Suiza toca la puerta de casa de Inglaterra a las seis treinta de la tarde del miércoles siguiente, como acordaron. Inglaterra estaba esperándole escribiendo y tomando el té. Cierra su diario y lo esconde, abriendo un libro fingiendo estar leyendo antes de ir a abrir.

Suiza se abraza a si mismo ajustándose un poco mejor el cuello del suéter acomodando su paraguas rojo con la cruz blanca para que no le caiga ni una gota encima, esperando a que le abra, un poquito sonrojado porque ahora si ha estado pensando en lo que viene a hacer. Inglaterra abre, sonríe y le hace pasar antes de que se moje más, ayudándole a cerrar el paraguas, ponerlo en el paragüero y quitarse la chaqueta, colgándole en el perchero para que se seque.

—¡Qué aguacero! —exclama Suiza que además como es un friolento, le cala más. Se frota las manos —. Thank you! ¿Cómo has estado?

—Pasa, pasa. ¿Quieres algo caliente? Tengo té y café y... tal vez tenga chocolate. ¿O cerveza?

—Cerveza, cerveza está bien, thank you. Te he traído igual un poco de chocolate para que prepares —se quita una pequeña mochilita que trae a la espalda y saca de ahí un paquete de tablillas de chocolate, justamente.

—Oh, no tenías por qué, thank you. Pasa a la sala y ponte cómodo frente a chimenea, ahora voy yo —le hace una seña. Suiza asiente yendo para allá y sentándose en el sillón grande, mirándolo todo a su alrededor.

Inglaterra se va a la cocina a preparar las cervezas y algunos aperitivos que ha comprado antes en el supermercado de camino a casa y sale con todo en una bandeja, poniéndola en la mesita del centro y sentándose del otro lado del mismo sofá.

—¿Estás seguro que estás bien? ¿Quieres una toalla o... enciendo un poco la calefacción?

—No me he mojado tanto —se frota otra vez las manos—, no te preocupes. ¿Cómo has estado?

—Bien, un poco agobiado con mis hermanos y el trabajo. ¿Tú?

—Bien. Agobiado con la boda y esas cosas, pero bien.

—¿Qué te agobia de la boda? —pregunta tomando su cerveza y dándole un trago.

—Ahora mismo los votos. Otro día es otra cosa... y así vamos.

—Ah, eso. ¿Has pensando en ello? ¿Tienes alguna idea?

—He estado pensando en ello un poco. Es un desastre y no sé qué decir. Österreich ya sabe las cosas.

—¿Las sabe? ¿le dices cosas románticas a menudo? —pregunta incrédulo de eso, Suiza le mira con la boca abierta.

—¿R-Románticas?

—P-Pues... I mean...

—Nein, no creo haberle dicho nada romántico nunca.

—Y... ¿no crees que le gustaría oírlo?

—Ehh... No sé, quizás sí. Yo soy FATAL p-para esas cosas, siento además que todo suena falso.

—Why?

—Falso y ridículo. Será que se me atoran siempre las palabras —susurra sonrojadito.

—Bueno... eso es porque las han escrito otros, no han salido de ti.

—¡Hablo de las que salen de mí! Nunca le he leído un poema o algo así —solo de pensarlo se muere de vergüenza.

El inglés levanta las cejas. Pues es que... para Francia e Inglaterra que pueden pasar toda una tarde recitándose Romeo y Julieta de memoria... No me extraña que Inglaterra levante las cejas.

—Sé que es un problema, porque además el al menos tiene la música y yo, es que esas cosas, no funcionan...

—Pero que... ¿qué es lo que te suena falso de lo que tú dices? —pregunta sin entenderle en este aspecto.

—Pues cosas... Las cosas románticas, ¿sabes? Que me... Ehm... No me disgusta o que no le odio.

—¿Es falso?

—No, pero suena raro, como si yo no debiera decir esas cosas —se revuelve un poco.

—¿Por qué no?

—Por qué no me salen naturales.

—Vamos a probar... —decide—. ¿Qué le dirías?

—L-Le diría... Que...

—¿Aja?

—Que... Él... Yo... Que es muy... Que... —balbucea apretando los ojos.

—OK. OK. Tranquilo.

—Es que eso es lo que pasa cada vez, balbuceo y tartamudeo y aunque pienso las cosas... Nada.

—Lo vamos a escribir, solo tendrás que leerlo, eso es más fácil porque puedes mirar la hoja, incluso puedes leer cada palabra independientemente de las demás sin pensar en el significado real de todo el conjunto —se levanta por un cuaderno.

Suiza piensa que no cree que eso vaya a funcionar tampoco porque tampoco es ningún poeta ni sabe decir muchas cosas bonitas. Pero bueno, Inglaterra sabia de esas cosas. Se encoge de hombros dispuesto a probarlo.

—Me parece que explicar eso es un buen comienzo, hace que todos se den cuenta del esfuerzo que haces y es bello. Esforzarse es real y bello como gesto —explica volviendo a sentarse con una abriendo el cuaderno sobre sus rodillas y tomando una pluma de la mesa del teléfono.

—No soy bueno para decir cosas bonitas —sentencia esperando que escriba. Inglaterra lo escribe—. Aunque si pienso a veces conceptos generales que imagino son bonitos —"Österreich es perfecto" se le viene a la mente... Se sonroja con la idea.

Escribe eso también y le mira.

—Ya está.

—Este es un buen comienzo, pero necesitamos un poco más —asegura y mira la libreta—. Austria, no soy bueno para decir cosas bonitas, aunque sí pienso a veces conceptos generales que imagino, son bonitos —lee en voz alta. Suiza parpadea por el Austria al principio y se sonroja.

—P-Pues... ¿Quieres que diga más cosas? Con eso sabe que las pienso.

—Creo que hace falta saber cuáles son.

—Ugh —protesta sonrojadito—. Es que van a estar TODOS ahí, tú sabes lo que van a reírse si yo digo algo como "me gusta tu pe... " tu... Algo? —aprieta los ojos sonrojado, pensando obviamente en su PELO.

—Bueno, es mejor no ser soez... —carraspea obviamente no pesando en el pelo.

—¿Que tiene su pelo de soez?—pregunta abriendo un ojo y mirándole.

—Su... ah, pelo. Pelo, claro... nada.

—¿Que pensaste que quería decir si no era pe...? —se calla y se tapa la boca con las dos manos. Niega frenéticamente.

—Vale, su pelo, eso suena bien, veamos... —intenta volver al tema y hacer como que eso no acaba de pasar, sin mirarle.

—No, no... Preussen se va a burlar igual —susurra aun con las manos en la boca.

—Mmmm...

—¿Tengo que decirle cosas bonitas de él?

—Yes, but... estaba pensando en eso de las burlas.

—Yes?

—Tal vez podríamos añadirlo.

—¿Añadirlo? ¿Crees que deba decir que sé que se van a burlar?

—Podría protegerte el evidenciarlo. Si dices algo como "parte de mi problema para expresar esto es que temo que se burlen de mí infantilmente" todos podrían considerarte adorable y si alguien se burlara entonces quedaría como un tonto infantil. La gente misma te podría proteger y acallar cualquier burla —explica.

—Eso suena bastante... Inteligente. El tipo de cosas que suele decirme Österreich que haga —cae en la cuenta y sonríe un poco porque incluso Austria no podría burlarse de él sin parecer infantil—. Bien.

Inglaterra asiente también, sonriendo y lo escribe a continuación.

—Lo que te decía es... ¿Tengo que hablar de sus características físicas? Eso me da vergüenza.

—No tienen por qué ser físicas.

—¿Tú... Cómo fueron...?

—Eh?

—Los tuyos.

—¿L-L-Los m-m-míos?

Suiza vacila un poco.

—Lo dices por lo de... ehm... el otro día en l-la iglesia... eeeeh... eso que... I mean... —mano al anillo—. Es solo... es una replica del anillo de The Lord of the Rings, yo solo...

—No voy a decirlo, de hecho, me ha servido de mucho el saberlo.

—What?

—Que es posible hacerlo.

Inglaterra traga saliva visiblemente nervioso.

—I-I...

—Volvamos a mis votos, olvida mi pregunta.

Se pasa una mano por el pelo y se muerde el labio porque ya se lo contó a su madre y a América y ahora Suiza... y Francia parecía estar súper contento de que les dijera a todos y quería decirle a Roma y Galia y...

Suiza le mira de reojito preguntándose si hará algo mal como amigo de Inglaterra como para que pueda contarle abiertamente un secreto. Ya lo había visto, ya lo había oído incluso, sabía que estaba casado con Francia. Y aun así el inglés no quería contarle. No pasaba nada, sus razones tendría, solo... Le gustaría saber si él estaba haciendo algo mal, no quería ser un mal amigo del inglés.

—Ugh... —protesta sonrojado, cubriéndose la cara con las manos.

—Lo siento —susurra Suiza ahora bastante seguro de estar haciéndolo mal.

—Es que... I... era secreto, ¿sabes?

—No tienes por qué decirme nada, perdona por insistir en el tema —Suiza asiente porque se lo imagina.

—No... I mean... well, ahora ya da lo mismo —gira la cara.

—Tú eres dueño de tu información, más aún si alguien te forzó a decirla frente a mí.

—Fue... es complicado —se quita el anillo y se lo tiende. Suiza parpadea y lo toma con suavidad.

—¿Lo usas en el cuello para que nadie lo note?

Asiente.

—Léelo. Esos son mis votos —pide Inglaterra con la cara en las manos.

—Quizás la mejor forma de unirse ante Dios —lee sin notar los tres puntos suspensivos.

Inglaterra se sonroja y se humedece los labios. Suiza le mira sin querer admitir que la frase le resulta un poco confusa.

—Sea celebrando el amor —susurra sin mirarle, acabando la frase de lo que dice en el de Francia.

—Oh... —entiende mucho mejor ahora. Asiente y desfrunce el ceño—, eso es bonito y corto. Menos es más.

—Es... todo fue improvisado.

—¿Aja? —le mira escuchándole.

—Esto es lo único que hay. También di un discurso en el brindis, pero no lo recuerdo. De todas formas haré uno para vosotros.

—Hubo un brindis —asiente sin querer preguntar muchos más detalles.

—Estábamos en la boda de otras personas y lo hice para los novios.

—Oh! ¿Y lo improvisaste así sin pensar o ya lo tenías y sólo también aplicaba?

—Lo improvisé.

Suiza lo mira genuinamente impresionado con la habilidad para decir cosas bonitas. El británico gira la cara, incomodo.

—Eres un genio.

—¿Eh?

—Puedes casarte improvisado, sacar una frase así improvisado y dar un discurso de amor improvisado.

—No es como que él me inspire o algo —menos mal que lo dices.

—¿Crees que si no puedo hacer esas cosas... Es que Österreich no me inspira?

—What? No! ¡Uno se puede inspirar en cualquier cosa!

—Aun peor... ¿Y si yo no me inspiro en nada?

—Algo debe inspirarte cuando haces cosas... como el chocolate o el queso.

—Eso dice Österreich también, pero no sé si realmente pasa. Yo hago queso y chocolate porque es lo que hago. Pero yo le he visto a él hacer música, por ejemplo... y es muy diferente.

—Vamos a hacer algo. Imaginemos que de pronto Austria se olvidara de ti. De quién eres y de vuestra relación. ¿Qué le dirías?

Suiza traga saliva.

—Que... que soy Schweiz, que... —se sonroja—, soy alguien cercano a él.

—Aja...

—Que aunque no lo recuerde tuvimos una infancia en la que convivimos mucho y aunque hemos peleado muchas veces después de eso y hemos estado separados por mucho tiempo, finalmente hemos conseguido entendernos de nuevo.

—¿Ves? Esa es una buena frase —la escribe—. ¿Qué más?

—En realidad me costaría mucho explicarle si se olvidara de mi —se pasa una mano por el pelo —. Aunque si solo fuera de mí de lo que se olvidara quizás sería un poco más simple, porque pasaron periodos de tiempo muy largos sin que estuviéramos en contacto, así que quizás sólo tendría que explicarle los momentos juntos. En la infancia si tendría un vacío mental grande.

—Aja... ¿qué cosas contarías de vuestra infancia?

—Que estábamos juntos todo el tiempo. Él era lo más importante para mí y creo que... A pesar de todo yo también era lo más importante para él. No hay manera en que piense en mí de pequeño sin su presencia y yo creo que él no tendría recuerdos de casi nada tampoco. Yo lo ayudaba a sobrevivir y él... El me traducía el mundo —se encoge de hombros. Inglaterra sonríe apuntando todo eso—. La realidad... Es que si cuando era pequeño me hubieras dicho que viviría la mayor parte de mi vida sin Österreich, te hubiera dicho simplemente que eso no se podía hacer. Y... Yo creo que él pensaba lo mismo —se humedece los labios—. Fue una época feliz.

Inglaterra sigue escribiendo lo más deprisa que puede.

—Todo era fácil, quererle era fácil y... yo sabía que me quería de vuelta. No tenía la más mínima duda de ello.

El inglés asiente sonriendo mientras escribe.

—Luego crecimos y empezaron las enormes diferencias. Mis sueños siempre fueron tan simples y pequeños al lado de los suyos. Él quería conquistar al mundo, tener palacios y sirvientes... Yo sólo quería estar bien, como siempre, con lo que teníamos. Quería ser libre y subsistir —suspira—, él empezó con los caprichos extravagantes y yo a estar harto de cumplirlos. Terminé por irme, harto. De haber sabido cómo sería todo después del momento en que salí de casa, probablemente nunca me hubiera ido y la vida sería muy muy distinta.

—Ah, ¿sí? Why?

—Porque tuve que educarme a estar completamente solo, habiendo estado toda la vida con él. Aprendí a ser realmente independiente y a sobrevivir por mí y para mí. Aprendí a extrañar a alguien y aun así, a no ceder. Aprendí que realmente podía controlarme, mis impulsos y necesidades.

Inglaterra vuelve a escribir a toda prisa.

—Y él aprendió también a sobrevivir sin mí y lo que yo pensé que sería una sentencia de muerte, que alguien le mataría si no estaba yo vigilando... —se encoge de hombros—, tampoco pasó. Así que también aprendí que, como todos, era prescindible de la vida de cualquiera.

—Eso es un poco triste —lo escribe igual.

—Ah, lo es. Te aísla un poco más —asiente y se rasca la mejilla—. De hecho descubrí que yo le necesitaba a él mucho más de lo que él me necesitaba a mí. Él tenía una vida, un marido, su imperio y poder... Incluso sobre mí. Y yo no tenía absolutamente nada más que una promesa de ser libre, ni siquiera de manera oficial, pocas cosas, poco dinero, mi tierra y... silencio.

Inglaterra sigue escribiéndolo todo frenéticamente.

—¿Y qué pasó?

—El tiempo. Inclemente y constante. Pasa igual si uno no hace nada y es miserable o si uno intenta hacer algo para salir adelante —se encoge de hombros—. Hice muchas cosas que no me gustaron, incluso para él. Fui mercenario en sus ejércitos, abastecí zonas de comida... Y traté de verle lo menos posible. Aunque era imposible, siempre tenía el infortunio de topármelo.

Inglaterra se sonroja un poco empático con eso.

—Y cuando lo volvía a encontrar... Era imposible. Era otra persona, tan diametralmente opuesta al Österreich que yo quería... —se sonroja un poco—, tan infinitamente detestable, que... Conseguí cambiar el echarle de menos por enfadarme con él, por irritarme cada vez más, incluso odiarle. Era muy fácil odiarle. Al final pasó mucho tiempo en esa misma confusión... Y...

El británico hace un gesto con la cabeza para instarle a seguir asintiendo con ello.

—Una vez... Fue a casa.

—And?

—Y todo lo puso de cabeza.

—¿Cómo?

Suiza se sonroja y aparta la mirada.

—¿Exactamente por qué te estoy contando todo esto? Lo siento, son tonterías.

—No lo son, es una historia muy buena, la estoy escribiendo para que la leas —el inglés se lo muestra.

El helvético se sonroja más aún porque ya bastante es decirla como para que ALGUIEN pueda leerla después. Aprieta los ojos, porque además el tema le cuesta, claro.

—Creo que él quería lastimarme —vuelve a empezar a contar.

—¿Lastimarte?

—Ja. Creo que quería abandonarme tal y como yo lo había abandonado a él —asiente humedeciéndose los labios, aun con los ojos firmemente cerrados—, y... ja. Consiguió justamente eso. En una hora tuve todo lo que había necesitado de él por años y bastante más —más sonrojo si es posible—, y luego se fue sin siquiera mirarme.

Inglaterra traga saliva.

—¿Seguro quieres recordarle eso el día en que os vais a casar?

—No sé si quiero recordarle todo esto en realidad, quizás podamos depurar algunas cosas. Pero esto en concreto es tan importante como peligroso.

—Why?

—Ese día supe que no importaba lo que hiciera, podía sentir muchas cosas hacia él pero me era imposible odiarle naturalmente.

Inglaterra le mira porque eso es muy tierno y... triste, pero... Suiza vacila un poco y se anima a mirarle de reojito.

—Es... Solo un... ¿No crees que sea importante? —pregunta Suiza no muy seguro.

—Yes. Lo es.

—¿Sabes? Nada de todo esto es tan relevante ahora mismo.

—No es relevante pero... es vuestra historia.

—Lo que quiero decir es que los detalles de cuando y como, son irrelevantes. Quizás sea mejor no detallarlo todo tanto y hablar de los generales.

—Tranquilo... mira, haremos algo. Lee lo que llevamos mientras llamo por una pizza.

Suiza se humedece los labios y asiente estirándose por la libreta. Sigue pareciéndole una cantidad de información infame, especialmente considerando que aún no llega siquiera a Napoleón. ¿Cómo podía haber dicho tanto de Austria en una época tan... Solitaria?

Inglaterra llama por teléfono y la pide con queso para compartir, sacando un par de cervezas más. Suiza se sonroja leyendo, reafirmando el concepto de que esto es DEMASIADO.

—Ahora la traen, ¿qué piensas de lo que hay hasta ahora? —le tiende su cerveza.

—Es mucho. Mucha información. No vamos ni a la mitad —explica agobiado—. Necesito algo más simple.

—Well, es más fácil si lo sueltas todo y luego vemos donde lo cortamos.

—Vale, vale... Aunque vas a acabar por cortarle todo —agradece la cerveza con un gesto de cabeza y le acerca el bloc de notas.

—La verdad... es que no soy muy partidario de eso —vuelve a sentarse.

—¿De cortarle todo? ¿Por? Él vivió todo eso conmigo, no es que no lo sepa.

—Es... es el día de tu boda con Austria, pase lo que pase en el futuro este será el día que recordarás y no querrás pensar en ello recordando que no hiciste todo lo que querías.

Suiza se mira las manos y sonríe un poco sin darse cuenta.

—Quiero que sea un buen día.

—Por eso —le sonríe también.

—Concentrémonos en las partes buenas entonces.

Inglaterra asiente.

—Uff... Es que, bien decía él el otro día que nuestra historia es tormentosa.

—¿Ves?

—Pero... Es que tampoco es un drama, ¿sabes? No es verdad que estaba todas las noches lloriqueando nuestra desgracia. Solo... Pasaban cosas, cosas duras a veces y simplemente seguíamos existiendo y la vida volvía a ponernos en el camino del otro.

—Wait, wait! —vuelve a tomar la libreta para escribir.

Suiza se sonroja un poco mirándole agradecido por escribir todo esto y escucharle, pensando que va a tener que compensarle seriamente después de todo esto. Así que le mira escribir esperándole con paciencia hasta que ve que termina y empieza otra vez.

—A veces nos encontrábamos más, a veces pasaba mucho tiempo sin que nos viéramos. Creo que... desde la vez que —sonrojito—, fue a mi casa y la siguiente vez que nos vimos, pasaron unos cien años quizás. Lo encontré precisamente en Wien, en esa época de... Ehm... Napoleón.

Inglaterra aprieta los ojos odiando esa parte.

—Lo siento, England, de verdad.

—It's fine. It's fine...

—France me pidió que peleara contra él y le matara.

—Aja... —tuerce el morro.

—Evidentemente me negué, ni siquiera era mi guerra y... Bueno, él. Creo que vamos a saltarnos esta época.

—Why?

—La odio y pasó algo terrible.

—¿El qué?

—Esto de... Österreich... Y France —Suiza aprieta los ojos y los dientes.

—Tampoco creo que sea bueno recordarle eso en la boda.

—No. Aunque Napoleón solo tuvo una cosa realmente buena.

—¿Cuál?

—Mi neutralidad —sonríe de lado y se encoge de hombros—. Y que económicamente las cosas empezaron a mejorar para mí.

—Creo que haremos un resumen de eso centrándonos en las cosas buenas.

—Uno muy breve... Pienso que él en alguna medida... Me impulsó a salir de ahí.

—Eso suena mejor —se quita un zapato y sube un pie al sillón cambiando de postura para escribir... echando de menos sin saberlo, que Francia le abrace.

—Y... Esto nos lleva a su siguiente boda.

—¿Aja?

—Otra época larga sin hablar.

—Positivo, Switzerland! —le protesta un poco.

—¡Vale, vale! —aprieta los ojos dejándose regañar.

—Su... Segunda boda, creo que fue peor.

—Why?

—Cuando Österreich se casó la primera vez, era mi hermano... La persona más cercana a mí. En la segunda esto cobraba otro tipo de tintes —específica sonrojándose.

—No sé si sea muy bueno mencionar lo de los hermanos...

—No, no lo es.

—Pongamos que... tú eras muy inocente en la otra.

—¿Inocente? ¿De verdad? Escucho las risas de Preussen.

—¿Qué tal... todos lo éramos?

—Todos lo éramos —suspira—. Vale. Österreich sabrá que no es así.

—¿Lo sabrá? ¿Él no lo era?

—Él se casó con Spanien, desde luego que no lo era.

—Aaaah, inocente en eso... ehm. ¿C-Cuándo tú...? —pregunta con temorcillo pero curiosidad.

—¿Aja? –le mira inocentón.

—¿Cuándo fue tu...? I mean... solo curiosidad, pero... well, you know.

Se sonroja al escucharle, ¡sabiendo además que ya se lo ha contado!

—¿M-Mi primera...? —susurra.

—Pues has dicho que aun eras... —suena el timbre de la casa y se mete un susto.

—¡Pues eso te estoy diciendo! —protesta después de saltar y cubrirse también con las manos.

Inglaterra se levanta a abrir la puerta... les traen la pizza que ha pedido. Suiza aprovecha para tener su minuto trágame tierra ya que si, se las había arreglado para ser virgen hasta entonces.

El inglés paga, carraspeando mucho y sin mirar al chico, casi le cierra la puerta en los morros. El pizzero no, pero su vecina de la casa de delante la espía, piensa que Francia debe estar ahí y va a por su telescopio, no que le guste el yaoi o el francés ni nada (Hungría choca los cinco con la vecina).

Suiza debe pegar un gran salto cuando Inglaterra vuelve. No queremos decirle a Suiza hasta cuando habría sido Inglaterra virgen de no estar Francia. Aunque tal vez España se hubiera encargado... Pero en los piratas, así que habría sido más o menos.

Como Francia se encargó de gran parte de la educación sexual de Suiza... aunque en efecto... De piratas.

Francia dice que el "si él no hubiera" no existe y es por eso que él se encargó de darle a Inglaterra una muy buena y temprana inmersión en estos avatares.

Claro que de no existir Francia, Suiza habría tenido UNA experiencia y luego... nada hasta...A saber cuándo.

—¿T-Tú? —se anima a preguntar Suiza.

—¿Yo? —pregunta dejando la pizza en la mesa y yendo por unas servilletas de papel.

—Tu cuando... —susurro sin mirarle, organizando un poco la mesa.

—What?

—Tu... Tu... Tú —balbucea un poco

—Yo... ¡yo no! I mean... ¡hablábamos de ti!

—¡Pero tú también puedes decir!

—But! But... ¡no tiene nada que ver en esto!

—Tiene todo que ver... ¡Solo preguntaba!

—Si... si tú me cuentas, te lo cuento —negocia.

—Pues ya te lo conté, por eso te pregunto.

—¡No me contaste!

—¡Te dije que había ido y había cambiado todo!

—When?

El sonrojo de Suiza debe estar alumbrando el cuarto.

—Antes de lo de Napoleón, si lo anotaste y todo. Me dijiste que no debíamos ponerlo.

—¿Te referías a... fue con France?

—¡No! ¡Fue con Österreich! —chillidito—. Si te lo conté, te dije que había tenido todo lo que me había hecho falta y que ni siquiera me había mirado después —esta histérico y ahora no se acuerda ni de lo que ha dicho antes—, ¡te conté que después de eso sabía que no podía odiarle!

—¿Te referías a ESO?

Suiza se lleva las manos a la cara. Inglaterra se queda con la boca abierta mientras Suiza se muere de la vergüenza.

—¿Q-Qué pensabas que era? —pregunta en un susurrito.

—No había... yo no... No había pensado en eso.

—¿Por qué? ¿En qué más podías pensar?

—Pues... no lo sé, una... no sé, no pensé en nada.

Suiza hace un gruñidito.

—Es... Bueno. Así fue. Mejor que no se entienda.

El inglés arieta los ojos y decide mejor comer pizza.

—¿Y tú?

Se atraganta. El helvético le mira pero... Un trato es un trato. El británico carraspea, tose, bebe cerveza y hace uno de todos esos circos que siempre hace, rojo también.

Suiza hace algunas de esas cosas en imitación.

—Yo... ehm... yo no... yo...

—¿Aja?

—Ehm... yo no... I mean... yo no quería y...

—Yo no sabía siquiera qué estaba haciendo, solo sabía que hacia demasiado tiempo no se me acercaba tanto —asegura Suiza con un suspiro de empatia.

Inglaterra aprieta los ojos porque él era mucho más pequeño y SÍ lo sabía, pero es que no se puede crecer alrededor de Francia y España y NO saber lo que era un abrazo especial. Claro... Suiza es el caso excepcional, Inglaterra... Calma.

—Y-Yo... yo tampoco lo sabía —miente el inglés sin mirarle sintiéndose un pervertido. De hecho, ser el pequeño de cuatro hermanos tampoco ayuda. Sobre todo si tu madre se acostaba con ROMA.

Suiza se siente un poco menos idiota en realidad, aunque sabe que la gente normal tenía esos intereses desde mucho antes. Se revuelve un poquito.

—¿Fue con France? —¿para qué preguntas?

—I HATE HIM!

Suiza se le queda mirando un segundo y se sonroja de inmediato.

—Ehh...

—¡No haría nada como eso ni aunque fuera el último ser humano con vida en todo el planeta! —chilla... ¿sí eres consciente que hace veinte minutos has confesado estar CASADO con él? ... por lo visto lo es, pero dice que si uno ya no puede ni chillar lo que le da la gana con su mejor amigo, ¿qué le queda en la vida?

Parpadeo, parpadeo. Suiza carraspea conservando el semblante serio y seguro de siempre. Asiente.

—E-Entiendo. Y... ¿Cuando... Fue que no paso eso?

—Pues... I don't know, yo era muy pequeño... I mean, no me acuerdo. I mean, no era tan pequeño... ¡Lo que digo es que nunca, porque no pasó! —sigue gritando. ¿Y sabes qué es lo peor, Inglaterra? Que te podríamos creer. Podríamos creer que tus hadas, unicornios, magia, historias y frikadas protegen tu virginidad.

—Ehm... E-Entiendo, eso... Ya, entiendo.

El inglés se pasa una mano por el pelo y muerde la pizza como si tuviera ella la culpa de todo.

—Ehm... ¿Q-Quieres que sigamos con mis votos?

—Ehm... —es que aún está comiendo.

—¡Oh, te iba a preguntar por la luna de miel!

—Eh... what? What about it?

—Me habías dicho de ir a Seychelles. ¿Ustedes se fueron allá?

—Ehm... no. F-Fuimos a... un lugar en... ejem, France.

—Oh —asiente—. Estuve viendo las islas... Se ven paradisíacas, sin duda.

—¿Y qué piensas?

—Me parece que no estará mal un cambio de aires —asiente.

—De verdad es muy bonito, aunque ella sea una descarada.

—¿Descarada?

—Seychelles. Es tremenda... —refunfuña.

—Ah ¿sí? No sé si la recuerdo.

—Estaba en los juegos de la Commonwealth.

—Ah, es verdad. La recuerdo con United States —era IMPOSIBLE no notarlos.

—Yes, yes —asiente—. Ella misma. Siempre ha sido así, es culpa de France.

—Culpa de France... Supongo que es como Liechtenstein. Un poco de uno, otro poco del otro.

—¡But el descaro es culpa de él!

—Ah, es que Liechtenstein no tiene ese problema.

—No?

—Liechtenstein no tiene NINGÚN problema. Es una niña tierna y dulce y delicada, una florecita.

—Pues qué suerte la tuya. Seychelles no me da más que dolores de cabeza —se cruza de brazos y se apoya en el respaldo de la silla habiendo terminado de comer.

—¿Qué tanto hace? Parecía muy ruidosa...

—¡Pues ahora quiere acostarse con my brother! ¡De hecho, por lo visto ya lo hacía en los juegos!

—¿C-Con your... Con el que estaba con Belgique? —no sabe de mucha gente, pero a Bélgica sí la observa.

—What? No, no, con Ireland.

—Oh... Bueno, eso es siempre un problema—arruga la nariz pensando en Canadá.

—Yes! ¡Es el más bestia e idiota y poco respetuoso de todos ellos!

—Aunque he de decir que no tengo tanto problema con Canada... Supongo que es equivalente a si quisiera salir con Preussen —la idea le da un escalofrío.

—¿Con quién?

—Con Preussen. Si Liechtenstein quisiera salir con Preussen. Lo mato.

—¿Quiere salir con Prussia?

—No! Si me dijera que quiere, lo MATO.

—Aah! —se calma—. Pues ahora sabes las canas que me saca. Y my mother dice que no se puede hacer nada.

—Matarle.

—A Ireland?! ¡No puedo hacer eso!

—Puedes dispararle.

—¿D-Dispararle?

—¡Pues no vas a permitir que se acerque a tu niña!

Inglaterra traga saliva y piensa que eso lo que haría sería que Irlanda se creería en el DERECHO de dispararle de vuelta.

—Ehm... thank you, Swirzerland, lo consideraré.

—Mano dura, es la única manera de que la gente no se aproveche.

Inglaterra suspira.

—Estaré gustoso de ir a visitar su país y sus playas.

—Tal vez deberíamos seguir con los votos. ¿O quieres algo más? ¿Te has quedado con hambre? ¿Quieres postre? ¿Otra cerveza? ¿Ginebra? —ofrece amable.

Suiza le sonríe un poco tan tranquilo de haberle dado un buen consejo. Niega, feliz de tener un amigo.

—No, thank You. La pizza estaba —comestible, es una pena que no hubiera sobras de comida de Francia...— muy buena y aun me queda un poco de cerveza.

—Anda, acompáñame con un poco de ginebra, no me dejes bebiendo solo —¿no os basta con el incipiente alcoholismo a todos los Brits que tenéis que inducir a ello al resto?

Vacila porque no suele beber tanto a menos que sea invierno y tenga mucho frío... O a menos que Austria le invite un poco de aguardiente. Se sonroja con el recuerdo.

—Vale, pero solo un poquito... ¿Tendrás zumo de naranja o de algo dulce para acompañarla? —sí, Suiza quiere un coctel de chica y le da igual lo que piensen.

—O bueno, tengo otras cosas si quieres, Wisk... —se detiene con lo dulce—. ¿Prefieres ron?

—Ehh... En realidad preferiría si como un Baileys —de verdad... este chico es de chocolate caliente—, o ¿sabes? Tráeme una ginebra tal y como te la tomes.

—También tengo esa mierda de naranja de nenas que usa France para cocinar —se refiere al cointreau— y Brandy y sus meados con hierbas que dice que son brandy también y... mira, porque no vienes y te sirves lo que quieras mientras yo recojo todo esto —señala la mesa—. Como si estuvieras en tu casa.

—Vale, Thank you. De hecho si quieres puedo servirte yo a ti —seamos prácticos, solo que te va a servir un vasito tamaño lo que bebe Austria, no una garrafa.

—Yes, please. Tengo absenta también si te gusta, solo que creo que no me queda heroína —¿que no te QUEDA? ¿Qué haces con tu vida, punk de mierda? Suiza parpadea recordando la última vez...

—Ehm, creo que no, thank you —murmura sonrojándose un poco, sacando el teléfono y mandándole un mensaje cariñoso a Austria de esos bastante raros ("Ten una bonita tarde" o algo así)

UK se encoge de hombros y se va a la cocina con las cosas. Yo sé que es frustrante pero puede que Austria vea el mensaje en tres días.

Suiza se sirve... Cointreau. En realidad como no acostumbra mandarle nada tampoco es que este muy pendiente. No es tampoco que no le conozca...


Los votos de Suiza... primera parte XD ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición