NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAM WORKS, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO.
¡Hola a todo el mundo! ¿cómo están? bueno, en este capítulo me extendí y hablé algo más de lo que pensaba, pero igual creo que les gustará. En el próximo chapter será al fin el reencuentro ¡Hipo volverá con su gente!
Comentarios:
Tsukimine12: Hipo peleará en el siguiente episodio y tengo unas escenas en mente realmente buenas, donde veremos a un Hipo más guerrero y fuerte que antes.
Chofis: bueno, este fic tendrá Astrid/Hipo más adelante xD Y me alegro mucho que lo hayas leído y te gustara, sé que el resumen que le puse no fue precisamente bueno... pero le diste una oportunidad, te gusto y eso es lo que cuenta :) ¡Mil gracias!
TheOnlyNightFury: jajaja, a mí también me agrada mucho Erick. No te apures que no le pasa nada.
Espartano: mil gracias, puedo decirte que muy pronto se reencontrara Hipo con los demás (en el capitulo 11) y que las cosas tardarán en volverse pacíficas. Pero todo saldrá bien al fin. Eso de que mi fic es tu favorito realmente me llegó :D
Muchas gracias por todos sus comentarios y apoyo, a la gente que lee igual. Disfruten.
Capitulo 10.
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El Capitán Eliseo dejó su vaso con agua encima de la mesa, y tomó asiento delicadamente sobre una silla. Hipo estaba sentado, con las manos encadenadas, enfrente de él. Miraba cuidadosamente sus movimientos, y tenía el ceño fruncido.
—Así que… no cooperarás conmigo ¿Verdad?
Sus ojos eran implacables, y esbozaba una sonrisa burlona que le daban ganas a Hipo de quitársela con un merecido golpe. En vez de eso, relajó su postura y se recargó en el respaldo.
—No—respondió—No te ayudaría por ningún motivo.
—¿Así que condenarías a tu pueblo por tu orgullo?
Hipo abrió los ojos confundido ¿Condenar a su pueblo? Bien, sabía que su ayuda durante la guerra había sido muy valiosa, y hasta necesaria. Sus armas y sus estrategias marcaron una gran diferencia en las batallas contra los romanos. Pero su gente era tenaz, orgullosa y fuerte; con o sin él encontrarían una manera de vencer. Confiaba en ello, porque de verdad los conocía.
La idea de condenarlos nunca le pasó por la cabeza. Algo estaba tramando el capitán Eliseo. Y por esa expresión de triunfo que tenía, no podía ser nada bueno.
—¿Condenarlos?
—Así es, mi joven herrero—Eliseo se puso de pie, rodeando la mesa despreocupadamente y dándole la espalda.—No tendré mucho problema en acabar con Berk. Pero, claro, no quieres eso ¿O si?
No contestó.
—Los vikingos son muy fuertes, pero Berk es una tribu débil. He encontrado una manera de derrotarlos sin lanzar un solo cañón. No pasa lo mismo con otras tribus, esas serán más difíciles.
Miró hacia Hipo de frente. Dio unos cuantos pasos y agarró el vaso, tomando el agua de manera lenta.
—Pero… si cooperas conmigo, veré el modo de no matar a tu gente… aún.
Hipo resopló.
—No entiendo ¿Por qué me quiere a mí? ¿Acaso no me ha visto? ¡Soy un pescado parlanchín!—alzó las manos, mostrando sus delgados brazos como fideos—No le seré de utilidad.
—Lo serás… no por nada te dicen el Mejor Jinete, o el Gran Herrero. Hombres míos que han visto tu trabajo dicen que has sido bendecido por el gran Vulcano*.
¡Ah, Vulcano! La verdad, Hipo no creía que sus cualidades llegaran a tanto. Realmente, los halagos romanos le tenían sin cuidado. Ellos y sus raras costumbres no le importaban en absoluto.
—Además, hablas muy bien el latín—continuó Eliseo—Sí, me ayudarás mucho.
Hipo nunca se maldijo tanto por insistir en aprender idiomas. Además de escandinavo, dominaba el latín, el griego y algo de danés. Los viajes con su padre en su infancia le sirvieron de algo. Hipo miró a Eliseo nuevamente, con los puños apretados. Esta vez habló en escandinavo:
—No haré nada de lo que me pidas ¡Soy un vikingo, no puedes mandarme!
Eliseo gritó:
—¡No entiendo esa lengua de salvajes!—claro, en latín—Respóndeme.
—Ya lo hice.—le dijo Hipo, usando la lengua romance. Su sonrisa petulante enfureció a Eliseo.
Lo siguiente que sintió fue una serie de duros golpes en su mejilla, que después lo tumbaron al suelo. La cara le dolía, pero se puso de pie sin hacer muecas y lo miró desafiante. Él no se dejaría vencer por nada ni por nadie.
—Me servirás Hipo… ¡Lo harás!
Eliseo salió, no sin antes mandarle a sus soldados que le enseñaran cómo comportarse…
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En Alere Flammam Hipo debía entregar de cuarenta a sesenta armas al día. Por lo tanto, le bastó media noche para terminar los artefactos que necesitaba. Usó el resto para dormir y se despertó cuando el sol ya alumbraba el cielo despejado y celestino; no era muy tarde, pero tampoco tan temprano.
Pescó nuevamente y comió con Chimuelo. Empacó sus cosas de manera cuidadosa. En un bolso estaban todas las armas; en otro, colocó frutas y peces, las provisiones por su nuevo viaje. El dinero y las joyas colgaban de su cinturón y por nada del mundo se movían de ahí.
Hipo montó a su mejor amigo, y los dos volaron hacia las nubes. El dragón y su jinete querían saciar esas ansias de vuelo que los invadió durante años seguidos. Sentir esa adrenalina arremolinándose en la parte baja de su abdomen y la emoción eran sencillamente incomparables. De las cosas que más extrañaron estando prisioneros.
Pero tenían que darse prisa. Descendieron en el primer pueblo que encontraron. No era grande, pero estaba encima de una costa y la gente parecía amable. Chimuelo se quedó en el bosque a petición de Hipo, siempre atento a los movimientos de su jinete. El chico antes que nada necesitaba ropa y pan, así que fue a un puesto de telas y confecciones.
—¿Tiene noticias de la guerra?—le preguntó Hipo al mercader—La de los romanos contra los vikingos.
—Ah, pocas en realidad—repuso, tendiéndole unas telas brillantes y finas para que las viera—Sabemos que unos intrusos parecen haber destruido parte del muro de Alere Flammam ¿Si conoce esa fortaleza, verdad?
—Claro, he oído sobre ella—Hipo sonrió pensando que él la destruyó con Chimuelo. Miró la tela y la dejó de lado, no era lo que buscaba.—¿La han conseguido destruir?
Lo dijo con asombro.
—No del todo, los romanos no se han resistido. Pero hay fuertes rumores de que los vikingos planean una invasión.
Abrió los ojos con inmenso asombro.
—¿Si?
—Eso se dice, y no me sorprendería. Ahora que los romanos andan muy vulnerables no es mala idea.
—Puede que tenga razón…
¿Una invasión? ¡Estaban locos! ¡Por Odín, qué ideas se le ocurrían! Los romanos estaban débiles, sí, pero con una cantidad inmensa de soldados. Puede que la idea saliera bien pero ¿A qué costo? Solo de pensarlo se le ponía la carne de gallina.
—¿Cuándo, supuestamente, harán esa invasión?
—Dicen que esta misma noche.
—Para buscar un refugio…
—Será lo mejor muchacho. Siempre ¿Qué vas a querer?
Entre todas las telas encontró una de color verde oscuro, parecido al bosque, gruesa y abrigadora. Inmediatamente la escogió y pidió que le cosieran una camisa con ella. Y un pantalón de otra tela café. Compró además unas botas decentes y un chaleco de piel. Limpio y con su ropa nueva, Hipo también compró un cesto con peces y fruta para irse al bosque donde Chimuelo lo esperaba con impaciencia.
Dejó los peces en el suelo donde inmediatamente el dragón comenzó a comer. Hipo acarició su cabeza mientras hablaba.
—Amigo, tenemos problemas—el dragón alzó sus orejas, era su expresión de sorpresa.—Mi padre y los demás planean atacar al capitán esta noche.
Chimuelo rugió, de verdad a veces los amigos de su jinete eran personas desesperadamente tontas. Se sentó mirando a Hipo con unos ojos que preguntaban qué deberían hacer ahora.
—Vamos Chimuelo, sé que apenas escapamos pero deberemos pelear—Chimuelo rugió ligeramente molesto—Si, lo sé amigo, pero no tenemos opción ¿O quieres verlos muertos?
Negó vehemente con la cabeza.
—Bien, ahora iremos esta tarde ¿Bien? Termina de comer.
Chimuelo se postró en el césped comiendo los peces. Hipo se sentó, y agarró una fruta que mordió lentamente. Pensaba un poco en todo lo que deberían enfrentar en unas cuantas horas. Su gente lo creía muerto ¿Se impactarían mucho de verlo?
Fuera como fuera, tenía que prepararse física y mentalmente para el combate.
o-o-o-o-o-o
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—No me interesa en lo más mínimo el nivel de la marea—dijo Estoico—Llegamos esta noche porque llegamos esta noche ¿no ha quedado claro?
—Sí mi señor—respondió el pobre tripulante que iba manejando el barco
Astrid replicó en voz baja, apoyándose en el borde del barco. Miró las olas del mar bajo la nave, sintiendo el viento en su rostro. Faltaba poco para el atardecer y se supone que el ataque debería empezar esa misma noche. Pero el tiempo apremiaba.
—¿Estás nerviosa?
Volteó algo sorprendida. Atrás de ella se encontraba Finn.
Las dos bases que aún estaban en pie inmediatamente mandaron sus mejores soldados cuando llegó la noticia del ataque. Finn estaba entre ellos, aunque su presencia en realidad le incomodaba. No lo miró, le dio la espalda al contestar:
—No—dijo.—Estoy ansiosa. Quiero destruir Alere Flammam con todas mis fuerzas
—Tanto odio no es bueno—contestó el hombre—¿A qué le debes tanto rencor a los romanos?
—¿Y todavía preguntas? ¿Te parece poco que estemos en plena guerra? ¡Dime!
—No, pero aún así no los odio tanto como tú. Pareciera que quisieras borrarlos del mapa.
—Los borraré del mapa—y golpeó el borde de la nave con fuerza—Ellos me han quitado lo que más quería.
Fin asintió mordiéndose la lengua para no hablar. Ella hablaba de Hipo, no se necesitaba ser un genio para comprenderlo. Colocó una mano sobre el hombro de la rubia, a modo de consuelo. Pero Astrid se lo quitó de un rápido movimiento.
—No me toques—replicó.—¿Sabes dónde está Brutacio?
—Allá.
Señaló al otro lado de la proa. Astrid caminó hacia él y Finn la siguió.
—¿Listo?
El vikingo estaba afilando su espada minuciosamente. La dejó de lado para sonreírle a su amiga de la infancia.
—Por supuesto—se puso la espada en el cinturón—Juro que si encuentro a Brutilda con el más mínimo rasguño… los romanos la pagaran caro.
—Les haremos pagar caro.
Era increíble como esos dos hermanos podían estar peleando hasta la muerte todos los días, y quererse tanto al mismo tiempo. Astrid no tenía hermanos ni mayores ni menores, y siempre se sintió sobrecogida por la soledad de su casa cuando sus padres no estaban. Deseaba tener una familia grande. Quizá en algún futuro…
Agarró una piedra y comenzó a afilar su hacha. Estaba en eso cuando llegó Patapez acompañado de Patán.
—Según los mapas estamos bastante cerca—sonrió el más robusto y alto del grupo—Los romanos no sabrán lo que les golpeó.
—Pero hay que tener cuidado—agregó Patán.—Mi tío ya organizó todo el plan. Astrid, tu comandarás a las tropas terrestres, deben entrar por el hueco de fortaleza para iniciar el combate armado.
—Entendido—siguió afilando el hacha.
—Brutacio. Te encargarás de liberar a los prisioneros con un pequeño grupo de jóvenes armados.
—¿Qué tan pequeño?
—Cinco miembros.
—Son más que suficientes.
—¿Y yo qué haré?
Todos voltearon a ver a Finn. Patán dio un paso adelante.
—Comandarás a tus tropas de Fereiya ¿Bien?
—Más que perfecto—Finn esbozó una extraña sonrisa de satisfacción—Ataque terrestre ¿verdad?
—Ataque terrestre.
Astrid dejó la piedra de lado y empuñó el hacha. Al momento de alzar la mirada descubrió que el cielo ya estaba oscurecido. Ningún barco prendió antorchas. A lo lejos, se podía ver la estructura de piedra: Alere Flammam.
Estoico el Vasto, de pie en la parte delantera del barco, alzó una mano con su espada. Estaban ya muy cerca y gritó:
—¡Ataque!
Todos los vikingos, alzando sus armas, dieron un grito de guerra.
o-o-o-o-o-o
o-o-o-o-o-o
Erick salió rápidamente de la celda de prisioneros, respirando aliviado. Les había dejado la comida suficiente; al menos no tardaría mucho en reunir porciones de pan y podría dejarles quizá queso en la siguiente ocasión. Apenas dio un paso para alejarse, alguien golpeó la pared, llamando su atención.
Volteando, gimió al ver un soldado romano con el ceño fruncido.
—Así que—hablaba en latín—Tenemos un traidor ¿verdad?
—No soy un traidor.
Erick dio dos pasos hacia atrás, tratando de escapar, pero otros soldados romanos lo acorralaron. No había forma de salir. Miró con sonrisa orgullosa al hombre enfrente de sí:
—¿Tú crees que lo soy?
—¡Lo eres, maldito bastardo!
Le dio un golpe duro en el abdomen, que lo hizo doblarse. Río en voz alta para enojarlo aún más.
—Sí que eres ingenuo si piensas que me harás hablar—luego, les dijo en lengua nórdica—¡Los vikingos jamás podremos ser vencidos por su débil espada!
Los romanos abrieron los ojos espantados.
—Eres un vikingo… ¿Hay vikingos infiltrados?
—Debemos informar inmediatamente al capitán Eliseo.
—¡Qué esperan, cójanlo!
Erick se agachó, pero los golpes de dos soldados le dieron directamente en las rodillas. Inclinado, recibió otro impacto directamente en la cien que lo mareo. Apenas fue consciente de cuando esposaron sus muñecas, pero sinceramente no le importaba. Lo matarían ¿Y qué? No les daría nada de información.
Lo jalaron con brusquedad hacia la oficina del capitán, pero apenas salieron de las catacumbas, llegando a la explanada central, se escuchó un grito. Era alto, colérico e indicaba una sola cosa: guerra.
—Han llegado—dijo feliz.
Los soldados palidecieron y se asustaron tanto que lo soltaron. Erick corrió hacia el comedor, donde se suponía que estaba Gunter. En el camino se lo encontró.
—Pero ¿Por qué estás encadenado?—le preguntó, golpeando las esposas con su espada para romperlas. Cedieron al primer impacto.
—Me descubrieron—le dijo—Y me han dejado. Han comenzado el ataque.
—Entonces es momento de liberarlos.
—Espera a que entren y guiaremos a los señores hasta las celdas.
—Buen plan.
Gunter le dio a Erick un arma y los dos corrieron hacia el hueco de la pared, en donde comenzaban a entrenar decenas de guerreros vikingos completamente listos para la batalla.
Se quitaron los cascos romanos y parte de la armadura, saltando hacia los barcos de los suyos. Lo primero que hizo el tripulante fue abalanzarse contra ellos, creyéndolos romanos, pero inmediatamente se lo quitaron de encima hablando en nórdico.
—¡Somos vikingos de Berk!—dijo Gunter—Infiltrados, salimos de Masla hace casi dos años.
—¿De verdad?—el tripulante caminó hacia una caja y se agachó para recoger algo—Será mejor que me digan entonces ¿Cómo puedo confiar en ustedes?
—Puedes confiar en Odín en vez de en Loki—Erick sonrió. Era el extraño saludo secreto que le dieron a los espías para saber reconocerlos.
El tripulante les sonrió con un sentimiento de camaradería, tendiéndoles dos cascos vikingos con enormes cuernos pulidos. Inmediatamente se los pusieron, extrañándolos, y corrieron hacia la fortaleza para combatir.
No tardaron en encontrar entre tantas personas los rubios y largos cabellos de Brutacio. Estaba acompañado por otros muchachos que ellos vagamente recordaban también reclutas de la fortaleza Masla. Gunter no perdió tiempo y llegó al lado de su mentor en cuestión de segundos. Intercambiaron pocas palabras y los dirigió hacia los calabazos donde estaban los prisioneros.
Astrid miró a su amigo adentrándose en los pasillos y confío plenamente en él. Siguió batallando entonces con quienes tenía enfrente. El hacha se convertía en un arma realmente mortal cuando estaba en sus manos y no demoró ni dos segundos en dejar desarmado al romano enfrente suyo.
Pronto, muchos soldados más se le acercaron y rodearon. Ella usaba su escudo fiel y su arma para defenderse. Los romanos podrán ser muy buenos con la espada pero no con otras armas. Además, checando los diseños que encontraron entre los papeles de Hipo, recordaron un punto débil: aquella parte delgada entre las ondulaciones del metal era fácil de hacer romper.
Ella sabía que Hipo era muy inteligente y pudo haber engañado a los romanos—en caso de que siguiera vivo como era su teoría—así pues, le dio un golpe franco y certero hacia esa sección delgada en la espada. Esbozó una sonrisa de gran satisfacción cuando vio el arma caer hecha pedazos hacia el suelo. El soldado asustado corrió como cobarde, para escapar de ella.
Siguió golpeando las espadas en esos puntos, unas se rompían con facilidad y otras parecían resistir, pero al final los romanos terminaron por darse cuenta de que sus armas estaban en desventaja contra las vikingas. El Capitán Eliseo, que miraba la contienda desde lo alto en la torre de vigilancia, tomó entonces una gran resolución.
Las naves vikingas estaban ancladas cerca de la fortaleza y casi vacías, cuando una flota de naves romanas se acercaron peligrosamente y llena de bayonetas y catapultas. Los disparos fueron muy buenos y varios vikingos debieron regresar hacia los barcos para salvar los que aún quedaban.
Estoico tuvo entonces una idea y le pidió a los timoneles que dirigían sus barcos hacia la muralla romana y usaran toda su destreza esquivando los ataques. La idea era que los golpes dieran en la misma fortaleza para que dejaran de atacar. Hubiera funcionado de maravilla de no ser porque al capitán Eliseo le importaba poco el edificio. Quería asesinar a los vikingos como diera lugar.
La muralla comenzó a caer y pronto quedó la fortaleza sin casi ninguna protección visible. Las rocas caídas aprisionaron y mataron no solo a guerreros vikingos, si no también a muchos soldados romanos. A Eliseo no le importó y siguió golpeando con sus enormes rocas a Alere Flammam.
Las cosas se estaban poniendo realmente feas. De la flota romana, conformada por diez barcos, dos fueron anclados y su tripulación fuerte, nada cansada, corrió hacia la fortaleza para pelear contra los guerreros. La desesperación era palpable, ningún bando quería perder. Los vikingos usaron su recurso más preciado: los dragones.
Pronto los dragones comenzaron a volar sobre el campo de batalla usando sus tiros para proteger a su gente, pero igualmente debían escapar de los tiros y excelente puntería de las catapultas romanas. Los guerreros estaban algo cansados y peleaban como podían contra los refuerzos de soldados romanos.
Se estaba desatando el infierno.
*Vulcano es un dios romano, esposo de Venus y el herrero de los dioses. Se decía que en su Fragua se confeccionaban las mejores y más hermosas armas dignas solo de los dioses. Ya que Hipo es muy diestro en la fragua, y recordemos que sus armas ayudaron mucho a los vikingos al inicio de la guerra, me pareció un buen apodo en señal de respeto y envidia por parte de los romanos "el bendecido de vulcano".
¡Eso es todo! Por ahora... Ya se han de estar imaginando qué pasará en el siguiente capítulo. Pues bueno, se los dejo a su imaginación, de cualquier forma actualizaré lo más pronto que pueda.
chao!
