—¿D-De verdad es usted el novio? —pregunta Ronald a Suiza bastante incrédulo cuando llegan al baño.
—Ehm... S-Soy... —vacila porque esta todo pintado de la cara y es un poco vergonzoso...—Ja.
—Y... ehm... sin ofender, pero... Ehm... me alegro mucho por usted —cambia de idea a la mitad.
—¿Sin ofender te alegras por mí? —le mira de reojo poniéndose bastante jabón en la mano
—L-Lo digo porque... ehm... ja. Por los dos.
—¿Lo dices porque qué? —abre las llave—. Completa las ideas.
—Se ve que... ¿vais a ser muy felices?
Se lava la cara pensando en por qué un muchacho de la orquesta de Austria puede pensar que la respuesta a ello es no.
—¿Tú que imaginas? —pregunta Suiza que hoy al parecer esta indulgente de los chicos que quieren hacer conversación con él.
—Pues que... si no, no os casaríais —asegura aunque piensa que Suiza siendo tan desordenado como todo esto y Austria haciéndole rabiar nada más ha visto quien era.
—¿Qué piensas de Österreich ?
—¿En qué sentido?
—Ya sé que compone de manera perfecta, tiene un oído impresionante y toca el violín mejor que nadie. Aun así, me pregunto qué piensan ustedes de tener a un jefe así... Como él.
—Ah, es... ehm... muy buen jefe y nadie le odia para nada. Todos están muy contentos.
Suiza le mira a través del espejo volviéndose a poner jabón en la cara. Ronald sonríe con nerviosismo.
—Es difícil no odiar a alguien tan informal, yo lo sé. En el fondo no es tan terrible.
—Ah, ¿nein? Bueno, ya supongo que usted no le odia si va a casarse con él.
—Ehm... —aprieta los ojos porque le cuesta un montón—. Sí que le odio.
—Was?
—P-Pues es una cuestión... Ehm... natural.
—¿Y para qué se casa?
—Nein, Nein. Es decir. ¿Quién no odia un poco a su... Ehm... Pareja?
—No estoy seguro, nunca he tenido.
—Oh. Bueno. Creo yo que es apropiado odiarles. Más si son engreídos, desordenados, impuntuales y molestos como Österreich.
El chico levanta una ceja. ¿Impuntual y desordenado? ¡Si tiene puñetero TOC!
—Además está esta pésima manía de ser el peor flojo del mundo que espera que todos le hagan todo. Es insufrible.
El chico sigue mirándole incrédulo sin decir nada porque es muy discreto.
—Ehm... ¿y cómo será el hotel? —decide mejor cambiar de tema.
—¿El... Hotel? —piensa en la luna de miel.
—Ja, todos hablan de cuando vayamos a Bern a ensayar.
—¿En un hotel?
—Nein, en la iglesia.
—Es la catedral de Bern.
—Ja, eso. Nunca he estado en Bern.
—Te gustará, a menos que te gusten las cosas recargadas y feas que hace Österreich.
—Es extraño no haber estado nunca, porque soy de Liechtenstein, pero... —se encoge de hombros
—¡¿Eres de Liechtenstein?! —levanta las cejas y le mira con infinito más gusto que hace una centésima de segundo.
—Ja, pero mi abuela era austriaca, por eso me mandaron aquí a estudiar.
—Pero tú eres de Liechtenstein. Aléjate de los austriacos y su mala influencia.
—Ehm... —le mira y piensa que es un poco tarde para eso.
—Aun estando aquí, no dejes que se te metan a la cabeza
Asiente de todos modos un poco asustado.
—Mi hermanita, Lili... Es mi mayor orgullo.
El chico sonríe un poco.
—Confío en que te comportaras a la altura y demostraras porque es que lo es.
—Oh... ehm... ja, claro.
—No estoy bromeando —carraspea terminando de limpiarse el delineador de los ojos—. Y... Tú. ¿En dónde aprendiste a bailar vals?
—Yo no sé bailar vals, yo soy acordeonista.
Suiza levanta una ceja y le mira. Él se sonroja un poco porque nadie le toma muy en serio nunca.
—¿Acordeonista? Y que... Es decir, pensé que tú me ibas a perfeccionar el vals.
—Creo que es Herr Österreich quien pretende hacer eso.
—¿Mientras usted toca el acordeón?
—¿Eh? Nein, nein, no toco el acordeón profesionalmente, aquí soy asistente.
—Oh, ¿con Maximilian? —ojos en blanco.
—Ja —asiente.
—Cielos, muchacho. No sé qué haces trabajando.
—Was? Pues ganarme la vida honradamente.
—Aquí. Quizás podríamos reubicarte. ¿Qué opinas del trabajo en un banco?
Hace un gesto de asco con la cara... es un artista, Suiza.
—Nein? Mein Gott... ¿En una chocolatería?
—Nein, danke, me gusta la música a pesar de que las condiciones son un poco tensas es el mejor trabajo que podría conseguir.
Suiza hace Tsk Tsk tsk saliendo del baño. El chico sale detrás, claro.
—¿Cómo es lo que Österreich está componiendo para la boda? —pregunta Suiza bajito mientras camina.
—Perfecto.
—Perfecto. Todo lo que compone es perfecto.
—Ehm... no exactamente, está realmente obsesionado con el nivel de perfección y excelencia esta vez.
Suiza sonríe un poquiiiito porque le gusta la idea. Infla levemente el pecho.
—Va a ser perfecto. Estoy seguro —muy convencido.
—Eso espero por el bien de todos.
—No creo que exista otra opción. ¿Está en esta puerta?
—Ahí —señala el final del pasillo.
—Vale —se peina un poco y le mira de reojo—. Quédate aquí.
El chico asiente.
El suizo se tranquiliza un poco porque pensaba que el chico iría y aprendería a bailar vals con él, aunque se sonroja porque... Bueno, eso implica que tendrá que bailar con Austria en 3... 2... 1... Traga saliva y entra por la puerta.
Austria está con su violín pero se detiene enseguida al oír la puerta, girándose a ella. Suiza se sonrooooja con el violíiiiin.
El austriaco baja del todo el violín acercándose a guardarlo cuidadosamente en su funda.
—Nein. Toca algo.
—Nein. Ahora no es el momento.
Suiza arruga un poco la nariz y se sonroja bastante por habérselo pedido y que además le diga que no. Austria le sonríe, y él carraspea un poco y se sonroja más, acercándose a él.
—Así que... El dichoso vals.
—¿Dónde has dejado a Raul?
—Ronald. Afuera.
—¿Y por qué?
—Es un asistente. ¿Para qué le quieres aquí? Además vamos a bailar, eso requiere intimidad.
—Alguien tiene que poner en marcha el reproductor de música.
—Yo puedo ponerlo en marcha. O tú. No creo que mueras al picar un botón, con las veces que lo haces en el piano.
—Probablemente habrá que ir deteniendo y encendiendo de nuevo.
Suiza le mira y... Es que sabe que va a bailar mucho más tenso si hay un muchacho aquí dentro, por más que sea de Liechtenstein. Gruñe un poco.
—Además tienes que acostumbrarte a bailar en público.
—Podríamos empezar con aprender los pasos —murmura yendo hacia la puerta con paso rápido.
—Está bien, creía que ya los sabías después de todos estos años
—Ya los sé, los normales. Pero siendo nuestra boda, no sé si hay algo especial.
—¿Quieres algo especial? —le tiende la mano.
—Pues... —sonrojito extra, traga saliva, le toma la mano con suavidad—, quiero que sea como a ti te gusta bailar.
—Como a mí me guste...
—Ja. Esta parte de la boda es para darte gusto a ti —le toma del hombro porque ya le ha enseñado antes
—Ah, ¿y cuál es la parte para ti?
Se sonroja porque en general toda la boda es la parte para él. Sí, así de contento está.
—Ehm... La... Ehh... La, la... El viaje de la iglesia a la fiesta.
—¿De veras?
—Ja —asegura sin mirarle, revolviéndose un poco. Austria le mira por encima de las gafas con cara de circunstancias.
—Toda la boda es la parte para mí, no me hagas esa cara. Pero entre la iglesia y la fiesta vamos a dar un pequeño paseo.
—¿Un paseo?
—Ja, en el coche... Solo... Es una tontería.
—Bien, tú lo organizas, me fío.
Parpadea y le mira a la cara.
—¿Como que te fías?, ¡claro que te fías! Hasta el comentario me hace dudar ahora...
Austria sonríe.
—Yo también puedo organizar cosas bonitas para la boda —protesta porque en general hasta ahora cada cosa que ha hecho ha sido modificada y... Complicada. El de ojos violetas le hace un cariño en la mejilla. Suiza parpadea sin esperárselo.
—Solo es una cosa. No me hagas decírtela —le pide acercándose más a él.
—Está bien —baja la mano y le toma de la cintura.
—Tienes que cantar si quieres que haga los pasos, yo no tengo un vals perfecto en la cabeza.
—Esto sería más fácil si nada más hubieras dejado que entrara Rondel.
—Ronald. Es de Liechtenstein —suspira y le quita la mano del hombro—. Vale. Voy por él. Aunque he de decirte que estoy seguro que podría relajarme mucho mejor si tú cantas y no hay nadie más.
Austria le detiene de la cintura.
—Was?
—No puedo cantar y darte instrucciones —le suelta.
—No necesitas darme instrucciones solo... —suelta el aire y arruga un poco la nariz porque el chico aquí esfuma del todo cualquier esperanza posible de un beso con Austria en el baile—, voy por él.
—Sí así lo crees, no vayas.
—Nein. Nein. Si algo he aprendido en esta preparación, es que necesito instrucciones hasta para respirar.
Austria asiente tan cínico.
Suiza gruñe un poco y camina a la puerta con paso rápido pero Ronald se ha ido. Suiza sale un poco al pasillo a ver y vuelve sin nada... Austria le espera junto al equipo de música.
—No está.
—Esperemos que no haya que parar muchas veces —lo prende—. Vamos a ver qué es lo que recuerdas —se acerca al centro de la sala con seguridad.
Bien, nada de presión. Traga saliva y se acerca a él seguro de que de algo debe acordarse. (No le digan a nadie pero creo que ha estado ensayando un poco con Liechtenstein)
—No hace tanto de la última vez que bailamos —pone las manos en posición.
Suiza le mira y se sonroja un poquito porque está muy cerca, pero trata de concentrarse y esperar a que Austria de nueva para seguirle.
El austriaco cierra los ojos con expresión serena esperando la nota adecuada en el ritmo de la música antes de empezar a moverse.
Y solo con eso a Suiza ya se le acelera el corazón, a la expectativa y el movimiento, cuando lo hace, es mecánico... Intentando que no lo sea. A saber qué es lo que le sale. Austria hace un gesto de desagrado al sentir que no es fluido. El helvético traga saliva al verle la cara y se pone más nervioso, queriéndolo hacer bien. Seguro con España no había tenido problemas para el baile, en lo absoluto. Aun así, al menos, se sabe los movimientos.
Al cabo de unos cuantos segundos Austria se detiene. Suiza le mira deteniéndose con él.
—¿No... No está bien?
—Como siempre... —suspira y le mira.
—Debería ser mejor que siempre.
—Estás demasiado rígido.
—Como siempre... Puedo ensayar esto cien veces, pero va a salirme siempre igual.
—Necesitamos que te relajes —le mira con seriedad.
—Estoy relajado.
—No lo suficiente.
—Estoy tan relajado como se puede. Un poco más y probablemente me duerma —mentiroso. Austria le mira por encima de las gafas.
—Y si crees que estoy poco relajado, no quiero ni pensar el día de la boda con todo el mundo cuchicheando.
El austriaco aprieta los ojos.
—Lo siento. Soy muy malo para todas esas cosas. Pero... Quizás cuando dejes de bailar conmigo y bailes con Liechtenstein o con tu madre todo vaya mejor.
Austria le mira otra vez con eso porque no va a casarse con ellas.
—De verdad lo intento —suspira y se sonroja un poco—. Quizás si...
—¿Sí qué?
—Debe haber alguna manera de que esté más relajado.
—Cierra los ojos.
Suiza se sonroja un poco porque parece que él mismo está insinuando... Aunque no lo está insinuando. Aun así toma aire y los cierra. Se recuerda a sí mismo que ahora confía en Austria.
—Acércate más y escucha mi corazón —tira de él hacia sí—. Céntrate solo en eso como cuando dormimos juntos. En eso y en la música.
Suiza le mira y en realidad si es como para dormir sí que puede relajarse contigo. Se deja tirar y de hecho le abraza un poco... y hasta le olisquea. Le mira un segundo y vuelve a cerrarlos.
Austria sonríe cuando siente que le huele, sin decir nada, empezando a intentar moverse otra vez poco a poco. Es posible que Suiza se mueva más relajado en principio.
—No es con Liechtenstein ni con Galia con quien quiero bailar mi primer baile de casado —susurra. A Suiza se le acelera en corazón con el concepto.
—Vas a estar casado conmigo —susurra recordándoselo a sí mismo.
—Es un compromiso importante.
—Puede que para entonces yo...
El austriaco le mira, sin dejar de bailar notando que ahora que además Suiza piensa en otra cosa, le es mucho más fluido.
—...esté más tranquilo —le mira de reojo y se sonroja de nuevo, aunque no se tensa con el baile.
—¿Por qué crees que así sea?
—Ya vas a haberte casado conmigo —susurra.
—¿Y?
—Y todo estará bien entonces.
—¿Estar prometidos no es suficiente?
—Estar prometidos... Es el punto intermedio. Es tranquilizador, pero ya hemos estado en este punto antes.
—Yo no recuerdo haberte pedido matrimonio antes.
Suiza aprieta los ojos.
—E-Es verdad.
Austria sonríe y le hace dar una vuelta, la da y se acuerda un poco que están bailando tensándose.
—¿Entonces a qué te refieres?
—A que hubo momentos de estar bien, pero siempre podíamos echarlo a perder... O irnos.
—Y crees que el matrimonio cambiará eso.
—Cada vez que pienso que algo va a cambiar me haces dudarlo.
Austria sonríe.
—Creo que deberíamos sentarnos tú y yo y escribir los términos y condiciones del contrato matrimonial que vamos a firmar —suena menos romántico de lo que es. Suiza parpadea con esa idea y abre los ojos, mirándole y tensándose otra vez un poco.
—Términos y condiciones —repite mientras cerebro y corazón pelean un poco entre sí.
—Todo el contrato, en realidad, deberíamos redactarlo. Que implica, que no, a que nos vincula y a que no, en qué condiciones y de que maneras —sigue con su tono de voz serio y calmado.
En realidad le sorprende mucho el mismo no habérselo planteado antes aunque le genera alguna preocupación. Pero quizás fuera lo más práctico y racional. Ponerlo todo en un convenio y saber a qué atenerse.
—Es... Un acuerdo prenupcial pero no solo económico —susurra Suiza.
—Es que no va a ser una boda normal que pueda amoldarse a cualquier formulario estándar. Tú estás acostumbrado a trabajar de esta forma y sabes lo importante que puede ser. Un acuerdo legal que diga que a pesar de estar casado conmigo no tengo poder de uso sobre tus efectivos me protegería del acoso SEGURO que ya estoy recibiendo de Preussen y recibiré de Deutschland cuando vuelva a estar en condiciones —Básicamente: "Mataos vosotros y a mí no me jodais con el dinero".
—Ah. Ese documento ya lo tengo preparado.
—Por poner un ejemplo... también sería bueno decidir qué sucederá con Liechtenstein —sigue.
—¿C-Con Liechtenstein?
—De ella sí quisiera recuperar parte de la custodia legal, aunque ya resulte una persona adulta.
Suiza parpadea un par de veces.
—¿Estás planeando e-el divorcio y llevártela?
—Nein, estoy planeando tener una opinión de peso sobre sus asuntos y no nada más una voluntad de aconsejarte que puedes decidir ignorar. Aunque también habría que decidir qué sucedería en caso de que alguien quiera irse.
—¿V-Vas a querer irte?
—Tal vez tú quieras hacerlo —se encoge de hombros. Suiza niega con la cabeza muy convencido y el austriaco aparta la mirada porque ese temaaa.
—Eso no. Podemos ponerlo, pero eso se contrapone a todo esto —le detiene de bailar, eso sí. Lo siento, Austria.
—Es solo parte de cotejar todas las posibilidades —se detiene también
—Un contrato que indique qué haremos en cada circunstancia
—Creo que eso podría ayudarnos a entender bien esto, saber a qué atenernos, que significa y... relajarte.
Suiza suspira planteándoselo y considerando que... Es lo más práctico y lógico. Más que "estaré contigo hasta que la muerte nos separe".
—No parece que te haga mucha ilusión—valora Austria.
—Lo que no sé es porque no se me ocurrió a mí antes.
—Creo que no te haces aun del todo a la idea de lo que representa todo esto en la vida de una persona. No solo es una gran fiesta.
—Mmm —Le mira un poco—. Creí que tú sostenías que no era nada más que una gran fiesta.
—Será solo una fiesta, lo sé, se hará, pero no lo que implique.
—Habías dicho que nada cambiaría —susurra con seriedad.
—Y no lo hará a nivel práctico, pero es un poco iluso creer que realmente será así en todos los aspectos —se suelta del todo y se lleva las manos a la espalda.
—Tú eres el que no quiere que nada cambie.
—¿Qué es lo que tú quieres que cambie? Schweiz... —se da la vuelta y anda hacia el reproductor de música hasta detenerlo—. ¿Recuerdas la primera vez que te tomé, en la mesa de tu casa? —pregunta sonrojándose un poco sin dejarle responder aun.
Ok, ahora Suiza se ha quedado MUDO. Le mira con la bocota abierta y sonrojado.
—Nunca hablamos de ello, ni lo mencionamos —no le mira—. Fue apresurado, burdo, torpe y violento, muy violento. Apenas si lo planeé y por tú parte... me parece que tú ni siquiera sabías lo que estaba pasando —traga saliva—. Fueron quince minutos en una vida de siglos de duración, un suspiro, nadie lo supo jamás, hasta podríamos creer que no sucedió. No cambió nada a nivel práctico... y sin embargo todo fue diferente a partir de entonces.
Suiza traga saliva sonrojándose con la analogía pero pensando en ella.
—¿Crees que esta vez yo no sé nada tampoco como entonces?—y piensa el mismo en su respuesta. Claro que no sabe nada, nada de nada. Si Austria ha pasado una buena parte de su vida casado.
—No era exactamente esa parte la que trataba de ilustrar.
—Lo sé, es más la parte de lo mucho que cambiaran las cosas. De hecho, justo por eso... si cambian tanto como entonces es que te pregunto si crees que yo no sé en lo que me estoy metiendo.
—Nein, no es exactamente como entonces, creo que esta vez tienes más idea y está todo mucho más preparado.
—Lo único que lamento es que tu sepas todo tan bien... Como siempre. Aun me hace sentir un poco inútil e inocente.
—¿Preferirías que ambos estuviéramos perdidos?
Suiza suspira un poco y vuelve a acercársele abrazándole un poco de la cintura. Austria levanta los brazos para dejarle hacerlo.
—Me gustaría sentir a momentos que tengo el control y la manera de calmarte y asegurarte que lo que sea que pienses que está mal, va a estar bien —traga saliva—, como cuando éramos pequeños.
—¿No te gusta que sea al revés? —le pone las manos a la espalda con suavidad.
—No que siempre lo sea, es un poco...
—No siempre lo es.
—¿Crees que no? —se separa un poquito y le mira a la cara. Austria le sonríe.
—¿Ves? Lo sabes.
—¿Qué sé?
—Que siempre es así.
—Nein, no lo es, solo lo es en más cosas de las que lo era cuando éramos pequeños.
El helvético le mira y suspira otra vez.
—Voy a ser más útil más adelante y vamos a aprender cosas juntos.
—Yo nunca he estado casado contigo tampoco —le recuerda sonriendo.
—Quizás es un infierno —levanta la mano y se la pone en la mejilla
—Quizás —se encoge de hombros.
—No lo será. Va a gustarte estar casado conmigo, voy a hacerlo bien —propósitos en la vida.
—Pues para eso te lo pedí —asiente.
—Y vamos a hacer ese contrato.
—Aun tienes que aprender los pasos especiales.
—¿Hay unos pasos especiales?
—Dijiste que querías que los hubiera.
—Quiero que te guste. Explícame como van.
—Veamos... —le pone la postura y de repente la siguiente pieza que empieza del CD es el ritmo del tambor del bolero.
Suiza se paraliza y abre los ojos sonrojándose.
—Oh... —Austria se detiene también un instante y carraspea.
—El... Bolero. ¿Vamos a bailarlo?
—No lo... descarto —carraspea de nuevo porque además le han dicho que lo harán, porque les gusta hacer esta clase de bromas sutiles y elegantes y le han avisado.
—Oh... Eso va a ser difícil.
—¿Te parece?
—¿Tu no crees? Además... Es que ese movimiento sutil de caderas —se las mira.
—Pues no es la primera vez que bailaríamos esto...
—Pero en público, de nuevo. Si tan solo esta boda fuera pequeña.
—Cosa que ya es demasiado tarde para que sea.
(Es que además Austria se refería a las otras veces que han bailado esto... en la cama)
—¿Cómo se baila esto con pasos especiales? —la pregunta atinada. Austria le mira fijamente, se humedece los labios y piensa que su inocencia le protege como siempre—. ¿Hay algún movimiento que te guste?
—Si tú no lo sabes...
—¿Yo? —Suiza parpadea, con otra línea de pensamiento, claro.
—¿Qué movimientos te imaginas con esta pieza?
—U-Unos de cadera.
—Veámoslos —decide Austria apartándose un poco y mirándole.
—¿Yo? Nein, los que tú haces. No los notas, creo.
—Muéstrame como son.
Se mira a sí mismo y mueve un poquito la cadera de un lado a otro.
—¿Quieres que haga eso mientras todos nos miran?
Se sonroja.
—Vas a hacerlo igual, siempre lo haces.
—Pero normalmente tiene otro motivo, ¿no te parece?
Suiza empieza, al fin, a pensar que quizás estén hablando de algo más.
—El... Eso... Tú... —balbucea.
—¡Bien! —exclama de repente dando una palmada—. Bailar bolero. El bolero es bastante diferente del vals.
Parpadeo parpadeo sonrojado.
—Es, ja... No sé si se puede bailar. Además es larguísimo.
—Sí se puede. Y sí es larguísimo —y lo vamos a sufrir desde la primera nota hasta la última como cada vez, añade para sí mismo yendo al reproductor para ponerlo de nuevo. Suiza traga saliva y le mira hacerlo pensando que esa pieza es DEMASIADO sexual.
—¿Y qué paso es? Es... Es terrible poner esto.
—Una de las diferencias más importantes de los valses y los boleros es que los primeros son mucho más artísticos, mientras los segundos son del tipo connotación... —se da la vuelta habiéndolo puesto en marcha otra vez en shuffle para que empiece de nuevo al acabar, con los ojos cerrados y tono solemne —sexual.
Suiza se sonroja aún más con la pura palabra. Porque además parecería que le ha leído el pensamiento.
—No es tan perfectamente matemático como el vals y hay una cosa imprescindible que es difícil. Tenemos que mirarnos a los ojos todo el tiempo —se acerca.
—¿Tenemos que MIRARNOS a los ojos?
—Todo el tiempo.
—Pero... Pero... —le da más vergüenza con Austria en sí, de la que le da el resto del mundo.
—La parte buena es que hay menos pasos, si te equivocas se nota menos y este en concreto es muy muy lento —le toma de la cintura y le atrae hacia sí. Mucho más que con el vals, por supuesto. El helvético le mira idiotamente a la cara. Y ahí tienes tu movimiento de cadera.
—Oh cielos...
—Echa la pierna atrás como si dieras un paso.
Suiza lo hace vacilando un poquito y Austria mueve la suya hacia adelante siguiéndole. Y es que estás muy muy cerca...
—¿Lo ves? Ahora yo la echaré atrás y tú me sigues hacia adelante.
El de ojos verdes lo hace con cuidado rozándole la pierna El paso que hace Austria es mucho más corto de modo que quedan más cerca. Suiza piensa ahora en el beso que quiere desde hace rato y no se han dado.
—Bien, ahora mírame a los ojos y lo haremos otra vez, lentamente.
—Lentamente.
—Ya casi está —asegura cuando lo hacen otra vez—. Ahora fíjate en el movimiento de caderas. Es importante que... —se sonroja y carraspea poniéndose lo más serio que puede, como si hablara del clima—. Los genitales se estén tocando la mayor parte de tiempo posible.
—¡¿Los genitales?! —repite al triple de volumen.
—Shh! —le riñe para que no grite—. Ya lo verás, muévete de nuevo.
—Quieres que nuestros genitales se to... —susurra y se mueve un poquito, DEMASIADO consciente de sus genitales y Austria se mueve pegándosele con las caderas en un movimiento marca España.
Suiza no nota la marca pero sí el movimiento y pega un buen salto, jalando aire. Austria se sonroja y aparta la cara, dejándole que se separe. De hecho no se separa del todo, he de decirlo. Solo da un saltito y le mira aun.
—Nein, mírame.
Austria carraspea y se vuelve a él con los ojos cerrados, porque no creáis que no le cuesta.
—E-Es raro, pero... Soy yo. No tengas vergüenza conmigo —pide súper avergonzado.
—Estoy bien. Estoy bien, vamos de nuevo.
Le aprieta un poco y se prepara para el movimiento
Austria toma aire y se mueve otra vez, guiándole justamente con la cadera tirando de él para que no se separe si el paso es muy largo.
Suiza vuelve a tomar aire pero no se separa.
—B-Bien, eso... ¿Está bien?
Asiente.
—E-Estás cerca.
—Ahora... ahora dos pasos. Pierna izquierda y luego derecha. Primero tú hacia atrás y luego yo.
Suiza cierra los ojos y sale el paso un poco tenso.
—Nein, nein, sin cerrar los ojos. Mírame.
Abre los ojos y traga saliva otra vez.
—E-Esto es difícil.
—Ya lo sé.
—Aun así, no podría hacerlo con nadie más.
—Así, yo tampoco...
—¿Tú? Tú si podrías.
—Nein, no así como contigo. Ahora da una vuelta y queda de espaldas a mí.
—Vuelta... Quedar de espaldas —lo hace torpemente. Austria le pone las manos en las caderas y saca la cabeza por encima de su hombro.
—Levanta las manos y hunde las manos en mi pelo.
—¿E-En tu p-pelo? —es que las manos se mueven solas, sin su permiso, y ya están en su pelo.
—Mírame —le pega la cadera al culo girando la cara hacia él y es que ahora si están muuuuuy cerca. Y es que va a darte un beso. No sabe ni en qué momento se dio permiso. Pues no es como que no... Es decir, casi se rozan los labios solos, no es nada raro ni que no se espere o no quiera. Le besa de vuelta y Suiza se derrite encantado acariciándole el pelo y RELAJANDOSE.
Fíjate que cosas, ahora va y se relaja.
Pues es que beso y pelo, se lo debe estar comiendo, eso sí...De hecho es que no debe tardar en voltearse, y eso es justo un gran peligro en la boda. Sí, tenéis un problema con esta canción. Uno tremendo. Por como Suiza te está besuqueando NO quieren que pase esto ese día. Lo bueno es que les va a silbar todo el mundo. Es decir, bueno porque no va a pasar a mayores. Pero malo porque Suiza va a acabar escondido bajo la mesa. Es posible que acabe con Austria escondido.
Parecía imposible, pero hay pasión en los sajones... y no es por cometer genocidio. ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición
