Así que ahí se van, seguramente a que Alemania pague cosas del sastre. Nah, no le ha llevado para que pague, de verdad le lleva para que le ayude a elegir el traje. Alemania le sonríe con afecto y con cierta ilusión, aunque ya me imagino los trajes posibles de Austria que se contraponen también al minimalismo alemán. Claro que eso es perfecto para los fines que nos competen. De hecho sí, porque tal vez Alemania pueda quitarle algunos rebordes satinados, tiras doradas y chorreras varias. Exactamente, es altamente probable que después del toque alemán a Suiza le guste más como va Austria vestido
Austria acaba de vestirse con el primer traje dentro del vestidor y abre la cortina, saliendo con su desinterés habitual. Alemania le mira... Y parpadea. Y parpadea otra vez.
—Ehm...
—¿Y bien?
—Es un poco... Es... Bueno, no digo que se te vea mal, pero tiene unas cuantas cosas de —carraspeo—, más.
—¿De más? —se mira a si mismo ajustándose los puños. Es un traje blanco con la chaqueta larga—. No quiero que parezca el frac de un concierto.
—Nein, Nein... Es decir, es difícil que no lo parezca porque hasta donde recuerdo si has dado conciertos vestido más o menos así, ¿no?
—Ja.
—La cosa es que este... ¿Necesita todos esos bordados? Y el cuello así tan...
—Esto es justo lo que hace que no lo parezca.
Alemania carraspea.
—Ya... pero ¿los bordados tienen que ser... dorados?
—¡Es una boda! —se mira en un espejo.
—Ya, en realidad no se ve mal... Y seguramente si fueras a, ehm, casarte con Frankreich.
Le echa una MIRADA. Alemania levanta las dos manos.
—No digo que este feo.
—Está bien. ¿Qué sugieres entonces? —se cruza de brazos.
—Bordados plateados.
—Plateados —repite y le mira por encima de las gafas.
—Ja. Plateados. Brillan también y son considerablemente menos ostentosos. Al menos unos cuantos, Österreich. ¿Sabes que va a parecer si no?
—Was?
—Que eres tu casándote con... Un granjero o algo. ¿Crees que su traje llevará bordados?
—Cabrero, no granjero —sonríe volviéndose al espejo arreglándose en cuello y levantando la barbilla—. Apuesto a que dejaría que le cortaran las manos antes que llevarlos.
—¿Ves? Por eso necesitas algo un poquiiiiito más discreto. Quizás lo mismo sin esas tiras brillantes de la espalda... —hace cara de cierto desagrado porque no se las había visto.
—Y yo estoy pensando que debería llevar más —no consiste en que le molestes con esto también.
—¿Mas?
—Ja —se gira un poco para mirarse de perfil—. Tal vez debería ser dorado en vez de blanco.
—¿Vas a salir con un traje DORADO? Espera —pide empezando a preocuparse—, ¿acaso estás arrepintiéndote de casarte con él?
—Was? En lo absoluto.
—¿Y por qué quieres entonces que salga corriendo en cuanto te vea?
—No saldría corriendo, nada más le oirían rechinar los dientes desde el otro lado del mundo.
—Así que esta boda claramente no va de hacer feliz a Schweiz —se recarga y asiente.
—Pero por lo visto esto sí consiste en reñirme —pone los ojos en blanco.
—Hay que aprovechar las oportunidades —murmura para sí, entre dientes—. ¿Qué vas a llevar al cuello?
—No lo sé —empieza a desabrocharse la chaqueta, ya está sin pantalones, nadie ha visto cómo. Alemania tiene el descaro de sonrojarse un poquito.
—Ehm... ¿Qué otras opciones hay de chaqueta?
—Voy a probarme otro —se mete al vestidor de nuevo.
Alemania aprovecha para bostezar deseando que el siguiente traje sea un poco menos... Exagerado. Mira por ahí a su alrededor preguntándose qué traje le gustaría a Italia que se pusiera para la boda.
Ya sabemos que esto te aburre, pero tú querías ser el padrino. Nah, está bien. De verdad le aburre más estar en la casa. De hecho toma la chaqueta blanca que se ha quitado Austria y se la pone con cuidado, porque le viene pequeña, preguntándose si a Italia le gustaría verle con ella. Y le debe quedar bastante mal pobrecito. Además de pequeña, esto es para alguien delgado y afilado, no un súper mamado como tú, Alemania.
El siguiente sigue siendo blanco, pero es más parecido al del príncipe de la Sirenita.
—Ese me gusta más —claro, parece más uniforme militar.
—A mí no me convence —no le gusta porque la chaqueta es corta.
—Se te ven largas las piernas —ofrece inclinando la cabeza y es que, en honor a la verdad, se le ve mejor el otro.
—Y aun peor se verán si uso los otros zapatos un poco más altos.
—Vas a usar zapatos de tacón. ¿Pero para qué? Con lo bajo que es Schweiz.
—¿Qué tiene que ver eso? —la verdad, nada más es porque le gusta como suenan al andar.
—¿También quieres verte aún más alto que el?
—Siempre me veo más alto que él.
—Aún más —se encoge de hombros—. Nein. Este traje no. Pruébate el siguiente.
—Este no me gusta tampoco —asegura desde dentro.
—A ver, déjame verlo.
El siguiente traje es muy muy moderno, blanco también con raya diplomática gris, que lo hace parecer aún más largo y delgado. De hecho, alguien podría pensar lejanamente en Jack Skeleton al verle. El niño seguro sería el que lo detectaría. Alemania levanta las cejas.
—Ese me gusta más, es moderno por una vez.
—No sé si... se ve extraño. Aunque podría llevarlo con una corbata roja—se arregla los puños para que le sean comodos.
—Es... No esperaría verte así en tu boda, lo cual lo hace sorprendente y novedoso.
Se mira en el espejo otra vez inclinando la cabeza.
—¿Cual le gustará más a Schweiz?
Austria tuerce el morro porque sabe que seguramente sería este.
—A ti te gusta más el primero. ¿No hay un cuarto?
—Podría ser este. Con las rayas más oscuras. Y pañuelo, no corbata. Rojo.
—Pañuelo rojo —levanta las cejas—. Suena espectacular y moderno, ¿alguna idea de cómo va a ir él?
—O dorado… Todo es en blanco y rojo. Supongo que lo ignorará y llevará el traje negro de las reuniones oficiales. Puede que lleve una camisa nueva, quizás hasta unos zapatos porque le dije que justamente no hiciera eso.
—¿Tú crees? Yo pienso que podría gustarle llevar algo nuevo con que impresionarte. ¿Qué tan convencido parece de esto?
—Yo le dije que lo hiciera —se encoge de hombros y luego mueve un poco los brazos, estirándolos y contrayéndolos para ver si le está cómodo al moverse.
—De la boda—aclara Alemania —. ¿Qué tan convencido está de casarse?
—Yo creo que lo está.
—Más aun a mi favor, seguro se comprara un traje negro nuevo... Idéntico al que ya le conocemos. No creo haberlo visto nunca usar algo diferente.
Cierra los ojos y sonríe un poco.
—¿O Liechtesntein se los cose? —sigue a lo suyo imaginando a Lili de esclava.
—Es evidente que ella tiene buena mano con las agujas, pero su tiempo es más valioso que eso.
—Pues por como la tiene cualquiera diría que es directamente su esclava. Y eso puede incluir hacerle los trajes.
—Nein, no la tiene de esclava, créeme —vuelve a entrar al vestidor a cambiarse.
—Insisto que podría parecerlo —se encoge de hombros—. ¿Hay un cuarto entonces?
—Nein, descarté los demás con los modelos, no quería probarme tanto, de hecho este último ni iba a estar en realidad.
—Y es el ganador, ¿no?
No responde nada escondido en el probador. Alemania mira el reloj y piensa que quizás aún les dé tiempo de hacer una parada más en la joyería.
—Österreich, quiero pasar a comprarle algo a —carraspeo —. Italien antes de irnos.
—Bien —responde volviendo a vestirse.
—Quizás pueda comprar un alfiler o algo así para dárselo el día de la boda.
—Es una buena idea.
—Ah, ¡tengo algo importante que preguntarte!
Sale y le mira.
—La noche de bodas, ¿dónde la van a pasar?
El austriaco se sonroja de repente.
—No lo hemos hablado, ni siquiera sobre la luna de miel.
—Oh —levanta una ceja—. Pues sería importante averiguarlo. ¿Un hotel en Bern?
—Nein. Eso suena un poco frío.
—¿Entonces? ¿Su casa?
—Es más posible. Ya te he dicho que no he hablado con él de eso.
—Vale, solo... Pensaba —levanta las manos en rendición pensando que igual hablara con Liechtenstein para... Robarle la idea a Inglaterra.
—¿Y al final cual vas a ponerte?
—Ya lo pensaré.
Tuerce el morro sin estar seguro de haberle ayudado en realidad. Es que aun quiere pedirles que le cambien cosas.
—Vámonos —saca las llaves del coche.
—Un alfiler entonces...
El rubio se sonroja un poco desviando la mirada.
—Para la corbata. Aunque quizás no lleve corbata —con los italianos nunca se sabe—. ¿O mejor otra cosa?
—Es posible que lleve un alfiler si lleva una, de todas formas.
—Mmm puede que cualquier cosa que compre ya traiga alguna.
—Por eso no creo que realmente importe demasiado qué sea, sino el detalle en sí.
—Sigo sin entender cómo es que llegamos hasta este punto.
—A mí me alegra que estés de mejor humor.
—Es que sí va a volver —guarda las llaves en su bolsillo y le hace un gesto con la cabeza, porque es más fácil ir a pie.
Austria levanta las cejas y le sigue.
—Creo que yo de ti tendría el teléfono cerca todo el tiempo a partir de ahora.
—¿El teléfono? ¿Por?
—Porque te ha llamado. Podría hacerlo de nuevo.
Levanta las cejas y le mira.
—¿Crees que me llame? —casi hasta parce ilusionado.
—No lo sé. Podría hacerlo... o podría no hacerlo.
—¿Y si le hablo yo? Pensé hacerlo mientras estabas probándote cosas.
—¿Ahora? Por probar.
Alemania le mira de reojo y saca su teléfono.
—Tú no le seguirías rogando si fuera Schweiz —murmura mirando el nombre de Italia... Porque le ha borrado la foto. Creo que su teléfono está a modo minimalista también.
—Yo haría... otra clase de cosas —confiesa.
—¿Que cosas?
—Cosas. Cosas para llamar su atención y hacerle rabiar.
—Pero sí harías algo.
—Por supuesto.
Se siente un poco menos rogón ahora, marcándole a Veneciano, lo que es, por supuesto, una pésima idea y lo notara cuando al sexto timbrazo le responda la voz de España habiendo puesto el manos libres porque han decidido por unanimidad no dejar contestar a Veneciano, que vuelve a estar hecho bolita en brazos de Roma, lloriqueando y escuchando.
—Quiero hablar con Italien.
—Fíjate. Nosotros no creemos que lo merezcas.
—Bastardo —agrega Romano enfadado.
—Pues yo no creo que a ti te importe si lo merezco o no. Pásame a Italien.
—Te está oyendo, igual que todos. Queremos oír como suplicas.
Alemania frunce el ceño y se sonroja en realidad, revolviéndose un poco.
—Spanien.
—Alemania.
Se pasa el dedo por el borde de la camisa.
—¿S-Si suplico vas a dejarme hablar con él? —aprieta los ojos avergonzado desde ya solo por la pregunta.
—No, pero vamos a reírnos todos mucho.
Romano ya se está riendo desde ahora.
—¿Por qué haces esto, Italien? —pregunta Alemania controlado y serio. Traga saliva tenso, teeeenso con Romano.
Veneciano se esconde en Roma sin atreverse a quitarles el teléfono, lloriqueando. Su abuelo le abraza y le mece un poco.
—Eh, eh, ni te atrevas a culparle de nada cuando TÚ eres el desgraciado —riñe España a Alemania.
—Miserabili pezzi di merda, figlio di puttana, bastardo, traditore! —si, no es Veneciano... Ni Roma. Es el más malhablado de todos.
—Yo no soy ningún desgraciado, verdammt. ¡Y no estoy hablando con ustedes! —protesta Alemania volviendo a querer exterminar a los latinos.
—Eso, andar gritando por teléfono te va a ayudar mucho.
Romano suelta unos cuantos insultos más como música de fondo.
—Esto es tremendamente ab... Mortacci la... Römer, ¡VAS A ARREPENTIRTE DE TODO ESTO!
—Vete arrepintiendo tú de haber llamado solo para gritar, amenazar e insultarnos a todos. Veneciano estará contentísimo de saber de qué clase de bestia e imbécil se ha librado.
—VUÉLVEME A LLAMAR IMBECIL, UNA VEZ MAS Y EL QUE VA A SUPLICARME POR CADA VERDAMMT EURO VAS A SER TU, SPANIEN —es que no puede, de verdad.
España se acojona ahora y le cuelga.
Alemania levanta la mano con plena intención de estrellar el teléfono en el suelo con todas sus fuerzas... Pero se contiene. Con dificultades pero piensa que quizás... Bueno, seguro después de esta llamada no iba a volver a hablarle jamás. Aun así no lo estrella.
Austria le mira de reojo. No, no ha sido una buena llamada como podrás inferir, Austria.
—¿Qué ha pasado?
—Que me ha contestado el idiota de Spanien.
—Más o menos eso lo he inferido.
—Y pretendía que suplicara para reírse de mí... Y ha tenido el morro de llamarme idiota.
—No entiendo lo que hace, Spanien sabe que esto no es cierto —señala a ambos.
—Y Römer insultándome de fondo. No sé qué es lo que pretende Veneciano. No sé qué hace.
Y... Con esto, llegan a la joyería. Ahora paga dos mil euros por un regalo para Veneciano, anda Alemania. Si esta no es prueba de amor...
"Quiero un alfiler... Sin piedra, de... Cobre. Mmm... No, sin perla tampoco. Deme lo más feo y barato que tenga". Austria le mira de reojo negando con la cabeza.
—Quizás podría simplemente dejarle en paz y ya.
—Podrías simplemente comprar esto en otro momento.
—O no comprarlo —murmura dando vuelta en U.
—Bueno —se va detrás.
Pues nada, no hay regalo por lo pronto para Veneciano y Alemania está de malas otra vez.
—¿Quieres que pruebe a hablar yo?
Le mira de reojo y... Es que...
—Ja.
—No creo que sea una buena idea que Italien sepa que estamos yendo juntos a comer aunque no sea algo malo, demasiado tenso está todo.
—No entiendo por qué ÉL puede hacer lo que quiera y yo no puedo ir a comer contigo. Pueden insultarme, reírse de mi... ¿Soy el único que nota que hay muchas cosas aquí que son tremendamente injustas?
—En realidad tú puedes hacerlo también, pero no creo que eso ayude a arreglar esto. Igual que no ayuda todo lo que él hace.
Alemania bufa y se encoge de hombros.
—Me rindo. Es igual, vamos a la cosa esa del baile.
—No es obligatorio.
—Ya lo sé. Pero venga, hace muchos días que no salgo a ningún lado más que a la oficina de Angela.
—Está bien, tú delante —sonríe.
Pues ahí van al coche otra vez, Alemania aun con su pequeña nubecita encima de la cabeza, Austria supongo que menos, pues está aún pensando en el traje.
Y yo no sé de dónde saca Alemania estos lugares tan perfectos para ir a hacer cosas con Austria. Pero le acaba de traer a un lugar saludo de hace años que ya quisiera Suiza haber conseguido.
Ponte celoso del individuo correcto, Suiza.
De hecho, es que si salieran, Alemania creo que se habría ganado una estrella y Austria tendría flores ahora mismo, flores que no tiene. Aunque si tiene una rosa en el ojal de dos que les dan. Con tal de no tener que llevarla en la mano, sí, Austria se la pone en el ojal, bastante feliz, cómodo y tranquilo con todo esto.
De hecho en un estado sospechosamente cómodo para ser que no viene con su pareja. De hecho lo dos. Ahí tienen a Alemania abriéndole la puerta, poniéndole una mano en la espalda, haciéndole comentarios suaves como confidencias. Porque Alemania, a pesar de estar de mal humor, está cómodo y con una primera copa de vino empieza a relajarse un poco. Lo que tiene el no salir con frecuencia.
Y ahí es cuando uno nota que los celos de Italia no son del todo infundados. Y Austria es cómplice de él como siempre, en sus bromas secas y raras de humor especialito aunque aún le echa alguna mirada reprobatoria con según qué cosa. Puede que hasta sin querer, Alemania consiga que beba un poquito más de la cuenta. No como para emborracharse pero sí para estar un poco más contento y lanzado de lo normal. Y Alemania se olvidara un poco del drama con Italia y se soltara un poquito en el baile y en las bromas que es justo en este momento, cuando Austria se levanta y hace una exagerada reverencia pomposa ofreciéndole la mano para sacarle a bailar.
Alemania se sonroja un poquito y sonríe de lado y hace un saludo de cabeza corto y mucho menos rocambolesco pero el que Austria en persona le enseñó para aceptar el baile.
—Vamos —sonríe igual al notar el gesto.
—Estos bailes son parecidos al yoga... —comenta Alemania caminando a su lado hacia la pista
—¿En qué?
—Parece muy fácil pero si te descuidas puedes acabar con tres semanas con dolor de espalda.
—Nunca quisiste considerar esto parte de tu entrenamiento militar. ¿Sabrás llevarme o te llevo yo?
—Era cosa de niñas. Y creo que puedo llevarte aun.
—Necesitas aprender fuerza, coordinación y control corporal, no es exactamente muy de niñas —replica tomándole de los hombros con suavidad, entonces. Alemania le pone una mano en la cintura con cierta firmeza, aunque no con fuerza.
—Y a controlar los nervios. Creo que esa era la peor parte.
—¿Nervios?
—Eso era lo peor —es que seis de cada cinco veces bailaba con Italia. Alemania asiente esperando a la música en el momento adecuado.
—¿Qué te ponía nervioso? ¿Equivocarte?
—Y que se riera Preussen, como siempre —carraspea. Porque el problema... Era Italia, en cualquiera de sus acepciones.
—Bueno, Preussen no está aquí ahora.
Sonríe un poco de lado y se sonroja otra vez levemente, desviando la mirada.
—Nein, ahora no estoy nervioso —empieza a moverse, estudiado como siempre y no del todo fluido. Pero bailar con Italia por años ayuda.
Austria nota como es que Alemania baila pegándole más hacia si de lo que él les ha enseñado, Italia se aprovecha de todo y eso le pone un poco nervioso a él. Porque además, exacto, Alemania tiene algunas mañas. Seguro mueve bastante las caderas y le aprieta con más cercanía. Como buen alemán PERFECTAMENTE entrenado.
—¿Qué tal baila Schweiz? —pregunta incluso hablando en susurritos y cerca de su oído.
—No... Así —traga saliva mucho más incómodo de lo que le gustaría.
—¿No así? No sé si tomar eso como algo bueno o suponer que soy un inútil —le mira de reojo y no crean que él está tan cómodo.
—No eres un inútil, aunque tienes una forma muy particular de hacer esto —que no se si apruebo del todo que hagas conmigo.
—¿Peculiar? Sé hacer que des una vuelta —y va a toquetearte todo, no sé si quieras que te enseñe-
—Veamos —el problema es que no lo sabe. Pues ahí va la vuelta que quizás hasta te roce el culo. Es culpa de Italia.
—Mein gott, Deutschland! —protesta un poco echándosele encima para huir de tanto roce—. Yo NO te enseñé a hacer esto así. Estoy seguro.
Alemania le abraza contra la otra vez de manera excesivamente pegada y natural. Parpadea.
—¿Bailar cómo?
—¡Así!
—Pues bailo normal. Así se baila.
—N-Nein, no lo... —se detiene pensando en cómo lo hacía España, ahí entiende por fin de donde ha sacado.
—Tú me enseñaste a bailar, créeme que no fue Preussen.
—No así, desde luego, corría el aire cuando yo te enseñé.
—¿Y qué tiene de malo? —pregunta y creo que hasta le roza la mejilla con los labios de lo cerca va que están.
Austria se queda con la boca abierta y por un instante, creo que esta vez sí que entiende que a Alemania le falta contacto humano.
Alemania carraspea un poco sonrojadito porque es que así se baila pero sí que están muy cerca. Vacilando y con torpeza, el austriaco pega la mejilla con la suya y le acaricia un poco de la nuca. No le abraza lo que debería, pero si se lleva un pat pat a la espalda de consolación.
Alemania da un saltito inicial, pero se desmorona un poquito en el pseudo abrazo. Pierde un poco la música y se atrasa. Austria se tensa con eso porque no se lo esperaba y le abraza más en un acto reflejo pensando que va a caerse.
No, no va a caerse. Lo que si es que van a terminar bailando de barquito totalmente sin ritmo claro a media pista.
—D-Deutschland —susurra un poco sin atreverse a reñirle demasiado, ¡pero es que ni siquiera están siguiendo el ritmo! Cortocircuito mental.
Hay una serie de flashbacks en la cabeza de Alemania.
SIR de cinco años corriendo a abrazar a Austria asustadísimo porque se cayó de un árbol y casi se rompe la cabeza, deteniéndose en el último instante sin atreverse a Abrazarle.
SIR de seis años orgulloso de haber conseguido tirar con un arco, a punto de abrazar a Austria y deteniéndose en el último segundo.
SIR de siete años, llegando a casa de Austria después de no verle en muchísimos meses, yendo a abrazarle porque le ha echado de menos y deteniéndose en el último instante sin atreverse a abrazarle... Bueno, creo que le debías el abrazo. Alemania solo le abraza contra sí mismo balanceándose cada vez menos, sin decir nada.
Austria traga saliva evidentemente sin saber lo que piensa Alemania, pero bueno, no es como que pueda hacer mucho más en realidad. No pasa tanto antes de que se detengan por completo a media pista. Alemania carraspea un poquito.
—E-Entschuldigung, c-creo que he perdido el paso —murmura soltándole, sin mirarle.
Los ojos violetas le miran de reojo. Otro carraspeo y se sonroja, sintiéndose un poco tonto.
—Mejor llévame tú.
—¿Estás seguro que te encuentras bien? —pregunta cambiando las manos igualmente.
—Ja, ja —carraspea y le mira un poco de reojo—. Solo estábamos ahí y yo me perdí.
—Venga, vamos de nuevo, no pasa nada—le sonríe un poco.
Alemania agradece que no le presione mucho más ni hable tanto del asunto sin tener idea de qué le llevo a abrazársele como si fuera un niño pequeño y ridículo. Le sabe un poco mal además seguir haciendo girar esto alrededor de él y sus problemas.
—Venga, ponte derecho —sin pensar, le da una palmada en el culo como cuando era más pequeño.
—Entonces, Sch... —se calla sonrojándose y levantando las cejas. El diccionario tiene una nueva definición de la frase ponerse derecho. Alemania más recto que una tabla.
—Pero no tan tieso, solo erguido —protesta un poco porque además así es más alto que él.
Ahora es turno de Alemania de ponerse incómodo y nerviosito. Lo intenta sin mucho éxito.
—Mmm... Nein, ¿no me oyes? No voy a pasarte inspección médica. Relaja el vientre —le pone la mano encima.
Lo relaja un poquitititito.
—Esto es mi vientre relajado, no es mi culpa tener buenos músculos.
—¿Crees que no sé cómo es el vientre relajado de un hombre con buenos músculos? —le presiona un poco con los dedos.
—No pensé que Schweiz fuera capaz de relajarse —se mira a si mismo e intenta suavizar su abdomen.
—Por supuesto que lo es, aunque le cuesta bastante. Especialmente si le estoy tocando.
Esto le hace sonrojarse al alemán comprendiendo un poco a Suiza.
—¿Y aun así lo consigues? ¿O simplemente esperas a que pase solo?
—Un poco de todo —vuelve a llevar la mano a su espalda.
Alemania le mira otra vez un poco cerca pero se decide a esforzarse porque esto vaya bien y como debe. Además ciertamente están menos cerca que con Italia.
—¿Y bailas a esta distancia de Schweiz?
—Depende del baile, pero sí, en general.
—Ahora entiendo.
—¿El qué?
—Que Schweiz no se ponga tan nervioso —cada quien con sus conclusiones.
—Se lo pone el doble.
Sonríe de lado.
—Entonces tú. Al menos tiene lógica que tú no te lo pongas. ¿Por qué se lo pone el doble a él?
—Porque me gusta que se lo ponga.
—¿Por? —Alemania sí que se relaja conforme hablan.
—Es... un placer culpable —se encoge de hombros y hay cierto brillo travieso en sus ojos difícilmente apreciable.
—Uno que Schweiz debe disfrutar mucho —murmura—. ¿Puedo hacer una pregunta políticamente incorrecta?
—Si eres consciente de que tal vez no te satisfaga la respuesta.
Alemania se encoge de hombros.
—¿Exactamente qué le ves?
—Was?
—A Schweiz. Es decir, desde el punto de vista laboral o económico entiendo lo maravilloso que es, pero...
—¿No te parece una persona atractiva?
—Nein. Algo ha de tener, llevas desde que tengo uso de razón con esto.
—Es difícil de explicar si realmente no aprecias nada más que su talento para los negocios.
—¿El chocolate y los quesos entonces?
Austria se ríe y el alemán sonríe también un poquito porque, ¡sí! Era una broma en efecto.
—Entiendo perfectamente que no es el tipo de persona que te llama la atención, ni a ti ni a nadie. Creo que se esfuerza especialmente para ello.
—¿Pero contigo es diferente? ¿O solamente tú tienes gustos raros por gente que no llama la atención... E idiotas como Spanien? Y Ungarn que no tiene ningún problema.
—Me gusta más pensar que soy diferente.
—Entonces eres el de los gustos raros. Y... ¿Si te trata bien, verdad?
—Nein, nein, ningún gusto raro —niega con la cabeza.
—Schweiz y Spanien hacen dos gustos raros. Si eres tú.
—Spanien no es en lo absoluto un gusto raro, se parece bastante a Italien.
—Nein, Spanien no se parece en lo absoluto a Italien —no vas a convencerle—. Pero volvamos con Schweiz que no me has contestado. ¿Es mejor contigo a solas que con público?
—Nein, en realidad es muy parecido.
—Y sigues diciéndome que si hay algo fantástico que verle —inclina la cabeza—. De verdad debe hacer un muy buen…. Ehm, chocolate.
—Nein, no tiene que ver con cómo es en la cama —niega y se detiene—. Obviamente sí tiene que ver un poco, pero no es lo más importante.
—Entonces tampoco es tan bueno.
—¿Cómo hemos acabado hablando de su talento en ello?—le riñe un poco.
—Yo advertí que era políticamente incorrecto y he notado ya que no has negado que es bastante malo —sonríe un poco pero se nota que va con más cuidado ahora después del regaño.
—En realidad ni lo niego ni lo afirmo, Deutschland, no creo que sea algo que entre a colación.
—Sin embargo... Vas a casarte con él y pensar en lo seguro que estabas de que diría que no…
—¿Y qué tiene que ver eso?
—Solo cambiaba el tema a uno mejor que el sexo con Schweiz, pero si quieres podemos hablar un poco más de ello hasta que me den nauseas.
—No estaba exactamente hablando de sexo, tú fuiste quien lo sacó.
Alemania le sonríe.
—En realidad me estabas intentando decir qué tiene Schweiz de especial... Fallabas miserablemente.
Austria le fulmina un poco.
—Aunque si dijimos lo del chocolate… La realidad es que estábamos confirmando como es que yo soy muy malo para hablar de estas cosas ya que si estuvieras hablando con Italien, por ejemplo, ya estarías diciendo que Schweiz tiene unos preciosos ojos castaños que te hacen pensar en alegres sinfonías.
—Verdes.
—¿Sinfonías verdes?
—No son castaños, son verdes.
—Ah, los ojos. ¿De verdad? —trata de recordarlos. Austria le mira con cara de "¿por qué tengo que repetírtelo todo?"
—Pensé que eran cafés.
—Y eso que soy yo el que lleva gafas.
—Para qué voy a fijarme en eso. Pregúntame su PIB del año pasado o lo bonitos que serán nuestros números ahora que entre a la comunidad...
—No va a entrar a la comunidad.
—Sí que lo va a hacer.
—Si lo hace no será por esto, hemos firmado un contrato prematrimonial que lo indica.
Alemania levanta las cejas de nuevo.
—¡¿Te ha hecho firmar un contrato prematrimonial?!
—Nein.
Parpadea y entrecierra los ojos.
—Lo has firmado por gusto.
—Yo le hice firmar a él.
Parpadea incrédulo.
—¿Por qué hiciste semejante idiotez?
—Porque me beneficia.
—Nein, no lo hace.
—No todos los beneficios se reducen al económico.
—No ver el enorme beneficio en esta situación concreta es un serio error.
—Tal vez, y aun así volvería a firmarlo de nuevo en la misma situación.
Le mira e inclina la cabeza.
—Eres terrible y has olvidado lo que es pensar en el bien de todos —medio protesta.
—No lo he olvidado, nunca lo he hecho —tan cínico.
—Eso no es verdad —le mira con el ceño un poco fruncido.
Austria sonríe.
—Ahora estás tomándome el pelo —protesta desfrunciendo el ceño.
—No en lo del contrato. Sé lo que piensas, pero era lo que yo necesitaba hacer.
Alemania suspira y le medio fulmina con los ojos entrecerrados.
—Me decepcionas, Österreich—murmura con plena intención de imitarle.
—No espero que lo entiendas, en realidad.
—Sea como sea, si ya lo firmaste ya no hay nada que hacer más que buscar otra alternativa, como ir por Liechtenstein y ver si ella le hace entrar en razón.
—Eso mismo.
—Bien, suena a un excelente plan —asiente aun sin estar conforme pero... Resignándose—. Así que volviendo al tema inicial... Todo se resume en que DE VERDAD le quieres.
Austria levanta las cejas tomado por sorpresa con eso.
—Creo que puedo usar todo esto en mi brindis. "Estaba ahí, con Österreich, literalmente torturándole y aun así, no se quebró. Debe quererte, Schweiz"
El austriaco se sonroja sin saber cómo entender eso en realidad, parpadeando.
—Was?
—No ha habido manera de medio quebrarte, ni siquiera lo has puesto en tela de duda.
—¿El qué?
—Que esta vez no vas a hacerme más caso a mí que a lo que sea que planeas con Schweiz.
—Ah... no hay manera en que lo haga.
—La última vez lo hiciste. Empiezo a sentirme abandonado —sonríe un poco de lado y se encoge de hombros.
—Y ya viste como es que salió.
—Mal. Siempre nos sale mal —niega con la cabeza—. Aunque creo que traerle a la comunidad sería algo mucho más positivo.
—Mira, proponerle este contrato deja claras mis intenciones, todo el mundo considera que esto es extraño, por algún motivo nos preguntan a los dos todo el tiempo si no está siendo algo forzoso.
Alemania le mira escuchándole y frunciendo un poquito el ceño.
—Bueno, cualquiera que te pregunte a ti si es forzoso, no parece tener mucha idea.
Austria sonríe con eso.
—Más bien se lo preguntan a él así que parece estar claro que yo sí quiero esto con él, pero no tanto de vuelta.
—¿Quién se lo pregunta?
—Yo mismo, para empezar.
—Me has dicho hace un rato que está convencido.
—Eso no quita que se lo pregunte.
—Tu contrato prematrimonial seguramente le relaja, quedando claro que no es su dinero lo que quieres, ni que cambie su posición política. ¿Quién más se pregunta si lo es?
—En realidad eres el primero que sabe que lo hay.
—Bueno, en realidad puede que sea al único que le importe. Nadie más esta tan interesado en traerle y dudo que alguien más estuviera esperando activamente que le convencieras.
—Es posible que sí. Tal vez Frankreich, pero sinceramente no planeo explicarle nada.
—Ya... Como siempre, le explicaré yo.
—Perfecto.
—Ja, perfecto —protesta arrugando la nariz—. Esta no es la época en la que Deutschland gana cosas, veo que todo va hacia las pérdidas
—Es bueno que vayas haciéndote a la idea, por lo menos lo de Italien...
Alemania levanta una ceja.
—Parece que no es para siempre.
—¡Ah! —se sonroja un poco.
—Espero que lo de Schweiz y la comunidad tampoco lo sea —se encoge de hombros.
—Esperémoslo.
—También espero que esta unión con Schweiz sí lo sea. Aunque supongo que cada boda, se llevó a cabo con la idea de que fuera "para siempre".
Austria sonríe y suspira pensando que de hecho, con el tiempo que llevan estira y afloja, no sabe si la boda será para siempre pero la relación no tiene nada que ver con eso. Alemania le sonríe un poco de vuelta y se acuerda entonces.
—Voy a ir con pareja a tu boda.
Parpadeo. Parpadeo.
—No sé con quién, pero Italien irá con alguien más, así que Preussen —la palabra mágica—, me aseguro que conseguiría una pareja para mí.
—¿Perdona? ¿Vas a ir con alguien que te consiguió... Preussen?—hasta se detiene de bailar.
—Voy a ir con alguien, que es mejor que ir solo, si Italien tiene la brillante idea de ir con tu Vater.
—Italien va a ir con Helena, oí a Spanien hablar de ello.
Se le ensombrece la mirada igual, sin poder evitarlo.
—¿Y aun así crees que yo debo ir solo?
—¿Crees que ir con pareja va a ayudar? ¿Con alguien que te ha conseguido Preussen? No vas a entrar a mi boda con una meretriz —sentencia desde YA. Alemania levanta una ceja mirándole fijamente como si tuviera catorce años y le acabara de atrapar con una en la cama.
—¡No voy a ir con una meretriz! —repite en susurritos—. ¡Mein gott, dame un poco de crédito!
—¿Entonces con quién?
—No lo sé.
Austria le mira por encima de las gafas con cara de circunstancias.
—Es Preussen, sabe cómo estoy y sabe que si voy con una meretriz van a burlarse todos. Va a conseguirme una buena pareja —traga saliva.
—Es Preussen. Y es MI boda. En la última ya trató de molestarme, no veo porque no hacerlo en esta también. Sabe cómo estás y se cree tan genial de pensar que nadie lo notaría.
—Pues tan simple como que si llega con una meretriz, la despacho y voy solo.
—Bien, vendrás solo entonces.
—Depende, quizás consiga una buena chica como Helena.
—¿Vas a intentar ligarte a una chica?
—Nein, voy a intentar salvar la muy muy poca dignidad que me queda después de que Italien se ha acostado incluso con... tu Vater, tratando de parecer una persona normal que puede al menos llevar una cita a una boda en la que Italien irá con HELENA. ¿Qué te hace pensar que no merezco al menos llegar del brazo de alguien? Tú fuiste y te casaste con alguien más en mi misma situación.
—Creo que mereces que Italien se dé cuenta de lo que se está perdiendo y que todo esto es un tremendo malentendido, sinceramente.
—Pues con ese mismo argumento es que Preussen me dijo que me conseguiría una cita —se cruza de brazos y no es muy distinto al pequeñito SIR cuando algo no le parecía. Como SIR eras más adorable, eso sí.
—Y voy a ir con quien sea, le parezca a quien le parezca.
—Si te ligas a una chica buena, podrás venir con ella.
—Bien, Danke por darme permiso.
—Tal vez sería lo que necesitarías. Deberías empezar ya.
—Was? —levanta las cejas sin esperar eso
—Hay muchas mujeres aquí —se separa un poco y señala.
—¿Pretendes que vaya e invite a alguna a bailar?
—Por ejemplo.
—Nein! Nein, yo... Nein —fíjate que éste no creo que nunca ha estado con una mujer.
—¿Por qué no? Preferiría eso a cualquier cosa que elija Preussen.
—P-Pero... —palidece porque obvio es mucho más fácil ir con alguien a quien ya le dijeron, que el centrarse en conocer a alguien.
—Tú querías ir con alguien.
Alemania le mira de reojo y se humedece los labios y... Qué más quisiera el que lograr simplemente ir y acostarse con veinte como Italia y así sentirse mejor. (Percepciones... No me regañen)
—Bien, voy a conocer a alguien entonces, no puede ser tan complicado —murmura estirándose y tratando de encontrar a alguna chica que parezca que está sola.
Austria asiente conforme... pero no sé si la habrá.
¡Seguro NO! Con el lugar que es... Para el tipo de baile. Hay una muy muy guapa que parece estar sola…cuyo novio fue al baño.
Pero Alemania podría darle miedo a cualquier novio… o a cualquier chica, ciertamente.
Ahí se acerca Alemania muy muy seguro, pasándose las dos manos por el pelo para garantizar que no se le ha salido ni un pelito.
La chica está en la barra tomándose un Cosmopolitan, es morena, con el pelo recogido y lleva un vestido negro con mucho vuelo en la falda. Solo con la descripción, Alemania perdió la mitad del valor.
El alemán suelta un carraspeo a su lado, levanta la mano y se pide... Un... Jagger. Porque eso suena más chic. La mira.
—Guten nacht.
—Buonna sera.
A Alemania se le cae la mandíbula al suelo y tarda varios carraspeos en recomponerse. De hecho se toma el vasito entero del Jagger cuando se lo dan sin decirle nada a la chica antes de mirarla de reojo otra vez y pensar en su estúpido padre con Italia. La chica le mira de arriba abajo nada convencida con ese asunto del jagger y acto seguido se gira a la pista viendo a la gente bailar, ignorándole.
Él se mueve un poquito, carraspea otra vez y hace una mezcla entre la pomposa reverencia de Austria y la que le sale bien... Le sale algo raro.
Ella tarda unos instantes en notar que un tipo de casi dos metros está haciendo movimientos raros a su lado, creo que tiene las gafas en el bolso. Echa la espalda ligeramente atrás alejándosele.
—¿M-Me concedería este baile?
—Che cosa? —se echa un poco más atrás con cara de susto.
Alemania levanta las cejas.
—Que si quieres bailar. Vuoi ballare con me? —ese acento marcaaaaado.
Ella vuelve a mirarle de arriba abajo y niega con la cabeza. No la veas como a Veneciano, mejor imagínate que es su hermano tremendamente parecido a él... pero no. En chica.
Alemania se sonroja un poquito y abre la boca para decir algo mas... Vacila. Carraspea. Se guarda las manos en los bolsillos.
—¿Por qué?
—Mi novio está en el baño.
—Ah... Tienes un novio. Ehm... Entschuldigung.
Ella le mira aun poco convencida de esto.
—¿Has peleado tú con el tuyo?
—¿Eh? —parpadea preguntándose en serio si todos los italianos saben todas esas cosas solo con verle
—Ya sabes... tu novio —insiste y hay que decir que se refiere a Austria porque les ha visto bailar. Él parpadea otra vez en serio en serio impresionado.
—Ja. De hecho estoy soltero y te vi y pensé —carraspeo—, bueno, lo evidente.
—Oh, ¿qué ha pasado? Hacíais una bonita pareja.
Parpadea otra vez.
—¿Conoces a Italien? —pregunta pensando que... Quizás si la mira bien hasta se parecen.
—Soy de ahí —sonríe pensando que quiere cambiar de tema—. Milanesa.
—Oh. Del Norte —vacila un poquito al ver que sonríe y luego suelta el aire relajándose un poco—. Hacen un café estupendo y desfiles de moda.
—Si, el estereotipo. ¿Has estado, entonces?
—Ja. Mi... Ex... Ehm, ex pareja es de la zona —carraspea un poco si creerse que esté hablando CON UNA CHICA.
—Ah, es verdad. Cuanto lo siento —se encoge de hombros, mano al brazo para confortarle y hace un gesto de compresión y resignación con la cara.
—Hace ya unos meses, pero danke —carraspea.
—¿Eh? Benne, no hay de qué preocuparse, seguro encontrarás a otro chico pronto, aunque es una pena porque es bastante atractivo.
—Ehm... ¿Te lo parece? Es decir, sí que lo es, solo... Bueno... —en serio de donde conoce a Italia a esta chica.
—Pues... sí, pero mejor no pienses en eso.
—Por eso intentaba bailar contigo, Österreich dice que es lo que me hace falta
—Bueno, ¿conmigo? ¿No deberías buscar mejor otro chico?
—¿Por qué no buscar una chica? —frunce el ceño pensando que... bueno, él no era gay hasta que Italia fue chico.
—Pues estabas con un chico, creí que te gustaban los chicos
—Pues inicialmente no me gustaban los chicos —mundo nuevo, Alemania. Te gusta Italia... Y Roma. Y un poco Austria. Y Francia. ¿En serio?
—Ah ¿no?
—Bueno si, pero no sabía que era uno. Es decir, Ehm, olvídalo, entiendo que tengas un novio y no quieras bailar.
—Bien —sonríe y da por finalizada la conversación. El alemán se pasa otra vez la mano por el pelo y se va de regreso con Austria sonrojadito.
—¡Has estado hablando mucho rato! —no deja de ser molesto lo admirado que parece al respecto.
—¿Ahora crees que tampoco se hablar? ¿Quién subestima a quién?
—Pensé que te pondrías nervioso. ¿Y bien?
—Pues estaba nervioso —de hecho ayudo un montonal que le dijera que no—, y no ha bailado conmigo.
—Eso he visto.
—Es italiana —la mira a lo lejos y luego aprieta los ojos—. De todas las posibilidades...
—Oh... que suerte la tuya.
—Y la peor parte —carraspeo —, conoce a Italien.
Austria levanta las cejas con eso.
—Y sabe que no estamos juntos. Y sabe que estaba intentando que bailara conmigo. Quizás hasta le diga. Necesito una chica.
—¿Disculpa? ¿Cómo sabe todo eso?
—Pues no lo sé, ella me dijo. Que hacíamos bonita pareja y todo, es una de esas cosas de italianos por lo visto.
El austriaco le mira no muy convencido (ni cómodo) con eso.
—Para como están las cosas, quizás le diga e Italien no vuelva o alguna tragedia por el estilo. ¿Quieres bailar otra pieza?
—¿Y? Vas a acercarte a otra o...
—¿A otra? —voz de pánico.
—Por lo visto no estaba en tu idea.
—Es que todas tienen pareja. ¡Han venido a bailar!
—Está bien. Ya lo harás otro día.
—Ja, claro —seguro, saldré diario a buscarme una novia—. ¿Con quién va a ir tu madre? —pregunta de repente.
—Con Wales, están saliendo. Espera, creo que ya sé con quién podrías ir —cae en la cuenta de repente.
—Ah, Wales. Es cierto —parpadea y le mira—. ¿Con quién?
—De hecho, no es que puedas o no, te pido como tarea de padrino que te hagas cargo de ella.
—¿A...ja? —eso ya empieza a sonarle a algo que debe ponerle nervioso.
—Alguien debe hacerse cargo de Helvetia, ir a buscarla, acompañarla, asegurarse que no le dispare a nadie y que no haga cosas raras. Va a estar asustada con toda la gente, pero sé que Schweiz fue a invitarla.
—Helvetia. ¡¿La madre de Schweiz loca que casi me vuela la cabeza con una flecha?!
—Sé que serás capaz de lidiar perfectamente con ello. No te lo pediría si no fuera importante.
—Italien va con Helena y tú me vas a mandar a mí con... —abre la boca sin podérselo creer.
—No tienes que ir con ella como pareja si no quieres, pero de verdad necesito que te hagas cargo.
Le mira PARA NADA convencido.
—¿Por qué no va tu Vater?
—Porque va con Rom.
—¿Y Liechtenstein? Es su abuela.
—Liechtentein es demasiado blanda para asegurarse de que no haga daño a nadie, Deutschland, deja de darle la tarea a otros.
Alemania refunfuña nada convencido.
—Ninguno de ellos es mi padrino —le recuerda aun en riña.
Le mira de reojo. ¡Chantaje!
—Vale. Me encargaré de ella.
—Buen muchacho —toma, una galleta.
—Solo porque soy tu padrino.
—Por cierto, habría que irla a buscar pronto, antes de las primeras nieves... y podrías quedártela en casa.
—Was? —la voz de Alemania es suave y controlada.
—Berlin está medio vacía, así que hay espacio de sobra y de todos modos es muy independiente.
—Quieres que YO cuide a tu suegra las próximas seis semanas. ¿Vas a volver a casa?
—Algunos días... pero no te dará más problemas, Deutschland. No cabemos en Bern y no puede quedarse sola en Wien.
—¿Por qué no puede quedarse sola en Wien? Ella es muy independiente.
—Hay demasiadas cosas frágiles en Wien. No quieres que rompa uno de mis pianos porque tú no quisiste acogerla en una casa con siete cuartos.
Alemania se revuelve porque es que la recuerda muuuuuy bien con su arco y su flecha.
—¿Y qué dice Schweiz de esto? ¿Por qué no la pone en Ginebra o en Zurich, o con Germania? —o con quien sea, es una mujer loca que me va a quitar todo el tiempo del mundo.
—Vater está en Rom y no queremos pedirle a Rom el favor. Schweiz estará encantado de que esté cerca en Berlin.
Tuerce el morro.
—¿Y va a querer venir conmigo?
—Seguro encuentras el modo de convencerla.
—Quizás puedas acompañarme, no sé ni donde vive.
—No lo creo, voy a estar muy ocupado.
—¿Y de dónde la saco? ¿La busco por todos los Alpes?
—Nein, nein, ella sabrá encontrarte a ti. Eso dice Schweiz.
Alemania levanta una ceja y yo te lo advierto, Austria, se va a enfadar mucho mucho también contigo.
—¿Y sabe que viene?
—Ja, Schweiz la invitó.
—Así que voy a buscarla... A los Alpes, en general. Estupendo.
—Lo harás bien, ya verás que no tienes ningún problema.
—Quizás vaya en un par de fines de semana.
—Bien, solo no lo dejes para muy tarde. Luego le diré a Schweiz que tú te ocupas muy amablemente.
—Muy amablemente —murmura.
Como si no le oyera... pero le oye perfectamente por supuesto. Aun así, Alemania piensa (ilusamente), que este favor a Suiza y el convivir con su madre quizás pueda ser un empujoncito más para que entre en la comunidad europea. Sonríe un poco de lado, pensando que esta puede ser la oportunidad que está esperando.
Y hasta aquí el cumpleaños de Austria de este año :D ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición
