Después de la catastrófica y terrible vergüenza matutina, durante todo el camino a Viena, Suiza le da vueltas a todo lo que ha contado el día anterior y lo extraño que ha sido este día en todos los aspectos. Cuando entra a la ciudad habiendo ido lo más rápido posible, marca el celular del austriaco.

—Haaallooo~ —saluda musicalmente una voz femenina.

—Ehm... ¿Quién habla?

—Mi nombre es Rachel, ¿quién eres tú?

—¿Qué haces con el teléfono de Österreich?

—Está esperando una llamada, pero está prohibido dentro. Estaba revisando sus mensajes pero... nunca había visto un móvil más aburrido, no tiene ni una foto mísera —sigue hablando, ¿de verdad tienes que contarle eso?

—¿Adentro de dónde? Estaba perdido. Y la llamada que espera es la... —se corta—. ¿Estabas espiando su teléfono?

—Ja, pero puf... nada y los mensajes... ni siquiera eso, es más seco.

—Ja. Y no contesta nunca el teléfono, debe tener un millón de llamadas perdidas. Pero volviendo al asunto. ¿Dónde está y por qué tienes tú su teléfono?

—¡Ah! ¿Tú crees? Tal vez busque ahí.

—¡No busques! ¿Dónde está?

—¡Bueno, gracias por la idea! —dispuesta a colgarle.

—Eh! ¿Pero dónde está? ¡Comunícame con él!

—¿Eh? Pero no puedo.

—¡Sí que puedes! ¡Si me espera! ¿O que te dió a cambio?

—Yo NO pienso entrar ahí.

—¿Por?

—Porque está gritando a todos.

—Gritando —Suiza se lo piensa unos segundos y luego finalmente concluye—. ¿Están en el Musikverein? Es decir, Österreich, que estaba perdido y por quien he venido justo por eso, ¿ya no lo está?

—Ja, claro. Nein, nein, antes han ido a buscarlo, me parece. Ha venido con Lena —hace una mueca de desagrado. En el fondo... Suiza quería venir y esta puede ser una oportunidad excelente para espiar un poco.

—¿Y qué te ha dicho que hicieras?

—Pues que me quedara aquí esperando y atendiera a sus llamadas.

—Sus llamadas. Fantástico. De secretaria.

—Pero ahora que lo pienso no me has dicho quién eres ni que quieres.

—Ya te he dicho que soy Schweiz. Soy la llamada que esperabas.

—¡Ah! ¡Eres el novio! —chilla de repente.

—Wa-Was?! —Sonrojo... Frenado abrupto.

—Waaaaah! ¡No puedes venir!

—Sí que puedo ir, él sabe que estoy yendo.

—¡Ah! Ah ¿sí? —se detiene.

—Pues he venido de London hasta aquí porque estaba perdido.

—Ah... pues... ehm... vale, ven. Pero te escondes, no quiero que me eche la bronca.

Levanta las cejas con eso.

—¿Es —carraspeo—, bonito lo que compone?

—Ja! Es increíble, nunca había oído nada igual... pero es muy duro. Muy MUY duro.

—¿Duro?

—Ja! No hace más que gritar a todos.

—¡Ah! ÉL es duro. No la música.

—Ja, ja.

—¿Está siendo más duro que de costumbre, entonces? —Suiza sonríe levemente de lado.

—Yo personalmente no le conozco mucho, pero todos dicen que sí.

—Y la música es hermosa.

—Oh, sí, mucho. Un poco eclesiástica, hay un coro incluso.

A Suiza le gustan los coros, en efecto. Tanto que su himno es un salmo. Se limpia el sudor de las manos en el pantalón.

—U-Un coro —y es que tiene gracia, porque Suiza siente una tremenda incapacidad de entender a Austria cuando hace música, pero solo con esto, ya tiene maripositas en el estómago—. Y-Y... ¿Qué más?

—Pues es larga y cambia de ritmo varias veces. Hay un piano y un violín. Y dicen que hay una parte de órgano que aún no hemos oído.

—Él no puede tocar —comenta y... para ser tan incapaz de entender a Austria, Suiza, he de decir que eres bastante hábil para imaginar música—. Estoy llegando, salga por mí, bitte.

—Nein, creo que ya lo sabe pero... no termina de hacerse a la idea.

—Ya tendrá oportunidad de tocarme —sentencia Suiza sin pensar y levanta las cejas con cara de pánico—. Es decir, de tocar para mí. ¡P-Para mí!

—Uuuuuuuh —se ríe ella saliendo del edificio.

—Ningún uhhhh! —chillonea apagando el coche. Ella se ríe más—. ¡No te rías! ¡Es de verdad! ¿Y dónde estás, saliendo por la puerta maldita de los músicos?

—Ja —gira con el teléfono al oído—. Soy una chica morena súper mona con una minifalda de infarto de color morado, medias de rayas y una camiseta negra.

—Minifalda de infarto color morado —protesta haciendo los ojos en blanco, buscándola—. ¿Qué haces trabajando en el Musikverein?

—Canto en el coro. ¿No notas mi voz melodiosa?

—Eso lo explica todo —debe escuchar tras ella a Suiza mientras cuelga el teléfono. Ella se gira y levanta las cejas al verle.

—¿Eres tú?

—Ja —Suiza frunce el ceño.

—Wow —le mete un repaso de arriba abajo. Suiza se sonroja sin saber si es un wow de agrado o desprecio.

—Was?

—Estás bueno. No pensaba que lo estuvieras. Cabrón con suerte.

El suizo se sonroja más y le mira con cierto horror.

—Was? Vuelve a llamarme cabrón... —ya, ya imaginamos que no era a él, pero a Suiza habitualmente le cuestan algunas cosas.

—¡Tú no! ¡Él!

Parpadea dos veces y se sonroja más.

—¿Cómo puedes casarte con alguien como él? Debe ser muy bueno en la cama —ella le rodea para verle bien.

—W-WAS?! —sí, chica, sí, tenías mejor oído hace un segundo. Puede que lo recuperes en un mes. Suiza gira un poco con ella sintiéndose observado, así más o menos como cuando Francia le rodea—. ¿Qué tiene de malo él?

—Pues es así como muy... estirado y... estricto, ¿no? —trata de tocarle el culo, creo que es italiana. Si no lo es y sus padres no lo son tampoco, yo revisaría la procedencia del lechero con una ceja levantada.

—Es estirado y estricto e insufrible e insoportable e indeseable —resume y... es que es chicaaaaa, no va a darle un manotazo para que no le toque el culo. Puede que si de un buen salto, eso sí.

—¡Pues por eso!

—Pero es bien parecido —creo que lo ha dicho sin pensar demasiado preocupado por su mano y su culo.

—No tanto como tú...

—Verdammt, ¡basta ya! Si te ha pedido que te burles para distraerme —está funcionando, piensa para sí, sonrojadito.

—No me estoy burlando. Seguro te ves genial sin ropa, pareces muy atlético. Ven, vamos dentro —le toma de la mano. Suiza se pregunta sinceramente por qué no le gustan las chicas. Hasta ahora tendría DOS bastante bonitas. Se deja arrastrar sonrojaaado.

—Necesito esconderme para o-oír sin que me vea... ¿Dónde puedo hacer eso?

—Te pondremos una peluca de attrezzo, ropa del coro y te maquillaré un poco. Saldrás con nosotros.

—¡¿Q-Que salga con el coro?!

—Ja, solo tienes que mover los labios con nosotros sin hacer ruido, vamos —tira de él hacia los camerinos.

—Va a darse cuenta... —sospecha en un susurrito dejándose arrastrar.

—Nein, nein, vamos.

Suiza piensa que esta es una de esas cosas que él NO suele hacer. Ni haría regularmente. Parece una cosa más de Inglaterra que de él. Claro que casarse tampoco suele hacerlo, esa es una cosa de Austria. De hecho confiar en Austria tampoco suele hacerlo... Esa es cosa de Alemania. Tampoco suele quedarse a dormir en casa de un amigo porque se le fue el tiempo y encima encontrárselo desnudo a la mañana siguiente... Esa le parecía cosa como de Prusia. Quizás su madre no le reconocería la próxima vez que le viera.

—Va a matarte a ti también como se entere...

—Hombre... —lo mete a uno de los camerinos y le suelta empezando a buscar por ahí—. No le digas y quítate la camisa.

—¿Q-Que me quite la camisa? ¿Por? —recuerda a Galia por un instante empezando a entrar en pánico. Se recuerda a si mismo que pudo con Galia...

—Pues para maquillarte sin que se ensucie y ponerte la toga de Michel.

Traga saliva y vacila pensando que es peeeesima idea. Pero piensa que Austria no va a leer en su boda, quizás él podría tener un pequeño preview de la música a cambio. Se la quita sintiéndose un poco un chico malo.

—Oh, dios, mío —es que se le cae la mandíbula. Suiza la mira y se sonroja.

—W-Was?

—P-Pues que... —ella se sonroja, hace una risita y se acerca con una mano levantada para tocarle.

El de ojos verdes da un pasito atrás y los músculos se le mueven de manera perfecta. Ella es que... es que se sonroja y retrae un poco la mano.

Concurso de sonrojos. Aprieta un poco los músculos del abdomen sin siquiera notarlo.

—¿V-Vas a prestarme la peluca?

—E-eh? —estaba embobada.

—La peluca —levanta los brazos señalándose el pelo y se le marcan los músculos.

—L-La... —ella se emboba más.

—Ehm... ¿Ch-chica? —Suiza carraspea consternado.

—Mjm? —es que ni le mira a los ojos.

Suiza se abraza a si mismo avergonzado. Ella parpadea saliendo del embobamiento y se sonroja.

—La... ehm... toga —se la tiende.

Él la toma con una mano sin dejar de abrazarse con la otra, sacando vapor de agua por las orejas mientras la chica sigue miraaaaandole. Suiza se pone la toga por la cabeza... Al revés.

—Ya está, ¿qué más necesito?

—¿Puedo tocarte? —pregunta ella.

—¿Tocarme para qué?

—Porque eres... tú... estás... —risita

—No estoy nada.

—Sí que lo estás —se acerca.

Suiza se queda inmóvil. Menos mal que no te gustan las chicas porque eres tremendamente torpe.

—Y llevas la ropa del revés —risita de nuevo, le pone la mano sobre el pecho.

—La ropa al re... Oh!

Ella intenta meterle las manos bajo la toga como si fuera a ayudarle y Suiza da un buen salto sintiéndose un poco acosado. ¿Seguro que no es francesa esta chica? Tal vez... mitad y mitad. Se ríe nerviosa.

—¿Q-Qué haces?

—Tranquilo, solo estaba ayudándote.

—Menos mal...

—Tengo... tengo la peluca aquí detrás —la saca, es con el pelo rosa.

Suiza parpadea.

—¿Disculpa? Va a mirarme con eso entre cualquier multitud.

—Ah... —nota la que ha sacado y se ríe tontamente, buscando otra. Suiza se sonroja pensando en la vez del pelo rosa. Hoy es el día de pensar en sexo con Inglaterra por lo que se ve.

—Encuentra una castaña o morena.

Ella saca una negra de pelo laaaargo.

—¿Pretendes vestirme de mujer?

—Hay chicos que usan el pelo largo.

—¿Así como Rapunzel?—sarcasmo

—Ja, venga, corre, nos toca muy pronto.

Claro, como Suiza se pone pelucas todos los días. Evidentemente se la pone como sombrero y le queda la mitad de fuera.

—Neeeein. Ven —lo hace sentarse. Ahí va dejándose hacer como habitualmente. Ella le arregla la peluca y toma el maquillaje. Ten miedo.

—Nein, esa cosa no.

—¡Pues conoce tu cara!

—Va a conocerla igual aunque me dejes como payaso.

—Nein, nein, ya veras, cierra los ojos.

—¿Vas a dejarme como chica?

—Nah.

Suiza cierra los ojos porque... Él así es, confía en la gente. Luego se arrepiente. Ella le pinta los ojos y labios de negro así en plan gótico, haciéndole la cara blanca y luego le recorta la peluca.

—¿En vez de quien, dices, voy a entrar? ¿Tienen a un corista así de ridículo?

—Nah, Michel es un chico bueno. A ti no te va mucho el punk, ¿verdad? No tiene pinta si te vas a casar con él.

—Evidentemente no me va el punk. Aunque una vez traje el pelo rosa —¿por qué estás contándole esto?

—¿Va en serio? ¿Por?

—Un error con... Unas drogas.

—¡Drogas! Ni me imagino que pasaría si drogáramos al demonio.

Suiza sonríe levemente de lado con ese comentario.

—Cocaína.

—¿Cocaína?

—Fue hace mucho tiempo. El "demonio" como lo llamas, experimentó por un buen tiempo.

—¿De veras? ¿El que está ahí gritando?

Suiza suspira tocándose la cara.

—El mismo. Seguramente podrá contarte de lo mucho que aprendió del autocontrol con su ayuda.

—Anda ya... aunque bueno, tener una boda homosexual ya sale un poco de lo que se podría esperar de él.

—¿Que esperarías de él? ¿Una bonita boda con una bonita chica, en una bonita iglesia con unas bonitas flores? También ya la tuvo —murmura.

—Pues... Ah, sí, ya nos ha contado de los músicos de esa boda y como nosotros somos una panda de mantas e idiotas sin talento ni sensibilidad.

—¿A diferencia de los músicos de su otra boda? —ojos en blanco—. No creo que los otros músicos le hayan parecido satisfactorios.

—Le dijimos que los contratara a ellos y dijo que estaban todos muertos —se encoge de hombros—. A mí me parece que necesita que lo relajen. Tal vez podrías hacernos un favor a todos.

El helvético se sonroja y se le nota aun debajo del maquillaje blanco.

—¡T... Tú! ¡Como te llames! Y... Relajado está! ¡Y deja de decir tonterías! Y... —sigue protestando

—Y básicamente no tiene en el culo el palo adecuado. O espera... ¿Quién de los dos da?

—W-Was?! ¡No me puedes hacer esa pregunta! ¡Es nuestra vida personal!

—¿Por qué no?

—¡Porque es incorrecta! Además de ser una pregunta estúpida que hace la gente que no tiene ni idea.

—¿Por?

—¡Porque no funciona así! —suelta un chillidito—. Sería estúpido si funcionara así, que uno... Y el otro... Porquedemoniosestamoshablandodeesto?!

—Pues no podéis hacerlo los dos a la vez.

—Nein, pero no vamos a hacerlo igual siempre. ¿Podríamos cambiar el tema? danke.

—¿Vais cambiando? De postura y eso ya me imagino, pero... ¿eso también? Y hace mucho que tú no se lo haces a él, ¿no?

—Was?!

—Tú a él.

—Ja, ja... Sí que te entendido, ¿¡pero cómo es que me estas preguntando eso?!

—¡Pues por como grita a todos!

—¡Grita igual si le hago eso o no!

—¿En serio? —bufa.

—Tiene ese carácter siempre.

—Ja. Vamos.

—Ya te lo digo yo, es insoportable. Aunque hay momentos de mejor humor y otros de peor... Esperaría yo que esté fuera uno de mejor humor.

—Si está de buen humor, no quiero verlo cuando está de malas. ¿A ti también te grita? ¿O es que os va el sado?

—¡Claro que no me grita! ¡Y claro que no nos va el sado! ¡Qué clase de preguntas locas son estas! —ya, bueno, es que... Tú no tocas un instrumento musical, seguro también te gritaría—. En realidad, conmigo se comporta porque sabe con quién meterse.

JA! De hecho puede que todos vean cómo te grita cuando te escuche cantar hoy si es que no te reconoce a la primera.

—Pues da toda la pinta, todos hablan de una fusta.

Suiza la sigue, eso sí, seguramente hacia donde está el austríaco y es mientras camina que se pasa las manos por el pelo, tranquilizándose al ver que está más corto. Seguro pareces caricatura japonesa o algo así, Suiza.

—A-Ah, el asunto de la fusta. Te aseguro que no necesita una para conseguir lo que quiere—responde sonrojadito y este si es un buen momento para verse reflejado en algún lado, ahora que ya no hay vuelta atrás.

—¿No lo... necesita? Que FUERTE. Ahora voy a imaginarlo haciendo eso cada vez que le vea. ¿Te ata con cadenas o algo?

—Was?! Nein! —eso tampoco lo necesita, en realidad—, todo es completamente normal sin ninguna perversión.

—Naaah, no te creo —le mete entre el resto de la gente del coro.

—¿Por qué no vas a creerme? —pregunta bajando el tono y preocupándose al ver que es inminente.

—Por qué has dicho que se metía coca y tú estás cañón y él no necesita una fusta —resume. Las orejas de Suiza se sonrojan.

—¡Eso suena más pervertido de lo que es! —chilla en susurro.

—Shhh —empiezan a entrar.

Suiza se calla, poniéndose verdaderamente nervioso porque además no le han dicho que hacer con precisión... Trata de quedar lejos y escondido, buscando a Austria con la mirada, quien está abajo mesándose el puente de la nariz, con las gafas en las manos, concentrado mientras todos se colocan en sus sitios.

Se pregunta si en ALGÚN punto se ha acordado de que él iba a ir a buscarle, estando perdido, cuando él está aquí tan... Bueno, podría decir que se ve tranquilo pero en realidad se ve todo menos tranquilo.

—¡Miralooo! ahora actúa normal —le susurra Rachel y se aleja de su lado. Otra chica a su otro lado le mira con una ceja levantada por el maquillaje que lleva.

—Pero, pero... Esperaadondev... —se calla al ver a la otra chica y tiene a mal además que el estómago le ruja sonoramente en ese momento porque no desayunó.

—Sabes que este es un ensayo para cantar en una boda, ¿verdad? —le pregunta con desprecio esta chica que es así toda perfecta alumna de excelente empollona. Mientras Rachel se acerca a Austria para devolverle su teléfono.

—Ja, sí que sé que es para boda —replica Suiza frunciendo el ceño y mirando de reojito a Rachel.

—No planearás ir así maquillado a una boda en una iglesia.

—Nein, desde luego que no voy a ir así a la boda. Ahora Shhh que nos riñen —no es como que este se porte realmente mal.

—A mí no me van a reñir. Herr Österreich siempre me sonríe. ¿Y tú quién eres que no te había visto nunca?

—Herr Österreich te sonríe, eh... —levanta una ceja y la mira con cara de pocos amigos—. Pues yo soy... Ehm...

—Ja. Soy la que lo hace mejor y seguro me propone de solista.

Ojos en blanco

—Nunca serás lo bastante buena.

—¡Ja! Eso lo dices por envidia.

—Nein, eso es tristemente la verdad. Nadie es nunca lo suficientemente bueno... Quizás Veneciano.

—¿Quién es Veneciano?

—Es. Uno... De los que viven en su casa.

—¿Les conoces? ¿Has estado en su casa?

Suiza y su dificultad para las mentiras...

—Ehhh... Ja. Ahora shh.

—¿Perdona?

Rachel vuelve a su lado ahora que Austria ha mandado a alguien más a hacer guardia con su teléfono.

—Ja. Ahora Shh, que no quiero que me vea —susurra Suiza cruzándose de brazos y mirando a Rachel—. ¿Qué le has dicho?

—Que no ha llamado nadie.

—¿Y qué dijo?

—¡Rachel! ¿Le conoces? Dice que ha estado en casa de Herr Österreich.

—Ja, es Schweiz, le he maquillado yo.

—Eres Sch... —Rachel le tapa la boca antes de que lo grite.

—Shhhh! No le digaaaas! —protesta Suiza en susurros, sonrojándose otra vez

—¡Pero no puede estar... no puedes estar aquí!

Suiza se pellizca el puente de la nariz. De repente se oye la voz de Austria impostada con el clásico "señores".

—No digas nada —suena el susurro Suiza casi a la vez que Austria habla, un poco más fuerte de lo debido. Se tapa la boca.

El moreno les repasa a todos con su mirada penetrante, que automáticamente se callan, claro, entrecierra los ojos cuando pasa por Suiza, porque se está cubriendo la boca, aunque no es que en especial la vista sea el mejor sentido del austriaco. Gracias a dios.

Suiza se queda inmóvil mirándole con ojos muy abiertos.

Austria entrecierra los ojos porque también desaprueba su maquillaje y además no le había visto antes, está seguro.

Suiza sigue ahí SEGURO de que va a reconocerle. Desvía la mirada después de unos instantes.

El austriaco sigue a lo suyo y finalmente da la nota perfecta con la voz sin necesidad de diapasón, para que empiecen, levantando las manos.

Suiza hace los ojos en blanco y piensa que es un farol presumido. Aun así... Hincha un poco el pecho con cara de "ese va a ser mi marido".

En realidad, es que es más práctico así que tener que ir buscando el afinador. Bueno, sí, Suiza piensa que de todos modos es un presumido.

Todo el coro empieza a cantar con perfecta armonía y Rachel le da un codazo a Suiza, quien comete el error de, por no pensar, soltar una nota antes de callarse. Y claro, la nota desafina. En realidad no hace falta, le iba a notar cuando no cantara. Pues ahora le nota por desafinado un instante y sin cantar al siguiente. Partida doble.

Así que Suiza disfruta de un spoiler de su concierto de bodas de...0'2 segundos por ahora. Así que Austria mueve las manos y les hace parar a todos, pidiendo que empiecen otra vez.

Suiza se sonroja y esta vez intenta mover los labios lo mejor posible... Sin hacer ningún sonido. Y... Es difícil la verdad conservar el morro porque cada vez que empiece... Aun nervioso y todo, le va a dar cierta ilusión. ¡Es la música de su verdammt boda!

No pasa mucho hasta que Austria nota el vacío armónico. Y de nuevo hace detenerles a todos con desesperación. Va a por un poco de agua con claro aspecto de estar intentando calmarse, lamiéndose los labios. Suiza se sonroja un poco más, mirándole hacer.

—Tú —lo señala directamente—. Aquí —hace otra señal para que baje.

Suiza se esconde detrás de alguien más alto.

—¿Crees que no estoy lo suficientemente irritado? —protesta el moreno con ese movimiento.

—¡Quítate la toga! —aconseja Rachel a Suiza en susurro.

—Was? ¿Para qué? —susurra Suiza sin querer hablar porque Austria y su oído biónico...

—Tú hazlo. ¡Se quedará sin habla! ¡Y baja! —le apresura ella.

—¿Tiene algún problema de oído, herr? —presiona el austriaco, en su tono duro.

—¿Pero para qué? —vuelve a susurrar Suiza apretando los ojos y aclarándose la voz, la pone grave—. Nein. Nein.

Austria parpadea desfrunciendo el ceño porque le parece que...

—¡Hazlo! —chilla y susurra Rachel a la vez. Suiza, escondido, se saca la toga por la cabeza y se despeina. Vuelve a arreglarse la peluca y... es que no está pensando el muy estúpido, ultra nervioso.

Rachel le quita la ropa de las manos y le empuja para bajar otra vez. Austria levanta las cejas cuando nota que va a bajar nada más en pantalones. Es que Suiza tiene el pecho casi del color de una fresa cuando baja mirando al suelo. Austria parpadea un par de veces más al verle y es que... venga, hay poca gente que conozca mejor el cuerpo de Suiza (ellos se lo pierden) y hay poco cuerpos que Austria conozca mejor (ni necesita que haya más) por no hablar del asunto de los pantalones del suizo que no es como que tenga doscientos y todos sean comprados ayer. Es que... ¿Era tan difícil solo pararse ahí y oírles? No habían cantado ni cinco minutos completos. Se mira las botas.

—Dame un La —exige Austria de todos modos.

—¿U-Un La? —aprieta los ojos—. Ehm...

—¿Te he pedido que repitas mi petición y vaciles? —se le acerca en tono igual de duro, pero sonríe un poco porque la voz... La voz es inconfundible.

Suiza aprieta máaaaas los ojos porque es que seguro le sale un sol o un do... Toma aire y hace. Un aaaaaah lo más entonado que puede.

—Te he pedido un La, cabrero.

—Mein Gott in Himmel, ¡NO me llames cabrero y menos aquí! —protesta Suiza con el mismo tono de desesperación e irritación que caaaaada vez.

—No vengas aquí cuando sabes perfecto que no puedes estar —se cruza de brazos y sonríe de lado.

—Sí que puedo estar y aquí tienes tú la —vuelve a hacer un "aaaaaaaaaaaah"

Él hace un La también para corregirle un poco el tono.

—Podrías mostrarme algo de... Ehm... Esto —señala al coro—. Yo te he dicho como iba mi parte.

Austria mira al coro y de forma extraña se sonroja un poco.

—Nein.

Suiza mira el coro de reojo y se sonroja a juego, aunque se nota menos.

—¡Esto es injusto, yo te dije! —protesta en un susurrito.

—Vístete y lávate la cara de esa cosa horrible. Pareces un oso panda —se vuelve al coro—. Cinco minutos —anuncia. Suiza traga saliva y encuentra su voz en alguna parte de su sonrojo.

—Venticinco. Venticinco minutos —suelta mirando hacia donde Rachel que le enseña los pulgares.

—¿Veinticinco?

—Ja. O treinta y cinco. Ven —le toma del brazo.

—Para eso... Lena, puedes sustituirme —concede. Suiza levanta las cejas... Mira a Lena de reojo y se sonroja porque conoce a Lena. Oye casi a todo el coro y los músicos pensar con voz de Prusia ''se lo que van a haceeeer".

—Ronald, puedes acompañarnos, Schweiz desea practicar —designando y ordenando en la formula de concesión como habitualmente.

—Waaaas? ¿Practicar qué? ¿Cómo que con él? —de verdad es que... ¿Cómo que va a acompañarlos?

—El Vals, liebe.

—¿V-Vals? ¡¿Ahora?!

Suiza que estaba imaginando algo como... Una buena sesión de ponerle el palo apropiado en el culo a Austria...

—Se llama aprovechar el tiempo —explica sonriendo, saliendo con él de la sala.

—Nein, se llama cortar... Ideas —protesta abrazándose a sí mismo al sentirse desnudo mirando a los músicos de reojo y sonrojándose más.

—¿Qué idea se te ha cortado?

—U-Una que... Una.

—¿Aja?

—Pensé que podrías tocarme un poco de música de la boda —anda que estás animadooooo.

—¿Me leerás de lo que has escrito?

—Ya te di un resumen —mira de reojo a Ronald.

—Tú te has colado en un ensayo.

—Es tu culpa y no oí nada. ¿Qué fue lo que te hizo darte cuenta?

—Que no cantabas.

—Le dije —gruñe en protesta.

—¿A quién?

—A la chica del teléfono.

—Ella fue la que te hizo esto —se señala la cara.

—Lo consideró necesario —aprieta los ojos y se quita la peluca.

Austria se acerca y le pasa un poco la mano por el pelo con suavidad, peinándole y Suiza le deeeeja sonrojándose más y acercándosele un poco.

—Lo siento, pésima manera de presentarme con tus músicos.

—¿Y tú camisa?

—Está en un vestidor.

—¿Y qué hace ahí?

—Me tenía que poner la cosa esa como de acólito.

—¿Y qué ha pasado con ella? —le pone el pelo tras la oreja sin pensar.

—C-Con ella —tartamudea en automático con el 70% del cerebro derretido.

—La ropa del coro —explica y baja la mano a su pecho a ver si está frío... Ejem, sí, vale, claro Austria.

Quiero decir que es posible que si esté fresco... Ahora mismo, puede que se caliente conforme le tocas. Suiza le mira y traga saliva. Eso te pasa por querer abstenerte hasta la boda. Ah, ya claro... ESO ya se le había olvidado.

—Estás helado, liebe.

Se sonroja tanto que es visible bajo el maquillaje. Saca vaporcito de agua.

—Hace frío —siempre hace frío para ti.

Austria suspira y se quita su chaqueta, quedándose en camisa y chaleco. Suiza desde luego está pensando en otras mejores formas de calentarse. Aun así levanta las cejas con la chaqueta, tomándola sonrojadito y extrañamente le mira el cinturón como esperando que se quite ahora los pantalones.

—Vamos...

—¿Eh? —sale de la estupefacción y es que no puedes hacer el asunto del pelo tras la oreja y esperar que haga uso de más del veinte por ciento del cerebro para cosas útiles como un "vamos".

—Aun quiero que te laves la cara a pesar de lo interesante de la idea de que me dejes los labios negros a mí también.

Suiza parpadea y levanta las cejas... Se lleva la mano a la boca porque no recordaba que la traía pintada... Hace un desastre con el dorso de la mano, embarrándose todo.

—El baño está por ahí, Roland, puedes acompañarle. Te espero en el salón anexo.

Suiza nota el cambio de nombre y con eso se distrae un poco yendo detrás del muchacho. Austria se va hacia el otro lado.


Me gusta mucho este capítulo, me parece una situación muy interesante en la que Suiza no se mete nunca y eso lo hace divertido a pesar de que Austria le descubrió casi al instante ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!