—¡Novoyacasarme! —chilla Suiza de repente como hace cada vez que alguien se lo recuerda

—Buah, no te preocupes, seguro el señorito encuentra otro en cero coma —responde Prusia, maligno.

—¡No va a encontrar otro! ¡Y menos tú!

—¿Y-Yo?

—Es mío.

Ojos en blanco de Prusia.

—De todos modos ya bastante malo es que esté casado conmigo en Victorian Decadence.

—¡Y es MÍA igual y tiene una hija MÍA! —se quita la cubeta de la cabeza.

—Y un hijo mío —cara de desagrado.

—¿Qué hijo tuyo? —aún no ha salido.

—Ya lo veras... de todos modos es una guarra.

—No es ninguna guarra y cómo le vuelvas a llamar así vas a ir a recoger tus dientes en la calle.

ELLA carraspea. Salto de tres metros. Prusia se calla de golpe y se sonroja un poco.

—Ohh... —el suizo traga saliva y da un pasito atrás.

—No hablen de mi cómo si no estuviera —les riñe a ambos. Suiza mira el cubo en sus manos. Se sonroja más, carraspea.

—No estabas... Y... Yo... M-Miss...

—De todos modos ¿a quién le importa? Tengo razón —interrumpe Prusia.

—¿Razón en qué?

—En cómo son las mujeres que tienen hijos con dos hombres distintos.

—¡Te he dicho ya que te atreva a llamarla guarra una vez más!

—¿Acaso lo que digo les entra por un oído y sale por el otro? —vuelve a reñir a ambos, cruzándose de brazos.

—¡Te está llamando guarra!

—Shhhhh —pide silencio y sonríe un poco.

El suizo se cruza de brazos. Fulminando a Prusia con el ceño fruncido. Sonrojadito, eso sí, por haberla defendido tan abiertamente. Al final Miss Edelstein le echa. Todo fuera tan simple. Suiza se sonroja más al estar a solas con ella. Porque él no es el doctor Zwingli, tan habituado.

—Y-Yo... M-Miss... E-E...

Vuelve, acercándose a él. Orejitas rojas de inmediato

—N-No sabía que... —se mira los pies y balbucea el doble de lo que balbucea con austriaboy!

Sonríe y se le acerca hasta quedar en frente, inclina un poco la cabeza. Él levanta un poco la vista y se sonroja más.

Prusia entra corriendo y por algún motivo la toma de la cintura y se le echa encima, besándola... tras unos BUENOS segundos se vuelve a ir por donde ha venido.

Parpadeo.

Sí, justo eso hace ella aun mirando a Prusia cuando se va y ya le vemos el sonrojo desde aquí. Y no hablo de Prusia. Suiza frunce el ceño tomando su cubo y poniéndoselo en la cabeza.

Ella se relame un poquito. Ejejem. Y se vuelve a Suiza, tomando el borde del cubo con la mano con intención de levantarlo.

—Déjalo ya... —murmura Suiza un poco alicaído. Impide que tome el borde.

—¿Por? —lo levanta hasta verle los ojos. Se sonroja más y no le mira.

—Ve con él si quieres.

Le suelta el cubo dejándoselo cómo estaba y se separa.

—No, no. No vayas —súper alterado, se quita el cubo de la cabeza.

Sonríe sin girarse yendo nada más a sentarse cómo había previsto desde el principio. Suiza va tras ella nerviosito y más sonrojado aun. Histeriquito.

—E-Es decir... —balbucea ahora intentando explicarse.

—Aja... —sonríe más, interesada, cruzando una pierna sobre la otra bajo su falda y mirándole intensamente. Y es que le miiiiiira el movimiento y casi se olvida de lo que decía.

—S-Si quieres v-ve, n-no es que me i-importe ó... Ohh...

—¿No-no es que-que te i-importe? —se burla.

—¡Yo no hablo así!—sale de la estupefacción.

Ella sonríe más y le mira por encima de las gafas. Suiza se sonroja un montón porque es chica y es guapa y...

—¿Puedo tocarte el cabello? —pregunta su boca impulsivamente sin que su cerebro se lo permita.

—¿Puedes? —pregunta cómo si el impedimento en realidad fuera que no se atreve y se lleva las manos al broche que lo sostiene recogido, soltándoselo y peinándoselo un poco con sus dedos blancos y finos.

Se tapa la boca con una mano y le mira IDIOTAMENTE.

—Ehm... Eso es un... —estira la mano y luego se medio arrepiente. Y es que le cae tan bonito. Ella remueve la cabeza y sonríe.

—¿Qué habrías hecho si llego a ser una niña desde el principio, eh?

Parpadea un par de veces saliendo un poco del completo idilio.

—Niña desde el... —repite... Y se sonroja pensando en ello por un instante—. Nein, seria... Nein.

—Nein? Nein?

Es que lo estupidizas.

—Te hubiera matado a la primera de cambio siendo bebé por ser excesivamente frágil.

—Eso sí que no lo creo —se ríe.

Pone cara de BOBO porque la risa suena tan bonita y se ve tan guapa sonriendo.

—Ya era excesivamente frágil siendo un hombre. Habría tenido otro tipo de problemas al crecer, pero me habría ahorrado otras cosas—levanta las manos y empieza a peinarse para recogerse de nuevo el cabello.

Él se acerca un pasito y estira un poco una mano cómo reflejo. Ella le mira levantando una ceja con cara de ¿qué haces?

—Me pregunto qué habrías hecho de plantarme ante ti... —se desabrocha tres botones del vestido—. Y llamarte "cabrero" así.

Suiza quita la mano, claro y le sigue el movimiento de la otra a los botones abre la boca con lo del Cabrero. Y se sonroja un verdadero montonal, pero un MONTONAL.

—Yo... Yo no soy un cabrero —imposible no protestarle, aunque es menos chillón.

—Ah, nein?

—Nein. Nein! No sé por qué insistes con lo del cabrero, no soy uno —se sonroja más—. Solo me gustan —el chillido es menos pero el sonrojo y las ganas de convencerla son más.

—Que... interesante —valora.

—Sí que lo es, aunque quieras convencerme de que no —estira un poco el cuello para verle el pecho y ahora miramos que no es que Suiza sea homosexual propiamente. Es Austriasexual.

—Me refiero a la forma en la reaccionas —carraspea, se sonroja un poco y vuelve a cerrarse al menos un botón al notar cómo la mira. Suiza abre los ojos como platos, atrapado y quita la mirada de ahí

—¿C-Cómo reacciono? —pregunta tapándose los ojos con una mano.

—Menos agresivo... —le mira de reojo y sonríe un poco al notar que se ha avergonzado.

—Pues e-es que eres... T-Tú eres más... Más delicado. Delicada. Eso.

—No, no lo creo.

—No puedo gritarte igual y menos... —levanta las cejas y le mira por una rendijita—. Llamarte idiota.

—No lo digas cómo si antes sí pudieras...

—¡Claro que sí que puedo!

—Ja, ahora empiezas a parecerte más a ti mismo.

—¡Siempre me parezco! Solo que ahora eres... Eres... Y yo... Y... —le ha mirado otra vez y se ha embobado—. Tu peeeelo.

—Es largo —toma un mechón y lo peina, enrollándoselo en el dedo, jugando con él.

Cara de bobo otra vez, tiene que detenerse su propia mano con la otra para no ir a tocarlo.

—Aun así, es suave... —se lo lleva a la nariz—. Y aun huele a mi champú.

Se muere con la idea.

—¿A-Al de chocolate?

—No tengo otro —le mira de reojo.

—M-Me gusta el de... El de chocolate y... —se revuelve un poquito porque ya iba a decir "y tu peeeeelo"

—Ja? Es el más barato del supermercado —mentira podrida, ni siquiera lo venden en el supermercado que van Italia e Hungría habitualmente.

—¿E-Es el más barato? Pues... Te va muy bien y me encanta —carraspea un poco con esa declaración y se seca las manos, que le sudan porque le pone nervioso, en los pantalones. Vuelve a mirarla de arriba a abajo pensando que es muy muy bonita y femenina.

—También veo que eres capaz de decir las cosas que es evidente que te gustan de mi más sinceramente.

—¡No es verdad! ¡He dicho que me gusta el champú! ¡No te he dicho que me gusta tu cabello!

—¿Cómo para casarte con él?

—¿Ca-Casarme con él?

—Con el champú.

—No voy a casarme con el champú, voy a casarme contigo... Bueno, con él.

—Debe ser que te gusto más que el champú—deduce sonriendo. Suiza aprieta los ojos.

—Yo también te gusto porque tú también vas a... —no sé en dónde o cuándo o porqué pensó que esta frase le ayudaría a sentirse mejor.

—¿Voy a...?

—Casarte —suelta con la boca pequeña volviendo a mirarle el pelo de reojo con muchas muchas ganas de hundirle la nariz.

—Yo ya estoy casada.

Le corta la idea a la mitad quedándose inmóvil y con la boca abierta unos segundos.

—Ya... Ah... P-Preussen... —balbucea desviando la mirada hacia sus manos.

—El coronel Beilsmichdt.

—Ese idiota que no te merece.

—Fue una situación preconcebida... de todos modos se ha marchado.

—No puedo creer que hasta Preussen se haya casado contigo en una historia antes que yo —protesta entre dientes—. ¡Menos mal que se ha marchado y más le vale que no vuelva y como te llame guarra otra vez voy a matarlo!

—Creo que eso tenía más que ver con el tema de amante prohibido que de matrimonio en sí.

—¿Amante prohibido yo?

—Pues...

—Igualmente él es tu marido —le mira de reojo.

—¿Y?

—Y nada, ya no puedo... Bueno —entrelaza los dedos y se mira las manos volvieeeendo a pensar en devolverle el pelo. Esto es insano.

—¿No puedes qué?

Carraspea un poco y le mira de reojo.

—C-Casarme contigo.

—Vas a casarte conmigo... en otra historia. ¿O me prefieres así?

La mira fijamente y niega con la cabeza.

—Pero es que...

—¿Aja?

ILe mira la cabeza.

—Yo quería...

—Was? —empezando a impacientarse.

Suiza toma aire y se le acerca un poquito volviendo a estirar la mano hacia ella. Le toca la mejilla con manos sudorosas y que le tiemblan un poco. Le hace un cariño suave y se le acerca un poco más.

—¿Esto es lo que querías? —le riñe un poco sin moverse. Le mira cortando el movimiento que ya tenía hacia ella. Se sonroja otra vez, ahora más.

—S-Solo quería tocarte un poco —confiesa con voz muy suave.

—¿Eso soy para ti así? ¿Un trozo de carne al que tocar?

Parpadea porque la idea que tenía de tocarle era tremendamente distinta a lo que insinúa esa pregunta.

—No, solo quería reconocerte en un cuerpo diferente... —responde sinceramente.

—Reconocerme.

—Si... —vacila ahora sin pensar en acercarse, regañado. Quería olisquearte y tocarte el pelo.

—¿Para qué?

—P-Pues porque... —se revuelve odiándole por estas preguntas difíciles.

—¿Aja?

—Porque sí, porque eres tú y te ves bien y... Eres una chica y no sé si hueles igual o te sientes igual.

—Y cómo ya me conoces pues ya está... Solo te interesa el sexo.

—¿Sexo? —ni siquiera había pensado en ello propiamente. Levanta las cejas. Hola Suiza, soy Austria MUJER.

—Reconocerme en un cuerpo diferente.

—¡No reconocerte así! —se sonroja más.

—Pues tú eres quién lo ha dicho.

—Solo quería olisquearte un poco y acariciarte el pelo. ¡No acostarme contigo!

—Ah, así que ahora no soy lo bastante bonita para ti.

—W-Was? Eres... ¡Pero si eres la mujer más bonita!

—No parece que eso sea lo que piensas realmente —la cuestión es marear.

—¿Cómo vas a decir eso? Si me sonrojo solo de verte y balbuceo cómo idiota y podría pasarme horas solo MIRÁNDOTE estúpidamente.

Ella sonríe un poco burlonamente. Suiza aprieta los ojos al caer en la cuenta de lo que ha dicho.

—E-Es... Es decir...—balbuceos idiotas, sí.

—¿Ajaa...?

—Es decir yo... C-Creo que eres u-una persona muy... Ehm... Que...

—Muy qué. Acaba tus frases.

—Muy... Austriaca.

—Bien esquivado —sonríe. Suiza suelta el aire y le mira de reojo.

—Eres difícil. Más aún cómo chica.

—¿Por?

—¡Porque me haces decir cosas!

—De todos modos sigues sin aclarar si quieres o no acostarte conmigo.

—¿Hay alguna respuesta correcta a esa pregunta?

—Ja.

—Yo... N-Nunca q-quiero... Y-yo... S-Siempre...

Levanta una ceja para hacer esto aún peor. A Suiza va a explotarle la cabeza del tono de rojo.

—E-Es... N-No puedes cu-culparme que... S-Solo digo que es i-imposible que no... A-Aunque...

Se baja las gafas y le mira por encima.

—Österreich... ¿Que quieres que te diga, verdammt? —aprieta los ojos con las orejas casi color morado del sonrojo—. ¡E-Es que mírate!

Ese movimiento/caricia poniéndole el pelo tras la oreja. Escalofrío extremo.

—Oh... Cielos —hasta gira un poco la cara para extender la caricia

—Was?

—Que eres muy muy... Österreich.

—Pues soy yo...

—Ya lo sé —susurra y se le acerca un poquito para darle un beso y se arrepieeeeente.

Ella se agarra del respaldo del sofá y se endereza haciéndole a él tumbársele debajo. Es que... Puedes hacer que se enrosque en el suelo si quieres. Lo hace mirándole con los labios un poco abiertos.

Ella se lleva la mano de nuevo al broche y se suelta el pelo dejando que caiga a ambos lados de su cara.

Es que la cara de idiota que debe poner. No tarda prácticamente nada en subir la mano y acariciarle la mejilla con plena intención de hundírsela en el pelo. Se acerca un poco por su beso. (Y pienso que es bastante tremendo que no esté ni remotamente interesado en sus pechos o en sus regiones vitales)

Y Austria chico carraspea de pie, de brazos cruzados, en la puerta de la sala.

Y es uno de ESOS sonidos completamente familiares para Suiza que hacen que se detenga de cualquier movimiento. A excepción de uno... le hunde la mano en el pelo igual a pesar de estar completamente paralizado de todos los demás músculos una vez gira un poco la cara a mirar a la fuente del carraspeo (Suiza tiene mala suerte y es inocentón, pero no es TAN tonto). Aun así casi se muere, atrapado, como si estuviera haciendo esto con alguien que no fuera Austria.

—Guten tag —se acerca Austria mirándole fijamente a los ojos. Sophia mira al recién llegado también. Suiza tiene un colapso mental, creo.

—Bububu... —es lo más que alcanza a decir, mirándole de debajo de Sophia.

Ella se pasa una mano por el pelo para quitárselo de la cara y se incorpora, Austria se acerca dispuesto a sentarse del otro lado de Suiza.

Suiza hace un súper esfuerzo por quitarle la mano del pelo a Sophia. Y si en algún punto pensamos que Suiza podía ponerse nervioso entre Galia y Austria es porque no barajamos esta opción.

—¿Te lo... pasas bien? —pregunta Austria. No hay lugar en el mundo donde Suiza odie más, y a la vez quiera más estar sentado... Que este.

—Me-Me... Y-Yo pe-pensé que t-tu.

—¿Pensaste qué? —presiona el austriaco.

—E-Eras... —¡la mira de reojo y se sonroja y es que son DOS Austrias y uno es chica!

—¿Ella? —pregunta Austria.

—¿Te parece que él es mujer? —Sophia usa el mismo tono exacto.

—Ja ¿Ella es... Es... Tú... E-él? Nein —les mira a uno y luego al otro intentando hacerse uno con el sillón.

—Ella es una mujer y yo soy un hombre, Schweiz, no sé por qué crees que somos la misma persona —explica Austria.

—Pues que ella... Ella es... Eres tú. De verdad. Es decir, ahora no eres tú porque tú eres tú, pero ella es... ¡Tú!

—Es evidente que no, ya te dije que yo estaba casada —replica ella, el helvético aprieta los ojos y se sonroja más.

—P-Pero es queeee... —lloriquea un poco

—¿Es que qué?

Suiza se lleva las dos manos a la cara porque le gustan los dos y ¡ahora es casi cómo engañar a Austria con noséquién que es ÉL!

—Es que ella eres tú y tú eres ella y ¡mengustanlosdos! —bien, ese estado de histeria pura en el que confesaría lo que FUERA.

—Te gustamos... —empieza Austria y mira a Sophia que le mira también.

—Los dos —acaba ella la frase en idéntico tono de voz.

—Mein Gott in himmel —es la respuesta que obtienen.

—Qué bonito.

—Pues es que son DOS... Imagínense ustedes... —se detiene porque duda MUCHISIMO que tuviera una quinta parte de los problemas que él tiene, lo cual le da aún más vergüenza—. Ugh.

Ambos vuelven a mirarse con cara de haber pensado lo mismo.

—Bueno, déjenme en paz. Ni siquiera crean que me gustan tanto —se agacha al frente y se hace bolita preguntándose donde está su cubo, maldiciendo que Austria le guste tanto. ¿Por qué no podía gustarle de manera normal, como las personas se gustaban habitualmente, en vez de gustarle idiotamente cómo si fuera la persona más impresionante del maldito mundo?

Ambos ponen cada uno una mano sobre el pecho de Suiza y presionan un poco para que se incorpore, que lo hace, como va a hacer cualquier otra cosa que le hagan hacer. Eso sí, aun se cubre la cara con las manos.

—¿Por qué no solo dejan que me vaya y ya? Ustedes se quedan aquí riéndose de lo idiota que me veo.

Ambos levantan el culo del asiento y se sienta cada uno sobre una rodilla del helvético.

Es que le fríen el cerebro. Se quita las manos de la cara y mira a una y luego al otro con la boca bien abierta.

—Q-Q-Qué están... H-ha-haci-haciendo.

—¿Qué dice? ¿Probamos usted y yo primero ahora que aún tiene medio cerebro en funcionamiento? —propone Austria quitándose las gafas.

—Será un honor —responde ella quitándose las suyas para acercarse a él... y se besan.

Un cuarto de cerebro, diría yo. Ok... 1% de cerebro. Aunque con ese uno por ciento... Levanta un poco la mano y es que le da dolor de estómago y le gusta y a la vez le dan celitos... ¿Cómo pueden darle celitos? Se humedece los labios queriendo hacer algo, tocarles, intervenir... Ejem... Que le besen a él.

Se separan con suavidad en perfecta simetría. No crean que no, a pesar de todo, no le colapsa el trozo de cerebro que aún tenía activo.

Ambos se giran a mirarle y está justo en el estado en que les gusta. Sonrojaaaaado y en shock con los ojotes abiertos cómo platos y babeando.

Es que a ambos les parece muy mono. Levantan una mano cada uno para hacerle una caricia en cada mejilla simultáneamente.

Es que le gustan mucho mucho mucho mucho. Medio cierra los ojos con la caricia y tiene el impulso de decirles que les quiere… y lo hace, el muy babas... En un suave susurrito.

Y se dan un cabezazo los dos porque ambos se acercaban a darle un beso al mismo tiempo con eso.

Suiza desfrunce el ceño con esto, preocupadito, levantando las manos para ver si están bien.

(Es que además no llevan gafas ninguno de los dos)

De todos modos, Austria es el que gana la carrera y le besa primero. Y Suiza se queda con una mano en la cabeza de cada uno. ¡Es que lo estamos perdiendo, Houston!

Pues espera a que Sophia empiece a desnudarlo...

Es que Suiza está ya desde YA completamente... Feliz. Besando a Austria cómo si no hubiera mañana, sintiéndose especialmente... El centro de atención. Su corazón está haciendo una prueba de esfuerzo con lo rápido y fuerte que le late.

Tal vez los dos se separen un instante a mirarle una vez esté desnudo, porque les gusta hacer eso, parar a mirar el paisaje.

Genial.

Puede que Suiza se muera de la vergüenza ahora sí... O lamente, más bien, que literalmente morir de la vergüenza sea una tarea más complicada de lo que parece. No hay un solo nervio de su cuerpo que no esté completamente receptivo y despierto. Es momento de hacer una sinfonía.

Bien, entonces, tras sendas sonrisas malignas, se disponen a lamerle entero entre los dos.

Y a mitad de eso, suena el timbre de la puerta... sí, se había quedado medio dormido mientras trabajaba porque con los nervios últimamente está durmiendo mal. Entreabre los ojos, ve su escritorio y los vuelve a cerrar, sin haber oído el timbre.

—Neeeein... No es justooooo —susurra en protesta pero ya se han desvanecido... aunque la sensación aun la tienes a flor de piel. Esta sonrojado, sudadito y completamente a punto—. Pero... Era tan... Ahhh... Detesto estos sueños —ja! Claro.

El timbre insiste.

Suiza levanta las cejas porque no se había enterado del timbre y se incorpora un poco. No. No un poco. Se incorpora y levanta la cejas al notar el... Asunto. Se lo acomoda sonrojándose a sí mismo. Joder. Claro que no le extrañaba tanto con el maravilloso sueño que había tenido. Aun incomodito, arreglándose el asunto es que va a la puerta y la abre de golpe escondiendo la bandera detrás de ella, tallándose un ojo

—Hello! —saluda Inglaterra y sonríe—. Are you ready?

Parpadea, parpadea... Se sonroja.

—Re-Ready?

—C'mon! —hace un gesto para que salga y vaya con él.

—E-Espera es que aún tengo que —mira de reojo adentro y en realidad es que no tiene nada que terminar, si estaba adelantando las últimas cosas—, p-ponerme la chaqueta.

—Venga, apresúrate, está el chofer esperando —le sonríe pero asiente.

Suiza se pone la chaqueta, sintiéndose cómo lleva sintiéndose los últimos días... En un universo paralelo y extraño en el que la boda suena como el fin del camino sin que sepa qué hay después de ese momento. Era mañana. Hacía dos días que no veía a Austria por tener que terminar sus pendientes del trabajo. Quería morirse, salir corriendo y a la vez, tenía unas ganas tremendas de que fuera ese día ya... Y de ver a Austria y oír la música y... Sabía que moriría de la vergüenza.

Podrías hacer algo con tu pantalón... antes de irte. Suiza... Es muy muy burro para algunas cosas. Inglaterra es tu padrino, pero dice que de eso no se ocupa.

—¿Me das un minuto, bitte? —pide al inglés yendo al baño a mojarse la cabeza y a respirar y a darse a sí mismo una sentencia de muerte por el método usado para relajarse.

—Date prisaaa —le apresura yendo para el coche, que es un bonito porsche rojo clásico... porque Inglaterra pensó que a Suiza le gustaría (miente, quería conducirlo).

Suiza consigue devolver sus regiones vitales a un estado de paz, pensando en las cabritas y en Heidi la niña de las montañas. Sale con el pelo empapado, mirando su teléfono.

"Suerte hoy. Pásalo bien. S" le manda al teléfono de Austria, lo que no significa que sea a Austria en realidad. Puede enviarle el mensaje a la caja de galletas que contiene el teléfono de Austria. La caja de galletas dice que gracias, que él también y le manda un beso. Eso pensábamos. En fin, que no se diga que no estaba pensando en él. Se sube al Porsche rojo volviendo a pensar en el austríaco y en que tiene uno igual pero gris, mirando su teléfono de reojo detestando no tener una vía de comunicación directa con él. Suspira nervioso encogiéndose de hombros y guardando definitivamente el teléfono.

—No sabía que tuvieras un Porsche.

—No es mío, es alquilado. Mira —le señala al hombre sentado atrás—. Ese es Sebastian, es el chofer para luego.

Parpadea pensando que es raro traer a alguien atrás para ser el Chofer pero lo deja pasar, saludándolo con la cabeza. Se frota las manos, visiblemente nervioso.

—Österreich tiene un Porsche. Solo que no es rojo —murmura el comentario completamente inútil.

—¿Ah? ¿De veras? —se sorprende el inglés prendiendo el motor y que no sea el chofer el que conduce da una idea de esto... y de cuanto pretende beber Inglaterra—. No tenía ni idea, no lo he visto nunca.

—En realidad casi nunca lo conduce y cuando lo hace es terrible —murmura y se revuelve un poquito—. No sé para que lo tiene, pero lo tiene. Un desperdicio. Ehm... ¿A dónde vamos a ir?

—Primero vamos a por our... ehm... Germany father a Rome y nos quedaremos en Italy. Todos creen que vamos a ir a un bar en Zurich, lo hice para evitar que se acoplen... ya sabes, gente.

El suizo levanta las cejas porque no esperaba que esto fuera en un bar de Italia.

—Gracias otra vez, England... Es una manera extraña de pasar nochebuena. Ehm... —mira por la ventana pensando de nuevo y empieza a sentir el pánico subírsele por la espalda cómo ha venido haciendo toda la semana. Mañana. Iba a casarse mañana. ¡Casarse! Se revuelve con ciertas nauseas.

Inglaterra hace un gesto raro con eso... la Nochebuena, en su casa, con sus niños… No lo admitirá pero es un sollocito. No lo emborraches demasiado o se volverá insoportable. Suiza no se entera, lo siento pero está muy nervioso. MUY nervioso.

—¿Has hablado con Österreich? —pregunta de manera extraña.

—No, no. No tengo ni idea de a dónde van. Germany no me dijo. ¿Tú?

Niega con la cabeza, nervioso con eso también, haciendo ademán de volver a sacar el teléfono e impidiéndoselo a sí mismo.

—No debimos hacer esto así de grande —murmura.

—Seguro estarán en cualquier bar de Berlín —se encoge de hombros—. ¿Estás preparado para todo esto?

—¡No estoy preparado para absolutamente nada! —confiesa apretando los ojos y de verdad deseando... No sabe ni qué. En realidad querría estar con Austria tranquilamente en su casa trabajando en un reloj con el piano de fondo, sin nada de todo esto sobre sus hombros.

—¿Cómo qué no? —le mira de reojo—. Estás demasiado tenso, calma, todo va a ir bien.

—Nein, nein. No va a ir bien. Quizás... Quizás me dé un ataque de pánico en la iglesia y me paralice a la mitad del pasillo. Quizás cuando intente decir los votos no me saldrá la voz. Quizás Österreich se burle cuando los lea... O los invitados se rían. ¡Y no voy a darle un beso!

—Calma, calma. Yo voy a estar ahí contigo si te da un ataque de pánico y le gritaré a cualquiera que se atreva a reírse de ti. Y si no te sale la voz los leeré en tu nombre y le vas a dar un beso. Claro que le vas a dar un beso, uno que les demuestre a todos que a quien quiere es a ti y que por eso se casa contigo.

Sé que las intenciones son las mejores, de verdad... Pero se revuelve otra vez apretando los ojos y echando la cabeza atrás.

—A-Aun he pensado en que podría simplemente ir por Österreich en la mañana y llevármelo.

—¿Llevártelo dónde? A Seychelles?

—Llevármelo a... Mi casa. Eso era muy usual aquí en Schweiz antes... Robarse a la novia.

—¿Ah sí? ¿Para qué?

—Para casarse... —susurra.

—Pero eso es lo que vas a hacer.

—Con mucha mucha gente ahí —aprieta los ojos.

—Ignóralos a ellos.

—Voy a intentarlo. Todo voy a intentarlo —asiente tenso cómo una tabla, mirando por la ventana. No tiene un solo músculo del cuerpo relajado.

—Yo te ayudaré.

Suelta un sonidito por la nariz y le mira de reojo.

—Gracias. Siempre pensé que se sobreestimaba al padrino.

El británico sonríe. Suiza se revuelve otra vez mirando su reloj.

—¿Sabes si terminó la música?

—Ni idea, ya te he dicho que no he hablado con él... pero digo yo que lo habrá hecho —le mira de reojo—. ¿Cómo está Liechtenstein? —cambia de tema—. Me han dicho que está cuidando a tu mother.

—No sé si lo ha hecho, ni eso ni acabar su traje ni sus cosas. No sé nada de nada de la mitad de las cosas —murmura el helvético y para alguien tan controlador esto es una PESADILLA —. Liechtenstein. Sí. Está con mi madre ya que Deutschland no pudo encargarse de ella.

—Ehm... ¿Qué pasó con Deutschland?

—No lo sé. Fue y debe haberle echado con flechas. Era una mala idea pedírselo, desde luego —explica bajando el vidrio del coche, aun visiblemente tenso—. ¿Ya tienes tu todo listo? ¿Los anillos?

—Sí, sí. Están perfectamente bien guardados y he hablado con Romano sobre cómo va a ir todo y que tiene planeado Austria, no tienes que preocuparte por ningún asunto organizativo.

—Ese es justo el problema —protesta el señor controlador, que siente que no tiene control sobre nada, casi ni sobre sí mismo. Se vuelve a revolver supurando tensión por cada poro—. ¿Qué dice mi padre?

—Nos está esperando, es el único que sabe a dónde vamos... luego quisiera contarle lo que dijo mi madre de que podría ser mi padre. ¿Cómo crees que puedo decírselo?

Suiza parpadea y le mira cómo si fuera un extraterrestre y suelta un poco el aire, lentamente.

—Directamente. Es la mejor forma de hablar con Vater. Puedes decirle que te lo ha dicho tu madre. Directamente. Creo que le gustará.

—Bien, se lo diré así —asiente y sonríe—. Tengo... una cosa para ti —le mira de reojo un poco reticente a dárselo.

—¿Una cosa? ¿Cuál cosa?

—Un... regalo.

—¿Un regalo para... Mi? England, has hecho mucho por mí, no era necesario.

—Bueno, entonces me lo quedo yo.

Parpadea sin esperarse esa respuesta en lo absoluto.

—V-Vale... —asiente Suiza porque en el fondo era sincero el comentario, ya está bastante agradecido con el inglés.

—No, no, da igual... Sebastian, please ¿puedes pasarle a Switzerland el paquete?

Suiza voltea y le mira por encima de su hombro habiéndose olvidado de su presencia ahí. Se sonroja por lo que ha dicho.

Sebastian se lo pasa. Suiza mira el paquete... Es rectangular y pequeñito, no pesa demasiado, está envuelto en un papel marrón y con un lazo dorado porque Inglaterra...

Suiza levanta las cejas porque tampoco está muy acostumbrado a los regalos. Siente una oleada de afecto por el inglés y desfrunce un poco el ceño.

Inglaterra le mira de reojo un poco incómodo y aun no muy feliz con dárselo.

El suizo quita el lazo con cuidado. Dentro del papel marrón, que es una carpeta de cartón hay unos documentos.

Suiza levanta más las cejas y lee de qué van los documentos.

Son cosas relativas al alzamiento de los cantones contra los Habsburgo durante la Edad Media, que Inglaterra le robó a España en una de tantas durante el siglo XVII.

(Y se resistía a dárselas, ese TREMENDISIMO Diógenes. Pues no es que haya nada muy MUY importante, pero... era suyo, él lo robó y es histórico)

Suiza parpadea tomándose unos segundos para reconocer los papeles y los sellos. Mira a Inglaterra de reojo, que se sonroja un poco y gira la cara aparentemente muy concentrado en la carretera.

—Es... Un regalo interesante —valora algo sorprendido con, para empezar, que los tuviera él. Y que le parezcan interesantes. Es... Bueno, piensa que es una devolución extraña pero buena—. Sé exactamente en donde voy a ponerlos.

—¿En el British? —no suena tan a chiste cómo es... no es tan chiste cómo parece.

—¿En el... British? —levanta una ceja sin entender que sea un chiste. Este pobre perdido que nunca entiende nada—. No. En el castillo de Habsburgo.

—Oh... está bien, supongo.

—Es el mejor lugar... —pasa una mano por encima de los documentos y piensa en esa época, tan... Árida. Tan solitaria. Estaba tan, tan enfadado con Austria entonces. Y le salía todo TAN mal... Por un momento piensa en sí mismo y en lo que le gustaría atravesar la barrera del tiempo y tocar al mismo Suiza que tocó estos documentos entonces y poderle decir que en muchos muchos años las cosas iban a ir mejor.

Inglaterra vuelve a mirarle de reojo y sonríe un poco al verle hacer. Suspira.

—Me siento... Extraño —murmura mirándole de reojo.

—¿Por?

—Nervioso. Pero... Hay algo más que no sé explicar —confiesa.

—¿El qué?

—No lo sé, olvídalo es... Solo es algo —se pone la mano en el abdomen y se encoge de hombros—. Yo... Tengo también algo para ti...

—¡Ah! ¡No hacía falta! —exclama pensando que ojalá le devuelva los papeles. Suiza saca su cartera y le da una tarjeta de presentación con un nombre y un teléfono.

—Habla ahí, esperan tu llamada. Es una oportunidad de inversión excelente —asegura mirándole a la cara

Inglaterra parpadea con eso y levanta las cejas mirando la tarjeta.

—No vas a arrepentirte —ni yo tampoco—, los intereses son los más elevados y es completamente discreta.

—Lo... lo tendré en cuenta. Thank you —se la guarda.

El suizo asiente muy conforme con esto mirando por la ventanilla otra vez, volviendo a recordar que mañana es la boda, sonrojaaaaandose. ¿Que estaría haciendo Austria en esos momentos? Seguro no estaba ni nervioso.


Un poco de crossover con nuestras historias... y ahí vamos, ¡esto ya no hay quien lo pare! ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!