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Verdades que matan, literalmente.
Parte I
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El tiempo pasa lento y lo único que se escucha a lo lejos son los insectos en el bosque, amo la vista que tengo desde mi habitación, es como vivir en la cúspide de Forks y poder ver todo el bosque, extrañaba mi hogar y extrañaba las conversaciones vacías y sin sentido que tenía cada noche con Charlie en el comedor. Pero ahora que sabía cómo era todo en Forks sin mí no me apetecía para nada volver a ese lugar. Definitivamente yo ya no pertenecía a él.
Hace apenas unos minutos que Ana se fue, de manera muy extraña a decir verdad pero no la culpo, saber todo lo que le conté seguro le afecto demasiado. Suspiro profundamente, me levanto y camino hacia la habitación, cuando abro la puerta me topo de frente con Taylor, acto que parece sorprendernos a ambos.
-¿Señora Grey? –Dijo y me tiende un sobre.
Lo tomo y él se retira con su típico andar silencioso. He de admitir que Welch ha tardado más de lo esperado. Tal parece que la información que le pedí averiguar se le estaba escapando un poco. Abro el sobre y dentro solo hay una hoja con una dirección. Abro mis ojos como platos y dejo salir un suspiro exasperado. ¿Qué se supone que es esto? Le pido a Welch que investigue quien fue mi donante y me envía un sobre con una dirección.
Doblo el sobre y lo guardo entre la tira de mi leggins y mi vientre. Bajo las escaleras en busca de Christian necesito hablar con él. Su voz proviene de su estudio, la puerta esta entreabierta y reconozco la voz de Ana. Frunzo el ceño, me acerco con cuidado y me escondo junto a la puerta para escuchar mejor.
-Quiero que leas esto y luego me llames. –ordena Christian.
-¿Qué es? –Pregunta Ana con nerviosismo.
-Antes, Anastasia. Mucho antes de conocer a Bella yo tenía un estilo de vida muy diferente. Hace días que he estado pensando en recuperar un poco de eso, -Mi corazón se paraliza de golpe, ¿Christian quiere abandonarme?- tómalo, quiero recuperar esa diversión que me proporcionaba.
¡¿Diversión?! Abro y cierro la boca varias veces… no entiendo nada.
-¿Qué tengo yo que ver con eso?
-Todo. –Le contesta y tengo los suficientes años a su lado para notar la ansiedad en su voz.
-¿Por qué he de ayudarte? –Murmura Ana, no muy segura.
-Por placer. –Christian arrastra las palabras dándole énfasis a cada silaba.
¡¿Qué mierda?! ¿Acaso esto es lo que parece? La rabia y decepción comienzan a nublar mi visión.
Por Dios, Bella… El jamás la vería a ella de esa manera. ¿O sí?
-Veré que puedo hacer. –Dice con voz monocorde y estoy segura que esta es mi señal para huir de ahí.
Corro y me escondo detrás de uno de los pilares y escucho los pasos de Anastasia. Sale del estudio y mira hacia las escaleras, Taylor viene bajando.
-¿Tienes las llaves de alguno de los autos de Bella? –Le pregunta Ana.
Taylor frunce el ceño y asiente lentamente, su mirada se desvía hacia Christian y luego nota mi presencia escondida poco más atrás de él, le hago señas colocando el dedo sobre mis labios para que se calle.
-Llévala, es un poco tarde para que ella conduzca sola por la ciudad. –Le ordena Christian.
Taylor asiente aunque no sé si es a la orden de Christian o a mi petición pero camina hacia la puerta, Ana lo sigue en silencio. Veo a Christian siguiéndola con la mirada y como luego tira de su cabello en un gesto de desesperación y ansiedad.
¿Qué es lo que está sucediendo? Christian quiere volver a ser el que era antes de conocerme pero que tiene que ver Ana con esa… ¿diversión? Él se gira y yo rápidamente me escondo en mi lugar rogando que no me haya visto, poco después escucho la puerta de su estudio y como una suave música se cola desde su interior. Vuelvo a respirar, no era consciente de que estaba reteniendo la respiración.
Corro escaleras arriba y me encierro en la habitación, mi corazón está a mil por hora, siento mi cuerpo frio ¿Christian quiere engañarme con mi propia prima? ¿Acaso es de eso de lo que hablaban? ¿Qué era lo que hacía Christian antes de conocerme? De repente recuerdo lo que me dijo aquel día en el hospital cuando me colocaron la medula nueva… ¿él de verdad cambió por mí?
"Yo no puedo ser el único interesado en esta relación, sabes perfectamente que he dejado muchas cosas por estar contigo, he cambiado por ti Isabella"
Pero… ¿Qué era exactamente lo que había dejado por mí? ¿De verdad yo lo sabía? Para ese entonces yo era una fiel creyente de que estaba hablando de él, de su actitud y de cómo me dejo entrar a su vida pero ahora albergo ciertas dudas al respecto, estoy segura de que yo no soy la única por aquí que oculta cosas de su pasado, si bien el mío está lleno de vampiros y seres mitológicos ¿Qué era lo que oculta el de él?
Un fuerte mareo me golpea y caigo de rodillas al suelo, mi respiración se acelera considerablemente y mi cabeza comienza a retumbar con un dolor terrible. Cada vez estoy peor, puedo sentirlo. Sé que por más que intenten ayudarme mi cuerpo está rechazando todo. Siento un líquido bajar por mis fosas nasales, el mareo incrementa y ya no puedo controlarlo, mi visión se nubla. Me dejo caer completamente en el suelo sin fuerzas si quiera para tratar de detener la hemorragia. Escucho un sonido ahogado y luego un jadeo.
-¡Mierda, Bella!
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Despierto desorientada, pero lo que me rodea es algo jodidamente conocido, algo que he de esperar cada vez que recaigo. La misma habitación blanca en el hospital. Me duele terriblemente la cabeza y puedo escuchar el bip del holter aun incluso sin verlo. Cierro los ojos intentando volver a dormir pero las palpitaciones en mi cabeza son casi imposibles de ignorar, me duele demasiado. Hay algo en mi nariz impidiendo que respire bien. Levanto una mano para tapar mis ojos, la luz molesta. Y con la otra palpo mi nariz, tengo una gasa taponeando mis orificios nasales, el derrame debió ser más fuerte de lo que recuerdo si tuvieron que recurrir a ello. Escucho como la puerta se abre, retiro un poco la mano y veo a Dianne Hall sonriéndome.
-Me alegra de que despertaras. –Dice bajito.
-Me duele la cabeza. –Mi voz sale raposa y baja.
Ella se acerca hasta el apagador junto a la puerta y lo presiona la habitación queda, no a oscuras dado que la luz del pasillo aún se filtra por la puerta pero sin embargo así es mucho mejor para mí.
-Gracias.
-No hay por qué, cariño. ¿Hace mucho que has despertado? –Niego con la cabeza de nuevo con los ojos cerrados- bien, enviare a alguien para que te saque un poco de sangre y te proporcione algo para ese dolor de cabeza.
-¿Está empeorando, no es así? –La pregunta es inevitable, mi voz sale rota.
-¿Es primera vez que te dan estos dolores de cabeza, cariño? ¿Qué puedes decirme sobre los puntos rojos? –Responde ella con voz queda- ¿Cuándo fue realmente tu última transfusión de plaquetas?
No sé qué responder, Matt ha estado mintiendo por mí. Supongo que ellos tarde o temprano sabrán la verdad, tal vez el momento de dejar de ser tan terca ha llegado… ¿o no?
-Antes me ha dolido pero no tan fuerte como ahora, los moratones han seguido saliendo. -le doy un ligero encogimiento de hombros, evitando la última pregunta.
-Isabella… ya me han advertido que eres un poco terca, así que yo intentare serlo aún más. –Abro los ojos y ella está ahí de pie con una mirada acusatoria y los brazos a jarra sobre su cintura, incluso me parece graciosa de una manera muy triste.- ¿Cuándo fue tu última transfusión de plaquetas?
-Hace dos meses, el 20 de Junio. –Me siento culpable, he tirado la carrera de Matt por la borda.
Dianne jadea sonoramente: -Isabella… eso es mucho tiempo, en tu informe dice que fue hace dos semanas… ¿Qué más está mal ahí? Necesito información real, Bella. Quiero ayudarte pero no me mientas… ¿Cuándo te detectaron el cáncer?
Suspiro profundamente y solo gano un terrible ardor en la nariz, debieron haber sido rudos limpiando la sangre.
-En febrero.
Bajo la mirada avergonzada, se lo que me dirá, que me he descuidado tanto y por eso la enfermedad ha avanzado tan rápido… Puedo ver como trastabilla en sus pies y cae de culo sobre la silla junto a la cama.
-Pero… pero Bella… eso son apenas unos meses… ¿Cómo es que has dejado que llegue tan lejos en tan poco tiempo? ¡¿Es que acaso quieres morir?!
Miro hacia otro lado sintiendo los ojos escocerme, no soy capaz de negar la verdad.
-No me sorprendería que tus plaquetas estuvieran por debajo de veinte… -Ella sigue hablando casi para sí misma- seguramente necesitaras más de una unidad… -la miro y ella está mirando hacia la bolsa de la cual cuelga mi intravenosa, ¿Así que eso es lo que están colocándome? ¿Plaquetas?
Asiento distraídamente y cierro los ojos de nuevo, escucho como se levanta y luego sus pasos alejarse. Coloco el brazo izquierdo sobre mis ojos y puedo sentir la vía intravenosa en mi mano esa que está intentando salvarme del inminente final. Minutos después escucho más pasos en la habitación. Levanto un poco el brazo para abrir ligeramente los ojos, una enfermera coloca una bandejita sobre la mesa de desayuno que está cerca de la cama y la acerca a su conveniencia. Toma el vaso de agua y unas pastillas y me las tiende.
-Tome esto, le calmara el dolor de cabeza. –Me dice en voz baja.
Hago lo que me dice incorporándome un poco, la veo preparar la inyectadora y sé que ese es mi momento, hasta ahí puedo averiguar que hará. Le entrego el vaso con agua y me vuelvo a recostar mirando hacia otro lado, ella toma mi brazo y ata la liga en la parte superior, palpa la vena y yo tomo una respiración profunda. El pinchazo duele como la puta madre, no sé si es por ser consciente de que lo está haciendo o porque mi cuerpo se encuentra más débil que antes. Creo que un poco de ambas.
Ella retira la liga y poco después la aguja, coloca una bandita con un poco de alcohol tapando la vena en mi codo. Giro la cabeza para mirar lo que está haciendo, veo la gran aguja, la sangre y el envase de vidrio donde la está depositando para enviarla al laboratorio. La sangre se ve más acuosa de lo normal por un momento me recuerda al jugo de mora, totalmente líquido y de un rojo pálido. El dolor de cabeza incrementa un poco cuando mi corazón se acelera ante la posible idea de que esta sea una de las últimas cosas que vea en mi vida, mi sangre convirtiéndose en agua.
Vuelvo a colocar el brazo sobre mis ojos para que ella no note que estoy llorando.
-¿Puedes decirle a Matt que venga un momento? –Murmuro con la voz aún más raposa que antes.
-Por supuesto. –Responde en voz baja y poco después escucho sus pasos alejarse.
Durante el tiempo que estoy sola no puedo alejar de mi mente ese pensamiento, yo definitivamente he tenido una recaída, y eso solo me dice una cosa; el final cada vez está más cerca. La jodida médula que me donaron no estaba funcionando. Estoy muriendo y tal parece que la vida es tan perra que me tira todo de sopetón a la cabeza, como un canto náutico; el regreso de Edward, la leucemia, las peleas con Christian, la leucemia, las peleas con Ana, la leucemia, el matrimonio con Christian, la leucemia, el posible engaño de Christian con Ana, la leucemia, la maldita leucemia…
Jamás creí que mi muerte estaría rodeada de tanto drama y dolor, de hecho hace mucho que no pensaba en cómo iba a morir.
Doy una dolorosa y raposa respiración profunda que se terminó quebrando, el sollozo sale de mi pecho casi de manera instantánea, me siento y cubro mi rostro con mis manos, el jodido dolor de cabeza no hace sino incrementar cada vez más. El holter comienza a desesperarme con su pitido cada vez más alterado.
-¡Oh, Bella! –la voz de Matt suena ahogada.
Siento sus brazos rodearme y yo me aprieto aún más a él. Si tan solo le hubiera hecho caso, si le hubiera escuchado cuando me advirtió lo que estaba sucediendo…
-Lo sien… lo siento tanto… fui terca e irresponsable, debí haberte escuchado, debí haberte hecho caso, pero tenía miedo Matt. Tenía miedo de que si comenzaba un tratamiento eso lo hiciera más real y ahora… ahora es incluso más real que nunca… ¿cómo pude ser tan estúpida? Voy a morir Matt. Heriré a tanta gente… no debí involucrarme con tantas personas… yo…
-¡Basta, Isabella! –La voz de Matt es dura.
Me alejo con cuido de él y lo miro asombrada. Él jamás me ha hablado así. Matt me mira y puedo notar la tristeza brillando en sus hermosos ojos azules.
-Necesito que te calmes, cariño. No te vas a morir, no lo voy a permitir. ¿De acuerdo? Dianne y yo hemos estado discutiendo con los demás médicos la posibilidad de un nuevo trasplante de médula, dado que pareces estar respondiendo bien a las plaquetas pensamos que tal vez sería bueno colocarte otra bolsa de médula.
-¿Estás seguro de que funcionara? Matt no estoy bien, no me mientas. –Murmuro.
Matt sonríe y se parece tanto a su padre.
-No, nadie está seguro en lo que a ti se refiere. –Levanta la mano y acaricia mi mejilla- Pero si hay algo de lo cual estoy seguro es de que nadie, ni siquiera tú dejaras de luchar. ¿De acuerdo?
Yo asiento lentamente sintiendo las lágrimas emerger de nuevo de mis ojos. Él levanta las manos y acaricia mis mejillas limpiándolas.
-Ahora, hay algo que quiero decirte. –Lo miro alarmada- No te asustes, es algo bueno aunque ahora debes saber que tienes que cuidarte el doble.
-Matt no entiendo…
-Bella, cariño… estás embarazada. –Dice lentamente.
Todo el aire abandona mis pulmones de golpe, como si hubiera sido golpeada en el estómago, la habitación gira terriblemente rápido y me siento caer de golpe contra las almohadas, el dolor de cabeza sigue ahí aunque ahora ha incrementado como si tuviera una docena de Oompa Loompa taladrándome el cerebro.
-No… no… eso no puede ser… -balbuceé, agarre con fuerza mi cabeza - ¡AAAH, mi cabeza va a estallar!
-¿Bella? ¡Bella! –Escuche que Matt me llamaba.
Yo no podía prestarle atención… empecé a sacudir la cabeza de un lado a otro sintiendo un dolor insufrible. El aire comienza a faltarme y mi respiración se hace cada vez más jadeante, la gasa comienza a ser un mayor problema cuando de pronto no puedo respirar más… mis pulmones no reciben aire, el caos comienza a hacer acto de presencia tanto en mi interior como a mi alrededor.
-Bella tienes que calmarte estas sufriendo una crisis de ansiedad y eso solo incrementara el dolor de cabeza, tienes que relajarte… -Matt seguía soltando palabras a borbotones pero yo ya no estaba prestando atención.
Tratar de respirar se volvió casi imposible, el pecho me dolía una barbaridad y las palpitaciones en la cabeza estaban incrementando de sonido, sentía como mi cerebro estaba a punto de explotar con cada tamborileo que daba.
-Ah, mierda. ¡Necesito dos miligramos de Alprazolam ella claramente necesita descansar más! –Gruño Matt con voz preocupada a quien sea que estaba ayudándole, sus manos me tomaron por los hombros y me sostuvieron contra la cama- ¿Bella? ¿Bella cariño me oyes? Todo irá bien. No dejare que les pase nada.
"les"… él estaba usando el plural… embarazada, Christian se va a molestar mucho. De pronto comencé a sentir el cuerpo pesado, mis brazos cayeron a los lados de mi cuerpo y mi respiración se fue normalizando poco a poco, la luz de la habitación había sido encendida sin que yo lo notara pero ahora, ahora todo se estaba volviendo oscuro para mí, mis parpados pesaban y ya no pude evitarlo, me deje llevar por la inconciencia para no pensar ni sentir nada.
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Desperté cuando la luz de la luna su filtraba por la ventana de la habitación oscura, me encontraba tumbada de lado con la mano izquierda, la cual tenía la intravenosa, debajo de la almohada y me dolía un poco por habérmela lastimado mientras dormía. La saque y estire el brazo hacia abajo sentía el cuerpo pesado y los ojos hinchados me ardían, debí haber llorado mucho. Escuche el sofá y un ligero quejido, me gire colocándome sobre la espalda y pude verlo; ahí acostado en el incómodo sofá con las piernas colgando a falta de más espacio y cubriéndose ligeramente con una manta estaba Christian. Mis ojos comenzaron a escocer aún más, ¿Cómo es que el sigue aquí? Estoy segura de que ya Matt o Dianne le dijeron lo de mi embarazo, trate de quitar la gran mascara que cubría mi rostro proporcionándome oxigeno adicional pero no pude el cuerpo realmente me pesa demasiado como para levantar los brazos.
Renuncié a ello y me dedique a observar a Christian, él realmente se veía como la mierda y aun así era demasiado guapo. Su cabello estaba aún más despeinado que de costumbre debió pasar un muy mal rato por mi culpa. Me vuelvo a girar dándole la espalda y trato de dormir un poco más.
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Despierto cuando alguien está revisando mi vía, el dolor de cabeza parece haber desaparecido de momento, incluso la pesadez del cuerpo ha disminuido, parpadeo varias veces para lograr una mejor visión y lo primero que veo es una enfermera colocando una nueva bolsa igual a la anterior.
-¿Cuántas me han colocado? –Pregunto con voz raposa.
Ella se sobresalta, no la culpo a estas alturas debo dar miedo.
-Esta es la sexta. Usted ha sangrado bastante ayer, casi todo el día. El doctor Matt ha estado a punto de cauterizarle la nariz pero gracias a Dios ha logrado detener la hemorragia a tiempo.
Me estremezco de solo pensar en ello, Matt una vez me hablo al respecto y sinceramente detestaría oler mi propia carne quemada durante días sin mencionar que el dolor no debe ser algo agradable, definitivamente no lo quiero experimentar.
-¿Ayer? ¿Cuántos días he estado inconsciente? –Pregunto notando el tiempo que ella ha usado.
-Pues usted ha llegado el sábado por la noche y hoy es lunes por la tarde. –Dice con cautela.
No le respondo, cierro los ojos y trato de no moverme, hago un reconteo de lo que me sucede, llevo aproximadamente tres días en el hospital, estoy embarazada, me han tenido de colocar seis bolsas de plaquetas para recuperarme de la hemorragia, tengo la nariz totalmente taponeada lo que ha hecho que tenga que respirar por la boca con ayuda de oxigeno extra, noto la garganta estrecha y febril. Abro los ojos y la enfermera ya ha terminado, ella me mira, toma mi mano con cuidado y dándole un suave apretón sonríe un poco.
-Tranquila, lo has hecho bien. El doctor Matt está orgulloso de ti. –Dice con tono maternal, frunzo el ceño, no sé de qué habla.
Ella se retira y me deja sola con mis pensamientos, no es sino hasta entonces que noto que Christian no está en la habitación como la noche pasada, ¿Por qué fue la noche pasada, no? La puerta se abre y entra Carlisle y me sonríe de esa manera amorosa y paternal que solo él sabe hacer.
-Bella, no sabes lo que me alegra verte despierta. –Dice y mira hacia el pasillo- ¿Te gustaría un poco de visita?
Le miro durante unos segundos, y noto algo cambiando en mi interior, si todo está llegando a su final ¿Por qué habría de seguir enojada con ellos? Me encojo de hombros y el asiente hacia quien quiera que sea que está esperando ahí.
Nadie, nunca, jamás, en toda la vida me preparo para lo que iba a ver. No eran los Cullen como yo había previsto, ahí estaba ella, tan hermosa a su manera, con esos ojos azules que tantas veces vi llenos de felicidad y vida, sin la sonrisa que la caracterizaba ella camino dentro de la habitación y su mano tiraba de él casi a rastras… ambos se veían muy tristes.
-Mamá, papá… -Murmuro con voz sumamente raposa.
Las lágrimas comenzaron a caer por mi cara sin aviso alguno, mi corazón estaba absolutamente contraído, ¿Qué hacen ellos aquí?
-Oh, cariño… -Renné suelta la mano de Charlie y corre a abrazarme- ¿Por qué no nos dijiste, Bella? ¿Sabes lo que nos ha dolido enterarnos de esta manera?
Ella solloza en mi pecho y yo no puedo responder, por esto es que no quería que lo supieran, porque iban a sufrir. Miro a Charlie, quien está mirando hacia la ventana claramente tratando de alejar las lágrimas de sus ojos.
Recuerdo la primera vez que vi a John, si bien fue el mismo día que conocí a Christian fue también la primera vez que me detuve a pensar en cual había sido el día más feliz de toda mi vida, John me lo pregunto en algún momento de la sesión y yo le describí aquel día que Edward y yo fuimos por primera vez al claro, recuerdo como me detuve a detallarle cada rinconcito de ese recuerdo, el brillo del sol en sus ojos, la manera en como bailaban los arboles con la brisa, lo acompasado de su pecho al subir y bajar con cada respiración, lo llena que me sentí al saber que él me amaba su hermosa y musical risa… la manera en como él me hizo ese día tan feliz. John solo sonrío y me dijo "es claro que tu felicidad tiene nombre y apellido, ahora entiendo" luego cuidadosamente me pregunto cuál había sido el momento más triste. No le respondí y él tomo eso como una señal para dejar el tema para después, pero no lo hizo, jamás volvió a hacerme esa pregunta supongo que luego él solo descubrió cual había sido ese momento… pero ahora, viendo a mi madre llorar desconsolada entre mis brazos y a mi padre tratando de ocultar el dolor esa pregunta vuelve a mi mente y se cuál es la respuesta; el momento más triste y doloroso de toda mi vida es este. Uno jamás debe ver como sus padres sufren por culpa de una mala decisión que tomas en algún momento de tu vida.
-Reneé por favor cálmate, esto no le hace bien a Bella. –La voz grave de mi padre resuena en la habitación.
Mamá se aleja y me mira con los ojos empañados de lágrimas, levanto una mano y trato se secar sus mejillas, ella se ve tan frágil, jamás la había visto así.
-Lo siento. –Murmuro y baja la mirada.
Le tomo el mentó para que me mire de nuevo, ella lo hace y yo niego con la cabeza en un gesto de que no tiene por qué disculparse, no quiero hablar eso solo hace que me duela más la garganta.
-Isabella… -Miro a Charlie y es desgarrador verlo por primera vez tan perdido- Hace unos días estuviste en Forks y te pregunte qué era lo que realmente estaba mal, y me dijiste que estabas allí porque discutiste con Christian por los Cullen. Lo acepte porque confié en ti, pero resulta que me estabas mintiendo. ¿Por qué bella? ¿Es que acaso no confías en mí? Sabes lo duro que fue para mí que tu madre me llamara y me dijera que vino a darte una visita sorpresa y la sorpresa se la llevo ella al enterarse que estabas en el hospital por una recaída… ¡RECAÍDA! –Grita y tanto mamá como yo nos sobresaltamos, él ha perdido la calma- Tienes leucemia, Bella… leucemia muy avanzada… -solloza- mi niña no confía en mí lo suficiente como para decirme que tiene cáncer…
Él ya no tiene fuerzas para mantenerse a sí mismo de pie, cae de rodillas sollozando fuertemente, atrás quedo el fuerte y decidido jefe de policía Charlie Swan, ese que a duras penas demostraba un sentimiento.
Reneé corre a su encuentro y la mano que sostenía su cara cae flácida sobre mi regazo, me quedo mirando la intravenosa en ella totalmente ida, me aíslo en un mundo silencioso, donde no escucho a mis padres llorando, donde Christian nunca apareció en mi vida, donde nada de esto está pasando, ahí en aquel lugar donde he sido la mujer más feliz del mundo, ahí donde él sonríe porque se siente a gusto conmigo, ahí donde sus ojos brillan tan intensamente con el color del caramelo líquido, ahí donde lo único que importaba éramos nosotros dos.
-¿Bella?
Una voz me llama, la voz del mismo Ángel que una vez en el pasado me salvo, la única voz capaz de llegar hasta el lugar donde me he resguardado.
-¡Bella!
Parpadeo un par de veces y ahí está, mi Ángel en toda su gloria. Sus ojos aún lucen ese brillo especial que había en ellos cada vez que me miraba, su rostro pulcro tiene unas ligeras ojeras bajo los ojos pero aun así sigue siendo tan hermoso como en mi lugar especial…
-¿Estas bien? Estuviste realmente ida por mucho tiempo. –Él luce preocupado pero feliz. ¿Por qué?
La máscara de oxígeno aun esta sobre mi cara levanto las manos para quitármela pero el ejerce su pasatiempo favorito, impedírmelo.
-No lo hagas, tus pulmones aún están afectados debes mantenerla un tiempo más. –Su voz es baja y cautelosa.
Lo miro frunciendo el ceño, "¿afectados?" quiero preguntar pero mi garganta aun escose y decido que es mejor no hablar. Miro hacia los lados y veo a Christian junto a la puerta con el rostro contraído, a Carlisle a los pies de la cama con una sonrisa cálida y a Matt junto al sofá donde mis padres se encuentran, mamá parece haber sido sedada, tiene la cabeza apoyada en el regazo de mi padre y él tiene la suya recostada en el sofá mirando hacia el techo, está tratando de controlarse, puedo ver su rostro enrojecido de tanto llorar. Miro de nuevo a Edward y él aunque no puede escuchar mis pensamientos parece leer la pregunta en mis ojos.
-Has estado en shock durante al menos dos días. No creo que fuera buena idea que vieras eso, -el frunce el ceño y mira a Carlisle de mal manera, pero cuando su mirada vuelve a mi es nuevamente cálida. Levanto la mano hacia la máscara y la señalo, el respira profundo y mira a Carlisle de nuevo pero esta vez en busca de permiso, el aludido asiente y coloca los labios en una línea fina. Edward da un suspiros lastimero, me pareció mas un sollozo es difícil saberlo sin lágrimas pero cuando habla su voz sale baja- Había agua en tus pulmones, Matt y los demás están tratando de averiguar porque pero los exámenes no fueron buenos, Bella. Tuvimos que drenarla.
Él levanta un poco la manta y me enseña una bolsa que cuelga de mis costillas. ¿Agua en mis pulmones? ¿Qué acaso estuve nadando mientras estaba inconsciente? Cierro los ojos y trato de respirar profundo para no tener otro ataque de ansiedad pero eso solo empeora, siento un pinchazo en mi costilla, justo donde está la maldita bolsa colgando y mi garganta, nariz y tórax arden como si me estuvieran pasando un cepillo por dentro de mi cuerpo. Termina produciéndome una tos desesperante, Edward me golpea con suavidad la espalda, está siendo tan cuidadoso conmigo que me recuerda aquel vampiro que temía tocarme para no romperme. La tos sede por un momento pero el miedo recorre mi cuerpo al ver la mano cuando la aparto de mi boca.
-¡Bella! –Exclama y me aparta la mano de la vista para limpiarla rápidamente, sé porque lo hace, no quiere que lo vea pero ya es tarde.
Miro a Carlisle y él se ve triste, ya ha perdido esa calma natural en él. Christian ha dejado su postura contra la pared y se ha acercado un poco, tiene los puños cerrados con fuerza y está apretando la mandíbula, lo doy una mirada de disculpa pero él se gira y sale de la habitación dejando incluso la puerta abierta. Papá y mamá permanecen en la misma posición, ella sigue sedada y él concentrado en el techo de la habitación, aunque sus puños están aún más crispados que los de Christian, sé que ha escuchado.
-¿Bella? –Edward habla en voz baja- Necesitamos hacerte unos exámenes…
Asiento, y el parece aliviado. Lo siguiente es todo un torrente borroso entre broncoscopia, tomografías y radiografías de tórax, estudios de algún líquido, e incluso estuvieron hablando de una biopsia pero no hizo falta… las radiografías y tomografías se encendieron como un árbol de navidad.
Matt estuvo los siguientes días colocándome algún tipo de quimioterapia yo ni siquiera me atreví a preguntar, Carlisle y Edward se turnaban para cuidarme aunque en realidad Edward solo salía de la habitación para cambiarse la ropa por la nueva que Esme le proporcionaba. Mamá y Papá fueron quienes peor pasaron esos días, ellos no hablaban conmigo pero podía escucharlos hablar con Matt e incluso con Edward. Supongo que estaban demasiado enojados conmigo y decidieron no hacerme pasar otro mal rato. Cuando Matt entro a la habitación el viernes por la tarde y me dijo que al parecer los medicamentos quimioterapéuticos estaban deteniendo la propagación no supe si alegrarme porque había retrasado la muerte o si llorar porque él no había dicho "curado" en lugar de "retrasado". Nadie me hablo más del embarazo, aunque Matt seguía hablando en plural cada vez que podía como cuando me prometió que la quimio "no les hará daño". Christian no volvió por el hospital y Ana no se presentó nunca, no que yo lo supiera, tampoco podía preguntar porque hablar seguía siendo mi peor tortura, luego del ardor en la garganta y la dificultad para respirar. La bolsa en mis costillas desapareció, una mañana desperté y ya no estaba, fue realmente agradable, igual paso cuando dejaron de colocarme plaquetas y ahora solo tenía suero en la vía intravenosa, la gasa que taponaba mi nariz fue retirada el miércoles por la tarde, incluso pude respirar un poco mejor, solo un poco. El siguiente lunes Matt y Dianne entraron a la habitación con mi alta y fui jodidamente feliz, aunque me advirtieron que debía seguir manteniendo el oxígeno cerca, de momento no debía usarlo de manera permanente.
-¿A dónde piensas ir? ¿Te quedaras con… Christian? –Me pregunto mamá mientras me ayudaba a vestir.
Yo levante la mirada de los botones del vestido holgado de color verde que ella estaba abrochando. Lo cierto es que no lo había pensado, pero ahora sabía lo que debía hacer, ni siquiera tuve que reconsiderarlo. Negué fervientemente con la cabeza. Ella pareció feliz con esa respuesta.
-¿A dónde iras entonces, cariño? -Señale la chaqueta de papá que descansaba sobre el sofá- ¿A Forks?
Asiento. Quiero estar en mi hogar, y sé que ningún lugar se ha parecido más un hogar que ese. Extraño a papá, extraño el clima, los árboles, mi habitación, todo… y si he de morir pronto quiero hacerlo en un lugar donde valga la pena y me sienta feliz.
Mamá me mira por unos segundos más y luego sonríe y asiente de acuerdo conmigo aunque la sonrisa no le llega a los ojos. Sus ojos están inflamados y rojos, y han perdido ese brillo que solían tener, ella no ha hablado de Phil y no sé cómo están haciendo con su matrimonio, detesto tener que hacerle esto. Tres suaves toques en la puerta y una aprobación de mamá bastaron para que Edward entrara y me sonriera de esa manera que solo él sabía hacer para que mi día se iluminara. Se la devolví y el acarició mi mejilla.
-¿Estas lista? –siento- Bien, iré a decirle a Matt.
Se va con pasos elegantes, noto a mamá mirándolo y luego como me mira fijamente a mí, me giro y ella me sonríe, su rostro se ilumina, parece la primera sonrisa genuina en toda la semana.
-No puedo creer que él esté aquí. Es como si el destino hubiera querido reunirlos de nuevo. –Dice meditando para sí misma mientras me ayuda a colocar las bailarinas- me parece tan tierno como se preocupa por ti, Bella. Tiene una manera de mirarte muy peculiar…
Abro la boca sorprendida, jamás imagine que ella estuviera tan bien con el regreso de Edward a mi vida. Quiero preguntarle de que diablos habla con eso de la mirada pero ella me lo facilita todo.
-Ya sabes… es como si estuviera dispuesto a interponerse entre una bala y tú. Incluso he llegado a pensar estos últimos días de que él puede ser lo mejor para ti, cariño. No quiero ser dura contigo pero debes saber que Christian ni siquiera ha aparecido por el hospital desde el lunes pasado. Charlie me ha contado que os habéis casado y no me parece que fue la mejor manera, no sin nosotros presente. Pero ese no es el punto, es que si el de verdad te amara de esa manera tan pura en la que te ama Edward él hubiera estado aquí, en todo momento y no hubiera huido en cuanto la situación se puso difícil. Sé que Edward te dejo y no en muy buena manera, pero no fue su culpa, su familia se mudó, él no te dejo porque quiso, Bella. Piensa en eso. Pero bueno, basta de cháchara, termino de recoger las cosas y por fin nos iremos de este lugar.
Si tan solo ella supiera cuan cierto es todo lo que me ha dicho y cuan hondo han cavado sus palabras, ésta desde luego no es la primera vez que Christian huye de una situación difícil y dado lo que he escuchado de él queriendo recuperar su vida anterior a mí solo me da a entender que se ha hartado de estar con una enferma. Matt, Edward y Dianne entran a la habitación, ésta última viene empujando una silla de ruedas. Frunzo el ceño y le dirijo una mueca.
-Te dije que no le iba agradar. –Dice Edward claramente divertido.
-Bueno pero me sentiría mejor si no te esforzaras en mi presencia, Isabella. –Refunfuña Dianne.
Giro los ojos. Esta mujer realmente puede ser exasperante. Miro a Matt y él se encoge de hombros.
-Ella es la jefa de esta área, Bella. No puedo hacer nada al respecto o me despedirán. –Trata de bromear.
Vuelvo a girar los ojos y hago ademán de levantarme de la cama, Edward se manifiesta a mi lado y me ayuda cargándome estilo novia para dejarme con cuidado en la silla. Mamá ya tiene el bolso sobre su hombro y su abrigo junto a la chaqueta de Charlie reposando en su brazo.
Matt se inclina a mi altura, saca algo de su bolsillo y lo deja en mi mano. Lo miro y es mi teléfono celular, ¿Cómo ha llegado hasta él? Ni siquiera yo recuerdo cuando fue la última vez que lo use.
-Llama cuando quieras, prometo salir corriendo a ayudarte. –Me dice y luego deja un beso en mi frente- Cuídate hermosa.
-Me haces sentir frágil. –Digo con voz raposa.
Él se ríe y unas pequeñas arrugas se hacen bajo sus ojos, debe estar muy cansado.
-Pues para mí, eres como una hermosa muñeca de porcelana. –Dice en voz baja.
Siento mis ojos escocer con lágrimas no derramadas, él es tan dulce conmigo. Sin poder evitarlo lo rodeo con mis brazos y le doy un largo y prolongado abrazo, luego me aparto y le beso la mejilla. Él sonríe, y se levanta para despedirse de mi mamá. Pesco a Edward mirándome con una sonrisa, él me giña un ojo y yo aparto la mirada avergonzada. Dianne comienza a empujar la silla hacia el pasillo y Edward se sitúa a mi lado caminando a mi izquierda, estoy segura de que él no querrá apartarse más de mi lado. No sé cómo lidie Charlie con eso.
En las puertas del hospital Charlie esta recostado a una de las SUB, me sorprende ver a Taylor ahí, él me sonríe ampliamente y abre la puerta trasera del auto. Edward vuelve a cargarme y me deja con cuidado en el asiento.
-Me alegro de que ya estés mejor, Bella. –Me dice Taylor.
¡Bella! Me he ganado un "Bella" de su parte, sonrió y me acomodo en el asiento, papá salta al asiento junto al conductor y veo a mamá subir a mi lado por la otra puerta. Miro a Edward él está a punto de cerrar la puerta pero yo se lo impido, quiero que venga conmigo.
-Iré justo detrás, en mi auto. –Me dice.
Yo niego y lo tomo de la camisa para que suba a la SUB junto a mí. Él se ríe por lo bajo, toma mi mano y se deshace del agarre con facilidad, no sé por qué pero yo tampoco quiero que se aleje de mí, el pánico comienza a aparecer en mí interior y él parece notarlo.
-Voy a dejarle las llaves a Carlisle para que Alice me lleve el auto, ya vuelvo. –Besa mi frente y entra de nuevo en el hospital.
Puedo sentir la mirada de mamá sobre mí pero no soy capaz de apartar los ojos de la puerta de hospital.
-¿Bella, cariño? –Mamá me llama pero no me giro- Han dejado esto para ti en el hospital.
Ok, ella gana. Aparto la mirada y me giro, ella me tiende un tulipán hibrido blanco con manchas rojas, parece recién tallado, tiene un sobre pequeño atado al tallo con una cinta roja. Deshago el lazo y abro el sobre, dentro hay una suave hoja de papel pergamino, tiene una escritura delicada en letra de curvaturas muy antigua.
Querida Isabella, me complace saber que has surgido en el mundo financiero de la literatura. También que has sabido salir adelante luego de tan desafortunado incidente sentimental hace ya varios años atrás. Pero si bien he sabido informarme de tus logros mi querida niña, no es para nada agradable enterarme de que estas padeciendo una terrible enfermedad. Sería una verdadera lástima que tan hermosa criatura pereciera ante dicha tragedia humana. Para nosotros es un verdadero placer si aceptaras unírtenos en tan largo viaje que recorremos en el tiempo, tus dones te convertirán en una fascinante inmortal. Espero con ansias que nuestra invitación sea bien recibida por ti y decidas unirte a nosotros. De ser rechazada nuestra oferta, espero que puedas gozar de buenos días de felicidad antes del final.
Sin más que agregar, mis más sinceros saludos.
Aro.
Mis manos tiemblan, en el fondo sabía que esto pasaría, que ellos volverían a por mí. En aquel momento Aro me dejo claro muchas veces que él me quería en su guardia. Por lo cual no me sorprendo al saber que ha mantenido un ojo en mí. Miro a mi madre y ella parece distraída con su teléfono, papá está hablando algo con Taylor y Edward afortunadamente aun no regresa. Escondo la carta en la parte superior de mis medias a la altura de mi muslo y lanzo la flor bajo el asiento delantero y la piso lo más que puedo para eliminar su olor…
-¿Por qué haces eso? –Mamá se ve horrorizada.
No le respondo, hecho una rápida mirada hacia el hospital y veo a Edward salir con pasos elegantes. Me giro hacia mamá y pienso en lo primero que la distraiga y aleje la flor de sus pensamientos.
-¿Cómo le está yendo a Phil? ¿Lo veré pronto? –Me sigue costando un poco sacar mi voz pero ella me escucha y me mira como si tuviera tres cabezas pero luego se recompone y sonríe, bingo.
-Oh, cariño. No sabes lo bien que le está yendo, ha firmado con un equipo mucho mejor y me acaba de decir que podrá unirse a nosotros en unos pocos días y que no tiene nada que hacer hasta febrero. ¿Puedes creerlo? ¡Pasaremos navidad juntas, Bella!
Ella se ve tan feliz con esa noticia, yo no puedo estas mejor por ella, si bien no creo aguantar tanto daré lo mejor de mí para poder ver esos días a su lado. Edward llega hasta nosotros y se sienta justo a mi lado. Miro a Taylor y asiento para que nos saque de aquí.
Me recuesto en su duro y frio pecho, nadie dice nada y lo agradezco, él es todo lo que quiero, todo lo que he querido siempre, ahora lo sé. Estaba muy equivocada al querer alejarlo por mi resentimiento hacia su partida. Pero esos días quedaron atrás. Quiero a Edward a mi lado por el resto de mi vida. Aunque eso ya no sea mucho tiempo. Cierro los ojos al sentir sus labios sobre mi cabello y sus brazos rodearme.
.
La llegada a Forks fue en parte lo que esperaba, la lluvia nos recibió dándonos la bienvenida, el pueblo era todo lo que recordaba y más. Pude ver como mamá miraba por la ventana y no supe descifrar que era lo que estaba pensando, hace muchos años que ella no pisa este lugar. Taylor detiene la SUB frente a la casa de Charlie y todos bajan, yo a mi propio paso intento valerme por mi misma, Edward me ayuda a bajar y mientras caminamos hacia el interior mantiene un brazo a mí alrededor. El mareo me golpea y yo me detengo y escondo la cara en su pecho.
-¿Bella? –Su suave voz…
-Mareo. –Me limito a decir.
-¿Qué sucede? ¿Se siente mal? ¿Bella? –Las preguntas de Charlie son frenéticas.
Edward me toma en brazos y yo se lo agradezco rodeando su cuello y escondiendo mi cara ahí.
-Es solo el cambio de clima, se ha mareado. –Dice con voz persuasiva.
Nos movemos, escucho escalones y puertas luego Edward me deja con cuidado sobre la cama, abro los ojos y siento que algo no está bien, pero no se descifrarlo aún.
-Duerme un poco, buscare algo para que comas.
Mi mirada se centra en Edward, él parece relajado pero desde luego yo ya sé que es un excelente mentiroso. Me quito las bailarinas y me recuesto en la suave cama, mis ojos se fijan en los suyos, están oscureciendo.
-Necesitas ir de caza. –Digo en voz baja.
Edward enarca una ceja y me mira divertido.
-¿Estas tratando de correrme? Porque eso no funcionara, lo sabes ¿no?
Giro los ojos, es tan ridículo que aún no lo ha notado.
-Desearía que pudieras leer mi mente en este momento.
-Eso es nuevo.
-Edward… -Increíblemente decir su nombre ya no duele, aunque cada palabra arde, literalmente pero aun así necesito que el lo sepa todo- he vivido todos estos años prácticamente atormentada en silencio. Me he sentido asfixiada y aun así simule ser alguien que no era solo para ver a las personas a mi alrededor felices ya que en el fondo yo simplemente nunca lo fui... mentí tantas veces que incluso llegue a creerme yo misma esas mentiras…
-Bella… -Intenta interrumpirme pero no le dejo.
-…podemos sentarnos a fantasear como las cosas podrán ser distintas algún día, no funcionara créeme, yo lo he hecho desde que te fuiste, pero el punto es que este es el hoy y el hoy apesta. Hay una sola manera para solucionarlo y ya no soporto ni un día más así que ahora hare lo que yo quiero.
Golpeo la cama con mis palmas para dar énfasis a mi pequeño discurso.
-Estoy… estoy hecho un lío. –Él me mira profundamente con una mirada seria y honesta.
Suspiro, supuse que esto pasaría.
-¿Edward tú sinceramente creíste todo lo que yo te he dicho desde que has regresado? –Lo mire incrédula- ¡¿En serio?! Por Dios, te burlabas de mí por ser una pésima mentirosa.
Él no respondió estaba paralizado.
-¡Edward Cullen te amo! –le dije lentamente, el abrió los ojos como platos- he estado mintiéndome incluso a mí misma, haciéndome promesas absurdas y lo siento mucho. Porque te hice daño, me hice daño a mi e incluso arrastre conmigo a algunas personas más en mi intento de convencer al mundo de que no te quería y ya estoy harta de todo eso. No me importa lo que la gente piense de mí, no me importa lo que suceda mañana quiero que mi hoy deje de apestar de esta manera y la única forma es que lo sepas, joder te amo, te amo y te amo. Pero, ¿Cómo pudiste creerme? Después de las miles de veces que te dije lo mucho que te amaba. ¿Cómo pudieron unas simples palabras romper tu fe en mí?
Él se ríe, y es absolutamente hermoso, sus ojos negros brillan con tanta intensidad del ónix.
-Me has plagiado la frase.
Me encojo de hombros. Y suspiro exasperada.
-Edward… ¡Dime de una vez qué estás pensando! ¿Te suelto todo esto y solo me dices eso? ¿Qué mierda Cullen?
Edward deja caer su cabeza hacia atrás y suelta una sonora y prolongada carcajada.
-Pues justo en este momento estoy pensando que resulta que ahora dices más groserías que Rose. –Se burla, frunzo el ceño exasperada.
-Eres imposible. –Tomo una almohada y se la lanzo directo a la cara, me sorprende que da justo en el blanco, el sigue riéndose de mí- ¿De qué manera puedo explicarte esto para que me creas? Siempre te he querido y siempre te querré, solo a ti. Cada segundo que estuviste lejos, estuve pensando en ti, viendo tu rostro en mi mente, escuchando tu voz. Cuando regresaste y me empeñe en decirte que no te quería… ésa fue la más negra de las blasfemias… ¿Por qué no puedes aceptar la verdad? ¿Acaso ya es demasiado tarde? ¿Quizá te he hecho demasiado daño? ¿Es por todo lo que ha pasado en mi vida? Edward no he cambiado solo fingí hacerlo… así que no intestes herir mis sentimientos, por favor; sólo dime si todavía puedes quererme o no, después de todo lo que te he dicho. ¿Puedes?
-¿Qué clase de pregunta idiota es esa? –Inquirió de repente muy serio.
-Limítate a contestarla, por favor.
-No sé por qué siento como si me estuvieras robando mis líneas.
-Edward…
-De acuerdo. Escucha, lo que siento por ti no cambiara nunca. Claro que te amo y ¡no hay nada que puedas hacer contra eso! Ni si quiera el anillo en tu dedo.
Arrugo la cara, lo había olvidado por completo.
-Que linda manera de arruinar un momento. –Refunfuño y me quito los anillos y los lanzo a alguna parte de la habitación- listo, problema resuelto. ¿En que estábamos?
La expresión de su rostro era inescrutable.
-Estás loca… -Dijo incrédulo.
-He escuchado en alguna parte que las mejores personas lo están, y yo intento ser una mejor persona en este momento… Edward me estas exasperando aquí…
El vuelve a reír y toma mi rostro entre sus gélidas manos.
-Solo dime una cosa, ¿de verdad me amas? ¿No te arrepentirás de esto mañana y comenzaras a alejarme de ti?
-Jodete Cullen, no voy a repetir todo lo que he dicho. –Digo en voz baja.
-Creo que en realidad eso es todo lo que necesitaba escuchar.
En ese momento, puso su boca sobre la mía y no pude ni quise evitarlo. No solo porque era miles de veces más fuerte que yo, sino porque mi voluntad quedó reducida a cenizas en cuanto nuestros labios se tocaron, él fue absolutamente cuidadoso. Sus manos memorizaron mi cara, las mías volaron hacia su cabello y durante unos segundos que sus labios estuvieron libres, murmuró mi nombre.
Se apartó y empecé a marearme.
¡Por favor! –Pensé- Ahora no, esta noche no.
Pero no para, me quede quieta, aturdida, esperando a que los jadeos se normalizaran y desaparecieran, al igual que el mareo.
-Creo que ahora soy yo el que sufre de tortícolis con tus cambios… -Bromea.
-No sabía que a los vampiros les podía dar tal cosa… -Digo de manera entrecortada.
-Tonta Bella… -Se ríe- ¡Calla!
Edward alza la mirada y su rostro se posa de nuevos a pocos centímetros del mío.
-A propósito –Dice como quien no quiere la cosa- Jamás he creído que ya no me amabas.
Lo miro sorprendida, abro y cierro la boca un par de veces sin saber que decir.
-Joder…
Una nueva carcajada brota de su garganta.
-Isabella… ¿podrías dejar de decir groserías? Estoy tratando de ser serio, aquí.
Eso me molesta.
-Seré yo payaso tuyo.
El vuelve a reírse, y niega con la cabeza.
-¿Querrás hacerme el favor de escuchar mis palabras? –Insiste- ¿Dejaras que intente explicarme cuanto significas para mí?
Esperó, estudiando mi rostro mientras hablaba para asegurarse de que lo estaba escuchando de verdad.
-Habla en serio, por favor.
-Pongámoslo más fácil. –Carraspea e intenta tomar una pose seria como si fuera a citar a algún personaje importante de la era- Bella, mi vida era como una noche sin luna antes de conocerte, muy oscura, pero al menos había estrellas, puntos de luz y motivaciones. Y entonces tú cruzaste mi cielo como un meteoro. De pronto se encendió todo, todo se llenó de brillantez y belleza. Cuando tú te fuiste, cuando el meteoro desapareció en el horizonte, todo se volvió negro. No había cambiado nada, pero mis ojos habían quedado cegados por la luz. Ya no podía ver las estrellas. Y nada tenía sentido.
-Por un momento creí que se te habrían acostumbrado los ojos. –Farfullo.
-Ese es el problema, no pueden.
-Así que… en cristiano, ¿soy una estrella?
-Una muy brillante. –Asiente- Bella, mi amor. Mi corazón no ha latido en casi noventa años pero esta vez era todo diferente, como si hubiera desaparecido, como si hubiera dejado un vacío en su lugar, como si hubiera dejado aquí, contigo, lo que tengo dentro. Mi corazón te ha pertenecido desde el momento en el que te vi.
-¡vaya!
-¿Bella?
-de acuerdo, lo entiendo. Tú realmente me amas. –Dije maravillada.
La sonrisa torcida que más me gustaba se extendió por su rostro.
-Con todo mi ser, Isabella.
Mi corazón se hinchó de tal manera que estuvo a punto de romperme las costillas. Ocupó todo mi pecho y me obstruyó la garganta dejándome sin habla.
Me quería de verdad, igual que yo a él, para siempre.
-Ahora que todo está resuelto sigo creyendo que de verdad necesitas algo sólido en tu estómago, has estado viviendo a base de suero y no debe ser agradable. Iré a traerte algo de comer.
Se levantó con esos agiles movimientos que lo caracterizan y camino hacia la puerta. Justo cuando tenía el pomo de la puerta se giró y me sonrió.
-¿Bella?
-¿Uhm? –Enarque una ceja.
-Te amo.
Le sonrío y él se va dejando la puerta abierta ligeramente abierta, poco después regresa con un emparedado de pavo y jugo, coloco la bandeja sobre mi regazo y me mira a la expectativa.
-¿Mamá lo ha preparado? –Pregunto con recelo.
-Dame un poco de crédito, Bella. –Bromea.
-¿Lo has hecho tú? –La duda crece- No me mal intérpretes, pero a mamá se le quema el agua y tú… bueno tú no comes.
Él se ríe, algo que definitivamente no ha parado de hacer.
-Qué no coma no quiere decir que no sepa cocinar, en internet se aprenden muchas cosas. –Explica.
-¡Oh!
-Exacto, ahora come. Necesito arreglar unas cosas por aquí. –Ordena y se levanta hacia la puerta.
Doy un mordisco al emparedado, sabe bien, realmente bien. Cuando Edward regresa la realidad me golpea, el entra con alguna clase de nuevo mejor amigo para mí. Trato de ignorarlo pero me es casi imposible, lo instala junto a la cama y luego se sienta a mi lado verme comer. En su mirada hay determinación y tristeza, lo sé. Pero no el por qué.
Cuando termino el emparedado él me da algunas pastillas y luego de tomarlas con mi jugo él retira la bandeja y la coloca en la mesa de noche. Me recuesto en la cama, no sé por dónde comenzar pero definitivamente necesito hacerlo.
-¿Puedo pedirte algo? –Murmuro.
-Lo que quieras. –responde con convicción.
-Cuéntame que fue lo que realmente paso, no entendí la mayor parte, ya sabes o estaba sedada o inconsciente. –Intentar bromear al respecto estaba sobrevalorado a estas alturas.
Él da un largo y prolongado suspiro. Cubre mi cuerpo con las mantas y acaricia mi mejilla.
-Según lo que pude saber por Matt y Dianne es que Christian te llevo de emergencia al hospital cuando te encontró con un derrame nasal. Ellos intentaron detenerlo pero les fue muy difícil, cuando por fin lo lograron, tuviste un episodio de pánico y tuvieron que sedarte, mientras estuviste sedada tuviste un nuevo derrame y fue peor que el anterior. Todos estaban tan preocupados, Matt estaba como loco, estuvo a punto de cauterizarte la nariz… cuando por fin lograron detener el derrame viene Carlisle y te deja ver a tus padres en ese estado… sinceramente no creo que fue el mejor momento. No necesitabas ese tipo de presión, entraste en shock y durante al menos dos días. Nadie sabía qué hacer para sacarte de ese estado y yo no podía acercarme a la habitación, Reneé y Charlie no se apartaban de tu lado en ningún momento y Christian… bueno él no ayudaba. Pero en esos días… lo supimos, todo estuvo claro y ante nuestros ojos. La medula no ha funcionado, los antibióticos no han funcionado, tus pulmones comenzaron llenarse de líquido. No podías respirar, nadie podía controlarlo, por un momento creímos que era el final así que me importo una mierda lo que pensaran tus padres o él. Entre a la habitación coloque ese tuvo en tus pulmones para drenarlos, tenía tanto miedo de perderte. –Hasta ese momento no había notado el dolor tan grande con el que hablaba, mi corazón se oprimió. La felicidad pareció brillar un momento en sus ojos, de nuevo- Poco después Matt me dijo que tratara de sacarte de ese extraño trance en el que estabas ya que nadie lo lograba, lo intente… y volviste. No tienes idea lo que pasó por la mente de todos ellos en ese momento… pero nada, absolutamente nada se comparó con la mirada que me diste… y bueno, ya sabes lo demás.
-¿Sabías que esto podía ocurrir? –Grazno con voz raposa a causa del nudo en mi garganta que nada tiene que ver con lo que me sucede.
-Llegue a creer que podría pasar. Tienes una leucemia muy avanzada Bella y era algo de esperar que hiciera metástasis en algún lugar, lamentablemente fueron tus pulmones.
De la sonrisa que antes había en su rostro ya no queda ni la sombra.
-Los antibióticos que te colocamos hicieron efecto, drenamos el líquido de tus pulmones y recuperaron algo de fuerza. El Phalanxiflor ha funcionado. Así que deberás seguir ayudándote con el oxígeno, de momento no tan seguido, hemos pensado que solo por las noches, para evitar una recaída mientras duermes.
Recaída… ¿Qué tan seguido iba a escuchar esa palabra de ahora en adelante? Cierro los ojos y respiro profundo, arde, duele, quema, pica, todo en una gran escala. Pero algo no encajaba; ¿Por qué ya no hablaban del bebé?
-Esto apesta. –Digo en voz baja- Pero está bien.
-¿Bien? –Puedo escuchar la incredulidad en su voz.
-¿No era algo así lo que querías? –Mi voz cada vez es más baja por el dolor de garganta y el sueño gracias a las pastillas.
-¿De qué hablas, Bella? -Dice con tristeza.
-Yo siendo humana… -Pero yo ya no puedo hablar.
No quería dormir, prefería quedarme levantada toda la noche hablando con Edward pero no podía controlar el sueño. Sentí la cama moverse, y poco después como la puerta sonaba. Tuve miedo de que Edward se fuera pero no podía hacer nada la inconsciencia me estaba llamando…
.
Me desperté temprano, después de un sueño profundo y sin sueños ni pesadillas. Podía escuchar a mamá y a Edward hablar en algún lugar de la habitación.
-¿Cómo se encuentra? –Pregunto Renée en voz baja.
-Aún está dormida, pasó la noche tranquila. -Escucho el sonido de la mecedora- Creo que debería irme ya.
Mamá suspira, y casi estoy segura de que se está estremeciendo.
-No creo que sea buena idea. –Dice con voz apesadumbrada y una nota de pánico.
Tampoco creo que sea buena idea… siento un vacío en el estómago. Comienzo a hiperventilar, abro los ojos y me arqueo en la cama y mirando la cabecera de la cama me concentro en tratar de respirar. Espiro. Pero respirar tiene el efecto contrario cuando lo haces de manera consciente. Mis pulmones se sienten secos como abanicos de papel.
Espiro. Espiro…
Unas fuertes manos se colocan en mis hombros.
-¿Bella? Respira hondo.
Intente obedecerle, aunque apenas sabia donde tenía los pulmones. Le miro a la cara mientras me concentro en respirar. Él alargo la mano y me toco la cara con la palma abierta. No sé qué significo en ese instante su toque, el frio de su piel penetro la mía y me calmó, cual droga. Pero no es suficiente.
Respira. Aspira. Aspira…
Edward coloca algún tipo de máscara en mi cara y poco después siento como esta bombea oxigeno hasta mis pulmones obligándome a respirar.
-Eso es… tranquila… todo estará bien. –Dice con voz aterciopelada.
Miro fijamente sus ojos, están cada vez más oscuros, luego de unos minutos mi respiración se normaliza y puedo respirar casi con normalidad.
-No debes alterarte de esa manera, Bella. –Frunce el ceño- tranquila, el BiPAP te ayudara.
-No te vayas. –Murmuro con voz raposa.
-No iré a ninguna parte Bella. –La promesa brillo con resolución en sus ojos negros.
Su expresión se suavizó y luego miro a mamá, sinceramente había olvidado que estaba ahí.
-Ella estará bien. –Le aseguro a mamá.
Renée lo miro atónita, supongo que Edward le acaba de responder a una pregunta no formulada en voz alta. Mamá asiente y retira la mano que tiene sobre su boca y respira aliviada.
-Cariño lo siento… debí, debí haber hecho algo pero ¡Dios! nunca me había sentido tan impotente. No sabía qué hacer. –Dijo con voz rota por las lágrimas no derramadas.
-Tranquila, comprendo. –Le digo.
Ella asiente y se va, sé que quiere huir de la habitación, esto es una tremenda mierda para ella y para papá pero no puedo hacer nada. Ya se enteraron.
Miro a Edward y él me devuelve una mirada triste y vacía. Levante la mano y acaricie su mejilla.
-En serio necesitas ir de caza.
-No pienso dejarte sola. –Refunfuña- Estoy bien, puedo aguantar un poco más.
Cierro los ojos y cuando estoy segura de que ya puedo respirar por mí misma me quito la máscara, Edward extiende la mano y apaga el BiPAP. Me ayuda a sentar en la cama y no me pierde de vista. De pronto recuerdo que aún hay algo que debo hacer.
-¿Edward?
-¿Si?
-¿Cuál de tus hermanos ha estudiado derecho?
El frunce el ceño y hace una mueca.
-Rose y Jasper. Emmett nunca termino la carrera, ¿Por qué?
Sonrío, por supuesto que eso era demasiado para Emmett.
-¿Ellos están aquí? ¿En Forks? –Edward me mira por un largo minuto y luego asiente con cautela- Bien, quiero ir a verlos. Tengo mucho que hablar con ellos. Y tú necesitas alimentarte, si Carlisle está ahí ¿estarías más tranquilo?
Él sonríe ampliamente.
-Eso estaría bien realmente tengo sed, y Esme ha estado queriendo verte. Incluso está desesperando a Alice.
Me reí, es imposible desesperar a Alice ya que ella es la desesperante. Pero reír no es buena idea, termine con un ataque de tos tremendo. Pero luego de un rato logre estar bien.
-Bien, supongo que iré de caza… le diré a Renée que venga ayudarte a vestir. ¿Eso está bien?
Asiento: -Por favor.
El beso mi frente y salió de la habitación, no escuche sus pasos, no escuche las voces pero poco después mamá entró más tranquila, aunque sus ojos estaban inyectados de sangre de tanto llorar. Ella me ayudo a bañar y vestir y luego recogió mi cabello hacía atrás en una trenza. Edward volvió a entrar en la habitación y sonrió.
-Estas hermosa, Bella. –Baje la mirada avergonzada- ¿Vamos? He avisado a mamá que iríamos y está emocionada. Todos te esperan.
Note el doble sentido de sus últimas palabras. Supuse que había hablado con ellos. El condujo despacio hasta su casa, supe que estaba tratando de alargar el momento juntos. Cuando el detuvo el auto frente a la casa Esme fue la primera en aparecer en la puerta con una gran sonrisa. Edward bajo del auto y en un segundo estuvo junto a mi puerta y me ayudo a bajar. El abrazo maternal de Esme a pesar de su temperatura normal lo sentí tan cálido y amoroso.
-¡Oh cariño! ¡No sabes lo feliz que estoy de tenerte aquí! –Dijo emocionada. Sonreí ampliamente- Pasa cariño, Alice nos ha dicho que necesitas hablar con nosotros.
-Mierda que chismosa. –Refunfuño.
Escucho una risa musical proveniente de la casa seguida por la gutural carcajada inconfundible de Emmett.
-Isabella, ese lenguaje. –Me riñe Edward.
Le saco la lengua y él se ríe. Me ayuda a entrar y me guía hasta la pequeña sala junto a la cocina donde Emmett y Jasper están viendo el partido.
-¿Qué hay Bella? –Sonríe Emmett.
-Hola Em, Jasper. –Dije sonriendo.
Jasper solo sonríe y asiente.
-¿Me han dicho que necesitas hablar conmigo? –Dice con duda.
-En realidad… con Rose también.
-Pues, tú dirás. –Rose entra en la habitación, seguida por Alice y Carlisle.
-¿Cómo te sientes, Bella? –Pregunta el patriarca de la familia.
-Creo que Edward sabría responder mejor esa pregunta. –Digo en voz baja.
Él asiente y mira a su hijo mayor quien está sentado a mi derecha.
-Ella está bien papá. –Se limita a decir, se gira hacia mí y frunce el ceño- ¿Estas segura de esto? –Asiento- Bien, no tardare. Lo prometo.
-Ve, necesitas alimentarte yo estaré bien. –Repuse con una sonrisa y le acaricié la mejilla. El refunfuño y giro los ojos.
-De acuerdo. –Se levantó y miro a Emmett- ¿Me acompañas?
-¿Estás loco? Quiero saber qué es lo que sucede aquí. –Dijo con una sonrisa traviesa.
Le sonreí a Emmett, él en serio a veces era tan niño.
-¡Deja de ser chismoso y ve! –Le dije.
Él se rió y se levantó de un brinco. Pude escuchar las risas de los demás.
-Bien, lo que sea. –Refunfuño.
Camino junto a Edward hacia la puerta que daba a la parte trasera de la casa.
-¿Y bien Bella? ¿Para qué somos buenos? –Pregunto Jasper con verdadero interés, aparte la mirada de la espalda de Edward y le sonreí a Jasper- ¿Qué necesitas?
-Un divorcio. –Dije con voz alta y clara por primera vez en lo que parecía un largo tiempo.
Edward detuvo su andar y se giró para mirarme, sus ojos negros como la noche derritieron, quebraron e hicieron añicos mi mundo. Tal y como hicieron aquella primera vez en la clase de biología. Él sonrió ampliamente y supe que por fin estaba tomando una decisión correcta, ser feliz.
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Primero que nada quiero pedirles mil y un disculpas por el tiempo que ha pasado desde la última actualización. Los problemas personales se me acumularon uno sobre otro, posiblemente he perdido muchos lectores gracias a eso pero unas grandes amigas me aconsejaron que ahora que tenía un nuevo capítulo debía colocarlo.
Se preguntaran porque lo coloque así y es que necesitaba un comienzo para Edward y Bella ahora que todo parece estar dando pie a una relación entre Christian y Ana.
También quiero que sepan que NO estoy copiando TFIOS, le di a Bella una metástasis en los Pulmones porque al comienzo se la había colocado en el vientre e iba a ser demasiada crueldad para un solo capitulo. Entenderán el por qué.
Aceptare sus opiniones al respecto.
Saludos y mil gracias a las que aún se mantienen ahí al pendiente de la historia.
xx
Maiia.
