Al cabo de un rato de ir andando en silencio junto a la ventanilla del coche de Alemania, éste ha puesto música clásica. Ha puesto a Beethoven. Y deben parecer un poco sacados de un videoclip.

Ella caminando y el coche rodando a su lado a seis kilómetros hora, ambos en silencio. Alemania, después de un rato, empieza a preocuparse por el clima.

—Tu coche está cantando —comenta ella después de debatirse un BUEN rato si hacerlo notar o no.

—He puesto yo la música. ¿Qué va a pasar si nieva?

—Que hará más frío.

—Y te me vas a congelar. No me convence este transporte —le da su chamarra para correr maloliente y suciecilla —. Póntela.

—No me voy a... —se queda a media frase mirando lo que le tiende, deteniéndose. Alemania frena. Ella le mira, sonrojándose de nuevo, porque su chaqueta... huele mucho mucho a él seguro. Y la pone nerviosita.

—¿Te gusta lo que canta el coche?

Helvetia traga saliva y asiente aun mirando la chaqueta imaginándose llevarla. Él sacude la chaqueta para que la tome. La chica se acerca y la toma con la mano temblorosa. Alemania le sonríe de ladito conforme.

—¿No te quieres sentar?

Le mira y niega con la cabeza, aun con la chaqueta en la mano sin saber muy bien qué hacer con ella.

—Póntela. ¿Tienes frío? ¿Hambre?

La mira y se vuelve a él cuando nombra el hambre, pensando que sería bueno empezar a pensar en la comida, pero aun mirando la chaqueta cómo si fuera una especie de capa de la invisibilidad.

—Póntela —insiste.

La abraza un poco y le vigila todavía porque es que quiere hundirle la nariz, pero si la miras le da vergüenza. Alemania ni enterado, se gira al GPS a ver dónde pueden comer.

—Hay un restaurante cerca... ¿Y si te llevo en el coche?

Cuando se gira es cuando lo hace sin que le vea, desde luego no hay duda de a quien salió tu hijo. Deja la bolsa en el suelo y se la pone, sintiendo que la abraza otra vez. Se sonroja un montón. Alemania... Carraspea.

—No te llevo a Berlín, te llevo aquí adelante —insiste mirándola y sonrojándose en espejo—. Perdona. Huele fatal.

—¿Tienes hambre?

—Ja. De hecho tengo MUCHA hambre.

—Para el ruido. ¿Tienes un arma?—saca el arco y sus flechas, tensándolo con la cuerda y montándolo.

—¿Un arma? Nein, no me atrevería a venir aquí con un arma conociendo a tu hijo.

—¿Sabes usar el arco?

—En teoría... ¿O en la práctica? —pregunta pensando que sí, lo aprendió en el ejército.

—Ven. Yo te enseño —hace un gesto con la mano y le da la vuelta al coche para meterse al bosque... y quiero que sepas lo raro que es que se ofrezca a enseñarle algo a alguien, pero estás siendo bueno con ella.

—¿Nadie te ha dicho que podríamos comprar comida hecha? —pregunta prendiendo el coche otra vez y estacionándolo bien, antes de bajar de nuevo. Helvetia le hace shhhh para que no haga ruido.

Ahí va Alemania tras ella abriéndole la puerta al perro y dejándole salir, olvidándose de cerrar el coche y esas cosas.

—Aquí —le detiene tras adentrarse una considerable cantidad de metros, deja la bolsa junto a un árbol, se gira a él y le tiende el arco con una flecha, el carcaj pero, lo lleva ella.

Él la mira hacer pensando que nadie suele estar interesado en estas cosas. Toma lo que le da con cuidado agachándose un poco y sin hacer ningún ruido.

¿No hubieras querido ir a cazar alguna vez con tu padre como Prusia siempre alardea de haber hecho? Pues... más o menos. Ella le mira hacer dejando que le muestre lo que sabe.

Alemania sabe hacerlo con un arco moderno, claro está... Y, no es su principal habilidad, seguro pone mal los hombros y tensa demasiado la cuerda y... Debe ser un desastre según Helvetia, que aprieta los ojos y se le acerca, sin pensar, le pone las manos sobre lo brazos para corregirle la postura y cuando siente los músculos tensos se le acelera un montón el corazón de estarle tocando.

El de ojos azules la mira, tensa y sonrojada, sin estar seguro de que nadie nunca se haya sonrojado tanto con él. Se sonroja de vuela sintiéndose identificado con su vergüenza. Por alguna razón, le relaja.

Es que Helvetia se sonroja mucho… traga saliva y se acerca a él mejilla con mejilla para ver cómo está apuntando. No creo que lo vea ni por un segundo.

Es que... Buff... Alemania si pone atención, aunque la mejilla con mejilla...Le ponen nervioso.

—E-Ehm..., estas muy cerca.

Ella le corrige lo más deprisa que puede para separársele cuanto antes.

—Perdona, es que me pones nervioso —susurra sin saber por qué.

—Ehm... y c-cuando veas a-algo a lo que besa... ¡disparar! DISPARAR puessueltaslaflecha y l-luego se va a por la p-presa y...

Parpadea un par de veces medio escuchándola.

—L-La flecha... J-ja, ja —asiente mirándola un poco idiota porque de verdad se está dando cuenta de que le pone nervioso...

—Lo mejor es un animal pequeño cómo un pato o un conejo y luego lo c-comeremos y... —siente que nunca en su vida había dicho una frase tan larga.

—Antes cazaba con escopeta —siente la necesidad de decir para impresionarla. Es decir, no soy un inútil del todo cómo parezco. De verdad—. Aunque seguro no te gustaría porque hace más ruido que el coche.

—El ruido ahuyenta el resto de presas —susurra mirándose las manos y se sienta para esconderse mejor entre las hierbas del sotobosque.

—Si uno caza osos, solo necesita uno —responde ahora sintiéndose un poco avergonzado, quizás a ella le gustaban los osos vivos. Decídete Alemania en si impresionarla o no. Se pone en cuclillas.

—Los osos solo dan problemas, no se pueden comer. Son mejor los conejos y la piel es más suave, aunque más pequeña —blablablabla.

La escucha sonriendo un poco de lado porque entre más habla más nota que su alemán es extraño, cerrado y anticuado.

—La carne se pudre más rápido porque hay mucha y se ha de secar, es mucho trabajo. Los ciervos son también muy útiles.

—Me gustaba su piel. En realidad nunca fue por la utilidad —murmura—. Pero tú sí lo haces por la utilidad. Deberías de dar entrenamientos al ejército —aprieta los ojos sintiéndose completamente imbécil con esa declaración, así como niño pequeño "Deberías trabajar para mí en esa cosa tan genial que sabes hacer".

Ella le da la espalda, muy nerviosa porque es guapo y le dice cosas y lleva su chaqueta y le ha dado un beso en la frente y ¡ahora son novios! Recuerda de repente.

—Ehm... Y-Y... ¿De dónde sacamos una presa? Es decir, eso toma tiempo y luego hay que prepararla —la mente práctica.

—M-mejor deja que y-yo dispare primero y t-tu miras... —se da la vuelta para que le dé el arco.

—Bien —le extiende el arco con demasiada fuerza casi hasta empujarle y luego nota su torpeza, así que se lo quita otra vez.

Helvetia estira las manos temblorosas para tomarlo y torpemente también se va detrás cuando se lo quita.

Así que tienen uno de esos incómodos momentos de te lo doy, me lo quitas, paso al frente. Acaban más cerca de lo que estaban. Helvetia siente retumbarle el corazón en los oídos, gira la cara, aprieta los ojos y tiende las manos esperando que solo se lo dé. Alemania la mira un poco embobadito e incrédulo de estar causando esto. Le pone el arco en las manos con precisión, pero no lo suelta. De sentir cómo le tiemblan las manos, la chica trata de tomarlo y torpemente se le cae la flecha.

—Oh... —Alemania baja desde dos metros de altura para recogerla. Por supuesto, ella también y se deben pegar en la cabeza. Tan torpes.

Alemania se lleva la mano a la frente sonrojándose por alguna razón y ella aprieta los ojos girando la cara, de verdad, no sé cómo crees que vas a poder disparar.

El sajón toma la flecha del suelo y se la extiende volviendo a mirarla idiotizado y sonrojadito. ¿No que no le gustaba a ella? ¡Ahora le había dicho que sería su novia! Y eso implicaba... eso que había hablado con Prusia.

Helvetia se separa un poco tomando ambas cosas y se le resbala otra vez, pero al menos no se le cae. Se humedece los labios y da un paso atrás intentando concentrarse.

Él traga saliva y se yergue del todo cruzándose de brazos para ver el tiro.

Ella le mira de reojo y se sonroja de nuevo, por algún motivo al levantar los brazos se imagina que la abraza por la espalda por debajo de ellos, tocándole un poco los pechos y dándole un beso cómo vio que hacia ese chico francés a esa chica inglesa a los que dio cobijo una noche y fue una de las peores decisiones que ha tomado nunca porque la creían dormida... pero no.

Esto la pone máaaaaas nerviosa, sobre todo porque está ahí mirándola y parece que sepa lo que piensa, ¡lo cual es terrible! Se sonroja más con esa idea de que lo sepa y tiene que bajar el arco y la flecha para separarse de nuevo y respirar.

Al ver que no dispara se extraña un poco, cambiando un el peso de pie. Se agacha levemente a ella.

—Was? —susurra suave para no espantar a ninguna presa.

—Y-Yo... yo... —se sonroja cómo si acaso supiera lo que acaba de pensar.

Alemania vuelve a embobarse al ver lo nerviosa que está y por alguna razón le vuelven a dar ganas de... ¿Consolarla? Porque él ha estado así de nervioso a veces también. Levanta una mano y vacila antes de ponérsela en el hombro.

—¡Iiiih! —chilla y sale corriendo con el arco.

Alemania se asusta llevándose una mano a las regiones vitales lo primero. Parpadea después, levantando las cejas descolocado. Helvetia se pierde entre la maleza y el bosque con una facilidad sorprendente. Acaba tirada en el suelo con el corazón aceleradísimo.

Alemania simplemente no tiene idea de qué hacer.

—Ehhh —pasito a los matorrales—. ¿Helvetia? —susurra. No hay respuesta... va a volver al cabo de un buen rato con un pájaro y un conejo, justo cuando ya estaba Alemania bastante preocupado, sin saber si iba a volver o no. Ella los lleva atados al cinto y trata de no mirarle y no sonrojarse al pasar por su lado a por la bolsa que no sabemos si sigue ahí. Alemania la ha recogido en su ausencia, pensando que seguro debía volver por ella. Si, sin duda alguna la ha espiado. Este no es Suiza.

Después de un rato de ausencia Alemania ha notado que claramente, si vuelve, será un rato más tarde. Espera. Quiero ver la gracia que les hará a todos que les diga "Perdí a Helvetia" (cual si pudiera perderse...). Recuerda la bolsa y vuelve por ella yendo al último lugar en que se han visto, sentándose ahí y pensando que todo esto está siendo tremendamente raro.

Helvetia por su lado decide que mejor caza ella sola porque está segura de que va a errar cualquier tiro mientras él la esté mirando. Tal vez debería conseguirle un arco a él también. Busca por ahí algún palo que sea lo bastante elástico y de la medida adecuada.

Pero al menos por una vez en mucho mucho tiempo esto está yendo a su favor..., en parte. Sigue sin poderla subir al coche y no está seguro de que vaya a poder, pero al menos ya la ha convencido de ir con él y de que SÍ sea su novia, lo que seguía era todo muy simple: acostarse con ella y presumirle a Prusia. De ahí TODOS se enterarían. Se sonroja solo con la idea y el concepto lejano de hacerlo… y eso que aún no se imagina nada.

Helvetia consigue algunos de madera sin nudos útiles pero demasiado cortos. De todos modos lo guarda en el carcaj para hacer flechas... y aprovecha para mear por ahí porque lleva un buen rato queriendo y le daba vergüenza pedirle a Alemania parar para eso.

Y es que además el alemán estaba cada vez más seguro de gustarle y de ponerla nerviosa. ¡Y aun no se besaban ni nada! Se sonroja más solo de pensar en un beso agitando la cabeza. Todo esto era algo muy bueno, porque seguro si le gustaba podría convencerla de hacer cosas para él... Incluyendo meter a Suiza a la comunidad (agárrate de tu tablita de salvación, sí). Era rara porque decía que no le gustaba, pero se sonrojaba si la tocaba... Eso o le pateaba los huevos. También la ponía nerviosa y sonrojadita y giraba la cara cuando la tocaba. Y era extraña, anticuada y no le gustaban las cosas modernas, pero... Si algunas cómo las aspirinas. Levanta las cejas recordándolas y yendo a buscarlas en su bolsa.

Ella todo el rato se descubre a si misma cómo el tren de pensamientos de cosas útiles se le va hacia el alemán. Cuando le ha abrazado, cuando le ha besado... siente hormigueos en las puntas de los dedos que ha usado para tocarle los brazos. ¡Menudos brazos! Es decir... en su opinión... médica. Sí, eso es. Y la chaqueta, debe ser culpa de esta chaqueta que huele raro. Vuelve a olerla al recordarlo. También había estado comparándole con su padre. ¡Este incluso hablaba más que él! Aunque parecía más fuerte, pero igual de torpe y cabezota. Se regodea en todas esas ideas de todo lo molesto que es.

Por un ejercicio casi militar ya que estratégicamente es conveniente, decide mirar la bolsa con la intención de averiguar qué otras cosas tiene ahí dentro que pueda ocupar para convencerla o para agradarla... Con el fin último de llevarla a casa, claro, cómo le han pedido.

Veamos... que cosas lleva en su bolsa Helvetia... Cosas útiles en exclusiva. Lleva su esterilla y una manta, algunas ropas de recambio, las aspirinas dentro de una bolsita de tela más pequeña en la que hay unas cuantas pastillas más, botecitos con aceites, ungüentos, plantas, semillas y raíces. Unos carbones y una libreta para dibujar cosas importantes que hay que recordar. Un mapa físico de Europa, una pistola con el cargador lleno que le dio Suiza, un mechero y una navaja. Es posible que lleve una caja de condones también, porque son gomas y son útiles para hacer torniquetes y cómo bolsas para guardar líquidos o cosas. No es consciente de su utilidad real. También una cuerda extra para tensar un arco (con la que pensaba hacer el de Alemania) una cuerda trenzada más larga, algunos mosquetones que le dieron, el gatorade, agua y un par de quesos envueltos en tela.

Alemania parpadea con los condones, extrañadísimo, pensando en su utilidad real, claro y en si Helvetia quizás acostumbra hacer esto con más hombres a cambio de que la lleven a fábricas de cosas... Se pregunta también si sabe usar la pistola y que son las otras pastillas. Asiente conforme volviendo a guardarlo todo en perfecto orden. No le preocupa ni le impresiona que no traiga nada personal ni tonterías, de hecho, lo aprueba, pensando que si él viviera en el bosque tendría un morral casi idéntico, aunque con más tecnología. Quizás podría regalarle una mejor manta. ¿Serían estas TODAS sus pertenencias? Evidentemente NO. No sé si has notado que no lleva dinero... es porque desde que sabe lo que es que lo lleva encima. No sabe si lo requiere o no, en realidad no ha pensado en ello. La navaja que trae es navaja suiza. De hecho lleva un par más encima. De hecho, si Suiza le dio la pistola, puede que Liechtenstein le diera las navajas. También debe traer encima un reloj y una brújula o en algún lado debe tenerlos. Esas cosas son más especiales las lleva encima.

Alemania vuelve a cargar todo el morral con las cosas mirando su reloj y preguntándose de verdad cuanto más tiempo tardaría. Se frota un poquito los brazos, no que tenga frío, el frío es mental y ahí le suena el móvil. Vuelve a pegar un gran salto y a sacarlo de su bolsillo.

Pues espera a que veas que es El Awesome Preußen curioso de cómo ha ido la... ¿primera vez? ¿Ha estado antes? No estás seguro, en cualquier caso la noche de acción de su hermanito con una chica.

Alemania se sonroja y vacila antes de contestarle.

—¿Hallo?

—Weeeest —el tonillo de Prusia. No por nada todo el mundo usa su voz para oír en su mente "seeeeé lo que vas a haceeeeer".

—Cállate —susurra apretando los ojos.

Ya se muere de risa.

—En serio, ¡cállate!

—Pero tienes que contarmeeeee.

—No tengo nada que contarte, estoy en... El bosque. Y no te rías así.

—¿Y no hay nada que hicieras ayer que creas que tu hermano mayor debería sabeeeer? —ese tonito. Alemania es que se sonroja hasta el tuétano.

—N-Nein. Nein. Solo dormimos juntos.

—¡Aaah! ¡Ya sabía que le mostrarías lo varonil de los sajones! —exclama riéndose entendiendo acostarse cómo que sí pasó—. ¿Y cómo es? ¿Chilla cómo Schweiz?

—W-WAS?! Was? Nein! Nein nein! —aprieta los ojos porque no había pensado en Suiza y sus chillidos. Ugh ugh—. ¡No lo hemos hecho! Pero...

—¿O le gusta que le hagan eso como a Liechtenstein? ¿Sabes? Eso que hace Canadá con las manos... —deja de ver los videos de Hungría, de verdad.

—¿A Liechtenstein le gusta que le hagan eso con las...? ¡Preusseeeen!

El nombrado se ríe idiotamente.

—Te digo que no sé, no lo hemos hecho —algo le obliga a agregar—, aun.

—¡Aaaah! —entiende por fin y luego nota el "aun"—. Pero que traviesillo, Weeest.

—¡Deja de hablarme asiiiiií! ¡Con ese tono! —protesta apretando los ojos.

—¿Pooooor? ¿Te da vergüencitaaaa?

—¡Nomedaningunavergüencita!

Se muere de risa.

—A West le da vergüencita su noviaaaaa.

—Preussen —aprieta los ojos porque además si es su noviaaaaa.

—Awesome —siguen las risas—. Bueno, ¿entonces venís hoy a cenar y se lo harás esta noche en casa?

—Estamos yendo a Berlín, ja.

—¡Le diré a Ungarn que ponga las cámaras!

—Nein, nein, no vamos a llegar hoy. ¡Y no quiero las cámaras! Y deja de molestarme con eso que... Nein. PREUSSEN —protesta.

—¿Cómo que no vais a llegar hoy? ¿Vas a llevarla a un nidito de amor?

Debe oír el rechinido de dientes.

—No voy a llevarla a ningún nidito de amor. Solo estamos yendo lentamente.

—¿Por?

—Porque vamos... Más o menos a pie.

—¿Por? ¿Se te ha estropeado el Mercedes?

—Ehm... Es un acuerdo al que llegamos.

—Was? ¿Quieres que os vaya a buscar o no?

—¡NEIN! Nein, Nein, solo quiero que...

Prusia parpadea con la negativa tajante.

—Solo sigue el plan lógico, ¿vale? Haz lo que tengas que hacer.

—Pero... entonces... ¿Qué vas a hacer? ¿Pasar unos días de vacaciones con ella? Sabes que es la madre de Schweiz, ¿verdad?

—No estoy pasando días de vacaciones con nadie, ¡estoy haciéndoles un favor!

—Ah... vale. ¿Qué le digo a la Bunderskanzler?

—Ah, a Merkel. Dile que... Esos días que me dijo que quizás debería tomarme a principios del mes pasado —murmura porque estaba histérico y de malas e insoportable—. Voy a tomármelos ahora. Te dejo a cargo.

—West!

—¿Quieres que deje a Österreich a cargo?

—¡Nein! ¡Pero no me digas que no estás de vacaciones!

—Estoy haciéndole a Österreich un favor... Y haciéndome uno a mí mismo. Necesitaba aire fresco, Preussen.

—Bueno —se encoge de hombros—. De todas formas tú insiste, con lo que le costó al señorito que Schweiz sucumbiera... —¿qué consideres esto inexplicable no te da alguna idea de algo, Prusia?

—Es mi novia —murmura Alemania al final, queriendo presionar un poco más a que Prusia haga lo que quiere que haga, que es contarle a todos y que Italia lo sepa. Alemania... De verdad no sabes el lío en el que te estás metiendo tú a ti mismo.

—¿Eh?

—Es. Mi. Novia —susurra y se sonroja un MONTONAL al decirlo

—¿Va en... serio? ¿E Italien?

—Él tiene a Germania, ¿no? Y a Helena, y a Rom —se revuelve un poco sin querer pensar en ello. Él también podía conseguirse una novia y hacer esas cosas...

—Es verdad. ¡Que se fastidie, él te dejó para no volver por una idiotez!

Alemania traga saliva. Porque... Bueno, esto era una cosa para hacerle un favor a Austria que además era conveniente, evidentemente, Italia existía aun, tan cerca cómo la boda. Aunque requiriera, él y su padre, un escarmiento.

—Vale, le digo a Merkel... y esta nocheeeee —ese tono de nuevo.

—Nein, no sé si esta noche.

—Eh? Por?

Para empezar no sabe si el asunto aun le sirve del todo.

—No sé si las cosas se den del todo, no es una chica cualquiera.

Ceja levantada porque eso suenaaaa… ¡Es que de verdad no lo es! No necesariamente en ese sentido. Prusia carraspea. Alemania escucha un ruido entre los matorrales y levanta la cabeza volcando su atención hacia... ella.

—Tengo que irme porque creo que ha vuelto de cazar.

—Te llamaré mañana de todos modos.

—Ja. Está bien —murmura antes de colgar.

Y sí, vale, ahí sale. Alemania se levanta, porque sí, se había sentado en el suelo y todo lo que había acomodado perfectamente bien en el morral, se cae al suelo. El morral de Helvetia con todas sus cosas. Helvetia levanta las cejas y se va corriendo a hacia ello para que no se le pierda nada, por un momento se le había olvidado que lo había dejado ahí

—Verdammt! Perdona, perdona —protesta Alemania ayudándole.

Típica escena cuando ambos van a por el mismo objeto para recogerlo y se ponen la mano una escena de la otra, en este caso son los condones, ¿por qué no?

Para todos puede parecer un cliché, pero a Helvetia nunca le había pasado nada parecido.

Alemania quita la mano de golpe, sonrojándose un montonal y creo que ahora si cayéndose de culo. Helvetia también la quita recogiéndose la mano y se sonroja por supuesto por espejo y porque la ha tocado.

—Yo... Yo... Yo... No es que quisiera tus condones, ¡solo te ayudaba!

—¿Mis qué?

—Condones. Tus condones. La caja de condones que tienes ahí, los condones.

—Condones —repite y mira lo que le señala.

—Ja. Condones—no la mira—. V-Veo que tienes muchos.

Ella los mira con más atención ahora, porque no sabía el nombre y mira cuantos le quedan. Alemania carraspea mirándole hacer de reojito

—No pensé que fueras tan preocu... —se calla—, Nein, olvídalo.

—Hay tres —se los muestra—. ¿Quieres uno?

Alemania parpadea un par de veces.

—W-Was? ¿Que si quiero u-usar? Me estás...

—Son muy útiles.

—¿U-útiles?

—Sí, porque los líquidos no se escapan —se lo tiende. Él se sonroja un poco mirando la mano que le ofrece el condón.

—L-Líquidos

—La leche.

Alemania ahora es quien se lleva las manos a la cara.

—A veces la guardo —comenta ella e inclina la cabeza al notar que se tapa la cara, sin saber qué pasa.

—¿L-La guardas? La de... Así... La... ¿Para qué?

Helvetia levanta la mano temblorosa para ponérsela sobre las suyas, acercándola y separándola torpemente. Alemania está muy ocupado en pensar cosas asquerosas.

Al final se la pone sobre ellas y traga saliva muy incómoda. Alemania la mira por entre los dedos.

Helvetia parpadea, se sonroja un montón y le hace una especie de caricia luchando por no apartar la mano. Alemania vacila un poco y es que echa muuuucho de menos las caricias, cualquiera que estas sean. Cierra un poco los ojos siguiendo el movimiento de la mano. La chica al final gira la cara y quita la mano.

—Hay que preparar el fuego —susurra Helvetia mejor pensando en cosas prácticas.

—Hay que... Preparar el fuego —susurra tomándola de la muñeca. Helvetia se detiene y le mira porque siempre le siente muy fuerte cuando hace eso. Él levanta la otra mano, la acerca a ella y le hace un leve cariño en la mejilla.

Se sonroja otra vez y se esconde un poquito en tensión. A Alemania le gusta que te sonrojes y te escondas. Finalmente creo que entiende un poco esto que a Austria le gusta tanto Suiza. Hasta sonríe un poquitito de lado e insiste en tocarle la mejilla.

Ella traga saliva y le mira perdiéndose en sus ojos azules y su sonrisa, relajándose un poquito al notar que no le hace daño.

—¿Algún día sonríes o eres cómo Schweiz que siempre está serio?

Parpadea unas cuantas veces y es que va a hacerte una cosa muy rara tratando de sonreír y saliéndole una cara rara. Lo intenta solo porque está embobadisima. Le gustas a Alemania.

—Yo tampoco sonrío.

Traga saliva dejando de hacerlo y levanta las cejas pensando que es mentira, que su sonrisa es muy bonita y cálida y... y... y la detesta sobre todas las cosas.

—De hecho no cambio la cara, siempre dicen lo mismo.

—Yo creo que sí cambias y sí sonríes —susurra sin mirarle. Alemania levanta las cejas.

—Eso nunca nadie lo había dicho. Creo que lo dices por decir —susurra también aunque sonríe muy levemente—. ¿Sabes que sí sé hacer? Fuego.

—No digo cosas por decir —responde y asiente con lo del fuego.

—Entonces eres la única que lo piensa —la suelta—. Voy a hacer el fuego.

Helvetia se sonroja más incomodísima.

—Pero no me gusta —siente la necesidad de decir.

—Mmm —murmura buscando ramitas. Ella parpadea indignada porque parece estar ignorándola en la parte más importante de todo este asunto.

—¿Lo has oído? —protesta. Él la mira con los brazos con ramas.

—Was?

—Que no me gusta —repite.

—¿Que sonría?

—S-Sí. Que sonrías. N-Ni tú.

La mira a los ojos un instante y luego se sonroja sin saber qué hacer. Ella se sonroja de muerte sin siquiera mirarle a los ojos.

—Los condones no sirven para guardar leche.

—Sí que sirven —se descuelga el conejo del cinturón y saca una navaja empezando a despellejarlo.

—Pero no son para eso —arruga la nariz y se agacha al suelo limpiando un área para hacer el fuego.

—¿Y para qué son?

—Para otra cosa —se tarda muuuuucho en contestar y no la mira.

—También sirven para el cuerpo —responde aun desollando el conejo.

—¿El cuerpo? —pregunta yendo hacia el morral y vacilando un poco antes de buscar el mechero.

—Cuando la gente sangra o hay que cortar un miembro —mira lo que hace con el ceño fruncido.

—¿Usas los... Condones para eso? —pregunta levantando las cejas.

—Esa es mi bolsa —protesta.

—Ja, dejé la mía en el coche.

—No la busques, son mis cosas —se la quita de las manos.

—E-Enschuldigung... —murmura bajando un poco la mirada y es que sí, está muy cómodo contigo a pesar de la cosas raras que pasan—. Necesito un mechero para hacer fuego.

—¿Cómo sabes qué tengo uno? ¿Has revisado mis cosas?

—Se cayeron, tú viste.

—No se cayó el... eso —ni siquiera sabe exactamente que es. Alemania se sonroja sin mirarla.

—Un mechero para prender fuego. No voy a hacerlo con piedras teniendo uno —murmura y le gruñe el estómago de hambre porque hace ya un bueeeen rato del desayuno.

Helvetia se levanta mirándole con sospecha y se acerca a la bolsa a buscar lo que le pide, con las manos llenas de sangre.

—Espera, vas a batirlo todo.

—Son mis cosas.

—¿Sabes? Puedo ir al coche por él.

Ella pone los ojos en blanco y lo encuentra al final. Alemania arruga un poco la nariz con la sangre pero extiende la mano para que se lo dé.

—Danke.

Y lo hace batiéndole a él también, vuelve a acabar lo que hacía. Alemania arruga más más la nariz.

—Esto es un poco insalubre... —murmura limpiándose en los pantalones.

Ella le mira de reojo y niega con la cabeza sin decir nada porque ya se está quejando otra vez. Ahí va de nuevo de vuelta a la fogata y, a favor suyo, hemos de decir que bastante pronto tiene un fuego. No que lo haya aprendido a hacer tan bien en el ejército, sino ha intentado mil veces enseñarle a Italia

—Tengo otra pregunta importante —indica acercándose a ella cuando está terminando, mirándole por encima del hombro. Ella levanta la vista, sentada en el suelo, insertando el conejo y el ave en un palo. Y... Es que no, no se ve guapa, ni se ve especialmente atractiva, pero eso da igual. Alemania se pone en cuclillas frente a ella—. Ya está el fuego.

Le tiende el palo con el ceño fruncido (que es la cara que pone cuando está relajada) para que lo ponga.

—Was? ¿No te parece bien hecho el fuego?

Parpadea, mira el fuego y asiente. Alemania la mira no muy convencido tomando el palo y su mano a la vez. Ella levanta las cejas sin entender porque le toma la mano. Tira un poco de ella... Y en serio, sé que es raro para él, que es germano, pero está acostumbrado a Italia que siempre esté arriba suyo. Así que Helvetia se levanta o se abalanza hacia él, que pretende que te sientes entre sus piernas. Entonces se abalanza y se medio cae de rodillas sobre él con las manos sucias porque no le has dado tiempo a limpiarse. Pues... Más puerco de lo que está ya... El caso es que medio cae apoyándose sobre su pecho y luego trata de separarse.

—Espera, espera. Siéntate aquí —pide abriendo las piernas—, puedes recargarte en mi.

—... —intenta preguntar qué y no le sale.

Como si fuera Italia, Alemania le mueve y la coloca entre sus piernas. Ella se hace bolita intentando no tocarle

—Was? Tu sostén el palo —le pone las manos en los hombros.

—P-P-Pero.

—Tú tienes las manos sucias ya, detenlo ahí y recárgate —tira de ella, que tensa cómo un palo deja que tire de ella más o menos.

Alemania sube la mano un poco por su cuello y le hace un levísimo cariño en el pelo, que hace que ponga la espalda recta cómo una tabla con un escalofrío. Y es que no es que Italia no reaccione... Pero ella reacciona veinte veces más de golpe.

Alemania le mira de reojo ahora sin saber qué hacer, con ella entre las piernas y todo. Escucha a Prusia en su cabeza. Helvetia no sabe lo que pasa y sujeta el palo en el fuego con las manos temblando cómo si acaso lo soltara, fuera a morirse

—¿Dónde vamos a dormir? —¿pregunta más tensa no se te ocurrió?

—¿Q-Q-Q...?

—Pensé que quizás en el coche apagado —y no quieren saber cómo imaginaba la noche los DOS en el asiento de atrás.

—¡No voy a subirme al coche!

—¿Y quieres que pasemos la noche a la intemperie? Nos vamos a congelar.

—Hay otras cabañas.

—No creo que las haya cuando crucemos a mi casa.

—Siempre hay cabañas.

—O mi coche. ¿Qué es lo que te da miedo de él?

Se revuelve nerviosa porque es que estas demasiado cerca.

—No va a lastimarte, menos apagado.

Piensa que lo que le da miedo no es tanto el coche en sí, sino perderse. Si te la llevas demasiado deprisa no conocerá el lugar y no sabrá volver a casa. Alemania trata de mirarla a la cara pensando que esto es súper difícil si no habla.

—¿Entonces?—pregunta volviendo a ponerle las manos en los hombros.

—No quiero ir.

—Está bien, solo pregunto por qué.

—Va demasiado deprisa.

—Si dormimos ahí no va a caminar.

—Es pequeño para dormir.

—El piso es helado.

—Siempre se ha dormido así. Tu padre y yo hacíamos agujeros en la tierra y los llenábamos con cenizas que nos mantenían calientes cuando estábamos lejos de casa.

Alemania levanta las cejas y se la imagina con EL en un agujero lleno de ceniza, con unas sábanas y rosas. Alemania... DAFAQ. OK Alemania, necesitas una ducha. Es que además realmente no le gusta del todo... Por ahora, solo es lo que se ha imaginado. De hecho es que no sé qué demonios hace… Es Alemania… Alemania suele ser controlado.

—Así se pasaban los inviernos —le da la vuelta a los animalitos muertos e insertados en un palo que se van a comer intentando separársele otra vez.

—Mein Vater...

Ella le mira de reojo. Él vacila sin saber que decir porque no le acomoda esto del todo. Piensa en su padre e Italia.

De hecho, si le preguntas a Helvetia te dirá que lo que hacían era de la misma forma, nunca en el mismo agujero, es decir, que si alguna vez tenían que pasar la noche juntos ella se encargaba de que cada uno tuviera su agujero... cosa que es obviamente mentira.

—Nunca he hecho un agujero y me he metido con alguien a la ceniza, eso suena muy... Raro.

—Es mejor que dormir sobre la nieve. ¡Pero yo no me metía en el agujero de ese sajón idiota! —añade un poco demasiado tarde. Alemania aprieta los ojos.

—No me interesa lo que haces con él. Eres mi novia... ¿No?

—¡NOOO!

Alemania y el funcionamiento de un tsundere, lección 2. Parpadea y le mira un poco triste.

—¿No? Pero...

Ella se queda paralizada y de repente le mira igual de desconsolada pero sonrojada de muerte.

—Pero tú me dijiste —murmura suavecito.

—Y-Yo... yo... —balbucea y se vuelve a lo que está cocinando, notando que ya casi está.

—Dijiste que serias mi novia y estás sentada entre mis piernas

—Yo... —se tensa más e intenta huir.

—¿Pero por qué? —la aprieta un poco.

—Noooo! —patalea apretando los ojos y por favor Alemania, no aprendiste que con fuerza nada.

—¡Pero nein! Se va a caer.

Ella le mete un codazo y un cabezazo si hace falta y Alemania la deja separarse apretando los ojos antes del cabezazo.

Ella se separa sentándose a cómo el otro lado del fuego con el corazón aceleradísimo. Alemania no entiende NADA de los que está pasando. Si ya hasta le había contado a Prusia.

Helvetia se humedece los labios odiando haberse puesto nerviosa, porque ahora, decide, no estaba tan mal estar sentada en sus piernas. Alemania se abraza las piernas porque además no lo va a admitir pero tiene fresco, aunque el fuego esta calientito, obviamente... Prefería el calor humano. Italia, ¿qué has hecho?

—C-Come. Queda mucho camino —le acerca el palo sin mirarle.

—Hay que dividirlo... Come tú antes, yo comeré lo que dejes.

Gira la cara y recupera el palo, saca el conejo, lo parte en dos y le da la mitad. Lo mismo con el ave, sin mirarle a los ojos.

—Podrías haber comido... Bueno, danke —murmura tratando de entender... Aunque pronto el olor de la comida le distrae casi del todo.

Helvetia come deprisa y en silencio. Alemania DEVORA en silencio. Hasta muerde los huesos y saca el tuetanito.

Cuando acaban, ella se ocupa de echar tierra sobre el fuego para apagarlo y lavarse un poco la boca, las manos y la navaja con agua. Alemania agradece el movimiento yéndose a mear y ella revisa su bolsa no sea que le falte algo mientras le espera.

Alemania vuelve un ratito más tarde, aun embarrado en sangre y comida. Seguro tiene toallas húmedas en el coche, que no cunda el pánico.

—Vas a necesitar un arma.

—¿Un arma? ¿Para qué? Traigo mi llave de tuercas en el coche —pregunta el alemán.

—Para cazar —lo dice porque siente que te has quedado con hambre.

—¿Para cazar? Pensé que podríamos comprar la cena... Yo necesito agua.

Ella saca la botella de Gatorade que está casi entera y se la tiende.

—Nein, esa es tuya. Me la pagaste incluso —se le acerca—, lo que pasa es más... Mira —le muestra las manos. Ella se guarda la botella y busca la bota con agua que ha usado ella.

—Querría bañarme ahora sí, además. ¿No hay manera en que al menos pasemos la noche en un hotel?

—E-En un... hotel... —es que eso suena tan tremendamente de ciudad.

—Ja. Pago y nos dejan dormir en un cuarto con calefacción y baño.

—Es caro.

—Yo lo pagaré.

—¿Por qué?

—Porque quiero bañarme y pasar una noche tibios sin enfermarnos.

—Pero hay... personas.

—No en el cuarto, estaremos tú y... —parpadea con esa línea de pensamiento.

—Esos están en las ciudades y siempre hay personas que quieren que hagas cosas y nunca sé qué cosas y no me las dicen, así que no las hago y se enfadan.

—Y-Yo te diré que cosas hay que hacer y nadie se enfadará.

Helvetia le mira de reojo y en realidad eso resulta un gran alivio.

—Vamos a un hotel y pasamos la noche ahí, nos darán comida y bebida, nos bañaremos —Alemania... Deja de sonrojarte.

Ella se lo piensa unos instantes y accede asintiendo suavecito, después de todo... comida gratis. Alemania sonríe un poquito... A su muy sutil modo y puede que ella deje de fruncir el ceño un poco.

—Mein Gott, danke —asiente—. Buscaré uno por aquí en el GPS. ¿No hay manera alguna en que subas al coche si voy muy muy lento?

Niega con la cabeza.

—¿Por qué no?

—No me gusta —le da un golpecito con el palo, andando a su lado una vez ya han llegado y han vuelto a ponerse en marcha. Alemania arruga la nariz con el golpe.

—No le pegues que lo rayas —le pide mirándole de reojo y estirando el cuello a ver si su amado coche sigue igual de reluciente—, pero iría tan lento que solo estarías sentada.

Ojos en blanco y niega otra vez.

—Llegaremos en unas cuantas horas a esta velocidad al hotel. Podríamos llegar... Vale, vale, dejaré de insistir —le mira—. ¿Te gusta que Schweiz se case?

—Él está contento —claro porque esto no se lo habías preguntado.

—¿Y tú? ¿Cómo te convenció de ir a la boda?

—Me lo pidió —tan simple como eso.

—Eso no es bastante, ¡ojalá lo fuera!

Le mira sin entender porque no lo es. Es decir... Alemania, a ti te está compartiendo TODO lo que tiene, por qué no iba a hacer igual o más por SU HIJO. Alemania mira al frente y carraspea porque sí, en realidad estaba protestando porque no te has subido al coche.

—¿Has ido algún día a una boda?

Niega con la cabeza. Tú no eres su hijo y créeme que la boda le da mucho más miedo que tu coche.

—Yo he ido a dos como esta.

Ella le mira de reojo, escuchándole.

—La música y la comida es lo que vale la pena... Y el baile —desvía un poco la mirada.

—¿Qué es eso?

El alemán levanta las cejas y la mira de reojo.

—¿El baile? Es... Moverse al ritmo de la música.

—¿Para qué?

—Para... Nada en realidad. Supongo que divertirte.

—Diver... tirse —asiente un poquito porque entiende que a veces la gente necesita hacerlo.

—Ja —asiente—, ¿no has bailado nunca?

Niega con la cabeza. Alemania la mira de reojo pensando que con esto Sí va a conseguir que caiga rendida a sus pies.

—¿Bailarías conmigo?

—¡NOOO! —ese chillido de nuevo más sonrojo.

Alemania parpadea.

—¿Por qué?

—Porque... no me gustas—responde apartando la cara.

A Alemania le encantaría entenderte. Parpadea…Podrías preguntarle a Austria. Aunque puede que te riñera por AÑOS si supiera lo que estás haciendo con ella. Así que tal vez mejor llama a Francia, porque Prusia igual no te va a saber decir. O bueno, claro, siempre está la opción de Roma, pero no creo que quieras perder ese aliado con Veneciano. En resumen: estás jodido. Tal vez tu padre sabría algo, pero no sé si quieras hablarle. Y luego está España que por supuesto puede ser una de tus PEORES opciones. Quizás Liechtenstein... pero no sé ni si pienses en ella. Galia. Galia podría ayudarte, ella conoce bien a Britania.

Galia... Los astros tienen que alinearse para que piense en hablarle a Galia. Es su mejor opción pero es que ni siquiera sabe que está tratando con un tsundere. Si, cómo veras no hemos nombrado ningún británico por motivos evidentes.


Poco a poco se mete bajo tu piel con la convivencia... te estás colgando. ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!