Al oír pasos en el porche, Austria deja de pelear con el reproductor de música que está intentando programar sin éxito alguno. Se levanta y se acerca a Suiza.
—Me marcho —asegura antes de que suene el timbre.
—¿Te marchas? ¿Como?
Antes de titubear más, se acerca y le besa... seguramente ahí es cuando suena el timbre. Suiza cierra los ojos, levanta una mano y le acaricia un poquito el pelo antes de separarse.
—Que pases un buen día y alles gute zum geburstag —le desea al despedirse sin más yendo tras él para abrirle la puerta.
—Danke. Te llamo en la semana —asiente sonriendo poniéndose la chaqueta.
Alemania espera en la puerta pacientemente con los brazos cruzado y bastante mala cara.
—Guten morguen, Deutschland —le saluda al verle. Suiza le ayuda un poco y saluda a Alemania con un gesto de cabeza.
—Hallo. Österreich. Schweiz.
Cuando acaba de ajustársela y cerrársela hace un gesto con la cabeza a Alemania de que ya pueden irse y otro leve asentimiento para Suiza antes de empezar a andar. (Y ASI se despiden con normalidad dos personas. ¿Si? ¿Francia? ¿Estás prestando atención *ojos en blanco*... Francia sigue despidiéndose de Inglaterra desde antier. Y por eso Inglaterra llega tarde a las cosas por TU culpa)
—¿Cómo has estado? —pregunta Alemania cuando Suiza cierra la casa tras ellos sin ningún drama tampoco.
—Bien. Bastante bien. Vas a tener que revisar de nuevo el reproductor que me diste porque sigue sin ajustarse adecuadamente los graves.
Levanta una ceja y le mira de reojo abriendo el coche, haciendo tsk.
—¿No lo habíamos dejado ya bien?
—¿Tú cómo te encuentras? Ja, pues al parecer ha vuelto a desorganizarse entero —has estado intentando afinarlo, no lo niegues.
—Pues lo revisaré de nuevo. Tiene que quedar —asiente y se encoge de hombros—. Estoy bien.
—Ja. Danke, es importante que suene exactamente como debe.
—Ja, ya lo sé. Lo arreglaré —un poco histérico.
—¿Y qué te pasó con England? —se sube al coche arreglándose la ropa con cuidado para que se acomode bien y no se arrugue. Alemania prende el coche esperándole y Austria le mira cuando termina.
—Fue a hablar conmigo de ser padrinos.
—¿Aja?
—Y hemos discutido. Parece ser que él es muy buen padrino.
Austria frunce un poco el ceño.
—Ha hecho varias cosas por Schweiz, y yo sé que no he sido el mejor padrino últimamente.
—Nein... Schweiz no me ha comentado nada, ¿pero qué tiene de su incumbencia para que venga ahora diciendo nada?
—No sé, pero pareció insinuar que estabas casi siendo obligado a que fuera yo tu padrino.
—¿Por?
—Eso es lo que ha dicho, casi como si yo fuera un inútil.
—England suele ser de ese modelo contigo?
—Nein. No hablo mucho con él, en realidad. No me agrada.
—Esperemos que no sea que esté tratando de llamar tu atención o algo parecido porque tú le gustes a él. Así es como suele tratar a Frankreich hasta donde tengo entendido —esas deducciones lógicas sajonas que os meten en unos líoooos.
—W-Was?! —se gira mirarle. Él le mira de reojo con cara de circunstancias.
—Pues así funciona. ¿Quién sabe? —se encoge de hombros.
—Nein, pero... Ugh.
—Tampoco es como que importe si es así. ¿A dónde vamos?
—Nein, pero es extraño e irritante. Vamos a comer por tu cumpleaños, Alles gute zum geburstag, por cierto, a organizar las cosas pendientes y luego a un ensayo.
—Danke, ¿cuáles cosas pendientes? ¿y ensayo de qué?
—Cosas de la boda. Tu discurso, que más necesitas, como lo llevas.
—No planeaba hacer un discurso, para eso es la música.
—¿No vas a decir nada? ¿No hay votos? England le ayudó a Schweiz con los suyos.
—Ja, eso me han dicho.
—Y tú no vas a decir votos —arruga la nariz sin estar de acuerdo.
—¿Crees que debería?
—Si él dice algo, creo que deberías decirlo tú también. Puede ser algo breve, te ayudaré a escribirlo.
—Mmm... No creo que la simetría sea una justificación suficiente. Gott sei danke, él no va a hacer música.
Le mira de reojo con eso y sonríe un poquito de lado con el sarcasmo. Suelta el aire y se permite relajarse un poco.
—Bueno, asumo que se puede prescindir de los votos aunque England cuchichee.
—Voy a tener que hacerlos igual, porque por lo visto nadie es lo bastante sensible —protesta.
—Schweiz seguramente lo es —asegura pisando el acelerador porque tiene hambre. Austria suspira odiando eso porque no lo es.
—Escribir no se me da tan bien.
—Escribir. Además ya sé que yo no soy ningún Shakespeare como para ayudarte demasiado —arruga la nariz el alemán—. ¿Y si tocaras tú una pieza?
—Ya te he dicho que yo he preparado toda la música.
—Ya, ya sé eso, pero si Schweiz se levanta y lee algo y tú no, habrá un hueco. Si tú tocas algo ahí...
—Por eso tendré que hablar aunque me parezca que no hará justicia —dramatiza, que dura es la vida de los artistas incomprendidos.
—¿No me oyes acaso? Toma un violín o una flauta y toca algo. No hables.
—Eso será igualmente raro e incomprensible.
—Es posible que cuchicheen igual pero al menos se entenderá el mensaje de que usas el violín para intentar decir cosas —murmura Alemania frunciendo el ceño.
—Ja... tal vez sea la mejor opción, el violín.
—O podrías ocupar dos segundos en decirle a Schweiz que lo amas, claro, fuerte y en alemán. Todo el mundo lo entendería sin dudas, incluyendo el mismo Schweiz y se acabaría este drama.
El moreno aprieta los ojos y se sonroja.
—Creería yo que eso se infiere de la misma ceremonia.
—Eso mismo creía yo de muchas cosas, Österreich. Muchas. Todo puede inferirse de la manera correcta o la equivocada y lo sabes muy bien, no te hagas el desentendido —el tono empieza a ser un poco agresivo. Austria le mira de reojo—. También puedes omitir cosas básicas y pasar de estar perfectamente bien a no estarlo así —chasca los dedos—. Así que más te vale que vayas pensando qué cosas no ahorrarte.
—Deutschland, esto que te ha pasado a ti...
—Le puede pasar a cualquiera.
—Es cierto, pero no es más que un malentendido y no creo que realmente tengas que pensar que tienes culpa.
—Los malentendidos no se resuelven porque la gente no sabe que los tiene —traga saliva—. Yo ya he ido ahí a aclararme. Esto no va a resolverse, es importante averiguar qué es lo que pasó y se hizo mal.
—¿Quieres que trate de ir yo? —se ofrece de forma muy rara porque está realmente preocupado.
—Nein. Va a hacerte daño —murmura porque ya lo ha pensado—, y va a pensar que aún es más verdad. Mejor cásate y ya, quizás en algunos años, cuando se haya cansado ya...
—No es tan divertido como suena.
Le mira de reojo.
—¿Casarse?
—Pasar años sin hablar con la persona que... esa persona.
—Ya he pensado que tú y Schweiz pasaron también por algo así, mucho peor. Es ridículo de mi parte estar siquiera un poco mal por un par de meses —se encoge de hombros estacionando el coche—. Soy fuerte también.
—Aún tengo esperanzas en que él no lo sea. Pero me está sorprendiendo con esto.
—Él es como tú... Y yo lo subestimo cada vez —murmura.
—¿Cómo yo?
—Parece que no son fuertes.
El austriaco suspira.
—Pasará el tiempo y ya, todo volverá a la rutina. Seguramente tarde o temprano esto me parecerá normal.
—Lo hará... hasta que haya un G8 o una reunión de la ONU, o una comisión de la UEFA. O la reunión del COI... —responde el moreno sin mirarle. Alemania abre la puerta de coche y le mira de reojo—. Was? ¿Crees que no vas a sentir que te ha arrollado un tren cada vez que le veas?
—No lo sé, es muy probable que sí. Pero lo dices como si YO pudiera arreglarlo. Gracias por decirme lo horrible que será. ¿Y después qué?
—¿Después qué de qué?
—Después nada, después es la mismísima mierda que es hasta ahora —se baja del coche.
—Exacto. Hasta que odias tanto verle como no hacerlo.
—Eso suena brutalmente esperanzador.
Austria se encoge de hombros cerrando la puerta tras haberse bajado del coche también.
—No sé cómo es que fuiste tan paciente.
—No fue paciencia, fue orgullo.
Alemania frunce el ceño pensando en eso del orgullo. Ya se lo había dicho Prusia y ya se lo decía Austria y él lo único que había hecho hasta ahora era seguir los consejos... De Roma.
Y es que no sabes cómo está Italia, se va a morir la próxima vez que le vea porque le quiere, es muy guapo y le manda flores todos los días... y no quiere irse, quiere regresar y que le quiera solo a él. Lo que sigue en la lista solo son un montón de balbuceos lloriqueantes en brazos de Roma sobre lo muy idiota que es Germania que no se le parece en NADA.
Alemania se acerca a la puerta del restaurante al que ha traído al austríaco que es, por cierto, un restaurante polaco porque descubrió que todos los restaurantes bonitos y de muchos meseros y caravanas que conoce son italianos. Se guarda las manos en los bolsillos del pantalón con cara de enfado, preguntándose a sí mismo si no debía haber actuado con orgullo en alto desde el principio en lugar de irle a ver y seguir mandando flores a pesar de saber lo que él hacía con ese hombre que se parecía a él.
Suena el teléfono de Alemania que lo saca y mira quien es mientras camina a la mesa y piensa que se acabaron las flores diarias y las súplicas. Él es un miembro superior de la raza aria. Austria mira con cara de huelepedo habitual y común en la familia todo el lugar porque sabe que los restaurantes buenos son los italianos y este lugar... deja mucho que desear en su opinión.
Es Roma quien le llama.
—Hallo.
—Ave, cariño mío, ¿cómo estás? —susurra Roma al teléfono.
—Rom —murmura Alemania sonrojándose un poco pero sabiendo, SABIENDO, que tiene algo que ver con Italia. Austria levanta las cejas al notar quien es.
—Escucha, no puedo hablar mucho, estoy escondido en el baño y como me encuentren hablando contigo todos mis hijos me dejan de hablar. Han venido todos a comer y hemos estado hablando de ti.
Alemania aprieta los ojos y no crean que no detesta saber que todos le están poniendo veeeeerde.
—Aja... —murmura poniéndose nervioso igual.
—Es una buena noticia, mi nieto está desesperado y estaba diciendo que iba a volver... no le han dejado otra vez pero han convenido un acuerdo.
—¿Ha dicho que iba a volver Y NO LE HAN DEJADO? ¡¿Quién?! ¡¿QUIÉN NO LE HA DEJADO?! —si, si, los gritos interrumpen la atmósfera tranquila y pacífica del restaurante.
—Shhh, no grites, mi vida, que me van a descubrir. La cosa es que si aguantas hasta la boda sin sabotearla lo considerarán la prueba definitiva.
—Por qué voy a sabotear esta... Pásame a Italien.
—No puedo, nadie puede saber siquiera que te he llamado, lo siento. Sé fuerte, estamos a punto de lograrlo —le cuelga.
—Voy a matarles. ¡A TODOS! Como me llamo Deutschland que van a morir CRUEL Y DESPIADADAMENTE EN MIS MANOS —le grita igual al teléfono.
—Deutschland —pide Austria sin alzar la voz, severo, con lo que consigue que en vez de lanzar el teléfono lo coloque con cuidado en la mesa antes de pellizcarse el puente de la nariz a punto de estrangular a alguien.
—¿Qué pasa?
—Italien iba a volver a casa y no le han dejado.
—Was?
—Sus estúpidos hermanos latinos. Voy a matarles, a todos —asegura con voz suave y ojos de loco, pegando con el índice en la mesa—. Uno a uno los voy a exterminar.
Austria aprieta los ojos pensando que seguramente es cosa de Romano, que es tremendo.
—Cálmate, Deutschland, cálmate bitte.
—Que me calme. ¿Cómo me pides que me calme? —pregunta y hasta le tiembla un poco la voz.
—¿Te ha dicho por qué?
—Nein. Han hecho un acuerdo idiota relacionado con sabotear tu boda —ya, ahora, poco a poco empieza a caer un poco más en la cuenta de lo que te han dicho, ¿eh? Pat pat.
—Was? —frunce el ceño con eso de sabotear la boda.
—Al parecer yo podría tener ALGUNA razón para sabotear tu estúpida boda que es la causante de todo esto.
—Ah... tú —se calma.
—Al parecer si no lo hago será la prueba definitiva. Voy a matarlos.
—¿Prueba definitiva de qué?
—Y yo qué voy a saber. Rom dijo de aguantar hasta la boda, quizás se refería a "sin matar a nadie".
—¿Eso significa que tras la boda volverá?
Alemania le mira y... Él ha entendido lo mismo pero entre tanto enfado y ganas de exterminar a los latinos, ahora no está seguro.
—No sé.
—Si así fuera... esta situación tiene fecha de caducidad y significa que lo que haces funciona.
Alemania traga saliva, parpadea dos veces, se sonroja un poco, cambia la cara (en la medida de sus posibilidades) y desvia la mirada.
—Y que quisiera volver pero no le hayan dejado, me parece que da peso a esta teoría.
—Pues habrá que ver si yo le recibo de vuelta.
Austria levanta una ceja porque hace un minuto quería matarles a todos por no haberle dejado volver hoy.
—Aún falta bastante hasta la boda.
Alemania aprieta los ojos.
—Quizás mañana pueda ir a Rom por él.
—Puedes probar... tal vez se quiebre lo bastante. Si quería venir y no le han dejado debe estarlo.
—Puedo esperar y no hacer nada en los próximos sesenta días.
—La verdad, no tengo ni idea de qué esperaría él que hicieras.
—¿Lo que esperaría él? ¿Y qué hay de lo que espero yo que haga él?
—Lamentablemente para ti, tú no puedes tomar ninguna decisión activa hasta que él no lo haga.
—Si no voy por él, va a seguirse acostando con quien se le dé la gana —murmura sin mirar a Austria.
—Ja... pero en vista del éxito de las anteriores tentativas, quizás si vas siga haciéndolo igual y además no te reciba muy bien.
El alemán aprieta de nuevo los ojos y los puños y debe apretar todo lo apretable.
—Ya. Maravilloso.
Austria suspira realmente poco feliz de verle así.
—Volvamos a hablar de tu encantadora boda.
Asiente.
—¿Necesitas que te consiga un obispo?
—El obispo... nein, nein. Tenemos uno.
—¿Quieres que te acompañe a hablar con él? ¿Hay algo que te preocupe? Puedo resolver cosas o ayudarte en cosas serias, Österreich —le mira e inclina un poco la cabeza—, tengo bastante tiempo libre últimamente.
—Römer será quien nos case.
—Además, de todas las personas posibles en el mundo, la persona que me manda golpear cobardemente es quien va a casarte.
—¿Crees que alguien más iba a oficiar una boda católica homosexual entre hermanos?
Alemania cierra la carta y se cruza de brazos pensando que, si... bueno, visto así tiene razón. Pero aun así quiere asesinar a Romano.
—Si fuera tú me conseguiría un plan B.
—Además tiene la influencia suficiente como para poder oficiar en la catedral de Bern sin que le digan nada.
—Ja. Aun así no te garantizo que no le pase algo antes de diciembre.
—No le vas a hacer nada a mi obispo, Deutschland. Bastante mal está todo para que Italien sepa que andas atacando a su hermano.
—Ya. Ve, Deutschland y hazme un mandado más, créete mi padrino y no vayas a hacer nada que empeore la situación —protesta.
—Was?
—¿Él me rompe la cara y lo que TU le ofreces es protección? Italien se acuesta con vat... Germania, ¿y tu me dices que no vaya yo a golpear a su hermano? ¿Was tú? ¿De qué maldito lado estas?
—Deutschland...
—Was? No necesito que me hables con voz perfectamente mesurada como para darme cuenta de que de MI lado no estás ni has estado en ningún momento, ¡lo único que has hecho es esconderte!
—¡Para evitar problemas mayores!
—No hay problemas mayores que esto. Claro, protégeles a todos ellos y te ahorraras problemas con ellos. Al final el que se jode cada vez puedo ser yo sin que haya ningún problema. Total, Deutschland trabaja y nos mantiene a todos y a nadie le importa si tiene que comer o con quien hablar —baja la voz, controla los gestos, organizando su teléfono a que quede perfectamente paralelo al borde de la mesa, que suena de repente. Lo toma y mira quien es antes de contestar.
Galia.
—Es tu madre.
—No me está llamando a mí.
Le fulmina levantando el teléfono.
—Ya, ya lo sé. Hallo.
No se oye nada más que a alguien conteniendo el aliento y gritos y risas de fondo muuuuy al fondo.
—Hallo? Galia? —insiste Alemania pellizcándose el puente de la nariz y tratando de escuchar mejor. Sigue sin haber respuesta—. No sé si se ha marcado solo o que... Galia? Hallo?! —sube un poco más la voz—. Hallo? ¿Están bien?
Se nota que alguien está intentando hacer un esfuerzo por llorar silenciosamente... Alemania parpadea y aunque lento, no es tan complejo hacer dos más dos. Cierra los ojos y palidece aún más de lo que siempre está.
—No llores —susurra.
Ahora si se oye el sollozo.
—Bitte. Ich... —traga saliva porque no esperaba nada de esto.
Al notarlo, su silencioso interlocutor le cuelga muy muy nervioso pensando que le va a decir justo lo que quiere oir y lo que va a quebrarle aun más. Si este fuera Francia o Romano estaría haciendo un drama DRAMA. Alemania pone el teléfono de nuevo sobre la mesa, blanco como el papel. Austria le mira sin atreverse a decir nada.
—Ich... —susurra
—Eso...
Le mira casi habiendo olvidado que está ahí.
—¿Estás bien?
—E-Era Italien —creo que hasta se le aguan los ojos.
—Ja?
—Eso creo —traga saliva y se limpia un ojo con los dedos, carraspeando un poco. Austria le mira sin saber del todo qué hacer y pide comida, ya que estamos. Alemania pide otro de lo que sea que haya pedido Austria sin enterarse siquiera, mirando de nuevo su teléfono con muchas ganas de hablarle. Lo bueno es que se ha olvidado de que quería matarlos a todos, incluido Austria, que está secretamente agradecido con su niño Veneciano por ello—. Lloraba. Quizás tarde o temprano si vuelva a casa —murmura mirándole casi como niño pequeño.
—Y te ha llamado, creo que finalmente sí hay esperanza.
Suelta el aire y asiente un poco mirando de reojo el teléfono. Austria sonríe sinceramente.
—Voy a... Voy a esperar hasta tu boda si es lo que quiere —murmura y desfrunce un poco el ceño porque si sabe que de verdad va a volver, esto es menos dramático.
Austria le mira pensando que no estás seguro de que sea realmente lo que quiere pero seguramente es lo único que funcione. Alemania suelta el aire sintiéndose repentinamente bastante más liberado y menos angustiado.
—Quizás incluso pueda volver antes —si quitamos a Romano de en medio—. Le seguiré mandando flores.
—Creo que tendrás una MUY gran oportunidad en la boda.
Alemania suspira.
—Planearé algo para la boda.
—¿Algo como qué?
—Algo como —agárrense porque nunca ha pasado antes—. Sacarle a bailar.
—Sacarle a bailar —asiente Austria. La gran cosa. El mayor dilema de Alemania desde que era un niño pequeño—. ¿Y qué más?
—De ahí que sea tan importante lo que vamos a hacer más tarde. ¿Qué más?
—¿Lo que vamos a hacer después?
—Ja, vamos a ir a bailar —asiente encogiéndose un poco de hombros.
—Ah... ¿si? —eso no se lo esperaba.
—Ja, es tu cumpleaños y pensé que eso... Bueno, esas cosas suelen gustarte.
—Nein, nein, está bien.
—Además asumí que tendríamos que tener cierta práctica para la boda. Bueno tú en concreto. Aunque como tu padrino, tendré que bailar.
—Me parece bien que vayamos a bailar, tú necesitas más práctica que yo.
Hace un poco los ojos en blanco y mira el plato que tiene enfrente con un ataque repentino de hambre.
—¿Cómo está Schweiz de nervioso?
—Aun no mucho... aun.
—¿Y tú?
—Ehm... aun no mucho.
—Así que sí estás nervioso. Muy bien, eso siempre es algo positivo.
—¿Lo es?
—Ja.
—¿Por?
—Me haces gracia —así sincero. Con la cara de serio que tienes, cualquiera diría. Austria se incomoda un poco—. En concreto porque puedo molestarte un poco, lo cual no es muy común —se encoge de hombros y le mira... y nota que le ha echado de menos. A él y a todos en realidad, la casa es un asco sola.
El austriaco sonríe de lado con eso pero no le mira a los ojos.
—Y lo sabes —le señala un poco en camaradería antes de ponerse otra vez formal—. ¿Y la música qué tal va? Puedes volver a componer a la casa cuando quieras.
—La... música —ese tono de drama.
—Debe de ir bien. La música siempre va bien.
—Nein, no lo va.
—¿Por qué? ¿Porque no es perfecta?
—Dista MUCHO de ser como esperaría. Ya no hablemos de perfecta.
—Mmm. Aun tienes tiempo.
—Nein! ¡Claro que no lo tengo! Con todo lo que tienen que ensayar y aún no he terminado de componerlo entero —creo que hay pocas cosas en la vida que le saquen más pasión a la hora de hablar de ellas. Alemania sonríe un poquiiiito de lado por primera vez en un bueeen tiempo.
—Pues te va a tener que alcanzar con el tiempo que tienes. Aunque dudo mucho que Schweiz o cualquiera, nos enteremos de los "errores" o las cosas que no están listas.
—¿Y quién dice que tenga que satisfaceros a vosotros? Ya sé que con lo que hay ya habría suficiente, aunque lo tocaran esos inútiles con menos talento que monos descabezados.
Alemania sonríe un poco más, tapándose la boca.
—Asumiría que si dices que son tus votos para Schweiz, a él debieran satisfacerlo en primer lugar.
—Sinceramente a él le satisface el Para Elisa a una sola mano mientras lo haga yo.
—No estoy seguro de que así sea en su BODA. ¿No ha ido a las dos anteriores?
—Ja, sí que fue, pero tampoco estoy seguro de que lo recuerde.
—Bien, más a mi favor. Si puedes tocar lo que sea y a él le va a encantar, seguramente lo que hagas de aquí a la boda le parecerá fantástico.
—Y te repito que no es a él a quien pretendo realmente satisfacer.
—¿Algún día has compuesto algo que realmente te parezca satisfactorio?
—Mira, lo que quiero es que cuando piense que he dado lo mejor de mí mismo y he puesto todo mi corazón y mi alma en esto, cuando piense que lo que está escuchando es lo mejor que he hecho jamás... y lo va a hacer, haga la música que haga... lo que realmente quiero es que no esté equivocado.
Alemania levanta las cejas, toma el teléfono y escribe toda esa frase... A excepción de la última parte.
—Bien, esto es bonito. Seguro lo podemos usar en algo —asiente satisfecho.
—Was? —parpadea un poco descolocado porque lo ha dicho como una verdad, no como una frase afortunada.
—Aunque yo le cambiaría algo del final, porque esto de "quiero que no esté equivocado" suena a que de verdad es un desastre.
—¿Un desastre? —pregunta sin entender del todo.
—Ja. La música es tan desastrosa que Schweiz el idiota va a pensar que es celestial y en realidad... Es una basura.
—Pues así es. Justo de eso me quejo. La música es un DESASTRE y ya sé que a vosotros va a gustaros, pero no es que os guste lo que pretendo…
—Pretendes que a Schweiz le guste algo decente, al menos.
—Nein, a Schweiz le va a gustar igual, ya te lo he dicho, él se satisface con las cosas sencillas. Lo que pretendo es que sea realmente lo que él cree que será. Conseguir materializar cualquier idealización que haga al respecto.
Alemania entrecierra los ojos y escribe esa última frase.
—¿Crees que mi obra pueda aspirar a un fin más elevado que a convertir en realidad la mayor expectativa de perfección nacida de un corazón ciegamente devocionario?
—Nein. Espera, no hables tan rápido. Pero de hecho ahora entiendo por qué no va bien la música.
—¿Por qué estás escribiendo esto?
—De algo debe servir. En tus votos o en mi brindis.
—¿Brindis?
—Ehm... El... Un... Ja. Un brindis.
—No sabía que fueras a preparar un brindis —asiente conforme.
—¡Claro que voy a hacer un brindis!
—Aprovecha para contar algo del amor para Italien, entonces.
—A-Algo para Italien.
—Ja.
—¿Que tiene que ver aquí? —y admítelo, de no ser por Inglaterra no harías brindis.
—Nada, pero me parece que es una buena excusa para hacerlo.
Alemania carraspea considerando eso complicado
—¿Algo del amor entre ustedes que extrapole?
—Ja. Algo así.
—"El amor supera todos los obstáculos".
—Bueno, por ejemplo —se sonroja un poquito, no creas que no y ya debería empezar a acostumbrarse o a hacerse a la idea de que la gente va a decir que se quieren y hablar de su amor y todo eso casi todo el tiempo hasta la boda.
Y es que no se crean que a Alemania no le cuesta trabajo pensar en esos términos de amor... Pero se esfuerza.
—"Österreich siempre ha querido a Schweiz aun cuando parecía odiarle, yo lo recuerdo muy bien. Me alegra saber que la vida le hace justicia. Ojalá todos tengamos la misma suerte" —muy muy poco poético.
Austria aprieta los ojos con eso.
—Aun creo que podrías comparar más con tu caso y propia experiencia.
—Iba a decir que pensabas en él en momentos inverosímiles y que yo creo que hubieses querido casarte con él desde el principio.
—Eso es un poco feo con Spanien y Ungarn —no le mira a los ojos ni lo niega.
—Oh... Bueno, no quiere decir que no te conformaras con ellos en su momento —el sutil, se encoge de hombros—, pero vale, me concentraré mejor en mi caso.
—Conformarme...
—Bueno, ya te fue bien o lo que sea. Solo digo que querías a Schweiz desde el principio sin importar con cuantos te casaras en medio.
—Mejor céntrate en el presente o en tu caso, bitte.
—Es que no sé qué decir de mi caso... Schweiz si vino cuando se le llamó, ojalá todos hicieran lo mismo.
—Schweiz... se fue y le costó mucho más tiempo volver.
—¿A él? Y a ti ir. De hecho ahora que lo pienso, no sé por qué pelearon desde el principio. Siempre estuvieron enfadados, desde que tengo memoria ¿Por qué se fue en primer lugar?
—Te lo he explicado muchas veces... él...Decidió que ya no quería estar más con nosotros.
Frunce el ceño e inclina la cabeza porque es una de esas preguntas que le ha hecho siempre, en efecto.
—¿Por? Como... Italien —se revuelve.
—¿Quién sabe? —tú, por ejemplo, sabes perfectamente.
—Quizás dejaste de hacer cosas. Como yo.
—En realidad tal vez no es la mejor ocasión para hablar de eso en un brindis en mi boda.
—Es que queda muy bien con mi caso porque además te salió bien. A pesar de todo y de todos los años que pasaron y que se echaron de menos, al final están juntos.
—Bien, simplemente los motivos no importan.
—Nein, eso era curiosidad.
—Bueno... y qué más.
Alemania carraspea sin estar muy seguro de que más.
—En resumen, tu situación se parece a la mía llevada muy muy al extremo. Así que, casi que cualquier cosa relacionada al amor, funciona como ejemplo. Podemos concluir que ustedes dos son una gran inspiración para mí en cuanto a sortear obstáculos.
—Bien, eso suena bien —asiente.
—Además ustedes dos no tienen a un latino que haga las cosas difíciles —levanta las cejas notándolo.
—Puede que ese sea el motivo de que todo fuera tan extremadamente largo.
—Aunque no es como que Italien esté ayudando en mi caso a hacerlo en lo absoluto corto. Schweiz no hace los dramas que hace Italien —asegura limpiándose los labios con la servilleta una vez terminada su comida.
—No vamos a hablar de lo que hace Italien que Schweiz no haría en la vida y lo vuelve todo mucho más fácil —asegura acabándose su cerveza.
Alemania se sonroja un poco pensando en todas las cosas que hace Italia y recordando que es posible que sí vuelva. Sonríe un poquito incluso y mira su reloj.
—Tenemos un par de horas antes de ir a bailar. Te puedo llevar a donde sea, seguramente Schweiz estará muy contento de que hagas cosas ¿a dónde vamos?
Austria piensa en ir a existir a algún lado con un café. Es lo que le apetece después de comer, pero luego piensa que... hay cosas para las que tiene un padrino. Sea como sea, tanto mejor, un café es más barato que llevarle a comprar... Justamente eso.
—Ja, sí hay un lugar al que quiero que me acompañes.
—¿Qué lugar? —pregunta firmando la cuenta.
—El sastre. Necesito una opinión de un padrino.
Alemania infla un poco el pecho porque esas con las cosas de los padrinos y... Bueno, a él le gusta la idea de serlo.
—Perfecto, el sastre será.
Austria asiente.
Hoy no tocaba esta historia pero... es una fecha especial. El cumpleaños del señorito, así que... es un especial para él. ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición
