Alemania... Buff. Alemania cruza la frontera de Suiza con más cuidado del que ocupa habitualmente, casi esperando que la mujer loca le lance una flecha en la cabeza desde YA. Todo esto le parece tremendamente absurdo, cómo va a buscar a alguien en TODOS los Alpes. Enfila el coche por la autopista hacia la montaña más alta que ve.

Pero no pasa nada y el problema es que Helvetia es menos sensible últimamente con todo eso del turismo que Suiza asegura que es bueno, (se le ponen los ojos con un dibujo un poco raro que no sabe lo que es cuando habla de ello)

Ah, eso es fantástico. Lejos de tenerle apuntándole con una flecha va a tardarse un montón en encontrarla.

Después de un rato en la autopista, cuando ve que ya hay bastante bosque a su alrededor y bastante montaña… sigue el camino hasta una estación de esquí que no parece ser la más nueva y equipada de Suiza... Por no decir, parece una bastante anticuada y medio abandonada, detiene el coche y se baja, abriendo la puerta de atrás para que salga uno de sus perros, que debe salir despedido cómo si no hubiera estado nunca en la vida en el bosque.

Ha de admitir Alemania que esta parte de la actividad de hacer de niñera de Helvetia es probablemente la que más le divierte... La de encontrarla. A pesar de que le da terror el asunto de las flechas. Se echa su backpack a la espalda, y con sus botas de caminar y sus pantalones del ejército se echa a andar por la montaña. Puede que después de un rato hasta empiece a tararear una canción marcial mientras piensa en lo mucho que le hubiera gustado conquistar estas estúpidas montañas en algún momento de su historia. Hubiera sido útil, además, las conocería mucho mejor de lo que las conoce ahora.

El perro corre a su alrededor cómo enajenado Cualquiera diría que no ha estado nunca en la montaña... Ejem. Bueno. El jardín es amplio.

El punto aquí es que no ve nada de nada que le indique que Helvetia tiene ni la más mínima idea de que está ahí. Mira el camino recorrido en su pantalla del GPS y traza una vez más la ruta que va a seguir, notando que se ha desviado solo un par de metros. El problema es que se va a tardar un bueeeeeen rato. Demos gracias a la paciencia y constancia alemanas. Camina, camina... Camina. Y camina. Y al final de día, casi a la tarde, cuando además Helvetia está absolutamente segura de que es Germania. Le lanza una flecha... al perro. ¡Lo bastante cerca para que de un aullido acojonado pero no para matarlo! ¡No es una salvaje!

Ah, por el amor de dios, Alemania casi renuncia a esta historia. Parecía el pobre de Remi, a este niño solo le queda el perro y querían matarlo. Todo pasa tan pero tan pero tan rápido que Alemania casi no se entera, a excepción de acercarse al perro a ver que es lo que le ha asustado, que es un poco idiota y le ladra a la flecha muy nervioso.

—¿Has visto algo? —le pregunta al perro a sabiendas de que no va a responderle, se agacha y le acaricia un poco porque además sabe bien que sus perros están muy bien entrenados y no se asustan con cualquier cosa... a excepción de las flechas lanzadas contra ellos—. ¿que ha pasado? ¡Oh! Esto es una flecha. ¿He-Helvetia?

—Vuélvete a tu casa, germano invasor —grita alguien desde los árboles.

Alemania levanta las manos y se yergue de nuevo mirando hacia donde viene la voz.

—¡Helvetia! No dispares. Soy Deutschland, hermano de Schweiz.

Ella le dispara... rozándole la cabeza.

—¡Ahhhh! —se echa al suelo y rueda hacia unos matorrales dándole un comando al perro para que se eche también.

Ella parpadea sin saber que está haciendo. Frunce el ceño.

—¡No dispares! ¡Me han enviado Österreich y Schweiz!

—¿Schweiz? —pregunta/protesta, bajando del árbol.

—Ja. Schweiz. Tu hijo Schweiz que es mi medio hermano, hijo de mein Vater Germania —se toca la cabeza donde le ha rozado la flecha y ve que tiene un hiliiito de sangre. La ignora.

—Mi hijo no te mandaría a ti aquí, sajón —ese germano suena como si le llamara "idiota".

—Pues me ha mandado aquí por ti para la boda, me han pedido que te lleve a mi casa.

—No voy a ir a tu casa con tus novias —chilla un poco dando un pasito atrás y se sonroja.

—¿Con mis novias? ¿Cuales novias? —descolocado.

—No te hagas el que no sabes —frunce el ceño y se cruza de brazos igual de sonrojada.

—Ehm... No tengo ningunas novias. ¿Qué pasa con la gente últimamente? —la mira y se pone en cuclillas porque seguía tirado en el suelo.

—¡Bah! —se echa a andar.

—Nein, espera, ¿a donde vas? Tengo que llevarte conmigo.

No le contesta, ni se para... Recuperando sus flechas y poniéndolas en su carcaj.

Alemania sigue mirándola, es pequeñita y malencarada, excesivamente parecida a Suiza. Tiene ese aire de salvajismo... Las uñas sucias, el pelo un poco enmarañado, el acento casi incomprensible.

Perdóname, señoritingo Alemania, ¿no está lo suficientemente limpia y pulida para ti?

Y además empieza a saltar por las piedras bajando por un camino casi invisible del acantilado de esos que solo usan las cabras cómo si andara por la calle.

Suiza puede que se enfade con Austria, quiero decirlo. No que a nadie le importe tampoco.

—Eh! Espera, ¿que no me oyes? ¡He venido por ti!

Helvetia hace un silbido para el perro en respuesta. Probablemente hayas perdido un perro también, Alemania.

En realidad no, cuando ve que el perro está a punto de despeñarse, ella lo recoge para que no se caiga, dejándolo en el suelo junto a ella.

Alemania aprieta los ojos por el perro, joder, que no podían hablar en lo plano, tenían que ir al puto despeñadero.

—Helvetia, ¿puedes venir acá y hablar conmigo cómo persona civilizada en vez de despeñarte con mi perro por la ladera?

Ni caso. Sigue bajando.

Pues ahí se va tras ella unos pasos hasta que descubre que él no sabe hacer estas cosas. Sí, Alemania, tú no eres tu padre.

La chica le mira de reojo al notarle tan torpe, frunciendo el ceño sin entender qué le pasa.

—Helvetia, verdammt. No es por ti que estoy aquí, es un favor que me han pedido. Quizás no quieres venir, entonces me voy y le digo a Schweiz que no vendrás a la boda y ya. Ahora dame a mi perro.

—Sí voy a bajar a esa cosa importante de mi hijo —responde sin mirarle, esperando a que baje un poco más.

—Bueno, pues entonces ven —no da un paso más por miedo a despeñarse.

Ella se da la vuelta y sigue andando, ayudando al perro a que no se caiga, no de la manera más suave, pero si practica y efectiva. Porque además, alguien, no sé quién, probablemente un turista que estaba a punto de morir en las montañas al que salvó, le regaló unas botas ultraligeras y súper duras que ODIÓ durante los primeros tres segundos y luego siguió odiando de puertas a la galería, pero no se ha quitado desde entonces porque puede bajar por estos sitios prácticamente bailando si quisiera o acaso supiera bailar.

—Espera, Helvetia. Yo no puedo seguirte allá —Pues Alemania no parece mucho por la labor de seguirla a ella, pero... Es que lleva a su perro. Vacila un poco sin saber que hacer pero al final hace el intento por ir tras ella tres pasos y luego piensa que quizás debía haberle regalado al perro.

Helvetia le mira de reojo y le debe ver bastante apanicado intentando conservar la vertical.

—Deja de quejarte. Me desconcentras.

—¡Deja de irte!

Vuelve a girarse y a seguir andando. Y ahí va Alemania detrás de su perro, prácticamente se cae, deslizándose sobre la piedra y rasgándose toooodo el pantaló tiene que pegar un buen salto pero le agarra en el último segundo.

—Verdammt —susurra Alemania agarrándola de vuelta.

Ella tira de él con más fuerza para que vuelva a la piedra adecuada. Más fuerza de la que parece que tiene

Y bueno, demos gracias al cielo de que Alemania es hábil. Se ayuda a si mismo un poco también, sin soltar la mano firme que le detiene.

Helvetia tira hasta abrazarle y casi se le cae encima por el impulso. Vueeeeelve a sonrojarse.

Puede que Alemania se le eche encima un poco también.

—Verdammt, verdammt! —protesta aun asustadillo —. Si yo lo digo y lo sostengo, yo no soy cabra.

Ella traga saliva y diría algo si acaso pudiera hablar porque estas muuuuuy cercaaaaaa.

—Pero tenías que venir por aquí, a ver si nos desplomamos los dos —la mira de reojo y ella cierra la boca frunciendo el ceño y girando la cara, le empuja, con intención de que se quite. Alemania se quita pero sigue agarrándole la mano sin notarlo.

—Si no fueras tan torpe y flojo —protesta calmándose cuando se separa intentando recuperar su mano.

—¡No soy torpe ni flojo! ¡Si tu no fueras tan necia y hubieras venido de una vez! Tenemos mucho camino por recorrer aun antes de llegar a mi coche —protesta mirándose la pierna que está rasguñada pero entera.

Helvetia aun trata de que le suelte para seguir adelante y el alemán seguro acaba por soltarle en no tanto tiempo, mirando hacia el lado por donde vino y preguntándose cómo va a volver ahí.

Y ahí va Helvetia abajo otra vez.

—¡Oye! ¡Espera! Vamos otra vez arriba, yo voy a caerme si bajamos más, y te estás llevando a mi perro.

Sigue sin hacerle caso.

—Verdammt, Helvetiaaaa —protesta vacilando.

Ni casoooo.

—¿Que no entiendes bien el alemán o eres sorda o qué? —protesta y decide ir detrás sin estar seguro de poder volver solo.

Y más vale que te vayas haciendo a la idea de que vas a sudar esa camiseta tan pija de fibras sintéticas transpirables que llevas.

—¿Entiendes lo que te digo o no?

Es que ni le mira, de hecho pone los ojos en blanco pensando que es taaaan pesado y no deja de hablar cómo siempre... y no le gusta su nuevo corte de pelo.

—Pero sí que hablas, en ese alemán anticuado de Schweiz —protesta quedándose atrás, además, sin saber cómo el perro lo consigue. En menos de quince minutos esta empapado.

Helvetia no le hace "mucho caso" es decir, le echa una miradita cada diez segundos y se sonroja cada vez que la nota, siendo la siguiente a los quince... para que la próxima vuelva a ser a los diez. Se resbala un par de veces también por andar haciendo eso poniéndose más nerviosa a medida que Alemania va oliendo más a hombre.

Uy Alemania creo que con lo que ha caminado, ha dejado atrás el olor a Axe para oler por completo a boy cansado, cosa que la pone muy MUY nerviosa y ni siquiera sabe dónde está el problema.

Bueno, Helvetia habitualmente no sabe donde está el problema en el 80% de las veces. Al cabo de un buen rato, decide cambiar el rumbo y meterle al rio a ver si mojado...

Alemania vacila cuando ve el río y es que... Pff... En serio a Austria esto le va a salir muy muy caro, maldita sea.

Helvetia se mete remontándolo sin problema.

Por un momento Alemania se siente en uno de esos programas de televisión tipo X factor o algo por el estilo. Pero él es un soldado perfectamente bien entrenado que desde luego que puede nadar en el río. De hecho más bien consiste en ir saltando por las piedras, al menos eso hace ella.

Eso puede que sea más complejo. Es decir no que no coordine pero es considerablemente más grande que ella y eso aunque no quiera lo hace más torpe. Se concentra, ahora por orgullo, recordando el entrenamiento y las incontables horas que ha pasado saltando entre neumáticos y en el campo de entrenamiento. Suda el doble y se ha despeinado y se le pega la camiseta y ¡maldita sea!

—¿Estás cansado? —le pregunta de forma muuuuuy rara, pero cómo siempre al cabo de un par de horas está muy comoda corriendo por el bosque con... Germania.

Además ahora ya no habla, demasiado concentrado. Cuando escucha que le habla levanta las cejas y se detiene un poco levantándose la camiseta del abdomen para limpiarse con ella la cara.

—Nein, estoy preocupado.

—¿Por qué?

—Porque estamos muy lejos del coche —y no traigo todo mi equipo especializado para dormir a la intemperie.

—No haberlo dejado tan lejos. Aunque no me gusta esa cosa.

—¿Por?

—Mete ruido y no sirve de nada.

—Si que sirve, nos lleva a Berlín en unas cuantas horas.

—Andar también.

—Nein, el coche es más rápido —busca su botella de Gatorade en la mochila y le da un trago —. ¿No tienes sed?

Ella se detiene y le mira. El alemán se toma media botellita de un trago midiéndose las pulsaciones. No ayudas, Alemania, no ayudas... se queda embobada.

Se limpia la boca con el dorso de la mano además sin notar en lo absoluto los problemas de Helvetia y vacila un poco antes de ofrecerle medio de mala gana otro Gatorade de los que trae en la maletita.

Helvetia parpadea y se sonroja al volver en si, apartando la cara.

—¿Quieres o no? Parece que no pero es muy buena para los electrolitos.

Ella le mira de nuevo y se acerca un poco insegura porque el color de esa cosa...

Alemania gira la muñeca y la mano con la botella a ponerla hacia arriba, con la actitud y postura corporal con la que trataría con un perro que no confía en el.

Helvetia acerca la nariz a la botella y la arruga porque huele raro.

—Es dulce.

Ella le mira a los ojos y se humedece los labios.

Y Alemania le mira los labios y luego los ojos nota si que, ¡oh! En efecto son verdes y cómo los de Suiza.

Helvetia mira de nuevo la botella no muy segura, estira un poquito la mano.

Alemania no la mueve, esperando pacientemente aunque con la otra mano se limpia el sudor en la tela del hombro.

Se asusta un poco pero la toma, dando un pasito atrás. Él la observa relajándose un poco y pasándose las manos por el pelo, notando que se ha despeinado y odiándolo un poco.

Ella se la lleva a los labios y prueba un poco sintiendo el sabor muy MUY raro, pero es dulcecito y le gustan las cosas dulces.

Así que bueno, Alemania hace lo que puede con su pelo y los dedos, mirando a la chica de reojo.

—¿Y qué opinas de la boda?

—Svizra está contento.

—¿Lo está? Si lo dices tu, me lo creo. ¿A dónde me llevas exactamente?

Le mira con cara de "¿No lo sabes?" mientras da sorbitos a su Gatorade.

—¿A... Tu casa por tus cosas?

—No voy a ir con tus novias —repite sonrojada sin mirarle.

—No tengo novias —le mira fijamente y luego levanta una ceja pensando en... —. Yo no soy Germania, si escuchaste eso, ¿verdad?

Parpadea un par de veces.

—Soy Deutschland. El hijo menor de Germania.

—El hijo de...

—Ja. De Germania. Hermano de Schweiz. Tengo el pelo corto, no cómo el que lo tiene largo.

—¿Quién es tu madre?

—Esa es una buena pregunta. No lo sé —niega con la cabeza.

La chica traga saliva, nerviosa con eso porque lleva todo el día pensando que es Germania.

—Si pensabas que era Germania, ¿verdad?

Se sonroja más y da otro pasito atrás.

—Nein, espera. No voy a hacerte daño. De hecho si te vas voy a pasarlo muy mal aquí afuera porque es muy tarde.

—Yo no te conozco.

—Nein, pero conoces a Germania y, más aún, a Schweiz y a Österreich.

Ella niega con la cabeza porque no le gustan los desconocidos, ni la gente y había bajado la guardia. Alemania inclina la cabeza.

—Ehm. ¿No me crees?

—No... no quiero... no...

El alemán cambia el peso de pie.

—Vine hasta aquí contigo, si quisiera hacerte daño te lo hubiera podido hacer hace horas.

Es una mala idea hablarle de daño, saca el arco y las flechas en solo un instante. Alemania parpadea y vuelve a levantar las manos.

—Mein Gott in himmel.

—No vas a hacerme daño.

—Nein, ¿tu si vas a hacérmelo a mi?

—Sí si no te vas.

—No creo tener que repetirte que vine aquí por ti para ir a la boda de Schweiz. Si no vienes, no iras a la boda

—Sí iré.

—Es decir, ¿por que ponerle las cosas difíciles a todos? Te aseguro que hay mil lugares en donde preferiría estar que no son detrás de la punta de tu flecha, ¿has pensado que es por una MUY buena razón que te he seguido hasta aquí? ¿O no?

—¿Por qué me has seguido? No me vas a hacer eso—se sonroja al decirlo

—¿Hacerte?

—Eso a lo que siempre venís. A lo que viene ese sajón, tú padre.

—Vater viene a perder el tiempo y correr contigo por las montañas —empieza y luego se detiene, al parecer vivir con un latino te hace idiota a su lado, pero un poco más enterado en algunas ocasiones.

—Nadie pierde el tiempo aquí —tensa más la cuerda.

—Mira, no sé que pasa contigo y Germania y la verdad, me da lo mismo. A quien hago un favor es a Schweiz, y vine por ti, no a hacerte... Nada —se sonroja un poco también.

—Vete.

—Nein. No sin ti

—Sin mí. Vete, no voy a ir con un desconocido.

Alemania suspira, considerándolo completamente... Lógico.

—¿Sabes? Pude hacerte creer que era Vater.

—Serías un mentiroso.

—Ja. Y no lo soy. Al menos eso ya lo sabes —busca su teléfono en la mochila.

—¡Para! Para quieto —tensa la cuerda otra vez.

—Busco mi teléfono —suelta todo y levanta las manos

—No. Vete.

—Con todo y mi perro.

Ella asiente. Alemania suspira, pensando que nadie está obligado a lo imposible.

—¿Puedes decirme cómo llegar a mi coche?

—No. No se puede llegar antes de anochecer.

—Ehm... ¿Y que quieres?

—Es por ahí —señala.

Alemania mira hacia allá y traga saliva.

—¿Podrías llevarme al camino más cercano?

—No hay caminos que lleven ahí desde aquí.

—Es decir, me estás destinando a perderme en el bosque.

—Tú... no debías ser tú. No debías venir.

—Pues vine, y te dije quién era desde el principio y aun así me trajiste aquí haciéndome pensar que vendrías conmigo.

—No te hice venir. Tú no debías ser tú.

—De haber sabido que me echarías no hubiera venido. Además, yo soy mejor que Vater así que tampoco es tan grave. ¿Que necesitas?

—¿Mejor?

—Ja, yo no soy un traidor cómo él.

Ella parpadea y baja un poco la flecha porque de todos modos no suele hablar mucho con nadie de nada.

Alemania piensa que debería sentirse un poco culpable por hacer esto... Desgraciadamente no se lo siente. En lo absoluto. Quizás aquí pudiera joderle lo bastante.

—Ja, ¿te sorprende que lo llame traidor? Quizás si supieras las cosas que hace entenderías por qué lo hago.

—¿Qué cosas hace de qué?

—En general, es un traidor a sus hijos.

—¿Qué le ha hecho a Svizra?—frunce el ceño.

—A él nada, aun... Seguro se lo hará en algún punto —se cruza de brazos—. En mi caso, yo tenía un novio, y ahora el se está acostando con Vater, además de acostarse con Rom y con todo el mundo. Porque si sabes que se acuesta con todo el mundo, ¿verdad?

Helvetia se sonroja y baja la cabeza con eso, dando otro pasito atrás. Alemania la mira de reojo.

—Soy su hijo y está acostándose con Italien. ¿No te parece lo bastante traidor de su parte?

—No me interesa cómo se llaman sus novias.

—¡No es su novia! Creo... —se pone nervioso y mira al camino—. Es mejor que me vaya ya a mi coche o algo así, no creo que sea bueno que te cuente más cosas de él.

Ella le mira desconsolada un instante, porque eso ha sido un poco feo y no entiende porque se lo ha dicho. Alemania la mira y traga saliva.

—Podrías vengarte.

—Tengo trabajo —resuelve girándose dispuesta a irse, no precisamente a preparar ninguna venganza, si no cómo "estoy demasiado ocupada para eso".

—Podías cambiarle por alguien más, podrías sorprenderle y venir conmigo. No se lo esperaría, sabe que estás aquí siempre.

Ella se detiene acordándose de algo y busca en un bolsillo.

—Podrías hacerte pasar por mi novia, él sabría así que a ti no te importa lo que hace.

—No me importa lo que hace —le tiende la mano con algo.

—Él debe creer que si te importa... ¿Qué es eso? —extiende la mano hacia ella, que le deja en la mano tres monedas, ni siquiera son Francos suizos las tres, pero son el precio exacto de un Gatorade.

—¿Was... Dinero?

Helvetia no sabe lo que es, ni en realidad tiene muy claro lo que son cada una de las monedas, pero sí tiene muy buen ojo para el valor de las cosas. Aun así no le mira a los ojos y está sonrojada porque hablaba de ser su novia.

—¿Entonces? ¿Vas a vengarte de Germania conmigo? —pregunta aun con las monedas en la mano sin entenderlas del todo.

—No voy a ser tu novia —susurra y no le mira, tsundere.

—A ver, piensa en ello —pide mirándola—. ¿Vas a venir a la boda igual, cierto? De hecho seguramente él vendrá por ti, o Schweiz si acaso no vienes conmigo. Imagina que Vater se entera que en realidad... No estás cómo espera, estás en Berlín, viviendo una gran vida, estando conmigo. ¿No crees que le moleste?

Le mira de reojo un instante y se sonroja más.

—Tengo una casa grande y... Comida —vacila porque no sabe que le gusta—. Y otros dos perros.

—No... —se mira las manos, nerviosísima.

—Tengo un baño grande con una gran bañera que hace burbujas —no que crea que necesitas un baño—. Y... ¿Qué otra cosa te gusta?

Se tapa la cara con las manos y se pone en cuclillas. La versión de Helvetia de meter la cabeza en un cubo.

—Algo debe gustarte, una... Cama caliente y calefacción. ¿Que le gusta a Schweiz? —aprieta los ojos tratando de pensar—. Ehm... ¿Dinero? Más monedas cómo estas. Tengo trabajo también. Podrías llevarme el periódico y hacerme café y... Te pago.

Alemania, ¿qué demonios estás haciendo? Se pone en cuclillas junto a ella.

Cuando ella lo nota se cae de culo y se echa para atrás roja cómo un tomate.

Alemania la mira y levanta las cejas notando que está roja... Parpadea porque no es común que nadie se le sonroje.

—Ehm... ¿Entonces?

Repta un poco hacia atrás y se gira para salir corriendo. Sí, más o menos lo mismo que le hace a Germania, porque es que no sabe qué hacer consigo misma y se siente demasiado nerviosa.

—Nein, Helvetia. ¡Espera, espera! No me hagas rogarte.

No se detiene. Más te vale que la sigas si no quieres estar perdido en el bosque en cuestión de segundos.

Pues... Hace lo que puede, que en serio con los años que lleva entrenándose, no debe ser tan poco. Pero es que esta mujer se mueve a toda velocidad… La cosa es que ella hace esto todos los días, a todas horas. No un par de horas en la mañana antes de desayunar. Aun así, a los pocos minutos de correr llegan a una de las cabañas de pastoreo, ella entra delante y cierra la puerta antes de que Alemania la alcance. De hecho creo que Alemania se cae bastante agotado a la puerta de la cabaña. Ella le espía desde el otro lado con la respiración agitada.

Alemania no tiene IDEA de lo que está haciendo, más allá de respirar y pensar que tiene que agregar al menos media hora al entrenamiento porque no parece estar siendo muy útil.

Y Helvetia tiene que volver a taparse la cara con las manos porque ¡Le ha dicho que sea su novia! Tiene que volver a cortarse el cabello, demasiados hombres persiguiéndola.

Alemania al fin saca el teléfono y trata de marcarle a Austria. A Austria. De todas tus opciones... Pues no tiene TANTAS opciones. Seguro tiene alguna más que el teléfono abandonado de alguien. Actualmente habla con dos personas: Austria y Roma. Ninguna de las dos parece ser útil.

Así que suena el teléfono de Prusia que lo manda a la mierda por no pensar en él antes. Por lo menos este sí que contesta.

—Estoy haciendo una cosa que es TOTALMENTE impropia de mí, y es justamente el tipo de cosa que harías tú.

—Was?

—Estoy a media montaña con... Helvetia.

—¿Qué haces a media montaña con Helvetia?

—Vengarme de Germania. Y... Hacer que Schweiz entre a la comunidad europea. Y... Llevarla a la boda.

Parpadeo, parpadeo...

—Awesome!

—Pero es que no es tan simple —baja el tono—. Y no sé qué hacer, de hecho ahora mismo ha salido corriendo y está adentro de una casa a la mitad de la montaña... Y yo estoy afuera.

—Pues consigue que te deje entrar y tíratela.

—¿Q-Que me la tire?

—Ja, claro. ¿Qué planeas hacer con ella si no?

—Pues no... No sé.

—Pues es lo que se hace con las tías —pasas demasiado tiempo con Francia y España.

—Ja. Pero es que es la madre de Schweiz...

—¿Y? ¿No está buena? De todos modos tal vez se enfade si no lo haces, las tías son súper raras con eso.

—Esta... Bueno, está fuerte en realidad, prácticamente me detuvo solo con fuerza de que me despeñara por la montaña. Solo que realmente no había pensado en... Tirármela —Suiza va a ESTRANGULARTE cómo se entere.

—Eres taaaan inocente, bru.

—Eh! ¡Calla! ¡No soy inocente! Puedo tirármela desde luego, es muy fácil, pero es que... —mira a la puerta.

—¿Es que qué?

—Pues es la madre de Schweiz, es cómo acostarme con él —o con Lili.

—Nah, hombre, es cómo... yo qué sé, Rom. No es cómo acostarse con Frankreich y Spanien.

—En realidad no sé si QUIERA acostarse conmigo —se lo plantea poniéndose nerviosito.

—Pero si tú eres Awesome, claro que va a querer, en una casita en la montaña os rejuntáis a dormir por el frío... ¡está chupado! —pero que morro tienes de decir eso.

A todo esto, Helvetia se está ocupando de arreglar la casita ahora mismo, buscar comida por dentro y encender el fuego. Lo peor es que Alemania... No sé, el prospecto de tirarse a una chica y que le abrace a media montaña no es tan terrible. Al contrario, ya empezó a sentir calorcito en lugares particulares y a pensar que quizás no esta tan mal la idea.

—Además, si el señorito puede tirarse a Schweiz, no sé porque tú no puedas.

—Y Germania se está tirando a Italien.

—Ja! ¡Eso mismo!

—Vale, voy a intentarlo —¿la seguridad germana donde quedó, Alemania? ¿Cómo que INTENTAR? Se levanta del suelo y se arregla la camiseta, oliéndose las axilas y notando que apesta a chito.

—Awesome! ¡Buena suerte!

—Danke. Te contaré —cuelga nervioso y suspira ahora con una idea clara en la cabeza.

Y... Suiza está muy, pero MUY decepcionado de TODOS. Bola de calenturientos… Suiza al que Austria lo toca con un PALO y ya se pone histericolocoperdido. Cómo sea, ese es Austria y esa es otra cosa. Ejem. Alemania se pregunta si podría ir al río a asearse o algo y a falta de más cosas, lo que hace es tomar una bonita Edelweiss de por ahí y llevarla a la puerta, peinándose un poco de nuevo. Toca.

—Vete, no pienso abrirte —la mejor manera, Helvetia, de que no sepa que andabas espiando si se ha ido ha vuelto y lo que hace y no hace.

—Te he traído una flor.

—Una flor que era mía y tú has matado arrancándola del suelo. Y que no sirve para nada ahora.

Alemania mira la flor y levanta las cejas porque otra vez, tiene razón.

—Oh. Bueno, Ehm... Ja. Pero a las chicas les gustan las flores, ¿no?

Se sonroja de nuevo tras la puerta. Alemania caminando en terrenos COMPLETAMENTE desconocidos.

—¿Por qué no me abres?

—No seré tu novia y no voy a tirar nada, no me importa si hablas solo —ha intentado no escuchar lo que decías y respetar tu intimidad pero... de todos modos no ha entendido demasiado.

Alemania se sonroja con lo de tirar apretando los ojos sin tener IDEA de que hacer. Porque además Italia siempre ha querido con él, SIEMPRE. Eso lo hace mucho más fácil, porque nunca ha tenido que hacer cosas para gustarle a alguien más.

—Ehm... Pero tu... Yo... Tú a mí me —carraspeos—. Gustas.

Se oye un suave iiiih mientras vuelve a taparse la cara que puede que dé por finalizada esta extraña conversación. Alemania vueeeelve a tocar la puerta. Porque además ahora... No puede decirle a Prusia que no se la ha tirado.

—¡Vete! ¡No me gustas!

—Verdammt —susurra —. ¿Y a dónde quieres que me vaya ahora? es de noche y hace frío...

—Ha-Haberlo pensado antes.

—¿Antes? ¿¡Antes de qué!? Yo pensé que vendrías conmigo, eso me hiciste pensar.

—Tú lo pensaste.

Alemania suelta un bufidito.

—¿Por qué no me quieres dejar pasar?

Se va a hacer más cosas, toda sonrojada, sin responder. Alemania toca otra vez la puerta. Ni caso, pero piensa que es de verdad, DE VERDAD pesado.

—Helvetia —además tono frío y seco alemán nerviosito.

Aun así, ella sabe un poco cuando empieza a tensar demasiado la cuerda, se muerde el labio pero no responde.

La cosa es que... Si este fuera Germania ya estaría ideando una manera de entrar a la casita, o de hacer que ella saliera. Alemania espera neciamente una respuesta racional y que le deje pasar cómo las personas normales y civilizadas. Vacila en la puerta... ¿Y si en serio no le gusta? ¿Y si no abre? Quizás ahora estaba haciendo el ridículo con la madre de Suiza...

Helvetia le espía un poco más y en cuanto nota que se gira, abre un trocito de puerta y saca unas mantas y un pedazo de queso cerrando la puerta otra vez tras dejarlo. En cuanto lo nota cuando oye la puerta, Alemania parpadea y levanta las cejas.

—Oh... —mira las mantas y el queso y suspira entendiendo el mensaje claramente. En realidad con lo mal que huele no le sorprende, tampoco con lo mal que lo hace—. Danke —agradece con solemnidad al otro lado de la puerta, vacila un poco más parado en el filo entre rendirse y volver a intentarlo... Pero es que el queso se ve bueno, mejor que los geles de proteína que trae en la mochila...

Y ella se muerde el labio porque su parte cuadrada mental le dice que le da asilo a cualquiera que lo necesite en la montaña por muy rubio de ojos azules que sea.

Alemania saca un plástico, dobla la manta y la pone sobre él para que no se le humedezca, se sienta en el suelo sobre ella y le da una buena mordida al queso y piensa en algo que quizás para ella sea importante. Saca su cartera y toma un billete, se levanta de la manta y se acerca otra vez a la puerta y lo mete por debajo.

No te creas que ha dejado de espiarle desde el otro lado y cuando lo ve levanta las cejas porque POR SUPUESTO que le da asilo a cualquiera que lo necesite y ADEMÁS pague por ello, por muy rubiodeojosazulessobremusculadonietodethor que sea. Ah, y huele raro. Mal. Le pone nerviosa.

—Te he metido dinero bajo la puerta. Es por la cobija y el queso —indica cambiando el peso de pie, antes de girarse otra vez a su manta—. Tengo otro Gatorade aquí, puedo vendértelo si quieres.

El problema es que si no le deja entrar es porque le gusta y tiene un problema con él. Y NO le gusta. Está claro. Se sonroja y abre el pestillo de la puerta sin más respuesta.

Alemania y los tsunderes parte uno. Sí, uno. UNO. No trata con ninguno.

Él no se entrara de que has quitado el pestillo, va a sentarse a las mantas otra vez y a sacar un gel de proteína porque tiene más hambre que el queso. Seguramente vas a entender un poco más a Austria y Francia después de esto. Puede que hasta a España. Seguro vas a entender también una cosa más que le ve Austria a Suiza. Porque los tsunderes tienen evidentemente su lado... Mono.

El caso es que ella se queda mirando a la puerta sin entender porque no entra, pero bueno, si no quiere aceptar su oferta de asilo, allá él. Recupera el dinero, guardándoselo encima celosamente y se prepara para dormir.

Alemania mientras tanto se pregunta seriamente si su perro se ha perdido en la montaña... Y si debe mear en cualquier sitio, decidiéndose por un árbol lejano. Le silba unas cuantas veces al perro y lo llama sin respuesta pensando, claro, que lo único que le falta es perder al perro. Quizás solo estaba dando un paseo... Suspira volviendo a la casita, notando con agrado que lleva casi todo el día, pero en especial la tarde, olvidándose del todo de la vorágine dramática de Italia y su casa, por concentrarse en seguir a Helvetia y hablar con ella y lograr que confíe en él... Aunque no ha logrado mucho.

Quiero decir que el perro está dentro, Helvetia lo ha hecho entrar por detrás para que no se hiele.

Cómo parte de la costumbre de su régimen militar mental, se acerca a su "cama" y hace dos series de diez sentadillas, abdominales y lagartijas, para destensar los músculos... Y entrar en calor. Ejem. Porque no tiene frío, el frío es mental.

Al cabo de un par de horas, empieza a nevar.Y al cabo de treinta minutos bajo la nieve más ahí tienes a Alemania otra vez en la puerta, tocando con menos tranquilidad.

—Helvetia.

De hecho se debe abrir sola.

Alemania entra, titiritando se frío, teniendo que agacharse para no arrancarse la cabeza con el techo. Adentro esta cómo dos mil grados más calientito.

Helvetia está tirada en el suelo en su esterilla, frente al fuego, abrazando al perro.

Alemania parpadea sin poderse creer que el perro esté aquí, luego frunce un poco el ceño pensando que podría ser él y no el perro el que estuviera ahí. Se sonrooooja con el prospecto de acostarse con una chica románticamente frente a la fogata. Se sienta pesadamente a su lado empezando a desanudarse las botas.

Ella duerme con un ojo abierto cómo siempre, se incorpora y el perro se asusta también.

—S-Soy yo, Deutschland, hijo de Germania —murmura temblando de frio.

Ella se aleja un poco y el perro se levanta ladrando un poco.

Alemania está indignado con el perro. Pero indignado. De hecho suelta una orden de esas que con una palabra dicen "cállate, échate en la nieve y no te levantes ni aunque caigan seis kilos de nieve sobre tu cabeza a la vez que una bomba nuclear" con voz de nazi. Hasta Helvetia se echa al suelo con eso.

Bien. Gracias por la colaboración de ambos. Alemania les mira de reojo al perro primero con ultra fulminación, a Helvetia después con un poco de terror. Se quita las dos botas sintiéndose tan sucio y oloroso cómo no se lo sentía desde la guerra donde no importaba.

—Está nevando —murmura cómo explicación mirándola de reojo—, y tengo frío.

Helvetia se humedece los labios medio dormida y se aparta un poco más a un lado sin pensar mucho.

Alemania tiene un doctorado en dormir al lado de alguien aunque no estés cómodo con ello... Así que se humedece los labios también y se acuesta boca arriba a su lado preguntándose qué es lo que sigue. Necesitó años enteros de hacer esto para tener sexo con Veneciano...

Ella se hace bolita cerrando los ojos y luego cae en la cuenta de lo que acaba de hacer.

Hola Helvetia. Sí. Acabas de meter a un hombre a tu cama.

La parte buena es que Alemania es bueno en esto... Al menos por ahora. Esta inmóvil y consigue de alguna rara manera estar prácticamente arriba de ti... Sin tocarte. De hecho insisto en que no es una cama, es una esterilla en el suelo. Pues más aun... No se cómo es que están los dos dentro de la esterilla.

De hecho creo que ella está mitad fuera... le da la espalda con los ojos abiertos cómo platos, inmóvil y quisiéramos saber cómo es que Germania consigue hacerle… En realidad Alemania es en este momento el más interesado.

El alemán se mantiene inmóvil unos segundos más, tratando de controlarse y dejar de temblar, por el amor de dios... A saber si tiembla de frío o en realidad de nervios.

—¿Helvetia? —pregunta bajito.

Ella aprieta los ojos y se finge dormida... haciéndose más bolita, es decir, tremendamente mal.

—Dankeschön por tu hospitalidad. Me estaba helando.

Traga saliva y gira los ojos un poco hacia él cómo para mirarle de reojo sin decir nada. Él trata de buscar un tema en común para hablar de ello. Con muchas dificultades.

—Te gustan los perros. ¿Tienes uno?

—No.

—¿Por qué?

—Tengo muchos.

—Ah —responde mirándola de reojo y hasta ahí se les acabó el tema de conversación.

Alemania carraspea y se gira hacia ella sin tocarla, aunque se tensa cuando se mueve.

—¿No quieres hablar?

—Es hora de dormir —para ti nunca es hora de hablar de todos modos.

Alemania se pregunta cuantas veces él le dijo esa misma frase a Veneciano. Lo siguiente que se le viene a la mente y... No sé, Alemania, si sea adecuado que lo pienses así... Es preguntarle directo. Eran adultos y tal vez Prusia tenía razón y si no lo hacía se enojaría. Prusia sabía mucho de chicas.

Levanta una mano y se la pone en la cintura con suavidad. Helvetia mete un bote y se aparta tres kilómetros.

Carraspeo, carraspeo.

—¿Quisieras...Un beso? —Oh, sí, SE LO HA DICHO.


Bueno, creo que alguien en ask estuvo preguntando sobre esto así que... tacháaaaan. ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!