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Familia
«¡Funesto accidente!
Lo mismo hubiera hecho conmigo si hubiera estado allí.
Ese desenfreno insolente amenazando a todos;
A mí, a ti mismo, a todos en fin.».
Hamlet. – Shakespeare.
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No recuerdo haberme despedido de mis bebés, no recuerdo haber vuelto a oír la voz de Christian, no recuerdo haberle dicho adiós a Edward. Y todas y cada una de esas cosas me duelen terriblemente porque no sé si los volveré a ver.
Juego distraídamente con mis anillos desde mi lugar en un café cerca de la torre del reloj. Bajo la superficie puedo sentir una gran cantidad de vampiros, trato de no pensar en el hecho de que los voy a enfrentar yo sola.
En su lugar, mis pensamientos se fueron directo a Edward, a los Cullen… un ser de luz jamás se puede ligar a un ser oscuro y sin embargo cada vez que yo los miraba lo único que veía era luz. No eran nada parecidos a los Vulturi o los demás vampiros, pero, ¿Cómo hacerle entender eso a los Ancianos? Necesitaba un plan para eso también.
Necesitaba un montón de planes en realidad.
Pero ahora era momento de por lo menos darle a mis seres queridos un poco de tranquilidad, seguridad. Era el momento del primer plan.
Cerré los ojos y respire profundo, en el reloj una campanada grave y atronadora resonó por toda la plaza e hizo vibrar las piedras del suelo. Abrí los ojos a tiempo para ver varias palomas cerca de la fuente volar asustadas, eran las doce en punto. El sol estaba en su punto más alto y mi momento había llegado. Di un último trago a mi té y me levante encaminándome hacia la torre.
Con cada campanada que daba el reloj, sentía como si tuviera que correr en dirección contraria.
«Esto es por el bien de mi familia.»
Seguía repitiéndome esas palabras como un mantra.
Anduve por un amplio recodo del callejón, que seguía cuesta abajo, por lo que no vi el final, terminado en chaflán, hasta que no llegue a él y alcance la pared de ladrillo lisa y sin ventanas. Esperaba poder seguir las instrucciones de Carlisle, lo último que quería era perderme. Parecía una alcantarilla, hundida en el lugar más bajo del pavimento aunque la rejilla estaba retirada a un lado, descubriéndolo hasta la mitad. El agujero era pequeño y muy oscuro. Miré el orificio, dubitativa. Me imaginé a Félix con su gran tamaño entrando por allí y me agaché y deslicé las piernas por el estrecho espacio.
Aterrice en un sonido sordo, debía agradecer a Alice por los zapatos. Si volvía. El fondo de la alcantarilla estaba en penumbra, pero no a oscuras. La luz procedente del agujero de arriba suministraba un tenue resplandor que se reflejaba en la humedad de las piedras del suelo. Comencé a arrastrarme velozmente hacia delante mirando en todas direcciones. El sonido de la pesada rejilla cerrando la alcantarilla a mi espalda se oyó con metálica rotundidad.
Pronto, la luz tenue de la calle se desvaneció en la penumbra. El leve sonido de mis pasos levantaba eco en el espacio negro; parecía amplio, aunque no estaba segura. ¿Quería hacerme sentir? ¿De verdad quería alertarlos de mi llegada? Si, lo quería.
No se oía otro sonido que de mis pies en las piedras mojadas, excepto una vez que se escuchó un chillido de rata desde algún lugar detrás de mí. Me gire sobresaltada y desee con todas mis fuerzas tener a Edward a mi lado pero eso no era posible, él no solo estaría enojado conmigo por venir sola sino también estaría cuidando de mis bebés y de Ana. Al menos eso espero.
¿Podría volver a verlo antes de perder la vida? Eso era lo mejor que podría desear desde que llegue a este tétrico lugar… También hubiera deseado preguntarle qué iba a suceder ahora. Ardía de ganas por abrazarlo y pedirle mil veces perdón.
El camino que pisaba continuó descendiendo, introduciéndome cada vez más en la profundidad de la tierra y esto me hizo sentir claustrofobia. Sólo la idea de mis bebés esperándome en casa, impedía que me pusiera a gritar. No sabía de dónde procedía la luz, pero lentamente el negro fue transformándose en gris oscuro. Me encontré en un túnel bajo, con arcos. Las piedras cenicientas supuraban largas hileras de humedad del color del ébano, como si estuvieran sangrando tinta. Estaba temblando, y pensé que era de miedo. No me di cuenta de que tiritaba de frío hasta que empezaron a castañetearme los dientes. La temperatura debajo de la ciudad era tan glacial como la piel de Edward y ni siquiera mi temperatura celestial, más alta que la de un Quileute, me ayudaba.
Al final del túnel había otra reja cuyas barras de hierro estaban enmohecidas, pero eran tan gruesas como mi brazo. Había abierta una pequeña puerta de barras entrelazadas más finas. Agaché la cabeza para pasar y cruce rápidamente a una habitación más grande e iluminada. La reja se cerró de golpe con estrépito, seguido del chasquido de un cerrojo. Tenía demasiado miedo para mirar a mi espalda. Al otro lado de la gran habitación había una puerta de madera pesada y de escasa altura. Era muy gruesa, pude comprobarlo porque también estaba abierta.
Atravesé la puerta y miré a mi alrededor sorprendida, relajándome inmediatamente. Me hallaba en un corredor de apariencia normal e intensamente iluminado. Las paredes eran de color hueso y el suelo estaba cubierto por alfombras de un gris artificial. Unas luces fluorescentes rectangulares de aspecto corriente jalonaban con regularidad el techo. Agradecí mucho que allí hiciera más calor. Aquel pasillo resultaba muy acogedor después de la penumbra de las siniestras alcantarillas de piedra.
Al final del largo corredor había un ascensor, avance y cuando estaba dentro la puerta gruesa crujió al cerrarse de un portazo detrás de mí, y luego se oyó el ruido sordo de un cerrojo que se deslizaba de vuelta a su posición.
Cuando las puertas se abrieron Demetri estaba allí esperándome con una gran sonrisa de suficiencia en su rostro de tez ligeramente olivácea, lo que, combinado con su palidez terrosa, le confería una extraña apariencia. No había cambiado absolutamente nada, lo que no era para nada una sorpresa, el cabello le caía en cascada sobre los hombros. El iris de sus ojos era de un color carmesí intenso que se iba oscureciendo de forma progresiva hasta acercarse a la pupila. Debajo de sus envolturas llevaba ropas modernas, blancas y anodinas.
Salí a una zona que tenía pinta de ser una recepción bastante elegante, por un momento recordé Grey Enterprises pero aleje el pensamiento no necesitaba a Christian jodiendome ahora. Las paredes estaban revestidas de madera y los suelos enmoquetados con gruesas alfombras de color verde oscuro. Cuadros enormes de la campiña de la Toscana intensamente iluminados reemplazaban a las ventanas inexistentes. Habían agrupado de forma muy conveniente sofás de cuero de color claro y mesas relucientes encima de las cuales había jarrones de cristal llenos de ramilletes de colores vívidos. El olor de las flores me recordó al de una casa fúnebre.
Había un mostrador alto de caoba pulida en el centro de la habitación. Arrugue el gesto aunque no estoy segura si fue por la presencia de Demetri o por el olor, tal vez ambas.
-Isabella… debo decir que no me sorprende verte aquí. –Dijo con algo muy parecido a un tono conciliador.
Lo ignore y pase junto a él en busca del gran salón que me había explicado Carlisle.
-Aro se alegrara de volver a verte, estas tan… humana como siempre. –Pude notar el matiz de venganza en su voz, idiota.
Era obvio que aún no superaba que lo hubiera derribado cuando intento joder a Ana.
-Entonces no le hagamos esperar. –Sugiero mirándolo por sobre mi hombro.
Él descubre un poco sus dientes y me gruñe. Sonrío y sigo caminado totalmente imperturbable. Lo odio.
Ignoré las puertas del fondo -totalmente revestidas de oro- y me detuve a mitad del pasillo para desplazar uno de los paneles y poner al descubierto una sencilla puerta de madera que no estaba cerrada con llave. Me adentre en el como si ya hubiera estado allí millones de veces y escuche otro gruñido de desaprobación proveniente de Demetri a mi espalda.
Se trataba de un lugar con la misma piedra antigua de la plaza, el callejón y las alcantarillas. Todo estaba frío y oscuro otra vez. La antecámara de piedra no era grande. Enseguida desembocaba en una estancia enorme, tenebrosa -aunque más iluminada- y totalmente redonda, como la torreta de un gran castillo, que es lo que debía de ser con toda probabilidad. A dos niveles del suelo, las rendijas de un ventanal proyectaban en el piso de piedra haces de luminosidad diurna que dibujaban rectángulos de líneas finas. No había luz artificial. El único mobiliario de la habitación consistía en varios sitiales de madera maciza similares a tronos; estaban colocados de forma dispar, adaptándose a la curvatura de los muros de piedra. Había otro sumidero en el mismo centro del círculo, dentro de una zona ligeramente más baja. Me pregunté si lo usaban como salida, igual que el agujero de la calle.
La habitación no se encontraba vacía. Había un puñado de personas enfrascadas en lo que parecía una conversación informal. Hablaban en voz baja y con calma, originando un murmullo que parecía un zumbido flotando en el aire. Un par de mujeres pálidas vestidas con ropa de verano se detuvieron en una de las zonas iluminadas mientras las estaba observando, y su piel, como si fuera un prisma, arrojó un chisporroteo multicolor sobre las paredes de color siena.
Todos aquellos rostros agraciados se volvieron hacia mí en cuanto entre en la habitación. La mayoría de los inmortales vestía pantalones y camisas que no llamaban la atención, prendas que no hubieran desentonado ahí fuera, en las calles, pero el hombre que habló primero lucía una larga túnica oscura como boca de lobo que llegaba hasta el suelo. Recuerdo que una vez llegué a creer que su melena de color negro azabache era la capucha de su capa.
-¡Dulce Isabella, mi querida niña, has venido al fin! -gritó Aro con evidente alegría. Su voz era apenas un tenue suspiro.
Avanzó hasta mí con tal ligereza de movimientos y tanta gracilidad que me quedé quieta a mitad de salón mirando cuidadosamente en todas direcciones esperando algún otro movimiento de alguien más para protegerlo, pero nada sucedió.
Flotó cerca de mí y me tomó el rostro entre sus manos apergaminadas. Me besó suavemente en la frente y luego levitó un paso hacia atrás.
-Así es, -Sonreí de manera angelical- suenas un poco sorprendido. Creí que era lo que deseabas.
-Ay, Bella. ¡Cuánto me conforta tenerte a mi lado! -Dijo y su sonrisa centelleó hasta convertirse en un gesto de euforia- ¡Creí que nuestro último encuentro había empañado nuestra amistad, pero estas aquí! -Se regocijó y unió sus manos finas al dar una palmada- ¡Qué agradable sorpresa! ¡Maravilloso!
Le miré fijamente sin alterar mi expresión, estaba muy sorprendida de lo hipócrita que podía llegar a ser. Era ridículo que de verdad esperara aún qué yo me uniera a su bando incluso luego de lo que le intento hacer a Ana.
Se volvió a mí escolta y le frunció el ceño.
-Demetri, sé bueno y avisa a mis hermanos de quién está aquí. Estoy seguro de que no se lo van a querer perder.
Sí, yo también estoy segura de que no se lo quieren perder.
-Sí, maestro -asintió Demetri, me gire y le di una sonrisa satisfecha, era lo suficiente idiota como para no notar las promesas impresas en ella así que desapareció por el camino por el que habíamos venido.
-¿Lo ves, joven Bella? -Aro me sonrió como si fuera un abuelo venerable que estuviera soltando una reprimenda a su nieta- ¿Qué te dije yo hace cinco años cariño? ¿No te alegras de que te hayamos salvado de esa bruja pelirroja?
Siento mi cuerpo tensarse, no había pensado en ese accidente desde el regreso de Edward cuando le conté sobre Victoria.
-Sí, Aro, lo celebro -admití mientras apretaba con fuerza los puños.
En aquel momento él, Jane, Demetri, Alec y Félix alejaron a esa asquerosa perra de mí antes de que siguiera aventándome contra los árboles y acabaron con ella. Solo con el propósito de que les debiera un favor, de que me uniera a ellos…
-Me encantan los finales felices. Son tan escasos -Aro suspiró interrumpiendo mis pensamientos-. Eso sí, espero que esto en realidad sea un comienzo. Dime cariño, ¿Quién quieres que tenga el honor de tú transformación? -Se volvió hacia sus guardias con los ojos empañados y llenos de curiosidad.
Sentí ganas de vomitar, si el veneno de vampiro volvía a entrar en mi sistema iba a ser por un ser querido, por un Cullen.
-Oh, pero… yo no he venido a unirme a tu clan. -él parpadea hacía mí y veo la molestia alojarse en su mirada, le muestro una sonrisa deslumbrante, tratando de darle una imagen relajada excepto por el hecho de que estoy apretando con fuerza los puños. Camino a su alrededor mirando por el rabillo del ojo cada detalle en la habitación- ¿Recuerdas lo que le hiciste a mi hermana? ¿Recuerdas como la amenazaste? ¡¿Cómo la atacaste?!
Lo veo girarse hacia donde me encuentro totalmente sorprendido. Le doy una sonrisa apretada y me encojo de hombros.
Sí, imbécil. He venido a matarte.
-Eres demasiado tonta, cariño. -Me reprende, totalmente nervioso- He contemplado a los seres divinos caer ante nuestro poder. Ustedes tendrán el reino de los cielos, pero jamás podrán con nosotros mucho menos tú, te han abandonado Isabella, te quitaron tus poderes por salvar a ese Clan de vampiros, lo sé. Veo cómo funcionan tus reglas. No olvides que tengo milenios de vida.
Un gruñido gutural resuena en toda la estancia. Veo a los vampiros acercarse a mí a paso lento. Suspiro y dejo caer la gabardina que llevo puesta. Aro retrocede un paso pero ya es muy tarde el peso de sus propias palabras cae sobre él. Me agacho y dejando fluir mi energía despliego mis alas, las había extrañado tanto.
Veo a los demás vampiros retroceder ante el destello dorado de las plumas.
-¿Sabes cuál es el peor error que alguien puede cometer? -Pregunto en voz baja, puedo escuchar mi voz vibrante y él no solo nota el cambio si no que lo ve en mis ojos totalmente dorados por el fuego y juro que luce más pálido de lo habitual- Suponer antes de preguntar. No intentes intimidarme con los años que has pasado caminando entre los hombres Aro. Yo soy más vieja que la tierra bajo tus pies, he existido por eones antes de que mi señor pensara si quiera en crear este lugar.
Miro a un vampiro ubicado a mi derecha y lo hago arder en fuego celestial por unos segundos hasta que no quedan ni las cenizas, para probar mi punto. El caos se desata. Muchos intentan huir pero no logran llegar muy lejos antes de arder también, al menos cincuenta de ellos han desaparecido sin dejar rastro ante los ojos atónitos de Aro.
Me siento agotada por el esfuerzo pero no dejo que él lo note. No puedo demostrarles que he venido aquí solo con la mitad de mis poderes. Doy un salto y agito mis alas hacia atrás y me dejo caer en el trono del centro, justo donde él había estado sentado. Aro gruñe de rabia y el sonido hace eco por todo el lugar, sonrío y apoyando mi mentón en una mano les giño un ojo a sus hermanos que acaban de llegar con sus escoltas favoritos.
-¡Buenas tardes señores, sean bienvenidos! –Digo con el mismo tono de euforia empalagosa que uso Aro conmigo cuando llegue. Incluso junte las manos de la misma manera.
. . .En.SU. . .SU.Trono.
Punto para mí.
-¡¿Qué se supone que significa esto Aro?! –Pregunta Cayo muy alterado.
Aro miró más allá de las figuras de Jane, Alec, Renata, Chelsea y Demetri. Envueltos en túnicas negras, flotaban otros dos hombres. Sus rostros tenían también esa piel parecida al papel cebolla.
El trío representado por el cuadro de Carlisle estaba completo, y sus integrantes no habían cambiado durante los trescientos años posteriores a la pintura del lienzo. Mucho menos en los pocos meses luego de nuestro encuentro en Forks.
Aro jadeo, irónico, incluso casi parecía aún más asustado de que sus hermanos estuvieran aquí. Trató de componer su rostro y les regalo una gran sonrisa. Claro todo esto luego de ir a esconderse tras Renata, Jane y Alec. Tuve que contenerme para no girar los ojos.
-¡Marco, Cayo, mirad! -Canturreó Aro con fingida felicidad- Después de todo, Bella sigue viva y ha venido a nosotros. ¿No es maravilloso?
A juzgar por el aspecto de sus rostros, ninguno de los dos interpelados hubiera elegido como primera opción el adjetivo «maravilloso». Marco parecía terriblemente aburrido, como si hubiera presenciado demasiadas veces el entusiasmo fingido de Aro a lo largo de tantos milenios. Cayo como siempre puso cara de pocos amigos.
El desinterés de ambos no refrenó el júbilo de Aro, que casi cantaba con voz liviana:
-Ahora todo está mejor, ¿no es así querida Jane?
Jane sonrió de esa manera en la que suelen sonreír los niños cuando regañan a otro por una travesura que él realizo.
-Sí, maestro.
Esta vez no lo pude evitar y me reí mientras giraba los ojos. Levante un escudo a mi alrededor en el momento justo en el que ella pronuncio esas palabras. No iba a permitir que su don de mierda me tocara. Al notarlo, curvo el labio y me mostró los dientes mientras gruñía.
Marco no parecía interesado. Lo cual no fue una sorpresa pero lo que si me tomo desprevenida fue el alivio en su cara al notar que era lo que realmente pasaba, parecía… esperanzado incluso. Retrocedió unos pasos alejándose de ellos y de la protección que le otorgaba la guardia. Pude ver que dos mujeres más, llevaban vestido de tirantes y se habían acercado para permanecer junto a Cayo y Aro. La simple idea de que un vampiro necesitara guardias se me antojaba realmente ridícula, pero tal vez los antiguos eran más frágiles, como sugería su piel.
Pero Marco movió la cabeza hacia ellas y luego hacia sus hermanos y con una seña me mostró el dedo, el mismo dedo donde yo llevo mis anillos.
¿Eran sus esposas?
No tuve ninguna duda cuando miré de nuevo el rostro mortecino de Marco.
-Asombroso, realmente increíble. –Susurre.
Me mordí el labio evitando soltar una carcajada. Esto era mejor de lo que esperaba, había escuchado hablar de ellas pero sinceramente no creí que fueran a estar aquí, Carlisle me dijo que las mantenían muy resguardadas. Marco asintió y me dio algo muy parecido a una sonrisa. ¿Por qué un tipo como él se ligaba a estos otros dos? ¿Él realmente era un buen sujeto o solo estaba fingiendo para que no lo matara también?
-Isabella, querida, ahora que están todos aquí ¿Por qué no reconsideras tu posición y te unes a nosotros?
Fije mi vista en Aro y pude notar que tenía tomado de la mano a Cayo.
-Que sutil manera de decirme que ahora que están tus guardias aquí debo temer. –Sisee- Unirse o morir, ¿no es eso?
-La ley la reclama, Aro. –Mascullo Cayo entre dientes.
Lo mire e incline mi cabeza a un lado entrecerrando los ojos.
-¿Y cómo es eso? –Inquirí- ¿En cuál de sus ocho reglas dice que deben matarme o convertirme? ¡¿A mí?! Un ser celestial.
Levante mi mano señalando hacia el trono a mi izquierda, hacia él trono que le pertenecía y lo incendie con fuego celestial. Sentía el calor dorado arder junto a mi brazo y fulmine con la mirada a Jane, quien me siseo y trato de nuevo de lastimarme con su ridículo poder.
-¡No seas absurda niña tonta! Jamás podrás siquiera llegar a ponerme un dedo encima, mucho menos lastimarme con ese inútil poder tuyo. –Me levante y baje despacio los escalones- Se lo dije a Aro hace un momento y se los repito a ustedes, dejen de suponer antes de preguntar. No me ataques sin saber que represalia puedo tomar contra ti.
Antes de que ella pudiera procesar mis palabras sentí arder mi marca de dagas y cuando ésta apareció en mi mano la avente dando en el lugar donde una vez palpito el corazón de la pequeña asesina. Y con eso llego el fin de su existencia, ardió en llamas hasta desvanecerse bajo el tenue rayo de sol que se filtraba por los cristales del techo.
-¡NO! –Grito Alec abalanzándose hacia mí pero Demetri y Chelsea lo contuvieron- ¡Te mataré! ¡Acabare contigo!
Mi daga voló de regreso hasta mi mano cuando la última ceniza desapareció. La moví de adelante hacia atrás invitando a Alec a venir por mí.
-No me ves huyendo o quejándome al respecto. –Dije impasible.
Durante todo el tiempo que había pasado temiendo este encuentro pensé seriamente que iba a morir, ahora solo podía preguntarme ¿Cuánto tiempo me llevaría volver con mis hijos?
Antes de que pudiera averiguarlo la pequeña cúpula de cristal que cubría el centro del salón estallo y los cristales cubrí mi cuerpo con mis alas y cuando todo termino mire a los dos seres que se encontraban a mi lado.
Jadee sorprendida y por un momento sentí que todo mi mundo se desmoronaba, ¿Qué hacen ellos aquí?
-¿Qué…? –Intente pronunciar las palabras en voz alta pero no pude.
Ambos sonrieron ampliamente y yo sentí como si mi pecho volviera latir. Esto tenía que ser una alucinación.
-¿De verdad creíste que te íbamos a dejar sola? –Su dulce voz lleno la estancia.
Parpadee varias veces y seguía sin saber qué hacer. Los Vulturi aprovecharon el momento de distracción para atacar y los tres reaccionamos al mismo tiempo. Él Corrió e intercepto a Demetri y lo tomo por el cuello empujándolo de espaldas al suelo pero Cayo corría hacia él con una sonrisa en sus labios.
-¡Edward, Cuidado! –Grite antes de girarme y yo misma interceptar a Chelsea que había saltado hacia mí.
Después de todos los esfuerzos que había hecho con mis energías no tuve la suficiente fuerza para detener su ataque. Caí de espaldas golpeándome con los escalones cerca de los tronos, un grito desgarrador se escapó de mí por el dolor en la raíz de mis alas. Ella me golpeo con fuerza en la cara repetidas veces y trate de cubrirme con los brazos pero sus embestidas eran demasiado rápidas. De pronto se detuvo y abrí los ojos con cuidado mirando en todas direcciones, alguien me la había quitado de encima me apoye en los codos y lo vi junto a mí tendiéndome una mano. La tome y me levante aunque eso significo un dolor terrible.
-¿Estas bien? –Pregunto y yo asentí- Lo siento.
Parpadee varias veces para aclarar mi visión y luego le sonreí, no podía creer que él usara este momento para disculparse conmigo.
-Está bien. –Dije.
Sujetándome las costillas di un paso hacia la pelea. No fue hasta entonces que note que él nos mantenía bajo un escudo mientras Edward lidiaba con Cayo ahora que Demetri y Chelsea no estaban.
-¿Estas segura? Puedes quedarte aquí y dejárnoslo a nosotros. –Propuso y yo reí desconcertada aunque sentía ganas de llorar.
Ellos jamás habían sido un equipo, ni siquiera cuando peleaban contra mi cáncer.
-Este no es momento para quedarme en segundo plano, Christian. Es mi pelea. –Dije y dándole una última mirada levante la mano para deshacer el escudo.
-¡Espera! –Grito y llego hasta mí, estiro la mano hacia su espalda y me entrego una espada que llevaba allí- Esto te lo envía Miguel.
Fue entonces cuando note las dos aladas extremidades blancas con dorado en su espalda, abrí los ojos como platos.
-¿Christian, que demo…? –Balbucee pero el coloco la espada en mi mano y deshizo el escudo.
Luego te explico. –Susurro y fue ayudar a Edward.
¿En qué momento el mundo dejo de girar? ¿Es que esto era alguna broma del destino? Me gire y esta vez tuve más suerte y pude detener el ataque de Alec con el brazo izquierdo el gruño cuando lo empuje lejos e intento venir de nuevo hacía mí automáticamente levante la mano derecha y la espada se clavó en su corazón. Vi a Cayo volar por los aires y aterrizar a los pies de Aro encendido en llamas. Mire a Edward y él asintió para darme a entender que estaba bien aunque respiraba agitadamente y se sostenía con fuerza las costillas mientras en la otra sostenía una daga con hoja negra y marcas doradas. Fruncí el ceño pero él se encogió de hombros.
¿Qué me estaban escondiendo estos dos hombres? Las alas de Christian, la espada de Miguel y ahora la daga de Cassiel en manos de Edward, un vampiro. Bufe frustrada y avance hacia Marco y Aro que aún estaban siendo protegidos por Renata. Ella gruño e intento usar su poder conmigo pero mi escudo no le sirvió de mucho ya que su distracción conmigo le cobro caro al ser atacada por Christian. Escuche su grito y vi su terror reflejado en la expresión de Aro. Marco se mantenía imperturbable. De hecho vino caminando hacia mí y sonrío un poco, se detuvo cuando estaba a mi lado tan cerca que incluso nuestros hombros se rozaron.
-Gracias. –Susurro.
Me gire para mirarlo a la cara y solo note gratitud plena, él estaba definitivamente hablando en serio, sus pensamientos no podían ser más claros. Asentí y mire de mala manera a Aro.
-Tranquilo, me encargare de ello.
-¡Traidor! –Gruño Aro sujetando a su esposa por delante de él para protegerse.
Di un paso más hacia él y vi cómo se encogió en su lugar.
-¿Traidor? –Ladee la cabeza y lo señale con la espada- ¡¿Traidor?! ¡Te atreves a llamar traidor al hombre que simplemente quiere un poco de paz en su existencia porque ya no soporta permanecer al lado del asesino de su esposa! Que poca vergüenza tienes Aro. ¿O me vas a negar que mataste a tu propia hermana solo para evitar que ella y Marco dejaran el clan porque estaban hartos de ti?
Tanto Sulpicia como Athenodora se alejan de él con la cara contraída por la rabia. Sonrío y miro a Edward y Christian quienes no necesitan una explicación y se abalanzan hacia ellas. Sus gritos llenan la estancia pero yo no aparto la mirada de Aro quien intenta escapar pero no se lo permito, sujeto su capa y lo aviento hasta donde están los tonos donde el de Cayo aun arde en una llama constante de fuego celestial.
-Has matado a gente inocente, -comienzo a enumerar con cada paso que doy hacia él- has robado tesoros de reinos e imperios alrededor de todo el mundo, has mentido, has codiciado las vidas ajenas para que estén bajo tu poder. Dime Aro, ¿ahora si recuerdas como fuiste hasta Forks solo para tomar a mi hermana a pesar de que ella no quería? Porque ese fue tu peor pecado, meterte con mi familia. ¿Quis ut Deus, Aro? Nadie. –Levante la espada y sonreí- Que el Señor te reprenda.
Baje la espada y le corte la cabeza, ambas extremidades se incendiaron con el inmediato contacto con el filo y ardieron hasta desaparecer. Sentí como si un gran peso se hubiera desprendido de mí. Me gire y mire a Edward y Christian quienes permanecían unos pasos por detrás de Marco a la espera. Aun no podía creer que hubieran trabajado juntos.
-¿Están bien? –Susurre pero con la quietud del salón se hizo eco.
Ambos asintieron y yo sonreí dando un suspiro. Solté la espada y me deje caer al suelo, me dolía terriblemente la espalda, las costillas y por si fuera poco sentía que la cara se me estaba inflamando. La pequeña arremetida de Chelsea me había dejado hecha mierda.
-¡Bella!
-¡Nena!
Apoye una mano en el suelo y levante la otra para hacerlos detenerse. Mire a Marco, él asintió y vino y se arrodillo frente a mí, me sonrió y tomo mis manos entre las suyas, pude ver la inquietud de Christian detrás de él pero Edward lo tomo del hombro y negó sacudió la cabeza, ¿que estaba viendo? Me moría de ganas por entrar en la mente de Marco de nuevo pero estaba muy cansada.
-Gracias, pequeña niña. –Susurro- Llevo, lo que hoy parecen demasiados años, tratando de librarme para vengar a Didime y por eso a cambio te voy a regalar algo.
Frunzo el ceño y casi no tengo tiempo de reaccionar antes de que las imágenes inunden mi mente, cuando todo termina le sonrío en agradecimiento y él asiente. Creo que es entonces cuando lo sé, su alma no puede ser condenada como las demás. Tomo mi propia daga de mi tobillo y se la muestro.
-¿Sabes quién soy? –Pregunto amablemente. Él niega y le muestro la daga- Supongo que Aro solo pensó que yo era un simple Arcángel y nunca se dedicó a investigar.
-Aquel día en Forks vio tu poder y solo supuso que te habían ascendido por todo lo que pasaste cuando eras humana, como una compensación. ¿No fue así?
No puedo evitar sonreír ante lo irónico de sus palabras.
-No. No fue así. De hecho fue todo lo contrario. He sido esto por más tiempo de lo que te imaginas y todo lo que me paso siendo humana solo fue castigo pero Marco lo creas o no yo soy uno de los ocho Arcángeles principales.
-¿Ocho? Siempre he tenido entendido que son siete y todos hombres, no comprendo.
-Eso es lo que se supone que deben saber los humanos. Aunque hace mucho tiempo cuando los humanos comenzaron a vagar por la tierra se tenía conocimiento sobre mí y mis superiores, pero la gente decidió creer en solo un ser supremo y siete Arcángeles así que los dejamos y de ese modo la historia se hizo leyenda y la leyenda en mito. Ahora solo creen que soy algún tipo se sirviente del mal y me usan para asustar, soy él Arcángel de la muerte, la muerte, el Hades, como prefieras llamarme. Hay muchas versiones de mí. Es por eso que he tomado una decisión, yo… yo realmente no quiero condenar tu alma, sé qué hace mucho tiempo has querido huir de aquí y que ni siquiera participabas en las decisiones que tomaban Aro y Cayo así que solo tú tienes la última palabra. ¿Quieres que ser perdonado y volver a nacer o simplemente acabar con esta larga existencia que has tenido y descansar?
Marco me miro por un largo rato sorprendido y luego sonrió y cerró los ojos.
-Eres muy amable, pero no quiero una vida sin Didime a mi lado, ya he pasado por eso y realmente duele demasiado.
Sonrió y tomo mi daga.
-Si es tu decisión no puedo hacer nada más. Pero me encargaré que allí donde vas, te esté esperando ella. –Él me miro con gratitud infinita y asintió.
Levante la daga y él cerro los ojos cuando le atravesé el corazón. Vi cómo se desvanecía entre mis brazos, abrió los ojos y eran azules, humanos y me sonrió.
-Paz, al fin. Gracias. –Susurro y desapareció.
Apoye las manos en el suelo, más agotada que nunca, solo quería dormir. Escuche de nuevo ambos gritos al mismo tiempo que veía como se acercaba el suelo peligrosamente a mi cara. Sentí unos cálidos brazos rodearme y sonreí.
-Gracias a ambos… -Susurre.
-Descansa, cariño. Ahora todo está bien. –Sentí sus labios en mi frente.
-Te llevaremos a casa. –Completo Edward mientras sentía que un abrigo me cubría.
Sonreí y cerré los ojos mientras me aferraba a la camisa de Christian.
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Cuando despierto visualizo una ligera lluvia por el ventanal, estoy desnuda con la sabana enredada entre mis piernas y sola en la habitación. Me desperezo pero mi cuerpo protesta cuando me estiro. Un quejido de dolor se escapa de mis labios cuando me levanto. Me duele mucho el cuerpo y siento la cara terriblemente inflamada. Tengo una sensación de déjà vu, de que esto ya ha sucedido antes solo que no me había golpeado una furiosa vampira si no que mi esposo me había lastimado...
Con mucho cuidado me incorporo hasta sentarme en la cama y miro de nuevo en todas direcciones. Estoy en mi casa, en mi habitación. ¿Qué hago aquí? Recuerdo vagamente a Edward y Christian en Volterra conmigo pero no recuerdo como volví aquí. Sin mencionar que aún tengo mis alas expuestas. Cubro mi pecho con la sabana y trato de levantarme pero incluso antes de intentarlo sé que las piernas no soportaran el peso, Dios, estoy terriblemente cansada.
-¡Bella! –Me riñe Rosalie viniendo hacia mí- No te levantes, aun estas muy débil.
Frunzo el ceño y hago un mohín.
-¿Por qué siempre me dicen eso? –Pregunto mientras ella me deposita de nuevo en la cama- Me siento una inútil.
Ella se ríe y sacude la cabeza.
-¿Por qué siempre te la das de intrépida y enfrentas a los monstruos tu sola? –Pregunta e inmediatamente sé que está hablando también del cáncer.
Pongo los ojos en blanco y me duele terriblemente la cabeza, bufo frustrada y me dejo caer boca abajo abrazando la almohada. Veo a Rose sonreírme con cariño e ir hacia el baño, poco después escucho el agua correr y cuando regresa tiende ambos brazos hacia mí en una invitación a cargarme y yo no puedo estar nada más que sorprendida por lo amable que está siendo conmigo. Rose me sonríe y parece nerviosa cuando me ayuda a incorporarme de nuevo y descubre mi cuerpo de la sabana para tomarme en brazos.
-¿Qué está pasando aquí? ¿Esto es algún tipo de broma cósmica? –Pregunto y desde la planta baja escucho algunas risas, para ser más especifica la de Emmett.
-Vamos Bella, yo no siempre soy una perra amargada. Tampoco es para que te escandalices. Además quiero ayudar en algo.
-¿Ayudar? –Digo ya cansada de este tipo de situaciones.
Siento que la cabeza totalmente abrumada, detesto que siempre que despierto luego de alguna situación difícil los que se encuentran a mi alrededor siempre se encargan de que la historia cambie, me gusta que Rosalie no me esté gritando y también debo admitir que me gusto ver a Edward y a Christian juntos pero necesito una maldita explicación pronto o me volveré loca sacando conclusiones por mi cuenta.
Rosalie me coloca con cuidado de pie dentro de la ducha y varios raspones en mi cuerpo me escuecen con el contacto con el agua. Siseo y reprimo un gesto de dolor cuando el agua me roza las alas.
-Lo siento. –Susurra.
La sigo con la mirada mientras me abrazo las costillas con un brazo y apoyo en la pared el otro para no caerme.
-¿Puedes por favor decirme que está pasando? –Pregunto bajito.
Rosalie suspira y comienza a trabajar en mi espalda, no es sino hasta entonces que noto que está retirando un apósito. El toque de sus fríos dedos me hace estremecer.
-¿Te duele? –Pregunta y me encojo de hombros.
-No es tan terrible como la cara. ¿Por qué sigue todo el mundo tratándome de esta manera? ¿Qué haces aquí? No es que no seas bienvenida en mi casa pero mierda, me estoy volviendo loca con todo este misterio.
Me giro para mirarla a la cara y ella me da una sonrisa a modo de disculpa. Suspiro y la dejo que haga lo que tiene que hacer. Sabía que no iba a obtener mucho de ella, pero también sabía quién si me lo diría todo. Cuando ella termino de limpiarme las heridas me ayudo a ducharme y luego a secarme mi largo cabello con cuidado de no lastimarme la cara ni la espalda.
Trato de valerme por mi misma así que solo uso su mano para apoyarme mientras camino hacia la cama en pasos inseguros, noto una mirada diferente en sus ojos, casi orgullosa, cuando contiene una sonrisa antes de ir hasta el vistiere y luego volver con un vestido de seda.
Media hora después y luego de haber soportado que me ayudara con la ropa y el cabello ya estaba lista, me recosté de nuevo en la cama y abrace la almohada para dejar mi espalda al aire, me ardía horrores. Tocaron la puerta y Christian entro con expresión precavida. Me miró fijamente y le di una ligera sonrisa.
-¿Cómo estás? –Preguntó pero su mirada se desvió hacia Rosalie sentada al pie de la cama.
Siento su mano acariciar mi pierna.
-Testaruda como ella sola. Supongo que eso significa que estará bien. –Dijo y luego se levantó.
La sonrisa que me ofreció lucio genuinamente agradable, de pronto me sentí de nuevo como en la época del cáncer. Rosalie ofreciéndome sus cuidados y sonrisas.
Suspire ahogadamente contra la almohada cuando ella se retiró de la habitación y luego mire a Christian, lucia preocupado.
-¿Qué ocurre? –Pregunté y palmee la cama a mi lado, él se acercó despacio y se sentó en el lugar que Rosalie había estado.
-Estaba preocupado por ti, los bebés han estado muy inquietos… -Susurra dándome una ligera mirada divertida.
Frunzo el ceño y me empujo con los codos para poder sentarme, expando y contraigo mis alas hasta encontrarles una mejor posición y acomodo mi cabello hacia adelante en ambos lados, Christian me mira fijamente y yo me ruborizo un poco.
-Explícate, por favor.
Christian se levanta y camina de un lado a otro por la habitación con una mano tirando de su cabello y la otra en el bolsillo del pantalón.
-Michael ha armado un fuerte en contra de nosotros. –Dice con cierto humor negro- Desde que volvimos contigo él levanto un escudo alrededor de él y su hermana y cada vez que alguien trata de acercarse un fuego de blanco cubre el escudo… no han comido en dos días.
Siento mi pecho cerrarse de golpe, mis bebés…
Me levanto de la cama dando tumbos y camino hacia la puerta, la mano de Christian sujeta mi brazo para ayudarme a bajar las escaleras pero doy un respingo y me alejo de su toque. Él me mira aterrado aparto la mirada de él y me sujeto del barandal.
-Lo siento, supongo que es un poco difícil volver a… -Susurro pero él me interrumpe.
-Tranquila, es justo que no confíes en mí después de lo que paso. –Su voz suena terriblemente lejana y plana.
Es la voz del Christian cerrado en sí mismo. Trago fuerte y miro escaleras abajo.
-¿Rose? –Digo e inmediatamente la veo subir las escaleras- ¿Me ayudas, por favor?
Ella asiente y me sonríe antes de darle una mirada de si-te-acercas-te-mato a Christian. Me muerdo el labio para no reírme, es tan bueno ver que todo sigue relativamente igual. Rosalie me ayuda a bajar las escaleras tomándome de una mano y apoyando la otra en mi cadera, cuando llegamos al salón escucho la puerta del estudio abrirse y me distraigo fatalmente por un Edward sonriente saliendo de allí. No puedo evitar devolverle la sonrisa y dejarlo que me abrace.
Es bueno verte de pie ¿Cómo te sientes? –Dice sosteniéndome por los hombros cuando se aparta.
-Estoy mejor, ya dejen de tratarme como si fuera de cristal. –Digo avergonzada.
Rosalie me da un empujón con su cadera pero me sostiene para que no me caiga.
-Cállate, si no vas a admitir que aun estás débil mejor no digas nada. Me exasperas. –Ella está intentando claramente bromear por lo que me cuesta entenderla hasta que Edward se ríe con ella.
Escucho un grito emocionado y miro en todas direcciones, lo veo en el corral junto a los grandes ventanales con sus bracitos agitándose hacia mí removiéndose tratando de levantarse y las lágrimas inundan mis ojos. Michael esta terriblemente emocionado, mientras yo noto con temor que Christian tiene razón hay un escudo de fuego celestial alrededor de mis bebés y mi pequeño príncipe parece no tener control total. Miro a Rosalie y ella asiente apartándose, Edward sin embargo se mantiene cerca, giro los ojos y respiro profundo antes de cerrarlos.
A pesar de que mi cuerpo al estar en la tierra tarda más en sanar, mi energía parece estar bien sobre todo , supongo que es porque Christian está cerca, la dejo fluir por mi cuerpo y siento mis marcas arder y mi cabello elevarse y flotar en el aire. Cuando abro los ojos Edward se ha alejado hasta el otro extremo del salón y me mira con cautela, Christian a mi espalda se ríe, lo miro y sus marcas también están brillando en dorado, sobre todo la que está sobre su corazón.
Camino sin rozar el suelo hasta donde están mis bebés y levanto las palmas de las manos hacia su escudo y comienzo absorber el fuego, la herida en mi espalda duele terriblemente cuando el fuego la alcanza y comienza a sanarla. Por un momento pierdo el control y las leguas de fuego blanco y dorado saltan en direcciones diferentes, pero logro recuperarlo rápido antes de que alcance a alguien. Cuando todo el fuego ha desaparecido y el escudo con él, junto mis palmas y las giro en dirección contraria hasta que mis dedos están paralelos con cada brazo y luego las deslizo hasta separarlas. Cierro los ojos y me permito volver a mi forma… humana. Contraigo mis alas hasta que desaparecen dentro de la marca en mi espalda y mis marcas vuelven a ser negras. Coloco mis pies en el suelo y me giro sonriendo ampliamente a Christian, es casi como un movimiento reflejo emocionada por haberlo logrado yo sola, él me devuelve la sonrisa igual de grande y por un momento somos los de antes pero al instante esa brecha se vuelve a abrir entre nosotros y me siento palidecer. Él lo nota y aparta la mirada tensando la mandíbula.
Me giro de nuevo hacia mis bebés y los tomo en brazos y entierro mi rostro en medio de ambos, huelen maravillosamente bien y son tan cálidos, mi pecho se siente como si por fin estuviera en casa. Los amo, Dios, los amo más que nada en el mundo.
Por primera vez en mucho tiempo me permito llorar, por el miedo que pase en Volterra, por haber pensado que perdería a mis bebés, por haber puesto en peligro a Edward y Christian, por haberles mentido a los Cullen, por haber perdido a mi familia.
Me dejo caer de rodillas y siento unos brazos fríos rodearnos, levanto la mirada y me topo con el dulce rostro de Esme, ella sonríe y me acaricia ambas mejillas secando tiernamente mis lágrimas con sus pulgares.
-Tienes que comer y ellos también. Vamos, te prepararé algo. –Dice y me ayuda a levantarme.
Christian llega en silencio y toma a Alex de mis brazos y se mantienen a mi lado mientras camino hacia la cocina. Un recuerdo relámpago llega a mi ante el hecho de que Esme cocine.
-¿Cocinas? –Pregunte desconcertada.
Ella me sonrío ampliamente y asintió
-Es para Ana. Desde que está con nosotros he vuelto a cocinar luego de tantos años.
Y al igual que esa noche, sentí celos de que la presencia de Ana hubiera sido tan importante para ellos. Esme preparo una ensalada de pollo con vegetales y mientras yo comía ella y Christian me ayudaron a darles el biberón a los bebés. Deje la mitad de la comida cuando un terrible nudo se formo en mi estómago al recordar mi última conversación con Ana esa misma noche. Aparte el plato y enterré la cara en mis manos,.
-¿Bella? –Levante la mirada y vi a Esme preocupada- ¿Está todo bien cariño?
Parpadee varias veces para alejar las lágrimas que se estaban acumulando en mis ojos y sonreí forzadamente, mire a Christian y por su ceño fruncido y su mirada preocupada pude notar que sabía exactamente lo que estaba pasando en mi interior.
-¿Sabes algo de ella? –Le pregunto a Christian.
Él baja la mirada y suspira.
-Muy poco, tal vez deberías preguntarle a Edward. –Miro más allá de mí y sonrió de lado- Tengo entendido de que ellos se llevan bien.
Enarque mis cejas y me gire, Edward estaba ahí dándole una mala mirada a Christian pero no parecía molesto.
-¿Has hablado con ella? –Chille.
Él me miro sorprendido y luego asintió.
-Un poco, tenía que retirarle los puntos. –Se encogió de hombros restándole importancia.
Entrecerré los ojos y enfoque un poco de energía en el dije que colgaba sobre su pecho, Edward dio un salto y saco la cadena de debajo de su camina, estaba anaranjada, me miro alarmado y no pude evitar soltar una risa seca.
-No debo decir mentiras. –Murmure mientras tomaba a Michael de brazos de Esme y pasaba por su lado en dirección al salón.
-No debo decir mentiras, no debo decir mentiras…. –Pude escuchar a Christian reírse mientras le repetía y caminaba detrás de mí.
Escondí mi cara en el cuello de Michael para ocultar mi risa, pero Emmett no fue tan discreto ante la burla de Christian, llegue a tiempo al salón para verlo partirse de risa sentado en el sillón. Michael dio un pequeño brinco asustado por Emmett y miro en todas direcciones antes de caer preso del hipo. Me reí y mire de mala manera a Emm quien levanto las manos disculpándose. Lo mecí de un lado a otro mientras le palmeaba la espalda. Mire a Alex quien estaba imperturbablemente dormida apoyada en el pecho de Christian mientras se chupaba el pulgar.
Él siguió mi mirada y sonrió al acariciar su cabecita.
-La voy acostar. –Dijo y se dirigió escaleras arriba.
Ya eres un magnifico padre… -Pensé mientras lo seguía con la mirada.
-Diablos, esa chica es imperturbable, duerme como un tronco. –Dijo Emmett, lo mire y me sonrió divertido mientras colocaba las manos detrás de su cabeza y estiraba las piernas sobre la mesita frente al sillón- Tenías que haber visto como el pequeño Houdini la abrazo y creó esa bola de fuego a su alrededor y ella ni siquiera se molestó en prestarle atención.
Gire los ojos ante su comportamiento infantil. Poco a poco cada quien se dispersó por la, no tenía ganas de entrar en detalles del ¿por qué están aquí?, o ¿Dónde están mi personal? Así que decidí pasar tiempo con mi pequeño, salí al jardín y me senté en el columpio de la pequeña pérgola en el centro de la isla de la isla en la piscina. La última vez que estuve aquí mis pequeños aún estaban en mi barriga, la tarde está fresca y a Michael parece gustarle. Me recuesto en el columpio y coloco a mi bebé sobre mi pecho, él se apoya en sus codos y mira hacia todos lados cuando yo comienzo a mecer el pequeño sillón con un pie.
Me gusta esto. Me gusta tener a mis bebés y a mi familia conmigo, me gusta que nadie esté en peligro y pueda disfrutar de la tranquilidad de una vida normal, me gusta que Christian se lleve bien con Edward, con los Cullen.
Christian…
Suspiro al recordar lo que me hizo, lo que me oculto durante tantos años, ¿Cómo volver a confiar en él después de eso? Me duele terriblemente. Recuerdo la manera en que él me reclamo que tampoco le conté que los Cullen son Vampiros y sé que a pesar de que no es lo mismo, es en teoría un secreto de gran magnitud… como el suyo.
Sacudo la cabeza para alejar el pensamiento y en cambio pienso en Ana, la vi en el hospital tan indiferente a mí, me ha olvidado y es lo mejor. Me preocupó terriblemente no saber de ella pero luego de verla en el hospital, ver que está bien, creo que lo mejor es cumplirle su último deseo, lo último que me pidió antes de olvidarme.
-¿Si yo no hubiera existido nunca en sus vidas, crees que todo sería mejor?
-Sí. –Susurro- Todo sería mejor si tú no hubieras estado en nuestras vidas.
Cierro los ojos y trago fuerte para apartar el nudo en mi garganta. A veces quisiera ser yo la que no recordara nada. Suspiro y me dedico a disfrutar de la briza que sopla con el vaivén del sillón del columpio al moverse, del sonido de las aves en el bosque al otro lado del lago y de Michael apoyado en mi pecho.
-¿Me puedo sentar? –La voz de Edward me sobresalta.
Abro los ojos y veo a Edward apoyado en el espaldar del sillón sonriendo de lado. Asiento y levanto mis piernas, él se sienta y yo las dejo caer sobre su regazo.
-¿Qué es lo que tanto te preocupa? –Pregunta bajito mientras comienza a mecernos ligeramente con sus pies.
Sonrió divertida ante el hecho que me conozca tan bien.
-Ana, la extraño pero soy consciente de que jamás será igual. Extraño los gruñidos silenciosos de Charlie, las reuniones de fogatas con los Quileutes, los paseos en moto con Jake… extraño ser Bella.
Mi voz se traba en la última parte porque es cierto… ya no soy Bella. Edward me mira con el ceño fruncido, le regalo una sonrisa triste y vuelvo a cerrar los ojos. No sé cuánto tiempo nos quedamos en silencio, siento sus fríos dedos acariciar mis tobillos de manera rítmica con el movimiento del columpio, Michael se ha dormido apoyado sobre mi pecho y yo estoy a punto de seguirlo cuando la suave voz de Edward me regresa a la realidad.
-Te equivocas. –Dice en voz baja, abro los ojos y noto un destello triste en sus ojos- Te equivocas, aun eres Bella, siempre serás Bella. En ti hay muchas cosas de Bella y puede que tengas también un montón más de esas otras chicas; Elizabeth, Izzy, Bethza, Lizza, incluso Isabel, pero por sobre todo eres Bella, la misma Isabella. Escuche a tus guardianes decir que nos olvidáramos de ti porque ya no eras Bella y puede que tú también lo escucharas, es por eso que debes dejar de creer todas las cosas que dicen allá arriba. Hiciste lo que querían, listo, tema zanjado. Tienes que decirles que dejen de joderte la vida. Que quieres quedarte aquí. Con tu familia.
Muy pocas veces lo había visto así de molesto. Suspiro, me siento y con cuidado de no despertar a Michael lo acomodo en mis brazos.
-Escucha, no estoy diciendo eso. Pero mírame, mira a tu alrededor, Edward. Hace mucho tiempo que deje de ser Bella, hace mucho tiempo que perdí mi familia, mi vida. Solo me quedan ustedes y los amo inmensamente pero es solo una porción de lo que fui. Charlie, Renée, Ana, Jake… todos ellos eran de la Bella humana, la Bella que vivía sin saber nada de todo esto y los perdí. No me pidas que siga creyendo que sigo siendo ella porque no es así.
Él me mira durante un largo rato y luego suspira y mira hacia las odas que se hacen en la piscina.
-Vamos a decir que estoy de acuerdo contigo, bien. –Levanta las manos exasperado- Pero eso no es lo único que te molesta y lo sabes. Puedo verlo escrito en tu rostro, pude verlo ahí dentro, algo está roto en ti y sé que tiene que ver con Christian.
Bajo la mirada e intento levantarme pero él no suelta mis piernas.
-No, Bella. Sabes que puedes confiar en mí.
Resoplo y coloco a Michael en sus brazos, esto lo toma desprevenido pero lo sujeta contra su pecho y yo aprovecho la distracción para levantarme y caminar de un lado a otro frente a él.
-¿Desde cuándo tanta comadrería entre ustedes? ¿Ahora son mejores amigos? –Giro los ojos- ¿Tú resuelves sus problemas?
El luce ofendido ante mi comentario pero lo descarta con una mano y comienza a empujar el columpio de nuevo con los pies.
-Tú eres mi mejor amiga. Me preocupo por ti, me gusta ayudarte a resolver problemas. –Dice dando énfasis en las palabras que me incluyen.
Me detengo y lo miro sin saber que decir, él sonríe de lado y se encoge de hombros.
-¿Por qué crees que pedí ayuda a esa mujer, Cassiel? Cuando Carlisle me dijo que te habías ido a Volterra casi me vuelvo loco, Christian no logro controlarse rompió un par de cosas. Emmett se divirtió tratando de contenerlo. –Dice divertido y luego mira hacia la casa.
Sigo su mirada y veo a Emmett flexionando sus brazos. Le giro los ojos y miro de nuevo a Edward.
-¿Tratando de contenerlo? –Pregunto frunciendo el ceño.
Emmett llega a mi lado en un parpadeo y se sienta junto a Edward. Apoyo los brazos en la pérgola y los miro fijamente esperando respuesta, ellos se miran entre si y luego Emmett chasquea los labios.
-Digamos que comenzó a brillar así como tú hace un rato y luego Digi-evolucionó. –Dijo exagerando la última frase con sus brazos y si no hubiera sido por los reflejos de Edward lo golpea en la cara.
Aunque no entendí lo que dijo no pude evitar reírme, Emmett siempre era un soplo de aire fresco en los momentos difíciles.
-¿Y luego? –Pregunte aun entre risas.
-Bueno… luego no entendí muy bien que paso, llego esa mujer con capa dorada y Edward le pidió ayuda y ella enseño a Christian a manejar sus poderes y…. bueno luego apareció otro sujeto, ya sabes del tipo grandote de armadura plateada, con alas y…
-Miguel. –Lo interrumpió Edward tratando de no reírse- Era Miguel.
Emmett giro los ojos y bufó.
-Sí, lo que sea. Él le dio una espada a Christian y luego la mujer hizo su abracadabra y mi hermano y él desaparecieron. –Terminó su relato con una gran sonrisa. Parecía orgulloso de sí mismo.
Solté una estruendosa carcajada, seguida por Edward.
-¡Oh, por Dios! Eres pésimo contando cosas Emmett. –Me burle de él.
Él me miro de mala manera y luego sonrió ampliamente, no me esperaba lo que paso luego de eso. Emmett se levantó de un salto y me empujo a la piscina. Grite sorprendida, caí de espalda al agua. Cuando nade hacia la superficie de nuevo vi no solo a Emmett y Edward riéndose si no a Carlisle, Rosalie y Christian quien sostenía a Alex en sus brazos.
-¡Eres un maldito imbécil, Emmett Cullen! –Gruñí golpeando el agua.
Deje mi energía fluir hacia el agua y forme un tentáculo de pulpo con el agua hacia él. Emmett abrió los ojos como platos e intento correr hacia dentro de la casa pero lo alcance por una pierna y tire de él hacia el agua. No fue hasta que ya estaban dentro del agua que note que Emmett se había sujetado de Rosalie y ella también había sido arrastrada. Abrí la boca para pedirle disculpas pero ella se estaba riendo. Todos nos estábamos riendo.
Mire en todas direcciones y pude incluso ver como Christian se sentaba junto a Edward. A pesar de que mi corazón se encontraba en el dije que le di a Edward lo sentía en mi pecho totalmente oprimido por un puño.
Todos se reían y compartían un momento tranquilo mientras los dos hombres más importantes de mi vida sostenían cada a uno a uno de mis bebés mientras sonreían hacia mí. Sentí mi garganta contraerse por las ganas de llorar. ¿Cómo habíamos llegado hasta aquí? Lo cierto es que no me importaba si lo que había contado Emmett era verdad o no, solo me importaba esto, mi familia unida.
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Originalmente el capitulo era muuucho más largo pero decidí cortarlo a la mitad.
Respecto a mi tardanza, he estado entrando y saliendo del hospital por mi problema en la cadera (realmente en los riñones) y luego me tome un tiempo para mi ya que tenía fallas con el internet y naturalmente no podía estar sentada mucho tiempo frente a la PC (no tengo laptop). Si aun están por aquí gracias por esperar y realmente deseo no haberlas decepcionado.
Falta un capitulo y el epilogo. No se preocupen por Ana y los Swan. ;)
Si quieren algo totalmente diferente a esto se pueden pasar por el otro fic Behind the mask, es mi pequeño bebé y me gustaría saber que opinan de él y de una Bella no tan delicada y tímida.
Las quiero mucho y agradezco sus reviews.
xx
Maiia.
