Austria le contesta al móvil algo como "Tú también, solo aléjate de las drogas... y de los genitales de England." en una de esas extrañas conexiones mentales que tienen a veces los galos.

"ÖSTERREICH!"

Solo como simetría poética y armónica, Inglaterra le manda un "Ugly frog" a Francia mientras recoge. (Estos dos son hermanitos también, no lo olvides)

"Menos mal que aún no me confundes con cierto individuo chillón de ojos verdes."

"Eh?"

"Que no te metas a la cama con Suisse"

"Hay más de un cuarto en esta casa como te recuerdo siempre que vienes tú"

"ñañaña"

Inglaterra hace "Ja!" y sonríe de lado cuando Suiza vuelve a la sala SONROJADO.

Inglaterra aún está pendiente del teléfono. ¿Puedes dejar de embobarte con Francia tres segundos? Ni siquiera está ahí, ¿sabes?

"Ya te contó algún secreto que valga la pena?"

"Yes y no te lo voy a contar porque es SECRETO" escribe rápidamente y suelta una risita jijiji él solo.

"Cuéntameeeeee!"

"Ntch, ntch" hasta niega con la cabeza subiendo los pies al sillón hecho bolita, sin dejar de sonreír.

Suiza esta TIESO en el sillón de al lado mirándole con ojos muy abiertos.

"Guardi le stelle, che tremano d'amore e di speranza. Ma il mio misterio e chiuso in me..." le escribe la letra de Nessun Dorma de Turandot, sonrojándose un poco, porque él NO es romántico. Sin ni notar a Suiza... podría estarle robando hasta el sillón en el que está sentado si quisiera.

"Ed il mio bacio scioglierà il silenzio. Che ti fa mia!..." Si hay besos Francia está ahí metido.

"Noooo! Yo no dije eso, you git!" Se ríe tontamente igual.

"Pero lo pensaste!"

"NO! Shut up!" Noooo, que va.

"Jaaaa! Ahora cuéntame el secreto"

Suiza carraspea, por cierto, sin mirarle a los ojos. Inglaterra pega un salto y se le cae el teléfono del susto porque se había olvidado que estaba ahí.

Suiza levanta las cejas y por instinto se estira para recogerlo. Inglaterra se sonroja de muerte, tira el sillón al suelo para saltar por encima y alcanzarlo primero.

¡¿Dijimos "no retocen" y esto es lo que hacen?!

Suiza casi se muere del susto trastabillando y cayéndose un poco... Sobre Inglaterra.

Inglaterra hasta casi le abraza peleando con él para recuperar el teléfono que se le escapa.

Suiza deja de intentar pelear por el teléfono, claro, de hecho empuja un poco a Inglaterra para que medio le suelte, tomándolo de los hombros.

E Inglaterra es quien se le cae encima ahora, cayendo en la cuenta de lo que hacen cuando tienen las caras REALMENTE cerca.

Suiza solo se acuerda del mensaje de Austria y casi se MUERE.

¡Muerte en cadena!

Creo que al final Inglaterra es capaz de rodar hacia un lado y separarse asustado. Suiza se despega alejándose de Inglaterra lo más que puede.

—Ehm... eh... I'm sorry —se disculpa abrazando su teléfono y poniéndose de pie sin mirarle, adoptando una postura proactiva inmediata de AQUÍNOHAPASADONADA, volviendo a poner el sillón en su sitio y con la orientación correcta.

Suiza tarda más que él en ponerse en orden, sacando su propio teléfono y volviendo a escribirle algo a Austria.

—Vamos a... —busca su copa de ginebra por el comedor—. Vamos a seguir con tus votos para tu boda con Austria —remarca el final.

—Ja. Ja. Mi boda con Österreich a quien quiero mucho —suelta él, sonrojado, sin pensar desde luego.

—Yes. Eso... eso mismo.

—V-Vamos a... Justo le acabo de escribir.

—Bien. ¿Por dónde íbamos?

—Íbamos a empezar con su segundo matrimonio fallido.

—Ah, yes, yes.

—Pues... Se casó y me invitaron a la boda.

—Aja —se consigue su libreta y su ginebra.

—No sé qué idiotez tenían todas sus parejas que cada vez me invitaban a sus bodas. Él dice que no era él.

—¿Por qué lo hacían? Yo recuerdo esa boda, Hungary me lanzo el ramo y... —se sonroja—. Lo que digo es que no te vi. En la otra me fui pronto porque Spain me cae mal pero...

—No fui al convite, solo fui a la iglesia. Y... No debí haber ido.

—¿A la iglesia?

—Ja, solo fui a la catedral a ver como se casaban y a hacer los ojos en blanco con tanta imbecilidad.

—Tal vez puedas decir eso.

—¿Que fui a su boda? Nein, no quiero hablar de sus bodas.

—No. Que sabes que esta es la buena porque no hay nadie haciendo los ojos en blanco en un rincón... ni has tenido necesidad de invitar a nadie para demostrar nada.

Suiza parpadea porque no lo había pensado así aunque se sonroja porque eso implica admitir que... Bueno, que de verdad hacía los ojos en blanco y lo detestaba.

—Pero así sabrán ellos que sí que me jodieron...

—Y aun con esas fuiste lo bastante valiente para no devolverte y lo bastante paciente para llegar hasta aquí.

Se humedece los labios.

—Eso... Bueno, le daría entender a Österreich que yo siempre... Y él no.

—Mmmm... ¿Entonces?

—Es la realidad. Quizás no pase nada de que se sepa.

—Es tú decisión —Inglaterra se encoge de hombros—. Si quieres lo pongo y luego vemos si se queda.

—Ponlo —decide frunciendo un poco el ceño. El inglés asiente haciéndolo—. Después de su matrimonio, hizo su primera GRAN imbecilidad.

—¿Aja?

—He de decir que... Un poco antes de eso —se revuelve, porque NO suelen hablar de eso—, tuvimos algunos encuentros otra vez.

—¿Antes de la boda?

—No, antes de su estupidez. Por un mutuo interés por la psicología y la psiquiatría, empezamos a escribirnos.

—¡Oh! ¿En serio?

—No era correspondencia muy personal, era solo un intercambio de ideas —asiente.

—¿Crees que por eso se separó de Hungary? ¿Cómo empezó eso?

—Was? Nein... Nein —niega con la cabeza y levanta las cejas. (Eso de cómo empezó es una muy buena pregunta, Inglaterra...)

—¿Seguro?

—Se separó de ella por la guerra —se humedece los labios—. ¿Si fuera por otra razón crees que Ungarn le seguiría hablando?

—Pero eso no significa nada, es decir... no digo que fuera el UNICO motivo, pero tal vez propiciaste un alejamiento entre ellos que se vio agravado con las circunstancias.

Se sonroja.

—No creo —asegura en un susurro porque nunca lo ha pensado así—. Österreich estaba con ella, yo era... yo...

—Tú eras tú. Su amigo de la infancia con quién ha tenido una historia larga y llena de infortunios —Suiza se sonroja más intensamente—. A quien Hungary invitó para paliar sus celos —Inglaterra y el DRAMA.

—¿P-Para paliar sus celos? —balbucea—, ¡no! Me invitó para restregarme en la cara como es que Österreich estaba con ella.

—Pues tenía un especial interés en que TÚ lo supieras por algo.

Suiza traga saliva porque nunca se ha dejado seducir por esa idea, por más plausible que suene. Simple instinto de supervivencia.

—Es una deducción muy bonita, pero... No es importante —aprieta los ojos sonrojado—. No era mi intención romper su matrimonio, ni siquiera era mi intención escribir con él. En realidad tomó varios días el que leyera su carta —sí, eso y una tórrida relación frustrada entre la carta y el bote de la basura.

—Mmm... Bueno, ¿qué sucedió entonces? —decide no presionar más.

—La leí y era una carta bastante simple con un artículo. Una carta incluso profesional a pesar de la horrenda letra que tiene —lo recuerda y hasta se le acelera un poco el corazón. No le atacaba, no se burlaba... Solo escribía sobre un tema en común. Tiene esas cartas, claro—. Consiguió que respondiera.

El británico sonríe.

—No sabía nada de su vida, no sabía nada de su esposa, no sabía de sus planes... Solo tenía un trocito de su mente —se encoge de hombros—. Y no siempre estábamos de acuerdo, de hecho estábamos más en desacuerdo que de acuerdo.

Inglaterra escribe todo eso sonriendo de nuevo.

—Por varios años estuvimos así... A veces pasaban meses sin que hubiera cartas, a veces había dos o tres cartas en el mismo mes —reflexiona y eso debe escandalizarte, Inglaterra, porque estoy segura de que tu no podrías hacer nada de eso con Francia.

—¿M-Meses?

—Si no pasaba nada importante, ja. Era intercambio académico únicamente —se encoge de hombros de nuevo.

—P-Pero... ¿os veíais o algo?

—No. Nos encontramos alguna vez en Wien, de manera inevitable —arruga la nariz aunque recuerda haberse aseado especialmente bien, como siempre que iba allá y haberse enfadado igual, por cualquier cosa. Y no, Inglaterra, no hubo sexo sucio en un callejón o en alguna parte secreta de un castillo.

—¡Ah! —sonríe pensando que sí lo hubo, claro, y que lo de las cartas era como una excusa igual que las suyas sobre aranceles de las Américas. Tristemente, no. Habrían estado más satisfechos y relajados. Al menos Suiza...

—Después de ello, tal y como había comenzado la comunicación... Terminó.

—¿Por?

—No nos poníamos de acuerdo... Al menos eso pensé yo en un principio.

—Mmm.

—Más adelante descubrí que en realidad... —cierta distorsión que tienes, Suiza y esas ganas de mirarlo todo en blanco y negro—. Tenía, como siempre, otros intereses. Esas ideas maravillosas de conquistar a todo el mundo, incluyéndome a mí, desde luego. Pronto lo supe.

—Conquistarte... —deja de pensar mal, Inglaterra.

—Positivamente para mí y como tú sabes —tú deja de ser tan inocente, Suiza—, para entonces yo había conseguido un buen ejército y pude defender bien mi territorio —y ganar un montón de dinero en las guerras, oh, sí. Admítelo Suiza, cada vez que Austria se iba a la guerra tu triplicabas tu dinero.

—Oh... ESA conquista —carraspea. Todos carraspeamos con tu sucia mente, Inglaterra.

—Todo terminó mal.

—¿Aja?

—Pensé que le matarían.

—Todos... esa época no fue muy buena para nadie.

—Lo único que logré hacer fue acoger a tantos austriacos como me fue posible.

—¿Después de todo lo que había hecho... los acogiste? —mira quien habla, el que desembarcó en Normandía medio muerto.

—Siempre que hubiera bastantes austriacos, Österreich no moriría —explica su razonamiento sin mirarle.

—Mmmm... Aun así es un gesto bonito, voy a incluirlo.

Suiza se sonroja porque esa era su manera de cuidar a Austria, lejos y complicada... De hecho incluso funcional en alguna medida.

—Después pasaron muchas cosas complicadas a la vez.

—¿Aja?

—Liechtenstein

—¿Qué con ella? —le mira.

—Salió huyendo de casa de Österreich. Cosa que no me extraña y vino justamente al lugar en donde huían todos.

—¡Oh!

—Salvó mi salud mental y recuperó mi habilidad social. Me recordó que hablar era importante —sonríe otra vez un poco de lado sin darse cuenta—. Y a la vez era tan evidente que era SU niña...

—Why? —sigue escribiendo. Suiza suspira.

—Ella es suave y delicada, aunque inteligente y madura. Conoce sus debilidades, aunque en ese entonces eran mucho mayores que ahora —apunta—, también es claramente educada al estilo... Austriaco.

Inglaterra tiene cierta empatía pensando en Seychelles... sin caer en Canadá.

—Ella tiene los mejores modales a la mesa, hace reverencias cuando saluda, es sutil... Toca el violín y el piano —arruga la nariz

—¿Y no te daban ganas de estrangularla? —no, esos eran más América y Australia, no Seychelles y Canadá.

—No. Lo que me parecía era que... Era muy preocupante que supiera tantas cosas tan poco prácticas.

—Mmm... —le mira de reojo porque ya habría querido que América supiera tocar un instrumento musical que no fuera la bloody batería. Tocarla... es decir, no aporrearla y gritar, básicamente.

—Afortunadamente Liechtenstein sí se comprometió seriamente a complementar su educación —ojo en el "complementar"—, capacitándose en diversas áreas de interés mucho más práctico.

Inglaterra sonríe.

—Pero volvamos a ti con Austria.

—Liechtenstein tiene lo mejor de ambos —explica a pesar de lo que ha dicho de volver con Austria—, si acaso hubiera manera de condensar esta boda en una representación de la misma, esa representación es Liechtenstein. Ella es nuestro mayor éxito y nuestro mayor orgullo y es su existencia la que me hace estar completamente seguro de que no vamos a fallar.

El inglés le mira pensando que en eso ha tenido más suerte que él, no es como que se hayan quitado los niños uno al otro como en su caso, lo escribe igual.

—El precio que me pareció entonces que tenía que pagar por tener a Liechtenstein representa las bases de lo que hoy tengo con Österreich.

—Why?

—Porque... Evidentemente Liechtenstein se fue, pero seguía preocupada por él. Y —carraspeo, desvía la mirada—, a mí no me quedó más que ir a buscarle.

—Oh... ¿aja?

—Y fui —frunce el ceño—, y le encontré.

—¿Y?

Toma aire profundamente.

—Entonces conocí a otro Österreich.

—¿Eh?

—A... Este Österreich. Al que conoces, es un punto intermedio entre ese y el Österreich dueño del mundo.

—Ah, creo que la guerra nos cambió a todos —asiente.

—Ahí... Empezó realmente esto que tenemos ahora —se sonroja otra vez, desviando la mirada.

—¿Cómo fue? Descríbelo un poco más —le pide.

—Excesivamente simple. Todo salía. Teníamos un objetivo en común que era sacarle adelante... Y él era simplemente ÉL —esa sonrisita muy leve que se le escapa...

—¿Cómo simplemente él?

—No tenía joyas ni ropas elaboradas, ni castillos enormes que pudiera usar, ni sirvientes. Ni siquiera tenía un piano completo.

Inglaterra levanta las cejas.

—Tenía uno vertical que odiaba —bufa un poco y hace los ojos en blanco—, así que era él. En las peores.

—Entiendo —asiente.

—Pasamos algunos años así, él yendo de menos a más... —establece pensando que esta también fue la época del LSD. Pasaron cosas RARAS entonces—, todo iba bien.

—¿Erais felices?

Suiza se mira las manos pensando que claro que creía serlo.

—Es mejor ahora. Aunque no puedo decir que entonces no lo fuera. Solo que... Entonces solo era una ilusión. Sabes bien lo que pasó después.

—¿Una ilusión por?

—Porque no era un hombre simple. Volvía a querer conquistar al mundo —protesta.

—¿Pero qué tiene que ver eso contigo a nivel personal? ¿Solo quería tus tierras de nuevo?

Suiza parpadea.

—En realidad nunca me invadieron.

—Bueno, es que no es tan fácil invadir un país, aunque yo lo hice unas cuantas veces—tan orgulloso.

—Ellos invadieron toda Europa. Creo que me tenía miedo —sabes, Suiza, SABES, que el que no te invadiera es sospechoso—. Finalmente volvimos a romper comunicación entonces, él era el demente.

—Espera, háblame más de esos días, de la buena época. ¿Cómo era el día a día?, ¿cómo te sentías?

—Relajado —si, con LSD no me extraña—. Se acercaba un poco a como es ahora, aunque no del todo. Österreich no era del todo Österreich. La necesidad de tener el mundo a sus pies le corroía.

—No, no, no le describas más a él. Pregunto por ti ahora, eso ya lo has dicho.

Es que le cuesta hablar y entender sus propios sentimientos, no crean que no.

—Oh. Bueno... —suspira tratando de pensar—. Bien. Al fin no estaba enfadado con él. Y teníamos algo otra vez, una relación cercana. Él sonreía de nuevo.

—Aja...

Se queda callado un buen rato, pensando.

—¿Sabes describir esa sensación de beber agua cuando no sabías que tenías sed? ¿O acostarte en la cama, cuando estabas muy muy cansado y no te habías dado cuenta?

—Esa es una buena descripción —se encoge de hombros y sonríe.

—Cuando llegó Liechtenstein pensaba que no le requería ya... Pero todo ese tiempo —se encoge de hombros—, era como haber vuelto al lugar en el que debía estar.

Inglaterra asiente escribiendo todo eso. Suiza levanta las cejas porque hay cosas de estas que dice de las que aún no se había dado cuenta.

—Me gustaría saber si él piensa lo mismo de mí.

—¿Quieres... llamarle?

Levanta las cejas porque... Buff es que de verdad estos germanos…

—No creo que me lo dijera.

—¿No? —levanta las cejas porque eso sí que no lo esperaba.

—No creo que aun confíe en mí del todo. No es tan fácil —muy convencido.

—But... —es que no es Francia, Inglaterra, quítate la analogía de la cabeza.

—Él es muy... —intenta encontrar la palabra. Inglaterra tuerce un poco el morro—. No me atrevería a preguntarle.

—Tal vez pueda preguntarle yo.

Suiza levanta las cejas.

—¿Tú? Y a ti... Bueno, en realidad contigo no tiene problemas —salvo los que tiene con todo el mundo. Ejem—. No sé si le preguntes qué vaya a hacer —carraspea y con todo y todo se puede que Suiza no le termina por conocer del todo, a pesar de ser, quizás, la persona más cercana a Austria que hay.

—Well... tal vez sea mejor que nada más sigamos.

Suiza suspira.

—Sigamos. Ya vamos a terminar —se pone en postura para escribir—. Es como un ciclo infinito. Estar bien. Pelear, irme.

—¿Aja?

—Y ha llegado el momento de romper ese ciclo.

Inglaterra sonríe de nuevo. Ese parece un buen final. El suizo le mira de reojo y finalmente toma su copita de Cointreau.

—¿Algo más? —pregunta por si acaso.

—Nein.

—Bien. Lo dejaremos aquí por hoy y mañana lo volveremos a leer con la mente más clara.

—Te agradezco que me hayas escuchado todo este tiempo.

—Es una historia interesante y creo que puede gustarles a todos conocerla desde tu punto de vista.

El suizo se sonroja.

—Espero que a Österreich le guste.

—Aun pienso que deberías llamarle. Puedes usar el cuarto de invitados para más privacidad y quedarte a dormir ahí, si quieres.

—¿Q-Quedarme a dormir? —no lo había ni pensado.

—Si quieres —se encoge de hombros—. Se ha hecho un poco tarde —mira el reloj. El helvético lo mira también y levanta las cejas.

—¡Vaya! ¡Mira la hora!

—Justo eso es lo que digo.

—Creo que si tengo de que hablar con él y con Liechtenstein.

Inglaterra asiente.

—¿Quieres... Tienes... Quieres que haga algo? ¿Necesito... Algo?

—¿Eh?

—No sé si puedas... Venderme un cepillo de dientes.

—Ah, nah, puedo prestarte uno de un hotel y hasta un pijama mío si quieres —se levanta.

—Oh... Thank you —asiente otra vez un poco sorprendido y ahí se va a buscarle un pijama y un cepillo de dientes y una manta extra por si tiene frio.

Suiza agradecerá la manta, sinceramente. Le escribe a Liechtenstein toda una sarta de cuidados y vacila un poco antes de marcar a Austria. Mentiría si dijera que no le han dado ganas de hablar con él. Incluso de verle... El problema es que Austria puede que ya duerma, en Londres es una hora menos. No me extrañaría que Suiza terminara frustrado con ello. Igual intenta marcar una vez. Lo siento, Suiza, es frustrante, yo lo sé. TODOS lo sabemos, de hecho la mayoría nos preguntamos qué le ves. *Prusia narrando*. Suiza se guarda el teléfono en el bolsillo suspirando y pensando que ya se verán el fin de que sea Inglaterra el que llame a Francia... que coge el teléfono a la primera, dormido pero sabiendo exactamente quien es sin mirar.

—Mmmmon petit lapin...

—I... no estaba llamándote a ti —miente ya metido en la cama. Francia sonríe igual.

—¿... les fue? –pregunta claramente medio dormido.

—Bien... eres un git y no te quiero.

Sonríe más aún.

—Je t'aime y te extraño... Mi cama esta helada cuando no estás y me tardo un montonal en dormir.

—Mmm... I don't care —se hace bolita y pasa la mano por el lado de Francia en la cama que está friiiiio.

—No seas bestia—protesta un poco el francés girando al lado de Inglaterra y abrazando un cojín—. ¿Cómo está Suisse?

—En el otro cuarto, hablando con Austria.

Suiza refunfuña un poco haciéndose bolita en la cama.

—Oh, menos mal —se ríe un poco estirándose—. ¿Cómo les ha ido? ¿Han avanzado?

—No importa lo que digas, estar contigo no es como beber agua estando sediento y sin saber que tenías mucha sed.

Francia levanta las cejas con eso.

—Quoi?—pregunta tomado por sorpresa

—Pues... ya me has oído.

—Te gustooo.

—NOOO!

Se ríe.

—Pues me parece que ser agua en el desierto es algo un poco desesperado…

—¡Pues no lo eres!

—Creo que más bien soy como... Un delicioso manjar que quieres convencerte de que no te gusta.

—Nooo!

—Oui, uno que aun te hace sentir un poco culpable —bosteeeeza.

—No!

—¿De dónde has sacado esa analogía?

—E... Eso no importa.

—¿Me quieres? —Francia bosteza, se acurruca, preparándose para la respuesta...

—No...

—¿Ni un poquito?

—No.

—Eso es crueeeel.

—No lo es... —hace vocecita también.

—Sí lo es, yo te quiero y te extraño y quiero que me abraces —miiiiisma voz.

—Pues eres un tonto.

—Y quiero abrazarte —es que Francia puede pasarse toda la noche así...

—Pues eres un tonto por querer —y este no, sabes...

—Tú eres más tonto por no estar aquí a que te abrace... Tengo una almohada.

—No es lo mismooo —protesta el britanico.

—Pues claro que no. Es tu culpa por estar allá y yo acá. Deberíamos dormir juntos diario.

—¿¡Cómo vamos a dormir juntos diario si tú vives en Paris y yo en London!?

—¿Pues... Viviendo... Juntos? No seeeeeé.

—¡Pero el mar y... todo!

—Vente a vivir a Paris.

—No puedo ir a vivir a Paris, I'm English! Trabajo en Westminster!

—Cuarto días a la semana.

—¡Eso no son todas las noches!

—Yo iría allá las otras tres.

—But...

—Quoi?

Inglaterra piensa en todos sus secretos ahí...

Inglaterra... Francia tiene LLAVES.

¡Da igual, DA IGUAL!

(Y también sabe todos sus secretos)

—No puedo ir, Switzerland está aquí... —sí, hoy es uno de esos días en los que se presentaría en Paris a las tres de la mañana. Francia sonríe.

—Mañana —baja el tono—. O ven aquí y déjalo en casa... —agrega en un susurro sonriendo.

—No puedo ir, ¡está aquí!

—Sí puedes, solo ven.

—Y si se despierta a media noche... no puedo.

—Le dejas una nota "Fui a celebrar el amor"

Aprieta los ojos y se sonroja.

—Veeeeen.

—Le he dicho eso.

—¿Le has dicho qué?

—¡Eso! Vio mi alianza.

Perdonen, es de noche y se ha tardado por ello.

—Oh, ¡le has dicho que eres mi marido! —sonríe de oreja a oreja.

—NO! Le he dicho que te odio... y ha leído mi alianza.

—Le has dicho a tu mejor amigo que eres mi maridooooooo.

—Nooo!

Francia ríe un poco, otra vez extasiado.

—Me encanta... ¡Le has contado a mucha gente!

—Es horrible —lloriquea.

—Non, es muy, muy bonito y a mí me hace mucha ilusión.

UK solloza y Francia se calla, sorprendido.

—Pero Angleterre... Es... No pasa nada.

—Eres un tonto y un feo y te odio muy mucho —sobre todo porque no estás aquí abrazándome para que pueda esconderme. Inglaterra de cinco años.

—Tú eres muy mono y me gustas y no me odias y lo sabes y te quiero.

—No lo hubiera dicho como agua en el desierto —susurra.

—Ah ¿no? —se tapa la cabeza de verdad queriendo que estuviera ahí. Inglaterra niega.

—Ni comida tampoco.

—¿Entonces?

—Habría dicho como... —se sonroja un poco—. Un soleado día de verano, en que la luz es tan fuerte, que todos los colores brillan y hace tanto calor que no te dan ganas de otra cosa que tumbarte a la sombra con un libro de aventuras y pasar la tarde buscando un tesoro o luchando contra una organización espía o salvando el mundo sin moverte de tu asiento mientras tomas limonada con menta... luego piensas que has perdido irremediablemente el tiempo, que hacía calor hasta el punto de sentirte pegajoso, que la chicharra provocaba somnolencia y que la limonada no estaba todo lo buena que podría... pero es el lugar en el que vas en tu mente cuando estas en una reunión infinita, atrapado en un atasco o el mundo tiene uno de sus días y la vida es una mierda a tu alrededor.

Es que se derrite. Se DERRITE.

—Yo no soy tan pegajoso —susurra sonriendo como idiota hecho bolita en la cama—. Ven a casa.

—Sí eres pegajoso. No puedo ir.

Francia se queda en silencio unos segundos... Y luego sonríe teniendo una pereza enorme pero... un plan.

—Vale. Me voy entonces.

—What?

—Voy a dormir, buenas noches —sentencia destapándose.

—But...

—Je t'aime

El inglés se queda todo desconsolado y se despide suavemente.

Francia se humedece los labios, le susurra que le manda un beso y se levanta de la cama. Inglaterra cuelga y se hace bolita hacia el otro lado, de espaldas al lado de Francia dispuesto a dormirse.

Desde luego, un raaaaato más tarde, un Francia mojadito de la lluvia y helado va a escurrirse en la cama a su lado y lo va a encontrar teniendo uno de ESOS sueños susurrando "No, France... no" todo agobiado.

—Oui, France, oui —le susurra acariciándole el pelo.

—No... Vamos a perder... voy a perder... —niega con la cabeza. Le mueve un poquito, es que... Además, ¡Francia no ayudas! No ayudas estando desnudo ahí en la cama.

Inglaterra se deja mover, claro. Él sí que lleva pijama.

—¿Qué vas a perder? —pregunta cansadito, acomodándose un poco.

—Switzerland... —se muerde el labio y gime.

OHHH por dios. Francia levanta las cejas con eso... Mitad divertido, imposible de negarlo, mitad... Hmmm...

—England... Ja! Muévete más rápido —susurra intentando parecer Suiza... Imitando a Prusia.

—No! Austria no! —lo siento, tu voz Francia...

Francia aprieta los ojos haciendo una mueca de absoluto y sincero desagrado.

—Nein, soy Deutschland —ya puestos en el trolleo.

—No... no...

Francia se revuelve.

—Va a vernos France —vuelve a decir en alemán.

—W-What? No, France no, stop.

Francia parpadea tratando de imaginar qué está soñando.

—Pero si parece gustarte lo que te hace Suisse... —también no me extraña que Inglaterra muera de la vergüenza cuando según él está teniendo un sueño muy privado y Francia repentinamente está ahí.

Empieza a despertarse paladeando. Francia le acaricia el pelo con media sonrisa, dándole un beso en la mejilla.

Parpadea y suspira aun en su sueño.

—¿Que te hace Suisse?

—¿Ah? —voz pastosaaa.

—Veo que disfrutas las caricias de Suisse.

Parpadeo, parpadeo.

—IIIIIIH! —se cubre todo lo que puede.

El francés le abraza con fuerza.

—W-W-What are y-you doing h-here?

—¡¿Que estabas soñando?! —tono acusador.

—¿Yo? —se sonroja de golpe al recordarlo—. NOTHING!

—Ah no, ¡yo no vine hasta acá para que me digas "Nothing"!

Inglaterra parpadea de nuevo y nota que está en su casa y Francia está ahí y lo que hizo ayer, toda la cena con Suiza.

Francia le da un beso en la mejilla.

—¡Cuéntame!

—Nooooo.

—¿Así de vergonzoso?

—Nnnn —intenta esconderse, gracias que está oscuro.

—¿Pero qué es?

—Nothing. Una tontería.

—Quiero saberla.

—U-Un... partido de futbol.

—No es verdad —¡Es que además siempre miente con lo mismo y es absurdo!—. Dime.

—E-Es que...

—Sabes que no me importa.

—¿Eh?

—Lo que sea que estuvieras soñando.

—¿Si no te importa porque preguntas? —susurra.

—Porque me da curiosidad.

—But... but...

—No pasa nadaaaa.

—Si que pasa.

—¿Por qué pasa?

—Que me da vergüenza... —se esconde.

—¿Pero por qué?

—Porque...

—¿Aja?

—Es que yo...

—El subconsciente te traiciona.

—What?

—Soñabas con sexo ardiente... Con Suisse.

—No! —no miente ahora. Francia levanta una ceja porque sí conoce sus tonos.

—¿Entonces?

—S-Switzerland estaba con Austria.

—¿Y tu les mirabas? Mira que... Pervertido.

—No!

—No?

—Era una... competición.

—Oh! ¡¿Y suponías que íbamos a perder?!

Aprieta los ojos y se esconde.

—¡Desde LUEGO que tú y yo JAMÁS perderíamos en una competición así, menos aún con ellos dos! —escandalizado.

—Perdía el que primero...

Francia parpadea... Y sonríe.

—Eres un pervertido.

—Waaaaaah —se esconde más porque además ÉL estaba perdiendo.

—Aun así te conozco lo bastante como para que así TAMPOCO perdamos.

Se queda quieto.

—Tendría cierta gracia esa competencia, en realidad.

—No!

—Oui, a ver quien conoce mejor a su pareja... Estoy seguro de que yo gano y te retraso todo lo que quiera —tan orgulloso

—Seguro Austria sería lo bastante listo para no tocar a Switzerland entonces.

Francia hace los ojos en blanco

—Bueno, para trampas... —se humedece los labios—, ¿y a mí ya me diste mi beso?

—Tendrían que ser dos equipos, tú con Switzerland para hacerme perder a mí y yo con Austria para que perdiera Switzerland.

Francia levanta una ceja pensando en ello.

—Eso... Funcionaría. Mentecita perversa la tuya.

Él solo quería huir del beso. Se tapa la cabeza con las sabanas que deben estar también sonrojadas a este paso. Francia se ríe un poco más y se mueve para acostársele encima.

—¿Qué te parecería la idea de despertar a Suisse?

—No quiero volver a ver a Switzerland nunca en la vida —piensa que además es que el sueño estaba siendo... Francia se ríe.

—Ah no? ¿Tan porno era tu sueño?

—Waaaaah! —lo que pasa es que le gustan esa clase de cosas ya deberíais saberlo. Es un poco como el rollo de los piratas. De hecho nos hace gracia, Francia machaca un poco solo para molestar.

—Aun así creo que podemos despertar a Suisse —mano repta al abdomen por dentro de la pijama y entonces el inglés nota que... bueno, el sueño sí estaba teniendo un efecto claro en él—. Quizás puedas pensar que Autriche está aquí también haciéndole cositas, si eso te pone.

—Noooo!

—Podemos hacer un concurso entre tú y yo... El que primero termine...

—W-What?

—Baja desnudo por el desayuno. Sin tocar a Suisse.

—¿Eh? —no planeaba tocarle.

—Por si se te ocurre... Hay que tener cuidado contigo —se ríe besándole el cuello

—What the hell! ¡Y tampoco puede tocarme nadie! —así de claro tiene que va a perder. Francia le lametea el cuello y le muerde un poco—. Y-Y... no se puede —es que pierde la capacidad del habla, echando la cabeza atrás.

—Sí que se puede... Yo si te voy a tocar... Muy muy adentro —es que ya le está bajando los pantalones.

—Aaah! —chillidito/gemidito, intenta que no se los baje y falla miserablemente porque joder con lo hábil que es Francia.

De hecho se mueve justo como le gusta, hace justo lo que quiere y repentinamente empieza a hacerlo todo LEEEEENTO. Y lo desespera hasta el punto de que Inglaterra intenta hacerle reaccionar de vuelta y darle marcha o que se de marcha o LO QUE SEA.

Francia sonríe y se deja llevar, y creo que es posible que si despierten a Suiza, porque ¿saben? Vino desde París, a media noche... Él, a diferencia de su hermanito, si atiende las necesidades de su pareja.

Oh, sí y además Inglaterra se dará cuenta... tarde o temprano y lo abrazará con mucha fuerza.

Suiza les odia a todos. Y yo le consuelo diciéndole que son Francia e Inglaterra... Esto es como cuando Germania pretende competir con Roma.

Austria comenta que no sabía que Suiza era tan desesperado.

No es que sea desesperado, solo les odia un poco. Además el asunto del teléfono es siempre un problema con Austria.

Pero bueno, Francia dice que Austria no sale en esta escena, que por favor se retire, mientras rueda sonriendo por la cama del inglés y le dice con perfecta seriedad una vez terminada toda actividad que... Sí deberían vivir juntos.

Es muy injusto que le digas esto ahora que está hecho bolita contigo, en una nube y con el cerebro embotado... que piensa que no solo deberían vivir juntos, deberían vestir la misma prenda de ropa los dos a la vez.

Pues... ¿Qué mejor momento?

Francia sonríe y asiente de acuerdo del todo mientras le aprieta más contra sí y le dice que le quiere, empezando a quedarse dormido y probablemente babearle encima porque está muy cansado.

Inglaterra quiere besos de esos hasta que se duerman y todos queremos matarle por cursi.

Si los busca se los dará, probablemente hasta dormido se los siga dando. Todo en una nube rosa.

Mientras Suiza está con los ojos abiertos en su cama. Porque además van a amanecer a las doce del día mínimo como nudo gordiano, además. Como siempre... uno nudo pegajoso. Muy pegajoso. De hecho ellos son los que más se acercan a eso de ser uno mismo.

Inglaterra coquetea con la idea de hacer un imperio... más grande. Francia con anexarse una islita.

Deja que se enteren el resto de Brits... o de la comunidad Europea.

Gales ya está teniendo náuseas y Escocia está muerto de la risa. Alemania se pregunta qué coño pasa este año que todos quieren cambiar la geografía política.

Y Suiza va a levantarse a hacer ejercicio. Lavar su pijama y secarlo. Lavar las sabanas y secarlas. Tender la cama, hacer desayuno, comérselo, releer sus votos varias veces, editarlos, suprimir la necesidad de romperlos, intentar hablar con Austria, frustrarse otra vez con ese tema…

Puede que por la mañana sí le conteste el austriaco... Suena el teléfono de Austria a eso de las once. Austria aun estás desayunando, así que tienes suerte.

—Guten morguen.

Suiza suspira.

—Guten morgen —hace una pausa y por alguna razón está tentado a llamarle "liebe", se sonroja un MONTONAL con la idea.

—Ah, Schweiz... he visto que me llamaste ayer.

—J-Ja, quería hablar contigo en la noche, supuse que dormías.

—¿Sucedió algo?

—Nein —responde con simpleza pensando en lo que quería contarle y preguntarle ayer... hoy ya había pasado un poco el momento y sonaría estúpido —. Estoy en casa de England

—Oh, ¿aun?

—Ja. Se hizo tarde ayer trabajando.

—¿Trabajando?

—En los votos —se sonroja un poco—. ¿T-Tú cómo estás?

—Ah, ¿y cómo los llevas? —sonríe. Suiza suspira con el bloc en la mano.

—No me convencen aun... Aunque ha sido interesante escribirlos.

—¿Por qué no te convencen?

—Son extensos y dicen muchas cosas que ya sabes. ¿Tú ya tienes los tuyos?

—Los míos vienen siendo más bien la música.

Suiza levanta las cejas.

—¿Cómo? ¿No vas a pararte en frente de todo el mundo a... decir cosas?

—Mmm... Puedo hacerlo, pero cualquiera que sea medianamente listo o me conozca ni se molestaría en escuchar eso.

Y no es que Suiza no lo sepa... El problema a veces era difícil traducirlo a palabras que entendiera sin dudas o miedos. Y aun así, Suiza entendía que quizás esta vez no había manera en que Austria le hablara de otra manera que no fuera con música... De hecho, si lo pensaba un poco, era hasta idiota pensarlo.

—No creo que nada de lo que yo pueda decir sea tan bueno como tu música —cambia la línea por completo y de manera que hasta a él le sorprende.

—Esto no es una competición entre tú y yo.

—La gente va a oírnos, vernos y a analizarnos. A sacar conclusiones.

—Aja...

—Va a darme más vergüenza si tú no hablas también.

—Esas cosas pasan. Tú no vas a hacer música... ¿o sí?

—Nein —susurra.

—Puedes hacer otra cosa que hablar si no vas a sentirte cómodo.

¿Qué iba a hacer? ¿Armar un reloj?

—Nein. Leer está bien.

Austria sonríe satisfecho y Suiza vacila con varias preguntas en la cabeza.

—Pero...

—Aja?

Carraspea y se pasa una mano por el pelo.

—Solo quiero estar seguro de que de verdad no digas nada porque no te parece necesario y no otra vez porque no confías del todo en nosotros.

—Was?

—Solo acuérdate que no voy a irme, que conmigo estas bien y seguro.

Austria traga saliva con eso.

—Y si quieres puedes decirme tus... Deseos o tus sueños o expectativas frente a todos. E-Es nuestra boda, no quiero que después pases toda la vida pensando que debiste hacer o decir algo que no hiciste o dijiste —traga saliva sin saber cómo se ha metido en este monólogo, en el que toma algunas ideas de Inglaterra también, pero está seguro de querer dejarlo claro—. No voy a defraudarte.

—Schweiz... no he tenido miedo de que tú me defraudes ni por un instante.

—Has dicho que temías que me fuera —responde levantando las cejas

—¿Y no has pensados cuáles son generalmente los motivos de que te vayas?

Se rasca la frente y le escucha. Parpadea.

—Pues es tu... —empieza y menos mal, se detiene.

—¿Yo qué?

—No sé cuáles son los motivos que piensas, pero esta vez vamos a arreglar cualquier cosa que pase... Tú ya has aprendido cosas y yo he aprendido cosas.

Austria suspira.

—Ja.

—¿Dónde estás?

Austria mira a su alrededor, porque ha salido a la calle mientras hablaba. MALA idea.

—Estoy casi seguro de que esto es Wien.

—¿Estás casi seguro?

—Sobre todo porque no concibo andar tan deprisa como para salir de la ciudad en... siete minutos cuarenta y tres segundos.

—Para perderte, eres capaz de andar kilómetros en segundos, nunca he entendido cómo lo consigues. ¿Podrás volver? —secretamente espera que diga que no

—Si puedo llegar al anillo, supongo que... —da la vuelta sobre sí mismo hacia el otro lado, por algún motivo.

—Pero como has llegado... Verás, si deambulas tres horas más en lo que llego ahí... Puede que tarde ocho horas en encontrarte

—Está bien, voy a buscar un lugar cómodo donde sentarme —mira tú EL PROBLEMA.

—Österreich...

—Ja?

—NO apagues tu teléfono, no te sientes DENTRO de una casa y NO te subas a NINGÚN vehículo, aunque sus asientos te acomoden.

—Claro —lo que pasa es que se va a sentar, claro, en una pastelería... la del hotel sacher, porque está perdido, pero tiene buena suerte. Va a tomar un dulce hojaldre y mermelada de fresas... luego va a llamar a Maximilian y para cuando Suiza llegue ya estará en el Musikverein como siempre consigue llegar. Con suerte le habrá dejado el teléfono a alguien FUERA de la sala de ensayo y Suiza le odiará como el teléfono esté apagado.

—Estaré allá un rato más tarde. Ich...

—Bien —sonríe.

—I-Ich liebe dich —todo es más simple cuando no te ve. Austria se sonroja un poquito.

—Yo a ti también.

Se sonroja tres veces más de lo que Austria y creo que le da un infarto. Pero sonríe un poco y piensa que esto es de lo más pegajoso que han hecho en su vida.

—Danke —Suiza, no has de agradecer estas cosas.

Puede que solo por eso es que haya alguien cuidando el teléfono en vez de estar apagado por ahí. ¿Ves, Suiza, ves? Serás premiado siempre por buen comportamiento.

Siento destruir la atmósfera rosadita pero puede que Inglaterra suelte uno de esos gritos ahora que se han despertado y Francia está haciendo que se levante de buen humor.

Suiza se mete debajo de la mesa del comedor. Probablemente este apachurrando el teléfono en la mano metido debajo de la mesa de comedor. Creo que se cuelga solo el teléfono. Suiza no sabe qué hacer... Pero no tiene IDEA.

Por algún motivo, además a Inglaterra le ha dado el día de narrador, así que va describiendo en la medida que puede lo que "no" quiere que haga Francia. Fantástico.

—L-La lengua no, ¡no! ¡NO! No me toques ahí no... ¡Más lento no! ¡No corras! ¡No me lamas! Con eso... France! FRANCE! P-Pellizcos... —debe tener suerte y que le bese por unos segundos.

Suiza se pregunta, de verdad, de donde demonios salió Francia mientras busca en su teléfono vuelos a Viena en la próxima hora a ver si es más rápido que volver en coche por el amor de dios. Después de un par de minutos intenta tararear en voz alta para evitar oírles. Por lo menos Inglaterra ya no narra, solo grita y gime como si no hubiera mañana.

—Lorele Lorele i uuuuu —gorgorea Suiza debajo de la mesa con las manos en los oídos.

Y en un momento todo se detiene. Y creo que es aún PEOR. Eso implica que vendrán hacia él en algún punto. Suiza se hace más bolita debajo de la mesa.

Y no sé, de hecho, si no va a bajar solo Inglaterra desnudo. Puede que hasta se haya olvidado de que Suiza está ahí, así que baja corriendo y sin cubrirse tanto. Es posible que Suiza haya decidido que ya llevaba mucho tiempo debajo de la mesa sin que pasara nada así que sale sigilosamente mientras Inglaterra trastea en la cocina.

—E-England? —reza Suiza que sea él, por el amor de dios, entrando a la cocina.

Inglaterra tiene un infarto, tira la mitad de lo que hay en la cocina por el suelo y se gira a mirarle, rojo como un tomate y agarrado del mármol como si fuera a irse volando... no deja NADA a la imaginación.

Suiza... Si no supiera que se acostó con él puede que no le generara tanto conflicto. Pero lo SAAAAABEEEEEE y casi se muere igualmente, sonrojadísimo. Además le mira la zona en cuestión con ojos muy muy abiertos.

Inglaterra aun tarda unos segundos en darse cuenta... bajar la mirarse la zona en cuestión, le mira de nuevo en unos segundos infinitos antes de soltar el mármol y cubrirse todo lo posible con ambas manos histericolocoperdido. Son DOS histericoslocosperdidos que además, al menos Suiza, está PETRIFICADO sin poderse mover por los mismos largos instantes hasta que Inglaterra se cubre y él se pone de espaldas.

—Meingottinhimmel!

El inglés balbucea algo indescifrable.

Suiza se sonroja más si eso es posible pensando que quizás no sea necesario que se vean nunca más, ¿cuál es el problema entonces de salir corriendo histérico ahora mismo?

Inglaterra está completamente paralizado y por si fuera poco el sueño erótico de ayer no ayuda. Gracias al cielo Suiza no lo comparte. Creo que estaría muerto en este momento.

Inglaterra no... Es que no hace nada. De hecho deben pasar un laaaaaaargo rato ahí los dos inmóviles temblorinos hasta que Suiza solo suelta un muy suave...

—Tengo que irme —casi corriendo a la puerta. Es que solo mueve la boca y ya. Creo que Francia va a terminar bajando una hora más tarde y se lo va a encontrar en el armario. Si, puede que Francia se quede DAFAQ, Suiza, como conseguiste descomponerme al chico en dos minutos.

Inglaterra está en su madriguera... desnudo.

Francia... Pone un café preguntándose si Inglaterra se habrá ido a algún lado... Le busca un poco por ahí (aprovecha para tomar el bloc y leer lo que escribió sobre Suiza... y repentinamente cae en la cuenta de lo oooobvio. O... No)

—Angleterre? Suisse?! —levemente nervioso, porque es improbable...

Obvio que Inglaterra estaba escondido, luego Francia recordó otras cosas que podía estar haciendo... Alguna de ellas con Suiza. Acaba de hacerlas contigo justo AHORA. ¡En realidad, si, además de las peores guarradas pero Francia le busca igual. Puede que Francia le oiga lloriquear.

Francia se detiene en el pasillo cuando escucha un sonido extraño y desde luego el primer lugar al que mira es la puerta de la madriguera. Inglaterra se sorbe los mocos.

—Angleterre? —pregunta suavemente acercándose a la puerta del armario —. ¿Estás bien?

Se oye como contiene el aire y trata de no hacer ruido, haciéndose bolita, tira unos zapatos sin querer y hace shhhhhh a los zapatos. Francia acaricia la puerta.

—¿Que pasa?

—¡Vete!

—No voy a irme... ¿Qué pasa?

—No estoy hablando contigo, no voy a hablar con nadie nunca más ni ver a nadie y no pienso salir nunca de aquí.

—Bien, me apoderaré de tu casa y tirare todo lo que no me guste a la basura.

—NO!

—¿Que ha pasado? —vuelve a preguntar.

—Switzerland estaba aquí...

—Oui, eso me dijiste anoche—la verdad también lo había olvidado.

—¡Esta mañana! ¡Cuando bajé!

—Oh...

—¡No lo entiendo, hay gente que consigue tener amigos de forma normal sin que le vean desnudo ni acabe en drogas en Canada!

—Mais... Oui. Aunque es Suisse de quien hablas.

—¡Vete! Ya no quiero ver a nadie ni tener amigos!

—Evidentemente no voy a irme y menos por algo así.

—¡Pues no voy a salir!

—Aprovecharé para ponerme al corriente en mi lectura de ciertos textos...

—¡No! ¡Márchate! ¡No sabes donde los escondo!

—Los buscaré, quizás incluso encuentre otras cosas a mi paso.

—¡No los busques!

—Impídelo.

Inglaterra abre un poquito la puerta y se asoma con los ojos todos brillantes de llorar y envuelto en un abrigo hasta el pelo y desde donde esta no creo que llegue a ver a Francia, que se ha puesto en una posición estratégica justo para abrazarle en cuanto salga, pero solo saca un poco la cabecita. Francia espera en silencio a que salga otro poquito. Es que no quiere, pero sale un poco buscándole. En cuanto Francia ve una diminuta opción de abrazarle le salta encima. Gritos varios incluyendo unos de nena. Y... Es que no te suelta, Inglaterra... Se agarra de ti con unas y dientes.

—Waaaaaaaaaaaah!


¡Fuerza Inglaterra! ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición