NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO.
Hola!
Debo admitir que no me esperaba comentarios, mucho menos alertas, por un simple prefacio. ¡Me han impresionado mucho! Estoy contenta y muy inspirada para terminar esta historia, ruego a Dios tener el tiempo para no tardarme tanto xD
Comentarios:
ASHKORE15:siempre he considerado que el lector debe informarse para entender mejor la historia, solo que las fuentes a veces son difíciles de encontrar y para que no batallen mejor yo se los pongo xD
Sabaku No Kuraji: al contrario, me encantó tu largo comentario. Sentía la emoción con la que lo escribiste y me enterneció de sobre manera que una lector joven como tú le encantase mis historias y además la cultura vikinga (que recientemente se ha vuelto de mis favoritas) Bueno, en México "chimuelo" es como le decimos a las personas que le faltan uno o todos los dientes, si un niño de siete años se le han caído dos dientes es un chimuelo. Así que técnicamente es lo mismo que "desdentado" sobre los comentarios no hay problema, lo entiendo a la perfección porque a mi me pasa y me basta con que leas y disfrutes cada que puedas el fic. Y no te apures, conforme avance el fic podrás hilar lo que pasó entre Hipo y Chimuelo.
Capitulo 1.
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3 años después.
POV de Astrid.
Estaba sentada en uno de los escasos momentos de paz que uno puede tener cuando se está en guerra. El risco sobre el cual había decidido dedicarme a ver el mar me daba una gratificante brisa. Al menos lo suficientemente fuerte para mandar mi cabello atrás y despejar mis pensamientos frenéticos.
Con mis dos brazos cruzados sobre mi pecho, piernas estiradas sobre el verde pasto y con el sol ante mí, oculto su mitad bajo las olas del océano, sonrío para mí misma cuando me descubro mucho más cursi y sentimental que antes. ¿Qué se puede esperar? La vida siempre hace que uno cambie de maneras rápidas y extrañas. Jamás pasó por mi mente volverme una pacifista amadora de la vida que pelea por otros intereses ajenos al placer del combate, el patriotismo hacia mi aldea, y el cariño de mi gente.
Lo que mueve mi espada sobre el campo de batalla son esos ojos verdes grandes y chispeantes, que se llenaban de brillo cuando una idea nueva cruzaba por su mente. Son esa mejillas salpicadas de pecas oscuras, regordetas y enmarcando el redondo rostro de un hombre delgado, inteligente y más valiente de lo que alguna vez él mismo se creyó.
La venganza no había formado parte de mis pensamientos en mi corta vida. Perder el mundo que conocía y mis seres más amados me hizo, en primera instancia, fría y rencorosa. Al paso del tiempo dejé de lado buena parte del odio que le tuve al destino y lo dediqué a un solo grupo de personas. Los romanos.
Flashback.
La paz en Berk no llevaba más de dos años de haberse establecido. Y las cosas iban realmente bien. Con la ayuda de los dragones, habíamos conseguido hacer del pueblo uno más grande y más bello que antes. Hipo en definitiva era una celebridad, su fama no había menguado. Y mucho le sirvió que Estoico comenzara a entrenarlo y enseñarle para que, en el futuro, asumiera su responsabilidad como Jefe de la Tribu.
La mañana era clara y linda, con el celeste cielo lleno de nubes. Me encaminaba a la herrería sabiendo que Hipo estaría ahí, creando otro invento, mejorando armas o planeando construcciones. Me encantaba su gran creatividad y la capacidad que tenía de inventar.
No obstante, antes de llegar a la fragua, mientras cruzaba la explanada, vi a todos corriendo hacia el muelle. Tenían armaduras puestas, armas en mano y expresiones fieras. Sus gritos de guerra me indicaron que algo andaba mal.
—Hipo—fue lo primero que pude pensar—¿Dónde está?
Corrí a la fragua y no le encontré ahí. El fuego caliente de la chimenea me indicaba que había sido recientemente abandonada. En el gran salón tampoco había nadie. No me quedó más remedio. Bajé la colina y llegué a mi casa, que no estaba nada lejos. Estaba completamente vacía, sin mis padres; agarré el hacha que reposaba al lado de un sofá y me encaminé hacia el muelle, recordando mentalmente todas las maniobras de ataque que sabía.
La formación vikinga estaba en hilera. Todos contemplaban hacia el horizonte. No encontraba a nadie, más que adultos hombres y mujeres que desde luego no conocía del todo bien. Con ambas manos sostuve fuerte el hacha, tratando de ver lo que ellos veían.
Al final, lo vi. Al fondo se podían presenciar las siluetas de unos botes con extrañas banderas. Raras pero familiares. De un color rojo intenso, ondeando gracias al viento de graciosa manera. Mi mente evocó entonces situaciones tan lejanas en mi memoria que eran borrosas, de hombres vestidos de relucientes armaduras portando esas mismas banderas.
—Romanos…—susurré, más para mí que para los demás.
¿Qué hacían los romanos aquí? Hasta donde sabía, habían sido repelidos, derrotados y exiliados de las tierras vikingas muchos años atrás, cuando yo apenas era una niña o antes. Mis músculos se tensaron, mientras me preparaba mentalmente para una batalla ardua.
Entonces, alguien me jaló bruscamente del hombro. No tuve tiempo de decir o hacer nada cuando me guiaron de forma rápida hasta el gran salón. No me asusté, porque era Bocón.
—Niña, puedo saber ¿Qué pretendías en el muelle?—me preguntó, mientras caminábamos hacia el fondo del salón, a la pared más oscura.
—¿Pelear?
Resopló, como quien escucha una broma. Me miró de reojo con una sonrisa extrañamente apremiante y dijo:
—No todavía pequeña, pero será pronto.
Entonces, jaló un trozo de tronco que apenas y sobresalía de la pared rocosa. Una puerta se abrió, como túnel que iba directamente al suelo, seguramente un sótano secreto. Era oscurísimo pero había unas cuantas antorchas encendidas y colgadas en las paredes de tierra.
El túnel no era muy largo y daba a un enorme espacio tan grande o hasta más que el gran salón. Ahí, en una mesa, estaban Patán, Patapez, Brutacio y Brutilda.
—¿Qué pasa?—pregunté, incapaz de comprender lo que pasaba—¿Dónde está Hipo?
—Hipo vendrá pronto, está con Estoico.—respondió Bocón—Esta es la sala secreta, pocos la conocen. Ustedes tienen el privilegio de saber entrar y salir. Los traje aquí para protegerlos y decirles.
—¿Decirnos qué?
—Los romanos han estado batallando con tribus más al sur, vikingas también. Han sido luchas fieras, donde perdimos muchos de nuestros pueblos hermanos. Berk es de las tribus más al norte, regiones frías donde las tropas romanas no resisten mucho y pensábamos que no vendrían. Nos hemos equivocado.
—¿Y qué haremos?—preguntó Brutilda.
—No podemos quedarnos de brazos cruzados cuando nuestros padres están allá peleando ¿Oh si?—ese fue Patán.
—¡Cálmense!—gritó Bocón, callando la repentina explosión de voces—No se lo tomen tan a pecho, es una tropa pequeña, de seguro mandada para causarnos miedo o algo por el estilo, no nos darían una batalla peligrosa ni larga.
—¿Y porqué nos tienes aquí encerrados?
Bocón bajó la cabeza, como meditando las palabras que escogería para hablar.
—Miren, la guerra que se aproxima será muy grande y violenta. No me sorprendería que durara años. Ustedes han destacado por ser una generación abierta al cambio y muy tenaz. No solo sabrán la existencia de esta sala secreta, también les presentaremos archivo y libros que nadie más ha visto. Y les enseñaremos las mejores técnicas de combate cuerpo a cuerpo, las estrategias de pelea….
—¿Nos van a entrenar para pelear el resto de nuestras vidas contra unos romanos hasta que alguien gane o pierda la batalla?—razonó Brutacio.
—Algo así. Confiamos en ustedes.
Estaba un poco impresionada. Sabía que era una buena guerrera, y no es que sea engreída, es la realidad, pero el peso que ponían sobre mis hombros resultaba ser mucho más del que alguna vez esperé.
—¿E Hipo?—pregunté, con voz inocente—¿Qué pasa con él?
—Ustedes usarán sus habilidades física, Hipo las mentales. Seamos francos, ese muchachito saca cada idea descabellada que hasta a mí me desconcierta. E impresiona.
Entonces, se escuchó un ruido. Las rocas moverse mientras la puerta era abierta. Los pasos que cruzaban el pasillo eran lentos, nada apurados, pero la respiración parecía agitada. El silencio invadió la sala, mientras observaban el umbral esperando ver quién era el invitado.
Hipo miró a Bocón, a nadie más, y solo le habló a él.
—Ya se han marchado—dijo—Debemos salir. Mi padre quiere hablar contigo.
Bocón asintió. Dio unas cuantas instrucciones más y comenzó a subir por el túnel. En un principio, Hipo iba detrás de él, pero lo detuve de inmediato. Necesitaba más respuestas, y algo me decía que Hipo sabía tanto o hasta más que Bocón.
—¿Qué tan grave es la situación?
—Bastante.—ante todo, la sinceridad—Pero somos vikingos. No es nada que no podamos soportar.
Me dedicó una sonrisa torcida que no pudo esfumar la preocupación de sus ojos verdes. Asentí, no le creía en realidad pero tampoco quería ponerle más preocupaciones a su mente.
—¿También de vas?
—Mi padre quiere hablar conmigo.
—Cuídate.
Aunque no estábamos ya bajo ataque, experimenté algo que nunca antes sentí hasta ese día. Un horrible presentimiento. La sensación de que, en esa guerra, algo saldría mal. Muy, pero muy mal.
Fin de flashback.
Vaya que no me equivoqué. Quizá, de haber sido más fiel a mis emociones. De haberlo pensando detenidamente cada plan en vez de obedecer órdenes a lo loco. De haber considerado mejor los riesgos. De haber estado en mis cinco sentidos esa fatal noche… las cosas serían distintas.
Todos opinaban casi lo mismo, en diferentes perspectivas. Pero llegaban a la misma conclusión: fue cosa del destino. La muerte de Hipo no solo me afectó a mí, si no a todos. Estoico fue quizá quien más lo manifestó, cuando comenzó a romper y golpear árboles a diestra y siniestra en el bosque. Después, tomó la decisión de que se vengaría de los romanos por quitarle a su único hijo, haciéndoles tragar sus palabras.
Y es que los romanos en ese sentido fueron desalmados. Propagaron como la mejor de las noticias la muerte de Hipo en sus manos. Se vanangloriaban de haber acabado con el heredero de Berk, único hijo de Estoico el Vasto y además, nuestro fabricador de armas. Había hecho tantas mejora a las espadas, lanzas, martillos y hachas, que con su ayuda y estrategias la guerra fue sencilla al principio. La ausencia de Hipo se notó hasta en nuestras batallas, es impresionante darte cuenta de lo mucho que depende un pueblo de una sola persona hasta que ese ser se ha esfumado de la tierra.
Pronto, en todas las ciudades y colonias romanas, hasta en nuestras propias tierras, comenzaron a difamarse esos rumores. Cómo los valientes soldados romanos pelearon arduamente contra una tropa inmensa de vikingos montando sus endemoniados dragones y, en medio de la bravura, pudo más el talento nato del pueblo bendecido por dios para derribar al mejor de los jinetes. El propio Hipo Horrendo Haddock III, heredero. Según sus relatos, la sangre del vikingo pintó de carmín la explanada de la Base Alere Flammam*, derramada por centenares de espadas, mientras las escamas negras del Furia Nocturna adornan las paredes de la oficina en esa misma fortaleza.
Eso solamente acrecentó nuestra rabia. Ya no era solo la venganza de Estoico, o la mía. Era la de un pueblo entero que sentía como propia la humillación. Hipo había muerto esa noche para protegerme a mí y a Patán, salvándonos y por lo tanto, era un héroe. No dejaríamos que su nombre se manchara tan infame por esos malditos conquistadores.
Aún siento coraje de recordarlo.
Flashback.
La muchedumbre nos intentaba hacer paso, viéndonos horrorizados en toda la expresión de la palabra. Mis ropas estaban manchadas de sangre por cortes superficiale, rasgadas en varias zonas, mis cabellos despeinados y el rostro empapado en lágrimas. Patán estaba en condiciones muy similares.
Estoico apareció de repente. Nos miró con una sola pregunta en sus ojos. Ante esa expresión de padre angustiado, no pude más que bajar mi cabeza por la humillación y el dolor, tratando de controlar mis ojos. Patán dio un paso adelante, viéndome moralmente derrotada, y habló:
—Nos descubrieron y lanzaron todo lo que tenían—dijo, la voz sonaba demasiado formal, creo que trataba de no recordar mucho para no caer en un estado como el mío—Nos descuidamos y… Hipo pagó las consecuencias. Cayó cuando debíamos haber caído Astrid y yo. Lo lamentamos mucho, no pudimos hacer nada.
Las exclamaciones fueron generales, muy variadas. Casi todos jadeaban y charlaban entre ellos con genuina tristeza. Bocón, que estaba cerca de Estoico, bajó su cabeza y se perdió entre la gente. Creo que no lo tomó muy bien.
Bueno, el Gran Jefe de nuestra Tribu no estaba en su mejor momento. El rostro, lívido de repente, acentuaba sus oscuros ojos endurecidos mientras las facciones se tensaban. Sus manos se hicieron dos puños y nos dio la espalda. Le oímos gritar mil y mil más maldiciones al cielo, adentrándose al bosque. Escuchamos su potente voz y golpes, que se fueron alejando hasta desaparecer. Nadie hizo nada por seguirlo, sabíamos que necesitaba estar solo.
Y creo que lo mismo pensaron de mí, porque apenas di unos pasos hacia mi casa, nadie me siguió. Al llegar a la puerta cambié de opinión y mejor me deslicé lentamente hacia la playa. Con mis botas dejando huellas en las arenas, caminé sintiendo la brisa helada del mar y escuchando el ritmo de las olas.
No derramé más lagrimas, tampoco grité, sollocé o hice algo por el estilo. Eso no, al menos no ahora. Simplemente llegué a un punto aislado donde pude sentarme encima de una roca, viendo el mar moverse fluido sobre sí mismo.
—Hipo…
Mi consuelo era saber qué, de seguro, la mismísimas valkiras se habían llevado su alma al paraíso. Murió en el combate, por proteger a sus amigos. Y eso desde luego que lo hacía un héroe.
Al menos para mí.
Fin de flashback,
Cuando me convencí de que fue decisión de Odín llevarse a Hipo, no pude sentirme peor. Es decir, claro que le extraño. Hay mañanas en que lo que más deseo es ir a la Fragua y encontrarme con sus chispeantes ojos verdes viéndome con alegría mientras me explicaba su más reciente proyecto. Pero eso no sucedería nunca más.
De hecho, llevo pocos meses haciéndome la idea total de que él simplemente no está aquí, en este mundo. Pero debe estar mejor. Y desde algún lugar, estoy segura que nos cuida. Con Chimuelo. Eran mejores amigos, hasta en eso los dioses fueron buenos, pues se los llevaron juntos.
La guerra ha sido demasiado ardua. Dos días después de la muerte de Hipo, un bloqueo romano rodeo la isla entera. No podíamos salir, pero ellos tampoco hacían nada por entrar. En un principio no fue un gran problema, hasta que pescaron de nuestras propias corrientes para comer. No está demás decir que los peces fueron disminuyendo considerablemente.
Recuerdo esos días de hambruna. No hay nada peor que ver a los niños pedir comida sin poder darles lo suficiente. Los dragones también reclamaron y se les veía decaídos. Me levantaba por las mañanas con hambre, sabiendo que no había nada o muy poco, y en todo el día tenía suerte si encontrábamos avellanas en los árboles o podíamos cultivar algo de trigo para una docena de pan. El ganado fue atesorado, y comíamos una o dos ovejas cada semana, cuidando que no se nos acabaran. No podíamos salir de la isla a comprar alimentos en otras zonas, pues ni los dragones más fuertes que aún podían volar eran incapaces de esquivar los cañones romanos. La desesperación creció tanto que por un momento nos vimos tentados a la idea de rendirnos. Pero desde luego, no lo hicimos.
El bloqueo duró dos meses. En ese tiempo las cosechas enteras se acabaron, y del rebaño conjunto quedó solamente dos vacas y cinco ovejas. Pescábamos dos o tres pescados al día, cuando antes conseguíamos hasta ciento cincuenta, y se nos estaban olvidando el sabor de la fruta, la verdura y el pan. Al menos teníamos agua.
Así como el bloqueo apareció, desapareció. Dos meses y una semana después, los barcos se retiraron al mismo tiempo. Al estar lejos, inmediatamente navegamos hacia las tribus cercanas. Aunque compramos varias cosas, la mitad de los alimentos que nos llevamos ese día fueron regalos por haber resistido tanto tiempo y no ceder a la presión.
Tuvimos bajas, no nacieron niños en ese tiempo y fácil unos quince pequeños, menores de cinco años no resistieron las condiciones. Mujeres y hombres mayores, ancianos, padecieron. Contamos un total de sesenta y dos muertos, de todas las edades. Les enterramos en una zona apartada del cementerio, bajo la misma inscripción. Ellos serían respetados por las próximas generaciones, murieron por no rendirse.
En esa temporada bajé mucho de peso, como casi todos, hasta llegué a desmayarme en unas dos o tres ocasiones, perdí la cuenta. Una vez que pudimos comer como los dioses mandan, los entrenamientos de combate aumentaron hasta el grado de que hasta los más pequeños saben defenderse de casi cualquier tipo de arma. La invasiones romanas nos dieron un respiro de cinco meses antes de volver a comenzar.
En un principio eran varias y seguidas, pero podíamos echarlos de nuestras costas con relativa facilidad. Comenzamos a expandirnos, las islas más al sur que estaban deshabitadas fueron usadas para construir bases y fortalezas enormes de metal y madera, siempre llenas de nuestros hombres.
Nos hemos organizado mejor, en todos los sentidos. Las Tropas de Subsidios son soldados que se encargan únicamente de que las comidas y bebidas compradas e intercambiadas en otros reinos lleguen a Berk a salvo. Hay otras cuatro fortalezas en las otras islas, todas tienen sus nombres. La de Masla, la de Fyrya, la de Thorum y de Fereiya. Nuestro grupo se ha dividido por completo, y aunque nos vemos a menudo, no es raro que pasen semanas sin contactarnos.
Brutacio y Brutilda comandan las tropas en la fortaleza de Masla, son realmente eficaces debo agregar. Sus soldados son entrenados más para espiar que para atacar, y ya van veinte los infiltrados en la tropas romanas, hemos conseguido información interesante. Patán se había convertido en el mejor candidato para futuro Jefe de la Tribu, pues es el sobrino de Estoico. Él se quedaba en Berk y salía solo para misiones importantes. Fyrya era comandada por Patapez, no tengo idea de cómo, pero creo que la guerra le afecto mucho porque ahora es uno de los mejores guerreros que he visto. Thorum es dirigida por Egil, un muchacho y gran soldado, hermano menor de Finnbogi (le decíamos Finn) que comanda Fereiya.
¿Yo? Tras mucho tiempo me consagré como la dirigente de la Tropa Fugitiva. Raro nombre ¿No? Es la tropa que se encarga de conectar a las cuatro fortalezas entre sí y con Berk. Recibe ese nombre porque usualmente "escapamos de todo y todos" incluidas las tropas romanas que tratan de impedir los intercambios comerciales que hacemos. Me la paso viajando a dragón o a barco de un lado al otro, llevando acuerdos, misiones, tratados, armas, alimentos y más. Mis tropas se conforman de cincuenta hombres y mujeres capaces de defender y de pelear contra todo.
Han sido los tres años más cambiantes de mi vida. Viéndolo en retrospectiva, yo tenía muchos sueños secretos. Me veía a los veintitrés casada, seguro con Hipo, entrenando aún por las tarde pero cuidando de mi familia. Con hijos, pequeños y de todas las edades. No como la fiera guerrera en algunos momentos desalmada que me convertido por esta guerra.
Espero que las cosas vayan cambiando con el tiempo. A pesar de los años, todavía no sabemos quién ganará esta guerra. Pero tengo esperanza en que no dure mucho más.
*Alere Flamma, es latín, significa Alentando la Flama. Los romanos usaban el latín y después de cristianizarse sus conquistas fueron con la excusa de llevar la verdadera religión a los pueblos paganos. Así, que ellos quieren conquistar a los vikingos para seguir alentando la flama de Cristo y hacerles ver la religión única y verdadera. Claro que no es la única razón, pero era el pretexto que usaban.
Bueno, hay fortalezas, y sí que serán muy usadas. Los espías serán claves y en el próximo capítulo veremos a dos que nos darán dolores de cabeza a lo largo del fic xD No se me desesperen, por favor, pronto todo se irá acomodando ¿Por qué creen que el bloqueo se fue, sin atacarlos cuando estaban vulnerables?
chao!
