NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTA HISTORIA.
¡Holaa!
Bueno, se que me tarde muuuuch en actualizar xD Lo siento de verdad, no ha sido mi intención. Pero afortunadamente solo me quedan dos semanas de exámenes y soy LIBRE ¡LIBREEEE!
Por otro lado:
¡70 comentarios! ¡WOOOW! ¡Estoy tan FEELIIZZ!
Jamás pensé que en esta historia podía juntar más de 10 o 25 ¡70! me hacen sonrojar... muchas gracias por seguirme, leerme y además comentarme. Créanme que suben mi autoestima :D
Comentarios:
TheOnlyNightFury: Pues si, tampoco estoy de acuerdo con el camino de la venganza, pero hay personas que parece solo conocen ese camino. Finn tiene serios problemas, aquí se menciona más sobre él y Astrid.
Chofis: me alegro que te guste, y lo sé, l venganza jamás es la solución pero si no existiera personas que lo tomaran, no podrían salir estas historias xD Muchísimas gracias por el apoyo y los comentarios.
Tsukimine12: si lo quería, en verbo pasado. AHora que Patán probó el poder al ser heredero de Berk pues no querrá soltarlo y quien se lo impide es el propio Hipo. Hay personas que se corrompen tan fácilmente, solo hay que ver la historia de cualquier país con monarquía y las encontraremos. Abundan.
galaxydragon: muchisimas gracias, me siento siempre feliz de que haya personas como tu disfrutando tanto de mi redacción como de mis historias. Espero que a lo largo de la trama ésta te siga gustando :)
Espartano: Claro que no le haría efecto el veneno, no soy tan malvada (cof cof... creo) jejej :D Me alegro de que te aya gustado y nuevamente muchas gracias, mi lector favorito, por dejar tus críticas que se aprecian tanto.
enjoy!
Capitulo 16.
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Astrid había notado a Hipo muy distante durante el resto de la velada. El tiempo separados y desde luego las experiencias vividas los había formado de manera diferente. Ella podía ver que Hipo no era la misma persona que cayó al Fuerte aquella fatídica noche. Y de cierta forma, no se sorprendía.
Después de todo, ella tampoco era la misma chica. Habían pasado por demasiadas cosas, y tantas experiencias no pueden dar como resultado nada más que la modificación paulatina de criterios, pensamientos y conductas.
El tiempo pasó y pronto los borrachos siguieron sus charlas. Quienes estaban en mejores condiciones se fueron retirando a sus aposentos. Al momento en que Astrid iba saliendo sintió los pasos de alguien seguirla. Volteándose, descubrió que era Hipo con una ligera sonrisa.
—¿Qué pasa?—le preguntó.
—Necesito hablar contigo—fue la corta respuesta del muchacho—En un lugar más privado ¿Puedo?
Asintió.
Astrid no tenía ni la más mínima idea de qué cosas pasaban por la mente del chico, ni del tema que irían a tratar. Pero ella confiaba en él después de todo ese tiempo. Lo condujo a sus propios aposentos, cuando nadie estaba cerca para espiarlos. Aunque nadie ignoraba sus sentimientos y tácitos compromisos, de cualquier forma sería un escándalo.
Con Hipo en el interior de su cuarto, Astrid cerró la puerta y prendió unas veladoras, de forma que hubiera luz. Lo invitó a sentarse a su lado en la cama, para hablar más cómodamente.
—Dime.
Hipo parecía pensar qué palabras eran las adecuadas, porque no decía nada. Al final, tomó ambas manos y la miró fijamente.
—Astrid ¿Tú conoces Finnbogi, el comandante de Fereiya?
Inmediatamente los ojos azules de la rubia de abrieron con sorpresa. Ella desde luego sabía que, por la posición de heredero de Hipo y la de alto comandante de Finn los dos habrían de conocerse algún día. Pero ¿Cómo se entero de…?
Bajó rápidamente el rostro.
—No… no sé de que me hablas.
Hipo apretó más sus manos.
—Astrid, lo que sepas de él es necesario que me lo digas. Créeme que es un asunto bastante importante.
Las mejillas de la chica se colorearon en rosa.
—Hipo yo…
.—No pasa nada—la consoló de inmediato, soltando una de sus manos para acaricias sus mejillas—Toda marcha bien y seguirá bien. Por favor, tenme la confianza de decirme.
—Te enojarás conmigo—advirtió.
—Pruébame.
Y la desgarradora confianza del chico la hizo sucumbir.
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Cuando Astrid se consagró la comandante de la Tropa Fugitiva, desde luego fue ascendida como un miembro permanente del consejo. Estoico le tenía aprecio a la muchacha por su valentía, su coraje y además, por ser la antigua prometida de su difunto hijo, la que sería su nuera.
Si bien ya no habría posibilidades de que fuera parte de su familia, no por eso había razones para dejarla de tratar como tal. Estoico siempre tuvo consideraciones especiales para la que, desde hacia años, veía como una hija. Esto agradó a todo el pueblo, porque adoraban a Astrid y sentían que en esas acciones, Estoico recordaba aún más la memoria de Hipo.
Astrid acudió a la primera gran audiencia del Consejo, donde debería conocer a los más altos funcionarios de las fortalezas a las cuales, entre otras cosas, debería distribuirles alimentos.
Ahí fue donde se re-encontró, tras un año, con Patapez, Brutacio, Brutilda y Patán. A su vez, conocería tanto a Egil como a su hermano Finnbogi.
El joven Finn era apuesto y valiente, con los pies bien puestos sobre la tierra y un peculiar sentido del humor que aligeraba el ambiente de las juntas. Era un prometedor guerrero que daría su vida de ser necesario por defender sus ideales. Astrid lo encontró divertido y le gustó charlar con él el tiempo que debieron permanecer en Berk.
Pero Finn vio en Astrid algo más que una compañera de pelea. Verla fue como una aparición. Sus rubios cabellos, sus intensos ojos azules, esa expresión seria y la melancolía. Prometía la más absoluta y encantadora chica vivaz, apenas encontrara diversión. Finn sintió por Astrid lo que ninguna otra mujer en toda su juventud le hizo sentir: amor.
Siguió charlando con ella, ilusionándose, pensando que podrían estar juntos para siempre. Finn ignoraba gran parte del pasado de Astrid, entre esas cosas, su vida amorosa. Por eso, cuando se le declaró, jamás espero una negativa.
Astrid colocó una mano suavemente sobre su pecho, le dedicó una sonrisa torcida carente de alegría y le miró a los ojos.
—No puedo—respondió—Yo ya amé y sigo amando a la misma persona. No puedo corresponderte a tus sentimientos, perdóname.
Todo con una seriedad y tranquilidad envidiable.
Finn se desplomó.
—¿Qué?
Fue la única palabra que salió de sus labios.
Y la que acompañaría sus pensamientos por el resto de su vida. En su egoísmo, como chico prodigio, nunca fue para detenerse y mirar más allá de las palabras. Notar los sentimientos verdaderos de "su amor" pasmados en cada una de sus facciones.
Astrid, prácticamente se autocondenó a un luto permanente. Ella, aunque nunca llegó a casarse con Hipo, le era completamente fiel a su memoria. Decía que tuvo con él más de lo que jamás tuvo con nadie, un entendimiento de pensamientos y sentimientos que iban más allá de la comprensión de sus amigos. Y por eso, espiritualmente, seguía unida a él.
Conociéndola, nadie se opuso a que se dedicara a la guerra, a vengar su muerte y a quedarse soltera. Estoico mismo estaba más que de acuerdo con esa decisión. Y despertó en sus compañeros una gran admiración. Muchas historias falsas sobre el amor de Hipo y Astrid arrullaron a los niños, exagerando los hechos. Y es que era famosa porque en una mujer tan joven, una intensidad tal de fidelidad y sentimientos era digna de admirarse.
Finn no vio las cosas así. Poco le costó informarse bien sobre la historia de Astrid y en vez de sentir admiración, sintió odio. Por ese hombre que llegó antes que él a la vida de la chica. Por ese que, muerto, seguía teniendo su entero corazón ¿Cómo era posible que Astrid no soltara esos sentimientos y se diese una oportunidad más en el amor?
—Simplemente va en contra de mis principios—declaró—Debes entender que no puedo. Y no lo haré. Eso es todo.
Firme, clara, concisa. Astrid se estaba cansando de repetir lo mismo una y otra vez. Es decir ¿No le entraba en la cabeza que no podía darle una oportunidad, aunque quisiera?
Y no por ella, si no por él. Solamente de imaginarse la vida tratando de complacer a una persona que no te ama le parecía un infierno. Finn no se merecía eso y por eso se apartó descaradamente. Huyó, como podría decirse, para que encontrase otra distracción, es más, otra persona.
Lejos de olvidarla, Finn se encapricho más con ella. Pero las tensas y hasta amistosas relaciones que los dos llevaban se rompió cuando Finn se propasó con Astrid, de una forma que la chica jamás podría olvidar.
Estaban los dos en Fereiya, distribuyendo provisiones. Entonces, cuando Astrid dormía, fue despertada por un ruido extraño y una mano sobre su boca. Después, sintió caricias repulsivas sobre su cuerpo y se asustó. Trató de pararse, de moverse. Mucho le costó hasta que al fin, de un certero codazo en el abdomen, se safó del agarré.
—¡Lárgate!—gritó, con una combinación de miedo, sorpresa, coraje e indignación.
Bastó un certero golpe de la vikinga para que Finn entendiera que hablaba en serio. El muy tonto creía que, una vez sintiéndolo, caería rendida a sus brazos. Como si fuera una ingenua más.
A la mañana siguiente, en el comedor, todos vieron asombrados cómo Astrid, parándose para dejar la charola, fue interceptada por Finn y éste la cogió la cintura, besándola brevemente en los labios. El sonido del golpe fue tan fuerte que todos lo escucharon. Finn se sobó la mejilla roja, inclinado, y Astrid le gritó:
—¡Déjame en paz, idiota! ¡Nunca querré anda contigo, jamás!
Y no volvió a Fereiya.
La noticia de este rechazo amoroso causó consternación. Nadie supo del episodio nocturno, solamente de ese beso robado. Algunos le echaron toda la culpa a Astrid, por haberle dado demasiadas alas a Finn. Otros, pensaban que Finnbogi era un depravado por haberse fijado en una chica socialmente considerada como viuda.
Sea como sea, ninguno de los dos chicos se volvió a hablar. Astrid jamás refirió una sola palabra sobre el asunto. Cuando el chisme creció hasta llegar a los rumores de que la propia Astrid estaba embarazada de Finn (se sospechaba de cierto par de gemelos) Estoico llevó su indignación por la falta de respeto a su "hija" declarando que aquello era una vil mentira. Y solo con ver su enfadado rostro fue suficiente para que nadie más sacara ese tema a cuestión.
Lo peor de todo es que, a pesar del tiempo, la culpa seguía carcomiendo a Astrid, más que nada por el malentendido. Y Finn la veía como la mujer que debería conquistar a cualquier costo, que era suya por derecho.
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Hipo estaba sentado, sostenía aún la mano de Astrid pero no la miraba. Tenía sus vista en el suelo.
—Te dije que te ibas a enojar—Astrid trataba de sonar dulce, no quería enojarlo ante nada. Ella misma estaba lo suficientemente enojada consigo misma, por no ser más firme.
—No ando enojado. Solamente quería comprender porqué me miraba con expresión de odio—"Y porqué me quería matar" pensó sin decirlo.
Si el amor fue la causa por la cual se mantuvo fuerte y optimista durante todo su tiempo encerrado como esclavo en Alere Flammam, lo sería también para matar a personas que te "estorban".
—No te preocupes—acarició su mejilla de nuevo, sonriéndole—No estoy enojado.
—¿De verdad?
"¿Por qué?" se dijo a sí mismo "No fue tu culpa"
—Debo decir que me pone algo celoso, pero no estoy en posición de molestarme. Después de todo, no estaba aquí.
—No porque no quisieras.
—No importa ya—se inclinó, besando su mejilla—Ya no…
—Te quiero—le dijo ella-
Y se besaron intensamente.
Antes de que la pasión juvenil los hiciera cometer una locura, se separaron y charlaron un poco más antes de que Hipo saliera despistadamente, sin llamar la atención, hacia su propia alcoba.
Hipo pensaba en qué iba a hacer. Después de saber por medio de Astrid lo que Finn sentía hacia él, no podía esperar menos que una traición. Y al mismo tiempo el chico era un excelente guerrero, y comandante de una fortaleza. Estaba en una gran disyuntiva, no sabiendo exactamente qué hacer. Siguió caminando con calma.
Pero estaba demasiado ensimismado en sus pensamientos para escuchar o ver a quien estaba cerca, merodeando. El cuerpo de Egil bajo las sombras no le permitió detectarlo, y el chico vio cómo el héroe de Berk salió grácilmente del cuarto de Astrid, caminando hasta su propia habitación.
Egil se mantuvo así, quieto, sin hacer ruido hasta que sus pensamientos se acomodaron lo suficiente para caminar a su cuarto. En su espacio más privado, pudo analizar mejor los hechos. La repentina partida de su hermano, esa actitud entre Astrid e Hipo…
A nadie le sorprendió descubrir que, a la llegada de Hipo, él y Astrid fueran inseparables. Lo más raro hubiera sido que se dijeran un cortés "hola" en vez de un beso. Egil ya se imaginaba que aquello causaría un gran descontento y dolor en su hermano. Peor Finn tenía que entender las cosas; no podía modificar los sentimientos de las personas a su antojo. Astrid ya había tomado su decisión.
Recordó más sobre esa noche. Hipo salió un momento y Finn detrás, pero su hermano nunca regresó. Vio que los barcos de Fereiya no se encontraban anclados ¿Se fue? ¿Por qué? lo más seguro es que tuviera una discusión con Hipo, lo cual sería echarte la soga al cuello porque era el hijo de Estoico, el heredero y además el héroe de toda Berk ¿A quién se le puede ocurrir enfrentarse cara a cara a un personaje tan importante?
La mente de Egil volaba recordando todo, cada cosa. Él no tuvo el placer de conocer a Hipo de manera íntima, pero leyendas sobre su carácter y persona abundaron en los años que se le consideró muerto. Lo respetaba, porque gracias a él podían montar dragones ¿Cuánta fuerza y carácter no se necesita solo para eso?
Finn estaba encaprichado con Astrid, la quería para él y solo para él. Si en esos años donde la chica teóricamente estaba disponible nunca pudo hacerlo desisitir de sus deseo, ahora que ella tenía un tácito compromiso… oh no.
Egil decidió esa noche que deberá actuar.
¿Y bien? ¿Bueno, malo, paupérrimo, deficiente, excelente...? ¿Qué les pareció?
Egil entrará en acción y ya verán qué de cosas hará, creo que le sgustará el personaje :)
El próximo capítulo ás intrigas y suspensos...
¡Nos leemos!
Y gracias por leerme.
chao!
