.
Un secreto doloroso.
Bella;
«El corazón perece de una muerte lenta. Se desprende de cada esperanza como si fuesen hojas, hasta que no queda ninguna. No hay esperanza, no queda nada…»
Memorias de una Geisha, Arthur Golden.
Christian;
«No te rindas, por favor no cedas, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda.»
Mario Benedetti.
.
-Si hay algo que me ha llamado la atención desde que tuve la oportunidad de conocer a esta mujer en la gala de nuevos editores de la que, para aquel entonces, era Editorial Staton. Es la manera de vestirse y lucir tan hermosa con cualquier cosa que use… -Comentaba un reportero de sexo dudoso en la televisión- sinceramente creo que podría colocarse un costal de paja y se vería totalmente fabulosa.
La mujer rubia a su lado sonrió ampliamente y miro hacía la cámara.
-Bien, yo creo que sé de quién estás hablando. De nuestra querida señora Grey pues hoy se dejó ver por las oficinas de su Editorial, cabe destacar que es la primera vez que se le ve luego de haber dado a luz a sus gemelos. Llevaba un mini vestido de Odar Shakay, muy elegante a mi parecer esta es una de las mujeres mejores vestidas del mundo. Sin perder ese toque sensual y empresarial que ella siempre lleva a donde quiera se va.
-Sí, así es Katlin. –Volvió hablar el hombre mientras pasaban fotos de Isabella Grey llegando a la Editorial, en la pantalla- Además creo que el tono Camel y ese corte de ojal en la parte delantera le queda perfecto, resalta su figura de una manera fenomenal. Y fíjate también en ese tocado que tiene el vestido de tejido brocado brilloso, es perfecto.
-¡Ella ES perfecta, Frank! –Suspiro la mujer llamada Katlin de manera soñadora- De eso no cabe duda. Pero lo que si me intriga es ¿Por qué últimamente se está cubriendo tanto? Todos estamos al tanto de su hermosa piel y creo que debería lucirla un poco más. No ha dejado de usar vestidos manga larga desde que ha salido embarazada.
El hombre llamado Frank a su lado soltó una carcajada algo sombría y se froto las manos malévolamente.
-¿Sabes algo que yo no Frank?
-Bueeeno… por ahí me llegaron unas fotos muy interesantes a decir verdad. Tal parece que la señora Grey últimamente se ha hecho amiga de los tatuajes… -Susurro de manera cómplice hacía la cámara y luego colocaron más fotos.
Eran, al parecer, de algunas horas después cuando ella volvía a salir de la Editorial y se subía en el carro escoltado por dos guardaespaldas. Un acercamiento a su mano extendida hacía la puerta del auto dejo entrever bajo la manga del vestido unas marcas negras en su piel, muy propias de un tatuaje.
-¿Estas insinuando que la esposa del empresario Christian Grey, oculta algún tipo de tatuaje bajo ese vestido y por eso no quiere mostrar sus brazos? Pero si ella nos dejó ver su hermosa pancita en la revista Forbes hace unos meses… Oh, Frank te vas a meter en líos si estás diciendo alguna mentira. Ya sabemos cómo es el señor Grey con su esposa…
-¡Un completo imbécil eso es lo que es! –Vocifero mi mejor amiga dejándose caer a mi lado en el sillón dándome un susto de muerte.- ¿Puedes creer que no dejaba de lanzarme miradas inquisidoras en la entrevista que les hice hace meses? ¡Incluso hizo que fuera hasta SU oficina para entrevistarlos! Ni que le fuera a quitar a su mujer, por Dios…
Mire de nuevo a la pantalla y deje de prestarle atención a Kate, los reporteros ahora estaban hablando de lo protector que era Christian Grey con Isabella. Realmente había algo en ellos que me llamaba, era como si unos hilos ocultos tiraran de mí hacia cualquier noticia o foto de ellos.
-¡Anastasia! No me ignores. –Gruño Kate en mi oído asustándome de nuevo.
-¡No te ignoro solo trato de ver las noticias! –Refunfuñe.
Kate estuvo callada durante unos minutos, la mire extrañada y ella me estaba mirando a mí. Enarque una ceja y ella se encogió de hombros.
-Trato de adivinar qué es lo que te pasa. –Dijo suavemente.
-¿Qué es lo que me pasa? –Repetí sin entender.
-Sí, no sé por qué tienes esa obsesión con Isabella Grey.
Abrí y cerré varias veces la boca sin poder decir nada. Casi podía ver los engranajes de su cabeza trabajando, me sonroje furiosamente y aparte la mirada avergonzada.
-¡No soy lesbiana, Kate!
Ella dio un brinco al notar que sabía lo que estaba pensando y también se sonrojo. Me levante y camine hasta la cocina, necesitaba alejarme de su mirada…
-¡Y yo no he dicho que lo seas!
-No es necesario, está escrito por toda tu cara. –Refunfuñe en la distancia.
Quise despejar la mente así que me puse manos a la obra con la cena. Pero ni siquiera eso ayudo. Mi mente seguía vagando por toda la información que había visto de esa mujer en los últimos meses. Entrevistas sobre todo. Quería saber que decía o hacía, ¡hasta había comprado la edición de Forbes! realmente quería saber cómo era ella. Había algo en mi pecho que rugía por saber de ella.
Me distraje tanto pensando en Isabella Grey que sin darme cuenta me corte la mano mientras pelaba unas papas. Grite y solté el cuchillo de golpe, coloque la palma de la mano debajo del agua y la limpie con cuidado. Envolví la mano con un paño y la cerré en un puño tratando de parar la hemorragia. La sostengo contra mi pecho y emprendo la huida hacia la puerta tomando las llaves del auto de Kate en el camino.
-¡¿Qué demonios te paso?! –Grito Kate al ver el paño impregnado de sangre.
-¡Me corte! Creo que necesitare puntos, voy al hospital, me llevo tu auto. –Gruñí entre lágrimas.
Corrí fuera del departamento pero no había terminado de traspasar la puerta del edificio hacia el estacionamiento cuando escuche el grito de Kate.
-¡Ana espera! Yo te llevo, no puedes conducir así. –Llego a mi altura y me lanzo una sudadera de capucha- y colócate esto.
Baje la mirada hacía mi cuerpo y note que solo llevaba puesto un short de jean mal ajustado y una camiseta holgada que usaba como pijama. Le di las llaves del auto y subí a él tratando de colocarme la sudadera sin lastimarme la mano.
Cuando llegamos al hospital Kate me hizo entrar por emergencias donde una enfermera me condujo a un box rodeado de cortinas azules y me dijo que esperara allí mientras ella buscaba un médico. Mire en todas direcciones y parece ser que a Kate no la habían dejado entrar. Retire un poco el paño para mirar la herida y ahora se veía peor, había dejado de sangrar pero la pelusa del paño se había adherido dentro del corte. Hice una mueca y la volví a cubrir.
Unos minutos después un medico entro en el box y se detuvo en seco al verme, parpadeo varias veces y luego sacudió la cabeza.
-Lo siento preciosa, por un momento me espantaste, creí que eras mi hija. –Dijo medio aturdido- Veamos, ¿qué te ha sucedido?
Decidí pasar por alto su comentario. Tal vez solo no ha visto a su hija en un buen tiempo. Con la mano derecha levante la izquierda un poco y sonreí avergonzada.
-Me corte la palma. –Susurre y él enarco las cejas.
-¿La palma de la mano? Déjame ver. –Acerco un banquito y se sentó frente a la camilla donde yo estaba sentada.
Le tendí la mano y él apartó el paño y con cuidado examino el corte. Sus manos eran suaves y cálidas, no quise mirar de nuevo mi mano o me daría vértigo. En cambio, decidí estudiar sus facciones. Era un nombre de al menos unos 50 y tantos años de edad y tenía unos ojos azul intenso. Algo en él me parecía sumamente familiar pero no supe de dónde.
-Bien, preciosa. –Dijo levantando la mirada hacía mí- No puedo suturar así porque tienes motitas del paño en la herida, debo limpiar bien antes. ¿Te apetece caminar un poco conmigo? Tenemos que subir unos pisos más.
Asentí casi hipnotizada por su amabilidad. Él sonrió y colocó unas gazas limpias sobre la herida antes de volverla a cubrir con el paño y me ayudo a levantarme. Lo seguí hasta el ascensor mordiéndome el labio, la punzada de dolor a estas alturas ya la sentía en el hombro.
Cuando llegamos al piso 5 se abrió la puerta del ascensor, no habíamos recorrido ni la mitad del pasillo cuando lo vi. Curveó desde la parte derecha del pasillo y camino hacia nosotros. Al verlo, me detuve sin darme cuenta, sentí un tirón en mi columna y ya no era consciente de más nada que él. Era por mucho el hombre más apuesto que había visto en toda mi vida. Era muy alto, cercano al metro noventa, sus cabellos de color bronce estaban elegantemente despeinados y su cara de tez muy pálida, parecía cincelada por un escultor Griego, pero su cuerpo no le hacía justicia a una creación Griega, delgado pero musculoso… vestía un conjunto azul y una bata blanca y su andar era elegante pero muy felino. Llevaba un historial entre sus manos y estaba muy concentrado haciendo anotaciones en él. Todo esto paso en apenas unos segundos.
El médico a mi lado se percató de que me había detenido y se giró para mirarme, pude notar como seguía mi mirada y enfocaba la suya en el médico asombrosamente guapo que caminaba hacia nosotros. Escuche su risa y me sonroje.
-Ah, Edward, muchacho ¿Cómo te va? –Le saludo con alegría.
Edward… que apropiado nombre para alguien inalcanzable, como si fuera un personaje ficticio. Él levanto la cara y clavó su penetrante mirada en mis ojos. Sentí como mi corazón se detuvo y luego comenzó a latir desbocadamente. Me sonroje hasta lo imposible, sentí el calor cubrir cada parte de mi cara y cuello, sus ojos eran de un dorado cálido, como el caramelo derretido. ¿De dónde había salido semejante ser?
Él aparto la mirada y pude ver una sonrisa bailando en sus finos labios.
-Doctor Staton. Muy bien ¿y a usted? –Le respondió al médico a mi lado.
Y aunque no lo hubiera deseado su voz aterciopelada me cayó como un balde de agua fría. Mire al médico que me había estado atendiendo y entendí de donde me parecía conocido. Era el padre de Isabella Grey. Palidecí de golpe e incluso me tambalee un poco mareada.
Sentí una mano fría sostenerme por el codo
-¿Estas bien?
Asentí alejándome rápidamente de su toque.
-¿Puedo preguntar que te paso en la mano? –Me dijo mirándome preocupado, no tuve oportunidad de responder porque él se giró a mi lado y miro a mi acompañante- ¿Usted la está atendiendo doctor Staton?
-Sí, así es. Justo la llevaba a limpiarle la herida. Tiene un fuerte corte en la mano pero… -Se detuvo y me miro sonriente- pensándolo bien Edward, ¿Por qué no la atiendes tú? La vista de este viejo podría pasar por alto cualquier cosa en esa herida y no sería bueno. Tú en cambio tienes una vista excelente y estoy seguro de que te aseguraras de que no le quede una fea cicatriz a tan hermosa dama.
Abrí la boca sorprendida y el sonrojo que había desaparecido había vuelto a aparecer en mi cara. Este señor era de lo más particular, creo yo.
El doctor Edward me miro durante un momento y mi cara ardió de puro rubor, el ser consciente de que me estaba estudiando el semblante no ayudaba mucho que digamos. Estaba a punto de hiperventilar.
-Claro, justo me acabo de desocupar y… mi padre me dijo que te necesitaba para una consulta sobre una cirugía. –Le hablo de manera pausada mientras me miraba. Sonrió de lado- Soy Edward Cullen, médico cirujano.
Asentí al mismo tiempo que intentaba con todas mis fuerzas dejar de brillar como un semáforo.
-Anastasia Swan. –farfulle.
Creo que habría seguido ahí de pie cual estúpida comiéndome con los ojos al cirujano si no fuera por su compañero de profesión.
-¡Bien! Te dejo en buenas manos, preciosa. Pasaré en un rato a ver como ha quedado. –Se despidió feliz y se alejó de nuevo hacia el ascensor.
-¿Vienes? –Asentí y él sonrió de nuevo- Sígueme, le pediré a Liliana que nos ayude un poco.
Fruncí el ceño y lo seguí. Me condujo a lo que parecía un pequeño consultorio muy bien equipado y antes de entrar le hizo señas a una enfermera. Me guió hasta una camilla y él dejando a un lado el historial fue hasta un pequeño lavamanos y se las lavó muy bien.
La enfermera de larga cabellera rubia y piel blanca entro poco después y al verle se apresuró a ayudarlo a colocarse los guantes de látex. A estas alturas yo ya estaba temblando, sabía lo que haría y yo realmente no quería. Se acercó hasta mí y pateando un banquito con ruedas se dejó caer sobre él igual que lo había hecho el doctor Staton en emergencias.
-Bien veamos que tienes ahí. –Dijo con voz suave.
Trague fuerte cuando la enfermera se apresuró a colocarle una máscara sobre su boca mientras él tomaba mi mano izquierda y la desenvolvía del paño.
-¿Cómo sucedió? –Su voz salió amortiguada. Casi como si no respirara.
-Me distraje mientras cocinaba. –Susurre.
Él levanto la mirada divertida hacía mí y pude notar que estaba sonriendo.
-¿Te distrajiste? –Repitió y yo asentí- Bueno, creo que fue una distracción fuerte porque la herida es muy profunda.
Casi sonreí, casi. Él comenzó a darle órdenes a la enfermera que acerco una vasija de metal y la ubicó en una mesita bajo mi mano. Desee con todas mis fuerzas tener mi IPod a la mano para no escuchar términos como "alcohol, limpieza, pinzas" y las peores… "sutura y aguja"
Me recosté en la pared a mi espalda y clave la mirada en el techo blanco. Sentí un pinchazo a la altura de la muñeca y apreté los dientes. ¿Por qué no dejaba de torturarme? Mierda.
-Así está bien, Liliana. Gracias. Ya sigo yo solo. –Dijo con voz que dejaba muy claro que ya no la necesitaba.
Escuche unos pasos y luego la puerta cerrarse. Ella en ningún momento hablo, como si se sintiera cohibida por él. Bueno ¿Quién no?
-¿Por qué no me platicas de ti y así te distraes un poco? Prometo que no dolerá ya te he colocado anestesia, pero te ves un poco tensa.
No me atreví a mirarlo aunque sentía como el brazo se me iba durmiendo. Y el dolor iba desapareciendo.
-¿Qué quiere saber? –Susurre con voz raposa.
Una suave risa acompañada del sonido de algo líquido goteando de mi mano rompió mis intenciones y baje la mirada. Me estaba lavando con cuidado el corte con alcohol y un trozo de gaza sujeto a unas pinzas.
-Puedes contarme sobre que ibas a hacer de cena cuando la sangre lo impidió. –Sugirió con la vista clavada en mi mano.
Me mordí el labio pensando en si debía decirle la verdad o una mentira para impresionarlo con una buena comida. Cuando fue a cambiar la gaza por una nueva levanto la mirada hacía mí.
-¿No puedo saberlo? –Bromeo- No suelo comer… muy seguido, pero puedes tentarme.
Quizás fueron imaginaciones mías pero creí ver algo cruzar su mirada. Suspiro derrotada y opto por la verdad.
-Pollo salteado, papás al vapor y un poco de arroz. Mi mejor amiga siempre quiere comer ligero. –Comento avergonzada aunque no sé de qué.
Él vuelve a reírse y continua con su trabajo, me siento ridícula. Varios minutos después vuelve hablar mientras comienza a suturar la parte interna de la piel.
-Suena bien, ¿vives con tu mejor amiga?
-Sí, a las afueras de la ciudad.
-Luces bastante joven para vivir lejos de tus padres. –Comenta distraído.
Frunzo el ceño, mosqueada.
-Tengo veintiún años, y me acabo de graduar de la universidad. No soy tan joven. –Replico ofendida.
Él ni siquiera es mucho mayor que yo, ¿tal vez incluso sea menor?
-No quise ofenderte Anastasia, lo siento. –Me mira y veo en sus ojos que realmente está arrepentido- ¿Cómo se llama tu mejor amiga?
-Katherine Kavanagh. Es reportera de la revista Forbes, debiste escuchar de ella en algún momento.
-Ah, si… ella entrevisto a una amiga mía hace poco. –Lo veo terminar la sutura interna y cortar el duro hilo- Abre y cierra en un puño y dime si sientes tirones en la piel.
Pero casi no le presto atención, me he perdido en la parte de "entrevisto a una amiga mía hace poco". Hago lo que me pide y no siento nada.
-Nada. –Él asiente y yo continuo- Puedes decirme si mintió, le hare saber tu disgusto.
Me mira durante un momento y luego deja caer la cabeza hacía atrás y se ríe fuerte.
-No hace falta, estoy seguro que de ser así su esposo lo habría solucionado. O incluso ella misma.
Estaba a punto de preguntarle el nombre de esa amiga cuando tocaron a la puerta suave y pausadamente. El doctor Cullen se giró y miro hacia la puerta con expresión emocionada, pude notarlo aun con la máscara cubriendo la mitad de su cara.
-Adelante. –Dijo alto y claro.
Pero nada, en este jodido mundo me habría preparado para lo que iba a ver. Isabella Grey entro a paso elegante. Abrí la boca nerviosa y sentí mi corazón latir rápido. Llevaba una falda de lápiz azul eléctrico a la altura de las costillas y una camisa blanca manga larga perfectamente acomodada bajo ella que realzaba su figura. Su cabello negro y tan largo que incluso recogido en una coleta alta le llegaba a las costillas estaba colocado sobre su hombro. No llevaba una gota de maquillaje y aun así deslumbraba con su belleza.
Ella se detuvo al verme como si la hubiera tomado desprevenida, abrió los ojos sorprendida y luego se alarmó al mirar hacía mi mano y de ella a Edward.
-Hola señora Grey. –Saludo Edward incluso demasiado cariñoso.- ¿Cómo está?
Ella termino de entrar y cerró la puerta, creí incluso que estaba un poco agitada.
-Muy bien, doctor Cullen ¿y usted? –Sonrió de lado hacía él- mi padre no está en su consultorio y Liliana no estaba en su puesto así que decidí pasar a saludar pero si interrumpo...
Él se rió de una manera muy diferente, era como si ella hubiera cambiado la actitud de él y ahora fuera otra persona. Yo mientras tanto estaba deseando hacerme tan mínima que me pudiera escapar de ahí tan de prisa que no me vieran.
-No interrumpes nada, además sabes que eres bienvenida cuando quieras. –Dijo y luego me miro- Ella es Anastasia, y ya estoy a punto de terminar su sutura.
La mirada de Isabella se enfocó de nuevo en mí y me sonrió ampliamente, me ruborice furiosamente. Estas personas realmente parecían salidas de una historia sobrenatural, su belleza no era humana, de ninguna manera.
-Un placer, Soy Isabella Grey. –Inclino ligeramente la cabeza hacía mí pero no se acercó ni me tendió la mano.
-En…encantada. –Farfulle.
Ella miro de nuevo hacía mi mano y arrugo la nariz.
-¿Qué te sucedió? Parece serio. –Dijo realmente interesada.
Si Kate estuviera aquí estoy segura de que ya le estuviera disparando preguntas a ella o… estaría lanzándome miradas inquisitivas a mí por mi "interés" hacía Isabella.
Me mordí el labio y baje la mirada a mi mano, Edward se había puesto a coser de nuevo, trague fuerte.
-Me corte mientras cocinaba… -Pensando en ti, agregue para mis adentros.
Ella abrió la boca en una perfecta O rosada y luego sonrió dulcemente.
-Eso le puede suceder a cualquiera, incluso a mí. –Bromeo- Soy muy torpe.
Edward volvió a reírse entre dientes y roció algo rojizo en mi herida antes de cubrirla con gazas y vendas.
-¿Torpe? Bella eres mucho más que eso, lo sabes. –Dijo con voz aterciopelada.
Bella… sonaba tan bonito cuando él lo decía. Debían de ser realmente cercanos no solo por como hablaban si no porque se miraban con cariño y realmente dudaba que alguien cualquiera le dijera así a una mujer tan respetada como ella.
-¿La mala suerte embotellada? –Pregunto riendo.
-Un arma de destrucción masiva, desde luego. –Afirmo él riendo.
Se giró hacía mi quitándose los guantes y la máscara.
-Te mandare algunos antibióticos y calmantes por si te molesta. Y te daré cita para revisarte dentro de dos semanas. ¿te parece? –Pregunto sonriendo, me ruboricé cuando él al finalizar la pregunta me guiño el ojo y acaricio mi mano lastimada.
Asentí apartando la mirada mientras me mordía el labio inferior. Él se levantó y camino hasta su escritorio y comenzó a escribir algunas recetas médicas. Baje de la camilla y camine hacia él quedando junto a Isabella y eso no ayudo a mis ya de por si destrozados nervios. Quería salir de ahí, me sentía insignificante entre ellos.
-Aquí tienes, si sientes alguna molestia por favor no dudes en venir, Ana. –Dijo mirándome fijamente mientras me entregaba los papeles.
-Gracias. –Susurre sonrojada.
Cuando me giraba para salir mire a Isabella sin saber que decir, sería muy ridículo si soltara algo como: Me corte la mano pensando en ti y ¡Mira! Me topo contigo aquí, seamos amigas…
-Fue un placer conocerla. –Susurro en cambio.
Ella sonríe y extrañamente toma mi mano izquierda y la aprieta suavemente, siento un calor electrizante recorrer mi herida pero lo atribuyo al hecho de que es ella quien me está tocando.
-Créeme, me ha encantado verte. Cuídate. –Dice sonriéndome tan cariñosamente que me siento abrumada.
Asiento y salgo de ahí rápidamente. Afuera del consultorio me topo con un hombre de mediana edad vestido con un traje negro que casi ni parpadea mirando en todas direcciones pero al verme abre los ojos sorprendido y luego trata de disimularlo con una inclinación de cabeza a modo de saludo. Medio sonrío y me alejo hacia los ascensores.
En la salida Kate me espera apoyada en su auto mientras revisaba su celular. Levanto la vista justo cuando me acercaba a ella y se alarmo.
-¿Qué sucede? ¿Tan grave fue? ¿Por qué traes esa cara, Ana? –Pregunto frenéticamente.
Exhalo una risa nerviosa sintiendo aun mis piernas temblar y mi corazón latir rápidamente.
-No me lo vas a creer… el médico que me atendió era algo así como… el mejor amigo de Isabella Grey.
Kate jadea y me quita las recetas de la mano para abanicarme la cara y no puedo hacer otra cosa más que reír.
-Mierda, Ana. Respira.
-¡Ridícula! –Le arranco las hojas de la mano riendo.
Aun no puedo dejar de reír cuando ella arranca el auto en dirección a la casa. Bajo la mirada hacia las recetas y veo la pulcra letra de Edward, extraño para ser médico pero es tan hermosa como la caligrafía antigua. Paso las hojas revisando cuales son los medicamentos que debo comprar cuando al final en una vacía veo una donde solo hay un número de teléfono y una pequeña nota debajo.
"No dudes en llamarme"
Siento como me ruborizo mientras sonrío lentamente.
.
.
.
POV Bella.
.
Miro a Edward pícaramente mientras el observa la puerta cerrada.
-¿Qué? -Pregunta al percatarse.
-¡Te gusta, te gusta, te gusta! –Bromeo.
El aparta la mirada y se dedica a limpiar los utensilios que ha usado.
-No digas tonterías, Bella. –Gruñe- Porque no mejor me dices el verdadero motivo de tu visita. ¿Sabías que ella estaba aquí?
Suspiro y me siento en su escritorio, bajo la mirada hacía mis piernas mientras se tambalean de atrás hacia adelante.
-¿Qué averiguaste sobre Ana? –Pregunto a cambio.
Edward suspira y vine hasta mí, toma mi mentón y me hace levantar la mirada hacia él.
-¿Qué sucede?
Me da una mirada intensa y significativa, sé que está preocupado. Levanto mi mano derecha hacía su rostro y con la punta de mis dedos trazo el contorno de su ojo izquierdo.
-Debes ir a cazar pronto, se están oscureciendo y alguien lo puede notar. Esto no es Forks Edward, el hospital es mucho más grande y debes ser cuidadoso. –Susurro nostálgica.
El cubre mi mano con la suya y la mantiene ahí en su rostro.
-Eso no es realmente lo que querías decir y lo sabes. Pero gracias. –Sonríe y gira su rostro besando la parte interna de mi muñeca- Ahora hueles incluso más delicioso que nunca, como a fresa y lavanda, lilas y un toque de coco. A veces me pregunto cómo he resistido tanto. Se me hace agua la boca.
-Que hayas renunciado a beber el vino no significa que no puedas apreciar el buqué… -Lo cite y sentí como si eso hubiera sido hace siglos.
Edward sonrió y me miro con un brillo nuevo en los ojos.
-Me alegra que lo recuerdes. Pero dime, ¿Qué es lo que sucede? Te noto triste. –Susurro aun acariciando mi muñeca con su nariz, sentí su frio aliento contra mi piel y me estremecí.
Suspiro lentamente y me muerdo el labio, no quiero llorar.
-Extraño a Ana. -Susurro bajito- Vine a ver a mi padre pero no lo encontré y cuando pasaba por aquí sentí su presencia. Simplemente no pude contenerme quería verla. ¿Porque no me dijiste que estaba aquí?
Él me abraza y me mantiene contra su pecho.
-Me tomó desprevenido, Bella. Iba de camino a visitar unos pacientes cuando me encontré con tu padre y ella venía con él. Me dijo que la atendiera yo y no tuve tiempo de avisarte. Discúlpame
-Eres un imbécil. Debiste llamarme. -Musito intentando parecer severa.
Siento como su risa sofocada nos sacude. Besa mi frente y se aparta.
-Ella parecía loca de felicidad cuando te vio. Su corazón se aceleró gradualmente. ¿Crees que te recuerde?
Le dedique una mueca.
-Lo dudo mucho. Los hechizos de los Ancianos son muy fuertes, yo incluso necesite ayuda… -me detengo al notar que le estoy dando información que no debo. Suspiro y le ofrezco una media sonrisa- Me alegra que no le saltaras encima cuando oliste su sangre.
Edward sonríe de oreja a oreja.
-El triunfo de la mente sobre la materia. –Comentó en tono bromista.
Le di un golpe en el estómago de acero y él se rió más fuerte.
-Hablo en serio, Edward. –Digo mientras giro los ojos.
Edward da un largo suspiro y me acaricia la mejilla.
-Nadie, nunca podrá igualar tu olor Bella. –Replicó casi reprendiéndome- Sí es cierto, Ana huele muy bien pero no como tú, te lo puedo asegurar.
-Uff, me alegra saber que nadie me ha quitado el puesto de tu postre favorito. -Contesto con sarcasmo.
Él se ríe entre dientes y acerca su cara a mi cuello, siento su frío aliento contra mi piel y me estremezco. Desliza su nariz a lo largo de mi mandíbula, inhalando.
-Pensé que te habías insensibilizado…
-Que haya renunciado a beber el vino no significa que no pueda apreciar el buqué… -Repite en un susurro ahogado.
-Tengo un mal día siempre que no encuentro a alguien que me diga qué apetitoso es mi aroma… -Refunfuño entre dientes repitiéndome.
Me estoy comenzando a poner nerviosa, esto no es bueno… ¿Qué estoy haciendo? Alejo a Edward y me bajo de un salto de la mesa, mis tacones hacen un sonido sordo en el piso.
-Aun te pongo nerviosa. –Se regodea apoyándose en la mesa donde yo estuve sentada y cruza los brazos y las piernas tomando una actitud despreocupada.
Su sonrisa triunfal ilumina lentamente su rostro.
-¿Querrías una salva de aplausos? –Le pregunto con sarcasmo sintiendo mis mejillas enrojecer.
-Solo estoy gratamente sorprendido. Según algunos pensamientos que he escuchado por ahí… no cualquiera compite contra Christian Grey. –Me aclara sonriendo de lado- Aunque también dicen que soy muy guapo.
Abro y cierro la boca varias veces sin saber que decir. ¿Cómo se atreve?
-Eres… eres… ¡Aggs! –Grito exasperada- ¡No te soporto!
Vuelve a reír con esa risa suya, sosegada y musical.
-Eres una terrible mentirosa, Isabella. –Se burla- Me amas. Quiero que lo admitas con todas sus letras.
En un parpadeo estuvo frente a mí y arrastró mis manos atrapadas alrededor de su espalda, apretándome contra su pecho. Me mantuve tan quieta como pude, incluso respire con precaución.
-¿Por qué no dejas de jugar al chico playboy conmigoy vas en busca de mi hermana? –Refunfuño sonrojada.
Él sonríe y su cara esta solo a centímetros de la mía.
-¿Celosa? –Comento divertido.
Frunzo los labios y hago uso de mi fuerza y me alejo de él.
-¡Edward basta! No sé qué te sucede pero cuando te relajes hablamos. –Me giro para salir y cuando estoy a punto de abrir la puerta el susurra;
-Swan.
Me giro y lo veo sorprendida.
-¿Qué?
-Me preguntaste si había averiguado algo sobre Ana, ese es su apellido. Swan. También me dijo que vivía con Kate en las afueras de la ciudad.
Siento las lágrimas picar mis ojos.
-¿Cuidaras de ella? –Susurro un poco compungida.
-Lo hare, creo que… -se aclara la garganta y me sonríe a medias- veré que puedo hacer respecto a ella. Pero no prometo nada.
Debería estar feliz, emocionada de que él quiera continuar con su vida amorosa como le he estado repitiendo todo el rato pero no puedo evitar sentir celos. Le sonrió tan bien como puedo y le doy un beso en la mejilla.
-Lo harás bien, he visto como se llevan ustedes dos juntos y sé que todo estará bien. Confía en mí. Adiós Edward.
-Respóndeme solo esto antes de irte. ¿Christian ya te ha contado todo su pasado?
Miro sus ojos y la preocupación vuelve a brillar en ellos. Frunzo el ceño y aparto la mirada.
-No. –Susurro y salgo de ahí.
Taylor me espera pacientemente apoyado en la pared con las manos sujetas delante de su cuerpo, me río un poco.
-Pareces un guardaespaldas. –Bromeo y él sonríe.
-Solo a tiempo parcial, señora. –Contesta y acopla su paso a mi lado.
-¿Qué haces en tu tiempo libre?
Puedo notar como se ruboriza un poco mientras pulsa el botón para llamar el ascensor.
-Ayudo a cuidar a unos hermosos bebés. –Susurra avergonzado.
Y es por eso que jamás dejare que Christian siquiera piense en despedirlo. Este hombre es muy buena persona. Sonrió cariñosamente hacia él y le palmeo el hombro.
-¡Que suertudo eres!
.
.
.
Cuando llegamos a la casa me apresuro en busca de mis pequeños angelitos, cuando estoy por llegar a su habitación me topo con Christian saliendo de allí.
-Ah, señora Grey que gusto tenerla en casa. –Susurra con cariño antes de besarme- Me temo que sus hijos están dormidos y si los despierta después de lo que me ha costado dormirlos le juro que le pido el divorcio.
Cubro mi boca con ambas manos ahogando una carcajada. Christian coloca una mano en mi cintura y me guía de nuevo hacia el piso inferior directo a la cocina. Cuando considero que ya no me pueden escuchar dejo salir mi risa. Qué bien se siente dejar la tristeza a un lado.
-¿Has comido? –Pregunta ignorando mi burla hacia él.
-Nop. Mi padre estaba ocupado y no he logrado verlo a pesar de que lo espere un rato. –Digo la verdad a medias. Y mi estómago se retuerce por la idea de hacerle esto a Christian.
-Bien, yo tampoco he cenado. –Me mira y sonríe mientras se dirige al refrigerador- No miento al decirte que me ha llevado un montón de tiempo dormirlos. ¿Cómo lo haces?
Suelto una risita y me apoyo en la barra de desayuno mientras acaricio mis pechos.
-Bueno señor Grey si tan interesado esta, creo que se le verían bien un par de estos. –Me burlo de él.
Christian cierra la nevera sin apartar la mirada de mi cuerpo y sé que he despertado el monstruo y estoy en problemas.
-¿Tienes alguna idea de lo que me haces? –pregunta en voz baja. Levanta la mirada de mi cuerpo y se encuentra con mis ojos. Las emociones no expresadas en sus ojos chocan contra mí me envuelven y me dan miedo a la vez- No lo haces, ¿verdad?
Niego con la cabeza tomando mi labio inferior entre mis dientes.
-Hay algo que he querido mostrarte desde hace un tiempo… -Da un paso lento hacía mí y me toma de la cintura- Lo he meditado durante demasiado tiempo, me atrevo a decir que desde el día que te conocí. Pero no he tenido el valor para hacerlo. ¿Confías en mí?
Asiento hipnotizada por la fuerza de su mirada.
-Bien. –Suspira aliviado y colocando la otra mano en mi cintura me levanta hasta dejarme sentada en la barra de desayuno- Suéltate el pelo.
Inspiro bruscamente ante el tono demandante que ha tomado. Con cuidado de no apartar la mirada de sus ojos tiro de la liga que sujeta mi cabello y lo suelto, cae en bucles alrededor de mi cara hasta rozar la cerámica de la barra. Christian abre la boca y pasea su lengua lentamente por el labio inferior.
Posiblemente es lo menos indicado para que yo lo diga pero; Que Dios me agarre confesada.
Su mirada se oscurece tanto que mi piel se me eriza. Es como si fuera alguien nuevo, alguien diferente.
-Si tan solo supieras lo hermosa que eres. Estas ahí con tus inocentes ojos verdes brillando, tu largo cabello en cascada a tú alrededor y tus labios… pidiéndome a gritos ser besados. –sus palabras me abruman y me envuelven. Una seducción lenta para mis oídos. Da un paso más cerca hasta acoplarse en medio de mis piernas y me rodea la cintura con sus manos- Tu rostro siempre ha mostrado vulnerabilidad pero tu cuerpo… ¿tus curvas? Ellas siempre me han gritado pecado. Evocan pensamientos en mí que jamás creí posibles y me ha sido muy difícil poder controlarlos todos estos años. Me has hecho necesitar, Isabella. Y yo no necesitaba nada de nadie hasta que te conocí.
-¿Christian? –mi voz renuncia llena de emoción- Christian… yo…
Nunca termino mi pensamiento porque me da un tirón hacia él y aplasta su boca contra la mía. Toda la tensión de este último mes estalla entre nosotros, el deseo es palpable. Christian libera sus manos de mis caderas y las lleva hasta el cierre de mi falta y lo baja, sacando la blusa de su lugar agarra el borde y tira de él hacía arriba hasta quitármela, rompiendo el beso solo cuando ésta pasa por encima de mi cabeza. La lanza al suelo mientras su boca se apodera de nuevo de la mía. Deseo y hambre. Eso es lo que su beso me dice, lo que sus manos gritan a través de mi cuerpo.
-Mierda, Bella… -Se aleja un poco y toma mi rostro entre sus manos aun jadeante- Dime que puedo hacer esto.
Frunzo él ceño, no sé porque habla de esa manera.
-Soy tuya Christian. ¿Por qué si quiera lo preguntas?
Apoya su frente en la mía y entierra sus dedos en mis muslos.
-Porque ya no tengo ningún control. Porque no creo que pueda ser suave. –Aprieta sus ojos cerrados esperando mi respuesta.
¿Christian ya te ha contado todo su pasado? Por alguna extraña razón la voz de Edward viene a mí en ese momento. Sacudo la cabeza y alejo el pensamiento.
-Entonces no lo seas. –Le susurro, mis propias palabras me sorprenden pero es cierto.
Hay una necesidad en él de mostrarme algo y yo quiero saber que es. Sus ojos se abren y se amplían ante mis palabras. Un suspiro gutural emana de su garganta y entonces él está de nuevo contra mí, hundiéndonos en un beso devorador.
Empuja hacia atrás mi falda hasta dejarla arrugada sobre mi estómago y rompe mis bragas tirándolas a un lado. El frio de la cerámica pica en mi piel desnuda añadiendo una dimensión de sensaciones a mí cuerpo. Las manos de Christian me recorren el cuerpo ahuecando mis senos a través del fino encaje del sujetador antes de continuar su descenso hasta el vértice entre mis muslos. Pasa un dedo sobre mi hendidura antes de deslizarlo por entre los bordes para encontrarme mojada y con ganas.
-Oh, Bella… -Susurra mientras desliza el dedo hacia arriba y hacia atrás, recubriéndome con mi propia humedad. Su otra mano hurgó en el botón de sus vaqueros. –Esta es tu última oportunidad nena, ¿de verdad quieres esto? ¿Confías lo suficiente en mí?
-Confío en ti con mi vida, Christian Grey. –Suspiro cuando desliza un dedo dentro de mí.
Jadeo mientras su dedo hace círculos dentro de mí. Él asiente y me empuja hacia atrás.
-Échate hacia atrás, recuéstate sobre el mesón. –Ordena mientras se libera de sus vaqueros y agarra mis piernas debajo de las rodillas dobladas levantándolas.
La cerámica fría me hace arquearme en el mismo momento en que me separa y se presiona dentro de mí. Grito ante la abrumadora sensación. Es la primera vez que estamos juntos en casi dos meses desde que he dado a luz. Se queda quieto, enterrado por completo en mí lo que me permite que el dolor disminuya mientras mi cuerpo se estira y se ajusta a él.
-Oh mierda, Bella. –Gruñe. Puedo ver el control alejarse de él mientras sus ojos se encuentran con los míos. Se quita la corbata y se libera de la camisa. Puedo ver Tiene los músculos de su torso tensos, la mandíbula apretada y sus ojos se ponen vidriosos. Loco de necesidad en su intento de refrenarse.
Yo suspiro mientras él se impulsa de nuevo en mí, su control agotado. Golpea dentro de mí una y otra vez y yo no puedo contener mis gritos. Hay una ola de sensaciones totalmente nueva para mí recorriéndome el cuerpo. Sus manos me atraen hasta que mi trasero esta fuerza del borde del mesón. Establece un ritmo castigador, metiéndose de nuevo dentro de mí una y otra vez sin romper el ritmo. Su torso esta sobre mí y une sus manos a las mías y las levanta por sobre mi cabeza mientras que con la otra busca algo. Siento algo envolver mis muñecas pero las sensaciones inundan mi cuerpo cuando estoy al borde del orgasmo y me olvido por completo de lo que esté haciendo. Grito su nombre y él trata de acallar sus propios gruñidos en mi boca. Gime y lo siento temblar mientras se aleja y apoya su frente en mi pecho.
Puedo sentir su sonrisa contra mi abdomen
-Quiero jugar contigo, nena. De una manera que hasta a mí mismo me asusta. –Murmura con voz ronca antes de alejarse.
Intento seguirlo y es cuando me doy cuenta de que mis manos están atadas. Levanto la mirada y veo su corbata alrededor de mis muñecas y sostenida firmemente en la llave del agua.
-¿Christian…?
-shh-shh-shh. Tengo una sorpresa.– Susurra caminando junto a la barra hasta que ya no puedo verle.
Escucho como revisa la nevera y me pongo alerta. Frunzo el ceño un poco asustada, me siento realmente expuesta aquí. Lo escucho regresar y poco después mis ojos son cubiertos con algún tipo de pañuelo.
-Esto no va a ser fácil para ti, ¿no es así? –Cuando no respondo me da un ligero beso en los labios- Es hora de dejar de pensar, Bella. Deja de tratar de averiguar lo que está pasando a unos pasos de ti porque recién estamos comenzando. –Lo escucho abrir algún tipo de embace y luego como camina de nuevo hasta estar entre mis piernas- ¿Tiene usted idea de lo malditamente sexy que se ve en este momento señora Grey? –Da un largo suspiro y luego escucho el correr de uno de los bancos- Si, creo que me sentaré aquí un rato disfrutando de la vista.
Jadeo sorprendida.
-¿Christian qué…?
-Uh-uh-uh. –Advierte- Te dije que dejaras de pensar.
No soy exactamente buena con las sorpresas en un día normal y sobre todo no cuando estoy aquí desnuda, expuesta y vulnerable. ¿Cómo me puede pedir que no piense en ello?
Siento algo frío rozar mi sexo y doy un grito ahogado. Él se ríe profunda y malditamente sexy.
-Quédate quieta, ¿entendido? No te muevas. –El tono de su voz es autoritario y extrañamente me excita. Pero su razonamiento detrás de esto aún me inquieta.
-Christian por favor suel… -Comienzo a decir pero las palabras se traban en mi boca cuando siento de nuevo algo frío caer sobre mi sexo.
-Yo estoy al mando, Isabella. Quiero tener todo el control sobre ti, para que tu mente lo único que pueda hacer sea sentir.
¡Oh mierda! ¿Qué está…?
Mis pensamientos se borran de nuevo cuando esta vez lo que siento es su boca ahí, me arqueo el respuesta y siento su risa soplar contra mi piel sensible.
-Mmm… definitivamente si viene de ti sabe mucho mejor… Lo siento cariño, vas a tener que aprender que a veces, no tener el control es muy liberador. Confía en mí.
Me quedo sin aliento por la sorpresa. Siento algo frio recorrer mi estómago hasta mi pecho que poco después es sustituido por su boca.
-Creo que esto se me puede volver vicio. –Susurra antes de aplastar su boca contra la mía.
El frío y el sabor del chocolate inundan mi boca, lo que él ha estado untando en mi cuerpo al parecer es helado de chocolate. Oh, ¿Qué demonios me está haciendo? Lo siento alejarse y protesto ante su ausencia. Lo escucho reírse de nuevo.
-Estás pensando de nuevo. –Me reprende- Conozco tu cuerpo a la perfección y puedo notar como se tensa debajo de mí.
Se aleja completamente hasta que no siento su contacto, me reprendo mentalmente, lo siguiente que siento es de nuevo el frío recorrer mi pierna casi puedo visualizar la cuchara sobre mi piel dejando un rastro de helado. Christian lo sigue con su boca y yo me encuentro jadeando. Es una tortura. A medida que va acercándose a mi centro me escucho a mí misma gemir. Siento sus manos frías sostener mi cabera firmemente.
-¡Quieta! –Ordena en un gruñido.
Gimo. Intento quedarme quieta pese a la embriagadora sensación del frio y sus caricias. Es tórrido, es tentador pero él no para.
-¡Christian! -Grito fuerte. Tirando contra mis ataduras queriendo tocarlo. Anhelando mis manos sobre él.
-¡Calla, despertaras a los bebés! –Dice en voz baja mientras su lengua sigue con la tortura.
Me muerdo el labio tan fuerte que siento el sabor de la sangre en mi boca. Él se aparta y siendo como se desliza de nuevo dentro de mí y con gran lentitud se mueve dentro y fuera. Me caricia la pared frontal mientras viene hasta mí y hace estragos de mí con su boca en la mía e inesperadamente estallo en un orgasmo alucinante que aturde mis sentidos mientras no paro de retorcerme y gemir para mis adentros haciendo el mayor esfuerzo por no gritar.
Soy vagamente consiente de que él se corre también y poco después me desata las manos y tira de mi hasta sentarme en la barra, pero no tengo fuerzas para mantenerme yo sola. Me recuesto contra él apoyando mi cara en su hombro y siento como sus labios rozan mi cuello en un beso.
-¿Estas bien? –Susurra en mi oído y yo asiento una sola vez.
Christian me aleja y retira la venda de mis ojos. Parpadeo varias veces y lo veo mirarme preocupado. Levanta una mano y acaricia mi mejilla.
-¿Seguro estas bien? –Insiste.
Vuelvo asentir y Christian suspira aliviado, creo.
-Vamos, debes estar incomoda. –Dice en voz baja pero no me deja bajar de la barra si no que me toma en brazos.
Enredo mis piernas alrededor de su cintura y apoyo mi cabeza en su hombro. Mi cuerpo se siente extraño, no sé cómo describirlo. Pienso un poco en lo que ha pasado y no sé qué conclusiones sacar. Christian parecía muy cómodo con lo que estaba sucediendo, sin embargo jamás había tomado ese roll conmigo.
Caigo en un profundo sueño entre sus brazos antes de siquiera llegar nuestra habitación.
.
.
.
Cuando despierto visualizo una ligera lluvia por el ventanal, estoy desnuda con la sabana enredada entre mis piernas y sola en la habitación. Me desperezo pero mi cuerpo protesta cuando me estiro. Un quejido de dolor se escapa de mis labios cuando me levanto. Me duele la cadera.
Me levanto y voy hacia el baño, mientras preparo una ducha. Me examino el cuerpo frente al espejo y aparte de mis marcas en algunas partes de mi cuerpo y las alas en mi espalda tengo manchas rojas en mi pecho y un moretón enorme en la parte baja de mi espalda. Sin mencionar que mis muñecas están marcadas con un rojo intenso.
¿Christian ya te ha contado todo su pasado?
¿Qué sabe Edward que yo no?
Abro la boca horrorizada. Me doy una ducha rápida y me coloco un conjunto de ropa interior azul, un leggins negro y una sudadera gris. Tomo unos Vans grises y tratando de desenredarme mi largo cabello con los dedos voy en busca de mi esposo.
Encuentro a la señora Jones en la cocina preparando el almuerzo, ella levanta la mirada de lo que está picando y me sonríe. No puedo evitar sonrojarme al verla desenvolverse tan bien alrededor de la barra de desayuno.
-Buenos días señora. ¿Desea comer algo?
-No, gracias Gail. Esperare el almuerzo, mejor. ¿Christian?
Frunce el ceño y sigue picando aliños nerviosa.
-Él salió temprano señora, dijo que si usted preguntaba por él le dijera que volvería pronto. –Dijo de prisa.
-Mmm… -Fruncí los labios y asiento poco convencida- ¿Mis bebés?
-En el salón. No han molestado desde que se despertaron hace poco de su siesta…
Ni siquiera la dejo terminar me alejo de ella y camino hacía el salón. Mis bebés están en su corral jugando tranquilamente. Cuando estoy a punto de ir a tomarlos en brazos la puerta principal se abre y Christian entra un poco tenso y cuando me ve su rostro palidece de golpe.
-Bella… -Murmura.
Me cruzo de brazos y le miro enarcando una ceja, no había notado cuan molesta estaba con él. Mi cadera me molestaba mucho donde tenía el moretón, se había pasado de la raya con su jueguito. Lleva la ropa llena de polvo y el cabello desordenado.
-Hola, Christian. El almuerzo está casi listo ¿por qué no te duchas y hablamos después de comer?
Asiente y puedo ver su nuez de Adán moverse cuando traga en seco. Cuando el sube las escaleras de dos en dos Taylor entra en la casa y me mira también alarmado, tiene el mismo aspecto sucio de Christian y no puedo evitar pensar donde han estado estos dos hombres toda la mañana.
-Señora Grey. –Asiente y se escabulle por la cocina hacía su lugar.
Bufo frustrada y voy hacia donde están mis bebés. Alex levanta su intensa mirada gris hacía mí y sonríe, Michael quien está apoyado en sus codos entretenido con un juguete para su encía no se da cuenta de mi presencia. Tomo a Alexis en brazos y ella agita sus manitas emocionada.
-Hola, cariño. Mamá te ha extrañado. –Susurro mientras le lleno de besos la carita.
Michael me escucha y deja caer el juguete mientras me mira emocionado. Frunce su pequeño ceño cuando ve a Alex en mis brazos. Sonrió y me siento en el sillón con una mueca de dolor ante la protesta de mi cadera y dejando a Alex acostada en mis piernas lo tomo a él y le reparto besos pero sigue sin sonreír.
-Eres un pequeño celoso.
Había logrado hacer reír a Michael y lo tenía contra mi pecho mientras Alex estirada sobre mis piernas me pateaba el vientre jugando entretenida con mi mano izquierda. Cuando Christian bajo recién duchado y vestido pulcramente. Hizo ademán de acercarse pero lo detuve con una mirada.
-Bella yo… -Pasa la mano por su cabello húmedo alborotándolo más.
-Ve a comer, estoy un poco ocupada aquí. –Trate de ser lo más suave posible.
El dejo salir un suspiro y se encamino hacía la cocina. Cerré los ojos tratando de comprender. ¿Por qué me había lastimado? Mierda sí, en su momento me gusto. Pero ahora con la cabeza, y un par de cosas más, frías. Sabía que eso había estado mal. Él me advirtió que sería duro pero no sabía que eso significaba que me iba marcar el cuerpo con chupones y morados.
Vi a Alex restregar sus manitos contra sus ojos y supe que no tardaría en dormirse. La atraje hacía mi pecho y se apoyó sobre el lugar donde debería estar mi corazón. Los mantuve a ambos ahí meciéndome ligeramente para que se durmieran, se sentían tan bien, tan míos. Jamás dejaría que nadie los lastimara, de eso estará muy segura. Bese la cima de sus cabecitas y sentí lagrimas picar en mis ojos.
Los constantes comentarios de Edward respecto a Christian no dejaban de rondar mi cabeza, más aun lo que me pregunto.
¿Christian ya te ha contado todo su pasado?
Sí, yo sabía de su pasado, de su infancia, de su miedo a ser tocado… pero ¿estaba Edward hablando de eso o de algo más? ¿Sabía Edward si Christian escondía algo de mí? Tendría posibilidades ya que antes de que yo le diera mi alma a Christian él podía leer su mente con facilidad. Pero yo le mostré todo sobre mí… ¿aun así sería Christian capaz de ocultarme algo?
Estaba tan distraída en mis pensamientos que no lo escuche volver.
-¿Bella? –Susurro desde detrás del sofá sobresaltándome un poco- ¿Quieres que te ayude a llevarlos arriba?
Baje la vista a mis bebés y muy a mi pesar tuve que asentir. No podría subirlos a los dos yo sola. Christian tomo a Michael en brazos con cuidado y se lo llevo escaleras arriba, lo seguí a mi propio paso y recosté a Alexis en su cunita con cuidado de no despertarla. Pero el dije de su cadena se quedó enredado en mi cabello cuando me estaba levantando y me apresure a liberarlo. Me enderece pille a Christian mirándome.
-¿Me dirás quien se los regalo? –Preguntó en voz baja como tanteando el terreno.
No sé si fue guiada por mi molestia o porque quería sacarle en cara de que yo si había sido sincera con él pero le dije la verdad.
-Edward se los compró.
Y sin decir más nada deje la habitación. Vague sin rumbo fijo por la casa y sin darme cuenta me encontré en la cocina. Gail estaba lavando algunos platos y al escucharme entrar se giró y me sonrió aunque seguía un poco nerviosa. Parece que en este día todos estaban nerviosos con mi presencia.
-¿Desea que le sirva el almuerzo, señora? –Pregunto titubeante.
La mire sin saber que responder, realmente no me apetecía comer nada.
-No, gracias pero no tengo hambre. –Siento el estómago contraído de anticipación por la pelea que tendré con mi esposo aun sin saber porque será. Complete para mí.
Ella frunció el ceño y sus labios se hicieron una fina línea. Sabía que a ella, al igual que a Christian, le molestaba que yo no comiera.
-¿Una merengada?
Sonreí a medias.
-De acuerdo. Fresa. –asentí y me senté con cuidado en uno de los taburetes de la barra.
La dura madera me molesto en la cadera así que me corrí hacía atrás apoyándome solo en la parte trasera de mis muslos y deje mi cadera al aire mientras apoyaba los brazos en la barra. Mierda, me dolía demasiado. Christian tendría que darme una muy buena explicación.
-¿Te sientes mal? –La voz de Christian me sorprendió y pegué un pequeño salto del susto.
Me gire y lo vi apoyado en el umbral de la puerta con las manos en los bolsillos de sus pantalones de jean. Juraría que parecía avergonzado de algo.
-No. –Respondí secamente y me gire de nuevo hacía Gail.
Ella al ver lo tenso del ambiente se apresuró a entregarme un gran vaso de merengada y se retiró de la cocina discretamente.
-Deberías comer algo.
-No tengo hambre. –Casi gruñí.
-Isabella… -Comenzó a protestar.
Yo sabía por dónde iba y eso solo me hizo molestar más;
…y explote.
-¡No tengo hambre y tú no eres mi padre para obligarme comer! ¿Entiendes? –Grite al borde de la exasperación.
Christian se sorprendió por mi arrebato y tenso la mandíbula en un claro gesto de que estaba molesto. Lo ignore y tome grandes tragos de mi merengada, en parte era bueno tener algo para "pasar el trago amargo". Di mi último trago y me levante con cuidado de no lastimarme y lave el vaso. Cuando estaba a punto de salir de la cocina vi a Christian aún de pie en el umbral. Me miraba enojado. Enarque una ceja y él bufo y vino hasta mí y me tomo por la muñeca tirando de mí en dirección a la salida.
-¡AH! –Grite de dolor.
Él se giró y me miro, tuve que morderme el labio para no seguir gritando mientras intentaba liberarme de su agarre. Christian me soltó y retiro la manga de la sudadera de mi brazo. Juraría que nunca lo había visto tan pálido como en el momento que sus ojos se posaron en los moretones en mi muñeca.
-Bella yo… -Tiro de su cabello desesperado- ¡Mierda! Necesito que vengas conmigo a un lugar… necesito que veas algo… que lo sepas.
Su titubeo no era normal. Baje la manga y mantuve mis manos en el bolsillo delantero de la sudadera.
-¿Mostrarme qué? –Dije a la defensiva.
-Ven conmigo. –Suplica tendiéndome una mano.
Pero yo la ignoro, llevada por la curiosidad camino alrededor de él y me dirijo hacía la puerta. Taylor nos espera junto a una de las SUB y abre la puerta para mí, él sabía que saldríamos, él posiblemente sabe mucho más de todo esto que yo.
.
.
.
Cuando Taylor detiene el auto en el estacionamiento de ESCALA algo en mi interior se agita, ¿Qué hacemos aquí. Sigo a Christian hasta el que fue en su momento nuestro hogar. Cuando las puertas dobles del salón se abren por su toque entro y me quedo de pie en el salón sin saber hacía donde tengo que ir. Lo miro enarcando una ceja y él camina escaleras arriba con un movimiento de cabeza para que lo siga. Doblamos a la derecha y me topo con unas bolsas negras llenas de escombros y el piso muy sucio, es el mismo polvo que tenían Christian y Taylor en su ropa esta mañana. Levanto la mirada y lo veo destrabando una puerta que yo no recordaba que estuviera ahí. Frunzo el ceño y veo que la pared que la escondía fue tumbada, los bordes irregulares aun están ahí alrededor de la puerta de madera. Christian da una respiración profunda y se gira para mirarme.
-Entiendo si esto puede resultarte un poco desconcertante pero por favor mantén la mente abierta.
-Solo abre la maldita puerta, Christian.
Él me mira por un largo momento y girando la manilla se aparta a un lado para que yo entre primero.
Y se siente como si hubiera viajado en el tiempo de vuelta al siglo XVI y a la Inquisición española.
El alma se me va a los pies con lo que veo. Mierda.
Una extraña sensación de vértigo se apodera de mi cuerpo y tengo que sostenerme de la puerta para no caerme. Miro alrededor y la habitación por si sola me desconcierta, me aterra. Respiro profundo y camino hasta el centro de ésta y me giro para mirarla mejor. Dentro de mi cabeza es como si mi cerebro hubiera dejado de funcionar, no sé qué pensar, no sé qué hacer.
-Di algo por favor. –Me ordena Christian desde el umbral.
Me giro y lo miro totalmente pálida. Levanto una mano y señalo a mí alrededor.
-¿Qué es esto? –Susurro con voz entrecortada.
-Un cuarto de juegos.
Su escueta respuesta no me dice nada. ¿Juegos? Parece una mazmorra de tortura.
-¿Qué hace una habitación como ésta escondida tras la pared de nuestra antigua casa?
Christian da una larga respiración temblorosa y camina hacia mí pero se detiene a unos cinco pasos.
-La mande a tapiar cuando te conocí. –Dijo aterrado.
Ahora eso sí llamo mi atención. Lo mire esperando que continuara pero no lo hizo.
-Debo suponer que esto es tuyo. –No fue una pregunta, gire mi dedo en el aire abarcando la habitación.
Él asintió pero luego cerró los ojos y negó con la cabeza.
-Era, ya no. –Hizo una pausa y abrió los ojos mirándome como tratando de explicarme solo con la mirada- No había estado en este lugar desde el día anterior a que cayeras en mis brazos en la oficina de Flynn.
Trago duro y me muerdo la lengua para no enloquecer aun.
-¿Por qué?
-¿Por qué no he estado aquí? –Me mira con cautela.
-No, ¿Por qué tenías este lugar? –Pregunto entre dientes.
Él palidece aún más. Casi puedo oler su pánico.
-¿Sabes lo que es?
Entrecierro los ojos hacía el y levanto las manos exasperada.
-Me hago una idea, Christian. Pero quiero escucharlo de ti.
Christian tira de su cabello y se encoge de hombros.
-Porque lo necesitaba, Bella. Necesitaba hacerle esto a mujeres. Sabes cuan jodido estaba antes de que llegaras a mi vida. Sabes todo por lo que pase…
Levante una mano y lo hice detenerse.
-Al parecer no lo suficiente si durante años tuviste un secreto así de gordo bajo la almohada. –Dije con voz entrecortada.
Él disparo una mirada fría en mi dirección.
-¡Tú también tuviste secretos conmigo! –Gritó.
Sentí mis mejillas arder de rabia, ¿Cómo se atrevía?
-¡No es lo mismo! –Grite sintiendo como me picaba la nariz por las ganas de llorar- Fui siempre lo más transparente posible contigo. Te conté mi historia con Edward, él porque estaba tan destrozada. ¿Acaso ahora me vas a reclamar que no te dije que mi ex novio era un jodido vampiro? ¡UN VAMPIRO! ¿Me ibas a creer si te lo hubiera dicho? Estoy segura de que no. Hubieras dado media vuelta y hubieras desaparecido de mi vida. O posiblemente me hubieras metido en un manicomio con ayuda de Flynn. ¡No podía decírtelo! Ni a ti ni a nadie.
Me sacudí la nariz con la palma de la mano tratando de evitar llorar en su presencia. Tire de mi cabello caminando de un lado a otro hasta que vi las esposas en cada punta de la cruz de madera en forma de X. Christian dijo que necesitaba hacerle esto a mujeres… levante la manga de mi sudadera de nuevo y vi ahí la imprenta de la tela de la cortaba que había usado la noche anterior para atarme. Sentí mi rabia crecer aún más. Me gire y lo mire furiosa.
-Dijiste que necesitabas hacerle esto a mujeres. ¡Que lo habías dejado en el pasado! ¿Por qué a mí? ¿Por qué me hiciste esto anoche? –Christian aparto la mirada y yo tire del borde de mi sudadera quitándomelo del todo- ¡Mírame Christian! ¡Me heriste!
Christian me miro de manera distante.
-No era eso lo que quería… -Susurró inmensamente triste- Bella yo no quería causarte daño pero eres tan delicada que el roce de tu cadera con la barra te lastimo la piel. Lo siento por eso.
Abrí los ojos sorprendida, ¿solo por eso?
-No me odies.
Se me encoge el corazón, no quiero odiarlo pero si estoy muy furiosa y dolida con él.
-Te deje sobre la mesa dos ibuprofeno y una pomada de árnica pero note que ni siquiera lo tomaste.
En realidad ni siquiera lo vi, estaba más ocupada buscándolo para insultarlo. Contemplo su hermoso rostro contraído por el dolor, me mira fijamente, sin parpadear a penas.
-¿Esto es lo que te gusta? –Digo señalando mis hematomas- ¿marcar mujeres como si fueran ganado?
Él da un respingo y me mira atónito.
-¡Isabella estas exagerando!
-¡Creí que habías solucionado tus mierdas, Grey! ¡Creí que tu maldito pasado estaba olvidado! Pero aun tenías una habitación tras la pared que no habías superado. Una maldita etapa de tu vida que no solo te conformaste con ocultarme si no que también la aplicaste conmigo. Yo no soy una de tus putas, Christian. ¡Soy tu maldita esposa!
Christian gruñe y avanza hacia mí pero yo retrocedo instintivamente.
-Jamás vuelvas a referirte a ti como una puta. –Dice entre dientes apretando la mandíbula- eso no es lo que eres ni lo que ellas eran. Siempre he sido monógamo en mis relaciones. Ellas solo servían para mi placer, una a la vez. No hables de cosas que desconoces. ¡Déjame explicarte!
-¡No! –Grito llevándome las manos a los oídos- No quiero escuchar más de esto. Eres un maldito hijo de puta, golpeabas mujeres por placer. Yo no lastimaba a nadie excepto a mí misma con mi pasado, me condenaba una y otra vez a pensar en el "¿Qué pasaría si Edward volviera? ¿Qué pasaría con Christian?" y cuando sucedió aposte por ti una y otra vez alejándolo de mí lado para no lastimarte. ¿Te das cuenta cuando me lastimas tú a mí ahora? ¿Cuánto me duele saber que el hombre con el que me case era un jodido psicópata que le gusta amarrar, golpear y marcar mujeres ¡Por placer!?
-¡Te he dicho que eso era antes! –Grita haciéndome detener- ¡Usa el tiempo pasado, Isabella!
-¡No ha sido antes porque apenas ayer me lo hiciste a mí! –Grito levantando mis muñecas hacía él- ¡Soy un Arcángel! ¿Sabes lo que esto significa? -Respiro profundo tratando de calmarme y tiro de mi cabello caminando de un lado a otro- ¿A quién más?
Christian me dispara una mirada extraña y por un segundo puedo notar que duda en responderme, lo miro esperando respuesta hasta que por fin suspira y tira de su cabello tan fuerte que por un momento creo se arrancara el cabello.
-No miento cuando te digo que no había vuelto a practicarlo, Bella. Pero si hubo un momento en el que flaquee y casi comienzo una nueva relación así con alguien…
Abro la boca y me giro indignada para no mirarle.
-¿La conozco? ¿Fue mientras estabas conmigo o una de las tantas veces que desapareciste porque estabas molesto por Edward? –Digo en voz baja temiendo la respuesta.
-Bella no sabes cuánto lo siento, en el momento que me di cuenta de que eso estaba mal lo deje, desaparecí el contrato y le dije que se olvidara de tal cosa yo no podía hacerte eso a ti…
Algo en su perorata capto mi atención. Me gire y sentí el frio en mi garganta por las ganas inaguantables de llorar.
-¿Contrato? –Susurre con voz rota.
Un recuerdo lejano vino de repente a mi mente y me golpeo como un puñetazo en el estómago, dejándome sin aire, sin vida.
.
-Quiero que leas esto y luego me llames.
-¿Qué es?
-Antes, Anastasia. Mucho antes de conocer a Bella yo tenía un estilo de vida muy diferente. Hace días que he estado pensando en recuperar un poco de eso, tómalo, quiero recuperar esa diversión que me proporcionaba.
-¿Qué tengo yo que ver con eso?
-Todo.
-¿Por qué he de ayudarte?
-Por placer.
.
-…Ana. –Jadeo sin voz, Christian contrae el rostro y asiente.
Yo estuve ahí, ¿Por qué no lo tuve claro en ese momento? ¿Por qué fui tan ciega?
- ¿Le propusiste esta mierda ¡A MI HERMANA! mientras yo me estaba muriendo? –Grito entre lágrimas contenidas.
Es tanto el dolor, la decepción, el asco.
-Bella…
Él me mira horrorizado. Su aspecto es el de un hombre completamente destrozado, un hombre inmensamente dolido, algo que refleja cómo me siento por dentro. Niego con la cabeza aturdida de dolor, necesito alejarme de él, para tomar mi sudadera del piso y salir de ese infierno mientras me la coloco.
No lo escucho seguirme y tengo que agradecerlo eso, necesito pensar. Cuando estoy en el ascensor por fin dejo salir las lágrimas que tanto he contenido y me dejo llevar por el dolor. ¿Cómo es posible que me haya ocultado algo así?
El dolor es indescriptible físico y mental. Lo siento por todo mí ser y me cala hasta la médula. En el fondo sé que este sufrimiento me lo he causado yo misma por no presionarlo jamás a que me contara su pasado, a dejar que el decidiera cuando contarme las cosas.
Una vez leí que "Todo en la vida trata de sexo, excepto el sexo. El sexo trata sobre el poder". Bueno creo que Oscar Wilde. Tenía razón después de todo. Christian siempre ha sido un hombre de poder, y ahora sé cuán grande y jodido es ese poder.
Yo tengo un asunto que revolver así que apenas llego al auto le pido a Taylor que me lleve a casa. Él ve mi estado y no pregunta, yo tampoco quiero hablar más allá de lo necesario con él así que cuando llegamos corro a la habitación de los bebés y recojo algunas cosas de ellos, voy a la mía y hago una pequeña maleta, recojo mi celular y bajo hasta el salón donde Gail tiene a los niños en su corral junto a la ventana. Ella al verme parpadea alarmada.
-¿Me ayudas a colocarlos en el auto? –Le pregunto más como una orden y ella asiente tomando a Michael en brazos.
Dejo caer los bolsos al suelo en un ruido sordo y tomo a Alexis y la sigo. Taylor me mira de la misma manera y yo no soy capaz de responder a su pregunta silenciosa, estoy tan enojada con todos por ocultarme lo de Christian que no me importa. Coloco a Alex en la canasta para bebés en el asiento trasero junto a la de su hermano y me aseguro que estén bien sujetos. Cierro la puerta y corro dentro de la casa en busca de los bolsos y los tiro en la maleta del auto.
-¿Quiere que la lleve a alguna parte señora? –Pregunto Taylor en voz baja.
Levanto la mirada hacía él y niego rápidamente con la cabeza.
-Si Christian vuelve dile que pasare un tiempo en casa de mis padres. Y que no me busque.
Ordeno y él asiente dando una última mirada de tristeza hacía el asiento trasero de la SUB. Me subo en el asiento del conductor y arranco el auto. Necesito alejarme de ahí pero cuando estoy a medio camino hacía la mansión Staton me doy cuenta que no es hacía allá a donde manejo, he tomado el camino hacia la casa de los Cullen y suelto una risa seca. Claro, la casa de mis padres. Detengo el auto frente a la verja de la entrada y apoyo la frente en el volante, no sé qué hacer. Siento un gran vacío por dentro, me duele demasiado que Christian me haya ocultado algo tan grande aun cuando yo le mostré mi pasado entero mientras él se curaba en casa de los Cullen en Forks.
El golpeteo de unos nudillos contra la ventanilla me sobresalta y cuando levanto la mirada veo a Carlisle junto a mi puerta. Presiono el botón y cuando se baja totalmente él apoya sus brazos en la puerta y se inclina hacia mí.
-¿Estas bien?
Niego lentamente y él asiente en comprensión, abre la puerta del conductor y suelta el cinturón de seguridad.
-Déjame conducir a mí. –Dice y yo levanto una a una mis piernas por sobre la palanca de cambios hasta dejarme caer en el asiento de al lado.
Me doy cuenta de que ha abierto la verja y despacio dirige el auto por la entrada hasta rodear la fuente y detenerlo junto a las escaleras de entrada.
-Esme está dentro, Edward en el hospital y los demás están de caza. Puedes entrar yo te ayudaré con lo demás. –Dice con una sonrisa cálida y yo asiento bajándome del auto.
Justo cuando abro la puerta Esme aparece en la parte superior de las escaleras con un delantal lleno de pintura y el cabello recogido en un moño desordenado. Al verme sonríe pero rápidamente su sonrisa cae y corre hacía mí. Me estrecha entre sus brazos y siento su amor incondicional.
-Oh, cariño. ¿Qué ha sucedido? –Dice con voz maternal y me acaricia las mejillas.
-Solo necesito una niñera por unos días. –Trato de bromear.
-¿Una niñera? –Pregunta sorprendida y luego levanta la mirada más allá de mí. Me giro y Carlisle viene entrando con las dos canastas de los bebés.
Esme sonríe tan ampliamente que casi puedo imaginarla saltando como Alice. Corre y retira la mesita en el centro del salón y reacomoda la alfombra mullida justo en medio de los sillones. La veo desaparecer escaleras arriba y miro a Carlisle quien sonríe y se encoje de hombros. Cuando Esme regresa trae en sus brazos una gruesa manta y varias almohadas. Las deja caer sobre la alfombra y las acomoda formando una camita improvisada, más como un enorme nido de mantas y almohadas. Cuando termina se gira hacía mí y sonríe.
-Iré a darme una ducha. Estás en tu casa, cariño. –Dice emocionada y desaparece de nuevo de mi vista.
Abro la boca y miro a Carlisle quien se ríe silenciosamente.
-No la culpes, ha soñado con mimar a estos bebés desde que te ha visto embarazada en aquella cena. –Explica y coloca las cestas en el suelo.
Alex está despierta mirando curiosa a su alrededor mientras que Michael duerme con el pulgar derecho en su boca para rascarse la encía. Tomo a Alex en brazos y mientras ella sonríe emocionada de verme yo me quito los zapatos de una patada y camino hasta las mantas y la acuesto sobre una almohada. Soy más cuidadosa con Michael para no despertarlo y lo coloco un poco alejado de su inquieta hermana. Me quedo ahí arrodillada mirándolos sin saber qué hacer.
-Puedes hablar conmigo, lo sabes.
Asiento y miro a Carlisle, él se deja caer en uno de los sillones.
-¿Puedes decirme donde viven los Vulturi? –Pregunto yendo al grano de una vez.
Él da un respingo y me mira como si tuviera tres cabezas.
-¿Por qué quieres saber eso? –Pregunta casi en un susurro.
Suspiro y les doy una rápida mirada a mis bebés antes de responderle;
-No quiero, lo necesito. Tengo que destruirlos.
.
.
¡Hola! Un nuevo capítulo voló. :D
A las chicas que han estado al pendiente de Annie les pido que se relajen un poco, ella no ha ido a ninguna parte.
A las que me han recomendado con sus amigas ¡Muchísimas gracias! No saben cuánto lo aprecio.
A las que han permanecido a mi lado desde el comienzo gracias por el apoyo.
Y Cotita Cullen y Kalita Cullen... chicas ustedes siempre me llegan con sus reviews. Bueno, en realidad todas lo hacen, son tan hermosos y significativos. Una y mil gracias.
Por último quiero pedirles nuevamente confianza en mí. Sé que pueden pensar que Bella dejo a Christian, (mi editora lo hizo), pero no es así. Ella solo necesita que alguien cuide a sus bebés de la manera adecuada mientras, ya saben, realiza cierto trabajo.
Lo siento, estoy un poco emotiva porque se acerca el final…
Y no está de más decirles que he comenzado una nueva historia. Pueden pasar a revisar el primer capítulo en mi perfil. Será un poco más extremo y lleno de travesuras sin mencionar que es demasiado importante para mí.
xx
Maiia
