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El amor más grande.
«Dos caminos se bifurcan en un bosque y yo.
Yo tome el menos transitado.
Y eso hizo toda la diferencia. »
Robert Frost. – El Camino No Elegido.
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POV Bella.
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-No deberías estar aquí fuera, hace frio. –Dice Christian desde el umbral.
Aparto la mirada de las ondas que se hacen en el agua a mí alrededor y le miro, él luce terriblemente bien. Christian y yo hemos estado viviendo esta vida por una semana entera y es exactamente el tiempo que llevamos viviendo en Villa B. Jamás creí volver a este lugar luego de aquella crisis que sufrí pero dado a que hipotéticamente eso nunca sucedió…
He estado la última hora preguntándome como hemos llegado aquí, y me refiero a realmente aquí. Al tiempo, a esta nueva vida. Pero no recuerdo nada desde el momento en que pise el salón de los Ancianos.
-¿Qué haces despierto? –Pregunto con voz ronca.
Christian frunce el ceño y camina hacia mí. Se sienta a mi lado en el columpio de la pérgola en la pequeña isla en el centro de la piscina y me atrae a su pecho colocando un brazo por sobre mis hombros y la otra mano sobre mi barriga. Suspiro enamorada, me permito colocar mis piernas por sobre las suyas y me mantengo ahí por un largo rato mientras continuo contemplando el agua con la mirada perdida, y los recuerdos de los momentos que hemos pasado juntos pasan a través de mis ojos. Pero no sé por qué en el fondo siento que algunos de esos recuerdos no son reales a pesar de que mi amor por Christian es tan real como esas ondas que se hacen en el agua con cada movimiento del aire a nuestro alrededor. Le amo tanto que temo todo esto sea un engaño.
-¿Isabella? –Musita preocupado.
Cierro los ojos y entierro la cara en su pecho.
-No sé qué es lo real. Estoy tan confundida Christian. No recuerdo nada.
Él aprieta sus brazos a mí alrededor y me besa la cabeza.
-Estuve esperando todo el día que esto sucediera. –Musita y vuelve a besarme nuevamente.
-¿Tú recuerdas algo? –Pregunto casi entre lágrimas.
Christian apoya la cabeza en el espaldar del columpio y suspira fuerte.
-Solo recuerdo que estábamos en casa de alguien yo estaba herido y tú estabas ahí conmigo, luego de eso solo recuerdo una habitación blanca, gente murmurando algo respecto a que no bebían castigar a alguien si no darle una misión y sobre lo imprudente que era confiar de nuevo en esa persona pero luego de eso más nada. Cuando desperté de nuevo estábamos aquí y tú estabas a mi lado dormida y embarazada. –Dijo él en voz baja y estrechándome más fuerte entre sus brazos.- Quiero pensar que todo lo que recuerdo antes de todo esto que te he dicho es solo un sueño o más bien una pesadilla. Pero no lo sé, estoy tan confundido como tú.
Fruncí el ceño y pensé más a fondo en lo que él decía pero no encontré nada que me ayudara. De momento íbamos a tener que olvidarnos de todo.
-Deberías dormir un poco, -sugirió en voz baja- Andrea me ha avisado que mañana tenemos algunas cosas que hacer.
No pregunte cuales eran esas cosas, tampoco pensé más en el pasado. Creo que vivir el presente y no adelantar el mañana era lo mejor. Si yo no recordaba nada era porque tenían un plan para nosotros y yo pretendía dejar que así fluyera. Por esta vez.
A la mañana siguiente Christian aun dormía cuando me desperté, me levante y fui con cuidado al baño temiendo despertarlo, luego de ducharme me vestí con un sencillo vestido pre-natal azul intenso y una chaqueta de traje negra, descubrí que iban muy bien con la manga hasta el codo y necesitaba a juro cubrir las marcas en mi espalda y brazos.
Mirarme en el espejo y ver mi pancita era el mejor regalo que me pudieran haber dado jamás pero ahí estaba ese sentimiento de que todo esto no iba a ser de gratis, que por alguna razón externa a toda esta felicidad había algo más que hacer.
Me gire para salir del vestidor y ahí estaba Christian recostado al umbral mirándome fijamente.
-Creo que aún no me acostumbro a todo esto. Siento que en cualquier momento desaparecerás y el dolor volverá. –Susurra inexpresivo.
Camino hacia él y lo abrazo lo mejor que puedo ya mi embarazo se interpone un poco entre nosotros.
-Ahora entiendes como me siento.
Christian envuelve sus brazos a mí alrededor y me besa la frente.
-Lo sé, Bella. –Musita bajito- Desde el momento que desperté en aquella habitación y te vi toda radiante y con esas alas he sabido que tengo miedo a perderte de nuevo. Aún hay muchas cosas que no entiendo y eso solo aumenta mi temor.
Yo más que nada temo perder a mi bebé de nuevo pero eso no se lo diré.
-Christian tu y yo ahora somos un solo paquete. Así que vete acostumbrando a la idea de que no nos separaremos. –Susurre avergonzada.
Él suspiro y yo pude sentir que algo malo se avecinaba así que me aleje hacía la puerta de la habitación.
-Te esperare afuera. –Musite sin mirarle y salí de la habitación.
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En el auto Christian sostuvo todo el tiempo mi mano pero lo sentía en cierta forma lejano. Taylor aparco el auto frente a Casa Grey y Sawyer salto de su asiento y me abrió la puerta. Tome su mano y salí hacía el imponente rascacielos que se levantaba frente a nosotros. Parece que fue hace demasiado tiempo que estuve aquí por última vez aunque técnicamente "nada de eso ha pasado".
Siento la mano de mi esposo posarse en mi cintura y me dejo guiar dentro del edificio. Sé que se supone que toda la ciudad es consciente de que el multimillonario y la editora más importantes de la ciudad están esperando un hijo pero la manera en cómo me miran es abrumador. Las mujeres me lanzan esa típica mirada de "perra suertuda, te odio" y los hombres son un tema diferente a pesar de que mi abultado vientre es más que revelador algunos de ellos me dan miradas seductoras y otros simplemente niegan frustrados de que yo he salido del mercado por completo. Christian ajeno a todo esto va a mi lado por los pasillos como si nada. Me pregunto en que momento gane tanta atención masculina. Aunque la respuesta está demasiado clara. Soy radiante, soy un Arcángel…
Andrea nos espera a la salida del ascensor y habla un momento con Christian, no les prestó atención, me siento mareada. Son tantas cosas que no sé en qué pensar. Veo los arreglos navideños y es desconcertante, si bien Christian si celebra la navidad jamás había visto la empresa y mucho menos el recibidor de su oficina con adornos. Me aparto de ellos y me siento en uno de los sillones junto al escritorio de Andrea.
Mierda, ¿Dónde estoy?
Respiro profundo varias veces e intento calmarme, esto no le hace bien al bebé. Siento mis mejillas arder por algún motivo que no sé cuál es. Christian se deja caer apoyado sobre sus talones y me mira preocupado, veo sus labios moverse pero no le escucho. Estoy segura de que tengo un ataque de ansiedad pero no puedo manejarlo. Christian me toma por los hombros y me sacude suavemente.
-¡Respira, Bella! –Dice asustado- ¿Qué te pasa? Cariño, respira.
Trato de llevar aire a mis pulmones y poco a poco va funcionando, Andrea me tiende un vaso de agua pero Christian lo sujeta y me ayuda a tomarla de a sorbos pequeños.
-¿Mejor? –Asiento y el suspira aliviado- Bien, ¿Qué fue eso?
-No lo sé, me abrume. –Sacudo lentamente la cabeza- ¿Desde cuándo te gustan los adornos navideños?
Él mira en todas direcciones y se ríe un poco.
-¿La verdad? No lo sé. Desde que tu estas embarazada. –Comenta y no sé porque lo siento despectivo.
Pero antes de que yo pueda decir algo Ros nos interrumpe diciendo que nos esperan en la sala de reuniones. Miro a Christian en una clara pregunta de ¿«Nos»? pero él no responde. Él ha estado todo el día enfurruñado y no se aleja de mi lado como si alguien me fuera a tomar y salir corriendo. Una clara señal de eso es la manera en como toma mi mano y me ayuda a levantar y sin dejarme ir camina a mi lado hacía la sala de juntas. Cuando pongo un pie dentro de la gran sala me detengo en seco al ver quienes nos esperan.
Katherine y José. Los mejores amigos de Ana. Jamás creí volver a saber de ellos. Miro en todas direcciones en busca de ella pero no está. Kate camina a paso decidido hacía nosotros y me tiende la mano primero a mí dejándome más descolocada aun.
-Soy Katherine Kavanagh, reportera de Forbes. –Ella me sonríe cuando logro salir de mi sorpresa y le tomo la mano- Encantada de conocerla señora Grey.
¿Forbes? ¡¿Forbes?!
Un momento… ¿Ella se está presentando conmigo? ¿Por qué me tiende la mano? yo la conozco, pasé toda mi vida universitaria en el mismo departamento que ella y Ana… pero es entonces donde confirmo que ella no me recuerda, ella ahora ni siquiera me conoce y por eso debe darme la mano.
-Un placer. –Musito bajito.
Ella repite el procedimiento con Christian pero no le sonríe. Siento unas ganas terribles de gritar, por supuesto que no le sonríe, ella nunca lo soportó.
Resulta que ella está aquí para entrevistarnos y luego nos harán una sesión de fotos. Mierda, odio las fotos pero no me queda de otra. La entrevista transcurre de manera rápida y superficial. Ella mayormente se enfoca en mí y yo trato de darle respuestas claras y concisas. Christian luce tenso y gruñón y eso no me ayuda. Kate lo nota y se ofrece a salir de la sala mientras sus fotógrafos acomodan todo para la sesión de fotos.
Cuando todo esta listo veo como ellos recogen sus cosas y se van, Kate se queda un poco y viene hasta mí con una sonrisa.
-Gracias por la entrevista, señora Grey. Espero verla el viernes. –Ella estrecha mi mano y se va.
¿El viernes? Frunzo el ceño y busco con la mirada a Christian, lo encuentro mirando por los cristales hacía la ciudad.
-¿Sucede algo? –Pregunto abrazándolo desde atrás lo mejor que puedo.
Lo siento suspirar y veo como se relajan sus hombros. Christian se gira y me mira fijamente.
-¿Estas bien? ¿El malestar de antes se te ha pasado?
Asiento y luce aún más relajado. No quiero decirle que sus palabras me hirieron, no quiero discutir con él.
-Tengo un almuerzo de negocios creo que no podre acompañarte. –Anuncia alicaído- ¿Cenamos juntos?
-De acuerdo, no te preocupes por mí, se cuidarme sola. –Sonreí y le di un beso.
Christian sonríe y es una sonrisa real.
-Lo sé pero aun así no puedo evitar preocuparme por ti. Sawyer te llevara.
Tomo mi cartera de mano y le miro entre coqueta y divertida.
-¿Aun tengo niñera?
Él se ríe y sacude la cabeza, puedo notar que está un poco exasperado.
-Tendrás niñera tanto tiempo como yo crea que sea conveniente.
Giro los ojos de espalda a él y camino hacia la puerta.
-Hasta luego, señora Grey. –Dice cuando estoy a punto de salir.
Sonrío y me siento ruborizar. Me giro y lo pesco mirándome.
-Lo amo, señor Grey.
Lo veo sorprenderse un poco y me rio porque lo he tomado con la guardia baja. Salgo del edificio sonriendo y le pido a Sawyer que me lleve a un restaurante. Luego de almorzar compro una ración extra de pastel de queso y la pido para llevar, sé que a Christian le gustara. Decido esperarla directamente de la barra y mientras camino por entre las mesas sin querer choco con alguien y mi cartera se cae de entre mis manos pero cuando estoy a punto de recogerla unas manos aparecen delante de mi visión y la recogen por mí. Estoy a punto de dar las gracias y continuar con mi camino cuando noto quien es y me paralizo. Estoy segura de que toda la sangre se ha drenado de mi cara. No sé por cuanto tiempo estuve ahí parada sin decir una palabras hasta que el despliega una sonrisa toda llena de hoyuelos y dientes blancos. Baje la guardia y este es el resultado.
-Discúlpame. Fue mi culpa. –Susurra con voz suave.
Piensa, piensa en algo maldita sea. Finge demencia. Lo que sea.
Sonrío tratando de parecer avergonzada y tomo mi cartera con cuidado de no tocarlo.
-Gracias, lamento el descuido. –Digo cortésmente.
Él tiende su mano hacía mí y no puedo hacer nada más que tomarla.
-Emmett Cullen. –Sonríe pícaramente y sé lo que está tratando de hacer.
No puedo caer en su juego, vi el destello de reconocimiento en sus ojos, sé que él sabe quién soy y está buscando lo mismo en mí. No puedo estar cerca de ellos.
-Isabella Grey. –Sonrío y alejo mi mano de la de él.
-Ah, ese es un hermoso nombre. –Coquetea y no tengo más remedio que reírme de él.
Tengo ganas de gritar y golpearlo por idiota. ¡Por Dios Emmett!
-Sí, sobre todo cuando viene acompañado de esto, -levanto mi mano y le muestro mis anillos y luego señalo mi vientre.- …y de esto.
Veo como una genuina sorpresa recorre su rostro al caer en cuenta de mi barriga. Mantengo mi rostro sereno y le doy una ligera palmada en el hombro.
-Fue un buen intento, fortachón. Pero ya estoy tomada. –Sonrió y me alejo en dirección a la barra.
Uno de los camareros ya tiene la cajita con mi pastel, me la tiende cuando estoy cerca de él.
-Que disfrute su pastel, señora Grey. –Sonríe nervioso.
-Gracias.
Me giro y camino hacia la puerta no sin antes echar una última mirada en su dirección. Emmett sigue ahí de pie un poco descolocado pero me sonríe de nuevo y yo le saludo con la mano antes de salir del local. Sawyer me abre la puerta del auto y yo me refugio en el como si de ello dependiera mi vida. Toda la tensión que había estado acumulando estalla y me permito derramar unas lágrimas. Son pruebas, lo sé, él no estaba ahí de gratis, los Ancianos me están probando, quieren que me mantenga lejos de ellos por mi propia voluntad y es por eso que nuestros caminos se cruzan.
-¿Se encuentra bien, señora?
La voz de Sawyer me sobresalta. Asiento y me limpio las lágrimas de las mejillas. Mi celular suena lo tomo y veo que es Mia. Sonrío y me aclaro la garganta antes de responder.
-¡Hola, Mia!
-¡Bella! No tienes idea de lo que acabo de ver, necesito que vengas ya mismo. –Grita casi al borde de la emoción.
Me rio un poco y alejo el celular de mi oreja, no quiero quedar sorda.
-De acuerdo, dime ¿dónde estás?
Ella vuelve a chillar y me da de prisa la dirección y yo me ocupo de decirle a Sawyer nuestro nuevo destino. Cuando llegamos noto que no es nada más y nada menos que una tienda de artículos para bebés. Pido a Sawyer que me espere afuera, no le voy a someter a la tortura que es Mia Grey en una tienda.
A penas le encuentro ella se cuelga de mi barriga a hacerle mimos. Me pongo roja de vergüenza, ella lo nota y se ríe.
-Es mi primer sobrino, ¡aguántate! –Me riñe y tira de mi mano guiándome por la tienda.
Jadeo de sorpresa y me detengo en seco cuando veo que Mía ha tomado dos carritos y los ha llenado a tope de ropa y artículos para bebés. Todo blanco, verde claro y tonos muy suaves de amarillo.
-¿Mia… que es todo esto? –Digo en un susurro ahogado.
Ella hace un ademán con la mano para restarle importancia.
-Sé que aún no saben el sexo pero no estoy de acuerdo con eso de esperar hasta última hora para comprar todo…
Ella sigue hablando mientras va colocando cosas en los carritos pero yo me he perdido en la parte de que Christian y yo aún no sabemos el sexo. Acaricio mi barriga y siento un ligero golpe, sonrió y decido no preocuparme, será lo que quiera ser, debí esperármelo ya que un alma no es permanente en su sexo hasta que cumple el año y mi bebé ni siquiera llego a nacer.
-¿Qué es lo que querías que viera? –Pregunto cuando la veo avanzar con los carritos hacía las cajas a cancelarlo todo.
-Ah, eso… tendrás que esperar un poco. -Sonríe cómplice y se encoge de hombros- ¿Podemos enviar esto a casa con tu chofer e ir a cenar antes de volver?
Entrecierro los ojos y frunzo los labios.
-Quede en cenar con Christian. –Digo lentamente esperando su reacción.
Ella se sobresalta un poco y luego sonríe ampliamente. Incluso me da un poco de miedo.
-¿Qué estas tramando Mia Grey? –Susurro pellizcándole el brazo.
Ella da un brinco y se ríe.
-Podemos cenar con Christian, -dice aun riendo- dile que nos encuentre en la Aguja.
Luego de eso ella se dedica a pagar y ayudar a las dependientas a colocar las bolsas en un carrito para llevarlas a la SUB donde Sawyer me mira con ambas cejas arqueadas. Sé lo que está pensando, yo me rio y señalo a Mia encogiéndome de hombros. Él me devuelve una sonrisa cálida y se ocupa en ayudar a colocar las bolsas en el maletero, que de no ser porque yo iré en el auto de Mia yo no cabría, ya que incluso las bolsas tuvieron que ser colocadas en el asiento trasero de la SUB.
-Lo siento. –Susurro a Sawyer antes de que Mia tire de mi brazo hacía su auto.
Logro verlo inclinar la cabeza en un rápido asentimiento y llevarse el teléfono al oído. Posiblemente le está avisando a Taylor. Mierda.
Busco rápidamente mi cartera y tomo mi celular marcándole a Christian mientras Mia se incorpora rápidamente al tráfico.
-¿Bella? –Responde al primer timbrazo alarmado.
-¿Dime que te parece cenar por todo lo alto?
-¿De qué hablas? –Podría jurar que está sonriendo.
-Mia me ha invitado a cenar en la Aguja Espacial así que como ya tenía planes contigo… ¿vienes?
Escuche a Mia reírse a mi lado, le hice señas de que estuviera pendiente de la vía en lugar de mí y ella se rió aún más duro. Christian al parecer la escucho porque bufo al otro lado de la línea.
-Por favor dime que ella no está al volante… -Susurro aterrado.
-Lo siento, la SUB esta de camino a Villa B hasta el tope de bolsas de compras y yo no tenía donde ir.
-Estaré allí en un momento. –Dice y cuelga antes de que pueda despedirme.
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Pasé los siguientes días en compañía de Gail, no quise volver a salir de la casa, temía encontrarme con alguno de ellos de nuevo y yo sabía que solo era cuestión de tiempo. El viernes Christian insistió en almorzar juntos pero me negué rotundamente y el suspiro resignado y se fue a la oficina no sin antes advertirme que teníamos un evento en la noche y no iba a ir solo. Maldije a Katherine Kavanagh por mencionar dicho evento delante de Christian.
Pasé el día acomodando la ropa que Mia había comprado días atrás. Resulta que la sorpresa ese mismo día fue que entre ella y Grace habían organizado que algunos trabajadores de Elliot fueran a Villa B y acomodaran una habitación para el bebé.
El sol caía por el horizonte mientras yo sentada en la cómoda mecedora doblaba la ropita sobre mi enorme barriga. Ya la habitación no olía a pintura y resulta que hasta me parecía cómodo estar en ella mirando todas las cositas que la loca tía de mi bebé y su muy consentidora abuela habían comprado. Escuche tres toques en la puerta y levante la mirada para toparme con Christian mirándome pero lo que me sorprendió no fue la tímida sonrisa que llevaba si no el gran oso de peluche blanco detrás del cual se escondía mi esposo.
Sentí mis ojos humedecerse y cubrí mi cara con un suetercito que tenía en mis manos. Desde que todo esto había comenzado de nuevo Christian muy pocas veces había tocado mi barriga o hacía referencia al bebé, incluso el comentario que hizo en su oficina aun rondaba mi cabeza en las noches.
Aparté la pequeña prenda de ropa de mi cara y lo vi ahora arrodillado frente a mí.
-Espero que el tamaño compense el tiempo que he pasado siendo un jodido imbécil. –Dijo bajito temiendo ser rechazado.
No respondí, no sabía que responder.
-Bella yo… mierda. –Soltó el aire de golpe y se dejó caer sentado en el suelo medio abrazando el peluche- Escucha, intente hacerme de la vista gorda con todo esto, quise seguir adelante tal cual estábamos porque lo único que me importaba era que tú estabas conmigo y no me di cuenta que en realidad ahora no solo eres tú. Sino también el bebé y… joder me aterra, me asusta como la mierda saber que voy a ser padre. Antes, cuando te perdí creí que mi mundo se venía abajo y literalmente así fue. Yo no servía para una mierda e incluso hice unas cuantas cosas de las cuales no estoy orgulloso pero ahora, verte de nuevo aquí a mi lado, tan hermosa y dulce como siempre, aguantando todas mis mierdas… no quiero que me dejes, no quiero que desaparezcan…
Sacudí la cabeza intentando entender de qué iba todo su discurso. Repase una y otra vez las palabras que había dicho hasta que hicieron click en mi cabeza.
-Christian tú… -dije con voz rota- ¿tú estás queriendo decir que temes que yo pierda el bebé?
La incredulidad me abrumo. No entendía porque me decía eso. El bajo la mirada y acaricio distraídamente una de las patas del peluche. Este no era mi Christian. ¿Qué había sucedido con él?
-A veces me despierto en las mañanas y te miro dormir por horas como aquel primer día cuando te descubrí a mi lado de nuevo. Y siento que todo esto es un sueño, temo perderte en cualquier momento, ¡temo perderlos a ambos de nuevo! Y si en aquel momento yo no sabía que tú estabas embarazada y tu muerte me pego como la mierda no quiero averiguar cómo me sentiré ahora que te he visto así tan hermosa, tan… -hizo ademan de seguir pero solo coloco una mano sobre mi vientre y eso lo dijo todo por él.
Solté un fuerte sollozo
-Temes que yo… -repetí ahogada.
-Lo siento, sé que posiblemente esta semana he sido un padre de mierda y es eso lo que estoy tratando de compensar. Yo no sé quién fue el imbécil que me… -se detuvo haciendo una mueca y luego de tomar una bocanada de aire continuo:- yo solo he conocido a Carrick como mi padre y a pesar de que yo no fui el mejor hijo él siempre fue un padre estupendo y quiero que mi hijo vea eso en mí, un buen padre, alguien en quien confiar y esta maldita semana no he sido un buen padre he sido una mierda de padre…
-¡Christian! –Grite interrumpiendo su cháchara.
Él me miro con los ojos abiertos llenos de temor.
¡Oh, Christian!
Aparte el peluche se entre sus manos y lo atraje hacía mí en un abrazo, él se aferró a mi cintura y descansó su cabeza en mi barriga.
-Escúchame bien Grey. –Gruñí entre lágrimas de rabia y tristeza- primero que nada debes meterte en esa cabezota tuya que yo no voy a ir a ninguna parte ahora, y que esto no es un maldito sueño porque de ser así ambos tendríamos que estar soñando lo mismo y es absurdo. Segundo mi bebé tendrá al mejor padre de todos y el hecho de que te hayas alejado de él por unos días no quiere decir que te odiara por el resto de la vida cuando él ni siquiera es consciente de lo que sucede en el exterior. Y tercero si te vuelvo a escuchar maldecir cerca de mi bebé te voy a cortar la lengua.
Lo sentí reírse un poco, levanto la cabeza y me miro con ojos llenos de amor.
-Tú acabas de maldecir. –Me acuso con una media sonrisa.
Me reí un poco y seque las lágrimas de mis mejillas.
-Claro que no. –Gruñí enfurruñada.
Mi bebé dio un ligero golpe en apoyo a su madre y yo levante el mentón orgullosa de mi pequeño pateador.
-¿Lo ves? Él me apoya. –Bromee.
Christian sonrío pero la sonrisa no le llego a los ojos, aún estaba asustado de fallarle a nuestro hijo. Acaricie sus mejillas y lo atraje hacía mí para besarlo.
-¿Hay algo más que te preocupe? –Pregunte apoyando mí frente a la suya.
Christian dio un respingo y me miro preocupado.
-¿Iras conmigo a la cena?
Fruncí el ceño y él suspiró.
-La cena en conmemoración a mi madre. –Explico y yo seguía igual de perdida pero deduje que era el evento en el que insistió en la mañana.
Asentí y poco después él hizo lo mismo, parecía estarse enfundando fuerzas.
-Bien, cuando regresemos quiero mostrarte algo. –Murmuro con voz ronca.
Vuelvo asentir y él se levanta del suelo y toma el peluche del lugar a donde lo lance y me lo tiende.
-¿Esto está bien? –Murmura avergonzado, lo veo tirar se su cabello en un gesto incomodo- No sabía que comprarle, mamá y Mia ya han llenado esta habitación con tantas cosas y bueno, vi el peluche y pensé en que no había ninguno aquí pero ahora que lo pienso no sé si le de alergia o algo así y por eso ellas no trajeron ninguno…
Sonreí ante lo tierno que se veía todo incomodo, esto no es nada propio de Christian. Me apoyé con cuidado de los reposa brazos de la mecedora y me levanté de ella, camine hacia él y tomé el peluche de sus manos. Mire en todas direcciones y camine hacia la cuna y como pude lo coloque en una esquina dentro de la cuna, lo cierto era que ocupaba mucho espacio pero estoy segura de que eso serviría para aplacar a Christian. Me gire hacía él y lo abrace tan fuerte como pude.
-Ya eres un buen padre, jamás dudes de eso Christian.
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Tres horas después vamos de camino hacía la cena, creí que sería en casa de los padres de Christian pero no es así. Taylor detiene el auto frente a un salón de fiestas y como de costumbre Sawyer abre mi puerta. Christian me alcanza y se posiciona a mi lado intentando calmar mis nervios acariciando la parte baja de mi espalda con su mano. Respiro profundo y comienzo a caminar hacía el salón.
-¿Bella? –Susurra en mi oído- No quiero alterarte pero creo que debería advertirte que ahí adentro esta tu nueva familia.
Jadee todo el oxígeno de mis pulmones y me detuve en seco.
-¿Qué? ¿De qué hablas?
Lo veo tirar de su cabello y mira en todas direcciones luego me guía hasta un rincón escondido tras un gran rosal en el pasillo de acceso al salón.
-He estado toda la semana presionando a Welch para que averigüe algo sobre nosotros. –Dice en voz baja- todo esta exactamente igual a la vez anterior. La manera en cómo nos conocimos, nos casamos, todo. Incluso si sacas cuentas a esta fecha estarías igual de embarazada que antes. Pero cuando leí el registro de tu familia… tu apellido no es Swan.
Respire entrecortadamente, eso lo supuse desde el comienzo de todo esto. Pero ¿por qué Christian arma un drama de aquello?
-¿Cuál es mi apellido?
-Staton.
Mi corazón se detuvo al escucharlo. Jamás imagine que los Ancianos harían esto. Respire profundo intentando alejar toda preocupación de mí mente. Miré a Christian y asentí varias veces.
-Bien, eso está bien, supongo que es lo mejor que pudieron hacer. –Trato incluso de convencerme a mí misma.
-¿Segura? –Arquea una ceja.
-Sí, segura.
-De acuerdo, pero si te sientes incomoda o algo avísame y nos iremos.
Asiento pero soy incapaz de mirarle a los ojos. Siento en mi pecho una presión bajo la sensación de que ahí dentro hay algo más que mi nueva familia.
Renovamos nuestro paso hacia el salón y a penas entramos somos el centro de atención. Algunas caras conocidas aparecen frente a mí para saludarme o felicitarme por mi embarazo mientras la creciente ansiedad en mi pecho no deja de oprimirme. Cuando por fin nos libramos de las personas Christian me toma de la mano y me guía por el salón hasta la mesa donde está su familia. Mia y Grace hacen sus respectivas ñoñas a mi barriga haciéndome reír con sus ocurrencias y Elliot me abraza un poco fuerte en comparación con el de Carrick. Es un poco extraño como he estado recibiendo amor de esta gente, a veces siento como si ellos fueran una versión humana de aquella familia que tanto he amado.
Christian se disculpa un momento mientras va a saludar a alguien, no le preste mucha atención, use su ausencia para recorrer el salón con la mirada mientras Mia y Grace me siguen diciendo cosas que no estoy escuchando. Y es entonces cuando los encuentro…
En una mesa un poco apartada están las ocho personas más importantes de mi vida anterior pero solo uno de ellos ha notado mi presencia. Sonríe y levanta una copa en mi dirección, no puedo evitar la sonrisa que se despliega en mi cara, ¿desde cuándo Emmett bebe vino?
Me disculpo con los Grey y camino hacia él un poco cohibida. Emmett se levanta atrayendo la atención de su familia pero trato en lo mayor posible no mirarles.
-Señor Cullen, no imagine que fuera usted amante de la medicina. –Digo cuando estoy a solo unos pasos de él.
Emmett suelta una risa contenida y toma mi mano en un exagerado saludo con un beso en mis nudillos.
-Pues déjeme decirle señora Grey que he estado investigando sobre usted y solo encontré libros. –Bromeo antes de mirarme de arriba abajo y sonreír más ampliamente- Luce muy bien.
Sonreí un poco al sentirme sonrojada, y cuando vi el brillo perverso en sus ojos supe que eso era lo que él estaba buscando. No había escogido gran atuendo para esta noche, solo llevaba un vestido con aplicaciones de encaje desde mis pechos hasta las muñecas y con caída suelta hasta las rodillas, Christian había comentado algo respecto a lo bien que lucían mis pechos en él. Aunque luego había refunfuñado un poco al notar que al ser del mismo color del vino tinto resaltaba mi blanca piel y mis ojos, dijo que me veía "apetecible". Había escogido unas sandalias planas anudadas hasta las pantorrillas y mi cabello lo había dejado suelto y ondulado hasta un poco más abajo da cadera, un poco exagerado a mi parecer pero Christian dijo que no quería que lo cortara y que el negro me quedaba bien.
Ahora al notar la mirada de Emmett sobre mi cuerpo no pude evitar preguntarme ¿Qué es lo que él ve ahora? Sé que posiblemente me recuerda, y con ello recuerda mi aspecto celestial pero aun así sé que sin alas y una gran barriga puede dar un cambio un poco brusco.
-Gracias. –Susurre pero él me escucho y asintió en respuesta.
Note una sombra levantarse y acercarse a él, Rosalie estaba tan hermosa e imponente como siempre. Se me hizo un nudo en la garganta, ella me miraba de nuevo con cierta hostilidad.
-¿No me presentas a tu amiga, Emmett? –Dijo mirándome fijamente mientras tomaba el brazo de él.
Emmett sonrió y levanto una mano señalándome.
-Ella es Isabella Grey, la conocí hace unos días en un restaurant. –Dijo emocionado. Luego señalo a Rose y me guiño un ojo a mí- Ella es Rosalie Hale, mi esposa.
-Un placer. –Dije, pero en ningún momento levante la mano o le sonreí.
Si Rose me miraba igual que la primera vez quiere decir que ellos no me recuerdan, y la actitud de Emm es solo muy propia de él.
Rosalie asintió y enarco una ceja, probablemente creía que yo le quería bajar al esposo. Suspire resignada y cuando estaba a punto de dar una excusa para huir de ahí escuche que alguien me llamaba.
-¡Isabella! –Me gire y vi a Matt caminando en mi dirección.- ¡Te he estado buscando!
Matt me rodea en sus cálidos brazos y yo me permito sonreír emocionada de volverlo a ver. La información que me dio Christian vuelve a mi mente en un destello y cuando Matt se aleja un poco me permito mirarlo embelesada. Siempre le quise como a un hermano.
-Hola, Matt.
Él mira a nuestro entorno y sonríe ampliamente.
-Veo que has conocido al doctor Cullen. –Comenta a la ligera.
Y yo doy un respingo, un brinco, un salto estratosférico, mi alma se sale de mi cuerpo y se guinda del techo cual gato asustado ante la mención. Me giro con cuidado y miro hacia la mesa, puede que en Rosalie y Emmett haya notado un cambio pero la mirada maternal que me da Esme y la sonrisa de Carlisle me dicen suficiente como para saber que me recuerda, y joder que lo hacen. Alice tiene el ceño fruncido pero puedo notar el brillo en su mirada al verme y la manera en cómo se aferra al brazo de Jasper tan fuertemente. Pero ellos no están ahí… Ni mi Annie ni Edward. Quiero preguntar por ellos pero no puedo. Mi corazón se oprime y trato de controlar mis sentimientos, no quiero alertar a Christian, donde sea que este.
«Aléjate de ellos, Isabel» Susurra una voz en mi mente, la voz de Gabriel.
Mi bebé da un fuerte golpe cerca de mi costilla derecha y todo el color se escapa de mi cara, jadeo ante el dolor y me llevo la mano al lugar, Matt me sostiene contra su pecho y yo aguanto la respiración tratando de contener el dolor pero mi pequeño sigue golpeando y moviéndose en todas direcciones como un pez fuera del agua.
-¡Ah! –Gimo de dolor ahora sosteniendo mi barriga con ambas manos.
-¿Isabella? ¿Qué sucede? –Pregunta Matt alarmado.
Me alejo unos pasos de los Cullen y miro en todas direcciones, no puedo estar cerca de ellos… no puedo…
Siento un líquido tibio recorrer mis piernas y cuando bajo la mirada veo que es sangre.
-Christian… -susurro casi para mí misma.
Cuando estoy a punto de desmayarme del dolor unos brazos demasiado familiares me sostienen los hombros desde atrás.
-¿Qué ha pasado? –Gruñe Christian y estoy segura de que no es a mí.
-El bebé… duele… el bebé Christian… -Farfullo entre gimoteos.
Grita algo inentendible y yo me derrumbo en sus brazos.
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Cuando despierto estoy de nuevo en una asquerosa habitación del hospital. Puedo escuchar el bip del holter pero en seguida me aterro porque lo escucho doble. Abro los ojos y miro en todas direcciones, Christian está dormido apoyado en una de mis manos, levanto la izquierda y la intravenosa me da la bienvenida al mundo humano de nuevo, me estrujo los ojos y miro mejor hacía abajo, el holter que tanto me había aterrado no está conectado a mi latido si no a mi barriga. Fruncí el ceño y moví un poco mi mano derecha lejos de él y le acaricie el cabello con los dedos. Él parpadeo y se levantó alarmado.
-¿Bella?
-Hola. –Dije en un graznido.
-¡Bella! –Su voz sonó ahogada pero aliviada.
Coloco mi mano sobre su mejilla y el la aprieta manteniéndola ahí.
-¿Qué sucedió? –Susurre.
Frunció el ceño y me miró durante un largo rato.
-Tuviste un desprendimiento de placenta. –Susurro con voz rota.
Instintivamente llevo mis manos a mi barriga, está ahí, sigue enorme y cálida. Respiro profundo y asiento para que continúe.
-Matt y yo te trajimos al hospital y te tuvieron que operar para detener del sangrado. –Su mirada se tornó fría y frunció el ceño- ¿Qué fue lo que sucedió? ¿Por qué estabas con ellos?
Mi mente era un nido de recuerdos, pero cuando logré encontrar los adecuados aparte la mirada avergonzada y acaricie mi barriga.
-Lo siento… -Susurre más para mi bebé que para él- Vi a Emmett hace una semana y fingí no conocerle, tuve que saludarlo en el salón pero al ver a los demás no sé qué sucedió, mi bebé comenzó a dar brincos y lo último que supe fue que tú estabas a mi lado.
Él no respondió y yo solo me enfurruñe más, sé que debí haberle dicho antes lo de Emmett pero temía que se molestara conmigo. Escuche un fuerte suspiro y sentí su mano sobre la mía que descansaba en mi barriga.
-Son dos. –Dijo bajito.
Le mire frunciendo el ceño y él sonrió un poco.
-Gemelos. Por eso nunca se dejaban ver el sexo, siempre había algo interfiriendo y era la extremidad del otro.
Christian hablo orgulloso y con un nuevo brillo en sus ojos. Yo no sabía que decir, sentí las lágrimas correr por mis mejillas.
-¿Es en…serio? –Susurre.
Él asintió y tomo mi mano besándola. No lo podía creer, dos, ¿por qué..? No entendía cuál era el castigo de los ancianos si no dejaban de darme buenas noticias… sentía que todo esto solo era una prueba o un espejismo de la felicidad real. Si bajaba mis defensas quizás podía sentir el golpe de la realidad.
-Matt dijo que tenías solo cuatro meses. –Susurro- Supongo que eso explica porque el tamaño.
…por tercera vez en corto tiempo mi corazón se detuvo.
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La navidad pasó sin complicaciones, Christian y yo viajamos a Europa porque realmente no queríamos estar cerca de nadie. La edición de la revista donde salía la entrevista fue publicada a nivel mundial, la vi en una tienda en Paris lo único de lo que fui consciente fue de la foto en la portada, Christian me abrazaba desde atrás y sostiene mi barriga mientras mis manos están entrelazadas hacia arriba, detrás de su cuello. Era una excelente foto pero no compre la revista.
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Un mes después, mi embarazo parece ir por buen camino y estar en contacto directo con Matt ha hecho que los "recuerdos" se desplieguen en mi mente. Él era unos meses mayor que yo y eso ahora lo hace mi hermano mayor. Fue tan cariñoso y tierno conmigo como siempre.
Cuando cumplo los siete meses ya no me puedo ver absolutamente nada más debajo de mi cadera, mi barriga ha crecido mucho y el miedo en mí también, temo que algo salga mal. Christian ha tomado vacaciones y ha estado a mi lado todos estos meses ya que debo guardar mucho reposo por el desprendimiento de placenta que tuve. Pero hoy tuvo que volar a la oficina en Nueva York a resolver un problema con unos accionistas de Taiwán y yo me siento inútil y sola.
Sawyer me lleva a mi consulta mensual aunque he decido adelantarla un poco pero me dicen que todo parece ir perfectamente. De camino la salida me topo con la persona que he estado tratando de evitar desde que me entere de lo que somos.
-¡Isabella! –Se pone eufórico de verme, como siempre.- Te vez tan hermosa, cariño.
Me dejo rodear por sus brazos y me da un beso en la frente. Medio sonrío con los ojos llenos de lágrimas, este hombre siempre fue cariñoso y juguetón conmigo y ahora… ahora se supone…
-Hola, papá. –Susurro bajito contra su pecho.
Pierce Staton, reconocido médico cirujano de 57 años, me sostiene allí contra su cuerpo y me acaricia el cabello. He estado todos estos meses extrañando las caricias fantasmas que Charlie me ofrecía, las llamadas telefónicas de una loca y atolondrada Renée, pero ahora sé que de alguna forma los Ancianos trataron de compensarme dándome un nuevo padre tan cariñoso que de alguna manera aplacaría la tristeza por aquellos que he perdido.
Algo que me hace preguntarme nuevamente cual es el castigo. Solo me dan una y otra vez cosas buenas.
-Hey, ¿Qué sucede pequeña? ¿Por qué lloras? –Dice bajito.
Me alejo de él y puedo ver el amor incondicional en sus ojos, siempre estuvo ahí, antes cuando yo no era más que una amiga de su hijo, él siempre me trato con amor y respeto aunque a veces usara ese cariño para molestar a Christian él solo lo hacía por jugar, jamás tuvo intenciones irrespetuosas conmigo.
-Supongo que son las hormonas… -Miento.
Él me ayuda a secar mis lágrimas y me sonríe con ternura antes de posar sus manos sobre mi barriga.
-¿Cómo lo llevas? Me preocupe mucho cuando Matt me dijo que habías tenido un desprendimiento de placenta pero no podía hacer nada para venir a verte, estaba fuera de la ciudad y he regresado ayer. Lo siento tanto pequeña, he tratado de comunicarme contigo pero tu teléfono sale apagado…
¿Mi teléfono? Mierda ni siquiera sé que teléfono tengo ahora, las pocas veces que he usado uno ha sido el de la casa.
-No, yo lo siento. No sé en donde esta y Christian y yo ahora nos estamos quedando en Villa B, lamento no haberles avisado. –Estoy realmente avergonzada pero sobre todo por haberlo evitado apropósito estos meses- Y no te preocupes, ya estamos bien.
Acaricie mi barriga por sobre sus manos y en ese momento uno de los pequeños me golpeo, él lo sintió primero a través de la tela de mi ropa y sonrió ampliamente. Embelesado con los movimientos.
-Parece que este pequeño está un poco juguetón.
-Son dos. Espero no te moleste… -trato de bromear.
Él abre los ojos como platos y jadea sorprendido.
-¿Gemelos? ¿Son gemelos? –Sonríe tan grande que estoy por creer que su cara se romperá en dos.
Sonrío y asiento emocionada. Hace una semana que están muy inquietos por eso adelante la cita médica pero ellos solo se están quedando sin espacio suficiente a pesar de que mi barriga es un mundo propio.
-¿Te apetece almorzar algo con tu viejo padre? –Propone sonriente y yo asiento casi hipnotizada por tanto cariño.
Ahora hay un pensamiento rondando mi mente, pasar tiempo con él y con Matt me ayudara a saber cómo se supone que ha sido nuestra vida juntos, y así disipar algunas dudas. Que estúpida fui.
-De acuerdo, voy a entregar mi guardia. –Tira un poco de mi nariz entre sus dedos y me río de él- Espérame aquí, vuelvo en seguida… -se aleja de espalda y me señala con un dedo- ¡No te vayas!
Lo veo desaparecer por el pasillo y no puedo evitar reírme de él. Siempre supe que había sido un excelente padre con Matt pero vivir la experiencia yo misma era totalmente diferente. Acaricie mi barriga distraídamente mientras caminaba hacía uno de los sillones junto a recepción.
Tenía al menos quince minutos allí cuando sentí un golpe fuerte en mi costilla derecha, el centro de atención favorito de mis bebés para golpearme.
-¡Wooah! Con cuidado o saldrán por donde no deben… -Dije bajito hacía ellos.
Acaricie el lugar y los arrulle suavemente. Cuando logre que se calmaran un poco sonreí y suspire aliviada.
-Siempre les está hablando… -Dijo una voz extraña a mi lado.
Levante la mirada y me topé con una mujer alta, morena, grandes y expresivos ojos café y el cabello castaño a la altura del mentón. Ella era imponente pero la ternura en sus ojos al mirar mi barriga y la sonrisa tímida en sus labios me decían que podía darle el beneficio de la duda.
-¿Disculpa? –No puedo evitar sonar confundida, no la conozco.
¿O sí?
-Usted siempre le está hablando o cantando con tanta ternura a su barriga...
Ella da un paso más cerca y me tiende la mano temblorosa.
-Lo siento si fui imprudente, soy Bianca Smith, residente de medicina general. –Puedo notar el sonrojo florecer en sus mejillas a pesar de su tono de piel- Yo… me he topado varias veces usted pero no había tenido la oportunidad de presentarme.
Tomo su mano y ella parece aliviada, solo un poco.
-Un placer… -Digo aun confundida.
Bianca luce aún más incómoda al notar mi tono de voz, giro los ojos y tiro de ella para que se siente a mi lado. Luce sorprendida y un poco intimidada.
-De acuerdo, aclaremos algo. –Comienzo un poco exasperada- Aunque tenga esta gran barriga no quiere decir que me haya comido a los bebés así que no debes temer de mí. ¿Por qué estas temblando?
Aunque mi intención era hacerla relajarse parece que ha tenido el efecto contrario.
-He querido conocerte hace mucho tiempo pero creo que ha sido un error. –Susurra avergonzada y hace ademan de levantarse pero la detengo.
-¡Por Dios, cariño! ¿Qué te sucede? No soy un monstruo ni nada de eso. –Digo ahora preocupada.
Ella levanta la mirada hacía mis ojos sorprendida y luego lentamente me regala una sonrisa.
-Yo… solo creo que ha sido un error, debí esperar que él me presentara… he sido imprudente por favor discúlpeme.
Abro la boca un par de veces y siento un vacío en la boca de mi estómago. ¿Él? ¿Quién es él?
-Me temo que cada vez me confundes más.
Bianca toma una gran bocanada de aire y baja la mirada a sus manos.
-Soy hermana de Sonia Smith, ella trabaja para usted…
De acuerdo, eso lo entiendo, le debo mucho a aquella mujer por contar mi historia con Edward en ese libro pero sigo sin entender, ella ha nombrado a una mujer pero antes hablaba de un hombre. Frunzo el ceño y la tomo del mentón para que me mire.
-Entiendo, ahora dime, ¿Quién es él? –Dijo despacio.
Sus mejillas se tornan tan rojas que casi puedo sentir el calor bajo su piel.
-Matt. –Susurra.
Oh…
-¿Mi hermano…? –Digo de sopetón y me detengo sorprendida de cómo le he llamado.
Siento un calor en el pecho al notarlo, uno de mis mejores amigos durante años, la persona en quien más confié con lo que aquella enfermedad ahora es mi hermano. Sonrío casi para mí misma pero ella lo toma como una buena cosa y asiente enérgicamente antes de continuar.
-Sí, él y yo… él y yo estamos saliendo desde hace un tiempo. –Sus ojos brillan con amor.
Abro la boca sorprendida, en el tiempo que recuerdo haber pasado con Matt él nunca tuvo una pareja y cuando Ángela le coqueteaba él ni siquiera parecía notarlo.
-¿Su novia? –Susurro y ella asiente- ¡Oh, mierda!
Ella palidece como si fuera una mala cosa, ha mal interpretado mi reacción.
-¡Lo siento! –Me apresuro a decir- Es solo que… es un poco inesperado.
Ella sonríe y es una sonrisa verdadera. ¡Por fin!
-Sí, el suele decirme que no acostumbraba a salir con nadie antes de mí. No sabía si creerle.
Me rio y es una estruendosa y feliz carcajada.
-Créele, Matt solo tenía tiempo para su carrera… -Me detengo cuando estoy a punto de decir que lo conocí en la universidad. Eso no sonaría bien de una hermana.- Él… él siempre ha estado enfocado en sus estudios o trabajo, me sorprende gratamente que por fin este con alguien. Aunque claro, se supone que esta es la parte en la que te digo que si rompes su corazón te mato…
Ella se ríe y baja la mirada.
-No creo que le haga tal cosa, yo… lo quiero mucho.
Sonrió y le doy un apretón a su mano.
-Bien, entonces creo que no hay razón para que estés tan nerviosa o incluso asustada. –Susurro bajito solo para ella.
Recibo una mirada emocionada.
-¿Usted no está molesta o…?
Arqueo las cejas.
-¿Molesta? Bueno lo cierto es que detesto que me llamen de usted así que acostúmbrate a llamarme por mi nombre. –Le giño un ojo.
Veo por el rabillo del ojo a Pierce… a papá volver con su maletín en la mano izquierda y enfundado en un traje sin corbata y con la bata colgando sobre su brazo derecho. Le sonrió cuando está cerca y siento a Bianca levantarse como si tuviera un resorte en el cuerpo.
-Ha sido un placer. –Dice y se va como alma que lleva el Diablo.
Papá me mira y arquea una ceja entre divertido y curioso. Sacudo repetidas veces la cabeza riéndome de la situación, pobre muchacha, quien sabe que le habrán dicho de nosotros.
-Vamos a comer, me ha entrado hambre. –Digo aun riéndome mientras lucho por ponerme de pie.
Papá me ayuda y mantiene mi mano sobre su brazo a la altura de su codo mientras salimos del hospital. Sawyer nos ve y salta a abrirme la puerta del auto estoy a punto de subir cuando Pierce me detiene.
-¿Puedo llevarte yo? prometo respetar las leyes de tránsito.
Asiento a Sawyer y le sonrío un poco.
-Está bien, ve a comer. Debes estar agotado de estarme esperando.
Él asiente pero es tan testarudo que no sé porque no adivino que se negara.
-No se preocupe señora. Los seguiré de cerca.
Frunzo los labios pero no digo nada, sé que es su trabajo pero a veces me molesta que no tengan tiempo propio.
-¿Dónde está ese celoso y posesivo esposo tuyo? –Bromea papá una vez estamos dentro del auto.
Doy un suspiro lastimero, es la primera vez que nos alejamos desde que ha comenzado toda esta nueva vida para nosotros y lo extraño mucho.
-Está en Nueva York, tuvo que volar de inmediato por un problema de la empresa. –Digo bajito mientras miro las calles pasar afuera de la ventana.
-Ya se me hacía extraño que no estuviera revoloteando a tu alrededor, sinceramente parecen unidos por la cadera. –Bromea y yo me sobresalto.
Si el supiera que lo que nos une es nuestra alma.
Me rio bajito y me relajo. ¿Cómo no querer a ese hombre? Pero lo cierto es que en los momentos donde ellos estaban conmigo no podía dejar de pensar en los Swan, en Charlie sobre todo. Los extraño tanto que siento un vacío constante en mi pecho a pesar de que debo mostrar una sonrisa en mi rostro. He tomado varías veces el teléfono para llamar a Welch y pedirle que averigüe sobre ellos pero eso sería abrir un bache en la historia y no puedo, debo mantenerme alejada de ellos por lo menos hasta que dé a luz y mis bebés estén bien… solo unos meses más.
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Pasar el día con él es lo mejor que me ha pasado en estos meses, es una persona relajada, amoroso y muy bromista así que no sé me hace nada difícil sentarme ahí escuchando historias de la que se supone fue mi infancia a su lado. Él me deja en Vill penas piso la casa me arrepiento de no haber aceptado su invitación a quedarme con él mientras Christian vuelve.
-¿Qué sucede? –Susurro asustada.
Me llevo ambas manos a mi barriga y pienso en cómo protegerlos pero no sé, estoy bloqueada.
-Cálmate, Isabel. –Dice y da un paso hacia mí.
El mismo paso que yo me alejo de ella.
-¿Qué estás haciendo aquí, Cassiel? –Casi puedo escuchar el miedo en mi voz.
Hay una Anciana en la sala de mi casa y yo no puedo recordar cual fue la última cosa que hablamos antes de mi regreso a la tierra, discúlpenme si estoy asustada…
Ella levanta la mano en un intento de calmarme. Su cara inmaculada sin una arruga se descompone en una mueca, siento como intenta calmarme usando su energía. Me alejo unos pasos más y noto como un escudo se levanta a mí alrededor, un escudo que yo no he colocado.
-Isabel cálmate, no voy a hacerte daño, baja ese escudo. Estoy de tu lado.
Quiero girar los ojos por lo ridículo que eso sonó. En cambio solo respondo:
-No he sido yo.
Ella abre los ojos como platos y mira hacia mi barriga que aún tiene mis manos a su alrededor. Si pudiera gritar lo haría, si pudiera esconder mi barriga detrás de una gran muralla lo haría pero solo me quedo ahí de pie sin moverme.
-¿Ha sido él? –Susurra asombrada.
Él, ella ha dicho "él" y no "ellos". Eso significa que los Ancianos no saben que son gemelos. Mi boca se hace una fina línea, no puedo dejar que ellos lo noten, no hasta que dé a luz.
Cassiel tiene una mirada llena de ternura y devoción, no recuerdo que ella fuera de otra manera conmigo pero aun así no me puedo descuidar. La veo levantar una mano y colocar un rollo de pergamino sobre la mesita en el centro de la sala.
-He venido a traerte esto, te ayudara a saber que debes hacer. –Dice bajito- ellos no saben que te estoy ayudando, pero es lo mejor, de lo contrario tu memoria no volverá en mucho tiempo y eso empeoraría las cosas. –Ella retrocede unos pasos y me sonríe- Te ves hermosa, no sabes lo orgullosa que estoy de ti.
Y sin decir más desaparece levitando dejando a su paso una nube de chispas azules y un tintineo de campanas.
El escudo desaparece y yo acaricio mi barriga. Es increíble que ellos puedan hacer esto sin haber nacido. Ahora entiendo porque de alguna manera muchos seres han temido que un Arcángel tenga un hijo, porque su poder sería demasiado grande. Ojala los Ancianos no noten que son dos en lugar de uno.
Al día siguiente me quedo todo el día en la cama, mis bebés pesan demasiado lo que hace que me canse cada vez más. Christian regresa en la noche con una sonrisa de triunfo.
-¿Qué haces? –Pregunta luego de besarme y sentarse a mi lado.
-Busco nombres. –Le muestro la libreta donde he anotado unos cuantos y el frunce los labios. -¿Qué? ¿No te gustan?
Christian no responde, toma el bolígrafo de mi mano y subraya unos cuantos. Cuando me devuelve la libreta veo que solo ha marcado dos nombres. Abro la boca y le miro divertida.
-¿Solo dos? Christian la página está llena de nombres. –Me rio de él.
-Vamos a tener dos hijos no todos estos. –Se encoge de hombros.
No puedo dejar de reírme. Él me mira fijamente y me hace sentir cohibida.
-¿Qué?
-¿Sabías que cuando ríes así brillas? –Murmura bajito sin dejar de mirarme.
Suelto una risita y me siento sonrojar.
-¿De qué hablas?
Christian se acerca más y puedo sentir su olor.
-Es en serio. –Susurra contra mis labios, mirándome fijamente a los ojos- Todo tu rostro se ilumina de una manera muy hermosa y las motas doradas de tus ojos parecen brillar entre tanto verde.
Sonrío enamorada, Christian ha cambiado tanto desde que lo conocí y cada día le amo más.
-Antes los tenía café. No había motas doradas mentiroso. –Bromeo y él se ríe.
-Estoy tratando de ser romántico, no lo arruines. –Gruñe antes de besarme. -Te amo, Bella.
-Yo también, Christian. No sabes lo bien que se siente tenerte a mi lado. –Susurro.
Sus ojos brillan peligrosamente y sonríe. De repente cambia de postura y se tumba con la cabeza apoyada en mi barriga. Cierra los ojos y parece satisfecho. Yo enredo los dedos en su pelo, él suspira profundamente y me da un beso rápido en la barriga por sobre la bata, recibe un pequeño golpe en respuesta y yo me río de la expresión en su rostro.
-Ayer vi a Pierce. Fue agradable. –Comento luego de un rato.
-Lo sé, Luke me dijo. Me agrada que por fin te atrevieras a verlo.
Sonrío y tiro de un mechón de su cabello.
-Es un viejo con encanto. –Le pincho.
Christian me mira y sus ojos se oscurecen. En un rápido movimiento él se incorpora y enreda sus dedos en mi cabello tirando de mi hacia él, sus labios chocan con los míos y doy un respingo sorprendida por su arrebato y eso abre paso a su lengua. Gruño y le devuelvo el beso, sus labios y su lengua ávidos de los míos. Y, durante un momento ardemos juntos. Perdidos entre la dulce sensación de redescubrirnos el uno al otro.
Oh, como deseo a este hombre, ha pasado tanto tiempo. Le deseo aquí y ahora.
-Bella –Jadea en trance, sus manos bajan por mi cuerpo hasta el dobladillo de mi vestido pre-natal. Yo intento torpemente desabrocharle la camisa.
-Bella… para. –Se aparta con la mandíbula tensa y me coge las manos.- No podemos.
-¿Por qué? –Frunzo el ceño enfurruñada.
-El medico dijo reposo absoluto.
-Estoy acostada. –Refunfuño y le atrapo con los dientes su labio inferior y tiro- Te deseo.
Él inhala bruscamente. Está desgarrado, veo claramente la indecisión en sus ojos grises y dorados. Brillan con intensidad.
-Por favor, por favor Christian. Estoy bien. Te necesito. –Todos los poros de mi cuerpo le suplican.- Ha pasado mucho tiempo, esto es lo que somos, Christian. No me lo niegues.
Gruñe derrotado, su boca encuentra la mía y nuestros labios se unen. Con una mano me levanta la cadera y con la otra retira la almohada que me mantiene sentada y la coloca bajo mi cintura. Me tumbo boca arriba y él se estira a mi lado, sin romper el contacto de nuestros labios en ningún momento.
Se aparta cerniéndose sobre mí y mirándome.
-Eres tan hermosa, Bella. –Susurra acariciándome la mejilla- Antes, ahora y siempre lo serás. Tú eres mi hogar, Isabella Grey. Lo supe desde el momento en que tropezaste conmigo.
Sus palabras me derriten, siento mis ojos picar y le sonrió tan ampliamente como puedo.
-Siempre serás tú, Christian. Siempre te escogeré a ti. –Le digo igual de bajo- Lamento lo que te hice pasar antes… pero yo, yo necesitaba darle una última oportunidad antes de partir.
Él parpadea varias veces y parece entender lo que le he dicho.
-Leí la carta, y lo entiendo pero no quiero hablar de ello, no ahora. –Susurra y me roza la mandíbula con los labios- Te he echado de menos, cariño.
Noto que mi corazón vuela alto y que el suyo lo sigue de cerca. Coloco mi mano dentro de su camisa, justo sobre su corazón.
-Yo también te he echado de menos, mucho Christian.
Parece loco que estemos hablando de esto siete meses después de nuestro regreso pero es la verdad.
Cierro una mano contra su cabello y dejo correr la que está en su pecho retirando del todo la camisa de su hombro.
Él levanta el vestido por sobre mi barriga y me ayuda a sacármelo. Aparto la mirada avergonzada pero me levanta la barbilla y me hace mirarle a los ojos.
-Jamás creí pronunciar estas palabras pero te ves hermosa embarazada, de mí. –Sonríe como si hubiera hecho una gran adquisición.
Sonrío sonrojada y el vuelve a besarme, se me pone la piel de gallina cuando siento el ligero toque de su mano recorrer mi cuerpo hasta que con los dedos me toca… justo donde quería que me tocara. Doy un respingo y él se ríe bajito.
-Espero que no le tengas cariño a tu ropa interior. –Murmura con los ojos salvajes y brillantes.
Sus dedos recorren el elástico a lo largo de mi vientre provocándome antes de agarrar las bragas con fuerza y atravesar con los pulgares la delicada tela. Las bragas se desintegran y Christian extiende su mano a lo largo de mi sexo.
-Siento lo mojada que estas. –Su voz desprende un deseo carnal.
-¡Christian! –Inhalo bruscamente y el cierra los ojos sonriendo.
-Ven. –Se mueve bruscamente y tira de mí hasta que quedo sentada a horcajadas sobre él. Totalmente expuesta ya que no llevaba sujetador bajo el vestido- Así esta mejor, y puedo disfrutar de la vista.
Él no es el único que puede disfrutar de la vista, yo también. Se quita la camisa y noto las marcas celestiales, las mismas que llevo yo. Son antiguos símbolos en una lengua impronunciable por los humanos. Su pecho, hombros y antebrazos están marcados en negro y dorado al igual que su espalda donde reposan las alas que aún no han salido de él. Si alguien ve las marcas parecerían simples tatuajes pero nosotros sabemos lo que significan aunque él no haya tocado el tema.
-Me gusta tu cabello así, te luce más. –Dice acariciando los mechones negros que caen sobre mis pechos hasta rosar su pecho por lo largo que esta.
Se desabrocha el pantalón y yo apoyo las manos en su pecho para levantarme mientras él se lo baja con destreza. Coloca las manos en mi cintura y con una facilidad exquisita, lenta y profundamente me va bajando sobre él. Siento cada bendito centímetro de él llenándome. Le doy la bienvenida arqueándome, se siente tan bien.
-Vamos a hacerlo lento, señora Grey. Quiero sentirlo todo de usted.
-Ah… -Gimo de forma incoherente a la vez que extiendo las manos para agarrarle los brazos.
Intento levantarme un poco para conseguir algo de fricción, pero él me mantiene donde estoy.
-Todo de ti. –Susurra y mueve la pelvis, empujando para introducirse hasta el fondo.
Echo atrás la cabeza y dejo escapar un grito estrangulado de puro placer.
-Deja que te oiga. –Murmura- No te muevas, solo siente.
Abro los ojos. Tengo la boca petrificada en un grito silencioso. Los destellos dorados en sus ojos grises brillan y me miran lascivos, encadenados a mis ojos verdes en éxtasis. Se mueve haciendo un circulo con la cadera, pero a mí no me deja moverme, me mantiene en mi lugar. Gimo.
-Este es mi lugar favorito, este es mi hogar. Enterrado en ti. –Murmura sin dejar de mirarme.
-Muévete, por favor. –Le suplico.
-Despacio, nena. No quiero lastimarte. –Flexiona de nuevo la cadera y el placer me llena el cuerpo.
-Hazme el amor. Christian, por favor.
-Siempre. –Susurra y me levanta para después bajarme.
Coloco las manos a los lados de mi cadera sobre la cama y empiezo a moverme, saboreando la sensación de él dentro de mí. Él se acompasa conmigo con las manos en mi cintura. He echado de menos esto… la sensación enloquecedora de él debajo de mí, dentro de mí… es una fusión de sentidos cautivadora.
-Oh, Bella. –Gime con los ojos cerrados, la cabeza echada hacia atrás y la boca abierta.
Ah… me encanta esto. Y en mi interior empiezo acercarme, lentamente, cada vez más. Las manos de Christian descienden por mis muslos y delicadamente presiona con los pulgares el vértice entre ambos y yo estallo a su alrededor, una y otra y otra vez al mismo tiempo que el grita también, dejándose llevar y pronunciando mi nombre lleno de amor y felicidad.
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Esa noche me desperté de madrugada, mis bebés estaban más inquietos que nunca y no dejaban de moverse. Mire a mi costado y Christian dormía tranquilamente, quite su mano de mi cintura con cuidado de no despertarlo y camine hacía el baño tenía muchas ganas de hacer pis, cuando termino me miro en el gran espejo y levanto mi bata para ver mi barriga. Tengo morados en los costados y duelen, sin mencionar que se mueven tanto que se notan los movimientos bajo la piel. Sé que esta noche no me dejaran dormir así que como puedo bajo a la cocina y me apodero de un helado de vainilla y un paquete de galletas oreo y me acomodo en la barra de desayuno.
No tengo ni dos minutos allí cuando Sawyer entra en la cocina pulcramente vestido… a las dos de la mañana. Abro la boca sorprendida.
-¡Dios! ¿Es que tú nunca descansas? –Le recrimino.
Él se ríe y se sienta a mi lado.
-¿Se encuentra bien? –Pregunta preocupado.
-¿Yo?
Él asiente y señala mi barriga.
-Sí, solo están un poco inquietos y no me dejan dormir. ¿Por qué?
Luke se rasca detrás de la cabeza y mira hacia otro lado avergonzado.
-Es que… Taylor y yo nos hemos turnado para quedarnos una noche despierto cada uno. Por si… se presenta algo con los bebés. –Susurra.
Abro los ojos como platos, creo que estoy en shock.
-¿Me estás diciendo que duermen día por medio solo para que uno vigile en las noches por mis bebés? –Digo olvidando el helado. Él asiente avergonzado- Pero si solo estoy en los siete meses.
Él frunce el ceño y mira sus manos entrelazadas sobre la barra.
-Es que… bueno he leído que los embarazos múltiples suelen adelantarse…
-¡¿Qué?! –Le interrumpo- No me digas eso que no duermo yo.
Él se ríe y yo le acompaño. Pero la preocupación se instala en mi pecho.
-Lamento si la asuste, pero entienda que debemos prevenir.
Sonrió y coloco una mano sobre las suyas.
-Estás preocupado, ¿no es así?
-Taylor y la señora Jones también. –Susurra.
Siento lágrimas en mis ojos, estas personas no solo trabajan para nosotros son parte de la familia.
-Gracias. Por cuidar de nosotros. –Susurro con el corazón.
Realmente se los agradezco. Porque aunque nosotros en teoría seamos muy fuertes ellos no lo saben, y es un buen gesto que quieran protegernos. Sobre todo a mis bebés.
Luke asiente y se levanta.
-Estaré en la oficina si necesita algo. –Dice y se retira por la puerta trasera.
Sonrío estúpidamente a mi helado un poco derretido. Me pongo de pie y lo guardo en la nevera. Cuando estoy a punto de subir las escaleras siento un tirón en la parte baja de mi vientre y me llevo la mano ahí.
Oh, por favor. Que no sea lo que estoy pensando.
Subí a la habitación y me acosté de nuevo junto a Christian tratando de dormir un poco pero no pude, mis bebés estaban muy inquietos y el tirón aumento considerablemente. Me levante de nuevo y camine por la habitación arrullando mi barriga, necesitaba que se calmaran porque el dolor iba en aumento y no era nada agradable. Mientras caminaba sentí un líquido tibio recorrer mis piernas. Ahogue un grito y sentí como mis bebés comenzaban a patear mucho más duro.
Sentí como mi cuerpo comenzaba a temblar y me maree un poco. Respire hondo un par de veces para tranquilizarme, esto no podía estar pasando, mierda. Camine hasta la cama y sacudí el hombro de Christian.
-¿Christian? Despierta por favor. –Mi voz salió ronca por el dolor. Pero él no se movió- ¡Christian!
Él se sobresaltó un poco con mi grito y miro en todos lados hasta que me localizo y parpadeo varias veces para verme mejor.
-¿Qué pasa? ¿Estás bien? –Pregunto alarmado.
-He roto fuente. –Susurre presa del dolor.
Él se levantó de un salto de la cama y miro en todas direcciones tirando de su cabello. Ahogue una carcajada pero pronto sentí un fuerte tirón en mis caderas.
-¡Aggs! –Grite mordiéndome el labio.
-¿Qué pasa? ¿Bella, qué hago? –Dijo frenéticamente.
Sentí ganas de golpearlo por no estar en sus cinco sentidos en este momento. Señale el closet mientras caminaba al baño.
-Búscame algo de ropa, vístete tú y saca la maleta con las cosas de los bebés. –Gruñí- luego avísale a Sawyer que tenga el auto listo. ¡En ese orden!
Christian asintió y corrió al closet resbalándose en el camino con el agua de placenta que había en el suelo, quise reírme. Cuando estaba llegando a la ducha sentí otro tirón en mi cadera y me sostuve de la puerta mientras siseaba entre dientes.
Me di una ducha rápida que en cierta forma me tranquilizo bastante y cuando salí me encontré con Christian ya vestido y sosteniendo una toalla, me tendió una mano y me ayudo a salir y luego a secarme. Cuando Christian me estaba colocando un vestido pre-natal sentí otra fuerte contracción y tuve que sujetarme de él para no caerme. Cuando me tuvo limpia y vestida me tomo la cara entre las manos.
-¿Dime cómo estás? ¿Te duele mucho? –Pregunto frenético.
Trague grueso y lo mire a los ojos.
-Todo va a estar bien. –Susurre.
No sé si estaba tratando de convencerme a mí misma o a él.
-Bien, vamos.
Christian me tomo en brazos como si no pesara nada y me llevo al auto. Sawyer sostenía la puerta abierta para nosotros mientras Taylor hablaba por teléfono apresuradamente. Cuando Christian me dejo en el asiento del auto otra contracción me tomo por sorpresa y no pude evitar gritar llamando la atención de los tres hombres.
-¡Vámonos ya! –Bramó Christian.
Todos saltaron dentro del auto, Christian no dejaba de darle órdenes a Taylor para que fuera más rápido cuando llegamos una silla de ruedas nos esperaba junto con la doctora Greene y Matt. Me gustaría decir que me atendieron de una vez pero lo cierto es que me realizaron un montón de exámenes y en el eco descubrieron que uno de los bebés venía de pies en lugar de cabeza y eso solo complicaba las cosas.
-Habrá que esperar a ver si cuando nazca el primero se voltea el otro bebé. –Dijo la doctora Greene antes de marcharse.
Quince horas después, una visita de mi padre y dos calmantes para Christian la doctora Greene volvió. No escuche lo que dijo porque en ese momento me entro otra contracción y me hizo gemir de dolor. Ya no aguantaba, llevaba demasiado tiempo esperando y ya no me quedaban fuerzas.
-¡Ya era hora, joder! –Gruño Christian mientras sentía como sujetaba mi mano.
Abro los ojos tratando de ver a mi esposo pero todo esta borroso: las paredes, los holter conectados a mi barriga, la gente con ropa verde…
-¿Bella? –Susurra Christian.
-¿Mmm?
-Cariño, tienen que hacer cesárea. –Siento su mano acariciar mi frente.- ¿Eso está bien?
-¿Por qué? –Musito con voz ronca.
-Uno de los bebés está siendo presionado por el otro y sigue sin estar en posición, me temo que un parto normal les haría daño tanto a usted como a ellos. –Dice la doctora Greene.
Oh, mis bebés…
Tengo ganas de llorar, no quiero que les ocurra nada, muevo una mano hacía mi barriga y la acaricio suavemente, casi sin fuerzas.
-Está bien. –susurro.
Escucho como la doctora Greene ladra ordenes frenéticamente y la voz de Matt y otro hombre la acompañan. Siento la cama moverse, veo las luces borrosas pasar paulatinamente hasta convertirse en una sola por la velocidad. Una enfermera llega a la altura de mi cabeza y me acaricia el cabello.
-Todo va a estar bien, señora Grey. –Dice bajo la máscara que le cubre la boca.- Le voy a colocar una máscara y necesito que respire profundo y cuente hasta 10. ¿Entendido?
Asiento una sola vez y ella hace lo que dijo pero yo solo recuerdo haber llegado al número tres, después de eso solo hubo oscuridad.
.
Cuando despierto me encuentro en una nueva habitación. Estoy muy cansada y adolorida, todo está en silencio y tengo que parpadear varias veces para que mi vista se enfoque.
-¿Christian? –Digo con voz ronca.
Escucho unos pasos mi izquierda y cuando miro veo a Christian caminar hacia mí de prisa, el debió estar parado junto a la ventana.
-¿Cómo te sientes? –Susurra y me acaricia la nariz con la suya.
Pero yo no estoy preocupada por mí.
-¿Dónde están? ¿Los bebés?
Christian palidece y me acaricia la mejilla.
-Estaba tan asustado. No me dejaron entrar contigo y yo… ¡Oh, Bella! –solloza- me alegro tanto de que despiertes.
Frunzo el ceño y siento el miedo apoderarse de la boca de mi estómago.
-Christian, los bebés…
-Ellos están bien cariño, Matt dice que son hermosos y saludables. –Dice en un suspiro y yo cierro los ojos aliviada y feliz- los tienen en incubadoras y los traerán pronto para que los alimentes, todos han estado esperando a que despiertes. Tu padre se acaba de ir.
Es la segunda vez que habla de eso.
-¿Qué despierte? ¿Por qué? –Frunzo el ceño- ¿y por qué dices que "Matt dijo", no los has visto?
-La operación se complicó un poco y todos creímos perderte. –Dice con voz rota- uno de los bebés casi se nos va también, tenía el cordón umbilical del otro alrededor de su cuello, gracias a Dios no los tuviste por parto hubiera sido muy peligroso. Y no, Bella. Quería conocerlos contigo, juntos.
Cierro los ojos tratando de procesar la información pero me doy cuenta de que nada de eso importa, ahora estoy bien y ellos también.
-Quiero verlos. –Pido casi en suplica.
Christian asiente y presiona un botón por sobre mi cabeza. Una enfermera acude de inmediato a la habitación y me sonríe al verme despierta.
-Bienvenida de nuevo, señora Grey.
-¿Pueden traer a los bebés? –Pide Christian casi en una orden.
La enfermera le frunce el ceño y se va, puedo adivinar que no es el primer encuentro que han tenido. De repente me pica la curiosidad.
-¿Cuánto tiempo he estado dormida?
-Dos días. He estado preocupado hasta la mierda. –Dice un poco enfadado.
-¿Qué pasa? –pregunte.
-¿Qué? -contraataco
-¿Qué va mal? –Insisto.
-Nada va mal, ahora todo está bien. Has despertado y eso es realmente lo que importa. –Sus ojos arden llenos de miedo.
No quiero discutir con él, pero luego tendré que insistirle. Algo le está molestando.
La puerta de la habitación se abre y ya nada más importa. Una enfermera entra empujando una de las incubadoras y Matt traía la otra con una gran sonrisa. Mi mano vuela a la de Christian y la aprieto con fuerza sin apartar la mirada de las dos pequeñas personitas que se mueven dentro de las cajas de vidrio.
-¿Preparada para alimentarlos, hermanita? –Pregunta Matt.
Abro los ojos como platos mientras Christian me ayuda a sentarme y acomoda las almohadas para que no me lastime los puntos de la cesárea.
-¿Ambos?
Matt asiente riéndose y abre una de las cajas. Toma en brazos al bebé y lo trae hasta mí, está envuelto en una cobijita blanca y va vestido de azul claro. No recuerdo haber guardado dicho conjunto pero es lo de menos, era tanta ropa que de seguro se me paso por alto. Cuando tomo al bebé en brazos algo en mi pecho se activa, es una felicidad que no se compara con nada.
Tenía la carita redonda, mejillas regordetas, unos pequeños labios rosados y el cabello negro. Sus ojitos estaban cerrados y apenas le acaricie la mejilla con mi dedo los abrió y eran de un intenso color verde. Iguales a los míos. Sonreí enamorada y sentí las lágrimas caer por mis mejillas. Cuando miro a Christian, él tiene los ojos llenos de lágrimas también.
-Es varón. –Me susurra con la voz ahogada y ronca- ¿Cómo le colocaras?
Miro de nuevo a mi bebé y le sonrió al notar que me está mirando fijamente. Recuerdo los nombres que él subrayo en la libreta y sonrío aún más amplio.
-Michael. Eres precioso. –Digo sin aliento.
Él parece entender y sonríe sin dientes antes de mover agitadamente sus manitos. Me rio y él vuelve hacerlo.
-Parece que se alegra de verte. –Comenta Matt.
-En realidad parece que ha reconocido tu voz. –Agrega Christian.
La enfermera se acerca a mí y me da instrucciones de cómo debo colocarlo adecuadamente, cuando mi pequeño Michael se apodera de mi pezón izquierdo doy un respingo ante el pinchazo que se siente. Pero sonrió hacía él.
-Bien, ahora vamos contigo. –Susurra Matt antes de abrir la otra caja.
El segundo bebé está envuelto en una mantita igual a la de Michael pero cuando lo acomodan con cuidado en mi brazo derecho noto que tiene ropita rosada. Le disparo una mirada a Christian y él asiente enérgicamente. Oh, Dios. Es una niña.
La miro atentamente y tiene la misma forma de cara que su hermano pero su cabello tiene destellos cobrizos como los de Christian, tal vez cuando sea grande lo tenga idéntico. Sus ojitos son grises y verdes, una mezcla de colores que heredo de Christian quien luego de recibir mi alma tenía destellos verdes en los suyos.
-Son tan perfectos. –Susurro embelesada.
Christian se sienta a mi lado y le acaricia el cabello a ella quien al escuchar mi voz ha dado un par de patadas.
-Creo que ya sabemos quién era la que te golpeaba para llamar tu atención. –Comenta divertido- ¿Qué me dices de ella? ¿Qué nombre le darás?
Le sonrió e intento añadirlo a las decisiones, él lo necesita, lo sé.
-¿Por qué no lo eliges tú?
Sus ojos se disparan a los míos y su mano detiene la caricia hacia la bebé.
-¿Lo dices en serio? –Pregunta emocionado.
Asiento y él sonríe.
-Alexis. Me gusta el nombre de Alexis.
-¿Michael y Alexis Grey? Sí, a mí también me gustan. –Le sonrió.
La enfermera me ayuda a colocar a la pequeña Alex en mi pecho derecho y luego se retira junto a Matt para darnos privacidad.
-Los amo tanto. –Digo bajito mirando a mis dos hermosas criaturitas.
-Gracias, Bella. –Susurra Christian con voz ronca.
Le miro y él está mirando a los bebés, cuando levanta la mirada hacia mí puedo notar lágrimas no derramadas en sus ojos.
-¿Por qué?
-Por hacerme tan feliz, jamás pensé llegar a conocer un amor tan grande. –Me da un suave beso en los labios- Los amo, más que a nada en este mundo.
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¡Hola! Espero disfruten del capitulo, en lo particular es mi favorito.
Las quiero mucho.
Maiia :)
