NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS, SOLO ME DIVIERTO AL ESCRIBIR.
¡Hola a todo el mundo! ¿Cómo están? recientemente me he encontrado mu feliz y con energía (ojalá me dure) xD
Comentarios:
AliceCullen: me alegro :)
Espartano: creo saber quién crees que es el prisionero 33 (revoltijo de palabras) y claro que revelaré como pasó. Te agradezco bastante la paciencia :)
digixrikanonaka: lo de Finn y Astrid es algo que aún no tengo muy definido pero sé que algo va a pasar...
Capitulo 7.
.
.
Era una mañana de mucho frío y apenas estaba saliendo el sol de entre las nubes. Encima del mar, se podía ver una nave vikinga, con las velas completamente extendidas haciendo que el barco se moviera rápido. Un bulto pequeño cubierto de pieles se escabulló hasta la cubierta, asomando su cabeza hacia el mar. Las olas majestuosas se veían danzando hacia la costa de una isla, donde estaba asentada una Tribu vikinga.
—¡Hipo!—reprendió Estoico a su hijo, caminando atrás de él—No te asomes mucho, que te vas a caer.
El niño de ocho años vio a su padre y le sonrió con ganas. La emoción bullía en su cuerpo entero y contagiaba a su padre. Tomó a su hijo en brazos, levantándolo un poco de modo en que pudiera contemplar el puerto sin que su vida peligrara.
—Hace bastante frío y aún no te recuperas de tu gripe—siguió diciendo—Tú madre no estará feliz cuidándote toda la noche…
—¡Es que ya quiero llegar!—explicó el niño.
Estoico se mostró feliz por su hijo. Le encantaba verlo así, animado y feliz.
—No tardaremos más de una hora. Por lo pronto, métete y caliéntate esas manos que traes heladas.
—Pero papá…
—Sin peros—sonó firme. Después, complaciente—Anda, un rato más y te metes ¿Entendido?
—¡Sí!—gritó el emocionado niño.
Estoico lo dejó en el suelo y contempló con orgullo a su hijo escalando el barandal de la cubierta para asomarse nuevamente y ver la tribu Tvinge a lo lejos. Estaba aún borrosa, una espesa neblina cubría el mar. Pero no le cabía la menor duda de que le gustaría apenas pisaran tierra.
.
Estoico el Vasto estaba de pie encima de la cubierta, en un barco rumbo a la aldea de Tvinge. El viento helado le golpeaba la cara haciendo que su mente comenzara a vaciarse, pronto, lo empujó hacia lo más remoto de su ser. Recordó pensamientos pasados, dolorosos, que llevaba años reprimiendo.
Tvinge era una tribu grande, poderosa y extraña. Tenían una pasión inmensa hacia la belleza en todas las formas, y prueba de ello eran las casas y edificios minuciosamente planeados para recrear formas especiales. Realmente eran bellas y diferentes de todo.
Estoico recordaba que, mucho tiempo atrás, llevó a Hipo de niño a una excursión por todas las tribus. Tenía ocho años y estaba empezando a prepararlo para convertirse en un buen Jefe. De todas las tribus, las que más le gustaron al niño—y siguieron gustándole al crecer—fueron Tvinge y Taber.
Aún recordaba como si fuera ayer aquella misiva. Hipo había descendido del bote, luciendo su prótesis y con el semblante serio que requería la situación. No dijo nada y solamente expresó un sincero pésame. Ya en la privacidad de sus aposentos, el muchacho se dejó llevar por la dura realidad de que Taber había sido destruida. Taber, donde jugó de niño tantas veces. Taber, de donde era su madre.
Quizá era lo que más le dolió a Estoico. Valhallarama, si difunta esposa, había nacido y crecido en Taber. Al casarse se enamoró tanto de Berk que lo consideró su patria, empero, las visitas a su ciudad de origen siguieron siendo frecuentes. Más cuando nació Hipo y fue el consentido de sus abuelos maternos.
Que de recuerdos… Al morir Valhallarama, Estoico tardó mucho en volver a Taber. Pero Hipo adoraba esa ciudad y estar ahí le recordaba a su madre, por no mencionar sus abuelos que seguían vivos. Naturalmente, éstos murieron durante la gran invasión romana. El recuerdo de su madre, su ciudad, sus costumbres, ardió y se convirtió en cenizas.
Y Estoico sabía que, en su dolor, Hipo estaba dispuesto a dar pelea. Como también sabía que su hijo no era el mejor guerrero. No obstante, nadie era capaz de montar un dragón como él, fabricar armas como él ¡Y era el heredero! Mantenerlo apartado del conflicto era sencillamente imposible.
Al descubrir la muerte de Hipo, Estoico sintió que ya no podía perder nada más. Fue devastador. La muerte de su esposa no lo había destrozado tanto. Las esperanzas de un buen futuro y todo el amor que alguna vez le tuvo a Valhallarama quedaron representados en su único hijo, y de una manera repentina, Hipo se convirtió en lo único realmente importante en la vida de Estoico.
Él se había ido. Y fue como si todos esos años de alegría y bellas experiencias se hubieran esfumado con él. Lo único que quedaba de su esposa, de Taber y del gran cambio, la revolución, había terminado con su muerte.
Pasó mucho tiempo para que esa herida sanara. Berk seguía en pie, y seguía siendo suya. Era lo único realmente suyo. No había nada más, salvo recuerdos. Y promesas que se debían cumplir. Los romanos le habían quitado todo, pues bien, él les quitaría sus esperanzas. Nunca conquistarían Berk, jamás derrotarían a los vikingos ¡Nunca permitiría que le lastimaran más!
Cuatro años habían pasado desde que tomó esa resolución. Y para que se cumpliera, necesitara el apoyo de sus tribus hermanas. A lo lejos, tras horas, el fuego de unas antorchas reveló la tribu de Tvinge. Había llegado el momento.
Klaus, el Jefe de Tvinge, estaba en el puerto con mirada tranquila, esperá alto, como casi todos los vikingos, de complexión gruesa, larga barba negra y cabello oscuro. Le saludó con una amistosa sonrisa y apretón de manos. En toda su vida, Estoico podía presumir de haber llevado siempre muy buenas relaciones con los demás Jefes de otras tribus.
—Me alegro de verte, Estoico—dijo Klaus, que caminaba a su lado rumbo al Gran Salón—Los dioses te bendicen mucho ¡Ninguna herida de combate!
—Lo hacen—contestó—¿A llegado Liv?
—Sí, te esperábamos.
Liv era el Jefe de la Tribu Kratfuld. Un hombre, el mayor de los tres, que siempre se la pasaba haciendo bromas a menos que la situación fuera demasiado seria. Sus azules ojos eran como el océano, y como éste, reflejaban siempre sus emociones de manera rápida. Tal y como Klaus había dicho, Liv estaba sentado en la mesa del Gran Salón, bebiendo cerveza. Y le saludó aún más efusivamente al verlo.
Pasados los saludos y las bromas, con tarros de cerveza en sus manos, tomaron asiento. El ambiente ligeramente tenso. Había llegado el momento de hablar de verdad.
—La estrategia de las fortalezas te ha resultado realmente bien Estoico—dijo Liv—Todos pensábamos que no durarían ni el mes.
—Lo sé—respondió—No fue en todo mi idea, más bien, la propuso Hipo al inicio de la guerra.
—¿A ese niño se le ocurrió? ¡Odín le tenga en Valhalla*! Ese muchacho era inteligente.
Bien dicho. Era.
—La alianza puede hacerse sin necesidad de truques o algo por el estilo—dijo Klaus—Somos tribus hermanas, debemos cuidarnos entre nosotros. Y ha llegado el momento de ayudar.
—En nuestras diferentes bases hay entrenamientos enfocados a distintas áreas—dijo Estoico—Podemos entrenar a sus hombres, los romanos tienen una manera peculiar de batallar.
—Estábamos enterados de eso y agradecemos tu oferta.—contestó Liv.—Sería así más conveniente.
—Mandaré una tropa de cien hombres para que los entrenes—declaró Klaus.
—Y yo otros cien.
—¿Solo doscientos hombres más?
—No—respondió Liv—Esos cien hombres serán la élite. Por nuestra cuenta hemos estado entrenando a un ejército diverso.
—Que ellos peleen mientras entrenas a nuestras élites.
—Es decir, quieren formar dos ejércitos diferentes.—cuestionó Estoico.
—Algo por el estilo.
Estoico siguió trazando más planes con ambos. Al final, terminado el acuerdo, brindaron por la paz, murmuraron un pequeño rezo para la protección de sus tropas, y acompañaron a Estoico hacia su nave. No tenía nada más que hacer en Tvinge.
o-o-o-o-o
o-o-o-o-o
Las tropas que las tribus de Tvinge y Kratfuld mandaron fueron distribuidas en las cuatro bases de Berk. La mayoría se quedaron en Thorum y Fereiya, unos cuantos a Fyrya y casi ninguno a Masla. Las demás tribus no estaban tan acostumbradas a la presencia de dragones y ese fue el principal factor a trabajar una vez que empezaron los entrenamientos especiales.
El entrenamiento retrasó en gran medida los planes que Berk tenía para con la guerra. El masivo ataque preparado para dos semanas se prolongó a dos meses. En la Fragua las cosas no iban realmente bien. Bocón era, con Astrid y Estoico, quien mejor comprendía a Hipo. Pero el viejo herrero no entendía ni por asomo los bocetos que ese muchacho hizo en papel y por más que intentara hacer las armas, era incapaz de adivinar para qué funcionaban.
Astrid llegó a Berk con los dragones entrenados y fue llamada a ayudar en esa labor. La muchacha desde luego tampoco entendió muchas cosas. Además, entrar a la fragua por primera vez en años y ver los apuntes en puño y letra de Hipo le causó cierto dolor. Uno que ella no pensaba sentir.
Las cosas se pusieron más tensas cuando Masla fue atacada nuevamente. En esta ocasión, lamentablemente, cayó. Brutilda estaba al mando de un grupo de apenas treinta vikingos contra cinco tropas romanas. Para cuando los refuerzos llegaron, encontraron la base completamente destruida. Los pocos sobrevivientes (tres) narraron los hechos, e informaron a Estoico de que los demás fueron llevados como prisioneros.
Brutacio golpeó todo lo que se encontraba cerca de él. Su hermana era prisionera de los malditos romanos en Alere Flammam ¿Qué sería de Briutilda? ¿Qué sería del escuadrón? Todos los raptados eran jóvenes, de no más de veinte cinco años ¿Qué les habrá pasado?
No era un secreto que los romanos eran despiadados en cuanto a castigos se trataba. El tiempo se les estaba acabando, ellos lo sabían. Había alguna remota posibilidad de poder salvar a Brutilda y los demás rehenes, pero aquello sería peligroso. Casi imposible.
No obstante, los reclutas de Tvinge ya estaban listos para el combate. Y muchas familias clamaban venganza por sus hijos o sobrinos pisioneros (quizá muertos) Astrid caminaba hacia el Gran Salón de Berk, a una junta importante donde se decidiría qué hacer, cuando se encontró con Patapez.
—Hola Astrid—la saludó. El llevaba una carretilla con algunas armas—¿Vas a la junta?
—¿Tú no?
—Sí, cuando termine con esto.
—¿Qué es?
—Armas romanas. Fundiremos el metal para hacer más espadas.
—¿Desde cuándo haces armas?
—Desde que Bocón me obligó.
Astrid río por la broma, cuando un resplandor proveniente del montón de armas le llamó la atención. Inmediatamente miró el mango cubierto de joyas ¿Los soldados romanos tenían nobles entre sus tropas? Esa información era nueva.
No obstante, cuando sacó la espada del montón, jadeó sorprendida. Sus ojos se le abrieron inmensamente. Patapez la miró algo extrañado, no entendía por qué tanta fascinación por parte de Astrid en una espada. Ella sostenía el arma con lágrimas, incapaz de comprender por un momento si aquello podía ser real.
—¿Dónde está Bocón?—exigió saber la vikinga, sin nada de amabilidad en su voz.—Patapez ¡Dime dónde está!
—En a Fragua—le respondió.
Ella se echó a correr hacia la herrería. La espada en mano mientras entraba al lugar. Astrid no había pisado la fragua desde que comenzó a viajar entre las fortalezas vikingas, y la encontró más grande que antes. Bocón, dentro y enfrente de un horno, la saludó con una sencilla sonrisa. Pero ella no estaba para saludos. Se paró enfrene de él, mostrándole la espada.
—Dime que no se parece a una que hayas visto antes.
Bocón entrecerró los ojos. No tardó ni dos minutos en reaccionar.
—Astrid, si lo que me estás insinuando es verdad…
—¡Debemos invadir Alere Flammam de inmediato!
—Tomemos las cosas con calma, hay que hablar con Estoico…
—Rápido—fue su respuesta.
Y los dos salieron de la fragua, sosteniendo la espada.
Tarán!
¿Qué creen que este insinuando Astrid? les daré una pista, tiene que ver con el recuerdo del capítulo anterior. En este capítulo me enfoque en Estoico porque me encanta el personaje (de hecho, vi la película porque la voz de Estoico, en inglés, la hace Gerald Butler, uno de mis actores favoritos) y simplemente el personaje demandó protagonismo.
El próximo capítulo es importantísimo, ya casi lo termine ¿Que dicen? ¿Les gustó? ¡Espero sus comentarios!
chao!
