NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS SOLO ME DIVIERTO AL ESCRIBIR.
¡Perdón por tardarme tanto en actualizar! Muchas cosas... en fin. Como entraré en tiempo de exámenes probablemente me demoré más en subir los episodios (aunque tengo dos listos) Estoy entrando en una etapa donde no estoy muy segura del rumbo que tomará la historia asi que, por favor, ténganme paciencia :)
Gracias a:
AliceCullen, ASHKORE15, y gio2012 por sus hermosos comentarios (tengo prisa, chicos no puedo escribirles una respuesta a cada uno, perdonen xD)
En fin, enjoy!
Capitulo 3.
.
.
La fortaleza de Masla estaba al suroeste de Berk, en un viaje de barco se tardarían toda una tarde en llegar. Volando sobre un dragón, no más de cuatro horas dependiendo la velocidad. Astrid encima de Torméntula sobrevolaba los mares lo más rápido que su Nadder podía. Ya llevaba dos horas de viaje, y esperaba poder llegar a tiempo para ayudar en la pelea.
Los refuerzos de Berk probablemente irían a barco, y si es que Edgar podía llegar a Fereiya y otra base, esas estarían a mayor distancia. Astrid no le gustaba presumir, pero ella era realmente buena en el combate. Su récord personal era haber dejado heridos hasta treinta soldados en una pelea cuerpo a cuerpo, o con su Nadder, incendiar un máximo de dos barcas romanas.
Era por ello la mejor guerrera. Además, ella sabía que Masla se enfocaba en el espionaje. Eran guerreros hábiles y astutos, pero no tantos. Masla era la fortaleza que menos soldados tenía, porque ser espía requería una atención particular a cada recluto y era un trabajo arduo. Tenían por ventaja el grupo de dragones que Estoico mandó a Masla para ser entrenados. Aunque fueran jóvenes, serían de gran ayuda.
A lo lejos pudo ver las llamas y unos cuantos navíos romanos rodeando la fortaleza de Masla. Ésta se encontraba en una isla, muy pequeña. Las murallas no eran muy altas y rodeaban toda la isla dejando ver solo la enorme torre de la base, que hacía como faro para barcos y observatorio para detectar enemigos. Uno de los barcos romanos estaba incendiado, contó diez dragones diferentes volando y atacando a los soldados. En la playa había dos barcos desembarcados y sus soldados peleaban contra las tropas vikingas. Calculó que solamente llevaban peleando menos de una hora.
—¿Lista, pequeña?
Torméntula rugió, y descendió hasta posarse cerca de un barco. Las enormes llamas que creó su Nadder incendiaron la popa sin que los soldado pudieran hacer nada. Torméntula estaba cansada después de volar por horas, y en ese disparo se llevó casi todo su fuego. Por eso, Astrid estiró de sus riendas para alzarse y cruzar la muralla de Masla, hacia los establos.
Estaban más llenos de lo que nunca imaginó. Dejó a Torméntula cerca de donde estaba la comida y sonrió al ver a su dragón comer hambriento. Después, se fue hacia un Gronkle muy joven y visiblemente fuerte. Apena se le acercó ésta comenzó gruñir. Genial, no estaba aún entrenado para sobrevivir al combate. Ninguno de los dragones lo estaba. Todos parecían temblar de miedo por la pelea que se llevaba a cabo a pocos metros.
—Bueno, combate cuerpo a cuerpo—Astrid no sería tan malvado se montar a un dragón pequeño y temeroso para llevarlo al campo de combate. Debería entrenarlos primero.
Llevó su mano al hacha que colgaba de su cinturón y la empuñó con fuerza. Después, cruzó el puente y las habitaciones que separaban el establo de la fortaleza, llegando a la entrada. Los romanos aún no habían pasado por la puerta, así que repelerlos ahora sería importante. Ella salió por una entrada lateral y en las playas se integró al combate.
Los dragones que estaban entrenados incendiaba como podían los demás barcos romanos, o les destruían los cañones para que no debilitaran las murallas. Pronto, de las diez naves que habían llegado, solo quedaron cuatro. Éstas, parcialmente destruidas, dieron la vuelta y se fueron para regresar a Alere Flamma.
Los soldados que peleaban vieron descorazonados a sus compañeros dejarles solos, a su suerte. Ello sabían que los vikingos casi no dejaban prisioneros. Ardiendo en rabia por el orgullo herido, pelearon fuerte y con valor, pero no lo suficiente. Astrid acabó con diez soldados cuando se percató de que no había más. El suelo estaba tapizado de cuerpos heridos o muertos. Afortunadamente, no parecía haber bajas por parte de Masla.
Astrid se sentó en una roca, descansado. Sudaba mucho, el cabello estaba manchado y despeinado, las ropas salpicadas de sangre, rasgadas, con golpes en la cara y otras partes de su cuerpo. Siempre terminaba así tras los combates, porque daba lo mejor de sí. Sonrió cuando vio rostros conocidos acercársele.
Brutilda estaba peor que ella, de su armadura no quedaba nada más que trapos de ropa cubriéndola y todos empapados en sangre, por no mencionar sus trenzas desechas. Brutacio estaba algo mejor, pero herido de un brazo que sangraba poco.
—Hey, pensábamos que estabas en Berk—le dijo su amiga, sentándose a su lado.
—Lo estaba. Edgar fue a avisarnos que serían atacados.
Brutacio resopló.
—Le dijimos que no ocupábamos ayuda,
Astrid se encogió de hombros,
—Pues la tuvieron. Aunque pelearon muy bien.
—Te esperábamos—agregó Brutilda—Estoico nos dijo que te encargarías de entrenar a los nuevos dragones.
—Sí, lo sé.
—Bueno, entremos. Te mostraré tu habitación para que te tomes un buen baño.
Astrid siguió a Brutilda. No se sentía herida, pero sí cansada. La habitación que le dio se encontraba en la planta baja, era algo amplia y tenía ropa de su misma talla. Se preguntó desde cuándo sabrían que ella debería llegar a Masla para quedarse un buen tiempo.
Un buen tiempo… Astrid no solía pasar más de una semana en las bases o en Berk. Siempre viajaba, era más sencillo encontrarla en altamar que en un lugar. Si había una pelea, ella iba. Si necesitaban comerciar, ella lo dirigía. Cualquier cosa que surgiera siempre se apuntaba para hacerlo con todo su esfuerzo y dedicación.
La realidad de que, por primera vez, dormiría en una misma cama por más de un mes le abrumó. De joven hacía eso, pero hacía tres años que se acostumbró a dormir en diferentes lados cada día. La vida había cambiado. Su vida era completamente distinta a lo que recordaba haber sido.
Al día siguiente
POV de Astrid.
Esa mañana hacía calor, cosa extraña porque estábamos en invierno. Me vestí ligero y salí de la alcoba directo hacia los establos. Pasé por la explanada, donde los futuros espías entrenaban arduamente diversas habilidades de agilidad y combate. No sabía mucho de esa materia, pero eran realmente buenos. Al menos desde mi punto de vista.
Crucé la explanada y llegue al establo. Era como una explanada grande y con camas de paja, un cuenco gigante casi como una piscina estaba lleno de diferentes tipos de pescado, de donde los dragones comían. Había Gronkkle, Nadders, Cremallerus, Terrible Terror… de todo un poco.
Brutilda estaba ahí. Llevaba el cabello suelto y acariciaba dulcemente a su Cremallerus. Me vio con una sonrisa, yo la noté diferente. Hacia dos meses que no nos veíamos y sin embargo, algo en sus ojos me indicaba que había cambiado. Y mucho.
—Astrid—me saludó—Que bueno que has despertado. Te esperaba.
—¿A mí?
—Sí.
Le dio al Cremallerus un pescado grande y después se me acercó.
—Bocón llegará en la tarde—me dijo—Y yo me voy en unas horas con Brutacio.
—¿Cómo?—¡Ellas eran los encargados de Masla, no podían irse porque sí!—¿A dónde van?
—Vamos a Thorum, solo a recoger unas cuantas cosas. Infiltraremos dos espías más y ellos deberán partir de la base Thorum para que los romanos no sospechen de Masla.
—¿Y cuándo volverán?
—Por la noche. Recibe a Bocón por mí ¿Quieres?
—Pero ¿Por qué viene Bocón?
—No estoy segura, pero conoces Masla tan bien como yo. ¿Puedo confiar en ti?
Resoplé.
—Bien. ¿Y qué hago con los aprendices?
—Ellos saben qué hacer, de ellos no te apures.
Entonces, un pequeño dragón Nadder lanzó una llamarada que debimos esquivar al mismo tiempo. Me alegré de que no hubiera nada de madera en esta parte de la fortaleza.
—Mejor ocúpate de los dragones.
Asentí.
—Suerte en tu viaje, Brutilda.
—Igualmente Astrid.
Ella entró en la fortaleza y no la volví a ver. Ni tampoco a su hermano. Había varios dragones y todo necesitaban mucha atención.
Pero ¿Yo sola iba a entrenarlos? O me estaban explotando o me querían ocupada en otras actividades fuera de la batalla. Hay veces en que no entiendo la forma en la que Estoico trabaja, pero es un buen Jefe y le debo respeto. Siempre sabe que hacer. Eso creo que Hipo lo había heredado.
Un Nadder pequeño se me acercó. Creo que tendría unos dos meses de nacido. En cinco meses más crecería lo suficiente para ser montado. Todos los dragones aquí eran chiquillos, de pocos meses de haber nacido. Entrenar a un dragón no era difícil, pero tampoco fácil. Se necesitaba sobre todo paciencia y amor hacia las criaturas. Eran inteligentes y entendían rápido, la forma de entrenarlos era, ante todo, una manera de enseñarles qué hacer y qué NO hacer.
Poco después de que Hipo venciera a la Muerte Roja, escribió un libro en el que detallaba cómo se entrenaban dragones. Él me había dicho que no hay una manera concreta, porque todo dragón es diferente, al igual que las personas, tienen su carácter y maneras de pensar. Me enseñó cómo entrenarlos, y soy buena, pero no excelente.
Sólo que soy de las pocas personas que saben realmente cómo se entrenan, y de ahí la responsabilidad que me dan. Cuando son dragones bebés o niños, es cuando es más sencillo hacerles ver qué hacer. Son tiernos en esta etapa de su vida, y muy maleables. Debía enseñarles a usar sus poderes y a obedecer.
Alcé mis manos y aplaudí fuerte.
—¡Hey, todos!
Los dragones me vieron con curiosidad.
—Vamos a aprender a volar ¿bien?
Todos se arremolinaron a mi alrededor, pero sabía cómo alejarlos. Saqué de mi bolso un pescado que lancé lejos, hacia el pesebre, y todos corrieron para comer. Era lindo verlos brincar y pelearse con sus intentos de llamas por la comida. Esto sería divertido.
El sol indicaba que ya era tarde, así que me alejé del establo. Los bebés chillaron y tuve que prometerles volver al día siguiente. Me fui hacia la entrada de Masla, donde estaban casi todos los guardias. Apenas salí de las murallas, encontré en las playas miles de cuerpos que estaban siendo apilados. Me estremecí.
Nunca antes me había preguntado qué demonios hacían con los cuerpos, ahora veía que estaban subiendo varios en las naves ¿Acaso los arrojarían en el mar? Comenzaba a apestar, y sabía que si se quedaban más tiempo el olor en toda Masla no desaparecería en años. Pero, viendo esos cuerpos, me sentí culpable. Yo había acabado con varios de ellos.
Eran romanos, eran bestias salvajes que así como podían morir, podían matarnos desalmadamente. No debía tenerle lástima al enemigo, pero no pude evitar sentirlo.
Cerré los ojos sin querer ver más. Di una vuelta de noventa grados y ahí, en el puerto, encontré una nave roja, justo la que estaba esperando. Ahí estaba Bocón, que bajaba cambiando la mano-pala en una mano-gancho. Y se me acercaba sonriendo.
No había visto a Bocón desde… ¿Años? ¡Uff, quizá más! Él se la pasaba en la fragua haciendo y perfeccionando armas, además de enseñar a forjar a otros jóvenes que le ayudasen. No era sencillo, pero al menos nuestros suministros de armamentos no había parado de producir en toda la guerra.
—Astrid, muchacha- ¡Qué bueno es verte al fin!
—Lo mismo digo—y era verdad. Le tengo aprecio a Bocón por habernos enseñado tanto, desde cómo reparar nuestras herramientas hasta cómo pelear.
Nos vino un incómodo silencio mientras caminábamos al interior de Masla.
—Y… ¿Qué te trae a Masla, Bocón?
—Asuntos políticos y curiosidad. Por el momento merodearé la fortaleza, debo hablar con Brutacio y Brutilda ¿Están o…?
—Volverán en la noche—le corté.
—Ah, los esperaré.
—¿Quieres que te diga dónde esta tu cuarto o…?
—Me conforme con saber dónde esta el baño.
Sonreí. Era el mismo Bocón de siempre.
Verán que es un capitulo corto. El próximo es más interesante, ya verán...
¡Gracias por leer!
chao!
