—¿Quisieras...Un beso? —Oh, sí, SE LO HA DICHO.
—¿Queeeé? —se sonroja un montón pensando que ha oído mal. Alemania se quiere morir, de hecho puede que le dé la espalda y se haga bolita.
—N-Nada. Perdona.
Ella parpadea otra vez sin entender que acaba de pasar y poquito a poco vuelve a acercarse a hacerse bolita y darle la espalda también a su lado.
Alemania se relaja un poco sintiendo esto algo más cómodo y natural y después de un rato vuelve a ponerse boca arriba.Y es que... No tiene idea de cómo entrarle, ni cómo hacer nada más que quedarse ahí con cara de idiota. Y para colmo, está de verdad muuuuy cansado. Y esto es tan pacífico y silencioso...
De hecho creo que ella ya se ha dormido.
Alemania escucha la respiración acompasada y piensa en, también, tantas noches que pasó exactamente así con Veneciano, sin saber qué hacer. Suspira y se deja vencer por el sueño.
Y Helvetia se mete un SUSTO al despertarse y sentirle a su lado. Posiblemente además Alemania, que está falto de cariño últimamente, este abrazándote pensando que eres Italia. Helvetia rápidamente intenta soltarse cómo si la vida le fuera en ello sin importarle si le despierta. Puede que ella lo abrazara un poco también, además.
Alemania, que no tiene el sueño pesado precisamente, abre los ojos de golpe al sentir a alguien cerca, porque sí, se ha habituado también a dormir solo.
Ella se revuelve hasta que la suelta.
No tarda mucho, sentándose al ver que no es Veneciano, levantando las cejas. Puede que hasta suelte un gritillo grave.
¡Bieeeen uno que no chilla cómo niña!
(Alemania #estanmacho que ni Aceite puede hacerle chillar cómo niña.)
Helvetia acaba casi prensada contra la pared y el perro les ladra un poco y les mueve la cola.
—Verdammt —protesta Alemania mirándola toda despeinada... No creas que tú estás mejor... Y asustada. Parpadea un par de veces antes de que le caiga donde está y que hace aquí.
Ella también cae en la cuenta de lo que pasó ayer noche (y de lo que NO pasó) toma aire con profundidad, calmándose y se levanta
Alemania se relaja un poco al ver que se levanta, tallándose los ojos. Helvetia se dirige a la puerta y sale de la casita.
Alemania respira pensando también en lo que no pasó anoche, lamentando su absoluta inutilidad para hacer estas cosas. Se acerca al perro y le acaricia la cabeza un poco antes de salir para dirigirse a su árbol a mear. Todos tan silenciosos.
Ella está meando también escondida entre los arbustos.
Espero que no sean los mismos arbustos. Alemania bosteza pensando que ha dormido SOSPECHOSAMENTE bien para estar con una desconocida a la mitad del bosque, en una sola esterilla en el suelo. Creo que se van a asustar un poco el uno al otro cuando ella salga de entre ellos.
Alemania además con el asunto entre manos. Si. Creo que se van a asustar un montón. Otro grito varonil. Oullea.
El nivel de sonrojo de Helvetia, creo que ella si pega un grito de chica antes de salir corriendo a la casita. Alemania creo que hasta se cae de culo con las manos ahí sin estar en lo absoluto acostumbrado a alguien así. Se levanta súper sonrojado y se mete entre los árboles para terminar de mear tranquilo, con las orejas y el cuello roooojos rojos. Todo esto es muy distinto a lo que acostumbra.
Helvetia da vueltas en la casita HISTERICA sin saber qué hacer cambiando cosas de sitio y sin poder creer que le haya visto el... eso. Sonrojada de muerte, puede que sí meta la cabeza en una olla.
Suiza la entiende, aunque esté muy indignado con esta parte de la historia.
Alemania... No tiene idea de qué demonios está haciendo, pero por alguna razón misteriosa sigue muy avergonzado un buen rato incluso después de haber terminado de mear. Es el frío el que le dirige otra vez a la casita. Malditas prendas evaporadoras de sudor que no cubren nada, y se la encuentra muy ocupada con la olla en la cabeza y las manos sobre la cara.
Alemania levanta las cejas e inclina la cabeza.
—¿Q-Qué haces? —pregunta con curiosidad real. ¿He dicho ya que él no suele convivir con tsunderes?
Helvetia se queda paralizada y hasta la olla debe volverse un poco roja. Alemania cae un poco en la cuenta de que puede que quizás esté un poco avergonzada.
Se quita la olla de la cabeza lentamente sin mirarle a los ojos. El alemán se sonroja también al verla, en reflejo, guardándose las manos en los bolsillos del pantalón. Carraspea.
Como si no acabara de pasar, ella se vuelve empezando a recoger cosas en una bolsa. Alemania levanta las cejas y repentinamente se le ocurre que quizás ha entrado en razón y ha decidido que se viene con él. Asiente y empieza a ayudarle.
—¡Eso es mío! —protesta cuando le ve tomar algo.
Alemania parpadea porque además estaba tan cómodo en este estado de "no nos hablamos ni hacemos ruido"...
—Ja, te estoy ayudando a empacar.
—No lo hagas —cambia de sitio las cosas. Él hace los ojos en blanco.
—¿Eres así siempre con cada cosa que pasa? —pregunta soltándolo y yendo a su mochila.
—Es mío —susurra mientras sigue recogiendo.
Alemania saca las bolsitas de gel y tiene mucha mucha hambre aun... Pero la mira de reojo y vacila un poquito. Piensa en lo bueno que sería que ella convenciera a Suiza de entrar a la comunidad económica.
—¿Ya comiste algo? Tengo esto.
Mira lo que le ensena con el ceño fruncido, echándose un poco atrás.
—Es comida. Ñam ñam. Mira —abre el otro paquetito de gel y se come un poco—. Es asqueroso, pero equivale a comer varias salchichas y quita el hambre.
—No quiero eso —sigue haciendo la bolsa.
—Mmm... Bueno —se lo guarda otra vez y la mira de reojo sin saber que más decir ni que hacer. Opta por revisar sus pantalones rotos.
Ella pone los ojos en blanco pensando que se va a morir. Va a por frutas secas y raíces y más queso que tiene escondido, porque no tiene aquí el rebaño.
Es turno de Alemania de espiarla. De manera completamente obvia además. De hecho puede que en esta parte, Helvetia note una vez más lo increíblemente parecido que es Alemania a su padre. Simplemente la observa, curioso y en silencio, casi pareciera que está cuidándola a lo lejos.
Helvetia lo deja todo sobre la mesa comiendo un poco de algo mientras acaba de meter cosas en su bolsa y mira a Alemania de reojo.
Alemania traga saliva y la mira también.
—¿Ya estas lista?
—Come.
—¿Que coma? Me estás dando de tu comida —levanta las cejas.
Ella se sonroja un poco otra vez y no le mira organizando las cosas por quinta vez, no tienes tantas cosas para que estés tanto rato montando la bolsa.
El de ojos azules la mira de reojo otra vez genuinamente convencido. Por un lado parece odiarle y querer que se vaya, por otro le da comida.
—Danke —murmura y... Mira las cosas que hay aquí de comer. Insisto que creo que ni en la guerra comía cosas tan silvestres. Opta por los frutos secos.
Ella come también, en especial queso que es lo que más le gusta.
Alemania aprovecha para observarla bien... Siguiendo las técnicas de Rusia por lo visto, es decir, un poco intensamente. Está LEJOS de ser la chica italiana despampanante del otro día, pero tiene ojos bonitos y labios delicados. Liechtenstein se parece a ella también, en realidad. Puede incluso que más que Suiza. Esa idea le hace sentir considerablemente mejor. Ella le mira y se mira las manos intermitentemente, muy nerviosa con tanta observación, cambiando de postura cada poco segundos.
Alemania piensa que con un buen baño (otra vez esa idea, lo siento, este hombre es obsesivo), y ropa un poco mejor podría incluso parecer bonita. Frunciendo menos el ceño estaría mejor. Trata de imaginarla en un bonito vestido para la boda y falla miserablemente. La cosa es, ante todo, conseguir que hable un poco más y que confíe en él... Quizás después del sexo se portara más colaboradora.
Ella, HISTERICA de tanta mirada, se levanta con determinación. Se cuelga su bolsa a la espalda, recoge lo que queda de desayuno, guardándolo y sale a por un palo que le guste. Alemania da un bote y ahí va tras ella, no crean que no, colgándose la bolsa y llamando a su perro.
Y ahí va Helvetia camino a Berna. Alemania, no que no tenga sentido de orientación.
—Mi coche no está para allá.
—Bern está para allá.
—Pero no vamos a Bern, vamos a mi coche y luego a Berlín —camina más rápido que ella y se le pone enfrente.
—La boda es en Bern.
—Germania no está allí. Ni Italien. El plan es venir a Berlín como mi novia.
—¡No voy a ser tu novia!
Algo en el orgullo alemán hace que frunza el ceño.
—¿Por qué?
Ella esconde un poco la cabeza en sus hombros y se sonroja.
—Puedes venir conmigo y hacerte pasar por mi novia o venir conmigo y ser mi novia hasta la boda.
—¿Por qué?
—Porque necesito una novia para la boda y tengo una casa con siete cuartos vacía. Österreich me pidió que viniera y quiero vengarme de Germania y... Tú también estás sola aquí. ¿Por qué no es un buen acuerdo? Sé mi novia hasta la boda, te juro que lo haré bien.
—¿Por qué la necesitas?
Vacila un poco.
—Porque Italien va a ir con alguien más y... —se humedece los labios y se encoge de hombros —, tú también vas a ir sola a la boda, ¿no? Germania va con Rom.
—Yo voy sola a todos lados, no necesito a nadie.
Alemania tuerce el morro.
—¿No tienes amigos o gente con la que hablar? —pregunta inclinando un poco la cabeza.
La chica le mira un poco desconsolada con eso, porque la gente se le da muy mal y a veces... se nota demasiado.
—Tienes todo el tiempo del mundo por delante... Toda la eternidad quizás —se humedece los labios—. ¿Qué mal te puede hacer venir conmigo un tiempo e impresionar a Germania y a todos con ello?
—I-Impresionar...
—Simplemente es hacer que Germania vea que si está con sus otras novias...o con Italien, tú también puedes conseguirte algo más awe —se acaba de sentir completamente Prusia con esta frase —... some.
Helvetia gira un poco la cara y le mira medio sonrojada, medio no muy convencida.
Alemania vacila un instante, traga saliva, se pone muy muy nervioso. Pero muy MUY nervioso y se acerca a ella para darle un beso en la mejilla.
Y quiero ver a Alemania KO en el suelo en 3,2,1…Con una patada en la... zona.
—Ugh... —quizás esto sea hasta con voz un poco más aguda.
Lo siento, esto sería más fácil si tu padre no le hubiera hecho... lo que le hizo. De hecho lo entiendo. Alemania está habituado a Italia que podría sonreírle por el gesto. Bien... KO, porque además la muy bestia patea fuerte.
Helvetia le mira con el corazón aceleradísimo. Alemania solo está en la posición clásica, tirado en el suelo retorciéndose un poco
Helvetia es que no sabe qué hacer, se arrodilla junto a él. Debe oír un "mmmm" de Alemania que está tratando de verdad de recuperar la compostura. Puede que ahora este en tres patas, la cuarta aun deteniéndose ahí.
Ella le pone la mano sobre el hombro agobiada.
El alemán resopla un poco pensando un poco más claro... vale, ahora ya no pasa nada, seguro ha perdido la función de sus regiones vitales, no tienes de que preocuparte, Helvetia. Más vale que Prusia no se entere de esto.
—E-Estoy bien —susurra el muy macho con voz cortada.
—No lo creo —punto a favor de Helvetia—. Tengo... tengo un ungüento...
Alemania gruñe un poco. ¡Ungüento! Traga saliva y la mira de reojo avergonzado de tener que aceptar su ungüento...
Ella lo busca dentro de la bolsa.
Alemania toma aire y se sienta con dificultades en el suelo. Ok, vale, no, decide que mejor acostado doblando las piernas en posición fetal. Solo cinco minutos más y ya estará listo para moverse y caminar todo el día y tirarse a la mujer loca que le patea los bajos.
Ella lo saca y se vuelve a él, poniéndole la mano sobre el brazo otra vez. Alemania mira la mano de reojo y luego mira hacia el ungüento, nada seguro de querer aplicar nosequé en sus regiones vitales.
—Muévete —sí, pretende hacerlo ella.
—Que me... Was? —susurra.
—Gírate y bájate los pantalones.
—W-Was?!—la mira realmente incrédulo y si le empujas va a caerse de lado porque está débil cómo un corderito. Lo demás te será simple, Helvetia. Lo hace, en su postura médica.
Alemania no puede hacer más que dejarse caer cómo bulto e intentar asegurar que él puede hacerlo solo... dudo que le hagan caso.
El problema es que las cremalleras no sabe cómo funcionan porque en general a los heridos en la montaña les corta la ropa con un cuchillo. Alemania se dispone a hacer el monumento a la cremallera.
Así que pelea con ella mientras Alemania le pone una mano sobre las suyas.
—Espera. Espera.
Se detiene y le mira.
—N-No así —suelta su subconsciente al parecer.
—Eh?
—No me hagas. Yo puedo.
—Ah —asiente y se lo da. Se relaja con esto dejando caer la cabeza al suelo.
—¿Que creíste que te iba a hacer? —pregunta abriéndose los pantalones sin bajárselos. Y sin enseñar más allá del elástico de sus bonitos calzoncillos Hugo Boss.
Ella se emboba un poco, nerviosa. Alemania tienta la cosa que sea que le haya dado con el ungüento hasta que consigue abrirla o encontrar donde está. Lo siento, Helvetia, creo que de una sola aplicación se va a terminar medio ungüento.
La mira de reojo y con cuidado se mete la mano con el dedo lleno de ungüento a los calzoncillos. Y la verdad no creo que sea una mala imagen en conjunto: despeinado, con los pantalones medio rotos, calzoncillos al borde, abdomen cuadriculado de fuera, se le ve la V también, que tiene bien marcada y ahora mismo cara de cierto alivio porque de menos se está sobando un poco las adoloridas bolitas con algo que da la sensación de fresco. Pues es que a la chica se le cae la mandíbula y la baba.
Alemania aprieta un poco los ojos y es que... Se siente bien, en realidad.
—¿Qué tiene tu ungüento?
No sé qué te hace pensar que te escucha. No sé qué les hace pensar que Alemania se da cuenta de algo más allá de sus regiones vitales en recuperación. Hasta suelta un "Mmm" de satisfacción cuando saca la mano al fin y se queda ahí acostadito. Ella aun esta con la boca abierta.
—Vaya golpe me diste —murmura.
Ni caso. Él se incorpora un poquito y la mira.
—¿Helvetia?
Ni caso. Alemania carraspea y ella parpadea un poco.
—Te diría danke —la mira de nuevo y ahora así no la toca.
—¿Eh?
—Pateas fuerte, ya veo que te defiendes —murmura sintiendo que todo esto es bastante... Pff... Bueno, extraño sinceramente. Helvetia asiente.
Por ahora se siente un poco mejor, al menos ya no siente entumecidos hasta los dedos del pie ni ganas de vomitar. Ella se sonroja de muerte levantándose y apartándose. Alemania intenta levantarse, aun un poco doblado, así que esta menos ágil que de costumbre, obviamente.
—¿Insistes en no hablar conmigo? ¿No crees que esta patada ya rompió el hielo?
—Lo siento.
El alemán suspira.
—No pasa nada, me lo he ganado en parte. Todo esto es absurdo—se encoge de hombros—. Iba a darte un beso, ni me conoces bien, ni te conozco...
—¿Por qué ibas a hacerlo? —pregunta bajando la cara en medio susurro.
—Porque se supone que estaba intentando agradarte.
Ella se sonroja de muerte otra vez.
—¡Tenemos que irnos! —chilla
—¿Eh? ¿A mi coche?
—¡A Bern! —chilla.
—¡Nein! No hay nada en Bern para ti, no caben en casa de Schweiz —se pellizca el puente de la nariz sonrojado el también.
—Pero la boda es en Bern —insiste.
—Ja, pero faltan varios días para la boda. Vine por ti antes porque Österreich asegura que después no se puede bajar, por la nieve.
—Ya lo sé.
—Pues por eso es que hay que ir a mi coche.
Pone los ojos en blanco porque ese estúpido coche le parece una idiotez, suspira y se dirige hacia el coche.
Alemania levanta las cejas y sonríe un poco de lado considerando que al fin sale vencedor en una. Ahí se va tras ella aun medio cojeando, quien le va mirando de reojo de nuevo sin mediar palabra durante todo el camino. A la mitad de camino Alemania le ofrece un caramelo pero ella niega con la cabeza porque no quiere pagarlo.
Alemania insiste y Helvetia niega de nuevo.
—¿Todo es tan difícil siempre contigo?
—¿Qué?
—Contigo. ¿Darte algo o algo? —protesta pensando que, joder, ya le dio una patada. Ya vale, ¿no? Amigos.
—No quiero comprarte eso —responde secamente.
—¿Comprarme? No te estoy vendiendo nada, te estoy dando un caramelo, ¿Cuándo Germania viene aquí te vende las cosas?
—Tú no eres Germania —sentencia girando la cara.
—Nein, soy Deutschland y a mí no tienes que comprarme cosas —tienes que convencer a Suiza de que entre a la comunidad.
—¡Tampoco seré tu novia por unos caramelos! —replica sin poder creer que crea que solo con eso va a lograrlo.
—Aliada.
—Aliada... —repite ligeramente descorazonada con esa nueva palabra.
—Aliada o algo. Insisto que me pateaste sin consecuencias, eso demuestra buena voluntad.
—Ya te di mi ungüento por eso —vuelve a bajar la cabeza frunciendo más el ceño.
—Ja, y yo te daba un caramelo.
Helvetia se gira, sin contestar. Alemania suspira preguntándose si Suiza en la vida diaria es así con Austria. Sigue caminando en silencio metiéndose la mano al pantalón y sobándose de nuevo un poco las regiones vitales, notando que el ungüento es bastante bueno, ya que el dolor le ha disminuido bastante. Iba a cobrarle todo esto en especies a Austria, ni siquiera sabía cómo, pero seguro sería caro.
Helvetia va pensando en todo este asunto mientras camina. No es que realmente haya despreciado el caramelo, realmente no lo quería porque el azúcar da demasiada sed al caminar y no llevan tanta agua, aunque dé energía tampoco es que la necesite ahora mismo después de los frutos secos del desayuno. Y luego está ese asunto de... ser su novia. O aliada que no sabía del todo que significaba, tal vez solo era una palabra nueva para decir lo mismo, pero... le mira de reojo.
Alemania está dándole unos traguitos al Gatorade porque, claro, le ha dado sed el caramelo.
En realidad no se parecía tanto a Germania, pero... tiene algo igual que le pone nerviosa y la hace parlotear cómo tonta también, aunque parece que no hay forma que él se calle en realidad.
Parlotear… si consideramos que seguro puede pasar tres días seguidos con Suiza sin casi hablar...
El caso es que no entiende del todo eso de vengarse de Germania, le parecía idiota y a Germania le daría igual, sonaba cómo una excusa para tratar de hacerle eso otra vez. Ella no se vengaba de Germania cuando se iba con sus novias a las que no conoce, nada más se daba la vuelta y se hacía cargo de sus tareas. Cómo siempre. Ese era su lugar en el mundo, donde se sentía realmente cómoda. No necesitaba un hombre que estuviera todo el tiempo diciéndole qué hacer y quejándose.
—Estuviste antes ya una vez en Berlín.
Ella sale de sus pensamientos y le mira. Sí, en efecto no se calla.
—Esa vez que Schweiz perdió la memoria.
Frunce el ceño porque en realidad no se enteró del todo a qué fue.
—Esa casa es mi casa.
Ella asiente un poco. Alemania saca su GPS y nota que, en efecto, Helvetia se dirige a su coche por otro camino distinto al que él hubiera usado. Se encoge de hombros.
—¿Qué más necesito saber de ti para vivir juntos los próximos días? ¿Tienes alergias?
—¿V-Vivir juntos? —pregunta levantando las cejas.
—Ja —es que se lo ha dicho cómo diez veces así que ya no le parece novedoso.
—Pero tú tienes una casa —responde ella porque sí se lo ha explicado y le ha escuchado.
—Ja. Con siete cuartos.
—No necesitas cobijo —replica porque sí, eso es lo que cree que le está pidiendo. Alemania parpadea incrédulo.
—A ver. Más tarde no podremos bajar, ¿estás de acuerdo en eso? Entre más se acerca el invierno.
—¿No podremos bajar? ¡Vamos a los valles!
—Nein, Nein... Helvetia, escúchame. Vamos a Berlín.
—¿Para qué vamos y luego volvemos? —frunce más el ceño porque eso es estúpido.
—Porque no podemos quedarnos aquí porque habrá mucha más nieve pronto y no cabes en casa de Schweiz —razona con paciencia a pesar de que ya se lo ha dicho.
—Pero Berlín está lejos y luego hay que volver—trata de razonar sin entender esto como un viaje de varias horas en coche y varios días en una casa como Alemania.
—Te traeré yo en mi coche, muy rápido.
—No pienso subir a tu coche.
Alemania toma aire y lo suelta, rezando por paciencia. Nah, clamando. Los que rezan son los latinos y su padre.
—¿Por qué? ¿No crees que Vater se impresione de ver que llegas en mi Mercedes vestida despampanante? —la confundes con Egipto.
—No me fío.
—¿Por qué?
—Los coches son esas cosas... hacen demasiado ruido y van demasiado deprisa. No subo.
Alemania toma aire.
—No voy a ir a Berlín en tren, hace más ruido y va más aprisa.
—No sé qué es un tren.
Levanta las cejas.
—Es un sistema de transporte que va sobre —carraspea pensando que no va a entender eso tampoco—, vías. Te lo enseñaré en casa.
Le mira de reojo y niega con la cabeza porque... otra que tiene ideas propias sobre la modernidad. Alemania camina otra vez hasta ponerse frente a ella y vacila esta vez sin ponerle las manos en los hombros
Helvetia se detiene y frunce el ceño porque así no van a llegar nunca. Él se pone en cuclillas protegiéndose la zona en cuestión con una mano.
—Vamos a mi coche, ¿cierto?
Ella asiente una sola vez.
—¿No vas a subirte a mi coche?
Niega una sola vez de nuevo.
—¿Entonces?
—¿Qué?
—¿Qué va a pasar cuando lleguemos al coche?
—Tú querías ir al coche.
—Para irme a mí casa contigo.
—No... Voy a ir a tu casa.
En realidad, no le sorprende del todo a Alemania. Sigue siendo un absoluto desconocido.
—Ni aunque Schweiz y Österreich...
—Voy a ir a Bern, no tiene sentido ir a otro lugar.
—No hay lugar para ti en Bern. Justo por eso he venido por ti.
—Siempre hay una cabaña.
—¿Y qué hay de todo lo que dijimos ayer de vengarnos de Vater, de impresionarles a todos, de vivir cosas nuevas?
Se sonroja y aparta la cara un poco incomoda.
—Ni siquiera estás enfadada con él —murmura apretando los ojos y poniéndose de pie y pasándose las manos por el pelo—. Vendrá aquí y estarás con él haciendo lo que sea que hacen, brincar por ahí.
—¡No me gusta que venga! —asegura, cosa que es una TREMENDA MENTIRA, pero es que le da mucho mucho miedo salir de sus tierras.
—No te gusta nada más que estar aquí, lo cual es casi predecible conociendo a Schweiz.
Ella se echa un poco atrás y se sonroja.
—Lo que si no puedo entender es que estés tan poco interesada en conocer lo que sea. No te estoy invadiendo, ni siquiera estoy diciéndote que te vayas de aquí por mucho tiempo y ya has dejado claro que puedes defenderte bien. Mein Gott, ¡es que hasta mi perro tiene más curiosidad que tú por ver que hay más allá de las montañas!
—Tengo suficiente montaña con las mías —responde aunque sabe que no es verdad, ha visto los libros con dibujos de hojas y plantas en las librerías de la ciudad cuando baja (cosa que evita todo lo posible) y hay muchas que no conoce y no sabe lo que hacen.
—No hay montañas atrás de las montañas —niega con la cabeza y se encoge de hombros.
—No me gustan las ciudades. Ni los llanos —responde.
—No te gusta nada.
—No.
Alemania la mira un poco frustrado. Ella gira la cara porque en realidad sí hay un lugar de casa de Germania al que quiere ir, pero no se atreve a hacerlo.
—Si confiaras más en mí, ¿vendrías?
—Hay un lugar... —empieza sin mirarle. El alemán parpadea cambiando del todo la línea de pensamiento al ver que habla.
—¿Ja?
Se quita la bolsa y busca dentro mientras que Alemania levanta las cejas sin decir nada. Helvetia saca una caja de aspirinas muy muy sucia y rota, se la muestra.
—Aquí.
Alemania parpadea.
—¿Quieres ir a la fábrica?
Asiente una sola vez, porque quiere saber cómo se hacen. Se las dió alguien a quien ayudó en la montaña y le dijo que las hacían en las tierras de Germania, tal vez con una de esas plantas que vio en el libro.
—Puedo llevarte a la fábrica si quieres, puedo enseñarte a hacerlas en casa y puedo darte más —hasta sonríe un poco porque siempre ha estado muy orgulloso de sus aspirinas
Asiente otra vez conforme, tan seria.
—Pero debemos ir en coche.
Ella niega.
—Ja —concluye seriamente dándose la vuelta y empezando a caminar otra vez.
—Yo no voy a subir al coche —anda igual.
—Pues iras corriendo atrás.
—Sí —justo eso pretende.
—Bien, suena cómo un buen plan. Aunque Berlín está lejos —responde más tranquilo de saber que sí tiene algo que ella quiere. Helvetia no responde nada, no pienses que la distancia le da miedo—. Igual que esas aspirinas hay otras cosas que podrían serte útiles. Más ungüentos y cosas así. ¿Suele dolerte algo? Quizás podrían hacerte una revisión general, un doctor.
—No —no lo entiendes, Alemania, ELLA es el médico.
—¿Te duele la cabeza?
—No.
—¿Entonces para que la usas? Es para el dolor.
—La gente, se hace daño —susurra.
—¿Cual gente?
—La gente de la montaña.
—¿Y?
—Y eso hace que les duela menos.
—¡¿Lo usas en las otras personas?! —levanta las cejas.
Asiente.
—¿Y no te gustaría darles cosas mejores? Además de tus aspirinas.
Ella le mira con eso.
—Cosas que les curen, por ejemplo. Podrías tenerlas tú y saber qué darles si les pasa una cosa o la otra.
Suiza opina que si Alemania quiere una madre...
—Ya sé que cosas darles.
—¿Siempre?
Asiente porque siempre se esfuerza muchísimo y hace lo mejor que sabe.
—Bueno, en la Bayer verás todas las otras cosas que hay y seguramente encontraras algo que te sea útil. Quizás podrías hasta decirles cómo preparar tu ungüento —saca el GPS para ver cuánto falta para su coche y no sé si falte mucho en realidad—. ¡Oh! Ya pudiste haberme traído por aquí cuando vinimos en vez de despeñarme. Si ya casi llegamos —hasta parece expresivo Alemania.
Helvetia le mira de reojo y piensa que estaba intentando que se cansara y se fuera pero en realidad está gratamente sorprendida de que no lo hiciera y aguantara la noche.
—Lo he dejado en la estación de esquí que está, por lo que veo, detrás de esta loma —sigue revisando su GPS tan feliz, de hecho, considerablemente más relajado y cómodo de lo que ha estado últimamente.
Ella pone los ojos en blanco pensando que todos los sajones son inaguantables y hablan un montón.
—... y necesito ducharme de inmediato —sigue Alemania parloteando.
Le escucha con atención a pesar de todo, sin decir nada, carraspeos incluidos. Mientras Alemania diserta sobre la importancia de las aspirinas y los baños y que su perro necesita uno también.
—Puedes bañarte en el río —susurra. Es como se baña ella.
—¿En el agua helada? —el señor soldado. Alemania, estamos decepcionados.
Se encoge de hombros.
—No es que no pueda bañarme en agua helada... Pero en un par de horas estaremos en casa.
—No vamos a Berlín.
—Ja, ¡vamos a Berlín! ¡En eso quedamos!
—Vamos a la fábrica.
Alemania vuelve a detenerse.
—Vamos a ir a Berlín, ahí voy a hacer yo una cita y cuando puedan recibirnos iremos a la fábrica.
Niega.
—¿Quieres venir a la fábrica?
—Vamos ahora.
—Nein, vamos mañana. Hoy vamos a bañarnos. No van a recibirme oliendo así, ni despeinado, ni sin cita.
—Báñate en el río al llegar.
—No hay río, Helvetia. La fábrica... Es que no te la imaginas siquiera por lo que veo. Es... —la mira, entrecierra los ojos y piensa un poco más—. Iremos hoy si te subes al coche.
Niega.
—¿Conoces el término "hacer concesiones?"
—No voy a subir al coche, si no quieres llevarme a la fábrica iré a Bern.
—Helvetia, Berlín está lejos. Muy lejos si vas a pie. Vamos a tardar más de un día y será cansado... Y sobre todo innecesario.
—No tengo prisa y no me preocupa cansarme.
—¿Por qué no VES mi coche?
—Ya sé cómo son, por eso no me subo.
—Vamos hasta él —camina otra vez.
Ojos en blanco porque ya es lo que están haciendo y no tardan ahora si en llegar hasta él. Alemania casi lo abraza en realidad, porque ya se ha cansado. Helvetia se detiene, esperándole.
El alemán abre las puertas a lo lejos y le silba al perro que debe estar muy feliz de la naturaleza, pero muerto de cansancio igual debe correr al coche y ladrarle para que lo abra. Alemania le abre la puerta lo primero y casi se desploma en el asiento del copiloto. El perro salta dentro directo a tumbarse en el cómodo y blandito asiento de atrás.
—Mira, vas a ver qué silencioso es...
Helvetia sigue de pie a unos metros del coche.
—Acércate —le pide levantándose del asiento de atrás y yendo al del piloto.
Ella da UN paso a él.
—El coche de Schweiz es pequeño e inestable. Este es grande y no se siente la velocidad —explica sentándose—. Y es muy silencioso.
Helvetia niega con la cabeza. Alemania lo prende.
—¿Ves? Silencioso.
De repente, suena el teléfono de Alemania y Helvetia da un salto atrás.
—Nein, Nein... Es mi teléfono, espera... —lo busca. Ella niega con la cabeza y decide empezar a andar mejor.
—Helvetia... Espera —mira quien es cuando finalmente lo encuentra.
"Österreich"
Se humedece los labios, vacila un poco y descuelga.
—¡Mira, Helvetia, es tu yerno!
Ella sigue andando hacia adelante por el camino por donde va el coche, más vale que la sigas.
—¿Hallo? —pregunta Austria al teléfono. Él cierra la puerta, arranca el coche a dos por hora y se le va a detrás.
—Se niega a subirse al coche —protesta al teléfono—. ¿Cómo la subo?
—Was?
—¿Desde cuándo necesitas que te repita las cosas? —protesta al teléfono bajando la ventanilla—. Helvetia, para, bitte.
—Creía que fuiste ayer por ella.
—Respóndeme.
—No tengo ni idea de cómo hacerlo, Deutschland. ¿Atándola?
—Was?! ¡No voy a atarla!
—Era una broma. Pero no deja de sorprenderme tu negativa tajante.
—Pues claro que no voy a atarla. Voy a llevarla a la… ¡Oh! ¿Puedes hablar a la Bayer y pedir hablar de mi parte con Wolfgang Plischke?
—Deutschland... ¿Qué estás haciendo? ¿A la Bayer? ¿Ya estás en Berlín?
—Nein estoy en... Uno de los cantones. ¿Hablas a la Bayer o no? Plischke. Dile que necesito un favor personal.
—¿Se ha roto tu teléfono? ¿Estamos acaso hablando por tamtam?
—Pues lo mismo me pregunto. ¿Que no me oyes? ¿Ya anotaste el nombre?
—Obviamente no. Veo que estás bien y te apañas perfecto entonces. Hablaremos pronto —se despide.
—Was!? Nein! ¡¿Que no me oyes?! ¡Te he pedido que hagas UNA cosa! —protesta al teléfono.
—No sé ni quién es esa persona y tu teléfono funciona perfecto, Deutschland. Tengo un montón de gente a la que gritar, solo quería saber que estabas bien.
—No lo estoy.
—¿Qué te ocurre?
—¡Estoy aun en casa de Schweiz, no sé cómo convencer a su madre y tú no me ayudas en NADA!
—Estoy seguro que eres un hombre lo bastante listo para manejar a una chiquilla.
—¡No es ninguna chiquilla! —es toda una mujer.
—Debe tener más o menos tu edad ahora mismo. Por la edad en la que desapareció, calculo yo.
No ayudas, Austria.
—¿Mi edad? —Alemania además te está haciendo cómo 20% de caso poniéndose al lado de Helvetia.
—No que tú seas un chiquillo, pero... —sigue Austria. Helvetia se aparta un poco del camino al arcén y le mira de reojo.
—Pues ella tampoco me parece una chiquilla, en lo absoluto. Helvetia, bitte, súbete al coche.
—De todos, eres perfectamente capaz de razonar con ella —sigue, Helvetia niega con la cabeza.
—Ja? ¿Razonar? ¡¿Es que acaso tú la conoces?! —protesta—. ¿Qué hago para que te subas?
—La he visto algunas veces, ja. Y conozco a su hijo —responde Austria. Helvetia no responde nada, solo anda junto a Alemania.
—¿Cómo convencerías a Schweiz de hacer algo que no quiere? —pregunta suavecito, mirándola de reojo.
—Son años de experiencia, Deutschland —sonríe de lado.
—Bien, dime algo útil y práctico.
—Suele funcionar lograr primero que crea que quiere.
—Que crea... Que quiere. Críptico mensaje.
—Ja, es complicado y no siempre funciona.
—No me digas. Adiós, Österreich —le cuelga frunciendo el ceño pero pensando en el asunto de creer que quiere. Helvetia nada más le mira de reojito.
—Ehm... Hallo.
Ella se sonroja.
—Si subes al coche te...doy... algo.
La chica le mira de reojo, se humedece los labios y se sonroja más.
—Anda, bitte. Estarás bien.
—No me gustas —asegura por algún motivo. Él parpadea.
—Eso ya lo he visto, no es necesario evidenciarlo.
Helvetia se sonroja más pero asiente. Alemania se sonroja un poco con eso.
—Ehm, pero bueno, no tiene por qué ser así. No tienes por qué ser mi novia y esas cosas. De igual modo he quedado que te llevaría a la boda con Schweiz y Österreich.
Le mira de reojo un poquiiito desconsolada un instante. Alemania la mira desde adentro del coche.
—Soy muy malo para esto, la gente no se me da.
Se sonroja más porque se identifica con eso.
—No sé cómo convencerte de subir y venir conmigo, en otro momento te hubiera intentado llevar a la fuerza... Pero si no puedo darte un beso a la fuerza, ¿qué voy a poder subirte al coche? —aprieta los ojos—. Además decirte lo de la fuerza lejos de ayudar va a empeorarlo todo.
—A mí no se me da la gente tampoco —decide contestar en resumen.
—Quizás por eso es que llevo todo el día contigo y lo he pasado bien, tanto que no te he dejado aquí —apaga el coche y se masajea las sienes.
Helvetia se detiene cuando se detiene también.
—Mira, soy un hombre práctico y realista —la mira con seriedad.
Ella le mira igual de seria también.
—Te pregunto. Hay alguna manera de convencerte de que vengas, ¿o no?
—Estoy yendo contigo.
Alemania parpadea con ese concepto.
—En el coche.
—No me gusta el coche y tú no puedes dejarlo porque es muy caro, pero no quiero subir. ¿Por qué no quieres ir así?
—Es lento y poco efectivo. Si yo te dijera que quiero ir a la montaña con los ojos vendados, porque no me gusta ver el bosque, ¿qué dirías?
—Si tienes que ir a cuidar tus cabras dime cómo llegar y yo iré sola… Eso es peligroso, eres una persona extraña.
—Nein, no son las cabras.
—Si tienes que ir a trabajar —corrige recordando que ahora la gente trabaja de cosas incomprensibles que nada tienen que ver con cabras, lo cual es tan sumamente absurdo... pero todo lo parece.
—Ja, si tengo que trabajar, pero...
Le mira de reojo con el pero.
—Es que quiero enseñarte lo de las aspirinas
—Pues dime cómo ir ahí.
—En coche conmigo.
Ella vuelve a echarse a andar.
—Helvetiaaaa —estira la mano y la toma del brazo con cierta firmeza. Ella se detiene y le mira.
—Sube, si no te gusta te lo compensaré.
—¿Me lo... compensaras? —se sonroja otra vez—. ¿Y-Y si... y si vienes conmigo y yo voy andado y... yo te c-compenso a t-ti?
Levanta las cejas
—¿Compensarte cómo?
—Yo v-voy contigo a la b-boda cómo tu... n... c-cómo... cómo yo...
—Cómo mi...—se humedece los labios y la mira de arriba abajo sonrojándose. La siguiente palabra es en el tono de voz de Liechtenstein, mirándose los pies.
—Was?
Helvetia se lleva las manos a la cara
—Eh, vamos, ¿Qué dijiste? —pregunta abriendo la puerta del coche.
—Nnnnn —lloriquea súper sonrojada.
Alemania vacila un poco bajando del coche, acostumbrado a consolar a Italia. Ella no se mueve.
Alemania se pasa una mano por el pelo, muy seguro de lo que hace y le pone las manos en los hombros otra vez. Eso sí, gira la cadera para que NO pueda patearle y ella se queda paralizada. El alemán le da unas palmaditas en la espalda.
—Calma, calma...
Helvetia le mira entre los dedos.
—¿Que te causa tanto problema?
—¡No me gustas! Pero seré... e-eso que querías.
—¿Eso que quería? ¿A qué te refieres? A... —traga saliva y se sonroja.
—¡Tú novia! —chilla al final.
Alemania se sonroja máaaaas aun aunque por alguna razón se siente tremendamente vencedor con eso, mirándola de reojo y considerándola... Mona. La abraza.
Vuelve a quedarse paralizada en el abrazo.
Cuando ya le está abrazando solo piensa en una cosa importante.
—Bitte no me patees.
Parpadeo parpadeo.
La mira de reojo hacia abajo notando que es más bajita y pequeñita que Italia. Traga saliva y no se mueve sintiendo esto... raro. Es que además... Germania protesta un poco porque no lo hemos hecho a él nunca en buenos términos con Helvetia... Pero si son diferentes.
El alemán le hace un cariño en la cabeza cómo le haría a Italia asegurándose a sí mismo que este sería buen momento de besarla. Y... Se muere de vergüenza. Es que no se atreve a moverse. Helvetia al final trata de separarse incomodísima.
Es cómo un momento extrañísimo, SURREAL en su existencia. Una chica le había dicho que sería SU NOVIA para la boda. Quizás era bastante más bonita de lo que... Levanta las cejas.
—Hay que andar mucho.
—Espera —murmura y se acerca a ella dándole un beso en... La cabeza.
Vuelve a quedarse paralizada y sonrojadísima.
—No puedo creer que vaya a caminar hasta Berlín solo por darte gusto —murmura girando la cara, sin mirarla, sonrojado e incómodo. Se suponía que debía tirársela, no caminar media Suiza y media Alemania.
—Es la mejor forma —asegura cuando vuelve en sí, carraspeando un poco y volviendo a colgarse bien del hombro la bolsa.
Y así es cómo Helvetia consigue que Alemania pase unos días con ella en vez de llevarla a su casa e ignorarla encerrado en su estudio trabajando mientras ella trata de saber porque un microondas deja de funcionar cuando le clavas un puñal después de que te haya asustado con su pitido.
Y así es cómo Alemania se olvida de Italia por unos días, descubriendo cosas de su propio país que no sabía que sabía tenía o no recordaba.
Por algún motivo, esta parte de la historia con Helvetia y Alemania, en mi cabeza, tenía la banda sonora de El Gran Gatsby. "A little party never kill nobody" y "Young and Beautiful" ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!
