Suiza informándole a Austria que tienen que ir a un retiro espiritual la próxima semana y que han vivido en pecado, saliendo de la reunión con el obispo. Suiza sale DISPARADO a la montaña. Histérico y tremendamente avergonzado.
Un par de horas más tarde se arrepiente de haber llevado traje a su reunión, puesto que caminar en la montaña sin botas es siempre mucho más cansado de lo que debería y ya no digamos lo trepar a un árbol. Pero una vez arriba, hecho bolita y después de gritar un poco y maldecir, le envía un mensaje a Liechtenstein indicándole que volverá muy tarde a la noche y que no le esperen despierto, con la firme esperanza de que le avise a Austria. Es posible que Austria esté ahí.
Suiza hace tiempo y remolonea en el bosque hasta que empieza a darle frío, arrepintiéndose también de no haber traído algo más grueso que el saco. Es el frío precisamente lo que le obliga a volver a la casa temblando y castañeando los dientes a eso de las dos de la mañana.
Buah, Austria y Liechtenstein seguro ya han cenado y duermen cada uno en un cuarto. Lo que Suiza NO quiere es ver a Austria hoy y morir de la vergüenza de nuevo.
Malas noticias para Suiza.
Primera mala noticia: tiene un oído extremadamente sensible.
Segunda mala noticia: tiene el sueño bastante ligero.
Tercera mala noticia: está durmiendo en tu cama.
Suiza circula de puntas por la casa y hasta se quita los zapatos en la planta baja llevándolos en la mano hasta el cuarto. Abre la puerta con sigilo peleando con sus dientes para que dejen de sonar y como además Austria le está esperando, ya está despierto. Entra de puntas sin enterarse de que le espera agradeciendo enormemente lo calentito del cuarto. Mira la cama y se sonroooooja al ver el bulto y recordar además que esto está MAL, pues el obispo dice...
Se quita el saco, los zapatos y la corbata de espaldas a la cama mirando de reojo periódicamente y pensando que todo esto es un desastre y que lo menos es... No van a volver a tener sexo hasta que no estén casados y no tenga que sentirse culpable por ello. Ya llevaban una vida entera bastante vergonzosa, al menos no tendría que pasar estas vergüenzas otra vez si al obispo se le ocurría volver a preguntar. Se pone el pijama con rapidez.
Austria permanece quieto, de espaldas, escuchando atentamente. Debe oír como aun tiembla un poco entre el frío y el nervio y como el corazón se le acelera solo de recordar el interrogatorio.
De hecho quizás le parezca aún más raro a Austria cuando Suiza va hasta la puerta del armario, saca una manta gruesa y, en vez de ponerla en la cama se la eche encima y se acueste en el suelo al lado de la cama, hecho bolita.
—¿Qué haces? —pregunta entonces sin girarse, frunciendo un poco el ceño al interpretar lo que escucha. Suiza pega EL salto, creo que hasta se pone de pie.
—¿QUE HACES DESPIERTO? —medio chilla medio susurra.
—¿Qué haces tú en el suelo? —se gira ahora sí.
—Iba a dormir —aprieta los ojos sonrojado.
—¿En el suelo?
—P-Pues es que... ¡Esto está mal, no deberíamos dormir juntos!
—¿Perdona?
—Es que el obispo insiste que esto no debe ser así.
—El... —empieza a repetir, cierra los ojos y sonríe un poco.
—De hecho me ha dicho que es una cosa terrible y que debíamos ir a un retiro espiritual.
—¿Y tú quieres ir a un retiro espiritual?
—No, pero si es verdad que es completamente... Pecaminoso. Todo. ¡Y sin decir que somos hermanos y esas cosas, es terrible!
—¿Y planeas solucionarlo durmiendo en el suelo?
—Pues no se me ocurrió nada más ahora mismo.
—¿Y hasta cuando planeas hacer eso?
—Pues... Hasta la boda deberíamos dormir separados.
—¿Planeas dormir todo el otoño en el suelo?
Y congelarme... Piensa, acordándose de que si, aún tiene un poco de frío. Se frota los brazos.
—¿Pues tú qué planeas? Tienes que ir a hablar con el obispo el jueves, para empezar y te va a decir lo mismo, que está MUY mal.
—A que me riña, por lo visto.
—Es que es pecado, Österreich… Y está mal —se sienta en la cama y se hace bolita porque de verdad tiene frío aun—, y dice que estando tan cerca de la boda porque había que caer en la tentación
—Y tú lo piensas también, por lo visto —lo cubre con las sabanas calentitas de todas formas
—Yo... Yo creo que... —es que las cobijas calentitaaaas. Se acurruca un poco—. Que fue horrible y debería irme a confesar.
Austria se acerca a él pasándole las manos por los brazos para calentarle.
—¿Y crees que podrás contarle al sacerdote? —sonríe de lado—. A ver, ¿qué le dirías?
—Que le mentí al obispo por omisión —trata de no echársele encima pero es que es calentito y consolador... A pesar de la sonrisa.
—¿Y nada más?
—Pues seguro querría saber en qué. Y el MONTONAL de cosas que no le dije, Österreich: tengo desde hace bastante tiempo relaciones homosexuales con mi hermano con un fin que no es el de procrear. Creo que me echa de la iglesia si lo sabe.
—Qué poético —aprieta los ojos.
—Pues es real. Es... ¡Es una vergüenza!
—¿Y por qué lo haces, si piensas eso?
—Pues... Pues porque no había opción de hacerlo bien, ni hacerlo mejor. Esto solo es algo que se dio y eres tú. Las razones por las que estaba mal no eran esas.
—¿Cuáles eran?
—Pues... —se esconde un poco—. Eran otras. Como que yo te odio... —pausita aprieta los ojos—, odiaba.
—Así que ahora has dejado de odiarme pero te parece que esto es terrible...
—Me parece que el interrogatorio nazi es terrible y vergonzoso, peor aún si tiene razón.
—El interrogatorio tiene poquito que ver con esto —le hace una caricia porque no sabe cómo reaccionará. Suiza se tensa, apretando los ojos.
—Es que va a saberlo... —susurra el helvético—. Y no va a querer casarnos.
—¿Cómo va a saberlo?
—Va a saberlo porque va a preguntarme "¿han tenido relaciones sexuales de nuevo?" y yo voy a MORIRME.
—Podemos no hacerlo si de verdad no quieres.
Suiza traga saliva y le mira de reojo Y la cuestión es... ¿En realidad querría no hacerlo? No tocarse, no dormir juntos, no... ¿Nada de nada hasta la boda? Quizás sería más fácil que Austria dijera "eso es una locura, sigamos como hasta ahora" y poderle culpar.
—Es que... Este es el momento en que nos vemos y hablamos —sin que yo esté histérico.
—¿Aja?
—Pero no DEBERÍA ser así. Aunque es absurdo que deje de ir así, si ya tienes hasta llaves de la casa —no, no le has dado el juego de llaves.
—Desconocía que fueras consciente de eso —él no, pero Liechtenstein sí se las ha dado, por si a Suiza le pasaba algo mientras ella estaba fuera y alguien tenía que ir a rescatarlo.
—Yo saque ese juego de llaves y te lo voy a dar cuando... —se calla, le mira en la oscuridad—. Was?! ¿T-Tienes las llaves? —es que hasta les puso ÉL el llavero de la Swiss army, claro está, para ti.
—Liechtenstein pensó que era bueno que alguien las tuviera por si te ocurría algo cuando ella no estaba.
—Liechtenstein —levanta las cejas... Y luego aprieta los ojos—. E-Era un... Se suponía que... E-eh... Ugh!
—Shhh... —sonríe—. Que tú lo hagas es un detalle importante.
Es que es EL detalle. Casi como casarse. Naaaadie tiene llaves de su casa más que Liechtenstein y aunque lo hubiera pensado antes del compromiso la señal es la misma.
—Te dije que confiaría en ti.
—Danke —asiente.
—No me gusta tener dilemas así en mi vida.
—¿Y qué harás?
—Haremos. Deja de hablar en singular —protesta abrazándosele un poco.
—Es que yo sí sé lo que haré.
—Ah, ¿sí? ¿Qué vas a hacer? —le mira despeinadito y piensa en hundirle la mano en el peeeeelo. Se abstiene.
—Quitarme los pantalones —dicho y hecho.
—W-Was?! P-Pero eso...
Se los quiiiitaaaa. El de ojos verdes le mira con la boca medio abierta.
—P-Pero se supone que... Que no has oído nada de lo que te dije —tiene un escalofrío.
—Puede que decida dormir desnudo de aquí a Navidad —se encoge de hombros. Suiza abre los ojos como platos.
—Was?! Nein! Nein, ¡no puedes dormir desnudo en mi cama! ¡Ni en ningún otro lado! Se supone que deberías... ¡Ser recatado!
—La desnudez no tiene nada que ver con la erótica —le riñe.
—¡Tiene TODO que ver! Y no... —resopla tratando de no ponerse tan nervioso, porque además... Es que quisiera un beso y un abrazo y que le dijera "todo va a estar bien, no te preocupes, haremos cositas malas y las cositas malas están bien"... Suiza, cambia de idea o de pareja.
—Nein, was?
—¡Es que no es justo porque parece que lo que quieres es JUSTO lo opuesto que quiere el obispo!
—A mí no me han reñido —tan cínico.
—¡Pues va a reñirte la próxima semana por lo que haces conmigo! Es tan pecado lo mío como lo tuyo —sigue ahí acostadito y medio hecho bolita... Con una mano en la cintura de Austria. De verdad, Suiza, para haberte regañado...
—Lo que significa que yo tengo carta blanca hasta la semana que viene —decide con la forma de verlo que más le conviene, sonriendo.
—Nein. Además... ¡Es que no vale! —protesta y le quita la mano de la cadera... Se da la vuelta dándole la espalda y se hace bolita abrazándose las piernas. Austria le sopla un poquito en la nuca. Es que debe SENTIR el escalofrío y oírle el corazón. Aprieta los ojos porque... Buff, es que no puede evitarlo y más aún ahora que está empeñado en que no le pase.
—¿Me vas a decir por qué?
—¿Por que qué?
—Por qué no se vale.
—Porque... Porque... —se revuelve y aprieta más las piernas—, estas ahí así como... Y-Y... Y voy a tener que dormir en el suelo.
—¿Por? ¿Estás pensando cosas pervertidas?
—¡Estoypensandolologicodepensarsiestasdesnudo! Que dirías tu si yo me desnudara, ¿eh?
—¡Qué ibas a desnudarte tú!
—¿Y si... Me abrazas? —pregunta muy extrañamente y sin que venga al caso, hundiendo la cara en la almohada.
Austria parpadea descolocado porque eso va por otra línea completamente.
—Agh —protesta en general haciéndose más bolita, sonrojándose el triple.
—Ehm... —vacila y... un poco incómodo, por estar desnudo, le pasa un brazo por encima.
—No, no. ¡No está bien!
—Was? —protesta ahora sin entenderle. Suiza le toma de la mano suavemente igual. El austriaco le mira de reojo.
—No quiero que no nos hablemos hasta Navidad —susurra, ¿y quién dice que no se iban a hablar? Eres un poco radical.
—¿Hablar conmigo también te hace pensar cosas pervertidas?
—¡Deja de decir "pervertidas"!
—¿Sabes que nada más pensarlas es pecado también?
—Pues deja de hacer que las piense —se lleva una mano a la cabeza. Sin soltarle la mano, eso sí.
—No es tan fácil cuando tú lo llevas todo a ese campo, por ejemplo le digo al obispo "nuestra tarta es de fresas porque son las que más me gusta comer..." y a saber qué piensas.
Se esconde más y se sonrooooooja imaginando una de taaaantas con las fresas.
—Y no nombremos el chocolate —sigue, sabiendo perfecto en lo que piensa.
—Es tu culpa —susurra sintiéndose el hombre MÁS pervertido del mundo.
—Yo no soy uno de los mayores productores mundiales —le acusa en su defensa.
—¡Solo me gusta el chocolate! ¡Eso no es nada pervertido! —cómo olvidar la ducha. Tiembla un poco porque además Austria esta calientito y desnudo junto a él y es SU culpa que le abrace... Y a la vez, esta calientito y desnudo y le está abrazando.
—Te me echaste encima a lamerme, apenas si podía lograr que me escucharas, ya no hablemos de razonar, detenerte o defenderme —vuelve a acusarle. Suiza aprieta los ojos y se muere de la vergüenza, porque fue exactamente así.
—Lo... Eso... —no sabe ni que decir en su defensa. De hecho sabe que si volviera a pasar, lo volvería a hacer igual...
—¿Aja? ¿Vas a contárselo al obispo cuando te confieses o volverás a mentir por omisión? —pregunta expresamente para ponerle en el aprieto.
—Te detesto —protesta porque además... Es que con lo que le cuesta trabajo decir mentiras—. No quiero contarle nada, ¡eso es MÍO!
—Pues en contarle esas cosas consiste confesarse —razona.
—No si las cosas no están mal. ¡Si estuvieran bien no tendría que confesarlo, pero ahora si tengo que confesarlo! ¡Y eso es terrible! —tan agobiado
—Puedes confesarte conmigo —suelta de repente porque le hace gracia-
—¡¿Contigo?! —pregunta/exclama un poco en pánico, sin acabar de decidir si eso es mejor o peor.
—Yo ya sé todas esas cosas, así que no hay problema en que me las cuentes de nuevo y te pondré una penitencia —se encoge de hombros y se humedece los labios empezando a pensar en algunas.
—¿Tú? Pero... no eres un cura... —vacila.
—¿Y? Esto es una cuestión de fe, lo seré si tú lo crees.
—¿Que penitencia vas a ponerme?
—Depende de lo que confieses.
—Ya te confesé las cosas que confesaría —se gira hacia él.
—Nein.
—Nein?
—No has confesado nada —lo que quiere es que le cuente. El helvético suspira sin notar que el contacto y la cercanía le han calmado un poco a pesar de todo.
—Es que... Nada de lo que hacemos está bien, técnicamente.
—Pues confiésalo —le insta de nuevo, él se sonroja de nuevo y aprieta los ojos.
—Confieso padre que he pecado —susurra en la oscuridad y baja el tono—. Estoy en... una relación homosexual con... mein... bruder.
Austria se humedece los labios.
—Ya veo... —susurra con suavidad, escuchándole.
—Y hacemos cosas indebidas y pecaminosas —agrega—, aunque...
—¿Aja...?
—Es de manera responsable y no libertina... Ahora. No siempre ha sido así.
—Entiendo —asiente.
—Y... Pienso cosas in-indebidas a veces y... no nos casamos aun —¿Cómo coño consigues que te confiese esas cosas, Austria?
—¿Qué clase de cosas, hijo?
Suiza aprieta los ojos.
—Cosas... Sexuales. Trato de evitarlas —y eso no es broma, solo... Es imposible.
—¿Qué crees que hace que el intento sea en vano y te desvíes de la senda de la pureza?
—Es culpa suya... Y sus perversiones y... —baja el tono mucho casi a un susurro—, es que me... gusta.
—Ya... veo —se nota que sonríe un poco—. ¿Y pasa muy a menudo?
—No voy a decirte eso... —es que pasa mucho más de lo que pasa con NADIE.
—Hijo mío, es importante para saber cuánta penitencia mereces.
—Ja.
—No era una pregunta.
—Ja, pasa muy a menudo, verdammt.
—Mmmm... —igual sonríe.
—¡Como te burles de mí una sola vez con lo que te estoy diciendo, Österreich! —protesta un poco escondiéndosele en el pecho. Austria se ríe un poquito, suavecito.
—Caalma, calma —igual lo abraza.
—¡Tú nunca tienes ningún problema! —protesta otra vez dejándose abrazar—. Österreich... ¿Crees que debamos dormir separados?
—Vamos a ver, ¿qué exactamente es lo que te hace sentir tan culpable de todo esto? ¿Realmente crees que sea algo malo? —pregunta en un tono más dulce y preocupado, intentando racionalizarlo.
—Es que las reglas son las reglas.
—¿Y quién las pone?
—La Iglesia.
—¿Por qué?
—Las pone ahí para el que quiera seguirlas, ¿cómo que por qué? Es un código ético de lo que está bien y está mal, y esto que hacemos está mal. Y no es que no lo sepa, pero casarnos implica adecuarnos a ese código ético que no cumplimos.
—Tú lo has dicho, para el que quiera seguirlas, el que crea en ellas. El hombre y sus circunstancias es un ser complejo y las reglas que valen para unos no valen para otros.
—No tenía problemas con esto hasta que hablé con el Obispo. Porque ÉL tiene problemas con esto. Claro está que... ¿Qué iba a decirle? La primera vez que me acosté con Österreich no sabía siquiera que esto se podía, ¿qué iba a pensar en si era pecado o no? No sé... Ni siquiera sé si seguías casado con Spanien.
—En mi opinión, dejamos de ser hermanos hace muchos años, por ejemplo —empieza el austriaco.
—Hace cientos de años —corrobora Suiza.
—Pues no me parece que sea entonces algo que pueda hacernos sentir culpables —valora de manera práctica, el helvético suspira.
—Quizás no, pero en la frase que te he dicho hay otras veinte cosas que si deben hacernos sentir culpables. Sexo por tener sexo —insiste.
—¿Eso te hace sentir culpable? ¿De verdad?
—Pues me dio una tremenda vergüenza cuando lo expuso acusatoriamente frente a... —traga saliva.
—Vergüenza no es culpa. ¿Frente a quién?
—Más aun cuando uno piensa... No solo es eso, además es sodomía.
—Mmmm... De hecho, pensando en eso ni siquiera creo que quiera casarnos.
Suiza se queda en silencio unos segundos... Y después se acurruca un poco contra él. La realidad es que en sus horas en la montaña ya lo había temido, sin querer pensarlo. Era aún peor la idea de no PODER casarse.
—Lo que vendría significando que has pasado esas vergüenzas para nada.
Suiza parpadea porque... Es que es muy grave que no quiera casarles la iglesia, ignorando el asunto de sus vergüenzas con o sin utilidad práctica.
—En fin... seguro puedes buscar a un obispo un poco más abierto de miras, que quiera oficiar una boda incestuosa y homosexual —decide tranquilamente como siempre cargándole el muerto a alguien más.
—¿Quieres que busque a OTRO? Y que vaya por ahí haciendo esto mismo hasta que encuentre a alguno que... ¡Es que ninguno va a querer!
—¿Vas a rendirte sin intentarlo siquiera? —protesta, Suiza se humedece los labios y aprieta los ojos y de no estar oscuro se le notaria el sonrojo.
—N-Nein... —susurra—, sí quiero casarme contigo.
Austria sonríe.
—England sabe cómo —recuerda de repente Suiza.
—¿Cómo?
—Cómo casarse con un hombre. Me parece que es secreto pero él y France lo están.
—Tal vez deberías preguntarle a él entonces.
—Aun así no sé si podamos casarnos realmente. Él es anglicano y quizás eso le haya ayudado... No se siquiera si lo hicieron por la iglesia. Tal vez tú y yo podríamos ir al juzgado y firmar unos papeles y ya, claro que para hacer eso... Olvídate de la iglesia, de que esto sea una ceremonia, y de la música.
—Nein —se niega categóricamente.
—Pues justamente ese es el problema de que el obispo de la catedral de Bern se niegue a casarnos.
—Pues buscaremos otro obispo —sentencia muy seguro.
—Y nos casará en otra catedral. Porque esta de aquí es la diócesis de éste.
—Pues lo convenceremos de que no. No te olvides que no eres un cualquiera. La catedral es más tuya que suya —insiste el austriaco, con el ceño fruncido. Suiza le mira y esta vez sí nota claramente el plural.
—Eso es bastante relativo, no es como que pueda quitársela. Recuerda que yo tengo una relación estrecha con el Vaticano.
Austria levanta las cejas con eso, teniendo LA idea.
—Habrá que buscar a alguien de rango superior —valora pensando en ello y sonriendo.
—Me NIEGO a ir a hacer estos ridículos con el cardenal —sentencia Suiza.
—Está bien, iré yo y se lo contaré todo. Espero que puedas mirarle a la cara luego —decide de nuevo cínicamente.
—Nein, nein, NEIN... ¡No vas a ir con el Cardenal Koch a contarle todos nuestros secretos! —es que sí que les conoce bien a todos y quiere morirse igual—. Es que va a decir que no, porque NO se puede.
Y hay quien te diría, Suiza, que TODO se puede en esta vida sabiendo mover los hilos correctos. Austria se ríe un poco.
—¡Y te ríes! —"protesta" relajándose un poco sin saberlo y tapándole la boca. Austria le mira, sonriendo—. ¡Es algo muy muy grave!
El austriaco trata de hablar. Suiza quita un poquito la mano para dejarle.
—Pero tú sabrás resolverlo —asegura Austria.
—E-Es que...
—Estoy seguro —sentencia. Suiza traga saliva.
—A-Algo se me ocurrirá —para NADA convencido. Austria asiente y se relaja.
—No iré el jueves entonces.
—Claro, que sea Schweiz el que pase todas las vergüenzas mientras tú estas TAN cómodo —bufa Suiza.
—En realidad, tengo que ir a ver a Spanien —explica él con paciencia, el rubio levanta las cejas.
—¿A Spanien?
—Ja
—¿Yo paso vergüenzas y tu visitas a tu exmarido? ¿Para hacer qué?
—Tener sexo ardiente pre matrimonial con él.
—WAS?!
—Ya que tú no quieres—se encoge de hombros.
—¡Eres un idiota, como vas a ir a tener... Österreich! —protesta. El nombrado se ríe. Suiza se le acerca un poco más y le abraza instintivamente en protección. Austria le abraza de vuelta un poquito.
—¡No vas a ir con Spanien a tener ningún sexo de nada! —protesta
—Voy a ir con Spanien, aunque no a eso.
—¿A qué vas? A hacer lo que sea menos pasar vergüenzas.
—Ya veremos, no te preocupes por eso, que tienes bastante con lo del cardenal.
—¡Que no me preocupe! ¡Con lo que acabas de decirme!
—Tal vez puedas esperar a que yo vuelva antes de ir con el cardenal. Aprovecha para preguntarle a England.
—¿Hay algo en todo esto que vayamos a hacer juntos? –pregunta mirándole a los ojos.
—La boda —sonríe.
—Literal. Todo lo demás lo hago yo por un lado y tú por el otro... Esto es casi como la Euro —se acurruca.
—¿Qué querrías hacer juntos?
—Tenía la idea de que todo lo haríamos juntos... Pero querría al menos pasar vergüenzas juntos.
—Está bien, iré contigo a ver al cardenal.
Parpadea un segundo y desfrunce el ceño, conforme.
—¿Quieres que vaya contigo a ver a Spanien?
—¿Tan poco te fías?
—Sí que me fío, te recuerdo que vives con tu ex-mujer... Y con Preussen —carraspea—. Y además te dije que confiaría en ti. Solo ofrezco acompañarte.
—Está bien, así tal vez Romano no quiera matarme.
—¿Matarte? ¿Por qué querría matarte?
—Por acostarme con Spanien.
—¡Deja de decir de acostarte con Spanien!
Se ríe. Suiza refunfuña y se mueve para acostársele encima con cuidado como siempre.
—Si es solo porque crees que yo no quiero, vamos a arreglarlo... —susurra escondiéndosele en el cuello y creo que podemos dejarles ahí.
xoOXOox
Romano llega a casa después de un día máaaaaas en Roma con Veneciano. Agotado. Bastante tenía ya con la niña, a quien España tenía que cuidar mucho más últimamente... Y para alguien que acostumbraba pasar horas y horas frente al televisor, la ida y venida de casa diario y luego el drama de su hermano representaba una labor genuinamente desgastante.
Cuando llega, España tiene puesta música de Paco de Lucía y está a la luz dorada del atardecer que entra por el balcón dando de cenar a Vaticano, sentadita sobre sus rodillas. Si, esa es la cara que pone Romano, tal cual... Porque además España se ve SÚPER guapo y a Vaticano le brilla el cabello radiantemente.
—Ah! Mira, que ha llegado el paparinooo —España le limpia la cara a Vaticano dejando de lado las papillas, para levantarse e ir a saludarle.
Romano se sonroja y se pasa la mano por el pelo, trataaaando de evitar a España para ir a saludar a la niña y fallando miserablemente, seguro.
—¿Ya acabaste de maleducarla?—pregunta yendo directamente al español.
—Eso mismo —risas idiotas, se acerca por un beso con claras intenciones.
—Muy, muy mal hecho —se sonroja al saber bien clarito qué es lo que quiere, deteniéndose de andar e intentando detenerle. "Intentando detenerle" con clarísimas intenciones de permitirle hacerlo. España ignora POR COMPLETO sus intentos, creo que ni se entera de hecho. Vaticano pone las manitas en las mejillas de cada uno en plan "now kiss" y balbucea algo indescifrable, con lo que le llega a hablar España, va aprender antes que a comer solido o a andar.
De hecho ya debe saber decir "apa" y "apaino" y "nonno", por lo visto. El abuelo que no se puede quedar atrás… Otro que le habla como si no hubiera mañana.
Romano vacila un poquito y gira la cara hacia la niña para darle un beso a ella que le sonríe y le estira las manos hacia él. La carga sonriendo también y entonces se gira a España dándole un beso en los labios... Porque por alguna razón le fluye mucho mejor si es con Vaticano de por medio. Y por eso España la AMA. Así que bueno, España se lleva un buen beso hasta con un poco de abrazo y todo, antes de que romano se separe del todo, sonrojadito, abrazando a Vaticano.
España sonríe enajenaaado y se relame.
—¿Que han hecho hoy? Eh? ¿Qué guarradas te ha contado tu padre? —pregunta Romano levantando un poco a la niña con los brazos extendidos
—A ah! Bubibibi ubuaaa! —exclama.
—¡Hemos estado cantando y canta muy bien! ¿A que sí? —exclama España igual.
—¡Claro que cantas bieeeen! Paparino canta muy bien y tú eres digna hija de paparino y no de este individuo molesto y torpe a quien también llamas papá —Romano se ríe, probablemente por primera vez en el día y Vaticano se ríe con él.
—¿Veeees? Tú si sabes lo toooorpe y toooonto que eeees.
—Eeeh! ¡No le enseñes esoo! —protesta España. Romano se vuelve a reír.
—Torpe, tonto, feo y mal vestidoooo.
Y a Vaticano le dan mucha risa todas esas palabras. Romano se muere de la risa con ella acercándose otra vez a España.
—Jaaaaa! Va a ser como yo.
—Solo que sea la mitad de lo sexy que eres tú ya...
—Ugh! ¡No digas asquerosidades! —protesta un poco pero le sonríe sonrojado. Vaticano hace milagros—. ¿Ya acabaron de comer?
—¿Quién va a ser tan sexy como su paparino? Quie a a se an sexy omo u aarinooo —le da besitos en la sienes a Vaticano mientras ella se ríeee.
—Aghhh! Spagnaaaaa! —sigue protestando romano apretando los ojos y dándole un golpe. El español se separa sonriendo.
—Hay que bañarla. ¿Cómo está Veneciano?
—Mal. Mal, fatal. No lo veo mejor en lo absoluto.
—Uf... —niega con la cabeza, abatido.
—Esperaría yo que con el tiempo, después de unos días... Mejorara y simplemente lo veo igual. Creo que el idiota de Germania no ayuda.
—Ya me imagino... pero sigue sin querer venir para no dejar a papá solo, ¿verdad?
—Si y si se revuelca con el todos los días... Es que nunca vamos a llegar a ningún lado. ¿Sabes que invitó a Helena para la boda? —pregunta haciéndole un gesto para que vayan al baño.
—¡A Helena! ¡Qué morro!
—A mí me parece perfecto, ojalá con ella termine por sacarse de la cabeza al idiota del macho patatas.
—Pero Helena no va a estar con él como Alemania, a Helena le gusta Egipto, ya lo sabes —empieza a llenar la bañera.
—Y Veneciano también lo sabe. Lo que importa aquí es que se lo saque de la cabeza.
—No quisiera que estuviera solo, es un poco triste.
—Es Veneciano, no va a estar solo. Helena no va a dejarle solo en la vida y va a divertirse y a enseñarle al idiota de Germania que está perfectamente bien sin él. ¿Verdad? ¿Verdad que está bien sin él? —le toca la nariz a Vaticano y le quita la ropita con cuidado.
—abibi mumumuni —asegura Vaticano.
—Exactamente, tú también estás de acuerdo, sí que estas de acueeeerdoooo! —sonríe—, Creo, de hecho, que tanto él como Austria necesitan otro sustito —agrega.
Y ella se ríe porque le encanta que Romano le haga monerías, España tuerce el morro no muy de acuerdo.
—No puedo creer, por ejemplo, que Austria destruya esto y esté con la mano en la cintura tan campante... ¿Sabes que ni siquiera se ha quedado en casa? No sé, creo que tiene miedo de que le hagan algo o algo así, el muy cobarde se ha ido a esconder con Svizzera.
—Es que ahí está el tema, yo tampoco lo creo.
—¿No crees que?
—¡Austria justo va a casarse! ¿Qué sentido tiene?
—¿Tú crees que YO sé lo que él piensa? Quizás quiso aprovechar y al fin tirárselo antes de casarse.
—No lo sé... No me parece algo que... Austria ha tenido muchos años para hacer eso.
—Pues lo está haciendo ahora. ¿Viste la foto del facebook?
—Sí, sí... pero...
—¡Está el imbécil de Germania tan feliz BESUQUEANDOSE con él! —levanta la voz todo enojado metiendo a la niña a la tina que se asusta con eso poniéndose a llorar… creo que sacó algo de su tío Francia y no le gusta mucho el agua.
—¡No llores! ¡No llooooores! —le da un beso en la mejilla—. ¡Pero tienes un tío Germania que es un CABRÓN!
Se abraaaaza a Romano y España suspira.
—Estás bien, solo es el baño.
Drama latino porque no es como que eso la calme. De hecho, romano ya está habituado a que llore toooodo el baño y se canse con eso.
—¿A quién crees que le pudiéramos presentar que fuera más permanente?
—Es que... no estoy seguro que Veneciano...
—¿Aja? ¿Que quiera a alguien más? Yo creo que sí, solo ahora no se acuerda de lo feliz que puede ser el mundo sin una pareja estable —lo dice el que tiene una pareja estable desde los quince años.
—¿Qué sabes tú de eso, eh?
—Sé mucho de eso, de todos los años que fui soltero mientras él babeaba por Germania.
—¿Cuáles años, eh? ¿En los que eras demasiado chico?
—¡No era demasiado chico! Era todo un soltero feliz rodeado de chicas —le mira ofendido enjabonándole los rizos a Vaticano con suavidad y ella llooooora.
—Y ya te sonrojabas cada vez que me acercaba —sonríe de lado. Bueno, más que llorar la niña guarrea.
—No es verdad. De hecho ni me sonrojaba ni me sonrojo. Y si algo paso contigo fue porque me suplicaste tanto que no me quedó más que acceder amablemente —le limpia la cara con suavidad con su esponja y le hace un cariñito en la mejilla mientras le muestra un juguetito. Ella sigue guarreando, pero se mete el juguetito en la boca y se acallan los gritos.
—¡Anda yaaa! —protesta España riendo.
—¡Pues ningún anda ya! Así fuee! ¡Yo era el hombre más deseado de la cuadra! —protesta.
—Pero solo me deseabas a mí —España busca la toalla rosa de Vaticano con la que envolverla y los lloros disminuyen cuando la ve.
—¿Te deseaba solo a ti? Scussi?! ¡Eso es una mentira más grande que el Vaticano! Vaaaaticaaaaanoooo!
Vaticano se vuelve a Romano y levanta las manitas diciendo "adicanoooo" por algún motivo, sabiendo que es su nombre.
—¡Eso eeeees! ¡Vaticano eres túuuuuuuu! —le toca la nariz y se ríe.
—Adicano uuuuu —se ríe ahora mientras España la seca.
—¿Vas a decirme ahora tú que yo solo tenía ojos para ti y giraba a tu alrededor? ¡JA! ¡Que te lo crea alguien más! ¿No te acuerdas de cuando Veneciano y yo salíamos a conseguir chicas? Ah, no... No te acuerdas porque estabas muy ocupado conquistando las Américas o cualquier tontería.
—Claro que no me acuerdo, solo ibas a hacer eso cuando yo no estaba para llenar el vacío.
—Che cosa? ¡Estás idiota! ¡No había ningún vacío que llenar!
—Salvo el que te provocaba mi ausencia. ¿A qué sí? —le pregunta a Vaticano que ya tiene el dedo en la boca y está dormitando en sus brazos sin que se haya enterado.
—¡Claro que no! No me provocabas ningún vacío de nada. ¡Tú estabas casado por el amor de dios! —sigue gritando y le seca un poco el pelo a Vaticano aunque duerma, creo que sacó el sueño pesado a su abuelo.
—Me refería a después de eso, ¡tú eras muy pequeño por entonces!
—Nunca se es muy pequeño para ser rompecorazones —le mira y se sonroja un poco porque es verdad que era minúsculo cuando YA adoraba a España. Desvía la mirada—. Voy a servirme vino.
—¿Me sirves mientras la a acuesto?
—No —responde dándole un beso a la niña y yendo a la puerta mirando a España por encima del hombro con cierta miradilla antes de salir por la puerta.
España sonríe y niega con la cabeza poniendo a Vaticano el pañal. Le pasa una mano por el pelo acariciándole la cabeza y le da un beso en la frente.
—No lo parece pero tu paparino está loco por mí. Nos quiere mucho mucho a los dos —le asegura, a pesar de que está dormidísima. Como no va a aprender a hablar si le hablan hasta dormida.
Romano suspira al ver la casa hecha un desastre, pero... Bueno, al final está acostumbrado a esquivar los desastres. Pone dos buenas copas de vino y un buen trozo de Tiramisú que hizo Veneciano ayer (varios) y le mandó uno a España *ojos en blanco*, toma dos cucharas y se va a la sala con todas las cosas a esperar al Español... Digo... A ver la tele, nada de esperar a nadie, cuando suena el timbre y frunce el ceño preguntándose quién demonios puede ser. ¿Sería Veneciano con algún drama o problema terrible? Reza para que no sea así yendo descalzo a abrir la puerta, cuchara en la boca.
Y ahí están Austria y Suiza. A Romano hasta se le cae la cuchara al ver a Austria.
Apuestas para descubrir qué quiere Austria de España... y que va a hacerle Romano en su ciega ira italiana ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!
