no lo sé. Quería hablar con él primero que con nadie, pero bueno, no me molesta que se sepa.
Suiza levanta una mano muy convencido y niega con la cabeza.
—Puedo esperar a que hables con él.
—Ah, como quieras. De cualquier manera podríamos invitarle... ¿o crees que quiera ir con Austria?
—Oh… Es posible. Se lleva más con ellos. ¿No podríamos ir todos juntos?
—No, ¡no! Justo la gracia es que Austria no venga, por si hay algo que quieras hacer que no quieras que él sepa y de lo que una vez casado podrías arrepentirte.
Parpadeo, parpadeo.
—¿A-A esto se refería Preussen cuando decía que todos iban a pensar mal? —es una pregunta más inocente de lo que parece.
—Eh? —vacila Inglaterra.
—E-England no me... No me malinterpretes. Es decir, me caes muy bien y si a alguien puedo llamarle amigo es a ti... P-Pero...
El británico inclina la cabeza.
—E-Eso que pasó... No pasó y... Ehm... Yo...
—What? —vuelve a pensar que se refiere a... lo que hizo él con Francia de casarse.
—Lo-lo que quiero decir es que yo quiero... Quiero casarme con Österreich y... Ehm... Ese accidente...Tú... Ehm...
—Pues ya sé que eso quieres. ¿De qué hablas?
—Preussen me dijo...
—¿Aja?
—Que tú no podías ser mis padrino.
—What? —frunce el ceño.
—Eso ha dicho, que no podías porque la gente iba a pensar cosas.
—¿Cuáles cosas?
—Pues que tú y yo... Ehm
—Que tú y... ¡Eso fue en drogas!
Suiza se sonroja apretando los ojos. Inglaterra lo hace igual.
—Yo he dicho lo mismo hasta el cansancio.
—¡Por la reina! I mean, no te ofendas pero...
—Nonono. En lo absoluto. Es tremendamente incómodo.
—En cualquier caso, no me refería a eso necesariamente.
—Menos mal.
—Pero puede ser cualquier otra cosa, con Galia o con Rome por ejemplo.
Suiza parpadea.
—W-What? —no sabe si sonrojarse o palidecer.
—Pues... no sé, me imagino... aunque no me pidas que invite a Galia porque va a venir mi hermano y estoy de él hasta los cojones.
—Nein, nein... —ahora si se sonroja—. Bitte, BITTE no lleves a Galia.
—Mejor —asiente conforme.
—Podríamos ir a jugar dardos y por unas cervezas. Estaba pensando... —aprieta los ojos.
—Yes?
—Que será en Nochebuena.
—Ohh. Eso significa que France no querrá quedarse solo y no va a querer ir con Austria... y mucho me temo que traiga a Prussia y a Spain consigo.
Suiza le mira, parpadea y sonríe de lado. Hasta resopla igual como... Risa. Inglaterra frunce el ceño sin entender del todo qué hace.
—Al parecer estoy destinado a pasar la noche anterior a la boda de Österreich con ellos tres.
—¿Eh?
—La vez pasada, cuando se casó con Ungarn —suspira—. Por alguna razón siempre a sus parejas les parecía buenísima idea invitarme a sus bodas. Así que fui invitado... Y fui con Preussen.
—¿Fuiste con Prussia? ¿En serio?
Se encoge de hombros y desvía la mirada.
—Solo nos acompañamos. Era mejor eso que ir solo, Preussen... Es Preussen.
—Es raro que fueras con Prussia, de todas formas... no recuerdo con quien fui yo —pobre poooobre Canadá—. Pero recuerdo que atrapé el ramo. ¿Fue en esa boda?
—No lo sé. Nunca fui a ninguno de los convites. Siempre me bastó y sobró ir a la iglesia —se humedece los labios—. Pero tengo muy claro que en la boda con Ungarn conocí a Liechtenstein.
—Ah ¿sí? En realidad yo tampoco recuerdo mucho de los convites —se sonroja un poco recordando más bien a Francia y las sesiones de sexo salvaje y despechado en alguna sala contigua de cualquier, CUALQUIER boda.
—En cualquier caso, los tiempos han cambiado. Esta irá mejor —espera que sea ese día en la mañana y salgas corriendo histericolocoperdido.
—Seguro que sí —sonríe acabándose su té y pensando secretamente que espera perderse también este convite… es… Tradición. Suiza mira el reloj y... Es justo la hora. Alza las cejas.
—Madre mía. Es tarde ya.
—Oh, vamos —Inglaterra se levanta.
—Vamos —saca la cartera y pone el dinero justo de lo que han pedido y le sigue hacia afuera con pasos cortos y rápidos... (Como siempre), sin pensar aun en el asunto de lo que le va a decir al obispo.
El obispo es un hombre serio, rubio, mayor y completamente alemán. Podría ser hermano de Alemania. Casi gemelo, de hecho, en realidad se ve como se debería ver Germania para que cualquiera entendiera a simple vista que son padre e hijo. Les espera en la puerta de la sacristía golpeando con el pie en el suelo nerviosamente y cara de muy pocos amigos.
Suiza palidece, porque además... ODIA llegar tarde. Lo saben, ¿verdad? Aunque han pasado solo dos minutos de la hora. Aún así... Palidece y se acerca a él ajustándose el nudo de la corbata.
—Su excelencia —le saluda arrodillándose para besarle el anillo.
Alemani... digo, el obispo le mira con severidad y le tiende la mano para que lo haga, Inglaterra espera nervioso su turno. Le saluda educadamente según las normas de su religión, un poco acojonado. Me parece que tampoco tendrían problemas en llamarle padre. Suiza se levanta con rapidez y se gira un poco a Inglaterra.
—Le presento a Herr United Kingdom of Great Britain and Northern Ireland —murmura Suiza sin más gesto ni pompa, como si fuera necesaria con ese tremendo nombre. Inglaterra asiente con la cabeza.
El obispo le devuelve el gesto de saludo escueto y les pide que le acompañen al despacho con una voz grave y profunda. Y ahí van... Chan chan chaaan. Detrás de su padre... Digo del obispo.
Inglaterra mira a Suiza en silencio buscando complicidad.
Suiza... Es que se toma muy en serio estas cosas el joven "yo-cuido-al-Papa", aun así le mira de regreso con cierta seriedad agradecido de que le esté acompañando.
Inglaterra tiene que aguantarse un poco una risita y carraspear... se le corta un poco el rollo con la seriedad de ambos, acostumbrado a Francia. Sobre todo cuando el obispo se gira a mirarlos al abrir la puerta del despacho.
Suiza hace un gesto con la cabeza para el obispo, completamente acostumbrado a la gente así, claro.
Les hace pasar a una sala con muebles de madera de los años ochenta y la pared empapelada de estampitas religiosas igual de casposas. Hay una estantería con libros y dos sillas de madera tapizadas en polipiel verde frente a un escritorio con una butaca. Prende la luz de fluorescentes y se dirige a la butaca ofreciéndoles asiento escuetamente y buscando algunos documentos.
Inglaterra nota una lámpara en la mesa que está SEGURO este hombre recuperó de las oficinas de las SS cuando las usaban para sacar información a los espías durante la segunda guerra mundial. El obispo naziiii. Se hace toda una historia mental en la que cuando terminó la guerra su padre tuvo que huir de las filas cercanas a Hitler y exiliaron a toda la familia en Suiza. Algo así a los Sounds of music, pero más tarde. Luego se lo imagina cantando Edelweiss y sinceramente tiene que carraspear BASTANTE fuerte para esconder la risa.
Suiza se sienta con la espalda completamente recta, tenso y serio, aunque en esa actitud de "hagamos negocios" que le sale perfectamente bien. Carraspea en espejo.
—¿Y cuál de ustedes es el novio? —corta los carraspeos el obispo y también la idea de Inglaterra que se lo imaginaba borracho ahora. Suiza se sonroja y traga saliva, pero a su favor diremos que contesta con mucha seguridad.
—Soy yo, su excelencia.
—Yo soy... ehm... el padrino —vacila Inglaterra y de la vacilación le sale una voz un poco cómica como si estuviera imitando a Marlon Brando en la película. Se sonroja porque no era su idea hacer el payaso y aun peor con la mirada que le echa el obispo, hasta gira la cara. Ayuda que Suiza no se muera de risa, que si este fuera Francia estarían en líos.
—Bien... y quiere casarse el día de Navidad. ¿Correcto?
—Correcto —asiente Suiza con seguridad. Aunque el inglés también echa de menos que ambos tuvieran que estar conteniendo la risa. Claro, es considerablemente más divertido.
—Bien, hábleme de usted, ¿cómo ha decidido optar por el matrimonio? —sigue el obispo ignorando a Inglaterra que ha optado por tratar de ponerse serio. Suiza... Se sonroja. Es que... Es inevitable.
—O-Optado por... Ehm... Ja. Y-Yo... Bueno, Ehm, no había pensado en ello pero me lo pidieron y, creo que... Ehh...
—Pero es usted creyente, ¿verdad?
—Ja.
El obispo asiente
—¿Cuánto tiempo llevan enamorados usted y su pareja?
Suiza se le queda mirando con la boca ABIERTA... Y los ojos también. Sonrojado. De hecho... Parpadea. Y parpadea.
—E-E...
El obispo levanta una ceja porque esta no es una pregunta especialmente difícil. Inglaterra mira a Suiza de reojo sabiendo lo que él gritaría ante esa pregunta. Suiza carraspea y se revuelve porque... Es que ni siquiera lo sabe, además... Es que... es una pregunta fatal. No crean que no quisiera gritar justo lo que Inglaterra querría gritar.
—N-Nosotros... Bu-bueno... Es... Relativo. Hace años que... —se revuelve más preguntándose si no es posible cambiar la pregunta.
—Es que se conocen desde que eran niños —ayuda Inglaterra.
—Ja. Eso —asiente Suiza sin mirar a nadie.
—Ya veo. Cuénteme un poco su historia entonces, ¿iban juntos a la escuela?
Suiza toma aire profundamente agobiado porque estas son el tipo de preguntas complicadas.
—Crecimos juntos. Aunque, bueno, a veces algunas almas se desvían del camino del señor... Este es el caso. Ha-Hace algún tiempo ÉL, en su infinita gracia, nos volvió a poner en el camino del otro.
—¿Desviarse en qué sentido?
—En... —cierra los ojos y es que le cuesta tanto trabajo no exagerar al austríaco... Claro que hay ciertas cosas que no es necesario exagerar en su caso... Ejemhitlercof—. P-Pues... I-Idioteces, con su perdón... Y... Ya está todo completamente reformado —asegura pensando que ahora es neutral. Y ahora está con él y no con España o con Hungría. Sí. Eso debía bastar. Lo fantástico es como es que Austria, sin estar ahí, le hace vacilar y ser torpe al hablar. Carraspea porque lo detesta.
—¿Reformado en qué sentido?
—En que ahora todo va bien y vamos a casarnos. ¿Que otro sentido puede haber? No se preocupe por ello, quizás cuando se entrevisten pudiera usted preguntarle. Solo le digo que esto existe desde hace muchos años y usted no es quien para decirme si son muchos o pocos —carraspea—. Su excelencia.
—Yo soy quien voy a casarles, muchacho, no me replique.
Suiza se calla y baja un poco la cabeza sin decir más, porque no suele ser retobado o grosero con la autoridad.
—Disculpe, su excelencia. Estoy nervioso.
—Tranquilícese y cuénteme, ¿cuánto hace que son pareja entonces?
—E-Ehm. Eso también ha sido intermitente —responde pellizcándose el puente de la nariz.
—¿Por qué tantas intermitencias, hijo mío?
—Es SU culpa y de nadie más —responde sonrojaaaado porque eso quiere decir que de ser por él hubieran estado juntos desde... Siempre. Piensa en su primera vez y si eso puede ser considerado ser pareja. Niega solo con la cabeza apretando los ojos, porque claramente... NO.
—¿Su culpa? —ceja levantada.
—Ja. Por idio... —carraspea—, vale. Da lo mismo, la cosa es que ahora estamos bien.
—Nein. No da lo mismo.
Suiza suspira y se revuelve.
—No quería estar conmigo entonces, ¿vale? Ni yo tampoco tenía mucho interés en seguir una relación en que cada quien iba a un lado diferente. Así que así fue, cada quien a un lado y ya está.
—¿Que desavenencias había?
"El pretendía hacer un imperio e ir a asesinar a todos los judíos, ¿por ejemplo? ¿Le parece bien?"
—Cada uno tenía ideas muy fijas y precisas. Algunas un poco radicales, como en su caso, muy poca tolerancia —y también está ese asunto de... Mandar a las personas y tratarme como si fuera su criado, pero hemos trabajado en ello.
—¿Cómo actuaría si volviera a actuar de esa forma?
—No puede —levanta las cejas.
—¿Por qué no?
"Porque tiene firmada la neutralidad desde hace bastante tiempo y hay demasiados convenios internacionales como para que se le ocurra", piensa para sí.
—Porque ha... Ehm... —mira a Inglaterra de reojo—, cambiado su manera de pensar. Sabe que lo que hizo entonces fue estúpido —"Y ya le paso la época de psicopatía genocida..."
—Aun así, las personas tienden a regresar a sus comportamientos, ya que así nos conformó Dios nuestro señor el alma.
—Esta vez, no le dejaría hacer lo que quisiera, e intentaría que cambiara el obstinado e idiota pensamiento. Gracias a dios, se le ha otorgado la gracia de la inteligencia. Y de aprender de sus errores —Suiza se rasca la mejilla y le mira.
—Tratar de cambiar a las personas a veces entraña conflictos. ¿Cómo los resuelven?
Inglaterra, que está intentando resolver el cuestionario también interiormente, se revuelve con esa pregunta. Suiza mira a Inglaterra de reojo y se sonroja porque no suele hablar bien de Austria, punto. Cuando escucha la pregunta cambia de tren de pensamiento, se humedece los labios pensando en la cantidad de veces que le ha apuntado con un arma a la cabeza.
—H-Hablando.
—¿Y siempre consiguen solventarlos?
—Eeeeh... Ja. Siempre consigue que yo haga lo que se le da la gana, ja —murmura entre dientes cruzándose de brazos sonrojado.
—Mmmm... —el obispo niega con la cabeza no muy conforme con eso. Suiza le mira de reojo y se revueeeelve otra vez.
—Lo hace bien. Me hace pensar o me relaja cuando estoy a punto de dispararle a alguien en la cabeza... Ehm... Sentido figurado —explica y vuelve a mirar a Inglaterra nervioso. Carraspea—. Igual que después de algunos problemas entre nosotros fui y me encerré en la montaña, de alguna manera consiguió sacarme de ahí de nuevo.
—Esto me lleva a preguntar... ¿Viven juntos?
Inglaterra, a pesar de todo, sonríe un poco con las palabras de Suiza, que vuelve a pensar... Caca con ese puto tema maligno.
—Nein, no oficialmente —carraspea y baja el tono—, ni viviremos.
—Oh, bien. Bien —asiente a eso sin oír el viviremos—. Intuyo entonces que no hay relaciones prematrimoniales.
—Nein, ¡no hay NINGÚN tipo de relaciones de nada ni nada! —es la primera vez que alza la voz... Ehm... Desde la última vez que la alzó hace un rato. El obispo entrecierra los ojos porque la negación absoluta es sospechosa. Suiza le mira culpable echando vapor de agua por las orejas—. ¿Y a usted qué le importa eso? es mi vida privada... Ehm... Su excelencia.
—Es importante llegar virgen al matrimonio.
—Mein gott in himmel. Es evidente que él —hace un gesto con las manos y señala al punto geográfico en donde se encuentra Austria que es justo el punto en donde está sentado Inglaterra—, que ha estado casado dos VERDAMMT veces antes, y que es un... Un... Es... —aprieta los ojos porque no es que pretendiera decir que Austria ya se ha casado antes, dado que las reglas de la iglesia... Bueno. Como fuera, no había reglas para inmortales. Carraspea.
—M-Me? —se asusta Inglaterra.
Suiza parpadea al ver que le ha señalado a él... Y luego mira al Obispo a ver qué ha entendido.
—Eso no resuelve la pregunta.
Suiza traga saliva, le mira fijamente, se sonroja más y carraspea de nuevo.
—E-Entiendo la importancia de llegar virgen al matrimonio...
—Pero no es el caso —sentencia el hombre. Suiza carraspea un poco y se revuelve.
—¿Habrá algún padre ahora mismo en el confesionario? —pregunta con la boca pequeña.
—Yo mismo le confesaré después en este caso. ¿Cuántas veces han sido, hijo mío?
Suiza abre los ojos como platos y se sonroja aún más pensando "¿en la última semana? ¿Mes? ¿Año? ¡En la vida?" La peor parte es que es probable que sepa el número exacto.
—W-Was?
Inglaterra tiene que taparse la cara con las manos sonrojadísimo porque él sí que no tiene ni idea. Podría contar las de la última semana y ya en el último mes nada más se pierde sin ser capaz.
—¿Cuántas veces? ¿Una? ¿Dos? Podría llegarse a entender un desliz en los tiempos modernos.
—Hab... El... Lolo... Ehm... ¿D-Dice que... Eh... Re-Reciente... Ehm... Mente?
—¿Cómo? ¿Hay algunas no recientes?
Suiza suspira de nuevo apretando los ojos.
—S-Su excelencia... Deberíamos pasar a la siguiente pregunta.
Inglaterra suelta un sonidito contenido apretándose más la cara con las manos. Sonidito que escucha Suiza y solo sirve para sonrojarse más sin saber si se está riendo o está sufriendo con él con este interrogatorio.
—Está es una pregunta de extrema importancia, hijo —sentencia serio.
—¿Q-Qué pasa si han sido más d-de dos? —susurra muy muy suave.
Inglaterra está sufriendo mucho y prometiéndose a sí mismo que YA BASTA. Son un par de pervertidos y a partir de ahora no... más de una o dos veces por semana. Francia se RÍE a carcajadas donde sea que este y sin razón aparente.
—Tres empieza a considerarse con alevosía y no como un desliz.
—D-Dos veces —responde Suiza y abre la boca para decir algo más... Luego la cierra... Luego la abre otra vez pensando que esto debe ser lo más vergonzoso que le ha pasado —. E-En esta semana.
—¿En esta semana?
Inglaterra aprieta más negando porque dos veces fueron nada más HOY en Charles de Gaulle y veremos cuantas más HOY esta noche cuando vaya de vuelta. Suiza se mira las manos.
—J-Ja...
—¿Y la anterior?
"Sobre las puñeteras treinta o cuarenta veces en las últimas dos semanas, pero solo porque tuve que trabajar varios días de forma indispensable" piensa Inglaterra contando y ni siquiera él puede creerlo. Levanta las rodillas haciéndose bolita en su silla.
Suiza se pregunta por qué no fue AUSTRIA quien vino a hacer esto, si es Austria el que sabe salir de estas situaciones. Se pregunta qué diría él... Y resume que seguramente el diría cínicamente que antes ninguna. Mira al hombre fijamente.
—N-Nein. Antes nein —responde con las orejitas rojas.
—Mmmm... ¿Justo esta semana en que sabían que estaba tan cerca la boda decidieron hacerlo?
—L-La carne es débil —susurra Suiza apretado los ojos queriendo de verdad salir corriendo.
Inglaterra se promete que se acabó. No más sexo, van a tener que entretenerse de otra forma. O no verse, lo que sea. Resolución que va a llegar hasta hoy en un par de horas. Vale. Go England! Treinta veces en dos semanas le parece tremendísimo, se pregunta si habrán llegado al millón de veces ya, haciendo algunos cálculos matemáticos.
—Esto va a ser un problema grave, muchacho.
—¿Que tan grave? —pregunta con voz de Liechtesntein.
—Uno BASTANTE grave. Van a tener que confesarse los dos y hacer penitencia. Y tal vez les recomiende una excursión parroquial con un padre experto en parejas jóvenes para que les aleje de la senda del pecado.
Suiza cambia de posición en la silla, rojo como un tomate, pensando en concreto en lo de la excursión parroquial que seguro será terrible y Austria no querrá ir.
—E-Está bien, su excelencia... Es... Yo..
Inglaterra mira al obispo entre sus dedos pensando en si acaso lo mandaran a él a eso e imaginando como a Francia (no a él, claro) le daría un morbo tremendo estar en... COSAS TODO EL TIEMPO. Ya, claaaro, él estaría completamente en paz sin morbo alguno.
—¿Entonces considera usted la opción de presentarse voluntario?
Suiza levanta las cejas con ese comentario y le mira fijamente.
—¿Hay otra opción? —¿va a cazarme como Nazi?
—Nein, por lo que entiendo. Tal vez podría usted invitar a algún amigo que crea que lo necesite —propone mirando a Inglaterra, que debe tener sonrojada hasta la silla en la que está.
—¿A-Algún amigo? —Suiza mira a Inglaterra de reojo sin poder evitarlo. Él se escurre un poco más intentando ser uno con la silla.
—P-Pues no lo sé, me parece que... T-Todos mis amigos ya están casados —resuelve Suiza nervioso.
—¿Lo están? —pregunta el obispo porque el problema es que Inglaterra se está tapando la cara con las manos donde no lleva una alianza. Suiza descubre que quizás declarar eso fue más en su contra que a su favor.
—Ja —carraspea aun mirando a Inglaterra. Él les mira por entre los dedos en pánico. Un mundo te vigila.
—I-I... I'm not...
—¿Dónde estás su alianza, hijo? —le pregunta el obispo con voz autoritaria y al inglés, acojonado, no le queda más remedio que sacársela por el cuello de la camisa… Aun tapándose la cara con las manos.
Suiza levanta las cejas sin poder evitarlo, confirmando una vez más sus sospechas. ¡Estaban casados! Le mira con la boca entreabierta.
—No es en el cuello el lugar de la alianza de sagrado matrimonio —riñe el obispo a Inglaterra, que diligentemente la saca de la cadena y se la pone en el lugar adecuado sin mirar a Suiza. Este traga saliva y se toca su propia alianza en el dedo incorrecto pensando en muchas cosas a la vez, desde cuando se habrían casado hasta si él tendrá que esconder el anillo también.
—I'm sorry —susurra Inglaterra.
—E-Ehm... Volviendo al asunto que nos trajo hasta aquí... —trata de cambiar de tema el helvético.
—Ja. Usted. Debo entender que tanta presteza en casarse no tiene nada que ver con la progenie —el obispo aún cree que hay una novia y tal vez está embarazada, no sería tan raro.
—¿L-La progenie? —Suiza levanta las cejas.
—Bien. ¿Qué les llevó a hacer eso por primera vez? —plantea la pregunta de otra forma a ver si ayuda. Suiza suspira sonrojado otra vez y preguntándose ahora él si este señor seria interrogador nazi o algo así. Inglaterra menciona la lámpara de las SS en un susurro. Suiza está de acuerdo.
—L-La primera vez... —vacila un poco y traga saliva recordándola vívidamente sobre su mesa de comedor.
Inglaterra le mira de reojo porque se da cuenta que no sabe esa historia. Suiza se revuelve y se revuelve, sin saber específicamente como describirla. Se mira las manos otra vez.
—Ni siquiera sabía lo que estaba pasando —murmura en ultrasónico y sube un poco la voz, niega con la cabeza—. No voy a contarle estas cosas.
—Mmmm... son importantes para la conformidad de una pareja, hijo.
Suiza aprieta los ojos porque... Es que él cree en estas cosas y confía en la autoridad de gente como él.
—¿Qué motivó la primera vez? —repite la pregunta y le encantaría poder responder con sinceridad "amor mutuo en una noche fantástica de pasión que impulsó nuestra seguridad y nos invitó a estar juntos para siempre"—. Ehm mucha confusión —resume.
—No fue la semana pasada, ¿verdad?
—Si le dijera a usted cuando fue, no me creería.
—¿Qué edad tenían? —levanta las cejas.
—Eso tampoco me lo creería, su excelencia. Lo que puedo asegurarle es que éramos legalmente adultos independientes.
—Y por tanto, responsables.
—Desde luego —le fulmina un poco solo con la idea de que no lo sea (el... El otro es un irresponsable igual).
—Eso lo hace bastante malo.
Suiza se pellizca un poco el puente de la nariz ooootra vez.
—Eso lo hace bastante sano, su excelencia.
—¿Sano?
—Bueno, ¿a qué punto quiere llegar? —pregunta empezando a desesperarse—. Ja. Hemos tenido muchas veces relaciones, ¿vale? Ya me ha dicho que habrá que confesarse y hacer penitencia. ¿Qué más?
—Quiero que entienda que en la iglesia cristiana, eso solo se hace a fin de procrear.
Inglaterra se imagina la CANTIDAD de hijos que tendría si hubiera procreado de cada vez que ha hecho... se lleva las manos al big ben sintiéndose como un conejo ahora sí.
Suiza levanta las cejas... Y se sonroja un montón pensando que procrear con Austria sería más o menos la última desgracia que le pasaría. Seguro lo estrangularía. Agita la cabeza recordando que (gracias a dios), es imposible.
—Pe... Es... Y... J... —balbucea antes de cerrar la boca.
—Ya veo que no es esa la forma en la que lo ven ustedes.
Suiza mira a Inglaterra de reojo buscando un poco de ayuda. Inglaterra no está debajo de la mesa porque no es a él a quien interrogan. Suiza carraspea otra vez, verdaderamente incómodo con todo esto.
—Su excelencia... Lo que me interesa saber es si a pesar de todo eso podrá usted casarnos.
—Justo eso trato de determinar. Veamos... ¿qué hay de los planes de futuro?
—Casarnos.
—Tras ello.
—Seguir como hasta ahora —se encoge de hombros.
—Mmmmm...¿Y qué seguridad hay que no van a divorciarse con ello?
Suiza se humedece los labios
—Mire, yo soy un hombre simple y no me gustan los cambios ni las tomaduras de pelo. Aun cuando la estabilidad quizás no es lo suyo, creo que... Esta vez va a ir bien. Va a ir bien conmigo, porque esto es lo que está bien y lo que debió haber pasado siempre.
—Está bien. Aun así quisiera hablar con su pareja también antes de decidir nada y luego con los dos. Veremos que hacemos al respecto de ese asunto incómodo.
—R-Reunirse. J-Ja. ¿Cuándo puede?—Suiza sigue rojo como un farol después de la declaración anterior.
—La semana que viene. Mismo día misma hora.
—Me aseguraré de que esté aquí a tiempo —asiente haciendo ademán para ponerse en pie.
Inglaterra ya debe estar saliendo por la puerta de lo rápido que se ha levantado.
—Danke —Suiza no le da la mano, ni se hinca ni le da un beso en el anillo. No hace nada más que quedarse ahí mirándole unos segundos y luego sale corriendo.
El obispo frunce un poco el ceño pero no hace más que volver a sus asuntos y no sé si Suiza va a salir directamente a gritar a las montañas, pobrecito mío. Histericolocoperdido. Lorele iiiii uuuuu
¿Inglaterra y él van a volver a hablarse... mirarse a la cara siquiera? Probablemente no.
Creo que este es uno de los capítulos más divertidoa de esta historia... ¿No te parece? ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!
