NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO.
¡Por los Dioses!
No tengo ni la más remota idea de qué me pasó. Es decir, he andado muy ocupada entre tareas y exámenes, pero sé que no es excusa. Creo que me "desenchufé" del mundo Fanfiction. Les pido disculpas, sinceramente. Espero poder reponerme en unos pocos días :)
Comentarios:
TheOnlyNightFury: la historia de Eliseo es interesante... oh, y sobre lo de la secuela, eso me llegó mucho, de verdad. No me des tanto crédito, que también me gustan tus historias :)
AliceCullen: ehh, no sé, simplemente vienen a mi mente xD De verdad, no creo que sea la gran cosa, pero si le sgusta soy feliz :)
Chofis: Neh, lo entiendo a la perfección. La idea del consejo la he visto en taantos fics que ¡Debía hacer una mía! xD Me alegro mucho que la forma en que llevo los sentimientos te esté gustando. Eso es lo escencial.
Espartano: si, Eliseo es un traidor, pero el pobrecillo tiene traumas. Se irán mostrando, unos en este capítulo, otros más adelante. En fin, mi lector favorito, como siempre es un placer leer tus comentarios y saber que la redacción y la trama te siguen gustando ¡Gracias por seguir leyendo!
Enjoy!
Capitulo 15.
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El Imperio Romano había conquistado prácticamente toda Europa, parte del Medio Oriente y el norte de África. Ser ciudadano romano significaba tener un montón de derechos sobre los demás pueblos. Y la figura del César, autoritaria en Roma, se volvió incuestionable y digna de temor alrededor del mundo.
Pero Roma tenía también sus problemas. A pesar de todos los derechos que gozaban los hombres, ellos de verdad no tenían muchas opciones. Si no nacías noble, la aspiración a puestos importantes quedaba completamente recaída en sus habilidades como soldado. Y tardaban años en poder posicionarse como comandante, porque los generales usualmente eran familiares de clérigos o nobles.
Muchos romanos, aburridos de sus trabajos cotidianos, demandaron al gobierno entretenimiento. Ahí fue donde nació el famoso Coliseo. Pero la gente inteligente y más estudiada, que a veces encontraba vulgar esos juegos bárbaros y salvajes, decidió viajar. Los romanos podían viajar a donde quisieran y por su superioridad sobre otros pueblos, comerciantes romanos abundaban en otras ciudades con mejores derechos, puestos y pagas.
Ahí fue donde apareció la familia de Eliseo. Eran unidos, su madre, devota hasta la muerte de Cristo nuestro señor, encontraba en la Virgen María el ejemplo idóneo de lo que es ser una buena esposa. Ella imitaba su obediencia y, a su vez, inculcaba en su marido las actitudes protectoras de San José. A sus hijos, valores y respeto absoluto por Dios.
A pesar de todas las enseñanzas religiosas, era su padre un hombre sabio que gustaba leer las obras de filósofos griegos. Eliseo nunca comprendió esa pasión de su padre por saber más. Se la pasaba diciendo extrañas frases, pero su lema, excepcional, era "Lux Pax Vix*" (Luz en la inteligencia, paz en el corazón y fuerza en la voluntad).
Ellos eran mercaderes, de privilegiada posición económica pero no para llegar a Patricios. Con alma aventurera, iniciaron sus viajes al norte, primero hacia Nórico*, donde iniciarían sus compras y ventas. Duraban de dos a tres semanas en diferentes regiones y mientras más se alejaban de Roma, mejor les iba. Las caravanas eran perfectamente recibidas por entusiastas germánicos que deseaban comprar las finas telas y esencias romanas.
No tenían nada de malicia y fueron buenos con todos. Pero querían seguir viajando. El norte con sus helados inviernos y lenguas tan diferentes les despertaba mucha curiosidad. Los enormes bosques verdes y de altísimos árboles les hacían recordar el Paraíso prometido. Fueron yéndose más y más al norte, hacia Escania*.
Eliseo era feliz. Tenía dos hermanos mayores y dos hermanas menores. Ayudaba a su padre cargando los materiales y a su madre vigilando los criados. No había cosas de las cuales pudiera quejarse. Era espléndido vendedor y nunca timaban a nadie. Creía fuertemente en Dios y su juventud (15 años) lo hacía inquieto, deseoso de conocer más tierras.
No obstante, las noticias de unas tribus bárbaras tratando de recuperar Escandia y otros terrenos norteños, les llegaron. Se dieron comunicados de que no se acercaran mucho a esas regiones. Jamás habían escuchado hablar de los escandinavos, hasta que su viaje estaba muy avanzado.
Otros romanos y pobladores celtas les dijeron que eran tribus realmente bárbaras, que solo vivían para la lucha y que llevaban en sus cascos los mismísimos cuernos del demonio. Fuertes, altos, aguerridos, usaban un idioma tosco. No eran nada civilizados.
Desde luego, jamás mencionaron que Escandinava y las islas Islándicas eran sus territorios desde mucho atrás. Y ellos solamente defendían lo suyo. Repelían los ataques romanos y trataban de retomar control sobre Escandia, pues ahí había Templos importantes para ellos y sus dioses. Además, los romanos habían destruido tantas tribus nórdicas y matado tantas personas que se sentían con el derecho de devolverles un poco de su propia medicina.
Eliseo, un hermano y una hermana opinaban que debían volver. Conocer las pirámides egipcias, su algodón fresco y el faro de Alejandría valían más la pena que tener miedo por la aparición de esos salvajes. Ninguno de los dos padres estuvieron de acuerdo. La madre quería conocer las famosas islas de hielo y ver los árboles más altos.
Las caravanas de comercio "valientes" (por no decir tontas) se instalaron cerca del mar, en un pueblo donde los pobladores aseguraban que nunca habían visto naves salvajes. El pueblo era completamente romano y tenía sus defensas marítimas. Ellos no sabían que los barcos nórdicos eran mucho más veloces y fuertes. Y tampoco que los estaban espiando de semanas antes.
Eliseo recordaba despertar bruscamente de un sueño, en la oscuridad de la noche, por los gritos de diferentes personas. Salió de su tienda de campaña y encontró el pueblo consumido en llamas. Personas corrían despavoridas, sus padres empacaban todo cuanto podían, al igual que sus hermanos. Guerreros vestidos de piel, con cascos adornados de cuernos blancos y espadas enormes atacaban sin piedad.
—¡Corre!—gritó su padre—¡Corre, no mires atrás!
Espantado por la sangre y los gritos, Eliseo hizo lo que le pidieron. Tropezó con muchas piedras y con árboles hasta caerse. Se dio un golpe fuerte en la cabeza, que lo hizo desmayarse. El suelo tenía tantas manchas carmín que los nórdicos lo creyeron muerto y eso le salvó la vida.
Despertó al día siguiente, las casas del pueblo convertidas en ruinas y cenizas. Tiendas de campaña quemadas y otras tumbadas. Miles de cadáveres en todas partes, el verde césped vuelto carmín. El horror era inmenso. Entre todos los cuerpos, encontró a su familia.
Su padre asesinado a golpes, su madre con siete heridas de espada, sus hermanos muertos degollados y hermanas asesinadas por flechas. Era el único sobreviviente.
Eliseo apenas y podía creer lo que sus ojos veían. Era demasiado horror para su inocente alma. Corrompido y lleno de odio, se decidió aniquilara ese pueblo que le despojó lo que más amaba. Tomó las frías manos de su madre muerta y las besó, acarició los cabellos de sus hermanas y cerró los abiertos ojos de sus hermanos. Cavó tumbas especiales para los seis, enterrándolos con el símbolo de la cruz. Rezó por sus almas entre sollozos y lágrimas.
"Lux Pax Vix" resonó en su mente el lema de su padre. La voz afable y autoritaria de ese hombre que tantas cosas le enseñó. Recordó su cuerpo sin vida. Y esas palabras obtuvieron un significado completamente nuevo.
Tardó cinco meses en regresar a Roma. Iba caminando, comiendo lo que le daban algunos cuantos generosos. Llevaba ropas sucias y manchadas. Nada de dinero. Al llegar a la ciudad fue inmediatamente con unos tíos que apenas y lo reconocieron. No había tomado un solo baño en todo ese tiempo, apenas había comido estaba tremendamente flaco.
Lo asearon, vistieron, alimentaron y rezaron por sus familiares muertos. Eliseo, ya mejor, tomó la resolución de entrar en el ejército. Su intenso odio le dio el coraje y pronto se volvió un famoso soldado por su crueldad con los enemigos. Era feliz degollando y desmembrando a los malditos que se oponían al Imperio Romano.
Ascendió hasta Capitán y se ganó la confianza no solo de importantes políticos, si no del mismísimo emperador. Todos sus legiones portaban un grabado, al igual que sus barcos, que mencionaba tanto durante los entrenamientos que solo su mención evocaba el nombre de Eliseo: Lux Pax Vix.
Investigó fríamente a los escandinavos. Ellos se hacían llamar vikingos y hablaban una lengua algo parecida al celta de los británicos. Habían repelido tan bien los ataques romanos que el Emperador ordenó retirar de allí sus tropas. Sin problemas extranjeros, pudieron saber que los vikingos tenían sus propios problemas internos. Al parecer, sus tribus eran constantemente atacadas por unos animales extraños, que habitaban solo en el norte, éstos podían volar y lanzar fuego de sus bocas. Los llamaban dragones.
Planeó minuciosamente su estrategia para atacarlos. Fue descubriendo de a poco algunas de las Tribus Vikingas más importantes. Pidió apoyo y permiso al Emperador. Éste, emocionado con la idea de esos dragones accedió. Eliseo atacó el pueblo más al sur y aparentemente más pacífico: Taver.
Su destrucción y posterior construcción de Alere Flammam lo hizo considerarse un victorioso. Nada podría contra él. Capturar a Hipo terminó de elevar su orgullo y vanidad. El vikingo hacía las armas más eficaces que hubiera visto, tenía talento y una técnica formidable.
Ahora entendía que se confío demasiado, y por eso Hipo pudo escapar con su espantosa bestia ¡Debió matar al dragón desde un principio! Alere Flammam estaba destruida y ahora el Emperador le daba la espalda. Pero no importaba.
Le importaban un comino los retos ¡Él destruiría a los vikingos! La sangre de su familia no sería derramada en vano ¡No! ¡Jamás! Él los vengaría. Los destruiría ¡Era su destino!
Pero no solo destruiría ahora a los vikingos. El rostro de Hipo tan sonriente y triunfante en esa fatal noche, desafiándolo con sus ojos, diciendo "Mírame, me burlo de ti" le hacía hervir aún más la sangre. Acabaría con todo lo que ese mocoso estúpido quisiera.
Sonrío para sí mismo mientras hojeaba el cuaderno que Hipo usó durante su cautiverio. Muchas hojas fueron arrancadas, otras no. Y entre los papeles vio un boceto que se repetía en todas partes. Era una mujer, de redondo rostro y grandes ojos expresivos; unos mechones de cabello liso le caían en el rostro, mientras lo demás estaba trenzado por la espalda; tenía una sonrisa pequeña y siempre sostenía en sus manos un hacha.
"Te destruiré" pensó para sí mismo "Acabaré con todo lo que amas… como tú gente me quitó lo que yo quería"
o-o-o-o-o-o
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Thorum sería la fortaleza donde los diferentes guerreros más importantes de Berk se reunirían. Estoico e Hipo debían notificar a su gente sobre las importantes decisiones que se habían tomado en el Consejo unas semanas atrás.
En la enorme mesa de reunión, estaban Egil, Finn, Patán, Patapez, Brutacio, Brutilda, Bocón y Astrid. Ésta había sido una etapa realmente difícil para ellos. Ver sentado al lado derecho de Estoico a un Hipo tan cambiado era, sin lugar a dudas, impactante. Más para ellos, sus amigos que le lloraron con genuina tristeza ante su "muerte".
El Consejo había llegado a la decisión de repeler los ataques romanos. Hipo estaba por demás convencido de que Roma no mandaría refuerzos a Eliseo. Pero también sabía que el Capitán querría cobrar su venganza. Había que estar alertas para defenderse de los hombres que hubieran sobrevivido y encontrarlos pronto para eliminar de una vez por todas a la cabeza de ese cuerpo que tanto trabajo les estaba costando destruir.
El Imperio Romano estaba dividido. Enfrascado en su pelea, el pueblo vikingo nunca buscó más información del mundo exterior. El Emperador predecesor dividió su imperio y le dio a cada uno de sus hijos la mitad. Roma quedó vulnerable sin sus mejores capitanes, generales y soldados. La sociedad romana, cada vez más adicta a los juegos del Coliseo, estaba cayendo en la desmoralización. La amenaza de los Hunos y otros pueblos bárbaros así como las crecientes enfermedades ocupaban las prioridades del Emperador.
Hipo no creía que loa Hunos quisieran territorios al norte. Los vikingos no debían preocuparse, al menos aún, por él. Roma caería, no había más forma de interpretar sus desgracias. Pero ¿Cuándo? Aún no se sabía. Hipo no le daba más de medio año. Y aunque la ayuda a Eliseo estaba del todo descartada ¿Quién no garantizaba que el Imperio podía recuperarse?
Aún así, el Consejo confió en Hipo, que conocía perfectamente a los romanos. Cuando el asunto con Eliseo acabara, mandarían a unas tropas especialmente entrenada para investigar como espías qué pasaba exactamente en el Continente. Hasta entonces, debían terminar lo que iniciaron.
Se trazó una estrategia simple y sin ciencia. Hubiera funcionado perfectamente. Pero Hipo no sabía que tenía traidores entre los suyos. Y cuando lo supo, esa misma noche, ya había dado demasiada información.
Confiados de su triunfo, se hicieron servir unos cuantos tragos. Nadie reparó en que la figura que depositó unos cuantos polvos sobre una copa en particular. Y se la tendió a Hipo,
—Muchas gracias.—repuso, tomando la bebida y alzándola. Brindaron por su gloria y después bebieron con ansias.
El sabor, repentinamente más amargo de lo normal, le hizo saber que algo andaba mal. Hipo terminó de beber y miró la copa semi-vacía. El líquido lucía bien, no había algo de lo cual debiera sospechar. Caramba, hasta el olor era deliciosos. Miró hacia ambos lados. Todos estaban hablando tranquilamente, intercambiando puntos de vista, bromeando.
Solo una persona tenía en sus ojos el dejo de ansiedad, ocultándola con una distracción bastante común: un cuchillo moviéndose entre sus manos. Dejó la copa en la mesa y caminó para charlar con alguien más.
—Hipo ¿Todo anda bien?—le preguntó Astrid, cogiéndole el brazo.—Te ves un poco pálido.
—Sí, estoy bien.
Sentía un poco más de frío y el paladar seco.
—Iré al baño. No tardo.
Se apresuró a salir. Además del frío, comenzaba a sentir mareos. No le dolía el estómago y la garganta tampoco le quemaba, lo cual era bueno. Hipo tenía unos cuantos secretos; tenía una altísima resistencia a los venenos naturales, cosa que después explicaría a sus seres más cercanos. Aunque parecía que su cuerpo resistía la sustancia, la dosis fue masiva y no quería sentirse mal ni por una hora.
Llegó a los baños, oscuros y lo vomitó todo con un sencillo movimiento. Pasada la conmoción salió y fue hacia las bodegas. Tomó agua fresca de un balde antes sellado, su mente pensaba rápidamente, gracias a la adrenalina del momento. Salió y volvió hacia los corredores cerca del salón. Pensó en el hombre nervioso y en cómo él salió tan rápido después del brindis. Solamente alguien que esperaba "algo" notaría la relación y sospecharía. Confiando en sus conocimientos sobre la conciencia humana, Hipo se detuvo, sabiendo que el culpable se delataría a sí solo.
Se colocó enfrente de una ventana, donde el viento golpeaba su rostro. Al orí unos pasos, inmediatamente se puso a jadear como loco y se tocó el pecho con una desesperación innata. Los pasos se detuvieron y se escuchó una risa.
—Sobrevivir para morir con los tuyos. Muy digno de ti, Hipo.
Al reconocer la voz sonrió para sí mismo. Era el mismo hombre nervioso durante el brindis. No había ya lugar a dudas: solo se había delatado. Inmediatamente se enderezó y acomodó sus rebeldes cabellos. Le dedicó una mirada retadora, sin odio, pero iracunda.
—Finnbogi—lo llamó por su nombre completo—Temo que tu plan falló.
El rostro del hombre empalideció. Jamás pasó por su mente la idea de que el plan fallaría ¡Era el veneno más poderoso de la zona! especial, exótico ¿Quién se resistía a él?
—Nadie más tiene los mismos síntomas—empezó Hipo—Solo me querías matar a mí ¿Verdad? No sé por qué.
Finn estaba completamente impresionado. Pero ¿Cómo este muchacho estaba vivo? ¡Era imposible! La dosis mataría hasta a cinco hombres. Pensando en la incredulidad, con el temor de ser descubierto recorriendo sus venas, dio pasos en retroceso hasta golpearse la espalda en la pared. El coraje formó un nudo que se atoró en su garganta, incapaz de que pudiera hablar. Apretando sus dos manos en puños, pudo al menor pronunciar una queja.
—Maldito hijo de Troll—musitó entre dientes.
—Lo soy. Ahora, te diré las cosas claramente—Hipo lo confundió con unos movimientos de combate y le colocó la navaja en el cuchillo—Puedo matarte. Puedo en este momento acusarte. Hay demasiadas pruebas y tú conoces el castigo por la traición… pero no lo haré.
A Finn se le cortó la respiración,
¿Qué?
—Te irás en este instante y te mantendrás al margen de las cosas. Posteriormente, ya veré qué hacer contigo.
Lo soltó, empujándolo hacia el suelo. Finn no se cayó, pero poco le faltó para darse de rodillas en el piso.
—Nos veremos después…
Era una promesa de venganza con odio cargado. Hipo no le hizo caso, al menos no ahora. Finn se fue, vio su barco partir. Algo había pasado, algo que él ignoraba.
Y que descubriría en ése mismo instante.
*Nórico y Escandia fueron territorios que contaron dentro del Imperio Romano pero bastante cercanos a las penínsulas Escandinavas, de donde provenían los Vikingos.
*Lux, Pax, Vix: es una locución latina (como un dicho que se quedó en latín puro) me pareció buena idea agregarla, pues son romanos y hablan latín. Significa eso mismo "luz en la inteligencia, paz en el corazón y fuerza en la voluntad". Aprender etimologías de verdad te ayuda :D
Pues bien ¿Qué les pareció? No tengo mucha cosas que comentar.
Ah y ¡FELIZ DÍA DEL NIÑO A TODOS LOS NIÑOS DE CUERPO ADULTO! :D
Nos leemos pronto ¡Mil gracias por leer!
chao!
