Les recomiendo escuchar la canción "Cada color al cielo" De Laura Pausini.

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La muerte es apacible, fácil.

La vida es más difícil.

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"Amar a alguien, aún con las mejores intenciones, siempre es un riesgo". –John Green

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"Crees que el azul sea mi color? Alice no para de decirlo! :S"

"Creo que deberías huir o mandar a Alice a la mierda, si la das la mano respecto a la ropa ella no se detendrá JAMÁS, y créeme para ella es mucho tiempo!"

"Hablo en serio Bella!"

"Bueno… tienes unos bonitos ojos azules"

"y en este momento los estoy girando…"

"Solo digo que supongo que sí es tu color(? :)"

"yo más bien pienso que es más TU color que el mío! *-* "

"OMG! Aléjate de esa casa! :O"

"hahaha cálmate solo estoy siendo sincera! Tampoco es que me convertiré en Alice, además quería tu opinión porque has estado vistiendo muy genial estos años!"

Ana y yo hemos estado enviándonos WhatsApp desde que nos despertamos, ha sido algo así como una cosa nueva entre ambas y era divertido. Pero su último mensaje me había dejado un sabor amargo en la boca. La puerta de mi habitación se abrió y Edward entro con una bandeja de comida para mí. Acompañada de una hermosa y gran sonrisa. Al ver el contenido de la bandeja no pude evitar reírme.

-¡Estoy comenzando a pensar que en internet solo enseñan cómo hacer un emparedado de pavo! –Me burle.

Él se rió y dejo la bandeja sobre mi regazo.

-No me culpes, soy un chico de limitada alimentación. –Sonrió de lado y me beso en la frente- Come, Charlie y Renée han ido a buscar a Phil al aeropuerto en Seattle.

Estaba a punto de tomar un poco de jugo y detuve mi mano en el aire y mire a Edward con ojos de plato.

-¿Qué? –Pregunte y él se encogió de hombros- Creí que él no vendría hasta navidad o algo así…

-Tu madre no quiere irse de aquí y dudo que él quiera estar sin su esposa mientras ella está en casa de su ex-esposo. Yo definitivamente no lo haría.

Él tenía razón y yo lo sabía pero no quería tanta gente pendiente de mí. Ya me sentía muy incómoda recibiendo tanta atención. Mi teléfono volvió a sonar lo tome rápidamente y vi otro WhatsApp de Ana.

"Lo siento! Eso fue imprudente, no? :("

Revise rápidamente lo último que me había enviado y aunque si fue imprudente al recordarme lo falsa que había sido esa parte de mi vida, no se lo diría jamás. Teclee una rápida respuesta.

"No, solo tardé porque Edward me ha traído mi desayuno. Me distraje! Y respecto a eso… aunque no lo creas yo no escogía mi ropa, alguien más la dejaba lista yo solo debía tomar el conjunto del armario y usarlo! :S"

Deje el celular sobre la cama y me apresure a comer mí emparedado, pesque a Edward mirándome con curiosidad.

-¿Puedo preguntar quién te escribe tanto? –Bromeo.

-¿Celoso Cullen? –Pregunte antes de dar otra mordida.

Él se encogió de hombros y desvió la mirada. Sonreí con ternura.

-Es Ana, quiere saber si el azul es su color. –Me encogí de hombros restándole importancia.

Edward sonrió y me alcanzo las pastillas que debía tomar.

-Ese definitivamente es tú color, Bella. Te ves encantadora con él. Pero dado que Ana se parece a ti no veo porque no sería su color también. –Comento.

Se parece a mí… la gente no dejaba de decirnos eso a ambas. Era abrumador. Mi teléfono volvió a sonar y lo revise.

"Te distrajo el desayuno o Edward? Hahaha ;)"

Me reí un poco de su comentario, Edward enarco una ceja, le mostré el mensaje y él me miro divertido. Teclee una rápida respuesta.

"Chismosa! :$"

"también te amo chica vampiro!"

De haberme podido ruborizar lo hubiera hecho. Ese extraño apodo me lo había colocado Emily la primera vez que nos vimos y ahora Ana también lo usaba. Mire a Edward durante unos largos segundos y sonreí. Mi chico vampiro había vuelto y le amaba más que nunca.

Terminé de comer, Edward me ayudo a llegar a la ducha y luego espero afuera por mí, cuando terminé se ofreció a ayudarme a peinar y yo me reusé, no quería que viera mi reciente descubrimiento, me vestí con un pantalón de chándal negro y una camiseta gris no tenía ánimos para algo más. Alguien toco la puerta y él bajo a ver quién era. Aproveche para peinarme un poco con los dedos y cuando pase mis manos por mi cabello gran parte de él quedo entre mis manos, mis ojos ardieron de repente así que los cerré con fuerza y respire profundo. Tire el cabello al cesto de la basura y busque en los cajones algo que me sirviera para ocultarlo. Encontré un gorro de lana gris, parecía nuevo y yo jamás lo había visto. Me lo coloque y oculte todo el cabello bajo él. Escuche unas voces guturales muy conocidas. Tome mi celular de la cama y un libro que había estado leyendo. Salí de la habitación y me detuve al comienzo de las escaleras, Edward debió escucharme porque en menos de un segundo se detuvo frente a mí.

-Déjame hacerlo sola, por favor. –suplique mirándolo a los ojos.

-Te cansaras, Bella.

-¿Por favor?

Frunció el ceño y asintió de mala gana. Comenzó a bajar los escalones uno por uno de para atrás sin apartar la vista de mí. Gire los ojos y me reí de su actitud sobreprotectora. Respire profundo y sentí como mis pulmones protestaban un poco. Hacer eso tantas veces seguidas no parecía ser buena idea. Coloque una mano sobre la barandilla y comencé a bajar, cada paso que daba lo sentía tanto en mi corazón como en mi pecho y pulmones. No levante la vista hasta que estuve en el último escalón, me detuve y levante un dedo pidiéndole a Edward un minuto. Él se veía muy preocupado, cerré los ojos y me concentre en tratar de normalizar mi respiración. Coloque una mano sobre mi pecho y pude sentir mi corazón latir tan rápido como las alas de un colibrí pero poco a poco fue bajando el ritmo. Sonreí satisfecha. Abrí los ojos y amplié mi sonrisa transformándola en arrogante.

-¡Te dije que podía sola! –Dije emocionada.

Él simplemente negó con la cabeza y bufó visiblemente frustrado. Me tomo en brazos y me llevo hasta la sala. Me sorprendí al ver a Sam, Emily, Seth, Leah y Jacob. Edward me dejo con cuidado sobre el sillón grande y colocó mis piernas a lo largo de este, desapareció un momento y luego volvió con la manta que había hecho Renée para mí hace algunos años y la coloco sobre mi regazo cubriéndome las piernas. Pude ver a los demás fruncir el ceño y mirarlo de mala manera solo Emily me sonreía.

-¡Hola Bella! –Se apartó del brazo protector de Sam y me saludo con un suave abrazo.

-Hola Emily. –Murmure un poco cohibida- ¿Qué grata sorpresa?

No quise que sonara como una pregunta pero no lo pude evitar creí que Charlie no le había dicho a nadie aun. Mire a Jake y él contrajo el rostro en una mueca.

-¿Qué hace él aquí, Bella? –Pregunto enfurruñado señalando a Edward quien estaba de pie detrás del sillón donde yo estaba.

-Él está conmigo, Jake. –Dije despacio- No ira a ninguna parte así que por favor no empieces una discusión innecesaria.

Él giro los ojos y salió por la puerta trasera, baje la mira hasta mis manos y juguetee un poco con las hojas del libro.

-Él solo está preocupado por ti… –Comento Seth en voz baja- Al igual que todos.

No había visto a mi pequeño hermano desde que había vuelto y saber que él ahora era consciente de la verdad me ponía muy mal. Cree una caja de cristal para guardar este secreto y ni siquiera me di cuenta en que momento me exploto en la cara.

-Lo siento. No quise que esto pasara. –Murmure.

-¿Qué no querías que pasara? –Bufó Leah- ¿Herir a Jake? ¿A mi hermano? ¿O acaso hablas de que no quisiste que supiéramos lo que te pasaba?

No quise levantar la mirada, conocía perfectamente el carácter de Leah y no quería enfrentarme a su mirada envenenada.

-¡Basta Leah! Son cosas personales de Bella, esto no nos incumbe. –Le riñó Sam.

-¡Son mi problema porque resulta que desde que mi madre decidió salir con el suyo ahora somos familia! –Grito con voz rota.

Levante la mirada sorprendida, ¿acaso acaba de decir…? Ella tenía lágrimas en los ojos y una expresión furibunda. Leah me miró de nuevo y levanto las manos exasperada.

-¿Qué creías? ¿Qué de verdad soy tan mierda como para no llegar a aceptarte? –Rió sombríamente- Bella… ese es tú maldito problema ves tantas cosas malas en ti que no notas lo bueno. Lograste que te quisiera que me preocupara por ti. ¿Los gritos en la playa la vez pasada? Solo trataba de hacerte reaccionar de una buena vez pero ahora sé que no funcionó… -Miro a Edward y esta vez no había odio en sus expresiones- Ella lloro mucho por ti ¿sabes? Era malditamente desesperante no saber qué hacer para que ella lograra olvidarte. Me recordaba tanto a mí misma… comprendía su dolor, y no quería que ella viviera eternamente así… rota. Pero ahora que te veo aquí, que veo como la miras, lo entiendo… ¿También la amas no es así? ¿Entonces por qué no volviste antes y evitaste esto? –Ella me miro de nuevo- ¿era esto lo que siempre quisiste realmente? ¿Morir para olvidarlo? Pero ahora que él está aquí… no sabes cómo remediarlo. Que decepción, Swan. Pensar solo en ti y no en el dolor que nos causa a nosotros todo esto.

Jadee sorprendida y me sentí sumamente furiosa.

-¡Nunca hice otra cosa más que pensar en todos ustedes, Leah! Por eso no les dije nada. No quería arrastrarlos conmigo en est… –Me detuve. El aire me estaba comenzando a faltar.

Trate de respirar por la boca y fue peor, me dolía mucho el pecho. Escuche a Edward gritar mi nombre y poco después sentí la máscara de oxígeno de nuevo sobre mi rostro. Esto era una mierda, una real y jodida mierda.

-Respira, Bella. –Pidió con voz suave- Por favor, solo cálmate y respira.

Cerré los ojos y me deslice en el sillón quedando totalmente acostada. Tenía los pulmones contraídos pero hice mi mejor esfuerzo. Trate de calmarme, sentía la mano de Edward acariciar mi mejilla mientras la otra estaba sobre mi corazón. Poco a poco el BiPAP bombeo oxígeno hasta mis pulmones haciéndome respirar. Unas lágrimas traicioneras corrieron por mis cienes. Los ataques cada vez eran peor.

-Creo que es mejor que se vayan. -Dijo Edward con voz acida- Bella no se puede alterar de esta manera.

No escuche respuesta solo pasos y la puerta al cerrarse. Me sentía agotada. Abrí los ojos y me topé con los suyos.

-¿Estas mejor? –Murmuro.

Asentí un poco, la garganta me escocía. Lleve mi mano contra mi nuez de adán y él comprendió el mensaje, desapareció y luego volvió con un vaso con agua. Retiro con cuidado la máscara y me ayudo a incorporarme para tomarla en pequeños tragos. Estaba absolutamente harta, molesta, dolida y decepcionada. Todo conmigo misma. ¿Cómo mierda pude llegar a hacerme esto? Leah tenía razón en cada palabra que había dicho. Aparte la mirada y Edward se alejó, no sin antes recolocar la maldita mascara sobre mi cara.

Tome de nuevo el libro y lo abrí en la página donde lo había dejado. Trate de leerlo pero me fue imposible, releí el mismo párrafo al menos cinco veces sin leer en realidad. Frustrada cerré el libro de golpe y lo deje sobre la mesa. Mi celular sonó y lo tomé.

"Como estas?"

"Mal, estoy tratando de leer y no entiendo muy bien de que van los chistes. Solo puedo pensar en estupideces como cáncer."

"Te dije que leyeras libros sobre cáncer!"

"Una mierda."

"Ya sé! Dime como se llama el libro y así lo busco en internet y te ayudo a entender de qué va!"

Sonreí, agradecía cada momento a Dios por darme alguien así en mi vida. Ella estaba tratando de hacerme feliz. Pero yo solo quería que ella fuera feliz.

La puerta se abrió de nuevo sin previo aviso, y Jasper junto a una sonriente Alice entraron a la casa. Fruncieron el ceño pero lograron ocultar su preocupación de manera rápida. De haber podido refunfuñar lo hubiera hecho.

-¡Hola, Bella! –Me Saludo Alice- he venido a traerte esto.

Colocó una bolsa Gucci sobre mi regazo y apoyó los codos sobre el espaldar del sillón para ver mi expresión. La mire con una ceja enarcada y ella se encogió de hombros sonriendo.

-¡Es tú cría de foca! –Se burló.

Gire los ojos y abrí la bolsa, saque su contenido. Era un hermoso vestido de encaje y mangas largas color borgoña. Le sonreí a Alice y asentí dándole a entender que me gustaba. Ella se rió y miro a Jasper quien me tendió una carpeta. Deje el vestido y la tome rápidamente. Dentro estaba todo lo que le pedí. Le tendí la mano hacía él y me dio un bolígrafo. Rápidamente firme todos los papeles y le devolví la carpeta. Un sabor amargo se alojó en mi boca, lo bueno de tener un abogado vampiro es que resuelve todo con facilidad y de manera rápida, apenas ayer le pedí esos trámites a Jasper y ya hoy los tenía listos. Retire la máscara de mi cara, tome de nuevo el libro de la mesa y se lo tendí a Alice.

-Llévale a Ana. –Dije con voz raposa.

No tenía planeado dárselo aún, pero dado mi reciente casi cruce al más allá preferí adelantar todas las cosas posibles. Alice asintió y luego de darme un beso en la mejilla se fue tirando del brazo de Jasper, él me dio una última mirada preocupado. Le guiñe el ojo para indicarle que todo estaba bien pero sé que el sintió lo mismo que yo estaba sintiendo en esos momentos.

Como tardaba en responder Ana volvió a escribirme.

"Bella? Estas bien?"

Sentí las lágrimas en los ojos.

"Sí, Alice paso por aquí a traerme mi foca ;) te envié algo con ella!"

-¿Estas bien Bella? –pregunto Edward con voz suave desde su lugar.

¡No maldita sea! Me estoy muriendo.

-Sí. –Susurre.

No me di cuenta de que la mañana se había ido hasta que vi a Edward caminar hacia la cocina y lo escuche hacer mi almuerzo. Me sentía una inútil, un estorbo y por sobre todas las cosas una maldita carga.

-Es tiempo de decir adiós, pequeña. –Susurro aquella voz en mi oído.

Ahogue un sollozo.

Por un momento creí que habías sido producto de mi imaginación. –Pensé.

-Solo no quise abrumarte más de lo que estabas. –Murmuro- Pero ahora queda poco tiempo.

Por el rabillo del ojo vi una sombra moverse cerca de la puerta, mire en esa dirección y poco a poco se fue creando de un humo negro una figura, ahí de pie con ropas negras, piel muy blanca y ojos tan azules como el lugar más profundo del océano estaba un hombre. Él hizo una pequeña reverencia hacía mí.

-Mi nombre es Amriel, y me han enviado a por ti. –Dijo con voz hipnotizante.

Que nombre más extraño. –Pensé para mí misma, pero él me escucho y sonrió.

Edward volvió con una bandeja, me distraje mirándolo pero cuando volví mi mirada hacía aquel misterioso hombre él ya no estaba. Debí haber estado mirando mucho el lugar ya que Edward también lo hizo.

-¿Qué ves, Bella? –Pregunto.

No podía decirle.

-Nada, solo estaba pensando algunas cosas. –Le di una pequeña sonrisa y mire el plato sobre la bandeja en sus manos- ¿Una comida completa? ¿Están mejorando tus dotes culinarias?

Él sonrió pero la sonrisa no le llego a los ojos. Dejo la bandeja en la mesa y se sentó en la orilla del sillón junto a mis piernas. Una de sus manos fue hasta mi mejilla y la acarició dulcemente.

-Ven aquí. –Murmuró y me atrajo hasta sus brazos envolviéndome suavemente en su frío toque.

Trague fuerte. Lo amaba tanto que temía por él cuando yo no estuviera.

-¿Edward? –Murmure contra su cuello.

-¿Si, Bella?

Tome una respiración profunda y me quemó todo el camino hasta mis pulmones.

-No creo que sepas nada al respecto pero la vida es muy corta, te despiertas un día… y en ese día, todos tus sueños, todo lo que deseaste y quisiste… se ha ido como si nada. –Él me alejo para mirarme a la cara, por un momento me acobarde pero tenía que seguir, las lágrimas se desbordaban por mis mejillas- las personas… la gente se pone vieja incluso enferman y todas las situaciones y cosas cambian. Lo que yo quiero es solo… ¡quiero este momento ahora mismo! ¡Este día! La manera en que te estoy mirando, y amando, quiero que dure para siempre.

Edward me miro durante un largo rato, seco las lágrimas en mis mejillas y me beso, fue un beso que desee que durara para siempre. Lento, rítmico y con amor.

-Lo hará, Bella. –Murmuro contra mis labios- No importa nada más. Siempre vamos a tener esto, el uno para el otro. Nada puede cambiar eso.

Solloce. Sus palabras solo me desarmaron aún más.

-Siempre me tendrás para ti, Bella. Por siempre. Te amo.

-Lo sé. –Y eso es lo que más me aterra. Agregué para mí.- Si tan solo hubiera una manera de evitarlo, pero debes aceptarlo, Edward. Debes dejarme ir.

Edward me volvió abrazar.

-No me dejes. –Suplico- Se lo que tratas de hacer, Isabella. Y no quiero que eso sea así. No te despidas.

No le pude responder, no quise hacerlo. Estuvimos un rato más abrazados y luego me aleje de él.

-Quiero que me prometas algo. –Murmure siendo esta vez yo la que tomaba su hermoso rostro entre mis manos- cuando todo acabe no quiero que hagas una locura. Quiero que vivas muchos, muchos años más. ¿Ok?

-…Bella…

-¡Silencio! –Coloque mi pulgar sobre sus labios- Quiero que sigas adelante Edward. Yo te prometí que lo haría y lo cumplí, seguí adelante y tuve unos buenos años. Fui a la universidad, me emborrache, aprendí a conducir motos, incluso lo intente con alguien más. Lo hice porque eso querías, que yo siguiera adelante y ahora yo te pido lo mismo a ti, cariño. Quiero que sigas adelante…

-…no es lo mismo… -Dijo contra mi dedo.

-Lo sé, lo sé. Pero debes intentarlo. –Suplique- Por favor, Edward. ¡Por mí!

Él hundió la cara en mi hombro y me abrazo.

-Tú siempre fuiste mi motivo para seguir adelante, todo ese tiempo que estuve lejos de ti, cerraba los ojos y te veía sonriéndome. Siento haberte hecho daño, no sabes cuánto me odio a mí mismo por haberme ido. Es algo con lo que debo vivir todos los días..., mierda te amo, Bella. Te amo más que a mi propia vida y no puedes dejarme y pedirme que siga adelante como si nada. A duras penas sobreviví esos años ¿cómo me pides ahora que sobreviva una eternidad sin ti? Todo el dolor por el que te hice pasar, no sabes cuánto desearía hacerlo desaparecer. Si esto es por lo que ha dicho Leah no me importa, contigo he encontrado un motivo para cambiar quien solía ser… un maldito motivo para comenzar de nuevo y esa eres tú. Sin ti mi vida es una mierda. Una terrible noche sin luna, Bella. ¡No-me-dejes! –Edward susurro todas las palabras con voz rota y tan rápido que temí no poder entenderle. Me dolía tanto verlo así- ¡Iré por Carlisle! Hablaré con él y le diré que me ayude, no te dejaré morir Bella. Tú no me vas a abandonar, no ahora que podemos ser felices juntos.

Edward no me dejo responderle, él simplemente se levantó y se fue, desapareció. No habían pasado dos segundos, cuando Jacob volvió y entro por la puerta que Edward se había ido. Él vio mi estado descompuesto y se acercó para abrazarme. Me permití llorar, desahogar todo lo que tenía dentro. Sentí un dolor en el pecho así que me aleje de Jake y trate de calmarme.

-¿Te sientes mal? –Preguntó en voz baja.

Estúpidamente le agradecí que no preguntara si estaba bien. Asentí y señale la bandeja de la comida, él me alcanzo el jugo junto con las pastillas. Me las tome pero el dolor en el pecho no se iba. Tuve un mal presentimiento al notar que no era un dolor por tristeza.

-¿Necesitas que te lleve al médico o llame a alguien? –Pregunto- Vi a Edward salir de aquí muy rápido.

Negué lentamente, no quería alarmar a nadie.

-Él solo cree que Carlisle puede ayudarme a salir de esto. –Murmuro con voz rota.

-¿Puede? –Pregunta con el ceño fruncido.

-No lo sé, tengo leucemia Jake no un simple salto de acantilado o magulladuras por un oso. Edward cree que transformarme es la solución yo no estoy tan segura de nada… -Aparte la mirada.

El suspiró, fue un sonido roto y lastimero. Mi celular sonó y lo tome.

"Alice me ha entregado el libro!"

"Pensé que era la mejor manera de que me ayudaras a entenderlo"

"Se ve interesante, ya mismo lo comienzo y te aviso! La portada me recuerda algo, aunque aún no sé qué es…"

Yo sí sé. Aparto el teléfono y cierro los ojos.

-Debes comer. –Dice Jake.

-No tengo hambre. –Refunfuño.

Él vuelve a suspirar, Jake era el único que sabía qué hacer cuando estaba conmigo. Él nunca me exigía nada que supiera que yo iba a rechazar o si lo hacía solo probaba una vez y desistía. Unos nudillos golpearon la puerta principal y Jake me miro, mi corazón se aceleró. ¿Quién podría ser?

Él se levantó y fue abrir.

-¿Qué desea? –Pregunto Jake con voz confundida.

-¿Esta es la casa de Charlie Swan? –Pregunto una voz femenina.

-Sí, ¿Quién es usted?

-Necesito hablar con Charlie. –respondió la mujer de manera evasiva.

Decidí intervenir.

-¿Jake que sucede? –Trate de hablar lo más fuerte que pude.

-Una mujer busca a Charlie…

-…¿es Bella? ¿Puedo hablar con ella? –Dice la mujer y poco después la veo caminar hacía mi seguida por un hombre.

-Esa no es manera de entrar a una casa ajena, señora. –Gruñe Jake.

-¡Jacob basta! –Gruño un regaño que termina en una desastrosa tos.

Cubro mis labios con la manta, Jake llega rápido hasta mí y me alcanza el jugo pero a lo que aparto la manta veo pequeños puntos rojos en ella, la escondo rápidamente y bebo un poco de jugo. La mujer me mira de manera triste.

-¿Quién es usted? –La voz me vuelve a salir raposa.

-Supongo que estabas muy pequeña para recordarme. –Dice con la mirada baja, se acerca a mí y me tiende la mano- Mi nombre es Carla Adams, aunque debes recordarme por el Steele que lleva Ana.

Mi cara debe ser un poema, ¿Es la madre de Ana? ¿La hermana de Charlie? Extiendo mi mano lentamente y tomo la suya, es suave y cálida en comparación con la mía. Ella sonríe y se le forman unas pequeñas arrugas en los extremos de los ojos, por un momento me recuerda a Renée con sus ojos azules y brillantes. Pero así como en los de Renée ya no hay brillo en los de esta mujer tampoco. Ella luce realmente triste.

-Papá no está. –es lo primero que se me ocurre decir.

-Eso está bien, quiero hablar contigo primero, si no te importa. –Ella levanta la mirada hasta el hombre que le acompaña y le sonríe- Él es Robbin, mi esposo.

Él hombre asiente y coloca una mano sobre el hombro de ella, imito el gesto y les señalo uno de los sillones.

-Por favor. –Digo.

Jake quien se ha mantenido en segundo plano, toma la bandeja de la mesa y me mira.

-¿Seguro? –Pregunta frunciendo el ceño- Bien, les dejaré para que hablen.

Asiento y él se va llevándose la bandeja para la cocina.

-Es un chico muy vehemente. –Comenta Carla con una sonrisa.

Asiento y sonrío también, de hecho Jacob es muy vehemente, sobre todo conmigo.

-Es mi mejor amigo. –Digo con orgullo.

Ella se sorprende.

-Oh, creí que era tu pareja.

¿Ana le hablaría en algún momento sobre Christian? Ah, mierda.

Niego simplemente y ella asiente, el momento es muy incómodo.

-De esto estaba hablando. –Dice de nuevo la voz de Amriel.

Extrañamente ahora que se su propósito, no me sobresalta escuchar su voz. Cierro los ojos.

Espera un poco más, por favor. –Le pido mentalmente.

Amriel no responde y tomo eso como un sí. Abro los ojos y miro atentamente a Carla.

-Pues bien, usted dirá que es lo que quiere hablar conmigo, señora Adams. –Trato de sonar como la vieja Bella que dirigía una gran editorial.

Ella sonríe un poco y asiente. Parece nerviosa.

-Solo Carla, por favor. –Dice y luego respira profundo, su esposo aprieta el agarre en su hombro y ella coloca la mano sobre la de él- Antes que nada quiero pedirte que no me juzgues sin escuchar la historia completa, Bella. –Frunzo el ceño pero asiento en respuesta, ella me mira durante unos segundos antes de continuar- Bien… cuando yo me case con Ray ambos deseábamos un bebé, y cuando quede embarazada fue lo más hermoso del mundo. Sería una niña y jamás le faltaría amor… pero cuando mi niña tenía dos años un hombre apareció en mi puerta reclamándola como suya. Tenía pruebas incluso y yo tuve tanto miedo. Ray y yo quisimos pelear con ese hombre y decirle que era mentira, que mi bebé era mía y yo lo sentía así pero en la corte determinaron que las pruebas genéticas eran reales incluso hicieron nuevas y obtuvieron de nuevo el mismo resultado… -Las lagrimas comenzaron a caer por sus mejillas- Vi en informe completo del caso y descubrí que mi bebita había muerto al nacer y la habían reemplazado con otra…

Abrí la boca sorprendida…

-¿Annie? –Dije y ella asintió.

Oh, mierda. Temí por el rumbo que estaba tomando la historia…

Carla asintió y me miro con vergüenza.

-Pelee por ella, Bella. Ana era mi hija, tal vez no la tuve yo pero esa niña en esos dos años atrapó mi corazón e incluso hasta hace poco yo no me arrepentía de nada pero… -Ella respiro profundo y trato de calmarse- Bella, ese hombre se la quería llevar y devolverla a su madre, a donde pertenecía y yo no le deje. Le rogué que la dejara conmigo que podía verla las veces que quisiera pero que no me la quitara, él no sé cómo comprendió lo que yo sentía en ese momento y acepto pero su condición fue ver a mi pequeña niña todos los veranos o volvería por ella, acepte, en ese momento yo estaba segura de que aceptaría cualquier cosa con tal de no perderla pero el primer verano que la lleve a casa de ese hombre me topé con una pequeña sorpresa que jamás imagine. Una hermosa niña con grandes ojos café idéntica a mi Anastasia…

Comencé a negar con la cabeza, no, ella no podía estar hablando en serio…

-¡Bella por favor escúchame! –Suplico entre lágrimas, ella vino hasta mi lado y se arrodillo en el suelo mientras tomaba con fuerza mi mano entre las suyas- Yo solo quería mantener a mi niña conmigo pero no fue hasta ese momento que en realidad vi la gravedad del asunto, mi Ana tenía una gemela y esa pequeña niña eras tú… -No supe cómo reaccionar a eso, las lágrimas caían silenciosas por mis mejillas y mi corazón cada vez latía más fuerte enviando un dolor por mi brazo izquierdo, aleje mi mano de la suya y la coloque sobre mi corazón. ¡Vamos Bella! Respira…- ¿Bella? Cariño perdóname, yo en ese momento solo pensé que ese hombre estaba siendo injusto conmigo, él tenía a una niña para él y me quería arrebatar a la mía pero aun así yo seguí trayendo a Ana cada verano hasta que un día cuando ustedes tenían catorce, ese hombre, Charlie… él quería decirles la verdad a ambas, que eran hermanas y yo no podía permitir eso. Ana jamás me lo iba a perdonar así que discutí con él y me lleve a Ana. A los quince no quise que ella fuera a Phoenix porque tu madre la vería y sabría la verdad… así que poco a poco las fui alejando. Cuando Ana me comento que quería estudiar en la misma universidad que tú me aterre y pensé mucho en decirle yo misma la verdad antes de que Charlie lo hiciera, yo ni siquiera sabía que tu no eras consiente de nada… ¡Dios! Viví cada día aterrada… pero cuando pasó el tiempo y Ana no me decía nada comencé a relajarme y deje que todo corriera. Pero me arrepiento Bella, desde que Ana me ha ido a buscar y me ha gritado todas esas preguntas y vi el reproche y el dolor en sus ojos no me podido evitarlo, necesitaba pedirte perdón porque ya no lo puedo remediar. Si tan solo… si tan solo les hubiera dicho en aquel momento, si hubiera dejado que Charlie les dijera tal vez tú no estarías así, tal vez su médula si hubiera funcionado…

Su confesión me dejo de piedra…

-¡Espera! ¿Su…? –Balbucee- ¿Jake? ¡Jacob!

Al escuchar mis gritos Jacob que estaba en la cocina vino corriendo asustado.

-¿Qué? ¿Qué paso? –Miro a todos lados en busca del peligro.

-¿Podrías ir a mi habitación y traerme el sobre que está bajo la lámpara junto a mi cama? –Le pido, él me mira y asiente antes de correr escaleras arriba.

Carla me mira sin entender, poco después Jacob vuelve y me tiende el sobre, lo abro y saco la hoja dentro y se la tiendo a Carla.

-¿Conoces esta dirección? –Le pregunto, ella lee el papel y asiente.

-Sí, es mi dirección en Savannah. ¿Por qué?

-Ahora entiendo… ahora hay tantas cosas que entiendo… ¡Dios! –Digo en voz baja- Le pedí a una persona que averiguara quien había sido mi donante anónimo de médula y solo me entrego esa dirección, me sentí muy frustrada pero ahora lo entiendo, no quería decirme.

Carla abre los ojos como platos y asiente, mierda todo esto es tan confuso… mi corazón vuelve a oprimirse y envía otro corrientazo de dolor hacía mi brazo. Me inclino hacia delante y sostengo mi pecho con fuerza. ¡Mierda que dolor!

-Creo que es momento de irse, señora. Bella no está como para recibir esta clase de visitas. –Gruñe Jacob de manera hostil.

-Bella solo quiero saber que me perdonas por favor… -Dijo Carla en voz baja.

Enterré mi cara entre mis rodillas y trate de respirar profundo pero no pude, mis pulmones se sentían pesados y quemaban, quemaban mucho. No le respondí a Carla aunque deseaba gritarle "¡No!" con todo mi ser pero no podía. Escuche sus pasos y luego como salieron de la casa. La mano tibia de Jake se posó sobre mi espalda y me ayudo a recostarme de nuevo en el sillón.

-Llama a Edward… -Dije con voz ahogada.

Él tomo mi celular y marco la llamada, pude notar como todo iba oscureciendo a mi alrededor. Sentía el latido de mi corazón cada vez más pesado y lento, con cada latido era un jadeo que se escapaba de mi boca y por lo tanto menos aire en mis pulmones.

-Es tiempo de irnos, Isabella. –Amriel murmura con suavidad en mi oído- Déjalo ir, no luches más, esto solo te hace más daño.

Edward…

-Él no podrá llegar a tiempo.

Parpadee varias veces tratando de alejar los pequeños puntos que se estaban formando en mi vista. Jacob volvió y me tomo la cara, decía muchas cosas pero yo no escuchaba. Cada vez que cerraba los ojos me sentía caer, y era una caída sin fin. Jake tenía lágrimas en sus mejillas y lucía desesperado. Aparto la mirada hacia las ventanas y veo el cielo, luce gris pálido y el aire acuoso. Quiero ver a Edward por última vez, quiero amarlo, besarlo. No quiero morir, siento que no he amado de esta forma el tiempo suficiente. Pero esto es como apagar las luces una a una, siento como todo dentro de mi poco a poco va dejando de funcionar, la sangre corre desde mi nariz, siento mi cuerpo helado y el calor de Jake tratando de hacer algo, él me toma y me abraza siento su cuerpo sacudirse por los sollozos.

Cuando ya no puedo sentir nada. Solo cierro los ojos y trato de imaginar cosas buenas. Pero a penas las veo sé que no las estoy imaginando, son recuerdos: Ana, mi dulce y tierna Ana corriendo hacia mí con una hermosa y gran sonrisa, le faltan unos dientes y tiene apenas cinco años veo mis manos tendidas hacia ella y como me abraza… Me veo jugar con Jake, hay mucho lodo y molestamos a sus hermanas ensuciándolas con nuestras manos… A mamá sonreír y decirme que todo está bien que el dolor se ira pronto, pero esto no es una pierna rota… Veo a todos mis amigos y familia pasar frente a mis ojos en circunstancias diferentes, en momentos diferentes… veo a Christian, de pie frente al gran ventanal de su oficina de cara a Seattle, él se gira y me sonríe ampliamente antes de caminar hacia mí y estrecharme entre sus brazos… Dejo que todos los recuerdos se vayan, me olvido del sol y las tazas de té… y ahí, en el lugar más hermoso de todos, esta él. Me espera de pie en medio del claro me escucha llegar y se gira, su piel brilla, sus ojos brillan, poco a poco una gran sonrisa se expande por su cara y tiende una mano hacia mí, camino hasta él y la tomo, él la besa pero sus ojos nunca abandonan los míos. "Te amo" dice, "te amo, también" le respondo y el me besa. Los recuerdos ahora solo son de él… Edward sonriéndome, Edward diciéndome que me ama, Edward abrazándome, Edward bailando conmigo en el colegio, Edward acostado a mi lado, Edward tarareando mi nana. Edward… mi dulce y hermoso Edward.

Te amo tanto…

Cuando rompí el beso con Edward vi un niño de grandes ojos grises y destellos marrones correr sonriente, su cabello era desordenado y se movía por sus pasos, su sonrisa era perfecta y sus mejillas sonrosadas. Era tan hermoso como siempre creí que podía ser un hijo de Christian. Ese era mi pequeño bebé. Él tomo mi mano y caminó a mi lado hasta el final.

.

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POV; Ana.

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-¡Vamos Ana! –Dice Emmett.

Sentí unos brazos rodearme y el viento golpeando mi cara. Cerré aún más los ojos y enterré mi cara en su cuello, me siento diminuta refugiada en este lugar, sé que son sus brazos. El viento poco después dejo de soplar y él me dejo con cuidado en el suelo, abrí los ojos y estábamos a la orilla del patio trasero de la casa de Charlie, Emmett tomó mi mano y me condujo con cuidado hasta la puerta que estaba abierta. Miré con pánico hacía todos lados. Escuche los gritos de Jacob, a Carlisle pidiéndole que se calmara, y vi a Alice sollozando sin lágrimas abrazada y a Esme. Emmett soltó mi mano y camino hasta Rosalie y la abrazó. Todos estaban aquí mirando hacía un solo lugar. Vi a Edward inclinado sobre el sillón grande y sus manos moverse rítmicamente tratando de darle RCP. Carlisle le aventó una inyectadora de metal y él la tomo en el aire, levanto la mano y escuche como penetraba el pecho de ella directo al corazón. Edward se deshizo de la inyectadora y siguió con el masaje cardiaco pero esta vez se veía más desesperado. Jacob intento acercarse pero Alice se interpuso entre él y el sillón.

-¡Ni se te ocurra! –Le amenazo señalándolo con su diminuto dedo- ¡Por ti no pude ver que esto pasaría! ¡Por ti y tus asquerosas pulgas!

Jacob no le respondió, no supe de que hablaba Alice, yo solo podía pensar en Bella. Edward seguía dándole masaje, me acerque a él y vi su cara desencajada y desesperada, sus ojos lucían sumamente negros.

-¡Funciona! no estas muerta… no estas muerta… vamos… ¡Vamos! –Dijo desesperado- funcionará… te lo suplico, por favor amor, ¡Bella despierta!

Las lágrimas corrían por mi rostro de manera silenciosa, estaba tiesa en mi lugar sin saber qué hacer, una lágrima solitaria cayó por la mejilla de Bella que estaba manchada de sangre que había salido de su nariz. Y fue entonces cuando lo supe, este era el fin, lo sentí en mi pecho y en mi alma. El veneno no iba a funcionar.

-¡Por favor, por favor Bella vuelve a mí! ¡Por favor! –Seguía diciendo Edward…

El shock emocional me golpeo con fuerza y vi todo negro.

Cuando desperté estaba de nuevo en casa de los Cullen, en la habitación de Alice. Sentí el rostro como papel, levante la mano y toque mis mejillas, tenía lagrimas secas y mis ojos ardían. Me levante torpemente y me senté en la cama enterrando mi rostro entre mis manos. Todo había sido una pesadilla…

Alice debió escucharme porque entro a la habitación seguida por Esme, ambas vestían ropa negra.

¡NO! –Grito mi subconsciente.

Mis ojos se llenaron de lágrimas y ellas corrieron abrazarme. El dolor era tan grande e insoportable… cada segundo, cada sollozo, todo era terrible… quise recordar muchas cosas respecto a ella, muchos momentos juntos pero de nada servía. Ella ya no estaba a mi lado para reírse conmigo. Quería escuchar su voz, ver su sonrisa, ¡Dios anhelaba tanto poder abrazarla!

Me aleje de ellas y mire a un punto fijo en la pared. Ninguna hablo, yo no tenía nada que decir y ellas parecían estarse debatiendo sobre qué era lo que debían decir… así no tuve más remedio que preguntar:

-¿Qué paso?

-Llegamos tarde, cuando Edward inyecto el veneno su corazón ya se había detenido. –Susurro Esme- Tú has estado dos días inconsciente, has tenido fiebre muy alta y hemos estado muy preocupados por ti también, cariño…

-¿Dos días? –Pregunte alarmada.

Alice me acaricio el cabello.

-Tranquila, el funeral es hoy… -Me aviso con voz rota.

El funeral…

Y es entonces cuando pensé en Charlie y Renée, en Christian y en Edward… ¡Oh por Dios!

-¿Dónde está Edward? –Pregunte bajito a Esme.

A ella se le descompuso el rostro y bajo la mirada. Oh, mierda… oh, mierda…

-Está abajo, no ha dejado de tocar el piano desde que volvimos, parece poseído por alguna fuerza extraña, no habla y tampoco ha querido salir de caza… el parece… sin vida. –Me dijo con un sollozo.

Me levante y corrí descalza escalera abajo. Pude escuchar la música, era muy… apasionada. Reconocí la pieza The Flight of the Bumblebee de rachmaninoff. El primer vistazo que obtuve de él fue su cabello totalmente desmarañado, tenía puesta la misma ropa que llevaba la última vez que lo vi arrodillado junto al sillón. Sus dedos se movían tan rápido por el piano que hacían la pieza aún más exótica. Esme tenía razón él parecía poseído por algo. Tenía la mirada clavada en algún punto de la pared. Di unos pasos dentro del salón y el movió un poco su cabeza y detuvo sus manos abruptamente. No me miro.

-¿Cómo te sientes? –Preguntó en voz raposa.

Me recosté en la pared y me deslicé hasta dejarme caer al suelo. Deje de mirarle, y enfoque mi mirada en las flores que estaban en un jarrón cercano. Siempre eran rojas y hoy, hoy eran blancas.

-No tengo respuesta para esa pregunta. –respondí en voz baja.

-Yo tampoco.

Edward comenzó a tocar una nueva pieza y la reconocí de inmediato, era aquella que él había compuesto para ella. Dejo de tratar las teclas con agresividad, y ahora lo hacía con amor, se podía sentir el amor infinito que destilaba cada una, el lugar donde se suponía que estaba mi corazón se oprimió. Las lágrimas cayeron silenciosas por mis mejillas y la imagen de Bella sonriéndome sentada en las escaleras esa última vez que la vi llego a mi mente, despreocupada, feliz y enamorada. No era justo, nada de esto era malditamente justo. Solloce con fuerza y escuche que Edward paró de tocar y pronto sentí sus brazos rodearme y atraerme hacía su pecho. No sé cuánto tiempo pasamos ahí pero lloré, lloré por lo injusto de la vida, lloré por esas sonrisas que no vería nunca más, lloré por el brillo en sus ojos, lloré por los momentos juntas, y mucho más por los que no compartimos. Acababa de recuperar a mi hermana y ya la había perdido para siempre.

-¿Sabes Ana? –Comento en voz baja contra mi cabello- Lo último que ella me pidió es que fuera fuerte y siguiera adelante es por eso que no he cometido ninguna estupidez, aunque he pensado en miles de formas de provocar que me maten. Pero la veracidad con la que me lo pidió el brillo en sus ojos vuelve a mí cada vez que pienso en algo como viajar a Italia. Jamás me había sentido tan malditamente solo como ahora y teniéndote aquí me doy cuenta de que en realidad no soy el único. Si tan solo tú hubieras visto las sonrisas que arrancabas de su rostro cada vez que le llegaba un mensaje tuyo… ella también te amaba mucho. Y ahora yo te lo digo a ti Anastasia, debes ser fuerte por ella, no creo que le hubiera gustado verte así. Sé que es difícil, es malditamente difícil pero tienes que intentarlo.

¡¿Cómo?! Quería gritar con todas mis fuerzas. Estaba jodidamente enojada con el universo.

No le respondí, Esme llego a mi lado y ajeándome de Edward me levanto y me encaminó de nuevo a la habitación. Alice me ayudo a bañar y a vestir, me coloque un vestido negro de falda amplia y unas bailarinas del mismo color, llevaba medias hasta los muslos para evitar el frío. Alice comento algo respecto a que no había dejado de llover desde ese momento, como si el tiempo supiera lo que sucedió. Esme me tejió el cabello en una trenza y me tendió una gabardina negra y me ayudo a abrochar los grandes botones y el cinturón, yo soy más un autómata que una persona, hacía lo que me pedían. Alice envolvió una bufanda tejida color azul sobre mi cuello y la anudo. La mire sorprendida.

-Supuse que querías llevar algo suyo. –Dijo en voz baja.

Mis ojos se nublaron por las lágrimas. Sacudí la cabeza.

-La quiero a ella…

-¡Oh, cariño! –Murmuro Esme con voz rota y me abrazó apoye mi mejilla en su hombro.

Vi a Carlisle acercarse por el pasillo y me aleje de Esme.

-Es hora de irnos. –Comento.

Ellas asintieron y pasaron junto a él. Las seguí y me detuve un momento. Me gire para preguntarle a Carlisle pero él fue más rápido.

-Está esperando por ti. –Señaló las escaleras y yo baje trotando las escaleras.

Edward estaba en la puerta de acceso a la casa, vestía de traje y camisa negra. Él sostuvo la puerta y luego tomo un paraguas y lo abrió para cubrirme. Camino a mi lado hasta la puerta de su auto y la abrió para mí, cuando me vi refugiada en el interior un segundo después el entro en el asiento del conductor y dejo el paraguas húmedo en la parte trasera.

El camino fue silencioso, y debo reconocer que fue agradable no tener que decir nada para ser comprendida, ninguna conversación vacía.

Cuando llegamos al cementerio vimos mucha gente bajando de sus autos, no reconocí a nadie. E iba a ser extraño como me verían todos. Edward repitió el procedimiento con el paraguas y cuando llegamos allí me quede paralizada, vi el ataúd rodeado de sillas bajo un gran toldo, estaba cerrado y una foto enorme de Bella estaba a su lado. La reconocí, fue de una sesión de fotos que ella hizo hace al menos un año, en ella se había tomado varias con Christian y habían salido en una famosa revista. Odie que hubieran escogido esa foto, esa no era ella. No la real, la tímida Isabella Swan que tapaba el lente de la cámara cuando le ibas a tomar una foto, o simplemente hacía una mueca extraña para hacerte reír y olvidar que debías tomar la foto.

Edward coloco su brazo libre sobre mis hombros y me dio un suave apretón. Comenzamos a acercarnos y escuche los murmullos que estábamos generando. No me importo. Caminamos hasta las sillas y pude ver a Charlie sentado del otro lado, justo frente a nosotros, estaba junto a dos mujeres, una morena de largo cabello negro y una castaña de ojos azules. Ella fue la más sorprendida de todos los presentes al verme, no dude ni un momento de quien era. Renée. Charlie se inclinó y le dijo algo al oído y ella asintió pero no apartaba la mirada de mí.

Baje la mirada hacía mis manos sobre mi regazo y escuche como el padre hablaba sobre lo bien que estaba ella ahora en el cielo entre Ángeles… pero, ¿El cielo existe? ¿Lo hacen los Ángeles? ¿Dónde mierdas uno va cuando muere? ¡¿Dónde estaba mi Bella?! Ni siquiera el padre tenía respuestas a esas preguntas, aunque se llenara la boca de palabras sobre un lugar especial para los muertos todo era mentira, el único lugar especial para los muertos que yo conocía era el puto cementerio. Una eternidad bajo tierra y ser olvidados por todos, porque con el tiempo nadie recuerda a nadie. La memoria de los humanos era un colador. Mire a Edward y él tenía la mirada puesta en la fotografía de Bella junto al ataúd. Supongo que él si la amaría y recordaría por siempre. Ya que un amor como ese no se extingue jamás. Él iba a vivir mucho tiempo y tal vez si seguimos la teoría del padre y su Dios celestial, en algún momento Bella vuelva y se vuelvan a topar. Total… la eternidad es solo el comienzo.

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Llegamos a casa alrededor de las seis, y yo estaba exhausta, y monótona. Respondía las preguntas de Esme con "Uhm", "No" y "Aja". Luego de ser obligada a comer me senté en el piso del salón, junto al ventanal de cara a la parte trasera de la casa, llovía a cantaros y la brisa hacía que la llovizna pegara de los cristales. Por un momento, al ver la lluvia caer sobre el césped recordé cuando Bella y yo teníamos siete años, Charlie estaba viendo el partido en la sala y nosotras nos escapamos con cuidado y comenzamos a correr y brincar sobre los charcos y a bailar bajo la lluvia. Fue un día feliz, fue un día con una Bella de su edad, una niña en busca de travesuras…

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Una semana después todo seguía igual para nosotros. Yo me negaba a hablar con Charlie o Carla, ya no me importaba una mierda lo que tenían que decirme. Iba a diario para el cementerio. Y hoy no era diferente, Alice me acompañó esta vez pero se quedó cerca del auto. Retiré las flores intactas que había traído ayer y las coloqué a un lado para acomodar las nuevas. El primer día que vine Esme me explicó que Charlie había mandado a hacer la lápida, era hermosa con azulejos y un gran libro en relieve con los datos de Bella. Nunca me quedaba demasiado tiempo, sentía que si lo hacía iba a ser peor para mí así que solo me encargaba de mantener la tumba bien arreglada y me iba. Tire las flores viejas al cesto de la basura y camine hacía Alice. En el camino de vuelta a casa ella no hablo ni una sola vez.

Alice detuvo el auto frente a la casa y había un auto negro estacionado justo ahí, Alice suspiro y me miro con pena.

-Son los abogados de Grey. –Me dijo en voz baja.

Mi corazón latió de prisa por primera vez en lo que pareció mucho tiempo.

-¿Qué hacen aquí? –Murmure.

-Quieren hablar contigo. -La mire asustada, ¿Qué significaba exactamente eso?- Vamos.

Alice bajo del auto y yo suspire resignada. Bajé del auto y mire hacía la casa, una ligera llovizna caía, enterré las manos en los bolsillos de la gabardina y caminé a paso lento hacía la casa. Jasper y Rose estaban en el salón hablando con los dos hombres de aspecto profesional. A penas me vieron se levantaron.

-Señorita Steele. La hemos estado esperando. –Hablo el primero, un hombre de pelo y barba blanca.

El segundo, un joven rubio me tendió una carpeta. ¡Dios! ¿Es que hasta sus abogados iban al grano de una vez? Tome la carpeta y la abrí, eran documentos de propiedad, muchas propiedades. Me deje caer en el sillón de golpe.

-¿Qué es esto? –Pregunte asustada.

-Christian ha renunciado a todo lo que compartía con Bella, y bueno… ella dejo todo a nombre tuyo, Ana. –Me explico Jasper con voz suave, comencé a sentirme un poco más tranquila, solo un poco.

-Pero… son demasiados… creí que Bella solo era dueña de la Editorial… -Miro a los hombres en busca de una explicación y el de cabello blanco asiente seriamente.

-Durante estos años el señor Grey fue regalando propiedades a la señorita Swan, si bien ella no sabía de algunas de ellas, le pidió a su abogado que todo fuera a nombre tuyo. –Señalo a Jasper- Y tal parece que antes de padecer, la señorita firmo los documentos. Usted es la única heredera de todo, señorita Steele.

Miro a Jasper y él baja la mirada.

-Es cierto, Ana. –Dice apenado- Fue la mañana que Alice te trajo el libro.

Justo antes de morir…

¡Dios mío! No puedo con esto. Me siento abrumada y sola, no quiero sus malditas propiedades, no quiero su dinero, la quiero a ella. ¡Solo a ella!

Dejo la carpeta sobre la mesa en medio del salón y corro escaleras arriba, las lágrimas caen por mis mejillas. Entro a su habitación y me refugio en su pecho, él me guía hasta el diván y yo me siento ahí, levanto la mirada y lo miro. Edward esta arrodillado frente a mí y tiene el semblante triste.

-Yo estaba ahí en ese momento. –Comenta en voz lejana- Si hubiera prestado más atención a lo que estaba pensando Jasper tal vez hubiera tenido tiempo de advertirte al respecto… lo siento.

Niego con la cabeza y lo miro incrédula, ¿acaso se está disculpando por estar al pendiente de Bella?

-No tiene lógica que te disculpes, Edward. –Trato de sonar dura- Estabas cuidando a mi hermana, ¿Qué mierdas importa lo que sucedía alrededor?

Él me mira y sus ojos se suavizan un poco.

-Importa porque te ha lastimado ahora a ti, Ana.

Lo abrazo fuerte, tan fuerte como puedo.

-No puedes cuidar a todos al mismo tiempo, Edward. –Murmuro.

Él envuelve sus brazos a mí alrededor y me mantiene ahí.

-No cuide de ella como debía, cometí error tras error y eso la apartó de mi lado, no quiero que pase lo mismo contigo, Ana. –Murmura con voz rota- No quiero perder a mi mejor amiga.

-Oh, Edward… nunca me vas a perder. No seas tonto. –Digo conmovida- Siento que te estas culpando por lo que le sucedió a Bella y no es así. –Me alejo de él y le acaricio la mejilla- Tu cuidaste de ella tanto o más que nosotros e intentaste hasta el último momento. La hiciste sonreír como nunca la vi hacerlo. Ella fue feliz a tu lado.

-Pero no el tiempo suficiente.

Edward se levanta y camina hacía la ventana. No me gusta verlo así pero sé que no puedo hacer nada. Él al igual que yo tardara en cerrar la herida, así no cicatrice nunca, pero tardara en dejar de sangrar. Salgo de la habitación y camino hacía la de Alice, ella esta reordenando la ropa que a simple vista ya está perfectamente colocada. Me dejo caer boca abajo en la cama y entierro mi cara entre las colchas. Siento el cuerpo muy pesado, son demasiadas cosas que procesar en tan poco tiempo.

-¿Me ayudas? –me pregunta Alice.

Necesito distracción o pasare todo el día dándole vueltas una y otra vez a todo lo acontecido. Me levanto y me quito la gabardina lanzándola sobre una silla, escucho un golpe sordo y veo el libro que Bella me envió en el suelo con las páginas abiertas, lo levanto y de él caen unos sobres blancos. Miro a Alice y ella parece tan sorprendida como yo.

Recojo los sobres y veo que uno tiene el nombre de Christian y el otro es para mí. Es la letra de Bella…

Alice aparece a mi lado y se interesa más por el libro que por los sobres, me lo arrebata de la mano y mira con curiosidad la portada.

-Es el libro de Sonia Smith… -Murmura sorprendida.

-¿A….ja? –Frunzo el ceño.

Coloca la portada de cara hacía mí y sonríe.

-Yo le ayude con la portada de este libro, recuerdo que Bella ese día tenía problemas… ¡No puedo creer que te haya enviado justo este libro! –Alice parece fascinada con la idea pero al ver mi cara ella suspira- Este libro cuenta su historia con Edward, Ana. Sonia me platico de qué iba y cito: "Es increíble la mente de Bella, ella es realmente genial. Ella fue quien me dio la idea sobre la historia y me ayudo a editarlo" ¿Entiendes? Ella no le "ayudo" a escribir la historia, ella le conto su propia historia y resulta que te envió el libro, ¡A ti!

-Pero ella dijo que no lo entendía…

Abro los ojos como platos y mi boca cae sorprendida. ¡Dios! ¿Está hablando en serio? Pero yo estaba más interesada por las cartas.

-Alice… una es para mí y la otra es para… Christian. –Le digo en voz contenida.

Alice por primera vez fija su atención en los sobres en mi mano y contrae el rostro.

-Huelen a Bella.

Giro los ojos.

-Es su letra. –Señalo los nombres escritos a mano en cada sobre.

-¿Por qué no abres la tuya? Yo le llevaré el libro a Edward. –Comenta son una sonrisa.

-¡No! ¿Es que estás loca? –Le grito.

Alice gira los ojos y abraza el libro contra su pecho.

-Ana… no hay carta para Edward, es obvio que este libro es para él.

Niego con la cabeza asustada, y mis ojos se humedecen.

-Es que… es lo único que me queda de ella, Ali. –Murmuro.

Ella me da una sonrisa triste y me abraza.

-Ana, estoy segura de que no le pasara nada al libro. Te lo prometo. –Dice y se aleja.

-Yo también. –La voz de Edward me sobresalta.

Está de pie en la puerta de la habitación y tiene la mirada fija en el libro en manos de Alice. Sé que él también necesita un pedacito de ella. Asiento hacia Alice y ella sonríe y va a entregarle el libro, él me mira y por primera vez en mucho tiempo la sonrisa que me regala le llega a los ojos.

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Tres días después yo aún no me he atrevido a abrir la carta y tampoco he visto a Edward, ha estado encerrado en su habitación. He tenido miedo por él pero Alice me ha asegurado de que solo necesita tiempo. Jasper y Emmett están en la parte trasera ayudando a Esme con algunos arreglos en su nuevo jardín, yo los miro atentamente desde los escalones. Es increíble cómo pueden mover piedras enormes como si no pesaran nada. Alice da brincos de un lado a otro acomodando flores y Rosalie les ayuda con los troncos. Veo a Emmett tomar un puñado de tierra húmeda y aventarla hacía la cabeza de Alice pero ella logra esquivarla y va a dar a la cara de Rose. Queda totalmente sucia y no puedo evitar reírme, me siento totalmente extraña, mi cara duele y mi estómago pincha.

Es la primera vez que río desde la muerte de Bella.

Me detengo de inmediato cuando el dolor le gana a la risa. Esme lo nota y viene hasta mí y me acaricia la mejilla.

-No debes dejar de sonreír, cariño. –Dice suavemente.

Le doy una ligera sonrisa y asiento. Ella tiene razón. Pero eso no quiere decir que esté preparada, lo de antes fue un error. Esme levanta la mirada y sonríe aún más amplio sigo su mirada y veo a Edward en la puerta. Él camina lentamente hacía mí y se sienta a mi lado.

-No debes temer a la felicidad, Ana. –Dice con su voz aterciopelada y me mira- Sé perfectamente lo que Bella quiso hacer con todo esto ¿sabes? Ella está intentando hacer a todo el mundo feliz y no quiero que tú andes preocupada por los sentimientos de los demás, si quieres reír hazlo. A fin de cuentas eso era lo que Bella quería. Has esto a tu manera, sé feliz a tu manera. No te preocupes por mí ni por los demás. Sí, es cierto que debes tomarte un tiempo antes de hablar con Charlie y Renée incluso con Carla… pero Ana no tardes mucho, eres humana y necesitas tomar decisiones o el tiempo se irá. Necesitas sanar y sonreír más.

-¿Y tú? –Murmuro con voz rota.

Edward sonríe un poco y me tiende el libro abierto en la última página.

-Yo sanare a mi manera. Espero algún día reír como lo hiciste tú. –Él me besa la frente y se va.

Bajo la mirada hacía el libro y en una página en blanco Bella ha escrito una nota.

"Sonríe un poco más, mi amor. ¿Por mí? ¡Te amo!"

No puedo evitar sonreír y derramar algunas lágrimas. Ojeo un poco el libro y luego del capítulo cuatro hay pequeñas notas escritas a mano en los bordes del libro y entre líneas.

"Eras realmente desesperante, señor Cullen. Pero creo que incluso entonces ya te amaba."

Esa estaba escrita en el capítulo cuatro debajo de la línea: Estúpido propietario de un flamante Volvo.

Me reí y aparte el libro enterrando mi cara entre mis manos. ¿Cómo se supone que voy a ser feliz sin ella? ¿Sin sus ocurrencias? Sentí unos brazos rodearme y levante la mirada. Esme me sonrió con ternura.

-Creo que es hora de abrir esto. –Dice y me tiende el sobre.

Lo tomo con manos temblorosas y lo rasgo, desdoblo el papel y respiro profundo antes de comenzar a leer:

"Anastasia, Ana… mi dulce y preocupada Annie. ¿Tienes idea de cuánto te amo? Eres todo lo que alguien podría desear en una mejor amiga, las razones son innumerables. Lograste hacerme reír en momentos difíciles, me diste días de felicidad y has cuidado de mí todos estos años pero es tiempo de decir adiós, cariño. Tienes que seguir adelante y dejar de llorar por mí. Tienes que dejarme ir. Eres una maravillosa persona y no me gusta verte triste, ¡vamos! Sal y has nuevos amigos, enamórate una y otra vez porque de eso se trata la vida cariño, de levantarse a pesar de las caídas, de mirar hacia el cielo y poder contemplar lo hermoso que esta el día así sea totalmente nublado. Quiero que desde donde sea que uno va pueda mirarte y decir "¿Ven a esa hermosa chica de ojos azules? ¿Ven su hermosa sonrisa? ¡Ella es jodidamente feliz!"

Te amo en tiempo presente, Annie.

Bells."

Abrace la hoja contra mi pecho y mire al cielo, era gris y ella tenía razón era hermoso. Sonreí involuntariamente.

Tome el sobre y de él cayo una fotografía, éramos nosotras borrachas en una foto que había tomado ella misma con el teléfono de Kate. Recuerdo ese día estábamos en segundo año de la universidad, acabábamos de presentar los exámenes finales y Kate quiso salir. En la foto Teníamos las caras tan juntas que nos veíamos extrañas. Bella estaba haciendo una mueca y yo le lanzaba un beso a la cámara. Ese día fuimos felices y ella quería que yo lo fuera ahora. Sentí un pinchazo en mi corazón.

-De acuerdo B. Tú ganas. –Murmure hacía el cielo.

Me levante y recogí el libro y corrí escaleras arriba. Fui hasta la habitación de Edward y le entregue el libro, le pertenecía a él. Lo bese en la mejilla y le sonreí. Luego corrí hasta el cuarto de Alice y recogí las pocas cosas que tenía ahí.

-¿Te vas? –Pregunto Esme cuando baje las escaleras con mi bolso.

Asentí.

-Sí, tengo una editorial que sacar adelante.

Ella sonrío y yo le devolví la sonrisa. Una sonrisa real.

-No olvides los clubes nocturnos. –Comento Emmett en broma.

-Ni el club de golf. –Agrego Jasper.

-Ni la casa. –Dijo Alice.

-¿Los autos? –Completo Rose.

Me reí un poco, si lo ponían de esa forma me acobardaría.

-Me está dando pavor solo de pensar en tantas cosas. –Susurre.

-Lo harás bien, Ana. –Me dice Esme- Ella confió en ti y nosotros también.

Alice se acerca y me abraza, coloca las llaves de su Porsche en mi mano y me guiña un ojo.

-Llévate mi auto, así tendré una excusa para ir a por él. –Bromea.

-¡No las necesitas, tonta!

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Mientras manejaba camino a Seattle mire al cielo, se había despejado y unos rayos de sol del atardecer se colaban por entre las nubes. Sonreí con nostalgia.

-¿Así que la belleza de un cielo gris y me lo despejas para darle un mejor color? Eres una tramposa, Bella. –Sentí lagrimas picar en mis ojos, respire profundo- Ayúdame con esto, porque no sabes cuan malditamente te extraño, hermosa.

Mire hacía mi bolso en el asiento del copiloto y vi la carta para Christian. Tendría que verlo… enfrentarme a él, y yo definitivamente no estaba preparada para eso. No lo vi en el funeral y tampoco había hablado con él desde el viaje a Georgia. Esta sin duda era mi primera gran prueba.

Acelere y el auto salió disparado hacía las sombras que me esperaban en Seattle. El frío y dominante Christian Grey.

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Un año después:

POV Edward.

El tener que asistir a una boda hacía que mi pecho doliera. Ya ni siquiera recordaba cuantas veces habían renovado votos Rosalie y Emmett y aun así seguían haciéndolo. Rosalie se veía absolutamente hermosa mientras bailaba con Carlisle, por un momento, solo un momento, me permití imaginarme a mi Bella así, vestida de blanco y sonriendo de felicidad. Si tan solo todo hubiera sido diferente tal vez seriamos nosotros los que estuviéramos casándonos en este momento. Cerré los ojos y aleje el pensamiento de mi mente.

-Estás pensando en ella. –No fue una pregunta.

Me gire a verla e incluso entonces, ver a mi mejor amiga dolía demasiado.

-Te pareces tanto a ella. –Susurre acariciando su suave mejilla.

Ana bajo la mirada y sonrió con tristeza.

-Lo sé, aun me cuesta mirarme a un espejo sin que duela. –Comento en voz baja- La extraño cada día más, Edward.

-Lo has hecho mejor que yo, Ana. –Comento en tono neutro.

De pronto un ramalazo de pánico se extendió a través de mi cuerpo, busque a Alice y la encontré cerca de donde bailaban los novios, agradeciendo que solo Ana fuera la única humana invitada corrí hacia ella y me detuve justo en frente. Tenía la mirada ausente, algo estaba por venir y yo estaba comenzando a verlo en su mente. Hace meses que Alice estaba esperando esta decisión.

Eran los Vulturi, parece que después de todo habían decidido venir y ya tenían un motivo para eso.

-Ana… -Murmuro Alice.

El pánico creció dentro de mí y me gire en busca de Ana, ella venía hacia nosotros a su propio paso y al ver mi expresión se detuvo en seco.

-¿Edward, Alice? ¿Qué sucede? –pregunto Esme Alarmada.

Ambos la ignoramos, camine hacia Ana y baje mi cara hasta la suya para mirar directamente a sus ojos.

-¿Qué te dijo Bella de los Vulturi? –Pregunte alarmando a todos los presentes- Y no me mientas, Anastasia.

Ana abrió los ojos de par en par y palideció de golpe. ¡Mierda!

-So-solo lo que son… como los que mandan en tu mundo y que una tal… ¿Victoria? –Asentí con la mandíbula tensa- Si eso, que ella estuvo creando un revuelo y ellos interfirieron… -Lo pensó un momento- ellos… no le hicieron nada a Bella porque esas eran las ordenes… ella dijo que había sido la única vez que los había visto. Pero no sé si sea verdad, ya ves que ella aprendió a mentir.

Pude ver que Ana no mentía.

-¿Qué es lo que sucede, Edward? –Pregunto Carlisle alarmado.

Me gire hacía él quien estaba de pie junto a Eleazar. Los pensamientos de Eleazar me distrajeron, él estaba mirando fijamente a Ana, tratando de descubrir que era ella y porque nosotros nos interesábamos tanto en ella como en su hermana muerta. Gruñí un poco al ver como pensaba en Bella. Coloque una mano en la cintura de Ana y la atraje hacia detrás de mi cuerpo desviando la atención de Eleazar hacía mí.

-Lo siento. –Dijo con serenidad.

-¿Por qué estabas haciendo eso? –Pregunte enfadado.

-Solo trataba de saber porque no puedo leer nada en ella. Ella definitivamente es un escudo… -Murmuraba Eleazar casi hipnotizado con Ana- es increíble que aun siendo una simple humana pueda bloquearme de esta manera…

¿Es que acaso Eleazar había adivinado de que iba la visión?

-Perdóname –dije aturdido- ¿Cómo la has llamado?

-Un escudo Edward. –Él me miro con curiosidad- Si yo no puedo leer nada en ella tú tampoco, ¿no es así?

Sacudí la cabeza.

-No, pero jamás he podido hacerlo. Ni siquiera con su hermana. –murmuré.

Eleazar pestañeo sorprendido.

-Qué interesante, que dos personas tengan un don tan latente aun siendo humanas… imagina si las transformaras… -La mirada que me dirigió era casi de exasperación- qué ironía. Aro me envió por todo el mundo en busca de este tipo de anomalías, y tu simplemente te tropiezas con ellas por accidente… ¡Y por partida doble!

Apreté los dientes. ¡Cállate Eleazar, vas a asustar a Ana!

-Pero Aro ya tiene un escudo en su guardia personal, ¿no? –Pregunte exasperado.

A Eleazar se le pusieron los ojos redondos como platos.

-¿Es que no lo entiendes, Edward? Alice acaba de tener una visión y solo dijo el nombre de esta muchacha… y luego tú vas y le preguntas por los Vulturi… demasiada casualidad ¿no es así? ¿Por qué no nos dices que fue lo que Alice vio?

-¿Edward? –La voz frágil de Ana me llama.

Me giro para mirarla y ella luce muy asustada. La abrazo y la mantengo contra mi pecho. Necesito protegerla, necesito hacer algo bien.

-Los Vulturi quieren a Ana. –Murmuro con voz fría- Alice vio a Aro muy enojado porque Bella había muerto –mi voz se quiebra en la última palabra- pero al ver a Ana en las noticias supo de inmediato que ella podría tener ese mismo poder, Eleazar tiene razón. Quieren a Ana en su guardia.

-¿Edward de que estas hablando? –Pregunto Rosalie.

-Los Vulturi… vienen por Ana. –Dijo Alice en respuesta.

Ana se estremece entre mis brazos y yo me siento impotente, necesito protegerla, se lo debo a Bella. No permitiré que le hagan nada.

-Nunca dejare que alguien te haga daño. –Sisee bajo entre los dientes apretados.

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¡Hola! Bueno sé que todas han estado muy nerviosas y ansiosas y tal vez en este momento me odien a muerte, pero la cuestión es esta;

1.- Bella si muere, lo siento chicas. Pero era necesario para lo que viene luego.

2.- El bebé Bella no lo perdió, simplemente dejaron de hablar del tema porque temían alterarla de nuevo. Sí, es el pequeño que la busca en el claro para llevársela.

3.-Sí, Amriel es la voz que estuvo molestando a Bella en capítulos pasados.

4.- ¿Por qué Christian nunca le platico a Bella sobre el BDSM? Jaja… no sean tramposas eso lo verán en el siguiente capítulo.

5.- Realmente les pido que confíen en mí cuanto a lo de Bella, ¿recuerdan lo que dijo Ana? Que un amor así como el de Edward y Bella no se extingue jamás.

Gracias por tan hermosos reviews. Leo todos y cada uno de ellos con atención y me emociono mucho al saber que les gusta la historia. A las chicas que han recomendado la historia no saben cuan agradecida estoy por eso.

Las quiero mucho.

xx

Maiia.

PD: No tuve mucho tiempo para revisar detenidamente el capitulo, si vieron algún error, me disculpan.