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¿Una nueva oportunidad?

«¿Cómo se reconstruyen los hilos de una vida anterior? ¿Cómo seguir adelante si en el corazón uno empieza a entender que no hay marcha atrás? Hay algunas cosas que el tiempo no puede curar, hay heridas demasiado profundas que echan raíces.»

El Retorno de Rey. – J. R. R. Tolkien.

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POV Bella.

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Cuando desperté estaba en una habitación nueva, pero me encontraba en la misma posición con mi espalda al aire y mis alas libres para no lastimarme. Gire mi cabeza y me encontré a mi lado a Christian, sonreí un poco al sentir el doble latido en mi pecho. Él iba a estar bien.

Me removí un poco y trate de incorporarme pero mi cuerpo dolía mucho y me desplome de nuevo en la cama enterrando mi cara en la almohada. Respire pesadamente y renuncie al intentar levantarme, aun necesitaba descansar, creo que ni siquiera Uriel de estar aquí hubiera podido ayudarme a reponerme, me faltaba la mitad de mi alma, la mitad de mis poderes y eso me iba a pasar factura. Pero no me arrepentía.

Gire mi cabeza y sonriendo un poco me acerque a Christian hasta colocarme sobre su pecho, una sensación de calidez me invadió. Siempre había sido así con Christian, como si estar con él fuera lo correcto.

Una vez más me pregunte si todo lo que yo hice había estado bien. Ahora que sabía la verdad completa de todo lo que era mi existencia me hacía replantearme muchas cosas una y otra vez. Cuando volví a ocupar mi lugar en el reino mis recuerdos habían vuelto, conserve lo de aquella época cuando todo comenzó para mí como uno de los Arcángeles principales del reino pero también estaban presentes todos y cada uno de mis recuerdos en el transcurso de todas las vidas humanas que viví.

Los Ancianos siempre nos decían que la vida humana es muy compleja y su destino está escrito en el libro de los Designios. Ahora al tener conocimiento de todas mis vidas humanas y poder compararlas unas con otras sentía que habían sido truncadas terriblemente por los Ángeles de los hilos… aquellos encargados de manejar el destino que estaba escrito en el libro ya que la máxima edad que había llegado a tener fue veintitrés años. Jamás tuve hijos, jamás me case… por lo menos no hasta que llegue a mi última vida, esa en la que había sido puesta a prueba una y otra vez hasta llegar a hacer lo imposible, casarme y embarazarme. Bella.

Suspire profundamente y me dolieron las costillas, gemí y enterré aún más mi cara en el pecho de Christian. Mierda, como me dolía el cuerpo. Escuche unos toques en la puerta y luego como se abría. Sinceramente lo pensé varias veces antes de retirar mi cara del pecho de Christian y acomodar mi cabeza sobre su corazón para enfrentarme al mundo real, al ahora.

-¿Cómo te sientes? –Hablo suave y de manera contenida.

Trague grueso y me obligue a mirar hacia el bosque afuera de la gran ventana. Lejos de su rostro, de su mirada.

-Cansada… -Murmure con voz raposa.

Edward tardo en responder, me sentí el peor ser de la historia. Él había sido testigo de cómo le había ignorado intencionalmente en mi regreso a la tierra… cómo había incluso arriesgado mi existencia compartiendo mi alma para salvar a alguien más que no era él. Y ahora estaba ahí de pie junto a la puerta de la habitación, viendo a la mujer que en algún momento había amado en una cama abrazada a otro hombre…

Él posiblemente no la estaba pasando bien pero realmente, realmente, no me importaba en este momento. Vine aquí a salvar a alguien que en realidad nunca debió tener ningún parentesco familiar conmigo… salí lastimada por querer salvar a mis guardianes… y luego no conforme con eso también salve a Christian… si seguía así me iban a dar un premio por salvar tantas personas. O bueno eso quisiera yo, pero en realidad me iban a castigar.

-Ana está preocupada. –Dijo ahora en tono más molesto.

Ana… no él. Algo se removió en mi interior aunque no entendí qué. Mantuve mi rostro inexpresivo. Todo había cambiado, él ya no se preocupaba por mí, ahora había alguien más. El paso del tiempo había jugado sus cartas, y en parte eso me alegraba, que él hubiera podido seguir adelante y querer a alguien más pero por otro lado la costumbre de haberle querido estaba ahí apretando en mi pecho. Yo tenía que soltar y dejar ir. Nuestra historia si es que en algún momento existió había muerto junto con mi última vida.

Mis fuerzas seguían un poco limitadas y mi cuerpo dolía mucho pero yo les debía una explicación no solo a Anastasia, sino a todos.

-Bajare en seguida. –Dije simplemente.

Lo escuche suspirar y luego como se cerró la puerta. Mire hacia allí y vi que había dejado la habitación. Gabriel se había encargado de cuestionar mi enamoramiento por un condenado y creo que en el fondo no se equivocaba, la oscuridad nunca se debía mezclar con la luz. O es blanco o es negro. Lo mejor para él era una humana, una humana real. Alguien que en algún momento pudiera compartir esa oscuridad con él. Alguien que de verdad llegara a amarlo y que no tuviera a más nadie en su corazón.

Sentí a Christian removerse un poco e imágenes de todo lo que ha pasado en mi larga existencia aparecieron de manera rápida en mi mente, él estaba reaccionando, él estaba viendo mis recuerdos, todos y cada uno de ellos. Ya no había vuelta atrás, cuando Christian despertara, sería consiente de toda la verdad y me aterraba su reacción.

Las imágenes se detuvieron un poco en mi historia con Edward, pude vernos en el claro, en la despedida, en el reencuentro… Christian estaba siendo consiente ahora del otro lado de la historia, de cómo Edward y yo en algún momento nos amamos. Pero nada de eso era correcto y si en su regreso me opuse con uñas y dientes a ello ahora sabía el porqué.

«Por favor no te preocupes por ello. Son solo recuerdos

Susurre en su mente y eso pareció calmarlo un poco. Su alma pareció reaccionar a la mía y rápidamente los recuerdos pasaron a través de los cinco años que viví con él, de cómo lo ame a pesar de todo lo malo que él ocultaba desde su niñez y de como lo había elegido a él por sobre un amor errado. Los recuerdos rápidamente se fueron a los secretos y decidí cortar la conexión de nuestras mentes ahí, no quería ver lo que mi alma le iba a mostrar… no quería saber su reacción al embarazo del cual nunca se enteró, en el fondo era lo que más me aterraba.

Me aleje de su cuerpo y como pude me levante de la cama, necesitaba poner distancia entre nosotros y nuestras mentes. Me apoye en los pilares de la cama para levantarme y luego en las paredes hasta que pude llegar a la puerta, mi cuerpo temblaba y me dolía mucho. Cuando abrí la puerta me asuste un poco al ver a un sonriente Emmett tendiéndome sus brazos.

-Creo que necesitas un poco de ayuda. –Dijo con voz cálida.

Mis ojos se humedecieron un poco al ver ese gesto, y asentí sonriendo un poco. Él se encargó de tomarme en brazos con cuidado. Apoye mi cabeza en el hueco de su cuello, a pesar de que ahora yo era un poco diferente, Emmett siempre seria ese grandulón divertido, protector por el cual provoca dejarse consentir y cuidar. Emmett era un buen hermano y me gustaba que los demás contaran con su presencia. Cerré los ojos y suspire profundo, los he extrañado mucho a todos pero mi presencia a su lado solo complicaría demasiado las cosas. Tanto para ellos como para mí.

-No sabes cómo me alegra volver a verte, Bella. Lo digo en serio. –Dijo en voz baja pero cálida- Te quiero mucho y tú… partida de verdad me dolió como la mierda.

Cerré con fuerza los ojos. Sí, no era bueno que yo permaneciera cerca de ellos si lo único que hacía era lastimarlos.

Emmett bajo a paso humano las escaleras y me llevo hasta el salón donde no tardaron en aparecer Alice y Jasper, Carlisle y Esme, note que ni Rose ni Ana y Edward estaban en la casa. Sus presencias se sentían lejos. Aunque se mantuvieron a cierta distancia pude ver la preocupación en los ojos de Esme y Jasper pero estoy segura de que no les preocupaban las mismas cosas. Me recosté en el espaldar del sillón tratando de no lastimarme las alas y rodee mis costillas con mis brazos, me dolían mucho. Cerré los ojos y trate de no respirar tan seguido para no seguir lastimándome.

-¿Te encuentras bien cariño? –Pregunto Esme en voz baja.

Abrí los ojos y me topé con su mirada, ella había avanzado unos pasos hacia mí pero Jasper la había tomado del brazo impidiéndole que se acercara más. Una risa de burla broto de mi garganta ante la reacción que estaban teniendo.

-¿De verdad crees que yo la lastimaría a ella? –No pude evitar la ironía en mi voz- ¿A Esme?

Jasper frunció el ceño y me miro durante un largo rato antes de responder.

-Después de haber visto todo lo que has hecho y no saber de qué más eres capaz no quiero que mi madre se acerque a ti. –Respondió con voz firme y profunda.

Asentí y sonreí, después de todo ese era Jasper. Siempre desconfiado de lo desconocido. Sentí el sillón hundirse a mi lado, mire a Emmett y él me sonrió cual niño pequeño.

-Pues… yo confió en ella. –Dijo alegre y coloco un brazo por sobre mis hombros y me atrajo hasta su pecho mirándome con ojos brillantes- quiero decir, ella es mi hermanita, es Bella. Sea lo que sea en lo que ella se transformó es mucho más pura y hermosa que todos nosotros.

Mis ojos picaron con lágrimas que luchaban por derramarse, le sonreí y enterré mi cara en su frio y pétreo pecho. Era sin duda alguna lo más cálido y hermoso que me habían dicho desde mi regreso.

-Bella… Isabel… -tartamudeo Carlisle, lo mire y el sonrió un poco- No sé cómo llamarte ahora…

Me miro con disculpa y avanzo hasta sentarse en el sillón a mí. Tomo mi mano y le dio un ligero apretón. Él, al igual que Emmett, también me aceptaba ahora en mi nuevo ser.

-A lo largo de todas mis vidas humanas me han llamado en diferentes formas e idiomas. –Susurre- Pero mi nombre es Isabel. Soy la menor de los ocho Arcángeles superiores. Y en ciertas culturas o creencias me llaman "la muerte" porque soy el Arcángel de la muerte. Puedo alargar vidas o quitarlas según el encargo de los Ángeles de los Hilos y el libro de los designios. Ellos me asignan una lista de almas, y lo que debe pasar con ellas y yo solo ejecuto la acción.

La estancia se mantuvo en silencio por un largo rato, Carlisle parecía estar procesando mis palabras.

-Pero… ¿y Bella? ¿Eres ella, no? ¿Qué fue lo que realmente sucedió? –Pregunto realmente interesado.

Sonreí ampliamente, me parecía gracioso que ahora yo les contara una historia a los viejos vampiros con los cuales había convivido.

-Mi historia es más vieja que este mundo. Fui creada incluso antes que la tierra, antes que los humanos. No te voy aburrir con la parte tediosa de mi existencia. Pero sí, Bella existió, soy Bella, o al menos lo fui. Al igual que soy otras cinco vidas más. –Me encogí ligeramente de hombros- Ellas solo eran un fantasma de mi verdadero yo.

Él frunció el ceño e inclino un poco la cabeza hacía un lado, una muestra de su inigualable deseo de conocimiento.

-Una vez me contaste que tu padre era muy religioso. –Comente y él asintió con cautela.- Mis superiores lo son aún más, así que debes entender que el romper una regla allá arriba atrae sus consecuencias. Grandes consecuencias. –Carlisle volvió asentir pero esta vez abrió un poco más los ojos invitándome a continuar.- Cerca de 1900 estaba el estallido en la tierra por las guerras y ni los Ángeles de los hilos, ni mis guardianes o yo dábamos abasto con tantas almas que transportar. Así que pedimos concejo de los ancianos sobre qué hacer para poder detener tanta matanza en la tierra y fue cuando nos enteramos de que todo era obra de un Demonio, así que los Arcángeles y nuestros guardianes fuimos enviados a la tierra a enfrentarlo. La pelea fue muy dura y algunos Arcángeles perdieron a sus guardianes, mi deber era mantenerme en la retaguardia cuidando el portal al Reino, cuidando a los Ancianos… pero vi que Rafael y Gabriel estaban en peligro y no lo pensé dos veces antes de ir en su ayuda, deje a mis guardianes en mi lugar y ellos no estaban calificados para tal trabajo. Unos demonios casi atraviesan el portal por mi descuido, y cuando la batalla termino los ancianos me castigaron por mi desobediencia. Fui enviada a la tierra a vivir una y otra vez como humana, sin recordar nada, padeciendo sus dolores y muertes. Mi última vida como castigo fue Bella, ella debió morir en ese accidente en la escuela pero no fue así y por eso siguió siendo puesta en peligro una y otra vez hasta que la muerte que le tocaba a su siguiente vida la alcanzo, el cáncer. –Sonreí un poco saliendo de mis recuerdos.- Supongo que la mala suerte si puede ser justificada.

Sentí el pecho de Emmett moverse por la risa pero yo baje la mirada hacia mis manos. Pensar en Bella era pensar en Edward, aleje ese recuerdo y me volví a concentrar en el ahora. Mire a Carlisle y él miraba a Esme quien se deshizo del agarre de Jasper y vino hacia nosotros sentándose sobre la pequeña mesa en el centro del salón y tomo la mano de Carlisle sin despegar la mirada de mí.

-¿Podrías explicarnos mejor eso de las vidas humanas cariño? –Dijo en voz cálida.

Asentí y me aclare la garganta para eliminar el nudo que se había formado en ella.

-Mi castigo comenzó en 1900 en Inglaterra. Ahí comenzó mi primera vida humana. Para aquel entonces la familia donde "nací" me coloco mi propio nombre sin saberlo, Isabel, no era muy diferente a mi apariencia justo ahora, cabello negro, ojos verdes… morí en 1922, -me atragante un poco ante esa información, sabía cuál sería su reacción.- de gripe española.

Ellos jadearon y Emmett incluso se acomodó en el sillón alejándome un poco de él para mirarme mejor. Asentí a la pregunta colectiva no formulada y baje de nuevo la mirada hacía mis manos.

-Para 1935 yo vivía en Alemania, mi nombre era Lizza, tenía el cabello negro y los ojos azules. Morí a los 17 en un accidente de coche. En 1958 vivía en Georgia, me llamaba Elizabeth, tenía el cabello castaño y los ojos café. Morí a los 23 al caer de un caballo. En 1973 vivía en Rusia, me llamaba Bethza, tenía el cabello rojizo y los ojos grises. Morí ahogada a los 15 años. En 1988 vivía en Nueva York, me llamaba Izzy, tenía el cabello negro y los ojos negros, digamos que esa fue una de mis vidas más rebeldes y morí a los 15 años de un disparo. En 2005 debí haber muerto a los 17. Esa era Isabella… -trague duro y cerré los ojos- se supone que esa iba a ser mi última vida humana, que luego de ese día yo iba a volver pero todo fue truncado. Así que siguieron asignándome accidentes para que muriera, para tener un motivo para tomar mi alma y nada funciono. Al permitir que mi vida se mezclara con la de unos condenados todo se complicó el doble para mí y los Ancianos exigían mi regreso pero no sabían de una manera que ustedes no pudieran impedir transformándome. Hasta…

No pude seguir, no podía seguir hablando de esa parte de mi vida… sentí mis mejillas humedecerse por las lágrimas me las seque bruscamente e inspire una gran bocanada de aire antes de abrir los ojos y mirar a Esme.

-La leucemia podía combatir el veneno. Mi sangre estaba podrida y eso evitaría que el veneno de vampiro funcionara. Cuando… cuando morí esta vez todo fue diferente, todo se les había salido de las manos a los Ancianos y los Ángeles de los hilos decidieron tomar cartas en el asunto ocupándose del... "problema". –Hice unas comillas en el aire y una mueca de dolor con la cara. Odiaba con todo mí ser a esos Ángeles, odiaba lo que me habían hecho. Así tuviera que guardarme el rencor en mi interior.

Esme tomo mis manos y las acaricio suavemente.

-¿Qué fue lo que sucedió cariño? ¿Cuál fue ese problema? –Dijo despacio.

Mis ojos no paraban de llorar pero mis labios en ningún momento sollozaron. Ellos no merecían mi dolor.

-Hay una razón por la cual yo morí en todas las vidas a temprana edad, 22, 17, 23, 15… ellos no podían permitir que yo formara una familia humana, que yo hiciera raíces en la tierra porque de esa manera no me recuperarían y bueno… nuevos seres existirían. –Me mordí con fuerza el labio evitando un sollozo.- El problema Esme, fue mi bebé, el problema fue que yo estaba embarazada cuando morí.

Ella alejo sus manos de las mías y se las llevó a los labios cubriendo su grito. Pude escuchar otro jadeo, pero este era más ahogado, más humano. Levante la mirada hacía la puerta que daba al jardín trasero de la casa vi a Anastasia de pie, totalmente pálida… y tomada de mano con Edward.

Cerré mis manos en puños y elimine toda expresión de mi cara. Me maldije mil veces por haber descuidado mis sentidos y no haber percibido que ellos estaban regresando. Apoye mi mano izquierda en la pierna de Emmett y me impulse levantándome. Christian estaba a punto de despertar y ya estaba lo suficiente recuperado como para brindarme un poco de energía a mí así que podría subir sola.

-Iré a ver a Christian. –Dije en voz neutra y sin mirar a nadie en especial.

-¿Segura no necesitas ayuda? –Sentí las manos de Emmett sostenerme por los hombros.

Le sonreí y negué con la cabeza lo más convincente posible.

-Christian ya está más repuesto y eso me da energía a mí.

Él me libero pero cuando pasaba cerca de Jasper el me tomo por el brazo y me hizo mirarlo a la cara.

-Aun no nos explicas que fue lo que hiciste con él. Estaba muerto y tú lo resucitaste emanando una luz de tus alas. ¿Qué fue todo eso?

Él estaba siendo más duro conmigo de lo que esperaba, había algo que a Jasper le afectaba y necesitaba averiguarlo. Fruncí el ceño y envié un poco de energía hacía mi brazo derecho haciendo que él se sobresaltara y me soltara.

-Ya he explicado eso. Puedo dar vida o quitarla. Le di vida. –Casi gruñí esas palabras.

-¿Por qué simplemente no hiciste lo que habían venido haciendo tus guardianes? ¿Sanarle la herida y dejar que se recuperara? –Él entrecerró los ojos.

Me envaré ante sus palabras. Él estaba intentando hacerme quedar como la mala. Su desconfianza hacía mi iba más allá de cualquier cosa.

-No me agrada como me estas tratando Jasper. –Me coloque de frente a él y camine hasta acercarme pero él se alejó unos pasos- Si tu miedo es que yo le haga a alguno de ellos lo que le hice a Félix… sí, debo reconocer que puedo hacerlo y que eso es solo la punta del iceberg. Pero jamás heriría a Esme o Carlisle. Jamás heriría a Alice o Emmett… o Rose. Entiende que sí yo quisiera hacerlo tu ni siquiera hubieras tenido la oportunidad de desconfiar de mí. –Jasper contrajo el rostro y miro a Alice- Y lo que paso con Christian es diferente a lo que Uriel hubiera podido hacer. ¿O es que acaso no notaste como sus poderes no lograron curarlo? El alma de Christian estaba lista para ser tomada y él ni siquiera iba a ir al reino conmigo, él iba a ser enviado a reencarnar en otro cuerpo. Entiende que yo no podía permitir que él me olvidara, que comenzara una nueva vida. Sé que esto puede sonar egoísta pero yo no podía permitir que mi esposo y el padre de mi hijo se alejara de mí. Así que le di la mitad de mi propia alma.

La presencia de Christian se hacía cada vez más fuerte. Él iba a despertar en cualquier momento. Necesitaba estar a su lado. Reanude mi paso hacia las escaleras pero antes de un parpadeo Edward estaba rente a mí.

-¿Esposo? –Gruño- Creí que se habían divorciado.

Fruncí el ceño ante la acidez de sus palabras.

-Los papeles del divorcio nunca fueron procesados. Ese día firme solo las propiedades. ¿No es así Jasper?

Hable sin dejar de mirar a los ojos a Edward. Era tan hermoso que dolía. Pero ya jamás podría volver a decirle lo que sentía por él. Ahora si había acabado todo y necesitaba hacer que me odiara, que ya no sintiera nada por mí. Que se alejara.

Lo siento… no sabes cuánto lo siento. –En mi mente.

Edward miro a Jasper y luego contrajo el rostro. Él no volvió a mirarme se quitó de mi camino y no espere que volvieran a interrogarme con algo más. Sentí la presencia de Christian totalmente recuperada, él había despertado. Sonreí ampliamente y sin pensarlo recogí un poco mi vestido y corrí escaleras arriba. Cuando llegue a la habitación entre de golpe y vi a Christian despierto y mirando hacía el techo.

-¿Cariño? –Dije bajito- ¿Estas bien?

Él poco a poco giro la cabeza y posó sus ojos grises en mí. Un fuerte escalofrío me erizó la piel y tuve que sostenerme con un poco de fuerza del pomo de la puerta para que las piernas no me fallaran. Él sonrió de lado notando el efecto que tuvo en mí. Le devolví la sonrisa tan amplia como pude y me acerque a él. Mientras más próximos estábamos más fuerte se sentía la energía en mi cuerpo, mis alas incluso se sacudieron un poco ante los escalofríos tan seguidos. Me senté en la orilla de la cama a la altura de sus piernas sin saber que decirle. Estuvimos un rato solo mirándonos a los ojos hasta que él sonrió más ampliamente y negó con la cabeza sin apartar la mirada de mí.

-Creí que todo había sido un maldito sueño. –Susurro.

La sonrisa se esfumo de mi cara, contraje las alas intentando hacerlas desaparecer detrás de mis hombros para que él no tuviera que lidiar con ello aun pero yo sabía que ya las había visto.

-Lamento si todo eso te abrumo de alguna manera, son… muchas cosas que procesar. –Me levante de la cama en un intento de alejarme- Te dejaré solo, supongo que necesitas pensar.

-¡No! –Se apresuró a decir y tomo mi mano- Ya he pasado el tiempo suficiente alejado de ti. A mí no importa si tienes alas o un tercer ojo Isabel..la.

Se trabo un poco al decir mi nombre y eso genero otra sonrisa en él pero esta vez de burla. Le devolví una sonrisa cálida y me senté de nuevo pero esta vez más cerca de él. Christian sujeto mejor mi mano y la sostuvo contra su corazón. El doble latido estaba ahí presente al igual que en mi pecho.

-Háblame de él. –Pidió con voz contenida.

Mi pecho se contrajo al entender sus palabras, parpadee varias veces tratando de alejar las lágrimas. Él no estaba gritando ni volviéndose loco. Él quería saber de mi bebé.

-Mis… guardianes le colocaron Ethan. Es muy perseverante y tiene una hermosa sonrisa. –mi voz se quebró al recordar la única vez que lo vi, abrí mi mente y le mostré la imagen a Christian.- Tiene tus ojos y tu cabello… de echo se parece mucho a ti. –Sonreí y sentí las lágrimas correr- Él está en un lugar donde ni siquiera yo puedo llegar. Amriel y Uriel lo han cuidado pero… los Ancianos no me dejan verlo. Ellos le hablan de mí, y de ti. Y sé que pregunta constantemente por nosotros, por mí.

Christian aparto la mirada lejos de la mía y frunció el ceño. Libere mi mano y acaricie su mejilla. Cuando pude lograr que me mirara de nuevo hable despacio.

-Lo voy a recuperar Christian. Cueste lo que me cueste mi bebé volverá a nuestro lado.

-¿Hay algo en lo que pueda ayudar?

Asentí y sonreí.

-Mantente fuerte. Por él y por mí. Si tú estás débil yo también lo estoy y si yo voy a intentar algo necesito mi fuerza.

Él asintió una sola vez y frunció más en ceño.

-¿Cuándo crees que vengan?

Pude notar un deje de miedo en él. Pero lo descarto inmediatamente.

Christian estaba preguntando por los cazadores. Ángeles al servicio directo de los Ancianos, enviados a reparar los errores de cualquier ser celestial. Yo sabía que ellos vendrían por mí, por Christian. Ellos querrían deshacer nuestro vínculo. Seres a quienes incluso yo les temía.

-No lo sé. Pronto.

Asintió y tomando mi mano me halo hasta tenerme tumbada sobre su pecho. No sé si fue el de él o el mío. Pero un latido se aceleró con la cercanía y el otro lo siguió de prisa, el tamborileo en su pecho me hizo cerrar los ojos y permitirme disfrutar de su cercanía, quien sabe cuánto nos iba a durar esto.

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Ya era de noche, podía sentir la respiración de Christian acompasada desde hace algunas horas. Pero yo no había podido conciliar el sueño. Sentía la presencia de Ana hacía el norte junto a la de Edward, solos en el bosque, los licántropos en el límite del rio hacia el oeste y los Cullen vagando por diferentes lugares de la casa. Esme se había acercado varías veces hasta la puerta de la habitación pero no había entrado, la primera incluso cerró la puerta que yo había dejado abierta dándonos un poco de privacidad a Christian y a mí. Me sentía incomoda al estar en su casa. Teníamos que alejarnos y Christian ya estaba en condiciones de viajar.

Respire profundo y me levante con cuidado para no despertarlo. Salí de la habitación lo más silenciosa que pude, note que ni los Cullen se dieron cuenta de mi presencia. Baja y encontré a Esme cocinando, algo que me sorprendió enormemente. Ella se giró hacía mí y casi deja caer la taza en sus manos pero sus reflejos reaccionaron a tiempo.

-¿Cocinas? –Pregunte desconcertada.

-Me diste un susto terrible cariño. –Dijo agitada, me reí un poco, jamás creí que algo los tomara desprevenidos a ellos. Ella me sonrío ampliamente y asintió- Es para Ana. Desde que está con nosotros he vuelto a cocinar luego de tantos años.

La sonrisa se borró de mi rostro, la presencia de Ana era muy importante para ellos. No pude evitar sentir celos.

-Entiendo. ¿Me prestas el teléfono? –Esme me miro un poco desconcertada y luego asintió.

Daba gracias el poder recordar todo, incluso un número de teléfono. Marque y espere hasta que la áspera voz respondió al otro lado. Pude sentir la conexión con su presencia. Estaba al norte de Seattle, en Villa B o Bellevue. Enfoque mi energía en su presencia e hice todo lo posible por lograr lo que quería.

-Hola Taylor. –Dije recostando la frente contra la pared, eso había sido agotador.

-Señora Grey. –Musita en tono cordial.

No está desconcertado, ni asustado. Creo que lo he conseguido.

-¿Crees que puedas venir a Forks por nosotros? Estamos en Casa de los Cullen. –Pregunto casi como una orden.

-Por supuesto. Saldré en seguida para allá.

-Trae algo de ropa para Christian, por favor. –Susurro.

-Sí, señora. –Dice en voz baja y yo cuelgo.

Coloque el auricular en su lugar y me recosté en el frío de la pared disfrutando de la frescura que me producía el contacto con mi herida en el ala. Cerré los ojos tratando de alejar tantas cosas de mi mente y no pude. La presencia de Ana estaba en el jardín trasero, alargar lo inevitable no era una buena opción así que me dirigí hacía allí y mire en todas direcciones tratando de encontrarla hasta que la localice en la copa de un árbol sentada en una rama junto a Edward. Nuevamente algo se revolvió en mi interior pero lo controle. Camine hasta el árbol y haciendo uso de mi energía renovada levite hasta quedar de cara a ellos. Ana abrió los ojos sorprendida y Edward torció el gesto y giro la cara para no verme. Lo ignore y enfoque mi atención en Ana.

-¿Podemos hablar? –Dije en voz tan cálida como pude- A solas.

Edward bufo y se impulsó lanzándose hacía el suelo. Sentí como se alejaba y vi como Ana lo seguía con la mirada con el semblante triste.

-No será mucho tiempo. Solo quería saber cómo estabas. –Susurre.

Ana volvió a mirarme y en sus ojos había un brillo extraño, casi parecía estar intentando ocultar su molestia.

-Yo estoy bien. Creo que la que debería preguntar eso soy yo. –Se encogió de hombros y aparto la mirada.

Suspire y me senté a su lado apoyando mis palmas en la rama bajo nosotras. Había una buena vista de gran parte del bosque dada la altura del árbol. El cielo estaba totalmente estrellado y despejado.

-Es una linda noche. –Comente casi para mí misma.

-Uhmm. –Asintió de acuerdo.

Mi irritación estaba llegando a su límite.

-¿Se puede saber que mierda te pasa? –Gruñí.

Ana se giró y me miro por un largo rato, sus ojos llenos de lágrimas que se desbordaron por sus mejillas.

-Pasa, que tú no eres mi hermana. ¡Nunca lo fuiste! –Grito con voz rota, palidecí ante su acusación- ¿Por qué has venido? ¿Por qué te preocupas por mí o por los Cullen? Deja de fingir que viniste para salvarme a mí, todo esto lo has hecho simplemente para poder volver a estar junto a tu esposo… -Arrugo la nariz y esas últimas palabras las pronunció con asco.

Abrí la boca varias veces intentando encontrar mi voz, mi pecho dolió ante su acusación. No había duda de que ella había escuchado gran parte de mi conversación con Carlisle y Esme. Ella creía que no éramos nada solo por el simple hecho de que yo fui una intrusa en su vida.

-Lamento haber regresado. Veo que solo soy una molestia para ti. –Me levante tratando de que mis energías no fallaran me quede hay suspendida aun dándole la espalda volví hablar, necesitaba saberlo- ¿Si yo no hubiera existido nunca en sus vidas, crees que todo sería mejor?

Ana tardo un poco en responder, y yo no sabía si la duda era buena o mala.

-Sí. –Susurro- Todo sería mejor si tú no hubieras estado en nuestras vidas.

Cerré los ojos con fuerza y sentí como las lágrimas se derramaban por mis mejillas y como mi corazón se oprimía en mi pecho.

-Bien, deseo concedido.

Mi piel se erizo al escuchar esa voz y sentí la presencia que tanto temía llegara. Estaban por todos lados, no había escapatoria. Escuche un grito desgarrador a mi espalda y cuando me gire vi como él sostenía a Anastasia por el cuello y tenía su daga contra la garganta de ella. Un frío helado me recorrió el cuerpo, intente expandir mis alas para llegar a ellos más de prisa pero no pude, la derecha aún estaba muy lastimada.

-Te conviene no hacer nada estúpido, Isabel.

Me apoye de pie en la rama donde había estado sentada segundos antes junto a Ana. No era solo mi ala lo que fallaba, también mis energías, no podía ni siquiera sacar mis propias dagas. Mi corazón se oprimió fuerte al saber que contra ellos yo no tenía escapatoria. Mire por el rabillo del ojo hacía el ventanal que daba a la habitación donde estaba Christian. Rogué con todas mis fuerzas que no despertara aun.

-Si han venido por mi supongo que deberías dejarla ir a ella. –Fue patético como casi le suplique.

Su sonrisa se expandió casi resplandeciendo en medio de la noche. Sus alas se batían con suavidad a pesar de que él estaba sosteniendo el peso de Anastasia solo con un brazo.

-Como quieras. –Susurro y soltó a Ana quien cayó en picada hacía el suelo.

-¡NO! –Grite y sin pensarlo me lance detrás de ella.

Cuando Ana estaba a punto de tocar el suelo Edward llego y la atajó entre sus brazos, expandí las alas con un grito de dolor tratando de reducir la velocidad de mi propia caída. Llegue despacio al suelo y caí arrodillada sosteniendo con fuerza mi hombro derecho.

-Mira que bajo has caído, Isabel. Literalmente. –Se rió con fuerza aterrizando cerca de nosotros.

Mire a Edward quien no apartaba su mirada de mí. Sonreí ligeramente, parecía realmente asustado. Abrí mis dones hacía él y le permití ver mi mente. Él jadeo y abrió mucho más los ojos.

«Por favor sácala de aquí. Llévate a todos lejos del pueblo

Le mostré lo que los Cazadores eran capaces de hacer y él solo asintió desapareciendo dentro de la casa. Sentía el líquido de mi sangre bajar por mi espalda, había vuelto a desgarrar mi herida con el esfuerzo reciente, ya ni siquiera podía pelear con dignidad.

-Has lo que viniste hacer de una vez. –Gruñí- ¿Qué esperas? ¿Acaso no es esto lo que siempre quisiste Samael? ¡Acabar conmigo!

El Ángel soltó una sonora carcajada que tintineo al eco del bosque, nunca había entendido como alguien tan "puro" podía ser tan malvado. Baje la cabeza intentando recuperar el aliento, estaba sudando frío y me sentía mareada. Pude ver como vino y se hincó frente a mí. Una de sus manos tironeo de mi cabello haciéndome levantar la cabeza y mirarlo a la cara.

-Los Ancianos me enviaron por ti y tu pequeño error ahí dentro. –Señalo la casa con la cabeza y luego sonrió- aunque desearía poder hacer muchas cosas contigo en este momento cariño, no puedo. Me ordenaron llevarlos con vida, a ambos.

Intente negar con la cabeza pero su agarre me lo impidió.

-Tú problema es conmigo. El problema de los Ancianos es conmigo. ¡Dejen a Christian en paz! –Suplique en un susurro.

Samael sonrió y algo brillo en sus ojos. Se puso de pie tironeando mi cabello y poniéndome de pie a mí también. Hice una mueca de dolor y unas lágrimas se escaparon de mis ojos para deleite del Cazador.

-Jamás creí verte tan vulnerable, Isabel. –Acaricio mi mejilla con la mano libre y seco mis lágrimas, intente alejarme pero me lo impidió- La pequeña guerrera, la más fuerte de los Arcángeles superiores ha sucumbido ante unos sentimientos que la están destruyendo. ¿Tienes idea de lo decepcionado que estoy de ti? Tanto tiempo viendo como eras la mejor y lo arruinas desobedeciendo una simple orden y cuando por fin logras regresar… ¡Huyes para ver a unos condenados y salvar la vida de un humano! ¿En que estabas pensando?

No respondí me limite a mirarlo a los ojos, eran tan negros como el vacío, no había nada de luz en ellos y eso solo lograba que le tuviera más miedo.

-¿Por qué me odias tanto, Samael? –Susurre.

Su expresión cambio un poco y de un salto se alejó de mí haciendo que cayera sentada de golpe en el suelo. Lo vi caminar de un lado a otro en el jardín, levanto la mano derecha y uno de los Cazadores a su servicio aterrizo a su lado.

-Trae al neofits. –Le ordeno.

-Samael no, por favor, por favor no lo hagas. –Suplique en el sollozo que estuve evitando durante tanto tiempo.

Él me miro y asintió hacia el Ángel quien desapareció en busca de Christian. Me deje caer de espalda en el suelo sin importarme el dolor de la herida. Había una herida aún más grande y dolorosa en mi corazón. Quise salvarlo y ahora solo he logrado que lo destruyan, que su alma sea enviada al vacío.

Sentí como mi cuerpo era levantado del suelo y colocado en posición vertical. Mire casi sin ver a Samael con su mano extendida hacía mí, haciendo uso de su energía para mantenerme en el aire.

-Solo para que sepas, Isabel. –Dijo en voz baja y cargada de emociones que no supe descifrar- Yo no te odio.

Samael levanto la otra mano y de su palma salió una ráfaga de fuego en dirección a la casa. Sentí la presencia de Christian desaparecer dentro de la casa y vi a Samael emprender vuelo y tomarme en brazos. La casa tardó un segundo en comenzar arder en llamas. No podía sentir la presencia de los Cullen, ni de Ana. Solo rogaba porque se encontraran lo suficiente lejos como para que ninguno de los cazadores los encontrara. Pude sentir como el portal estaba abierto, ahora las vidas de Christian y la mía estaban en manos de los ancianos y yo en lo único que podía pensar era en las consecuencias que traería esto a mi pequeño bebé.

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Cuando atravesamos la verja dorada que daba al reino yo ya no tenía fuerzas ni para hablar. Samael me llevaba en brazos y podía sentir como su energía trataba de hacer que el sangrado parara.

-¡Isabel! –Escuche que una voz gritaba mi nombre.

Unas lágrimas cayeron de mis ojos y se corrieron por las cien hasta mi cabello. Sentí todo el recorrido de cada gota. Abrí los ojos y vi todo al revés. Mi cuerpo estaba tan débil que caía flácido entre los brazos de Samael. Divise la silueta de Amriel como trataba de acercarse pero los Cazadores no lo dejaban. Veía su cuerpo sacudiéndose y como posiblemente estaba gritando pero yo ya no escuchaba nada más. Era como si todo se hiciera más lento y lejano con cada parpadeo, con cada paso que daba Samael, con cada latido doble de mi corazón. Cerré los ojos y poco después escuche las grandes puertas del concejo abrirse, el miedo me recorrió el cuerpo y se alojó en mi pecho. Samael me bajo dejándome recostada en el suelo. Trate de recuperar los sentidos y abrí los ojos de nuevo. Estaban los cinco Ancianos en sus tronos.

-¡¿Pero qué es lo que has hecho Samael?! –Escuche que grito Miguel.

Así que los Arcángeles estaban aquí también. Cerré los ojos y respire aliviada, quizás si ellos veían mi muerte no cometían la estupidez que yo cometí.

-No fui yo. –Gruño Samael- Cuando llegue ella ya estaba lastimada.

Sentí unas manos acariciar mi frente, eran tan suaves como el toque de una pluma. Abrí los ojos y me topé con la mirada preocupada de Gabriel. Su semblante estaba rígido, levanto la mirada y frunció el ceño.

-¡Tienen que dejar que su Ángel sanador la cure! –Grito hacía los ancianos- ¡Está perdiendo mucha sangre!

-¡Deja los gritos Gabriel! –Gruño Malik, el anciano mayor. Le mire y sus ojos destilaban desaprobación hacia nosotros.- Uriel, ¿puedes hacer algo?

Por un momento creí que estaba hablando con mi guardián pero en realidad se estaba dirigiendo al Arcángel que llevaba el mismo nombre. No escuche respuesta pero Gabriel me tomo en brazos con cuidado y me sentó en el suelo sin moverme mucho. Apoyo mi cabeza en su hombro y me acarició la mejilla suavemente. Las punzantes ráfagas de energía que emanó el Arcángel me hicieron soltar un alarido de dolor. Sentí como mi piel iba sanando, como el ala se iba adhiriendo nuevamente a mi cuerpo. Gabriel me sostuvo con fuerza tratando de hacerme calmar pero dolía demasiado. Mis energías se iban recuperando poco a poco también, lo sostuve con fuerza abrazándolo y enterré mi cara en el hueco de su cuello. Cuando la conexión de su energía con mi cuerpo se rompió sentí un dolor terrible y poco a poco todo se oscureció.

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Cuando desperté me encontraba en mi pabellón. Lo reconocí por el cello en la cúpula sobre mí. Me levante y descubrí que no estaba sola.

-Ya era hora que despertaras. –Sonrío Mikhael- Nos tenías muy preocupados, sobre todo a Amriel.

-¿Dónde está Christian? –Pregunte con desesperación- ¿Qué paso con Ethan?

Me levante del diván donde me encontraba e intente caminar hacia él pero mis piernas me temblaban.

-¡Wooah! Con calma Isabel. –Mikhael me atrapo entre sus brazos y me ayudo a volver al diván- Aún estás un poco débil. Christian está bien, custodiado por los Cazadores. De Ethan… de él no sabemos nada.

El alma se me fue a los pies. Mi bebé

-Llamaré a Haniel para que te ayude a limpiarte, los Ancianos han estado esperando que despiertes. –Dijo y salió del pabellón.

Me quede allí sentada sin saber qué hacer. Mis energías definitivamente estabas muy recuperadas, el estar aquí arriba me hacía muy bien y, si yo estaba bien significa que Christian también. Suspire un poco aliviada. Por el rabillo del ojo vi a una figura acercarse. Me gire y vi a Haniel haciendo una reverencia hacía mí.

-Me alegra que este de regreso mi señora. –Susurro casi con miedo.

De regreso… yo no estaba de regreso, yo ni siquiera había planeado volver aquí.

Haniel fue hasta la bañera y la lleno, se giró hacía mí sin saber qué hacer. En otras circunstancias ella hubiera sonreído ampliamente e incluso hubiera charlado más. Las cosas estaban tensas incluso para ella. Me sentía como si ella fuera una de esas personas que arreglan muertos en las funerarias. Entrecerré los ojos y me acerque a ella. Deslice mi vestido hasta quitármelo y me sumergí en la bañera. Sentí las suaves manos de Haniel acariciar mi espalda al limpiar la sangre.

Cuando termino de limpiarme, Haniel me ayudo a vestirme con un suave vestido de seda blanca y me trenzo el cabello.

-¿Por qué te esfuerzas en arreglarme tanto? –No pude evitar preguntarle.

-La señora Cassiel me lo ha pedido especialmente. –Susurro casi orgullosa.

¿Uno de los Ancianos había pedido que me arreglaran? Fruncí el entrecejo y me tense aún más. ¿Por qué se preocupaban en sanarme y arreglarme si a fin de cuentas me iban a matar? Cuando estuve lista Haniel me miro y se permitió sonreír un poco.

-Si me permite decirlo, está usted muy hermosa mi señora Isabel. Por favor vaya al salón del concejo. –Se alejó para salir del pabellón pero antes se giró y me sonrió- Le deseo mucha suerte en su audiencia.

Y dejándome perpleja con esas últimas palabras se fue.

Una audiencia… así que eso era lo que preparaban los Ancianos. Me levante y caminé hasta los confines del reino sin preocuparme por las miradas que recibía aquí y allá de cada ser celestial que me topaba en el camino. Cuando llegue a las puertas del salón del concejo no tuve tiempo de siquiera dudarlo. Los guardianes a los lados de las puertas las abrieron a penas me vieron.

Di un largo suspiro para infundirme valor y camine dentro del salón.

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Un sonido en el fondo de mi mente me decía que era momento de abrir los ojos. Me removí un poco inquieta intentando descifrar donde me encontraba y que era lo que pasaba.

-¿Isabella? Despierta, nena.

Christian me besa justo debajo de la oreja.

El escuchar su voz más como el Christian de antes, aquel del que me enamore me hace abrir los ojos; es de día y yo me encuentro acostada de lado abrazada a la almohada. En nuestra habitación, en Escala.

¿Qué carajos?

Me doy vuelta para mirarlo, él está sonriendo como nunca, se inclina sombre mí y frota su nariz con la mía.

-Buenos días, señora Grey.

¿Señora Grey? Frunzo el ceño y me froto los ojos fuertemente mientras me desperezo debajo de él, no entiendo nada. ¿Todo fue un sueño?

-Luces adorablemente confundida. –Se burló Christian.

Asentí él me besa en los labios y se incorpora. Lleva puesto solo los esos pantalones de pijama que le quedan terriblemente sexys.

-Le diré a Gail que prepare el desayuno. –Informa y camina hacia la puerta.

No entiendo nada de lo que está pasando. Sacudo la cabeza y me levanto en dirección al baño. Siento la mirada de Christian seguirme le miro y está de pie en la puerta de la habitación sonriendo con ternura, los ojos le brillan y se ve terriblemente feliz.

Arqueo una ceja en su dirección y él se encoge de hombros.

-Te ves preciosa. –Comenta sonriendo y se va cerrando la puerta tras él.

Sonrió y siento el rubor en mis mejillas. ¿Cómo puede verme preciosa a las siete de la mañana cuando posiblemente tengo lagañas en los ojos?

Sacudo la cabeza y entro al baño. Tal vez luego de la ducha se me aclaren las ideas. Pero mientras me quito la camisa de Christian que he usado para dormir un grito ahogado se escapa de mis labios. Corro al gran espejo y me coloco de pie frente a él. No puedo evitar sonreír y derramar algunas lágrimas de felicidad. Me ducho rápido y corro al vestidor.

Decido usar un vestido verde musgo y una chaqueta de traje negra, recojo mi cabello en una coleta y me calzo unas bailarinas negras. No necesito maquillaje para iluminar mi cara, camino hacía la cocina en busca de Christian y lo encuentro con los codos apoyados en la barra de desayuno y una humeante taza de café en las manos. Él levanta la mirada por sobre la taza y puedo percibir que está tratando de esconder una sonrisa.

-¿Tu sabias de esto? –Señalo con un dedo abarcando la longitud de mi vientre pronunciado- ¿Tenías idea de esto?

Christian suelta la taza y camina hacía mi sonriendo ampliamente.

-Lo descubrí cuando desperté. Hace unas dos horas.

Él intento acercarse a mí pero percibí el olor de café proveniente de él y le coloque una mano directamente en la boca alejándolo un poco de mí. Y con la otra cubrí mi nariz.

-Ve a lavarte los dientes por favor. –Ordene tratando de contener las náuseas.

Mierda, no recordaba que el café es mi kriptonita en estos momentos. Christian aparta mi mano de sus labios y la besa mientras se ríe.

-Así que él también será un amante del té. –Comenta y se aleja un poco- Bien, usted manda, señora Grey.

Lo veo alejarse y yo trato de entrar a la cocina sin tener que salir huyendo de ahí. Pero veo a Gail retirar la taza de café y sonreírme.

-Ya me deshice de él, querida. ¿Qué le apetece desayunar?

La miro por un largo rato, no me había dado cuenta de cuanto la he extrañado. Retiro la mano de mi nariz y me siento un taburete de la barra de desayuno.

-Solo granola y un jugo de naranja estaría bien.

Ella asiente en aprobación y se pone manos a la obra. Siento un tirón en mi barriga y me llevo las manos a ella.

-¡Uhg! –Gimo de dolor.

Acaricio el lugar donde el pequeño ha pateado y respiro profundo hasta que siento el dolor desvanecerse.

-Sí, buenos días a ti también. –Susurro hacía mi barriga.

No puedo creer que todo esto esté pasando, es como si nada hubiera cambiado. Bueno yo desde luego cambie, al mirarme en el espejo no solo note mi abultado vientre de al menos seis meses de embarazo sino que también conserve mi apariencia real. Mi cabello negro y mis ojos verdes con destellos dorados y grises. Sentía en mi pecho un doble palpitar y mi marca aún se podía percibir en mi espalda.

-Aquí tiene.

Gail coloco un plato de granola frente a mí sacándome de mis pensamientos. Le sonreí agradecida y comencé a comer, realmente tenía mucha hambre. Justo cuando termine y estaba bebiendo un poco de jugo Christian volvió recién duchado, fresco y hermoso. Llevaba puesta una camisa blanca con las mangas dobladas hasta los codos y unos jeans con unos mocasines marrones. Era un poco impropio de él e igualmente se veía tan hermoso que dolía.

Me sonrió ampliamente y se acercó hasta colocar una mano sobre mi vientre.

-¿Qué haremos hoy? –Pregunte bajito.

Él apoyo su frente en la mía y movió la mano acariciando mi vientre.

-Quiero un día solo para nosotros.

Cerré los ojos cuando me beso la frente. Se alejó y me tendió la mano. Lo miré durante un momento y luego tome su mano.

«¿Qué crees que sucedió? Yo no recuerdo nada.»

Christian apretó mi mano ligeramente al escucharme en su mente y bajo la mirada.

-No lo sé cariño. Pero lo que sí sé es que nos han dado una nueva oportunidad.

Asentí y me permití sonreír con los ojos anegados de lágrimas. Pero aun había una interrogante sin respuesta.

¿Dónde están los demás?

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¡Hola! La demora está demás mencionarla lamento que mi mala salud me ocupe tanto tiempo y agradezco a lo que sea que las mantiene aquí capítulo a capítulo.

Sé que probablemente se están preguntando que ocurrió al final, que paso con los Cullen y por qué ella ha vuelto a un punto muerto de la historia y lamento decepcionarlas pero aquí no puedo explicarlo aun.

Las quiero mucho aunque me estén odiando en este momento, esto es una linda manera de escapar de mi realidad no tan perfecta.

Mis redes sociales están a su disposición en el perfil o si gustan puedo darles el Whatsapp o BBm pin para que me agreguen, estaré encantada de responder cualquier duda que tengan respecto al capítulo.

xx

Maiia.