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Isabel
El Arcángel que rompió las reglas.
«Ahora no tengo nada más que perder
Tu tomas tu tiempo para elegir
Puedo decirte ahora
Sin ningún rastro de miedo…
Que mi amor será para siempre
Y si morimos, morimos juntos
Por que nuestro amor será para siempre».
Neutron Star Collision, Love is Forever. – Muse.
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No es ella, no puede ser ella. No es ella, no puede ser ella. Mantuve esas palabras repitiéndose una y otra vez en mi mente, cual mantra. Ella no podría ser Bella. Ella no era mi Bella. Pero se parecía tanto…
Mis ojos se llenaron de lágrimas en un segundo, cuando ella apenas fijo su intensa mirada verde con motas doradas en mí. Era la misma manera en la que siempre me miro Bella, con amor, complicidad, amistad y un ligero toque de frustración.
-Creo haberte dicho mil y un veces que te cuidaras, Annie. –Dijo ella con voz llena de dolor.
Mi corazón se paraliza por un segundo y luego comienza a latir frenéticamente contra mis costillas. Annie, ella me llamo ¡Annie!
-¿Be-Bella? –Tartamudeo en un sollozo.
Las lágrimas ya se han derramado por mis mejillas, siento la mirada de todos los presentes sobre nosotras dos, los brazos de Esme están apretados a mi alrededor y el silencio reina en nuestro entorno a la espera de una respuesta de su parte. Ella da unos pasos ligeros y noto que va descalza y sus pies jamás se hunden en la hierba es como si ni siquiera tocara el suelo. Me libero del agarre de Esme y recorro la mitad del camino hacia ella, necesito saberlo, necesito saber si ella es mi hermana, si ha vuelto.
-Por favor… -Suplico limpiando las lágrimas de mis mejillas con fiereza.
Ella levanta una mano y roza mi mejilla con suavidad, su toque es tan cálido como los rayos del sol. Su mirada tiene ahora un brillo de tristeza.
-Lamento haberte dejado por tanto tiempo, pero no podía hacer nada. –Fue su única respuesta y yo solloce colgándome de su cuello.
-Eres tú… oh, Dios mío… eres tú… -Murmure contra su cuello.
Por alguna razón estaba temblando, fuerte, ella me rodeo con sus brazos y me mantuvo contra su cuerpo, era tan cálida como jamás lo había sido, era todo lo contrario al toque de alguno de los Cullen. Su corazón se sentía suave, rítmico de una manera arrulladora y delicada. Ahora ella me parecía imponente y llena de luz. Pero era ella.
Por primera vez en un año pude respirar tranquila.
-Deben volver a la casa. –Dijo con voz autoritaria.
La tranquilidad se fue a la mierda y sin boleto de regreso.
Afiance aún más mi agarre a su alrededor. Temía con todo mí ser que ella desapareciera de nuevo.
-¡NO! –Grite contra su cuello.
Sentí sus manos acariciar lentamente mi cabello y sus labios contra mí oído.
-Duerme. –Susurro en voz cálida y arrulladora.
De pronto y de manera muy extraña me sentí muy cansada, mi cuerpo estaba sumamente pesado y no podía mantener los ojos abiertos.
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POV Bella.
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Siempre he sabido que si alguien te ofrece un sueño que supera con creces tus expectativas no es razonable lamentarse de la conclusión. Mi sueño fue permanecer al lado de Edward para siempre pero me fue arrebatado de las manos, fui despertada antes de ese hermoso final. Y sinceramente ahora que sé lo que sé, que hago lo que hago, no me arrepiento. Seres que estaban muy por encima de nuestras vidas ya habían decidido mi futuro, un futuro más allá de la muerte.
Mire hacia el horizonte, aquí todo es cálido, lleno de luz y belleza. Pero todo lo que me ha rodeado en este tiempo no me es suficiente, no es nada comparado con lo que tenía allá abajo. Desde mi partida de la vida humana todo se había vuelto totalmente sub-real. Vivía en paz, sin dolor, sin preocupaciones pero sobre todo sin amor. Extrañaba a Edward incluso en la muerte, por lo que había escuchado él jamás tendría derecho a venir a este lugar. Y, es por eso, que a penas Amriel me comentó que todo esto era porque yo era uno de los grandes me emocioné en cierta forma, tendría no solo la oportunidad de distraerme si no también podría llegar en algún momento a valerme por mi misma y poder bajar hasta donde él este, solo teniendo la esperanza de que no haya hecho nada estúpido. Mantuve un ojo en Ana, Christian, Charlie y Renée, era poco lo que podía saber de ellos, solo sentía su tristeza y su profundo dolor. Había momentos en los que Ana emanaba cierto tipo de felicidad pero no era suficiente para considerarse como tal.
-Creí que estarías entrenando.
Me gire y vi a Gabriel de pie a pocos metros.
-Ya lo hice. He ganado todos. –Me limite a responder.
-Si sigues así le quitaras el puesto a Miguel. –Trato de bromear, pero al ver mi falta de humor suspiro- Déjalo ya, Isabel. El tratar de sentirlos solo te hace daño a ti.
Cerré los ojos y suspire, él tiene razón, lo sé pero es inevitable. Es fácil sentirlos, tanto como respirar. Sentí sus manos en mis hombros.
-Debes dejarlos ir, ellos ya no pertenecen a tu lado. –Ese era siempre su concejo.
Me soltó y se alejó. Solté una bocanada de aire y sacudí la cabeza, necesitaba enfocarme en lo que de verdad era mi deber. Había habido un gran accidente al noreste de Francia y mis guardianes estaban trabajando en ello, solos. No era justo.
Pero cuando me gire Amriel estaba ahí sonriendo y tendiendo hacia mí una carpeta.
-Está todo listo, los que debían partir ya lo han hecho.
Lo mire durante unos segundos sin saber qué hacer, yo estaba siendo muy mala en mi trabajo estos últimos días.
-Lo lamento, hay algo… hay algo que me tiene distraída y preocupada… yo… -Trate de excusarme.
Él sonrió y le restó importancia con un movimiento de la mano.
-No te preocupes, Isabel. Lo hemos manejado bien. Además no olvides que sentimos lo mismo que tú. Sabemos por lo que estás pasando.
Baje la mirada avergonzada, eso era un completo desperdicio, jamás habíamos necesitado eso en momentos de verdadera importancia, solo servía para ponerme en ridículo con mis propios guardianes.
-Sí, bueno. ¿Tienes idea de que pueda ser? No lo siento con claridad y no sé de quién proviene. Sigo sintiendo esta opresión en mi pecho tan fuerte que duele. –Pregunte asustada.
Amriel negó con la cabeza.
-No siento exactamente que pueda ser pero hay algo que debes saber. –Dijo mirando hacia otro lado.
Primera regla: No alteres la lista de almas.
"Jamás deberás interferir con la lista, ella debe seguir su curso tal y como está. Has llegado muy pronto y aún hay personas allá abajo que no han abandonado su cuerpo así que con el paso del tiempo veras sus nombres en la lista de almas que debes tomar; no interfieras en ello, Isabel"
Un escalofrió recorrió mi espalda y mis alas se sacudieron en protesta.
-¿Qué pasa? –Pregunte en un hilo de voz.
-Bella yo…. lo siento, no lo vi venir. –Su voz se había vuelto un murmullo.
Bella… Solo él me llamaba así y lo hacía cuando era un asunto grave.
-Me estas asustando, ¿Qué sucede, Amriel?
Él levanto la mirada y lucia avergonzado y triste.
-La lista de hoy está completa. Mikhael, Muriel y Uriel están al pendiente de lo que suceda pero tenemos miedo de tomar su alma sin tu permiso. –Explico- Ella… ella apareció en la lista a última hora, te juro que yo no sabía nada.
-¿Ella? –Gruñí perdiendo la paciencia.
Amriel me tendió la lista y yo la tome con manos temblorosas, levante las hojas hasta la última y leí el último nombre.
-No puede ser… -Murmure con voz rota.
Anastasia Rose Steele: X
Su estado era como un alma no tomada. Y esa X debía permanecer ahí por mucho tiempo más.
-Reúne a los demás. –Le ordene devolviéndole la lista- Y dile a Gabriel que necesito hablar con él.
-De inmediato. –Respondió y se retiró.
Camine de un lado a otro por el pabellón dorado tirando de mi cabello, esto no podía estar pasando, no iba a pasar. La falda de mi vestido se agito un poco, me gire y vi volver a Amriel con los demás.
-Amriel nos dijo que nos necesitabas. –Dijo Uriel con seriedad.
Asentí y juguetee con mis manos. Tenía los nervios a flor de piel.
Segunda regla: No tienes permitido ver sus vidas.
"Sentirás una conexión con tus allegados vivos, esta conexión te permitirá sentir todo lo que ellos sienten, alegría, tristeza, amor, odio… pero jamás deberás acudir a Ángeles superiores para ver cuál es el causante de esa emoción"
-¿Isabel? –La suave voz de Gabriel me sobresalto, él lo noto y vino hasta mí tomando mis manos- ¿Qué sucede? ¡Estas temblando!
-Es mi hermana, Gabriel… -Murmuré- está en peligro.
Gabriel abrió los ojos como platos y luego bajo la mirada apenado.
-No hay nada que puedas hacer. –Dijo en voz baja- Si ella está en la lista es porque así debe ser.
Abrí la boca sorprendida. No podía creer lo que estaba diciendo.
-Pero… ¿Qué dices? ¡Eso es ridículo Gabriel! –Grite al borde de las lágrimas- ¡No me digas eso cuando yo misma entre y salí de esa lista varias veces!
-Pero eso no ha sido por decisión nuestra. –Argumento.
Su calma y paciencia a veces me recordaba mucho a Carlisle. Retire mis manos de entre las suyas y le di la espalda cruzándome de brazos.
-Digas lo que digas iré, Gabriel. No voy a dejarla sola. –Gruñí- Ella está en peligro, lo sé. He sentido algo mal durante un tiempo.
-¿Es eso lo que has estado vigilando? –Pregunto con voz tensa.
-Sí, ya te lo dije.
-Bien, entonces veamos que sucede. –Suspiro y yo me gire a verlo.
Gabriel se acercó al centro del pabellón y coloco su mano sobre el mesón de piedra que había ahí y este se ilumino mostrando lo que sucedía en la tierra, ser el Arcángel mensajero tenía esa ventaja, podías ver lo que quisieras de cualquier persona. Más de una vez le pedí que me dejara verlos, saber cómo estaban, pero me dijo que con canalizar sus sentimientos me era suficiente. Vaya mierda.
Ver la imagen como si fuera un espejo me dio un retorcijón en el estómago, sentí como si mi corazón hubiera sido tomado en un puño y apretado tan fuerte que el dolor se hizo insoportable.
La primera imagen que reflejó fue a Ana riendo por una travesura de Emmett, pero luego fueron una serie de imágenes de ella con Edward, pasaban mucho tiempo juntos, él la abrazaba y mantenía cerca tal y como había hecho conmigo siempre. La última imagen fue de ella con su espalda recostada en el pecho de él y le miraba con cariño, mucho cariño a decir verdad.
-¿Cuánto tiempo exactamente ha pasado en la tierra? –Murmuro.
Siento la mirada de todos sobre mí pero yo no aparto la mía de la imagen.
-Un año. –Responde Gabriel apenado.
Asiento, y me trago todo lo que estoy sintiendo, coloco mi mejor cara de "no me importa" y le miro a los ojos.
-Busca lo elemental, Gabriel. –Le pido con voz neutra- El peligro, no los romances.
Lo veo mover la mano sobre la imagen y una nube blanca la cubre y da paso a la cara que más temí y odie en mi momento humano. Aro era el peligro contra Ana.
-Ahora entiendo. –Gruño y me alejo de ahí y camino hacia la orilla del pabellón, de cara al infinito brillo del reino- Tengo que bajar, Gabriel. Ese problema es por mi culpa, no puedo permitir que ella pague por mis errores.
-Creí que estabas molesta con ella por lo que has visto. –Murmura Gabriel- Aun así quieres bajar… increíble.
Aprieto los puños contra los costados de mi pierna. Sé que lo ha hecho a propósito, no soy estúpida.
-No se nos permite guardar rencor a nadie. –Repito de manera monocorde el código de los Ángeles- Además, es mi hermana, no podría odiarla jamás.
Nadie dijo nada y lo agradecí, me gire y camine en dirección hacia el portal dorado al otro extremo de nubes.
-¡¿A dónde crees que vas Isabel?! –Grito Gabriel- ¡¿De verdad crees poder bajar sin que nadie lo note?! Te castigaran, aun no estas preparada para enfrentarte a tu pasado.
No me detuve, ni siquiera me gire a mirarlo, aunque sentí sus presencias muy cerca de mí.
-He bajado a la tierra muchas veces, Gabriel. Esto no será diferente, además esos deben tener un poco de su propia medicina, ya han lastimado a mucha gente. Miguel incluso nos platicó de ello.
Llegue al gran portal de altas verjas doradas, había un guardián a cada lado y al vernos a Gabriel y a mi hicieron una pequeña inclinación con sus cabezas y bajaron la mirada. Levante la mano derecha y ambos lados de la verja se abrieron de par en par de manera lenta.
-Es muy peligroso, Isabel. –Murmuro Gabriel casi en suplica- Por favor, no lo hagas. Miguel se pondrá hecho una furia.
No pude evitar reírme un poco ante ese comentario.
-Sería interesante. –Comento mientras retomo mi camino hacia la verja.
-¡Iremos contigo! –Dicen mis cuatro guardianes al mismo tiempo.
Me detengo sorprendida y me giro, sabía que ellos se habían mantenido ahí en silencio pero esto es demasiado.
-¿Qué dicen? –Jadeo- No pueden, tienen que quedarse y encargarse de…
Pero Amriel me interrumpió.
-Calla, no te dejaremos sola, ningún Arcángel baja solo a la tierra sin sus guardianes y tú no serás la excepción. –Él sonríe y mira a los demás- Deberías renunciar si quiera a pensarlo. Somos un equipo Bella.
Mikhael, Muriel y Uriel asintieron y sonrieron de manera conciliadora. No pude rechazarlos, ellos habían estado conmigo en todo momento desde mi llegada, sobre todo Amriel. Asentí y mire a Gabriel.
-Voy a bajar, Gabriel, y ni tú podrás impedírmelo. –Afirmo muy seria.
Gabriel resopla y me abraza.
-Cuídate y vuelve pronto. –Dijo y luego se alejó y un poco- Por favor, no hagas una estupidez.
No podía prometer nada. Me gire y camine hacía el portal, cuando estaba en la orilla del abismo me detuve y vi de nuevo a Gabriel, él seguía de pie donde lo deje, mis guardianes saltaron primero, Gabriel negó fervientemente con la mirada en un nuevo intento de que no me fuera.
Tercera regla: Jamás abandonaras el Reino sin permiso de un superior.
"Los guardianes de las puertas del Reino Celestial tienen orden de dejar salir a los 8 Arcángeles principales pero el Arcángel debe notificar su partida a su superior"
-Lo siento. –Susurre hacia él antes de saltar de espaldas.
Di varios giros en el aire disfrutando de la sensación de libertad, me permití por un momento sonreír, lo que más me gustaba de ser un espíritu celestial era volar, nada se le comparaba. Alargue la mano y rosé algunas nubes, ellas de inmediato respondieron a mi toque y vibraron en un gran estruendo. Contraje mis alas y las alinee a mi cuerpo junto con mis brazos dejándome caer en picada cerré los ojos y me deje guiar hacía el lugar donde tenía que ir. Sentía la presencia de mis guardianes muy fuerte y pude notar que estaban incluso peleando, no podía creer que todo hubiera pasado tan de prisa. Bajamos justo a tiempo. Cuando me vi cerca de la tierra expandí mis alas y deje caer mis pies hacía abajo, hice caer un rayo celestial justo al tiempo que yo tocaba el suelo, Gabriel me había aconsejado que era lo mejor para una caída sin inconvenientes. Apoye una rodilla y un puño en el suelo y levante la mirada hacía Aro y sonreí al ver su miedo reflejado en su cara.
Erguí mi cuerpo hasta estar de pie y levante mi puño derecho.
«Vuelvan»
Todos al escuchar mi silenciosa orden dieron un salto y se colocaron a mis costados. Siendo Amriel y Uriel los más cercanos a mí.
Cuarta regla: Jamás enfrentarás a un condenado sola.
"Existen muchos seres repudiados por el cielo, Licántropos, Brujos, Demonios, Vampiros… no podrás enfrentarlos sola, eso pondría en riesgo a tus guardianes e incluso a ti misma. Tampoco deberás ayudarlos, por más encariñada que estés con ese clan de Vampiros no puedes ayudarlos."
-Sera mejor que te lleves a tus lacayos antes de que te quedes solo. –Amenazo con voz vibrante a Aro.
Aro me mira aterrado, es increíble como por primera vez veo a tan ruin ser tener miedo. Un brillo en sus ojos me hace notar que me ha reconocido.
-¡Mi querida niña, cuanto tiempo sin verte! –Exclama con fingida emoción.
Su hipocresía me da asco así que no le respondo.
-¿Por qué un Arcángel se ha tomado la molestia de venir hasta aquí a proteger a unos condenados? –Pregunta Aro con asombro fingido- Aunque tengo una ligera idea…
«Si sabe ¿Por qué toma esa actitud? Que ser más repugnante»
El comentario Amriel en mi mente me hizo soltar una carcajada, pero logro controlarme y recuerdo lo que ha dicho Aro y cuando estoy a punto de responder las imágenes de Edward abrazado a Ana llegan a mi mente y duele mucho… así que antes de poder evitarlo me encuentro a mí misma diciendo:
-Tú no sabes nada. ¿De verdad crees que me han enviado aquí a proteger vampiros? Estoy aquí para cuidar a la humana que tanto deseas condenar.
«Cálmate Isabel»
Pronto puedo sentir la vibra de Mikhael tratando de apaciguarme.
-Ah, cuan extraordinario es el amor que perdura más allá de la muerte… pero, ¡No me iré de aquí sin ella, me pertenece! –Gruñe Aro
…y eso es la gota que derrama el vaso.
Veo a Félix y a Demetri correr hacía mí, antes los veía tan imponentes e incluso me atemorizaban, ahora me dan pena. No son nada. Suelto una pequeña risa de satisfacción ante eso.
«Amriel levanta el escudo, ¡Protege a Ana!»
Ordeno me agazapo tomando la daga de mi tobillo derecho y salto justo a tiempo para interceptar a Félix en el aire.
-Fuego –Susurro dejando que el poder corra por mi brazo hacia la daga antes de clavarla en su pecho.
El cuerpo descomunalmente grande de Félix cae siendo consumido por las llamas. Veo a Demetri llegar cerca de Carlisle y el grito de Ana pero al ver el escudo protegiéndolos decido que no es necesario matarlo también, con un aviso es más que suficiente. Por ahora.
Tomo a Demetri por la capa y lo lanzo a los pies de Aro.
-No puede ser… -Escucho murmurar Edward y mi piel se eriza al escuchar su suave voz.
Vuelvo a tomar mi lugar en la fila, justo delante de Carlisle, tratando de calmar mis reacciones.
-Sabes que no pueden conmigo, así que largo. –Digo con voz suave y luego sonrío para agregar- O sufrirán la ira del cielo.
-¡No deberías protegerlos es absurdo! –Gruñe Aro con cara de desquiciado.
«¿Por qué simplemente no acabas con él?»
Dijo Uriel seriamente aburrido.
«No me tientes…»
-Tú no deberías tentar a tu suerte. –Me burlo de él- Los Arcángeles hemos estado tras su pista por un tiempo, tú y tus hermanos han cometido muchas atrocidades y ya es suficiente.
«Esa es mi chica…»
Se burló Amriel.
Aro da unos pasos hacia atrás y su guardia lo imita. La emoción se apodera de mí, que bien es poder joderle la existencia a quien estuvo jodiendo la mía durante mucho tiempo.
-A pesar de tu amor por ellos no podrás protegerlos para siempre. Volveré a por ella en algún momento.
«¿En serio te está amenazando?»
Se burla Uriel.
-Te estaré esperando. –Respondo con otra amenaza y hago caer rayo en medio del claro.
Aro se sobresalta y se va corriendo como un cobarde. Puedo la emoción proveniente de los presentes y eso me hace volver a la realidad, enfrentarlos va a ser duro para mí.
«Estaremos aquí contigo, no te preocupes.»
Mikhael al sentir mi estado da un paso hacia mí. Y Uriel asiente levemente.
«Ojala pudieras curar un corazón roto.»
Mi comentario toma desprevenido a Uriel.
-Mikhael, Muriel, asegúrense de que se vayan. –Ordeno en voz alta tratando de sonar neutra y no denotar mi pesar, ellos dan un salto y se van batiendo sus alas siguiendo el rastro de los Vulturi.
-¿Retiro el escudo? –Pregunta Amriel.
Asiento y lo escucho chasquear los dedos y como la ligera capa se derrumba hasta desaparecer con un sonido suave.
-¿Cómo podemos agradecerles? –Pregunta de repente Carlisle tomándome desprevenida.
¿Cómo siquiera puede creer que debe agradecerme?
-No es necesario que hagan tal cosa. –Respondo y me giro a mirarlos.
Sé lo que están viendo, a una persona que perdieron hace tiempo, a una persona que pensaron no volver a ver más nunca, a alguien que ha cambiado un poco.
-¡Bella! –Exclama Edward con voz rota.
Y ahí está de nuevo ese escalofrío, mi cuerpo parece reaccionar a él de una manera que ni siquiera cuando era humana. Puse toda mi fuerza en evitar mirarlo, no podía enfrentarme a él y lo que me hacía sentir todavía. Mire a Ana y no puedo evitar sentirme incluso humana, me pude ver volviendo a aquella época donde solo nos importaba que íbamos a jugar ese día. Donde solo éramos unas niñas.
La amo con locura, ella es mi hermana, mi amiga, pero como me frustra que no me haga caso nunca.
-Creo haberte dicho mil y un veces que te cuidaras, Annie. –Dije con voz rota.
Emoción, ella emana felicidad.
-¿Be-Bella? –Tartamudea antes de romper en un sollozo.
Las lágrimas caen por sus mejillas y por primera vez en mucho tiempo se siente bien verla llorar y que no sea de tristeza. Quiero abrazarla, doy unos pasos tentativos hacia ella, no quiero asustarla, sé que lo que está viendo no es lo que esperaba pero ella me sorprende cuando se deshace de los brazos de Esme y camina hacia mí.
-Por favor… -Suplica limpiando las lágrimas de sus mejillas con fiereza.
En el más mundano de los actos levando mi mano y acaricio su mejilla.
¡Cuánto la he extrañado!
-Lamento haberte dejado por tanto tiempo, pero no podía hacer nada. –Digo en voz baja.
Ana jadea un sollozo y me abraza rodeándome el cuello con sus brazos.
-Eres tú… oh, Dios mío… eres tú… -Murmura contra mi cuello.
Sonrío un poco y la envuelvo entre mis brazos y la mantengo contra mi cuerpo, el ser un poco más alta que ella ahora me permitía sentirla de manera frágil. Pero el momento se rompió de repente al sentir a Mikhael y Muriel en peligro.
-Deben volver a la casa. –Digo con voz autoritaria y apresurada.
Sentí los brazos de Ana apretarse a mi alrededor.
-¡NO! –Grito contra mi cuello.
No podía lidiar con ella ahora, me necesitaban en otra parte. Deje mi energía vibrar a través de mis brazos hasta las palmas de mis manos y le acaricie el cabello lentamente. Baje mis labios hasta su oído.
-Duerme. –Susurre despacio con voz arrulladora.
Ana se desplomo, literalmente, entre mis brazos. Suerte que mi fuerza había aumentado. La mantuve contra mi pecho y levante la mirada. Enfrentarme a la mirada de cada uno de ellos fue duro pero una vez más mi instinto por ayudar a mis guardianes me supero.
-¿Emmett? –Le llame, él se sobresaltó y me miro sorprendido- llévala a casa, por favor.
Él camino hasta mí, tomo a Ana en brazos y la sostuvo contra su pecho. Vi su expresión preocupada al verla tan desplomada.
-Tranquilo, solo está dormida. –Le dije para calmarlo.
Él asintió y me miro con ojos brillantes y luego me regalo una gran sonrisa con unos pequeños hoyuelos en sus mejillas.
-Maldición, chica. No sabes cuánto te he extrañado. –Dijo tomándome desprevenida- Definitivamente todo es más divertido contigo por aquí. –No puedo evitar reírme un poco ante eso, él se acerca y me da un suave beso en la frente- Te quiero, enana.
Sentí mis ojos humedecerse ante ese pequeño gesto.
«¡Isabel! »
El grito de Mikhael en mi mente me sobresalto antes de sentir una fuerte punzada en el estómago que me hizo doblarme de dolor, jadee fuertemente por la falta de aire. Sentí los brazos de alguien sostenerme y luego un toque cálido en mi estómago. Levante la mirada hacia Uriel.
-No, a mí no… -Murmure- Es Mikhael… ¡Ve!
Lo empuje lejos y el inmediatamente voló hacia donde ellos se habían dirigido con anterioridad. Al Uriel soltarme trastabille un poco y me sostuve de Amriel. Tenía que ir ayudarles.
-¿Estas bien? –Pregunto preocupado.
Asentí y respire profundo tratando de calmar el dolor.
-Escúchame bien, -le ordene tomando su cara entre mis manos- quédate con ellos, necesito que te mantengas a su lado y los cuides.
-Pero… -trato de protestar pero lo detuve.
-Confió en ti.
Lo empuje hacia los Cullen y levante mis palmas en el aire, deje salir mi energía con más intensidad que nunca y levante una barrera entre ellos y yo, trate de que la cúpula que los protegía cubriera toda la distancia que bordeaba desde donde estábamos hasta la casa, así podrían ir a salvo.
-Por favor déjame ir contigo, soy tan bueno peleando como tu… -Murmuro tratando de acercarse a la barrera.
-No, necesito que te quedes con ellos. –Y por lo menos tú estés a salvo… agregue para mis adentros.
Una vez termine la barrera retire mis manos de la fina pero dura capa que los cubría. Amriel me miraba preocupado, pero él sabía que una vez dentro de mí barrera no iba a poder salir si yo no lo permitía.
-Cuida a mi hermana, Amriel. –Dije dando unos pasos hacia atrás.
Mire hacia donde ella yacía en brazos de Emmett y le sonreí a él.
-¡Hey, Em! –Le llame y él me sonrió- Yo también te quiero grandulón.
No espere respuesta me gire y corría tan rápido como pude, cuando estaba casi en el otro extremo del claro expandí mis alas y las batí tomando altura hacia donde mis guardianes luchaban. Sobrevolé algunos árboles y cuando llegue al lugar de la batalla casi se me sale el corazón por la boca del susto, mis guardianes no estaban rodeados de vampiros, eran lobos. Mikhael yacía en el suelo siendo curado por Uriel y Muriel estaba de pie delante de ellos tratando de protegerlos. Vi a uno de los lobos caminar sigilosamente hacía ellos preparado para atacar. No iba a permitir que mis guardianes fueran lastimados pero tampoco podía herir a los lobos. Caí frente a Muriel justo a tiempo cuando el lobo ataco.
-¡NO! –Grito Muriel.
Quinta regla: Jamás pondrás tu existencia en peligro.
"En algún momento tendrás que elegir entre tus guardianes y tú, la conexión con ellos es tan grande que sentirás deseos de protegerlos pero si has de escoger déjalos morir, tu eres más importante para el Reino. Un guardián se reemplaza fácilmente"
Sentí como la piel de mi espalda entre mis alas era desgarrada por su ataque. Caí de rodillas frente a mis guardianes. Muriel se apresuró a tomarme entre sus brazos y me sostuvo. El dolor al ser herida en la tierra era horrible, en el reino si eras herido en entrenamiento solo sentías un picor y tu Ángel sanador solo tenía que pasar la mano por la herida. Mi espalda quemaba con la intensidad de mil soles donde ahora faltaba piel, me gire y vi al lobo atacar de nuevo. Me puse de pie rápidamente tragándome el dolor y estire mi brazo izquierdo para evitar que llegara hasta Muriel. El clavo sus dientes en mi brazo y apretó fuerte. Sentí como mi hueso se quebraba ante la presión y grite tan fuerte como pude. Los ojos del lobo me miraban con furia.
-Jake… por favor… -Rogué cayendo de rodillas de nuevo pero esta vez de cara a los lobos- soy yo…
El gran lobo de pelaje rojizo que sujetaba mi brazo abrió los ojos como platos y rápidamente soltó mi brazo retrocediendo unos pasos. Sostuve mi brazo ensangrentado contra mi cuerpo. Muriel me tomo entre sus brazos y me ayudo a levantarme, Uriel quien al ver mis heridas dejo de hacer su trabajo vino hacía mí. Pero ver a Mikhael aun inconsciente en el piso me alarmo.
-Estoy bien… -Susurre- Encárgate de él.
-Él estará bien, necesito tratar esas heridas, tu ala derecha esta lastimada. –Dijo preocupado.
Trate de mover el ala derecha y el dolor punzante que me recorrió la espalda me hizo soltar un alarido. Uriel se apresuró a envolver sus manos en mi brazo y sanarlo, pero yo sabía que poco podría hacer con heridas tan profundas, Mikhael era la prueba de ello. Cuando mi brazo dejo de sangrar y las pequeñas incisiones hechas por los colmillos de Jacob estuvieron cerradas él decidió poner su atención en mi espalda. Muriel se colocó frente a mí y me sostuvo contra su pecho mientras Uriel trataba de sanar mi ala herida.
-La herida es muy profunda… -Dijo con voz gruesa- Tendré que tratarla un par de veces antes de que puedas volver a volar.
Escuche un gemido lastimero a mi derecha, mire en dirección al gran lobo y lo vi caminar hacía mi con la cabeza baja. Camine hacia él y levante mi brazo derecho manteniendo aun el izquierdo contra mi cuerpo y le acaricie la cara dejando que mis dedos recorrieran su pelaje. Él cerró los ojos y soltó un gruñido suave apoyando la cabeza en mi mano. Solté una risita por lo bajo y él me miro de nuevo. Bajó la mirada hacia mi brazo y lo rozo levemente con su nariz soltando otro gemido suave para luego rozar mi piel con su lengua.
-No fue tu culpa. –Murmuro- No sabias.
-Debemos volver, Mikhael necesita reposar en un lugar mejor. –La voz de Uriel nos sobresalta a ambos- Y tus heridas necesitan ser tratadas a fondo.
Le miro y asiento, entre él y Muriel levantan a Mikhael cada uno sosteniendo un brazo sobre sus hombros.
-Puedo sentir tu debilidad, le llevaremos y volveremos por ti. –Me dice antes de levantar vuelo.
Les veo volar en dirección a la casa Cullen y me tambaleo, es cierto estoy muy débil. Jake se acerca y yo me apoyo contra su cuerpo. Los demás lobos se mantienen cerca y me miran asombrados.
-Hola, chicos… -Les sonrió y veo a Seth acercarse- Hey, guapo ¡qué grande estas! –El abre el hocico me da algo parecido a una sonrisa dejando caer la lengua a un lado, me río de él.
Siento las heridas de mi espalda abrirse de nuevo y caigo de rodillas, me siento sumamente débil. Jake baja hasta mi altura y coloca su cabeza en mi regazo tratando de impulsarme sobre él.
-No, Jake… me caeré, no podré sostenerme mucho tiempo. –Susurro abrazándolo con un solo brazo, entierro mi cara en el pelaje de su cuello- Te quiero.
El suelta un ligero aullido en respuesta. No sé cuánto tiempo estamos ahí pero pronto siento unas manos tomarme y levantarme.
-Yo te ayudare, hermanita. –Susurra Seth bajito.
Mis ojos están cerrados pero sonrío ante su gesto. Seth me coloca sobre el lomo de Jake y él se coloca a mi espalda recostándome contra su pecho, mis alas protestan pero no les hago caso. Jake se levanta y comienza a correr. Seth acaricia la mejilla, abro los ojos y me topo con el mismo rostro que vi la última vez.
-No has cambiado nada. –Susurro sonriéndole.
El me devuelve la sonrisa y levanta la mirada hacía el frente y frunce el ceño, Jake se detiene de golpe. Miro hacía lo que los ha alarmado y veo la barrera.
-Llega cerca, tengo que tocarla. –Le digo a Jacob.
Él camina hacia la barrera y se coloca frente a ella, me alargo hacía adelante siendo aún sostenida por Seth y coloco la palma de mi mano derecha sobre la barrera dorada, la poca energía que me queda se consume en hacer hueco en la barrera para que pasemos. Me dejo caer hacía atrás totalmente agotada en los brazos de quien en mi vida humana fue mi hermano menor.
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POV Edward.
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La angustia que sufrimos todos durante esta semana al no saber que nos deparaba el futuro luego de la llegada de los Vulturi fue algo totalmente diferente al miedo que siento ahora al no saber dónde esta Bella ni con quien está luchando.
Mi Bella… ese ser era definitivamente mi Bella. Lo vi en sus ojos, en la manera en como miraba a Ana, como le sonreía a Emmett, como dejo a alguien protegiendo a su hermana mientras ella se arriesgaba. El lugar donde una vez latió mi corazón dolía de felicidad al volver a verla, pero también dolía porque ella en ningún momento me tomo en cuenta.
Me encuentro de pie en el umbral trasero de la casa, necesito saber algo pero nada se escucha más allá de esa brillante barrera que Bella levanto antes de irse. De pronto la barrera se mueve enviando hondas como si fuera agua y el Ángel que Bella dejo con nosotros llega de prisa a mi lado. Le miro y luce aterrado.
-¿Qué sucede? –Pregunto alarmado.
Él parece notar mi presencia, pero no me mira, sigue con la vista fija en la cúpula dorada.
-La barrera está fallando. Algo debió haberle pasado.
"Algo debió haberle pasado"
-¿Bella? –Jadeo.
Él asiente y baja la mirada hasta mí. Se ve triste. Escuchamos un ligero chasqueo en la barrera y vemos a los otros Ángeles venir cargando a uno de ellos a cuestas. El Ángel a mi lado levanta vuelo hasta ellos y los ayuda a aterrizar en el jardín.
-¿Qué paso? –Les pregunta casi a gritos.
-Nos tomaron desprevenidos. –Dice uno de ellos.
-Le he curado, es un rasguño superficial. Solo necesita descansar y estará bien… –Dice el otro- pero Isabel…
Si mi corazón no se hubiera detenido hace cien años estoy seguro de que en este momento me hubiera pasado factura por tanta angustia.
-¿Qué le paso? ¡¿Dónde está ella?! –Grita el Ángel que se había quedado con nosotros incluso antes de que yo preguntara.
-Ella fue muy lastimada, -responde en voz baja- tenemos que volver por ella. No puede volar.
No puede ser, de nuevo no…
-¡Carlisle! –Grito hacía la casa, mi padre llega en un segundo a mi lado y ve a los Ángeles- Necesitan ayuda.
-Solo donde recostarlo, estará inconsciente por un rato. –Se apresura a decir el que parece ser que lo curo.
Esme llega de prisa y les indica que pueden llevarlo a su habitación, todos se van, menos yo. Necesito saber dónde esta Bella. Tengo unas ganas terribles de correr ayudarla pero sé que poco podría hacer contra esa barrera. De pronto escuche las pesadas pisadas de un lobo, unas pisadas muy familiares. Tenía al menos un año sin ver a Jacob cara a cara pero sabía a la perfección que quien se acercaba era él. Vi como la barrera volvió agitarse y pronto sus pisadas se hicieron más fuertes y más cercanas. Dos de los Ángeles que habían entrado a la casa salieron a tiempo que Jacob llegaba a la altura del jardín con Seth a cuestas sosteniendo a… Bella.
El miedo se apodero de mi cuerpo y corrí hacía ellos.
-¿Ella está bien? ¿Qué sucedió? –Inquirí.
Pero antes de que Seth pudiera responder vi en la mente de Jacob lo que había sucedido, la rabia se apodero de mí. ¡El muy maldito la había herido! Gruñí fuerte y me lance hacia él pero Seth quien ya había entregado a Bella a sus compañeros me sostuvo.
-¡Emmett! –Grito hacía la casa- Cálmate Edward, solo fue un mal entendido.
Pero yo estaba viendo todo rojo de la rabia.
-Eres un maldito Jacob Black… -gruñí entre dientes- esta es la segunda vez que a ella le sucede algo por tu culpa.
Escuche a Emmett acercarse y rodearme con sus brazos.
-Cálmate hermano, ahora no es momento para eso. –Susurro Emmett en mi oído- Ve con ella, se ve muy herida.
La realidad me golpeo, Bella estaba herida. Mire en todas direcciones pero no la encontré.
Esta dentro, la han llevado a tu habitación.
El pensamiento de Emmett me sorprendió, ¿mi habitación? Corrí dentro de la casa y cuando llegue a mi habitación la vi tendida sobre la cama que nunca use, la cama que compre para que ella se mudara conmigo. Un año después de aquello ella estaba de nuevo aquí, viva y en mi cama. Pero gravemente lastimada. Las ropas de cama doradas estaban manchadas por la sangre que su cuerpo estaba desprendiendo. Estaba acostada boca abajo y pude ver las grandes y profundas heridas en su espalda, las marcas de las garras de Jacob iban desde su hombro hasta la cintura y una de ellas había alcanzado la raíz de su ala derecha desprendiéndola un poco de su piel.
-¡Necesito limpiar la herida! –Grito uno de los Ángeles mientras se colocaba a horcajadas sobre las piernas de Bella y miraba con detenimiento la herida.
Vi a Carlisle salir de la habitación y poco después volver con alcohol y gaza, el Ángel lo miro durante un segundo y luego lo tomo rápidamente. Cuando el alcohol toco las heridas Bella recobro momentáneamente la consciencia y soltó un alarido desgarrador. Sus manos se hicieron puños sujetando la colcha de la cama y se retorció un poco.
-¡Amriel! –Grito el Ángel que limpiaba sus heridas.
El aludido acudió hacía ellos y sostuvo a Bella por los hombros para que se mantuviera quieta.
-Shhh… tranquila, ya pronto terminara. –Le susurro en el oído.
Bella respiraba aceleradamente pero se mantuvo quieta, liberó sus puños soltando un gemido lastimero al mover su brazo izquierdo. El Ángel sobre ella luego de limpiar las heridas hizo a un lado el alcohol y coloco sus palmas sobre la piel de Bella, un destello dorado sale de sus manos y se cuela por entre las heridas. Bella gruñe un poco pero no se mueve, veo como las heridas se cierran un poco pero no lo suficiente. La ranura que le atraviesa la raíz del ala derecha es la que peor se ve, es como si le faltara una pequeña parte ahí. Cuando las heridas se ven con más tejidos de piel sobre ellos él retira las manos y toma un poco de las gazas que le trato Carlisle y las coloca sobra las heridas cubriéndolas, luego toma unas vendas y termina de cubrirlas con cuidado, casi inmovilizando el ala derecha de Bella. Me permito respirar más tranquilo cuando Bella también lo hace. Él se baja de ella y va hacia donde está el otro Ángel, Amriel, y sujeta el brazo izquierdo, se ve mucho mejor que la espalda pero aun así el vuelve a hacer la cosa del destello dorado sobre su antebrazo, Bella ni siquiera se mueve parece haber caído en la inconsciencia de nuevo.
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Tres días, ese es el tiempo que llevo sentado en el diván de mi habitación viendo como Bella continua acostada en mi cama apenas moviéndose al respirar. Uriel, como me hizo saber que se llamaba, ha estado al pendiente de sus heridas con la ayuda de Carlisle, su ala no está muy bien y según he escuchado hablar a los demás ángeles eso no es nada bueno ya que todos sus poderes vienen de esas dos frágiles extremidades. Si uno de ellos pierde un ala puede ser muy grave. La preocupación no me ha abandonado en ningún momento, quisiera poder hacer algo para ayudarla…
Bella gime y se mueve un poco, me levanto de prisa pero Uriel se materializa orbitando delante de mí y se arrodilla junto a la cama a la altura de su cabeza.
-Christian… -Murmura Bella entre dientes aun con los ojos cerrados.
Mi corazón muerto vuelve a oprimirse en mi pecho. ¿Por qué lo está llamando a él? Retrocedo unos pasos hacia la puerta.
-No puedo… -Responde él.
-Por favor… -Susurra ella en voz agónica antes de caer en la inconsciencia de nuevo.
Él se levanta y me mira apenado, luego da un ligero suspiro y vuelve a levitar desapareciendo de la habitación. Abro la boca sorprendido, ¿Qué fue eso? Sacudo la cabeza y luego de darle una última mirada a Bella bajo al living. Me topo con Ana leyendo sentada junto a los ventanales y a Amriel, quien al parecer es el Ángel principal de Bella, mirando con detenimiento el cielo, lucia muy preocupado.
En la estancia se encontraban Alice y Jasper. El tercer Ángel, Muriel se encontraba en la habitación de Esme y Carlisle cuidando él último y mal herido Mikhael, quien al parecer no solo está sufriendo sus propias heridas sino que también ha canalizado las de Bella y las siente como suyas.
Camino hasta donde esta Ana y me siento a su lado apoyando los codos en las rodillas y ligeramente inclinado hacia ella rosando nuestros hombros, ya es natural en ambos buscar consuelo o compañía en el otro de manera involuntaria así que esto ni le incomoda ni le sorprende, ella continua leyendo en calma. Levanto la mirada hacia el techo y me permito por primera vez en los últimos tres días sentir algo más que preocupación. Celos e ira.
¿Por qué Bella ha nombrado a Christian? ¿Por qué ha sido lo primero que ha dicho mientras estaba consciente? ¿Por qué cuando ha regresado no me ha tomado en cuenta? ¿Es que acaso ya no me ama? ¿No me recuerda…?
-¿Edward? –La voz mental de Jasper me hace reaccionar.
Le miro y él tiene el ceño fruncido.
-¿Qué te tiene en ese estado? Tus sentimientos están muy revueltos. –Agrega.
Niego lentamente y señalo con la mirada a Ana. Aunque ella permanece ajena a todo pues está escuchando música en su iPod, él comprende de inmediato y no menciona nada en voz alta, ya que es por él que sé lo que ella siente por Christian. Aunque según Jasper en cierto modo ni siquiera parece real.
Muriel baja las escaleras corriendo y Amriel abandona su posición y se encuentra con él en medio del salón, totalmente ajenos a nuestra presencia.
-¿Por qué lo ha hecho? –Gruñe Muriel preocupado.
-Le quiere.
La simple respuesta de Amriel hizo que mi muerto corazón terminara de romperse, si es posible aún más. Era demasiado obvio que estaban hablando de Christian y Bella.
De pronto un estruendo resonó en el jardín trasero, me levante de un salto sobresaltando a Ana y haciendo que retirara los audífonos de sus oídos y bajara el libro poniendo atención a su alrededor.
-¿Qué fue eso? –Pregunto asustada.
Negué con la cabeza sin saber que responder. Amriel y Muriel corren hacia el jardín y tanto Jasper como Alice y yo los seguimos.
En medio del jardín se encuentra Uriel sosteniendo en brazos a un ensangrentado Christian…
Abro la boca sorprendido y dejo de respirar. ¿Cómo supo Bella…?
El grito de Ana nos alerta, me giro y ella está de pie en la puerta sosteniendo una mano contra su boca luciendo aterrorizada y los ojos llenos de lágrimas. Mierda.
-¡Ana! ¡No mires! –Le grito.
Corro hacia ella y la sostengo contra mi pecho impidiendo que siga viendo el desastre ensangrentado que es Grey en brazos de Uriel. No puedo escuchar su corazón latir, esto les va afectar mucho a ambas hermanas.
Uriel pasa junto a mí a paso lento luciendo derrotado y se adentra en la casa seguido por Muriel. Tengo que saber que ha sucedido.
-Jasper. –Le llamo en voz baja, él viene hasta mí de inmediato- Mantén a Ana alejada. Y calmada.
Esto último lo agrego en voz demasiado baja para que ella no escuche. Jasper asiente y toma a una muy triste Ana en brazos. No recuerdo en que momento volví a confiar en él pero ahí estaba, dejando a un ser humano muy querido en brazos del más inestable de mis hermanos.
Corrí dentro de la casa y me topé con los Ángeles tratando las heridas de Christian, pude notar un balazo en su estómago y unos golpes en su cara. ¿Qué le sucedió a este hombre?
-¿Qué sucedió? –Pregunta un recién llegado Carlisle.
Uriel se levanta derrotado luego de tratar de curarlo en vano y mira a Carlisle con semblante triste.
-Tuvo una discusión muy fuerte con un hombre y las cosas se le fueron de las manos… -Se detiene y mira más allá de Carlisle.
Sigo su mirada y veo a Bella de pie apoyada en la columna junto a la escalera… ella tiene su mirada fija en el cuerpo inerte de vida sobre el sillón. Sus ojos, tan verdes como yo una vez los tuve en mi vida humana, se rebosan de lágrimas, su largo cabello negro como la noche cae sobre sus pechos hasta la altura de sus muslos y su vestido blanco sigue ensangrentado ya que ni siquiera Alice se ha atrevido a intervenir en nada referente con ella por miedo a lastimarla. Se ve tan hermosa, de una manera físicamente diferente pero sigue siendo tan hermosa que duele verla tan triste por otro hombre.
-Isabel yo… -Murmuro Uriel pero ella levanto su mano impidiéndole continuar.
-No está muerto. –Dijo con voz clara y fuerte.
Ella en ningún momento aparto la mirada de Christian pero yo muy bien sabía que si estaba muerto. Bella camino débilmente hasta el sillón y se dejó caer de rodillas junto a él. Pude ver como la herida en su espalda se encontraba un poco mejor aunque la de su ala seguía vendada.
-¡Isabella no lo hagas! -Suplico Amriel.
-No pienso dejarlo morir. Amriel. –Murmuro ella en voz baja.
Él suspiro pesadamente y negó lentamente con la cabeza un poco exasperado.
-¡Ya has roto demasiadas reglas! –Grito Uriel.
Todos nos sobresaltamos ante su explosión, incluso Bella. Pero ella no se retiró de su lugar. Las palabras de Uriel se quedaron dando vueltas en mi mente, ¿Bella estaba rompiendo reglas al estar aquí?
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POV Bella.
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Podía sentir mi espalda quemar con intensidad, escuchaba a lo lejos la voz de Amriel diciéndome que todo terminaría pronto, y como su energía se canalizaba con la de Uriel para sanarme. Relaje mi cuerpo lo más que pude sumiéndome a mí misma en un sueño profundo.
Pero mientras dormía un dolor fuerte atravesó mi estómago y la imagen de Christian llego a mi mente, él estaba en peligro.
«¡Uriel!»
Trate de volver en sí pero me era un poco difícil, mis poderes estaban limitados en mi estado y mi fuerza vital estaba fallando.
«¡Uriel, por favor!»
Sentí su presencia cerca, e hice uso de toda mi fuerza para salir de mi "inconsciencia".
-Christian… -Murmure entre dientes.
«¡Sálvalo!»
-No puedo… -Responde él.
-Por favor… -Susurre en voz agónica.
«¡Hazlo por mí, sálvalo!»
No puedo aguantarlo más. Vuelvo a caer en la espesa negrura.
Cuando despierto de nuevo me quedo durante unos minutos sin moverme, me encuentro en una habitación que lastimosamente recuerdo muy bien, es la habitación de Edward. Recojo mis brazos y apoyo los codos en la cama impulsándome hacia arriba. Mi espalda protesta un poco pero la ignoro. Cuando logro ponerme en pie me apoyo en uno de los largos pilares de la cama y miro a mí alrededor con más detenimiento. La habitación ha cambiado un poco desde la última vez que estuve aquí. Recuerdo ese día, fue cuando me escape de Seattle y vine a visitar a Charlie, fue el día que le dije papá que me había casado con Christian… fue el día que le traje a Edward aquel sobre… nunca le pregunté si lo abrió, pero al menos sé que él se quedó con nuestras fotos juntos, aquellas que yo había devuelto al fondo de mi armario en casa de Charlie luego de que Christian las viera.
Ahora aquellas fotos nuestras estaban por toda la habitación, encuadradas en pequeños portarretratos guindadas en la pared y colocadas al azar sobre las pocas mesas que ocupaban el lugar.
Mi corazón se oprimió pero no tuve tiempo para pensar en ello, sentí la presencia del alma de Christian llamándome, muy cerca. Salí de la habitación y baje despacio las escaleras sosteniéndome con tanta fuerza como pude de los barandales. Vi como Uriel colocaba con cuidado a Christian sobre el sillón, fui testigo de las reacciones de todos antes los fallidos intentos de mis Ángeles por despertarlo y escuche como explicaban que había sucedido. Pero a mí solo me preocupaba que su alma seguía llamándome.
-Isabel yo… -Murmuro Uriel, levante la mano impidiéndole continuar.
-No está muerto. –Digo con voz clara y fuerte.
«Sabes tan bien como yo que no está muerto. Su alma sigue ahí.»
Caminé débilmente hasta el sillón y caí de rodillas junto a él. Pude ver su alma, tenía motas grises, azules y doradas. Él estaba designado a otro cuerpo, a volver a la vida, a una segunda oportunidad. Pero yo no iba a permitir que eso ocurriera, yo quería ser egoísta, lo quería junto a mí.
-¡Isabella no lo hagas! -Suplico Amriel al sentir mis intenciones.
-No pienso dejarlo morir. Amriel. –Murmuro ella en voz baja.
«No pienso dejarlo partir.»
Escuche su suspiro pesado y fuerte. Él mejor que nadie sabía lo terca que era con mis decisiones.
-¡Ya has roto demasiadas reglas! –Grito Uriel.
Di un respingo ante su arrebato pero no retrocedí. Coloque una mano sobre su pecho, directamente en su corazón y con la otra acaricie su suave y sedoso cabello, lo llevaba un poco largo y mis dedos se hundían en él. Sonreí un poco al recordar como solía discutirle el que no lo cortara tanto y justo ahora él decide llevarlo largo. Acerque mis labios a su mejilla y cepille su piel con ellos, su barba estaba comenzando a crecer y picaba un poco contra mi piel. Baje mis labios hasta su oído y en voz tan baja como pude susurre solo para él:
-¿Recuerdas lo que me prometiste aquel día sobre ser el héroe? ¿Cómo cantaste para mí? Pues te voy a contar un secreto, ahora soy un Arcángel, el Arcángel de la muerte y se han invertido los papeles cariño. Yo cuidare de ti.
Bese su mejilla suavemente y sentí su corazón dar un salto bajo mi mano. Sonreí emocionada.
«No voy a dejarte partir, Christian, no ahora, no jamás.»
-Isabel por favor… por favor no lo hagas… -Me suplico de nuevo Uriel.
-Quiero que se vayan, que vuelvan al reino. –Ordene en voz alta y clara sin dejar de mirar a Christian- ya la decisión está tomada y no quiero que mis acciones caigan sobre ustedes. Vayan y hablen con Gabriel. Él los ayudará.
Sexta regla: Jamás vincularas tu alma con la de un mortal. ¡Jamás!
"Tu alma es tu más poderosa fuente de poder, si tus alas caen pueden ser reemplazadas si la situación lo amerita pero si tu alma se quiebra nadie jamás podrá recuperar esa parte. No la dividas solo por un impulso, puede costarte la expulsión del reino de los cielos. Para siempre."
-¡Largo! –Grito mirando directamente a Amriel, mi más fiel amigo en esta vida. Bajo la voz y murmuro:- Por favor…
Amriel baja la mirada y cuando me vuelve a mirar se ve sumamente perdido.
«Sé cuidadosa. Haré todo lo que pueda para ayudarte.»
Había algo más importante que yo… algo que ellos debían mantener a salvo de los Ancianos.
«Solo cuida a Ethan por mí... no dejes que le hagan daño.»
«Si te vas a quedar aquí, recupéralo. Los mantendré alejados tanto como pueda.»
«No dudes de ello. Y Amriel… gracias.»
Él sonríe y luego levita hasta desaparecer, siento las presencias de los demás desaparecer poco a poco, incluso la de Mikhael.
Consiente de la presencia de los Cullen en la casa hago todo lo posible para que no me distraigan, sobretodo la mirada de nuevo hacia Christian y respiro profundamente. Cierro los ojos y apoyo mi frente en su mejilla. No quiero ver el destello que me volveré.
«Te amo cariño, por favor resiste.»
Su corazón volvió a latir en respuesta. Él no quería morir y yo lo iba a dejar partir. Concentre todo el poder que me quedaba en mis manos. Sentía cada célula de su cuerpo vibrar bajo mi toque. Comencé a cantar suave y pausadamente.
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Sabemos muy bien que es sólo cuestión de tiempo
Así que, ¿es tan malo cruzar esta línea?
Si tu corazón estaba lleno de amor
¿Podrías renunciar a él?
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Pude sentir como mis alas iban calentándose poco a poco desde la punta hasta la raíz…
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Porque, ¿qué pasa, no se trata de los ángeles?
Ellos vendrán, irán a hacernos especiales
No te des por vencido conmigo.
No te des por vencido conmigo.
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…como mi alma se iba fragmentando y pasando poco a poco a formar parte de Christian…
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Que injusta es nuestro amor
Encontramos algo real que está fuera de nuestro alcance
Pero si hubieras buscado en el mundo entero
¿Te atreverías a dejarlo ir?
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Cerré los ojos aún más fuerte y el dolor en mi espalda me hizo arquear mi cuerpo pero no me detuve.
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Porque, ¿qué pasa, no se trata de los ángeles?
Ellos vendrán, irán a hacernos especiales
No te des por vencido conmigo.
No te des por vencido conmigo.
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Escuche los jadeos de los Cullen, y el grito ahogado de Ana.
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Porque, ¿qué pasa, no se trata de los ángeles?
Ellos vendrán, irán a hacernos especiales
No se trata, no se trata de los ángeles, ángeles…
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Cuando termine de cantar, mi cuerpo cayó de golpe sobre el de Christian. Sentí como los brazos me hormigueaban, levante despacio la cabeza y pose mi mirada en él, si lográbamos salir con bien de esto le contaría la verdad, me prometí, le contaría incluso de Ethan.
Sentí como la energía de mi cuerpo se agotaba y poco a poco me sumergí en una nueva inconsciencia apoyada sobre su cuerpo ahora con un corazón cálido y un latir tan suave y compasado como el mío.
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Hola! Primero que nada quiero darles las gracias por sus lindos deseos de cumpleaños y la bienvenida a las nuevas lectoras.
Disculpen la demora pero entre mis clases, mi de por si mala salud y mi inseguridad respecto al capítulo estaba totalmente atada de manos.
Si no les gusta son totalmente libres de decirlo, yo aún tengo mis dudas al respecto a pesar de que unas amigas ya le dieron el visto bueno. Les aclarare unas cuantas dudas que sé que pueden tener, si tienen algunas otras pueden dejarlo en el review o enviarme un mensaje privado, estaré encantada de responderles.
Primero: Algunas han manifestado cierto descontento con la apariencia de Bella, les puedo decir de buena mano que ella también iba a cambiar si la transformaba en vampiro así que no he cometido ningún delito grave.
Segundo: Alguna de ustedes deben recordar a los siete Arcángeles principales, los de más alto rango. Bueno nuestra querida Bella, ahora Isabel, ha pasado a formar parte de ellos siendo el Arcángel encargado de la muerte, sip, ella es el Arcángel de la Muerte, ya sé que posiblemente se imaginaban a la muerte con una túnica negra, pero Bella es más linda. Respecto al nombre es algo normal, ya que ellos son nombrados con el "el" al final. Mientras Bella siga siendo un Arcángel los espíritus celestiales le seguirán llamando así, más que todo por respeto a su rango.
Tercero: Sus guardianes como pudieron notar, son cuatro, y sus más fieles allegados desde su ascenso.
-Amriel: Su guardián principal, y el encargado de su puesto mientras ella estuvo con vida. Por ello lo vieron durante algunas partes de la historia queriendo llevársela.
-Uriel: Nombrado así gracias a su Arcángel mentor, es el Ángel sanador de Bella, por ende es el encargado de curar sus heridas.
-Mikhael: Es el ser más puro de todos, en cierta forma es muy parecido a Jasper ya que su deber es mantener serena a Bella y canalizar todo lo que ella siente, hasta lo físico. Por eso le afectaron las heridas de ella también.
-Muriel: Es el vigilante, él se mantiene en contacto con el reino.
Ni Christian ni el cariño que siente Bella por él podían quedar fuera de lo sobrenatural, duro golpe a Edward y Ana, lo sé. Pero no me odien.
Las quiero mucho, nuevamente les repito si están inconformes sabré entenderlas, yo aún veo el capítulo muy escueto (simple) pero no sabía cómo agregar más así que lo deje para el siguiente capítulo. Mis redes sociales están a su disposición en el perfil para cualquier duda personal .
xx
Maiia
