Suena el timbre de casa de Alemania.
Alemania... Uff... Es que Alemania esta últimamente...Abre la puerta personalmente. Claro, está solo en la casa.
Y se encuentra a Inglaterra fuera. Mentiría si dijera que no esperaba a... alguien más. Frunce levemente el ceño porque además ellos dos nunca hablan.
—England.
—Germany —responde un poco tenso igual.
—Ehm... Pasa.
—Thank you —baja la cabeza y asiente un poco, entrando.
La casa está limpia, casi esterilizada, ha quitado casi todos los adornos y cuadros y cosas para dejar el minimalismo extremo. Inglaterra el hombre con síndrome de Diógenes agudo, mira alrededor, nerviosísimo.
—¿Te han robado?
—¿Robado? Nein. Es más fácil limpiar así. ¿Cerveza?
—Oh. Ehm... claro. Thank you —se quita el abrigo.
—Puedes colgarlo tras la puerta—se mete a la cocina y sale un segundo más tarde con dos cervezas. El inglés lo hace notándolo todo tan inquietantemente vacío. Y frío y del todo impersonal. Lo ha quitado TODO y limpiado todo. Parece laboratorio.
—¿Te ha mandado alguien?
—¿Eh? —se había embobado un poco porque da miedito—. No, no... Vengo por lo de la boda.
—¿Qué pasa con la boda?
—Nada en realidad, pero tú eres el padrino de ñAustria y yo el de Switzerland... y tendríamos que ponernos de acuerdo.
Alemania se estira un poco la tela de las piernas y le mira fijamente y... Creo que podría dar miedo porque mirada más glauca y fría es difícil.
—¿En qué puntos exactamente?
—En... ehm... —vacila asustadillo, nunca es que se haya sentido muy cómodo aquí, pero... —. A-algunos puntos importantes sobre... ehm... cosas... eh... relacionadas con la boda —pero que despliegue de ingenio y dialéctica, Inglaterra.
—¿Qué cosas concretas? —pregunta y parece que la paciencia esta A PUNTO de acabársele, ya lo sabemos, no ha pasado tanto tiempo.
—Pues... —susurra casi implorando perdón—. La... ¿Despedida de soltero?
—Ah, es verdad. Que hay que hacer una despedida —lo había olvidado en realidad, demasiado enfrascado en trabajar...—. Iremos a cenar y beber un poco, seguramente. Habrá que ver a quien invitar.
—Ese es uno de los puntos... yo no quisiera que fuéramos tanta gente.
—¿En la de Schweiz? ¿Cuánta gente tienes contada?
—Pues no lo sé, pocos, había pensado en él... y yo... y tal vez vuestro padre si no tiene nada que hacer. Y quizás Japan si le apetece y poco más.
—Österreich y yo. A Germania no me interesa verlo —murmura —. Liechtenstein irá contigo, me imagino.
—¿Liechtenstein? —levanta una ceja con lo de Germania pero no comenta—. ¿No crees que sea un poco anticlimático para una despedida...? I mean, no que vayamos a hacer nada que no pueda pero... en estas cosas se bebe y se hacen algunas bromas sexuales y cosas así que ella no... Que a Switzerland puede incomodarle que pasen estando ella presente.
Alemania se encoge de hombros.
—Le preguntaré a Österreich si quiere llevarla. Si no, iremos él y yo.
—Se lo plantearé a Switzerland yo también a ver si quiere... ¿Solo vosotros dos?
—Dudo que alguien más quiera venir.
—Ehm... a mí el que me preocupa es... Prussia.
—Preussen tendrá que ir contigo o que no vaya con ninguno.
—What? No, no, pero mira... tu invitas a Ungarn y a Spain, ellos pueden hacer presión y traerse a Prussia —y a Francia— y todo eso. Además será fácil con Romano e Italy convencer a Spain y... —sí, porque al imbécil se le ha olvidado el asunto con Italia, no que no lo sepa, solo se le ha olvidado y eso que sigue sin estar seguro de que la cerveza no esté envenenada o no vaya a matarlo ahora mismo aquí en medio y a limpiar la sangre de solo tres muebles.
De hecho con la mención de Italia, Alemania se TENSA y la mirada FULMINANTE que le echa a Inglaterra lo dice todo y es justo lo que hace que se calle.
—No voy a convencer a nadie de nada —susurra —. Vendrá quien quiera.
—But...
—Es una idea absurda invitar a los dos ex-maridos de Österreich a su despedida.
—¡No lo es cuando se llevan bien!
—Le preguntaré.
—Ehm... bueno —no tan convencido. Alemania le mira, serio y casi inmóvil.
—Ungarn puede venir. Tú te encargas de Spanien.
—¡Más absurdo es invitar al exmarido a la despedida del futuro marido actual!
—Entonces que Spanien no vaya a ninguna.
—Spain va a ir, es idiota pensar que no, él, Prussia y France van a colarse si es que no les invitamos.
—No a la mía.
—¡Es lo lógico! Spain no pinta nada en la de Switzerland, con Austria se lleva bien. Prussia irá con él y Ungarn y France... lo que sea que haga. Ir con ellos —el problema es que si tu no les invitas, Alemania, Inglaterra está SEGURO que van a ir con ellos.
—Spain implica que Römer vendrá y no me interesa verlo —ya se imagina a Romano gritándole una vez más a donde sea que vayan. No, gracias—. Prefiero ir solo con Österreich.
—¿Y si yo invito a Romano? —la confederación tsundere en acción. Alemania suelta el aire porque tampoco quiere a España pegándole el rollo.
—Dependerá de lo que quiera Österreich.
—Lo que no quiere Switzerland es a esos tres. Yo invito a Romano y tú a Spain.
Alemania gruñe un poco.
—Spanien, Österreich y yo... —murmura sin ningún interés.
—Hungary, Prusia y France —añade.
—Preussen no puede venir a la despedida de Österreich. Se detestan.
—¿Y crees que con Switzerland no? Lo lógico es que si invitas a Hungary esperes que su pareja vaya con ella. Vamos, aunque sea una cosa así de ir sin pareja lo normal es querer estar con... —creo que de nuevo vuelve a quedarse sin voz.
No me extraña que se quede sin voz con cómo le está mirando Alemania. Inglaterra traga saliva y esconde un poquito la cabeza entre los hombros haciéndose pequeñito.
Alemania se pregunta cómo conseguir que Inglaterra se calle y le deje en paz. Se le ocurren algunas ideas no especialmente sanas y convenientes para el inglés.
—De verdad deberíais llevaros vosotros a Prussia —susurra.
—Preussen, como todos, hará lo que quiera, independientemente de mi voluntad —murmura Alemania sin dejar de mirarle. No parece en lo absoluto contento.
—Uhm... bueno, pero tú invítalo igual y dile que nosotros haremos cosas muy aburridas.
Alemania le mira unos segundos, perfectamente serio y de la nada sonríe de lado con cara de loco. Luego hace un sonido extraño como de tos. Pone de nuevo su cara de poker.
Inglaterra se mueve un poquito más lejos de él en su asiento, mirándole fijamente.
—Yo solamente sé hacer cosas aburridas.
—Eh... ¿eh?
Alemania se encoge de hombros y mira hacia otro lado con los ojos entrecerrados obligándose a sí mismo a dejar de pensar en Italia. Cerrando los puños y apretándolos un poco.
—Uhm... bueno. Otra cosa, ¿has pensado dónde vas a llevarles? No quisiera que nos encontráramos en el mismo sitio.
Alemania tarda en responder a un concentrado en dejar de pensar en Italia.
—¿A dónde vas a llevarle tú? —pregunta con voz aún más grave de lo normal.
—No he... no conozco mucho Berna y... —nunca he aparecido ahí borracho y drogado, sorprendentemente.
—Yo lo llevaré aquí en Berlín.
—Ah... ehm... OK, entonces no hay problema con eso.
—¿Qué vas a regalarles?
—Ah, eso... es verdad, en realidad no he pensado aun. ¿Tú?
—No sé. He pensado en la luna de miel —ahora Alemania habla como si estuviera muy cansado, pero con aparente interés de hablar con Inglaterra.
—Ah, Switzerland iba a regalarle eso... ¡Y aún tengo que hablar con Seychelles!
La cara... De "debes estar bromeando".
—Verdammt. Pues no sé qué regalarles. Dinero.
—Yo tengo que hablar con France también porque quizás... —empieza sin pensar y se sonroja.
Alemania gruñe y desvía la mirada pensando otra vez que seguro Italia sabría perfectamente bien que regalarles y él sólo tendría que darle su tarjeta.
—... Quiera que les regalemos algo juntos... —susurra mirándose las manos.
—Dinero. Les daré dinero —murmura otra vez, cruzándose de brazos.
—Hum... que impersonal.
Estás viendo toda su casa... y dices que su regalo es impersonal. ¿De verdad? Él es completamente impersonal.
—En fin. ¿Cómo vamos a organizar la boda? ¿Vamos a hacerles algo o... algo? —sigue el británico, llevándose un dedo al cuello y aflojándose un poco la corbata, nervioso.
—¿Hacerles algo como qué?
—Pues... alguna sorpresa o algo. ¿Vamos a hacerles un brindis o... algo? Tenía pensado regalarle a Switzerland una rosa para su solapa antes de la ceremonia.
—Una sorpresa —es que de verdad no ha pensado nada de nada de nada más allá de lo mal que la ha pasado, le mira con una mirada extraña volviendo a sentirse un poco disfuncional—. No he pensado. En su boda anterior, sí me encargaba de cosas.
—Tal vez para... ¿dónde van a pasar la noche de bodas? Tal vez podamos pedirle a Liechtenstein que haga algo... no sé, prepararles el cuarto o algo así con velas y flores.
—Yo podría prepararles algo —no le dejes.
—Of course, ¿el qué?
—El cuarto.
—Ah... es que me parece que sería menos violento que lo hiciera ella porque vive ahí.
—Un brindis. No recuerdo si dije algunas palabras en su boda. Quizás podría decir algunas esta vez, me alegra que al fin se case con Schweiz —se acaricia un poco la barbilla y frunce el ceño.
—Tal vez podríamos hacerles entre los dos.
Y sinceramente a estas alturas cualquier cosa que implique hacer algo que no sea solo le atrae.
—Juntos los dos —como siga por este camino va a terminar abrazándote como un oso de peluche. Parpadea y le mira a os ojos—. ¿Quieres quedarte a comer?
—Pues... ah. Oh, bueno —asiente—. Quizás deberíamos escribirlo, estuve ayudando a Switzerland a escribir sus votos.
Los hermanitoooos.
—Ahm... Escribirlo. Ja. Si quieres —él solo no quiere así que lo que quiera.
—Digo para que sea más fácil. ¿Austria ha escrito sus votos?
—No sé. No le he visto hace tiempo.
—Ehm... ¿no le estás ayudando a organizar?
Se revuelve un poco y se sonroja.
—He hecho las cosas que me ha pedido, pero nunca me ha pedido ayuda con sus votos.
—Bueno, entonces... les leemos algo.
Asiente.
—Traigo las salchichas y col que preparé para comer y otra cerveza. Ponte cómodo y cuando acabemos de comer escribes.
—Ah, vale. ¿Te ayudo?
Le mira y por un momento se le suaviza un poquito la mirada.
—Ja, danke
Inglaterra se levanta solicito yendo tras él.
—Y además de eso... ¿cómo estás?
Alemania, que no pretendía hablar en ningún punto y MENOS de eso, levanta las cejas.
—Ehm. ¿Yo?
—Yes, de... todo.
—Estoy, ehm... Bien. Mejor que nunca. ¿Tú?
—Bien, bien...
Alemania se calla otra vez y debes notar, Inglaterra, que otra vez esto es demasiado... Laboratorio. En el refrigerador no hay NADA que más que cervezas y salchichas y una pequeña olla con un poco de col en la estufa. Esa cocina ha visto mejores tiempos.
—Y como llevas... eh... —es que no sabe si preguntar o no.
—Was?
—Italy...
—¿Que sabes tú de eso? —le mira con el ceño muy fruncido.
—Pues que tenéis algunos problemas.
—No tenemos ningún problema. Simplemente ya no estamos juntos —murmura.
—¿Y no vais a volver?
El alemán saca un GRAN cuchillo y corta una salchicha con él.
—Nein, no creo.
Inglaterra traga saliva dando un saltito con eso.
—M-Mejor así, ¿no? T-Todos los latinos son incomprensibles.
—Ja, mejor así.
Inglaterra asiente y Alemania le da el plato y un pan con la mirada de nazi otra vez.
—Yo creo que ellos solo hablan todo el tiempo y nada más piensan en el sexo —Inglaterra no pierde oportunidad de hablar mal de Francia.
Alemania suspira, porque últimamente ha notado otras veinte mil cosas que Italia hace en su vida que no son solo hablar todo el tiempo.
—Es aun peor el silencio.
—Ah, bendito silencio. Es imposible leer un libro o ver un partido de fútbol con ellos. France es insoportable.
—Ja. Hacen ruido y son sucios y desordenados. Te interrumpen en el trabajo, son pervertidos, malhablados y hacen mal su trabajo... —responde monótonamente todas las cosas que él se dice a sí mismo.
—Yes! ¡Y presumidos! Todo el día "¿me veo bien? ¡No me miras! Es que te da igual".
—Quizás debí mirarle con más atención entonces —murmura Alemania para sí terminando de cortar su salchicha y poniéndose su plato.
—¿Eh?
Se encoge de hombros y niega con la cabeza.
—Yo preferiría que volviera a casa, sinceramente —murmura.
—Ah... ah, ¿sí? Creía que decías que estabas mejor sin él.
—Nein. Sinceramente es un infierno.
Parpadeo parpadeo.
—Un INFIERNO.
—Why?
—Porque Italien hace ruido y es sucio y desordenado. Me interrumpe en el trabajo, me trae un café con el periódico, me prepara la comida, habla conmigo, se duerme sobre mí viendo la tele, me pone los pies helados antes de dormir. Sonríe, me acaricia la mejilla, me abraza, me besa...
—Entonces sí quieres volver.
—Seria increíblemente imbécil no querer.
—¿Y cómo vas a hacerlo?
Carraspea un poco porque de manera obvia y evidente no tiene ni idea.
—Íbamos a hacer algo de la boda, ¿nein? ¿Qué más has hecho con Schweiz? —pregunta cambiando el tema y llevando los dos platos a la barra de la cocina, donde últimamente come. Sin mantel, sin nada. Casi de pie.
Inglaterra se acerca y lo mira todo nervioso.
—Pues fuimos a ver al arzobispo.
—Ah. ¿Y que ha dicho?
—Nos riñó muchísimo por practicar... —carraspea—. Tener relaciones íntimas antes del matrimonio. ¿Vas a ir tú con Austria? —piensa además que le recordó muchísimo a él mientras se come su salchicha.
—¡Yo no tengo relaciones premaritales con Österreich!
—What?
—¡Dejen de acusarme de tenerlas! Lo que sea que te haya dicho Frankreich es mentira.
—Pero si no he hablado de eso en ningún momento.
—Has dicho que el hombre les ha regañado a ti y a Schweiz por tener relaciones premaritales... ¡Y yo no las he tenido!
—Pues tú has tenido sexo con Italy... o lo tuviste hace mucho sin estar casado con él.
—Hablo de Österreich.
—Él lo ha tenido con Switzerland... —ahora piensa en realidad cuanto debe hacer que Alemania... nada de nada.
El niño malacostumbrado que está a tenerlo ahora solo despertarse nada más que para ponerse de buenas y por las noches para dormir tranquilito como un bebé. Sí, un poco. A diferencia del cabrón de Italia. Sí, bueno, lo de ustedes es otra cosa, Inglaterra.
Alemania parpadea sin entender... ¿No le había acusado? Se pellizca el puente de la nariz.
Y está ahora como "¿cómo puedes vivir sin hacerlo tres o cuatro veces diarias al menos? Debes estar muriéndote" como si él no hubiera estado igual o peor en otra época.
—No he ido a hablar con ningún obispo. Debería, de hecho, hablar con Österreich.
—Me parece que el obispo quería entrevistar también a Austria.
—No creo que haya ido a menos que Schweiz le haya llevado.
—Oh... —le mira con cara de "en fin, no voy a meterme en quien es mejor padrino pero..."
Alemania se revuelve claramente sintiéndose el "mal padrino".
—Ehm... Hoy voy a hablarle a Österreich, es posible que algo se le ofrezca. Aunque he hecho algunas otras cosas... He ido al sastre, he peleado por las flores, he discutido con el joyero, he hecho hacer invitaciones, buscado un fotógrafo y una pastelería... —más que un padrino ha sido un esclavo.
—Ah —se encoge de hombros como "cualquier chico de los recados puede hacer eso".
—Y he sido ya padrino de Österreich en otra de sus bodas —en realidad, piensa para si, no ha hecho absolutamente nada que requiera realmente hablar con Austria respecto a su boda. Ha hecho un MONTONAL de encargos.
—En la que eras un adolescente. Bueno, no importa, supongo que cada uno tiene sus formas.
—¿Exactamente qué me estás queriendo decir? —frunce el ceño y le mira fijamente.
—Nothing, nothing —es nada más esa obsesión por llevarte la contraria y dejarte de inútil.
—Aun siendo un adolescente Österreich confió en mi para hacerlo y lo hice bien, no recuerdo haber tenido queja alguna.
—En fin... tal vez nada más no sé imagino algo mejor nunca —Inglaterraaaaaa ya no son los años cuarenta.
—Was?! Como que algo mejor. Conmigo tenía más que suficiente —protesta.
—Yes, yes —se encoge de hombros con cierta condescendencia.
—Pues mira, yo me enteré de esto antes que nadie y si no he hecho más cosas ha sido por cuestiones... personales. No hay nada de malo en mí como padrino, soy sin duda mil veces mejor que otras opciones.
—Lo que tú digas. Tal vez deberíamos escribir cada uno nuestro propio discurso.
—Sin duda alguna escribiré yo uno digno de la raza aria.
—Algo como "Österreich y Schweiz son mis hermano y estoy muy contento de esto" —Inglaterra le imita en alemán con cara de palo. Otra vez se le ensombrece la mirada a Alemania.
—Posiblemente. ¿Has terminado ya de comer?
—Yes, yes... disfruta de tu silencio —Inglaterraaaaa no machaques al niño.
—Largo de mi casa —señala hacia la puerta y se levanta a toda su altura.
Inglaterra se mete un susto levantándose de golpe y puede que sí se largue corriendo. Alemania entiende ahora mismo a Suiza y su gusto por ser un ermitaño. Sigue al inglés un poco a la puerta y cerrar de un portazo. Lo siento, Alemania, es que Inglaterra... Gales está orgulloso del pequeño troll. Pero Alemania ahora mismo está... Más tenso que una cuerda de violín.
Ahora es posible que haya una sutil competencia, o no sé qué tan sutil. Alemania le va a hablar a Austria en ese instante. Austria que... no sé dónde está. Suiza dice que está con él. Suiza el enamorado.
Austria maravillosamente tiene el teléfono en el bolsillo sentado frente a Suiza en un restaurante para comer. Suiza dice que claro, desde luego... Si él llama no contesta, pero como llama Alemania...
—Exacto —sonríe cínico llevándose el teléfono al oído igual.
—Österreich. Soy Deutschland.
—Ja. Hallo, Deutschland.
—Tenemos que reunirnos, hay muchas cosas que hacer.
—Was?
—No he estado haciendo apropiadamente mi labor de padrino y pretendo organizarlo todo ya. ¿Puedes hoy?
—¿Pero organizar qué?
—Hay que hablar de cosas importantes, que necesidades tienes, tus votos, qué quieres de regalo.
—Deutschland... ¿a qué viene esto?
—A que es verdad que no he hecho nada más que ser tu mensajero.
—Tal vez porque eso es lo único que he necesitado.
—Pero... Tenemos que hablar de cosas importantes.
—Hoy... —mira a Suiza de reojo porque pensaba pasar el día con él. Suiza frunce el ceño y niega con la cabeza. Bien Suiza, territorial—. Estoy un poco ocupado hoy, Deutschland...
—¿Mañana? Paso por ti.
—Mañana... tal vez a la hora de comer.
—Mañana paso por ti. ¿Quieres que vayamos a comer y hablemos ahí?
—Bien —asiente. Comida gratiiis. Puede que se le pongan los ojos con el símbolo del euro por un momento.
—Bien. Paso por ti a casa de Schweiz. ¿Va todo bien?
—Ja. Nada más...
—Ja?
—Hoy estoy ocupado.
—Ja, eso ya me lo has dicho. Es domingo, no me sorprende del todo. Yo tuve la muy mala idea de invitar a England a comer.
—¿Por qué?
—Vino y yo amablemente le dije que se quedara a comer conmigo —explica—, y el muy idiota empezó a ser idiota. ¿Qué pasa con toda la gente últimamente?
—Bueno, esas cosas pasan —trata de cortarle.
—Nein, no es como que tenga que echar a England todos los días de casa.
Suiza le medio fulmina esperando que cuelgue.
—Ya... —se encoge de hombros mirando al suizo.
—¿Y sabes que sabía lo mío con Italien?
—Deutschland, es terrible, mañana hablamos de ello en persona.
—Ehm... Vale, vale, ya no te interrumpo —murmura.
—Danke, hasta mañana
—Hasta mañana —le cuelga. Y exactamente... Quince segundos más tarde suena otra vez el teléfono. Austria suspira y Suiza fulmina al teléfono. Responde de nuevo.
—Alles Gute zum Geburtstag, para mañana.
—Oh —sonríe—. Danke.
—Lo tenía en mente pero con England lo olvidé. Ten un buen día.
—Por supuesto.
—Hasta mañana —seré breve. Se despide.
—Danke, hasta mañana.
Suiza, ¿de verdad te sigues poniendo celoso de Hungría? Cuando Alemania se lo va a llevar a quien sabe dónde por su cumpleaños...
Inglaterra y Alemania o como hacer un desastre internacional ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición
